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sábado, 15 de octubre de 2022

El temible Scymnodon ringens

Scymnodon ringens. Foto: Juan Carlos Arronte, IEO de Santander.

Cuando alguien me pregunta qué es lo que tienen los tiburones de profundidad, que tan embobado estoy con ellos, a veces no sé qué explicar ni cómo, así que recurro a fotografías como la que encabeza este pequeño artículo (y las que siguen). Y ya no hacen falta más palabras ("¿Que qué tienen? Tú mira esto."). Lo que veis es una bruja (Scymnodon ringens), uno de los tiburones de aspecto más inquietante y turbador que tenemos en nuestro mar profundo.

La bruja es un escualiforme de la familia Somniosidae, a la que pertenecen especies tan extraordinarias como la pailona (Centroscymnus coelolepis), que habiéndose encontrado a casi 3700 m ostenta uno de los récords de profundidad en el mundo de los tiburones, y algunos de los más grandes depredadores de aguas profundas, como el colosal tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), que puede llegar a medir más de 6 m. Somniosidae es un término latino que significa 'somnoliento', 'lento', tal vez porque algunos de los miembros más grandes de la familia se mueven muy lentamente y reaccionan con aparente pesadez o apatía cuando se los pesca (aunque ciertamente el Scymnodon mucha pinta de somnoliento no tiene).

Foto: Juan Carlos Arronte, IEO de Santander.

Estamos ante un poderoso depredador de hábitos demersales. Su vida transcurre ligada a los fondos del talud continental sobre todo entre los 500 y los 1500 m, cuya inmensidad recorre con tenaz constancia en busca de presas a las que es capaz de despedazar con esa espeluznante dentadura que la evolución le ha regalado. Tiene un corpachón recio rematado en una cabeza ancha y robusta y cubierto por una áspera armadura de fuertes dentículos dérmicos. Cuenta, además, con dos cortas espinas al comienzo de cada una de las dorsales, que le sirven de protección en caso de que a algún bicho grande le diese por intentar alguna sorpresa viniendo desde arriba. Una criatura temible para presas y depredadores.

Su nombre científico es un compuesto de las voces griegas scymnus 'cachorro', históricamente utilizada para referirse a tiburones de pequeño tamaño como las mielgas, y odontus 'diente', en alusión al tamaño de los dientes inferiores; el nombre específico ringens es latino y significa 'enorme, muy abierto', en una evidente referencia a la boca. Parafraseando: pequeño tiburón de formidables dientes y enorme boca. Descripción atinada donde las haya. No hay más que mirar las fotografías de abajo.

Izq. Foto: Gonzalo Mucientes. Dcha: Foto: Maialen Galina Gaiton.

Los dientes superiores, relativamente pequeños, son lanceolados y están inclinados hacia atrás, preparados para ensartar e inmobilizar a sus presas. Los dientes inferiores, muy altos, anchos, de punta triangular y tremendamente afilados, están imbricados formando una hilera que, como una sierra, puede trocear casi cualquier cosa que se les ponga delante. Por eso la bruja se conoce en inglés con el sugerente nombre de knifetooth shark, 'tiburón dientes de cuchillo'.

Con este tiburón ocurre como con tantas otras especies de profundidad, que no sabemos casi nada ni de sus costumbres ni de su biología, lo que contribuye, junto con su aspecto, a que nos resulten todavía más misteriosos y fascinantes. No obstante, el tremendo y eficaz arsenal que acabamos de describir, encajado además en una boca de potente musculatura, hace pensar que el Scymnodon es un cazador activo y enérgico capaz de atreverse con presas de gran tamaño. Su dieta, a tenor de los contenidos estomacales observados, se compone de peces óseos, cefalópodos y diversos crustáceos del fondo. 

El color negro uniforme de su librea le sirve al Scymnodon para fundirse en la perpetua oscuridad del mar profundo desde la cual puede acechar a sus presas y evitar a sus depredadores. A partir de los 200 m la luz del sol disminuye drásticamente hasta convertirse en un exiguo pulso de radiación electromagnética apenas perceptible. A partir de los 1000 m la oscuridad es ya absoluta. Estamos en la zona crepuscular o mesopelágica del océano, un lugar hostil, helado, sometido a una presión brutal y donde el alimento no es muy abundante (sin luz no hay fotosíntesis y por tanto plantas ni organismos que se alimentan de ellas). Sin embargo, contrariamente a lo que pueda parecer, este inmenso ecosistema está repleto de vida, de infinidad de criaturas que luchan por subsistir y perpertuar sus genes, por comer mientras procuran no ser comidos. 

Foto: Juan Carlos Arronte, IEO de Santander.

Un lugar extremo exige también adaptaciones especiales. Una de las más asombrosas para nosotros son los ojos. Los tiburones mesopelágicos como el Scymnodon poseen grandes ojos redondos y brillantes, con ese alucinante color verde fosforito o amarillo verdoso que veis en las fotos, que nos resulta tanto más inquietante cuanto contrasta con el color normalmente oscuro de su piel. Esto denota que son ojos de una prodigiosa sensibilidad: han sido diseñados por la evolución para captar el más mínimo destello de luz, tanto la ambiental, escasa o practicamente inexistente, como la emitida por sus posibles víctimas. Porque, a falta de sol, el mar profundo está repleto de millones de criaturas que generan su propia luz¹.

Estos ojos de los tiburones de profundidad presentan una gran pupila circular con un iris de poca mobilidad, lo cual tiene su lógica: por un lado, una pupila grande permite la entrada de la mayor cantidad posible de la escasísima luz que pueda haber a esas profundidades; por el otro, dado que los niveles de irradiación son constantes (a diferencia de la superficie, donde hay grandes fluctuaciones entre el día y la noche), no hay necesidad de regular constantemente su flujo de entrada.
     La retina es extraordinariamente sensible. Los bastoncillos que abarrotan su superficie están cubiertos de potentes pigmentos fotosensibles preparados para captar las longitudes de onda que predominan a esas profundidades, las del espectro del azul².
     Y para rematar, los tiburones, como muchos otros animales, tienen tras la retina una especie de capa reflectante formada por cristales de guanina que devuelve aquellos resquicios de luz que no han sido absorbidos por sus fotorreceptores. Es el llamado tapetum lucidum ('tapiz brillante'), el responsable de que, por ejemplo, los ojos de animales como los búhos, los linces o los gatos brillen con tanta intensidad por la noche por muy escasa que sea la luz que les llega. Pues bien, se dice que los ojos de estos tiburones son al menos dos veces más sensibles que los de los gatos.

Foto: Gonzalo Mucientes.

La bruja o "tiburón dientes de cuchillo" puede llegar a medir alrededor de 110 cm. Es un auténtico lujo saber que forma parte de nuestro ecosistema de aguas profundas. Solo ha sido registrado en esta parte del Atlántico oriental, desde Escocia hasta Senegal, con alguna cita aislada en Nueva Zelanda.

¡Cómo no vamos a sentirnos fascinados por los tiburones de profundidad!

👉 Para saber más (todo lo poco más que se puede saber): Bruja (Scymnodon ringens).

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¹A este respecto, me permito recomendaros un estupendo libro publicado hace poco (es del 2021) titulado precisamente The Brilliant Abyss. True Tales of Exploring the Deep Sea, Discovering Hidden Life and Selling the Seabed, de la bióloga marina Helen Scales. Está publicado por Bloomsbury Sigma. Por desgracia creo que todavía no se ha traducido al castellano.

²Peter A. Klimley (2013). The Biology of Sharks and Rays. The University of Chicago Press, Chicago. 

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