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viernes, 30 de enero de 2026

Cailón en Oleiros (2011)

El cailón o marrajo sardinero (Lamna nasus) varado en la playa de Santa Cristina el 3 de enero de 2011. Foto de Europa Press publicada en diversos medios.

Hace ya 15 años...

PRIMERA PARTE. Domingo 2 de enero de 2011. «El gran pez cruzaba silenciosamente las aguas nocturnas propulsado por breves sacudidas de su cola en forma de media luna. Su boca estaba abierta lo suficiente para permitir la entrada de agua hacia sus branquias. Apenas había algún otro movimiento: ocasionalmente una aleta pectoral se elevaba o descendía ligeramente para corregir un rumbo sin objetivo aparente.»

11:45 am. Aquí dejamos el relato de ficción de Peter Benchley para seguir la crónica del suceso tal como la cuenta La Voz de Galicia del día 3 de enero. Ciertamente tiene menos tensión narrativa y es infinitamente menos glamurosa: no hay ni sangre ni miembros amputados ni vísceras flotando en el agua cual guirnaldas en el árbol de navidad. Pero qué le vamos a hacer, la realidad es así de prosaica:

Alberto Reimunde se encontraba ayer en la playa de Bastiagueiro impartiendo una clase de surf. «De repente escuché a unos niños gritar, miré hacia la orilla y vi las aletas de un tiburón que emergían del agua. El animal se movía lentamente. Inmediatamente les digo a todos mis alumnos que salgan, pero con cuidado, porque teníamos que rodearlo ya que se encontraba detrás nuestra [sic], en la orilla».
Foto de Pedro López, uno de los testigos, publicada en La Voz de Galicia del 3-I-2011. La mancha blancuzca en el margen posterior de la alta primera dorsal revela sin ningún género de dudas la identidad de su propietario.
Y el mar se vació. Desde la playa, los surfistas y la gente que andaba por allí dando un paseo pudieron observar los movimientos del animal, que, según el entrevistado, «Nadaba de forma desorientada. De hecho, casi encalla en la orilla, pero se alejó unos metros y desapareció». Poco después, este monitor de surf volvió al agua.
Llegó la primera ola y era buena. Se subió a ella y empezó a surfearla. «Y de repente apareció el tiburón a menos de una cuarta de mi tabla», contó. «Pude distinguir perfectamente sus ojos y su tamaño (medía 2,9 metros)... Casi le paso por encima». El marrajo se dio media vuelta y fue en ese momento cuando el surfista aprovechó para alcanzar la orilla y salir «corriendo por la arena escuchando al mismo tiempo los gritos de miedo de la gente que estaba en la playa», manifestó Alberto, que calificó su experiencia de increíble. (La Voz de Galicia, 3-I-2011)

SEGUNDA PARTE. Lunes 3 de enero de 2011. En torno a las 11:30 el servicio de Protección Civil de Oleiros recibe la llamada de un particular avisando de que acababa de encontrarse un tiburón de unos dos metros varado en la playa de Santa Cristina, en Perillo. Hasta allí se desplazan agentes de la policía local, y el pobre bicho es trasladado al Centro de Servicios Múltiples de Oleiros, según leemos en el diario La Opinión del 4 de enero. Por su parte, la Xunta envió un veterinario del Centro de Recuperación de Fauna Salvaje, quien certificó que se trataba de un marrajo sardinero macho y, ante la ausencia de heridas y señales de intento de captura, concluyó que posiblemente había muerto por causas naturales, «como un virus o una bacteria». No medía 2,9 m, como estimó el surfista, sino 2,09 m. Fin de la historia.

Composición con GoogleMaps.
Conclusión. En si la anécdota no es gran cosa, ya veis, más allá de la sorpresa o del susto que debieron de llevarse los testigos, y también de la curiosidad, tal vez no exenta de tristeza, de observar como una criatura tan extraordinaria, desorientada por la enfermedad, llegó hasta el fondo de la ría do Burgo simplemente para morir (algo parecido ocurrió con el solrayo que en junio de 2022 terminó varado en Vilanova de Arousa, dentro de la ría. Véase Primera cita del solrayo (Odontaspis ferox) en Galicia). Sin embargo, sí sirvió para poner de manifiesto, una vez más, de qué manera la imagen del tiburón como una criatura maligna y sanguinaria cuyo único propósito en la vida es acercarse a las playas del mundo para masticar patas de bañista permanece firmemente anclada en nuestro subconsciente colectivo. Los comentarios que muchos lectores dejaban al pie de la noticia en los diferentes medios digitales eran elocuentes: terror al tiburón, y ello a pesar de las decenas de documentales, noticias y artículos en prensa y televisión, en internet, etc. tratando de desmontar este mito.

Fuente no identificada.
Por no hablar del hecho de que el cailón no ha atacado nunca a ninguna persona. Es un tiburón evolutivamente diseñado para capturar peces medianos y pequeños como, precisamente, las sardinas que figuran en su apellido: marrajo sardinero. En la misma crónica de La Opinión del 4 de enero los lectores podían leer el testimonio, cargado de sensatez, de Antonio Rodríguez, del Grupo de Rescate y Estudio de los Mamíferos Marinos (Gremmar):
Que quede claro, ni esto es una película ni el hecho de que existan tiburones en lugares donde la gente cree que no los hay quiere decir que vayan a pegar un mordisco a nadie. Es cierto que los escualos suelen estar en aguas más abiertas, pero el tiburón sardinero persigue bancos de sardina y eso puede llevarlo a puertos y playas, lo que no significa que vaya a atacar a nadie.
Y por si la voz de la ciencia no fuese suficiente para calmar el nerviosismo de los escépticos más recalcitrantes hacia este tiburón, el alcalde de Oleiros se encargó de añadir un argumento absolutamente contundente, demoledor:
El tiburón se retiró de Santa Cristina por por parte de los servicios municipales y estaba muerto, así que no causará peligros en la zona. (La Opinión, 4-I-2011).

En efecto. Estos tiburones no son peligrosos, no comen personas, y mucho menos cuando ya están difuntos. Lo que no quiere decir que en vida sean inofensivos, algo así como ositos de peluche. Bien al contrario, si en su presencia no actuamos con el debido respeto y prudencia, si con nuestro comportamiento hacemos que se sientan acosados o acorralados, el susto o algo peor pueden ser de los gordos. Pero esto es lo que ocurre siempre con cualquier animal que tenga dientes. Cuando buceéis, probad a echarle la mano a un congrio (vivo), ya veréis.

Tras décadas de pesca intensiva, particularmente por parte de algunos países del norte de Europa, las poblaciones europeas del cailón o marrajo sardinero se encuentran en peligro crítico según la UICN, por lo que su pesca y comercialización permanecen desde hace unos años estrictamente prohibidas. De vez en cuando caen accidentalmente en las artes de pesca y, también de vez en cuando, acaban varados en nuestras playas, como el juvenil de la imagen, que fue encontrado en la playa de A Rapadoira (Foz, Lugo) en 2024. Medía apenas un metro (los cailones suelen nacer con 60-80 cm aproximadamente y pueden llegar hasta los tres metros y medio).

Foto tomada de la publicación digital Aquí en a Mariña del 14-III-2044.

[Este texto, ligeramente modificado y actualizado, formaba parte originalmente de un extenso artículo publicado en enero del 2013.]

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