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martes, 16 de agosto de 2016

El salto del Carcharodon carcharias

En False Bay. Foto de Chris Fallows.
Ya sabemos que muchos tiburones son capaces de pegar grandes saltos fuera del agua, eso que en inglés se conoce como breaching. Lo hemos visto en los marrajos, los campeones de altura, los cailones salmoneros, los jaquetones picudos, los zorros y también en los peregrinos, tan aparentemente lentos y pachorrones ellos. Pero no hay duda de que en esto de dar brincos el gran Carcharodon carcharias es un caso aparte.
     Su particular y fascinante fisonomía —esos enormes dientes triangulares bien visibles en una mandíbula desencajada que, dibujando un rictus cruel y salvaje, se abate como un destino inexorable sobre un pobre mamífero despistado— lo ha convertido, con la ayuda de Spielberg, en una especie de efigie que representa todo lo que hay de cruel e implacable en la naturaleza. Una imagen tan falsa como hipnótica que se encuentra firmemente implantada en el imaginario colectivo de gentes de todo el mundo. Esto explica por qué sus saltos son los más admirados, estudiados y filmados de todos los tiburones. Claro que a ello también ayuda —y no poco— el hecho de que los científicos han averiguado dónde y cuándo se producen, y también, gracias a especialistas como Rob Lawrence y Chris Fallows, han aprendido un truco para hacer que salten delante de las cámaras: remolcar a ciertas horas del día un señuelo con la silueta de una foca.

Foto de Remo Sabatini con dos mapas de Google indicando la situación de False Bay (arriba) y Seal Island (abajo).
Aunque en otras partes del planeta se han visto individuos realizando algún que otro salto, es en un pequeño rincón de Sudáfrica donde este comportamiento se manifiesta de manera sistemática en todo su esplendor, como parte de una estrategia de caza común: los alrededores de un diminuto y solitario islote rocoso situado en False Bay, una pequeña bahía del extremo suroccidental del país, muy cerca de Ciudad del Cabo, que se eleva unos pocos metros a apenas 5,7 km de las playas del norte de la bahía. Se trata de Seal Island, la isla de las focas, que con apenas 2 hectáreas de superficie (unos 400x50 m) alberga una población de alrededor de 64 000 lobos marinos del Cabo (Arctocephalus pusillus pusillus), una de las presas preferidas del gran blanco.
Fuente: Dirk Schmidt (2011),
Sunbird Publishers.
     Los tiburones se concentran alrededor de Seal Island en los meses del otoño e invierno austral, desde abril hasta septiembre-octubre, coincidiendo con el destete y las primeras incursiones en el océano de los jóvenes e inexpertos lobos marinos en busca de alimento... Y siguiendo a los tiburones, centenares de turistas, fotógrafos y cámaras de televisión, y algún que otro científico.
     Los científicos dividen el islote y sus alrededores en 6 zonas según la intensidad depredadora, como se observa en el gráfico. El área en rojo delimita el llamado, con ese tono dramático tan del gusto sajón, "anillo de la muerte", el perímetro de 200-500 m dentro del cual se producen la gran mayoría de ataques. En verde, la "plataforma de lanzamiento", el lugar donde suelen agruparse los lobos marinos antes de echarse a nadar hacia el sur en busca de comida (como se ve, la zona 4 es la que concentra, con diferencia, el mayor número de ataques, y, por tanto, donde más saltos se puede observar). Saben que en grupo las posibilidades de supervivencia son mayores que viajando en solitario.
     Las particulares características físicas de la zona —12-16 m de profundidad y aguas con baja visibilidad— son las óptimas para que el tiburón blanco emplee una de sus técnicas de caza más impresionantes: la emboscada, el ataque por sorpresa, viniendo desde atrás y abajo a una velocidad de vértigo. La potencia de la acometida es tal, que hace que una bestia de una tonelada salga literalmente volando por encima de la superficie dando lugar a escenas difíciles de olvidar... Según Dirk Schmidt¹, "Analizando secuencias documentadas de tiburones acelerando para saltar, se ha estimado que para lanzarse completamente fuera del agua un ejemplar de 1000 kg debe haber alcanzado una velocidad (bajo el agua) de entre 45 y 50 km/h". En un ataque que dura apenas 2 segundos.
     Los ataques se producen sobre todo al amanecer y al atardecer, cuando hay poca luz y los lobos marinos salen o vuelven de su jornada de pesca; otros factores que influyen son la visibilidad del agua y la luminosidad del día. Los investigadores han descubierto que antes de la salida del sol las posibilidades de desencadenar un ataque mediante un señuelo superan el 75%, porcentaje que cae sustancialmente a medida que se incrementa la luz hasta quedar por debajo del 10% en las horas centrales del día, y viceversa, vuelve a subir a medida que va cayendo el sol. Parece evidente que el mediodía de una jornada de un sol espléndido iluminando aguas claras es el mejor momento para no sufrir una emboscada.

Foto: David Jenkins.
Hay diferentes tipos de saltos. Entre las clasificaciones que se han propuesto, la más sencilla es la que recoge Dirk Schmidt en su libro White Sharks: Magnificient, Mysterious and Misunderstood, que distingue tres categorías según el ángulo de salida respecto de la superficie: Vertical, Aéreo y Superficial.

1. Vertical o "Polaris". Como su nombre indica, el tiburón realiza un salto prácticamente vertical, en el que su imponente masa corporal se eleva parcial o totalmente hasta 3 m por encima de la superficie. Lleva el sobrenombre del Polaris, aquel misil balístico desarrollado en los años 60 —plena Guerra Fría— que se lanzaba desde un submarino sumergido².
     Se trata seguramente de la modalidad que exige un mayor nivel de destreza y precisión. Camuflado contra el fondo oscuro, a unos 12-16 m de profundidad, el tiburón debe fijar correctamente la posición y trayectoria de una presa que recorre velozmente la superficie antes de lanzar su brutal ataque.

Foto: Chris Fallows.
Impulsado por la poderosa caudal en forma de media luna, en menos de 2 segundos el tiburón pasa de 6-7 km/h a una velocidad punta de casi 50 km/h; y décimas de segundo antes del contacto todavía puede realizar alguna corrección en su propia trayectoria mediante las aletas pectorales... y la víctima está perdida... o casi. A veces el tiburón emerge con un lobo marino incrustado entre sus dientes, y otras muchas el pinnípedo salva la primera dentellada mortal y sale proyectado en otra dirección —en estos casos el tiburón a menudo vuelve la cabeza como para localizarlo visualmente—, con un buen susto o con una buena herida... o por algún azar esquiva la brutal acometida y desesperadamente emprende la huida, que cuanto más dure en el tiempo más posibilidades tendrá de salvarse.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotos de Sergio Riccardo, Dirk Schmidt, Chris Fallows y Dirk Schmidt.
En Seal Island muchos lobos marinos exhiben gloriosas heridas y cicatrices de guerra.

2. Aéreo. Seguramente el salto más espectacular. El tiburón sale "volando" —casi literalmente— por encima de la superficie, regresando al agua tras completar un giro de hasta 360º, tal es la potencia desplegada. En ocasiones, en el momento de mayor altura parece como si se quedase suspendido en el aire antes de dejarse caer en plancha.

Foto: Steve Bloom.
El tiburón generalmente se aproxima a su víctima desde un ángulo lateral o posterior, y como en el primer caso, no siempre logra su objetivo a la primera, dando lugar a una cacería en la que ambas partes ponen en juego diversas estrategias que escapan al tema de este artículo.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotos de: <www.couriermail.com.au>, Ralph Boehm, Nikolaj Zinovev, Mark van Coller.

3. De superficie. Es el menos espectacular. De hecho, en realidad no se puede hablar de salto en el sentido habitual del término. No es fruto de una emboscada como los anteriores, sino de una persecución que se ha iniciado momentos antes viniendo desde atrás, en un ángulo cerrado. Sin embargo, la potencia y velocidad de la acometida suele empujar fuera del agua la mitad anterior del tiburón y en ocasiones el cuerpo entero.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotos de Dan Callister, Chris Fallows, Liron Samuels, David Baz Jenkins.

Otra clasificación posible. Para daros una idea de la complejidad de este comportamiento, otros autores distinguen, tras el Polaris, tres tipos de ataque: superficial (Surface broach), lateral (Lateral broach) e invertido (Inverted broach). En el primero, el tiburón sale total o parcialmente del agua con el cuerpo inicialmente en posición vertical pero con el eje corporal formando un ángulo de 45-0º con el horizonte; el segundo es similar, excepto que el cuerpo emerge ya con una orientación lateral (el ángulo de su eje respecto del horizonte es igualmente de 45-0º); y en el tercero, el tiburón salta panza arriba. En los tres casos, el animal regresa al agua a una distancia del punto de salida de alrededor de 0,5-1,5 veces su longitud corporal.

Secuencia fantástica de Alessandro De Maddalena, uno de los grandes especialistas en el tiburón blanco.
Y para terminar, unas imágenes de la extraordinaria serie de la BBC Planet Earth, acompañadas por la voz del inigualable Sir David Attenborough.


PS: A veces, los saltos del tiburón blanco no acaban como tienen que acabar. Bien porque el animal, por inexperiencia o por lo que sea, no hace los cálculos correctos, bien porque los seres humanos somos así de pesados y nos colocamos en el lugar y posición menos idóneos, a veces ocurre que un tiburón acaba aterrizando... dentro de una embarcación, tal como podéis ver en las fotografías de abajo. Las dos superiores son capturas de vídeo que muestran un ejemplar joven que terminó encima de un barco repleto de turistas alemanes (no, no estaba la Merkel), quienes, entre sorprendidos y aterrorizados, fueron testigos de como el pobre bicho se debatía desesperadamente por regresar al mar (lo consiguió al cabo de unos pocos minutos).


En las dos fotografías de abajo aparece un ejemplar de 3 m y casi 500 kg que aterrizó en la bañera de una lancha de unos científicos, justo al lado del que estaba echando cebo. Cuando al animal se agotó y/o tranquilizó, y ante la imposibilidad de devolverlo por si solos al agua, los científicos se vieron obligados a volver a tierra. Con ayuda de una grúa lo depositaron en el agua, lo amarraron a un costado del barco y lo llevaron mar adentro, para que se fuese ventilando. Parece que sobrevivió.

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¹Dirk Schmidt (2011). White Sharks: Magnificient, Mysterious and Misunderstood. Cape Town, Sunbird Publishers.
²Por si a alguno eso del Polaris os suena a chino, en la imagen de la derecha tenéis un A-3, su última versión (la foto de la izquierda es de Chris Fallows).


³Véase R. Aidan Martin, Neil Hammerschlag, Ralph S. Collier & Chris Fallows (2005). "Predatory behaviour of white sharks (Carcharodon carcharias) at Seal Island, South Africa". Journal of the Marine Biological Association of the UK, 85, 1121-1135.

jueves, 4 de agosto de 2016

Los tiburones de Galicia (ii)

Esta hembra de cañabota (Hexanchus griseus) fue capturada accidentalmente en el Chan de Touriñán, a pocas millas de Camariñas, por un arrastrero de Ribeira. Medía 450 cm y portaba cerca de 40 embriones a término (foto: Antonio Parada).

=>Viene de Los tiburones de Galicia (i).

TIBURONES DE AGUAS PROFUNDAS

A la vista de lo anterior ya no debe extrañarnos que el 62% de los tiburones de Galicia sean habitantes de las aguas profundas. De hecho, contamos con la presencia de las dos especies con los mayores registros mundiales de profundidad: el tollo raspa (Etmopterus pusillus), que llega hasta los 4500 m en el Atlántico norte, y la pailona (Centroscymnus coelolepis), con 3675 m. Por su singularidad y por ser también las grandes desconocidas dentro del mundo de los tiburones, estas especies merecen un capítulo aparte. En general, son tiburones pequeños a medianos, de 100-150 cm de talla media. Algunos pueden acercarse a los 2 m de longitud, como la negra (Dalatias licha), o bien superar los 5 m, como los grandes depredadores de las profundidades, la cañabota (Hexanchus griseus), de hasta 5,5 m, y el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), que puede alcanzar los 7 m. Ambos son cazadores altamente oportunistas, sobre todo el segundo, que recorren lentamente las profundidades engullendo todo lo que encuentran en su camino: mamíferos marinos enfermos o despistados, peces, otros tiburones y, por supuesto, carroña.

En el mar profundo se encuentran dos de nuestras mayores joyas ictiológicas, que pueden considerarse fósiles vivientes: el tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus) y el tiburón duende (Mitsukurina owstoni), con el larguísimo y característico morro espatulado y la mandíbula increíblemente protráctil dotada de dientes afilados como agujas.

1. La visera (Deania calcea) tiene un largo morro espatulado parecido al del tiburón duende, repleto de sensores eléctricos para detectar sus presas en la oscuridad del fondo (foto: Toño Maño). 2. El tiburón duende (Mitsukurina owstoni) presenta en fresco una piel rosada, color que no es debido a ningún tipo de pigmento, sino a la red de capilares bajo la piel translúcida (foto: Toño Maño). 3. Este ejemplar de tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) de 330 cm, capturado en junio de 2006 cerca de las Sisargas, es uno de los dos registros de la especie en el mar de Galicia (foto: Antonio Parada).

Con luz propia —nunca mejor dicho— brillan los tres únicos miembros de la extensa familia Etmopteridae presentes en Galicia. Estos pequeños tiburones, conocidos justamente en inglés como lantern sharks o "tiburones linterna", se caracterizan por tener la piel cubierta de fotóforos, particularmente en la zona ventral y en diferentes áreas de los flancos y las aletas, a veces formando manchas bien visibles. Recientemente se demostró que la bioluminiscencia no solo sirve para camuflarse —el brillo azul del vientre diluye la silueta del tiburón contra el tenue brillo de la luz procedente de la superficie, sustrayéndola de la vista de sus depredadores y de sus presas—, sino que constituye un particular sistema de comunicación intraespecífico, mediante el cual un tollo o negrito podría identificar a los individuos de su misma especie y también conocer su sexo¹.

El negrito (Etmopterus spinax) es relativamente frecuente en el cantil. El vientre y las franjas oscuras sobre las aletas pélvicas, la caudal y en los márgenes superiores de las dorsales denotan la presencia de fotóforos (foto: CEMMA).

¿TIBURONES PELIGROSOS O TIBURONES EN PELIGRO?

Solo con nombrarlo, el tiburón consigue despertar sentimientos de terror y, casi, de histeria colectiva. Incluso en Galicia, donde no hay especies peligrosas cerca de las playas. Por ignorancia activa o pasiva, parece que nos resistimos a aceptar contra toda evidencia científica y estadística que la realidad no solo desmiente nuestras fantasías de naturaleza mitológica, sino que resulta insoportablemente más cutre y deprimente. Este año llevamos más muertos en todo el mundo por culpa de los selfies que por los tiburones, y en Galicia está más que demostrado que las coces del ganado son infinitamente más letales.

Según el ISAF (siglas inglesas para Archivo Internacional de Ataques de Tiburón), en 2014 se produjeron en el mundo 72 ataques no provocados, de los cuales solo 3 resultaron fatales² —si bien la media anual de víctimas mortales de la última década es de 12—. Si ponemos estos números en relación con los millones de personas que en todo el planeta pasan millones de horas metidas en el agua a lo largo de millones de kilómetros de costa, el porcentaje de accidentes es, como poco, absurdo.

En realidad son estos animales los que nos deben tener miedo a nosotros. Los tiburones y las rayas se encuentran entre las especies más amenazadas del océano. Se calcula que unos 100 millones de tiburones mueren cada año en todo el mundo, y existen evidencias de un descenso general de las poblaciones particularmente alarmante en ciertas especies y en determinadas áreas geográficas. Los motores principales de este desastre son la demanda desmesurada de aleta por parte del mercado asiático (China) y, en las especies de profundidad, el aceite de su enormes hígados, que se utiliza en la industria cosmética y en la alimentaria, para la elaboración de complementos nutricionales.

1. El quelvacho (Centrophorus granulosus) es uno de los tiburones considerados En peligro crítico por la UICN (foto: Toño Maño). 2. Pailona (Centroscymnus coelolepis) (foto: Rafael Bañón). 3. Tollo raspa (Etmopterus princeps), el récord de profundidad de todos los tiburones, seguida por la especie anterior (foto: Antonio Punzón, IEO Santander).

Según la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), el 25% de los condrictios del mundo —grupo que incluye también las rayas y las quimeras— se encuentra en serio peligro de extinción, un 12,7% está Casi amenazado, y solo un 23,2% se considera "Preocupación menor"; a lo que hay que añadir un preocupante 46,8% sin evaluar por falta de datos. En Europa, el 40,4% de los elasmobranquios (rayas y tiburones) están en peligro, dentro de una tendencia poblacional a la baja: el 11,5% está En peligro crítico; el 13%, En peligro; el 7,6% se considera Vulnerable; y un 10,7% Casi amenazado. No disponemos de datos para evaluar correctamente el 20,6% de las especies³.

Las causas de esta trágica situación son la sobreexplotación pesquera, como especies objetivo y como capturas accidentales, que en artes como el arrastre de fondo son muy grandes, la degradación de sus hábitats y la contaminación. Y, por supuesto, su propia biología, ya que los tiburones, como los grandes depredadores, tienen una tasa reproductiva bastante baja, particularmente los de aguas profundas. En general, son especies de crecimiento lento y madurez sexual tardía, y producen pocas crías tras un tiempo de gestación muy largo, como los 24 meses de la mielga (Squalus acanthias) o los 3 años del tiburón anguila, si las estimaciones de Tanaka son correctas, lo que la convierte en la gestación más larga de todos los vertebrados de la Tierra.

Los tiburones nadaron en el mar de Tetis y en el océano global de Panthalassa, vivieron la formación y la desintegración de Pangea y el nacimiento de los continentes y océanos actuales. Vieron la llegada y la partida de los dinosaurios, y asistieron con indiferencia a la aparición de los mamíferos sobre la Tierra. El tiempo de los tiburones queda fuera de la escala humana. Es un tiempo geológico, por eso nos resultan tan misteriosos y fascinantes. En su ADN llevan escrita la historia del mundo tal y como lo conocemos, y también nuestra propia historia.

Da pena pensar que todo este patrimonio se pueda perder para siempre.


Toño Maño

Originalmente publicado en gallego en la revista digital CERNA, nº 74, otoño 2015. La traducción es del autor.
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¹J. M. Claes et al. (2014). "Iso-luminance counterillumination drove bioluminiscent shark radiation". Scientific Reports, 4: 4328, doi: 10.1038/srep04328.
²<https://www.flmnh.ufl.edu/fish/sharks/isaf/2014Summary.html>, consultado el 19/09/2015.
³Boris Worm, Brendal David, et al. (2013). "Global catches, exploitation rates, and rebuilding options for sharks." Marine Policy, no. 40, pp. 94-204. Accesible en la Red: <http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0308597X1300005>.
Nicolas K. Dulvy et al. (2014). "Extintion risk and conservation of the world's sharks and rays." eLife, 2014;3:e00590, <http://elifesciences.org/content/3/e00590e>.
Véase también A. Nieto et al. (2015). European Red List of Marine Fishes. Luxembourg, Publications Office of the European Union. <http://ec.europa.eu/environment/nature/conservation/species/redlist/downloads/European_marine_fishes.pdf>.
Sho Tanaka et al. (1990). "The Reproductive Biology of the Frilled Shark, Chlamydoselachus anguineus, from Suruga Bay, Japan". Japanese Journal of Ichthyology, vol. 37, no. 3, pp. 273-291.

lunes, 1 de agosto de 2016

Los tiburones de Galicia (i)

El tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus) es la especie más primitiva de todos los tiburones: una cabeza de saurio encajada en un cuerpo alargado como el de los congrios. La boca, en posición terminal, posee unos característicos dientes tricuspidados, afilados como poteras e inclinados hacia el interior de la boca. (Foto: Toño Maño).

[Artículo originalmente publicado en gallego en la revista digital CERNA, nº 74, otoño 2015. La traducción es mía.]

DIVERSIDAD DE ESPECIES

En Galicia tenemos registradas 48 especies de tiburones, lo que representa algo más del 9% de las 510 descritas hasta ahora en todo el mundo. Esta cifra, baja solo en apariencia, esconde sin embargo una extraordinaria diversidad. Agrupados en 7 órdenes y 22 familias, tenemos tiburones de todas las formas, colores y tamaños. Los hay con cuerpo fusiforme más o menos estilizado, o aplanado como el de las rayas; algunos tienen el morro chato y otros increíblemente alargado; unos poseen dos aletas dorsales, con o sin espinas, otros solamente una, y un buen puñado de ellos carece de aleta anal. Pueden presentar una librea de color negro, gris, acastañada, estampada, o sin color, y algunas especies incluso brillan en la oscuridad como las luciérnagas. Algunos tienen dientes diminutos y otros increíblemente grandes y afilados. En cuanto a las tallas, tenemos el peregrino (Cetorhinus maximus), que, pudiendo superar los 11 m, es el pez más grande de Europa y el segundo del mundo, solo detrás del tiburón ballena; y del otro lado, el negrito (Etmopterus spinax), que no llega a los 60 cm.

Estas grandes diferencias son apenas variantes morfológicas sobre un diseño básico, pero de un extraordinario éxito evolutivo. Los tiburones no solo llevan más de 400 millones de años en la Tierra, sino que fueron capaces de sobrevivir a severas extinciones masivas. Puede decirse, por tanto, que, más que seres primitivos, los tiburones son en realidad de las criaturas más avanzadas que existen.

Los rasgos anatómicos más importantes de este diseño básico, compartidos por todas las familias de tiburones, son los siguientes: esqueleto cartilaginoso; entre 5-7 pares de aberturas branquiales laterales no cubiertas por un opérculo; piel cubierta de dentículos dérmicos —estructuras similares a los dientes— y no de escamas; los machos presentan en las aletas pélvicas un par de órganos copuladores (pterigópodos), pues al igual que las personas los tiburones se reproducen mediante fecundación interna; y, por último, ausencia de vejiga natatoria. Aunque mucha gente no se lo cree o no lo entiende, tan tiburón es la pintarroja que meten en la caldeirada o guiso como el tiburón blanco de las películas y los documentales.

Figura 1. La Galicia sumergida: PC: Plataforma continental. TC: Talud continental. BG: Banco de Galicia. (Atlas digital GEBCO.)

BAJO EL MAR DE GALICIA

Tal diversidad responde a una tipología igualmente amplia de hábitats, cada cual con sus particulares características ambientales —luminosidad, temperatura, presión, contenido en oxígeno, en sal, nutrientes, etc.—. Por eso es también necesario describir, siquiera esquemáticamente, el lugar donde viven. Excepto para los marineros (y no todos) y para los científicos, a la mayoría de nosotros nos resulta difícil imaginar las dimensiones, naturaleza y estructura del inmenso paisaje que se oculta bajo la superficie, la Galicia sumergida (fig. 1). Si pudiésemos levantar esa cubierta líquida y contemplarla en su totalidad a vuelo de pájaro, nos encontraríamos con un universo de llanuras interminables barridas por las corrientes y punteadas aquí y allá por grandes peñascos y formaciones rocosas, cañones inmensos abiertos como heridas de hacha en la falda del continente, valles profundos dominados por cerros y montañas colosales, bosques fantasmales de corales blancos que surgen de la negritud del fondo. El mundo de los tiburones.

a) La plataforma continental. La plataforma continental gallega es relativamente estrecha, tiene un anchura máxima de 35 km. Se trata de la zona más rica y productiva del océano. La luz del sol la ilumina de arriba abajo permitiendo el crecimiento de los organismos fotosintetizadores que constituyen la base de la red trófica. A esto se suman los nutrientes transportados por el aire, las corrientes y las olas, que sirven de alimento al zooplancton y a millares de pequeños organismos que contribuyen al mantenimiento de todo este entramado de vida.

Marrajo (Isurus oxyrinchus). (Foto: Antonio Parada).
La abundancia de presas implica naturalmente la presencia de depredadores. Hasta aquí se acercan las grandes especies pelágicas como las tintoreras (Prionace glauca) y los marrajos, el marrajo (Isurus oxyrinchus) y el cailón o marrajo sardinero (Lamna nasus), en busca de sardinas, caballas, jureles, pescadillas, cefalópodos, sin despreciar los tiburones más pequeños e incluso las aves marinas. El marrajo, una de las criaturas más veloces del mar, va también detrás de los bonitos, los atunes y los peces espada, y de los mamíferos marinos. El zorro (Alopias vulpinus) es un especialista en peces gregarios, que caza utilizando su larga aleta caudal —tan larga como el resto del cuerpo— a modo de látigo, golpeando violentamente los cardúmenes.

1. Este juvenil de peregrino (Cetorhinus maximus) se dejó ver por Muros alá en julio de 2015 (foto: Xaime Beiro). 2. El zorro (Alopias vulpinus) está incluido en la Lista Roja de la UICN con el estatus de En peligro. El ejemplar de la fotografía es una hembra de 457 cm capturada accidentalmente hace unos años por una pareja que traía lirio y pescadilla (foto: Toño Maño). 3. En situaciones estresantes o traumáticas, las tintoreras (Prionace glauca) evaginan el estómago, es decir, les dan la vuelta como si fuese una bolsa de plástico y lo sacan por la boca, como se observa en la imagen (foto: Toño Maño). 4. El cailón o marrajo sardinero (Lamna nasus) se encuentra al borde de la extinción en el Atlántico NE, figura en la Lista Roja de la UICN con el estatus de En peligro crítico. Desde 2010 su captura y comercialización están terminantemente prohibidas, a pesar de lo cual todavía se sigue viendo en algunas lonjas a la venta como marrajo azul (Isurus oxyrinchus). El ejemplar de la fotografía, un macho de 196 cm, es una captura legal, anterior a esta prohibición (foto: Toño Maño).

Sin duda uno de nuestros tiburones más extraordinarios es el peregrino (Cetorhinus maximus), que periódicamente, sobre todo en primavera y verano, visita nuestras costas siguiendo los afloramientos de plancton. Puede acercarse bastante a las playas e incluso entrar en las dársenas, como ocurrió hace pocos años en Pedras Negras. Suele vérsele nadando lentamente cerca de la superficie —a veces el morro asomando por encima— con la inmensa boca abierta para filtrar grandes cantidades de agua.

En las proximidades de la franja litoral encontramos especies como el cazón (Galeorhinus galeus), un voraz cazador oportunista de todo tipo de peces, de pulpos e incluso crustáceos, que en los meses de verano puede entrar en las rías. A la misma familia (Triakidae) pertenece la musola pinta (Mustelus asterias), dotada de dientes molariformes especialmente preparados para triturar las conchas de crustáceos y moluscos. Y más ligados al fondo tenemos la pintarroja (Scyliorhinus canicula), el tiburón más abundante de Galicia, y, en el otro extremo de la escala, al borde de la desaparición de nuestras aguas —si es que no se ha ido ya para siempre—, el angelote (Squatina squatina), que vive echado o enterrado en el fondo, al acecho de una posible presa.

1. Detalle de la cabeza de una pintarroja (Scyliorhinus canicula) (foto: Toño Maño). 2. Cerdo velero (Oxynotus paradoxus) (foto: CEMMA). 3. El angelote (Squatina squatina), considerado En peligro crítico por la UICN, prácticamente ha desaparecido de la plataforma europea; solo se conserva una población estable en las Canarias (foto: José Torre Busto). 4. Aunque su aspecto invita a pensar lo contrario, los cazones (Galeorhinus galeus) son grandes viajeros capaces de recorrer 56 km en un solo día. El ejemplar de la imagen fue marcado en Irlanda y capturado en A Guarda (Pontevedra) (foto: Gonzalo Mucientes).

b) El talud continental. En su borde, situado a unos 150 m de profundidad, la plataforma continental se inclina repentinamente para descender, por el norte, hasta los 5000 m de la llanura abisal de Vizcaya y, por el oeste, hacia la cuenta interior de Galicia, una especie de canal de unos 100 km de ancho que discurre de norte a sur a lo largo de 350 km entre los 3000 y los 4000 m de profundidad. El talud continental gallego aparece cortado por una serie de cañones abruptos  —Ferrol, Coruña, Laxe, Muxía, Muros, Arousa, Pontevedra, Vigo...— que descienden canalizando una importante cantidad de sedimentos. Aunque la luz del sol es apenas un tenue resplandor y a partir de los 1000 m la oscuridad es absoluta, el talud es también una zona de gran productividad, pues hasta él llegan nutrientes procedentes de la costa, de la plataforma y también de los fondos marinos, lo cual favorece la proliferación de un amplio número tanto de especies pelágicas como demersales y bentónicas. En el talud superior viven los tollos, brujas, negritos (géneros, Etmopterus, Scymnodon o Dalatias), las viseras, zapatas, quelvachos (géneros Deania, Galeus, Centrophorus, entre otros), así como los extravagantes cerdos marinos (familia Oxynotidae), especializados en pequeños crustáceos y en la depredación de las cápsulas-huevo de rayas y tiburones.

c) El banco de Galicia. El límite occidental de la cuenca interior está marcado por varias montañas submarinas. La más importante es, sin duda, el banco de Galicia, una inmensa mole de 90 km de largo, en su eje N-S, por 50 km de ancho, que se yergue majestuosamente desde los más de 5000 m de la llanura abisal de Iberia hasta los 650 m de profundidad en su punto más elevado. Se trata de la montaña más alta de Galicia, doblando los 2127 m de Pena Trevinca, y una de las zonas más productivas de nuestro mar. El relieve de los montes submarinos hace que las aguas profundas cargadas de nutrientes asciendan a lo largo de sus laderas propiciando una asombrosa explosión de vida. Sobre sus cumbres y cantiles surgen extensas colonias de esponjas, gorgonias y corales de aguas frías que albergan una extraordinaria diversidad de criaturas, y en la columna superior encontramos peces y cetáceos de toda clase, tortugas y decenas de aves marinas. Es nuestra particular selva tropical, habitada por tiburones pelágicos y demersales. En la irrepetible campaña LIFE+INDEMARES, realizada en 2010 y 2011, se recogieron entre los 1500 y 1800 m cinco especies nunca antes registradas aquí: tres pejegatos del género Apristurus¹, hasta entonces desconocido en Galicia —A. aphyodes, A. melanoasper y A. profundorum—, una variedad de visera, la Deania profundorum (anteriormente, Rafael Bañón ya había incluido otra Deania procedente de la misma zona, la D. hystricosa, en su checklist de peces de Galicia de 2010²) y el olayo de Islandia (Galeus murinus), lo que constituye el registro más meridional de la especie.

Pejegato abisal (Apristurus profundorum) (foto: Toño Maño).


(Continúa).

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¹Cristina Rodríguez-Cabello, M. Pérez & Rafael Bañón (2014). "Ocurrence of Apristurus species in the Galicia Bank Seamount (NE Atlantic)". Journal of Applied Ichthyology, 30: 906-915, doi:10.1111/jai.12480. 
Véase también C. Rodríguez-Cabello, A. Serrano, R. Bañón, F. Sánchez y M. Pérez (2012). Deep-water chondrichtyan species caught in the Galicia Bank (NE Atlantic). Póster presentado en el XVII congreso del SIEBM.
²Rafael Bañón, D. Villegas-Ríos, A. Serrano, G. Mucientes & J. C. Arronte (2010). "Marine fishes from Galicia (NW Spain): An updated checklist." Zootaxa, 2667, pp. 1-27.

domingo, 24 de julio de 2016

El tiburón blanco sudafricano en peligro

Foto cortesía de Alessandro De Maddalena.
Un trabajo publicado hace tres años estimaba en aproximadamente 908 el número de tiburones blancos presentes en aguas sudafricanas [véase Quedan muy pocos tiburones blancos]. Tres años después esta cifra se ha reducido a menos de la mitad: entre 353-522. Una estimación con un 95% de fiabilidad.

     Este es el más que preocupante resultado de un nuevo estudio¹, bastante más completo y ambicioso (según dicen, el mayor trabajo de campo sobre la población de tiburones blancos desarrollado hasta hoy en Sudáfrica), que combina la técnica de la marca y recaptura con el análisis genético. Entre 2009-2011 los autores tomaron, en la zona de Gansbaai, 4389 fotografías de las dorsales de 426 individuos y, entre 2010 y 2013, 302 biopsias de 233 tiburones para lo segundo. Posteriormente hicieron lo propio en diversas partes de la costa sudafricana para confirmar que solo existe una única población y no varias.
     Las huellas genéticas ratificaron las identificaciones realizadas a través de las dorsales (las muescas y marcas del borde posterior de la dorsal conforman un patrón único para cada individuo, como nuestras huellas dactilares). Pero también arrojaron una serie de conclusiones nada alentadoras que podemos resumir en dos:
     1) El tamaño efectivo de población es de 333 individuos. Es decir, la población de tiburones blancos de Sudáfrica, genéticamente única en el mundo, solo cuenta con 333 individuos reproductores. Pensemos que para otras especies el número mínimo para mantener una población sana es de 500 (si bien, en el caso del blanco no existe una cifra concreta, de modo que este término de comparación, siendo un indicador que puede ser significativo, hay que tomarlo con cautela).
     2) Además, es la que presenta una menor diversidad genética en comparación con otras poblaciones como la de California o la de Australia. El 89% de los individuos muestreados comparten el mismo linaje genético y solo se han identificado 4 linajes maternos. Se trata de un dato muy preocupante, pues como todos sabéis la diversidad genética está íntimamente ligada al potencial de supervivencia de un grupo o especie. Cuanto mayor es la diversidad genética de una población mayores serán sus perspectivas de supervivencia si se produce una epidemia o ante la eventualidad del cambio climático.

¿Cuáles son las causas de esta desastrosa situación? Sara Andreotti, la autora principal, enumera varias: el impacto de las redes y los anzuelos con cebo colocados en la costa oriental del país, el furtivismo (el tiburón blanco es atractivo no solo por el valor de sus aletas, sino porque su famosa mandíbula se cotiza muy bien como trofeo), la invasión de su hábitat, la contaminación y el agotamiento de sus fuentes de alimento. Recordemos que estos tiburones no solo cazan leones marinos y otros mamíferos marinos; los juveniles, sobre todo, se alimentan de peces óseos y de otros elasmobranquios, como las rayas, que son objetivo de la pesca industrial.
     "Por ejemplo, entre 1956 y 1976 el número de tiburones de gran tamaño capturados en el programa de redes antitiburones de KwaZulu-Natal se desplomó en más de un 99%. Entre 1978 y 2008 las diversas medidas de protección contra tiburones acabaron con 1063 tiburones blancos."
     Estremecedor.


=> Si queréis más información, os recomiendo que visitéis la página de la Stellenbosch University, con imágenes de la rueda de prensa de la propia autora, Sara Andreotti, presentando este trabajo junto a Michael Rutzen (que ya no necesita presentación). Al ser italiana, su inglés se entiende muy bien.

¿El ocaso del gran depredador? (Foto: Chris Fallows).
Un testimonio que da que pensar. Chris Fallows y su compañera Monique publicaron el pasado 22 de julio un largo artículo en la página de National Geographic ("Let's put the teeth into protecting great whites before we lose them forever", algo así como 'Hinquémosle el diente a la protección de los tiburones blancos antes de que los perdamos para siempre', jugando con las palabras) en el que da unos cuantos datos que vienen muy bien para entender la cuestión.
     Teniendo en cuenta que Sudáfrica fue el primer país en proteger a los tiburones blancos, allá en 1991, y teniendo en cuenta también que se ha convertido en la capital mundial del ecoturismo de esta especie, los datos del estudio son nefastos... y paradójicos teniendo en cuenta los millones de dólares que anualmente entran en el país gracias a esta actividad. El problema, señalan estos científicos, es la manifiesta dejadez y falta de compromiso del gobierno en la protección de la especie: "Cada año se denuncian a los inspectores de pesca un montón de casos de pesca deportiva ilegal de tiburones blancos, pero hasta hoy tan solo se ha juzgado uno, y eso solo gracias al empeño de los científicos, investigadores y conservacionistas locales en hacer que los autores rindiesen cuentas ante la justicia. Y lo que todavía resulta más más sorprendente —a pesar de que todo el mundo es consciente del valor que tiene la protección de esta especie en nuestras aguas, su cuna ancestral— es que el departamento de pesca siga autorizando cada año la caza de 60 de estos animales tremendamente amenazados a otra organización financiada por el gobierno, la Natal Sharks Board...".
     Chris y Monique Fallows también denuncian el que se permita a los palangreros largar indiscriminadamente kilómetros y kilómetros de líneas para la captura de tiburones sin ningún tipo de restricción, sin delimitar siquiera un área de reserva, una zona protegida, de modo que, inevitablemente, por mucha protección que reciba, el tiburón blanco se convierte en una captura accidental más.
     "Después de un cuarto de siglo trabajando con tiburones blancos en Gansbaai y False Bay, hemos sido testigos del declive de sus poblaciones. En los viejos tiempos de False Bay no era raro observar más de 20 tiburones blancos en una sola salida de mañana; hoy, si vemos 10, ya es un gran día."
     "Para mi ha sido un privilegio no solo el haber tenido una larga carrera trabajando con estos tiburones; he llegado a identificar y conocer a individuos gracias a sus "personalidades" únicas. Ser testigo de su desaparición es verdaderamente desgarrador (...). Durante muchos años, observábamos a los mismos individuos temporada tras temporada. Veíamos como dejaban de ser adolescentes inexpertos para convertirse en verdaderas máquinas de cazar, como superdepredadores adultos. Hoy nuestros avistamientos son bien distintos: todavía vemos muchos de los mismos tiburones durante unas pocas semanas, pero observar el mismo individuo año tras año ya no es lo que era."

Foto: Andy Murch, bigfishexpeditions.com

Actualización a 27-VII-2016. Apenas un par de horas después de publicar este artículo, tuve la oportunidad de chatear con un científico que vive precisamente en Sudáfrica, quien, un poco irritado, me decía que no estaba muy de acuerdo con las conclusiones de este trabajo, por decirlo suavemente, ni con la propaganda que le estaban dando. Le sugerí que hiciese pública su postura para que los que no estábamos en el ajo pudiésemos hacernos una composición de lugar y entender mejor la cuestión. Que ni hablar, que estaba demasiado ocupado. Hoy, tres días después, un grupo de científicos del South African White Shark Research Group (en el que él no está) acaban de publicar una nota en la que expresan sus objeciones y reservas tanto a la metodología empleada por S. Andreotti et al. como a la interpretación de los resultados obtenidos.
     Empiezan reconociendo la dificultad inherente a la tarea de elaborar un censo de una especie migratoria en un entorno tan abierto como el océano, en la cual el empleo de diferentes métodos y premisas puede arrojar resultados diferentes. De ahí que, en su opinión, estudios como este necesitan someterse a una rigurosa comprobación:
"Una de las hipótesis empleadas en el reciente estudio es que la zona de concentración de Gansbaai representa toda la población de tiburones blancos de Sudáfrica. Nosotros, sin embargo, no estamos convencidos de que esto sea cierto. La abrumadora evidencia científica muestra que los tiburones blancos están separados por tamaño y sexo durante parte de su vida y que no todos ellos visitan Gansbaai. Por tanto, es posible que el reciente cálculo esté subestimando el tamaño total de la población. Además, el estudio no ha aportado pruebas sobre la tendencia actual de la población, si está bajando, aumentando o es estable."
Terminan diciendo que los científicos del White Shark Research Group, entre los que se encuentra la autora principal del censo de 2013, Alison V. Towner, que están trabajando en las principales zonas de agregación de Sudáfrica, van a combinar los datos de que disponen para realizar una estimación que refleje con mayor exactitud la realidad del tiburón blanco a nivel nacional.
     Seguiremos atentos a ver qué nos cuentan.

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¹Sara Andreotti, Michael Rutzen, Stéfan van der Walt, Sophie Von der Heyden, Romina Henriques, Michael Meÿer, Herman Oosthuizen & Conrad A. Matthee (2016). "An integrated mark-recapture and genetic approach to estimate the population size of white sharks in South Africa". Marine Ecology Progress Series, 552: 241-253. doi:10.3354/meps11744.

martes, 12 de julio de 2016

De peces piloto y tiburones (1803, 1838)

Pez piloto en una ilustración de 1863.
El pez piloto (Naucrates ductor), inconfundible por su traje a rayas, es un carángido de aguas templadas y tropicales que suele acompañar a los tiburones, rayas y tortugas en sus viajes, y también a los barcos, circunstancia que hizo creer a los marinos de la antigüedad que su intención era guiarlos de regreso a buen puerto, de ahí que lo bautizasen como "piloto". Naturalmente, dada la frecuencia con que eran vistos en su compañía, también se creyó que guiaban a los tiburones hacia sus fuentes de alimento. Hoy sabemos que en realidad se trata de una relación de mutualismo: ambas especies, pez piloto y tiburón, obtienen un beneficio mutuo de su asociación: el primero recibe protección y alimento a cambio de librar al segundo de los parásitos que cubren su piel (además de aprovecharse de los restos de comida de sus festines).
     Os presentamos, a modo de lectura de verano, dos textos procedentes de sendas revistas ilustradas españolas de comienzos del XIX, muy parecidos en el tema y en la forma, que hablan del pez piloto a través de la mirada de dos de los más grandes naturalistas de aquel siglo, Geoffroy y Meyen, un francés y un prusiano. En aquellos tiempos el mundo comenzaba a hacerse pequeño, pero no tanto como para que el público en general, incluso en un país tan hostil a la ciencia y al conocimiento racional de la realidad como el nuestro, dejase de interesarse por las noticias y portentos que contaban los hombres de mar y de ciencia en las crónicas de sus viajes alrededor del mundo.
     En las transcripciones de los textos respeto las grafías pero actualizo la puntuación y, salvo excepciones, el uso de mayúsculas y cursivas.

De todos los tiburones, los peces piloto parecen sentir predilección por el jaquetón oceánico (Carcharhinus longimanus)... a veces tal vez un tanto excesiva (foto de Bernd Neeser tomada en el arrecife de Dédalo, en el mar Rojo, roundtheworldin80days.net).
Este artículo apareció publicado en 1803 en el Memorial literario, una de las revistas ilustradas más importantes y avanzadas de aquel momento en nuestro país. Dejando en segundo plano la crítica social y de costumbres, tan extendida y socorrida en muchas otras publicaciones, su línea editorial optó por abrirse al gran mundo del conocimiento: en sus páginas cabían no solo artículos de crítica teatral y literaria, o del arte en general, sino también sobre filosofía, economía, legislación, así como sobre las más diversas disciplinas científicas haciéndose eco de lo que acontecía en Europa, singularmente Francia.
      Étienne Geoffroy Saint-Hilaire (1772-1844) fue uno de los más eminentes naturalistas franceses. En 1793 ocupó la cátedra de zoología en el Museo de Historia Natural de París y colaboró con Cuvier en diversas publicaciones de historia natural. Fue uno de los 167 científicos que acompañaron a Napoleón en la magnífica, aunque fallida, expedición a Egipto, en la que participaron más de 50 navíos de guerra, 280 barcos de transporte y 40 000 hombres. La flota partió de Tolón en mayo de 1798 y permaneció en Malta una semana,durante la cual los gabachos aprovecharon para arrebatársela a los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén antes de partir rumbo a Alejandría. Probablemente fue en alguno de aquellos días cuando Geoffroy, que posteriormente recibiría la Cruz de la Legión de Honor de manos del propio Emperador, observó lo que se relata a continuación.
ZOOLOGÍA

Nota sobre algunas costumbres comunes a los tiburones y a los pececillos llamados pilotos, por el ciudadano Geoffroy, profesor en el Museo de Historia Natural de París.

     El tiburón va siempre acompañado de unos pececillos que por servirle de pilotos se les ha dado este nombre, y que nadan delante de él, le señalan los sitios más abundantes de pesca y le descubren los peces que más busca, por lo qual el tiburón, a pesar de su natural glotonería, vive en buena amistad con unos compañeros tan útiles. Pero los naturalistas, que desconfían mucho de las relaciones exageradas de los viageros, han puesto en duda esta amistad entre el tiburón y sus pilotos solo porque no han podido encontrar sus verdaderos motivos. Sin embargo, el ciudadano Geoffroy ha tenido proporción de asegurarse de la certeza de estos hechos, que se comprueban con sus observaciones.
     Yo, dice el observador, me hallaba a bordo de la fragata el Alcestes¹, entre el cabo Bueno² y la isla de Malta, y toda la tripulación estaba disgustada de la calma que padecíamos, quando llamó nuestra atención un tiburón que vimos dirigirse a nuestro buque. Venía precedido de sus dos pilotos, quienes conservaban muy bien una distancia proporcionada tanto entre si como respecto al tiburón. Dirigiéndose aquellos a nuestra popa, la visitaron dos veces; y habiéndose asegurado de que no había por allí ninguna cosa que pudiera serles útil, volvieron a tomar el mismo camino que habían traído, siendo de notar que el tiburón no los perdió de vista, o, por mejor decir, los siguió tan perfectamente que parecía que era arrastrado o llevado por sus dos pilotos.
     Apenas los divisamos, quando uno de nuestros marineros dispuso un anzuelo grande, que ocultó en un pedazo de tocino. Pero empleó tanto tiempo en esta maniobra, que quando el anzuelo estuvo pronto ya se habían alejado los pilotos y el tiburón unos veinte y cinco metros de la nave. Sin embargo, por lo que pudiese suceder, echó al agua el tocino, y el ruido del golpe hizo detener a aquellos peces.
Una fragata de la clase Magicienne (Wikipedia).
Inmediatamente se separan los pececillos; vienen a hacer sus observaciones cerca de la popa de la fragata; y apenas reconocen el cebo, quando vuelven a buscar a su xefe nadando con más velocidad que la que habían traído. Entretanto, el tiburón jugueteaba por el agua, ya paseando por la superficie y ya zambulléndose, pero conservando el mismo sitio en que le habían dexado sus pilotos, hasta que viéndolos volver siguió su camino. Entonces ellos redoblaron sus esfuerzos para ponérsele delante; y apenas lo consiguieron, quando de repente cambiaron de dirección y volvieron a la popa del baxel seguidos ya del tiburón, el que, gracias a la destreza de sus compañeros, llegó por fin a ver el cebo. Se dice que el tiburón tiene un olfato muy fino, pero por mas atención que yo puse en observar todas las circunstancias de este lance, no vi que descubriese el tocino hasta que sus guías, por decirlo así, se lo enseñaron. Entonces fue quando nadó con mayor velocidad, o por mejor decir, quando dio una zambullida para coger su presa, de la que tuvo la felicidad de cortar un pedazo sin tocar el anzuelo. Pero al segundo bocado quedó preso, y se le subió a bordo.
     Divertido con hacer algunas observaciones anatómicas sobre el tiburón, se pasaron más de dos horas antes de que insinuase mi deseo de observar desde cerca alguno de los pececillos que se dedican a servir a los tiburones. Pero no solo me dixeron que era muy fácil complacerme, pues los pilotos que venían con nuestro tiburón no se habían separado de la inmediación de la fragata, sino que con efecto me presentaron uno que reconocí como individuo perteneciente al género que los naturalistas llaman Gasterosteus ductor³.
     Sin duda sería muy curioso averiguar qué interés puede asociar unos animales tan diferentes en su organización, tamaño y costumbres, a no ser que, como piensa el ciudadano Bosc, sirva de alimento a estos pececillos el excremento de los tiburones; y así aquellos, para vivir seguros en la inmediación de unos animales tan voraces como estos, se hayan impuesto la obligación de hacerse tolerables a fuerza de sus buenos servicios.

[Memorial literario ó Biblioteca periódica de ciencias y artes, tomo IV, año 3º, septiembre de 1803,
pp. 34-36.]

Izq. Jaquetón oceánico, tal vez la especie que Monsieur Geoffroy examinó en las cercanías de Malta (foto: facesofthesea.com). Dcha. Tiburón blanco (Carcharodon carcharias), otro posible candidato teniendo en cuenta la zona donde estaban (foto: Todd Winner).

El siguiente texto es un extracto de un reportaje publicado en 1838 en el Museo de familias, un magazín ilustrado barcelonés inspirado en las revistas inglesas y francesas del momento, incluso en el título. Incluía artículos divulgativos sobre las diversas ramas de la ciencia, incluida la teoría evolucionista de Lamarck, lo que no está mal en una sociedad vigilada por fervientes ultracatólicos siempre prestos a descargar cestones de hostias sobre herejes y ovejitas descarriadas.
     El reportaje habla del viaje que el botánico y ornitólogo prusiano Franz Julius Ferdinand Meyen (Meyen, para los amigos) realizó alrededor del mundo entre 1830-1832 a bordo del Prinzess Luise. Viajaba en calidad de médico y de naturalista en una expedición que sin embargo tenía carácter estrictamente comercial, pues lo que Prusia pretendía era buscar y establecer lazos mercantiles con otras áreas del planeta. Pero como bien dice el periodista, "El viaje [...], emprendido con un objeto puramente mercantil, ha producido, gracias á los afanes del Dr. Meyen, cirujano, naturalista é historiador de la expedición, una abundante colección de hechos nuevos, relativos á la historia natural y á la jeolojía. La relación de este viaje, publicada no ha mucho, es digna de embargar nuestra atención". A Meyen debemos, por ejemplo, la descripción del pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) entre otras muchas decenas de especies botánicas y animales.
     A medida que nuestro navegante se internaba en las calurosas latitudes, se le iba presentando el Océano más y más poblado. Numerosas manadas de delfines saltaban al rededor del navío, y hasta el aire estaba cubierto de una nube de peces voladores. Ninguno de estos vivientes causó tanta extrañeza a los oficiales de la expedición como aquel pez particular cuya existencia y costumbres han sido puestas en duda por los naturalistas, y que sin embargo parece servir de piloto y proveedor a los tiburones.
     "El pez piloto nada invariablemente delante del tiburón; hemos visto nosotros mismos tres ejemplares indisputables de este hecho. Cuando este último iba siguiendo nuestro buque, veíamos al piloto junto a su boca, o colocarse debajo de una de sus aletas pectorales; y aun observamos con frecuencia que el piloto se lanzaba con celeridad a derecha e izquierda, como que fuese a la descubierta, pero volviendo después con lealtad al lado del tiburón. Un día, para asegurarnos mejor de la verdad, echamos al mar un enorme anzuelo que cebamos con un grueso pedazo de tocino. El tiburón se hallaba a unas veinte brazas del buque. Con la rapidez del rayo se abalanzó al cebo el piloto, lo reconoció y aun pareció probarlo; después fue a encontrar al tiburón, dando muchas vueltas al rededor de su boca, y haciendo saltar el agua con sus coletadas como para anunciarle el regalo que le esperaba. En seguida puso el tiburón en movimiento su pesada mole, siempre guiado por el piloto, y en pocos segundos vimos desaparecer el tocino y anzuelo. Otra vez observamos por muchos días que un pez piloto anduvo nadando junto a la quilla del navío; los marineros nos aseguraron que era un piloto que había perdido a su tiburón y que estaba buscando otro. Algún tiempo después, en los mares de la China, logramos cojer un hermoso tiburón azul que iba acompañado de dos pilotos que no le dejaban un instante".
     A estas curiosas observaciones de historia natural hace suceder el Dr. Meyen un grandioso cuadro de la vista de las costas del Brasil...

[El Museo de familias, nº 1, 1838, p. 322.]
Tintorera (Prionace glauca) y piloto. Foto de Harro Muller tomada en las Azores.
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¹La Alceste era una fragata francesa de la clase Magicienne de 32 cañones, veintiséis de 12 libras y seis de 6 libras. Fue capturada por los ingleses durante el sitio de Tolón (1793), recuperada un año después y vuelta a capturar, esta vez definitivamente, por los súbditos de Su Majestad en 1799.
²El cabo Bon, en el extremo nororiental de Túnez. 
³Nombre no válido actualmente. Se prefiere Naucrates ductor (Linnaeus, 1758). 
Louis Augustin Guillaume Bosc (1759-1828) fue otro de los grandes naturalistas franceses. Estaba especializado en la botánica, la entomología y la zoología de los invertebrados (con una particular devoción por los gusanos, afición que no le abandonaría en toda su vida).
Se refiere a Reise um die Erde, ausgeführt auf dem Königlich Preussischen Seehandlungs-Schiffe, Prinzess Luise, commandirt von Capitain W. Wendt, in den Jahren 1830, 1831, 1832 [Viaje alrededor del mundo en el buque prusiano Princesa Luisa, comandado por el capitán W. Wendt, en los años 1830, 1831, 1832], publicado en dos volúmenes en Berlin, 1834.