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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Pejegato cabezón (Apristurus melanoasper)

Apristurus melanoasper. Fuente de ambas imágenes: Iglésias, Nakaya & Stehmann (2004), Cybium.

Pejegato cabezón

Apristurus melanoasper (Iglésias, Nakaya & Stehmann, 2004)

(es. Pejegato cabezón; in. Fleshynose Catshark, Black Roughscale Catshark.)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Pentanchidae*

El pejegato cabezón (Apristurus melanoasper) es uno de los últimos tiburones en incorporarse, de manera oficial, no solo al grupo de los Apristurus (fue descrito por primera vez en el 2004 por Iglésias, Nakaya y Stehmann¹), sino a la lista de especies presentes en nuestras aguas, diez años después, junto con otros dos congéneres: el Apristurus aphyodes o pejegato fantasma blanco y el Apristurus profundorum o pejegato abisal [véase Apristurus en Galicia].
En el mar de Galicia solo ha habido un único registro² de melanoasper, una pequeña hembra de 25 cm y 37,8 g capturada nada menos que a 1683 m. Esta captura, en apariencia modesta, extiende notablemente el área de distribución conocida, tanto en el plano horizontal, dado que constituye, hasta ahora, el registro más meridional del Atlántico nororiental, como en el vertical, al superar en más de 350 m la anterior marca de profundidad, establecida en 1520 m.
Fuente: Iglésias, Nakaya & Stehmann (2004), Cybium
La escasez de registros es precisamente lo que explica que sepamos tan poco de este tiburón. Los pocos datos de que disponemos pueden incluso parecer contradictorios tomados en su conjunto, pero en realidad lo que nos revelan es un proceso constante de revisión y de actualización a medida que se producen nuevas capturas en diversas partes del mundo. Pensemos que el trabajo de 2004 con el que se presentó esta especie en sociedad se titula "una nueva especie del Atlántico norte", y, sin embargo, ahora sabemos que es el pejegato con la distribución geográfica más extensa³, como veremos más abajo. Los tiburones de aguas profundas es lo que tienen, que nunca dejan de sorprendernos.
El pejegato cabezón ha sido incluido en el llamado grupo brunneus, un grupo de Apristurus que, entre otros rasgos, tienen en común una válvula espiral con 15-25 vueltas, un surco labial superior más largo que el inferior y cápsulas-huevo con largos zarcillos.
Su nombre específico, melanoasper, hace referencia al color prototípico de este tiburón y al tacto de su piel. Es un compuesto de la voz griega melanos (de color negro) y la latina asper (áspero), 'de piel negra y áspera'.

Fuente: Samuel P. Iglésias. Chondrichthyans and Cyclostomata from the North-eastern Atlantic and the Mediterranean (A natural classification based on collection specimens, with DNA barcodes and standarized photographies). Provisional version 07, 1 April 2013. http://www.mnhn.fr/iccanam
Descripción: Cuerpo cilíndrico, esbelto y alargado, terminado en un morro carnoso, aplanado dorsoventralmente, relativamente ancho y largo. La boca, grande y ampliamente arqueada, se extiende exactamente hasta la altura de los ojos; presenta surcos labiales bien desarrollados, los superiores más largos que los inferiores, casi hasta alcanzar la sínfisis superior. Los ojos son ovalados, más bien pequeños, con un débil pliegue subocular. El espacio interorbital es aproximadamente 1,9-3,5 veces el diámetro ocular.
Espiráculos de reducido tamaño situados cerca de los ojos, justo por debajo de su eje horizontal. Cinco hendiduras branquiales laterales pequeñas (menores que el diámetro de los ojos), de tamaño similar, excepto la 5ª, un poco más reducida que las anteriores y situada sobre el origen de la aleta pectoral.
Piel muy áspera debido a los grandes dentículos dérmicos que la cubren. Los dentículos de los flancos son tricuspidados, con crestas débiles; los más próximos entre si se solapan.

Dentículos dérmicos de A. melanoasper. Fuente: Nakaya, Sato & Iglésias (2008), CSIRO.
Las aletas dorsales son pequeñas y se encuentran en posición muy retrasada, como en los demás Apristurus; la primera es un poco más pequeña que la segunda, y se origina aproximadamente entre el primer tercio y la mitad de la base de las aletas pélvicas; la segunda dorsal se origina aproximadamente sobre el punto medio de la base de la aleta anal, y su inserción está ligeramente más adelantada que la de esta. Las pectorales son relativamente pequeñas y estrechas, y de forma subcuadrangular.
Válvula espiral de 19 a 23 vueltas, generalmente entre 21-22. 
Librea uniforme de marrón oscuro a negro.

Dentición: Dientes relativamente pequeños y similares en ambas mandíbulas: 59-93 en la superior y 58-97 en la inferior. Presentan una cúspide central alta, recta y afilada flanqueada por una o dos cuspidillas secundarias en los dientes anteriores y dos o más en los posteriores.

Dientes superior e inferior. Fuente: Iglésias, Nakaya & Stehmann (2004), Cybium.
En ejemplares del Pacífico suroccidental, Atlántico suroriental e Índico, Nakaya, Sato e Iglésias (2008) señalan que en las hembras los dientes anteriores y laterales de ambas mandíbulas presentaban una cúspide central larga y robusta y una o dos cúspides laterales pequeñas en ambos lados de la central; mientras que los dientes superiores de los machos solo presentaban una única cuspidilla a cada lado de la central.

Talla: En los ejemplares estudiados para el trabajo de 2004, la longitud máxima observada fue de 761 mm en un macho y 735 mm en una hembra. Pero los estudios más recientes recogen la cifra máxima de 79 cm. Se desconoce la talla de nacimiento.
En las tallas de madurez encontramos también cifras dispares, que como ya hemos señalado, se deben a la escasez de registros. En 2004 se observó que los machos eran maduros entre los 61-64 cm y las hembras entre 55-59 cm, lo cual, como los propios autores reconocieron, era un resultado anómalo (por lo general, sucede lo contrario, las hembras alcanzan la madurez con tallas superiores a los machos), que probablemente sería subsanado a medida que se incrementase el caudal de datos. En efecto, en 2013 Ebert apunta escuetamente que machos y hembras maduran entre los 60-70 cm.

Ejemplar capturado en el caladero de Rockall. Foto de Daniel Moore tomada de FishBase.
Reproducción: Con toda probabilidad ovíparo. Se han encontrado cápsulas-huevo de 52-67 mm de largo por 22,5-27 mm de ancho similares a las de otros Apristurus del grupo brunneus: zarzillos largos formando espirales en su parte posterior y dos cuernos cortos y romos en la parte anterior.

Dieta: Desconocida. Tal vez, como otros pejegatos, a base de pequeños peces y cefalópodos de las profundidades.

Hábitat y distribución: El A. melanoasper es un tiburón demersal que habita en el talud medio continental y de las montañas submarinas. Su rango batimétrico oscila entre 510-1683 m, pero normalmente por debajo de los 1000 m.

Elaboración propia a partir de Iglésias et al. (2004), Ebert et al. (2013), Ebert & Stehmann (2013), Ebert & Mostarda (2013) y Rodríguez Cabello et al. (2014).
Distribución amplia pero localizada. Atlántico noroccidental: talud septentrional de la costa E de los EEUU y Canadá; Atlántico nororiental: Irlanda, Islas Británicas, Francia, Banco de Galicia; Atlántico suroriental: Namibia. Pacífico suroccidental: sur y sureste de Australia, Nueva Zelanda, Nueva Caledonia y montañas submarinas adyacentes. Índico: sur de Madagascar; Ebert & Mostarda (2013) añaden toda la franja sur tal cual la he trasladado al mapa.
Es el Apristurus con mayor distribución geográfica.

Pesca y conservación: Carece de interés comercial. Constituye una captura accidental poco frecuente del arrastre de fondo y suele descartarse, como el resto de los miembros de su género. Su elevado rango batimétrico, que con toda probabilidad supera con creces el que conocemos, mantiene al Apristurus melanoasper a salvo del brutal impacto de la presión pesquera industrial... por el momento.

No hay datos relativos al tamaño y estructura de sus distintas poblaciones, ni a su biología, aunque se presume que su tasa reproductiva debe de ser baja, como es habitual en los tiburones de aguas profundas. Por esta razón, figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Datos incompletos. La recomendación, no obstante, es monitorizar las capturas en la medida de lo posible (o más bien habría que decir de lo imposible), a medida que el esfuerzo pesquero avanza hacia aguas cada vez más profundas, subvencionado con muchos millones de dinero público... hasta que choquen contra el fondo, que luego yo no sé qué van a hacer.
Apristurus melanoasper. Fuente: CSIRO National Fish Collection.


* Tradicionalmente, los Apristurus se consideran como un género de la familia Scyliorhinidae. Sin embargo, cada vez más científicos los incluyen dentro de una familia diferente, Pentanchidae. Véase Claves de los Carcharhiniformes.

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¹Samuel P. Iglésias, Kazuhiro Nakaya & Matthias Stehmann (2004). "Apristurus melanoasper, a new species of deep-water catshark from the North Atlantic (Chondrichthyes: Carcharhiniformes: Scyliorhinidae)". Cybium 28, pp. 345-356.
²Cristina Rodríguez Cabello, M. Pérez & Rafael Bañón (2014). "Occurrence of Apristurus species in the Galicia Bank Seamount (NE Atlantic)". Journal of Applied Ichthyology, 1-10, doi:10.1111/jai.12480.
³Para que os hagáis una idea de todo este trasiego de datos tan dispares, observad qué dicen cuatro trabajos publicados el año pasado respecto a la distribución de la especie en el Índico:
  • Ebert et al. (2013): el océano Índico no se incluye en su distribución (Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth).
  • Ebert (2013) no incluye el melanoasper en su guía de tiburones de aguas profundas del océano Índico (FAO Species Catalogue for Fisheries Purposes: Deep-Sea Cartilaginous Fishes of the Indian Ocean vol 1. Sharks. FAO, Roma).
  • Ebert & Stehmann (2013) anotan un difuso "Índico central", sin especificar ningún área determinada excepto el sur de Madagascar (FAO Species Catalogue for Fisheries Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma).
  • Ebert & Mostarda (2013) marcan toda la franja sur, tal como he trasladado al mapa (FAO Fish Finder: Identification Guide to the Deep-Sea Cartilaginous Fishes of the Indian Ocean. FAO, Roma).
Kazuhiro Nakaya & Keiichi Sato (1999). "Species grouping within the genus Apristurus (Elasmobranchii: Scyliorhinidae)". En B. Séret & J.-Y. Sire (Eds.) Proceedings of the Indo-Pacific Fish Conference, 1997, Nouméa. Société Française d'Ichtyologie & Institut de Recherche pour le Développement, Paris, pp. 307-320. 
Sobre el tema de las cápsulas-huevo véase el interesante trabajo de Brooke E. Flammang, David A. Ebert & Gregor M. Caillet (2007). "Egg cases of the genus Apristurus (Chondrichthyes: Scyliorhinidae): Phylogenetic and ecological implications". Zoology 110 (4), pp. 308-317. doi: 10.1016/j.zool.2007.03.001.
Kazuhiro Nakaya, Keiichi Sato & Samuel P. Iglésias (2008). "Occurrence of Apristurus melanoasper from the South Pacific, Indian and South Atlantic Oceans (Carcharhiniformes: Scyliorhinidae)". P. R. Last, W. T. White & J. J. Pogonoski (Eds.) Descriptions of New Australian Chondrichthyans. CSIRO Marine and Atmospheric Research Paper No. 022, pp. 61-74.
David A. Ebert & Edoardo Mostarda (2013). FAO Fish Finder: Identification Guide to the Deep-Sea Cartilaginous Fishes of the Indian Ocean. FAO, Roma.

    miércoles, 17 de septiembre de 2014

    Acidificación y supervivencia

    Musola pintada (Mustelus canis). Fuente: Discovery.com.

    Por si no fuese suficiente con lo que ya tienen encima, la última novedad es que la acidificación del océano reducirá la capacidad olfativa de los tiburones, debilitando así uno de sus principales sistemas de detección de alimento, según demuestra un estudio¹ que acaba de publicarse en Global Change Biology. 

    En su heroico afán por destruir el cuerpo que lo alberga, solo comparable al del virus más letal, el ser humano ha logrado, entre otras proezas, que la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera sea la más elevada de los últimos 800 000 años. Gracias a ello, el clima de la Tierra está cambiando a tal velocidad que puede que no lleguemos a tiempo, no ya para revertir o siquiera detener el proceso, sino para adaptarnos a sus consecuencias. Pero esa es la idea, cabe suponer.
    Pero en esta jovial marcha hacia nuestra autodestrucción nos hemos topado con un factor con el que no contábamos, y mira que es inmenso. Se calcula que el océano absorbe aproximadamente el 25% del dióxido de carbono que emitimos a la atmósfera. Esto quiere decir que, de no ser por él, tal vez habríamos ya podido consumar el desastre. Mala pata.

    Sarcasmos aparte, el trasvase de dióxido de carbono antropogénico al mar, lejos de aliviar el problema, lo que ha hecho es extenderlo. Cuando el CO2 se disuelve reacciona con el agua generando ácido carbónico y reduciendo su pH, en un proceso conocido como acidificación. Es una evidencia científica que el océano se está acidificando, y parece que a buen ritmo. Se calcula que el nivel actual de acidificación es un 30% superior al de épocas preindustriales y el pH de las aguas superficiales es 0.1 puntos inferior (y las previsiones a medio plazo son descorazonadoras). Esto tiene graves consecuencias para las criaturas marinas. El descenso del pH trae consigo la drástica disminución de las concentraciones de iones carbonato, fundamentales para la formación y el desarrollo de los esqueletos y otras estructuras de carbonato cálcico, como conchas y caparazones, de una inmensa variedad de organismos: corales, moluscos, foraminíferos, equinodermos, crustáceos, etc., poniendo poblaciones enteras en serio peligro. Pensemos que aproximadamente la cuarta parte de todas las especies marinas dependen de un modo u otro del coral. Varios trabajos han descrito los efectos de la acidificación en diversos organismos calcáreos; igualmente se ha demostrado que la exposición de los teleósteos a niveles elevados de CO2 puede alterar un amplio espectro de procesos biológicos como la percepción sensorial, modificando la respuesta a estímulos químicos y auditivos, y, a consecuencia de ello, la toma de decisiones².
    Foto de Danielle Dixson publicada en la edición digital de The Washington Post del 10 de septiembre.
    Este es el primer estudio que aborda los efectos de la acidificación sobre el comportamiento y la capacidad olfativa de los tiburones. Sus autores trabajaron con una especie oriunda del Atlántico occidental, la musola pintada (Mustelus canis), un pequeño cazador oportunista que frecuenta las aguas turbias próximas a la costa, en las que se maneja perfectamente para localizar a sus presas gracias sobre todo a su agudo sentido del olfato. El candidato ideal.
    Las 24 musolas utilizadas en el experimento se distribuyeron en tres tanques con diferentes niveles de concentración CO2 (por tanto con agua de diferente pH): el primero con los valores medios registrados en la actualidad (pH 8.11), el segundo con los estimados para dentro de 50 años según la tendencia actual de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera (pH 7.80), y el tercero con los estimados para el año 2100 (pH 7.69, o sea, una caída de 0,4 puntos).
    Los tiburones se iban introduciendo en un tanque de 9x2 m en el que se habían creado dos corredores olorosos mediante sendos emisores situados a cada extremo, cerca del fondo, que bombeaban constantemente agua de mar, en uno de ellos mezclada con jugo de calamares. Como era de esperar, todos los tiburones sometidos al nivel actual de pH permanecieron la mayor parte del tiempo (entre el 60-84%) en la calle por la que discurría este potente estímulo oloroso, llegando incluso a lanzar ataques sobre su fuente, bien golpeándola con el morro, bien mordiéndola. Cuando el pH descendió 0,2 puntos, el tiempo de permanencia en el corredor oloroso se mantuvo, pero los ataques a su fuente fueron menos intensos o agresivos. Sin embargo, con los valores previstos para fin de siglo la situación cambió drásticamente. Las musolas dejaron de responder a los estímulos químicos, incluso parecían evitarlos, ya que pasaban más rato en la zona de flujo de agua salada normal; el tiempo de permanencia en la calle del corredor oloroso fue inferior al 15%.
    En los tres casos, el comportamiento natatorio de los tiburones fue muy similar, sin ninguna señal externa que hiciese pensar en algún tipo de anomalía; lo mismo el movimiento de las aberturas branquiales, que en ningún momento evidenció signos de estrés que pudiesen explicar su comportamiento.
    La doctora Dixson y sus colegas aventuran que la raíz del problema está en que el agua acidificada altera el funcionamiento de un receptor químico conocido como GABAA, como ocurre con los peces payaso.

    Fuente: Danielle Dixson, Global Change Biology, 2014.
    La conclusión es evidente: el aumento de la acidificación del océano va a tener un impacto terrible en los tiburones al modificar o anular su respuesta a estímulos químicos primordiales para su supervivencia, como los que proceden de una fuente de alimento y, tal vez, quién sabe (en el trabajo no se mencionan), los emisores químicos que las hembras liberan cuando están listas para aparearse.

    Otro trabajo de parecidas características³ ha encontrado cambios importantes no solo en el comportamiento natatorio, sino en la sangre de pintarrojas (Scyliorhinus canicula) sometidas a los niveles de dióxido de carbono previstos para el 2100, que contenía más iones de sodio y bicarbonato de lo normal seguramente como un mecanismo para mantener estable su pH en un entorno de mayor acidez (aparentemente no se habían producido cambios apreciables en su metabolismo). Los investigadores también observaron que en un ambiente fuertemente acidificado las pintarrojas permanecían nadando durante periodos de tiempo considerablemente más largos (hasta una hora sin interrupción) que aquellos ejemplares procedentes de un entorno "normal", que presentaban periodos de natación más cortos, de entre unos pocos segundos hasta un minuto. Esto podía deberse bien a alteraciones en las concentraciones de iones de sodio y bicarbonato en el cerebro, bien a que los tiburones percibían la acidez del agua y estaban nadando en busca de un entorno más saludable. Estas observaciones fueron realizadas durante la noche, cuando estos animales se muestran más activos.

    En los millones de años que llevan en la tierra, los tiburones han logrado sobrevivir en mares con un nivel de acidez muy superior al previsto para fin de siglo. Lo que no deja de ser un motivo para la esperanza. Pero el problema es si serán capaces de adaptarse con la suficiente presteza a la velocidad a la que van a tener lugar los grandes cambios que se nos vienen encima.
    Los seres humanos somos así de inteligentes.

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    ¹Danielle L. Dixson, Ashley R. Jennings, Jelle Atema & Philip L. Munday (2014). "Odor tracking in sharks is reduced under future ocean acidification conditions". Global Change Biology, doi: 10.1111/gcb.12578.
    ²Las señales químicas juegan un papel fundamental en la biología de muchos peces. Se ha comprobado, por ejemplo, que los peces de arrecife con la capacidad olfativa mermada por la exposición a altos niveles de CO2 mostraban problemas a la hora de encontrar refugio, seleccionar el hábitat más adecuado y evitar a los depredadores.
    ³Leon Green & Fredrik Jutfelt (2014). "Elevated carbon dioxide alters the plasma composition and behaviour of a shark". Biology Letters, 10(9): 20140538.


    domingo, 7 de septiembre de 2014

    La espada antitiburones

    Aquí me tenéis de nuevo buceando en las hemerotecas digitales para conocer que se contaban nuestros abuelos sobre los tiburones. Hoy le toca a la del ABC, que es realmente espectacular. No tiene nada que ver con la desoladora mediocridad que tiñe las páginas del periódico (a excepción de su suplemento cultural, muy superior en calidad al resto de los que se editan hoy en España).
    El artículo que os traigo hoy, publicado en 1921 en el suplemento Blanco y Negro, nos presenta uno de los más sofisticados ingenios diseñados hasta aquel momento para proteger a los buzos de los tiburones. Consistía básicamente en una varilla metálica conectada a un generador situado en un barco, que producía descargas eléctricas letales cuando entraba en contacto con el animal. Su inventor fue nada menos que Hugo Gernsback, un apasionado de la electricidad y sus aplicaciones, entre otras muchas cosas¹. No he logrado averiguar si tuvo mucho éxito o si en algún momento se llegó a poner en práctica con cierto rigor, aunque no parece probable.
    Tampoco parece probable que Mr. Gernsback hubiese bautizado su artilugio con el nombre de la famosa espada del Cid Campeador, ni que en su artículo del Science and Invention hablase de la influencia de las tormentas sobre el carácter de las suegras, de natural avinagrado, de señoritas que atacan con sus uñas a solterones pretendientes, o de las hazañas de Don Quijote de la Mancha. Esto es cosa de D. Emilio Rodríguez Sadia, que en su afán divulgativo no duda en incorporar este tipo de elementos populares a un discurso a mi modo de ver ya de por si empalagosamente costumbrista.
    Como siempre, he transcrito el texto tal cual aparece en el original, sin modernizar grafías ni puntuación, para conservar ese saborcillo a viejo que tanto nos gusta. Todas las ilustraciones pertenecen al artículo.


    LOS ÚLTIMOS ADELANTOS:
    LA TIZONA DEL DIABLO
    Por Emilio Rodríguez Sadia


         En adelante yo no sé qué será peor: si verse buzo en presencia de tiburón o verse tiburón en presencia de buzo. Porque les digo a ustedes que el arma que acaba de idear H. Gernsback (véase la revista Science and Invention) para defender a buzos contra tiburones es un arma que ni uñas de mujer escarmentada contra solterón pretendiente (nueva casta de tiburón).
         He ahí una pecera de cristal, por la que navega gallardamente un pececillo rojo, como recreándose en el áureo cabrilleo de sus escamas. Tomemos el cordón de la luz eléctrica; destrencemos sus dos ramales; atemos a un ramal una laminita de plomo y al otro ramal una varilla metálica, forrada de goma en toda su longitud, menos en la punta. Si introducimos en la pecera de un lado la lámina, de otro la varilla, y damos a la llave, como para encender la luz, la pecera se convertirá en un vaso electrolítico, es decir, que de la varilla a la lámina, o viceversa, pasará corriente a través del agua, y observaremos que el pececillo coletea furioso hasta ponerse en la dirección en que va la corriente.
         Como no soy pez, no puedo decirles a ustedes la impresión que recibirá el animalito en ese momento; pero me imagino que le hará la broma muy poca gracia. Los temperamentos nerviosos son muy sensibles al estado eléctrico de la atmósfera. Por ejemplo: las suegras son insoportables el día de tormenta (y en su casa hay tormenta todos los días). Parece como si los efluvios eléctricos, que pasan de las nubes a la tierra por la diferencia de potencial, destemplasen el arpa privilegiada que forman sus neuronas, neuroglias, axones y ganglios. Ahora bien, la atmósfera del pez es el agua. ¿Y hay acaso temperamento más nervioso que el temperamento de un pez?
         Por eso, si estando ya el pez tranquilo, le acercamos la varilla, veremos que huye. Y si le acosamos con insistencia, pretendiendo tocarle, veremos que coletea tan desesperadamente, que llega a saltar fuera de la pecera.
         La única manera de poder tocarle es cortar la corriente y acercarle entonces la varilla sin electricidad alguna. Pero si estando así la varilla en contacto del pez damos otra vez de pronto a la llave, veremos que instantáneamente da un coletazo frenético y muere electrocutado.


         Pues ahora no es ya una pecera; es el mar. A bordo de un buque funciona una dinamo, entre cuyos bornes hay una diferencia de tensión de 2.000 voltios. Uno de los bornes está unido al casco metálico del buque (como si dijéramos a la laminita de plomo de la pecera), y el otro por medio de un largo cable, a la tizona del diablo (como si dijéramos a la varilla forrada de goma).
         La tizona del diablo no es, en efecto, más que una varilla de cobre encerrada dentro de un largo estuche de bambú, aislada, por consiguiente, en toda su longitud, menos en la punta, que queda descubierta. Su aspecto es el de una larga espada, cuya hoja asomase por el fondo de la vaina. El cable conductor del flúido eléctrico entra, perfectamente aislado, por la empuñadura de la espada, pero no llega a establecer contacto de primera intención con la varilla de cobre que constituye como la hoja. Para que se forme contacto es necesario que, apretando con la punta de la espada contra un obstáculo, se haga penetrar a la empuñadura dentro de la vaina (la empuñadura y la vaina enchufan como dos tubos de anteojo hasta vencer un muelle o trinquete de retención): en ese momento sí habrá contacto, efectivamente, entre el cable y la varilla de cobre, y aparecerá, por lo tanto, electricidad en la punta de la tizona.
       Resulta, pues, que la empuñadura obra como un interruptor. Cuando está separada de la hoja de la tizona, no puede llegar corriente a la punta descubierta, y en el agua del mar no se nota el menor influjo eléctrico. Tan pronto como hay contacto entre ambas piezas aparece electricidad en la punta descubierta. Los iones salinos empiezan a acarrear esta electricidad de la tizona al buque y del buque a la tizona, y a través del agua del mar pasa una corriente. Atención ahora. El caballero buzo se ha calzado ya las espuelas, es decir, unos zapatones enormes de plomo, que le han de servir para descolgarse al fondo del mar no de otra guisa que el de la Triste Figura se descolggmailó al fondo de la cueva de Montesinos; se ha vestido la cota de mallas, es decir, un voluminoso chaleco repleto de aire comprimido, con cuya fuerza ascensional podrá subir a la superficie en un momento apurado con más ligereza que el mismísimo ludión de Descartes (no sin haberse descalzado antes los zapatitos), y ha empuñado, finalmente, con el donaire de un muñeco de guiñol la tizona formidable.
         Pero he aquí que, apenas llega al profundo abismo, un tiburón de largos bigotes se abalanza hacia él dispuesto a devorarlo. El caballero buzo no se inmuta. La tizona en guardia lo espera. Al choque brutal se cierra el circuito eléctrico. Y el miserable selacio muere electrocutado.
         Un nuevo tiburón asoma entonces en la lejanía. Pero, como entre la tizona y el buque está ya cerrado el circuito a través del agua, al acercarse y sentir el desagradable cosquilleo de la electricidad gira sobre sus aletas, mira al buzo de soslayo y se va diciendo, como el loco de Córdoba al encontrar un perro, desde que la estaca del bonetero le puso los huesos como alheña: "¡Este es podenco, guarda!"
         Y el buzo se pone ya a recoger tranquilo esponjas y perlas.
         Los tiburones le deben tener ya al ingeniero Gernsback una ojeriza... Porque no es la primera vez que este buen señor abusa de su inocencia. El fué quien un día empezó a echar por la borda de un barco piltrafas de carne, pedazos de pan, plátanos, naranjas y hasta gallinas, desplumadas y todo. Los tiburones se arremolinaron todos al punto. ¡Ah, las gallinas! Sobre todo las gallinas se las disputaban a dentelladas con tanta furia, que ni que fueran actas de diputados a Cortes. Pero de pronto muerde uno de ellos una gallina y queda muerto en el acto. Aquella gallina estaba unida a un cordón eléctrico... En torno al cadáver todos los tiburones empezaron a maldecir amostazados. Hay que convenir en que la protesta no podía estar más justificada. ¡Por mucho menos protestaría cualquiera, aun sin ser tiburón!
    Blanco y Negro, 6 de febrero de 1921, pp. 21-22

    ___________________________________
    ¹Hugo Gernsback fue un tipo, como poco, bastante peculiar. Nació en Luxemburgo en 1884 y a los 20 años emigró a los EEUU, donde llevado por su pasión por la electricidad, la radio y la ciencia, se hizo inventor, escritor y editor de revistas de radio, de ciencia (entre ellas Science and Invention), y sobre todo de ciencia ficción. De hecho, muchos lo consideran como uno de los padres de este género, junto con H. G. Wells y el mismísimo Julio Verne, a pesar de sus turbias (como poco) y abusivas prácticas empresariales y editoriales. Tenía por costumbre explotar miserablemente a los escritores que contrataba para publicar en sus revistas, entre ellos gente de la talla de un Lovecraft; no es de extrañar que se refiriesen a él como "Hugo the rat".


    jueves, 28 de agosto de 2014

    Apristurus en Galicia

    Pejegato abisal (Apristurus profundorum). Foto: Toño Maño.

    No sabemos lo que tenemos.
    Los muestreos que en el 2011 se llevaron a cabo en el banco de Galicia bajo el proyecto INDEMARES están arrojando unos resultados sencillamente espectaculares, sacando a la luz un patrimonio natural oceánico mucho más rico de lo que imaginábamos.
    Hace pocas semanas se publicaba un valioso trabajo¹ firmado por Rodríguez-Cabello, M. Pérez y el maestro Rafael Bañón que daba cuenta de los primeros registros en el mar de Galicia de tres tiburones de aguas profundas extraordinariamente raros y muy poco conocidos, todos pertenecientes al género Apristurus, el de los colayos o pejegatos (familia Pentanchidae —o, para muchos, Scyliorhinidae², orden Carcharhiniformes): el pejegato abisal (Apristurus profundorum), el pejegato fantasma blanco (Apristurus aphyodes) y el pejegato cabezón (Apristurus melanoasper).
    La mayor parte de los Apristurus de que tenemos noticia viven en aguas muy profundas, desde los 500 hasta casi 2000 m, o más. Estas cotas los dejan fuera, por el momento, del alcance de las artes de profundidad, lo cual, por un lado, significa que están a salvo del peligro, pero por otro, debido a la escasez de registros, hacen que sean grandes desconocidos para la ciencia, tanto en lo que respecta a su biología como a la identificación de especies válidas. Puede decirse que estamos ante el género más amplio y menos conocido de todos tiburones... y también el más confuso en términos taxonómicos.

    Apristurus sp. fotografiado en el fondo marino por un vehículo no tripulado. Fuente: people.whitman.edu
    Hasta ahora se conocen unas 37 especies de pejegatos. De ellos, una tercera parte se ha descrito exclusivamente a partir de un holotipo; al menos cuatro holotipos se han perdido o han desaparecido tal vez para siempre; y la identificación de cerca de otro tercio se ha hecho sobre la base de un número exiguo de ejemplares. La conclusión no puede ser otra que algunas especies probablemente sean de dudosa validez³. Como contrapartida, la amplia distribución del género hace pensar que muy probablemente, a medida que vamos ampliando el conocimiento —todavía muy pobre de la fauna del talud continental de muchas zonas del Planeta, el descubrimiento de especies nuevas se va a incrementar sustancialmente.

    Apristurus profundorum. Foto: Toño Maño.
    Características generales del género Apristurus. Al escaso número de registros y la cuestionable validez de algunas especies, hay que añadir el problema de la identificación. Salvo algunos casos, los Apristurus son muy puñeteros, si me permitís la expresión. No son excesivamente difíciles de reconocer como grupo: todos tienen un morro más o menos alargado y espatulado (aplanado dorsoventralmente), y, junto con la cabeza, expandido lateralmente; narinas grandes con pequeñas solapas anteriores y sin conexión con la boca; pliegues labiales bastante largos; dorsales pequeñas, sin espinas y en posición muy retrasada; aleta anal muy larga, de forma más o menos triangular, y separada de la aleta caudal por apenas una muesca o escotadura; caudal alargada; y coloración uniforme, entre otros rasgos.

    Fuente: Samuel P. Iglésias. Chondrichthyans and Cyclostomata from the North-eastern Atlantic and the Mediterranean (A natural classification based on collection specimens, with DNA barcodes and standarized photographies). Provisional version 07, 1 April 2013. http://www.mnhn.fr/iccanam
    Características individuales. Sin embargo, individualmente ya es otro cantar, porque muchas veces los caracteres significativos que nos permiten distinguir una especie de otra son tremendamente sutiles y difíciles de captar para los no especialistas (y para algunos especialistas también). Muchas especies son tremendamente parecidas entre si, y sus aletas y cuerpos blandos, fácilmente deformables en algunos puntos, dificultan sobremanera la toma de biometrías y, por tanto, su identificación, aun habiéndose mejorado notablemente los descriptores morfológicos en estos últimos 20 años gracias a diversos trabajos de revisión del género. Por poner un ejemplo un poco superficial, los cuatro pejegatos de la imagen de arriba parecen claramente diferentes en cuanto al color y la forma de ciertas partes del cuerpo; pues bien, los dos primeros son en realidad de la misma especie, Apristurus laurussoni o colayos de Islandia; el tercero es un pejegato cabezón (A. melanoasper) y el cuarto un pejegato fantasma blanco (A. aphyodes). Esto quiere decir que rasgos morfológicos en apariencia tan evidentes como pueda ser el color  no significan nada por si solos, sino que deben ponerse en relación con los demás. Para que os hagáis una idea, los mayores especialistas en Apristurus recomiendan nada menos que 75 biometrías, además de cómputos vertebrales, dentales y del número de vueltas de la válvula espiral. Y si es posible, todo ello complementado con una muestra de tejido para un análisis genético. Igualmente, como ocurre con otros tiburones, otro elemento que se tiene en consideración es la forma, tamaño y disposición de los dentículos dérmicos de ciertas zonas del cuerpo, como el margen dorsal de la aleta caudal. Al menos con los Apristurus, genética y morfología deben ir necesariamente de la mano.

    La experiencia más extraordinaria que he tenido el privilegio de vivir como apasionado de los tiburones de aguas profundas. Invitado por unos buenos amigos, Gonzalo y Rafa, pude no solo observar, in situ, el proceso de identificación de varios Apristurus, sino participar en él, cuando me animaron a tomar las biometrías de un par de ejemplares, por supuesto bajo su atenta supervisión. El ejemplar del que me estoy ocupando, que resultó ser un A. profundorum, no procedía del banco de Galicia, sino de Terranova. En este link de Ecología Azul podréis ver a Rafael Bañón y a Gonzalo Mucientes en acción.
    Los tres grupos de Apristurus. Para poner un poco de orden en todo esto, Nakaya ha distribuido los Apristurus en tres grupos bien diferenciados, que bautizó con el nombre de una especie tipo. El primero, el más pequeño y reconocible, es el grupo longicephalus, caracterizado, como su nombre indica, por tener un morro extremadamente largo. En cuanto a los otros dos, de morro claramente más corto:
    • Grupo brunneus: Válvula espiral con 15-22 vueltas, surco labial superior más largo que el inferior, y canales sensoriales supraorbitales discontinuos.
    • Grupo spongiceps: Válvula espiral con menor número de vueltas, entre 7 y 12; surcos labiales superiores casi iguales o claramente más cortos que los inferiores; canales sensoriales supraorbitales continuos.
    Las especies del grupo brunneus tienden a tener un cuerpo esbelto, dientes más pequeños y se les encuentra con mayor frecuencia por encima de los 1000 m. Por el contrario, las del segundo grupo presentan, en general, un cuerpo más robusto, dientes más grandes y se les suele encontrar más allá de los 1000 m; los longicephalus estarían en un término medio. Curiosamente, la morfología de las cápulas-huevo (todos los Apristurus cuya biología reproductiva conocemos son ovíparos) que se han podido conseguir y analizar parece corroborar esta división. Las cápsulas de las especies brunneus presentan largos zarcillos en cada extremo, que sirven para anclarlos a alguna roca u organismo sésil, mientras que las especies spongiceps carecen de ellos, lo que hace pensar que simplemente son depositados sobre el sustrato. Todo apunta a una divergencia evolutiva del grupo spongiceps y su grupo hermano longicephalus a partir del brunneus, que ha sido confirmada por diversos estudios moleculares.

    Y aquí lo dejamos, en el mismo borde del oscuro y enmarañado bosque de los pejegatos, recorrido por sendas tortuosas repletas de obstáculos, de arenas movedizas y de ramales que no llevan a ninguna parte. Sería una temeridad pensar siquiera en ofrecer de forma clara y organizada las claves de cada especie, y además tampoco era el objetivo de este post. Baste decir que, por lo que respecta a nuestros Apristurus "paisanos", el A. aphyodes y el A. profundorum pertenecen al grupo spongiceps, y el A. melanoasper, al grupo brunneus. A partir de aquí, nos iremos ocupando de cada uno de ellos en su correspondiente monográfico.

    Apristurus spongiceps o colayo cabeciblanco. Foto de la NOAA tomada de Wikipedia.

    Los Apristurus del banco de Galicia. La gran mayoría de los pejegatos muestreados durante la campaña INDEMARES fueron A. aphyodes, con 18 ejemplares, 7 machos y 11 hembras, capturados entre los 1460-1809 m; de A. profundorum, solo se encontró una pequeña hembra, a 1460 m; y de A. melanoasper también otra hembra, a 1683 m, estableciendo, de paso, un récord de profundidad para la especie.
    Curiosamente, todos eran ejemplares juveniles... Y uno no puede evitar sentir el deseo tan fugaz como disparatado de valorar este último dato en clave simbólica, como cifra de la insospechada biodiversidad de nuestra gran montaña submarina y como una promesa de futuro. Qué absurdo, verdad.


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    ¹Cristina Rodríguez Cabello, M. Pérez & Rafael Bañón (2014). "Occurrence of Apristurus species in the Galicia Bank Seamount (NE Atlantic)". Journal of Applied Ichthyology, 1-10, doi:10.1111/jai.12480. 
    ²Tradicionalmente se consideran los Apristurus como un género de la familia Scyliorhinidae. Sin embargo, cada vez más científicos los engloban dentro de una familia diferente, Pentanchidae. Véase Claves de los Carcharhiniformes.
    ³David A. Ebert (2013). Deep-Sea Cartilaginous Fishes of the Indian Ocean. Vol. 1 Sharks. FAO Species Catalogue for Fisheries Purposes. No. 8, Vol. 1. FAO, Rome, p. 167.
    Kazuhiro Nakaya, Keiichi Sato, Samuel P. Iglésias & William T. White (2008). "Methodology for the taxonomic description of members of the genus Apristurus (Chondrichthyes: Carcharhiniformes: Scyliorhinidae)". En P. R. Last, W. T. White & J. J. Pogonosky (Eds.). Descriptions of New Australian Chondrichthyans. CSIRO Marine & Atmospheric Research Paper, No. 022, pp. 49-60.

    Mesa de trabajo. El calibre y el paper de Nakaya, imprescindibles.
    Kazuhiro Nakaya & Keiichi Sato (1999). "Species grouping within the genus Apristurus (Elasmobranchii: Scyliorhinidae)". En B. Séret & J.-Y. Sire (Eds.) Proceedings of the Indo-Pacific Fish Conference, 1997, Nouméa. Société Française d'Ichtyologie & Institut de Recherche pour le Développement, Paris, pp. 307-320.
    Esquema de los dos modelos de canales sensoriales supraorbitales: arriba el continuo, correspondiente a un A. fedorovi; abajo, el discontinuo, correspondiente a un A. brunneus. Fuente: Nakaya y Sato (1999).
    Véase Brooke E. Flammang, David A. Ebert & Gregor M. Caillet (2007). "Egg cases of the genus Apristurus (Chondrichthyes: Scyliorhinidae): Phylogenetic and ecological implications". Zoology 110 (4), pp. 308-317. doi: 10.1016/j.zool.2007.03.001.


    jueves, 21 de agosto de 2014

    Zorro negro (Alopias superciliosus)

    Foto: Jason Arnold.

    Zorro negro

    Alopias superciliosus (Lowe, 1840)

    (es. Zorro negro, zorro ojón; gal. Raposo ollón; in. Bigeye Thresher; port. Zorro olho grande.)

    Orden: Lamniformes
    Familia: Alopiidae


    El zorro negro es el más misterioso y más amenazado de los tres zorros marinos que conforman la familia Alopiidae; es además el que ofrece un diseño corporal más extravagante, particularmente la cabeza... Pero por todo ello es quizá también la especie más interesante.
    Parece obvio que su rasgo más característico son sus enormes ojos (de donde le viene el apelativo "ojón", así como su nombre científico, super+ciliosus), cuya peculiar disposición, extendidos hacia la superficie dorsal de la cabeza, le permite detectar a sus presas desde abajo, recortadas contra la superficie, mientras nada lentamente camuflado en las profundidades, el color oscuro de su dorso haciéndolo prácticamente invisible.
    Sin duda, un animal fascinante que merece ser conocido... antes de que acabemos con él.

    Fuente: CEPSUL, ICMBio.
    Descripción: Cuerpo robusto, cilíndrico, terminado en una caudal larguísima, cuyo lóbulo superior casi alcanza la longitud corporal. Las órbitas de los enormes ojos se extienden hacia la superficie dorsal. La cabeza presenta un característico "casco" o coraza claramente delimitada por unos surcos laterales con forma de V. A diferencia de los demás alópidos, la superficie dorsal de la cabeza entre los ojos es ligeramente plana, no curvada. El morro es largo y apuntado.
    La primera dorsal está situada más cerca de las aletas pélvicas que de las pectorales. Las aletas pectorales son muy grandes y de ápice no tan afilado como en el A. vulpinus. Las pélvicas son también grandes, aproximadamente de la misma altura que la primera dorsal. La segunda dorsal y la anal son diminutas; la primera está más adelantada que la segunda.
    En cuanto a la librea, presenta en el dorso un color azul oscuro plomizo a violáceo, o gris oscuro con un tono parduzco, que va aclarándose progresivamente hacia la superficie ventral, de un tono blanquecino sucio. No hay cambios bruscos de color ni franja blanca encima de las aletas pectorales.

    Foto: Gonzalo Mucientes.
    Dentición: Dientes parecidos a los del zorro (Alopias vulpinus): base ancha con una sola cúspide de bordes lisos relativamente estrecha e inclinada. A diferencia del A. vulpinus, los dientes del A. superciliosus son más grandes y menos abundantes: están dispuestos en 19-27 hileras en la mandíbula superior y 20-24 en la inferior; el tercer diente superior es de tamaño similar a los demás, no más pequeño.

    Fuente: flmnh.ufl.edu
    Talla: Miden entre 100-140 cm al nacer¹ y pueden llegar a alcanzar al menos los 480 cm de longitud total. Los machos maduran entre los 270-290 cm y las hembras entre 330-350 cm,

    Reproducción: Vivíparo aplacentario (ovovivíparo) con oofagia. El zorro negro tiene la menor tasa reproductiva de todos los alópidos, que ya de por si es baja en extremo: tienen de 2 a 4 crías por camada (sobre todo 2), y una maduración muy tardía para una especie con una esperanza de vida de 19-20 años: los machos maduran a los 9-10 años y las hembras entre los 12-14 años.
    El periodo de gestación es probable que sea de unos 12 meses, pero faltan evidencias que lo confirmen; los partos se producen a lo largo de todo el año, aunque en el Atlántico parecen ser más frecuentes en otoño e invierno. El Estrecho de Gibraltar es una zona de cría.

    Fuente: Apex Predators Program, NOAA / NEFSC, a través de fishesofaustralia.net.au
    Dieta: Se alimenta principalmente de peces pelágicos gregarios de tamaño mediano a pequeño como arenques, sardinas, lanzones y peces aguja; peces de fondo como la merluza, y también cefalópodos y crustáceos. Es un cazador visual: se sirve de la peculiar anatomía de sus ojos para localizar a sus presas desde el fondo, y utiliza su cola para aturdirlas o matarlas, blandiéndola como un látigo.
    Al menos en el Mediterráneo hay constancia de que se atreve con bichos más grandes e indudablemente más peligrosos. En 1994 apareció en Tavolara (una pequeña isla al norte de Cerdeña) una hembra de 4 m con un enorme tajo en la frente, justo entre los ojos, de cuyo interior se logró extraer un trozo de 15 cm perteneciente al pico de un pez espada. Cabe la posibilidad de que haya sido el pez espada quien atacó al tiburón sin que hubiese provocación alguna.

    Hábitat y distribución: El zorro negro es una especie que ocupa una amplia variedad de hábitats: epipelágica, nerítica y epibéntica. Se encuentra tanto en aguas de la plataforma continental e insular próximas a la costa como en mar abierto, desde la superficie hasta, por lo menos, los 723 m de profundidad.
    Aunque suele encontrársele en zonas donde la temperatura del agua en superficie oscila entre los 16-25ºC, parece tratarse de un tiburón euritermo (es decir, capaz de soportar grandes variaciones de temperatura). Recientemente se han detectado patrones de desplazamiento vertical: por el día permanece durante más de 8 horas a profundidades de entre 300 y 500 m, en temperaturas de 6-12ºC, y por la noche asciende hasta los 10-100 m, donde la temperatura es de 20-26ºC.
    El tipo de hábitat tal vez determina que el zorro negro solo posee endotermia craneal, a diferencia del zorro común, de aguas más frías, que es corporal, como en los marrajos²

    Elaboración propia a partir de Ebert et al. 2013.
    Distribución mundial en aguas templadas y tropicales. En esta parte del Atlántico las capturas suelen ser esporádicas: Islas Británicas, golfo de Vizcaya, Portugal, Azores, Madeira, Canarias, etc. Es un potente nadador, capaz de desplazarse distancias superiores a las 1500 millas, de modo que, al menos en determinadas áreas, las variaciones en sus números y distribución pueden depender de factores relacionados con migraciones estacionales que es fundamental conocer³. Este mismo año (2014) hemos conocido el primer registro en aguas del sureste de la India.
    En aguas gallegas es bastante menos frecuente que el zorro común (Alopias vulpinus). Como curiosidad, el 5 de febrero de 1999 apareció un ejemplar a pocos metros del muelle de Cesantes (Redondela), en plena ensenada de San Simón, al final de la ría de Vigo. Medía 351 cm, "de los cuales 167 correspondían a la cola".

    Foto: Gonzalo Mucientes.
    Pesca y estatus: Tiene un gran interés comercial, puesto que se aprovecha integralmente, si bien su carne no es tan apreciada como la del A. vulpinus. Se captura con palangre, redes de deriva, etc.
    Como ya apuntamos, la biología reproductiva de la especie la hace muy vulnerable a la sobrepesca. Se han constatado importantes caídas de sus poblaciones a nivel global, en algunas zonas se encuentra al borde de la extinción... o ya extinguida. Un informe de la FAO sostiene lo siguiente: "A menos que se demuestre lo contrario, lo prudente es considerar la especie como completamente explotada o sobreexplotada a nivel global". Los datos de capturas no suelen ser fiables, dado que normalmente se descarga mezclado con las otras dos especies de zorros marinos. Lo que quiere decir que es probable que las cifras sean a la baja. En los dos lados del Atlántico norte, EEUU y UE, su captura, descarga, trasbordo y retención a bordo están terminantemente prohibidas. Figura en el Apéndice I de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que obliga a los diferentes estados a cooperar para su conservación.

    Está incluido en la Lista Roja de la IUCN bajo el estatus global de Vulnerable. No obstante, en el Atlántico occidental, las poblaciones del norte y zona centro están calificadas como En peligro, y la del sur Casi amenazada. En el Mediterráneo, el estatus es de Datos incompletos.


    >> Para más información sobre otros alópidos véase Colas de zorro (fam. Alopiidae) y Zorro (Alopias vulpinus).

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    ¹Posiblemente las tallas de nacimiento vienen determinadas por parámetros geográficos o ambientales. Así por ejemplo, parece que los neonatos del Pacífico NW son los más grandes. Véase Che-Tsung Cheng, Kwang-Ming Liu & Yung Chou-Chang (1997). "Reproductive biology of the big eye thresher shark, Alopias superciliosus (Lowe, 1839) (Chondrichthyes: Alopiidae), in the northwestern Pacific". Ichthyological Research, vol 44, Issue 2-3, pp. 227-235.
    ²C. A. Sepulveda, N. C. Wegner, D. Bernal & J. B. Graham (2005). "The red muscle morphology of the thresher sharks (family Alopiidae)". Journal of Experimental Biology, 208, 4255-4261. doi: 10.1242/jeb.01898.
    ³Hiroaki Matsunaga & Kotaro Yokawa (2013). "Distribution and ecology of the bigeye thresher shark Alopias superciliosus in the Pacific Ocean." Fisheries Science, Vol 79, Issue 5, pp. 737-748.
    A. M. Gowthaman, P. Jawahar & V. K. Venkataramani (2014). "New occurrence of big eye thresher shark Alopias superciliosus lowe, 1841 in Gulf of Mannar, southeast coast of India". Indian Journal of Geo-Marine Sciences, Vol 43(5), pp. 883-885.
    Véase Estanislao Fernández de la Cigoña & José Manuel Oujo (1999). "Sobre o achado dun tiburón da especie raposo do mar ollón, Alopias superciliosus, no interior da ría de Vigo, Cesantes (Redondela), no inverno de 1999". Fauna das augas galegas: Crustáceos, peixes, réptiles, aves e mamíferos. Colección Natureza Galega vol. XIV. AGCE/IGEM, Vigo, pp. 21.24.
    Los autores no ofrecen datos sobre el sexo ni estado de conservación. Tal vez fuese un descarte, o tal vez el animal se internó en la ría desorientado o enfermo. Al no haberse practicado necropsia alguna, la cuestión queda en el aire. 
    Información tomada del informe sobre la especie elaborado por la IUCN Red List.