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martes, 11 de septiembre de 2012

Dónde viven los tiburones

—Vale, pues ya lo he entendido: dentro del mar hay un montón de lugares distintos, ¿no?
—Exacto.
—Y en todos ellos hay tiburones.
—No en todos, pero vale, más o menos.
—Pues ya está. Ya nos hemos enterado. Hala, adiós, que me muero de sed.
—¡Eh! Quieto parado. Que todavía no me has respondido a la pregunta "¿Dónde viven los tiburones?".

—¡Cómo que no! Pero si te lo acabo de decir, tío plasta: en las diversas regiones que hay dentro del mar.
—¿Ah sí? ¿Todos mezclados en cualquier parte y de cualquier manera, como en una coctelería creativa?
—¡Y a mi qué carajo me...! Todos mezclados... yo qué sé. Mira, a mi déjame en paz.
—Pues no, ¿ves como  no te enteras?: cada especie tiene su lugar. Y si te quedas un rato más te lo explico.
—Sólo si prometes no volver a darme la paliza nunca más.
—Hecho.

Visera (Deania calcea) fotografiada a 1000 m en el Atlántico nororiental. (Foto: Nicola King, Universidad de Aberdeen).

Hace unos cuantos millones de años que los tiburones lograron colonizar con éxito los más diversos rincones del océano, llegando incluso a establecerse de forma permanente en algunos ríos (es el caso de las especies fluviales del género Glyphis). Lo más notable es que esta impresionante capacidad de adaptación se ha logrado mediante apenas un puñado de modificaciones realizadas sobre un diseño básico pero extraordinariamente eficaz: esqueleto de cartílago, 5-7 pares de aberturas branquiales laterales no protegidas por opérculos, ausencia de vejiga natatoria, etc. Así, por ejemplo, cuando unas condiciones ambientales adversas hicieron necesaria la ampliación de espacio para la instalación de un mayor número de electrorreceptores, se optó por alargar el morro, hacia delante o hacia los lados, según la especie, pero siempre respetando el diseño hidrodinámico marca de la casa; si en otro contexto la velocidad no resultó imprescindible para la supervivencia, se invirtió menos energía en el diseño de las aletas (suprimiendo algunas en determinados casos) y más en la construcción de un hígado más grande con el que se pudiese alcanzar la flotabilidad neutra; cuando se hizo evidente la necesidad de más estabilidad y potencia para la caza, se instalaron potentes quillas laterales en el pedúnculo caudal (y por supuesto, se autorizó la calcificación parcial del endoesqueleto para reforzar aquellas áreas más expuestas a la presión y esfuerzo físico); hubo incluso una escudería que desarrolló un sistema de calefacción con el que logró mejorar el rendimiento muscular y aumentar la velocidad del módulo de procesamiento de información y toma de decisiones... y así un pequeño etcétera.
De modo que quitémonos de la cabeza la imagen popular de una criatura primitiva que sólo piensa en comer y aparearse (si de verdad queréis ver qué es una criatura primitiva guiada exclusivamente por sus instintos primarios, encended la televisión y poned por ejemplo un Gran Hermano, o uno de estos programas de cotilleos, o mismamente un debate parlamentario). El tiburón es en realidad una especie tan sumamente moderna y avanzada que tardó relativamente poco en alcanzar un éxito evolutivo espectacular, de ahí que su diseño haya permanecido vigente, sin apenas modificación sustancial alguna, a lo largo de los últimos millones de años (¿qué necesidad hay de cambiar lo que está bien hecho?). No en vano continúa estudiándose y sirviendo como base de nuevos avances técnicos en campos tan diversos como el diseño naval, el aeronáutico, diseño de prendas deportivas, etc.

Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus) fotografiado a 874 m por la NOAA.
Especie marcadamente mesopelágica, pero dependiente de los fondos del talud.
En el post anterior vimos como el fondo del mar es en realidad una extensísima región de una compleja estructura geológica que ofrece una insospechada variedad de hábitats. Los científicos los han catalogado con una serie de etiquetas cuyo significado, simplificándolo en la medida de lo posible, nos hemos propuesto conocer, puesto que son las que generalmente utilizamos para describir el hábitat y costumbres de cada especie. Es evidente que cada una de ellas ha elegido un rincón particular del fondo donde establecerse, para lo cual ha tenido que adoptar las adaptaciones o modificaciones más adecuadas para soportar las condiciones impuestas por el ambiente. Por eso hablamos de tiburones pelágicos o bentónicos, tiburones demersales, tiburones epipelágicos o mesopelágicos, tiburones costeros o tiburones oceánicos, etc., y a veces haciendo combinaciones.
Para ello tomaremos como punto de partida este excelente esquema realizado por Xvazquez para Wikipedia, muy claro y conciso:

(1) Región nerítica; (2) Región oceánica. (3) Zona epipelágica; (4a) Zona mesopelágica; (4b) Zona batipelágica; (5) Zona abisopelágica; (6) Zona hadopelágica. (A) Plataforma continental; (B) Talud continental, Zona batial; (B1) Talud superior; (B2) Talud inferior. (C) Zona abisal. (D) Zona hadal. La t es la termoclina, un área de las capas superiores en que la temperatura del agua cae bruscamente.

1) En primer lugar podemos dividir el mar en dos grandes regiones en función de su distancia de la costa: la nerítica y la oceánica, marcadas como 1 y 2 respectivamente.
  • Región nerítica: Las aguas más próximas a la costa, sobre la plataforma continental.
  • Región oceánica: El océano más allá de la plataforma, alta mar.


Especie típicamente bentónica: Angelote (Squatina squatina)
fotografiado en el acuario de Coruña (Foto: Drow male).
2) A partir de aquí se establecen dos grandes dominios: el dominio pelágico (números 3 al 6) y el domino bentónico (letras A - D).
  • Dominio pelágico: Constituido por la masa de agua comprendida entre la superficie y las proximidades del fondo y todos sus habitantes. El nombre procede del término griego pélagos, 'mar abierto', 'piélago'.
  • Dominio bentónico: Del griego benthos, 'fondo del mar'. Constituido por el fondo marino y las plantas y animales que viven sobre él o dentro de él.


3) A su vez, el dominio pelágico, atendiendo a factores como la luz solar, la temperatura o la salinidad, puede dividirse en:
  • Zona epipelágica: (3) Hasta los 200 m de profundidad aproximadamente. Es la zona que permanece iluminada por la luz del sol, lo cual permite la fotosíntesis y por tanto el desarrollo de la producción primaria (el prefijo epi-, de origen griego, significa, justamente, 'superficie').
  • Zona mesopelágica: (4a) 200-1000 m aprox. (del prefijo también griego meso-, 'medio'). Espacio de transición o zona crepuscular entre la luz y la oscuridad
    Tintorera (Prionace glauca) fotografiada por Joe Romeiro.
    Especie pelágica oceánica.
    total. La cantidad de luz es insuficiente para que pueda realizarse la fotosíntesis. Hay menos oxígeno disuelto en el agua, lo que obliga a la optimización del rendimiento de las branquias. Muchas criaturas ascienden a la superficie durante la noche para alimentarse. Abundan las especies bioluminiscentes. En las proximidades del margen continental, se correspondería con la parte superior del talud continental.
  • Zona batipelágica: (4b) 1000-4000 m aprox. (del grieto bathys, 'lo profundo'). Es el reino de la oscuridad absoluta punteada por los destellos de alguna criatura bioluminiscente. Aguas muy frías bajo una presión asfixiante. Cerca de la plataforma, es la capa de agua que baña el talud continental.
  • Zona abisopelágica: (5) Desde los 4000 m hasta el suelo oceánico, en torno a los 6000 m. Su nombre procede del griego ábyssos, el abismo, lo insondable.
  • Zona hadopelágica: (6) 6000-11000 m. Corresponde a la zona más profunda del mar: las fosas abisales. Su nombre deriva de Hades, nombre con que los griegos designaban el inframundo.

4) El dominio bentónico se divide según la profundidad y la zona del margen continental en:
  • Zonas intermareal (zona expuesta al aire con marea baja y sumergida con marea alta) y submareal (zona permanentemente cubierta por el mar, o sea, la mayor parte de la plataforma): (A) También se las conoce como litoral y sublitoral, respectivamente.
  • Zona batial: (B) Zona del talud continental entre los 200 y los 4000 m aproximadamente.
  • Zona abisal: (C) Zona del suelo oceánico o llanuras abisales entre los 4000 y los 6000 m aprox.
  • Zona hadal: (D) Comprende el suelo de las fosas oceánicas desde aproximadamente los 6000 m hasta los 11.022 m de la fosa de las Marianas.
Por otro lado, muchas veces se emplea el término demersal para referirnos a aquellas especies cuya vida transcurre muy cerca del fondo, en la capa de agua colocada justo encima de él.

(Fuente: NOAA)
Finalmente, sólo nos queda señalar que, por algún motivo, los tiburones están prácticamente ausentes del dominio abisal, a partir de los 4000 m. Su presencia en esta zona es muy rara, probablemente limitada a incursiones ocasionales. Una de las explicaciones más plausibles es que tal vez la elevada necesidad energética de estos animales no puede satisfacerse en un medio de tan baja productividad, tan pobre en nutrientes (oligotrófico) (1).
El récord absoluto de profundidad de todos los tiburones lo ostenta, de momento, una especie presente en nuestras aguas, la pailona (Centroscymnus coelolepis), también conocida en inglés, con toda justicia, con el nombre de Portuguese dogfish, con 3675 m.

Pailona (Centroscymnus coelolepis) en Viana do Castelo (Foto: APECE)

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(1) Imants G. Priede, Rainer Froese, David M. Bailey et al. (2006). "The absence of sharks from abyssal regions of the world's oceans". Proceedings of the Royal Society, vol. 273, no. 1592, pp. 1435-1441.

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