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miércoles, 24 de octubre de 2012

Visera (Deania calcea)

Foto: Toño Maño

Visera

Deania calcea (Lowe, 1839)

(es. Visera, sapata, tollo pajarito; gal. Paxariño, pico pato, viseira; in. Birdbeak Dogfish; port. Sapata, pala.)

Orden: Squaliformes
Familia: Centrophoridae

Existen muchos motivos por los que los tiburones han logrado despertar en nosotros una fascinación tan profunda. De todos ellos, el más importante tiene que ver con el misterio. El misterio es algo así como una oquedad, un espacio vacío que llenamos con nuestros deseos y temores, con nuestras afinidades y antipatías, y sobre todo con nuestra imaginación. Por eso es en la infancia cuando surgen y prenden nuestros afectos más preciados. Aquello que nos deslumbró cuando niños de algún modo seguirá acompañándonos a lo largo de nuestra vida, poderosamente gravado en algún rincón de la memoria. A Borges le dio por los tigres; a otros, por los leones; y tal vez haya habido alguno al que le haya dado por las lombrices intestinales, que de todo hay en la viña del Señor. Lo nuestro (es evidente) son los tiburones.
Ahora que somos mayores y teóricamente más racionales, la fascinación del misterio ha sido sustituida por la del conocimiento. O más bien por la del desconocimiento. Los tiburones nos fascinan tanto por lo que ya se conoce de ellos como por lo mucho que todavía queda por conocer, lo que, en el caso de las especies de aguas profundas, es casi todo. La mayor parte de lo que sabemos de ellas no procede de la observación directa en su medio natural, como es lógico (pocas veces se les ha podido filmar y fotografiar en su hábitat), sino que es el resultado de necropsias, de conjeturas realizadas a partir del examen de individuos aislados o estudios comparativos, de registros de capturas no siempre fiables, etc. En cierto modo siguen siendo seres misteriosos, y por ello me atraen cada vez más.
Así pues, cuando aquella noche de hace pocos años mi amigo Juan, excelente pescador y buen amigo (¿o era al revés?), patrón de una pequeña gran embarcación de bajura, el Nuevo Sin Par, de Castiñeiras, me llamó para decirme que tenía algo para mi que seguro me iba a gustar, que me lo dejaba en una bolsa delante del puente para que lo pasara a recoger cuando pudiese, que lo había pescado en el cantil... y que era un pico pato... pues casi me da un ataque. Dejé cuanto tenía entre manos, me subí al coche y salí como una centella para el muelle.

Se trataba, efectivamente, de una preciosa hembra de casi un metro (95 cm). Me quedé observándola un rato sobre la cubierta del Nuevo Sin Par bajo la luz de las farolas del muelle, y me la llevé a casa. Pasó la noche metida en la nevera, al lado de un pollo decapitado, que, como también estaba muerto, pues no hubo lugar a mucha conversación. Por la mañana le haría una sesión de fotos. 

Descripción: Como acabamos de ver, las viseras o sapatas, son inconfundibles debido a ese fantástico morro largo y espatulado, repleto de sensores eléctricos. Otra cosa, bastante más complicada, es distinguir unas viseras de otras, porque en aguas de Galicia contamos con tres de las cuatro especies que conforman este género Deania: D. calcea, D. profundorum y D. hystricosa. Pero ya nos ocuparemos de todo ello en su momento.
La boca de nuestra D. calcea es arqueada y tiene unos pliegues labiales grandes; las narinas son transversas y están en posición ventral.


Las dos aletas dorsales están dotadas de fuertes espinas acanaladas. La primera dorsal es baja y alargada, y su espina es corta y robusta; la segunda dorsal es más estrecha y alta, y su espina, larga y curvada. Las aletas pectorales son pequeñas, de forma trapezoidal y bordes redondeados. Las pelvianas son más pequeñas que la segunda dorsal. El pedúnculo caudal es corto y carece de quilla subcaudal (ventral). La caudal es más bien pequeña, con el lóbulo inferior corto y el terminal bien marcado. Como todos los Squaliformes, carece de aleta anal.
Librea gris a gris pardusco uniforme, con tonos más pálidos por debajo. La piel es de tacto suave a pesar de estar cubierta por característicos dentículos dérmicos en forma de tridente.

Fijaos en la articulación mandibular.
Dentición: Dimorfismo dentario. Los dientes de la mandíbula superior son como pinchos: rectos, cortos y no imbricados; los de la inferior son anchos y sí están imbricados. Es curioso notar que en las hembras y ejemplares inmaduros la cúspide de los dientes inferiores es abatida, mientras que en los machos está claramente levantada.

Talla: La longitud total máxima registrada corresponde a una hembra de 136 cm capturada en Mauritania. Al nacer miden poco más de 30 cm. Los machos alcanzan la madurez sexual entre los 81-94 cm; las hembras, entre 99-106 cm. 

Reproducción: Vivíparo aplacentario (ovovivíparo) con camadas de 1 a 17 crías. Es probable que exista un ciclo reproductivo bianual.
Estudios llevados a cabo en el Atlántico Norte apuntan a que los machos son maduros con 17 años y las hembras con 25. La longevidad estimada es de 35 años.

Dieta: A base de pequeños peces bentónicos y demersales, cefalópodos, gambas, camarones y diversos crustáceos.

Hábitat y distribución: Es una especie eminentemente demersal que habita los fondos de la plataforma y talud superior. Su rango batimétrico es por tanto bastante amplio, entre los 70 y los 1740 m, aunque con preferencia entre 400-900 m.

Fuente: Fishbase.
Distribución mundial amplia aunque localizada en aguas frías a templadas del Atlántico oriental desde Islandia hasta Sudáfrica, Pacífico oriental, Taiwan, Nueva Zelanda, Australia, etc.

Pesca y estatus: Tradicionalmente formaba parte de las capturas accidentales de las pesquerías de profundidad (arrastre sobre todo), pero cada vez más se está convirtiendo en una especie objetivo debido al aceite de su enorme hígado, cuya demanda sigue en alza, tanto para la industria cosmética como en la dietética (por ejemplo, los famosos suplementos de Omega-3 que ya mencionamos aquí y de los que, me temo, seguiremos hablando durante mucho tiempo). Su carne es poco apreciada, aunque también se consume.

La visera es un tiburón relativamente común, el más común del género Deania y una de las especies más abundantes en el talud medio. Esto ha hecho que esté catalogada en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de En peligro.


A la mañana siguiente tuvo lugar la sesión de fotos con un par de guías de campo en la mano. Pasé un par de horas la mar de entretenidas tratando de dilucidar, entre otras cosas, qué especie de Deania era aquella, investigando cada detalle anatómico, viendo si el plieguecito que me parecía observar en la parte inferior del pedúnculo caudal era real o no, y por tanto podía tratarse de una D. profundorum... (en definitiva, pajas mentales).
Finalmente, la pobre Deania calcea se fue directa y rauda al contenedor de basura orgánica porque el día se me complicó. Ni pensar en devolverla al frigorífico para unas cuantas horas más de velatorio antes de continuar el examen por la tarde. Peligraba mi integridad física, y además el pollo ya no estaba, había volado.


>Véase también el post Visera áspera (Deania hystricosa).

[Este artículo fue originalmente publicado en el blog de AXENA, donde, cuando me dejan (son gente muy paciente), publico de vez en cuando alguna cosilla. He hecho algunos cambios.]

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