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lunes, 14 de enero de 2013

Cailón (Lamna nasus) - Primera parte

Macho de 196 cm ya con la etiqueta del comprador pegada en el costado. Esta imagen hoy es imposible porque su captura y comercialización están terminantemente prohibidas (foto: Toño Maño).

Cailón

Lamna nasus (Bonnaterre, 1788)

(es. Cailón, marrajo sardinero, marrajo del norte, marrajo de Cornualles; gal. Marraxo, marraxo sardiñeiro; in. Porbeagle; por. Tubarao sardo.)

Orden: Lamniformes
Familia: Lamnidae


Domingo 2 de enero de 2011. 11:45 am. El pez se movía silenciosamente a través de las aguas... propulsado por los rítmicos movimientos de su cola. Apenas si se notaba algún otro movimiento: alguna que otra corrección en su trayectoria aparentemente sin rumbo... dejamos aquí la narración de Peter Benchley para retomar la historia tal como la cuenta la La Voz de Galicia (días 3 y 4 de enero), con menos tensión narrativa y evidente falta de "glamour" y sangre...
"Alberto Reimunde se encontraba ayer en la playa de Bastiagueiro impartiendo una clase de surf. «De repente escuché a unos niños gritar, miré hacia la orilla y vi las aletas de un tiburón que emergían del agua. El animal se movía lentamente. Inmediatamente les digo a todos mis alumnos que salgan, pero con cuidado, porque teníamos que rodearlo ya que se encontraba detrás nuestra [sic], en la orilla».
Foto de Pedro López, un testigo, publicada en La Voz de Galicia del 3 de enero de 2011. La dorsal, alta y con la típica mancha clara en su base posterior, nos revela la identidad de su propietario.
Después de que los surfistas sorteasen al marrajo y alcanzasen la ribera, el mar quedó vacío. Estos deportistas y los que jugaban o caminaban en la playa observaban las evoluciones del marrajo. «Nadaba de forma desorientada. De hecho, casi encalla en la orilla, pero se alejó unos metros y desapareció», indicó Reimunde.
Y se volvió a meter en el agua. Llegó la primera ola y era buena. Se subió a ella y empezó a surfearla. «Y de repente apareció el tiburón a menos de una cuarta de mi tabla», contó. «Pude distinguir perfectamente sus ojos y su tamaño (medía 2,9 metros)... Casi le paso por encima». El marrajo se dio media vuelta y fue en ese momento cuando el surfista aprovechó para alcanzar la orilla y salir «corriendo por la arena escuchando al mismo tiempo los gritos de miedo de la gente que estaba en la playa», manifestó Alberto, que calificó su experiencia de increíble."
Lunes 3 de enero de 2011. 11:30 am. El servicio de Protección Civil de Oleiros recibe la llamada de un particular avisándoles de que acababa de encontrarse un tiburón de unos dos metros varado en la playa de Santa Cristina. Según el diario La Opinión (4 de enero), "un veterinario del Centro de Recuperación de Fauna Salvaje analizó el escualo y certificó que se trata de un marrajo macho que murió por causas naturales «como un virus o una bacteria»". No presentaba señal o herida alguna que indicase un intento de captura. Medía, no 2,9 m, como señalaba el surfista, sino 2,09 m (si a alguno le interesa ver alguna imagen del animal, puede hacerlo pinchando en este enlace de V Televisión).

Foto tomada de La Opinión, 4 de enero de 2011.
En si la anécdota no es gran cosa. No pasó nada más allá del susto morrocotudo que, como es natural, debieron de llevarse los testigos. Sin embargo, desde mi punto de vista tuvo un doble valor: por un lado, sirvió para que mucha gente se diese cuenta de que en Galicia también hay tiburones, pese a los denodados esfuerzos de muchos por librarnos de ellos. Por otro, puso de manifiesto que en buena parte de la población no me atrevo a dar un porcentajesigue instalada la imagen del tiburón como un bicho maligno y sanguinario cuyo único propósito en la vida es recorrer las playas del mundo para masticar patas de bañista. Es lo que reflejan los comentarios que los lectores dejaban al pie de la noticia en los periódicos digitales: terror al tiburón, a pesar de las decenas de documentales, noticias y artículos en prensa y televisión, en internet, etc. tratando de desmontar este mito. Incluso en el mismo cuerpo de la noticia que estaban comentando, como esta intervención de Antonio Rodríguez, del Grupo de Rescate y Estudio de los Mamíferos Marinos (Gremmar), en La Opinión: "Que quede claro ni esto es una película ni el hecho de que existan tiburones en lugares donde la gente cree que no los hay quiere decir que vayan a pegar un mordisco a nadie. Es cierto que los escualos suelen estar en aguas más abiertas, pero el tiburón sardinero persigue bancos de sardina y eso puede llevarlo a puertos y playas, lo que no significa que vaya a atacar a nadie", recordando con acierto que todavía no se han registrado ataques a personas por parte de esta especie.

Ciertamente, no tenemos nada que temer del Lamna nasus, no es una especie agresiva. En cambio, él si tiene mucho que temer del ser humano, particularmente de la variedad que puebla este lado del Atlántico. El cailón, una vez abundante en nuestras aguas, está a punto de desaparecer por culpa de la avaricia y estupidez de las naciones pesqueras europeas, desde Noruega hasta Galicia. Os suena, ¿verdad?

Foto: Gonzalo Mucientes
Descripción: No se puede negar que el cailón o marrajo sardinero es un pariente muy cercano del tiburón blanco si me permitís la cursilada, yo diría que es un poco nuestro tiburón blanco. A simple vista, el parecido es innegable, de hecho ambos pertenecen a la misma familia, la de los marrajos o lámnidos, con quienes comparte rasgos tan típicos como un cuerpo fusiforme que termina, en el extremo anterior, en un morro cónico y, en el posterior, en una aleta caudal prácticamente homocerca, en forma de media luna; hendiduras branquiales grandes; pedúnculo caudal ensanchado lateralmente por dos potentes quillas, etc. A diferencia del marrajo (Isurus oxyrinchus) y del tiburón blanco (Carcharodon carcharias), el cuerpo del cailón es más rechoncho, menos estilizado, particularmente comparado con el del primero; el morro es igualmente más grueso y romo. Los ojos son bien grandes y, como los de sus primos, carecen de membrana nictitante.

Detalle del pedúnculo caudal y base de la cola en el que podemos distinguir la quilla principal (A) y la característica quilla secundaria  de los cailones (B). En la zona dorsal se aprecia también la foseta precaudal, la diminuta segunda dorsal y unas marcas blanquecinas que parecían (algunas, al menos) haber sido producidas por mordeduras, tal vez de algún otro cailón, os podéis imaginar con qué fin si os digo que el ejemplar de la imagen era una hembra; aunque la cosa no debió de ir a más, porque no había marcas de ningún tipo en las pectorales (por supuesto, son sólo conjeturas de malpensados). Otras parecían ser erosiones causadas por algún ectoparásito. (Foto: Toño Maño)
La primera aleta dorsal es grande, alta y redondeada, y se origina casi encima de la axila pectoral. La segunda es diminuta, más o menos del mismo tamaño que la anal. Las pectorales son cortas, falcadas y de ápice redondeado. Pero lo más distintivo del cailón en lo que se refiere a las aletas es, por un lado, la mancha blanquecina en la base posterior de la primera dorsal, en todo el barbillón; por otro, la quilla secundaria en la base de la cola.
Foto: Toño Maño
En cuanto a su librea, el color es azul oscuro grisáceo o gris oscuro azulado en el dorso y blanquecino o blanco sucio en la zona ventral. No hay un cambio brusco de coloración, sino una transición o difuminado progresivo de una zona a la otra. Los ejemplares del hemisferio sur presentan con frecuencia manchas oscuras ventrales, a la manera de su primo hermano el cailón o marrajo salmonero (Lamna ditropis), ausente en nuestras aguas.


Dentición: Otro de los rasgos distintivos del Lamna nasus. Dientes similares en ambas mandíbulas: presentan una cúspide alta, puntiaguda, y de bordes no afilados, con una cuspidilla basal a cada lado. Como se aprecia en la imagen, los dientes no son muy grandes, y el tercer diente superior es muy pequeño, está ligeramente más inclinado que los demás, y va seguido de un diastema (espacio sin dientes).

Foto: Toño Maño
Talla: La talla máxima observada es de 360 cm, o posiblemente 370 cm, según Compagno (2002), si bien no suelen rebasar los 300 cm. Al nacer miden entre 60 y 75 cm (69-80 cm en el Pacífico Sur); los machos maduran entre 150-200 cm, y las hembras entre 200-250 cm (en torno a 237 cm en el Atlántico NW). Se ha dado el caso de una hembra madura con 152 cm. Todas estas medidas se refieren a la longitud total.

Reproducción: Vivíparo aplacentario (ovovivíparo) con camadas de entre 1 y 5 crías, aunque por lo general la media suelen ser 4. Durante su desarrollo intrauterino, una vez absorbido el saco vitelino tras agotar sus reservas, los fetos se alimentan por oofagia, es decir, se alimentan de óvulos producidos por la madre. Para ello disponen de dientes parecidos a los colmillos que les permiten abrir las cápsulas para acceder al alimento guardado en el interior —les nacen a los 34-38 cm—.
En el Atlántico oriental el apareamiento suele tener lugar a finales del verano y el parto, en la primavera siguiente. Aproximadamente, el periodo de gestación es de 8-9 meses. Se han encontrado embriones dentro de hembras maduras durante todo el año excepto entre julio y septiembre.
Existen zonas de cría en las costas de Europa e Islas Británicas. Hasta hace pocos años era posible encontrarse de vez en cuando algún que otro ejemplar muy joven en alguna lonja gallega. Hoy, cuando llegan, van directamente al camión frigorífico, sin pasar por lonja.
La longevidad de la especie se sitúa entre los 26 y los 46 años.

Dieta: Voraz devorador de peces gregarios de pequeño a mediano tamaño: sardinas, anchoas, caballas, etc. También otros tiburones pequeños como la mielga (Squalus acanthias), peces demersales como el bacalao, la merluza, y cefalópodos.
De momento, no encuentra demasiado interés culinario en los bañistas, y mira que los hay cachas (ellos y ellas).


>>Ir a Cailón (Lamna nasus) - Segunda parte.)

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