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martes, 23 de julio de 2019

Obsolerus, el tiburón perdido

Arriba: Holotipo del Carcharhinus obsolerus (hembra inmadura de 433 mm). Abajo: Dibujo de Lindsay Marshall. Fuente: White, Kyne & Harris, PLoS ONE, 2019.
Cuando oímos hablar de tiburones extintos, de manera automática nuestra imaginación se traslada varios millones de años atrás hacia un mundo poblado por extrañas criaturas que terminan desapareciendo en momentos de colosales extinciones masivas. Pocas veces pensamos en casos como el que hoy os presento: un tiburón que muy posiblemente acaba de extinguirse o más bien que muy posiblemente acabamos de extinguir— sin haberlo conocido en vida, sin saber que lo teníamos ahí mismo, delante de nuestros ojos, enganchado en nuestras redes y palangres, hace apenas 80 años.

     Se trata del Carcharhinus obsolerus, recién descrito como especie por William T. White, Peter M. Kyne y Mark Harris en un trabajo publicado en enero de este año 2019 con un título bien elocuente: Lost before found: A new species of whaler shark Carcharhinus obsolerus from the Western Central Pacific known only from historic records, "Perdido antes de ser encontrado: Una nueva especie de carcharhínido del Pacífico Centro-Occidental solo conocido por registros históricos", (PLoS ONE 14(1): e0209387. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0209387).
     Este caso es muy interesante por un doble motivo. Por un lado, ejemplifica muy bien las dificultades taxonómicas que todavía siguen planteando ciertos grupos de tiburones, pese a los indudables avances en taxonomía y en biología molecular. Incluso un género tan en apariencia sencillo como Carcharhinus (a él pertenecen tiburones tan archiconocidos como el jaquetón oceánico, C. longimanus, o el jaquetón toro, C. leucas) incluye subgrupos particularmente complejos, precisamente como el grupo porosus al que pertenece la nueva especie, que todavía hoy siguen siendo objeto de una importante revisión. Por el otro, nos informa de la urgente necesidad de avanzar en el conocimiento de la biodiversidad de cada tramo de océano, de conocer cuántas especies existen realmente y cómo es su biología, a fin de evaluar correctamente el impacto que las actividades humanas tienen sobre ellas y, a partir de ahí, diseñar estrategias para evitar que se extingan, que desaparezcan para siempre.

Perdido antes de ser encontrado. El obsolerus es un carcharhínido de pequeño tamaño perteneciente a un grupo de especies muy parecidas entre si. Su descripción está basada tan solo en tres ejemplares inmaduros capturados hace más de 80 años y conservados en etanol en dos instituciones de historia natural: el holotipo, una hembra juvenil de 433 mm recogida en Bangkok, Tailandia, en fecha desconocida, guardada en el Museo de Historia Natural de Viena; otra hembra juvenil de 370 mm encontrada en 1897 en Sarawak, en el Borneo Malayo, y un embrión a término de 339 mm recogido en Ciudad Ho Chi Minh, Vietnam, en 1934, que constituyen los paratipos¹, ambos procedentes de la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia. Desde entonces hasta hoy no hemos vuelto a tener noticias de él, pese a los numerosos muestreos científicos que han venido realizándose en esta zona del planeta.
     Su nombre específico alude a esta circunstancia: la voz latina obsolerus significa "extinto"; y el nombre común en inglés que proponen los autores es también bastante significativo: Lost shark, el tiburón perdido.

Dientes superiores e inferiores del paratipo de 370 mm. Fuente: White, Kyne & Harris, PLoS ONE, 2019.
¿Por qué ahora sí y antes no? Es decir, ¿por qué ha habido que esperar tanto tiempo para constatar que se trata de una especie nueva? Pues básicamente porque se han conjugado dos circunstancias: la urgencia y el conocimiento.
     Lo cierto es que el obsolerus siempre planteó algún que otro quebradero de cabeza a los especialistas, que no tenían muy claro qué hacer con él. La hembra inmadura de algo más de 43 cm que ahora se ha convertido en holotipo presentaba caracteres morfológicos que no encajaban del todo en ninguna de las especies a las que tanto se le parecía. Sin demasiado convencimiento, fue tentativamente clasificada como tiburón poroso (Carcharhinus porosus), por más que la zona de distribución conocida para esta especie Atlántico W y Pacífico E quedaba bastante lejos del lugar donde presumiblemente había sido capturada. Por su parte, otros autores la incluyeron en sus catálogos como especie potencialmente nueva, aunque sin nombre. Quienes tengáis a mano la guía de Compagno, Fowler y Dando del 2005 (Guía de campo de los tiburones del mundo, ed. Omega), podéis comprobar cómo figura ya como Carcharhinus sp. A, con el nombre común de false smalltail shark, o sea, falso tiburón poroso:
Muy raro, sólo se conocen 3 ejemplares, recogidos en mercados de pescado, el último de 1934. Colocado antes en la especie C. porosus, pero tiene el morro más corto y obtuso, 1ª dorsal más grande y más anterior, pectorales mayores y diferencias en el cráneo.
Sin embargo, este Carcharhinus sp. A ya no aparece en publicaciones posteriores tan importantes como la edición de 2013 de Sharks of the World, a cargo de Ebert, Fowler, Compagno y Dando, o el catálogo de condrictios de Weigmann del 2016².
     El punto clave en esta pequeña historia ha sido la ausencia de ejemplares adultos sobre los que sustentar una descripción científica. Establecer una especie basándose únicamente en dos juveniles y en un embrión a término parecía un poco arriesgado, lo más prudente era esperar. Pero ningún espécimen más ha vuelto a aparecer, ni adulto ni juvenil, pese a que a partir de 1982 los estudios de biodiversidad y de composición de capturas se incrementaron notablemente en diversas áreas del Sudeste Asiático, incluidas las localidades de los tres ejemplares recogidos. Esta alarmante falta de registros, unida al hecho de que el obsolerus pertenece a un grupo de especies costeras de elevadísimo valor comercial que, por si fuera poco, habitan en una zona sometida a una brutal presión pesquera, en demasiadas ocasiones no regulada o directamente ilegal, es el factor que llevó a los autores de este trabajo a no demorar más la espera y darle al Carcharhinus sp. A un nombre y una entidad propias: Carcharhinus obsolerus, un tiburón que puede que ya no exista.

Izq: Vistas lateral y ventral de la cabeza del holotipo de C. obsolerus. Dcha: Radiografía de la cabeza del paratipo de 370 mm. Fuente: White, Kyne & Harris, PLoS ONE, 2019.
Otro elemento esencial ha sido el conocimiento. A lo largo de estas últimas décadas los instrumentos taxonómicos se han afinado muchísimo ligados a un profundo avance en el conocimiento científico de estos animales —en particular, el desarrollo de la biología molecular ha sido definitivo, si bien en este caso la descripción del obsolerus es puramente morfológica—. Ello ha permitido el descubrimiento de un gran número de especies nuevas, así como la puesta en marcha de fecundas revisiones taxonómicas que están tratando de poner orden en taxones tan complejos, parcial o totalmente, como los géneros Squalus, Centrophorus, o el propio Carcharhinus, resucitando especies que anteriormente se consideraban no válidas, o, por el contrario, desechando otras al descubrirse que eran sinonimias de algunas ya descritas. Más de 180 especies nuevas de condrictios (grupo en incluye a quimeras, rayas y tiburones) se describieron en solo 10 años, entre 2002 y 2012, y más de 80 desde entonces hasta hoy. En general, más del 20% de las especies actuales de tiburones y rayas se han descrito a partir del año 2002.

¿Y ahora qué? White, Kyne y Harris han construido su descripción científica del C. obsolerus sobre una exhaustiva lista de caracteres morfológicos y merísticos, que posteriormente han comparado con los de especies muy próximas: el tiburón de Borneo (Carcharhinus borneensis) tal vez el tiburón al que más se le parece, el tiburón trompudo (Carcharhinus macloti), el tiburón poroso (C. porosus) y el Carcharhinus cerdale, resucitado hace pocos años como especie diferente de la anterior.
     Ahora que disponemos de información y de herramientas para su identificación, es urgente que la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) se ponga manos a la obra en la tarea de evaluar la situación actual real del C. obsolerus. 
     Los tiburones del subgrupo porosus en el que se inserta esta especie se caracterizan por su pequeño tamaño, su baja tasa reproductiva y, lo preocupante, porque suelen habitar aguas costeras poco profundas expuestas a una frenética actividad pesquera sin control.


Miles de pequeños tiburones en un mercado de Indonesia. Foto tomada de la página Ocean Sentry.
¿Perdido para siempre? Quizá no. La falta de registros en casi 85 años no implica necesariamente que el obsolerus se haya extinguido. El trabajo menciona el caso del tiburón de Borneo (C. borneensis), que fue redescubierto en Sarawak en el 2004 tras casi 80 años sin tener noticias de él, desde 1937.
     Dicen que la esperanza es lo último que se pierde... Pero no dejo de pensar cuántas especies no habremos perdido ya para siempre, sin saberlo.
Mm
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¹El holotipo de una especie es el ejemplar sobre el que un autor realiza su descripción original. El paratipo o paratipos son aquellos ejemplares distintos del holotio citados en la descripción original.
²Véase David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno & Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth; S. Weigmann (2016). Annotated checklist of the living sharks, batoids and chimaeras (Chondrichthyes) of the world, with a focus on biogeographical diversity. Journal of Fish Biology, doi: 10.1111//jfb.12874. 

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