Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Julio Guillén, Lourido y los tiburones

ABC, 2 de abril de 1944.

     D. Julio F. Guillén Tato (1897-1972), Contralmirante de la Armada Española, fue un marino de una importante trayectoria científica, histórica y cultural, además de militar (no durante la Guerra Civil, pues sufrió el rechazo tanto de los republicanos como de los rebeldes fascistas, quienes finalmente lo rehabilitaron en Consejo de Guerra en 1941). Entre otros honores, fue miembro de las Reales Academias de la Lengua y de la Historia y de la Hispanic Society of America, y desde 1940 hasta el año de su muerte, director de la Revista general de marina, en la que publicó algunos de sus relatos de ficción seguramente más queridos, los protagonizados por el singular Lourido, Nostramo Lourido.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Devoradores de plancton

Andy Murch, bigfishexpeditions.com
De las más de 500 especies de tiburón descritas en todo el mundo solo tres se alimentan de plancton: el tiburón ballena (Rhincodon typus), el peregrino (Cetorhinus maximus) y el boquiancho (Megachasma pelagios). Los tres son los únicos representantes de sus respectivas familias: Rhincodontidae (orden Orectolobiformes), Cetorhinidae y Megachasmidae (orden Lamniformes), lo que viene a subrayar su carácter único, especial. Y los tres tienen también en común su gran tamaño: el ballena y el peregrino son los peces más grandes del océano, y el tercero figura no muy lejos de las posiciones de cabeza [véase Los tiburones más grandes del océano].

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Los tiburones según Cornide (1788)


José Andrés Cornide de Folgueira y Saavedra (1734-1803), "Académico honorário de la Historia, vecino de la Coruña", fue uno de nuestros grandes ilustrados. Investigador y estudioso de los más variados campos del conocimiento, desde la geografía y la historia hasta la historia natural, en 1788 publicó lo que probablemente sea el primer tratado de ictiología española, su Ensayo de una historia de los peces y otras producciones marinas de la costa de Galicia, arreglado al sistema del caballero Cárlos Linneo. Con un tratado de las diversas pescas y de las redes y aparejos con que se practican, escrito a partir de sus observaciones, entrevistas con pescadores y del estudio de las obras de grandes naturalistas como Linneo, Artedi o Rondelet.
     En el prólogo, Cornide se lamenta de la falta de trabajos científicos sobre la riqueza faunística de las costas españolas en general y de Galicia en particular ("la costa de Galicia no es inferior á las mas abundantes de la Peninsula"), tanto por parte de autores españoles como extranjeros, a quienes acusa con cierta amargura de indiferencia hacia el patrimonio natural nuestro país:
...si la brevedad que me he propuesto me lo permitiese, podria hacer ver á los sabios extrangeros que si carecen de la noticia de los peces de nuestros mares, no es porque efectivamente falten en ellos, sino porque considerándolos con la misma indiferencia con que tratan todas nuestras cosas, no han aplicado sus luces á averiguar las riquezas de sus senos, contentándose con copiarse los unos á los otros, publicando las superficiales noticias que sus viageros recogen sin eleccion entre gentes las mas de las veces ignorantes, aun de los productos de su propio pais.
Consciente de sus limitaciones en el conocimiento del extenso campo de las especies que habitan el litoral peninsular, nuestro autor plantea su obra como un punto de partida para ulteriores trabajos: "...me he determinado á formar este ensayo, que podrán adelantar e perficionar sugetos de mayor instruccion, y de mas extensos conocimientos que los mios".

Errores. Al menos en lo que respecta a los tiburones, el ensayo contiene inexactitudes  importantes. Algunas son solo atribuibles al desconocimiento general que en aquella época se tenía sobre estos peces. Otras, en cambio, son debidas a la confusión generada por la amplia variedad de nombres comunes que sin mucha precisión a veces se utilizan tanto para nombrar una misma especie como para referirse a especies de aspecto similar, pero sin ninguna relación específica, como es el caso de las voces 'lixa', 'mielga', o 'melgacho'. Alguna inconsistencia está ya presente en el propio Linneo, quien distingue entre Squalus canicula y S. catulus, cuando en realidad se refieren a la misma especie, la pintarroja (Scyliorhinus canicula). Por último, algunas imprecisiones parecerían sencillamente producto de las prisas, de algún tipo de error o errata en el proceso de transformación del texto manuscrito en libro impreso. Valga como ejemplo el despiste (no puede entenderse de otra forma) que veremos a continuación de incluir la referencia al Squalus centrina en la descripción del S. acanthias. Solo la comparación con el texto manuscrito, si es que existe, podría sacarnos de dudas.

El texto. Como siempre, respeto la ortografía y las grafías del original, aunque en beneficio de la claridad actualizo la puntuación y el uso de cursivas y mayúsculas. Para quien desee consultarlo o hacerse con una copia, el texto es de acceso abierto en la excelente página de la Biodiversity Heritage Library.
     Las ilustraciones, excepto cuando se indica lo contrario, proceden de las Illustrations de Ichtyologie ou histoire naturelle générale et particulière des Poissons (1795-1797), la magna obra de M. E. Bloch disponible entre los fondos digitales de la Bibliotèque nationale de France.
     Asimismo he añadido en negrita el nombre científico actual de cada una de las especies recogidas en el Ensayo, junto con los nombres comunes de uso más extendido en gallego y en castellano.

Los tiburones según Cornide. Tal como se indica en el título, Cornide elabora su ensayo a partir de la clasificación propuesta por Linneo, quien incluye los tiburones en la misma clase que las rayas, las quimeras y otras especies como los rapes (gen. Lophius) y los peces luna (gen. Tetraodon, actualmente Mola): la de los "Anfibios nadadores" (Amphibia nantes), pues juzgaba, a partir de ciertos caracteres morfológicos como la forma y estructura de las agallas (distintas de las de los peces óseos), que podían también tener pulmones, como los dipnoos, al menos en alguna de sus fases de desarrollo.
Gen. 131. SQUALUS.
     Los esqualos pertenecen en el sistema de Linneo al quarto órden de la clase intitulada Amphibios Nadantes. Comprehéndese baxo esta denominacion todos los peces de aletas cartilaginosas, largos, delgados, y cuya boca corresponde debaxo de la mandíbula superior, que excede en mucho á la inferior y la dexa oculta, tales son v. g. los tiburones ó marrajos, las mielgas, los tollos ó canículas, los cazones, las pintarrojas, las lixas, &c.
De las trece especies de tiburones propiamente dichos¹ que aparecen en el Systema Naturae, el coruñés selecciona siete², "los comunes en nuestra costa".
     Cada entrada va encabezada por el nombre común en mayúsculas; a continuación, justo debajo, figura el nombre científico introducido por el número correspondiente de su entrada en el catálogo de Linneo, seguido de una breve descripción latina procedente del mismo texto y, en algunos casos, también de obras de autores como Rondelet o Gronovius. Solo hay una falta de correspondencia en esta numeración en el caso del Squalus catulus: Sp. 10 en Cornide, Sp. 9 en Linneo.


1. Squalus acanthias (cast. mielga; gal. melga, melca)

Squalus acanthias.
LA MIELGA.
Sp. 2. Squalus centrina. Pinna annali nulla, dorsalibus spinosis, corpore subtriangulari.

     Es la mielga bastante comun, especialmente en los puertos que caen al sur del cabo de Finisterra (sic), adonde la secan al ayre para venderla luego en lo interior del pais, llevándola hasta Castilla, cuyas comunidades hacen uso de este cecial³ para variar las comidas quadragesimales, aderezándolo con un guiso dulce que algunos hallan fastidioso, aunque tambien la suelen servir frita y rebozada con dulce, ó sin el.
     La mielga, aunque mas crasa que el melgacho, no es muy apreciable en fresco, y aun en cecial conserva un tufillo harto desagradable. No obstante, su pesca es digna de que se promueva, pues sirve de suplemento á otros géneros extranjeros.
Es evidente que la descripción arranca con un importante error que solo puede ser producto de un despiste monumental: el nombre científico y el breve texto en latín corresponden, no a la mielga, sino al tiburón cerdo o Squalus centrina (Oxynotus centrina, según el nombre aceptado en la actualidad), que en efecto es la "Sp. 2" en la lista de Linneo. Probablemente lo que Cornide quiso escribir fue esto: "Sp. 1. Squalus acanthias. Pinna annali nulla, dorso spinoso, corpore teritiusculo". El aprovechamiento comercial que se indica apunta claramente a la mielga, no al tiburón cerdo
     La conclusión es que de ningún modo puede atribuirse a Cornide la primera cita del Oxynotus centrina en Galicia, tal como se viene haciendo, puesto que, como acabamos de ver, su mención es evidentemente accidental.

2. Etmopterus spinax (cast. negrito; gal. gata, gata negra, crabudo)
Etmopterus spinax. Ilustración francesa de finales del XIX.
CRABUDO.
Galeo Acanthia. Rondelet.
Sp. 3. Squalus spinax. Pinna annali nulla, dorsalibus spinosis, naribus terminalibus.

     Este pez es una especie de cazon, que por todo su cuerpo está guarnecido de espinas ó clavos, que es la razon porque en gallego se llama crabudo, del nombre crabo, que vale clabo (sic) en castellano. Por la misma razon los franceses le llaman aguillat, esto es, lleno de agujas, circunstancia que no impide el que su carne se seque como la de la mielga, y sea comestible. Su hígado, que es muy grande, se convierte en aceyte, sirve para quemar, y mitiga el dolor de aquella entraña en los que adolecen de ella.
El "Galeo Acanthia" de Rondelet es en realidad el Squalus acanthias de Linneo, no el S. spinax, como erróneamente señala Cornide. La ilustración que acompaña la entrada correspondiente del De piscibus marinis (1553) es clara:


3. Squatina squatina (cast. angelote; gal. peixe anxo, xelote)

Squalus squatina.
ANGELOTE Ó PEJE ANGEL.
Sp. 4. Squalus squatina. Pinna annali nulla, daudae duabus, ore terminali, naribus cirrosis.

     Tiene este pez un medio entre los esqualos y las rayas, pues ni es proporcionalmente tan largo como los primeros, ni tan ancho como las segundas. Por la disposicion de sus aletas le han dado el nombre de peje angel, pues realmente representan las alas con que se suelen pintar los angeles. Rondelecio, que le dibuxó baxo el nombre de Squatina, dice suele haberlos tan grandes que llegan á pesar ciento sesenta libras; en esta costa no aparecen semejantes monstruos, y el que mas no pasa de una vara de largo. El mismo autor dice que este pez no merece aprecio alguno por la dureza y sabor ferino de su carne, pero que de su hígado se hace un aceyte que, mezclado con agenjos (sic) y otros simples que señala, deshace las durezas de aquella víscera. No obstante nuestros pescadores, poco delicados, no dexan de comerlo despues de desollado.
     Algunos entienden que la esquatina es el pez que llamamos lixa, pero se equivocan, pues aquella propiamente es el Squalus carcharias, á quien los portugueses conservan todavía el nombre de cascarra por la aspereza de su piel.

4. Galeorhinus galeus (cast. y gal. cazón)

Squalus galeus.
CAZON.
Sp. 7 . Squalus galeus. Naribus ori unicis foraminibus ad oculos. Galeus canis. Rondelet.

     El cazon solo difiere del melgacho en que su lomo es ceniciento, sin manchas, y su piel mas áspera. Su comida no es muy apreciable por su dureza, por cuya razon suelen decir en gallego que es tan duro como un cazon. Su piel suele emplearse en los mismos usos que la del melgacho.
     En la costa de Ceuta le llaman galludo, y en la de Francia le dan el nombre de chat (gato).

5. Scyliorhinus canicula (cast. pintarroja, lija; gal. melgacho, patarruxa, canexa, etc.)

Squalus catulus.
TOLLO Ó CANÍCULA.
Sp. 10. Squalus catulus. Dorso ocellato mutico, pinnis vertebralibus concretis, caudae aproximatis, capite punctato.

     Esta especie de esqualo ó mielga se llama en gallego melgacho, que es lo mismo que mielga pequeña; y por las señas es tambien el mismo pez á quien Huerta dá el nombre de canícula, y nuestro diccionario dastellano el de tollo. En Portugal le llaman caneja, nombre bastante semejante al de canícula, y en Valencia gatet (gatillo), por la semejanza que tiene con el cazon, llamado gato, de quien solo difiere en el tamaño y en el color. Su cuerpo es mas delgado é igual que el de la mielga, pardusco en el lomo y blanco por el vientre, esta salpicado por aquel de manchas negras de tamaño de lentejas. Su comida es muy fácil, y tan sana que se permite á los enfermos. Su piel, que se le saca para guisarlo, suele emplearse en Francia para cubrir estuches y otras piezas, bien que solo es á falta de las de lixa y cazon.

6. Scyliorhinus stellaris (cast. alitán; gal. roxa, casacú)

Squalus canicula (sic en el original de Bloch).
LIXA.
Sp. 12. Squalus carcharias. Dorso plano dentibus serratis.

     Este esqualo no es freqüente en esta costa, y abunda mas en la de Asturias.
     Aunque algunos autores aplican á una especie de tiburones el nombre de Carcharias, yo se lo doy á la lixa, fundado en que los Portugueses la llaman cascarra, que tanto se parece al de Carcharias, por el que está bastante caracterizada. La principal circunstancia por donde se conoce este amphibio es por tener la piel roñosa y cascarrienta, de tal modo que la emplean para alisar las maderas duras, el hueso y el marfil.
     Nuestro diccionario me parece que se equivoca en decir que en Andalucía se llama pintarroja y en Galicia melgacho, pues aunque son todos estos amphibios de un mismo género, difieren en las especies, como se puede ver en los respectivos artículos.
     Los catalanes le dan el nombre de gato y de porc, el primero aludiendo sin duda á su figura y el segundo, á la aspereza de su piel.
     La lixa no solo nos da su piel en favor de la evanistería, sino que su hígado produce hasta ocho y diez quartillos de aceyte muy bueno para quemar.

Es evidente que Cornide se confunde nuevamente aquí. El "dentibus serratis" que indica Linneo, 'dientes aserrados', solo puede referirse al tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Lo que está describiendo nuestro autor es el alitán o roxa (Scyliorhinus stellaris).

7. Mustelus mustelus (cast. musola; gal. cazón liso, canexa)

Squalus mustelus. Grabado de finales del XVIII.
PINTARROJA.
Sp. [1]3. Squalus mustelus. Dentibus obtusis.
Squalus rostro subacuto, corpore subrotundo, dorso uni colore fusco, pinnis pectoralibus curtis. Gronov. Zooph. 148.

     A la pintarroja llaman en gallego roxa, no tomado el nombre de roja en sentido de encarnada, sino por un color obscuro ó pardusco, que es el que tiene este pez, en todo lo demas muy semejante al cazon.
     Aunque los nombres de estos Amphibios, como son el cazon, el melgacho, la pintarroja, estan confundidos en los autores, me parece que al que describo le corresponde el frances roussete, que Valmont de Bomare aplica al cazon, á quien si atiende á su color de ningun modo conviene, porque el cazon lo tiene ceniciento, y la pintarroja pardo obscuro. Los portugueses la llaman patarroja ó patroja, y en gallego solo hemos conservado el de roja, con alusion a su color pardusco, que en esta lengua llaman roxo.
     Aunque la carne de la roja es comestible, tiene un gusto algo dulce que la hace poco agradable y ménos estimada que la del melgacho y de la mielga. Por lo comun se sirve guisada, y solo entre las gentes de cortas facultades.
Cornide se hace aquí un pequeño lío con los nombres. Las descripciones de Linneo y Gronovius apuntan claramente a la musola (Mustelus mustelus), en modo alguno a cualquier tipo de pintarroja o lija, tal como se apunta aquí. El color y los dientes molariformes ("Dentibus obtusis") son rasgos evidentes del Mustelus. Incluso el propio autor indica en el primer párrafo: "color obscuro ó pardusco, en todo lo demas muy semejante al Cazon". En francés el término Roussette se refiere al Scyliorhinus canicula (Roussette tigree o gande roussette para Scyliorhinus stellaris); para la musola se emplea el término Émisolle.


Desde finales del XVIII, prácticamente a partir de la publicación de esta obra, y la primera mitad del XIX se afinan los instrumentos taxonómicos, y con los trabajos de Bonnaterre, Lowe, Bonaparte, Bloch, Risso, Bocage, Capello, entre otros, se produce un importantísimo salto cualitativo y cuantitativo en la identificación y descripción de nuevas especies.
     De todo ello hablaremos otro día. Valga este artículo como homenaje y reconocimiento hacia uno de nuestros grandes pioneros en la descripción científica del mundo natural de un país históricamente alérgico al conocimiento y a sus hombres de ciencia.

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¹Linneo en realidad recoge 14 especies. La número 14 corresponde no a un tiburón propiamente dicho, sino a un batoideo, el Squalus pristis.
Véase Carolus Linnaeus (1758). Systema Naturae per regna tria naturae, secundum classes, ordines, genera, species, cum characteribus, differentiis, synonymis, locis. Editio decima, reformata. Laurentius Salvius: Holmiae. ii, 824 pp.
 <http://gdz.sub.uni-goettingen.de/en/dms/loader/img/?PPN=PPN362053006&DMDID=DMDLOG_0029&LOGID=LOG_0029&PHYSID=PHYS_0239>, consultado el 22-XI-2015.
²Fuera quedan las siguientes especies: Sp. 5. Squalus zygaena; Sp. 6. Squalus tiburo (como es lógico, dado su "Habitat in America"); Sp. 8. Squalus canicula; Sp. 10. Squalus stellaris, y Sp. 11. Squalus glaucus, correspondientes, respectivamente, a la cornuda (Sphyrna zygaena), el lanetón (Sphyrna tiburo), la pintarroja (Scyliorhinus canicula), el alitán (Scyliorhinus stellaris), y la tintorera (Prionace glauca). 
      Las especies 8 y 10 plantean un problema que no nos corresponde dilucidar aquí, pues arranca del propio Linneo y se pierde en los vericuetos taxonómicos de diversos autores. Linneo describe tres especies, S. canicula, S. catulus y S. stellaris, que en la actualidad se consideran sinónimos de dos. En teoría, las dos primeras se corresponden con Scyliorhinus canicula (la pintarroja) y la tercera con Scyliorhinus stellaris (el alitán) (véase, por ejemplo, L. V. Compagno, Sharks of the world, FAO, 1984). Digo en teoría porque, como se observa en una de las láminas del tratado de Bloch, el Squalus canicula es claramente un Scyliorhinus stellaris, según la nomenclatura actual... pero aquí lo dejamos. 
³Se llama cecial a cualquier pescado seco y curado al aire.
Las "comidas quadragesimales" son las que se hacían en tiempo de cuaresma, o sea, sin carne, y por tanto poco nutritivas.
Se refiere al primer diccionario de la lengua castellana publicado por la RAE, el conocido como Diccionario de Autoridades (1726-1739). La entrada a la que alude Cornide es la siguiente: "LIXA. s. f. Pescado del mar, cartilaginoso y chato, que tiene la cola gruessa, y el cuerpo o piel tan áspero, que parece una lima. Sirvense de él, después de seco, los Entalladores y Carpinteros para pulir y alisar sus obras de madera, y le llaman tambien Lixa. Tienen diferentes nombres, porque en Andalucia le llaman Pinta roxa, en Galicia y Asturias le llaman Melgacho. Latín. Squatina. Squalus...".
Se trata de una errata. En el original aparece como "Sp. 3", cuando en Linneo es "Sp. 13".
En realidad es el número 142, que efectivamente se corresponde con el Squalus galeus. L. T. Gronovius (1781). Zoophylacium Gronovianum: exhibens animalia quadrupeda, amphibia, pisces, insecta, vermes, mollusca, testacea, et zoophyta, p. 31.
Jacques-Christophe Valmont de Bomare (1731-1807) fue un naturalista francés autor de una influyente enciclopedia de historia natural, Dictionnaire raisonné universel d’histoire naturelle (1764–1768). 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Cornuda (Sphyrna zygaena)

Sphyrna zygaena. Foto: Andy Murch, www.elasmodiver.com.

Cornuda

Sphyrna zygaena (Linnaeus, 1758)

(es. Cornuda, pez martillo, cornuda cruz; gal. Peixe martelo, carabinero; in. Smooth hammerhead; port. Tubarao-martelo.)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Sphyrnidae


Los martillos (familia Sphyrnidae) constituyen uno de los grupos de tiburones más extravagantes e inconfundibles debido a la peculiar forma de su cabeza, con esas características expansiones laterales que dan nombre a su familia (el término griego Sphyra significa 'martillo').
      Aunque a alguna gente le parece lo contrario, los esfírnidos son los tiburones más modernos, en términos evolutivos, y avanzados que existen. Poseen el cerebro más complejo y sofisticado de todos, y las "palas" de su cabeza, lejos de ser un adorno un tanto estrambótico, son en realidad el prodigioso resultado de un estudio de diseño que solo puede estar al alcance del prestigioso laboratorio de la Evolución.

Fuente: Sandra Raredon, Smithsonian Institution, National Museum of Natural History, Department of Vertebrate Zoology, Division of Fishes.
El "martillo" cumple una doble función, sensorial e hidrodinámica. Incrementa las superficie de detección de campos eléctricos a la vez que amplía el campo de visión frontal y lateral, gracias a la peculiar ubicación de los ojos en cada borde lateral, así como la superficie de barrido para captar estímulos químicos, al estar las narinas situadas muy cerca de los extremos de la cabeza. Al mismo tiempo, la forma y estructura de las palas proporcionan mayor hidrodinamismo y maniobrabilidad: la cabeza ofrece menos resistencia al agua y permite al animal realizar bruscos cambios de dirección sin perder la estabilidad, además de actuar como una aleta más, complementaria de las pectorales, para aportar una mayor fuerza de sustentación y elevación dinámica.

Foto: Andy Murch.
De las 10 especies de cornudas o tiburones martillo que se han descrito hasta ahora [véase Cabezas de martillo (fam. Sphyrnidae)], en nuestras aguas solo contamos con esta, la cornuda o pez martillo (Sphyrna zygaena), un nadador potente y activo que ocasionalmente cae en los palangres del marrajo y el pez espada, particularmente en verano.

Descripción. El borde anterior de la cabeza es trilobulado con el extremo liso, sin la muesca central presente en especies similares como la cornuda negra (Sphyrna lewini) o la cornuda aliblanca (S. couardi); el borde posterior está inclinado hacia atrás. La primera dorsal es alta y algo inclinada, con su origen levemente más atrasado que la axila pectoral. La segunda dorsal es más baja que la anal, aunque sus respectivas bases son casi de la misma longitud, y se encuentra en posición un poco más retrasada que esta; ambas presentan largos barbillones; el borde posterior de la anal presenta una marcada concavidad. Las aletas pélvicas son bajas y prácticamente rectas, no falcadas.
Fuente: Australian National Fish Collection, CSIRO.

En cuanto a la librea, la cornuda posee un color gris o pardo grisáceo u oliváceo en el dorso y blanquecino en la superficie ventral. Sin manchas distintivas, si bien en algunos ejemplares los extremos ventrales de las pectorales pueden estar más oscurecidos.

Dentición. Dientes similares en ambas mandíbulas. Tienen base ancha y cúspide estrecha e inclinada, y con forma triangular. Los bordes son lisos a finamente aserrados. Presenta 29-31 filas en la mandíbula superior y 25-31 en la inferior.

Foto: Ross Robertson.
Talla. La cornuda uno de los tiburones martillo más grandes, solo por detrás del gran Sphyrna mokarran, que puede superar los 6 m. La longitud máxima es de 370-400 cm, tal vez más, con un promedio de 2,5-3,5 m. Al nacer miden unos 50-61 cm. Las tallas de madurez se sitúan desde alrededor de los 210-240 cm hasta los 256 cm en los machos y los 304 cm en las hembras¹. 

Reproducción. Vivíparo placentario con el cordón umbilical festoneado. Las camadas son de 20 a 50 crías, que nacen en primavera y comienzos del verano tras unos 10-11 meses de gestación. Se han detectado áreas de cría en aguas someras de 1-10 m, sobre estrato arenoso. La longevidad de la especie se sitúa en torno a los 18-20 años.

Dieta. Muy variada. A base de peces óseos (arenques, doradas, caballas), cefalópodos y pequeños tiburones y rayas, también crustáceos. Frecuenta los cebos y presas de los palangres.

Fotos amablemente cedidas por Gonzalo Mucientes.
Hábitat y distribución. La cornuda es un tiburón pelágico de hábitos costeros y semioceánicos en aguas cálidas y templadas (es el esfírnido con más amplio rango de temperaturas). Se encuentra en la plataforma continental hasta los 200 m; los ejemplares más grandes suelen encontrarse con mayor frecuencia sobre su borde. Este nadador activo puede desplazarse en solitario o formando cardúmenes cuando son inmaduros.
      Ha sido visto en entornos de agua dulce y salobre, en el Indian River, Florida, y en el estuario del Río de la Plata, Uruguay².

Elaboración propia a partir de Ebert, Fowler, Compagno & Dando (2013). Sharks of the World, Wild Nature Press.

Distribución mundial amplia, si bien en los trópicos es insuficientemente conocida dada su posible confusión con la cornuda común (Sphyrna lewini), que es allí mucho más abundante. En esta parte del Atlántico y el Mediterráneo la situación es la contraria: S. zygaena es más común y abundante que S. lewini.
      En el Atlántico NE se encuentra desde Irlanda e Inglaterra, con presencia ocasional en el Mar del Norte, hasta Senegal, Guinea, Cabo Verde, Costa de Marfil y Angola. También presente en el Mediterráneo, particularmente en su área central, aunque ha desaparecido de ciertas zonas.

Pesca y conservación. Bien como especie objetivo o de manera accidental, la cornuda se captura con una amplia variedad de artes como el palangre, cerco, volanta, redes de deriva, arrastre pelágico y de fondo, etc. en pesquerías costeras y oceánicas. Su aprovechamiento es prácticamente integral, aunque sin duda su mayor atractivo son sus grandes aletas, muy apreciadas dado el elevado número de radios cartilaginosos que poseen. La desmesurada demanda de aleta por parte del mercado asiático hace que algunos lugares las cornudas constituyan un preciado objetivo del finning o aleteo: a los ejemplares capturados simplemente se les cortan las aletas y luego se devuelven al mar, muchas veces con vida, abandonados a una lenta y cruel agonía.
      Alrededor del 4-5%, por lo menos, de las aletas subastadas solamente en Hong Kong, el mayor mercado de aleta del mundo, son de cornuda, S. zygaena y/o S. lewini; y se calcula que en entre 1,3 y 2,7 millones de ejemplares de ambas especies entran en este mercado global, lo que representa unas 49 000-90 000 tm.³

Imagen tomada de la página de Marine Megafauna Foundation.

Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Vulnerable a nivel global, En peligro crítico en el Mediterráneo y con Datos insuficientes en el Atlántico europeo, con una tendencia poblacional claramente negativa. En este sentido, los datos históricos de que disponemos para ciertas áreas del planeta no son nada alentadores: en el Atlántico central y oriental, los datos de bitácoras de pesca de la flota norteamericana indican que las poblaciones de esfírnidos (S. lewini, S. mokarran y S. zygaena) han descendido un 89% desde 1986; en el Mediteráneo se estima que la biomasa de estas tres especies ha caído un 99% desde principios del siglo XIX y en algunas áreas parece haber desaparecido por completo.

La IUCN advierte de la urgente necesidad de realizar más estudios que evalúen correctamente el volumen de capturas, las tendencias poblacionales y ciertos parámetros de su biología, todavía no muy bien conocida, a fin de determinar si es necesario elevar el nivel de protección.
      Los datos de capturas de los esfírnidos en general no suelen ser muy exactos, por decirlo suavemente, pues con frecuencia no se hace distinción entre especies, se meten en el mismo saco bajo la misma etiqueta. Esto quiere decir que para ciertas especies y zonas, las cifras pueden estar muy por debajo de la realidad.

En la lonja de Vigo hace unos años. Detrás se aprecia el dorso de una hembra de zorro (Alopias vulpinus).

La cornuda figura en el Anexo I de la lista de especies altamente migratorias de la UNCLOS. Desde el 1 de enero de 2010, por la Orden ARM/2689/2009, de 28 de septiembre, España prohíbe terminantemente a sus buques pesqueros la captura, transbordo, desembarque y comercialización de esfírnidos en todos los caladeros en que realicen su actividad, incluyendo aguas jurisdiccionales de otros países con los que exista un acuerdo pesquero (BOE del 5 de octubre de 2009).


____________________________
¹David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
²Rigby, C.L., Barreto, R., Carlson, J., Fernando, D., Fordham, S., Herman, K., Jabado, R.W., Liu, K.M., Marshall, A., Pacoureau, N., Romanov, E., Sherley, R.B. & Winker, H. 2019. Sphyrna zygaena. The IUCN Red List of Threatened Species 2019: e.T39388A2921825. https://dx.doi.org/10.2305/IUCN.UK.2019-3.RLTS.T39388A2921825.en. Consultado el 20 julio de 2021.
³ y Ibíd.

viernes, 23 de octubre de 2015

Tiburones blancos en la Europa atlántica del Plioceno

Vistas labial (a) y lingual (b) del diente de Matos. Fuente: M. T. Antunes & A. C. Balbino, Revista Española de Paleontología, 2010.
El tiburón blanco (Carcharodon carcharias) es hoy en día una especie cuando menos rara en esta parte del Atlántico NE, siendo optimistas. Aunque nuestra zona figura en cualquier mapa de distribución que consultemos, las citas son por desgracia escasísimas: desde las Azores hacia el norte, incluyendo el Cantábrico y las aguas más septentrionales de las Islas Británicas, existen tan solo 7... para los últimos 200 años. En Galicia tenemos un único registro, en mi opinión dudoso, de 6 ejemplares observados hace más de 30 años en la lonja de Coruña [véase discusión en ¿Hay o no hay tiburones blancos en Galicia?]. En esto Portugal tiene más suerte: en 1997 se capturó un ejemplar de casi 5 m a unas tres millas de la freguesia de Armação de Pêra, en el Algarve.

viernes, 2 de octubre de 2015

Filogenia de los Squaliformes

Etmopterus sp. fotografiado a 1563 m (foto: JNCC).
La filogenia es la relación evolutiva o de parentesco entre especies o taxones. La determinación de la filogenia de un grupo o clado se realiza a partir del análisis de ciertos caracteres morfológicos, de la información genética, o bien de una combinación de ambos, y los resultados son casi siempre sorprendentes (o por lo menos nunca te dejan indiferente). Es el caso de un reciente trabajo¹ sumamente interesante y bonito sobre la filogenia de los Squaliformes, un orden por el que siento un afecto especial, pues incluye algunos de los tiburones más enigmáticos e interesantes de cuantos existen. En general son especies poco y mal conocidas que habitan en el mar profundo (dos de ellas, por ejemplo, son las que ostentan el récord mundial de profundidad: el tollo raspa (Etmopterus princeps), con 4500 m para el Atlántico norte, seguido de la pailona (Centroscymnus coelolepis), con 3675 m) y con alguna familia urgentemente necesitada de una revisión taxonómica a fondo.
El trabajo de Straube et al. es de carácter molecular, aunque tiene también en cuenta elementos morfológicos como la presencia o no de fotóforos en muestras de tejido de un amplio número de especies. Además de la filogenia de los Squaliformes, ofrece también datos sobre el cuando y el porqué surge la bioluminiscencia en los tiburones (la bioluminiscencia solo se da en este orden). Para las dataciones de los diferentes hitos evolutivos los autores parten de datos procedentes de la estratigrafía y de los registros fósiles disponibles, por lo que naturalmente son aproximadas y sujetas a constante revisión. De mi parte, y para situarnos bien en contexto, he añadido unas imágenes de especies actuales junto con unos mapas y descripciones de como era la Tierra en momentos puntuales de su historia y de la historia de los tiburones.

1 y 2. Hexanchiformes; 3. Echinorhiniformes;
4. Squatiniformes; y 5. Pristiophoriformes
(representantes actuales).
El trabajo parte no de los escualiformes, sino de los escualomorfos. Los órdenes actuales de tiburones pueden agruparse en dos grandes grupos o superórdenes: escualomorfos (Squalomorphii) y galeomorfos (Galeomorphii), según una serie de elementos anatómicos comunes (estructura cerebral, tipo de unión de la mandíbula con el cráneo, etc.) y su pertenencia a una misma rama evolutiva. El primer grupo comprende los órdenes Hexanchiformes, Echinorhiniformes, Squatiniformes, Pristiophoriformes y Squaliformes, que presentan caracteres que se consideran más primitivos, poseen un cerebro más pequeño, y en general han evolucionado en entornos de aguas profundas. El segundo incluye los restantes órdenes: Heterodontiformes, Lamniformes, Orectolobiformes y Carcharhiniformes, más avanzados anatómicamente, a excepción de los Heterodontiformes, el orden más primitivo de los cuatro, y con un cerebro en general de mayor tamaño, entre otras características².

1. Escualomorfos y galeomorfos comenzaron a radiar, a diversificarse para ocupar diversos nichos ecológicos, hace aproximadamente unos 200 millones de años, durante el periodo de extinción masiva del Triásico-Jurásico, que alteró profundamente la estructura ecológica marina ofreciendo así amplias e interesantes posibilidades para nuevos y audaces colonizadores.
En aquellos días Pangea estaba ya agrietándose, en el proceso que daría lugar, unos cuantos millones de años después, a la formación de dos grandes supercontinentes, Laurasia y Gondwana. Esta grieta es el origen del océano Atlántico. Los mares estaban dominados por ictiosaurios, plesiosaurios y gigantescos cocodrilos marinos, y abundaban los cefalópodos, ammonites y belemnites.

La Tierra hace unos 200 millones de años. Pangea se rompe.
Una grieta se abre desde el oeste hacia el mar de Tetis.
2. Los Hexanchiformes cañabotas y tiburones anguila fueron el primer brote de los escualomorfos, el primer grupo en desgajarse del tronco común, el cual, posteriormente, hacia el Jurásico Superior (entre 150-156 millones de años), terminará bifurcándose en dos clados o ramas evolutivas: por un lado se van los Echinorhiniformes, Squatiniformes y Pristiophoriformes, y por el otro, los Squaliformes, en solitario. Y este es a mi juicio uno de los aspectos más interesantes del estudio de Straube, pues aporta un argumento más² para justificar la inclusión de la familia Echinorhinidae en su propio orden, Echinorhiniformes, superando la versión tradicional que todavía se empeña en considerarla parte del orden Squaliformes:
Esta estimación filogenética revela dos grandes clados: los Squaliformes sin los Echinorhinidae y un clado que incluye a Squatina, Pristiophoriformes y Echinorhinus. Dentro de este clado, Echinorhinus es hermano de Squatina y de los Pristiophoriformes. Los resultados sugieren que los Echinorhinidae no son Squaliformes, sino un grupo hermano de los angelotes (Squatiniformes) y de los tiburones sierra (Pristiophoriformes), tal como el análisis de los datos mitocondriales ha apuntado con anterioridad. Por consiguiente, los Squaliformes forman un grupo monofilético solo si se excluye el género Echinorhinus.
Jurásico Superior, hace unos 150 millones de años.
Gondwana se fragmenta para formar África, Sudamérica,
India y el bloque que daría lugar a la Antártida y Australia.
3. La radiación de los Squaliformes comienza en el Cretácico Inferior (145-110 millones de años) y se extiende hacia el Superior. En este periodo se completa la ruptura de Pangea, y los grandes megacontinentes, Laurasia al norte y Gondwana al sur, comienzan también a fragmentarse en los bloques continentales que ya empiezan a cobrar el aspecto que tienen en la actualidad, si bien ocupando una posición distinta. El clima es en general más cálido, lo que provoca una subida del nivel del mar y la formación de diversos mares epicontinentales llenos de vida. En el mar de Tetis florece el plancton que dará origen a más de la mitad de las actuales reservas mundiales de petróleo. La deriva de los continentes genera cambios en las condiciones ambientales del mar profundo que multiplican la "oferta ecológica" para nuevos colonizadores. De ahí que la tasa de diversificación detectada a finales de este periodo sea muy alta, particularmente en las familias Etmopteridae, Dalatiidae, Oxynotidae y Somniosidae
En el seno de los Squaliformes la primera familia que decide emprender su propia senda evolutiva al margen de las demás es Squalidae.
Fuente: Straube et al., BMC Evolutionary Biology, 2015.
Más tarde, unos 114-138 millones de años atrás, le toca el turno a la familia Centrophoridae, seguida, durante la transición del Cretácico Inferior al Superior, por las familias Dalatiidae, Somniosidae, Oxynotidae y Etmopteridae.
Straube et al. consideran que es bastante probable que los ancestros comunes de estas cinco familias que emprendieron la colonización de aguas cada vez más profundas fuesen bioluminiscentes (solo posteriormente los centrofóridos habrían perdido esa capacidad), como se observa en el gráfico siguiente.
Las "tartas" indican la probabilidad de que un ancestro común fuese bioluminiscente (azul celeste) o no (rojo). Fuente: Straube et al., BMC Evolutionary Biology, 2015.
Los autores concluyen que el origen de los fotóforos está por tanto muy vinculado a la evolución y veloz diversificación de las familias Dalatiidae, Etmopteridae, Oxynotidae y Somniosidae durante esta etapa. Es decir, los fotóforos, cuya función primordial era el camuflaje [véase Bioluminiscencia II: Funciones], debieron de jugar un papel importante en la conquista del mar profundo.
Otro dato extraordinariamente interesante de este trabajo (me atrevo a decir que llegado a este punto seguro que algún lector ya habrá levantado la ceja) es el descubrimiento de fotóforos nada menos que dentro de la familia Somniosidae, en el género Zameus, concretamente en unas muestras de tejido de la mielga de terciopelo (Zameus squamulosus). Esto quiere decir, entre otras implicaciones, que la bioluminiscencia no se limita a las especies de las familias dalatiidae y etmopteridae.

Cretácico Superior, hace 90 millones de años.
4. A finales del Cretácico y comienzos del Paleoceno, ya en el Cenozoico, hace unos 65 millones de años, se produce una segunda radiación en las familias Somniosidae y Etmopteridae. De nuevo un proceso de extinción masiva. Éste concretamente es el que acabó con los dinosaurios, junto con el 75% de los organismos de la Tierra, y en el mar, con especies como los plesiosaurios y los ammonites. Como contrapartida surgieron nuevas oportunidades evolutivas que serían bien aprovechadas por criaturas tan extrañas y vulgares como los mamíferos, que empezaron a multiplicarse y diversificarse para finalmente imponerse sobre las demás.
Un dato curioso es que los resultados de este estudio colocan a los cerdos marinos (fam. Oxynotidae) no en una rama propia, sino alojados bien dentro de la familia Somniosidae: "Oxynotus está asociado con un grupo de especies por lo demás muy parecidas morfológicamente, es decir, junto con Zameus, Centroselachus, Scymnodon y Centroscymnus. Nuestros datos moleculares muestran que los cinco géneros están íntimamente relacionados" (el género Somniosus ya se había escindido con anterioridad). La consecuencia es que la familia Somniosidae sería en realidad parafilética (es decir, no todos sus miembros proceden de un único ancestro común).
Fue solo antes de ayer, hace poco más de 15 millones de años, cuando los oxynótidos al fin se escindieron del grupo del Scymnodon.
Quién nos lo iba a decir.

Tiburón cerdo (Oxynotus centrina). Foto: Oceana.

___________________________
¹Nicolas Straube, Chenhong Li, Julien M. Claes, Shannon Corrigan & Gavin J. P. Naylor (2015). "Molecular phylogeny of Squaliformes and first occurrence of bioluminiscence in sharks". BMC Evolutionary Biology, 15:162, doi: 10.1186/s12862-015-0446-6.
²
Véase A. Peter Klimley (2013). "Evolutionary History". The Biology of Sharks and Rays. Chicago, The Universiry of Chicago Press.

³Los resultados de un trabajo anterior apuntan en la misma dirección, que el género Echinorhinus no pertenece a los Squaliformes: "Los datos de ADN de que disponemos sugieren que el Echinorhinus cookei es un pristiophoriforme". Ximena Vélez-Zuazo & Ingi Agnarsson (2011). "Shark tales: A molecular species-level phylogeny of sharks (Selachimorpha, Chondrichthyes)". Molecular Phylogenetics and Evolution, 58(2): 207-217, doi:10.1016/j.ympev.2010.11.018


sábado, 19 de septiembre de 2015

Carcharhinus sp. en el Cantábrico, 1929

Volvemos a bucear entre los magníficos fondos de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional para rescatar este curioso reportaje sobre la captura de al menos un carcharhínido en la costa Asturiana (no hay descripción ni fotografía del otro ejemplar de 4 m que se menciona). Apareció publicado el 19 de octubre de 1929 en la revista semanal ilustrada Alrededor del mundo, que estuvo en circulación entre los años 1899 y 1930.
La identificación de la especie de la imagen es extraordinariamente complicada, por no decir imposible, al menos para alguien que, como yo, no está lo suficientemente familiarizado con las claves taxonómicas de los carcharhínidos. Y por encima la descripción que ofrece el periodista la verdad es que no aclara nada las cosas, excepto tal vez para descartar la posibilidad de un Carcharhinus brevipinna, pongamos por caso, citado por Ebert y otros autores en el Cantábrico, dado que sus dientes no son triangulares, como si lo son los superiores del C. obscurus, otro posible candidato.
En cualquier caso, lo que demuestra este reportaje (aparte de que ciertamente el periodista necesita con urgencia la ayuda de un ictiólogo, como se verá en el penúltimo párrafo) es la diversidad de especies que había hace un siglo en nuestras costas.
Como siempre, transcribo fielmente el texto original, sin realizar ningún cambio o actualización a las normas del castellano actual.

                     LOS SELACIOS DE LA COSTA CANTÁBRICA

     La fauna marítima es tan rica y varia que son múltiples las ocasiones en que aparecen en todas las costas especies completamente desconocidas, tipos no clasificados.
     La población del mar varía con las épocas. Aún no hace muchos años la pesca de la ballena era completamente desconocida en España. Esto no quiere decir que no hubiera tales cetáceos en nuestras costas. Se sabe que hace algunos siglos los pescadores de la costa gallega sabían pescar la ballena. Después de esa época debió desaparecer o ser poco abundante en ese mismo litoral, porque cuando hace poco empezó la abundancia del gigantesco poblador de los mares tuvieron que venir a Galicia gente de Noruega para pescar y aprovechar todo cuanto hay en el cetáceo de susceptible para rendir un beneficio, que es casi todo, porque la ballena, como el cerdo, no tiene desperdicio. Hoy en Galicia hay varias factorías balleneras que producen al año un gran rendimiento.
     Volviendo al tema.
     En nuestras costas ocurren pescas sorprendentes como esta a que vamos a referirnos.
     Esta pesca es la de un selacio en un rincón de la abrupta costa cantábrica.
     En el Concejo de LLanes, en las inmediaciones de la pintoresca aldeíta de Cué, surge, de entre las aguas rumorosas del mar dicho, cual el fantasma de un gigantesco "iceberg" estacionado, el Castro Bayota, que, a no dudar, sus hendiduras, cuevas y recodos sirven de refugio y probable habitación de estos animales, ya que solo en sus alrededores se les logra ver.
     El "tolle" (nombre arbitrario que estas gentes le han dado a este pez) es un selacio de bastante corpulencia y su voracidad la ha demostrado palpablemente devorando multitud de pesca de estas costas. Sin embargo, no se le puede acusar de atacar a las personas, ya que, según parece y al decir de los que se han dedicado a su caza, corre al menor movimiento que se hace, y además, en un paraje separado de Castro Bayota unas dos o tres millas estuvo por espacio de seis o siete días el cadáver de un joven ahogado, sin que fuese atacado por los voraces vecinos que tenía. Esto no obstante, bien pudo ser por no visitar dichos peces aquel paraje, en el que nunca se les vió, o bien porque atraídos por la carnada que constantemente se les ofrecía como cebo no se separaban gran cosa de las inmediaciones de la mencionada playa.
     Las características de este animal son: largo, dos a cuatro metros; cuerpo fusiforme; cuatro filas de dientes (dos en cada mandíbula), triangulares y cortantes; cinco aberturas branquiales, sin aparato opercular; dos aletas triangulares dorsales (una hacia el medio y otra cerca de la caudal); un par de aletas pectorales y otro par anal; piel obscura por el lomo y más clara por el vientre, áspera casi como la de las lijas, vivíparo y placentario.
     El día tres de septiembre último los pescadores que figuran en la fotografía mataron uno que medía cuatro metros, y el día 6 del mismo mes lograron capturar el que tienen a sus pies, que midió dos metros veintisiete centímetros y pesó 125 kilos, después de haber salido de su vientre (pasadas cinco horas de muerto) veinte crías "vivitas y coleando".
     ¿Cuál es el verdadero nombre de este pez? Ya decimos que en Asturias le llaman "tollete" y creemos que entre los pescadores vascos se conoce con el mismo nombre.
     Por sus características se ve que este selacio no es un tiburón, ni lija, ni cazón, ni torpedo, ni pez martillo, ni pez sierra.
     Acaso un ictiólogo nos diera el nombre y quizá también no lo tuviera, porque, como ya decimos, con frecuencia se presentan en las costas ejemplares no clasificados.
FRÁMPERZ


miércoles, 26 de agosto de 2015

Musola pinta (Mustelus asterias)

Mustelus asterias. Foto: Peter Veerhoog, Dutch Shark Society.


Musola pinta

Mustelus asterias Cloquet, 1819

(es. Musola pinta, musola estrellada; gal. Cazón branco, canexa, casón; in. Starry smooth-hound; port. Caçao pintado.)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Triakidae

Hace pocos años se montó un pequeño revuelo por la exhibición en el Museo do Mar de Vigo de un cazón branco o musola pinta. Era una hembra de 120 cm y 7 kg de peso que procedía del acuario de O Grove, adonde había llegado unos meses atrás junto con otro ejemplar de su misma especie y sexo donados por el mariñeiro que los había capturado.

martes, 18 de agosto de 2015

Agosto de tintoreras 2015

Muelle de Muros, 9 de agosto de 2015 (foto: Toño Maño).
Como un déjà vu. Por tercer año consecutivo un importante número de quenllas o tintoreras (Prionace glauca) han venido a pasearse por nuestras costas, bien cerquita de la orilla. Algunas incluso han entrado en dársenas y en algún caso permanecido allí durante unos días para asombro de propios y extraños. Los últimos días de julio y los primeros diez días de agosto han sido particularmente generosos. En lo personal, lo más asombroso de la temporada lo viví como un déjà vu: más o menos en las mismas fechas del año pasado —primeros de agosto— y estando exactamente en el mismo lugar, recibí la llamada de los mismos amigos avisándome de que en la misma playa volvían a tener delante una cría de tintorera. La pena es que esta vez me resultó imposible acercarme hasta allí, como entonces [véase Una cría de tintorera en Corrubedo].

Muros (foto: Toño Maño).
Tintoreras all over Galicia. Los avistamientos han sido asombrosos, tanto en cantidad como en extensión geográfica. Se han visto tintoreras en la práctica totalidad de nuestra franja costera, desde Foz (un juvenil capturado con caña y devuelto al mar con vida, en un gesto que ennoblece al pescador) hasta Nigrán (un neonato varado en una playa con un agujero que lo atravesaba de parte a parte, probablemente arponeado por un descerebrado). Aunque sin duda la zona caliente de esta temporada está siendo la Costa da Morte, con un amplio número de registros en diversos puntos de Muros, Carnota, Corcubión, Fisterra, Muxía, Laxe, Corme, Ponteceso... Una auténtica zona cero en el sentido más positivo.

Mapa provisional elaborado a partir de las diversas noticias aparecidas en la prensa local y de las aportaciones de lectores y seguidores de Tiburones en Galicia a través del correo y de las páginas de Facebook y G+ (mapa: Google Maps).
Pequeñas tintoreras llegaron a entrar en dársenas como las de Fisterra, Corme y, fundamentalmente, Muros, donde la cosa ha sido espectacular. El sábado 8 de agosto pudieron contarse entre 7 y 8 ejemplares dando vueltas solamente en la parte del muelle que está justo delante de la fábrica de hielo, y 6 al día siguiente, en el mismo lugar. Nos comentaron que se habían visto algunos ejemplares más en otros puntos del puerto, con lo que el número total podía llegar a la docena. Lo triste es que estas crías ya llevaban varios días por allí —no supieron precisarnos cuántos exactamente ... y lo más deprimente es que había gente que las estaba pescando, simplemente porque si, por "deporte". Según nos contaron algunos testigos, solo uno o dos días antes se habían capturado hasta 7. El lunes empezó a cambiar el tiempo, el martes a mediodía se pudieron ver una o dos y a última hora de la tarde, ya ninguna.
 
Casos sorprendentes. Además de lo anterior, dos casos llamaron poderosamente la atención. Uno fueron los ejemplares observados nadando en las aguas salobres de la boca de dos pequeños ríos: cuatro ejemplares dentro del río do Mar, el que separa las playas del Vilar y la Ladeira (Corrubedo), y uno en río Sieira (Porto do Son).
Y el más asombroso: una cría atrapada nada menos que en una charca intermareal. Ocurrió en la playa de la Aguieira (Porto do Son); con la subida de la marea, pudo regresar al mar. Podéis ver las imágenes, amablemente cedidas por su autora, Joana Kiefer, en este enlace del Canal Tiburones en Galicia, junto con un vídeo que pude grabar en el muelle de Muros.

Tallas pequeñas. Todas las tintoreras de las que hemos tenido noticia eran neonatos y juveniles con tallas comprendidas entre los "casi 40 cm", según noticia aparecida en La Voz de Galicia, de una pequeña hembra encontrada el 3 de agosto en la playa de San Xurxo (Ferrol) y los 150-200 cm de un juvenil avistado en la ría de Aldán, Pontevedra. La gran mayoría, no obstante, no sobrepasaron los 60-70 cm, y tan solo un individuo se acercó a los 2 m.

No hay razones para alarmarse o preocuparse. Las personas que se han mostrado preocupadas por la presencia de estos tiburones cerca de las playas pueden tener la certeza de que no existe motivo alguno para alarmarse; estos bichos no suponen ningún peligro o amenaza, y menos con esas tallas. Estas crías solo han venido aquí para alimentarse y crecer en un entorno protegido, no son en absoluto agresivas, sino más bien al contrario, bastante tímidas. Y por supuesto, sus madres no andan por los alrededores: las hembras de los tiburones se desentienden de su prole inmediatamente después del parto, que en esta especie suele tener lugar en primavera, y dejan que se busquen la vida mientras ellas hacen lo propio (es que son bichos muy inteligentes). Así pues, podemos entrar en el agua con total tranquilidad; y si alguno está pensando en deshacerse de la suegra o del cuñado, la recomendación es que vaya pensando en otra estrategia.
A medida que crecen los tiburoncitos se van alejando de la costa. Esto quiere decir que los ejemplares de mayor talla se encuentran unas cuantas millas mar adentro (recordemos que las tintoreras son tiburones fundamentalmente oceánicos).

El domingo 9 el muelle de Muros se había convertido en una especie de acuario a tamaño natural y entrada libre.
Disfrutando de lo que es nuestro. Lo que tenemos que hacer es simplemente aprovechar la ocasión para disfrutar de estos animales, observar sus evoluciones cerca de la superficie, sus súbitas aceleraciones, sus lentos planeos. Es un espectáculo maravilloso que pocas veces vamos a tener la posibilidad de contemplar tan al ladito de casa. Y sobre todo no permitir que nadie nos lo estropee, porque lo están haciendo: hay gente empeñada en privarnos de este privilegio, en impedir que disfrutemos de nuestro precioso patrimonio natural.

Matando porque si. La parte más triste y negra de todo este asunto fue constatar que todavía existen entre nosotros personas que, bien por ignorancia, bien porque carecen de escrúpulos y del más mínimo resto de cerebro, se han dedicado a aniquilar estas pequeñas crías sin ningún motivo, solo por el gusto de matar. Como si su santa y puñetera voluntad estuviese por encima de nuestro derecho colectivo a gozar de lo que es nuestro. A lo comentado sobre algunos "pescadores" de Muros (y de otros lugares), hay que añadir las noticias que nos han llegado de algunos "machotes" (no les vamos a llamar pescasub porque de ninguna manera representan a la generalidad de la gente del gremio) que las han arponeado en diversos puntos de la costa.
(Cada año se capturan en todo el mundo unos 20 millones de tintoreras, según datos de la IUCN, que considera la especie como Casi amenazada. Parece que hay gente dispuesta a echar un cable para que sus poblaciones caigan todavía más.)

Cría encontrada en Nigrán (foto amablemente cedida por María Knarish).
¿Un cambio de mentalidad? Pero hay que ser justos y destacar que, al mismo tiempo, estamos viendo que cada vez hay más gente dispuesta a proteger a estos animales y a defender sus derechos. El día que estuvimos en Muros fue gratificante ver como había personas que llamaban la atención a algunos que andaban por allí con la caña tocando las narices; sabemos también de buena gente que se ha apresurado a devolver enseguida al mar las tintoreras que han picado sus anzuelos, o que han agarrado con sus propias manos... siempre con vida. Parecen señales de que la mentalidad primitiva y tercermundista que siempre ha caracterizado nuestra relación con el mundo natural está cambiando. Ojalá.

La importancia recabar datos. Aunque las tintoreras no son una rareza en Galicia —realmente es al contrario—, no es habitual encontrárselas, en esas cantidades, tan próximas a la orilla. Es todavía muy pronto para dar con una explicación definitiva. Puede ser debido a factores climáticos o ambientales de algún tipo, como la temperatura del agua, o sencillamente a que nos encontremos en una fase de alta productividad, en la que un gran número de hembras se estén congregando cerca de nuestras costas para traer al mundo a sus crías. La tintorera es un tiburón relativamente prolífico en comparación con el resto de especies: maduran con cierta rapidez entre los 4 y los 6 años y pueden parir una media de 35 crías, dependiendo del tamaño de la madre, llegando en un caso hasta las 135; y sabemos también que la costa cantábrica, Galicia y Portugal forman parte de una zona de cría.
Para averiguarlo es de suma importancia que la gente informe de todos los avistamientos de que tengan noticia a fin de completar y ampliar nuestra base de datos. Para que os hagáis una idea del valor de vuestras comunicaciones, he incluido un mapa provisional elaborado tan solo con algunas noticias de prensa y los testimonios que muchos lectores y seguidores de Tiburones en Galicia nos han hecho llegar a través del correo electrónico y de las páginas de Facebook y G+. Como veis, una sola noticia no es nada, pero cuando se pone en relación con otras, la perspectiva cambia radicalmente. El mapa de la costa de Galicia empieza de pronto a llenarse de puntitos rojos que, como si una mano invisible comenzase a garabatear sobre él, van transformándose poco a poco en un texto que seguro terminaremos por descifrar.


Por eso me gustaría terminar este pequeño resumen con un reconocimiento a todos los lectores que se han tomado la molestia de comunicar sus observaciones, incluso acompañándolas, en algunos casos, de fotos y de vídeos impagables. Por orden alfabético: Xaime y Xosé Beiro Formoso, Canta Claro, Ubaldo Cerqueiro y el personal de Qué Pasa Na Costa, Óscar Cordeiro, Begoña Formoso, Manuel Gil, Victorino Jul, Joana Kiefer, María Knarish, Pablo Leis, Marcos Ríos, Javier Souto, Lalo Ventoso y algunos más que seguro que me estoy dejando en el teclado.
¡Seguimos adelante!

domingo, 26 de julio de 2015

La parada de los monstruos

Tiburón toro (Carcharias taurus) con una severa deformación en la columna. Fuente: Huber et al., JEB.

En 1932 Tod Browning estrenaba su obra maestra Freaks ('Fenómenos', 'Engendros'), traducido aquí como La parada de los monstruos. La película resultó absoluto fracaso de público y de taquilla, y prácticamente marcó el final de su carrera como director. Lo que hoy es una obra de culto provocó en su día tal rechazo, repugnancia e indignación, que acabó siendo retirada de la gran mayoría de las salas de cine llegando incluso a estar prohibida en países como el Reino Unido.

Por vez primera, el espectador se encontraba, de improviso y sin anestesia, observando en pantalla grande como un grupo de personas reales ―no actores maquillados― con graves deformidades físicas y psíquicas interactuaban entre si con toda la naturalidad del mundo, como si fuesen "personas normales" o, al menos, tan normales como ellos mismos, dentro de una trama repleta de escenas cotidianas, arrastrados por pasiones tan "humanas" y tan "normales" como el amor, la risa, el odio y el deseo de muerte y de venganza. Parece que la visión de los monstruos, cuando son demasiado humanos, despierta en nosotros profundos y, a veces, violentos sentimientos de malestar y repulsión.

Con los animales nos ocurre algo parecido, si bien la intensidad de estos sentimientos parece disminuir en función de la distancia taxonómica y por tanto afectiva que nos separa. No es lo mismo observar un cervatillo deforme que una merluza con chepa o un tiburón de dos cabezas. No hay color.

Captura de vídeo de un embrión de tintorera con bicefalia filmado por Manuel Patiño, patrón del Talasa, un pesquero de Ribeira que se encontró el animal durante una campaña en aguas de Perú en 2013. Tomado de la página de AXENA.
El tiburón es un animal de extraordinaria belleza. Observar la delicada perfección de las líneas de una tintorera deslizándose a través del agua sin esfuerzo aparente, como planeando sobre el abismo, supone, para quienes amamos a estos bichos, un verdadero goce estético, si me permitís la cursilada. Pero los tiburones, al igual que el resto de los seres vivos, no están libres de padecer malformaciones, deformidades anatómicas que en algunos casos dan lugar a aberraciones con escasas o nulas perspectivas de viabilidad. El embrión de la fotografía de arriba fue devuelto al mar cuando todavía estaba vivo, aunque su esperanza de vida con toda probabilidad no iba a extenderse más allá de unas escasas horas, siendo optimistas.

Tiburón blanco con importante malformación en la columna.

Los registros de tiburones con malformaciones no son muy abundantes, lo que puede ser síntoma de una incidencia relativamente baja, al menos en su medio natural, o puede también que la propia naturaleza inabarcable del medio dificulte su detección. También está el hecho de que los neonatos con patologías más severas o bien tardan poco tiempo en morir, o son inmediatamente eliminados por sus depredadores.

En cautividad existen datos que abren una perspectiva tal vez diferente. Huber et al. sostienen que aproximadamente el 35% de los tiburones toro (Carcharias taurus) que observaron en acuarios mostraban algún tipo de malformación en la columna, desde vértebras comprimidas y pérdida de espacio intervertebral hasta casos de espondilosis severa. Esto puede ser debido a una lesión previa que se hubiera visto agravada durante su captura y traslado al acuario (situaciones, además, fuertemente estresantes para el animal), o bien que se hubiese originado en algún momento de todo el proceso; sin olvidarnos de las propias condiciones de habitabilidad del tanque, carencias nutricionales incluidas¹.

Morro severamente truncado de un tiburón hocicudo gris (Rhizoprionodon oligolinx). Fuente: A. B. M. Moore, Journal of Fish Biology, 2015.

Se han descrito ejemplares con diversas malformaciones en la columna vertebral (escoliosis, lordosis, cifosis), en las aletas y en los cartílagos rostrales, que llegan a deformar cuerpos y rostros a veces de manera grotesca o aberrante.

Se dan también casos de tiburones y rayas donde o bien falta una aleta o hay una aleta de más. Se ha reportado la falta de la segunda dorsal en la gata leonada (Nebrius ferrugineus) y de las pélvicas en el jaquetón lechoso (Rhizoprionodon acutus).

Jaquetón lechoso (Rhizoprionodon acutus) sin aletas pélvicas. Fuente: A. B. M. Moore, Journal of Fish Biology, 2015. Posiblemente el primer caso descrito de ausencia de aletas en una especie de tiburón.
Pero sin duda uno de las malformaciones más sorprendentes es la bicefalia. Este embrión de jaquetón toro (Carcharhinus leucas) se encontró en el interior de una hembra capturada en 2011 en los Cayos de Florida. El ejemplar, de talla claramente inferior a la esperable en un embrión a término, presentaba dos corazones y dos hígados bien diferenciados. Sus cuatro hermanos eran absolutamente normales². Es el primer caso de bicefalia en esta especie.


La bicefalia es la consecuencia de una anomalía conocida como bifurcación axial que ocurre en los primeros estadios de la embriogénesis. Durante la gastrulación de un óvulo, cuando la parte rostral del tubo neural se bifurca dando lugar a dos cabezas. Algo así como si el proceso de formación de gemelos quedase súbitamente truncado. Este fenómeno se ha documentado en otras especies de tiburón como la mielga (Squalus acanthias), el galludo (Squalus blainville), el cazón (Galeorhinus galeus), el jaquetón lechoso (Rhizoprionodon acutus), el tiburón poroso (Carcharhinus porosus) y la tintorera (Prionace glauca). Y recientemente [actualizamos a 22-X-2016] se ha descrito el primer caso en una especie ovípara, concretamente en un embrión de olayo atlántico (Galeus atlanticus) hallado en el Mediterráneo. Presentaba cuatro dorsales, dos tubos neurales, dos aortas dorsales y dos corazones, dos esófagos que daban a dos estómagos, y dos hígados pero un solo intestino³.

Radiografía que muestra como la bifurcación se inicia a partir de la cintura pectoral. En las imágenes de la derecha se pueden observar los dos corazones (H), los esófagos (O) y los dos hígados (L) junto con el intestino (I). Fuente: C. M. Wagner et al., Journal of Fish Biology, 2013.
A veces en esto de bicefalias suele incluirse un fenómeno en principio parecido, pero que no debe confundirse: la diprosopia, en la que no hay dos cabezas, sino una bifurcación parcial de una sola cabeza. Existe al menos un registro de este fenómeno en una tintorera capturada el norte de Chile.
A la izquierda, representación de la tintorera con diprosopia. A la derecha, esquema de una tintorera con bicefalia (fuente: Hevia-Hormazábal et al., Int. J. Morphol., 2011).
Si la bicefalia ya es impresionante, la ciclopía, mucho más rara, lo es todavía más. Se produce cuando, debido a una anomalía en el desarrollo del cerebro anterior, las dos cavidades orbitales se fusionan para alojar un único gran ojo deformado. El ejemplar de las fotografías de abajo es uno de los 9 fetos que portaba una hembra de jaquetón lobo (Carcharhinus obscurus) capturada en los alrededores de la isla de Cerralvo, en el mar de Cortés, también en 2011. En su momento la imagen circuló ampliamente por la Red y se llegó a pensar que era uno más de los muchos bulos que se encuentran por ahí a diario, algún tipo de photoshop. Pues bien, no lo era. 

Fotos: Pisces Fleet Sportfishing.
El pobre animal (era un macho) medía 56 cm, tenía 2,6 cm de diámetro ocular y, como se puede apreciar, era también albino (el primer caso de albinismo descrito en el C. obscurus). El gran ojo ocupaba el centro de un morro totalmente achatado y desprovisto de narinas. Una tomografía reveló que también había desarrollado una única cápsula nasal. Tenía, además, la columna ligeramente deformada. No habría sobrevivido mucho tiempo tras el parto. Era carne de cañón.

Junto a uno de sus hermanos. (Foto: Pisces Fleet Sportfishing.)
Ramón Bonfil describe otro caso realmente peculiar del embrión a término de un tiburón coralino (Carcharhinus perezi) capturado en Yucatán en 1985 que presentaba un morro anormalmente corto, carente de narinas y como enroscado a modo de trompa, y dos ojos situados muy juntos en posición ventral, justo delante de la boca. Ambas órbitas compartían una misma abertura y las membranas nictitantes estaban fusionadas formando un único párpado no funcional. También le faltaba una abertura branquial.

Vistas ventral y lateral del embrión de C. perezi mostrando el tamaño y forma del morro y la posición de los dos ojos. Fuente: Bonfil, Northeast Gulf Science, 1989.

Causas.
Hasta ahora no se han podido determinar con precisión las causas de todo este amplio cuadro de malformaciones. La casuística que se baraja es amplia. Pueden ser congénitas o debidas a una enfermedad degenerativa como la artritis; pueden deberse a carencias nutricionales, infecciones parasitarias y lesiones causadas por mordeduras de depredadores o de congéneres.

Vista ventral y dorsal de la cabeza de un jaquetón lechoso (Rhizoprionodon acutus) con pérdida del extremo anterior izquierdo del morro probablemente debido al ataque de un depredador o un congénere. Fuente: A. B. M. Moore, Journal of Fish Biology, 2015

La endogamia de una población aislada puede dar lugar a deterioros genéticos que explicarían determinados casos de malformaciones. Esta es una de las hipótesis planteadas en un trabajo sobre una especie de tiburón fluvial (Glyphis sp. C, ahora Glyphis garricki) de Australia Occidental, en el que un porcentaje altísimo de los ejemplares muestreados (nada menos que 3 de 7) presentaban algún tipo de deformación en la columna.

Glypis sp. C de 994 mm de longitud total con la columna fuertemente arqueada y, como se aprecia en la imagen de rayos X, vertebradas fusionadas. Fuente: Thorburn et al., Murdoch University Centre for Fish and Fisheries Research, 2004.

Un factor de primer orden es la exposición a un elevado nivel de contaminación y estrés ambiental durante la gestación y los primeros estadios de desarrollo. En el Golfo de México se ha detectado un creciente número de malformaciones en diversas especies de organismos expuestos a los contaminantes liberados tras la catástrofe del Deepwater Horizon en 2010.

Un reciente trabajo sobre anormalidades morfológicas de tiburones capturados en el golfo Pérsico señala, además de la contaminación generada por la potentísima industria de hidrocarburos, los efectos de las plantas de desalinización que puntean todo el litoral y que arrojan, ¡al día!, nada menos que 20 millones de metros cúbicos de salmuera caliente (con alto contenido en cobre, además), lo que incrementa la salinidad y temperatura de un mar ya de por si cálido, salino y de pobre circulación.

Macho de C. taurus fotografiado por Michael McFadyen en Fish Rock Cave, Australia.


Monstruosidades.
Dejando a un lado la casuística de orden natural, no antropogénica, el último punto nos conduce inevitablemente a una reflexión final, que es siempre la misma, que vuelve una y otra vez a nosotros con la patética insistencia de la imagen de un espejo mellado, en este caso el espejo de la Naturaleza que estamos destrozando. Parece que el ser humano lleva un monstruo en su interior, un monstruo que odiamos contemplar y cuya mirada, a su vez, se nos hace insoportable. Somos capaces de realizar las obras más sublimes y, al mismo tiempo, de perpetrar los actos más innobles y monstruosos, hacia los demás pero también hacia nosotros mismos, y además cerrando los ojos a ello.

Si no somos capaces de poner en marcha esa capacidad de raciocinio de la que tanto nos vanagloriamos (supuestamente es uno de nuestros rasgos distintivos como especie) y no nos enfrentamos de una vez a nosotros mismos, no habrá nada que hacer. El mundo seguirá a paso cierto la senda monstruosa de su degradación en la que lo hemos puesto.

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¹Daniel R. Huber, Danielle E. Neveu, Charlotte M. Stinson, Paul A. Anderson, Lize K. Berzins (2013). Mechanical properties of sand tiger shark (Carcharias taurus) vertebrae in relation to spinal deformity. Journal of Experimental Biology, 216, 4256-4263, doi: 10.1242/jeb.08753
²C. M. Wagner, P. H. Rice, A. P. Pease (2013). First record of dicephalia in a bull shark Carcharhinus leucas (Chondrichthyes: Carcharhinidae) foetus from the Gulf of Mexico, U.S.A. Journal of Fish Biology, 82 (4), 1419-1422, doi: 10.1111/jfb.12064
³V. Sans-Coma et al. (2016). Dicephalous vs. diprosopus sharks: record of a two-headed embryo of Galeus atlanticus and review of the literature. Journal of Fish Biology, doi:10.1111/jfb.13175.
Valentina Hevia-Hormazábal, Víctor Pastén-Marambio & Alonso Vega (2011). Registro de un Monstruo Disótropo de Tiburón Azul (Prionace glauca) en Chile. International Journal of Morphology, nº 29(2): 509-513. http://dx.doi.org/10.4067/S0717-95022011000200034.
Olga Marcela Bejarano-Álvarez & Felipe Galván-Magaña (2013). First report of an embryonic dusky shark (Carcharhinus obscurus) with cyclopia and other abnormalities. Marine Biodiversity Records, 6, doi: 10.1017/S1755267212001236.
Ramón S. Bonfil (1989). An abnormal embryo of the reef shark, Carcharhinus perezi (Poey), from Yucatan, Mexico. Northeast Gulf Science, vol.10, nº 2, pp. 153-155.
D. C. Thorburn, D. L. Morgan, A. J. Rowland & H. S. Gill (2004). The northern river shark (Glyphis sp. C) in Western Australia (Report to the Natural Heritage Trust). Murdoch University Centre for Fish and Fisheries Research.
(Muchísimas gracias a Cesc Gallardo, buen amigo de este Blog y gran aficionado a los tiburones fluviales, por la información y el paper.)

A. B. M. Moore (2015). Morphological abnormalities in elasmobranchs. Journal of Fish Biology, doi: 10.1111/jfb.12680