Toda la información y noticias relacionadas con el mundo de los tiburones: biología, ecología, pesca, conservación, etc., con especial atención a las especies presentes en aguas de Galicia.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Musola pinta (Mustelus asterias)

Mustelus asterias. Foto: Peter Veerhoog, Dutch Shark Society.

Musola pinta

Mustelus asterias (Cloquet, 1819)

(es. Musola pinta, musola estrellada; gal. Cazón branco, canexa, casón; in. Starry smooth-hound; port. Caçao pintado.)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Triakidae


Hace pocos años se montó un pequeño revuelo por la exhibición en el Museo do Mar de Vigo de un cazón branco o musola pinta. Era una hembra de 120 cm y 7 kg de peso procedente del acuario de O Grove, adonde había llegado unos meses atrás junto con otro ejemplar de su misma especie y sexo, ambos donados por el mariñeiro que los había capturado.
Las condiciones de los 17 m del estrecho tanque de Vigo no parecían el lugar idóneo para albergar este pequeño tiburón, de modo que enseguida se levantaron voces desde diversas organizaciones y asociaciones conservacionistas como ADEGA y la SGHN reclamando que fuese devuelto a su medio natural, su mar (nuestro mar). Naturalmente, la cosa quedó en una sorda pataleta. Es notorio que el conservacionismo y la protección del medio ambiente viene siendo al español medio lo que La Polla Records y el rock satánico a Su Eminencia Reverendísima Cardenal Antonio María Rouco Varela.
El cazón branco es uno de los tiburones más bellos que podemos encontrar en nuestro litoral, y aunque es más común que su pariente más cercano, la musola lisa (Mustelus mustelus), no es, sin embargo, tan abundante como sería de desear... y cada vez lo es menos.

Foto: bathyporeia, Flickr.
Descripción: El cuerpo de la musola pinta es alargado y esbelto, y rematado en una cabeza corta y un morro moderadamente largo y ligeramente apuntado. Narinas grandes y más próximas entre si que otras especies (espacio internarial corto, entre 2 y 2,6% de la longitud total). Boca corta y angular, con pliegues labiales largos (los superiores claramente más largos que los inferiores) y dentículos bucofaríngeos cubriendo el paladar y la base de la boca. Grandes ojos ovalados con membrana nictitante rudimentaria y marcada carena subocular. Espiráculos grandes, situados detrás de los ojos.
Las dos dorsales son altas y moderadamente grandes; la primera, originada sobre la axila pectoral, es un tanto mayor que la segunda. Las pectorales son grandes, anchas y de forma triangular, con el borde posterior levemente curvo. Pélvicas grandes y aleta anal mucho más pequeña que la segunda dorsal, y en posición más retrasada que ésta. El lóbulo terminal caudal es grande y bien marcado, mientras que el lóbulo inferior está poco desarrollado.
La librea es característica: dorso gris uniforme azulado o terroso punteado con numerosas manchas blancas dorsolaterales (es la única musola europea con manchas blancas), no siempre claramente visibles; vientre blanco o blanquecino.

Izda.  Foto de Karl Van Giderdeuren. Dcha: Dientes mandíbula inferior (foto: Edward Farrell, Irish Elasmobranch Group).
Dentición: Dientes similares en ambas mandíbulas: molariformes y asimétricos, dispuestos como en un mosaico, con apenas una pequeña cúspide baja y levemente en punta.

Talla. Talla máxima de alrededor de 140 cm. Al nacer miden entre 28-32 cm y llegan a la madurez hacia los 72-85 cm los machos, y 83-91 cm las hembras (como otros mustelus, ellos maduran antes que ellas). En el Mediterráneo parece que las hembras maduran a una talla mayor: Capapé señala 96 cm en aguas tunecinas¹.

Reproducción: Vivípara aplacentaria con histotrofia (es decir, una vez agotado el saco vitelino los embriones reciben alimento de la madre a través de una secreción uterina, la llamada "leche uterina"). Las camadas suelen ser de entre 6 y 18 crías, según la talla materna, y nacen cerca de la costa tras aproximadamente un año de gestación. En el Atlántico NE los partos suelen tener lugar entre abril y junio, temporadas en las que se han observado neonatos y juveniles en aguas someras de playas de arena del SE de Irlanda, estuario del Támesis, etc.
Las hembras pueden almacenar esperma durante largos periodos de tiempo, incluidas las inmaduras (los óvulos no se fecundan hasta que no han alcanzado su madurez sexual, como ocurre por ejemplo con las tintoreras (Prionace glauca)).

Foto: Danny Meagher.
Existen diferencias en diversos aspectos de la biología reproductiva de los ejemplares atlánticos y mediterráneos. Así, en el Atlántico NE se han registrado camadas más reducidas que en el Mediterráneo, lo que puede estar relacionado con las tallas de la madre (suponiendo que en el Mediterráneo las tallas de madurez reportadas sean significativas) y también con factores ambientales como la temperatura del agua: cuanto más fría, más bajo es el número de crías, un fenómeno ya descrito para otras especies de musolas (Mustelus antarcticus y M. manazo). Igualmente, como en estas mismas dos especies, el ciclo reproductivo de los ejemplares atlánticos, de aguas más frías, parece ser bianual (aproximadamente 12 meses de gestación y otros tantos de descanso antes del siguiente apareamiento), mientras que en el Mediterráneo, de aguas más cálidas, es anual. Por último, no se han encontrado compartimentos uterinos en las hembras del Atlántico NE (entre otras cosas, estos compartimentos incrementan la superficie de intercambio metabólico)². La conclusión es que las poblaciones atlánticas de musola pinta son más vulnerables que las mediterráneas.
En el Atlántico NE los machos maduran a los 4-5 años y las hembras hacia los 6.


Dieta. Especializada en crustáceos, cuyas conchas tritura con su dentadura especializada, incluidas las diversas "viviendas" de los cangrejos ermitaños. También consume pequeños peces y cefalópodos.

Hábitat y distribución: La musola pinta es un tiburón demersal que habita en fondos preferentemente de arena y grava de la plataforma continental entre los 0-200 m. En el Mediterráneo catalán, Barrull & Mate indican los 70-700 m, "siendo más común entre los 70 y los 200 m". Es una especie de hábitos más litorales que la musola (Mustelus mustelus).


Se encuentra en el Atlántico NE, desde el Mar del Norte e Islas Británicas hasta las Canarias y Mauritania. Presente también en el Mediterráneo y Adriático; dos registros en la costa SW del mar Negro³. En el Atlántico NE es más común que la M. mustelus, al contrario que en Mediterráneo.

Pesca y conservación. Especie de alto valor comercial sobre todo en todo el Mediterráneo, donde su carne es bien apreciada, y puede adquirirse fresca, salada o congelada en muchos mercados. En esta zona, donde es menos abundante que la musola (Mustelus mustelus), se ha constatado un descenso importante en el volumen de capturas y se considera que algunas de sus poblaciones locales posiblemente han desaparecido.
En Galicia sí se comercializa bien, pero más hacia el norte de Europa suele más bien capturarse accidentalmente con arrastre y redes de enmalle y directamente se descarta o se usa como carnada. Como ocurre al menos con M. mustelus, en algunas lonjas he visto que se subasta como cazón (Galeorhinus galeus). Es una especie cotizada por los pescadores deportivos británicos.
En general, las cifras referidas al volumen de capturas accidentales, descartes y descargas son muy pobres, en el mejor de los casos, o directamente nulas. No se discrimina entre las diferentes especies de mustelus y en no pocas ocasiones se meten en el mismo saco de tiburones de tallas similares como las mielgas (Squalus acanthias).
Pese a todo, teniendo en cuenta que, al menos en el Atlántico NE, existen zonas donde las poblaciones de la especie son importantes, la UICN califica el estatus de la musola pinta como Preocupación menor, señalando, al mismo tiempo, la necesidad de monitorizar las poblaciones, mejorar la recopilación de datos de capturas y desembarques y elaborar planes de gestión adecuados.

Foto de los responsables del acuario publicada en El País del 5 de octubre de 2011.
En mayo de 2013 tuve oportunidad de visitar el Museo do Mar. Lo que más permanece en mi memoria es la magnífica colección de especies de aguas profundas procedentes de diversas campañas científicas.
El cazón branco, creo que seguía allí. No me acuerdo, no tomé fotos (además, creo que estaba prohibido). Cuando la trajeron, dijeron que podría estar preñada dado su abultado vientre. Tampoco sé qué ha quedado de todo eso.

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¹Citas de Quignar & Capapé que tomo de Barrull & Mate (2002). Tiburones del Mediterráneo. Llibreria El Set-ciènces, Arenys de Mar. Las información sobre las tallas procede de David A. Ebert &, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
²Toda la información sobre la biología reproductiva está tomada de E. D. Farrell, S. Mariani & M. W. Clarke (2010). "Reproductive biology of the starry smooth-hound shark Mustelus asterias: geographic variation and implications for sustainable exploitation". Journal of Fish Biology, 77(7):1505-25. doi: 10.1111/j.1095-8649.2010.02771.x.
³Se trata de los primeros registros en este mar. Un macho de 351 mm y una hembra de 318 mm capturados a 90 m de profundidad a 3 millas de la costa de Sile, Turquía, en noviembre del 2000. Tal vez habaían llegado desde el Egeo a través de los Dardanelos y el Bósforo. Véase Lütfiye Eryilmaz, Emre Yemisken & Cem Dalyan (2011). "The First Documented Record of Genus Mustelus (Chondrichthyes: Triakidae) in the Black Sea". Turkish Journal of Fisheries and Aquatic Sciences, 11: 157-160. DOI: 10.4194/trjfas.2011.0120.

martes, 18 de agosto de 2015

Agosto de tintoreras 2015

Muelle de Muros, 9 de agosto de 2015 (foto: Toño Maño).
Como un déjà vu. Por tercer año consecutivo un importante número de quenllas o tintoreras (Prionace glauca) han venido a pasearse por nuestras costas, bien cerquita de la orilla. Algunas incluso han entrado en dársenas y en algún caso permanecido allí durante unos días para asombro de propios y extraños. Los últimos días de julio y los primeros diez días de agosto han sido particularmente generosos. En lo personal, lo más asombroso de la temporada lo viví como un déjà vu: más o menos en las mismas fechas del año pasado —primeros de agosto— y estando exactamente en el mismo lugar, recibí la llamada de los mismos amigos avisándome de que en la misma playa volvían a tener delante una cría de tintorera. La pena es que esta vez me resultó imposible acercarme hasta allí, como entonces [véase Una cría de tintorera en Corrubedo].

Muros (foto: Toño Maño).
Tintoreras all over Galicia. Los avistamientos han sido asombrosos, tanto en cantidad como en extensión geográfica. Se han visto tintoreras en la práctica totalidad de nuestra franja costera, desde Foz (un juvenil capturado con caña y devuelto al mar con vida, en un gesto que ennoblece al pescador) hasta Nigrán (un neonato varado en una playa con un agujero que lo atravesaba de parte a parte, probablemente arponeado por un descerebrado). Aunque sin duda la zona caliente de esta temporada está siendo la Costa da Morte, con un amplio número de registros en diversos puntos de Muros, Carnota, Corcubión, Fisterra, Muxía, Laxe, Corme, Ponteceso... Una auténtica zona cero en el sentido más positivo.

Mapa provisional elaborado a partir de las diversas noticias aparecidas en la prensa local y de las aportaciones de lectores y seguidores de Tiburones en Galicia a través del correo y de las páginas de Facebook y G+ (mapa: Google Maps).
Pequeñas tintoreras llegaron a entrar en dársenas como las de Fisterra, Corme y, fundamentalmente, Muros, donde la cosa ha sido espectacular. El sábado 8 de agosto pudieron contarse entre 7 y 8 ejemplares dando vueltas solamente en la parte del muelle que está justo delante de la fábrica de hielo, y 6 al día siguiente, en el mismo lugar. Nos comentaron que se habían visto algunos ejemplares más en otros puntos del puerto, con lo que el número total podía llegar a la docena. Lo triste es que estas crías ya llevaban varios días por allí —no supieron precisarnos cuántos exactamente ... y lo más deprimente es que había gente que las estaba pescando, simplemente porque si, por "deporte". Según nos contaron algunos testigos, solo uno o dos días antes se habían capturado hasta 7. El lunes empezó a cambiar el tiempo, el martes a mediodía se pudieron ver una o dos y a última hora de la tarde, ya ninguna.
 
Casos sorprendentes. Además de lo anterior, dos casos llamaron poderosamente la atención. Uno fueron los ejemplares observados nadando en las aguas salobres de la boca de dos pequeños ríos: cuatro ejemplares dentro del río do Mar, el que separa las playas del Vilar y la Ladeira (Corrubedo), y uno en río Sieira (Porto do Son).
Y el más asombroso: una cría atrapada nada menos que en una charca intermareal. Ocurrió en la playa de la Aguieira (Porto do Son); con la subida de la marea, pudo regresar al mar. Podéis ver las imágenes, amablemente cedidas por su autora, Joana Kiefer, en este enlace del Canal Tiburones en Galicia, junto con un vídeo que pude grabar en el muelle de Muros.

Tallas pequeñas. Todas las tintoreras de las que hemos tenido noticia eran neonatos y juveniles con tallas comprendidas entre los "casi 40 cm", según noticia aparecida en La Voz de Galicia, de una pequeña hembra encontrada el 3 de agosto en la playa de San Xurxo (Ferrol) y los 150-200 cm de un juvenil avistado en la ría de Aldán, Pontevedra. La gran mayoría, no obstante, no sobrepasaron los 60-70 cm, y tan solo un individuo se acercó a los 2 m.

No hay razones para alarmarse o preocuparse. Las personas que se han mostrado preocupadas por la presencia de estos tiburones cerca de las playas pueden tener la certeza de que no existe motivo alguno para alarmarse; estos bichos no suponen ningún peligro o amenaza, y menos con esas tallas. Estas crías solo han venido aquí para alimentarse y crecer en un entorno protegido, no son en absoluto agresivas, sino más bien al contrario, bastante tímidas. Y por supuesto, sus madres no andan por los alrededores: las hembras de los tiburones se desentienden de su prole inmediatamente después del parto, que en esta especie suele tener lugar en primavera, y dejan que se busquen la vida mientras ellas hacen lo propio (es que son bichos muy inteligentes). Así pues, podemos entrar en el agua con total tranquilidad; y si alguno está pensando en deshacerse de la suegra o del cuñado, la recomendación es que vaya pensando en otra estrategia.
A medida que crecen los tiburoncitos se van alejando de la costa. Esto quiere decir que los ejemplares de mayor talla se encuentran unas cuantas millas mar adentro (recordemos que las tintoreras son tiburones fundamentalmente oceánicos).

El domingo 9 el muelle de Muros se había convertido en una especie de acuario a tamaño natural y entrada libre.
Disfrutando de lo que es nuestro. Lo que tenemos que hacer es simplemente aprovechar la ocasión para disfrutar de estos animales, observar sus evoluciones cerca de la superficie, sus súbitas aceleraciones, sus lentos planeos. Es un espectáculo maravilloso que pocas veces vamos a tener la posibilidad de contemplar tan al ladito de casa. Y sobre todo no permitir que nadie nos lo estropee, porque lo están haciendo: hay gente empeñada en privarnos de este privilegio, en impedir que disfrutemos de nuestro precioso patrimonio natural.

Matando porque si. La parte más triste y negra de todo este asunto fue constatar que todavía existen entre nosotros personas que, bien por ignorancia, bien porque carecen de escrúpulos y del más mínimo resto de cerebro, se han dedicado a aniquilar estas pequeñas crías sin ningún motivo, solo por el gusto de matar. Como si su santa y puñetera voluntad estuviese por encima de nuestro derecho colectivo a gozar de lo que es nuestro. A lo comentado sobre algunos "pescadores" de Muros (y de otros lugares), hay que añadir las noticias que nos han llegado de algunos "machotes" (no les vamos a llamar pescasub porque de ninguna manera representan a la generalidad de la gente del gremio) que las han arponeado en diversos puntos de la costa.
(Cada año se capturan en todo el mundo unos 20 millones de tintoreras, según datos de la IUCN, que considera la especie como Casi amenazada. Parece que hay gente dispuesta a echar un cable para que sus poblaciones caigan todavía más.)

Cría encontrada en Nigrán (foto amablemente cedida por María Knarish).
¿Un cambio de mentalidad? Pero hay que ser justos y destacar que, al mismo tiempo, estamos viendo que cada vez hay más gente dispuesta a proteger a estos animales y a defender sus derechos. El día que estuvimos en Muros fue gratificante ver como había personas que llamaban la atención a algunos que andaban por allí con la caña tocando las narices; sabemos también de buena gente que se ha apresurado a devolver enseguida al mar las tintoreras que han picado sus anzuelos, o que han agarrado con sus propias manos... siempre con vida. Parecen señales de que la mentalidad primitiva y tercermundista que siempre ha caracterizado nuestra relación con el mundo natural está cambiando. Ojalá.

La importancia recabar datos. Aunque las tintoreras no son una rareza en Galicia —realmente es al contrario—, no es habitual encontrárselas, en esas cantidades, tan próximas a la orilla. Es todavía muy pronto para dar con una explicación definitiva. Puede ser debido a factores climáticos o ambientales de algún tipo, como la temperatura del agua, o sencillamente a que nos encontremos en una fase de alta productividad, en la que un gran número de hembras se estén congregando cerca de nuestras costas para traer al mundo a sus crías. La tintorera es un tiburón relativamente prolífico en comparación con el resto de especies: maduran con cierta rapidez entre los 4 y los 6 años y pueden parir una media de 35 crías, dependiendo del tamaño de la madre, llegando en un caso hasta las 135; y sabemos también que la costa cantábrica, Galicia y Portugal forman parte de una zona de cría.
Para averiguarlo es de suma importancia que la gente informe de todos los avistamientos de que tengan noticia a fin de completar y ampliar nuestra base de datos. Para que os hagáis una idea del valor de vuestras comunicaciones, he incluido un mapa provisional elaborado tan solo con algunas noticias de prensa y los testimonios que muchos lectores y seguidores de Tiburones en Galicia nos han hecho llegar a través del correo electrónico y de las páginas de Facebook y G+. Como veis, una sola noticia no es nada, pero cuando se pone en relación con otras, la perspectiva cambia radicalmente. El mapa de la costa de Galicia empieza de pronto a llenarse de puntitos rojos que, como si una mano invisible comenzase a garabatear sobre él, van transformándose poco a poco en un texto que seguro terminaremos por descifrar.


Por eso me gustaría terminar este pequeño resumen con un reconocimiento a todos los lectores que se han tomado la molestia de comunicar sus observaciones, incluso acompañándolas, en algunos casos, de fotos y de vídeos impagables. Por orden alfabético: Xaime y Xosé Beiro Formoso, Canta Claro, Ubaldo Cerqueiro y el personal de Qué Pasa Na Costa, Óscar Cordeiro, Begoña Formoso, Manuel Gil, Victorino Jul, Joana Kiefer, María Knarish, Pablo Leis, Marcos Ríos, Javier Souto, Lalo Ventoso y algunos más que seguro que me estoy dejando en el teclado.
¡Seguimos adelante!

domingo, 26 de julio de 2015

La parada de los monstruos

Tiburón toro (Carcharias taurus) con una severa deformación en la columna. Fuente: Huber et al., JEB.
En 1932 Tod Browning estrenaba su obra maestra Freaks ('Fenómenos', 'Engendros'), traducido aquí como La parada de los monstruos, película que acabó siendo un absoluto fracaso de público y de taquilla, y que prácticamente marcó el final de su carrera como director. Lo que hoy es una obra de culto provocó en su día tal rechazo, repugnancia e indignación, que fue retirada de la gran mayoría de las salas de cine e incluso llegó a estar prohibida en países como el Reino Unido. Por primera vez el espectador se veía, sin buscarlo, frente a un grupo de personas reales (es decir, no actores maquillados) con graves deformidades físicas y psíquicas, observando como interactuaban entre si con toda naturalidad dentro de una trama repleta de escenas cotidianas y arrastrados por pasiones tan "humanas" y tan "normales" como el amor, la risa, el odio y el deseo de muerte y de venganza. Parece que la visión de los monstruos, cuando son demasiado humanos, despierta en nosotros profundos y a veces violentos sentimientos de malestar y de rechazo. En cambio, cuando son animales, estos sentimientos van disminuyendo de intensidad en función de su lejanía taxonómica y afectiva respecto del grupo de los mamíferos superiores donde supuestamente nos encontramos, hasta quedar reducidos a un mero gesto de perplejidad y asombro. No es lo mismo contemplar un cervatillo deforme que una merluza o un tiburón de dos cabezas.

Captura de vídeo de un embrión de tintorera con bicefalia filmado por Manuel Patiño, patrón del Talasa, un pesquero de Ribeira que se encontró el animal durante una campaña en aguas de Perú en 2013. Tomado de la página de AXENA.
El tiburón es un animal de extraordinaria belleza. Observar, pongamos por caso, la delicada perfección de las líneas de una tintorera deslizándose a través del agua sin esfuerzo aparente, como planeando sobre el abismo, supone, para quienes amamos a estos bichos, un verdadero goce estético, si me permitís la cursilada. Pero los tiburones, al igual que el resto de los seres vivos, no están libres de padecer malformaciones, deformidades anatómicas que en algunos casos dan lugar a aberraciones con escasas o nulas perspectivas de viabilidad, con una esperanza de vida de apenas unas horas. El embrión de la fotografía de arriba fue devuelto al mar todavía con vida, aunque con toda probabilidad no haya resistido mucho tiempo.

Tiburón blanco con importante malformación en la columna.
Los registros de tiburones con malformaciones no son muy abundantes, lo que puede ser un síntoma de una incidencia relativamente baja, al menos en su medio natural, o puede también que la propia naturaleza inabarcable del medio dificulte su detección. También está el hecho de que los neonatos con patologías más severas o tardan poco tiempo en morir o son inmediatamente eliminados por sus depredadores.
En cautividad existen datos que abren una perspectiva tal vez diferente. Huber et al. sostienen que aproximadamente el 35% de los tiburones toro (Carcharias taurus) que observaron en acuarios mostraban algún tipo de malformación en la columna, desde vértebras comprimidas y pérdida de espacio intervertebral hasta casos de espondilosis severa. Esto puede ser debido a una lesión previa que se hubiera visto agravada durante su captura y traslado al acuario (situaciones, además, fuertemente estresantes para el animal), o que se hubiese originado en algún momento de todo el proceso; sin olvidarnos de las propias condiciones de habitabilidad del tanque, carencias nutricionales incluidas¹.

Morro severamente truncado de un tiburón hocicudo gris (Rhizoprionodon oligolinx). Fuente: A. B. M. Moore, Journal of Fish Biology, 2015.
Se han descrito ejemplares con diversas malformaciones en la columna vertebral (escoliosis, lordosis, cifosis), en las aletas y en los cartílagos rostrales, que llegan a deformar cuerpos y rostros a veces de manera grotesca o aberrante.
Se dan también casos de tiburones y rayas donde o bien falta una aleta o hay una aleta de más. Se ha reportado la falta de la segunda dorsal en la gata leonada (Nebrius ferrugineus) y de las pélvicas en el jaquetón lechoso (Rhizoprionodon acutus).

Jaquetón lechoso (Rhizoprionodon acutus) sin aletas pélvicas. Fuente: A. B. M. Moore, Journal of Fish Biology, 2015. Posiblemente el primer caso descrito de ausencia de aletas en una especie de tiburón.
Pero sin duda uno de las malformaciones más sorprendentes es la bicefalia. Este embrión de jaquetón toro (Carcharhinus leucas) se encontró en el interior de una hembra capturada en 2011 en los Cayos de Florida. El ejemplar, de menor talla de lo habitual para tratarse de un embrión a término, presentaba dos corazones y dos hígados bien diferenciados. Sus cuatro hermanos eran absolutamente normales².


La bicefalia es la consecuencia de una anomalía conocida como bifurcación axial que ocurre en los primeros estadios de la embriogénesis. Durante la gastrulación de un óvulo, cuando la parte rostral del tubo neural se bifurca dando lugar a dos cabezas. Algo así como si el proceso de formación de gemelos quedase súbitamente truncado. Este fenómeno se ha documentado en otras especies de tiburón como la mielga (Squalus acanthias), el galludo (Squalus blainville), el cazón (Galeorhinus galeus), el jaquetón lechoso (Rhizoprionodon acutus), el tiburón poroso (Carcharhinus porosus) y la tintorera (Prionace glauca). Este es el primer caso descrito para el jaquetón toro.

Radiografía que muestra como la bifurcación se inicia a partir de la cintura pectoral. En las imágenes de la derecha se pueden observar los dos corazones (H), los esófagos (O) y los dos hígados (L) junto con el intestino (I). Fuente: C. M. Wagner et al., Journal of Fish Biology, 2013.
Si la bicefalia es impresionante, la ciclopía, mucho más rara, va todavía uno o dos pasos más allá. Es la consecuencia de la fusión de las dos cavidades orbitales, debido a una anomalía en el desarrollo del cerebro anterior, para alojar un único gran ojo deformado. El ejemplar de las fotografías de abajo es uno de los 9 fetos que portaba una hembra de jaquetón lobo (Carcharhinus obscurus) capturada en los alrededores de la isla de Cerralvo, en el mar de Cortés, también en 2011. En su momento la imagen circuló ampliamente por la Red y se llegó a pensar que era uno más de los muchos bulos que se encuentran por ahí a diario, algún tipo de photoshop. Pues bien, no lo era. 

Fotos: Pisces Fleet Sportfishing.
El pobre animal (era un macho) medía 56 cm, tenía 2,6 cm de diámetro ocular y, como se puede apreciar, era también albino (el primer caso de albinismo descrito en el C. obscurus). El gran ojo ocupaba el centro de un morro totalmente achatado y desprovisto de narinas. Una tomografía reveló que también había desarrollado una única cápsula nasal. Tenía, además, la columna ligeramente deformada³. No habría sobrevivido mucho tiempo tras el parto. Era carne de cañón.

Junto a uno de sus hermanos. (Foto: Pisces Fleet Sportfishing.)
Ramón Bonfil describe otro caso realmente peculiar del embrión a término de un tiburón coralino (Carcharhinus perezi) capturado en Yucatán en 1985 que presentaba un morro anormalmente corto, carente de narinas y como enroscado a modo de trompa, y dos ojos situados muy juntos en posición ventral, justo delante de la boca. Ambas órbitas compartían una misma abertura y las membranas nictitantes estaban fusionadas formando un único párpado no funcional. También le faltaba una abertura branquial.

Vistas ventral y lateral del embrión de C. perezi mostrando el tamaño y forma del morro y la posición de los dos ojos. Fuente: Bonfil, Northeast Gulf Science, 1989.
Causas. Hasta ahora no se han podido determinar con precisión las causas de todo este amplio cuadro de malformaciones. La casuística que se baraja es amplia. Pueden ser congénitas o debidas a una enfermedad degenerativa como la artritis; pueden deberse a carencias nutricionales, infecciones parasitarias, y lesiones causadas por mordeduras de depredadores o de congéneres.

Vista ventral y dorsal de la cabeza de un jaquetón lechoso (Rhizoprionodon acutus) con pérdida del extremo anterior izquierdo del morro probablemente debido al ataque de un depredador o un congénere. Fuente: A. B. M. Moore, Journal of Fish Biology, 2015
La endogamia de una población aislada puede dar lugar a deterioros genéticos  que explicarían determinados casos de malformaciones. Esta es una de las hipótesis planteadas en un trabajo sobre una especie de tiburón fluvial (Glyphis sp. C, ahora Glyphis garricki) de Australia Occidental, en el que un porcentaje altísimo de los ejemplares muestreados (nada menos que 3 de 7) presentaban algún tipo de deformación en la columna.

Glypis sp. C de 994 mm de longitud total con la columna fuertemente arqueada y, como se aprecia en la imagen de rayos X, vertebradas fusionadas. Fuente: Thorburn et al., Murdoch University Centre for Fish and Fisheries Research, 2004.
Un factor de primer orden es la exposición a un elevado nivel de contaminación y estrés ambiental durante la gestación y los primeros estadios de desarrollo. En el Golfo de México se ha detectado un creciente número de malformaciones en diversas especies de organismos expuestos a los contaminantes liberados tras la catástrofe del Deepwater Horizon en 2010.
Un reciente trabajo sobre anormalidades morfológicas de tiburones capturados en el golfo Pérsico señala, además de la contaminación generada por la potentísima industria de hidrocarburos, los efectos de las plantas de desalinización que puntean todo el litoral y que arrojan, ¡al día!, nada menos que 20 millones de metros cúbicos de salmuera caliente (con alto contenido en cobre, además) que incrementan la salinidad y temperatura de un mar ya de por si cálido, salino y de pobre circulación.

Macho de C. taurus fotografiado por Michael McFadyen en Fish Rock Cave, Australia.
Monstruosidades. Dejando a un lado la casuística de orden natural, no antropogénica, el último punto nos conduce inexorablemente a una reflexión final, que es siempre la misma, que vuelve una y otra vez a nosotros con la patética insistencia de la imagen de un espejo mellado, en este caso el espejo de la Naturaleza que estamos destrozando. El ser humano lleva un monstruo en su interior, un monstruo que odiamos contemplar y cuya mirada, a su vez, se nos hace insoportable. Somos capaces de realizar obras sublimes, y al mismo tiempo de perpetrar los actos más innobles y monstruosos, hacia los demás pero también hacia nosotros mismos. Esto lo comprendieron los grandes genios de las arte, desde Sade hasta Valle-Inclán, pasando por Stevenson, y desde Goya hasta Buñuel, pasando por la inquietante y genial monstruosidad de Tod Browning que tanto nos cuesta ver.
Si no somos capaces de poner en marcha esa supuesta capacidad de raciocinio de la que como especie tanto nos vanagloriamos (supuestamente es uno de nuestros rasgos distintivos) y no nos enfrentamos de una vez a nosotros mismos, no habrá nada que hacer. El mundo que hemos creado seguirá a paso cierto la senda monstruosa de su propia destrucción.
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¹Daniel R. Huber, Danielle E. Neveu, Charlotte M. Stinson, Paul A. Anderson, Lize K. Berzins (2013). "Mechanical properties of sand tiger shark (Carcharias taurus) vertebrae in relation to spinal deformity". Journal of Experimental Biology, 216, 4256-4263, doi: 10.1242/jeb.08753.
²C. M. Wagner, P. H. Rice, A. P. Pease (2013). "First record of dicephalia in a bull shark Carcharhinus leucas (Chondrichthyes: Carcharhinidae) foetus from the Gulf of Mexico, U.S.A.". Journal of Fish Biology, 82 (4), 1419-1422, doi: 10.1111/jfb.12064.
³Olga Marcela Bejarano-Álvarez & Felipe Galván-Magaña (2013). "First report of an embryonic dusky shark (Carcharhinus obscurus) with cyclopia and other abnormalities". Marine Biodiversity Records, 6, doi: 10.1017/S1755267212001236.
Ramón S. Bonfil (1989). "An abnormal embryo of the reef shark, Carcharhinus perezi (Poey), from Yucatan, Mexico". Northeast Gulf Science, vol.10, nº 2, pp. 153-155.
D. C. Thorburn, D. L. Morgan, A. J. Rowland & H. S. Gill (2004). The northern river shark (Glyphis sp. C) in Western Australia (Report to the Natural Heritage Trust). Murdoch University Centre for Fish and Fisheries Research.
(Muchísimas gracias a Cesc Gallardo, buen amigo de este Blog y gran aficionado a los tiburones fluviales, por la información y el paper.)

A. B. M. Moore (2015). "Morphological abnormalities in elasmobranchs (short communication)." Journal of Fish Biology, doi: 10.1111/jfb.12680.


martes, 14 de julio de 2015

Ataques en perspectiva: Miedo e información


Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto de Frank West.
0. Tiburones, ataques, miedo y desconocimiento. El miedo a los tiburones, a ser devorado por uno bien grande y con muchos dientes, seguramente en un ataque brutal y despiadado, está muy extendido por buena parte del planeta. Llega incluso a lugares donde nadie recuerda haber visto ni oído jamás noticia de un suceso semejante. Es uno de los miedos más absurdos que existen.
     Con motivo o sin él, la palabra 'tiburón' sigue evocando en la mente de demasiadas personas pesadillas de sangre y de muerte, aun a pesar de las decenas de documentales de tv (con algunas excepciones), de los centenares de publicaciones en revistas especializadas y en diversos soportes de los grandes mass media ofreciendo todo un arsenal de evidencias científicas, datos objetivos, estadísticas, etc., en contra de semejante idea.
     Un par de "ataques" en cualquier zona remota del globo bastan para neutralizar todo ese arduo trabajo, para que esa armadura pedagógica construida con tanto esfuerzo se venga abajo en el cerebro del espectador como un castillo de naipes. De nuevo el tiburón se aparece como un asesino sediento de sangre, y de nuevo algunos gobernantes desaprensivos aprovechan la ocasión para exhibirse ante el pueblo como paladines de su seguridad autorizando batidas que no solo no logran jamás encontrar al "culpable", sino que además resultan caras, contraproducentes y de todo punto ineficaces, como se ha demostrado recientemente en Australia Occidental.
     Ante la irracionalidad del miedo y la irracional estupidez de no pocas autoridades públicas, solo cabe un recurso, el mismo, una y otra vez, con isistencia: el conocimiento y la educación. Al fin y al cabo ya sabemos que el componente principal del miedo es la ignorancia: se teme lo que no se conoce. Una vez más, hay que tomar los datos y evidencias científicas y volver a ponerlos sobre la mesa, a ser posible adoptando nuevas estrategias, nuevas formas de presentación, que nos permitan cuestionar nuestros miedos observando los ataques desde la perspectiva adecuada. Esto es lo que ha hecho un grupo de científicos californianos hace pocos días, con la publicación de un informe* en el que se demuestra que, contrariamente a lo que la gente cree, sobre todo tras los últimos ataques de tiburón ocurridos en Carolina del Sur, el riesgo de ser atacado por un tiburón blanco en California no solo no ha aumentado, sino que ha disminuido en más de un 91% con respecto a mediados del siglo pasado.
     Pero antes de echar un breve vistazo a estas cifras, es interesante entender qué es exactamente el miedo.

Foto de Lisa Perla.
1. ¿Qué es el miedo? El miedo puede definirse como la angustia o el recelo de que algo malo nos suceda, a nosotros o a los nuestros. Tenemos miedo al fracaso, al ridículo, a la muerte, al dolor, a una mutilación, a una pérdida. Como todo sentimiento, el miedo no siempre (o casi nunca) obedece a una causa totalmente objetiva y racional, es decir, ponderada ecuánimemente en todas sus dimensiones. Así, un náufrago en mitad del océano, rodeado de tiburones hambrientos y sin la más mínima perspectiva razonable de ser avistado por un buque o un avión de rescate, tiene razones más que suficientes para sentir algo más que miedo; en cambio, un señor de barba que se va a poner a remojo en la playa de la Lanzada, pues no.
     Casos extremos y absurdos aparte, un mismo elemento o circunstancia puede paralizar de terror a algunas personas o suscitar un moderado sentimiento de alerta o de preocupación en otras. Todos manejamos nuestros miedos como podemos, y no todos nos enfrentamos a la realidad de igual manera. De hecho, podemos establecer una escala de todos nuestros miedos según su grado de racionalidad o de irracionalidad y según nuestra forma de gestionarlos. Los que tienen hijos lo entenderán perfectamente si piensan, por ejemplo, en la primera vez que dejamos que crucen solos la calle. Sabemos que hay un hermoso paso de cebra que los conductores suelen respetar (a veces hay también un semáforo), sabemos que los críos han aprendido las normas más elementales y las ponen en práctica con la más ejemplar corrección, y en unos pocos casos, la verdad es que el niño ya tiene 15 años y no es daltónico ni tarado... pero el miedo a que ocurra algo siempre está ahí: a veces se manifiesta como una imagen fugaz que manejamos sin problema y dejamos pasar sin que apenas nos roce, pero para algunas personas es como una aguja que se les clavara en la piel. En la carretera, donde hay muchos coches y muchos conductores, siempre hay un riesgo, por mínimo que sea, y basta que conozcamos un solo caso desgraciado para que en determinados momentos se nos encoja el corazón.
     Pero hay un elemento racional, objetivable, en todo esto. Por eso, cuando desaparece la causa o cambian las circunstancias, el miedo se evapora. Nadie tiene miedo de los coches y del tráfico cuando está en su salón viendo la tele, con los críos durmiendo plácidamente en su habitación. Las palabras 'tráfico' y 'automóvil' han perdido el poder de generar angustia o aprensión. En cambio, mucha gente lee u oye la palabra 'tiburón' y solo piensan en que la semana que viene se van a la playa, que a lo mejor no está precisamente en Australia, sino en la provincia de Lugo. Y sin embargo, los coches matan y mutilan horriblemente a más personas que los tiburones, objetivamente hablando. ¿Por qué empeñarse en sentir miedo?

Foto: Félix Lugo.
2. ¿Miedo o fobia? En realidad, salvo en determinados lugares y circunstancias, el miedo a los tiburones está más cerca de la fobia, definida por la RAE como un terror irracional y compulsivo, que del miedo propiamente dicho, tal como lo hemos analizado arriba. ¿No entraría en esta categoría el miedo que mucha gente de aquí, de Galicia y de España en general, tiene a los tiburones, que asocian casi instintivamente con el prototipo, totalmente injusto e inmerecido, del tiburón asesino, el gran tiburón blanco? No pocos bañistas de por aquí oyen la palabra tiburón, ven una aleta de peregrino cerca de la costa (en fotografía), y se le disparan todas las alarmas.
     Más o menos entienden que una cosa es bañarse en ciertos lugares de Australia, Suráfrica, o los EEUU, y otra muy distinta hacerlo en Ribadeo o en la bocana de la ría de Muros, donde ningún paisano se ha visto jamás triturado entre las magníficas fauces del Carcharodon carcharias (y en algún caso no habrá sido por falta de velas al Apóstol). Y sin embargo...

3. Aguas un 91% más seguras en 2013 que en 1950. Pese a las apariencias, pese a todos nuestros miedos y fobias (los nuestros y los de las gentes de allí), un grupo de científicos norteamericanos ha demostrado con datos estadísticos que el riesgo de ser atacado por un gran blanco es muy inferior hoy en día de lo que lo era hace 60 años. Inferior en más de un 91%. Y estamos hablando de California, donde sí hay una importante población de tiburones blancos y donde sí ha habido ataques a personas.
     Los autores tomaron las cifras de los ataques producidos a lo largo de estos años (86 ataques, 13 con resultado de muerte) y las pusieron en relación con las estadísticas de crecimiento de la población costera, fija y de temporada, y del número de practicantes de diversos deportes y actividades acuáticas. Los datos son demoledores: en 2013 la población costera se ha multiplicado por tres con respecto a 1950; de 7000 surfistas se ha pasado a 872 000; de alrededor de 2000 buceadores titulados a principios de los 60, hemos llegado a 408 000.
     Hoy hay muchos más miles de personas que permanecen el el agua durante periodos de tiempo más prolongados que hace 60 años, la población de tiburones blancos parece que se mantiene estable o incluso, para algunas fuentes, que ha aumentado gracias a unas extremas medidas de protección, y sin embargo el riesgo es muy inferior. ¿Cómo es eso posible?

Foto: j-m ghislain.
4. Causas del descenso. La causa principal que señalan los autores del estudio es (¿lo adivináis?) el conocimiento. Conocer a los tiburones nos permite saber cuándo y cómo evitarlos, conocer sus movimientos y sus preferencias, identificar puntos calientes y puntos fríos, y por tanto anticiparnos.
"Por ejemplo, hay una mayor probabilidad de encontrarse con grandes tiburones blancos en la costa de California en otoño que en primavera, cuando emigran hacia Hawai. El riesgo de toparse con un tiburón es más alto al atardecer. (...) En el condado de Mendocino, resulta 24 veces más seguro surfear en marzo que en octubre y noviembre; y si los surfistas eligen el tramo de costa entre Los Angeles y San Diego en marzo, pueden estar 1566 veces más seguros que durante los meses de otoño en Mendocino."
Hay que recordar siempre que en este asunto la parte supuestamente racional somos nosotros. Somos nosotros quienes debemos anticiparnos, ser precavidos. Con la misma normalidad con que consultamos el parte meteorológico cuando nos preparamos para ir a la playa o a practicar algún tipo de deporte acuático, en ciertas zonas la gente puede y debe consultar cuándo y dónde hay más riesgo de tener un encuentro no deseado con un tiburón blanco, y cuándo y dónde es posible echarse al agua con tranquilidad.
     Los autores creen también que la recuperación de las poblaciones de elefantes marinos en California (de menos de 100 ejemplares a finales del XIX se ha pasado a más de 100 000 actualmente) es otro factor importante: ha contribuido a la estabilidad y ligero aumento de la población de tiburones pero también a atraerlos hacia las zonas donde se congregan y donde crían, alejándolos de este modo de los lugares ocupados por las personas. En suma, un océano un poco más sano también ayuda.
     Lo que no ayuda, lo que no sirve para nada, son las batidas, la caza indiscriminada de tiburones. Además de romper el equilibrio del mar, lo que consigue es acabar con especies "inocentes" y consumir un montón de dinero público que podría invertirse en algo más fructífero y de eficacia demostrada: conseguir más información y datos más exactos, y transmitírselos a los usuarios de las playas. El año pasado, tras unos ataques fatales ocurridos en aquellas aguas, el gobierno de Australia Occidental se gastó 22 millones de dólares australianos en batidas y no logró capturar ni un solo tiburón blanco [véase también Matar tiburones para protegernos es absurdo].

El bellísimo Carcharodon carcharias en una imagen extraordinaria de Daniel Botelho.

5. Dos datos contra miedos y fobias. En California, donde (insistimos) hay tiburones blancos y donde se han producido ataques, algunos fatales, un bañista tiene 1817 veces más probabilidades de morir ahogado que de ser atacado por uno de estos tiburones. En cuanto a los buzos, están 6897 veces más expuestos a terminar en el hospital por culpa de un accidente bárico que de un mal encuentro con el grandioso Carcharodon carcharias.

Podemos ir a la playa tranquilos.

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*Ecological Society of America. "To avoid dangerous shark encounters, information trumps culling: Risk of great white shark attack in California waters down 91 percent since 1950, researchers report." ScienceDaily. <www.sciencedaily.com/releases/2015/07/150710110418.htm>, consultado el 12 de julio de 2015.
Podéis acceder al informe desde aquí.

domingo, 5 de julio de 2015

Musola (Mustelus mustelus)

Foto: National Marine Aquarium, Plymouth, UK.

Musola

Mustelus mustelus (Linnaeus, 1758)

(es. Musola; gal. Cazón liso, canexa, camarín, cañarín; in. Smooth-hound; port. Caçao liso.)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Triakidae

Las musolas están entre los tiburones más abundantes en nuestra costa, y también en los acuarios de todo el país, dado que se adaptan bien a la vida en cautividad. Si vais a la Casa dos Peixes de Coruña o al acuario de O Grove, las veréis descansando sobre el fondo (son de hábitos principalmente nocturnos), aparentemente tranquilas mientras no le quitan ojo al lento deslizarse de los tiburones toro (Carcharias taurus), también habituales.
Como el cazón (Galeorhinus galeus), con el comparte familia, la musola es un tiburón de aspecto soso y anodino. No tiene tiene ojos fieros ni dientes asesinos, y su cuerpo esbelto no desprende una sensación de potencia y poderío, con lo que la gente tiende a olvidarse de él y centrarse, con una exclusividad casi insultante, en las lentas pasadas de Gastón, por ejemplo. Sin embargo, es una especie que vale la pena conocer... y conservar. La IUCN la ha catalogado como Vulnerable, pese a su teórica abundancia, pues se ha constatado un importante descenso en sus poblaciones.

Descripción. El cuerpo de la musola es esbelto, con una cabeza y un rostro cortos. La boca es también corta, con forma angular, pliegues labiales largos (el superior es ligeramente más largo que el inferior) y dentículos bucofaríngeos sólo en el extremo anterior de la lengua y paladar. Grandes ojos ovalados situados bastante juntos en posición dorsolateral; presentan membrana nictitante rudimentaria y nítida carena subocular. Espiráculos grandes detrás de los ojos. Espacio internarial amplio, entre 2,4-3,0% de la longitud total. Las dos aletas dorsales son altas (la segunda algo más pequeña que la primera y mucho mayor que la aleta anal), con la primera originándose detrás de la axila pectoral, cerca de su extremo. Presenta una cresta interdorsal. Pectorales anchas y ligeramente falcadas. El lóbulo terminal de la caudal es largo en los juveniles y más corto en los adultos, y siempre diferenciado con una muesca bien marcada; el inferior es corto, levemente falciforme en los adultos.
Librea de un color gris parduzco uniforme en el dorso y costados; superficie ventral blanquecina. Carece de lunares blancos, a diferencia de la musola pinta (Mustelus asterias), pero a veces puede presentar unas pequeñas manchas oscuras dispersas en los flancos.

Foto: Ocean Aquarium, Estambul.
Dentición. Dientes molariformes similares en ambas mandíbulas, especialmente preparados para triturar conchas. Son de cúspide baja y roma, y están dispuestos en forma de mosaico. En los dientes laterales de la mandíbula superior puede apreciarse una pequeña cuspidilla secundaria, particularmente en los jóvenes.

Fuente: J-elasmo.
Talla. Tiburón de mediano tamaño, con una talla máxima registrada de 165 cm. Al nacer miden alrededor de 39 cm. Los machos son maduros entre 70-74 cm y pueden superar los 110 cm; las hembras maduran hacia los 80 cm y llegan al menos hasta los 165 cm, correspondientes a un ejemplar capturado en el Adriático¹.

Reproducción: Especie vivípara placentaria, con cordón umbilical liso. Camadas de 4 a 15 crías (Barrull & Mate citan hasta 22) tras un periodo de gestación de 10-11 meses. El ciclo reproductivo es anual, si bien algunas hembras se reproducen en años alternos, dejando un periodo de reposo entre los embarazos². La mayor parte de los datos biológicos de que disponemos proceden del Mediterráneo. Parece ser que los apareamientos son más frecuentes entre primavera y comienzos del verano y los partos en primavera (finales de abril, principios de mayo en Túnez)³.
La longevidad máxima observada ha sido de 25 años.

Dieta. Especie especializada en crustáceos (cangrejos, cigalas, langostas, etc.), aunque también consume cefalópodos y pequeños peces óseos como las anchoas.

Hábitat y distribución. La musola es un tiburón eminentemente demersal. Se encuentra en el borde superior del talud y sobre la plataforma continental, desde los 5 hasta, al menos, los 350 m, aunque más común entre los 5-50 m. Parece que hay una cita de un ejemplar encontrado a 624 m en la zona oriental del mar Jónico. A veces muestra costumbres pelágicas, en aguas intermedias, si bien prefiere nadar cerca del fondo.

Según Ebert et al. 2013.
El área de distribución discurre todo a lo largo de la fachada del Atlántico nororiental templado, desde las Islas Británicas hasta Suráfrica (llegando incluso a bordear su extremo sur para alcanzar las costas del Índico), incluyendo las Canarias, Azores y Madeira. También en el Mediterráneo.

Pesca y conservación. La musola se captura en abundancia sobre todo con arrastre y palangre de fondo, en algunas zonas con redes de enmalle, y a veces desde la misma playa, por pescadores con caña. Es una especie de interés comercial: su carne es apreciada para su consumo, humano y animal, tanto fresca como salada o ahumada; también se aprovecha el aceite de su hígado y, como no, las aletas. En las Islas Británicas es apreciada por los pescadores "deportivos".
Aunque en general la musola está considerada una especie de común a abundante, la creciente (y a veces localmente brutal) presión pesquera a la que está siendo sometida, ha puesto sus diversas poblaciones en franco declive y, en consecuencia, ha hecho que la IUCN le haya otorgado el estatus de Vulnerable, advirtiendo de la urgente necesidad de monitorizar correctamente las capturas y evaluar la situación de las poblaciones locales, tanto de ésta como del resto de musolas.

En el Acuario de O Grove. Foto: Miguel Muniz Domínguez, Faro de Vigo.
En el Atlántico NE las cifras de desembarcos y capturas accidentales no están muy claras, en el mejor de los casos, pues muchas veces se mete en el mismo saco la musola (M. mustelus), la musola pinta (M. asterias), y en ocasiones incluso la mielga (Squalus acanthias). Para liar más la cosa, al menos en algunas lonjas se subasta como cazón. En el Mediterráneo ocurre algo parecido, si bien aquí los descartes son inferiores, la carne es más apreciada para consumo humano: las estadísticas no suelen discriminar entre M. mustelus, la especie más abundante, M. asterias y M. punctulatus. Y en las costas de África la situación empeora a pasos agigantados: el incremento de la capacidad y eficiencia pesquera en determinados países, unido al descenso de capturas de diversas especies costeras y de carcharhínidos, han puesto a la musola en el punto de mira de redes y anzuelos. La IUCN advierte de que en algunas zonas las capturas deberían reducirse nada menos que a la mitad para que la pesquería sea sostenible.

Ejemplares en la lonja de Barbate. Foto de A. M. Arias, Ictioterm.
A ver cuánto nos dura.
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¹Joan Barrull, Isabel Mate (2002). Tiburones del Mediterráneo. Llibreria El Set-ciènces, Arenys de Mar.
²Cástor Guisande González et al. (2011). Tiburones, rayas, quimeras, lampreas y mixínidos de la costa atlántica de la Península Ibérica y Canarias. Ediciones Díaz de Santos, Madrid.
³Serena, F., Mancusi, C., Clò, S., Ellis, J. & Valenti, S.V. 2009. Mustelus mustelus. The IUCN Red List of Threatened Species. Version 2015.2. <www.iucnredlist.org>. Consultada el 4 de julio de 2015.
Guisande González et al., 2011.
David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth.
Serena, Mancusi et al., 2009.