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| Fuente: Barría et al. Graellsia. 82 (1-2), 2026 |
Hace unos días salió al fin publicado el trabajo que documenta científicamente el primer registro de tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en aguas de Galicia y de Asturias. Han pasado ya cinco años de aquello, más vale tarde que nunca.
Además de la importancia de que un suceso tan extraordinario aparezca recogido en una publicación científica, el trabajo está firmado por algunos buenos amigos de este blog, como Claudio Barría y Gonzalo Mucientes, de modo que no podíamos dejarlo pasar así como así.
Posiblemente muchos recordaréis aquellos sorprendentes avistamientos de comienzos del otoño de 2021. El primero ocurrió en el puerto exterior de Coruña el 23 de septiembre y el otro, tres semanas después, el sábado 16 de octubre, en aguas asturianas a unas 10 millas de Ribadesella. Con toda probabilidad se trataba del mismo individuo, un ejemplar adulto de cerca de los 5 m, a juzgar por los testimonios y las imágenes. En punta Langosteira el tiburón estuvo unos minutos investigando una boya del puerto, mientras que en Asturias permaneció casi dos horas dando vueltas alrededor de la lancha de un pescador deportivo, quien pudo grabarlo con su móvil.
El de Coruña en particular fue algo tan alucinante, tan increíble, que a muchos nos costó dios y ayuda romper nuestro férreo escepticismo, forjado a base de tantos montajes y noticias falsas como nos habíamos encontrado por Internet, y aceptar que aquello que nos estaba llegando a través de las redes sociales era cierto. Si, vale —veníamos a decir—, el de las fotos es un tiburón blanco sin duda, pero... ¿en Coruña? Y un carallo (no hace falta decir que el zasca que nos llevamos después fue de campeonato, pero lo aceptamos con gusto). De todo esto ya hablamos en su momento en Primer registro claro de tiburón blanco en Galicia, por si os apetece echarle un vistazo y, quizá, sacarnos otra vez los colores.
Y es que los registros históricos de tiburón blanco en esta parte del Atlántico, desde la Península hasta el norte de Europa, son escasísimos, suman un total de ocho, y además todos ellos de las costas francesas. El primero es de mediados del siglo XVI y el último de finales del XX, concretamente del año 1977. En la España peninsular atlántica, hasta los del año 2021, no hay ninguno, salvo un par de referencias demasiado imprecisas en Galicia, como ya señalábamos en un viejo artículo de 2012 (¿Hay o no hay tiburones blancos en Galicia?). Finalmente, en las costas británicas existe algún testimonio interesante, que parece que tiene cierta solidez (hay incluso una fotografía de la dorsal de un tiburón de buen tamaño al lado de una embarcación de pesca en Escocia), pero no la suficiente como para darle validez científica (también tratamos esta cuestión en ¿Hay o no hay tiburones blancos en las islas británicas?).
En su trabajo, Barría et al. amplían esta nómina al extender el ámbito geográfico de su estudio a todo el Atlántico nororiental hasta las costas de Senegal, pero tampoco les sale una cifra para echar cohetes. Suman tan solo 16 registros más (incluyendo ya los dos de Coruña y Asturias), hasta llegar a un total de 24: tres en Senegal y en las Azores, dos en Cabo Verde, Canarias y Madeira y uno en Marruecos y en un punto impreciso de «Portugal», tal como lo cita Ferguson en su famoso artículo de 1996.
Por lo demás, no hay mucho más que se pueda añadir aparte de constatar que el tiburón blanco es apenas una presencia anecdótica en la Europa continental atlántica. Es imposible conocer qué hacía aquí este tiburón, qué lo trajo hasta nuestras aguas, de dónde venía y adónde se dirigía. Los científicos solo pueden formular hipótesis: desorientación, persecución de presas potenciales como los túnidos u otros cetáceos... incluso podría ser que la presencia de orcas en la costas de Portugal y Galicia durante aquellos días tuviese algo que ver (sabemos que estos cetáceos atacan también a los tiburones blancos hasta el punto de que pueden influir en sus movimientos). Del mismo modo, es probable que los cambios en las condiciones del océano causadas por el calentamiento global hayan generado alguna modificación en el patrón de movimientos de estos depredadores o de sus presas.
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| Tiburón blanco. Foto: Andrew Fox, Rodney Fox Shark Expeditions. |
Solo me permito discrepar con los autores en un punto: cuando sostienen que es «muy posible» que los tiburones blancos observados en el Atlántico nororiental procedan del Atlántico occidental; es decir, que hayan llegado hasta aquí tras cruzar el charco. En mi modestísima opinión, es tan posible que haya sido así como que no.
Ciertamente sabemos que estos tiburones son capaces de emprender largas migraciones transoceánicas y todos recordamos el caso de Lydia, la hembra de algo más de 4 m marcada en los EEUU que en 2014 llegó a cruzar brevemente la dorsal mesoatlántica antes de darse la vuelta y regresar al punto de partida. Pero a mi modo de ver se trata de una base muy endeble que de ninguna manera puede justificar una hipótesis formulada de forma tan categórica. ¿Por qué se descarta, por poner un ejemplo, que pueda tratarse de algún ejemplar que ha cruzado el Estrecho procedente del Mediterráneo y tomado dirección norte? Solo un estudio de carácter genético podría darnos una clave.
En cualquier caso, el único hecho cierto es que, al fin, tenemos la prueba definitiva de que el magnífico Carcharodon carcharias ha visitado el mar de Galicia. Y al fin contamos con una publicación que le confiere soporte científico.
La referencia completa de este imprescindible trabajo es Claudio Barría, Ana I. Colmenero, Alfredo López, Pablo Covelo, Xavier Vázquez-Pumariño, Pol Carrasco-Puig & Gonzalo Mucientes (2026). Ocurrence of the white shark Carcharodon carcharias in the North East Atlantic: New records from North-western Spain. Graellsia, 82 (1-2), e808. https://doi.org/10.3989/graellsia.2026.v82.808







