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| Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto (editada) de Andrew Fox, Rodney Fox Shark Expeditions. |
El ISAF (siglas del International Shark Attack File, 'Archivo Internacional de Ataques de Tiburón') ha publicado su informe anual sobre los accidentes hombre-tiburón —eso que tradicionalmente hemos calificado como «ataques»— ocurridos a lo largo del pasado 2025 en todo el mundo. Ha habido un incremento de casos con respecto al 2024, pero dentro de la media de los últimos años. Vamos al detalle.
El equipo del ISAF analizó un total de 105 casos de supuestos «ataques», de los cuales 65 fueron considerados como no provocados y 29 como provocados.
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| Elaboración propia a partir de datos del ISAF. |
Recordemos que una mordedura se considera provocada cuando es la persona quien, conscientemente o no, desencadena una respuesta no deseada en el tiburón, por ejemplo cuando intentan interactuar de alguna forma con él y el animal se siente acosado o acorralado, o cuando se realizan actividades como la pesca submarina, que generan estímulos que atraen poderosamente a estos animales y, en ocasiones, despiertan su instinto depredador. Los casos dudosos son aquellos en los que los investigadores no han encontrado información suficiente para clasificarlos en una categoría u otra, mientras que en los no confirmados la especie implicada muy probablemente no ha sido un tiburón.
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| Jaquetón toro (Carcharhinus leucas). Foto tomada de ecotoursadventure.com. |
👉 CIFRAS. 65 incidentes no provocados y nueve personas fallecidas. Si bien ambas cifras suponen un incremento importante en relación al año pasado, cuando se registraron 47 casos y cuatro fallecidos, lo cierto es que no suponen un cambio significativo de tendencia con respecto a la media anual de los últimos cinco años, que es de 61 incidentes y ocho muertes. De hecho, son ligeramente inferiores al año anterior, el 2023, con 69 incidentes, diez de ellos mortales (véase Ataques 2023 y 2024)¹.
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| Elaboración propia. |
👉 LUGARES. Los EEUU siguen siendo con diferencia la zona del planeta con mayor número de accidentes registrados, con 25, uno de ellos mortal. A continuación está Australia, con 21 y cinco personas fallecidas, y, ya a mucha distancia, se encuentran Bahamas y Nueva Zelanda, con cinco y tres respectivamente, ninguno con resultado fatal. Les siguen Mozambique, Sudáfrica y la república de Vanuato, en Oceanía, con un único incidente mortal en cada uno.
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| Elaboración propia. |
👉 TIPOLOGÍA DE LAS VÍCTIMAS. El 46% de las víctimas fueron bañistas, gente que se estaba pegando un chapuzón, nadando, paseando por la orilla, etc.; el 32%, practicantes de deportes de tabla, como surfistas o body boarders; el 15%, gente que buceaba con tubo o en apnea; y el 6% restante, personas que realizaban otro tipo de actividades.
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| Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier). Foto de Albert Kok tomada de la Wikipedia. |
👉 ESPECIES. Cuando no existen imágenes de vídeo o fotografías, no siempre resulta fácil identificar con seguridad la especie implicada en muchos de estos accidentes. Los testimonios de los testigos pueden resultar demasiado confusos o imprecisos (pueden informar desde «un tiburón pequeño» hasta «un animal enorme y terrorífico»), salvo cuando se trata de alguno de los famosos big three, los tres grandes: el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), el jaquetón toro (Carcharhinus leucas) y el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier), depredadores de gran talla que frecuentan las áreas costeras de muchas partes del mundo y son los protagonistas de decenas de películas y documentales, por lo que nos resultan más familiares y más fácilmente reconocibles.
Entre los casos de ataques de «small sharks», que han sido bastantes, merece la pena destacarse el sufrido por una señora que paseaba por el agua en una playa de Long Island, quien recibió un mordisco de un juvenil de tiburón toro (Carcharias taurus). Se sabe que esa parte de la costa este norteamericana alberga una guardería de esta especie, y todos los años los juveniles de este pacífico tiburón se acercan a la costa persiguiendo a los pequeños peces de que se alimentan... y de vez en cuando muerden donde no deben (en 2022 se produjeron ocho «ataques» de este tipo y en 2023, cuatro).
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| Aquí tenéis un juvenil de tiburón toro (Carcharias taurus) como el implicado en al menos uno de los «ataques» de 2025 en los brazos de un investigador durante un programa de marcado (en efecto, el tiburón es el que va sin camiseta ni gafas de sol). Imagen tomada de la página del New England Aquarium. |
La trágica novedad del 2025 fue la primera muerte confirmada por mordedura de jaquetón lobo (Carcharhinus obscurus), que es un tiburón que puede alcanzar un tamaño considerable, de hasta los 4 m de longitud total. Ocurrió en Sudáfrica durante la época de la famosa migración de la sardina (Sardinops sagax), esa que aparece en tantos documentales de naturaleza que nos muestran inmensos bancos de sardinas atravesados por un sinfín de depredadores, desde grandes ballenas hasta grandes tiburones como, precisamente, los jaquetones lobo. La víctima fue un pescador que mientras buceaba a pulmón para capturar langosta de roca sudafricana (Jasus lalandii) recibió un mordisco fatal.
👉 CONCLUSIONES. Todos estos datos son sumamente útiles por un doble motivo, que por supuesto nada tiene que ver con el morbo o con el mero interés estadístico. Por un lado, nos permiten comprender y, en buena medida, predecir el comportamiento de estos extraordinarios animales, identificando pautas que están ayudando a prevenir situaciones de peligro para las personas.
Por el otro, deberían servir para confirmar, una vez más, que, los tiburones no son esos asesinos despiadados que solo viven para triturar bañistas y parir más tiburoncitos. El número de accidentes y muertes ocurridas en las abarrotadas playas de todo el mundo a lo largo de un año es despreciable (naturalmente, hablando en términos estadísticos) si lo comparamos con las cifras de accidentes y muertes causadas por otros animales. A pesar de todo, la leyenda negra del tiburón continúa vigente en nuestro imaginario colectivo, reforzada por el sensacionalismo de muchos medios de comunicación, que prefieren someter la verdad a una cuota de público.
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| Jaquetón lobo (Carcharhinus obscurus). Foto (ligeramente editada) de Andy Murch, sharksandrays.com. |
En si misma, la persistencia de esta leyenda negra no tendría mucho recorrido si no fuera porque impacta negativamente en su conservación, primero perpetuando la imagen del tiburón como una especie de alimaña que conviene «mantener a raya» o bien, directamente, eliminar del océano, y que seguramente nadie o muy pocos echarán de menos si desaparece (todo el mundo se apunta para exigir a sus representantes políticos medidas para proteger al dulce osito panda o al simpático delfín, ¿pero al tiburón? Los políticos saben esto. Sin la presión de la opinión pública, nuestros gobierno no mueven un dedo por nada). En segundo lugar, distorsionando —cuando no ocultando— la verdadera realidad de las cosas.
Y la realidad es que cada vez hay menos tiburones en el océano; cada vez son más las especies y poblaciones que ingresan en los tristes listados de especies en peligro de extinción. No es el tiburón quien acaba con el ser humano, sino el ser humano quien está acabando con el tiburón, bien de forma directa, mediante la pesca industrial abusiva (si es que ambos conceptos no son el mismo), bien indirecta, causando graves alteraciones en el medio en el que vive, por ejemplo con la contaminación, la destrucción de los ecosistemas litorales, el incremento de su temperatura debido a las emisiones de gases de efecto invernadero que están transformando tan gravemente el clima del planeta...
El océano no solo es el lugar donde viven los tiburones, sino el medio del que depende nuestra propia existencia tal como la conocemos. Y se da la circunstancia de que estos bellísimos depredadores son piezas fundamentales en el mantenimiento del equilibrio y salud de las redes tróficas que alberga. De algún modo, proteger a los tiburones es protegernos a nosotros mismos.
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¹El ISAF nos ofrece una perspectiva temporal todavía más amplia que ayuda dimensionar correctamente el «problema» del tiburón.





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