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martes, 12 de julio de 2016

De peces piloto y tiburones (1803, 1838)

Pez piloto en una ilustración de 1863.
El pez piloto (Naucrates ductor), inconfundible por su traje a rayas, es un carángido de aguas templadas y tropicales que suele acompañar a los tiburones, rayas y tortugas en sus viajes, y también a los barcos, circunstancia que hizo creer a los marinos de la antigüedad que su intención era guiarlos de regreso a buen puerto, de ahí que lo bautizasen como "piloto". Naturalmente, dada la frecuencia con que eran vistos en su compañía, también se creyó que guiaban a los tiburones hacia sus fuentes de alimento. Hoy sabemos que en realidad se trata de una relación de mutualismo: ambas especies, pez piloto y tiburón, obtienen un beneficio mutuo de su asociación: el primero recibe protección y alimento a cambio de librar al segundo de los parásitos que cubren su piel (además de aprovecharse de los restos de comida de sus festines).
     Os presentamos, a modo de lectura de verano, dos textos procedentes de sendas revistas ilustradas españolas de comienzos del XIX, muy parecidos en el tema y en la forma, que hablan del pez piloto a través de la mirada de dos de los más grandes naturalistas de aquel siglo, Geoffroy y Meyen, un francés y un prusiano. En aquellos tiempos el mundo comenzaba a hacerse pequeño, pero no tanto como para que el público en general, incluso en un país tan hostil a la ciencia y al conocimiento racional de la realidad como el nuestro, dejase de interesarse por las noticias y portentos que contaban los hombres de mar y de ciencia en las crónicas de sus viajes alrededor del mundo.
     En las transcripciones de los textos respeto las grafías pero actualizo la puntuación y, salvo excepciones, el uso de mayúsculas y cursivas.

De todos los tiburones, los peces piloto parecen sentir predilección por el jaquetón oceánico (Carcharhinus longimanus)... a veces tal vez un tanto excesiva (foto de Bernd Neeser tomada en el arrecife de Dédalo, en el mar Rojo, roundtheworldin80days.net).
Este artículo apareció publicado en 1803 en el Memorial literario, una de las revistas ilustradas más importantes y avanzadas de aquel momento en nuestro país. Dejando en segundo plano la crítica social y de costumbres, tan extendida y socorrida en muchas otras publicaciones, su línea editorial optó por abrirse al gran mundo del conocimiento: en sus páginas cabían no solo artículos de crítica teatral y literaria, o del arte en general, sino también sobre filosofía, economía, legislación, así como sobre las más diversas disciplinas científicas haciéndose eco de lo que acontecía en Europa, singularmente Francia.
      Étienne Geoffroy Saint-Hilaire (1772-1844) fue uno de los más eminentes naturalistas franceses. En 1793 ocupó la cátedra de zoología en el Museo de Historia Natural de París y colaboró con Cuvier en diversas publicaciones de historia natural. Fue uno de los 167 científicos que acompañaron a Napoleón en la magnífica, aunque fallida, expedición a Egipto, en la que participaron más de 50 navíos de guerra, 280 barcos de transporte y 40 000 hombres. La flota partió de Tolón en mayo de 1798 y permaneció en Malta una semana,durante la cual los gabachos aprovecharon para arrebatársela a los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén antes de partir rumbo a Alejandría. Probablemente fue en alguno de aquellos días cuando Geoffroy, que posteriormente recibiría la Cruz de la Legión de Honor de manos del propio Emperador, observó lo que se relata a continuación.
ZOOLOGÍA

Nota sobre algunas costumbres comunes a los tiburones y a los pececillos llamados pilotos, por el ciudadano Geoffroy, profesor en el Museo de Historia Natural de París.

     El tiburón va siempre acompañado de unos pececillos que por servirle de pilotos se les ha dado este nombre, y que nadan delante de él, le señalan los sitios más abundantes de pesca y le descubren los peces que más busca, por lo qual el tiburón, a pesar de su natural glotonería, vive en buena amistad con unos compañeros tan útiles. Pero los naturalistas, que desconfían mucho de las relaciones exageradas de los viageros, han puesto en duda esta amistad entre el tiburón y sus pilotos solo porque no han podido encontrar sus verdaderos motivos. Sin embargo, el ciudadano Geoffroy ha tenido proporción de asegurarse de la certeza de estos hechos, que se comprueban con sus observaciones.
     Yo, dice el observador, me hallaba a bordo de la fragata el Alcestes¹, entre el cabo Bueno² y la isla de Malta, y toda la tripulación estaba disgustada de la calma que padecíamos, quando llamó nuestra atención un tiburón que vimos dirigirse a nuestro buque. Venía precedido de sus dos pilotos, quienes conservaban muy bien una distancia proporcionada tanto entre si como respecto al tiburón. Dirigiéndose aquellos a nuestra popa, la visitaron dos veces; y habiéndose asegurado de que no había por allí ninguna cosa que pudiera serles útil, volvieron a tomar el mismo camino que habían traído, siendo de notar que el tiburón no los perdió de vista, o, por mejor decir, los siguió tan perfectamente que parecía que era arrastrado o llevado por sus dos pilotos.
     Apenas los divisamos, quando uno de nuestros marineros dispuso un anzuelo grande, que ocultó en un pedazo de tocino. Pero empleó tanto tiempo en esta maniobra, que quando el anzuelo estuvo pronto ya se habían alejado los pilotos y el tiburón unos veinte y cinco metros de la nave. Sin embargo, por lo que pudiese suceder, echó al agua el tocino, y el ruido del golpe hizo detener a aquellos peces.
Una fragata de la clase Magicienne (Wikipedia).
Inmediatamente se separan los pececillos; vienen a hacer sus observaciones cerca de la popa de la fragata; y apenas reconocen el cebo, quando vuelven a buscar a su xefe nadando con más velocidad que la que habían traído. Entretanto, el tiburón jugueteaba por el agua, ya paseando por la superficie y ya zambulléndose, pero conservando el mismo sitio en que le habían dexado sus pilotos, hasta que viéndolos volver siguió su camino. Entonces ellos redoblaron sus esfuerzos para ponérsele delante; y apenas lo consiguieron, quando de repente cambiaron de dirección y volvieron a la popa del baxel seguidos ya del tiburón, el que, gracias a la destreza de sus compañeros, llegó por fin a ver el cebo. Se dice que el tiburón tiene un olfato muy fino, pero por mas atención que yo puse en observar todas las circunstancias de este lance, no vi que descubriese el tocino hasta que sus guías, por decirlo así, se lo enseñaron. Entonces fue quando nadó con mayor velocidad, o por mejor decir, quando dio una zambullida para coger su presa, de la que tuvo la felicidad de cortar un pedazo sin tocar el anzuelo. Pero al segundo bocado quedó preso, y se le subió a bordo.
     Divertido con hacer algunas observaciones anatómicas sobre el tiburón, se pasaron más de dos horas antes de que insinuase mi deseo de observar desde cerca alguno de los pececillos que se dedican a servir a los tiburones. Pero no solo me dixeron que era muy fácil complacerme, pues los pilotos que venían con nuestro tiburón no se habían separado de la inmediación de la fragata, sino que con efecto me presentaron uno que reconocí como individuo perteneciente al género que los naturalistas llaman Gasterosteus ductor³.
     Sin duda sería muy curioso averiguar qué interés puede asociar unos animales tan diferentes en su organización, tamaño y costumbres, a no ser que, como piensa el ciudadano Bosc, sirva de alimento a estos pececillos el excremento de los tiburones; y así aquellos, para vivir seguros en la inmediación de unos animales tan voraces como estos, se hayan impuesto la obligación de hacerse tolerables a fuerza de sus buenos servicios.

[Memorial literario ó Biblioteca periódica de ciencias y artes, tomo IV, año 3º, septiembre de 1803,
pp. 34-36.]

Izq. Jaquetón oceánico, tal vez la especie que Monsieur Geoffroy examinó en las cercanías de Malta (foto: facesofthesea.com). Dcha. Tiburón blanco (Carcharodon carcharias), otro posible candidato teniendo en cuenta la zona donde estaban (foto: Todd Winner).

El siguiente texto es un extracto de un reportaje publicado en 1838 en el Museo de familias, un magazín ilustrado barcelonés inspirado en las revistas inglesas y francesas del momento, incluso en el título. Incluía artículos divulgativos sobre las diversas ramas de la ciencia, incluida la teoría evolucionista de Lamarck, lo que no está mal en una sociedad vigilada por fervientes ultracatólicos siempre prestos a descargar cestones de hostias sobre herejes y ovejitas descarriadas.
     El reportaje habla del viaje que el botánico y ornitólogo prusiano Franz Julius Ferdinand Meyen (Meyen, para los amigos) realizó alrededor del mundo entre 1830-1832 a bordo del Prinzess Luise. Viajaba en calidad de médico y de naturalista en una expedición que sin embargo tenía carácter estrictamente comercial, pues lo que Prusia pretendía era buscar y establecer lazos mercantiles con otras áreas del planeta. Pero como bien dice el periodista, "El viaje [...], emprendido con un objeto puramente mercantil, ha producido, gracias á los afanes del Dr. Meyen, cirujano, naturalista é historiador de la expedición, una abundante colección de hechos nuevos, relativos á la historia natural y á la jeolojía. La relación de este viaje, publicada no ha mucho, es digna de embargar nuestra atención". A Meyen debemos, por ejemplo, la descripción del pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) entre otras muchas decenas de especies botánicas y animales.
     A medida que nuestro navegante se internaba en las calurosas latitudes, se le iba presentando el Océano más y más poblado. Numerosas manadas de delfines saltaban al rededor del navío, y hasta el aire estaba cubierto de una nube de peces voladores. Ninguno de estos vivientes causó tanta extrañeza a los oficiales de la expedición como aquel pez particular cuya existencia y costumbres han sido puestas en duda por los naturalistas, y que sin embargo parece servir de piloto y proveedor a los tiburones.
     "El pez piloto nada invariablemente delante del tiburón; hemos visto nosotros mismos tres ejemplares indisputables de este hecho. Cuando este último iba siguiendo nuestro buque, veíamos al piloto junto a su boca, o colocarse debajo de una de sus aletas pectorales; y aun observamos con frecuencia que el piloto se lanzaba con celeridad a derecha e izquierda, como que fuese a la descubierta, pero volviendo después con lealtad al lado del tiburón. Un día, para asegurarnos mejor de la verdad, echamos al mar un enorme anzuelo que cebamos con un grueso pedazo de tocino. El tiburón se hallaba a unas veinte brazas del buque. Con la rapidez del rayo se abalanzó al cebo el piloto, lo reconoció y aun pareció probarlo; después fue a encontrar al tiburón, dando muchas vueltas al rededor de su boca, y haciendo saltar el agua con sus coletadas como para anunciarle el regalo que le esperaba. En seguida puso el tiburón en movimiento su pesada mole, siempre guiado por el piloto, y en pocos segundos vimos desaparecer el tocino y anzuelo. Otra vez observamos por muchos días que un pez piloto anduvo nadando junto a la quilla del navío; los marineros nos aseguraron que era un piloto que había perdido a su tiburón y que estaba buscando otro. Algún tiempo después, en los mares de la China, logramos cojer un hermoso tiburón azul que iba acompañado de dos pilotos que no le dejaban un instante".
     A estas curiosas observaciones de historia natural hace suceder el Dr. Meyen un grandioso cuadro de la vista de las costas del Brasil...

[El Museo de familias, nº 1, 1838, p. 322.]
Tintorera (Prionace glauca) y piloto. Foto de Harro Muller tomada en las Azores.
_____________
¹La Alceste era una fragata francesa de la clase Magicienne de 32 cañones, veintiséis de 12 libras y seis de 6 libras. Fue capturada por los ingleses durante el sitio de Tolón (1793), recuperada un año después y vuelta a capturar, esta vez definitivamente, por los súbditos de Su Majestad en 1799.
²El cabo Bon, en el extremo nororiental de Túnez. 
³Nombre no válido actualmente. Se prefiere Naucrates ductor (Linnaeus, 1758). 
Louis Augustin Guillaume Bosc (1759-1828) fue otro de los grandes naturalistas franceses. Estaba especializado en la botánica, la entomología y la zoología de los invertebrados (con una particular devoción por los gusanos, afición que no le abandonaría en toda su vida).
Se refiere a Reise um die Erde, ausgeführt auf dem Königlich Preussischen Seehandlungs-Schiffe, Prinzess Luise, commandirt von Capitain W. Wendt, in den Jahren 1830, 1831, 1832 [Viaje alrededor del mundo en el buque prusiano Princesa Luisa, comandado por el capitán W. Wendt, en los años 1830, 1831, 1832], publicado en dos volúmenes en Berlin, 1834.

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