Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Olayo de Islandia (Galeus murinus)

Ejemplar de 47 cm capturado en las Azores. Foto de Pedro Niny Duarte (c) ImagDOP.

Olayo de Islandia

Galeus murinus (Collet, 1904)

(es. Olayo de Islandia, pintarroja islándica; in. Mouse catshark)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Pentanchidae*


En la oscuridad del mar profundo habita un pequeño tiburón que hasta hace muy poco no se conocía en aguas de Galicia. Fue durante una serie de expediciones al Banco de Galicia realizadas entre los años 2009 y 2011 bajo los proyectos ECOMARG e INDEMARES cuando por primera vez se se constató la presencia del Galeus murinus en nuestras aguas.
     Se capturaron un total de 17 ejemplares en una cota de 1450-1683 m: 5 machos de entre 29-41 cm y 12 hembras de 31-44 cm (1).

Este asombroso hallazgo viene a corroborar, una vez más, el hecho de que conocemos muy poco de los habitantes de nuestras aguas profundas, conocimiento que con irritante lentitud vamos completando y ampliando con retazos de aquí y de allá, registros de capturas accidentales, observaciones y programas de muestreo e investigación como el mencionado... que, por cierto, será muy difícil que se repita, a esa profundidad, en el corto, medio y seguramente largo plazo. Nos quedaremos sin saber qué otras joyas de la naturaleza habitan nuestro mar profundo.

Tomado de la página del Vlaams Institut voor de Zee

Descripción: El olayo de Islandia se parece a las pintarrojas. De hecho, hasta hace bien poco se le incluía, a él y a otros Galeus, en su misma familia (Scyliorhinidae). Sin embargo, recientemente se ha concluido, sobre la base de criterios genéticos y morfológicos, en una familia distinta, Pentanchidae. A diferencia de los esciliorrínidos, las especies del género Galeus, entre otros, carecen de cresta supraorbital [véase Claves de los Carcharhiniformes].
Posee un cuerpo cilíndrico y alargado, de piel áspera, con las aletas dorsales en posición muy retrasada, por detrás de las aletas pélvicas, aleta anal muy grande y caudal bastante abatida. Los ojos son grandes y ovalados, con una membrana inferior rudimentaria.
El morro del Galeus murinus es relativamente largo y grueso; la boca es también larga y arqueada, con pliegues labiales moderados y su interior negro debido a la mucosa de que está recubierto. Los ojos se encuentran en posición ligeramente dorsolateral y presentan una carena subocular muy estrecha y bien marcada. La primera aleta dorsal es ligeramente más pequeña que la segunda. Las aletas pélvicas son enormes, altas y redondeadas, y la anal es moderadamente alta y corta. Presenta una fuerte cresta de dentículos dérmicos en el lóbulo y pedúnculo superior caudal y bajo el pedúnculo caudal.
La librea es de un pardo grisáceo (o gris pardusco) uniforme algo más pálido en la zona ventral. Carece de marcas o manchas distintivas.

Dentición: Dientes pluricuspidados muy pequeños, similares en ambas mandíbulas: presentan una cúspide principal alta y una o dos cuspidillas secundarias a cada lado.

Talla: La longitud máxima registrada es de 63 cm correspondientes a un macho adulto, si bien posiblemente la superen (un estudio señala los 85 cm LT). La talla al nacer se desconoce, aunque algunos aventuran los 8-9 cm basándose en el tamaño de las cápsulas-huevo.
Disponemos de muy pocos datos referidos a las tallas de madurez; sólo sabemos que los machos maduran entre 50-63 cm, y las hembras al menos a partir de los 50 cm; si bien el análisis de 101 especímenes capturados por arrastreros franceses ha arrojado la talla de 41,2 cm para las hembras y 41,6 para los machos.

Imagen tomada de (1)
Reproducción: El olayo de Islandia es ovíparo, con una sola cápsula-huevo por oviducto.

Dieta: A base de camarones y otros crustáceos; también pequeños peces y cefalópodos.

Hábitat y distribución: Batidemersal; habita las frías aguas profundas del talud continental atlántico entre los 380 y los 1683 m, en o cerca del fondo.

Basado en Ebert y Stehmann (2013) (2), donde la zona de distribución de la especie aparece significativamente ampliada respecto a los mapas tradicionales, que circunscribían su presencia a Islandia y aguas del norte de Escocia, de ahí el nombre de esta especie.
Atlántico nororiental, desde Islandia, islas Faroe, Hébridas, hasta el Sáhara Occidental todo a lo largo de la fachada atlántica europea: Escocia, Irlanda, Francia, España (costa atlántica y cantábrica: recientemente registrado en el cañón de Avilés) y Portugal.

Pesca y estatus: Se trata de una especie relativamente común que suele formar parte de las capturas accidentales de artes de fondo como el palangre. Aunque es comestible, carece de valor comercial dado su pequeño tamaño y posiblemente también su elevado rango de profundidad, que lo mantiene fuera del alcance de las artes de fondo.
Figura en la Lista Roja de la IUCN con la calificación de Preocupación menor dada su aparente abundancia.


El banco de Galicia con toda probabilidad esconde otros muchos tesoros que no estaría de más conocer, cuando menos, antes de que acabemos con ellos. Estos ecosistemas de aguas profundas son extremadamente frágiles. Las expediciones de 2009 y 2010-11 encontraron especies nunca antes descritas en nuestras aguas... y a saber cuántas van a perderse para siempre sin que hayamos podido siquiera saber que han existido.


*Recientemente, sobre la base de criterios genéticos y morfológicos, se ha resucitado la familia Pentanchidae para distinguir géneros como Galeus y Apristurus, tradicionalmente incluidos dentro de la familia Scyliorhinidae. Aunque poco a poco se está abriendo paso entre la comunidad científica, la tendencia dominante sigue siendo la de incluirlos a todos en la misma familia, Scyliorhinidae [véase Claves de los Carcharhiniformes].


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(1) C. Rodríguez Cabello, A. Serrano, R. Bañón, F. Sánchez y M. Pérez (2012). Deep-water chondrichtyan species caught in the Galicia Bank (NE Atlantic). Póster presentado en el XVII del SIEBM (Simposio Ibérico de Estudios de Biología Marina).
(2) David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. RAO, Roma, p. 206.

viernes, 15 de febrero de 2013

Ataques de tiburón 2012

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en una espectacular foto de Remo Sabatini tomada en Suráfrica.
Mucha gente todavía considera los tiburones como unos bichos sanguinarios siempre dispuestos a triturar bañistas y a multiplicar los beneficios de los fabricantes de prótesis. Contra toda evidencia, la palabra tiburón es sinónimo de amenaza, peligro, vísceras flotando en el azul entre nubes de sangre, y terror.

Número de ataques no provocados: Como todos los años desde hace una década, el ISAF (siglas del International Shark Attack File, 'Archivo Internacional de Ataques de Tiburón') acaba de publicar las cifras de los ataques registrados en todo el mundo durante el 2012. Pues bien, el número total de ataques no provocados fue de... ¡80!, dos más que en el 2011, pero dos menos que en el 2010.

Esto debería hacernos reflexionar: si pensamos en los millones de personas que anualmente abarrotan los miles y miles de kilómetros de playas donde hay tiburones rondando, la cifra, como poco, resulta ridícula —no así, evidentemente, para las víctimas y sus allegados, pero esa es otra cuestión. Son muchas más las víctimas de mordeduras de otros seres humanos o, vicariamente, de sus perros.

Número de muertes por ataques de tiburón: Vayamos un poco más allá: de los 80 ataques no provocados, sólo 7 fueron mortales: 3 en Suráfrica, 2 en Australia, 1 en California y 1 en la isla de Reunión.

¿Por qué, entonces, ese miedo a los tiburones, cuando hay más muertos por ataques de hipopótamo, por picaduras de serpiente, de medusas, o por las coces de bestias tan feroces como las vacas? Pues por lo que dice el refrán: "échate la fama y ponte a dormir". Benchley puso la semilla y Spielberg la hizo florecer, y de qué manera. Gracias a Tiburón y a su soberbia banda sonora, la imagen de este animal ha quedado firmemente grabada en el subconsciente colectivo como símbolo de muerte y destrucción causados por una naturaleza irracional, incomprensible y caprichosa eso que se ha dado en llamar "terror primigenio". Y está siendo muy difícil borrarla.

Distribución de los ataques: 53 en territorio norteamericano (42 en el continente y 11 en Hawai y Puerto Rico), 14 en Australia, 4 en Suráfrica, 3 en Reunión, y un único ataque en las Canarias, Indonesia, Nueva Zelanda, Nigeria, Arabia Saudí y Tonga.

Es significativo que en Galicia, donde no tenemos noticia alguna de ataques a personas, donde ninguna especie peligrosa frecuenta las mismas aguas donde solemos ponernos en remojo cual cachitos de lacón para hacer con grelos, mucha gente que jamás ha salido del lugar sienta auténtico pavor hacia los tiburones la sola palabra "tiburón" les pone a algunos los pelos de punta...  cuando lo verdaderamente peligroso son las fanecas bravas, las corrientes y las enormes familias de cretinos que dejan nuestras playas hechas un estercolero, por ejemplo.

Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) fotografiado en Hawai por William R. Courtsinger.
Es evidente que el problema es básicamente de imagen, de una imagen que nada tiene que ver con la realidad, como acabamos de ver, y que conviene limpiar cuanto antes a fin de que la gente entienda de una vez por todas que los tiburones no son bichos perversos con ganas de matar, sino animales salvajes que además están ahí cumpliendo un papel esencial: controlar la salud y el equilibrio de nuestros océanos, de quienes depende nuestra especie —casi nada, motivo más que suficiente como para que todos deseemos su conservación.

En este sentido, una de las tareas que hay que acometer con urgencia es la redefinición del concepto mismo de "ataque", que tantas veces asociamos de forma absolutamente gratuita a la palabra "tiburón". No todos los "ataques" son ataques en el sentido que solemos darle a esta palabra. El verbo "atacar" tiene un componente moral que en modo alguno se encuentra en el ánimo de un animal salvaje. La propia RAE se hace un pequeño lío cuando para ilustrar su primera acepción, "Acometer, embestir con ánimo de causar daño", se sirve del siguiente ejemplo: Muchos animales atacan solo por hambre. Si uno se para y lo piensa, la contradicción es evidente: o bien "atacan" porque sienten la imperiosa necesidad de mutilar a un señor o de causarle un dolor indescriptible hasta que se muera, o bien, simplemente, porque tienen ganas de comer.

No es este el lugar para ofrecer una descripción de las tipologías de las interacciones hombre-tiburón. Solamente diremos que una aplastante mayoría de los encuentros con tiburones obedecen a situaciones diferentes del ataque. Por citar un par de ejemplos clásicos, tanto en internet como en los medios de comunicación tradicionales solemos encontrarnos con noticias que describen como tal o cual bicho "ha atacado" una embarcación o a un señor que acaba de subirlo a su lancha clavado a un anzuelo. ¿Podemos considerarlos como ataques sin ningún género de dudas? Evidentemente no. El primer caso es el del típico mordisco exploratorio que suele producirse sobre elementos metálicos como las hélices —el campo eléctrico que generan en el agua atrae poderosamente la atención de un animal dotado de potentes sensores eléctricos; el segundo es evidente que se trata de una "defensa", no de un "ataque". Pensadlo un poco. ¿Cómo cambiaría la cosa si en vez de un tiburón el atacante hubiese sido un congrio? Cuántas veces no nos habrán hablado de la dolorosa mordedura que puede causar este bicho si no se anda con cuidado al meterlo en la dorna; pues bien: ¿alguno ha oído la noticia de un mariñeiro "atacado" por un congrio? Yo no.

Los tiburones son bichos sumamente curiosos. Les gusta investigar las cosas raras que se encuentran en el agua, comprobar qué son y si son comestibles: huelen, se acercan, observan, sienten... El problema es que no tienen manos, de modo que el sentido del tacto opera a través de la boca. Es decir, la mayor parte de las veces los tiburones no "atacan", sino que "palpan" para ver qué es eso, a qué sabe, y luego, normalmente, se retiran. Es obvio que el mordisco de un bicho de cierto tamaño puede causarnos algo más que una avería, sobre todo si afecta a un vaso importante o a una zona vital; pero el elevado número de supervivientes demuestra que el animal en ningún momento ha pretendido merendárselos. No parece, por tanto, que debamos considerar esto como "ataques" en toda regla. Habría que buscar otro término para referirnos con más exactitud y menos carga de dramatismo a este tipo de situaciones.

Por otro lado, los tiburones son animales salvajes que, como tales, hay que saber entender y aprender a respetar —dado que se presupone que la parte racional somos nosotros—. Cuando visitamos la sabana a nadie se le ocurre abandonar el grupo y echarse a correr a campo abierto sabiendo que puede haber leones cerca. En la naturaleza, como en todo, hay normas elementales que uno debe observar para evitar ciertos riesgos, para no enfangarse en una situación comprometida. Pues en el mar ocurre exactamente lo mismo.
Y no nos olvidemos de que todo tiburón de metro y medio para arriba puede ser potencialmente peligroso, de la misma forma que cualquier otro animal, salvaje o doméstico, que supere una determinada talla. Conviene actuar con prudencia y, sobre todo, respeto. Prueba a meterle el dedo en un ojo al primer dóberman adulto que te encuentres por la calle, a ver qué pasa; o intenta acorralar a un gato, o acercarte a un nido de gaviota en plena temporada de cría. ¿Hasta qué punto podríamos hablar de ataque en estos casos?

Jaquetón toro (Carcharhinus leucas). Foto de Sam Cahir.
El ISAF es sumamente cuidadoso en todo esto. Por eso estudia cada ataque reportado y sólo recoge aquellos que considera ataques no provocados. Aun así, tal vez convendría ir un poco más allá. Debemos despojar el término ataque de toda connotación moral y tratar de reducir su campo de aplicación a aquellas situaciones donde la finalidad sea inequívocamente trófica, que en el caso de los tiburones suponen una ínfima parte del total: está más que demostrado que el hombre no forma parte de su menú, por muy rellenitos o apetitosos que nos parezcan determinados ejemplares de la especie.

Los tiburones no tienen interés alguno en atacarnos —y mira que motivos no les faltan. Les importamos bastante poco.



>Para analizar este tema en su justa perspectiva, véase: Ataques 2012: En defensa de los tiburones y Matar tiburones para protegernos es absurdo.
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viernes, 8 de febrero de 2013

La osmorregulación en los tiburones

¡¿Osmo quéeeee?!
Osmorregulación.
—¿Y eso qué es? ¿Para qué sirve?
—Entre otras cosas, para poder sobrevivir. A ver si consigo explicarlo.
Cornuda o pez martillo (Sphyrna zygaena). Foto de Doug Perrine.
Vivir permanentemente metidos en el agua no es una cosa tan sencilla como parece: zambullirse, mover las aletas y ya está. Además de respirar o comer sin atragantarse, uno de los problemas no menos importantes que deben solucionar las criaturas acuáticas es el de la osmorregulación o mantenimiento del equilibrio osmótico entre los fluidos que hay a un lado y a otro de sus paredes celulares; es decir, entre el interior de sus células y el entorno marino en el que están sumergidas.
—Ósmorregulación... equilibrio osmótico... Qué mareo.
Momento
Los iones y moléculas contenidas en una solución tienden naturalmente a desplazarse desde las zonas donde su concentración es mayor hacia las zonas donde es menor, dispersándose hasta quedar distribuidas de forma homogénea y equilibrada. Este proceso natural se conoce como difusión.
     ¿Cómo puede afectar la difusión a las criaturas marinas? Pues evidente: si una célula sumergida en el océano no está convenientemente protegida, las moléculas vitales que contiene (aminoácidos, nutrientes, ATP) se difundirán hacia el exterior dado que en el ambiente marino su concentración es menor que dentro de la célula, y morirá. Para evitarlo, lo que ha hecho es construir un dique de contención, una barrera a modo de armadura: la membrana celular.
     Pero ocurre que la célula no puede sobrevivir totalmente aislada; necesita intercambiar diversos materiales con el exterior, como oxígeno, dióxido de carbono, etc. Por eso la membrana celular no es impermeable al ciento por ciento, sino que tiene lo que se conoce como permeabilidad selectiva; es decir: impide el paso de moléculas vitales como las proteínas, el ATP, etc., pero a la vez permite la entrada y salida de otras más pequeñas... entre ellas, el agua. Y es aquí donde, al fin, nos encontramos con el problema de la ósmosis y de la osmorregulación.
—Loado sea el Señor. ¿Entonces me puedo ir ya?
—De ninguna manera. Ahora te esperas a que acabe.
El agua es también una molécula, y por tanto está también sometida a las leyes de la difusión. O sea, que se difundirá desde la zona donde su concentración es mayor hacia la zona donde sea menor. Es lo que llamamos ósmosis: la difusión de agua a través de una membrana permeable.

En un ambiente hipertónico el agua se difunde hacia el exterior de la célula (en este caso un glóbulo rojo); en un ambiente hipotónico ocurre lo contrario: el agua entra en la célula pudiendo incluso llegar a reventarla; y en un ambiente isotónico es donde se produce un intercambio equilibrado. (Gráfico: Wikipedia)
El que el agua entre o salga de una célula depende de las concentraciones relativas de materiales disueltos dentro y fuera de ella. Así, una célula sumergida en una solución salada como el agua de mar se dice que se encuentra en un ambiente hipertónico: la concentración de solutos es más elevada en el exterior que en su interior, lo cual implica que la concentración de moléculas de agua es más baja fuera que dentro y, en consecuencia, el agua se difunde hacia fuera; la célula pierde agua, se deshidrata y muere.

Para evitar la deshidratación por ósmosis los peces deben osmorregular; es decir, dicho de una forma simple, equilibrar su medio interno con el externo mediante el control de sus concentraciones de solutos. Los peces óseos lo consiguen bebiendo grandes cantidades de agua de mar y excretando el exceso de sales a través de los riñones y de unas células especializadas de las branquias, las células secretoras de sales.

Glándula rectal de una tintorera (Foto: Toño Maño)
Los tiburones, en cambio, utilizan una estrategia bien distinta: proporcionan a
sus tejidos y fluidos corporales la misma o incluso superior concentración de sales o moléculas disueltas que el agua circundante. ¿Cómo lo consiguen? Pues reteniendo en sangre grandes cantidades de metabolitos nitrogenados, especialmente urea¹, secretados por los riñones² y óxido de trimetilamina. El exceso de sales se elimina a través de las branquias, como los peces óseos, los riñones y una glándula especializada situada cerca de la cloaca, la glándula rectal.

Pero esto no quiere decir que los tiburones sólo estén adaptados para la vida en un ambiente salino. Al contrario, su sistema osmorregulador es tan extraordinariamente versátil que permite que al menos algunas especies puedan visitar y permanecer en los estuarios de los ríos sin sufrir trastorno alguno. Pensemos que en estos lugares la salinidad del agua cambia constantemente al mezclarse el agua del mar con el agua dulce. Sin duda el caso más espectacular nos lo ofrece el impresionante jaquetón toro (Carcharhinus leucas), propietario de una de las mandíbulas más poderosas de todos los tiburones. Este bicho soporta perfectamente el agua salobre y dulce gracias a un sistema que le permite rebajar la concentración de urea para contener la difusión de agua hacia el interior de su cuerpo³: cambian la función renal para excretar grandes cantidades de urea con orina muy diluida e invierten la dirección del movimiento de sales en la zona branquial: en lugar de excretarlas, las absorben del agua circundante.

Jaquetón toro o tiburón sarda (Carcharhinus leucas) en una preciosa foto de Enrique Redondo.
El jaquetón toro habita en ríos y lagos de agua dulce... ¡incluso en la laguna de un campo de golf! Es el responsable de unos cuantos ataques en ríos a varios cientos de kilómetros de su desembocadura —de hecho, se le ha llegado a encontrar hasta a 3700 km río arriba—. 
—Hala, ahora ya te puedes ir.

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¹Las elevada concentración de urea es la razón por la que la carne de determinadas especies como el tiburón boreal (Somniosus microcephalus) tengan un característico olor a baño público sin limpiar...
²Los riñones son los encargados de controlar las concentraciones de urea en la sangre. Filtran las sales minerales y productos de deshecho que transporta la sangre y producen la orina, que es expulsada al exterior a través de los uréteres, que desembocan en la cloaca.
Los riñones son dos órganos alargados y delgados situados fuera de la cavidad general, adosados a la pared dorsal. (Foto: PC-Maricopa).
³Al encontrarse en un ambiente hipotónico —mayor concentración de solutos dentro que fuera del cuerpo y por lo tanto menor concentración de agua en el interior que en el exterior— el agua tendería a difundirse hacia el interior de las células, corriendo el riesgo de hincharse y reventar.
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lunes, 28 de enero de 2013

El ataque del tiburón cigarro

El interés y curiosidad que ha despertado el pequeño tiburón cigarro (Isistius brasiliensis) entre muchos lectores al conocer por un post anterior que tiene los bemoles suficientes como para atreverse con el mismísimo rey, el tiburón blanco, me ha llevado a rescatar y actualizar este artículo que publiqué en el blog de AXENA hace unos meses dando cuenta del primer ataque registrado a un ser humano. 

Foto: Joshua Lambus
Marzo de 2009. El pez se movía silenciosamente a través de las aguas nocturnas, propulsado por los rítmicos movimientos de su cola. Apenas si se notaba algún otro movimiento: alguna que otra corrección en su trayectoria aparentemente sin rumbo… y... casi mejor dejamos a Peter Benchley y su ficción a un lado y nos atenemos a los hechos. En realidad, el pez sí tenía un rumbo: como todas las noches, se dirigía hacia la superficie procedente de la oscuridad perpetua de las aguas profundas, tal vez guiado por la apagada penumbra de la noche de Hawái punteada de estrellas, cuando percibió un extraño sonido de baja frecuencia y, a los pocos segundos, los sensores de su línea lateral empezaron a detectar bruscas alteraciones en las ondas de presión, leves al principio, pero cada vez más potentes. Probablemente correspondían a un animal grande. Una presa. Pero había algo más: todas las señales apuntaban a que iba acompañada de un buen número de pequeñas criaturas que, como mal menor, podían servir como pincho. No podía pedir más. Tenía hambre y hacia allá se fue, como un rayo, seguido de un buen grupo de congéneres.

Por su parte, la presa, que respondía al sugerente nombre de Mike Spalding, llevaba casi cuatro horas y media en el agua, en la apagada penumbra de la noche y bla, bla, bla. Ya llevaba recorridas 11 de las 30 millas del canal de Alenuihaha, que separa Hawái, la “Gran Isla”, de Maui, y que, nadie sabe por qué, se había propuesto cruzar a nado. Iba escoltado por una lancha y un vecino en kayak, ambos con los focos encendidos, circunstancia que había atraído a un sinfín de calamares, que atravesaban como dardos blancos el círculo de luz sobre el agua. Era divertido, si bien un punto inquietante… y peligroso. 
     Y entonces sintió un repentino y agudísimo dolor en la zona del esternón. Se llevó la mano al pecho y comprobó que algo le había causado una herida que no parecía muy profunda, pero que sangraba bastante. La decisión era evidente: había que abortar la operación y dirigirse hacia el kayak, que estaba a menos de dos metros. En ese momento se produjo un segundo y devastador ataque, esta vez sobre su pantorrilla izquierda. El agua comenzó a templarse con la sangre que manaba de la herida. Mike se asustó de verdad y empezó a gritar, también de dolor. El kayak se llenó de sangre a los pocos minutos de subirse a él. De ahí lo pasaron a la lancha, donde le pusieron antibiótico y con una toalla trataron de contener la hemorragia.

En el hospital comprobaron que presentaba una herida circular de unos 7,5 cm de diámetro y 2,5 cm de profundidad. El culpable se había puesto en evidencia. Sólo un animal es capaz de provocar heridas de esa naturaleza: el tiburón cigarro, conocido en inglés, precisamente, con el nombre de cookiecutter (‘corta galletas’), posiblemente un Isistius brasiliensis.

Los tiburones cigarro tienen una doble estrategia alimentaria: actúan como depredadores y también como ectoparásitos. Por un lado, son voraces consumidores de pequeños peces, crustáceos y cefalópodos; por otro, son capaces de fijarse a la piel de grandes vertebrados marinos (espadas, túnidos, cetáceos, etc.) para arrancar grandes trozos de su carne. Para ello cuentan con un impresionante instrumental: gruesos labios succionadores, una faringe modificada y una dentadura que quita el hipo: dientes superiores pequeños y puntiagudos, en forma de gancho, que sirven para anclarse a la víctima y para pinchar las “galletas” de carne una vez cortadas y arrancadas; dientes inferiores muy grandes y afilados como cuchillas, de cúspide triangular e imbricados en una única fila funcional, como la hoja de un serrucho: son los que se utilizan para cortar.

Herida en un delfín.
Y la técnica es asombrosa: primero seleccionan un objetivo, una presa idónea, a la que pueden atraer poniéndose ellos mismos como señuelos mediante sus potentes orgánulos bioluminiscentes (se dice que los Isistius son de los más bioluminiscentes de todos los tiburones; de ahí que su nombre genérico procede de Isis, la diosa egipcia de la luz). Cuando la tienen a la distancia adecuada, se lanzan como flechas y se fijan a ella con la boca: los labios se pegan firmemente a la piel con la ayuda de los dientes superiores y la acción conjunta de la lengua y la faringe, que producen un movimiento de succión mediante la creación de vacío. A continuación, el tiburón se retuerce y gira sobre si mismo; y, como un compás trazando un círculo, los dientes inferiores cortan y arrancan un buen trozo de carne dejando una característica herida, profunda y dolorosísima, en forma de cráter (1). La voracidad de estos animales les ha llevado a atacar cables submarinos y las cubiertas de goma de los sónares de submarinos nucleares.

Foto: Australian Museum
Hasta ahora se han descrito dos especies del género Isistius: el pitillo o tiburón cigarro (Isistius brasiliensis) y el tiburón cigarro dentudo (Isistius plutodus) (2). Pertenecen al orden de los Squaliformes (tiburones sin aleta anal, entre otras características), familia Dalatiidae. Afortunadamente son peces que no suelen llegar a los 50 cm de longitud total. Y digo afortunadamente porque a su enorme voracidad hay que unir el hecho de que son de los tiburones que poseen los dientes más grandes en relación con el cuerpo (de los dos, ya os imagináis que el campeón absoluto sería el Isistius plutodus). Sus cuerpos son cilíndricos y alargados como un gran puro habano, con aletas muy pequeñas. Tienen un morro corto y bulboso, con las narinas adelantadas, ojos grandes y labios también grandes y carnosos. Las aletas dorsales carecen de espinas y están muy retrasadas, y las pectorales son cuadrangulares. De color son también parecidos: color gris oscuro o terroso, con una banda gular más oscura en el I. brasiliensis.

Se sabe muy poco de los hábitos y biología de estos tiburones, excepto en el caso del I. brasiliensis. Una costumbre insólita de este tiburón es que se traga y digiere sus propios dientes inferiores de sustitución (que se caen y se reponen en bloque, no individualmente como en el resto de especies), se cree que con el objetivo de mantener los niveles de calcio de su cuerpo a un nivel óptimo. En general, habitan las aguas cálidas de todo el mundo y son de hábitos epipelágicos o batipelágicos, entre los 85 y los 3000 m (I. brasiliensis). Probablemente son vivíparos aplacentarios (ovovivíparos), con camadas de entre 6 y 8 crías (de nuevo, en el I. brasiliensis).

Isistius brasiliensis. Foto: J. E. Randall (tomada de FishBase)
Viven agrupados en bancos y realizan fuertes migraciones verticales: durante el día permanecen en el fondo y por la noche suben a la superficie siguiendo el movimiento de sus presas naturales, entre las que casi seguro no figuraba Mike Spalding, pero ya que estaba allí, pues fue etiquetado como comida. Y uno no puede dejar de sonreírse al leer lo que escribía Compagno allá en 1984, en el volumen 1 del catálogo de tiburones de la FAO, Sharks of the World: “the chances of it attacking a swimmer or diver are remote though possible” (‘las probabilidades de que ataque a un nadador o a un buceador son remotas aunque factibles’). 
    ¿Qué pudo haber ocurrido? La respuesta es elemental: básicamente, este señor, Mike Spalding, se metió en el lugar equivocado a la hora equivocada. Los tiburones son mucho más activos por la noche, es su momento de caza... Y llevar encendidos los focos de las embarcaciones no fue una idea brillante (y perdón por el chiste fácil): la luz atrajo a multitud de presas, como los calamares, las cuales a su vez atrajeron a sus depredadores, los Isistius.

¿Qué pintaba este señor nadando en solitario en plena noche en aguas de Hawái en vez de estar sentado en su saloncito viendo la tele en pijama y pantuflas, pongamos por caso? Da igual. Lo cierto es que tuvo mucha suerte, porque si en lugar de un cigarro llega a encontrarse con un tiburón tigre de 4 metros habría acabado convertido en una bandejita de carne picada. Qué poca cabeza. En cualquier caso, Mike Spalding tiene el honor de haberse convertido en la primera víctima conocida de ataque de tiburón cigarro (en realidad deberíamos decir “tiburones cigarro”, en plural, pues lo más probable es que los dos ataques fuesen realizados por individuos distintos). Existe otro caso anterior, de julio de 1992 sobre un pescador, pero la autopsia demostró que las mordeduras se habían producido post mortem; el pobre hombre había muerto ahogado.

Isistius plutodus (Foto: Carl Bento, Australian Museum)
Una pena que no tengamos de estos bichos por aquí, en Galicia, ¿verdad?

[ACTUALIZACIÓN A 25 DE ABRIL DE 2019] Acabamos de conocer tres casos más de mordeduras de tiburón cigarro en circunstancias similares: Hawái por la noche. El pasado 6 de abril un nadador de larga distancia, Isaiah Mojica, cuando intentaba cruzar a nado las 26 millas del canal de Kaiwi, entre las islas de Molokai y Oahu: cerca de la 1 de la madrugada sobre el punto de mayor profundidad, un pez grisáceo de unos 30 cm le causó una profunda mordedura en el hombro.. y eso que llevaba un escudo antitiburones (de estos que emiten una señal electromagnética que los aparta... parece que solo funcionan con bichos grandes). Unos días antes, otro nadador, Eric Schall, haciendo lo mismo en la misma zona, recibió una profunda mordedura por un pez que él mismo pudo arrancar de su vientre: herida de 10 cm de diámetro y 2,5 cm de profundidad. Ambos volverán a intentarlo.
     Posiblemente el caso más extraño de todos ocurrió a finales de octubre de 2017 en el norte de Queensland, Australia, cuando a un niño de 7 años sufrió una fuerte mordedura de Isistius mientras hacía snorkel con su familia. El "cráter" de su pierna tenía 73 mm de diámetro y casi dejaba expuesto el hueso. El que una especie de profundidad se adentre en aguas someras hace pensar que tenía algún tipo de problema. En cualquier caso, por fortuna, el chaval se recuperó bien.

Foto: abc.net.au
⏩ El pequeño Isistius se atreve también con el mismísimo rey del océano, el tiburón blanco. Podéis verlo aquí: Cuando el pez chico ataca al pez grande.

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(1) En el blog Ecología Azul podéis encontrar unas interesantes fotografías hechas por Gonzalo Mucientes de heridas causadas por el tiburón cigarro en espadas y marrajos del Pacífico sur.
(2) Hasta hace relativamente poco se había descrito otra especie, el Isistius labialis, pero actualmente se considera sinónimo de I. brasiliensis.

jueves, 24 de enero de 2013

Cailón (Lamna nasus) - Segunda parte

Foto: ALAMY
El cailón es un potente nadador que suele emprender migraciones que superan los 2000 km, muchas veces siguiendo el borde de la plataforma continental. Ejemplares marcados en las costas inglesas han aparecido en España (1), Noruega o Dinamarca. Un ejemplar incluso ha llegado a cruzar al otro lado del Atlántico, si bien todo parece indicar que las poblaciones de un lado y del otro conforman dos grupos distintos.
Parece haber ciertos patrones migratorios que con toda probabilidad serán confirmados a medida que nos vayan llegando más datos de los diversos estudios de seguimiento.
Puede verse en solitario o formando agrupamientos donde existe segregación por tamaño y sexo, al menos en el Atlántico nororiental, lo cual contribuye a su vulnerabilidad: de un lance un palangrero puede eliminar toda una población y, sobre todo, sus perspectivas de recuperación para muchos años.

Hábitat y distribución: El Lamna nasus es un tiburón pelágico, epipelágico y litoral de aguas costeras y oceánicas frías a templadas, entre 1 y 18ºC. Aunque prefiere las temperaturas por debajo de los 18º (entre 5-10º en el Atlántico occidental), existe un registro en una zona a 23ºC. Es una de las especies más tolerantes a las bajas temperaturas. Recordemos que es una especie de sangre caliente (2).
Es más abundante en las aguas ricas de la plataforma continental. Su rango batimétrico se sitúa entre 0 y, al menos, los 700 m, aunque con preferencia entre 0-370 m. En verano suelen permanecer cerca de la superficie y aproximarse mucho a la costa. En cambio, en invierno se alejan hacia aguas más profundas.

En Galicia, como en el resto de Europa, era una especie bastante común que llegaba a adentrarse en las rías siguiendo los bancos de sus presas favoritas.
Son bos nadadores que a miúdo perseguen os bancos de sardiñas e xardas adentrándose no verán no interior das rías. [...] É abundante no litoral galego onde se pesca con palangre na época estival. Nas lonxas vense moitas veces. (3)
Como veremos a continuación, esto se acabó.

Fuente: FishBase
Se encuentra todo a lo largo del Atlántico Norte, desde la costa este de los EEUU (desde Maine hasta Carolina del Sur) y Canadá hasta las costas occidentales de Europa, desde Islandia y Noruega hasta Mauritania y Senegal, pasando por Groenlandia, parte occidental del mar de Barents, Madeira, Azores, etc. Presente también en el Mediterráneo, aunque no en el mar Negro.
En el Hemisferio Sur, su zona de distribución abarca la franja de aguas templadas a frías que rodea la totalidad de la circunferencia terrestre en esas altas latitudes: Atlántico sur, Índico sur, Pacífico sur e, incluso, Antártico: Suráfrica, sur de Australia, Nueva Zelanda, Chile, costa oriental suramericana desde el sur de Brasil y Uruguay hasta el sur de Argentina.

Pesca en Noruega hacia 1970. Tomada de la excelente página www.fiskeri.no
Pesca: Para su desgracia, el cailón es una especie que ha sido objeto de una intensa actividad pesquera debido a la excelencia de su carne y también, como no, a sus aletas y al aceite de su hígado. Y como ocurre con las especies con una tasa reproductiva tan baja, la evolución de su pesquería ha seguido el patrón conocido de un pico en las capturas seguido de una caída espectacular —recordemos el caso, ya analizado aquí (4), del peregrino (Cetorhinus maximus). El siguiente gráfico habla por sí solo:

Capturas de Lamna nasus por la flota noruega durante el periodo 1925-1995 (fiskeri.no)
Las poblaciones se desploman haciendo insostenible cualquier pesquería. De la potente flota noruega que a mediados del siglo XX tenía como objetivo el cailón, en 2006 sólo quedaba un buque que ocasionalmente largaba el aparejo en el Mar del Norte.
La pesquería en el Atlántico nororiental la iniciaron los palangreros noruegos en las ricas aguas del mar del Norte hacia 1930, seguidos de los Daneses. Tras el gran colapso de los stocks a finales de los 60, ambas flotas se trasladaron al otro lado del Atlántico para seguir con su faena, no hace falta decir que con el mismo resultado. Fue en estas fechas cuando los españoles y los franceses empezaron a pescar cailón en las costas británicas, en esta parte del Atlántico, el golfo de Vizcaya y, en menor medida, el Mediterráneo... hasta que la vaca dejó de dar leche, o daba tan poquita cosa que no valía la pena ni agarrar el cubo. Las poblaciones se han derrumbado.

Estatus: A nivel global, con las excepciones que veremos, el cailón figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Vulnerable. Se ha constatado una disminución de las poblaciones que requiere la adopción de una serie de medidas de protección y mejora de la gestión, etc. Las poblaciones del Atlántico noroccidental han recibido la calificación de En peligro por la IUCN. Sin embargo, dado que parecen haber sido gestionadas con cierto rigor y seriedad dando lugar a una cierta recuperación, las autoridades competentes, Canadienses y Norteamericanas, particularmente las primeras, han autorizado la pesca comercial, si bien bajo un estricto control de licencias y cuotas.

La situación del Atlántico nororiental, el de esta parte de acá, el nuestro, es bien distinta. Aquí ni las autoridades nacionales ni las europeas han adoptado medida alguna que pusiese algún límite a las atrocidades cometidas por nuestra flota —española y europea, se entiende. Como es habitual, los políticos correspondientes desestimaron las propuestas de la comunidad científica y autorizaron cuotas mucho más elevadas de lo que las menguadas poblaciones de Lamna podían soportar. Para que os hagáis una idea, llegó un momento en que el tonelaje de desembarcos estaba muy por debajo del autorizado en las cuotas. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir, que acabaron con todo.
Las poblaciones de Lamna nasus del Atlántico nororiental —también del Mediterráneo, donde está al borde de la extinción— figuran en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de En peligro crítico.
Desde el 2008 figura en el Apéndice II de la CMS, y desde el 2013 en el Apéndice II del CITES (5).
 
Aunque su captura está estrictamente prohibida, los cailones siguen pescándose de forma accidental, y siguen comercializándose sin pasar por lonja, como esta hembra capturada hace muy pocos meses y fotografiada en un almacén. No figurará en ningún tipo de registro, ni ella ni decenas de congéneres. (Foto: Toño Maño).
Hasta el año 2008, la pesquería del cailón no estaba regulada. Una vez las autoridades y los pescadores fueron conscientes —no sin los habituales reparos— de la situación crítica de los stocks, desde el 2010 su captura está terminantemente prohibida, y desde el 2012 también en el Mediterráneo por el Convenio de Barcelona.

Los cailones continúan cayendo en los aparejos, es cierto que de forma accidental. Todos los meses caen unos cuantos, que acaban comercializándose de manera ilegal, sin pasar por lonja, sin que figuren en ningún registro. De modo se hace imposible establecer un número, siquiera aproximado, de los ejemplares muertos cada año que permita evaluar la evolución de las poblaciones. Y para empeorar la cosa, no son infrecuentes los errores de identificación: marrajo (Isurus oxyrinchus) y cailón (Lamna nasus) suelen confundirse, consciente o inconscientemente, premeditadamente o no, y se meten en el mismo cajón: "son marrajos", te dicen.

Recordemos, una vez más, que el océano y todas las criaturas que hay en él (excepto los bidones radiactivos, que el que los tiró debería llevárselos) son nuestras, patrimonio de todos los ciudadanos, no de unos pocos. Y nadie debería arrogarse el derecho de lucrarse a costa de privarnos de su disfrute.

Queremos que el Lamna nasus vuelva a nuestras rías persiguiendo su comida. Tenemos derecho a ello. Y por si a alguno le entran dudas, que sepan que no es una especie agresiva hacia el ser humano, no hay constancia de ataque alguno a una persona. Pueden quedarse tranquilos.
El cailón es nuestro tiburón blanco.


>>Ir a la PRIMERA PARTE

[Para más información sobre el comportamiento de los cailones, ver Los juegos de los jóvenes cailones (Lamna nasus).]

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(1) Hace pocos días, Ellie, una hembra marcada al norte de Irlanda con una PAT llegó hasta la altura de Lisboa desde donde ha emprendido el viaje de regreso, pasando por delante de nuestras costas a través de nuestra cuenca interior pegadita al Banco de Galicia. En el mapa podéis observar la última posición conocida:

Fuente: Save our seas.
(2) Para refrescar la memoria tal vez os sea útil echar un vistazo a El sistema circulatorio de los tiburones.
(3) Manuel Rodríguez Solórzano, Sergio Devesa e Lidia Soutullo. Guía dos peixes de Galicia. Vigo: Galaxia, 1983, p. 33. 
(4) Ver: Peregrino (Cetorhinus maximus) - Segunda parte, La caza del tiburón peregrino, y La pesquería del peregrino en Galicia.
(5) Ver: Resultados CITES 2013.
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lunes, 21 de enero de 2013

Peregrinaciones del (tiburón) peregrino

Foto: Alexander Mustard (www.amustard.com)

Actualizamos información sobre el Cetorhinus maximus.

Acabamos de conocer un dato de extraordinaria importancia sobre los movimientos de los peregrinos de este lado del Atlántico: un ejemplar marcado en las costas de Donegal, Irlanda, acaba de soltar su marca archivadora ¡en Marruecos!, al norte de las Canarias, a más de 2000 km de distancia.

Esto va ayudarnos a esclarecer cómo es el ciclo vital de estos animales, qué hacen durante los meses invernales cuando, como por arte de magia, desaparecen de la costa. Hasta hace relativamente poco tiempo se creía que se dirigían hacia aguas profundas donde se reproducirían y, quizá, entrarían en una especie de estado de semihibernación dado que, entre otras cosas, en esta época del año pierden las branquispinas (1) que utilizan para filtrar la sopa de plancton, según algunas teorías, para adaptarse a otro tipo de dieta propia del fondo. Pero a medida que se iban recibiendo datos de diversos estudios y programas de marcado se descubrió que, bien al contrario, los peregrinos desarrollaban una gran actividad, realizando constantes migraciones verticales y horizontales un ejemplar incluso llegó a atravesar el Atlántico, como ya comentamos aquí en su día.
Imagen tomada de www.baskingshark.ie

Lo que acabamos de conocer viene a corroborar lo segundo y a demostrar que, al igual que muchos peregrinos del otro lado del Atlántico —en la costa norte de Brasil aparecieron etiquetas de ejemplares marcados en Massachusetts—, los nuestros también se dirigen hacia el sur para pasar el invierno, al menos una parte de ellos.

Lo curioso es que ya en 2001 un trabajo publicado por tres científicos gallegos (2) venía a postular algo parecido: que era probable estos tiburones realizasen migraciones anuales hacia el norte. La estacionalidad de los registros de capturas accidentales, varamientos y avistamientos de Cetorhinus en Galicia comparados con datos similares del Cantábrico y de las Islas Británicas así parecía indicarlo: aquí la gran mayoría el 73,7% se produjeron entre los meses de febrero, marzo y abril; en el Golfo de Vizcaya, en mayo y junio; y en las Islas el boom comenzaba precisamente a finales de la primavera (3). Según comenta la propia CEMMA a la que pertenece uno de los autores en su página de Facebook, parece que esta teoría fue acogida con cierto escepticismo por la comunidad científica. En fin, nunca es tarde si la dicha es buena.

En cualquier caso hacen falta muchos más datos para concretar estas y otras cuestiones sobre el comportamiento migratorio del peregrino. Por ejemplo, uno de los tiburones marcados no fue hacia el sur, sino hacia el norte, permaneciendo relativamente cerca de las costas británicas. Son animales bien grandotes, que difícilmente pasan desapercibidos, pero siguen mostrándose misteriosos y esquivos.

Todo lo anterior demuestra que para la conservación de este magnífico tiburón, tan gravemente amenazado, no son suficientes los esfuerzos y leyes a nivel local. Hace falta una firme compromiso de colaboración por parte de la comunidad internacional. Sin eso, no hay nada que hacer.

En 2007 en la dársena de Foz (Foto: La Voz de Galicia)

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(1) Ver la primera parte del post que le dedicamos a este tiburón en mayo pasado.
(2) Julio Valeiras, Alfredo López & Manuel García (2001). "Geographical, seasonal occurrence and incidental fishing captures of basking shark Cetorhinus maximus (Chondricthyes: Cetorhinidae)". Journal of the Marine Biological Association of the UK, 80, 3712/1-3.
(3) Como vimos en el post dedicado a su pesquería en Galicia, algunos peregrinos llegaban a Porto de Bares incluso un poco antes, desde finales de Diciembre.

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viernes, 18 de enero de 2013

Cuando el pez chico ataca al pez grande


Aunque ocurrió muy lejos de Galicia, en Guadalupe, una isla del Pacífico mexicano situada a unos 240 km de Baja California, y aunque de las dos especies implicadas una no se encuentra en nuestras aguas y la presencia de la otra es dudosa, la anécdota es lo suficientemente sorprendente y simpática como para dejarla pasar así como así, con apenas una fugaz noticia en nuestras páginas del Facebook y G+.

¿Que qué ocurrió? Pues que el pez chico se decidió a atacar al pez grande. Y no a un pez cualquiera.

Los protagonistas son un macho subadulto de tiburón blanco de unos 3 m de longitud y el cigarro, probablemente el famoso Isistius brasiliensis, un tiburón sumamente voraz y con la mala leche que tan bien refleja su cara. El primero es un súper depredador que puede sobrepasar los 6 m de longitud; el segundo, un canijo que no mide más de medio metro. Como si un pequinés se lanzase al cuello de un rottweiler.

Cigarro (Isistius brasiliensis)
Acaba de publicarse un trabajo en el que se informa del primer ataque conocido de un Isistius a un tiburón blanco (1). El descubrimiento se produjo por casualidad, cuando los autores descubrieron en unas imágenes de uno de los tiburones que estaban estudiando, tomadas el 25 de agosto de 2010, las marcas inconfundibles de la mordedura de un tiburón cigarro: un agujero perfectamente circular y una cicatriz en forma de media luna un ataque fallido—.

El tiburón cigarro es un depredador sumamente activo y voraz su voracidad le ha llevado a "atacar" tanto a los cables submarinos como las cubiertas de goma del sónar de submarinos nucleares. Se alimenta de pequeños peces y calamares, pero su especialidad son las presas gigantes, sobre las que se abalanza para arrancarles trozos de carne, convirtiéndose de este modo, funcionalmente, en ectoparásitos una suerte de piojos carnívoros, para entendernos. La técnica que emplean es también única: seleccionan un objetivo, una presa idónea a la que atraen poniéndose ellos mismos de señuelo mediante sus potentes órganos bioluminiscentes (2);
cuando la víctima se le pone a tiro, el cigarro se lanza como una flecha y se fija a ella con la boca. Los labios, grandes y carnosos, se pegan a la piel como una ventosa, ayudándose de los dientes y de la acción combinada de la lengua y la faringe, que producen un movimiento de succión creando vacío; entonces el cigarro se retuerce y gira sobre sí mismo, de tal manera que, como un compás trazando un círculo, los dientes inferiores cortan y arrancar un buen trozo de carne dejando la característica herida redonday dolorosísima en forma de cráter. En inglés se le conoce, con toda justicia, como cookiecutter shark, 'tiburón corta galletas'.(3)

¿Cómo se produjo el ataque? El trabajo maneja dos hipótesis. La primera es que el tiburón blanco hubiese caído en la trampa del cigarro y se hubiese sumergido para pegarle un muerdo a lo que pensaba que era un calamar, pongamos por caso. Eso explicaría que las heridas se encuentren en la zona próxima a la boca. Además, habían visto que por la noche el tiburón se sumergía hacia más allá de los 50 m, entrando así en el "campo de tiro" del Isistius, que a esas horas suele ascender de las profundidades en pos de sus presas.
La otra posibilidad es que fuese atacado cerca de la superficie, en un despiste o mientras se alimentaba de otra cosa.


El cigarro es el tiburón con los dientes más grandes en relación con el tamaño corporal, particularmente el tiburón cigarro dentudo, Isistius plutodus, una especie, por cierto, recientemente registrada en las Azores.

Uno no puede evitar pensar qué pasaría si en nuestra sociedad en crisis los peces pequeños nos decidiésemos al fin a atacar a los grandes. Al fin y al cabo, también tenemos dientes.

En fin.

PS: Aquí encontraréis un artículo que habla del Isistius y describe un ataque a un ser humano. Echadle un vistazo.
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(1) Hoyos-Padilla, M, Papastamatiou, Y. P., O'Sullivan, & Lowe, C. G. (2013). "Observation of an Attack by a Cookiecutter Shark (Isistius brasiliensis) on a White Shark (Carcharodon Carcharias)". Pacific Science, 67 (1): 129-134.
http://pacificscience.files.wordpress.com/2012/08/pac-sci-early-view-67-1-10.pdf
Las dos imágenes del tiburón blanco proceden del trabajo, no así las de los Isistius.
(2) Se dice que estos tiburones son los más bioluminiscentes de todos, por eso su nombre genérico, Isistius, procede de Isis, la diosa egipcia de la luz.
(3) Aquí tenéis una de esas "galletas" encontrada en el estómago de un I. brasiliensis (las fotos son de Michael Miller y están tomadas de la página del Australian Museum):





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