Vamos a celebrar este día especial de un modo que nos encanta: combinando dos mundos que muchos todavía siguen considerando incompatibles entre si, las humanidades y las ciencias, la literatura y la biología. Hablamos de un novelista que tuvo la increíble fortuna de observar el comportamiento depredador nada menos que del tiburón de Groenlandia en su medio natural, las gélidas aguas del Ártico.
Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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miércoles, 22 de abril de 2026
jueves, 31 de agosto de 2023
Apología del tiburón (1953)
«¿Quien dijo que el tiburón es un monstruo del mar, dañino e inútil, enemigo mortal del hombre? ¡De ninguna manera! Es preciso rectificar libros de texto, tratados de historia natural, enciclopedias, leyendas terroríficas y novelas de aventuras [...]. Hay que rehabilitarlo ante el género humano y desagraviarlo depués de tantos siglos de vilipendio y aborrecimiento. No lo merece».
jueves, 20 de febrero de 2020
Huida de San Juan de Ulúa
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| Castillo de San Juan de Ulúa. |
viernes, 30 de junio de 2017
La pesca trágica (Paisajes cubanos)
De nuevo buceamos en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España para traeros esta pequeña joya. Procede de Por esos mundos, una revista ilustrada editada en Madrid durante el primer cuarto del siglo XX, entre 1900 y 1926. Este artículo apareció en el número 216, del 1 de enero de 1913, en su apartado Viajes y costumbres, páginas 29 a 31.
jueves, 15 de diciembre de 2016
Los tigres del mar (1916)
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| "Por la posición de la boca, el tiburón tiene que volverse vientre arriba para tragar la presa; los negros aprovechan tal desventaja, abriéndoles el vientre con filoso cuchillo." |
Volvemos a sumergimos en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional para rescatar un curioso reportaje sobre tiburones publicado hace casi exactamente 100 años, el 16 de diciembre de 1916, en una de las revistas ilustradas más importantes del Cono Sur, Caras y Caretas. Fundada en Montevideo en 1890 por el periodista español Eustaquio Pellicer, en 1898 se trasladó a la Argentina, donde continuaría editándose hasta 1941. Para que os hagáis una pequeña idea de su extraordinaria calidad, entre sus páginas encontramos textos de las más grandes figuras políticas y literarias del momento, tanto españolas como americanas: Castelar, Unamuno y nada menos que Valle-Inclán, además de Rubén Darío, Leopoldo Lugones o mi admirado Horacio Quiroga. Un lujo.
martes, 12 de julio de 2016
De peces piloto y tiburones (1803, 1838)
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| Pez piloto en una ilustración de 1863. |
lunes, 11 de abril de 2016
Fray Martín Sarmiento y las mielgas
Fray Martín Sarmiento (1695-1772) es una de las figuras más importantes de la Ilustración, en Galicia y en España, y también, probablemente, una de las más olvidadas. Erudito en los más diversos campos del conocimiento, desde las ciencias naturales —particularmente la botánica— hasta la historia, fue un firme defensor de la ciencia y del método científico frente a la ignorancia y la profunda superstición en las que estaba sumido el país. Como otros ilustrados, defendía la necesidad de elevar nuestro nivel cultural y científico mediante la educación y la investigación para acercarlo a las naciones más avanzadas de Europa. ¿Cómo era posible —se lamentaba el buen benedictino— que en las obras de los más insignes ictiólogos del momento faltasen referencias a nuestra abrumadora riqueza piscícola?
(2108) Para decir algo con los modernos, digo que Pedro Artedio en Ychthyologia, que sacó a luz Carlos Linneo, y a los quales copió M. Brisson, todos reconocen 14 especies de mielgas o galeos. Artedio las coloca debajo del género Squalus y Brisson debajo del nombre Canis Marinus¹. A cada especie agregan todos los nombres synonymos de varias naciones y los que se hallan en diferentes autores antiguos y modernos. En esa letanía de autores y de nombres vulgares no hace papel España, no por falta de pescados, no por falta de nombres vulgares, pero si por falta de escritores que los sepan y que los comuniquen a otras naciones. El caso es que hay pescados que, según la dibersidad de las costas marítimas de España, tienen dibersos nombres vulgares. Todos se debían recoger y formar una Ychthyologia polyg[l]ota de toda España.Aunque pasó buena parte de su vida en Madrid, Sarmiento mantuvo siempre vivo su vínculo afectivo con Galicia y, como buen amante de las lenguas, con el gallego, idioma que trató de dignificar y de normalizar defendiendo incluso su utilización en la escuela y en los actos y actividades religiosas por ser la lengua materna de la gran mayoría de la población. Durante sus viajes por el país (particularmente importantes fueron los de 1745 y 1754) logró compilar un inmenso caudal de voces y de expresiones del gallego que fue completando con numerosas noticias e información sobre su origen, uso y significado. Buena parte de esta ingente obra quedó inédita, y sus manuscritos fueron recopilados en diversos volúmenes que solo a finales del pasado siglo comenzaron a ver la luz convenientemente editados.
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| Centrina. |
1. Pescados y tiburones. En sus escritos Sarmiento dedica un buen número de páginas a los peces: "Nunca pensé extenderme tanto sobre los pescados, pero hay tanta abundancia de ellos en España, hablando generalmente, y hablando particularmente en Galicia, que andaría muy corto en esta materia si no diese alguna noticia de los pescados y mariscos [...] que sirven y podrían servir para el comercio".
Dentro de los "pescados sin escamas", donde figuran el congrio, la lamprea y la "murena", se encuentran los de "la clase de la mielga [...], los que son largos, redondos, sin escamas y con el pellejo muy áspero por lo común y, por lo común, sin espinas". Es decir, los tiburones, de los que va a tratar por extenso centrándose fundamentalmente en cuestiones léxicas, analizando el origen y significado de los nombres vulgares y buscando correspondencias con las especies de tiburón descritas por los científicos de referencia.
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| Galeo cane. |
(2109) Sin salir del nombre squalus, que Artedio escogió para nombre genérico de las mielgas [...]. Al squalus de río llaman en Galicia escalo². Al squalus de mar llaman en Galicia tollo, rouxa, pinta rouxa. En Castilla, tollo, también lixa, pinta roxa, esqualo. En griego rhina, que significa 'lima', porque con su pellejo se lima, se alisa, o se alixa la madera y el marfil. En latín squatina, según Plinio: "Rhina, quam squatinam vocamus"³. Y en francés angelote, por la disposición de las aletas. En Galicia se quenta la pinta rouxa entre las mielgas, pero otros la agregan a las rayas y Artedio la hace 6ª especie del squalo⁴.
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| Galeo acanthia. |
(2100) No es fácil aberiguar el origen de la voz "mielga". En quanto planta, viene de Medica y Melica⁵; pero en quanto pescado, sería atajo decir que también podría venir de Medica, no por la región de la Media, de donde vino la planta, sino por el adjetibo Medicus, Medica, aludiendo a que el pescado mielga es pescado de enfermizos y enfermos, y en algún modo medicinal. Esse origen y etimología podría[n] pasar, pues nada tiene[n] de inverosímil; pero yo soy de mal contento en estas materias y siempre deseo tropezar con un origen que no necesite el pegote de metáphoras y de alegorías, pues con esos pegotes voluntarios, quolibet fit ex quolibet⁶. Quiero que el origen abraze la analogía de la lengua con la propiedad del significado.Y a continuación emprende una profunda indagación que le lleva desde Plinio hasta Theodore Gazis, Rondelet⁷ e, incluso, nada menos que uno de los padres de la Iglesia, Papías de Hierápolis. A su juicio,
Es preciso que la combinatoria haga un grande rodeo, para probabilizar el origen de la voz castellana "mielga", o de la gallega melga, en cuanto significa el pescado tan conocido. ¿Quién lo creyera? Es preciso juntar perros, gatos, comadrejas y ratones, para decir algo con fundamento. De los nombres de estos animales se han valido los primeros que impusieron nombres a los pescados de la clase de las mielgas.Para resumir, dado el uso común de servirse de nombres de animales tan diversos como canis 'perro', con su diminutivo canicula, vulpes 'zorro', el griego gale 'comadreja' y su correspondiente latino mustella, etc. para bautizar las diferentes especies de tiburón "o galeos", Sarmiento cree razonable concluir que igualmente el compuesto migale o megala —del que derivaría la voz castellana "musgaño"—, sea el verdadero origen de las formas "mielga" y "melga", respectivamente⁸. En su opinión, este vocablo estaría formado por las voces griegas mys 'ratón' y gale, "que pasó a significar 'el gato'", y su resultado latino sería la forma compuesta mus-aranea.⁹
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| Canicula aristotelis. |
(2111) Estando yo en Galicia me informaron de algunas variedades de mielgas:
1ª. La mielga ó melga, más común. Tiene sobre el lomo dos espolones, ganchos, uñas o espinas corvas.
2ª. El melgacho, que es el macho de la mielga. Solo tiene un espolón; su comida tiene tufo.
3ª. Cazón. No tiene espolón alguno. Es más grande que la mielga, pero de mala comida y con tufo.
4ª. Cazacú. Llaman assí en Bayona a lo que en Asturias rañón. Es pequeña y no tiene espolón.
5ª. Pintarrouxa. Es más grande que el cazacú. No tiene espolones. Dudo que sea la lixa.
6ª. Canexa, y creo que mejor caneja. Especie de mielga distinta del cazacú, y que fresca es mejor que la mielga común, pero esta es mejor para curada.
Véase aquí como para lo poco que por mí mismo he observado, no necesité de libro alguno.
(2112) Después consulté los libros para aberiguar los latines. La mielga acanthias tiene dos espolones, luego es la mielga común. De canicula se forma "cañeja", luego la cañeja es el galeo Canicula saxatilis. Centrum significa el espolón, y un Galeo cetaceo se llama por eso Centrina: tiene dos espolones en el lomo y se distingue de la acanthias en que esta pare los fetos vivos y la centrina solo pone huebos. El Canis maximus, Lamia, Carcharias, Tiburon y Requiem es la mayor mielga cetácea y también se llama Squalo. A este tenor se podrán hacer muchas combinaciones. Siendo el tollo especie de mielga, y habiéndole en Galicia y con esse nombre, es cierto que allí hay la Squatina.
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| Canicula saxatili. |
Sarmiento se deja llevar por su erudición y dominio de las fuentes científicas, pero es evidente que le falta lo más importante: el conocimiento de la materia, lo cual le permitiría deslindar de algún modo el alcance de cada uno de los nombres comunes. Aunque, para ser justos, debemos reconocer que una problemática similar se da en autoridades científicas de la talla de Linneo, quien, por poner un ejemplo, distingue dos especies que en realidad son una y la misma: el Squalus canicula y el Squalus catulus de su catálogo son sinónimos de la pintarroja (Scyliorhinus canicula, según la nomenclatura actual).¹⁰
El llamado cazacú podría referirse a S. canicula, y, por la referencia a su mayor talla, la pintarrouxa se correspondería con el alitán (Scyliorhinus stellaris), que Rondelet, por cierto, denomina Canicula saxatili (la propia ilustración, que reproduzco arriba, habla por si sola). Sarmiento se confunde al aplicarla al S. canicula, que, en la obra del naturalista francés se recoge como "Canicula Aristotelis".
La voz canexa, si bien en algunos lugares se usa para S. canicula, como en portugués (caneja), y también, incluso, para S. stellaris, podría estar referida en realidad a una musola (Mustelus sp.). Se describe como una "mielga distinta del cazacú" y cuya carne es en fresco mejor que la de la mielga común. Se trata de una especie tan común en las zonas costeras que parece difícil olvidarse de ella. El propio Rondelet recoge en su obra las dos variedades más frecuentes de las aguas europeas, M. mustelus y M. asterias (Galeo laevi y Galeo asterias, respectivamente).
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| Galeo asteria. |
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| Galeo glauco. |
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¹Peter Artedi o Petrus Arctaedius (1705-1735), considerado por muchos el padre de la ictiología, fue un insigne ictiólogo sueco, amigo íntimo de Linneo (1707-1778), quien, efectivamente, se encargó de la publicación póstuma de sus obras.
Mathurin Jacques Brisson (1723-1806) fue un insigne zoólogo francés y profesor de filosofía natural.
²Se refiere al bagre o escalo (Squalius cephalus), un ciprínido de agua dulce. Nada tiene que ver, por tanto, con los escualos.
³"Rhina, a la que llamamos squatina".
⁴Es evidente que Sarmiento se pierde y se hace un lío entre tanta profusión de nombres comunes, algunos simples variedades geográficas referidas a la misma especie. La voz pinta rouxa, por ejemplo, que aquí usa como sinónimo del angelote (Squatina squatina), más adelante se aplica al alitán (Scyliorhinus stellaris). En otro momento se refiere al Squatina como "lixa".
Por otro lado, efectivamente, la 6ª especie de Squalus que recoge Artedi es la Squatina (véase Genera piscium, en Ichthyologia sive opera omnia de piscibus, 1738), la cual Rondelet, en efecto, incluye en el grupo de las rayas y torpedos (Libri de piscibus marinus,1554, Libro XII), junto con el Rhinobato al que alude el fraile de forma tan confusa.
⁵MELICA en latín vulgar, MEDICA, latín clásico.
⁶"De cualquier cosa se sigue cualquier cosa".
⁷Para Plinio el Viejo (23-74 d. C.) véase Los tiburones según Plinio. Theodore Gazis o Teodoro Gaza (c. 1398-c. 1475) fue un humanista griego y apreciado traductor de Aristóteles, entre otros muchos autores clásicos griegos y romanos. Guillaume Rondelet (1507-1566), médico y naturalista francés, es una de las grandes figuras históricas en el campo de la ictiología.
⁸En realidad, según explica Joan Corominas, esta palabra "deriva probablemente del latín MERGA 'horca para levantar las mieses'; la l castellana se debe al influjo del sinónimo bielda, bieldo, de donde las formas intermedias bielgo y mielgo. Como nombre de pez, 1335, parece ser aplicación figurada de este vocablo, por comparación de los dos aguijones duros o aguzados que lo caracterizan con las púas de un bieldo." (Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Madrid, Gredos, 1961).
⁹No debió de quedar muy satisfecho con todo esto el obstinado fraile, pues todavía volvería sobre el tema hacia el final de este tratado sobre los tiburones:
(2113) El pellejo de toda mielga es áspero y duro, y, más o menos, podrá servir de lixa. Toda mielga se debe desollar para comerse. En Cathaluña llaman "gatos" a los melgachos, y todo viene de gale, 'gato' o 'comadreja' [...] He discurrido si acaso la voz "mielga" es recortada de la voz entera tre-mielga, que significa la raya torpedo, pues las rayas y las mielgas se suelen confundir, como se ve en la squatina o lixa; o si acaso es recortada de la voz remeligo, que significa la rémora o echeneis, que los que creen la existencia dela rémora la suponen como lamprea o murena. Y no hay duda que la estructura de la mielga se parece a la de los dos pescados.La palabra "tremielga" es un compuesto con la voz latina tremere, 'temblar', por el efecto de la descarga eléctrica que pueden producir estos bichos.
El "remeligo" es efectivamente la rémora, género Echeneis (fam. Echeneidae). En los bestiarios medievales figuraba el echeneis como un pequeño pez que se anclaba a los navíos y era capaz de frenar su marcha incluso bajo los vientos más fuertes.
¹⁰Véase Carolus Linnaeus (1758). Systema Naturae per regna tria naturae, secundum classes, ordines, genera, species, cum characteribus, differentiis, synonymis, locis. Editio decima, reformata. Laurentius Salvius: Holmiae. ii, 824 pp.
jueves, 31 de diciembre de 2015
Julio Guillén, Lourido y los tiburones
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| ABC, 2 de abril de 1944. |
D. Julio F. Guillén Tato (1897-1972), Contralmirante de la Armada Española, fue un marino de una importante trayectoria científica, histórica y cultural, además de militar (no durante la Guerra Civil, pues sufrió el rechazo tanto de los republicanos como de los rebeldes fascistas, quienes finalmente lo rehabilitaron en Consejo de Guerra en 1941). Entre otros honores, fue miembro de las Reales Academias de la Lengua y de la Historia y de la Hispanic Society of America, y desde 1940 hasta el año de su muerte, director de la Revista general de marina, en la que publicó algunos de sus relatos de ficción seguramente más queridos, los protagonizados por el singular Lourido, Nostramo Lourido.
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Los tiburones según Cornide (1788)
José Andrés Cornide de Folgueira y Saavedra (1734-1803), "Académico honorário de la Historia, vecino de la Coruña", fue uno de nuestros grandes ilustrados. Investigador y estudioso de los más variados campos del conocimiento, desde la geografía y la historia hasta la historia natural, en 1788 publicó lo que probablemente sea el primer tratado de ictiología marina española, su Ensayo de una historia de los peces y otras producciones marinas de la costa de Galicia, arreglado al sistema del caballero Cárlos Linneo. Con un tratado de las diversas pescas y de las redes y aparejos con que se practican, escrito a partir de sus observaciones, de entrevistas con pescadores y del estudio de las obras de los grandes naturalistas como Linneo, Artedi o Rondelet.
sábado, 19 de septiembre de 2015
Carcharhinus sp. en el Cantábrico, 1929
Volvemos a bucear entre los magníficos fondos de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional para rescatar este curioso reportaje sobre la captura de al menos un carcharhínido en la costa Asturiana (no hay descripción ni fotografía del otro ejemplar de 4 m que se menciona). Apareció publicado el 19 de octubre de 1929 en la revista semanal ilustrada Alrededor del mundo, que estuvo en circulación entre los años 1899 y 1930.
La identificación de la especie de la imagen es extraordinariamente complicada, por no decir imposible, al menos para alguien que, como yo, no está lo suficientemente familiarizado con las claves taxonómicas de los carcharhínidos. Y por encima la descripción que ofrece el periodista la verdad es que no aclara nada las cosas, excepto tal vez para descartar la posibilidad de un Carcharhinus brevipinna, pongamos por caso, citado por Ebert y otros autores en el Cantábrico, dado que sus dientes no son triangulares, como si lo son los superiores del C. obscurus, otro posible candidato.
En cualquier caso, lo que demuestra este reportaje (aparte de que ciertamente el periodista necesita con urgencia la ayuda de un ictiólogo, como se verá en el penúltimo párrafo) es la diversidad de especies que había hace un siglo en nuestras costas.
Como siempre, transcribo fielmente el texto original, sin realizar ningún cambio o actualización a las normas del castellano actual.
La identificación de la especie de la imagen es extraordinariamente complicada, por no decir imposible, al menos para alguien que, como yo, no está lo suficientemente familiarizado con las claves taxonómicas de los carcharhínidos. Y por encima la descripción que ofrece el periodista la verdad es que no aclara nada las cosas, excepto tal vez para descartar la posibilidad de un Carcharhinus brevipinna, pongamos por caso, citado por Ebert y otros autores en el Cantábrico, dado que sus dientes no son triangulares, como si lo son los superiores del C. obscurus, otro posible candidato.
En cualquier caso, lo que demuestra este reportaje (aparte de que ciertamente el periodista necesita con urgencia la ayuda de un ictiólogo, como se verá en el penúltimo párrafo) es la diversidad de especies que había hace un siglo en nuestras costas.
Como siempre, transcribo fielmente el texto original, sin realizar ningún cambio o actualización a las normas del castellano actual.
LOS SELACIOS DE LA COSTA CANTÁBRICA
La fauna marítima es tan rica y varia que son múltiples las ocasiones en que aparecen en todas las costas especies completamente desconocidas, tipos no clasificados.
La población del mar varía con las épocas. Aún no hace muchos años la pesca de la ballena era completamente desconocida en España. Esto no quiere decir que no hubiera tales cetáceos en nuestras costas. Se sabe que hace algunos siglos los pescadores de la costa gallega sabían pescar la ballena. Después de esa época debió desaparecer o ser poco abundante en ese mismo litoral, porque cuando hace poco empezó la abundancia del gigantesco poblador de los mares tuvieron que venir a Galicia gente de Noruega para pescar y aprovechar todo cuanto hay en el cetáceo de susceptible para rendir un beneficio, que es casi todo, porque la ballena, como el cerdo, no tiene desperdicio. Hoy en Galicia hay varias factorías balleneras que producen al año un gran rendimiento.
Volviendo al tema.
En nuestras costas ocurren pescas sorprendentes como esta a que vamos a referirnos.
Esta pesca es la de un selacio en un rincón de la abrupta costa cantábrica.
En el Concejo de LLanes, en las inmediaciones de la pintoresca aldeíta de Cué, surge, de entre las aguas rumorosas del mar dicho, cual el fantasma de un gigantesco "iceberg" estacionado, el Castro Bayota, que, a no dudar, sus hendiduras, cuevas y recodos sirven de refugio y probable habitación de estos animales, ya que solo en sus alrededores se les logra ver.
El "tolle" (nombre arbitrario que estas gentes le han dado a este pez) es un selacio de bastante corpulencia y su voracidad la ha demostrado palpablemente devorando multitud de pesca de estas costas. Sin embargo, no se le puede acusar de atacar a las personas, ya que, según parece y al decir de los que se han dedicado a su caza, corre al menor movimiento que se hace, y además, en un paraje separado de Castro Bayota unas dos o tres millas estuvo por espacio de seis o siete días el cadáver de un joven ahogado, sin que fuese atacado por los voraces vecinos que tenía. Esto no obstante, bien pudo ser por no visitar dichos peces aquel paraje, en el que nunca se les vió, o bien porque atraídos por la carnada que constantemente se les ofrecía como cebo no se separaban gran cosa de las inmediaciones de la mencionada playa.
Las características de este animal son: largo, dos a cuatro metros; cuerpo fusiforme; cuatro filas de dientes (dos en cada mandíbula), triangulares y cortantes; cinco aberturas branquiales, sin aparato opercular; dos aletas triangulares dorsales (una hacia el medio y otra cerca de la caudal); un par de aletas pectorales y otro par anal; piel obscura por el lomo y más clara por el vientre, áspera casi como la de las lijas, vivíparo y placentario.
El día tres de septiembre último los pescadores que figuran en la fotografía mataron uno que medía cuatro metros, y el día 6 del mismo mes lograron capturar el que tienen a sus pies, que midió dos metros veintisiete centímetros y pesó 125 kilos, después de haber salido de su vientre (pasadas cinco horas de muerto) veinte crías "vivitas y coleando".
¿Cuál es el verdadero nombre de este pez? Ya decimos que en Asturias le llaman "tollete" y creemos que entre los pescadores vascos se conoce con el mismo nombre.
Por sus características se ve que este selacio no es un tiburón, ni lija, ni cazón, ni torpedo, ni pez martillo, ni pez sierra.
Acaso un ictiólogo nos diera el nombre y quizá también no lo tuviera, porque, como ya decimos, con frecuencia se presentan en las costas ejemplares no clasificados.
FRÁMPERZ
lunes, 25 de mayo de 2015
Los tiburones según Goldsmith (1774) - II
DE LOS PECES CARTILAGINOSOS DE LA CLASE DEL TIBURÓN¹
No es solo el hombre el único enemigo a quien este pez debe temer: la rémora o pega es probablemente incluso mayor, y sigue al tiburón a todas partes. Este pez tiene la capacidad de adherirse a cualquier cosa a la que se fije, a la manera como una ventosa se adhiere al cuerpo humano. Es mediante este sistema que este animal se pega al tiburón y le extrae su humedad. Sin embargo, los marineros son de la opinión de que le asiste de un modo más amistoso, señalándole las presas e informándole de donde está el peligro. Por este motivo se le conoce como Piloto de tiburón.
Por tamaño, el tiburón es tan parecido a la ballena, que algunos, de manera nada juiciosa, lo han incluido en la clase de los cetáceos. Pero su lugar es el que le hemos asignado, en el grupo de los peces cartilaginosos. Respira por medio de branquias y pulmones, sus huesos son de cartílago, y pare varias crías vivas. Belonius nos asegura que vio una hembra producir once crías vivas de una vez. No tengo intención de responder por la veracidad de Rondelet, quien, hablando de la tintorera, sostiene que en situaciones de peligro la hembra deja que sus retoños desciendan por su boca para refugiarse en su estómago. Lo cierto es que el señor Pennant parece dar crédito a esta historia, y considera que posiblemente este tiburón, como la zarigüeya, ha sido dotado por la naturaleza de un lugar donde resguardar a sus crías. Esta opinión merece todo el respeto, y es suficiente, al menos, para posponer nuestras discrepancias; pues nada hay más despreciable que la afectación de la sabiduría mediante la incredulidad universal que algunos exhiben².
En general, el tiburón, cuando está vivo, es un animal extraordinario; y cuando está muerto, es de muy escaso valor. Su carne es apenas digestible para nadie excepto para los negros, a quienes les vuelve locos. El hígado proporciona tres o cuatro litros de aceite; al cerebro se le han atribuido ciertas virtudes imaginarias; la piel, mediante un arduo trabajo, se pule para transformarla en zapa. El señor Pennant es de la opinión de que las hembras de esta familia son más grandes que los machos, lo cual, si la experiencia lo confirma, constituiría una sorprendente coincidencia con las aves rapaces. Lo deseable sería que los historiadores venideros comprobasen esta observación, ¡que tan solo ofrecemos como mera conjetura!³
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¹Se han identificado cerca de treinta especies de tiburón, de las cuales una veintena han sido avistadas en las costas británicas. A algunas se les conoce como perros marinos, beagles y sabuesos, porque cazan sus presas en grupo. Aquí podemos centrarnos en la tintorera, el peregrino y el angelote (1).
La tintorera.— El dorso de este tiburón es azul, el vientre blanco. No se aprecian orificios detrás de los ojos, como es común entre los peces de este género. Dos membranas blancas, una en cada ojo, hacen la función de párpados. Cuando se le puso cabeza abajo, una enorme bolsa blanca salió de su boca. Eliano suponía que servía de refugio para las crías en los momentos de peligro; y el señor Pennant, que da crédito a esta historia, considera que posiblemente la naturaleza haya dotado a este pez de un lugar donde alojar a sus crías, como sucede con la zarigüeya. Sin embargo, algunos autores rechazan esta hipótesis.
El peregrino.— Aunque es un pez muy grande, carece de la voracidad y la fiereza que caracterizan a la mayoría de los tiburones. Con frecuencia suele permanecer inmóvil en la superficie, generalmente boca abajo, aunque en ocasiones panza arriba. Y parece temer tan poco al ser humano, que a menudo tolera que lo acaricien y le den palmaditas. Su cuerpo es esbelto, de entre tres y doce yardas de longitud [2,75-11 m], de color oscuro plomizo por arriba y blanco por abajo. La mandíbula superior es roma en su extremo y bastante más larga que la inferior. La boca está situada en la parte inferior, y está dotada de dientes pequeños; los anteriores muy inclinados, y los más retrasados, cónicos y de punta afilada. Presenta cinco aberturas respiratorias a cada costado del cuello. Hay dos aletas dorsales, dos pectorales, dos ventrales y una pequeña aleta anal. En el interior de la boca, cerca de la garganta, hay una especie de hueso corto parecido al de una ballena.
El angelote.— Éste es muy diferente de los tiburones típicos. Se le distingue por su cuerpo aplanado, que, por así decirlo, constituye el eslabón entre las rayas y los tiburones, al compartir la forma de ambos. Se le llama angelote por sus extendidas aletas pectorales, que tienen la apariencia de alas.
La cabeza tiene forma circular y es un poco más ancha que el cuerpo. La boca es amplia y está situada en el extremo de la cabeza. Al igual que los tiburones, los adultos de esta especie poseen más dientes que los jóvenes. Así, dos angelotes de sólo un pie de longitud [30,48 cm], en posesión del Dr. Block, presentaban solo dos filas de dientes en la mandíbula superior y tres en la inferior; mientras que Willoughby y Rondelet afirman que hay tres en la primera y cinco en la segunda. De cierta parte de su piel los turcos fabrican la más bella zapa para los estuches de los relojes. El angelote se encuentra en el Mediterráneo y en el mar del Norte.
El alitán [Spotted Dog-fish] (3) se encuentra en muchos mares y mide cuatro pies de longitud [1,22 m]; es muy voraz y se alimenta principalmente de peces. Su cuerpo es pardo rojizo, con grandes manchas negras distintivas, blanco por debajo y un tanto comprimido en cada extremo. La piel, cuando se seca, se utiliza para diversos fines. La cabeza es pequeña y el morro corto. Los ojos son oblongos y la pupila de un color verde mar; el iris es blanco. La boca es oblonga, amplia, y está armada de tres hileras de dientes. La lengua es cartilaginosa y, junto con el paladar, rugosa. Las narinas están rodeadas por un lóbulo con un apéndice vermiforme. La cloaca está situada antes del punto medio del cuerpo. Aletas ventrales diferenciadas; la primera aleta dorsal está situada detrás de las ventrales; la segunda dorsal es más pequeña y casi enfrentada a la anal. La cola es estrecha, rematando por abajo en un ángulo marcado.
²Los tiburones, al igual que las rayas, paren a sus crías vivas, más de una de cada vez, y cada cual encerrada en una cápsula córnea de forma cuadrada rematada por delgados filamentos en cada esquina. Tras permanecer en el agua durante un tiempo, estas petacas naturales se abren por un extremo, y el joven pez escapa de su confinamiento. En el tiburón estos recipientes son de un color hueso traslúcido, rematado en las esquinas por delgados filamentos sumamente largos que suelen hallarse enrollados alrededor de corales, algas y otros elementos, para evitar que sean arrastrados hacia la orilla antes de expulsar a las crías. Los de la familia de las rayas son negros, con los filamentos rara vez más largos que la petaca, y con frecuencia son arrojados sobre nuestras playas en grandes cantidades.
³La pintarroja [Small Spotted Dog-Fish] es un tiburón que de vez en cuando se ve en nuestras costas. En Escocia se la conoce como morgay. Permanece cerca del fondo y se alimenta de pequeños peces y crustáceos.
A menudo se quedan enganchados en las líneas de los pescadores, aunque carecen de valor. Son perjudiciales para las pesquerías a causa de su voracidad. Miden unas dieciocho pulgadas [45,72 cm].
El alitán [Large Spotted Dog-Fish], conocido como bounce en Escocia, se distingue fácilmente del anterior por sus manchas más grandes pero menos numerosas, así como por su mayor masa corporal para igual longitud. Como la pintarroja, vive cerca del fondo y su alimentación es similar, pero también frecuenta fondos rocosos, de ahí que también se le conozca como pintarroja de roca.
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| Oliver Goldsmith tocando la travesera en una posada durante uno de sus viajes. |
[El texto de A History of the Earth and Animated Nature utilizado para esta traducción es el de la edición de Blackie & Son, Glasgow, publicada en 1840. Puede descargarse desde esta página de la California Digital Library. Todas las ilustraciones, excepto la última, pertenecen a la obra.]
___________________________
(1) En realidad se centra en cuatro especies, no en tres, sin contar con las dos que se incluyen en la nota 3.
(2) Al peregrino se le conoce en inglés como basking shark; el verbo to bask se emplea con el significado de 'tomar el sol' ("bask in the sun").
(3) La descripción de lo que el original llama Spotted Dog-fish resulta un tanto desconcertante. Muy probablemente Goldsmith se hace aquí un pequeño lío y mezcla caracteres de dos especies distintas. Anatómicamente, lo que describe es un alitán (Scyliorhinus stellaris): la talla, la librea, la posición de las aletas, etc. no dejan lugar a dudas. En cambio, el tipo de alimentación, que según se dice es a base de peces ("[it] feeds chiefly upon fish"), hace pensar en un tiburón distinto, tal vez una mielga (Squalus acanthias), que efectivamente se encuentra "en muchos mares" y se alimenta de peces, entre otras cosas... aunque las manchas de su librea no son negras, sino blancas. Recurrir al nombre vulgar para tratar de identificar la especie no sirve de mucho: Spotted Do-Fish también puede referirse a la pintarroja (véase, por ejemplo, William Yarrell (1836). A History of British Fishes, Samuel Bentley, Londres, vol II, p. 367). La segunda descripción del alitán, el que aparece en la tercera nota, es correcta, tanto la morfológica como la de su dieta (similar a la de la pintarroja), así como su nombre escocés, bounce.
He decidido dejar "alitán" en los dos lugares añadiendo entre corchetes el nombre que figura en el original, para evitar confusiones.
viernes, 22 de mayo de 2015
Los tiburones según Goldsmith (1774) - I
El autor. Oliver Goldsmith (1730-1774) es una de las grandes figuras literarias del extraordinario siglo XVIII inglés, y también un personaje peculiar por el que es difícil no sentir simpatía. Hijo de un clérigo irlandés, su vida no pudo haber estado más alejada de las pretensiones de su familia. Jugador empedernido y siempre endeudado hasta las orejas, amante de la juerga y de la música (tocaba la flauta y disfrutaba cantando canciones irlandesas), polemista obstinado y pendenciero (cuentan que en una ocasión se empeñó en defender, contra toda evidencia, que él masticaba su cena ¡moviendo la mandíbula superior!), y a veces malencarado, quienes lo conocieron coinciden, sin embargo, en que era al mismo tiempo un ser bondadoso, dotado de un gran corazón, e incapaz de causar el menor daño a sus amigos y a sus compañeros de tertulia, participando, por ejemplo, en todo el juego de sarcasmos y maledicencias tan de moda entre los literatos del momento.
Fue un personaje admirado y criticado por igual. Criticado duramente por su estilo de vida desordenado, que muchas veces rozaba el escándalo, tildado de envidioso e incluso de "idiota inspirado" (palabras de Horace Walpole); pero admirado por su inmenso talento literario, reconocido nada menos que por la mayor figura intelectual del siglo, Samuel Johnson, con el que formaría un club de debate y a quien uniría una fuerte amistad.
Goldsmith cultivó la poesía, el teatro y la novela, pero sin prodigarse en exceso. Escribió lo justo, pero de una calidad y estilo deslumbrantes. Y además, para pagar sus deudas de juego y contraer otras, escribió por encargo un número de ensayos y manuales de todo tipo, particularmente de historia política (historia de Grecia, de Roma, de Inglaterra, etc.), y de historia natural, en su portentosa A History of the Earth and Animated Nature, y ello a pesar de que, empleando una maldad atribuida al Dr. Johnson, sus conocimientos de zoología apenas le permitían distinguir un caballo de una vaca.
Naturalmente, Goldsmith no era ni historiador ni zoólogo. Sin embargo, sus manuales eran bien acogidos y ampliamente leídos porque, gracias a su dominio del idioma y a una excepcional capacidad de síntesis, lograba hacer comprensibles al lector medio los temas más abstrusos. Su método de trabajo consistía en leer toda la bibliografía existente sobre una determinada materia, seleccionar los datos más relevantes y organizarlos de una manera lógica y comprensible, para él y para su público. En ello radica el valor de su obra para el lector moderno, en ofrecernos, con todas las imprecisiones y errores de interpretación típicos de un lego, un compendio del conocimiento que en su tiempo se tenía en este caso sobre los tiburones.
A History of the Earth and Animated Nature se publicó en 1774. La primera edición constaba de ocho volúmenes.
Oliver Goldsmith murió joven y endeudado, empeñado en recetarse sus propias medicinas.
Samuel Johnson escribió un epitafio en un monumento al autor en la abadía de Ẃestminster que reza "A la memoria de Oliver Goldsmith, poeta, naturalista e historiador".
Los tiburones en la Historia Natural. El tema de los tiburones figura en el apartado History of Fishes del segundo volumen de la obra, ocupando los dos primeros capítulos del Libro II, Of Cartilaginous Fishes. El primer capítulo, "De los peces cartilaginosos en general", sitúa los peces cartilaginosos en el contexto de los peces en general señalando alguna de sus características principales: hendiduras branquiales abiertas directamente hacia el exterior, sin opérculo, circulación simple, fecundación interna y estrategia reproductiva compleja, descrita con sorprendente detalle:
Fue un personaje admirado y criticado por igual. Criticado duramente por su estilo de vida desordenado, que muchas veces rozaba el escándalo, tildado de envidioso e incluso de "idiota inspirado" (palabras de Horace Walpole); pero admirado por su inmenso talento literario, reconocido nada menos que por la mayor figura intelectual del siglo, Samuel Johnson, con el que formaría un club de debate y a quien uniría una fuerte amistad.
Goldsmith cultivó la poesía, el teatro y la novela, pero sin prodigarse en exceso. Escribió lo justo, pero de una calidad y estilo deslumbrantes. Y además, para pagar sus deudas de juego y contraer otras, escribió por encargo un número de ensayos y manuales de todo tipo, particularmente de historia política (historia de Grecia, de Roma, de Inglaterra, etc.), y de historia natural, en su portentosa A History of the Earth and Animated Nature, y ello a pesar de que, empleando una maldad atribuida al Dr. Johnson, sus conocimientos de zoología apenas le permitían distinguir un caballo de una vaca.
Naturalmente, Goldsmith no era ni historiador ni zoólogo. Sin embargo, sus manuales eran bien acogidos y ampliamente leídos porque, gracias a su dominio del idioma y a una excepcional capacidad de síntesis, lograba hacer comprensibles al lector medio los temas más abstrusos. Su método de trabajo consistía en leer toda la bibliografía existente sobre una determinada materia, seleccionar los datos más relevantes y organizarlos de una manera lógica y comprensible, para él y para su público. En ello radica el valor de su obra para el lector moderno, en ofrecernos, con todas las imprecisiones y errores de interpretación típicos de un lego, un compendio del conocimiento que en su tiempo se tenía en este caso sobre los tiburones.
A History of the Earth and Animated Nature se publicó en 1774. La primera edición constaba de ocho volúmenes.
Oliver Goldsmith murió joven y endeudado, empeñado en recetarse sus propias medicinas.
Samuel Johnson escribió un epitafio en un monumento al autor en la abadía de Ẃestminster que reza "A la memoria de Oliver Goldsmith, poeta, naturalista e historiador".
Los tiburones en la Historia Natural. El tema de los tiburones figura en el apartado History of Fishes del segundo volumen de la obra, ocupando los dos primeros capítulos del Libro II, Of Cartilaginous Fishes. El primer capítulo, "De los peces cartilaginosos en general", sitúa los peces cartilaginosos en el contexto de los peces en general señalando alguna de sus características principales: hendiduras branquiales abiertas directamente hacia el exterior, sin opérculo, circulación simple, fecundación interna y estrategia reproductiva compleja, descrita con sorprendente detalle:
Algunos paren vivas a sus crías y otros producen huevos que posteriormente se llevan hasta su maduración. Sin embargo, en conjunto, el modo de gestación es casi el mismo, dado que, en las disecciones siempre descubrimos que las crías, mientras están en el cuerpo, permanecen dentro del huevo hasta muy poco antes de ser expulsadas: podemos decir con propiedad que eclosionan dentro del cuerpo, y tan pronto como las crías salen del cascarón comienzan también a abandonar la matriz. A diferencia de los cuadrúpedos o de los cetáceos, que salen de la fase de huevo a los pocos días de su primera concepción y permanecen después en el útero durante varios meses, estos permanecen dentro del cuerpo de la hembra, en fase de huevo, durante semanas; y los huevos están unidos entre sí por una membrana, la cual, cuando se libera el feto, tarda poco tiempo en soltarse de la matriz. Los huevos están formados por una clara y una yema, y en vez de cáscara tienen una sustancia que muy adecuadamente puede compararse con el cuerno reblandecido. Como he señalado, en ocasiones eclosionan dentro de la matriz, como en las familias del tiburón o la raya, y a veces son expulsados, como en el esturión, antes antes de que el animal alcance el momento de su liberación. Por consiguiente, observamos que en este tipo de peces parece haber muy pocas diferencias entre los vivíparos y los ovíparos: en unos los huevos eclosionan dentro de la matriz, y las crías no permanecen allí mucho más tiempo; los otros expulsan sus huevos antes de que eclosionen, y dejan que el tiempo y el azar lleve a sus pequeños hasta la madurez.A continuación, distingue cinco grupos dentro de los peces cartilaginosos:
- Peces de la clase del tiburón, "con un cuerpo decreciente hacia la cola, la piel rugosa, la boca situada en la parte inferior de la nariz, muy lejos de su extremo, cinco aberturas a ambos lados del cuello para respirar, y la parte superior de la cola más larga que la inferior". Y cita como ejemplos el tiburón blanco, la musola, la mielga, el zorro marino, el peregrino y el cailón, entre otros.
- Peces planos, los cuales "se les puede distinguir fácilmente de los peces planos espinosos por los orificios a través de los cuales respiran, que no están cubiertos por un hueso y que, en esta clase, son cinco en cada lado. En este grupo podemos situar el torpedo, la raya, la raya picuda, la raya áspera, la raya de clavos y la pastinaca".
- Peces "con cuerpo esbelto parecido al de las serpientes, tales como la lamprea, la lamprea de arroyo y el pez pipa".
- El esturión y de su variedad, el esturión beluga.
- Comprende "peces de diferente naturaleza y aspecto que no se incluyen bajo ninguna de las divisiones anteriores. Estos son el pez luna, el pez globo, el lompa, el pez baboso, la quimera y el pez sapo. Cada uno de ellos tiene alguna peculiaridad en sus facultades o en sus formas que merece ser comentada. Al menos, la descripción de su aspecto podría compensar nuestra completa ignorancia del resto de su historia."
CAPÍTULO II
DE LOS PECES CARTILAGINOSOS DE LA CLASE DEL TIBURÓN¹
De todos los habitantes del océano, los de la clase del tiburón son los más fieros y voraces. Los peces más grandes no temen menos al más pequeño de esta tribu que a otros de aspecto más poderoso; y ninguno de ellos parece tampoco tener miedo de atacar a animales muy superiores en tamaño. Pero el tiburón blanco, que es el mayor de los de su clase, une a la más asombrosa velocidad el más poderoso apetito por hacer daño. Si en tamaño no está muy lejos de la ballena, la supera con creces en fuerza y rapidez, en la fabulosa disposición de sus dientes y en su insaciable afán por el pillaje.
Por su envergadura el tiburón blanco llega a veces a compararse con las ballenas, pues mide entre veinte y treinta pies [6-9 m]. Hay quien afirma haberlos visto de cuatro mil libras de peso [1814 kg], y nos han hablado en particular de uno que tenía un cuerpo humano en su barriga. Su cabeza es grande y ligeramente aplanada; el morro, largo, y los ojos grandes. La boca es enorme, como la garganta, y capaz de tragarse a un hombre con suma facilidad. Pero sus dientes son todavía más terribles; hay seis filas, tienen forma de cuña y son extremadamente duros y afilados. Se afirma que hay setenta y dos en cada mandíbula, arrojando un total de ciento cuarenta y cuatro; aunque otros creen que la cantidad es incierta, ya que se sabe que estos terribles instrumentos de destrucción incrementan su número a medida que el tiburón va creciendo. Con ellos, las dos mandíbulas, superior e inferior, parecen bien surtidas; pero el animal tiene la capacidad de subirlas y bajarlas a voluntad. Cuando el tiburón está tranquilo permanecen abatidas en su boca; pero cuando se dispone a sujetar una presa, eleva todo ese temible aparato empleando el grupo de músculos con el que se fija a la mandíbula, y el animal que atrapa muere en pocos minutos atravesado por un centenar de agujeros.
No es menos terrible la contemplación del resto de su figura. Sus aletas son proporcionalmente grandes; está equipado con grandes ojos saltones que vuelve con facilidad hacia todos lados, para ver a las presas que tiene detrás como a las que tiene delante. Y todo su aspecto viene marcado por un aire de malignidad. La piel es también áspera, dura y espinosa, pues se trata de ese material que llamamos zapa que cubre los estuches de instrumental.
Tan formidable resulta este pez por su aspecto, como temible por su coraje y actividad. Ningún pez es capaz de nadar tan rápido, ni de forma tan constante; deja atrás a los buques más veloces, juguetea a su alrededor, los pasa como una flecha, luego vuelve, parece observar fijamente a los pasajeros, y durante todo este tiempo no se aprecia ni la más mínima señal de esfuerzo para seguir adelante. Estos increíbles poderes, unidos a un tan grande apetito para la destrucción, no tardarían en despoblar el océano entero, pero providencialmente, la mandíbula superior se proyecta tan lejos por encima de la inferior, que el tiburón se ve forzado a ponerse de costado (no de espaldas, como generalmente se piensa) para capturar sus presas. Como esto requiere un poco de tiempo, el animal perseguido aprovecha la oportunidad para huir.
Sin embargo, sus depredaciones son frecuentes y espectaculares. El tiburón es el terror de los marinos de todos los climas cálidos, donde, como un bandido codicioso, acude a los barcos a la espera de lo que pueda caer por la borda. El desgraciado que en ese momento acabe en el mar morirá ciertamente sin la menor compasión. En el año 1744, un marinero que estaba tomando un baño en el Mediterráneo, cerca de Antibes, cuando nadaba a unas cincuenta yardas del barco, divisó un pez monstruoso que se dirigía hacia él y lo inspeccionaba desde todos los ángulos, tal como vemos que hacen los peces alrededor de un cebo. El pobre hombre, aterrorizado porque estaba cada vez más cerca, llamó a gritos a sus compañeros del barco para que lo subieran a bordo. Estos le lanzaron entonces un cabo con la mayor celeridad, y ya estaban izándolo junto al costado del barco, cuando el tiburón se abalanzó sobre él como una flecha y le arrancó una pierna.
El señor Pennant nos cuenta que el capitán de un barco negrero, al descubrir que el deseo del suicidio se había extendido entre sus esclavos, debido a la creencia que tenían de que después de la muerte habían de ser devueltos a sus familias, sus amigos y su país, para convencerles de que al menos alguna desgracia les estaría allí aguardando, ordenó que atasen uno de aquellos cadáveres por los tobillos y lo echasen al agua; y aunque lo volvieron a subir con la mayor rapidez, en tan poco tiempo los tiburones se habían llevado todo excepto los pies. No seré yo quien determine si esta historia es anterior a un accidente de la misma naturaleza ocurrido en Belfast, Irlanda, hará unos veinte años; pero lo cierto es que hay en ambas algunas circunstancias parecidas, si bien más terribles en la que voy a relatar. Un capitán procedente de Guinea se vio forzado por el mal tiempo a entrar en el puerto de Belfast con una carga de esclavos muy enfermos, quienes, a la manera arriba señalada, aprovechaban la menor oportunidad para lanzarse por la borda cuando eran llevados a cubierta, según la costumbre, para respirar aire fresco. Viendo el capitán que, entre otros, una esclava se disponía a morir ahogada, decidió utilizarla como ejemplo para los demás. Como supuso que desconocían los terrores que les aguardaban en el momento de su muerte, ordenó que la atasen pasándole un cabo bajo las axilas y la bajasen al mar. Cuando la pobre criatura fue así metida en el agua, a medio camino la oyeron proferir un alarido terrible que en un principio atribuyeron a su miedo a ahogarse; pero enseguida, el agua tornándose roja a su alrededor, la izaron y descubrieron que un tiburón, que había estado siguiendo el barco, la había devorado de mitad para abajo.
Tal es la espantosa rapacería de este animal; no desprecia nada que tenga vida. Pero parece sentir una particular enemistad hacia el hombre: una vez que ha probado la carne humana, no deja de frecuentar aquellos lugares donde aguarda el retorno de su presa. Se llega incluso a afirmar que a lo largo de las costas de África, donde estos animales se encuentran en abundancia, muchos negros, que se ven obligados a frecuentar aquellas aguas, son por ellos capturados y devorados todos los años. Las gentes de aquellas costas son de la firme opinión de que al tiburón le encanta la carne de negro más que la de hombre blanco, y que cuando en el agua hay personas de diferente color, siempre elige al primero.
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| Marinero mutilado por un tiburón. Ilustración de 1884. |
Así es como los europeos matan el tiburón. Pero algunos negros de la costa de África emplean un método más audaz y peligroso para combatir a su terrible enemigo. Armado con tan solo un cuchillo, el negro se zambulle y observa al tiburón acechando a su presa, y valientemente nada a su encuentro. Aunque no es él quien provoca la pelea, el enorme animal no la rehuye, y deja que el hombre se le acerque. Pero justo cuando se vuelve de costado para atrapar a su agresor, el negro ve su oportunidad y hunde el cuchillo en el vientre del pez, y continúa asestándole cuchilladas con tal acierto, que deja al voraz tirano yaciendo muerto sobre el fondo. Sin embargo, regresa enseguida, amarra la cabeza del pez con un cabo y lo lleva a tierra, donde organiza un noble banquete para las aldeas vecinas.
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| Ilustración del siglo XIX. |
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¹En esta primera nota a pie de página, que reproduciremos en la segunda parte, Goldsmith incluye la descripción de cuatro especies típicas de las Islas: la tintorera, el peregrino, el angelote y el alitán.
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