Toda la información y noticias relacionadas con el mundo de los tiburones: biología, ecología, pesca, conservación, etc., con especial atención a las especies presentes en aguas de Galicia.

lunes, 20 de octubre de 2014

El salto del vulpinus

Foto: Juan Gabriel Mata.
Esta imagen fue tomada en el puerto de Algeciras el pasado 27 de agosto a las seis de la tarde. Su autor, Juan Gabriel Mata, logró captar dos de los tres saltos que observó. Al principio pensó que podía tratarse de un delfín o tal vez un atún (el bicho estaba lejos), y solo al descargar la tarjeta en su PC se dio cuenta de que era otra cosa. Juan Gabriel tuvo la amabilidad de enviarme las fotos a la página de Tiburones en Galicia en Facebook para confirmar su sospecha de que era un tiburón zorro. Y en efecto, como podéis observar, la cola es inconfundible, y la franja blanca sobre las pectorales resulta definitiva: sin duda, un zorro (Alopias vulpinus).
Un testigo le había comentado que el gran pez ya llevaba un buen rato por los alrededores, pegando algún que otro salto. En el dique habían entrado varios bancos de caballa y un gran pez luna.

El vulpinus es otro de nuestros tiburones más saltarines. En realidad, es el actual subcampeón de la modalidad, solo por detrás del veloz e inalcanzable marrajo, a quien ya vimos en acción en El salto del oxyrinchus. Hay quien sostiene que puede llegar a pegar saltos de hasta 6 m, frente a los más de 7 m (o 9 m, según algunas fuentes) del campeón. Aunque las cifras no son oficiales, lo que es incuestionable es que un bicho con una talla que puede alcanzar e incluso superar los 6 m se le ha visto saliendo totalmente del agua, incluida su larguísima cola, que, recordemos, representa aproximadamente la mitad de su longitud total.
Nadie sabe exactamente por qué saltan los zorros marinos. Tal vez para librarse de parásitos, para comunicarse, para localizar a sus presas... En algunas ocasiones, los saltos han coincidido con la presencia de abundantes bancos de sardina y caballa. Pero de momento lo que hay son especulaciones.

Los zorros marinos (Alopiidae) constituyen una pequeña familia de tres miembros [véase Colas de zorro (fam. Alopiidae)], dos de los cuales están presentes en nuestras aguas: el zorro o zorro común (A. vulpinus) y el zorro negro o zorro ojón (A. superciliosus).
Sin duda, el vulpinus es el que más se parece al marrajo, tanto por la estructura de su poderosa musculatura como por su comportamiento extraordinariamente combativo cuando se le pesca. Es el único alópido que posee un sistema de retención de calor (la rete mirabile)¹ en paquetes de musculatura roja alojados en el interior de su cuerpo². Ello le ha permitido colonizar aguas más frías y optimizar el rendimiento muscular. Desgraciadamente ello le ha convertido también en un trofeo muy buscado por los autodenominados "pescadores deportivos" (sea lo que sea lo que esta expresión signifique para estos "deportistas"), particularmente del otro lado del Atlántico. Aquí, en aguas de la UE, su captura, desembarco y comercialización están terminantemente prohibidas desde el 2010.

Este bellísimo tiburón se encuentra en serio peligro. Sus poblaciones a nivel mundial están descendiendo, en algunos lugares parece que de forma considerable. Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Vulnerable... a la espera de que lleguen más datos que confirmen una subida del nivel de alarma hasta el "En peligro". De nosotros depende.

Foto: Juan Gabriel Mata.

=> Para conocer al zorro marino, echadle un vistazo a Zorro (Alopias vulpinus).


[Una breve nota de agradecimiento a Juan Gabriel Mata por estas estupendas fotografías.]

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¹El sistema circulatorio de los tiburones.
²En La musculatura del tiburón encontraréis información sobre estos dos tipos de musculatura así como un interesante gráfico comparativo de la estructura muscular de los tres alópidos.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Tiburones con personalidad

Pintarroja (Scyliorhinus canicula). Foto: Jacobo Alonso.
Que los tiburones tienen personalidad propia, individual, es algo que hace tiempo vienen defendiendo muchos de quienes permanentemente trabajan o bucean con ellos. Hay individuos que en determinadas situaciones se muestran más nerviosos, atrevidos, confiados, agresivos, curiosos, o pachorrones que otros de su misma especie. En esto no parecen ser muy distintos de otros animales, como por ejemplo nuestros chuchos. Estudios que se han llevado a cabo con tiburones limón (Negaprion brevirostris) han constatado que no todos los individuos responden a un estímulo o interactúan entre si de igual modo. Sin embargo, hasta hoy ningún trabajo había abordado la cuestión de en qué medida la personalidad individual puede llegar a afectar o condicionar el comportamiento social.

La semana pasada se publicaban en la revista Behavioral Ecology and Sociobiology¹ las conclusiones de un estudio sobre algunos aspectos de la personalidad social de los tiburones, no de los grandes tiburones "televisivos", sino de una especie mucho más modesta aunque no menos interesante, la pintarroja (Scyliorhinus canicula). Como os podéis imaginar, las pintarrojas son infinitamente más dóciles y fáciles de manejar en un laboratorio; pero lo más importante es que, por sus características, estos pequeños tiburones bentónicos y poco nadadores, en particular cuando son juveniles, se ven obligados a adoptar modelos de conducta claramente marcados y optimizados para no convertirse en presa fácil para sus depredadores, que son muchos y grandes. Básicamente disponen de dos estrategias: agruparse o ir por libre. En cautividad, se ha observado que los jóvenes suelen formar grupos mixtos no aleatorios en función de cierto grado de familiaridad o de conocimiento mutuo entre individuos. En la naturaleza posiblemente tanto juveniles como adultos adopten este sistema, pero igualmente no pocos individuos prefieren ir a su bola, confiando en la discreción del camuflaje que les proporciona su característica librea. Desconocemos si existe algún factor, ambiental o no, que determine la adopción de un modelo u otro.

Los autores del estudio se dedicaron, durante algo más de un mes, a observar y registrar los movimientos y patrones de comportamiento, individual y grupal, de 100 pintarrojas, nada menos (solo por eso merecerían un premio), ubicadas en tres hábitats de diferente grado de complejidad. Las observaciones se realizaron durante el día, puesto que es cuando estos animales se muestran menos activos, y suelen permanecer descansando sobre el fondo, en grupos o en solitario. Después de colocarles marcas individuales, formaron 10 grupos de 10 individuos y a continuación los fueron colocando sucesivamente en tres grandes tanques: uno con un sencillo sustrato de gravilla, otro de rocas, y un tercero con un relieve mixto de gravilla y roca. Todos los ejemplares eran juveniles de entre 8-10 meses y de tallas similares, alrededor de 18 cm LT, de manera que el condicionante sexual quedaba eliminado. El objetivo era analizar la estructura social de cada grupo, los agrupamientos que se formaban, así como la actitud y posición social de cada individuo en entornos de diversa complejidad estructural.

Foto tomada de la página web de la CRAM (Fundación para la recuperación y conservación de animales marinos).
Para resumir la cuestión, lo que estos experimentos demostraron fue que, tras esa apariencia sosa y anodina, las pintarrojas esconden una fuerte personalidad que parece mantenerse firme ante cualquier circunstancia. Los investigadores observaron que las preferencias individuales parecen regir la elección de una estrategia de supervivencia en detrimento de la otra. Aunque el tamaño de los agrupamientos sufrió ligeras variaciones en los tres ambientes (en el sustrato de grava, por ejemplo, se volvían más laxos y tendían a reducirse, tal vez por la mayor facilidad de cada uno de sus componentes para mimetizarse con el entorno), los individuos de carácter más independiente o solitario apenas llegaron a integrarse en algún grupo muy reducido, buscando la mayor parte del tiempo un lugar apartado donde poder descansar a gusto camuflados contra el fondo. En cambio, los más sociables se mantuvieron en todo momento y circunstancia formando parte de grupos grandes y bien interconectados, particularmente al abrigo de las rocas.

Aunque es cierto que todos estos datos se han obtenido a partir de animales en cautividad, y por tanto necesitan sustentarse sobre una base más amplia de observaciones en el medio natural, lo que parece evidente es que los tiburones son unos seres mucho más complejos de lo que nos han enseñado a creer, desde los grandes tiburones blancos hasta las más humildes pintarrojas.



=>Para saber más sobre las pintarrojas, véase Pintarroja (Scyliorhinus canicula).
=>En La capacidad cognitiva de los tiburones, recogíamos el resultado de unos experimentos (más experimentos) con pintarrojas.

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¹David M. P. Jacoby, Lauren N. Fear, David W. Sims, Darren P. Croft (2014). "Shark personalities? Repeatability of social network traits in a widely distributed predatory fish". Behavioural Ecology and Sociobiology. doi:10.1007/s00265-014-1805-9


domingo, 5 de octubre de 2014

Una cápsula-huevo del Carbonífero y una guardería

La cápsula-huevo de Doncaster. Foto: Dean Lomax, University of Manchester.
Una cápsula-huevo...
Este verano pasado conocimos la noticia del descubrimiento de una cápsula-huevo de tiburón de 310 millones de años de antigüedad en una vieja mina de carbón de la localidad de Edlington, Doncaster, en el corazón minero de Yorkshire del Sur¹. La amplia variedad de fósiles vegetales y animales hallados en el mismo lugar permitieron a los paleontólogos reconstruir un mundo inimaginable en la región fría y gris que conocemos en la actualidad.

En el Carbonífero (360-303 millones de años atrás) no existían ni Yorkshire ni Inglaterra. Tampoco Europa ni América. La superficie de la Tierra estaba dominada por un océano inmenso, Panthalassa ('todos los océanos'), que ceñía unos bloques continentales a punto de colisionar, en un profundo cataclismo del que surgiría, a finales del Paleozoico², el supercontinente Pangea ('la tierra toda'). Durante este proceso pequeños océanos como el Rheico y el Ural se cerraron y desaparecieron, mientras la deriva de China del Norte, China del Sur y Cimmeria iba modelando el océano Paleo-Tetis. Uno de aquellos bloques continentales era Euramérica, que estaba situada en los trópicos, la zona más propicia para alumbrar una gran explosión de vida vegetal. El Carbonífero fue en muchos sentidos la edad de las plantas; en los grandes bosques que cubrían el mundo se encuentra el origen de los depósitos de carbón que le han dado nombre. El contenido de oxígeno de la atmósfera alcanzó picos de hasta el 35% (actualmente, el porcentaje es del 21% actual), lo que podría explicar los casos de gigantismo de ciertos grupos de insectos y anfibios.
A principios del Carbonífero la Tierra tardaba 383 días en dar la vuelta completa alrededor del Sol y los días tenían menos de 23 horas³.

La Tierra hace unos 300 millones de años. Al norte, Siberia; en el centro Euramérica, y al sur Gondwana; al este, en el sentido de las agujas del reloj, China del Norte, China del Sur y Cimmeria, rodeando el océano Paleo-Tetis.  Fuente: Ron Blakey, NAU Geology - http://cpgeosystems.com/mollglobe.html
Invirtiendo el proceso que venía desarrollándose desde el Devónico, en los primeros millones de años del Carbonífero se produce una subida del nivel del mar que va a dar lugar a extensas marismas y grandes mares epicontinentales, a cuyas veras surgen inmensos bosques tropicales donde crecían árboles de más de 40 metros, equisetales, cordaites, helechos arborescentes, las primeras coníferas, licofitas que podían elevarse hasta los 30 m... Todo un universo fantasmagórico único e irrepetible, no tanto por la naturaleza extraña de las especies que lo poblaban (no existían, por ejemplo, las plantas con flores; y Galicia —que tampoco existía—, no estaba tapizada de eucaliptos), sino por la ausencia de voz. Las aves todavía tardarían millones de años en puntear con sus cantos el silencio del mundo, y no hablemos de los mamíferos. En su lugar, millones de insectos, algunos de un tamaño descomunal, como las libélulas gigantes de alas de hasta 70 cm, surcaban el aire caliente y húmedo de aquellas selvas inundándolo con sus zumbidos, carracas, chirridos y zumbas, mientras sorteaban las trampas tendidas por arañas del tamaño de un jabalí. El manto de vegetales en descomposición que cubría el suelo era atravesado por ejércitos de artrópodos, cucarachas, escorpiones y miriápodos de hasta 2 m de longitud. De las ricas masas de agua que bordeaban y salpicaban la floresta salían pelotones de anfibios de diferentes formas y tamaños en busca de comida. Algunos eran verdaderos monstruos de 6 m; otros se estaban adaptando hasta tal punto al medio terrestre, que sus cuerpos se habían cubierto de escamas para proteger su delicada piel. De ellos sería el dominio de los ecosistemas terrestres.

Escena del mar del Carbonífero tomada de The Open University.
El océano vuelve a llenarse de vida tras la extinción masiva del Devónico. Los foraminíferos se convierten en uno de los grupos más importantes; y junto a ellos, corales, briozoos, ostrácodos, radiolarios, braquiópodos, equinodermos como los crinoideos o lirios de mar, anélidos... Los trilobites iban camino de la extinción, siguiendo los pasos de los placodermos o peces acorazados, mientras se multiplicaban las poblaciones de ammonites, los ancestros de nuestros calamares. A lo largo de las costas se levantaron extensas barreras de arrecifes de coral que albergaban una extraordinaria multiplicidad de formas de vida.
De entre los peces, los más abundantes fueron sin duda los tiburones, que experimentaron una importante radiación evolutiva, probablemente, según apuntan algunas teorías, para ocupar los nichos que habían dejado los placodermos. No en vano hay quien considera el Carbonífero como la edad de oro de los tiburones, que contaban con alrededor de 45 familias, diez más que en la actualidad. Algunas especies adoptaron formas sumamente extrañas, como el Helicoprion (que en realidad, según las últimas investigaciones, podría tratarse de una quimera véase Helicoprion), con su famosa espiral dentaria, las especies del género Stethacanthus, con su característica dorsal en forma de yunque, el Falcatus, dotado de una enorme espina dorsal inclinada hacia delante como el mango de una sartén, o el Bandringa, que poseía un larguísimo morro muy parecido al de los modernos peces espátula (Polyodontidae), repleto de sensores eléctricos con los que localizar a sus presas ocultas en los turbios fondos lacustres o fluviales.

Pareja de Stethacanthus. Se cree que las especies incluidas en el género Symmorium son en realidad las hembras de Stethacanthus, que carecerían de la característica aleta en forma de yunque. Dibujo de Douglas Henderson.
Los tiburones también colonizaron ambientes de agua dulce, como los Xenacanthiformes, de aspecto muy parecido a los actuales tiburones anguila (Chlamydoselachidae), o como el individuo responsable de la puesta de la cápsula ovífera de Edlington. Porque, efectivamente, al menos una parte de Yorkshire pudo haber sido una selva repleta de lagos y pantanos, o tal vez un bosque tropical de inundación similar a los que encontramos hoy en día en el Amazonas.
No sabemos a qué especie pertenecía esta cápsula-huevo. El oviparismo es la estrategia reproductiva más antigua de las tres que encontramos en los tiburones actuales; si pensamos que aproximadamente el 40% de las especies que conocemos son ovíparas, no es difícil imaginar que hace 300 millones de años este fenómenos debió de estar mucho más extendido. La cosa está más que complicada.
Fósil y reconstrucción de una cápsula-huevo de Lonchidion ferganensis. Su diseño helicoidal es muy parecido al de los huevos de los modernos heterodóntidos (foto de Jan Fischer tomada de la página The Archaeology News Network).
En cualquier caso, puestos a conjeturar, su aspecto es parecido al de las cápulas-huevo de Lonchidion ferganensis, un tiburón del extinto orden de los Hybodontiformes, antecesores de los Heterontiformes actuales, halladas en el Kirguistán (Asia central) por un equipo dirigido por Jan Fischer, paleontólogo del Instituto de Geología de la TU Bergakademie Freiberg, en un depósito del Triásico, un antiguo lago de agua dulce en el que también se encontraron huevos posiblemente de alguna especie de Xenacanthus. Creo que lo más sensato será aguardar el dictamen de los paleontólogos.

Lonchidion ferganensis según Frederik Spindler, Journal of Vertebrate Paleontology, 2011.

... y una guardería.
A comienzos de este mismo año supimos que en otra zona de la antigua Euramérica, hoy situada del otro lado del Atlántico, concretamente en los depósitos de Mazon Creek, al norte del estado de Illinois, se encontraron montones de cápsulas-huevo pertenecientes a tiburones de diversas especies, y junto a ellas, los restos fósiles de varias crías jóvenes de Bandringa en increíble estado de conservación. Como el anterior, tenían 310 millones de años.
Era la primera vez que huevos y crías aparecían juntos en un mismo lugar, lo cual vino a demostrar que Mazon Creek fue en su momento una zona de cría o guardería para tiburones; dicho de otro modo, que hace más de 300 millones de años estos bichos seguían pautas reproductivas similares a las de hoy en día.

Esta cría de bandringa medía 10 cm. Los adultos podían llegar a medir 3 m. Foto: Lauren Sallas, Michael Coates, tomada de Science News.com.
Otro descubrimiento sorprendente vino de la comparación de estos ejemplares con los primeros fósiles de Bandringa encontrados en 1969 y de otros hallados en años posteriores en diversas localizaciones. Los científicos comprobaron que lo que hasta ese momento se creía eran dos especies distintas, Bandringa rayi y Bandringa herdinae, la primera de agua salada y la segunda de agua dulce, en realidad eran una y la misma; sus diferencias no eran morfológicas, sino tafonómicas, esto es, debidas a que los procesos de fosilización no son iguales en un ambiente de agua salada que en uno de agua dulce. Los fósiles encontrados en sedimentos marinos mostraban los tejidos blandos y el perfil corporal claramente delimitados, pero sin apenas restos del endoesqueleto; en cambio, los procedentes de estratos formados en un medio de agua dulce retenían un ínfimo porcentaje de tejido blando, pero conservaban partes completas del endoesqueleto. De ahí que pareciesen especies distintas.
Y como guinda de un excelente trabajo, combinando todos los datos referidos a las tallas y localizaciones de los fósiles, los autores concluyeron que los brandingas posiblemente realizaban migraciones con carácter reproductivo. Las hembras se trasladaban hacia las aguas costeras, salobres o saladas, para realizar la puesta (o puede que para dar a luz, pues todavía no se sabe con certeza si alguna de las cápsulas-huevo halladas en Mazon Creek corresponden a esta especie), y posteriormente regresarían a sus zonas habituales de residencia, en ríos o lagos de agua dulce. Se trataría, por tanto, de una especie catádroma, como las anguilas. No está nada mal.

Reconstrucción del bandringa según John Megahan, University of Michigan.

Muchas historias que contar.
Más o menos a partir de mediados del Carbonífero se constata un progresivo descenso de las temperaturas, que en principio no afectó a las zonas tropicales. El desplazamiento hacia el sur de Gondwana provoca la expansión de los glaciares que permanentemente cubrían su franja meridional, lo que trae consigo el enfriamiento del clima y el descenso del nivel del mar, que a su vez son los causantes de un periodo de extinción masiva que afectó sobre todo a crinoideos y ammonites, con pérdidas del 40% y del 80% de sus poblaciones, respectivamente.
Hace unos 305 millones de años, el enfriamiento y sequedad paulatina de la atmósfera llega a tal extremo que provoca el colapso de los grandes bosques tropicales.
La era Paleozoica echa su cierre con la extinción en masa de finales del Pérmico, un cataclismo de magnitudes inconcebibles que acaba con el 90-95% de las especies marinas (hay quien habla del 99%). Los tiburones lograron sobrevivir, una vez más, para seguir siendo testigos del eterno discurrir de los océanos y de las masas continentales, y de la ida y venida de un sin fin de criaturas cada cual más extraña.
Los primeros mamíferos, diminutos y huidizos, todavía tardarían más de 50 millones de años en arrancarse del tronco de los reptiles mamiferoides para establecerse definitivamente sobre la Tierra.

El tiempo de los tiburones está más allá de la escala humana, es un tiempo geológico, por eso nos resultan tan extraños, misteriosos y fascinantes. En su ADN está escrita la historia de la formación mundo tal como hoy lo conocemos, incluidos nosotros mismos, que apenas representamos una base nitrogenada, nimia pero letal.
Los tiburones no se merecen el deprimente final que les estamos preparando... Y nosotros no nos merecemos perder a unas criaturas con tanta Historia que contar.

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¹Véase nota de prensa en Science Daily.
²La era Paleozoica (del griego paleo, 'antiguo', y zóo, 'ser vivo', que podría traducirse como "era de los seres vivos antiguos") se inició hace hace aproximadamente 542 millones de años y terminó unos 250 millones de años atrás. Comprende los períodos Cámbrico (542-490 millones de años), Ordovícico (486-445), Silúrico (443-423), Devónico (420-372), Carbonífero (360-303) y Pérmico (300-254). Todas las magnitudes son aproximadas. Para una información más exacta, recomiendo visitar la página <https://engineering.purdue.edu/Stratigraphy/gssp/index.php?parentid=all>
³Véase el curioso e interesante artículo de Adam Hadhazy publicado el 14 de junio de 2010 en la edición digital de Scientific American.
Un resumen de este trabajo puede encontrarse en la página The Archaeology News Network. 
Recordemos: Oviparismo, Viviparismo aplacentario (ovoviviparismo) y Viviparismo placentario.
Lauren Cole Sallam y Michael I. Coates (2014). "The long-rostrumed elasmobranch Bandringa Zangerl, 1969, and taphonomy within a Carboniferous shark nursery". Journal of Vertebrate Paleontology, 34:1, 22-33, doi: 10.1080/02724634.2013.782875.
Integrando los datos de todos los fósiles, los investigadores lograron reconstruir el cuerpo del Bandringa con asombrosa precisión: 
La boca estaba orientada hacia abajo y probablemente tenía capacidad succionadora, ideal para alimentarse de los animales del fondo. A cada lado de la boca y sobre la cabeza presenta espinas como agujas posiblemente con función defensiva. Fuente: L. C. Sallam, M. I. Coates, Journal of Vertebrate Paleontology, 2014.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Pejegato cabezón (Apristurus melanoasper)

Apristurus melanoasper. Fuente de ambas imágenes: Iglésias, Nakaya & Stehmann (2004), Cybium.

Pejegato cabezón

Apristurus melanoasper (Iglésias, Nakaya & Stehmann, 2004)

(es. Pejegato cabezón; in. Fleshynose Catshark, Black Roughscale Catshark.)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Pentanchidae*

El pejegato cabezón (Apristurus melanoasper) es uno de los últimos tiburones en incorporarse, de manera oficial, no solo al grupo de los Apristurus (fue descrito por primera vez en el 2004 por Iglésias, Nakaya y Stehmann¹), sino a la lista de especies presentes en nuestras aguas, diez años después, junto con otros dos congéneres: el Apristurus aphyodes o pejegato fantasma blanco y el Apristurus profundorum o pejegato abisal [véase Apristurus en Galicia].
En el mar de Galicia solo ha habido un único registro² de melanoasper, una pequeña hembra de 25 cm y 37,8 g capturada nada menos que a 1683 m. Esta captura, en apariencia modesta, extiende notablemente el área de distribución conocida, tanto en el plano horizontal, dado que constituye, hasta ahora, el registro más meridional del Atlántico nororiental, como en el vertical, al superar en más de 350 m la anterior marca de profundidad, establecida en 1520 m.
Fuente: Iglésias, Nakaya & Stehmann (2004), Cybium
La escasez de registros es precisamente lo que explica que sepamos tan poco de este tiburón. Los pocos datos de que disponemos pueden incluso parecer contradictorios tomados en su conjunto, pero en realidad lo que nos revelan es un proceso constante de revisión y de actualización a medida que se producen nuevas capturas en diversas partes del mundo. Pensemos que el trabajo de 2004 con el que se presentó esta especie en sociedad se titula "una nueva especie del Atlántico norte", y, sin embargo, ahora sabemos que es el pejegato con la distribución geográfica más extensa³, como veremos más abajo. Los tiburones de aguas profundas es lo que tienen, que nunca dejan de sorprendernos.
El pejegato cabezón ha sido incluido en el llamado grupo brunneus, un grupo de Apristurus que, entre otros rasgos, tienen en común una válvula espiral con 15-25 vueltas, un surco labial superior más largo que el inferior y cápsulas-huevo con largos zarcillos.
Su nombre específico, melanoasper, hace referencia al color prototípico de este tiburón y al tacto de su piel. Es un compuesto de la voz griega melanos (de color negro) y la latina asper (áspero), 'de piel negra y áspera'.

Fuente: Samuel P. Iglésias. Chondrichthyans and Cyclostomata from the North-eastern Atlantic and the Mediterranean (A natural classification based on collection specimens, with DNA barcodes and standarized photographies). Provisional version 07, 1 April 2013. http://www.mnhn.fr/iccanam
Descripción: Cuerpo cilíndrico, esbelto y alargado, terminado en un morro carnoso, aplanado dorsoventralmente, relativamente ancho y largo. La boca, grande y ampliamente arqueada, se extiende exactamente hasta la altura de los ojos; presenta surcos labiales bien desarrollados, los superiores más largos que los inferiores, casi hasta alcanzar la sínfisis superior. Los ojos son ovalados, más bien pequeños, con un débil pliegue subocular. El espacio interorbital es aproximadamente 1,9-3,5 veces el diámetro ocular.
Espiráculos de reducido tamaño situados cerca de los ojos, justo por debajo de su eje horizontal. Cinco hendiduras branquiales laterales pequeñas (menores que el diámetro de los ojos), de tamaño similar, excepto la 5ª, un poco más reducida que las anteriores y situada sobre el origen de la aleta pectoral.
Piel muy áspera debido a los grandes dentículos dérmicos que la cubren. Los dentículos de los flancos son tricuspidados, con crestas débiles; los más próximos entre si se solapan.

Dentículos dérmicos de A. melanoasper. Fuente: Nakaya, Sato & Iglésias (2008), CSIRO.
Las aletas dorsales son pequeñas y se encuentran en posición muy retrasada, como en los demás Apristurus; la primera es un poco más pequeña que la segunda, y se origina aproximadamente entre el primer tercio y la mitad de la base de las aletas pélvicas; la segunda dorsal se origina aproximadamente sobre el punto medio de la base de la aleta anal, y su inserción está ligeramente más adelantada que la de esta. Las pectorales son relativamente pequeñas y estrechas, y de forma subcuadrangular.
Válvula espiral de 19 a 23 vueltas, generalmente entre 21-22. 
Librea uniforme de marrón oscuro a negro.

Dentición: Dientes relativamente pequeños y similares en ambas mandíbulas: 59-93 en la superior y 58-97 en la inferior. Presentan una cúspide central alta, recta y afilada flanqueada por una o dos cuspidillas secundarias en los dientes anteriores y dos o más en los posteriores.

Dientes superior e inferior. Fuente: Iglésias, Nakaya & Stehmann (2004), Cybium.
En ejemplares del Pacífico suroccidental, Atlántico suroriental e Índico, Nakaya, Sato e Iglésias (2008) señalan que en las hembras los dientes anteriores y laterales de ambas mandíbulas presentaban una cúspide central larga y robusta y una o dos cúspides laterales pequeñas en ambos lados de la central; mientras que los dientes superiores de los machos solo presentaban una única cuspidilla a cada lado de la central.

Talla: En los ejemplares estudiados para el trabajo de 2004, la longitud máxima observada fue de 761 mm en un macho y 735 mm en una hembra. Pero los estudios más recientes recogen la cifra máxima de 79 cm. Se desconoce la talla de nacimiento.
En las tallas de madurez encontramos también cifras dispares, que como ya hemos señalado, se deben a la escasez de registros. En 2004 se observó que los machos eran maduros entre los 61-64 cm y las hembras entre 55-59 cm, lo cual, como los propios autores reconocieron, era un resultado anómalo (por lo general, sucede lo contrario, las hembras alcanzan la madurez con tallas superiores a los machos), que probablemente sería subsanado a medida que se incrementase el caudal de datos. En efecto, en 2013 Ebert apunta escuetamente que machos y hembras maduran entre los 60-70 cm.

Ejemplar capturado en el caladero de Rockall. Foto de Daniel Moore tomada de FishBase.
Reproducción: Con toda probabilidad ovíparo. Se han encontrado cápsulas-huevo de 52-67 mm de largo por 22,5-27 mm de ancho similares a las de otros Apristurus del grupo brunneus: zarzillos largos formando espirales en su parte posterior y dos cuernos cortos y romos en la parte anterior.

Dieta: Desconocida. Tal vez, como otros pejegatos, a base de pequeños peces y cefalópodos de las profundidades.

Hábitat y distribución: El A. melanoasper es un tiburón demersal que habita en el talud medio continental y de las montañas submarinas. Su rango batimétrico oscila entre 510-1683 m, pero normalmente por debajo de los 1000 m.

Elaboración propia a partir de Iglésias et al. (2004), Ebert et al. (2013), Ebert & Stehmann (2013), Ebert & Mostarda (2013) y Rodríguez Cabello et al. (2014).
Distribución amplia pero localizada. Atlántico noroccidental: talud septentrional de la costa E de los EEUU y Canadá; Atlántico nororiental: Irlanda, Islas Británicas, Francia, Banco de Galicia; Atlántico suroriental: Namibia. Pacífico suroccidental: sur y sureste de Australia, Nueva Zelanda, Nueva Caledonia y montañas submarinas adyacentes. Índico: sur de Madagascar; Ebert & Mostarda (2013) añaden toda la franja sur tal cual la he trasladado al mapa.
Es el Apristurus con mayor distribución geográfica.

Pesca y conservación: Carece de interés comercial. Constituye una captura accidental poco frecuente del arrastre de fondo y suele descartarse, como el resto de los miembros de su género. Su elevado rango batimétrico, que con toda probabilidad supera con creces el que conocemos, mantiene al Apristurus melanoasper a salvo del brutal impacto de la presión pesquera industrial... por el momento.

No hay datos relativos al tamaño y estructura de sus distintas poblaciones, ni a su biología, aunque se presume que su tasa reproductiva debe de ser baja, como es habitual en los tiburones de aguas profundas. Por esta razón, figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Datos incompletos. La recomendación, no obstante, es monitorizar las capturas en la medida de lo posible (o más bien habría que decir de lo imposible), a medida que el esfuerzo pesquero avanza hacia aguas cada vez más profundas, subvencionado con muchos millones de dinero público... hasta que choquen contra el fondo, que luego yo no sé qué van a hacer.
Apristurus melanoasper. Fuente: CSIRO National Fish Collection.


* Tradicionalmente, los Apristurus se consideran como un género de la familia Scyliorhinidae. Sin embargo, cada vez más científicos los incluyen dentro de una familia diferente, Pentanchidae. Véase Claves de los Carcharhiniformes.

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¹Samuel P. Iglésias, Kazuhiro Nakaya & Matthias Stehmann (2004). "Apristurus melanoasper, a new species of deep-water catshark from the North Atlantic (Chondrichthyes: Carcharhiniformes: Scyliorhinidae)". Cybium 28, pp. 345-356.
²Cristina Rodríguez Cabello, M. Pérez & Rafael Bañón (2014). "Occurrence of Apristurus species in the Galicia Bank Seamount (NE Atlantic)". Journal of Applied Ichthyology, 1-10, doi:10.1111/jai.12480.
³Para que os hagáis una idea de todo este trasiego de datos tan dispares, observad qué dicen cuatro trabajos publicados el año pasado respecto a la distribución de la especie en el Índico:
  • Ebert et al. (2013): el océano Índico no se incluye en su distribución (Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth).
  • Ebert (2013) no incluye el melanoasper en su guía de tiburones de aguas profundas del océano Índico (FAO Species Catalogue for Fisheries Purposes: Deep-Sea Cartilaginous Fishes of the Indian Ocean vol 1. Sharks. FAO, Roma).
  • Ebert & Stehmann (2013) anotan un difuso "Índico central", sin especificar ningún área determinada excepto el sur de Madagascar (FAO Species Catalogue for Fisheries Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma).
  • Ebert & Mostarda (2013) marcan toda la franja sur, tal como he trasladado al mapa (FAO Fish Finder: Identification Guide to the Deep-Sea Cartilaginous Fishes of the Indian Ocean. FAO, Roma).
Kazuhiro Nakaya & Keiichi Sato (1999). "Species grouping within the genus Apristurus (Elasmobranchii: Scyliorhinidae)". En B. Séret & J.-Y. Sire (Eds.) Proceedings of the Indo-Pacific Fish Conference, 1997, Nouméa. Société Française d'Ichtyologie & Institut de Recherche pour le Développement, Paris, pp. 307-320. 
Sobre el tema de las cápsulas-huevo véase el interesante trabajo de Brooke E. Flammang, David A. Ebert & Gregor M. Caillet (2007). "Egg cases of the genus Apristurus (Chondrichthyes: Scyliorhinidae): Phylogenetic and ecological implications". Zoology 110 (4), pp. 308-317. doi: 10.1016/j.zool.2007.03.001.
Kazuhiro Nakaya, Keiichi Sato & Samuel P. Iglésias (2008). "Occurrence of Apristurus melanoasper from the South Pacific, Indian and South Atlantic Oceans (Carcharhiniformes: Scyliorhinidae)". P. R. Last, W. T. White & J. J. Pogonoski (Eds.) Descriptions of New Australian Chondrichthyans. CSIRO Marine and Atmospheric Research Paper No. 022, pp. 61-74.
David A. Ebert & Edoardo Mostarda (2013). FAO Fish Finder: Identification Guide to the Deep-Sea Cartilaginous Fishes of the Indian Ocean. FAO, Roma.

    miércoles, 17 de septiembre de 2014

    Acidificación y supervivencia

    Musola pintada (Mustelus canis). Fuente: Discovery.com.

    Por si no fuese suficiente con lo que ya tienen encima, la última novedad es que la acidificación del océano reducirá la capacidad olfativa de los tiburones, debilitando así uno de sus principales sistemas de detección de alimento, según demuestra un estudio¹ que acaba de publicarse en Global Change Biology. 

    En su heroico afán por destruir el cuerpo que lo alberga, solo comparable al del virus más letal, el ser humano ha logrado, entre otras proezas, que la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera sea la más elevada de los últimos 800 000 años. Gracias a ello, el clima de la Tierra está cambiando a tal velocidad que puede que no lleguemos a tiempo, no ya para revertir o siquiera detener el proceso, sino para adaptarnos a sus consecuencias. Pero esa es la idea, cabe suponer.
    Pero en esta jovial marcha hacia nuestra autodestrucción nos hemos topado con un factor con el que no contábamos, y mira que es inmenso. Se calcula que el océano absorbe aproximadamente el 25% del dióxido de carbono que emitimos a la atmósfera. Esto quiere decir que, de no ser por él, tal vez habríamos ya podido consumar el desastre. Mala pata.

    Sarcasmos aparte, el trasvase de dióxido de carbono antropogénico al mar, lejos de aliviar el problema, lo que ha hecho es extenderlo. Cuando el CO2 se disuelve reacciona con el agua generando ácido carbónico y reduciendo su pH, en un proceso conocido como acidificación. Es una evidencia científica que el océano se está acidificando, y parece que a buen ritmo. Se calcula que el nivel actual de acidificación es un 30% superior al de épocas preindustriales y el pH de las aguas superficiales es 0.1 puntos inferior (y las previsiones a medio plazo son descorazonadoras). Esto tiene graves consecuencias para las criaturas marinas. El descenso del pH trae consigo la drástica disminución de las concentraciones de iones carbonato, fundamentales para la formación y el desarrollo de los esqueletos y otras estructuras de carbonato cálcico, como conchas y caparazones, de una inmensa variedad de organismos: corales, moluscos, foraminíferos, equinodermos, crustáceos, etc., poniendo poblaciones enteras en serio peligro. Pensemos que aproximadamente la cuarta parte de todas las especies marinas dependen de un modo u otro del coral. Varios trabajos han descrito los efectos de la acidificación en diversos organismos calcáreos; igualmente se ha demostrado que la exposición de los teleósteos a niveles elevados de CO2 puede alterar un amplio espectro de procesos biológicos como la percepción sensorial, modificando la respuesta a estímulos químicos y auditivos, y, a consecuencia de ello, la toma de decisiones².
    Foto de Danielle Dixson publicada en la edición digital de The Washington Post del 10 de septiembre.
    Este es el primer estudio que aborda los efectos de la acidificación sobre el comportamiento y la capacidad olfativa de los tiburones. Sus autores trabajaron con una especie oriunda del Atlántico occidental, la musola pintada (Mustelus canis), un pequeño cazador oportunista que frecuenta las aguas turbias próximas a la costa, en las que se maneja perfectamente para localizar a sus presas gracias sobre todo a su agudo sentido del olfato. El candidato ideal.
    Las 24 musolas utilizadas en el experimento se distribuyeron en tres tanques con diferentes niveles de concentración CO2 (por tanto con agua de diferente pH): el primero con los valores medios registrados en la actualidad (pH 8.11), el segundo con los estimados para dentro de 50 años según la tendencia actual de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera (pH 7.80), y el tercero con los estimados para el año 2100 (pH 7.69, o sea, una caída de 0,4 puntos).
    Los tiburones se iban introduciendo en un tanque de 9x2 m en el que se habían creado dos corredores olorosos mediante sendos emisores situados a cada extremo, cerca del fondo, que bombeaban constantemente agua de mar, en uno de ellos mezclada con jugo de calamares. Como era de esperar, todos los tiburones sometidos al nivel actual de pH permanecieron la mayor parte del tiempo (entre el 60-84%) en la calle por la que discurría este potente estímulo oloroso, llegando incluso a lanzar ataques sobre su fuente, bien golpeándola con el morro, bien mordiéndola. Cuando el pH descendió 0,2 puntos, el tiempo de permanencia en el corredor oloroso se mantuvo, pero los ataques a su fuente fueron menos intensos o agresivos. Sin embargo, con los valores previstos para fin de siglo la situación cambió drásticamente. Las musolas dejaron de responder a los estímulos químicos, incluso parecían evitarlos, ya que pasaban más rato en la zona de flujo de agua salada normal; el tiempo de permanencia en la calle del corredor oloroso fue inferior al 15%.
    En los tres casos, el comportamiento natatorio de los tiburones fue muy similar, sin ninguna señal externa que hiciese pensar en algún tipo de anomalía; lo mismo el movimiento de las aberturas branquiales, que en ningún momento evidenció signos de estrés que pudiesen explicar su comportamiento.
    La doctora Dixson y sus colegas aventuran que la raíz del problema está en que el agua acidificada altera el funcionamiento de un receptor químico conocido como GABAA, como ocurre con los peces payaso.

    Fuente: Danielle Dixson, Global Change Biology, 2014.
    La conclusión es evidente: el aumento de la acidificación del océano va a tener un impacto terrible en los tiburones al modificar o anular su respuesta a estímulos químicos primordiales para su supervivencia, como los que proceden de una fuente de alimento y, tal vez, quién sabe (en el trabajo no se mencionan), los emisores químicos que las hembras liberan cuando están listas para aparearse.

    Otro trabajo de parecidas características³ ha encontrado cambios importantes no solo en el comportamiento natatorio, sino en la sangre de pintarrojas (Scyliorhinus canicula) sometidas a los niveles de dióxido de carbono previstos para el 2100, que contenía más iones de sodio y bicarbonato de lo normal seguramente como un mecanismo para mantener estable su pH en un entorno de mayor acidez (aparentemente no se habían producido cambios apreciables en su metabolismo). Los investigadores también observaron que en un ambiente fuertemente acidificado las pintarrojas permanecían nadando durante periodos de tiempo considerablemente más largos (hasta una hora sin interrupción) que aquellos ejemplares procedentes de un entorno "normal", que presentaban periodos de natación más cortos, de entre unos pocos segundos hasta un minuto. Esto podía deberse bien a alteraciones en las concentraciones de iones de sodio y bicarbonato en el cerebro, bien a que los tiburones percibían la acidez del agua y estaban nadando en busca de un entorno más saludable. Estas observaciones fueron realizadas durante la noche, cuando estos animales se muestran más activos.

    En los millones de años que llevan en la tierra, los tiburones han logrado sobrevivir en mares con un nivel de acidez muy superior al previsto para fin de siglo. Lo que no deja de ser un motivo para la esperanza. Pero el problema es si serán capaces de adaptarse con la suficiente presteza a la velocidad a la que van a tener lugar los grandes cambios que se nos vienen encima.
    Los seres humanos somos así de inteligentes.


    [ACTUALIZACIÓN a 16-X-2014] Frente a todo lo anterior, hay al menos un tiburón al que no parecen afectarle los ambientes con alto contenido de CO2. Se trata de la pintarroja colilarga ocelada (Hemiscyllium ocellatum), una pequeña especie endémica de Nueva Guinea y norte de Australia que habita en las aguas someras de arrecifes e incluso charcas de marea, ambientes muy expuestos a fuertes fluctuaciones ambientales tanto de oxígeno como de dióxido de carbono. Por la noche, el nivel de oxígeno en el agua cae drásticamente, muy particularmente durante las mareas bajas nocturnas, debido a la respiración de los organismos del arrecife, lo que provoca un fuerte incremento del CO2, cuya concentración puede incluso ser más alta en los agujeros y grietas del coral (ambientes de bajo flujo de agua) que este tiburón acostumbra a usar como refugio. La adaptación a la vida en estos ambientes de fluctuaciones extremas es tal, que la pintarroja colilarga no solo puede resistir sin mayor problema cortos periodos de hipoxia (baja concentración de oxígeno en el ambiente), sino que, tal como acaba de demostrar un reciente trabajo, es capaz de adaptar sus procesos fisiológicos a largas exposiciones (60-90 días) a ambientes con altas concentraciones de dióxido de carbono como las previstas a medio plazo.

    Pintarroja colilarga ocelada (Hemiscyllium ocellatum). Foto: Richard Ling.

    ________________________
    ¹Danielle L. Dixson, Ashley R. Jennings, Jelle Atema & Philip L. Munday (2014). "Odor tracking in sharks is reduced under future ocean acidification conditions". Global Change Biology, doi: 10.1111/gcb.12578.
    ²Las señales químicas juegan un papel fundamental en la biología de muchos peces. Se ha comprobado, por ejemplo, que los peces de arrecife con la capacidad olfativa mermada por la exposición a altos niveles de CO2 mostraban problemas a la hora de encontrar refugio, seleccionar el hábitat más adecuado y evitar a los depredadores.
    ³Leon Green & Fredrik Jutfelt (2014). "Elevated carbon dioxide alters the plasma composition and behaviour of a shark". Biology Letters, 10(9): 20140538.
    Dennis D. U. Heinrich, Jodie L. Rummer, Andrea J. Morash, Sue-Ann Watson, Colin A. Simpfendorfer, Michelle R. Heupel & Philip L. Munday (2014). "A product of its environment: the epaulette shark (Hemiscyllium ocellatum) exhibits physiological tolerance to elevated environmental CO2." Conservation Physiology, vol 2. doi: 10.1093/conphys/cou047