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jueves, 31 de mayo de 2012

Peregrino (Cetorhinus maximus) - Primera parte

Foto: Andy Murch (Elasmodiver.com)

Peregrino

Cetorhinus maximus (Gunnerus, 1765)

(es. Peregrino, tiburón peregrino; gal. Peixe bobo, momo, peixe momo, peixorro, barbosa; in. Basking Shark; por. Tubarao frade.)

Orden: Lamniformes
Familia: Cetorhinidae

  • "Avistan un tiburón peregrino entre las bateas de Bueu. Una bañista de la playa de Portomaior comunicó a la policía local, el pasado lunes por la noche, el avistamiento de un pez de grandes dimensiones en las cercanías de las bateas frente a este arenal." (22-VIII-2007)
  • "Un tiburón visita Foz y desaparece sin dejar rastro. El escualo, de unos tres metros de longitud, recorrió a sus anchas la ría y el puerto." (27-IX-2007)
  • "Canal das Sisargas. Pescadores de Laxe encuentran un tiburón peregrino de cuatro metros a apenas tres millas de la costa." (1-XII-2007)
  • "Aparece en las islas Atlánticas un ejemplar de tiburón peregrino de más de ocho metros de longitud. El pasado mes de agosto se pudo ver otro ejemplar por las inmediaciones de la isla de Ons." (5-XII-2007)
  • "Un pesquero captura en aguas de la ría de Ferrol un tiburón de 4 metros que quedó atrapado en el aparejo. Es el segundo ejemplar de estas características que se pesca en la costa Ártabra en los últimos quince días." (19-III-2010)
  • "Avistan dos ejemplares de tiburón peregrino a una milla de la playa ferrolana de Doniños." (23-IV-2010) 
  • "Capturan un tiburón peregrino de 4 metros en el puerto de Espasante." (5-IV-2011)
  • "Avistan un tiburón peregrino en la costa de O Grove. Los testigos que pasaban por la zona no dudaron en fotografiar al animal." (7-IV-2011) 
  • "Los biólogos buscan en aguas de Cíes un tiburón peregrino de 4 metros." (22-V-2012)
Pedras Negras (O Grove), 7-IV-2011 (Foto: La Voz de Galicia)
Esto es solo una muestra de lo publicado en la prensa gallega durante estos últimos años (1). A ello habría que sumar un porcentaje difícil de determinar de avistamientos no registrados, realizados fundamentalmente por pescadores, o silenciados para no crear alarma entre los sensibles bañistas (la psicosis provocada por Tiburón no es un cuento):
Una de las especies más grandes, junto con el tiburón blanco, es el peregrino, atrapado muchas veces en las redes de los pesqueros norteños. En la playa coruñesa del Orzán apareció uno hace tres años, del que había prueba gráfica, pero no se hizo público por cuestiones de alarma pública, aunque el peregrino es inofensivo, se alimenta sólo de plancton. (2)
Parece evidente que el peregrino visita nuestras costas tal vez más de lo que se cree, aunque bastante menos de lo que muchos desearíamos, porque es sin duda uno de los tiburones más espectaculares y misteriosos de cuantos existen y de cuantos tenemos el privilegio de ver en nuestras aguas.  
Único representante de la familia Cetorhinidae, su nombre científico, dado con toda justicia, como podéis ver, es un compuesto de dos voces griegas, ketos ('monstruo marino') y rhinos ('nariz'), matizadas por el superlativo latino maximus (de magnus, 'grande'), 'grandísimo'.

Descripción: El peregrino es inconfundible, particularmente cuando se le ve nadando lentamente cerca de la superficie con su enorme boca totalmente abierta. Sus aberturas branquiales son también características: tan grandes que casi rodean por completo la cabeza. Como casi todos los Lamniformes, tiene un cuerpo alargado y cilíndrico terminado en una cabeza cónica; los ojos, carentes de membrana nictitante, están situados por delante de las comisuras bucales; las narinas no tienen barbillones; los espiráculos son diminutos y están alejados de los ojos; tiene dos aletas dorsales sin espinas y, por supuesto, aleta anal.
Hembra inmadura (Foto: Antón Parada)
El morro de los adultos es más bien corto y cónico; en cambio, el de los ejemplares inmaduros es alargado, cilíndrico y apuntado. No es de extrañar que en algunas zonas se le conozca como elephant fish o elefant de mer. La boca es muy grande (llega a medir un metro de ancho en los ejemplares grandes) y tiene forma triangular. Los ojos son redondos y pequeños.
La primera aleta dorsal es grande, alta y triangular; está situada entre las pectorales y las pelvianas. La segunda dorsal es bastante más pequeña, prácticamente del mismo tamaño que la anal. Las aletas pectorales no son muy largas en comparación con el cuerpo. El pedúnculo caudal presenta dos fosetas precaudales y está ensanchado por dos potentes quillas laterales. La caudal es grande y con forma semilunar (los dos lóbulos son de tamaño similar), con un lóbulo terminal bien diferenciado.
La piel es muy áspera al estar cubierta por fuertes dentículos dérmicos. Muchas veces pueden verse pequeñas heridas o erosiones redondeadas que probablemente han sido provocadas por lampreas de mar (Petromyzon marinus).

Color: Varía del gris muy oscuro al gris pardusco o gris azulado oscuro, que puede ser más claro e incluso blanco en la zona ventral. Puede presentar manchas blancuzcas irregulares bajo la cabeza y el abdomen, así como franjas longitudinales y manchas más claras en los flancos.

Dentición: Aunque es planctófago, la boca del peregrino contiene aproximadamente 200 dientes por mandíbula distribuidos a lo largo de 4 a 9 series funcionales. Son muy pequeños, en torno a los 5 mm de altura, y poseen una única cúspide cónica ligeramente inclinada hacia atrás en forma de gancho.

Talla: Es el segundo pez más grande del océano, por detrás del espectacular tiburón ballena (Rhincodon typus), que puede alcanzar los 21 metros de longitud total.
Excepcionalmente, el Cetorhinus puede llegar a superar los 12 m de longitud (algunos han señalado de 12,2 a 15,2 m) y las 7 toneladas, aunque por lo general no rebasan la barrera de los 10 m (9,8 m). Lo normal es que ronden los 8 m, sobre todo las hembras, que suelen ser más grandes.
Los machos alcanzan la madurez sexual entre los 4-5 m, y las hembras a partir de los 8 m.

Reproducción: Aunque pueda parecer paradójico tratándose de una especie relativamente famosa y televisiva, y a pesar de que ciertamente ha habido avances en la investigación, todavía sabemos muy poco de la biología reproductiva del peregrino. Para hacernos una idea, buena parte de los datos de que disponemos actualmente proceden de un estudio publicado hace 60 años, en 1950, sobre especímenes capturados en aguas de Escocia. En él se concluía, entre otras cosas, que este tiburón es ovovivíparo; que en las hembras observadas sólo el ovario derecho era funcional, pero que contenía al menos 5 millones de óvulos de 0,5 mm de diámetro; y que los espermatóforos (especie de agregados o cápsulas de espermatozoides) producidos por los machos tenían un diámetro de unos 5 cm y flotaban en un líquido claro del cual unos 18 litros podían ser trasvasados al útero de la hembra durante la cópula.(3)
En aquel entonces, como ahora, sólo se tenía noticia de la captura de una única hembra grávida que tuvo lugar en 1936 en la costa oriental de Noruega. Mientras era remolcada hasta el puerto de Teigboden, dio a luz a 6 crías de entre 1,5 y 2 m; cinco de ellas comenzaron a nadar cerca de la superficie con sus bocas abiertas, posiblemente buscando comida, y la sexta nació muerta.
En resumen, a falta de más datos, lo que sabemos es que el peregrino es vivíparo aplacentario (ovovivíparo), con camadas no muy elevadas, de hasta 6 crías. Es posible que los fetos practiquen la oofagia (es decir, que dentro del útero materno se alimenten de huevos no fecundados) dado que se han encontrado grandes cantidades de pequeños huevos en el útero de hembras adultas no grávidas. No se ha demostrado la práctica del canibalismo intrauterino (el que los fetos más fuertes y grandes se alimenten de sus hermanos más débiles y pequeños). Por otro lado, el periodo de gestación es con toda probabilidad muy largo, estimado en alrededor de 2,6 años, con un ciclo reproductivo de 2-3 años. Al nacer miden entre 150-170 cm (algunos alargan este margen hasta los 2 m).
Los machos son maduros a partir de los 12-16 años, al llegar a los 5,5 m; las hembras a partir de los 20 años y los 8 m. Se cree que pueden llegar a vivir hasta los 50 años.
Todo ello camadas bajas tras un larguísimo periodo de gestación más un ciclo reproductivo lento convierte a estos tiburones en criaturas extremadamente vulnerables a la pesca intensiva.
Dado el escaso número de hembras grávidas que conocemos, algunos investigadores se inclinan a pensar que tal vez exista algún tipo de segregación espacial y batimétrica que las mantenga alejadas de las demás hembras que con frecuencia observamos cerca de la superficie (y por tanto de la mirada de los científicos). Otros opinan que quizá, sencillamente, lo que ocurre es que el porcentaje de hembras preñadas sea muy reducido respecto del total y por eso el registro de capturas sea tan bajo.
En la segunda parte de este artículo hablaremos de lo que posiblemente constituya una ceremonia de cortejo.

Alimentación: Se alimenta del zooplancton que extrae filtrando el agua del mar. De hecho, forma junto con el tiburón ballena y el boquiancho (Megachasma pelagios) la tríada de tiburones filtradores. El método que emplea es simple: exclusivamente la filtración pasiva; es decir, sin utilizar ningún mecanismo de succión como sus compañeros. Se desplaza lentamente (según algunas estimaciones entre 2-5 km/h) con las enormes fauces bien abiertas para recibir el mayor caudal posible de agua, que sale por las aberturas branquiales totalmente tamizada. Los arcos branquiales están dotados de unas estructuras parecidas a peines llamadas branquispinas, especialmente diseñadas para filtrar el agua de mar y retener organismos diminutos como copépodos, huevos y larvas de decápodos y de muchas otras especies (pequeñas gambas y otros invertebrados planctónicos) que componen la sopa que tanto les gusta. Cada arco branquial tiene entre 1000 y 1300 branquispinas de 10-15 cm de longitud. Se calcula que el peregrino puede filtrar, por hora, el contenido de una piscina olímpica, es decir, unos 2,5 millones de litros de agua (poquita cosa).
Periódicamente el peregrino cierra la boca para tragar la masa filtrada. En su estómago puede llegar a acumular, de media, hasta media tonelada de alimento.
Con la llegada del invierno las branquispinas se van desprendiendo para adaptarse, según ciertas hipótesis, a otro tipo de dieta en aguas profundas, y vuelven a formarse con la llegada de la primavera. Sin embargo, el que un 40% de ejemplares capturados en invierno todavía las conservasen, hace pensar que esta estrategia no es seguida (o al menos no de forma matemática) por una parte sustancial, cuando menos, de las poblaciones. Se necesitan más estudios para dilucidar cabalmente este punto.

Hábitat y distribución: Tiburón pelágico, semi-oceánico u oceánico, altamente migratorio, de distribución mundial en aguas templadas a frías de la plataforma y talud continental hasta los 2000 o 4000 m, sobre todo en los meses invernales. En las regiones ecuatoriales y tropicales se encuentra en aguas profundas, bajo la termoclina.
Parece ser más frecuente en aguas frías entre los 6º y los 16º C en las franjas norte y sur del Atlántico y el Pacífico. En las costas británicas, Japón y Terranova, la mayor parte de los registros se han producido en aguas entre 8 y 14ºC, mientras que en la costa este estadounidense (Nueva Inglaterra), entre los 16 y los 24ºC.

Elaboración propia a partir de Ebert, Fowler, Compagno & Dando, 2013.
Tiene preferencia por los frentes oceánicos donde confluyen diferentes masas de agua, cerca de las costas, cabos, islas y bahías con fuertes movimientos de masas de agua debidas al flujo mareal y donde se producen concentraciones de zooplancton.
En primavera y verano se concentran en latitudes altas coincidiendo con estos afloramientos de plancton. Suele aproximarse mucho a la costa, hasta el extremo de penetrar en dársenas y puertos.


>> Ir a la SEGUNDA PARTE
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(1) Todas las entradas son de La Voz de Galicia, excepto la antepenúltima, del Correo Gallego, y la última, del Faro de Vigo. La fecha entre paréntesis corresponde a la fecha de publicación, no a la de los avistamientos. Por supuesto, se podrían añadir más noticias, como la del ejemplar expuesto en las instalaciones de Pescaderías Coruñesas el 28 de mayo de 2008 (imágenes y más información en su blog). 
Y para la gente del Barbanza: 
"Sabemos dun exemplar femia capturado polo pesqueiro "Atlántico", atopado morto aboiando na praia A Praguiña, en Corrubedo (Ribeira-A Coruña) o 26 de marzo de 1974. Tiña unha lonxitude próxima ós 7 m, un peso duns 2.800 kg. O seu fígado pesou 700 kg.  [...] O 17 de decembro de 1981, varou na praia de Corrubedo un exemplar que foi devolto ó mar aínda vivo." (Estanislao F. de la Cigoña y Estanislao de Kostka F. de la Cigoña. Peixes dos nosos mares e ríos. Vigo: Editorial AGCE S. L., 2007, p. 14.)
(2) La Voz de Galicia, 30-IX-1980.
(3) En cuanto a la cópula, cuyas pautas no son tampoco muy conocidas:
"En el Atlántico Norte, a finales del año 1997, se vio a un macho poniendo una de sus aletas pectorales encima de la aleta dorsal de su compañera. En esta posición, nadando muy juntos, le introdujo un pterigopodio en la cloaca sin necesidad de morder a la hembra (BERTSHCHINGER, com. pers.)." (Joan Barrull e Isabel Mate. Tiburones del Mediterráneo. Arenys de Mar: Llibreria El Set-ciènces, 2002, p. 143.)
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sábado, 19 de mayo de 2012

El tiburón que nos comemos sin querer

Cazón (Galeorhinus galeus). Foto: Toño Maño

La práctica totalidad de los problemas que acechan a los tiburones gira en torno a un gran centro de gravedad: la ignorancia. 
     Por ignorancia, en China consideran que la sopa de aleta de tiburón es una exquisitez que debe adornar todo banquete que se precie, cuando en realidad la aleta en sí misma no sabe a nada, sólo aporta textura a la cosa, se trata más bien un símbolo de lujo y de distinción social; por ignorancia, si bien de otro matiz, muchos en aquel país consideran que semejante plato es una tradición que, como tal, hay que conservar (1); por ignorancia, un porcentaje significativo de la población mundial sigue creyendo que los tiburones son animales sanguinarios, asesinos despiadados, por lo que no vale demasiado la pena pararse a mirar si están o no protegidos, si necesitan o no de protección; por ignorancia, el grueso de la opinión pública de los países supuestamente desarrollados no está preparada para exigir a sus representantes políticos que se impliquen seriamente en su protección, porque ignoran, por un lado, el papel fundamental que desempeñan en el mantenimiento de la salud de los océanos y, por el otro, que la inmensa mayoría de las pesquerías mundiales del tiburón están al borde el colapso, que muchas especies han perdido ya el 90% de su población; por ignorancia, en fin, de todo aquello que no sea la rigurosa a la par que eficaz gestión de los fondos públicos para incrementar su patrimonio y el patrimonio de los suyos (que una cosa no quita la otra), la gran mayoría de nuestros políticos, sean del partido que sean, no va a mover ni un dedo para proteger a los tiburones en tanto sus puestos de privilegio no se vean amenazados. Y también, en fin, por ignorancia, una parte importante de la población española comemos carne de tiburón aunque no queramos. 

Pintarrojas (Scyliorhinus canicula)
Por supuesto, no hay nada malo que comer tiburón. Hay personas a las que les encanta la carne de ciertos tiburones y la comen y disfrutan conscientemente y con ganas. Aquí, por ejemplo, la caldeirada de pintarroja o jaxapo (Scyliorhinus canicula) es una exquisitez; igualmente el alitán (Scyliorhinus stellaris), muy parecido al anterior, y el olayo (Galeus melastomus), que a veces, previamente despellejado y descabezado, venden como pintarroja; a otros el filete de marrajo les parece más rico y jugoso que el de pez espada, etc. El problema está en que al consumidor no se le facilitan las cosas a la hora de elegir si quiere o no poner un cacho de tiburón en su plato. Al contrario, más bien parece que de lo que se trata es de ocultar y disfrazar esta información sin que las autoridades correspondientes hagan nada por impedirlo. Tal vez sea una impresión errónea, pero, qué queréis, uno es que es muy malpensado.

Encuesta sobre el consumo de carne de tiburón. Como ocurre en otras partes del mundo, por algún motivo (2) la mayoría de la población española se muestra reacia a comer carne de tiburón (cuesta creerlo, pero bastante más gente de lo que pensamos no asocian la pintarroja con los tiburones, se sorprenden cuando les dices que es un tiburón). Así lo confirma una encuesta realizada hace pocos años (3) en la que ni más ni menos que el 96% aseguraba no haberla comido jamás ni haberla elegido para su menú (en Galicia el porcentaje fue ligeramente inferior: el 95,5%). Y sin embargo llama poderosamente la atención el que más de la tercera parte de ese 96% (el 32,9%) afirmase haber comido carne de cazón y de marrajo, las especies más vendidas en el país (en Galicia, el 32,4%). Es decir, el 76,4% de los entrevistados no sabía que el cazón y el marrajo son tiburones, frente a un 20,5% que si lo sabía.

Y en esto, como en otras cosas, los gallegos somos un tanto particulares, por decirlo de alguna manera: sólo el 52,2% desconocía este dato... Y la pregunta es: ¿será que a los de la encuesta les decimos que no comemos tiburón, por si acaso y porque nunca se sabe, mientras controlamos que no se chamusque el filetito de marraxo que tenemos en la sartén?

Olayos (Galeus melastomus). Foto: A. M. Arias.
Sea como fuere, la pregunta que a continuación se les formula a los encuestados resulta casi redundante visto lo anterior: "¿Sabe que el cazón y el marrajo son especies de tiburones para las cuales no existen límites de capturas que garanticen una pesca sostenible?". Obviamente, el 89,5% no lo sabe (un 81,7% en Galicia) frente a un 7,1% que si. Pero lo que de verdad resulta preocupante, a mi juicio, es que el 90,2% de la población (76,8% en Galicia) no tiene ni idea de que España cuenta con una de las cinco mayores flotas del mundo dedicadas a la pesca del tiburón y a la comercialización de sus aletas. Sólo el 7,8% aseguraba saberlo. ¿Cómo exigir un control de esta pesquería para hacerla sostenible si no sabemos ni que existe?

¿Desconocimiento, etiquetado engañoso o fraude? Es obvio que los consumidores no tenemos por qué conocer cuántos tiburones hay ni cómo se llaman. Faltaría más. Pero sí que nos gusta saber qué compramos (además, tenemos derecho a ello, creo), y aquí  está el problema: que parece que nos quieren meter el tiburón hasta en la sopa, y perdón por el chiste fácil. El comprensible y natural desconocimiento del consumidor está firmemente respaldado por el etiquetado del producto, que más parece diseñado para provocar confusión, siendo muy benévolos, que para aclarar las cosas. Es cierto que algo se ha avanzado, pero muy poco. Demasiadas veces en las etiquetas se emplean nombres locales que resultan desconocidos en el resto del territorio. Así, nos encontramos con términos como "quella", "caella" o "quenlla", que fuera de Galicia no se sabe bien qué es, para referirnos a la tintorera, a veces acompañados, en letra menuda, de su nombre científico. Pero, claro, ¿quién puede saber qué es un Prionace glauca, un Isurus oxyrinchus, o un Galeorhinus galeus? El pobre consumidor, como si le hablasen de dodecafonismo.
     En otras ocasiones se utilizan nombres como "emperador", "salmón de playa", "salmón de roca", "bienmesabe", e incluso "espada", que resultan abiertamente engañosos, si no fraudulentos, ya que su objetivo no es informar al consumidor, sino disfrazar eufemísticamente un producto que de otra forma éste posiblemente no habría elegido. Es como si una empresa se dedicase a comercializar carne de perro, con todas las garantías de control sanitario, etc., bajo el nombre de "ternera tibetana", "gamo austral", o "tocinetas de frescachí" (tal vez algún cliente, aburrido de esperar en la cola, se parase a mirar la letra pequeña y se mosquease al leer "Canis familiaris"... y a lo mejor sería el principio del fin del negocio... claro que tendría que saber algo de nombres científicos).
Rodajas de "quella" (Prionace glauca).
     Muchos errores en el etiquetado, intencionados o no, se producen ya en la llegada del pescado a la lonja. Así, estudios llevados a cabo por la Fundación CRAM en lonjas de Cataluña y País Vasco han encontrado errores en el etiquetaje de elasmobranquios (tiburones y rayas) en más del 50% de los especímenes (4), hecho sumamente grave puesto que, entre otras cosas, impide hacer un seguimiento de capturas y especies implicadas. Personalmente, por poner otro ejemplo, he podido ver musolas lisas y musolas estrelladas (Mustelus mustelus y Mustelus asterias) subastadas como "cazón", término que en gallego es correcto (cazón liso, cazón branco, respectivamente), pero en castellano se refiere exclusivamente al Galeorhinus galeus; y esta misma semana, sin ir más lejos, me he tropezado con una caja de pintarrojas con la etiqueta de "Xurelo TRACHURUS SPP". Quizá simplemente porque el operario andaba a por uvas... o no. Y algo más que un puñado de veces he visto olayos (Galeus melastomus) despellejados y descabezados vendidos como pintarrojas (no siempre están tan bien despellejados y fijándose bien no es difícil identificarlos).

Cuestión aparte es el de aquellos productos precocinados o de comida rápida que uno no acaba de tener muy claro de qué están hechos. El caso del surimi, subproducto con el que se fabrican los famosos palitos de cangrejo, es en este sentido demencial. ¿Qué especies se utilizan exactamente para elaborar la pasta de pescado? Imposible saberlo. Es como intentar conseguir la composición de un cigarrillo. En las etiquetas, folletos, etc. a disposición del consumidor encontramos tal mezcolanza de bichos, que se te quitan las ganas de seguir investigando: panga, fletán, restos del fileteado de merluza y decenas de otras especies innombrables (e innombradas). Y también carne de tiburón, sin que sea ni remotamente posible determinar la especie. Aunque no es difícil suponer que serán las especies menos apreciadas, además de rotundamente rechazadas, como las especies de aguas profundas, capturadas sobre todo por el aceite de sus voluminosos hígados, que se destina para la industria cosmética; y lo que queda del pobre animal, para hacer piensos o gula del norte, vete tú a saber. Ya que no hay modo de obtener información detallada tenemos todo el derecho a ser desconfiados.
     Otro caso, que afortunadamente en España no está muy extendido, es el de la famosa cadena británica Fish and Chips, cuyo producto estrella es el pescado supuestamente rebozado acompañado de patatas fritas. Según aseguran, utilizan especies como la merluza, el bacalao o el abadejo (esto no se lo creen ni ellos)... pero sobre todo la mielga (Squalus acanthias), el galludo (Squalus blainvillei) (5) y quién sabe qué otros tiburones, para someterlos a la tortura de una fritanga en mantequilla rancia o aceite recontrautilizado. Un asco.

El papel de las autoridades: Si alguien quiere comer tiburón está en su derecho. Pero también debe garantizarse el derecho de quienes no lo desean, de quienes quieren saber qué se están llevando a la boca. Y ese papel corresponde a las autoridades públicas, a nuestros representantes políticos, quienes, la verdad, no se puede decir que estén por la labor. Jamás lo han estado, y ahora, en estos momentos de crisis, pues mucho menos, ocupados como andan los pobres en solucionar la crisis de los bancos y banqueros redistribuyéndoles el dinero que los contribuyentes habíamos destinado a nuestra educación y a nuestra sanidad (afortunadamente, la asignación a nuestra Iglesia sigue intacta). 
     En definitiva, el asunto está exclusivamente en nuestras manos. De nosotros depende que esta gente a la que hemos votado se ponga de una vez a hacer algo, o al menos que disimule, que para eso les pagamos el Audi.

Mezcla de pintarrojas y musolas con otros peces óseos. (Foto: Oceana)

[Nota: Otro aspecto de este tema tan preocupante del consumo no premeditado de tiburón es el de los suplementos dietéticos basados en el Omega-3 (ahora tan de moda). En este artículo le damos un pequeño repaso: La grave situación de los tiburones del mar profundo (II). En relación a la elevada concentración de sustancias tóxicas en los tiburones que comemos, véase El tiburón, mejor fuera del plato.]
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(1) China es es el primer consumidor mundial de aleta de tiburón, con una espectacular demanda que sigue creciendo a medida que se incrementa el poder adquisitivo de la familia media. Directa o indirectamente es la causante de la sobreexplotación de las pesquerías así como de un mercado negro cuyos multimillonarios beneficios casi igualan a los del narcotráfico. España, con Vigo a la cabeza, se encuentra entre los cinco primeros países del mundo exportadores de aleta al mercado de Hong Kong, a nivel mundial.
(2) Motivos hay muchos. Por ejemplo: porque no nos apetece; porque no queremos contribuir a la destrucción de estos animales en tanto no exista la plena garantía de que lo que nos venden es producto de una pesca sostenible, rigurosamente controlada; porque son acumuladores naturales de mercurio y otros metales que hemos estado tirando al mar, y a uno es que no le apetece demasiado exponer a su familia a riesgos innecesarios como el cáncer, malformaciones en el feto de las embarazadas, etc.; porque nos da "cosa" sólo pensar en comernos a un bicho de esos, Jesús, qué repelús; porque sencillamente no nos da la real gana, etc.
(3) Realizada por TNS Demoscopia mediante encuestas telefónicas que se llevaron a cabo entre el 8 y el 13 de enero de 2009. El nivel de fiabilidad es del 95,5%, con un margen de error en los datos de +/-3,53%. Ver página de Shark Alliance.
(4) Ver página de la CRAM.
(5) Allí les aplican la denominación eufemística de rock salmon ('salmón de roca', ¿os suena?). Se ve que no les gusta mucho llamarles por su verdadero nombre: Piked Dogfish y Longnosed Spurdog, respectivamente.

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