Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

domingo, 7 de septiembre de 2014

La espada antitiburones

Aquí me tenéis de nuevo buceando en las hemerotecas digitales para conocer que se contaban nuestros abuelos sobre los tiburones. Hoy le toca a la del ABC, que es realmente espectacular. No tiene nada que ver con la desoladora mediocridad que tiñe las páginas del periódico (a excepción de su suplemento cultural, muy superior en calidad al resto de los que se editan hoy en España).
El artículo que os traigo hoy, publicado en 1921 en el suplemento Blanco y Negro, nos presenta uno de los más sofisticados ingenios diseñados hasta aquel momento para proteger a los buzos de los tiburones. Consistía básicamente en una varilla metálica conectada a un generador situado en un barco, que producía descargas eléctricas letales cuando entraba en contacto con el animal. Su inventor fue nada menos que Hugo Gernsback, un apasionado de la electricidad y sus aplicaciones, entre otras muchas cosas¹. No he logrado averiguar si tuvo mucho éxito o si en algún momento se llegó a poner en práctica con cierto rigor, aunque no parece probable.
Tampoco parece probable que Mr. Gernsback hubiese bautizado su artilugio con el nombre de la famosa espada del Cid Campeador, ni que en su artículo del Science and Invention hablase de la influencia de las tormentas sobre el carácter de las suegras, de natural avinagrado, de señoritas que atacan con sus uñas a solterones pretendientes, o de las hazañas de Don Quijote de la Mancha. Esto es cosa de D. Emilio Rodríguez Sadia, que en su afán divulgativo no duda en incorporar este tipo de elementos populares a un discurso a mi modo de ver ya de por si empalagosamente costumbrista.
Como siempre, he transcrito el texto tal cual aparece en el original, sin modernizar grafías ni puntuación, para conservar ese saborcillo a viejo que tanto nos gusta. Todas las ilustraciones pertenecen al artículo.


LOS ÚLTIMOS ADELANTOS:
LA TIZONA DEL DIABLO
Por Emilio Rodríguez Sadia


     En adelante yo no sé qué será peor: si verse buzo en presencia de tiburón o verse tiburón en presencia de buzo. Porque les digo a ustedes que el arma que acaba de idear H. Gernsback (véase la revista Science and Invention) para defender a buzos contra tiburones es un arma que ni uñas de mujer escarmentada contra solterón pretendiente (nueva casta de tiburón).
     He ahí una pecera de cristal, por la que navega gallardamente un pececillo rojo, como recreándose en el áureo cabrilleo de sus escamas. Tomemos el cordón de la luz eléctrica; destrencemos sus dos ramales; atemos a un ramal una laminita de plomo y al otro ramal una varilla metálica, forrada de goma en toda su longitud, menos en la punta. Si introducimos en la pecera de un lado la lámina, de otro la varilla, y damos a la llave, como para encender la luz, la pecera se convertirá en un vaso electrolítico, es decir, que de la varilla a la lámina, o viceversa, pasará corriente a través del agua, y observaremos que el pececillo coletea furioso hasta ponerse en la dirección en que va la corriente.
     Como no soy pez, no puedo decirles a ustedes la impresión que recibirá el animalito en ese momento; pero me imagino que le hará la broma muy poca gracia. Los temperamentos nerviosos son muy sensibles al estado eléctrico de la atmósfera. Por ejemplo: las suegras son insoportables el día de tormenta (y en su casa hay tormenta todos los días). Parece como si los efluvios eléctricos, que pasan de las nubes a la tierra por la diferencia de potencial, destemplasen el arpa privilegiada que forman sus neuronas, neuroglias, axones y ganglios. Ahora bien, la atmósfera del pez es el agua. ¿Y hay acaso temperamento más nervioso que el temperamento de un pez?
     Por eso, si estando ya el pez tranquilo, le acercamos la varilla, veremos que huye. Y si le acosamos con insistencia, pretendiendo tocarle, veremos que coletea tan desesperadamente, que llega a saltar fuera de la pecera.
     La única manera de poder tocarle es cortar la corriente y acercarle entonces la varilla sin electricidad alguna. Pero si estando así la varilla en contacto del pez damos otra vez de pronto a la llave, veremos que instantáneamente da un coletazo frenético y muere electrocutado.


     Pues ahora no es ya una pecera; es el mar. A bordo de un buque funciona una dinamo, entre cuyos bornes hay una diferencia de tensión de 2.000 voltios. Uno de los bornes está unido al casco metálico del buque (como si dijéramos a la laminita de plomo de la pecera), y el otro por medio de un largo cable, a la tizona del diablo (como si dijéramos a la varilla forrada de goma).
     La tizona del diablo no es, en efecto, más que una varilla de cobre encerrada dentro de un largo estuche de bambú, aislada, por consiguiente, en toda su longitud, menos en la punta, que queda descubierta. Su aspecto es el de una larga espada, cuya hoja asomase por el fondo de la vaina. El cable conductor del flúido eléctrico entra, perfectamente aislado, por la empuñadura de la espada, pero no llega a establecer contacto de primera intención con la varilla de cobre que constituye como la hoja. Para que se forme contacto es necesario que, apretando con la punta de la espada contra un obstáculo, se haga penetrar a la empuñadura dentro de la vaina (la empuñadura y la vaina enchufan como dos tubos de anteojo hasta vencer un muelle o trinquete de retención): en ese momento sí habrá contacto, efectivamente, entre el cable y la varilla de cobre, y aparecerá, por lo tanto, electricidad en la punta de la tizona.
   Resulta, pues, que la empuñadura obra como un interruptor. Cuando está separada de la hoja de la tizona, no puede llegar corriente a la punta descubierta, y en el agua del mar no se nota el menor influjo eléctrico. Tan pronto como hay contacto entre ambas piezas aparece electricidad en la punta descubierta. Los iones salinos empiezan a acarrear esta electricidad de la tizona al buque y del buque a la tizona, y a través del agua del mar pasa una corriente. Atención ahora. El caballero buzo se ha calzado ya las espuelas, es decir, unos zapatones enormes de plomo, que le han de servir para descolgarse al fondo del mar no de otra guisa que el de la Triste Figura se descolggmailó al fondo de la cueva de Montesinos; se ha vestido la cota de mallas, es decir, un voluminoso chaleco repleto de aire comprimido, con cuya fuerza ascensional podrá subir a la superficie en un momento apurado con más ligereza que el mismísimo ludión de Descartes (no sin haberse descalzado antes los zapatitos), y ha empuñado, finalmente, con el donaire de un muñeco de guiñol la tizona formidable.
     Pero he aquí que, apenas llega al profundo abismo, un tiburón de largos bigotes se abalanza hacia él dispuesto a devorarlo. El caballero buzo no se inmuta. La tizona en guardia lo espera. Al choque brutal se cierra el circuito eléctrico. Y el miserable selacio muere electrocutado.
     Un nuevo tiburón asoma entonces en la lejanía. Pero, como entre la tizona y el buque está ya cerrado el circuito a través del agua, al acercarse y sentir el desagradable cosquilleo de la electricidad gira sobre sus aletas, mira al buzo de soslayo y se va diciendo, como el loco de Córdoba al encontrar un perro, desde que la estaca del bonetero le puso los huesos como alheña: "¡Este es podenco, guarda!"
     Y el buzo se pone ya a recoger tranquilo esponjas y perlas.
     Los tiburones le deben tener ya al ingeniero Gernsback una ojeriza... Porque no es la primera vez que este buen señor abusa de su inocencia. El fué quien un día empezó a echar por la borda de un barco piltrafas de carne, pedazos de pan, plátanos, naranjas y hasta gallinas, desplumadas y todo. Los tiburones se arremolinaron todos al punto. ¡Ah, las gallinas! Sobre todo las gallinas se las disputaban a dentelladas con tanta furia, que ni que fueran actas de diputados a Cortes. Pero de pronto muerde uno de ellos una gallina y queda muerto en el acto. Aquella gallina estaba unida a un cordón eléctrico... En torno al cadáver todos los tiburones empezaron a maldecir amostazados. Hay que convenir en que la protesta no podía estar más justificada. ¡Por mucho menos protestaría cualquiera, aun sin ser tiburón!
Blanco y Negro, 6 de febrero de 1921, pp. 21-22

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¹Hugo Gernsback fue un tipo, como poco, bastante peculiar. Nació en Luxemburgo en 1884 y a los 20 años emigró a los EEUU, donde llevado por su pasión por la electricidad, la radio y la ciencia, se hizo inventor, escritor y editor de revistas de radio, de ciencia (entre ellas Science and Invention), y sobre todo de ciencia ficción. De hecho, muchos lo consideran como uno de los padres de este género, junto con H. G. Wells y el mismísimo Julio Verne, a pesar de sus turbias (como poco) y abusivas prácticas empresariales y editoriales. Tenía por costumbre explotar miserablemente a los escritores que contrataba para publicar en sus revistas, entre ellos gente de la talla de un Lovecraft; no es de extrañar que se refiriesen a él como "Hugo the rat".


jueves, 28 de agosto de 2014

Apristurus en Galicia

Pejegato abisal (Apristurus profundorum). Foto: Toño Maño.

No sabemos lo que tenemos.
Los muestreos que en el 2011 se llevaron a cabo en el banco de Galicia bajo el proyecto INDEMARES están arrojando unos resultados sencillamente espectaculares, sacando a la luz un patrimonio natural oceánico mucho más rico de lo que imaginábamos.
Hace pocas semanas se publicaba un valioso trabajo¹ firmado por Rodríguez-Cabello, M. Pérez y el maestro Rafael Bañón que daba cuenta de los primeros registros en el mar de Galicia de tres tiburones de aguas profundas extraordinariamente raros y muy poco conocidos, todos pertenecientes al género Apristurus, el de los colayos o pejegatos (familia Pentanchidae, o, para muchos, Scyliorhinidae², orden Carcharhiniformes): el pejegato abisal (Apristurus profundorum), el pejegato fantasma blanco (Apristurus aphyodes) y el pejegato narizón (Apristurus melanoasper).
La mayor parte de los Apristurus de que tenemos noticia viven en aguas muy profundas, desde los 500 hasta casi 2000 m, o más. Estas cotas los dejan fuera, por el momento, del alcance de las artes de profundidad, lo cual, por un lado, significa que están a salvo del peligro, pero por otro, debido a la escasez de registros, hacen que sean grandes desconocidos para la ciencia, tanto en lo que respecta a su biología como a la identificación de especies válidas. Puede decirse que estamos ante el género más amplio y menos conocido de todos los tiburones... y también el más confuso en términos taxonómicos, con permiso de los Centrophorus.

Apristurus sp. fotografiado en el fondo marino por un vehículo no tripulado. Fuente: people.whitman.edu
Hasta ahora se conocen unas 37 especies de pejegatos. De ellos, una tercera parte se ha descrito exclusivamente a partir de un holotipo; al menos cuatro holotipos se han perdido o han desaparecido tal vez para siempre; y la identificación de cerca de otro tercio se ha hecho sobre la base de un número exiguo de ejemplares. La conclusión no puede ser otra que algunas especies probablemente sean de dudosa validez³. Como contrapartida, la amplia distribución del género hace pensar que muy probablemente, a medida que vamos ampliando el conocimiento —todavía muy pobre de la fauna del talud continental de muchas zonas del Planeta, el descubrimiento de especies nuevas se va a incrementar sustancialmente.

Apristurus profundorum. Foto: Toño Maño.
Características generales del género Apristurus. Al escaso número de registros y la cuestionable validez de algunas especies, hay que añadir el problema de la identificación. Salvo algunos casos, los Apristurus son muy puñeteros, si me permitís la expresión. No son excesivamente difíciles de reconocer como grupo: todos tienen un morro más o menos alargado y espatulado (aplanado dorsoventralmente), y, junto con la cabeza, expandido lateralmente; narinas grandes con pequeñas solapas anteriores y sin conexión con la boca; pliegues labiales bastante largos; dorsales pequeñas, sin espinas y en posición muy retrasada; aleta anal muy larga, de forma más o menos triangular, y separada de la aleta caudal por apenas una muesca o escotadura; caudal alargada; y coloración uniforme, entre otros rasgos.

Fuente: Samuel P. Iglésias. Chondrichthyans and Cyclostomata from the North-eastern Atlantic and the Mediterranean (A natural classification based on collection specimens, with DNA barcodes and standarized photographies). Provisional version 07, 1 April 2013. http://www.mnhn.fr/iccanam
Características individuales. Sin embargo, individualmente ya es otro cantar, porque muchas veces los caracteres significativos que nos permiten distinguir una especie de otra son tremendamente sutiles y difíciles de captar para los no especialistas (y para algunos especialistas también). Muchas especies son tremendamente parecidas entre si, y sus aletas y cuerpos blandos, fácilmente deformables en algunos puntos, dificultan sobremanera la toma de biometrías y, por tanto, su identificación, aun habiéndose mejorado notablemente los descriptores morfológicos en estos últimos 20 años gracias a diversos trabajos de revisión del género. Por poner un ejemplo un poco superficial, los cuatro pejegatos de la imagen de arriba parecen claramente diferentes en cuanto al color y la forma de ciertas partes del cuerpo; pues bien, los dos primeros son en realidad de la misma especie, Apristurus laurussoni o colayos de Islandia; el tercero es un pejegato narizón (A. melanoasper) y el cuarto un pejegato fantasma blanco (A. aphyodes). Esto quiere decir que rasgos morfológicos en apariencia tan evidentes como pueda ser el color no significan nada por si solos, sino que deben ponerse en relación con los demás. Los mayores especialistas en Apristurus recomiendan nada menos que 75 biometrías, además de cómputos vertebrales, dentales y del número de vueltas de la válvula espiral. Y si es posible, todo ello complementado con una muestra de tejido para un análisis genético. Igualmente, como ocurre con otros tiburones, otro elemento que se tiene en consideración es la forma, tamaño y disposición de los dentículos dérmicos de ciertas zonas del cuerpo, como el margen dorsal de la aleta caudal. Genética y morfología están destinadas a ir de la mano, a apoyarse la una en la otra.

La experiencia más extraordinaria que he tenido el privilegio de vivir como apasionado de los tiburones de aguas profundas. Invitado por unos buenos amigos, Gonzalo y Rafa, pude no solo observar, in situ, el proceso de identificación de varios Apristurus, sino participar en él, cuando me animaron a tomar las biometrías de un par de ejemplares, por supuesto bajo su atenta supervisión. El ejemplar del que me estoy ocupando, que resultó ser un A. profundorum, no procedía del banco de Galicia, sino de Terranova. En este link de Ecología Azul podréis ver a Rafael Bañón y a Gonzalo Mucientes en acción.
Los tres grupos de Apristurus. Para poner un poco de orden en todo esto, Nakaya ha distribuido los Apristurus en tres grupos bien diferenciados, que bautizó con el nombre de una especie tipo. El primero, el más pequeño y reconocible, es el grupo longicephalus, caracterizado, como su nombre indica, por tener un morro extremadamente largo. En cuanto a los otros dos, de morro claramente más corto:
  • Grupo brunneus: Válvula espiral con 15-22 vueltas, surco labial superior más largo que el inferior, y canales sensoriales supraorbitales discontinuos.
  • Grupo spongiceps: Válvula espiral con menor número de vueltas, entre 7 y 12; surcos labiales superiores casi iguales o claramente más cortos que los inferiores; canales sensoriales supraorbitales continuos.
Las especies del grupo brunneus tienden a tener un cuerpo esbelto, dientes más pequeños y se les encuentra con mayor frecuencia por encima de los 1000 m. Por el contrario, las del segundo grupo presentan, en general, un cuerpo más robusto, dientes más grandes y se les suele encontrar más allá de los 1000 m; los longicephalus estarían en un término medio. Curiosamente, la morfología de las cápulas-huevo (todos los Apristurus cuya biología reproductiva conocemos son ovíparos) que se han podido conseguir y analizar parece corroborar esta división. Las cápsulas de las especies brunneus presentan largos zarcillos en cada extremo, que sirven para anclarlos a alguna roca u organismo sésil, mientras que las especies spongiceps carecen de ellos, lo que hace pensar que simplemente son depositados sobre el sustrato. Todo apunta a una divergencia evolutiva del grupo spongiceps y su grupo hermano longicephalus a partir del brunneus, que ha sido confirmada por diversos estudios moleculares.

Y aquí lo dejamos, en el mismo borde del oscuro y enmarañado bosque de los pejegatos, recorrido por sendas tortuosas repletas de obstáculos, de arenas movedizas y de ramales que no llevan a ninguna parte. Sería una temeridad pensar siquiera en ofrecer de forma clara y organizada las claves de cada especie, y además tampoco era el objetivo de este post. Baste decir que, por lo que respecta a nuestros Apristurus "paisanos", el A. aphyodes y el A. profundorum pertenecen al grupo spongiceps, y el A. melanoasper, al grupo brunneus. A partir de aquí, nos iremos ocupando de cada uno de ellos en su correspondiente monográfico.

Apristurus spongiceps o colayo cabeciblanco. Foto de la NOAA tomada de Wikipedia.

Los Apristurus del banco de Galicia. La gran mayoría de los pejegatos muestreados durante la campaña INDEMARES fueron A. aphyodes, con 18 ejemplares, 7 machos y 11 hembras, capturados entre los 1460-1809 m; de A. profundorum, solo se encontró una pequeña hembra, a 1460 m; y de A. melanoasper también otra hembra, a 1683 m, estableciendo, de paso, un récord de profundidad para la especie.
Curiosamente, todos eran ejemplares juveniles... Y uno no puede evitar sentir el deseo tan fugaz como disparatado de valorar este último dato en clave simbólica, como cifra de la insospechada biodiversidad de nuestra gran montaña submarina y como una promesa de futuro. Qué absurdo, verdad.


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¹Cristina Rodríguez Cabello, M. Pérez & Rafael Bañón (2014). Occurrence of Apristurus species in the Galicia Bank Seamount (NE Atlantic). Journal of Applied Ichthyology, 1-10, doi:10.1111/jai.12480. 
²Tradicionalmente se consideran los Apristurus como un género de la familia Scyliorhinidae. Sin embargo, cada vez más científicos los engloban dentro de una familia diferente, Pentanchidae. Véase Claves de los Carcharhiniformes.
³David A. Ebert (2013). Deep-Sea Cartilaginous Fishes of the Indian Ocean. Vol. 1 Sharks. FAO Species Catalogue for Fisheries Purposes. No. 8, Vol. 1. FAO, Rome, p. 167.
Kazuhiro Nakaya, Keiichi Sato, Samuel P. Iglésias & William T. White (2008). Methodology for the taxonomic description of members of the genus Apristurus (Chondrichthyes: Carcharhiniformes: Scyliorhinidae). En P. R. Last, W. T. White & J. J. Pogonosky (Eds.). Descriptions of New Australian Chondrichthyans. CSIRO Marine & Atmospheric Research Paper, No. 022, pp. 49-60.

Mesa de trabajo. El calibre y el paper de Nakaya, imprescindibles.
Kazuhiro Nakaya & Keiichi Sato (1999). Species grouping within the genus Apristurus (Elasmobranchii: Scyliorhinidae). En B. Séret & J.-Y. Sire (Eds.) Proceedings of the Indo-Pacific Fish Conference, 1997, Nouméa. Société Française d'Ichtyologie & Institut de Recherche pour le Développement, Paris, pp. 307-320.
Esquema de los dos modelos de canales sensoriales supraorbitales: arriba el continuo, correspondiente a un A. fedorovi; abajo, el discontinuo, correspondiente a un A. brunneus. Fuente: Nakaya y Sato (1999).
Véase Brooke E. Flammang, David A. Ebert & Gregor M. Caillet (2007). Egg cases of the genus Apristurus (Chondrichthyes: Scyliorhinidae): Phylogenetic and ecological implications. Zoology 110 (4), pp. 308-317. doi: 10.1016/j.zool.2007.03.001.


jueves, 21 de agosto de 2014

Zorro negro (Alopias superciliosus)

Foto: Jason Arnold.

Zorro negro

Alopias superciliosus Lowe, 1841

(es. Zorro negro, zorro ojón; gal. Raposo ollón; in. Bigeye Thresher; port. Zorro olho grande.)

Orden: Lamniformes
Familia: Alopiidae


El zorro negro es el más misterioso y más amenazado de los tres zorros marinos que conforman la familia Alopiidae; es además el que ofrece un diseño corporal más extravagante, particularmente la cabeza... Pero por todo ello es quizá también la especie más interesante.
Parece obvio que su rasgo más característico son sus enormes ojos (de donde le viene el apelativo "ojón", así como su nombre científico, super+ciliosus), cuya peculiar disposición, extendidos hacia la superficie dorsal de la cabeza, le permite detectar a sus presas desde abajo, recortadas contra la superficie, mientras nada lentamente camuflado en las profundidades, el color oscuro de su dorso haciéndolo prácticamente invisible.
Sin duda, un animal fascinante que merece ser conocido... antes de que acabemos con él.

Fuente: CEPSUL, ICMBio.
Descripción: Cuerpo robusto, cilíndrico, terminado en una caudal larguísima, cuyo lóbulo superior casi alcanza la longitud corporal. Las órbitas de los enormes ojos se extienden hacia la superficie dorsal. La cabeza presenta un característico "casco" o coraza claramente delimitada por unos surcos laterales con forma de V. A diferencia de los demás alópidos, la superficie dorsal de la cabeza entre los ojos es ligeramente plana, no curvada. El morro es largo y apuntado.
La primera dorsal está situada más cerca de las aletas pélvicas que de las pectorales. Las aletas pectorales son muy grandes y de ápice no tan afilado como en el A. vulpinus. Las pélvicas son también grandes, aproximadamente de la misma altura que la primera dorsal. La segunda dorsal y la anal son diminutas; la primera está más adelantada que la segunda.
En cuanto a la librea, presenta en el dorso un color azul oscuro plomizo a violáceo, o gris oscuro con un tono parduzco, que va aclarándose progresivamente hacia la superficie ventral, de un tono blanquecino sucio. No hay cambios bruscos de color ni franja blanca encima de las aletas pectorales.

Foto: Gonzalo Mucientes.
Dentición: Dientes parecidos a los del zorro (Alopias vulpinus): base ancha con una sola cúspide de bordes lisos relativamente estrecha e inclinada. A diferencia del A. vulpinus, los dientes del A. superciliosus son más grandes y menos abundantes: están dispuestos en 19-27 hileras en la mandíbula superior y 20-24 en la inferior; el tercer diente superior es de tamaño similar a los demás, no más pequeño.

Fuente: flmnh.ufl.edu
Talla: Miden entre 100-140 cm al nacer¹ y pueden llegar a alcanzar al menos los 480 cm de longitud total. Los machos maduran entre los 270-290 cm y las hembras entre 330-350 cm,

Reproducción: Vivíparo aplacentario (ovovivíparo) con oofagia. El zorro negro tiene la menor tasa reproductiva de todos los alópidos, que ya de por si es baja en extremo: tienen de 2 a 4 crías por camada (sobre todo 2), y una maduración muy tardía para una especie con una esperanza de vida de 19-20 años: los machos maduran a los 9-10 años y las hembras entre los 12-14 años.
El periodo de gestación es probable que sea de unos 12 meses, pero faltan evidencias que lo confirmen; los partos se producen a lo largo de todo el año, aunque en el Atlántico parecen ser más frecuentes en otoño e invierno. El Estrecho de Gibraltar es una zona de cría.

Fuente: Apex Predators Program, NOAA / NEFSC, a través de fishesofaustralia.net.au
Dieta: Se alimenta principalmente de peces pelágicos gregarios de tamaño mediano a pequeño como arenques, sardinas, lanzones y peces aguja; peces de fondo como la merluza, y también cefalópodos y crustáceos. Es un cazador visual: se sirve de la peculiar anatomía de sus ojos para localizar a sus presas desde el fondo, y utiliza su cola para aturdirlas o matarlas, blandiéndola como un látigo.
Al menos en el Mediterráneo hay constancia de que se atreve con bichos más grandes e indudablemente más peligrosos. En 1994 apareció en Tavolara (una pequeña isla al norte de Cerdeña) una hembra de 4 m con un enorme tajo en la frente, justo entre los ojos, de cuyo interior se logró extraer un trozo de 15 cm perteneciente al pico de un pez espada. Cabe la posibilidad de que haya sido el pez espada quien atacó al tiburón sin que hubiese provocación alguna.

Hábitat y distribución: El zorro negro es una especie que ocupa una amplia variedad de hábitats: epipelágica, nerítica y epibéntica. Se encuentra tanto en aguas de la plataforma continental e insular próximas a la costa como en mar abierto, desde la superficie hasta, por lo menos, los 723 m de profundidad.
Aunque suele encontrársele en zonas donde la temperatura del agua en superficie oscila entre los 16-25ºC, parece tratarse de un tiburón euritermo (es decir, capaz de soportar grandes variaciones de temperatura). Recientemente se han detectado patrones de desplazamiento vertical: por el día permanece durante más de 8 horas a profundidades de entre 300 y 500 m, en temperaturas de 6-12ºC, y por la noche asciende hasta los 10-100 m, donde la temperatura es de 20-26ºC.
El tipo de hábitat tal vez determina que el zorro negro solo posee endotermia craneal, a diferencia del zorro común, de aguas más frías, que es corporal, como en los marrajos²

Elaboración propia a partir de Ebert et al. 2013.
Distribución mundial en aguas templadas y tropicales. En esta parte del Atlántico las capturas suelen ser esporádicas: Islas Británicas, golfo de Vizcaya, Portugal, Azores, Madeira, Canarias, etc. Es un potente nadador, capaz de desplazarse distancias superiores a las 1500 millas, de modo que, al menos en determinadas áreas, las variaciones en sus números y distribución pueden depender de factores relacionados con migraciones estacionales que es fundamental conocer³. Este mismo año (2014) hemos conocido el primer registro en aguas del sureste de la India.
En aguas gallegas es bastante menos frecuente que el zorro común (Alopias vulpinus). El 5 de febrero de 1999 apareció un ejemplar a pocos metros del muelle de Cesantes (Redondela), en plena ensenada de San Simón, al final de la ría de Vigo. Medía 351 cm, "de los cuales 167 correspondían a la cola". Posteriormente, en julio del 2008, se encontró otro ejemplar en playa América, Nigrán.

Foto: Gonzalo Mucientes.
Pesca y estatus: Tiene un gran interés comercial, puesto que se aprovecha integralmente, si bien su carne no es tan apreciada como la del A. vulpinus. Se captura con palangre, redes de deriva, etc.
Como ya apuntamos, la biología reproductiva de la especie la hace muy vulnerable a la sobrepesca. Se han constatado importantes caídas de sus poblaciones a nivel global, en algunas zonas se encuentra al borde de la extinción... o ya extinguida. Un informe de la FAO sostiene lo siguiente: "A menos que se demuestre lo contrario, lo prudente es considerar la especie como completamente explotada o sobreexplotada a nivel global". Los datos de capturas no suelen ser fiables, dado que normalmente se descarga mezclado con las otras dos especies de zorros marinos. Lo que quiere decir que es probable que las cifras sean a la baja. En los dos lados del Atlántico norte, EEUU y UE, su captura, descarga, trasbordo y retención a bordo están terminantemente prohibidas. Figura en el Apéndice I de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que obliga a los diferentes estados a cooperar para su conservación. Incluido en el Anexo II de la CMS en noviembre de 2014.

Está incluido en la Lista Roja de la IUCN bajo el estatus global de Vulnerable. No obstante, en el Atlántico occidental, las poblaciones del norte y zona centro están calificadas como En peligro, y la del sur Casi amenazada. En el Mediterráneo, el estatus es de Datos incompletos.


>> Para más información sobre otros alópidos véase Colas de zorro (fam. Alopiidae) y Zorro (Alopias vulpinus).

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¹Posiblemente las tallas de nacimiento vienen determinadas por parámetros geográficos o ambientales. Así por ejemplo, parece que los neonatos del Pacífico NW son los más grandes. Véase Che-Tsung Cheng, Kwang-Ming Liu & Yung Chou-Chang (1997). "Reproductive biology of the big eye thresher shark, Alopias superciliosus (Lowe, 1839) (Chondrichthyes: Alopiidae), in the northwestern Pacific". Ichthyological Research, vol 44, Issue 2-3, pp. 227-235.
²C. A. Sepulveda, N. C. Wegner, D. Bernal & J. B. Graham (2005). "The red muscle morphology of the thresher sharks (family Alopiidae)". Journal of Experimental Biology, 208, 4255-4261. doi: 10.1242/jeb.01898.
³Hiroaki Matsunaga & Kotaro Yokawa (2013). "Distribution and ecology of the bigeye thresher shark Alopias superciliosus in the Pacific Ocean." Fisheries Science, Vol 79, Issue 5, pp. 737-748.
A. M. Gowthaman, P. Jawahar & V. K. Venkataramani (2014). "New occurrence of big eye thresher shark Alopias superciliosus lowe, 1841 in Gulf of Mannar, southeast coast of India". Indian Journal of Geo-Marine Sciences, Vol 43(5), pp. 883-885.
Véase Estanislao Fernández de la Cigoña & José Manuel Oujo (1999). "Sobre o achado dun tiburón da especie raposo do mar ollón, Alopias superciliosus, no interior da ría de Vigo, Cesantes (Redondela), no inverno de 1999". Fauna das augas galegas: Crustáceos, peixes, réptiles, aves e mamíferos. Colección Natureza Galega vol. XIV. AGCE/IGEM, Vigo, pp. 21.24.
Los autores no ofrecen datos sobre el sexo ni estado de conservación. Tal vez fuese un descarte, o tal vez el animal se internó en la ría desorientado o enfermo. Al no haberse practicado necropsia alguna, la cuestión queda en el aire.
Véase Rafael Bañón, Gonzalo Mucientes et al. (2010). "Marine fishes from Galicia (NW Spain): An updated checklist." Zootaxa, 2667, p. 4.
Información tomada del informe sobre la especie elaborado por la IUCN Red List.


lunes, 11 de agosto de 2014

Colas de zorro (fam. Alopiidae)

Zorro (Alopias vulpinus). Foto: Scott Sheehan.
La inconfundible familia de los zorros marinos, Alopiidae, comprende tres especies, dos de las cuales están presentes en aguas de Galicia: el zorro (Alopias vulpinus) y el zorro negro (Alopias superciliosus).
Los alópidos pertenecen al orden de los Lamniformes, como los marrajos, el tiburón blanco, el peregrino, o el tiburón duende, con los que comparten rasgos anatómicos como un cuerpo cilíndrico con cinco pares de largas aberturas branquiales laterales, ojos sin membrana nictitante situados delante de las comisuras bucales, narinas sin barbillones, válvula espiral anular, etc. [véase Claves de los Lamniformes].
Es evidente que el elemento que los distingue como grupo es la forma característica de su enorme aleta caudal, cuyo lóbulo superior puede llegar a tener la misma longitud que el resto del cuerpo. Los zorros la emplean para cazar: utilizándola a modo de látigo para aturdir o matar a sus presas favoritas (peces medianos a pequeños y cefalópodos).

Zorro pelágico (Alopias pelagicus) golpeando una bola de sardinas con su larga cola en isla Pescador, Filipinas. Fuente: Simon P. Oliver et al. (2013)¹
Identificar tiburones zorro resulta sumamente sencillo si sabemos poner el ojo en el lugar adecuado, como se suele decir. Vamos allá:


A. Ojos enormes, cuyas órbitas se extienden hacia la superficie dorsal. Cabeza con un característico casquete cefálico delimitado por unos surcos laterales en forma de V; la superficie entre los ojos es plana. Morro largo y apuntado. Dientes grandes: 19-27 filas en la mandíbula superior y 20-24 en la inferior. Primera dorsal situada más cerca de las aletas pélvicas que de las pectorales. Color gris azulado a parduzco, oscuro en el dorso que va aclarándose progresivamente hacia la superficie ventral, que es de un tono blancuzco que no llega a extenderse por encima de las pectorales. Alopias superciliosus (zorro negro).

Alopias superciliosus. Fuente: www.pacificsharks.org.
Foto: Gonzalo Mucientes.

>B. Ojos de tamaño más reducido, no extendidos hacia la superficie dorsal. Cabeza sin "casco" y de superficie fuertemente arqueada entre los ojos. Dientes más pequeños y dispuestos en un mayor número de filas que en A. superciliosus. Primera dorsal en posición intermedia entre las aletas pectorales y las pelvianas, o ligeramente más próxima a las primeras.

     B.1. Cabeza ancha, de morro corto y frente fuertemente arqueada. Boca con surcos labiales. 32-52 filas de dientes en la mandíbula superior y 25-50 en la inferior. Pectorales falcadas y apuntadas. Color gris azulado con tonos casi metalizados (en fresco) en el dorso y blancuzco en la superficie ventral, extendiéndose por encima de las aleas pectorales; el cambio de color es brusco e irregular. Alopias vulpinus (zorro).

Alopias vulpinus. Foto: Toño Maño.

     B. 2. Cabeza estrecha, con el morro más alargado que la especie anterior y la frente casi recta. Boca sin surcos labiales. 41-45 filas de dientes en la mandíbula superior y 37-38 en la inferior. Pectorales no falcadas y de ápices anchos, no apuntados. Color azul intenso en el dorso y blanco en el vientre, pero nunca sobre las aletas pectorales. Alopias pelagicus (zorro pelágico).

La inmensa mayoría de las imágenes de alópidos vivos en en su medio que podéis encontrar en la red y en los documentales corresponden a esta especie del Indopacífico; existen pocas del zorro negro (A. superciliosus) y muy pocas del zorro común (A. vulpinus). Tal vez por eso no son pocas las ocasiones en las que observamos errores de identificación, particularmente con este último. El truco más sencillo para evitar confusiones (o que nos quieran dar gato por liebre) es fijarse en las aletas pectorales: si hay una franja blanca encima, es un A. vulpinus; si no la hay, un A. pelagicus, además de lo ya dicho (forma del morro y pectorales, etc.).

Alopias pelagicus. Fuente: divernet.com.

Es curioso notar que de estas tres especies de alópidos sólo una, el zorro (Alopias vulpinus), es propiamente endoterma, como los marrajos: sus paquetes de musculatura roja se encuentran dispuestos en el interior corporal albergando la rete mirabile [véase La musculatura del tiburón]. El zorro negro (Alopias superciliosus), en cambio, solo posee endotermia craneal. Esto tal vez está relacionado con el tipo de hábitat preferente de cada especie: el A. vulpinus es la especie con una distribución más amplia en latitudes altas; la del A. superciliosus es más reducida, si bien diversos estudios de telemetría han demostrado que pasa gran parte de las horas diurnas en profundidades donde el agua ronda los 6-12ºC; en cambio, el A. pelagicus se encuentra en la franja tropical y subtropical².

Todos los alópidos figuran en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Vulnerables. Sus poblaciones están disminuyendo a un ritmo alarmante, y en algunas zonas del planeta la caída ha sido increíble. Se trata de la segunda familia de tiburones más amenazada después de los angelotes (Squatinidae). Su carne, aletas, hígado son muy apreciadas, pero su tasa reproductiva, excesivamente baja, los hace muy vulnerables a la sobrepesca. En España y la UE su captura está prohibida.

> Véase: Zorro (Alopias vulpinus) y Zorro negro (Alopias superciliosus).

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¹Simon P. Oliver, John R. Turner, Klemens Gann, Medel Silvosa, Tim D'Urban Jackson (2013). "Thresher Sharks Use Tail-Slaps as a Hunting Strategy". PLoS One 8(7): e67380. doi: 10.1371/journal.pone.0067380.
²C. A. Sepulveda, N. C. Wegner, D. Bernal & J. B. Graham (2005). "The red muscle morphology of the thresher sharks (family Alopiidae)". Journal of Experimental Biology, 208, 4255-4261. doi: 10.1242/jeb.01898.

martes, 5 de agosto de 2014

Una cría de tintorera en Corrubedo


Esta pequeña tintorera (Prionace glauca) se la encontraron hoy a mediodía unos niños en la playa da Ladeira, Corrubedo. Su sorpresa fue morrocotuda, aunque parece que se levantó algo más que expectación entre los bañistas que observaron como se llevaban el tiburoncito hasta el puesto de vigilancia.

jueves, 31 de julio de 2014

Odón de Buen y un peregrino

Odón de Buen.

Lo que sigue es apenas una pequeña anécdota ocurrida hace casi 100 años, a finales de un mes de julio como este, gozosamente comentada por la prensa de la época. Sus protagonistas fueron un tiburón peregrino, la familia real, que holgazaneaba en Santander, y la figura clave de la Oceanografía de este lugar tan triste llamado España: D. Odón de Buen.

"El principe de Asturias y el infante D. Jaime, con su profesor señor Loriga, viendo el tiburón pescado á nueve millas de la costa". Fuente: Mundo Gráfico: Revista popular ilustrada, miércoles 31 de julio de 1918, Biblioteca Nacional de España.
SANTANDER 26 (10,30 n.). Los tripulantes de la lanchilla de pesca de Santoña "Virgen del Puerto", al regresar esta mañana se vieron sorprendidos por la presencia de un tiburón, a una milla próximamente de cabo Mayor. 
     El patrón de la lancha dispuso todo lo conveniente para darle caza, y se le tiró un arpón que fué a clavarse en el lomo del selacio, que, al sentirse herido, dió tan fuerte sacudida, que en uno de los coletazos estuvo a punto de echar un hombre al agua. El arpón quedó retorcido y roto; pero como el tiburón estaba mortalmente herido, pudieron los tripulantes de la lanchilla largar unos cabos, amarrarle y meterle a bordo. Sobre cubierta continuó dando coletazos, y algunos de los pescadores hubieron de darle varios cortes con una navaja para rematarle. 
     De la llegada de este ejemplar al puerto, tuvo noticia el director del Instituto Oceanográfico, D. Odón de Buen, quien inmediatamente se presentó en la lancha y examinó el tiburón. Este fué trasladado a la Estación de Biología marina para su estudio. 
     Se trata de un ejemplar "Cetorhinus maximus", joven, de tres metros veinte centímetros de largo. Estos ejemplares llegan a medir catorce metros. Es el segundo de esta familia que se ha conseguido coger en las costas españolas. El primero es el que es halla en el Museo de Historia Natural de Madrid. 
     El señor de Buen se propone conservar la cabeza del tiburón y enviar las vísceras para que sirvan de estudio a las señoritas pensionadas por el Instituto Oceanográfico que se encuentran en San Sebastián. 
     El príncipe de Asturias y el infante D. Jaime visitaron la Estación de Biología para ver el tiburón. Luego recorrieron el "Acuarium" acompañados de sus profesores los señores Dóriga y Antelo, del marqués de Viana y del conde del Grove.
El Sol, 27 de julio de 1918.

Odón de Buen fue un firme defensor del republicanismo, del laicismo y del pensamiento libre, y una de las figuras clave en el desarrollo de nuestra ciencia, cuyo estudio se propuso modernizar incorporando en su labor docente las más novedosas técnicas, materiales y modelos científicos... en contra de todo y de todos. Su empeño en introducir en España algo tan peligroso como la teoría de la evolución le valió la expulsión de la cátedra de Zoología de la universidad de Barcelona, y la presión conjunta de la Iglesia y la alta sociedad ultra conservadora logró incluir parte de su copiosa obra en el Índice de Libros Prohibidos.
En una excursión científica a bordo del buque Balear, 1908.
Su extensísima obra comprende decenas de tratados científicos y centenares de artículos periodísticos. Pero la culminación de la labor científica de este aragonés de secano fue la creación, en 1914, nada menos que del Instituto Español de Oceanografía. La ciencia, la educación y la libertad frente al oscurantismo y la servidumbre moral e intelectual ligada al imperio de una religión de estado.
"Fui siempre partidario de la enseñanza laica y enemigo irreconciliable de la escuela oficial española, ayuna de buen plan pedagógico, rutinaria, arcaica en procedimientos, en materiales, en locales, y con un personal reclutado en una selección al revés, confesional en exceso y deficiente de enseñanzas ciudadanas, fuera de las realidades de este mundo por pensar demasiado en el otro mundo."
Más adelante explicaría su sentido del laicismo: “El laicismo es hoy la más preciada libertad. No se opone el laicismo a la religión ni la persigue. El laicismo es tolerancia a la conciencia ajena; pero la conciencia está fuera de la órbita del Orden Público, y no se puede aceptar que en las relaciones sociales se quiera imponer a los demás el dictado de la conciencia”. Y uno ya se imagina como termina la historia.

"El principe de Asturias viendo el tiburón pescado a tres millas de la costa y que ha sido regalado al Museo Oceanografico de Santander." Fuente: La Acción, 29 de julio de 1918, Biblioteca Nacional de España.
También estuvieron a verle [al tiburón peregrino] el príncipe de Asturias y el infantito don Jaime, acompañados de su profesor, señor Antelo, y del conde de Grove. Don Odón de Buen, que se encontraba en aquel momento en la Estación de Biología de Marina [sic], aprovechó la ocasión para dar á los augustos niños una verdadera conferencia científica. (La Vanguardia, 27 de julio de 1918).

Pocos años después la victoria del bando nacional-católico en la Guerra Civil cortó del modo más sangriento aquel proceso de renovación y modernización del país a través de la ciencia, la cultura y la educación. Y de qué manera: con la muerte, la represión y el exilio. La imagen de un viejo de 74 años, enfermo y medio ciego, encerrado durante un año entero en la cárcel de Palma de Mallorca sin el más mínimo atisbo de misericordia, es un pálido reflejo del odio visceral que espíritus libres como de Buen despertaron en la miserable canalla. De algún modo recuerda la trágica escena de otra de nuestras grandes figuras, esta de las letras, D. Antonio Machado, cruzando la frontera francesa a pie bajo una lluvia torrencial, llevando a su madre enferma, junto a centenares de compatriotas que cargaban los enseres que apresuradamente habían podido rescatar de sus hogares.

Tras un canje de prisioneros, que solo resultó posible debido al escándalo internacional que había provocado el fusilamiento, la madrugada del 3 de septiembre de 1936, de uno de sus hijos, Sadí, médico y científico de renombre que contribuyó decisivamente a la erradicación del paludismo en España (su trabajo, por cierto, se destruyó tras su muerte, y ante el grave repunte de la enfermedad en los años 40, hubo que empezar desde cero), de Buen pudo salir de prisión y marchar al exilio a Francia. Pasó unos pocos años en Banyuls-sur-mer, a pocos kilómetros de Collioure, donde acabarían instalándose Machado y su madre, y tras la muerte de su mujer decidió trasladarse a México. Allí murió en 1945. Tenía 82 años.
                           Contemplando el tiburón 
SANTANDER 27 (2 t.). A las once y media de la mañana salió de Palacio la reina Victoria, con las infantas doña Cristina y doña Beatriz y el infante D. Gonzalo, dirigiéndose al Instituto para ver el tiburón cogido ayer.
El director del Instituto, Sr. De Buen, enseñó a las augustas personas el acuario, que les agradó mucho. [...] A la una y media salió el Rey, con su secretario, Sr. Torres, y fué también a ver al tiburón. (El Sol, 28 de julio de 1918).
En Madrid hacia 1925.
En 2003, los restos de Odón de Buen fueron llevados de vuelta a España y enterrados en su pueblo natal, Zuera. Según parece, allí le han levantado monumentos y hecho homenajes sin fin... tras haberlo crucificado miserablemente:
“En el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza se encuentran múltiples papeles con las acusaciones de sus vecinos de Zuera, por ser significado republicano, masón, ateo y hasta marxista. Todos los cargos tenían por objeto, además de la venganza, la incautación de sus bienes en Zuera, con la notable pirueta legal, por llamarla de alguna manera, según la cual el inculpado debía “responder civilmente por los daños o perjuicios de todas clases que hubiera ocasionado directamente como consecuencia de su oposición al triunfo del Movimiento Nacional”. Embargaron su casa con todo lo que había dentro, cuya relación de bienes se realiza con sobrecogedor detalle. “El mobiliario del despacho, por cierto, se lo quedó mosén Fernando, el cura de Zuera”. “Lo que no debieron encontrar son los libros que Odón de Buen había guardado allí con idea de retirarse algún día; fueron quemados en la plaza pública por los falangistas, en los primeros días de la Guerra, igual que fue arrastrado por las calles del pueblo el busto que le había hecho Mariano Benlliure y que estaba en el Grupo Escolar”. (Antonio Calvo Rey, Odón de Buen: Toda una vida, citado por Rafa Ruiz en su artículo de recomendable lectura "Odón de Buen: por la ciencia, el laicismo y la república", blog elasombrario.com).
Unos años antes, y gracias al empeño y compromiso con sus vecinos de aquel viejo republicano, masón, ateo "y hasta marxista", Zuera pudo gozar de una biblioteca municipal y un colegio.

La figura de Odón de Buen, como la de otros muchos intelectuales republicanos, fue sepultada por el régimen fascista bajo el más escandaloso y vil de los silencios... que todavía hoy sigue de algún modo vigente. Apenas se le han dedicado unos pocos artículos y algún que otro documental coincidiendo con el centenario del Instituto Español de Oceanografía. Lo demás sigue siendo oscuridad y silencio, y nosotros, un país de segunda... que además sigue todavía empeñado en deshacerse de sus hombres de ciencia. La vieja consigna del "que inventen ellos" la llevamos impresa en la boina como los americanos el "In God we trust" en sus billetes.
Menos en lo que nos interesa, somos un país de peregrinos.

Foto: Alex Mustard.

jueves, 24 de julio de 2014

Anelasma, el percebe parásito

Negrito (Etmopterus spinax) con una pareja de Anelasmas en la base de la dorsal. Foto de Irvin Kilde tomada de Wikipedia.

En efecto, el título parece una mezcla de capítulo de Bob Esponja y de historieta de Mortadelo y Filemón, tal vez sazonada con una pizca de película de serie B de los años 50. Pero la historia es real, y bastante seria a juzgar por las consecuencias que este percebe mesoparásito tiene para sus huéspedes. Conozcamos a sus protagonistas.

I. LA CRIATURA. Podríamos despachar este punto diciendo simplemente que el Anelasma squalicola es un crustáceo cirrípedo del orden de los percebes (Pedunculata) que parasita tiburones de aguas profundas. Pero, como en toda buena novela, nos perderíamos la parte más jugosa y fascinante de todas, su naturaleza y orígenes.
      Los percebes son algo así como gambas mutantes que viven permanentemente encerradas entre las paredes de una especie de concha lo que llamamos uña fijada a una roca mediante un pedúnculo; sus patas se han modificado para convertirse en cirros, esas largas estructuras con aspecto de pluma con las que tamizan el agua en busca de nutrientes. En su fase larvaria pasan por dos grandes estadios: larva nauplius, que forma parte del zooplancton, y larva cipris, que es una nadadora rápida y activa en busca de un lugar donde establecerse. Una vez anclada a una superficie tiene lugar la metamorfosis de la que surgirá la criatura en su forma definitiva. La inmensa mayoría de las especies coloniza rocas o cualquier otro objeto flotante, otras se fijan a organismos vivos como ballenas y cangrejos.
     En general, extraen su alimento del agua circundante, pero unas pocas lo extraen del interior de otras criaturas.

Existen otros percebes parásitos, pero que no se parecen en nada al percebe prototípico, hasta el punto de que solo se han podido identificar como tales gracias a sus larvas. Por ejemplo, los rizocéfalos (Rhizocephala), unos bichos de auténtica pesadilla, de los que existen más de 250 especies. Una vez el cipris se ancla a su huésped (típicamente un cangrejo decápodo), lo que queda tras la metamorfosis es apenas un saco que contiene el aparato reproductor y el sistema nervioso central. Pero lo terrible es lo que no vemos: las raíces que contienen el aparato digestivo se extienden hacia todos los rincones del interior de la víctima, castrándola y dominándola hasta convertirla en un apéndice de su voluntad. El cangrejo llega a proteger el bulbo del rizocéfalo como si fuese su propio saco de huevas... aun tratándose de un macho.
Comparación de un Anelasma squalicola (izq.) con un percebe típico (drcha.): obsérvese la forma y tamaño de los cirros (ci), claramente subdesarrollados en el primero, así como la forma del pedúnculo (pd) del Anelasma, adornado con un buen número de raíces. Las barras de escala representan 0,5 cm. Fuente: Rees et al. (2014), Current Biology.
El caso del Anelasma es bien distinto y extraordinariamente fascinante, como ya observó el propio Charles Darwin en un estudio monográfico sobre los cirrípedos publicado en 1851. En primer lugar, pese a haber cambiado radicalmente su estilo de vida pasando de filtrador a parásito, morfológicamente todavía conserva el aspecto típico de un percebe: consta de una parte superior o capítulo, si bien desprovisto de cubierta calcárea, y de un pedúnculo, que aquí ha desarrollado unas estructuras en forma de raíces. A nivel interno se observa, entre otros elementos, que contiene seis pares de cirros, pero poco desarrollados y carentes de estructuras filtradoras, lo que los hace inservibles para su función trófica original probablemente están atrofiados.
      En segundo lugar, se trata del único percebe que parasita vertebrados, lo que no deja de ser sorprendente habida cuenta de que se conocen varias especies de cirrípedos que viven anclados a diferentes vertebrados marinos, como las ballenas (Coronulidae), y sin embargo ninguna ha dado el salto evolutivo hacia una forma de vida parasitaria. Y como colofón, el último descubrimiento¹ es que su pariente más cercano no es ninguno de estos percebes viajeros, sino un percebe de roca normal y corriente, filtrador y sedentario, del Indo-Pacífico, el Capitulum mitella. La genética y el registro de fósiles confirman que ambas especies comparten un ancestro común, del que empezaron a divergir allá por el Mesozoico, hace unos 120 millones de años.²
      Todo lo anterior hace pensar que el Anelasma puede ser una criatura en pleno proceso de divergencia evolutiva, o, si se prefiere, el eslabón entre los cirrípedos filtradores y los parásitos.

Otra pareja de Anelasma en un negrito (Etmopterus spinax). Observad el pedúnculo, que parece una cebolleta, enterrado en el cuerpo del tiburón, y el capítulo, oscuro y sin placas calcáreas, como en los demás percebes. Fuente: Rees et al. (2014). Current Biology.

II. LAS VÍCTIMAS. El Anelasma squalicola se fija al cuerpo de su víctima y hunde el pedúnculo en el tejido muscular. Este pedúnculo, de color lechoso amarillento y aspecto bulboso, ha desarrollado un sistema radicular mediante el cual se extiende a lo largo del tejido para absorber los nutrientes que necesita, de manera similar a las raíces de los árboles. Las zonas preferentes de anclaje pueden variar de una especie de tiburón a otra, según Yano & Musick³. Así, en los tollos negros (Centroscyllium fabricii) que examinaron estaban situados en la segunda dorsal; en los ejemplares de tollo raspa (Etmopterus princeps), en la boca y primera dorsal; en los de melgacho pardo (E. unicolor), en los pterigópodos y base de las pectorales; en el melgacho granuloso (E. granulosus), en la primera dorsal, el abdomen y en la aleta caudal.
     En la mayor parte de los casos, los Anelasma se encuentran formando parejas, posiblemente por motivos relacionados con la reproducción. Aunque son hermafroditas, siempre debe haber un macho que fecunde a una hembra (por cierto, como curiosidad, los percebes tienen el pene más largo en relación al tamaño de su cuerpo de todo el reino animal).

Es notable que en todos los casos registrados a nivel mundial los huéspedes son tiburones pertenecientes a la misma familia, la de los tollos o tiburones linterna, Etmopteridae (orden Squaliformes). Estas son las especies recogidas e investigadas por Yano & Musick en el citado trabajo.
  • Tollo negro (Centroscyllium fabricii), al oeste de Groenlandia.
  • Tolla de peines (Centroscyllium nigrum), en la parte del Pacífico del estrecho de Magallanes, Chile, cerca de la isla Desolación.
  • Melgacho granuloso (Etmopterus granulosus), en Nueva Zelanda.
  • Tollo raspa (Etmopterus princeps), en las islas Canarias.
  • Melgacho de aletas orladas (Etmopterus schultzi), en el Golfo de México.
  • Negrito (Etmopterus spinax), en el norte de España y las Islas Británicas.
  • Melgacho pardo (Etmopterus unicolor), en Nueva Zelanda.
Esta especialización no es única del Anelasma. El Dermopthripius penneri, por ejemplo, un platelminto, solo parasita dos especies de tiburones: el jaquetón picudo (Carcharhinus brevipinna) y el jaquetón manchado (Carcharhinus limbatus).

Negrito (E. spinax) con doble pareja de Anelasma. La barra de escala representa 1 cm. Fuente: Rees et al. (2014), Current Biology.
¿Qué consecuencias tiene el Anelasma para sus víctimas? Pues bastante graves, puesto que afectan nada menos que a su reproducción, bien retardando, bien limitando de alguna forma el desarrollo de sus órganos reproductores (recordemos que estos tiburones de aguas profundas poseen ya de por si una bajísima tasa reproductiva). Lo que Yano & Musick descubrieron fue lo siguiente:
     -Las hembras maduras infectadas presentaban un número de óvulos maduros notablemente inferior al de individuos de su misma talla. Estos óvulos, de un color blanquecino a ligeramente amarillento, eran, además, bastante más pequeños que los de las hembras sanas, claramente amarillos.
     -Los testículos y pterigópodos de los machos maduros infectados estaban menos desarrollados que los de los individuos sanos de talla similar.

Ahora ya conocéis toda la historia (o casi toda). Ni Bob Esponja, ni Mortadelo y Filemón, ni película de serie B. Solo se me ocurren algunas analogías con la situación de una ciudadanía que quiere salir adelante pese a un puñado de parásitos que extienden sus tentáculos y... ... y mejor quedémonos con los tiburones.

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¹Véase David John Rees, Cristoph Noever, Jens Thorvald Hoeg, Anders Ommundsen & Henrik Glenner (2014). On the Origin of a Novel Parasitic-Feeding Mode within Suspension-Feeding Barnacles. Current Biology, vol 24, Issue 12, pp. 1429-1434. DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.cub.2014.05.030
²No obstante, Yano & Musick (2000) recogen la idea de que su amplio rango geográfico y la distribución de sus huéspedes pueden apuntar al hecho de que el nombre A. squalicola englobe en realidad a varias especies.
³Kazunari Yano & John A. Musick (2000). The Effect of the Mesoparasitic Barnacle Anelasma on the Development of Reproductive Organs of Deep-Sea Squaloid Sharks, Centroscyllium and Etmopterus. Environmental Biology of Fishes, 59: 329-339.