Toda la información y noticias relacionadas con el mundo de los tiburones: biología, ecología, pesca, conservación, etc., con especial atención a las especies presentes en aguas de Galicia.

lunes, 23 de marzo de 2015

Cerdos marinos (fam. Oxynotidae)

Detalle de la cabeza de un Oxynotus bruniensis mostrando los enormes dentículos dérmicos tan característicos. Ejemplar capturado en el mar de Tasmania y fotografiado por Sergio Permuy Leal.

Los oxinótidos o cerdos marinos son una pequeña familia de tiburones de aguas profundas bastante poco conocidos. Está compuesta por cinco especies de pequeño tamaño, de las que solo dos se encuentran en nuestras aguas: el cerdo velero (Oxynotus paradoxus) y el tiburón cerdo (O. centrina), las únicas, por cierto, que llegan a sobrepasar el metro de longitud total (unos 118 cm el primero y alrededor de 150 cm el segundo).
Viven cerca del fondo en el talud superior y en la plataforma exterior continental e insular, desde los 100 m hasta más allá de los 700 m, según la especie (el O. centrina parece ser el de más amplio rango batimétrico, 50-777 m), donde se alimentan de pequeños peces e invertebrados (moluscos, crustáceos, gusanos poliquetos). Probablemente no son grandes nadadores, a juzgar por su estructura corporal; parece que confían en la flotabilidad neutra que les confiere su enorme cavidad corporal y su gran hígado rico en aceites para desplazarse lentamente sobre el fondo, husmeando con sus enormes narinas en busca de presas, que puede llegar a succionar gracias a la particular estructura de sus labios carnosos.
Es probable que todas las especies sean vivíparas aplacentarias (ovovivíparas), con camadas no muy altas: del O. bruniensis, sabemos de una camada de 7 crías; y del O. centrina, de camadas de 7-8 y de 23 crías, en Angola y en el Mediterráneo, respectivamente. Del resto, absolutamente nada.
Figuran en la Lista Roja de la IUCN bajo el estatus de Datos incompletos, salvo el O. centrina, que está como Vulnerable.

La verdad es que los cerdos marinos son muy fáciles de identificar, con su voluminoso corpachón de sección triangular, alto y aplastado lateralmente, y sus grandes dorsales atravesadas por fuertes espinas (en la gran mayoría de tiburones las espinas están situadas delante de las dorsales). Tal vez resulta poco más complicado resulta distinguir un cerdo marino de otro, con la salvedad del caribbaeus, con su característica librea, pero si sabemos poner el ojo en un par de detalles, la cosa es muy sencilla.
Empecemos señalando que la familia Oxynotidae pertenece al orden Squaliformes: ausencia de aleta anal, ojos sin membrana nictitante, dentículos dérmicos de pequeños a moderadamente grandes y narinas no conectadas a la boca mediante surcos [véase Claves de los Squaliformes].

Y ahora, a por los detalles.

A. Espina de la primera dorsal inclinada hacia atrás.
Shark Trust.
a.1. Dorsales de ápices triangulares muy apuntados y margen posterior muy cóncavo. E de la primera dorsal se eleva aproximadamente sobre el borde posterior pectoral. Espiráculo pequeño y casi circular.
Oxynotus paradoxus (cerdo velero).
Oxynotus paradoxus. Foto: Fundaçao Rebikoff-Niggeler.
FAO
a.2. Dorsales de ápices triangulares y margen posterior ligeramente cóncavos. El ápice de la primera dorsal se eleva entre las pectorales y las pélvicas. Espiráculo grande y ovalado verticalmente.
Oxynotus japonicus (cerdo marino japonés).
Los únicos registros del raro O. japonicus proceden del sur de Japón.
Foto: Hiroshi Sinou, www.fishpix.kahaku.go.jp
B. Espina de la primera dorsal inclinada hacia delante.

Shark Trust.
      b.1. Espiráculo grande y alargado verticalmente. Cresta supraorbital grande y expandida hacia atrás formando un bulto redondeado delante del espiráculo.
Oxynotus centrina (tiburón cerdo).

Oxynotus centrina capturado en Grecia.
     b.2. Espiráculo pequeño y redondeado. Cresta supraorbital no expandida hacia el espiráculo.
FAO
b.2.1. Dorsales de ápice triangular ancho y margen posterior recto o ligeramente cóncavos. El de la primera dorsal se eleva aproximadamente entre las pectorales y pélvicas. Color gris pardusco uniforme.
Oxynotus bruniensis (cerdo marino espinoso).
Oxynotus bruniensis. Foto: Sergio Permuy Leal.
FAO
b.2.2. Dorsales de ápices triangulares muy estrechos y márgenes posteriores muy cóncavos. Al ápice de la primera dorsal se eleva sobre las pectorales. Librea muy vistosa a bandas oscuras sobre fondo claro y pequeñas manchas a lo largo del cuerpo desde la cabeza hasta la cola.
Oxynotus caribbaeus (cerdo marino antillano).
Foto: CIOERT

=> Si deseáis conocer un poco más en profundidad a los cerdos marinos que frecuentan nuestras aguas, aquí los tenéis:


[Mi agradecimiento a Sergio Permuy Leal por la desinteresada cesión de las fotos de sus campañas. Sus fotos del Oxynotus fueron las que me dieron la idea para este pequeño artículo.]


miércoles, 18 de marzo de 2015

Lonja de Vigo 2014

Foto tomada de atlántico.net del 26-10-2010.
Este año la Autoridad Portuaria ha tardado un poco más, pero ya disponemos de la Memoria Anual 2014 del Puerto de Vigo, cuyas estadísticas sobre desembarco de tiburón pasamos a resumir (podéis acceder al documento completo pinchando aquí). Incluyo algunos datos mensuales que he ido recogiendo de la propia página electrónica a lo largo de todo el año que no figuran en la memoria.

Más tiburón fresco y menos congelado. En el 2014 las descargas de tiburón fresco aumentaron sustancialmente respecto del 2013 casi 400 toneladas más (387 632 kg), mientras que las de congelado bajaron alrededor de 650 t (663 814 kg, para ser exactos). En conjunto, en el 2014 se desembarcaron 276 182 kg menos que en el anterior.
Las especies responsables del incremento de los desembarcos de fresco han sido la tintorera, con 551 822 kg más que en 2013, la pintarroja (6379 kg) y las que el informe engloba bajo la sorprendente etiqueta de "escualos", que pasan de 1 a 67 kg, y lo que resulta más llamativo, de pagarse a 2 € el kilo a nada menos que 7,60 €/kg, en cifras oficiales (¡¿qué escualos serían esos?!¹). Según los datos mensuales, sólo dos meses registran desembarco de "escualos": mayo, con 22 kg y un precio total de 374 € (o sea, 17 €/kg), y septiembre, con 45 kg y un precio total de 135 € (3 €/kg). Juzgad por vosotros mismos.
El resto de las especies bajan, como el marrajo (-141 122 kg), la musola (-2850 kg) y la mielga (-685 kg). Y otras no es que bajen, directamente caen en picado: la gata², que pasa de 1081 kg a 181 kg (-899 kg) y el cazón, con casi un 50% de caída (-25 069 kg).
En congelado, fueron 46 264 kg menos de marrajo y 617 550 kg menos de tintorera.

Bajan los precios. Como es natural, el incremento del producto fresco ha traído consigo un descenso de su valor. En 2015 fueron 371 784,50 € menos que en el 2013. (Como este año o no se han publicado o no hemos sabido encontrar los datos referidos a la pesca congelada, no podemos ofrecer una valoración.)
Las especies de mayor valor comercial han sido, después de los misteriosos "escualos", la mielga (6,10 €/kg), el marrajo (4,59 €/kg) y la musola (2,39 €/kg). En los últimos puestos, el cazón (0,66 €/kg) y la gata (0,50 €/kg). La tintorera se sitúa en un puesto intermedio, con 1,20 €/kg, aunque en diciembre llegó a pagarse a 0,98 €/kg.
Todo esto no deja de ser una estúpida tragedia: dejar el mar sin estos animales, tan fundamentales para su equilibrio, por el equivalente a lo que se ingresa por un kilo de mejillones (1,15 €), de palometa (3,80 € kg) de berberechos (4,98 €), de pulpo (4,80 €), o de salmonetes (7,26 €), por ejemplo. Y por encima, los tiburones ni de lejos poseen la capacidad reproductiva de estas especies, ni, por tanto, su tasa de reposición. Triste.

Tiburones más capturados. La tintorera es, con una gran diferencia sobre el resto, la especie con más toneladas desembarcadas: 8 603 799 kg, seguida del marrajo (472 276 kg) y la pintarroja (69 700 kg).
Las menos, la mielga (346 kg), solo registrada en el mes de julio, la gata (181 kg) y los "escualos" (67 kg).

En fin. Aquí están los datos:

1) Datos globales (pesca fresca + pesca congelada):
  • Descargas de tiburón fresco: 3 341 581 kg 
  • Descargas de tiburón congelado: 6 056 247 kg
TOTAL: 9 397 828 kg
  • Valor total del tiburón fresco: 4 748 539 €
  • Valor total del tiburón congelado: ?

2) Datos por especie:
Pesca fresca (entre paréntesis, valor total y precio medio por kg):
  • Mielga: 346 kg (2111 €; 6,10 €)
  • Marrajo: 223 321 kg (1 025 575 €; 4,59 €)
  • Musola: 546 kg (1307 €; 2,39 €)
  • Tintorera: 3 019 828 kg (3 616 569 €; 1,20 €)
  • Pintarroja: 69 700 kg (54 044 €; 0,78 €)
  • Cazón: 27 592 kg (18 333 €; 0,66 €)
  • Gata: 181 kg (91 €; 0,50 €)
  • Escualos: 67 kg (509 €; 7,60 €)
Pesca congelada:
  • Marrajo: 472 276 kg
  • Tintorera: 5 583 971 kg
=> Total marrajo: 695 597 kg
=> Total tintorera: 8 603 799 kg

Por meses. Los meses de mayor movimient de producto fresco han sido junio, con 394 908 kg, seguido de abril (371 208 kg) y mayo (370 087 kg). Los menos, noviembre (192 069 kg), febrero (188 536 kg) y enero (91 653 kg).

El ajetreo del Berbés. Extraordinaria foto de M. Moralejo tomada de la página web de La Voz de Galicia, 25-XI-2012.

"El mayor centro de distribución de Europa para los mercados locales y de Asia", como bien señalaba la entrada de una noticia publicada recientemente por el diario Atlántico: "A día de hoy, Vigo se ha consolidado como el mayor centro de distribución de tiburones en toda Europa, suministrando los mercados comunitarios y los asiáticos, donde se trata de un producto  muy demandando. Y caro."
La mayor parte de las descargas de tiburón fresco proceden de los palangreros portugueses, sobre todo espaderos (aunque uno no termina de saber si es que van al espada y traen los tiburones que entran, o al revés, van al tiburón y traen los espadas que han picado), dadas las inmejorables ventajas logísticas que ofrece el puerto de Vigo.
En cambio, en la pesca congelada los protagonistas son los palangreros españoles de gran altura.

Todo esto es legal. Que nadie se lleve a engaño, la pesca y comercialización del tiburón es una actividad absolutamente legal y más o menos controlada. Hay una normativa europea e internacional que la ampara, que establece los cupos, las multimillonarias subvenciones, etc., tanto de la flota española y portuguesa como del resto de los países comunitarios (franceses, ingleses, italianos...).
Es lo que hay. Mientras no cambien las leyes, mientras los legisladores tengan más respeto a los lobbies de los grandes armadores que a sus votantes, nada cambiará. Los mariñeiros hacen lo que saben hacer.


=>Para más información sobre la lonja de Vigo, véase los artículos España (y Galicia), potencias mundiales en la pesca del tiburón y La importancia de la lonja de Vigo, en el que reproducimos un extracto de un excelente trabajo de Àlex Bartolí publicado por SUBMON.

=>Véase también Lonja de Vigo: Estadísticas 2013 y Lonja de Vigo: Estadísticas 2012.

___________________________
¹Este es el problema (uno de ellos) de todos los años. Al lado de este término "escualos", el informe incluye las voces inglesas Smooth-hound y tope shark, que confunden más que aclaran las cosas. El primero puede referirse a cualquier triákido del género Mustelus: la musola (Mustelus mustelus) o la musola pinta (Mustelus asterias); el segundo es como comúnmente se conoce al cazón (Galeorhinus galeus). Como podéis ver, estas especies ya figuran individualmente en su correspondiente apartado; y por cierto, "cazón" está acompañado de la expresión shark dog, que si probáis a escribirla en Google, lo que os sale son bichos como este, que no sé qué tal quedará en una caldeirada:


Dicho de otro modo, no sabemos qué especies incluye el término "escualos".
²Como ya advertíamos en los anteriores resúmenes de 2012 y 2013, el término gata es muy genérico. Se suele aplicar a una amplia variedad de especies normalmente de aguas profundas, como los Squaliformes (cualquier bicho oscuro que resulte "raro" o poco conocido, se le llama gata). La voz inglesa que lo acompaña, suponemos que a modo de aclaración, Dogfish, pues tampoco aclara mucho, dado que engloba también a una buena cantidad de especies, desde muchos Squaliformes (la mielga, por ejemplo, se denomina "Spiny dogfish") hasta ciertas familias de Carcharhiniformes, como los esciliorrínidos o los triákidos (Scyliorhinidae y Triakidae).


martes, 3 de marzo de 2015

Encuentro con un duende


Tengo un mitsukurina congelado en Vigo.
 (SMS recibido a las 13:55 del viernes 13 de febrero).

Y a mi casi me da un patatús. Apenas había transcurrido un mes desde lo del Chlamydoselachus, y me encuentro en el móvil este nuevo mensaje de Rafa Bañón, más lacónico que de costumbre, y por eso mismo más cargadito de mala intención, haciéndome saber que uno de mis sueños más queridos lo tiene él metido en uno de sus arcones como quien guarda un paquete de guisantes. Me lo imaginaba perfectamente, partiéndose de risa pensando en mi reacción. Bajo una lluvia fría, logrando a duras penas sostener el paraguas para que no me lo llevase el viento, agarro el teléfono, marco su número, y al oír el tono de su voz confirmo mis sospechas. Estoy medio empapado y con ganas de insultarlo un poco, pero me contengo (lo haré en persona), y simplemente arreglamos para encontrarnos el martes siguiente en Vigo.

El encuentro. La literatura científica indica que el cuerpo del tiburón duende es muy blando, con una musculatura sumamente laxa, pero hasta que no lo tienes delante, desparramado, más que tendido, sobre la mesa, y empiezas a examinarlo y a sobarlo bien sobado, resulta difícil hacerse una idea cabal.


Lo primero que vi fue un cuerpo alargado y esbelto del que sobresalía, como un capirote, la forma abultada de la cabeza, con su larguísimo morro y su inconfundible mandíbula, totalmente proyectada hacia delante. Nunca en ningún otro tiburón observé con tanta claridad que aquella estructura, que parecía querer desgajarse del resto del cuerpo, se mantenía en pie únicamente gracias a los cartílagos mandibulares, que elevaban y sostenían la delgada capa de piel y fina musculatura como el entramado de varillas sobre el que montamos la lona de una tienda de campaña. Estaba convencido de que, sin ese sostén, lo que habría quedado no tendría un aspecto muy diferente del de un trapo empapado y dejado por ahí de cualquier manera.

En una primera mirada, el tiburón duende se nos muestra como un ser grotesco y deforme, algo así como la imagen clásica del tiburón vista a través de la luz del esperpento. Los japoneses lo conocen como tenguzame, voz derivada de tengu, uno de los monstruos o seres fantásticos de su mitología, que solía representarse con un rostro mitad humano mitad ave de presa rematado en una larga nariz. El término "tiburón duende" (tal vez sería más exacto llamarlo "tiburón trasgo") es su traducción.

Parecería que el cuerpo de nuestro tenguzame se había deformado durante la subida en el aparejo, o que tal vez no había recibido el mejor trato en las vicisitudes de su largo viaje desde el arrastrero hasta el arcón de Rafa. Pero no. Cuando sostienes su cabeza y compruebas por ti mismo la estructura y movimiento de sus mandíbulas, observando como se articulan y encajan en el diseño del conjunto, te das cuenta de que en realidad estás ante una criatura excepcional, única, un portento de la evolución. Y de una extraña belleza.

Estaba tan absolutamente fascinado, que no solo me olvidé de que me había prometido insultar (un poquito) a Rafa, sino que hasta me entraron ganas de pagarle un crucero.


Un tiburón primitivo. La verdad es que su aspecto físico no engaña. El mitsukurina es uno de los tiburones más primitivos de cuantos existen. Su linaje procede directamente de la primera mitad del Cretácico, es decir, hace unos 125-110 millones de años. En aquel entonces, la familia Mitsukurinidae constaba de tres géneros, Mitsukurina, Scapanorhynchus y Anomotodon, de los que solo ha sobrevivido uno, el primero. Los primeros restos fósiles del tiburón duende actual datan de mediados del Eoceno, unos 49-37 millones de años atrás. Si se quiere, un fósil viviente.
Pero que nadie se lleve a engaño. Aunque suene paradójico, el término 'primitivo' aplicado a una especie como esta, va asociado al de éxito evolutivo: en el largo y tortuoso camino de la Evolución, el duende fue de los primeros tiburones en alcanzar un diseño corporal óptimo para adaptarse y sobrevivir en el entorno que había elegido. Si no ha sufrido cambios en estos últimos 50 millones de años, es sencillamente porque no le ha hecho falta, a diferencia de los mamíferos. En cierto modo podemos decir que es mucho más moderno que nosotros.

Cazador de aguas profundas. El tiburón duende es una especie mesopelágica de la que conocemos muy poco. Se encuentra en los márgenes continentales e insulares y en el talud superior desde los 90 hasta al menos los 1300 m de profundidad, preferentemente entre 270-960 m, y muy rara vez por encima de los 100 m. El que al menos un ejemplar haya sido capturado a 50 m en aguas de 2000 m, hace pensar que tal vez realiza migraciones verticales, pero esto está por confirmar.
El análisis de sus contenidos estomacales ha demostrado que se alimenta tanto cerca del fondo como en distintos puntos de la columna de agua. Sus presas preferidas parecen ser los cefalópodos y teleósteos de cuerpo blando, a juzgar también por el tipo de dentadura: dientes muy finos y alargados, aptos para ensartar presas no demasiado robustas, aunque los dientes posteriores están modificados para triturar, por ejemplo crustáceos.


Especialista en emboscadas. Ciertamente el diseño y estructura corporal de nuestro bicho no invitan a pensar en un velocista o en un cazador activo. Más bien al contrario. Sus aletas, exceptuando las pélvicas y la anal, son pequeñas y redondeadas; la caudal tiene un lóbulo superior bastante largo y un inferior casi inexistente, de tal manera que resulta ineficaz para imprimir al cuerpo el impulso necesario para alcanzar una buena punta de velocidad. Su musculatura es además muy floja y blanda, con miotomos poco desarrollados. La flacidez de su cuerpo, unida a un gran hígado rico en aceites, son la causa de una baja densidad corporal que, a juicio de los especialistas, le confiere una flotabilidad casi neutra.
Todo ello apunta a un depredador especializado en tender emboscadas. Su estrategia consistiría en mantenerse alerta, flotando prácticamente inmóvil sobre la columna de agua, a la espera de que una presa se ponga a su alcance. Pero se trata de una espera activa, despierta, vigilante, en la que el tiburón pone en juego toda su potente capacidad sensitiva, no solo química o mecánica (olfato, oído, línea lateral), sino sobre todo eléctrica y visual.

La finalidad del largo rostro espatulado del mitsukurina es albergar el mayor número posible de receptores eléctricos (las ampollas de Lorenzini), capaces de detectar los pequeños campos electromágnéticos generados por la actividad muscular de los seres vivos. Por otro lado, y diferencia de muchas especies mesopelágicas, sus ojos, aunque pequeños, son plenamente funcionales, están dotados de una pupila con movilidad, no permanentemente dilatada, que le permite adaptarse a las diferentes condiciones lumínicas de un hábitat repleto, además, de calamares y de otras ricas presas bioluminiscentes. El duende es un cazador también visual.


Una vez detectada la presencia de una presa, es posible que el tiburón decida acercarse a ella, con un movimiento lento, casi imperceptible, y silencioso.
Y entonces lanza el ataque.
Mediante un mecanismo de disparo similar al de una catapulta, los músculos y ligamentos tensores liberan las temibles mandíbulas y las proyectan, a velocidad de vértigo, hacia el objetivo; el morro se eleva, y la presa termina ensartada por decenas de largos dientes finos y afilados como agujas. La expansión de la faringe y la acción del gran basihial (una estructura similar a la lengua) que cubre gran parte de la parte inferior de la boca, generan al mismo tiempo un movimiento de succión. Cuando las fauces se retraen hacia su posición inicial, la víctima es irremisiblemente arrastrada hacia la boca.
Como ocurre con muchos peces abisales, la boca del tiburón duende, ya de por si con un tamaño bien generoso, cuando se abre de par en par es enorme, lo que  permite engullir presas bien grandes, seguramente en previsión de largos periodos de escasez de comida en un medio inhóspito.


Talla. La mayor parte de los registros de mitsukurina en nuestra zona corresponden a ejemplares juveniles de alrededor de los 100-175 cm, como ocurre a nivel mundial, si bien la horquilla se amplia hasta cerca de los 300 cm. Los ejemplares adultos son bastante raros. Por supuesto nuestra hembra estaba dentro del rango habitual, con 122,5 cm y 3,5 kg.
Pero contrariamente a lo que muchos creen, teniendo en cuenta la naturaleza de las capturas, este tiburón, si le dejamos, puede llegar a alcanzar tallas comparables a la del tiburón blanco. El récord, hasta el momento, lo tiene una hembra capturada en el 2000 en el golfo de México en torno a los 900-1100 m, cuya longitud se estimó entre 540-610 cm (hablamos siempre de longitudes totales).
El bajo porcentaje de registros de tiburones de grandes tallas se debe con toda probabilidad a que están sujetos a un rango batimétrico mucho más amplio, lo que les permite mantenerse alejados, por el momento, del alcance de los aparejos. Aunque siempre hay excepciones, como el ejemplar de la imagen, que fue capturado hacia los 500 m.

Macho de 384 cm y 210 kg capturado al W de Tasmania en 2004.
No se conocen las tallas de nacimiento, aunque la cifra más aproximada es de 80-90 cm. Los únicos datos de que disponemos indican que los ejemplares más pequeños observados nadando en libertad medían 81,7 cm y 92,8 cm, correspondientes a un macho y a una hembra, respectivamente.
Si todos estos números se aproximan a la realidad, podemos concluir que nuestro ejemplar no llegaba ni a adolescente. Las tallas de maduración se cree que andan por los 260-380 cm para los machos y más de 400 cm para las hembras.


Despedida. Para terminar la sesión y la mañana, tomamos los datos biométricos (nada menos que 65) del tiburón, se recogió una muestra de tejido para genética, y el pobre bicho volvió a su bolsa de plástico, y de ahí al arcón. Esta vez no hubo tiempo para unas cervezas.
Volví a casa con una enorme sonrisa en la cara que me duró varios días, y un profundo sentimiento de gratitud, hacia estos bichos, por existir todavía, y sobre todo hacia Rafa Bañón, por su generosidad, y por haber hecho posible este sueño.

PS¹: Como ocurrió con el Chlamydoselachus, el Mitsukurina también se fue al Museo de Historia Natural de Santiago.

PS²: El tiburón fue capturado al norte de Portugal por el Gonzacove Dos (que ya lleva unos cuantos), un arrastrero con base en Vigo, el día 10 de febrero.

=>Para conocer más cosas sobre este maravilloso tiburón, y ver también un par de fotos del ejemplar más grande capturado hasta la fecha, véase Tiburón duende (Mitsukurina owstoni).


jueves, 26 de febrero de 2015

Eugenie Clark, In memóriam

En 1979, observando una hembra de tiburón blanco en Sibsey Island, al sur de Australia. Foto: Rodney Fox.
Si de verdad termina, probablemente se casará, tendrá un montón de hijos, y jamás hará nada en el campo de la ciencia después de haber invertido nuestro tiempo y dinero en usted.
                                                    (Un científico de la Universidad de Columbia).

En efecto, Eugenie Clark se casó, nada menos que cinco veces, y tuvo cuatro hijos en su segundo matrimonio... y además de convertirse en una científica de talla mundial, pionera en el estudio de los tiburones (the Shark Lady), solamente fundó uno de los laboratorios de referencia en el campo de la biología marina, el Mote Marine Laboratory; publicó más de 175 trabajos en las principales revistas científicas del mundo, además de artículos de divulgación en publicaciones de la talla de National Geographic y tres libros que fueron éxito de ventas entre el gran público; participó en 71 expediciones submarinas de aguas profundas, a más de 3500 m; dirigió más de 200 expediciones de campo al Mar Rojo, Caribe, México, Japón, Palau, Papua Nueva Guinea, islas Solomon, Tailandia, Indonesia y Borneo para estudiar tiburones ballena, tiburones de aguas profundas y diversos teleósteos; varios peces han sido bautizadas en su honor; enseñó biología marina durante casi 25 años en la Universidad de Maryland... y unas cuantas cosillas más.
Y todo ello desafiando, ya desde el comienzo de su tremenda carrera, allá en los años posteriores a la II Guerra Mundial, siendo mujer y además hija de madre japonesa, a una sociedad científica fuertemente dominada por los hombres, quienes muchas veces no se limitaban a mirar por encima del hombro a aquellas jóvenes que como Eugenie y, pocos años después, Sylvia Earle, pretendían entrar a formar parte del campo de la investigación marina.

Como para muchos españoles, mis primeros recuerdos de Eugenie Clark proceden de este famoso capítulo de Mundo Submarino, Tiburones. En la imagen, con Cousteau observando en los monitores el comportamiento, sumamente excitado, de los albimarginatus alrededor de la jaula donde se encontraba el malogrado Philippe.

Eugenie Clark fue y sigue siendo un referente en el estudio de los tiburones. Desarrollando innovadoras técnicas de investigación, logró demostrar algo tan revolucionario para su época como que los tiburones no solo no eran tan estúpidos y mortíferos como se les consideraba, sino que, bien al contrario, eran criaturas incluso con capacidad de aprendizaje, estaban dotados de inteligencia. Entre sus trabajos más famosos figura el descubrimiento de que la secreción del lenguado de Moisés, del Mar Rojo, actuaba como repelente al menos contra ciertas especies de tiburones. Ella se aventuró dentro de aquella cueva submarina del Yucatán para descubrir a los "tiburones durmientes" (¿os acordáis?)...
Por supuesto, recibió numerosos premios, menciones y reconocimientos. Quien se lo iba a decir a aquel científico de la Universidad de Columbia que se atrevió a soltar semejante majadería a la joven Eugenie a mediados de los años 40 del siglo pasado.


Tras la hecatombe que Tiburón trajo consigo, Eugenie dedicó toda su vida a intentar borrar de la mente del gran público aquella nefasta imagen de una criatura sanguinaria que simbolizaba el mal. Mediante una infatigable labor didáctica, nos ayudó a contemplar estos animales bajo una nueva luz, mucho más justa y, por tanto, más llena de misterio y fascinación.

Quienes la conocieron destacan su gran generosidad, y su entusiasmo, entrega e ilusión por el mar y sus criaturas, que permanecieron intactos a lo largo de su extraordinaria vida.

Eugenie Clark nos dejó ayer a los 92 años en su casa de Sarasota, rodeada de su familia, finalmente vencida por un cáncer de pulmón contra el que llevaba mucho tiempo luchando (todavía el año pasado estuvo buceando en el golfo de Aqaba). Un día triste para los amantes de los tiburones.
Nos ha dejado un mito que, para muchos, como quien esto escribe, quedará para siempre ligado a aquellas lejanas tardes de nuestra infancia, tardes de documentales sobre el mar y los tiburones a la salida del colegio, y la doctora Clark acompañando a Cousteau a bordo del Calypso, entre tiburones grises, puntas blancas, y entre los tiburones durmientes del Yucatán.

Hasta siempre, Dama de los tiburones.

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domingo, 22 de febrero de 2015

Bioluminiscencia II: Funciones


Negrito (Etmopterus spinax) con un anfipodo parásito. Foto: Rudolf Svensen.

En el capítulo anterior, Bioluminiscencia I: Los fotóforos, explicamos el funcionamiento del sistema bioluminiscente de los tiburones. Hoy vamos a analizar su finalidad, para qué sirve.
¿Qué motivos pueden justificar una acción tan descabellada como prender una luz en la oscuridad, o para ser más exactos, convertirse uno mismo en bombilla viviente en un mundo de tinieblas repleto de depredadores? Fundamentalmente hay tres: el camuflaje, la caza y la comunicación. Veamos.

1. Camuflaje.
La zona de mayor concentración de fotóforos es la superficie ventral. Los tiburones bioluminiscentes brillan más cuando se les ve desde abajo. El porqué se entiende perfectamente si pensamos que nos encontramos en el dominio mesopelágico o zona de penumbra. Aun hasta estas aguas profundas todavía llega un resto de luz solar, un resplandor residual que varía en función de la profundidad y diversos factores físicos del agua [véase Dónde viven los tiburones]. Con su brillo, lo que los fotóforos ventrales consiguen es borrar la silueta del tiburón en el contraluz, sustrayéndola de la mirada de sus depredadores, que acechan un poco más abajo, y ya de paso, también de sus posibles presas. Este sistema se conoce como contrailuminación, y lo utilizan los tiburones de aguas más someras, como el tiburón blanco, así llamado precisamente por la blancura de su zona ventral, que consigue que a que sus presas potenciales les resulte difícil detectarlo contra la luz de la superficie.

Negrito (Etmopterus spinax). Foto: Jérôme Mallefet.
Probablemente, especies como el negrito son capaces de modular, mediante una serie de filtros y mecanismos de control, el brillo de sus fotóforos para adaptarlo a la cambiante luz que viene de la superficie. Otros tiburones simplemente se desplazan verticalmente en la columna de agua durante el día hasta que su propio brillo coincide con el de la luz solar.


2. Caza.
El tiburón se camufla para evitar a sus depredadores pero también para no ser detectado por sus presas.
Pero este terreno de la caza, hay un grupo de tiburones que brillan con luz propia, valga la expresión. Son los famosos Isistius o tiburones cigarro, de la familia Dalatiidae, los cuales, según una extendida teoría, se sirven de su luz no para ocultarse de sus presas, sino para atraerlas hacia si. Esto tiene que ver con su particular forma de alimentarse: el Isistius es un clepto-parásito, su técnica es abalanzarse sobre animales mucho mayores que él y arrancarles un trozo de carne, dejando las típicas heridas en forma de cráter. La franja oscura que le rodea la cabeza, el collar, es una zona libre de fotóforos que serviría para romper su silueta y hacerla más atractiva para sus presas, que incluyen pinnípedos, túnidos, cetáceos, personas [El ataque del tiburón cigarro]... hasta con el mismísimo gran tiburón blanco se atreve esta especie de caniche rabioso [Cuando el pez chico ataca al pez grande]. Sin embargo, algunos rechazan esta hipótesis argumentando que no existen datos u observaciones que la confirmen, además de que una parte importante de sus víctimas son filtradores o súper depredadores, para los que este mecanismo resulta inútil. Consideran que el collar es un sistema de identificación intraespecífica similar al que, como veremos a continuación, emplean algunos etmoptéridos¹.

Tiburón cigarro (Isistius brasiliensis). Fuente: FMNH.
3. Comunicación: Identificación, reproducción, advertencia.
En un buen puñado de tiburones, los fotóforos se concentran no solo en la zona ventral, sino en otras áreas como los costados y las aletas, donde parece evidente que resultan de todo punto inútiles para el camuflaje. Esto se da en, al menos, una parte importante de los etmoptéridos (sabemos que especies como el Trigonognathus kabeyai y el Etmopterus princeps o tollo raspa carecen de ellas), pero no, en cambio, en los miembros de la familia Dalatiidae.²
Si comparamos las imágenes A y B, que muestran, respectivamente, la iluminación espontánea lateral de un tollo pigmeo de ojo pequeño (Squaliolus aliae, Dalatiidae) y de un negrito (Etmopterus spinax, Etmopteridae), vemos como la segunda muestra un patrón mucho más complejo. Las flechas señalan las franjas lumínicas no relacionadas con la contrailuminación: Pe: pectoral, La: lateral, Do: dorsal, Ic: infracaudal, Ca: caudal.
La hipótesis más plausible es que su función es comunicativa, en el sentido más amplio del término, es decir, son señales luminosas dirigidas tanto a los amigos como a los enemigos, con un triple objetivo: identificación, apareamiento y advertencia.

Fotos: Jérôme Mallefet; dibujos: Julien M. Claes. Fuente: Claes et al., Scientific Reports, 4, 2014.
   a) Identificación: Las franjas laterales pueden ayudar a un tiburón a identificar a sus congéneres. La figura C muestra la variedad de formas y tamaños que pueden adoptar según la especie: de izquierda a derecha, tolla de aleta blanca (Centroscyllium ritteri), negrito (Etmopterus spinax), melgacho franjeado (Etmopterus gracilispinis), melgacho linterna (Etmopterus lucifer) y tollo liso (Etmopterus pusillus).

   b) Apareamiento: Identificarse correctamente es el primer paso para relacionarte con tus congéneres; y si lo que se pretende es lograr un tipo de relación llamémosle más íntima, cuanto más se faciliten las cosas, sobre todo en un entorno donde es difícil ver nada, mejor que mejor. Tiburones como el negrito han logrado resolver esto de una forma de lo más elegante. Por un lado, los fotóforos asociados a las áreas genitales de la zona pélvica identifican claramente el sexo de su propietario: los de las hembras son más brillantes, como se observa en la imagen de abajo, y se encuentran rodeando la cloaca (C), como si alguien la hubiese destacado con un lápiz fosforito, acaso para evitar embarazosas confusiones; los de los machos, de brillo menos intenso, marcan los pterigópodos (P)³.
Por el otro, con una franja luminosa sobre sus pectorales (Pe, en la fotografía B de arriba), las hembras indican a los machos el lugar por donde deben agarrarlas durante la cópula, para evitar —cabe suponerque pierdan tiempo a lo bobo, o muerdan donde no deben.
Fotóforos de la zona pélvica de un E. spinax. Arriba el macho, abajo la hembra. P, pterigópodo; C, cloaca. Fuente: Claes & Mallefet, Journal of Experimental Biology, 213, 2010.
   c) Advertencia: Situados en según que zonas, los fotóforos pueden tener una función disuasoria contra posibles depredadores. Con el sorprendente título de "Un pez de aguas profundas con espadas-láser", un trabajo de hace pocos años sobre el Etmopterus spinax informaba del descubrimiento de bandas de fotóforos situadas en la superficie de las aletas dorsales próxima a las espinas y apreciables a varios metros de distancia; la luz que generaban podía incluso verse a través de las propias espinas, dado que son traslúcidas, convirtiéndolas así en una especie de espadas-láser. Una seria advertencia que ningún depredador debería pasar por alto.
Fuente: Claes et al., Scientific Reports, 3, 2014 (SAPs, 'Spine-associated photophores').

Pese a que ha habido grandes avances durante estos últimos años, el tema de la bioluminiscencia en los tiburones está todavía lleno de huecos y de zonas oscuras. Cada nuevo trabajo, más que aclarar las cosas, lo que hace es corroborar que este sistema es bastante más complejo de lo que se creía. Es más lo que todavía queda por conocer que lo que ya se conoce. Y esto sube un punto más la fascinación que sentimos por estos maravillosos bichos.


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¹Julien M. Claes, Dan-Eric Nilsson, Nicolas Straube, Shaun P. Collin, Jérôme Mallefet (2014). "Iso-luminance counterillumination drove bioluminescent shark radiation". Scientific Reports, 4: 4328, doi: 10.1038/srep04328.
²La mayor complejidad del sistema bioluminiscente de los etmoptéridos en comparación con el de los dalátidos, que parece tener el camuflaje como única finalidad, hace pensar que fueron estos quienes primero adoptaron este sistema cuando emprendieron la colonización de la zona pelágica tras la extinción masiva del Cretácico-Terciario, hace unos 65 millones de años; más tarde los etmoptéridos se separaron y se internaron en aguas más profundas modificando el mecanismo para darle nuevos usos.
³Julien M. Claes & Jérôme Mallefet (2010). "Functional physiology of lantern shark (Etmopterus spinax) luminescent pattern: differential hormonal regulation of luminous zones". Journal of Experimental Biology, 213, 1852-1858, doi: 10.1242/jeb.041947.
Julien M. Claes, Mason N. Dean, Dan-Eric Nilsson, Nathan S. Hart, Jérôme Mallefet (2013). "A deepwater fish with 'lightsabers' —dorsal spine-associated luminiscence in a counterilluminating lanternshark". Scientific Reports, 3: 1308, doi: 10.1308/srep01308.