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lunes, 17 de febrero de 2014

Un diente entre 50 000

Foto: David Jenkins tomada de dailymail.co.uk
No es fácil encontrar imágenes como esta: un gran tiburón blanco fotografiado en el mismo instante en el que uno de sus dientes sale disparado tras atrapar lo que parece un señuelo o tal vez una foca de verdad.
La foto está tomada en las cercanías de Seal Island, cerquita de Ciudad del Cabo (o 'Capetón', como decían nuestros abuelos), un lugar privilegiado donde los tiburones blancos practican la particular técnica de caza que les hace pegar esos impresionantes saltos de hasta 3,3 m sobre el agua que no nos cansamos de ver en centenares de documentales y de fotografías.
Invisible contra el oscuro fondo, el tiburón recorre pacientemente los alrededores de la Isla de las Focas, hasta que una conocida silueta aparece de pronto surcando la superficie. La profundidad de las aguas le va a permitir alcanzar la punta de velocidad adecuada para que el ataque sea lo más certero y devastador posible. De lo contrario, las posibilidades de supervivencia de la foca se multiplican exponencialmente y el enorme gasto energético habrá sido en vano. 16-18 m son suficientes para que una tonelada de músculo y dientes se abalance a más de 40 km/h sobre la presa, viniendo desde abajo y atrás en un ángulo de entre 45-90º.

Fin de un ataque exitoso. La foto es de Remo Sabatini.
Un tiburón blanco tiene alrededor de 50 posiciones dentarias en cada mandíbula, unas 26 en la de arriba y 24 en la de abajo. Cada diente tiene detrás una hilera de 5-7 dientes más. Esto hace un total de unos 300 dientes en diferentes estadios de desarrollo. Cuando el primero, el más exterior, se desgasta y se pierde, enseguida viene el siguiente para ocupar su lugar (la clásica imagen de una cinta transportadora no puede ser más fiel a la realidad). Esto ocurre porque los dientes no están anclados o implantados en el cartílago, sino que se encuentran adheridos al epitelio basal, una capa externa de tejido. Un tiburón puede perder entre 30 000 y 50 000 dientes a lo largo de su vida, con lo que el de la imagen no es más que una anécdota totalmente intrascendente. Pero no así la foto.
Naturalmente, fue una cuestión de suerte. De hecho, el fotógrafo, David Jenkins, cuenta que no se percató de su involuntaria proeza hasta que no se puso a revisar la foto en la pantalla de la cámara para ver si estaba bien centrada y ajustada.
Una foto única que bien vale este pequeño post.

... Los dientes del tiburón blanco son característicos: anchos, grandes, con los bordes aserrados... y, como veis, pueden llegar a ser bastante grandes.


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