Toda la información y noticias relacionadas con el mundo de los tiburones: biología, ecología, pesca, conservación, etc., con especial atención a las especies presentes en aguas de Galicia.

sábado, 29 de abril de 2017

Los peces de la boca terrible (1946)

«El Carcharias littoralis, es un pariente del tiburón azul, con dos peces escuderos que le acompañan constantemente. Éstos se adhieren con las ventosas localizadas en su cabeza a los barcos o a los tiburones y de este modo se dejan transportar a través de los mares.»
Una vez más volvemos al pasado, esta vez a un pasado bastante reciente para lo que os tengo acostumbrados, con un texto especialmente delicioso procedente de de una vieja enciclopedia del reino animal publicada por Espasa-Calpe en el año 1946, cuyo primer tomo ("Los animales acuáticos y de las regiones polares") tuve la inmensa fortuna de conseguir en una librería de lance de Santiago hace un tiempo. Como curiosidad, la traducción del alemán fue realizada nada menos que por José María Sacristán, neuropsiquiatra discípulo de Ramón y Cajal y fundador de la primera revista de psiquiatría publicada en España, Archivos de Neurobiología.
     Aquí tenéis el capítulo completo dedicado a los tiburones (pp. 542-547), que no tiene desperdicio, incluidas las reflexiones iniciales. Como siempre, respeto escrupulosamente las grafías y puntuación del texto original. Tan solo he añadido un listado alfabético de correspondencias con los nombres científicos vigentes en la actualidad, así como una serie de notas a pie de página para aclarar algunas dudas y facilitar, cuando es posible, la identificación de las especies. Las fotografías pertenecen al original.

EL REINO DE LOS ANIMALES
EL ANIMAL EN SU MEDIO AMBIENTE

Por los doctores 
ARTHUR BERGER Y JOSEF SCHMID

Con informes originales y descripciones de animales tomadas de naturalistas, cazadores y viajeros.

(Traducción del alemán del Doctor José M. Sacristán.)

***

Los peces de la boca terrible

     Las ideas que el hombre primitivo tiene del animal ponen de manifiesto tanto su valor como su «buen corazón». Lo que es de mayor tamaño que él es peligroso; lo que se mueve de modo distinto que él, inquietante, maligno o incluso venenoso. En estos recelos respecto de los animales se halla implícita la idea inconfesada de que todo lo que tiene otro ser de particular lo emplea principalmente para perjudicar. Llama la atención sobremanera este criterio respecto de las pequeñas serpientes, las serpientes del grueso de una paja, hasta de 15 centímetros de longitud, que se encuentran en los países tropicales. Su boca es precisamente lo suficiente grande para tragar hormigas o pequeñas orugas, y con ella no consiguen agarrar un dedo humano; pero en sus extremos cefálico y abdominal se hallan redondeadas y tienen, por tanto, la forma de dos cabezas, lo que ha engendrado la idea en las diferentes partes de la Tierra (por ejemplo, en los chinos del Sur y en los negros del Senegal) de que son tan venenosas porque tienen dos cabezas, con objeto de transmitir al morder grandes cantidades de veneno.
     «Por lo que respecta a los tiburones —dice William Beebe—, les ha sido concedido por la leyenda y la fantasía lo que nunca llegaron a poseer. A nosotros los hombres nos gusta construir con cosas que en sí mismas son admirables un espantapájaros de paja y papel; lo inflamos después con aire caliente, lo contemplamos, gritamos y echamos a correr espantados. El grito anunciando una «serpiente» o un «tiburón» es suficiente para despertar el pánico en las almas asustadizas. En todos estos temores existe igual cantidad de verdad: de las 2.300 especies, aproximadamente, de serpientes que viven hoy, menos de la centésima parte son realmente peligrosas, y desde el comienzo de la historia de la Tierra ha habido ciertamente casos de tiburones que han atacado al hombre; pero quien en general condena a estos animales no debe nunca utilizar un automóvil, porque los automóviles han atropellado y matado hombres...
     »En Cocos hay tres clases de tiburones. Los de manchas blancas y los insulares¹ son nómadas, de costumbres semejantes a las de los buitres. No despiertan temor alguno a los peces pequeños y débiles; van siempre en busca de animales heridos o muertos. Son predominantemente necrófagos, y cuando empleamos la dinamita los tiburones limpian el agua y las aves la superficie de víctimas más pequeñas que quizá habían escapado a nuestra atención...
     »La capacidad de la fantasía humana, que llega a ver lo que cree que ve, es asombrosa. Mientras me hallaba dominado por el temor a los tiburones, que los libros y las historias me habían enseñado a temer, veía yo a estos animales de 1,75 hasta 2,75 metros de longitud, dotados de fauces espantosas, como seres que muestran los dientes burlonamente. Después que al fin les hube conocido como necrófagos inofensivos, desaparecieron todos estos rasgos de su carácter y los consideré como en realidad son: cobardes, perezosos, torpes y sin mandíbulas. Un múgil pesa mil veces más que un tiburón y es doblemente valiente.
     »Por lo que respecta al tiburón-tigre, que por lo demás en mi dominio puede llegar a una longitud de nueve metros², me abstengo de decidir acerca de su peligrosidad. Yo he visto que ejemplares de tamaño mediano se acercaban hasta dos metros de mí sin manifestar intención alguna mala, sino curiosidad; pero también he visto cómo un tiburón-tigre, ante la vista de un grupo de machos de gran tamaño, agarraba con los dientes una cría de león marino como si fuese un pez vario; asimismo he observado que a veces su aspecto infundía miedo a los peces, y lo he tomado en cuenta. Prefiero considerarle como un tipo con el cual no puede uno contar. Puede de ordinario no ser peligroso; sin embargo, me tranquiliza saber que entre dicho animal y yo hay una escala de hierro, si es que tengo que habérmelas con él.»

(Tomado de William Beebe: Arkturus-Abenteuer. Con autorización de la Editorial F. A. Brockhaus, Leipzig.)

     De un modo semejante se manifiestan todos los técnicos conscientes de su responsabilidad. Schauinsland escribe sobre la especie Carcharias³ lo que sigue:
     «En un lugar del Rif, que habían elegido como residencia favorita, eran realmente tan frecuentes que en la marea baja, cuando nadaban cerca de la superficie y sus espinas dorsales surgían del agua, podían contarse por centenares... Nosotros (es decir, el señor y la señora Schauinsland) los pescábamos de ordinario metiéndonos en el agua hasta las caderas, y arrojábamos al más próximo un arpón sujeto a un cable. Cuando el animal había sido acertado, entonces era preciso encaramarse inmediatamente a un bloque de corales, porque si al principio parecían tan inofensivos, ahora se habían tornado furiosos. Me parece que entre los tiburones, del mismo modo que se ha referido de otros animales, los hay antropófagos, los cuales sólo después de haber gustado este raro bocado tratan preferentemente de buscar tan preciosa caza. Tampoco en Laysan tuvo gusto en ello ningún tiburón, porque aunque todas las tardes buscábamos el descanso nadando en las tibias aguas, no nos molestaron, como tampoco nada nos ocurrió durante todo el tiempo que duró nuestra visita a la isla de los trabajadores de guano, donde nunca se produjo ataque alguno al hombre.»

(Tomado de Hugo Schauinsland: Drei Monate auf einer Koralleninsel.)

«El Scyllium en sus juegos amorosos.»
     «El tiburón, por decirlo así, no se halla formado por la Naturaleza para capturar a un hombre que nada sobre la superficie del agua —dice Arthur Berger—. Su boca se encuentra, como es sabido, en la cara inferior de la cabeza y bastante más atrás del extremo del hocico. Por esto se explica que capture su presa, o el cadáver de ella, arrastrándose sobre el fondo del agua, aunque en el mar abierto tiene que apresarla nadando por encima de ella. Pero frente a un hombre que nada en la superficie del agua, tiene que dar la vuelta para poder atraparle, y como el tiburón vira relativamente despacio, da ocasión a los buenos nadadores a escapar a su ataque sumergiéndose más. Me refirió una señora de Kapstadt que de este modo pudo ella salvarse. Para ello es necesario muy buena capacidad de sumersión y de sangre fría —del mismo modo que para hundir los pulgares en los ojos de un tigre que ha hecho presa en un individuo, modo de defensa que se recomienda en China—. Pero que también los buenos nadadores han sido ocasionalmente apresados por los tiburones, lo demuestra un buzo de Aden, cojo conocido de muchos viajeros, al cual uno de estos peces le arrancó una pierna de un bocado. En Méjico, lo mismo que en Samoa y en las islas Hawai, se practica aun hoy la «caza del tiburón como deporte». En el momento que el animal se halla a la vista, un indígena nada lo más cerca posible de él, da vueltas a su alrededor, bucea y le abre el cuerpo con un cuchillo.»
     El tiburón polar es una de las especies que a causa de su aceite es muy perseguido, especialmente por los noruegos y rusos. Un animal adulto proporciona en otoño de uno a seis quintales de aceite. Un bote destinado a la pesca del tiburón lleva una tripulación de cuatro hombres y echa el ancla a 200 kilómetros de la costa. R. Andrée refiere sobre ello lo siguiente:
     «En un depósito agujereado se echa aceite, sebo u otra grasa y se hunde en el agua después de haberle lastrado con una piedra. La grasa se filtra por los agujeros del recipiente, la corriente del agua la arrastra y extiende en torno un intenso olor que seduce desde lejos a los tiburones. Acuden éstos ansiosos, pero un gran aparejo de pesca les espera: un gancho amarrado a una cadena de hierro (el animal, con sus dientes afilados como un cuchillo, partiría sin esfuerzo el más recio chicote). Mientras con ansia atrapa el cebo, muerde el gancho. Con todas sus fuerzas tres pescadores tratan de izar al prisionero a la superficie del agua. El cuarto pescador, que tiene que ser muy hábil, espera en la parte anterior del bote con un martillo en la mano que pesa 20 libras. Cuando aparece la cabeza del tiburón en el agua, descarga sobre ella un terrible golpe, que deja al pez inmediatamente atolondrado. Los marineros le dan la vuelta y le abren el vientre. Después de que el aceite ha sido extraído y se ha recogido, se infla la vejiga natatoria del animal con un tubo, se le separa del gancho y se le arroja al mar. El tiburón muerto no se hunde; de lo contrario sería comido por sus compañeros, y ninguno de ellos acudiría ya al cebo preparado.» 

(Tomado de Richard André: Der Kampf um den Nordpol. Editorial Verlhagen und Klasing, Bielefeld Y Leipzig.)

    *

     Los tiburones se hallan en todas partes, pero principalmente en los mares cálidos; se conocen aproximadamente 400 especies, y la mayoría de ellos son excelentes nadadores. Por todas partes se les persigue y se les pesca con facilidad, gracias a su gran voracidad, mediante recios anzuelos con un cebo apropiado a su gusto. El tiburón de espina, el martillo —llamado anteriormente tiburón gigante—, son perseguidos a causa de su aceite (almacenado principalmente en su hígado, de voluminoso tamaño). Las especies más pequeñas del mar del Norte, y accidentalmente también del mar Báltico, son el tiburón de espina, gato, perro, pulido; su carne se vende en el mercado. La especie de mayor tamaño del mar del Norte y del Báltico es el tiburón arenque; el tiburón polar y el azul son huéspedes extraviados llegados al mar del Norte.
     Los ejemplares más pequeños son los de la especie Scyllium, hasta de un metro de longitud; sus conocidos huevos, llamados «ratones marinos», se hallan sujetos a las plantas marinas con largos cordones en forma de zarcillos. El Acanthias vulgaris llega, aproximadamente, a un metro de longitud y 10 kilogramos de peso. Es vivíparo, y al final del otoño se pesca en gran cantidad en Heligoland. Las espinas de su aleta dorsal las emplea con destreza y causa con ellas terribles heridas. Su piel se usa para pulimentar. Los desperdicios de lo que resta en ellos de aprovechable se utilizan como abono.
«Ratones de mar», huevos de Scyllium.

     El tiburón de mayor tamaño, mayor viveza y voracidad del mar del Norte y del Báltico oriental es el Lamna cornubica, de 3 a 4 metros de longitud, de cabeza prolongada en forma de nariz. Ataca en ocasiones a los bañistas y es muy frecuente en todos los mares del norte del Atlántico y del Pacífico. En todo el Atlántico (incluído el Mediterráneo) y en la totalidad del océano Pacífico abunda el Alopecias vulpes; llega hasta 5 metros de longitud, de los cuales la mitad está formada por la cola; caza en grupos peces vivos (arenques, sardinas, anchoas), y cruza, azotando el mar con la cola, los bancos, manteniendo reunidos a los peces que los forman, por lo que puede devorar a sus víctimas en grandes cantidades.
     El grupo más conocido es la especie Carcharias, de la cual, a su vez, lo que más el C. glaucus, de una longitud máxima de 6 a 7 metros¹⁰. Vive en el océano Atlántico (incluído el Mediterráneo); posee parientes en los océanos ͍ndico y Pacífico, y la mayor parte de todas las historias de aventuras y horrores relativas a los tiburones se refieren a él.
     Una de las formas que más llama la atención, casi podía decirse la «más atrevida» de la totalidad de la familia de estos peces, es el tiburón polar (Laemargus borealis; el haakjerring de los noruegos), de 6 a 8 metros de longitud. Habita principalmente los mares profundos y superiores y caza peces, así como pequeñas y grandes ballenas, a las cuales arranca pedazos del cuerpo, del tamaño de un coco, hasta que sucumben. Se considera inofensivo para el hombre.
     Estamos totalmente de acuerdo, sin embargo, con Arthur Berger cuando refiere que, «no obstante, perdura una impresión muy inquietante en los botes pequeños que van a la caza de patos, cuando les rodean un par de gigantescos tiburones polares. Sabemos, en efecto, que el tiburón polar es inofensivo para el hombre —los libros de Zoología nos lo enseñan—; pero ¿podemos saber si todos los tiburones también lo saben, y pensamos, cuando se acercan a nosotros, que lo saben?»
     Los tiburones vivientes de mayor tamaño son: el tiburón gigante (Selache maxima), que alcanza una longitud de 10 a 12 metros y un peso de varios miles de kilogramos; vive al norte del océano Atlántico y pude llegar, como ya se dijo, ocasionalmente hasta el mar del Norte. Además, un pariente del Lamna cornubica, el Carcharodon rondeleti, que igualmente mide de 10 a 12 metros¹¹, habitante de las zonas calientes que se extienden desde Australia hasta el Mediterráneo; no se conoce nada acerca de sus modos de vida. El gigante de estos animales es el tiburón rugoso, que alcanza hasta 20 metros¹².
     En el océano Pacífico se han capturado con la jábega dientes de tiburón de una especie de Carcharodon, de 13 metros de talla y 10 de anchura en la base¹³. ¿Existe aún este monstruo en la profundidad del mar o se ha extinguido recientemente? Probablemente ha ocurrido esto último. Formas totalmente curiosas son las del tiburón-martillo, llamado así por la forma particular de su cráneo, única en el reino animal. Pertenecen a un grupo conocido desde antiguo, desde la época cretácea. De las especies que viven en la actualidad se halla el Zygaena malleus casi en todos los mares cálidos; a veces se aventura hasta las costas del norte de Europa. Es de 3 a 4 metros de longitud y pesa hasta 300 kilogramos, y es también peligroso para el hombre. En los Pristiophorus el maxilar superior se halla provisto de un largo y afilado diente epidérmico «sierra»; se establecen al modo de los patos, en el cieno del fondo, para buscar toda clase de animales para su alimentación. Al defenderse pueden ocasionar profundas heridas.

DOCTOR RUDOLF MELL


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Correspondencias de los nombres científicos:
-Acanthias vulgaris (Risso, 1827) => Squalus acanthias (Linnaeus, 1758), mielga.
-Alopecias vulpes (Gmelin, 1789) => Alopias vulpinus (Bonnaterre, 1788), zorro marino.
-Carcharias (Müller & Henle, 1839) => Carcharhinus (Blainville, 1816). 
-Carcharias glaucus (Linnaeus, 1758) => Prionace glauca (Linnaeus, 1758), tintorera.
-Carcharias littoralis (Le Sueur, 1818) => Carcharias taurus (Rafinesque, 1810), tiburón toro.
-Carcharodon rondeletii (Müller & Henle, 1839) ["rondeleti", en el texto] => Carcharodon carcharias (Linnaeus, 1758), tiburón blanco.
-Laemargus borealis (Bonaparte, 1846) => Somniosus microcephalus (Bloch & Schneider, 1801), tiburón de Groenlandia.
-Lamna cornubica (Gmelin, 1789) => Lamna nasus (Bonnaterre, 1788), cailón.
-Scyllium (Cuvier, 1816) => Scyliorhinus (Blainville,1816), aquí se refiere a la pintarroja (Scyliorhinus canicula).
-Selache maxima (Gunnerus, 1765) => Cetorhinus maximus (Gunnerus, 1765), peregrino.
-Zygaena malleus (Valenciennes, 1822) => Sphyrna zygaena (Linnaeus, 1758), tiburón martillo.
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Notas:

¹Tal vez el primer caso se refiere al tiburón de puntas blancas de arrecife (Triaenodon obesus).
²Compagno se hace eco de esta referencia: "Maximum [size] reputed to be about 9.1 m, but this cannot be confirmed" (Leonard J. V. Compagno (1984). FAO Species Catalogue. Vol. 4. Sharks of the World, Part 2: Carcharhiniformes. FAO, Rome). Por lo general, los tiburones tigre rondan como mucho los 5 m, si bien las hembras más grandes si pueden sobrepasar los 5,5 m. Existe un registro, que algunos consideran dudoso, de una enorme hembra de 740 cm capturada en Indochina en 1957.
³Referencia confusa. Puede tratarse tanto del Carcharias taurus, como de cualquier carcharhínido (género Carcharhinus, anteriormente Carcharias, Müller & Henle, 1839). La alusión a las "espinas dorsales" no ayuda precisamente a esclarecer las cosas.
Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus).
El "tiburón de espina" probablemente es la mielga (Squalus acanthias), y el martillo, parece obvio que alguna variedad de Sphyrna; acaso, atendiendo a la expresión "tiburón gigante", el mayor de todos, el Sphyrna mokarran, que puede alcanzar los 6 m. 
Difícil adivinar las especies. El "gato" puede ser algún tipo de esciliorhínido; el perro, posiblemente el cazón (Galeorhinus galeus), y el "pulido", puede que la musola lisa (Mustelus mustelus).
El tiburón arenque es el cailón (Lamna nasus); el tiburón polar, el tiburón de Groenlandia o tiburón boreal, y el azul, la tintorera (Prionace glauca).
Las cápsulas-huevo de pintarroja las conocemos aquí como petacas o bolsos de sirena.
En realidad, la mielga puede alcanzar longitudes muy variables según la población hasta un máximo de 160-200, si bien en general no sobrepasan los 130 cm. Y por supuesto, es una especie vivípara aplacentaria (ovovivípara), no vivípara, como erróneamente se indica en el texto.
¹⁰La longitud máxima registrada para la tintorera es de 383 cm. Al igual que en el caso mencionado arriba del tiburón tigre, "unconfirmed reports of larger individuals up to 480 or 610 cm are mentioned in the literature" (véase David A. Ebert, Matthias F. F. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.)
¹¹Si alguna vez existieron tiburones blancos que alcanzaran esas tallas, en la actualidad muy rara vez llega a los 6 m. La longitud total máxima está sujeta a debate. Hay quien la sitúa en torno a los 600-640 cm, y hay que la eleva hasta más allá de los 700 cm.
¹²Obviamente, por "tiburón rugoso" debemos entender el tiburón ballena (Rhincodon typus).
¹³Se refiere, como estáis imaginando, al megalodón (Carcharocles megalodon). La errata en la medida de los dientes es evidente: no se trata de metros, sino de centímetros.
 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Olayo atlántico (Galeus atlanticus)

Hembra juvenil de 25,3 cm capturada en Portugal con arrastre de fondo. Fuente: S. P. Iglésias (2013). Chondrichthyans and Cyclostomata from the North-eastern Atlantic and the Mediterranean (A natural classification based on collection specimens, with DNA barcodes and standarized photographs). Provisional version 07, 01 april 2013. http://www.mnhn.fr/iccanam.

Olayo atlántico 

Galeus atlanticus (Vaillant, 1888)

(es. Olayo atlántico; in. Atlantic sawtail shark)

Orden: Carcharhiniformes.
Familia: Pentanchidae.







El olayo atlántico es un pequeño y modesto tiburón que, hasta hace bien poco, vivió taxonómicamente escondido a la sombra de su primo hermano mayor, el olayo a secas, olayo bocanegra o, para mejor entendernos, Galeus melastomus, debido al gran parecido entre ambos y a cierto solapamiento geográfico de sus respectivas poblaciones. Fue descrito en 1888 por el zoólogo francés Léon Vaillant, quien ya admitía que sus rasgos morfológicos distintivos debían tomarse en conjunto, pues cada uno de ellos por separado resultaba bastante débil¹. No es de extrañar que poco después fuese considerado una sinonimia del G. melastomus y entregado al cálido sueño del olvido, hasta que en 1985 Muñoz-Chápuli y Pérez Ortega lo resucitaron como especie válida aportando una serie de criterios de identificación². En 2006 el imprescindible trabajo de J. Rey, Séret, Lloris, Coelho y Gil de Sola propone una redefinición de la especie y una serie de caracteres morfológicos más claros y exactos. Al fin, en 2007, la genética sanciona su estatus como especie válida³.

Olayo atlántico y olayo común o bocanegra. Fuente: ICM-CSIC.
Descripción. Tiburón de cuerpo alargado y esbelto, con cabeza corta y morro moderadamente largo y en forma de campana (la distancia preoral es inferior a la amplitud bucal); narinas largas y oblicuas, ojos en posición lateral, cavidad bucal negra. Aletas pectorales grandes y pélvicas pequeñas, bajas y angulosas. Las dos dorsales son pequeñas, angulosas y oscuras, con las membranas posteriores claras. Anal larga y baja. Cresta de grandes dentículos dérmicos en el borde superior de la caudal
     En cuanto a la librea, presenta un color gris a gris parduzco por arriba y blanquecino en la superficie ventral. Presenta un número reducido (inferior a 10) de manchas grises en forma de montura. El margen posterior caudal suele presentar dos franjas oscuras.

Dentición. Pequeños dientes pluricuspidados: una cúspide principal y una o varias secundarias bien desarrolladas.
Dientes inferiores (fuente: Muñoz-Chapulí & Pérez Ortega, 1985).
Talla. Más pequeño que el G. melastomus. En general, los machos son maduros entre 33-42 cm y las hembras entre 37-45 cm. En el mar de Alborán se detecta una clara diferencia en las tallas de primera madurez entre machos y hembras: 32,9 cm para los primeros, 36,9 cm para los segundos. Longitud máxima de 46 cm. Se desconocen las tallas de nacimiento, pero los individuos más pequeños observados medían entre 15-17 cm.

Reproducción. Ovíparo, posiblemente con oviparismo múltiple (9 cápsulas huevo encontradas en una hembra), lo cual sugiere que los huevos tardan poco en eclosionar tras la puesta. Las puestas se realizan a lo largo de todo el año, en un ciclo reproductivo continuo.
     Como curiosidad, en 2016 se encontró en una cápsula-huevo de una hembra capturada en el mar de Alborán un embrión con bicefalia, el primero de una especie ovípara; tenía dos cabezas, cuatro dorsales, dos tubos neurales, dos aortas dorsales y dos corazones, dos esófagos, dos estómagos, dos hígados, pero un único intestino [más información sobre malformaciones en tiburones, en La parada de los monstruos].

Fuente: V. Sans-Coma, tomada del ABC del 3-11-2016.
Dieta. Desconocida. Posiblemente pequeños peces e invertebrados de fondo como crustáceos y cefalópodos, como su pariente el G. melastomus.

Hábitat y distribución. Especie demersal del talud continental entre los 330-790 m. En el mar de Alborán las capturas se realizan sobre todo entre los 500-600 m, y al sur de Portugal las capturas accidentales por palangre de fondo se produjeron en una cota más reducida, 470-580 m.
     En Galicia las primeras citas de este tiburón fueron realizadas por Rafael Bañón et al. en 2010. Durante sus muestreos de demersales las capturas fueron frecuentes entre los 400 y los 711 m.

Elaboración propia a partir de Ebert & Stehmann, 2013, FAO.
Pesca y conservación. Forma parte de las capturas accidentales del palangre de profundidad que se dedica a especies como la cherna (Polyprion americanus) o el congrio (Conger conger) y del arrastre de fondo destinado a crustáceos como la cigala (Nephrops norvegicus) o la gamba roja (Aristeus antennatus). Suele descartarse, pero el mal estado de los ejemplares vivos devueltos al mar hace pensar que las posibilidades de supervivencia son escasas. Los individuos de mayor talla se comercializan como Galeus melastomus.
     El impacto de la presión pesquera es difícil de evaluar debido a que suele confundirse con otras especies similares, particularmente el olayo. Figura en la Lista Roja de la UICN con el estatus de Casi amenazada bajo la recomendación de una monitorización estricta teniendo en cuenta que su pequeña zona de distribución está sometida a una presión pesquera importante.

¿Galeus atlanticus o Galeus melastomus? Las diferencias entre el olayo atlántico y el olayo bocanegra (por más que el olayo atlántico también tiene la cavidad bucal de color negro) son bastante sutiles, aunque evidentes gracias al trabajo, ya mencionado arriba, de Javier Rey et al. (2006), del que tomamos las siguientes series fotográficas. Los rasgos distintivos más evidentes a simple vista son los siguientes:
  • El G. atlanticus tiene un morro campaniforme. En cambio, el del G. melastomus es ampliamente redondeado y más bulboso.
Comparación de la cabeza del G. atlanticus (serie superior A) y G. melastomus (serie inferior B) en vistas dorsal, ventral y lateral (fuente: Rey, Séret et al. 2006, Cybium).
  • La librea del G. atlanticus presenta menos de 10 manchas oscuras en el lomo, en forma de silla de montar, y, en algún caso, un reducido número de manchas laterales sobre las pectorales. El G. melastomus tiene un número mucho mayor de manchas, hasta 20, en lomo y flancos.
  • El borde posterior de la aleta caudal del G. atlanticus suele tener dos franjas oscuras alargadas, mientras que en G. melastomus son dos manchas.
Arriba, G. atlanticus. Abajo, G. melastomus. Pocas manchas en lomo y flancos en el primero y dos franjas oscuras alargadas en el borde posterior de la caudal (fuente: Rey, Séret et al. 2006, Cybium)
  • Las concavidades de los pliegues orales son oscuras en G. atlanticus y blancas en G. melastomus.
Diferencias de color en la concavidad de los pliegues orales: izq. G. atlanticus; dcha. G. melastomus (fuente: Rey, Séret et al. 2006, Cybium).
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¹Javier Rey, Bernard Séret, Domingo Lloris, Rui Coelho & Luis Gil de Sola (2006). A new redescription of Galeus atlanticus (Vaillant, 1888) (Chondrichthyes: Scyliorhinidae) based on field marks. Cybium, 30(4) suppl.: 7-14.
²Por ejemplo, el G. atlanticus posee una cabeza y un morro más cortos que el G. melastomus, aberturas nasales más largas y separadas, surcos labiales superiores más cortos, aletas dorsales más separadas (la primera en posición más adelantada) y la anal más larga y baja. Véase Muñoz-Chapulí, R. & A. Pérez Ortega (1985). Resurrection of Galeus atlanticus (Vaillant, 1888), as a valid species from the NE Atlantic Ocean and the Mediterranean Sea. Bulletin du Muséum national d’histoire naturelle, Paris, 7, section A, nº 1: 219-233.
³Castilho, R., M. Freitas, G. Silva, J. Fernández-Carvalho & R. Coelho (2007). Morphological and mitochondrial DNA divergence validates blackmouth, Galeus melastomus, and Atlantic sawtail catsharks, Galeus atlanticus, as separate species. Journal of Fish Biology, 70, supplement C, 346-358, doi:10.1111/j.1095-8649.2007.01455.x.
Rui Coelho, Domingo Lloris, Bernard Séret & Luis Gil de Sola (2010). Distribution pattern of Galeus atlanticus in the Alborán Sea (south western Mediterranean) and some sexual character comparison with Galeus melastomus. Marine Biology Research, doi: 10.1080/17451000903042487.
Véase también David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
Coelho, R., Rey, J., Serena, F. & Mancusi, C. 2007. Galeus atlanticus. The IUCN Red List of Threatened Species 2007: e.T63149A12623555. http://dx.doi.org/10.2305/IUCN.UK.2007.RLTS.T63149A12623555.en. Consultada el 15-III-2017.
Rafael Bañón et al. (2010). Marine fishes from Galicia (NW Spain): An updated checklist. Zootaxa, 2667, pp. 1-27.

martes, 28 de febrero de 2017

Lonja de Vigo 2016

Marrajos (Isurus oxyrinchus) en la subasta (foto de José Antonio Gil Martínez tomada de Wikimedia Commons).
La Autoridad Portuaria de Vigo acaba de publicar su Memoria Anual 2016, que pasamos a resumir... este año con la desafortunada novedad de que no se proporcionan datos sobre las descargas de tiburón congelado. Antes podíamos hacer un cálculo global de las toneladas de marrajo y tintorera descargadas por palangreros y espaderos procedentes de diversos puntos del océano... ahora, ya no. Se admiten interpretaciones, sobre todo cuando el producto congelado se cuantificaba en muchos cientos de toneladas [véase, por ejemplo, Lonja de Vigo 2015].
     Mientras lo vais digiriendo, vamos allá, con lo poco que tenemos. 

1. Incremento en las descargas de tiburón fresco. De 3 030 388 kg en 2015 a 3 275 804 kg en 2016. Un incremento sustancial respecto del año anterior, aunque sin llegar a las cifras del 2014 (3 341 581 kg).

Histórico de descargas de tiburón fresco (en miles de toneladas).
2. Datos por especie. La tintorera sigue siendo la protagonista de las descargas, con casi 3 millones de kilos solo en fresco, lo que supone un ligero incremento respecto del 2015 (cuando se había registrado una caída importante). Muy atrás se encuentra el marrajo, la especie que alcanza un mayor precio en lonja, con cerca de 5 € el kilo. En último lugar se encuentra la "gata", que sin embargo se ha pagado muy bien, nada menos que a 3,5 € el kilo, muy por encima de la tintorera y del resto de tiburones.
Si comparamos estas cifras con las de años anteriores, observamos que las descargas de tintorera se mantienen más o menos en una media, con un pequeño pico en 2014. En millones de kilos: 2 865 349 en 2016, 2 595 058 en 2015,          3 019 828 en 2014 y 2 468 006 en 2013.
     Lo que si que sorprende es la fuerte y paulatina caída del marrajo (recordad que este año hablamos siempre de producto fresco), hasta menos de la mitad de toneladas que en 2013 (desde 364 443 kg hasta los 143 963 del 2016), así como el notable incremento en especies como los cazones y las pintarrojas, que experimentan una subida importante, más notable en los primeros.
¿Razones? En lo que respecta al marrajo, la explicación más pesimista y obvia es que puede ser indicio de un desplome de sus poblaciones. Los otros dos casos pueden deberse a una situación de signo contrario, que haya más cazones y pintarrojas, o bien que las cifras incluyan, en realidad, otras especies diferentes. A falta de más información, es el lector quien debe decidir.

3. ¿De qué especies se trata? Como todos los años, la cuestión de la identificación de las especies, dejando a un lado a los marrajos, las tintoreras y, tal vez, al cazón (Galeorhinus galeus), es en algunos casos tarea casi imposible (y como ya viene siendo costumbre, debemos dejar constancia de que el término "musola" incluye dos especies: la musola pinta (Mustelus asterias) y la musola lisa (Mustelus mustelus), sin que sepamos muy bien de cuál se trata). Esto lo vemos claramente, por ejemplo, al comparar las estadísticas mensuales de pesca que publica la propia Autoridad Portuaria con las que figuran en su memoria anual:
Estadísticas de pesca del mes de diciembre de 2016 (fuente: Autoridad Portuaria de Vigo).

Vemos que la lista mensual incluye 8 especies, muy vaporosamente nombradas, y la anual 6. Ese "cazapa-bocanegra" seguramente se refiere al olayo (Galeus melastomus), que sin embargo no figura en la anual. Como tampoco figuran esas dos pintarrojas, la "pintarroja-melgacho" y la "pintarroja/gata". Lo más probable es que la primera se refiera a la pintarroja digamos "normal" (para entendernos, Scyliorhinus canicula), y la segunda a un compendio de especies de aguas profundas sin especificar ("gata" puede ser cualquier tiburón de profundidad, normalmente de color oscuro y, aquí, "pintarroja"... cualquier cosa). Por último, el "cazón-botos-pata roxa" es posiblemente el alitán (Scyliorhinus stellaris). Ahora, intentad resolver el sudoku: ¿en qué categoría de la memoria anual debemos encajar estas especies?
     Otra novedad es que este año desaparece de la lista el genérico "escualos", que englobaba cualquier otra especie imposible de clasificar en las anteriores categorías, por llamarlas de algún modo.

Tintorera (Prionace glauca) sostenida por dos operarios de la lonja, uno bajito y otro más alto. Foto: Corey Arnold.
4. Como conclusión... lo de todos los años. Cifras y nombres confusos para dar cuenta de una realidad muy cruda, y sin embargo (que nadie se lleve a engaño) totalmente legal y amparada por las normas europeas. ¿Las ganancias, el precio pagado por kilogramo, realmente compensan el coste de perder a estos grandes y extraordinarios depredadores? ¿A quiénes benefician realmente y a quiénes perjudican de verdad?


lunes, 13 de febrero de 2017

Ataques 2016

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias) de patrulla bajo las olas.

Un año más, el ISAF (como ya sabéis, siglas del International Shark Attack File, de la Universidad de Florida) acaba de publicar las cifras de ataques no provocados ocurridos durante el pasado 2016. Y un año más aquí las tenéis, bien fresquitas:

81 ataques no provocados¹, de un total de 150 casos investigados. Son 17 ataques menos que en 2015, casi nada. En general, esta cifra, como las que damos a continuación, se ajustan al promedio de la última década.

4 personas fallecidas, 2 menos que el año anterior. Dos víctimas en Australia (en el estado de Australia Occidental) y dos en Nueva Caledonia.

Distribución de los ataques. De nuevo el mayor porcentaje de incidentes se concentra en los EEUU: 43 en el continente y 10 en Hawai, que representan el 65,4% del total mundial. Es importante destacar que, también un año más, el número de ataques con resultado de muerte ha sido 0 (da que pensar, ¿verdad?).
     Florida es el estado que registra más ataques, para no variar: 32, cifra que supone el 60,4% en los EEUU y nada menos que el 39,5% del total global. Y para no variar, el condado de Volusia está a la cabeza, con un total de 15. Otros estados norteamericanos "atacados" fueron Hawai (10 incidentes), California (4), Carolina del Norte (3), Carolina del Sur (2) y, con uno por cabeza, Texas y Oregon.
     En Australia se produjeron 15 ataques, dos de ellos mortales: 7 en Nueva Gales del Sur, 4 en Australia Occidental, 2 en Queensland y 1 en Tasmania y en Victoria.
     En el resto del mundo la cosa queda así: 4 incidentes en Nueva Caledonia, 2 en Indonesia y 1 en las Bahamas, Brasil, Reunión, Japón, Sri Lanka y España (una pequeña tintorera que le mordió una mano a un tipo que estaba haciendo el muerto; fue en Alicante, el pasado 29 de julio).
     Curiosamente, en Sudáfrica tan solo se produjo un incidente², lo que supone la cifra más baja desde 2008, cuando no hubo ninguno.

Tipología de las víctimas. Un año más, nuestros queridos tiburones continuaron fijándose en los surfistas y en otros practicantes de los llamados deportes de tabla (58% de todos los incidentes), lo cual no es extraño, dado que son ellos los que más tiempo están en el agua, y muchas veces, además, en la rompiente, donde a los tiburones les gusta estar al acecho. En el 35,8% de los casos las víctimas fueron bañistas, y en el 4,9% practicantes de snorkel. Solo se produjo un ataque a un buzo.

Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier). Foto: Andy Murch, bigfishexpeditions.com.

... y un año más, CONCLUSIONES:

(Una) ¿"Los tiburones" atacan?

     RESPUESTA: No.
     De las aproximadamente 520 especies de tiburón descritas hasta hoy, apenas un 2% pueden llegar a ser potencialmente peligrosas para el hombre... pueden llegar a "atacar". Con este dato en la mano, la generalización es radicalmente injusta además de falsa.

(Dos) Y esos tiburones en concreto, ¿"atacan"?
     RESPUESTA: Tampoco. O bien, como mucho, en muy contadas ocasiones.
     Las palabras no son inocentes. El verbo "atacar" lleva consigo una connotación sumamente negativa: el que "ataca" tiene siempre el ánimo de provocar un daño. Es un verbo muy cargado moralmente. ¿Existe algo así como un ánimo o intencionalidad destructora en un depredador como el tiburón? ¿Tantas ganas tienen estos bichos de provocar el mal entre las personas?
     No parece. Si así fuese, las cifras que hemos comentado arriba se multiplicarían por 1000. Poca gente podría estar a salvo en el agua. Menos de 100 "ataques" con 4 personas fallecidas en todo el mundo... en todo un año... son absolutamente ridículas (no así, evidentemente, para las víctimas y sus familias). Matan infinitamente más los desahucios, y nadie hace ni dice nada.
     Empleamos la palabra "ataque" de forma excesivamente gratuita (yo mismo lo hago, por simplificar). En realidad, deberíamos hablar de "incidentes". Sería lo más justo y racional.
     Solo en los poquísimos casos en los hay un claro propósito depredador tal vez podríamos hablar de "ataques", por más que la intención del animal, una vez más, sea simplemente la de alimentarse, de picar algo.
     Los seres humanos les importamos a los tiburones un comino, somos demasiado insignificantes para ellos como para que sientan remilgos morales de cualquier clase.
     Vale la pena detenernos a pensar sobre ello.
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¹Recordemos que se consideran ataques no provocados aquellos incidentes ocurridos en un ambiente natural cuando no existe ningún tipo de provocación aparente por parte de las víctimas. Quedan fuera, por tanto, los ocurridos en acuarios, o en el mar durante una actividad científica, pesquera, etc. Igualmente, "ataques" a embarcaciones, mordeduras post-mortem, etc., y aquellos en los que es la persona quien establece un contacto físico con el tiburón, tocándolo, agarrándolo, etc.
²Resulta extraño que otro portal de referencia, el Global Shark Attack File, recoja 3 incidentes, todos ellos causados por un tiburón blanco: el 22/04 a un tipo que hacía pesca submarina, y el 3/06 y el 19/12, a sendos practicantes de ski-surf.

martes, 17 de enero de 2017

Lo erróneo de la identificación errónea

Simpática ilustración de Mason Philips titulada "Un error común" sobre un fondo de surfistas en superficie: "Fig. 1: León marino. Fig: 2: Ser humano sobre una tabla de surf. Fig. 3: León marino sobre una tabla de surf."

La teoría de la identificación errónea es ya un clásico en los debates científicos —y no tan científicos— sobre el porqué de los ataques de tiburón, en particular los que tienen como protagonista al tiburón blanco (Carcharodon carcharias) y su supuesta afición por los surfistas. Como sabéis, la idea es que la gran mayoría de los ataques son consecuencia de un error de identificación: el pobre animalico tiene hambre y confunde al surfista con una foca; camuflado contra el fondo, observa una forma que encaja en el perfil de presa que tiene firmemente alojado en el disco duro de su cerebro, y se abalanza sobre ella. Quienes defienden esto argumentan que, vista desde abajo, la silueta de una tabla con un surfista encima, braceando y pataleando, recortada contra la claridad de la superficie, se parece a la de un pinnípedo como, por ejemplo, el elefante marino del norte (Mirounga angustirostris), uno de sus platos favoritos. Hay quien añade —sorprendentemente— que el gran blanco no tiene una gran agudeza visual y que por añadidura no siempre las condiciones de visibilidad son las más idóneas.
     Sin embargo, pese a su aparente lógica, esta teoría jamás ha sido testada o probada efectivamente, por lo que llama la atención que todavía siga gozando de una amplia difusión y predicamento, tanto más cuanto que, ya desde el primer momento, no han sido pocos los científicos que han manifestado serias dudas y reservas al respecto, empezando por el hecho de que el tiburón blanco tiene en realidad una vista muy buena. Hace pocas semanas se publicaba un interesante trabajo que recoge y actualiza algunos de sus argumentos a la luz de nuevos datos y observaciones. Lleva el elocuente título de "Do White Shark Bites on Surfers Reflect Their Attack Strategies on Pinnipeds?" ['¿Las mordeduras de tiburón blanco a surfistas son un reflejo de sus estrategias de ataque a los pinnípedos?']¹ y está firmado por Erich Ritter, el tipo aquel tan extravagante al que, como recordaréis, no se le ocurrió mejor idea que meterse entre un grupo de C. leucas para probar no-sé-qué y acabó mordido en una pata justo delante de las cámaras de Discovery Channel, y Alexandra Quester.
     Estos autores analizaron 67 incidentes ocurridos entre 1966 y 2015 en las costas de California y Oregón, en el Pacífico norteamericano, para llegar a la demoledora conclusión de que eso de la identificación errónea es un cuento chino². No existen evidencias de ningún tipo que sustenten esta teoría, más bien al contrario. Ni el tipo de daños causados, tanto a la persona como a la tabla, ni las tallas de los tiburones implicados concuerdan con un ataque con fines depredadores.

Diversos tipos de daños en tablas de surf... y de heridas en algunos pobres leones marinos.
Daños personales y materiales. El 13% de los incidentes analizados terminaron sin que el surfista y su tabla sufriesen apenas algo más que algún rasguño sin importancia, ni siquiera cuando el primero terminó en el agua, y en más del 72% los daños fueron considerados leves o moderados³. En el 21%, el tiburón o bien volvió a morder al surfista o bien reajustó su mordedura inicial; de ellos, el 64% acabaron sin daños o con daños leves. En conjunto, en una escala de 0 a 5, donde 0 indica daños inexistentes y 5 daños absolutos, la gravedad media de las heridas fue de 1,8. ¿Cómo casan estos datos con un ataque en toda regla por parte de un gran tiburón blanco? ¿Por qué tantos supervivientes? Los pinnípedos son criaturas sumamente ágiles —muchísimo más que su cazador— y escurridizas, y el tiburón lo sabe, como sabe también que su ataque debe ser lo más veloz, potente y devastador posible para matarlas o, al menos, inmovilizarlas a la primera, pues de lo contrario, adiós almuerzo.
     Una explicación que suele darse es que tan pronto se produce el contacto con el surfista, la tabla, o ambos —a veces bien encajaditos entre sus fauces—, los afinadísimos receptores químicos dispuestos en distintos puntos de la cavidad bucal detectan el error; el cerebro efectúa el cálculo coste-beneficio, concluye que no merece la pena emplear tanta energía en consumir una cosa tan mala y de tan poca sustancia, y el bicho, decepcionado, la suelta —la escupe—. Todo ello prácticamente en décimas de segundo. Aun aceptando esto, la violencia del encuentro inicial —más bien encontronazo— por fuerza debería causar daños bastante más graves, como los observados en leones marinos que lograron escapar de algún ataque, bien para seguir viviendo, bien para morir, atravesados de dolor, en una playa o sobre las tristes rocas de un islote.
     Otra posible explicación vendría dada por la técnica de caza bautizada en su momento por John McCosker como bite and spit ('morder y escupir'). Tras el brutal ataque, el tiburón suelta su presa y, desde una distancia de seguridad, aguarda hasta que se muera o quede suficientemente debilitada antes de proceder a devorarla con tranquilidad (el tiburón blanco es una criatura muy precavida, y con razón, pues aun herido de gravedad, un león marino adulto puede causar heridas muy serias). Durante este intervalo es cuando el surfista puede ser rescatado y recibir la asistencia médica necesaria. Pero igual que en el caso anterior, las evidencias hablan por si solas: el 76% de los supuestos ataques analizados no habrían servido para incapacitar a un pinnípedo.

En Point Reyes, California. Foto de Scott Anderson.
Tallas. Los tiburones blancos van variando su dieta a medida que crecen. Aunque existen pequeñas diferencias geográficas, en un cálculo conservador se estima que en la parte del Pacífico norteamericano los ejemplares de tallas inferiores a 3,5 m no tienen a los grandes pinnípedos como presas habituales, pues, entre otras cosas, carecen de la velocidad y destreza necesarias para enfrentarse a estos ágiles y fuertes animales, y además sus dientes todavía no han adquirido la forma y estructura necesarias para cortar su carne. Los ataques observados son excepcionales, y siempre a pinnípedos pequeños. Es entre los 3,5 y 4,5 m cuando estos mamíferos marinos comienzan a ser vistos como un alimento posible y deseable y ya se observan ataques, tanto más frecuentes cuanto mayor es el bicho. A partir de los 4,5 m, los pinnípedos son ya parte de su dieta regular.
     Pues bien, solo en 24 de los incidentes analizados se pudo lograr una estimación fiable de las tallas, pero incluso así los datos son reveladores, o al menos dan mucho que pensar: en el 50% los protagonistas fueron juveniles de entre 2,5 y 3,5 m, y en otro 25%, individuos de entre 3,5 y 4,5 m. ¿Cómo se explica esto? ¿Una casualidad, o es que a los jóvenes tiburones también les pone el surf?

¿De verdad que el tiburón blanco es incapaz de distinguir una foca de una tabla de surf con un señor (o señora) encima? El Carcharodon carcharias lleva cazando pinnípedos desde sus mismos orígenes como especie, con toda probabilidad siguiendo la senda abierta por sus padres y abuelos. Por eso cuesta creer que a lo largo de 6 millones de años de evolución paralela un depredador tan eficiente no haya tenido tiempo de forjarse una imagen clara y fidedigna, desde todas las perspectivas posibles, de una de sus presas primordiales, sobre todo porque de ello depende su supervivencia. La vista es un sistema de primer orden que el tiburón blanco emplea para localizar a sus presas y para fijar, por así decirlo, la diana de su trayectoria de ataque. Según se cree, utiliza una especie de búsqueda por imagen: en su cerebro guarda un archivo de imágenes con las que compara cualquier objeto o figura que detecta. Cuando hay coincidencia ataca, si no la hay puede acercarse a investigar, a ver qué es eso, a qué sabe.

Foto de Michael Scholl.
     Por otro lado, la teoría del error de identificación solo parece tener en cuenta observaciones realizadas desde una perspectiva estrictamente vertical. Si os dais cuenta, todos los dibujos, fotos y esquemas ilustrativos muestran una vista de la dichosa tabla de surf, con sus brazos y piernas —normalmente dos de cada— sobresaliendo de sus extremos, como tomada desde unos cuantos metros de profundidad justo en la vertical. Una imagen ideal que no siempre se ajusta a las condiciones impuestas por la realidad, no siempre las presas y las tablas se ofrecen desde esta perspectiva tan perfecta. Así vemos como en los casos estudiados la profundidad media fue de 4 m, con el fondo claramente visible en el 10,7% de los casos, lo cual quiere decir que por fuerza el tiburón debió de ver y aproximarse a sus "víctimas" viniendo desde un ángulo mucho más abierto, desde el cual la famosa silueta ideal se diluye y se convierte en otra cosa, y no desde luego en una foca.

Investigaciones y juegos. Los tiburones blancos son criaturas sumamente inteligentes y, en consecuencia, sumamente curiosas. Se les ha podido observar en infinidad de ocasiones acercándose a investigar, golpeándolos o mordiéndolos, los más diversos objetos, con aproximaciones indirectas u orientadas en función de su forma, tamaño y color, desde los más extraños hasta los más familiares, como los señuelos que imitaban la forma de sus presas. Y siempre el sentido de la vista jugando un papel fundamental.
     Una dieta tan variada y cambiante ontogénicamente hace de la curiosidad una necesidad. El tiburón necesita investigar constantemente, descubrir nuevas fuentes de alimento, encontrar las estrategias más idóneas para detectarlas y cazarlas. Por eso se acerca a los surfistas, golpea sus tablas, los "sopesa" con la boca (el tiburón no tiene manos) y, si no queda satisfecho, los vuelve a morder, a veces orientando la mordida para tratar de apreciar mejor su sabor y su contenido energético. Forma parte de su proceso de aprendizaje. Esto explica por qué la mayoría de las heridas son leves o moderadas y por qué los ejemplares implicados eran juveniles en su mayoría. Pero incluso en aquellos casos donde los daños fueron graves de verdad y además provocados por individuos de gran talla, de 4 a 6 m (un total de 7), la actividad investigadora no se puede descartar del todo. Según los autores, las heridas secundarias, causadas por las reacciones de la víctima, pueden llegar a ser tan severas o más que las del propio mordisco.
     Y no nos olvidemos del juego, uno de los elementos más decisivos en el proceso de aprendizaje de todo gran depredador. Gracias a él, un animal aprende a controlar sus movimientos, a dominar su cuerpo, a practicar y perfeccionar su técnica... aprende, en definitiva, a ser depredador. Por eso los tiburones blancos interactúan, "juegan", con los diversos objetos y bichos que encuentran, tal como se ha descrito. Se les ha visto acercarse a un surfista en súbitas y poderosas arrancadas, pese a tratarse de un objeto desconocido, que después quedaban en nada, o terminaban en un golpe, un roce o un pequeño mordisco. La teoría del juego explica el porqué de ese 50% de juveniles menores de 3,5 m implicados en los supuestos ataques.

     En fin, para concluir, que este artículo ya se nos ha ido bastante de las manos, lo cierto es que no deberíamos hablar de "ataques", sino de encuentros, o si lo preferís, de incidentes, en los que el tiburón no pretendía cazar una presa, sino investigar, aprender jugando, sobre todo los más chiquitines, que es que son un amor.

Los encuentros con tiburones blancos son más numerosos de lo que parece. Lo que ocurre es que la mayor parte pasan desapercibidos; los surfistas regresan a la playa y al chiringuito sonrientes, atléticos y felices... y nunca sabrán que durante unos larguísimos minutos han estado bajo la atenta mirada de un gran depredador. La reciente aparición de los drones nos ha abierto una ventana a una realidad que cada vez más gente desearía no ver. En la imagen, algunas escenas de juveniles investigando diversos tipos de tablas, un kayak y, en el centro abajo, un señuelo en forma de foca (foto: University of California at Davis), más un par de carteles advirtiendo del avistamiento de tiburones en un par de playas de California.

PS: Sobre el juego en los tiburones, podéis consultar este breve artículo sobre un pariente muy cercano del tiburón blanco, el cailón: Los juegos de los jóvenes cailones (Lamna nasus).
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¹La referencia completa es: Erich Ritter & Alexandra Quester (2016). Do White Shark Bites on Surfers Reflect Their Attack Strategies on Pinnipeds? Journal of Marine Biology (1):1-7. http://dx.doi.org/10.1155/2016/9539010.
²Naturalmente, no lo dicen con estas palabras, sino así: "The results presented show that the theory of mistaken identity, where white sharks erroneously mistake surfers for pinnipeds, does not hold true and should be rejected" ('Los resultados que presentamos muestran que la teoría de la identificación errónea, según la cual los tiburones blancos confunden surfistas con pinnípedos, no es cierta y debe ser rechazada').
³Según la escala empleada, los daños leves comprenden laceraciones y pequeñas heridas punzantes en la persona, y arañazos y muescas superficiales en la tabla; los moderados, heridas subcutáneas sin pérdida de tejidos, y, en la tabla, muescas y cortes moderados, en los que el diente penetra hasta la mitad, sin pérdida de material. Tablas y surfistas se valoran conjuntamente, puesto que ambos son percibidos por el tiburón, al menos en teoría, como una unidad, no sabemos si bajo la categoría de "cosa rara", de "bicho raro", o qué (el estudio tampoco lo deja claro).