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jueves, 25 de junio de 2026

El salto del Cetorhinus

Foto: Marine Discovery, Penzance, tomada de westernmorningnews.co.uk.

El peregrino (Cetorhinus maximus) es un tiburón tranquilo, de movimientos lentos, parsimoniosos. Suele verse cerca de la superficie avanzando a una velocidad de entre 2 y 5 km/h con la enorme boca bien abierta para filtrar el agua de mar. Pero lo que no mucha gente sabe es que el pez más grande del Atlántico norte es también capaz de realizar saltos espectaculares fuera del agua, y con tal potencia que su cuerpo puede llegar a elevarse más de un metro por encima de la superficie. 

Lo más asombroso es que no se trata de un comportamiento ocasional que puntualmente realizan algunos individuos aquí y allá, sino que es mucho más habitual de lo imaginado, tal como están revelando los diversos estudios científicos publicados en estos últimos años, que están además sacando a la luz datos sorprendentes que aumentan todavía más la admiración que sentimos por estos maravillosos gigantones. 

El breaching, como se le conoce en inglés, se ha observado en adultos de más de 6 m, tanto en machos como en hembras, pero también, si bien en menor medida, en algunos juveniles de alrededor de los 3 m. Un dato increíble es que este comportamiento no se limita a un solo salto. En no pocas ocasiones se ha visto a individuos pegando dos, tres, cuatro, hasta cinco saltos consecutivos en un intervalo de pocos segundos. 

Foto: Anthony Robson.

En la imagen de la izquierda tenéis el gráfico del salto de un macho de 8 m que fue monitorizado en aguas de Irlanda para un trabajo publicado en 2018¹. Fue este tiburón el que, como si de un saltador de pértiga se tratara, logró elevarse 1,2 m sobre el agua, para lo cual alcanzó una velocidad vertical de casi 5 m/s (unos 18 km/h)... ¡la misma que el tiburón blanco durante sus famosos saltos! [de ellos os hablamos en El salto del Carcharodon carcharias].

Izq. Fuente: E. M. Johnson, L. G. Halsey, N. L. Payne et al. Biology Letters, 2018 (material suplementario). TBF: Frecuencia de golpes de la caudal; CoM: Centro de gravedad. Dcha. Fotografía de Emmett Johnston realizada en el cabo Malin, el punto más septentrional de Irlanda. Fuente: Irish Basking Shark Group.

Previamente, el tiburón había descendido hasta los 28 m, cerca del fondo. Allí avanzó unos pocos metros en horizontal, como un 747 en la carrera de despegue, y de pronto arrancó. La caudal multiplicó por seis la frecuencia de sus sacudidas y en pocos segundos el gigantón salió despedido del océano a una velocidad de 4,9 m/s. Para hacernos una idea de la potencia desplegada, en otro estudio publicado en 2021² se calculó que la aceleración alcanzada por ejemplares de más de una tonelada en el punto álgido de respectivos saltos fue de 20 G.

Gráfico donde muestra la profundidad alcanzada durante el proceso, junto con capturas de vídeo de una cámara acoplada a un ejemplar correspondientes a las cuatro etapas del salto. Fuente: E. M. Johnson, L. G. Halsey, N. L. Payne et al. Biology Letters, 2018 (imagen editada).

¿Por qué saltan? No existe una explicación definitiva para este sorprendente comportamiento, que también ha sido observado en otros grandes vertebrados marinos como cetáceos y rayas pelágicas, además de tiburones. Algunos autores han propuesto que tal vez su finalidad es desembarazarse de ectoparásitos tan molestos como las lampreas (Petromyzon marinus); otros lo vinculan con el comportamiento reproductivo; en algún caso se sugiere que puede ayudar a limpiar las branquispinas³, unas largas estructuras a modo de barbas —o, si lo preferís, como las largas púas de una lendrera— que crecen en los arcos branquiales y sirven para cribar el agua y retener los minúsculos organismos de que se alimenta el tiburón (véase Devoradores de plancton); y también se ha apuntado la posibilidad de que el estruendo que se genera pudiera tener algún tipo de función social, de comunicación entre grupos o individuos, por ejemplo, un individuo que llama la atención de un grupo, o que comunica su presencia o su tamaño. Imaginad el estallido atronador de la masa de agua cuando esa inmensa mole impacta contra su superficie.

Uno de los argumentos que suelen manejarse a la hora de sopesar y, a veces, desestimar algunas de estas hipótesis, particularmente la de la auto desparasitación, es el del elevado gasto energético que comporta el breaching, que parecería desmesurado en relación con la (supuestamente) pequeña recompensa que debe de suponer librarse de bichejos tan repelentes como las lampreas, por muy fastidiosas y molestas que resulten. Pero tampoco es un argumento definitivo.

Foto: Explore Mull.
Conocimiento incompleto. El mayor problema al que se enfrentan los científicos a la hora de evaluar estas y otras cuestiones es que el conocimiento que tenemos sobre la biología y costumbres del tiburón peregrino es muy fragmentario; está repleto de lagunas y, en algunos casos, sustentado en hipótesis o asunciones marcadas por la provisionalidad, algo así como un enorme puzle al que le faltaran muchísimas piezas y donde otras no terminaran de encajar del todo. Esto es lógico si pensamos que hasta hace unos pocos años el estudio de este comportamiento en buena medida estaba basado en la observación directa (y diurna) y en programas de marcado de corta duración en aquellas áreas donde tradicionalmente se reúnen estos tiburones durante determinados meses del año, sobre todo entre mayo y septiembre.

Por ejemplo, en las costas británicas, donde cada año en primavera y verano acuden los peregrinos en grandes (y envidiables) números, David Sims, uno de los científicos más destacados en este campo, y su equipo observaron que el breaching se producía sobre todo cuando se reunían grupos de tres o más individuos, y que eran normalmente los ejemplares de gran talla quienes lo practicaban, en ocasiones realizando varios saltos consecutivos en intervalos de pocos segundos mientras el resto del grupo permanecía de lo más tranquilo y relajado. En un primer momento, una de las hipótesis que se plantearon fue que tal vez podría tratarse de una de las estrategias que los machos emplean para competir entre si por una hembra. Pero ocurrió que el único ejemplar cuyo sexo pudieron distinguir con nitidez, puesto que había saltado a unos 7 m de su lancha, era una hembra. La hipótesis siguiente fue que a lo mejor así era como las hembras podrían anunciar su disposición para el apareamiento. 

En la otra orilla del Atlántico norte, en Nueva Escocia, las observaciones parecían confirmar que el breaching está de algún modo vinculado a la actividad reproductiva, pues vieron que ocurre en grupos en los que se ha detectado un claro comportamiento de cortejo: natación en paralelo, en filas de a uno, etc. [sobre esta cuestión, podéis echarle un vistazo a El cortejo del peregrino]. Sin embargo, de vuelta a este lado del océano, en las costas noroccidentales de Escocia no se encontraron evidencias de una relación tan directa: los científicos observaron que no pocos saltos los realizaban individuos aparentemente solitarios y, algunos, ejemplares inmaduros. Como veis, nada hay definitivo, lo que vuelve la cuestión más interesante todavía.

Parece que no solo los grandes tiburones practican el breaching. Este ejemplar, claramente un juvenil, fue fotografiado en Escocia. Imagen tomada del blog thewhiskyodissey.net

Nuevos datos, ¿nuevas respuestas? De unos pocos años a esta parte, los espectaculares avances en el desarrollo de dispositivos de biotelemetría, es decir, de registro, almacenamiento y transmisión de datos biológicos —eso que inglés se conoce como biologging—, tales como las marcas o transmisores satelitales tipo SPOT o PSAT , han supuesto una notable revolución en el conocimiento de las costumbres de especies tan esquivas como estos tiburones. Cada nueva publicación saca a la luz nuevos y sorprendentes datos que van ayudando a redefinir y completar el puzle.

Hace pocos meses se publicó un magnífico estudio basado en el seguimiento a lo largo de algo más de un año de cuatro ejemplares marcados en las costas de Noruega con marcas PSAT y, uno de ellos, también con una SPOT. Sus hallazgos no pueden ser más interesantes. Por ejemplo:
  • El breaching es mucho más habitual de lo que se suponía. Puede afirmarse que se trata de un comportamiento rutinario que practican tiburones de ambos sexos a lo largo de todo el año, con picos de actividad en otoño y con algunas diferencias individuales (algunos tiburones son más saltarines que otros). Ocurre también durante las horas nocturnas, a veces con más frecuencia que por el día. 
  • Los saltos tienen lugar no solo cerca de las costas durante las habituales agrupaciones estacionales, sino en las áreas oceánicas adonde los peregrinos se desplazan en los meses de invierno. Si en general los saltos suelen iniciarse a una profundidad media de entre 30-40 m, en ellas pueden hacerlo desde la zona mesopelágica, desde más allá de los 200 m. Una hembra de 6,5 m de longitud arrancó desde los 742,5 m en un ascenso en dos fases que culminó en un triple salto a 5,7 m/s
  • Se ha descubierto que los tiburones peregrino dejan de saltar cuando el agua ronda los 5 ºC. Lo que demuestra que las bajas temperaturas también afectan negativamente a su rendimiento muscular, tal como ocurre en otras especies. En los organismos ectotermos o con endotermia regional, como es el caso del Cetorhinus, el rendimiento muscular está ligado a la temperatura ambiente: a menor temperatura, menor rendimiento. Aunque este tiburón está perfectamente adaptado para la vida en mares fríos, con temperaturas incluso próximas a los 0 ºC, y su musculatura blanca, que es la responsable de los movimientos explosivos que se necesitan para lanzarse fuera del agua, puede mantenerse entre 1-1,5 ºC por encima de la temperatura del agua circundante⁸, una vez que esta llega al entorno de los 5 ºC, su capacidad de trabajo queda severamente mermada.
Sin embargo, con estos y otros datos, los autores no pueden todavía ofrecer una explicación más o menos definitiva a todo este asunto. En su lugar —y este es el motivo por el que su estudio me resulte tan interesante—, lo que hacen es dejar varias puertas abiertas, aunque sujetas a una base documental más sólida, y, al mismo tiempo, generar más preguntas, que solo podrán resolverse avanzando en la investigación mediante programas de marcado más extensos.

Foto (editada) de Conor Rowlands realizada en el condado de Clare, en la costa oeste de Irlanda. A través de la página de Facebook de Shark Guardian. Esa especie de cordón que parece que cuelga del pterigópodo izquierdo es una lamprea (que menudo lugar ha elegido, ¿verdad?).

Por un lado, parece evidente que el breaching  está ligado al comportamiento reproductivo (como parte de algún tipo de ceremonia de cortejo o de comunicación), puesto que su mayor pico de actividad se produce en los meses de finales de verano y otoño (agosto a noviembre), lo que está en consonancia con las observaciones científicas realizadas en aguas de Irlanda y Reino Unido. En este sentido, el hecho de que ocurra no solo cerca de la costa, sino también en aguas oceánicas profundas, y a falta de datos tan cruciales como si había otro u otros individuos en los alrededores, los investigadores se preguntan si no serán estas zonas del océano el lugar donde tiene lugar el apareamiento de los tiburones peregrinos. 

Por otro, el que ocurra a lo largo de todo el año en todo tipo de hábitats indica que posiblemente existen otros factores motivacionales: puede ser parte de un sistema de comunicación acústica, puesto que muchos de los saltos registrados son nocturnos (esto, naturalmente, a falta de otros datos decisivos como conocer si había otro u otros ejemplares cerca) y no se descarta la función de desparasitación y autolimpiado. Tres de los ejemplares marcados tenían lampreas fijadas (en el cuarto no se pudo determinar). 

En fin. Sea como fuere, a la vista de todo lo anterior, no hace falta explicar que todo frágil bañista o mirón que se encuentre en las inmediaciones de un grupo de peregrinos hará bien en estar bien alerta, y alejarse como foguetes si observan que alguno de estos maravillosos gigantones decide ponerse en acción. Solo tenemos noticia de una desgracia causada por un aterrizaje en el lugar equivocado: ocurrió antes de la Segunda Guerra Mundial, en el fiordo de Clyde, Escocia, cuando un Cetorhinus cayó sobre una barca y sus tres tripulantes murieron... ahogados.

En Baltimore Harbour, West Cork, Irlanda. Foto de Youen Jacob. Esa especie de cordones que se aprecian n en la zona ventral son lampreas.

Pero tampoco hay que ponerse trágicos. El objetivo de este artículo es compartir un día especial con todos vosotros. Como en todo en la vida, para disfrutar de estas maravillas con que de vez en cuando nos regala el océano, solo es cuestión de ser prudentes... y de aprender a nadar.

El tiburón peregrino es el pez más grande capaz de saltar fuera del agua. Un espectáculo que no debe desaparecer del océano.

👉[ARTÍCULO ORIGINALMENTE PUBLICADO EL MIÉRCOLES 22 DE ABRIL DE 2015 A LAS 13:39].

________________________________
¹Emmett M. Johnston, Lewis G. Halsey, Nicholas L. Payne, Alison A. Kock, Gil Iosilevskii, Bren Whelan & Jonathan D. R. Houghton (2018). Latent power of basking sharks revealed by exceptional breaching events. Biology Letters, 14:9. Doi: 10.1098/rsbl.2018.0537

²Jessica L. Rudd, Owen M. Exeter, Jackie Hall, Graham Hall, Suzanne M. Henderson, Christopher Kerry, Matthew J. Witt & Lucy A. Hawkes (2021). High resolution biologging of breaching by the world's second largest shark species. Scientific Reports 11:5236. doi: 10.1038/s41598-021-84670-3
Como curiosidad, en este trabajo los autores creen haber encontrado posibles indicios de lateralidad en el tiburón peregrino al observar que en el 67% de los saltos (en 45 de 67) los individuos giraban hacia su costado derecho. 

³Algunas de estas cuestiones están tratadas en A. Peter Klimley, Tobey H. Curtis, Emmett M. Johnston, Alison Kock & Guy M. W. Stevens (2024). A review of elasmobranch breaching behavior: why do sharks and rays propel themselves out of the water into the air? Environmental Biology of Fishes, 108, 441-481. https://doi.org/10.1007/s10641-024-01584-5

Mauvis Gore, Lotte Abels, Shane Wasik, Luke Saddler & Rupert Ormond (2019). Are close-following and breaching behaviours by basking sharks at aggregation sites related to courtship? Journal of the Marine Biological Association of the United Kingdom 99 (3). https://doi.org/10.1017/S0025315418000383

Se calcula que la energía empleada para realizar uno de estos saltos representa entre el 5-6% de la tasa metabólica estándar diaria del peregrino (véase el trabajo de Johnston, Halsey et al. 2018 citado arriba). Este término tan rarito se refiere a la cantidad de energía por unidad de tiempo que un animal en reposo necesita para mantener sus funciones vitales (respiración, actividad cerebral, etc.) en un entorno con una temperatura determinada.

Las marcas SPOT, siglas de Smart Position and Temperature [marca inteligente de posición y temperatura], envían un mensaje a un satélite para transmitir posición geográfica y datos de profundidad y temperatura cada vez que el animal o la aleta a la que normalmente están fijadas asoman a la superficie. Las marcas PSAT, siglas de Pop-up Satellite Archival Transmiting [etiqueta desprendible de archivo satelital], en cambio, están programadas para desprenderse del tiburón en una fecha concreta, o bien a determinada profundidad; una vez en superficie, transmiten datos de posición, luz, profundidad y temperatura, y permiten descargar un histórico completo de datos si se recuperan físicamente.

C. Antonia Klöcker, Mikko Vihtakari, Martin C. Arostegui, Axel Schlindwein, Keno Ferter, Otte Bjelland, Haley R. Dolton, Øystein Langangen, Nuno Queiroz, David W. Sims & Claudia Junge (2026). Wide-ranging, year-round breaching behaviour of basking sharks revealed by long-term biologging. Biology Letters, 22: 20250696. https://doi.org/10.1098/rsbl.2025.0696

Haley R. Dolton, Andrew L. Jackson, Robert Deaville, Jackie Hall, Graham Hall, Gavin McManus, Matthew W. Perkins, Rebecca A. Rolfe, Edward P. Snelling, Jonathan D. R. Houghton, David W. Sims & Nicholas L. Payne (2023). Regional endothermic traits in planktivorous basking sharks Cetorhinus maximus. Endangered Species Research 51: 227-232. https://doi.org/10.3354./esr01257

viernes, 27 de febrero de 2026

Ataques 2025

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto (editada) de Andrew Fox, Rodney Fox Shark Expeditions.

El ISAF (siglas del International Shark Attack File, 'Archivo Internacional de Ataques de Tiburón') ha publicado su informe anual sobre los accidentes hombre-tiburón —eso que tradicionalmente hemos calificado como «ataques»— ocurridos a lo largo del pasado 2025 en todo el mundo. Ha habido un incremento de casos con respecto al 2024, pero dentro de la media de los últimos años. Vamos al detalle.

viernes, 14 de febrero de 2025

Ataques 2023 y 2024

El maravilloso tiburón blanco (Carcharodon carcharias), un bellísimo animal con una fama inmerecida. Foto de Andrew Fox, Rodney Fox Great White Shark Expeditions.

Acaba de publicarse el informe anual del ISAF (siglas del Archivo Internacional de Ataques de Tiburón, del Museo de Historia Natural de Florida) sobre el número de mordeduras no provocadas de tiburón registradas durante el 2024 en el mundo. Dado que por circunstancias el año pasado no fue posible recoger las del 2023, aprovechamos para incluirlas también aquí.

lunes, 31 de julio de 2023

Posibles grupos familiares en peregrinos

Foto: Florian Walsh.
A medida que afinamos nuestros instrumentos de observación, más asombro nos produce la naturaleza. Las modernas tecnologías de investigación nos están permitiendo descubrir aspectos insospechados de la personalidad y la vida social de las criaturas que la habitan, tanto más extraordinarios cuanto mayor es la distancia, evolutiva, física o ambas a la vez, que nos separa. Tal es el caso de los peces y, dentro de ellos, naturalmente, los tiburones.

miércoles, 31 de mayo de 2023

Si hace mucho frío, no respiro

Grupo de cornudas comunes en las Galápagos. Foto: Galapagos National Park.

Los tiburones nunca dejan de sorprendemos. Acabamos de conocer de qué modo una especie adaptada para la vida relativamente confortable en mares cálidos y tropicales ha aprendido a conservar su eficiencia depredadora en las hostiles aguas heladas del mar profundo. Hablamos de la cornuda común (Sphyrna lewini).

viernes, 31 de marzo de 2023

Tiburones bioluminiscentes

Pudiendo alcanzar los 182 cm, la negra (Dalatias licha) es el vertebrado biolumniscente más grande del planeta. Fuente de la imagen: Mallefet et al. 2021¹.

Conforme la luz del sol se hunde y diluye en el océano, las profundidades se iluminan con millones de brotes y destellos de color emitidos por infinidad de criaturas de todo tipo: cnidarios, ctenóforos, crustáceos, cefalópodos, peces óseos y, naturalmente, tiburones. Algo más del 12% de todos los tiburones que conocemos poseen la capacidad de emitir luz (en los peces óseos este porcentaje es de alrededor del 5%), cuatro de los cuales están presentes en aguas de Galicia.

lunes, 6 de febrero de 2023

Ataques 2022

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto: Andrew Fox, Rodney Fox Shark Expeditions.
 
Ya tenemos aquí las cifras de los ataques de tiburón ocurridos en todo el mundo a lo largo del pasado año 2022. Acaban de ser publicadas por el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón (o ISAF por sus siglas en inglés), con sede en Florida.

viernes, 30 de septiembre de 2022

El cortejo del peregrino

Foto: Irish Basking Shark Group (IBSG).

Hace unos días se publicaba un fantástico trabajo¹ que desvela el misterio de uno de los comportamientos más enigmáticos y sorprendentes de los tiburones peregrino (Cetorhinus maximus): las reuniones de decenas o incluso centenares de individuos que se pasan horas nadando en círculos sin un motivo aparente.

lunes, 9 de mayo de 2022

Migraciones verticales del cazón

Cazón (Galeorhinus galeus). Foto: Andy Murch, bigfishexpeditions.com (editada).

El cazón es un tiburón de tamaño mediano que suele vivir en zonas más o menos cercanas a la costa, por lo que no es raro encontrárnoslo tanto en las lonjas como, bien muerto y troceado, en las mesas de nuestros restaurantes y de no pocas de nuestras casas, de ahí que nos resulte un bicho relativamente familiar, casi doméstico. Sin embargo, hay todavía muchas cosas que desconocemos de él. Cada estudio que sale a la luz nos descubre datos que dibujan un comportamiento de asombrosa plasticidad, como el que hoy vamos a comentar.

lunes, 31 de enero de 2022

Ataques 2021

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto: Rodney Fox Great White Shark Expeditions.

El Archivo Internacional de Ataques de Tiburón (ISAF, por sus siglas en inglés) acaba de publicar su informe anual sobre los ataques registrados en todo el mundo durante el pasado año 2021. Aquí tenéis todos los datos.

martes, 28 de septiembre de 2021

Los ataques más antiguos de la historia

Elaboración propia. Mapa: Pter Dlouhý (Wikimedia Commons). Foto 1: Jeffrey Quilter; foto 2: Universidad de Kyoto; foto 3: Peter Siegel.

El hombre lleva miles de años conviviendo con el tiburón. Desde el instante en que por primera vez contempló el mar como una fuente de alimento y se decidió a meter los pies en el agua para investigar sus rincones, aprendió que los tiburones eran parte inevitable de una naturaleza que te daba la vida, pero también, en ocasiones, la muerte, una muerte que podía llegar a ser tan espantosa como alguna de las que siguen.

sábado, 10 de abril de 2021

Ataques 2020

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en una extraordinaria foto de Christian Pulham.

Hace ya unas cuantas semanas, el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón, más conocido como ISAF, en sus siglas en inglés, publicaba su informe anual sobre el 2020, y aquí os lo presentamos, este año con un poquito de retraso.

martes, 21 de enero de 2020

Ataques 2019

Tiburón cigarro (Isistius brasiliensis). Foto: Personnel of NOAA ship Pisces (tomada de AllRefer).

El ISAF (siglas del Archivo Internacional de Ataques de Tiburón), de la Universidad de Florida, acaba de publicar su informe anual. El equipo de especialistas analizó un total de 140 incidentes entre tiburones y personas ocurridos a lo largo del 2019, de los cuales solo 64 fueron considerados claramente como ataques no provocados, es decir, interacciones ocurridas en el medio natural (no en piscinas o tanques de acuario) en las que no hubo ningún tipo de provocación por parte de la víctima*. Son 18 casos menos que la media anual de los últimos 5 años, que se sitúa en 82. Aquí tenéis las cifras:

martes, 19 de marzo de 2019

Ataques 2018

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto: Mike Coots, Discover Sharks.
Hace unas semanas, el ISAF (Archivo internacional de ataques de tiburón) hizo público su informe anual, un documento interesante tanto para quienes amamos los tiburones como, sobre todo, para quienes los temen o los odian: sus estadísticas, claras y frías, demuestran la radical irracionalidad del miedo y del rechazo que estos magníficos animales provocan todavía en buena parte del público, incluso en países como el nuestro, en donde las vacas y los perros matan más personas y los petardos causan daños mucho más terribles.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Ataques 2017

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto de Andrew Fox.
El ISAF (ya sabéis, siglas del International Shark Attack File, "Archivo Internacional de Ataques de Tiburón") acaba de publicar las cifras de ataques registrados en todo el mundo durante el pasado 2017. En total se investigaron 155 incidentes, de los cuales solo 88, a su juicio, pudieron calificarse como ataques no provocados. El resto lo componen ataques provocados (30), "ataques" a embarcaciones (18), a cadáveres (2), accidentes en acuarios (1), y casos dudosos (12) o no confirmados (4).

jueves, 30 de noviembre de 2017

La memoria del tiburón

Pintarroja colilarga gris (Chiloscyllium griseum). Foto: Silke Baron, tomada de Wikimedia Commons.
Mucha gente sigue todavía creyendo que los tiburones son seres esencialmente estúpidos, dotados de un cerebro tan elemental que solo son capaces de pensar en una única cosa: triturar turistas. El que una idea así siga vigente en la mente de demasiada gente, a despecho de la cantidad de trabajos que, con radical contundencia, se han encargado de desmontarla en estos últimos años y cuyas conclusiones han aparecido en decenas de documentales y de reportajes de carácter divulgativo, a veces da para pensar si no seremos los seres humanos los que resultamos ser a veces un poco elementales, de piñón fijo, y nos cuesta deshacernos de conceptos e ideas aunque se nos demuestre que la verdad vaya por otro lado.
     La realidad es que los tiburones no solo son bichos sumamente inteligentes, sino que demuestran tener más memoria que cualquier votante medio de este país, por poner una comparación sin duda odiosa pero certera. Son capaces de almacenar bloques de información durante por lo menos un año entero y echar mano de cualquiera de ellos en el momento que lo necesiten para obtener algo que les resulta útil y beneficioso.

lunes, 13 de febrero de 2017

Ataques 2016

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias) de patrulla bajo las olas.


Un año más, el ISAF (como ya sabéis, siglas del International Shark Attack File, de la Universidad de Florida) acaba de publicar las cifras de ataques no provocados ocurridos durante el pasado 2016. Y un año más aquí las tenéis, bien fresquitas:

martes, 17 de enero de 2017

Lo erróneo de la identificación errónea

Simpática ilustración de Mason Philips titulada "Un error común" sobre un fondo de surfistas en superficie: "Fig. 1: León marino. Fig: 2: Ser humano sobre una tabla de surf. Fig. 3: León marino sobre una tabla de surf."

La teoría de la identificación errónea es ya un clásico en los debates sobre el porqué de los ataques de tiburón, en particular los que tienen como protagonista al tiburón blanco (Carcharodon carcharias) y su supuesta afición por mordisquear surfistas. Como sabéis, la idea es que en su gran mayoría son consecuencia de un error de identificación: el hambriento animalico confunde al surfista con una foca; camuflado contra el fondo, observa una forma que encaja en el perfil de presa que lleva grabado en el disco duro de su cerebro y se abalanza sobre ella. Quienes defienden esto argumentan que, vista desde abajo, la silueta de una tabla con un surfista encima, braceando y pataleando, recortada contra la claridad de la superficie, se parece a la de un pinnípedo como el elefante marino del norte (Mirounga angustirostris), uno de sus platos favoritos. Hay quien añade —sorprendentemente— que el gran blanco no tiene una gran agudeza visual y que por encima no siempre las condiciones de visibilidad son las más idóneas.
     Sin embargo, pese a su aparente lógica, esta teoría jamás ha sido testada o probada efectivamente, por lo que llama la atención que todavía siga gozando de una amplia difusión y predicamento, tanto más cuanto que, ya desde el primer momento, no han sido pocos los científicos que han manifestado serias dudas y reservas al respecto, empezando por el hecho de que el tiburón blanco tiene en realidad una vista muy buena. Hace pocas semanas se publicaba un interesante trabajo que recoge y actualiza algunos de sus argumentos a la luz de nuevos datos y observaciones. Lleva el elocuente título de "Do White Shark Bites on Surfers Reflect Their Attack Strategies on Pinnipeds?" ['¿Las mordeduras de tiburón blanco a surfistas son un reflejo de sus estrategias de ataque a los pinnípedos?']¹ y está firmado por Erich Ritter, el tipo aquel tan extravagante al que, como recordaréis, no se le ocurrió mejor idea que meterse entre un grupo de C. leucas para probar no-sé-qué y acabó mordido en una pata justo delante de las cámaras de Discovery Channel, y Alexandra Quester.
     Estos autores analizaron 67 incidentes ocurridos entre 1966 y 2015 en las costas de California y Oregón, en el Pacífico norteamericano, para llegar a la demoledora conclusión de que eso de la identificación errónea es un cuento chino². No existen evidencias de ningún tipo que sustenten esta teoría, más bien al contrario. Ni el tipo de daños causados, tanto a la persona como a la tabla, ni las tallas de los tiburones implicados concuerdan con un ataque con fines depredadores.

Diversos tipos de daños en tablas de surf... y de heridas en algunos pobres leones marinos.
Daños personales y materiales. El 13% de los incidentes analizados terminaron sin que el surfista y su tabla sufriesen apenas algo más que algún rasguño sin importancia, ni siquiera cuando el primero terminó en el agua, y en más del 72% los daños fueron considerados leves o moderados³. En el 21%, el tiburón o bien volvió a morder al surfista o bien reajustó su mordedura inicial; de ellos, el 64% acabaron sin daños o con daños leves. En conjunto, en una escala de 0 a 5, donde 0 indica daños inexistentes y 5 daños absolutos, la gravedad media de las heridas fue de 1,8. ¿Cómo casan estos datos con un ataque en toda regla por parte de un gran tiburón blanco? ¿Por qué tantos supervivientes? Los pinnípedos son criaturas sumamente ágiles —muchísimo más que su cazador— y escurridizas, y el tiburón lo sabe, como sabe también que su ataque debe ser lo más veloz, potente y devastador posible para matarlas o, al menos, inmovilizarlas a la primera, pues de lo contrario, adiós almuerzo.
     Una explicación que suele darse es que tan pronto se produce el contacto con el surfista, la tabla, o ambos —a veces bien encajaditos entre sus fauces—, los afinadísimos receptores químicos dispuestos en distintos puntos de la cavidad bucal detectan el error; el cerebro efectúa el cálculo coste-beneficio, concluye que no merece la pena emplear tanta energía en consumir una cosa tan mala y de tan poca sustancia, y el bicho, decepcionado, la suelta —la escupe—. Todo ello prácticamente en décimas de segundo. Aun aceptando esto, la violencia del encuentro inicial —más bien encontronazo— por fuerza debería causar daños bastante más graves, como los observados en leones marinos que lograron escapar de algún ataque, bien para seguir viviendo, bien para morir, atravesados de dolor, en una playa o sobre las tristes rocas de un islote.
     Otra posible explicación vendría dada por la técnica de caza bautizada en su momento por John McCosker como bite and spit ('morder y escupir'). Tras el brutal ataque, el tiburón suelta su presa y, desde una distancia de seguridad, aguarda hasta que se muera o quede suficientemente debilitada antes de proceder a devorarla con tranquilidad (el tiburón blanco es una criatura muy precavida, y con razón, pues aun herido de gravedad, un león marino adulto puede causar heridas muy serias). Durante este intervalo es cuando el surfista puede ser rescatado y recibir la asistencia médica necesaria. Pero igual que en el caso anterior, las evidencias hablan por si solas: el 76% de los supuestos ataques analizados no habrían servido para incapacitar a un pinnípedo.

En Point Reyes, California. Foto de Scott Anderson.
Tallas. Los tiburones blancos van variando su dieta a medida que crecen. Aunque existen pequeñas diferencias geográficas, en un cálculo conservador se estima que en la parte del Pacífico norteamericano los ejemplares de tallas inferiores a 3,5 m no tienen a los grandes pinnípedos como presas habituales, pues, entre otras cosas, carecen de la velocidad y destreza necesarias para enfrentarse a estos ágiles y fuertes animales, y además sus dientes todavía no han adquirido la forma y estructura necesarias para cortar su carne. Los ataques observados son excepcionales, y siempre a pinnípedos pequeños. Es entre los 3,5 y 4,5 m cuando estos mamíferos marinos comienzan a ser vistos como un alimento posible y deseable y ya se observan ataques, tanto más frecuentes cuanto mayor es el bicho. A partir de los 4,5 m, los pinnípedos son ya parte de su dieta regular.
     Pues bien, solo en 24 de los incidentes analizados se pudo lograr una estimación fiable de las tallas, pero incluso así los datos son reveladores, o al menos dan mucho que pensar: en el 50% los protagonistas fueron juveniles de entre 2,5 y 3,5 m, y en otro 25%, individuos de entre 3,5 y 4,5 m. ¿Cómo se explica esto? ¿Una casualidad, o es que a los jóvenes tiburones también les pone el surf?

¿De verdad que el tiburón blanco es incapaz de distinguir una foca de una tabla de surf con un señor (o señora) encima? El Carcharodon carcharias lleva cazando pinnípedos desde sus mismos orígenes como especie, con toda probabilidad siguiendo la senda abierta por sus padres y abuelos. Por eso cuesta creer que a lo largo de 6 millones de años de evolución paralela un depredador tan eficiente no haya tenido tiempo de forjarse una imagen clara y fidedigna, desde todas las perspectivas posibles, de una de sus presas primordiales, sobre todo porque de ello depende su supervivencia. La vista es un sistema de primer orden que el tiburón blanco emplea para localizar a sus presas y para fijar, por así decirlo, la diana de su trayectoria de ataque. Según se cree, utiliza una especie de búsqueda por imagen: en su cerebro guarda un archivo de imágenes con las que compara cualquier objeto o figura que detecta. Cuando hay coincidencia ataca, si no la hay puede acercarse a investigar, a ver qué es eso, a qué sabe.

Foto de Michael Scholl.
     Por otro lado, la teoría del error de identificación solo parece tener en cuenta observaciones realizadas desde una perspectiva estrictamente vertical. Si os dais cuenta, todos los dibujos, fotos y esquemas ilustrativos muestran una vista de la dichosa tabla de surf, con sus brazos y piernas —normalmente dos de cada— sobresaliendo de sus extremos, como tomada desde unos cuantos metros de profundidad justo en la vertical. Una imagen ideal que no siempre se ajusta a las condiciones impuestas por la realidad, no siempre las presas y las tablas se ofrecen desde esta perspectiva tan perfecta. Así vemos como en los casos estudiados la profundidad media fue de 4 m, con el fondo claramente visible en el 10,7% de los casos, lo cual quiere decir que por fuerza el tiburón debió de ver y aproximarse a sus "víctimas" viniendo desde un ángulo mucho más abierto, desde el cual la famosa silueta ideal se diluye y se convierte en otra cosa, y no desde luego en una foca.

Investigaciones y juegos. Los tiburones blancos son criaturas sumamente inteligentes y, en consecuencia, sumamente curiosas. Se les ha podido observar en infinidad de ocasiones acercándose a investigar, golpeándolos o mordiéndolos, los más diversos objetos, con aproximaciones indirectas u orientadas en función de su forma, tamaño y color, desde los más extraños hasta los más familiares, como los señuelos que imitaban la forma de sus presas. Y siempre el sentido de la vista jugando un papel fundamental.
     Una dieta tan variada y cambiante ontogénicamente hace de la curiosidad una necesidad. El tiburón necesita investigar constantemente, descubrir nuevas fuentes de alimento, encontrar las estrategias más idóneas para detectarlas y cazarlas. Por eso se acerca a los surfistas, golpea sus tablas, los "sopesa" con la boca (el tiburón no tiene manos) y, si no queda satisfecho, los vuelve a morder, a veces orientando la mordida para tratar de apreciar mejor su sabor y su contenido energético. Forma parte de su proceso de aprendizaje. Esto explica por qué la mayoría de las heridas son leves o moderadas y por qué los ejemplares implicados eran juveniles en su mayoría. Pero incluso en aquellos casos donde los daños fueron graves de verdad y además provocados por individuos de gran talla, de 4 a 6 m (un total de 7), la actividad investigadora no se puede descartar del todo. Según los autores, las heridas secundarias, causadas por las reacciones de la víctima, pueden llegar a ser tan severas o más que las del propio mordisco.
     Y no nos olvidemos del juego, uno de los elementos más decisivos en el proceso de aprendizaje de todo gran depredador. Gracias a él, un animal aprende a controlar sus movimientos, a dominar su cuerpo, a practicar y perfeccionar su técnica... aprende, en definitiva, a ser depredador. Por eso los tiburones blancos interactúan, "juegan", con los diversos objetos y bichos que encuentran, tal como se ha descrito. Se les ha visto acercarse a un surfista en súbitas y poderosas arrancadas, pese a tratarse de un objeto desconocido, que después quedaban en nada, o terminaban en un golpe, un roce o un pequeño mordisco. La teoría del juego explica el porqué de ese 50% de juveniles menores de 3,5 m implicados en los supuestos ataques.

     En fin, para concluir, que este artículo ya se nos ha ido bastante de las manos, lo cierto es que no deberíamos hablar de "ataques", sino de encuentros, o si lo preferís, de incidentes, en los que el tiburón no pretendía cazar una presa, sino investigar, aprender jugando, sobre todo los más chiquitines, que es que son un amor.

Los encuentros con tiburones blancos son más numerosos de lo que parece. Lo que ocurre es que la mayor parte pasan desapercibidos; los surfistas regresan a la playa y al chiringuito sonrientes, atléticos y felices... y nunca sabrán que durante unos larguísimos minutos han estado bajo la atenta mirada de un gran depredador. La reciente aparición de los drones nos ha abierto una ventana a una realidad que cada vez más gente desearía no ver. En la imagen, algunas escenas de juveniles investigando diversos tipos de tablas, un kayak y, en el centro abajo, un señuelo en forma de foca (foto: University of California at Davis), más un par de carteles advirtiendo del avistamiento de tiburones en un par de playas de California.

PS: Sobre el juego en los tiburones, podéis consultar este breve artículo sobre un pariente muy cercano del tiburón blanco, el cailón: Los juegos de los jóvenes cailones (Lamna nasus).
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¹La referencia completa es: Erich Ritter & Alexandra Quester (2016). Do White Shark Bites on Surfers Reflect Their Attack Strategies on Pinnipeds? Journal of Marine Biology (1):1-7. http://dx.doi.org/10.1155/2016/9539010.
²Naturalmente, no lo dicen con estas palabras, sino así: "The results presented show that the theory of mistaken identity, where white sharks erroneously mistake surfers for pinnipeds, does not hold true and should be rejected" ('Los resultados que presentamos muestran que la teoría de la identificación errónea, según la cual los tiburones blancos confunden surfistas con pinnípedos, no es cierta y debe ser rechazada').
³Según la escala empleada, los daños leves comprenden laceraciones y pequeñas heridas punzantes en la persona, y arañazos y muescas superficiales en la tabla; los moderados, heridas subcutáneas sin pérdida de tejidos, y, en la tabla, muescas y cortes moderados, en los que el diente penetra hasta la mitad, sin pérdida de material. Tablas y surfistas se valoran conjuntamente, puesto que ambos son percibidos por el tiburón, al menos en teoría, como una unidad, no sabemos si bajo la categoría de "cosa rara", de "bicho raro", o qué (el estudio tampoco lo deja claro).

martes, 16 de agosto de 2016

El salto del Carcharodon carcharias

En False Bay. Foto de Chris Fallows.
Ya sabemos que muchos tiburones son capaces de pegar grandes saltos fuera del agua, eso que en inglés se conoce como breaching. Lo hemos visto en los marrajos, los campeones de altura, los cailones salmoneros, los jaquetones picudos, los zorros y también en los peregrinos, tan aparentemente lentos y pachorrones ellos. Pero no hay duda de que en esto de dar brincos el gran Carcharodon carcharias es un caso aparte.

lunes, 13 de junio de 2016

Tintoreras en la costa gallega



Los tiburones pelágicos son organismos asombrosos que permanecen durante todo su ciclo vital en un ambiente oceánico extremadamente oligotrófico, por el que recorren miles de millas en busca de áreas más ricas donde alimentarse. Entre ellos se encuentra el tiburón azul o tintorera (Prionace glauca), un escualo cosmopolita oceánico de gran distribución mundial, frecuente en todos los océanos tropicales y templados del planeta.


La tintorera o tiburón azul es cosmopolita, relativamente frecuente en todos los océanos tropicales y templados del planeta, incluyendo las aguas de Galicia.


Galicia se encuentra en su área de distribución habitual y no resulta extraño observar ejemplares jóvenes a pocas millas de la costa, como se aprecia en el siguiente vídeo que obtuvimos en una salida pelágica frente a las islas Cíes.



Lo que si resulta del todo inusual es encontrarse esta especie en aguas someras como playas y puertos. Sin embargo, esto es lo que ha estado ocurriendo con relativa frecuencia durante estos últimos dos años en nuestro litoral, aunque ya en el verano de 2013 se registró la presencia de numerosos juveniles bastante cerca de la costa (véase Mejuto et al. 2014).

Quenllas en el muelle de Muros. Foto: Toño Maño.

Por ello nos hemos animado a realizar un registro de estos extraños eventos, lo que nos ha permitido analizar el fenómeno en detalle dando como resultado el siguiente estudio, publicado en el Journal of Fish Biology: Observations of newborn blue sharks Prionace glauca in shallow inshore waters of the NE Atlantic Ocean, en donde se presentan nuevos datos sobre este sorprendente y novedoso comportamiento.

En los últimos veranos se ha incrementado inesperadamente la presencia de neonatos y juveniles en aguas costeras poco profundas de Galicia.

Dicho estudio describe como en los últimos dos años, durante los veranos de 2014 y 2015, se ha incrementado inesperadamente la presencia de neonatos y juveniles en aguas costeras poco profundas de Galicia.

Tintoreras en el muelle de Muros. Fotos: Toño Maño y Rafael Bañón.

También se analizan diferentes causas para tan insólito comportamiento, como son ciertas variaciones en las condiciones oceanográficas, altos niveles de reclutamiento de la especie, o cambios en las áreas de cría tradicionales conocidas.



Esta publicación ha sido posible en buena medida gracias a las desinteresadas aportaciones de organizaciones conservacionistas como la CEMMA y de un importante número de personas que, desde todos los puntos de Galicia, registraron y comunicaron sus observaciones de tintoreras, casi siempre acompañándolas de valiosos vídeos y fotografías, a través de los más diversos medios [véase Agosto de tintoreras 2015]. Agradecemos profundamente este esfuerzo y compromiso, que supone un claro ejemplo del concepto de ciencia ciudadana, que está ayudando a registrar y a describir los más diversos fenómenos incluso a escala global (un ejemplo es ECOCEAN, y este post sobre tiburones ballena).

Dado el valor de estas observaciones, resulta crucial dar continuidad en el tiempo al registro de este tipo de información para realizar análisis más profundos y obtener conclusiones más robustas sobre este fenómeno. Esto debería permitir confirmar la persistencia de estos comportamientos y bajo qué circunstancias ocurren.

Agradecemos profundamente vuestro esfuerzo y compromiso, que supone un claro ejemplo del concepto de ciencia ciudadana, y esperamos que esta colaboración tenga continuidad.

Os animamos a todos a seguir informando de nuevas citas y observaciones de tiburones. Y no solo de tintoreras o quenllas, sino también de tiburones peregrino (Cetorhinus maximus), que suelen visitarnos en primavera y verano, así como de otras especies que puedan ser de interés.

Juvenil de Prionace glauca. Fuente: Marcados para sobrevivir (BEC).

Podéis comunicar vuestras observaciones a través de los siguientes canales:
O bien, siguiendo los cauces más habituales, llamando al 112, o poniéndoos en contacto con la CEMMA, la Rede de Varamentos (686989008), o con cualquier asociación medioambiental que conozcáis, para que al menos quede alguna constancia de vuestro registro.

IMPORTANTE: Cuanta más información nos hagáis llegar, mejor, pues más completos serán los resultados al finalizar la temporada: día, hora, posición, zona geográfica y datos sobre el lugar, tamaño aproximado, el comportamiento del ejemplar o ejemplares, sexo, etc. Es más que recomendable adjuntar una o dos fotos con referencia visual de tamaño (es decir, colocando al lado del ejemplar un objeto como una moneda o un reloj para determinar el tamaño), si es posible una instantánea de la zona ventral, para confirmar sexo y la presencia de cicatrices umbilicales.

Referencia: Rafael Bañón, Toño Maño, Gonzalo Mucientes (2016). Observations of newborn blue sharks Prionace glauca in shallow inshore waters of the NE Atlantic ocean. Journal of Fish Biology.