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lunes, 3 de septiembre de 2012

Bajo el mar de Galicia

—A ver, ¿dónde viven los tiburones?
—Y dónde va a ser... pues en el mar.
—Vale. Pero ¿en qué parte del mar?
—Pues dentro de él.
—No me entiendes.
—No te explicas.
Tramo de océano desde el cabo Ortegal (Foto: Toño Maño)
Pues no. Me temo que este post que abre el nuevo curso no va a tratar exactamente sobre tiburones, sino sobre geografía. Y por un motivo creo que elemental: si queremos ser un poco rigurosos, no podemos seguir hablando de estos bichos sin saber algo del lugar donde se les puede encontrar. Al fin y al cabo son las características físicas, químicas y geológicas de cada rincón del relieve submarino las que determinan de alguna manera el tipo de especies que lo van a habitar. Hoy no vamos a entrar en terrenos tan específicos como las condiciones de presión, temperatura, salinidad, etc. porque este post se haría larguísimo, aunque los trataremos en su momento. El objetivo que nos proponemos es bastante más modesto: descubrir cómo es y qué aspecto tiene el fondo del mar que nos rodea, explicar a qué nos referimos cuando decimos, pongamos por caso, que tal especie habita en el talud superior, y también qué es exactamente el Banco de Galicia y por qué el gobierno no lo rescata ni hace planes para protegerlo. Para ello no basta con contemplar el mar desde la superficie, hay que meterse dentro. Pero os aseguro que la experiencia merece la pena, porque lo que hay ahí abajo quita el aliento.

Cuando logramos dar la espalda y aislarnos del espanto, tan exquisitamente hortera y deprimente, en que hemos convertido las zonas habitadas que pespuntean todo nuestro litoral de arriba abajo, el espectáculo que nos ofrece el mar es siempre de una intensa e inquietante belleza difícil de describir. No nos cansamos de recorrer nuestra costa y detenernos en cada uno de sus extraordinarios rincones sólo para contemplarlo y admirarlo, siempre tan igual a si mismo y al mismo tiempo siempre tan diferente, como alguien dijo alguna vez. Y además tenemos para rato, porque el 35% de la costa española corresponde a Galicia: son 1195 km, casi nada. Sin embargo, el panorama que se oculta bajo la superficie es sencillamente sobrecogedor: un fabuloso e inmenso paisaje de grandes llanuras,
valles profundos de laderas escarpadas, cañones abruptos e interminables, montañas gigantescas... que deja en mantillas a todo lo que se nos ofrece detrás de nuestras ventanas. Así vemos el mar de Galicia desde el cielo:


 ...y así es como lo veríamos si la gruesa lámina de agua fuese transparente como un cristal (colores psicodélicos aparte):

Fuente: ICM-CSIC
¿A que no está nada mal? Pues entonces a ponerse el bañador, las aletas y las gafas con el tubo, y al agua, rumbo oeste y hacia abajo (y si me lo permitís, yo casi os aguardo aquí arriba y voy poniendo unas cervecitas a enfriar).

Para empezar, el fondo del mar puede dividirse en dos grandes regiones: el margen continental (el borde del continente cubierto por el mar), formado por la plataforma y el talud continental, y el gran fondo oceánico propiamente dicho, con sus llanuras, montañas submarinas, simas, etc.
El margen continental de Galicia es de tipo pasivo, es decir, geológicamente inactivo (en la costa no tenemos terremotos de eso solo hay en el interior, en Triacastela y por ahí, para atraer a los turistas ni actividad volcánica alguna causada por encuentros o fricciones entre placas, etc.), por eso su relieve es más bien suave, con una plataforma no muy estrecha y un talud poco inclinado que presenta una acumulación de sedimentos en su basela elevación continental, entre otras características.

La plataforma continental de Galicia es relativamente estrecha. Su anchura máxima es de 35 km y su borde se encuentra en torno a los 150 m de profundidad.
Se trata de la zona más rica y productiva del océano, donde se concentra la mayor variedad y cantidad de organismos marinos. La luz del sol ilumina sus aguas someras de arriba abajo permitiendo el desarrollo de los organismos que forman la base de la gran red trófica marina: organismos fotosintetizadores como el fitoplancton. A ello se une la enorme cantidad de nutrientes transportados por el aire, las corrientes, las olas, etc. que permite el crecimiento del zooplancton y otros miles de pequeñas criaturas que asimismo contribuyen a sostener todo este complejo entramado de vida.
Aquí es donde se encuentran las zonas de pesca más importantes del planeta. Un dato más que elocuente: el 90% de las capturas mundiales se producen en esta zona, que representa el 8% de la superficie de todos los océanos.

El talud continental puede definirse como la falda del continente. Se forma cuando en el borde continental el suelo de la plataforma se dobla e inclina abruptamente para descender hasta los fondos abisales más allá de los 4500 m. La pendiente media es de 4-5º, veinte veces mayor que la de la plataforma continental.
Se divide en dos sectores: talud superior y talud inferior. El primero llega aproximadamente hasta los 1800 m y presenta pendientes acusadas, mientras que las del segundo son más suaves.
El talud está cortado, a modo de hachazos, por una serie de cañones submarinos Ferrol, Coruña, Laxe, Muxía, Muros, Arousa, Pontevedra, Vigo..., una suerte de valles submarinos en forma de 'V' posiblemente de origen tectónico (1) que descienden desde las aguas superiores de la plataforma canalizando hasta lo más profundo una importante cantidad de sedimentos.
El talud es rico en nutrientes procedentes de la plataforma y la costa, lo cual permite la proliferación de especies de aguas intermedias (pelágicas) o más ligadas a los fondos (bentónicas y demersales).

Fuente: Encyclopaedia Britannica.
Hacia el oeste, el talud da paso a la llamada cuenca interior de Galicia. Se trata de una cuenca sedimentaria con forma de 'U' en sección transversal que recorre de norte a sur la práctica totalidad del margen costero occidental a lo largo de unos 350 km. Tiene una anchura aproximada de unos 100 km y una profundidad de entre 3000 y 4000 m. Se la conocía con los nombres de valle de Valle-Inclán o Fosa de Galicia. Su límite occidental está marcado por una cadena de montes submarinos que la separan de la gran llanura abisal de Iberia, que son, de norte a sur, los bancos de Galicia, Vigo (2100 m de profundidad), Vasco da Gama (1750 m) y Porto (2200 m).

El más importante es el Banco de Galicia, una profunda montaña submarina (en realidad, un bloque continental) que se eleva desde los 5000 m de la llanura abisal de Iberia hasta unos 650 m de profundidad en su parte más alta. Esto quiere decir que estamos, ni más ni menos, ante la montaña más alta de Galicia al doblar los 2127 m de Peña Trevinca. Se encuentra a unas 120 millas de la costa y tiene alrededor de 50 km de ancho en su eje E-W por 90 km de largo de norte a sur. Como se aprecia la imagen de abajo, su relieve es accidentado, presentando una serie de pequeñas crestas, valles y canales. Fue aquí, por cierto, donde se hundió el Prestige tras haber rociado con piche, gracias al empeño de nuestras competentes autoridades, toda nuestra fachada atlántica, como quien pasa un spray antihormigas todo a lo largo del zócalo de la cocina.
Relieve del Banco de Galicia y parte de la cuenca interior (fuente: Pilar Marcos, WWF).
Es también un área rica en biodiversidad, tanto bentónica (arrecifes de corales de aguas frías, esponjas, etc.) como pelágica (2). Las corrientes de la zona hacen que los abundantes sustratos sedimentarios se mezclen con el agua horizontal y verticalmente. Esta presencia de nutrientes todo a lo largo de la columna de agua es la responsable del crecimiento de la producción primaria y, con ello, de la abundancia de peces de todo tipo que acuden a la zona con fines tróficos y/o reproductivos, así como de otras criaturas como cetáceos, aves marinas, etc. Como es natural, no existen planes de gestión y protección, que sepamos, para la zona. Como aquí no hay banqueros...

Finalmente, más allá del Banco de Galicia... el abismo. En el mapa vemos como el borde continental gallego está limitado por dos grandes llanuras abisales: la de Vizcaya al N y la de Iberia al W. La primera se encuentra a unos 5000 m de profundidad, la segunda a 5300 m. Las llanuras son en realidad amplias zonas de suelo oceánico que han sido cubiertas por una gruesa capa de sedimentos de hasta varios kilómetros de espesor que oculta el relieve original dándole el aspecto de una planicie suavemente ondulada. Lejos de lo que se creía hasta hace relativamente pocos años, el lodo de la llanura alberga una espectacular diversidad de formas de vida. Se la compara a menudo con la selva tropical vista desde el aire, donde el espeso manto verde de las copas de los árboles oculta una inmensa multiplicidad de especies.


La planicie abisal se extiende, con una leve inclinación en sentido ascendente, hacia la gran Dorsal Atlántica...

... y en el siguiente post hablaremos de tiburones.

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(1) Ver ICM-CSIC.
(2) "Estas formaciones obligan a las aguas profundas a subir hasta la superficie al chocar contra sus empinadas laderas, lo que permite el ascenso de nutrientes (conocidos como afloramientos o upwellings), hasta la superficie y los convierte en alimento accesible para el plancton. En las paredes de los montes arraiga una rica variedad de animales y vegetales sésiles –que no se desplazan–. Gracias a esta riqueza en nutrientes y la variedad en el tipo de sustratos, las montañas submarinas deben ser consideradas como enormes oasis en medio del mar abierto." (Pilar Marcos, WWF).

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3 comentarios:

  1. Muy interesante, la verdad es que no tenía ni idea de que los fondos de Galicia llegasen a tales profundidades. Una vez leí que se encontró un tiburón duende en costas de Galicia, y se supone que este tiburón habita fondos de a partir de 2.000 metros http://www.fordivers.com/es/fauna/especie/tiburon-duende/ ¿sabes si esto es cierto?

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  2. No uno, Jorge, sino varios tiburones duende se han capturado hasta la fecha en nuestras aguas. No sabría decirte cuántos exactamente. La CEMMA tiene constancia de unos cuantos ejemplares que han podido recoger y estudiar (alguno donado al museo nacional de ciencias), y a ver si hacen ya alguna publicación o algo para conocer más datos. Es decir, que en nuestras aguas tenemos Chlamydoselachus.
    Próximamente dedicaremos un post a este bicho, que vive no más allá de los 2000 metros, sino entre los 50 y los 1500 m, que no está nada mal.

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    1. Revisando este post acabo de caer en la cuenta de un pequeño gran despiste en mi respuesta anterior: el tiburón duende obviamente no es del género Chlamydoselachus, sino del Mitsukurina.

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