Toda la información y noticias relacionadas con el mundo de los tiburones: biología, ecología, pesca, conservación, etc., con especial atención a las especies presentes en aguas de Galicia.

viernes, 22 de mayo de 2015

Los tiburones según Goldsmith (1774) - I


El autor. Oliver Goldsmith (1730-1774) es una de las grandes figuras literarias del extraordinario siglo XVIII inglés, y también un personaje peculiar por el que es difícil no sentir simpatía. Hijo de un clérigo irlandés, su vida no pudo haber estado más alejada de las pretensiones de su familia. Jugador empedernido y siempre endeudado hasta las orejas, amante de la juerga y de la música (tocaba la flauta y disfrutaba cantando canciones irlandesas), polemista obstinado y pendenciero (cuentan que en una ocasión se empeñó en defender, contra toda evidencia, que él masticaba su cena ¡moviendo la mandíbula superior!), y a veces malencarado, quienes lo conocieron coinciden, sin embargo, en que era al mismo tiempo un ser bondadoso, dotado de un gran corazón, e incapaz de causar el menor daño a sus amigos y a sus compañeros de tertulia, participando, por ejemplo, en todo el juego de sarcasmos y maledicencias tan de moda entre los literatos del momento.
Fue un personaje admirado y criticado por igual. Criticado duramente por su estilo de vida desordenado, que muchas veces rozaba el escándalo, tildado de envidioso e incluso de "idiota inspirado" (palabras de Horace Walpole); pero admirado por su inmenso talento literario, reconocido nada menos que por la mayor figura intelectual del siglo, Samuel Johnson, con el que formaría un club de debate y a quien uniría una fuerte amistad.
Goldsmith cultivó la poesía, el teatro y la novela, pero sin prodigarse en exceso. Escribió lo justo, pero de una calidad y estilo deslumbrantes. Y además, para pagar sus deudas de juego y contraer otras, escribió por encargo un número de ensayos y manuales de todo tipo, particularmente de historia política (historia de Grecia, de Roma, de Inglaterra, etc.), y de historia natural, en su portentosa A History of the Earth and Animated Nature, y ello a pesar de que, empleando una maldad atribuida al Dr. Johnson, sus conocimientos de zoología apenas le permitían distinguir un caballo de una vaca.
Naturalmente, Goldsmith no era ni historiador ni zoólogo. Sin embargo, sus manuales eran bien acogidos y ampliamente leídos porque, gracias a su dominio del idioma y a una excepcional capacidad de síntesis, lograba hacer comprensibles al lector medio los temas más abstrusos. Su método de trabajo consistía en leer toda la bibliografía existente sobre una determinada materia, seleccionar los datos más relevantes y organizarlos de una manera lógica y comprensible, para él y para su público. En ello radica el valor de su obra para el lector moderno, en ofrecernos, con todas las imprecisiones y errores de interpretación típicos de un lego, un compendio del conocimiento que en su tiempo se tenía en este caso sobre los tiburones.
A History of the Earth and Animated Nature se publicó en 1774. La primera edición constaba de ocho volúmenes.  
Oliver Goldsmith murió joven y endeudado, empeñado en recetarse sus propias medicinas.
Samuel Johnson escribió un epitafio en un monumento al autor en la abadía de Ẃestminster que reza "A la memoria de Oliver Goldsmith, poeta, naturalista e historiador".

Los tiburones en la Historia Natural. El tema de los tiburones figura en el apartado History of Fishes del segundo volumen de la obra, ocupando los dos primeros capítulos del Libro II, Of Cartilaginous Fishes. El primer capítulo, "De los peces cartilaginosos en general", sitúa los peces cartilaginosos en el contexto de los peces en general señalando alguna de sus características principales: hendiduras branquiales abiertas directamente hacia el exterior, sin opérculo, circulación simple, fecundación interna y estrategia reproductiva compleja, descrita con sorprendente detalle:
Algunos paren vivas a sus crías y otros producen huevos que posteriormente se llevan hasta su maduración. Sin embargo, en conjunto, el modo de gestación es casi el mismo, dado que, en las disecciones siempre descubrimos que las crías, mientras están en el cuerpo, permanecen dentro del huevo hasta muy poco antes de ser expulsadas: podemos decir con propiedad que eclosionan dentro del cuerpo, y tan pronto como las crías salen del cascarón comienzan también a abandonar la matriz. A diferencia de los cuadrúpedos o de los cetáceos, que salen de la fase de huevo a los pocos días de su primera concepción y permanecen después en el útero durante varios meses, estos permanecen dentro del cuerpo de la hembra, en fase de huevo, durante semanas; y los huevos están unidos entre sí por una membrana, la cual, cuando se libera el feto, tarda poco tiempo en soltarse de la matriz. Los huevos están formados por una clara y una yema, y en vez de cáscara tienen una sustancia que muy adecuadamente puede compararse con el cuerno reblandecido. Como he señalado, en ocasiones eclosionan dentro de la matriz, como en las familias del tiburón o la raya, y a veces son expulsados, como en el esturión, antes antes de que el animal alcance el momento de su liberación. Por consiguiente, observamos que en este tipo de peces parece haber muy pocas diferencias entre los vivíparos y los ovíparos: en unos los huevos eclosionan dentro de la matriz, y las crías no permanecen allí mucho más tiempo; los otros expulsan sus huevos antes de que eclosionen, y dejan que el tiempo y el azar lleve a sus pequeños hasta la madurez.
A continuación, distingue cinco grupos dentro de los peces cartilaginosos:
  • Peces de la clase del tiburón, "con un cuerpo decreciente hacia la cola, la piel rugosa, la boca situada en la parte inferior de la nariz, muy lejos de su extremo, cinco aberturas a ambos lados del cuello para respirar, y la parte superior de la cola más larga que la inferior". Y cita como ejemplos el tiburón blanco, la musola, la mielga, el zorro marino, el peregrino y el cailón, entre otros.
  • Peces planos, los cuales "se les puede distinguir fácilmente de los peces planos espinosos por los orificios a través de los cuales respiran, que no están cubiertos por un hueso y que, en esta clase, son cinco en cada lado. En este grupo podemos situar el torpedo, la raya, la raya picuda, la raya áspera, la raya de clavos y la pastinaca".
  • Peces "con cuerpo esbelto parecido al de las serpientes, tales como la lamprea, la lamprea de arroyo y el pez pipa".
  • El esturión y de su variedad, el esturión beluga.
  • Comprende "peces de diferente naturaleza y aspecto que no se incluyen bajo ninguna de las divisiones anteriores. Estos son el pez luna, el pez globo, el lompa, el pez baboso, la quimera y el pez sapo. Cada uno de ellos tiene alguna peculiaridad en sus facultades o en sus formas que merece ser comentada. Al menos, la descripción de su aspecto podría compensar nuestra completa ignorancia del resto de su historia."
El Capítulo II se encarga de las especies del primer grupo, los tiburones propiamente dichos, y es el que vamos a reproducir íntegramente aquí, confiando en hacer un mínimo de justicia al original. Si Goldsmith no era zoólogo, yo tampoco soy traductor. Las dos ilustraciones finales, que incluyen una fecha de publicación, obviamente no figuran en el original.

Una Historia de la Tierra y de la Naturaleza Animada.
"Con numerosas notas extraídas de las obras de los más distinguidos naturalistas británicos y extranjeros, incluyendo los más recientes descubrimientos de la Historia Natural.
Con casi 2000 ilustraciones".

CAPÍTULO II

DE LOS PECES CARTILAGINOSOS DE LA CLASE DEL TIBURÓN¹

     De todos los habitantes del océano, los de la clase del tiburón son los más fieros y voraces. Los peces más grandes no temen menos al más pequeño de esta tribu que a otros de aspecto más poderoso; y ninguno de ellos parece tampoco tener miedo de atacar a animales muy superiores en tamaño. Pero el tiburón blanco, que es el mayor de los de su clase, une a la más asombrosa velocidad el más poderoso apetito por hacer daño. Si en tamaño no está muy lejos de la ballena, la supera con creces en fuerza y rapidez, en la fabulosa disposición de sus dientes y en su insaciable afán por el pillaje.      
     Por su envergadura el tiburón blanco llega a veces a compararse con las ballenas, pues mide entre veinte y treinta pies [6-9 m]. Hay quien afirma haberlos visto de cuatro mil libras de peso [1814 kg], y nos han hablado en particular de uno que tenía un cuerpo humano en su barriga. Su cabeza es grande y ligeramente aplanada; el morro, largo, y los ojos grandes. La boca es enorme, como la garganta, y capaz de tragarse a un hombre con suma facilidad. Pero sus dientes son todavía más terribles; hay seis filas, tienen forma de cuña y son extremadamente duros y afilados. Se afirma que hay setenta y dos en cada mandíbula, arrojando un total de ciento cuarenta y cuatro; aunque otros creen que la cantidad es incierta, ya que se sabe que estos terribles instrumentos de destrucción incrementan su número a medida que el tiburón va creciendo. Con ellos, las dos mandíbulas, superior e inferior, parecen bien surtidas; pero el animal tiene la capacidad de subirlas y bajarlas a voluntad. Cuando el tiburón está tranquilo permanecen abatidas en su boca; pero cuando se dispone a sujetar una presa, eleva todo ese temible aparato empleando el grupo de músculos con el que se fija a la mandíbula, y el animal que atrapa muere en pocos minutos atravesado por un centenar de agujeros.    
     No es menos terrible la contemplación del resto de su figura. Sus aletas son proporcionalmente grandes; está equipado con grandes ojos saltones que vuelve con facilidad hacia todos lados, para ver a las presas que tiene detrás como a las que tiene delante. Y todo su aspecto viene marcado por un aire de malignidad. La piel es también áspera, dura y espinosa, pues se trata de ese material que llamamos zapa que cubre los estuches de instrumental.

     Tan formidable resulta este pez por su aspecto, como temible por su coraje y actividad. Ningún pez es capaz de nadar tan rápido, ni de forma tan constante; deja atrás a los buques más veloces, juguetea a su alrededor, los pasa como una flecha, luego vuelve, parece observar fijamente a los pasajeros, y durante todo este tiempo no se aprecia ni la más mínima señal de esfuerzo para seguir adelante. Estos increíbles poderes, unidos a un tan grande apetito para la destrucción, no tardarían en despoblar el océano entero, pero providencialmente, la mandíbula superior se proyecta tan lejos por encima de la inferior, que el tiburón se ve forzado a ponerse de costado (no de espaldas, como generalmente se piensa) para capturar sus presas. Como esto requiere un poco de tiempo, el animal perseguido aprovecha la oportunidad para huir. 
     Sin embargo, sus depredaciones son frecuentes y espectaculares. El tiburón es el terror de los marinos de todos los climas cálidos, donde, como un bandido codicioso, acude a los barcos a la espera de lo que pueda caer por la borda. El desgraciado que en ese momento acabe en el mar morirá ciertamente sin la menor compasión. En el año 1744, un marinero que estaba tomando un baño en el Mediterráneo, cerca de Antibes, cuando nadaba a unas cincuenta yardas del barco, divisó un pez monstruoso que se dirigía hacia él y lo inspeccionaba desde todos los ángulos, tal como vemos que hacen los peces alrededor de un cebo. El pobre hombre, aterrorizado porque estaba cada vez más cerca, llamó a gritos a sus compañeros del barco para que lo subieran a bordo. Estos le lanzaron entonces un cabo con la mayor celeridad, y ya estaban izándolo junto al costado del barco, cuando el tiburón se abalanzó sobre él como una flecha y le arrancó una pierna.      
     El señor Pennant nos cuenta que el capitán de un barco negrero, al descubrir que el deseo del suicidio se había extendido entre sus esclavos, debido a la creencia que tenían de que después de la muerte habían de ser devueltos a sus familias, sus amigos y su país, para convencerles de que al menos alguna desgracia les estaría allí aguardando, ordenó que atasen uno de aquellos cadáveres por los tobillos y lo echasen al agua; y aunque lo volvieron a subir con la mayor rapidez, en tan poco tiempo los tiburones se habían llevado todo excepto los pies. No seré yo quien determine si esta historia es anterior a un accidente de la misma naturaleza ocurrido en Belfast, Irlanda, hará unos veinte años; pero lo cierto es que hay en ambas algunas circunstancias parecidas, si bien más terribles en la que voy a relatar. Un capitán procedente de Guinea se vio forzado por el mal tiempo a entrar en el puerto de Belfast con una carga de esclavos muy enfermos, quienes, a la manera arriba señalada, aprovechaban la menor oportunidad para lanzarse por la borda cuando eran llevados a cubierta, según la costumbre, para respirar aire fresco. Viendo el capitán que, entre otros, una esclava se disponía a morir ahogada, decidió utilizarla como ejemplo para los demás. Como supuso que desconocían los terrores que les aguardaban en el momento de su muerte, ordenó que la atasen pasándole un cabo bajo las axilas y la bajasen al mar. Cuando la pobre criatura fue así metida en el agua, a medio camino la oyeron proferir un alarido terrible que en un principio atribuyeron a su miedo a ahogarse; pero enseguida, el agua tornándose roja a su alrededor, la izaron y descubrieron que un tiburón, que había estado siguiendo el barco, la había devorado de mitad para abajo.
     Tal es la espantosa rapacería de este animal; no desprecia nada que tenga vida. Pero parece sentir una particular enemistad hacia el hombre: una vez que ha probado la carne humana, no deja de frecuentar aquellos lugares donde aguarda el retorno de su presa. Se llega incluso a afirmar que a lo largo de las costas de África, donde estos animales se encuentran en abundancia, muchos negros, que se ven obligados a frecuentar aquellas aguas, son por ellos capturados y devorados todos los años. Las gentes de aquellas costas son de la firme opinión de que al tiburón le encanta la carne de negro más que la de hombre blanco, y que cuando en el agua hay personas de diferente color, siempre elige al primero.

Marinero mutilado por un tiburón. Ilustración de 1884.
     Sea como fuere, los hombres de todos los colores temen a esta criatura por igual y han ideado diferentes métodos para destruirla. En general, su éxito se basa en la propia rapacidad del tiburón. El método habitual que usan nuestros marinos para capturarlo es cebar un gran anzuelo con un trozo de vaca o de cerdo y largarlo amarrado a un grueso cabo reforzado cerca del extremo con una cadena de hierro. Sin esta precaución, el tiburón no tardaría en cortar la cuerda y liberarse. No es un entretenimiento desagradable observar como este voraz animal emerge para inspeccionar la carnada, particularmente cuando no está acuciado por el hambre. Se aproxima a ella; la examina; da vueltas a su alrededor; por un momento parece ignorarla, quizá receloso del cabo y de la cadena; la abandona durante unos instantes, pero, habiéndosele despertado el apetito, regresa de nuevo; parece que se dispone a engullirla, pero vuelve a abandonarla. Cuando los marineros se han divertido lo suficiente con sus diferentes evoluciones, tiran del cabo haciendo como si fuesen a llevarse la carnada. Es entonces cuando el hambre excita al glotón; se lanza sobre ella y la engulle, con anzuelo y todo. Aunque en ocasiones no se se la traga totalmente, y vuelve a soltarse. Pero aun así, herido y sangrando, vuelve una vez más a por la carnada hasta que es cazado. Cuando nota el anzuelo alojado en sus fauces, despliega los mayores esfuerzos para liberarse, pero en vano. Intenta cortar la cadena con sus dientes; tira con todas su fuerzas del cabo para romperlo; casi parece que vuelve su estómago del revés para desenganchar el anzuelo. Y así continúa con sus formidables aunque inútiles esfuerzos hasta que, agotado, permite que saquen su cabeza fuera del agua, y los marineros, sujetando la cola con un lazo, lo suben a bordo y lo rematan. Esto se hace golpeándole en la cabeza; y ni siquiera esto se lleva a cabo sin dificultad ni peligro. La enorme criatura, terrible incluso en su mortal agonía, todavía lucha contra sus verdugos. No existe animal en el mundo más difícil de matar. Incluso cortado en pedazos, los músculos todavía mantienen su movimiento, vibran durante unos minutos tras ser separados del cuerpo. Otro método para capturarlos es clavarles un instrumento con varios dientes llamado fisga en el momento en que pasan rozando el costado del barco. Tan pronto como se deposita en cubierta, para evitar sus sacudidas, se le corta la cola con un hacha lo más rápido posible.
     Así es como los europeos matan el tiburón. Pero algunos negros de la costa de África emplean un método más audaz y peligroso para combatir a su terrible enemigo. Armado con tan solo un cuchillo, el negro se zambulle y observa al tiburón acechando a su presa, y valientemente nada a su encuentro. Aunque no es él quien provoca la pelea, el enorme animal no la rehuye, y deja que el hombre se le acerque. Pero justo cuando se vuelve de costado para atrapar a su agresor, el negro ve su oportunidad y hunde el cuchillo en el vientre del pez, y continúa asestándole cuchilladas con tal acierto, que deja al voraz tirano yaciendo muerto sobre el fondo. Sin embargo, regresa enseguida, amarra la cabeza del pez con un cabo y lo lleva a tierra, donde organiza un noble banquete para las aldeas vecinas.
Ilustración del siglo XIX.
(Continuará)

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¹Goldmith incluye aquí una extensa nota a pie de página en la que se ocupa de la descripción de tres especies típicas de las Islas, que reproduciremos en la siguiente entrega.

jueves, 14 de mayo de 2015

Ventajas de la endotermia

Marrajo (Isurus oxyrinchus) y tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto de Sam Cahir, Barcroft Media.
Como sabéis, no todos los peces son de sangre fría o ectotermos (de temperatura corporal muy similar a la del medio). Algunas especies han desarrollado un sistema capaz de retener en el interior de su cuerpo el calor generado por la actividad muscular y los diferentes procesos metabólicos evitando que se irradie al exterior, fundamentalmente desde la región branquial. Se trata de la rete mirabile o red maravillosa, una red de venas y arterias de curso paralelo alojada entre las fibras de los paquetes de musculatura roja que están situados en el interior del cuerpo, cerca de la columna vertebral [véase El sistema circulatorio de los tiburones]. Mediante esta red se consigue generar una temperatura corporal notablemente superior a la del agua circundante, en algunos casos hasta 20º C. Son peces endotermos.

Entre los tiburones que disponen de este sistema se encuentran los lámnidos, como el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), el marrajo (Isurus oxyrinchus) y los dos cailones (Lamna nasus y Lamna ditropis); en cuanto a los peces óseos, figuran en un lugar destacadísimo los túnidos como el atún azul (Thunnus thynnus), el atún de aleta amarilla (Thunnus albacares) y el atún blanco (Thunnus alalunga). Se trata de uno de los ejemplos más espectaculares, en mi opinión, de convergencia evolutiva: dos grupos taxonómicos que se separaron hace nada menos que unos 450 millones de años, desgajándose de un tronco común posiblemente formado por criaturas de sangre fría, llegan a una misma meta tras haber recorrido caminos evolutivos diferentes durante casi 400 millones de años. Una meta que no solo implica compartir una serie de caracteres anatómicos, sino también ecológicos: los tiburones y atunes endotermos son depredadores de las posiciones altas de la red trófica con un enorme grado de movilidad, capaces de emprender largas migraciones.

Hasta ahora lo que se sabía (y sospechaba) es que la endotermia implica un metabolismo más elevado y requiere un mayor demanda energética (¡más comida!), pero a cambio trae consigo una mejora del rendimiento muscular (un aumento de 10º C puede triplicar la potencia de la musculatura) y también cerebral, según se cree, al posibilitar el incremento de la capacidad de procesamiento de información. Igualmente, los peces endotermos toleran un mayor rango de temperaturas, lo que les permite expandir su nicho geográfico, colonizar regiones a las que otras especies no podrían llegar.

Cailón salmonero (Lamna ditropis). Foto de Andy Murch, www.bigfishexpeditions.com
Hace pocas semanas se publicaban los resultados de un ambicioso trabajo¹ realizado por un equipo de científicos sobre las implicaciones, en términos coste-beneficio, y las ventajas ecológicas de la endotermia en tiburones y túnidos, con el objetivo de determinar qué factores marcaron las sendas de esta convergencia evolutiva. Es la primera vez que el asunto de la endotermia se aborda desde un enfoque tan integral.
Los investigadores reunieron un amplio caudal de datos sobre velocidades y migraciones procedentes de diversos estudios previos (de seguimiento, en laboratorio, etc.) y, junto con las estimaciones del coste energético de transporte (es decir, la cantidad de energía que cada especie emplea para desplazarse), los cruzaron con las cifras de velocidad obtenidas por ellos mismos mediante la colocación de transmisores de diseño propio en cailones salmoneros (Lamna ditropis), jaquetones de ley (Carcharhinus longimanus), jaquetones de puntas negras (Carcharhinus melanopterus) y tiburones grises (Carcharhinus amblyrhynchus) en Alaska, la isla del Gato (Bahamas) y el atolón Palmyra, en el Pacífico Central.

Las conclusiones son elocuentes: las especies endotermas son capaces de nadar a una velocidad de crucero hasta 2,7 veces superior, de media, a la de especies ectotermas de tallas similares², lo que, gracias también a una mayor resistencia muscular, les permite llevar a cabo, en un espacio de tiempo relativamente corto, largos desplazamientos migratorios, comparables e incluso superiores a los de mamíferos marinos como las ballenas, tal como se observa en el gráfico. Naturalmente, en esto también influye su más amplio umbral de tolerancia térmica, dado que a mayor distancia geográfica, más cambios en la temperatura del agua.

Fuente: Watanabe et al. (2015), Proceedings of the National Academy of Sciences. (RM, 'red muscle')
En general, las áreas migratorias de los peces con endotermia son de media 2,5 veces más extensas que las de las especies ectotermas de igual talla, un porcentaje similar al de su velocidad de crucero. De hecho los resultados del trabajo demuestran que entre ambas existe una relación lineal, lo que quiere decir que la escala espacial de las migraciones está fuertemente determinada por la velocidad. Los tiburones endotermos recorren distancias más largas que otros tiburones con un nicho ecológico similar de las que disponemos de abundantes datos de siguimiento, como el tiburón vaca (Notorhynchus cepedianus), el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier), el jaquetón de ley (Carcharhinus longimanus) y la tintorera (Prionace glauca).

Ahora bien. Si tenemos en cuenta que el coste energético de cada desplazamiento en las especies endotermas es casi dos veces superior al de las ectotermas, la pregunta obvia es: ¿qué ventajas, además de la ya señalada capacidad de colonizar aguas más frías, puede traer un sistema que implica tal aparente derroche de recursos? La respuesta está precisamente en eso, en los recursos: ser más veloces no solo incrementa las posibilidades de encontrar y atrapar más presas, sino que te permite trasladarte hasta los lugares donde éstas se reúnen periódicamente, y así poder llenar la despensa a placer.

Una vez más, los tiburones son animales extraordinarios.

Cailón (Lamna nasus). Foto: Andy Murch, www.elasmodiver.com

Para saber un poco más sobre estas especies:
-El salto del ditropis.
-El salto del oxyrhinchus.
-Cailón (Lamna nasus) - Primera parte.
-Cailón (Lamna nasus) - Segunda parte.

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¹Yuuki Y. Watanabe, Kenneth J. Goldman, Jennifer E. Caselle, Demian D. Chapman, Yannis P. Papastamatiou (2015). "Comparative analyses of animal-tracking data reveal ecological significance of endothermy in fishes". Proceedings of the National Academy of Sciences, 201500316, doi: 10.7023/pnas.1500316112.
²La velocidad de crucero de los peces endotermos, no obstante, no depende exclusivamente de la temperatura de su musculatura roja. También intervienen otros factores como la tasa metabólica (mayor, según el estudio, de la previsible para las temperaturas alcanzadas) y el tipo de natación que caracteriza a los marrajos y los atunes: movimientos laterales principalmente de la región caudal generados desde el interior del cuerpo por los músculos rojos, lo que se traduce en un estilo más rígido, menos sinuoso que el de los tiburones típicos.

lunes, 4 de mayo de 2015

Pejegato abisal (Apristurus profundorum)


Pejegato abisal

Apristurus profundorum (Goode & Bean, 1896)

(es. Pejegato abisal; in. Deepwater catshark.)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Pentanchidae

Los pejegatos o Apristurus son un grupo de tiburones tan fascinante como endemoniado. En general, son especies muy poco conocidas y muy parecidas entre si que habitan en los grandes fondos a partir de los 500 y los 1000 m, lejos muchas veces del alcance de los aparejos y, por tanto, de la ciencia. En algunos casos los rasgos que separan una especie de otra son tan extremadamente sutiles y difíciles de apreciar a simple vista, incluso para los expertos, que las identificaciones dudosas o erróneas no son infrecuentes (aparte el hecho de que la toma de biometrías es una faena muchas veces engorrosa y complicada, debido a la blandura del cuerpo y de las aletas, que se deforman con facilidad, y no siempre suben en las mejores condiciones). La mejora en los descriptores y la implantación de la biología molecular, entre otros factores, están poco a poco cambiando esta situación, pero aún queda mucho trabajo por delante, y posiblemente muchas especies por descubrir.

No tuvimos constancia de la presencia de Apristurus en el mar de Galicia hasta el 2011¹, cuando durante la campaña INDEMARES, se descubren tres especies en el banco de Galicia, nuestra particular selva tropical sumergida: el A. aphyodes, el A. melanoasper y el que hoy presentamos, el A. profundorum o pejegato abisal, del que para variar solo sabemos que sabemos poquísimo.

El profundorum se incluye en el grupo spongiceps, uno de los tres grupos en que Nakaya y Sato² organizaron el género Apristurus. Las especies que lo conforman se caracterizan por tener los surcos labiales superiores subiguales o claramente más cortos que los inferiores, una válvula espiral de entre 7 y 12 vueltas y los canales supraorbitales continuos [véase Apristurus en Galicia]. En general, suelen tener un cuerpo más robusto y dientes más grandes que otras especies y se encuentran a mayor profundidad, normalmente a partir de los 1000 m.

La campaña INDEMARES tan solo arrojó un único ejemplar de A. profundorum, una pequeña hembra de 14,6 cm y 14 g capturada a 1459 m. Más que suficiente, yo creo, para saber que forma parte de nuestro patrimonio natural, del que no nos sentimos los gallegos todo lo orgullosos que debiéramos.


Descripción. Cuerpo relativamente esbelto rematado en un morro ancho, grueso y alargado: la longitud preoral (la distancia desde el extremo del rostro hasta el borde anterior de la boca) supone alrededor del 9% de la longitud total. Dentículos dérmicos alargados y erectos, lo que da a la piel un tacto como de fieltro. Narinas grandes y alargadas, con solapas cortas y ampliamente triangulares; la abertura externa es ovalada y la interna estrecha. Ojos más bien pequeños, en torno al 3% de la LT. Boca grande y arqueada, provista de grandes bandas dentarias y situada claramente delante de los ojos; el pliegue labial superior es subigual o un poco más corto que el inferior.
Aberturas branquiales grandes, casi tan largas como la longitud ocular en los adultos.
Aletas de bordes redondeados. Las dos dorsales, altas y de tamaño similar, se encuentran en posición retrasada: el origen de la primera se sitúa ligeramente detrás del centro de las bases pélvicas; el espacio interdorsal es un poco mayor que la longitud de la base de la primera dorsal. Pectorales pequeñas y bajas; sus márgenes internos son largos, aproximadamente la mitad de la longitud de las bases. Las pelvianas son altas y presentan una forma un tanto ovalada, con el borde ampliamente redondeado y el extremo posterior apuntado. La anal es grande, alta y alargada, con forma angulosa.

Arriba: cresta de dentículos de la aleta caudal; abajo: detalle dentículos laterales. Fuente, Rodríguez-Cabello et al. (2014), Journal of Applied Ichthyology.
El pedúnculo caudal es casi inexistente, apenas una breve escotadura separa la aleta anal de la caudal, que es larga y ancha, y presenta una cresta de dentículos dérmicos bien definida a lo largo de su margen dorsal.
Válvula espiral de 10 vueltas.
Librea: Color parduzco uniforme.


Dentición. Dientes pluricuspidados en ambas mandíbulas, similares a los de otras especies del mismo género.
Diente de una especie similar.
Fuente: Shark Trust.

Talla. Longitud total máxima de 76 cm. Los escasísimos datos de que disponemos sitúan las tallas de madurez para machos y hembras en torno a los 55 cm.

Reproducción. Desconocida. Se supone que es ovíparo, como otros Apristurus. Si esto finalmente se demuestra, y así se confirman también las concordancias entre las especies del grupo spongiceps tal como han sido planteadas, podríamos anticipar que las cápsulas huevo de este tiburón carecen de zarcillos largos, lo que hace pensar que sencillamente se depositan sobre el sustrato, no se "amarran" a ningún elemento del fondo³.

Dieta. Desconocida, aunque probablemente parecida a la de otras especies similares: crustáceos (camarones, eufausiáceos), calamares y pequeños peces.

Hábitat y distribución. Especie demersal del talud superior desde los 1100 hasta los 2013-2088 m.

Elaboración propia a partir de Ebert et al. (2013), Rodríguez-Cabello et al. (2014), Iglésias (2013) y Corke (2012).
En principio, el A. profundorum se encuentra en las dos orillas del Atlántico norte, con unas pocas citas en la dorsal mesoatlántica.
Dibujar el mapa de distribución esta especie no resulta nada fácil debido a la escasez no solo de registros, sino de citas fiables al 100%, como es el caso de los ejemplares de aguas de Mauritania, que se cree pueden corresponder en realidad al pejegato fantasma (Apristurus manis), una especie muy parecida. No es de extrañar el conservadurismo de las guías y manuales, incluso los más recientes que he podido consultar, que siguen incluyendo únicamente en sus mapas la zona de procedencia del holotipo, un macho inmaduro de 51 cm capturado a 1492 m en la bahía de Delaware, añadiendo un interrogante en la parte mauritana, tal como figura en nuestro mapa. Los registros de Canadá, la dorsal atlántica, Galicia y el del golfo de Vizcaya, citado por Iglésias, no aparecen más que en sus respectivas publicaciones.


Pesca y conservación. Carecen de interés comercial. Dada la cota de los registros, posiblemente la especie se vea poco expuesta a las capturas accidentales por parte de la flota pesquera. No obstante, la escasez de datos y las más que probables identificaciones erróneas obligan a ser cautos sobre este punto, sin olvidarnos del avance de la presión pesquera hacia aguas cada vez más profundas.
Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Datos incompletos.

Aquí me tenéis, sacando chepa mientras compruebo en el calibre, por segunda o tercera vez, una medida que no acababa de encajar, si no recuerdo mal referida a algún aspecto de las aberturas branquiales, que parecían estirarse como chicle.
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¹Véase Cristina Rodríguez-Cabello, M. Pérez & Rafael Bañón (2014). "Occurrence of Apristurus species in the Galicia Bank Seamount (NE Atlantic)". Journal of Applied Ichthyology, 1-10, doi:10.1111/jai.12480.
²Kazuhiro Nakaya & Keiichi Sato (1999). "Species grouping within the genus Apristurus (Elasmobranchii: Scyliorhinidae)". En B. Séret & J.-Y. Sire (Eds.) Proceedings of the Indo-Pacific Fish Conference, 1997, Nouméa. Société Française d'Ichtyologie & Institut de Recherche pour le Développement, Paris, pp. 307-320.
³Brooke E. Flammang, David A. Ebert & Gregor M. Caillet (2007). "Egg cases of the genus Apristurus (Chondrichthyes: Scyliorhinidae): Phylogenetic and ecological implications". Zoology 110 (4), pp. 308-317. doi: 10.1016/j.zool.2007.03.001.
Rodríguez-Cabello et al., op cit.; David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth; Samuel P. Iglésias (2013). Chondrichthyans and Cyclostomata from the North-eastern Atlantic and the Mediterranean (A natural classification based on collection specimens, with DNA barcodes and standardized photographs), Versión provisional 07, 1 de abril de 2013. http://www.mnhn.fr/iccanam; Jarrett Corke (2012). Identification Guide to Sharks, Skates, Rays and Chimaeras of Atlantic Canada. WWF-Canada.
La cita corresponde a una hembra joven de 408 mm y 218 g capturada en el golfo de Vizcaya a una profundidad de 2013-2088 m el 20 de abril de 1999, 47°31’-47°32’N; 008°19’-008°23’W. Véase Iglésias, op. cit.


miércoles, 22 de abril de 2015

El salto del Cetorhinus

Foto: Marine Discovery, Penzance, tomada de westernmorningnews.co.uk.
El peregrino o Cetorhinus maximus es un tiburón tranquilo, de movimientos lentos, parsimoniosos. Suele verse cerca de la superficie avanzando a una velocidad de entre 2 y 5 km/h. Pero lo que no mucha gente sabe es que el pez más grande del Atlántico norte es capaz de realizar saltos espectaculares, con una potencia tal, que su cuerpo puede llegar a salir totalmente fuera del agua.

No existe una explicación definitiva a este sorprendente comportamiento. Algunos autores han propuesto, en mi opinión sin mucho convencimiento, que tal vez su finalidad es desembarazarse de ectoparásitos tan molestos como las lampreas (Petromyzon marinus), una teoría que pierde peso en favor de una explicación que lo vincula con el comportamiento reproductivo. Al fin y al cabo, el gasto energético que comporta el breaching es desmesurado en relación a la pequeña recompensa que supone librarse de semejantes bichejos, por muy repelentes que nos resulten.

Foto: Explore Mull.
En las costas británicas, donde cada año en primavera y verano acuden los peregrinos en grandes (y envidiables) números, David Sims ha observado que este comportamiento se produce sobre todo cuando se reúnen grupos de tres o más individuos, y que son normalmente los ejemplares de gran talla quienes lo practican, en ocasiones realizando varios saltos consecutivos en intervalos de pocos segundos mientras el resto del grupo permanece de lo más tranquilo y relajado. Una de las hipótesis que el equipo de observadores se planteó en un primer momento fue que tal vez se tratase de una forma que tienen los machos de competir entre si por una hembra. Pero ocurrió que el único ejemplar cuyo sexo pudieron distinguir fue una hembra, que pegó un salto a unos 7 m de su lancha. La hipótesis siguiente fue que a lo mejor así es como las hembras anuncian su disposición para el apareamiento. Quién sabe.
Observaciones realizadas del otro lado del Atlántico, en Nueva Escocia, confirmaron que el breaching parece claramente vinculado a la actividad reproductiva, pues se producía en grupos en los que se había detectado un claro comportamiento de cortejo: natación en paralelo, en filas de a uno, etc.

Parece que no solo los grandes tiburones practican el breaching. Este ejemplar indudablemente juvenil fue fotografiado en Escocia. Imagen tomada del blog thewhiskyodissey.net
A la vista de lo anterior, es más que recomendable que todo frágil bañista o mirón situado en las inmediaciones de un grupo de peregrinos se aleje inmediatamente cuando observe que alguno de estos maravillosos gigantones decide ponerse en acción. Solo tenemos noticia de una desgracia causada por un aterrizaje en el lugar equivocado; fue antes de la Segunda Guerra Mundial, en el Firth of Clyde, Escocia, cuando un Cetorhinus cayó sobre una barca y sus tres tripulantes murieron... ahogados.

Foto: Anthony Robson.
Pero no nos pongamos trágicos. Este pequeño post está hecho para compartir un día especial con todos vosotros. Como en todo en la vida, solo es cuestión de ser prudentes... y de aprender a nadar.


miércoles, 15 de abril de 2015

Dormilón (Somniosus rostratus)

Foto: Rafael Bañón.

Dormilón

(es. Dormilón, pequeño dormilón, tiburón soñoliento, tollo boreal; cat. tauró dorment menut; ingl. Little Sleeper Shark)

Somniosus rostratus (Risso, 1827)

Orden: Squaliformes
Familia: Somniosidae

El dormilón es otra más de las rarezas de nuestro mar profundo. Pariente cercano del tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), con el que en ocasiones se ha confundido¹, el rostratus es un bicho de costumbres y biología muy poco conocidas debido al escaso número de registros, como ocurre como otros tiburones de profundidad.
En efecto, las capturas son escasas y poco frecuentes, lo que puede deberse a varios motivos: que sus poblaciones, aparentemente restringidas a zonas bastante concretas del planeta, sean de por si reducidas, o que su hábitat preferente se encuentre a una profundidad superior al alcance de los aparejos. Cabe también la posibilidad de que estos tiburones habiten en la columna de agua sobre fondos profundos, a los cuales se acercarían ocasionalmente, y así, estando a media agua, donde apenas se llevan a cabo estudios o actividad pesquera, pasarían desapercibidos. Esta idea estaría apoyada por la presencia, en los contenidos estomacales, de cefalópodos mesopelágicos como Histiotheuthis spp. y Todarodes sagittatus².
Sobre este punto, Guallart et al. (2013), en la obra citada, en base a los valores obtenidos durante un seguimiento de capturas realizado en el canal de Ibiza de marzo a agosto de 2013, consideran que, en efecto, la densidad de las poblaciones puede ser relativamente baja, pero no hasta el extremo de considerar el rostratus como una especie rara. Sencillamente no es abundante. Los autores sugieren, además, que por el tipo de alimentación, este tiburón posiblemente se desplaza activamente todo a lo largo de la columna de agua, lo que explicaría el porqué de las capturas tan bajas con artes de fondo.
Vamos a por el bicho.

Foto: Javier Guallart, L'Elasmogrup.

Descripción: El dormilón tiene un cuerpo subcilíndrico, fusiforme, rematado en un morro corto, ancho y redondeado. La cabeza es pequeña, tiene una boca también pequeña y ligeramente arqueada, y ojos sin membrana nictitante, ovalados y pequeños. Cinco pares de hendiduras branquiales muy cortas situadas, todas ellas, delante de las pectorales. Los espiráculos son minúsculos, de apenas unos milímetros en los adultos. Los dentículos dérmicos laterales, a diferencia de los del S. microcephalus, tienen cúspide plana y horizontal, lo que da un tacto relativamente suave a la piel.
Línea lateral muy marcada, con una serie de poros dispuestos a lo largo de su recorrido (algunos investigadores apuntaron la posibilidad de la presencia de fotóforos asociados a estos poros, hipótesis posteriormente descartada).
Dorsales sin espinas, bajas, de ápice redondeado y sendos barbillones alargados orientados hacia atrás; la primera, claramente más grande que la segunda, está situada más cerca de las aletas pectorales que de las pélvicas, y la segunda, más retrasada que la inserción de las pélvicas. Pectorales y pélvicas pequeñas. La aleta caudal es casi simétrica, con el lóbulo inferior bien desarrollado y una escotadura en el superior. Como todos los Squaliformes, carece de aleta anal.

Foto: Javier Guallart, L'Elasmogrup.
Un detalle curioso es que el corto pedúnculo caudal presenta unas pequeñas quillas laterales, tal como se aprecia en la imagen. Estas quillas, típicas de especies tan activas y veloces como el marrajo (Isurus oxyrinchus) o el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), pueden resultar, en principio, extrañas en una especie que se supone de natación lenta. Sin embargo, otros tiburones tan lentos como el peregrino (Cetorhinus maximus) o el tiburón ballena (Rhincodon typus) también presentan estas estructuras, lo que quiere decir que no están ligadas necesariamente a la velocidad, facilitando el golpeo lateral de la cola, sino también a la capacidad de giro. Tal vez el rostratus no sea un bicho tan poco activo como aparenta.

Foto: Henk Heesen tomada de WoRMS.
En cuanto a su librea, presenta un color entre marrón y grisáceo uniforme oscuro, sin un marcado contraste entre la zona dorsal y ventral.

Dentición: Dientes diferentes en las dos mandíbulas. Los de la superior son pequeños, agudos, con una sola cúspide alta y lanceolada, y se encuentran agregados y dispuestos en varias filas funcionales. Los de la mandíbula inferior, mayores y cortantes, y también unicuspidados, están imbricados y presentan una raíz corta y cúspide ancha y ligeramente inclinada (no abatida) hacia las comisuras. 57-63 filas en la mandíbula superior, 31 a 36 en la inferior.

Fuente: J-elasmo.
Talla: La longitud total máxima registrada es de 143 cm, aunque en el Mediterráneo parecen alcanzar una talla algo inferior, y no suelen superar los 100 cm. Al nacer miden entre 21-28 cm. Los machos llegan a la madurez en torno a los 71 cm y las hembras entre los 80-134 cm.

Foto: Rafael Bañón.
Reproducción: Vivíparo aplacentario (ovovivíparo), con camadas bajas, de entre 5 y 17 embriones, con una media de alrededor de 11. Ambos úteros son funcionales. Se desconoce totalmente la duración de su desarrollo embrionario.
Este embrión corresponde a un macho de aproximadamente 10 cm, encontrado en una hembra de casi un metro capturada frente a la costa catalana en 2013. (Foto: Claudio Barría).
Dieta: Poco conocida. Algunos autores dicen que probablemente es a base de pequeños peces e invertebrados del fondo, mientras que algunos estudios sostienen que se nutre casi exclusivamente a base de cefalópodos.

Hábitat y distribución: El dormilón es una especie de profundidad que habita sobre fondos de la plataforma exterior y del talud superior desde los 180 hasta los 2200 m.
Como señalábamos al principio, algunos autores sostienen su habita preferentemente sobre la columna de agua, lo que podría explicar la escasez de capturas.


Se encuentra en el Atlántico NE central (Francia, Portugal, España y Canarias, Madeira) y en el NW, con dos registros en el norte de Cuba; también en el Mediterráneo occidental, de donde procede la mayor parte de las citas, con registros puntuales en el oriental (Israel).
Hasta hace poco se pensaba que se encontraba también en aguas de Japón y Australia, si bien estudios recientes consideran que en realidad se trataría de otra especie, el Somniosus longus. La escasez de ejemplares disponibles impide por el momento llevar a cabo estudios genéticos que permitan dilucidar este extremo.

Pesca y estatus: Escaso o nulo interés pesquero. Se captura esporádicamente con arrastre y palangre de fondo. Las escasas capturas o bien se descartan, o bien se comercializan, evisceradas y sin piel, junto con especies de aspecto parecido, como los quelvachos (Centrophorus), para su consumo o se utilizan para harina de pescado.

Ejemplar encontrado en La Valleta, Malta. Foto: Trevor Meyer tomada de FishBase
Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Datos incompletos, debido a la escasez de datos sobre su biología y estructura de sus poblaciones, por el reducido número de registros. Se supone que, como otros tiburones de profundidad, su tasa reproductiva es muy baja (maduración lenta, largos periodos de gestación, número reducido de crías), lo que lo hace en extremo vulnerable a la creciente presión pesquera en aguas profundas que, por si fuera poco, es brutal en el ámbito geográfico de la especie, muy reducido en comparación con el de otros Somniosus. Por este motivo, la IUCN recomienda la urgente monitorización de las capturas accidentales.

Actualmente, en la UE el TAC para tiburones de aguas profundas se mantiene en 0, y en el Mediterráneo se ha prohibido el arrastre en cotas superiores a los 1000 metros, lo que puede hacernos albergar una pequeña esperanza en cuanto a la salud de sus poblaciones. No obstante, el dormilón sigue siendo vulnerable a las capturas accidentales en las capas superiores de su rango batimétrico, lo cual es más que preocupante. Los datos de que disponemos, tanto sobre sus poblaciones como sobre sus capturas (que no siempre se reportan correctamente, o no se reportan en absoluto, bien por desconocimiento, desidia o confusión con otras especies), son tan escasos que se impone una más que desasosegante cautela. Es paradójico (y desesperante) que solo podemos conocer algo de estos bichos de profundidad a partir de ejemplares capturados por la flota pesquera; es decir, si nos llegan muertos, es cuando aprendemos cosas de su biología y podemos extraer conclusiones relativas a su abundancia; si no se pescan, no sabemos si la especie está en declive o si, por el contrario, las restricciones pesqueras están facilitando el desarrollo o recuperación de las poblaciones.

Como sucede con otros tiburones de aguas profundas, las perspectivas no parecen nada halagüeñas.
Para variar.


[Muchas gracias a Rafael Bañón y a Claudio Barría por la cesión desinteresada de sus fotografías, y sobre todo gracias mil a Javier Guallart, por las fotos, por la información, y por su paciencia y amabilidad para revisar el artículo original y aportar una jugosa lista de enmiendas, aclaraciones y correcciones. Un auténtico lujo.]
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¹Entre otros elementos tan evidentes como la talla, ambas especies se diferencian en el tamaño de las dorsales (claramente diferentes entre si en el S. rostratus y de tamaño similar en el S. microcephalus, donde la primera es ligeramente más grande que la segunda), forma de los dentículos dérmicos laterales, número de filas y forma de los dientes inferiores (raíz corta y cúspide inclinada -no abatida- en el rostratus, y raíz larga y cúspide abatida en el microcephalus), válvula intestinal inferior a 27 vueltas en el rostratus y superior en el microcephalus, etc. Véase Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus).
²Bérnard Séret, Javier Guallart, M. Vacchi, C. Manchusi, C. McCormack (2009). Somniosus rostratus, en IUCN Red List of Threatened Species, version 2014.3. www.iucnredlist.org
Javier Guallart, J. J. Vicent, A. Catalán, P. García Salinas (2013). "New data on the uncommon deep-sea shark Somniosus rostratus (Squaliformes, Somniosidae) in the Balearic Sea (Western Mediterranean)". Abstract. Book of Abstracts 17th European Elasmobranch Association Conference 2013, Plymouth University, UK: 75.