Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

martes, 13 de mayo de 2014

Los sentidos I: El cerebro

Sistema de detectores y conexiones sensoriales dentro de la cabeza de un tiburón blanco (Carcharodon carcharias). El cerebro, en forma de Y, está suavemente marcado en naranja (cada brazo de esa Y se conecta con un bulbo olfatorio). Imagen tomada de la página de Fin Fighters UK.

Los sentidos son fundamentales para nuestra supervivencia, individual y como especie. A través de ellos logramos salir de nosotros mismos y abrirnos al exterior para captar toda la información que necesitamos para adoptar un determinado patrón de comportamiento y descartar otros. Esto puede hacerse bien de modo instintivo, bien tras un procesamiento más o menos consciente o elaborado de los datos. Gracias a nuestros sentidos somos capaces de conseguir alimento, encontrar una pareja receptiva, establecer algún tipo de cooperación con nuestros congéneres, y detectar un peligro o amenaza. En todos los seres vivos ocurre algo parecido.

Los tiburones, como depredadores extraordinariamente evolucionados que son, están dotados de un sistema sensorial muy sofisticado, que está conectado a un cerebro que en muchas especies es comparable, en complejidad y tamaño relativo, al de las aves y los mamíferos superiores. No es de extrañar que a menudo se los compare con cazas de última generación, aparatos diseñados para la vigilancia y el ataque y repletos de sensores de todo tipo siempre alerta para detectar la presencia de una presa o de una amenaza: sensores químicos, lumínicos, de sonidos, de presión, de movimiento, de campos eléctricos, todos perfectamente modulados e integrados en un sistema que se adapta a las necesidades de cada especie y hábitat específico. No todos los tiburones son iguales, y no todos los cerebros son iguales. Pueden variar en estructura y tamaño de una especie a otra, desde los más simples de algunos Squaliformes a los más complejos de los Carcharhínidos, hasta llegar al cerebro más grande y complejo de todos, el de los tiburones martillo (fam. Sphyrnidae), no en vano se trata de los tiburones más evolucionados (como curiosidad, el cerebro más grande de todos los elasmobranquios es el de las mantas diablo). Así por ejemplo, el cerebro del peregrino (Cetorhinus maximus) es el más pequeño de todos los lamniformes, probablemente porque su técnica de caza es sumamente simple y pasiva, típica de un animal filtrador: nadar lentamente con las fauces abiertas dejando que el agua atraviese sus branquispinas¹; mientras que en el otro lado tenemos el del tiburón toro (Carcharias taurus), el cerebro más grande del grupo el del tiburón blanco (Carcharodon carcharias) se situaría en un punto medio.

Vista dorsal del cerebro de una mielga (las pelotas oscuras a cada lado son los ojos). Fuente: www.zoology.ubc.ca
El cerebro del tiburón es una estructura alargada con forma de Y como si agarrásemos un cerebro "normal" y lo estirásemos sobre una mesa. Puede dividirse en cinco áreas o regiones:
  • Telencéfalo o encéfalo anterior, que se prolonga en los lóbulos olfativos; contiene los hemisferios cerebrales (responsables de la toma de decisiones, comportamiento social, el aprendizaje y la memoria), el hipotálamo y la glándula pituitaria.
  • Diencéfalo, que se encarga del control de diversos procesos hormonales; sobre él se encuentra la glándula pineal. 
  • Mesencéfalo o encéfalo medio, donde se sitúan los lóbulos ópticos.
  • Cerebelo o metencéfalo, responsable, entre otras, de la coordinación de los movimientos musculares y de la integración de los estímulos sensoriales con el movimiento.
  • Miencéfalo o médula oblonga, encargada de la transmisión de diversos estímulos de la médula al cerebro, entre otras funciones.
Vista anterior dorsal del cerebro. En primer término los bulbos olfativos (1) con sus respectivos tallos (2), que los conectan a los lóbulos olfativos (3); el telencéfalo (4), los lóbulos ópticos (5), el cerebelo (6) (la pequeña protuberancia que se observa en su lado derecho abajo es uno de los lóbulos auditivos), y la médula oblonga o mielencéfalo (7). En rojo (8), la glándula pineal (foto tomada de classes.endowner.net y posteriormente modificada).
Vista lateral derecha (fuente: classes.edowner.net).
Aunque probablemente existen muy diversas variables y procesos que todavía no acabamos de comprender en relación a este punto, puede decirse que la forma y tamaño del cerebro parece depender en buena medida más del estilo de vida y hábitat típico de una determinada especie que de la herencia genética que comparte con sus parientes cercanos incluidos en el mismo taxón. Esto quiere decir que tiburones con un alto grado de parentesco pueden poseer cerebros radicalmente distintos. El cerebro del tiburón ballena (Rhincodon typus), muy pequeño en comparación a la masa corporal, se parece mucho más al del tiburón peregrino (orden Lamniformes) que al de otras especies de su mismo orden (Orectolobiformes), como la gata nodriza (Ginglymostoma cirratum). En efecto, Rhincodon y Cetorhinus presentan un telencéfalo relativamente pequeño, un diencéfalo relativamente grande, un mesencéfalo relativamente pequeño... y un cerebelo enorme (de los más grandes de todos los elasmobranquios) fuertemente foliado², a diferencia del cerebelo de otras especies, cuya superficie es lisa.
Sección longitudinal del cerebro de un tiburón ballena. En el centro, se muestra la perspectiva desde el exterior, abajo, el corte interior (fuente: Jason G. Goldman, en blogs.scientificamerican.com).
Lo más curioso es que esta esta estructura es también similar a la de los zorros marinos (Alopiidae), igualmente pertenecientes al orden Lamniformes, pero con una dieta y técnica de caza radicalmente distintas. ¿Cómo encajar todo esto? Sabemos que el cerebelo interviene en la organización y coordinación de los movimientos así como en la corrección de errores en la ejecución de las órdenes motoras, lo cual, en teoría, resulta fundamental para los cazadores activos, como los alópidos, pero, ¿para los filtradores? La única explicación plausible es que la anatomía del cerebelo responda más a la necesidad de coordinar movimientos que a las exigencias motoras propias de la caza. Los tiburones ballena como los peregrinos realizan grandes migraciones horizontales y verticales, y se les ha visto suspendidos en posición vertical sobre la columna de agua mientras se alimentaban, un tipo de maniobra que requiere un alto grado de coordinación.

Tiburones ballena alimentándose (extraordinaria fotografía de Jeffrey C. de Guzman).
Como sucede con otras muchas especies, la estructura de los cerebros del tiburón ballena y del tiburón peregrino es producto de una convergencia evolutiva motivada por un estilo de vida similar, no por compartir una clasificación taxonómica (pensemos que a ambos los separan unos 289 millones de años de evolución).
Aunque conocemos la estructura externa del cerebro y podemos identificar qué segmentos se ocupan del aprendizaje, de la memoria, del control muscular, o de los diferentes sentidos, existen todavía elementos cuya función nos resulta completamente desconocida.
Pero lo que si sabemos con certeza es que los tiburones son criaturas extraordinariamente complejas e inteligentes, es decir, el reverso del triste estereotipo que todavía se empeña en presentarlos como seres primitivos y acaso, en ocasiones, un poco estúpidos. Echadle un vistazo a estos dos artículos: La capacidad cognitiva de los tiburones y Los juegos de los jóvenes cailones (Lamna nasus).

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¹Véase Peregrino (Cetorhinus maximus)-Primera parte y Peregrino (Cetorhinus maximus)-Segunda parte.
²Yopak, K.E., Frank L. R. (2009) "Brain size and brain organization of the whale shark, Rhincodon typus, using magnetic resonance imaging." Brain, behavior and evolution, 74(2), 121-42.
Véase también el excelente artículo de Jason G. Goldman "Cooler than Shark Week: What Can We Learn From the Brains of the Largest Sharks?", publicado el 7 de agosto de 2013 en el blog de Scientific American.


miércoles, 7 de mayo de 2014

Los tiburones según Aristóteles (II)



Continuamos revisando la extraordinaria Investigación sobre los animales. Los extractos que recogíamos en la primera parte se encuadraban en una descripción general de los seres vivos, atendiendo a elementos de la anatomía externa e interna y los modos de reproducción. Hoy os ofrecemos los que tratan exclusivamente de los tiburones, de los selacios, que estoy seguro no os van a decepcionar, tanto en sus aciertos como en sus comprensibles inexactitudes y errores (recordemos una vez más que esta obra fue redactada ¡a mediados del siglo IV a. C.!). Mirad, por ejemplo, con qué asombrosa agudeza describe Aristóteles el viviparismo placentario de las musolas. Y es que estamos ante una obra científica, en el sentido moderno de la palabra, redactada con todo el rigor y honestidad intelectual de un autor comprometido con el análisis de la realidad tal cual es, y para lo cual echa mano de un amplio aparato bibliográfico (todo lo amplio que puede ser en aquel momento), que completa con sus propias observaciones y estudios (la autopsía), así como las noticias y testimonios de pescadores, viajeros, etc.

El texto de referencia sigue siendo la versión y notas de Julio Pallí Bonet publicado por la editorial Gredos (1992).
Los selacios (VI 10): [...] en lo que respecta al útero, hay diferencias entre los peces: por ejemplo, los escualos difieren entre sí y de los peces planos. En efecto, en algunos los huevos están unidos, como hemos dicho, en medio del útero, alrededor del espinazo, como, por ejemplo, en los perros de mar¹, pero al crecer se desplazan. Y puesto que el útero es bifurcado y se adhiere al diafragma, como en los otros peces del mismo tipo, los huevos se desplazan a una y a otra parte. El útero de estos peces, como el de los otros escualos, posee un poco por encima del diafragma una especie de tetas de color blanco², que no existen cuando no hay embriones en el útero. Los perros de mar y las rayas tienen una especie de cascarón en donde se encuentra un líquido análogo al del huevo. La forma del cascarón recuerda a las lengüetas de las flautas, y conductos capilares están adheridos al cascarón. En los perros de mar, que algunos llaman escualos moteados, los pequeños nacen cuando el cascarón se raja y cae. En cambio, en las rayas, después que las madres han expulsado los huevos, el cascarón se raja y el pequeño sale. El escualo espinoso tiene dos huevos adheridos al diafragma por encima de las tetas; cuando el huevo desciende y ha acabado de soltarse, el pequeño nace. El modo de generación es el mismo también para el zorro de mar.
Los escualos llamados lisos³ tienen sus huevos en medio del útero, igual que los perros de mar; después de haber pasado a cada uno de los dos compartimentos del útero, descienden y las crías nacen con el cordón umbilical unido al útero, de manera que una vez que los huevos se han consumido, el embrión parece presentar las mismas características que el embrión de los cuadrúpedos. El cordón umbilical, que es largo, está adherido, por un lado, a la parte inferior del útero (cada uno de los cordones umbilicales está suspendido de una especie de ventosas), y, por otro lado, hacia el centro del embrión, por donde se encuentra el hígado. La comida que se encuentra al abrir el embrión, aun cuando no exista el huevo, tiene la sustancia de éste. Un corion y membranas particulares rodean a cada uno de estos embriones, como en los cuadrúpedos. Los embriones, cuando son jóvenes, tienen la cabeza arriba, pero cuando crecen y llegan a la madurez, la tienen abajo. También en la parte izquierda del útero se forman machos, como en la derecha hembras, y en un mismo lado a la vez machos y hembras. Cuando se abren los embriones, se nota, como ocurre también en los cuadrúpedos, que las vísceras, por ejemplo el hígado, son grandes y llenas de sangre.
Los selacios tienen, al mismo tiempo, arriba cerca del diafragma huevos más o menos grandes, en gran cantidad, y abajo embriones ya formados. De ahí procede que muchos creen que los peces de esta clase engendran y conciben todos los meses, puesto que sus crías no nacen todas al mismo tiempo, sino que salen en varias veces y en un largo período. Los embriones situados en la parte baja del útero llegan a su madurez al tiempo que alcanzan su pleno desarrollo.
Pues bien, los demás escualos paren y meten dentro de sí a sus pequeños, tanto el pez ángel, como el torpedo (se ha visto un torpedo de gran tamaño que tenía en su cuerpo alrededor de ochenta embriones); pero el escualo espinoso es el único que no mete a sus pequeños dentro de sí a causa de las espinas que posee. De los peces planos, la pastinaca y la raya no meten a sus crías dentro de sí a
Grabado de mediados del XVIII.
causa de la dureza de sus colas.
Algunas particularidades de los selacios (VI 11): Los machos, en la época del apareamiento, tienen los conductos tan llenos de semen que si se hace presión sobre ellos sale un esperma de color blanquecino. Los referidos conductos están bifurcados y tienen su punto de partida en el diafragma y en la gran vena. Ahora bien, en este momento precisamente los conductos de los machos se distinguen fácilmente si se los compara con el útero de las hembras, pero cuando no es la época del celo, son menos perceptibles a los no familiarizados con ello. Pero en algunos y en ciertas circunstancias los conductos son totalmente invisibles, como se ha dicho a propósito de los testículos de las aves. Existen todavía otras diferencias entre los conductos seminales del macho y los uterinos, ya que los primeros están adheridos a los flancos, mientras que los de las hembras son libres y sólo están unidos por una fina membrana. Pero para ver cómo están dispuestos los conductos de los machos, hay que acudir a las figuras de los cuadros anatómicos.
Los selacios, por otra parte, están sujetos a la superfetación y su gestación dura como máximo seis meses. El escualo que cría con más frecuencia es el llamado estrellado, pues tiene crías dos veces por mes, y su apareamiento empieza en el mes de Memacterión. Los demás escualos paren dos veces por año a excepción del perro de mar que sólo lo hace una vez al año. Los escualos se reproducen en general en la primavera, pero el pez ángel tiene su segundo parto en el otoño, en el ocaso invernal de las Pléyades, y el primero, en la primavera, pero la segunda camada es la más espléndida. Los torpedos paren a finales del otoño. Los selacios depositan a sus pequeños cerca de tierra; se retiran de alta mar y de las grandes profundidades porque buscan el calor y temen por sus crías.
Ahora bien, de los demás peces, sólo se han visto apareamientos entre individuos de la misma especie, con excepción del pez lija y de la raya. Existe, en efecto, un pez llamado pez guitarra, que tiene la cabeza y la parte anterior de la raya y las posteriores del pez lija, como si procediera de la unión de estos dos peces. Sea como sea, los escualos y los peces de esta clase, como, por ejemplo, el zorro de mar, el perro de mar, así como los peces planos, torpedo, raya, raya lisa y pastinaca, son vivíparos después de haber sido ovíparos, como hemos indicado.


Y para terminar, unas cuantas curiosidades:
Hibernación de los peces (VIII 13): De los peces, unos se ocultan en la arena y otros en el fango, dejando asomar sólo la boca. Pues bien, la mayoría se esconde solamente en el invierno, y los crustáceos, los peces de roca, las rayas y los selacios sólo hibernan durante los días más fríos del invierno: el hecho es evidente por la imposibilidad de pescarlos cuando hace frío. 

Ingeniosidad de ciertos peces (IX 37): [...] Se ocultan igualmente en la arena, la merluza, la raya, la platija y el pez ángel y, cuando están fuera del alcance de la vista, tienden los filamentos que poseen en el hocico y que los marineros llaman varitas. Y los peces de los que se alimentan se acercan tomándolos por algas. 

[...] En cuanto a los peces llamados zorros de mar, cuando se dan cuenta de que se han tragado el anzuelo recurren a un procedimiento que recuerda al de la escolopendra: remontan el sedal y lo cortan de un mordisco. En algunos lugares de aguas rápidas y profundas se los pesca con cañas de varios anzuelos.

[...] También los bonitos se agrupan cuando ven a algún bicho; los más grandes nadan en círculo alrededor de él y, si toca a alguno de ellos, todos le hacen frente. Tienen dientes potentes y se ha visto a diferentes peces, entre ellos a una lamia, atacar a los bonitos y salir con muchas heridas.

[...] Los peces que se encuentran alrededor de Lesbos, tanto los de alta mar como los que habitan en el estrecho, desovan en el estrecho, pues se aparean en el otoño y el desove se produce en la primavera. También en el otoño se juntan los selacios, macho y hembra, para la fecundación; pero en la primavera entran separadamente en el estrecho y así permanecen hasta después del desove. En la época del acoplamiento, son capturados muchos de ellos apareados entre sí.

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¹La pintarroja (Scyliorhinus canicula).
²Difícil decidir a qué se refiere. En nota al pie, Pallí Bonet recoge la explicación de Thompson: "Son las glándulas del oviducto que segregan el cascarón". El cascarón o cápsula del huevo se segrega en la glándula nidamentaria.
³Posiblemente la musola (Mustelus mustelus).
La superfetación es la fertilización de un óvulo durante el embarazo.
Por "estrellado" entendemos la musola estrellada (Mustelus asterias). El mes de Memacterión es el que va de mediados de octubre a mediados de noviembre.
"Noviembre, probablemente, o quizá diciembre." (Pallí Bonet)
Probablemente un tiburón blanco (Carcharodon carcharias), aunque cabría la posibilidad de que se tratase de un marrajo (Isurus oxyrinchus).
Se refiere al estrecho de Pirra, al sur de la isla.

lunes, 5 de mayo de 2014

Los tiburones según Aristóteles (I)


La inmensa figura de Aristóteles (384-322 a. C.) no solo abarca el campo de la filosofía, sino también el de las Ciencias de la Naturaleza. En efecto, el estagirita defendía el estudio de los seres vivos como un complemento a la reflexión sobre cuestiones más trascendentes como la física o la metafísica. Por un lado, lo consideraba una actividad placentera, fuente de agradables sorpresas ("en todas las realidades naturales hay algo de maravilloso"); por otro, advertía que la inmensa variedad y multiplicidad de la Naturaleza escondía una teleología, que en ello había un objetivo, que podía llamarse Belleza. Todos sus tratados sobre zoología y biología estaban encaminados a demostrarlo.
De todos, la Historia animalium o Investigaciones sobre los animales, compuesta hacia mediados del IV a. C., es sin duda la que ocupa un lugar más destacado, tanto por su extensión como por su ambicioso objetivo: elaborar un cuadro de la organización general de todos los seres vivos mediante una escala que iba desde la criatura de mayor complejidad y perfección, el ser humano, hasta los organismos inferiores más primitivos. En definitiva, un tratado de zoología general.
Pese a sus comprensibles errores, prejuicios e inexactitudes, un buen número de descripciones contenidas en esta obra son de una exactitud sorprendente para la época, hasta el punto de que algunas estuvieron vigentes hasta la llegada de los modernos métodos de investigación científica que nacieron bajo el impulso de la Ilustración, allá por el siglo XVIII, o sea, veinte siglos después. Aristóteles fue, por ejemplo, el primero en reconocer que los cetáceos eran mamíferos, y, ya hablando de tiburones, a él debemos la distinción entre peces cartilaginosos y peces óseos. De hecho, según Plinio, fue él quien acuñó el término selacios para referirse a las lamias, los perros de mar, las rayas, los torpedos, etc.: "[...] entre estos últimos [los peces], los vivíparos tienen cartílagos en lugar de espinas, como los llamados selacios". (III 6). "El cartílago tiene también la misma naturaleza que el hueso, pero se distingue por una diferencia cuantitativa, y como ocurre con el hueso, tampoco el cartílago crece de nuevo si es cortado. En los sanguíneos¹ vivíparos terrestres los cartílagos no están perforados, y en ellos no se forma médula, como se forma en los huesos. Sin embargo, en los selacios (pues estos peces tienen una espina cartilaginosa), cuando son planos, se observa, en la región de la espina dorsal, una sustancia cartilaginosa análoga al hueso, que contiene un líquido parecido a la médula." (III 8).

Página de Historia animalium en un códice de mediados del siglo XIII.
Todas las citas de este artículo proceden de la excelente edición de Investigaciones sobre los animales de la editorial Gredos (1992), en la traducción y notas de Julio Pallí Bonet, de lectura más que recomendable.
Descripción de los peces (II 13): Entre los mismos peces que tienen branquias, unos tienen un opérculo que recubre las agallas, mientras que los selacios las tienen al descubierto. Los peces que poseen esta cobertura tienen todos las branquias al costado, mientras que entre los selacios, los planos las tienen debajo en el vientre, como, por ejemplo, el pez torpedo y la raya; los alargados las tienen en las costillas, como, por ejemplo, los escualos. [...] Los escualos tienen todos las branquias dobles, cinco a cada lado y el pez espada tiene ocho branquias dobles. [...] Así pues, todo el género de los peces es sanguíneo¹: unos son ovíparos, otros vivíparos. Los que tienen escamas son todos ovíparos, y los selacios todos vivíparos, a excepción del rape.
Esta descripción general se basa en análisis de la anatomía externa, pero también interna, como la posición de la vesícula biliar: "Pero algunos peces tienen la vesícula biliar adherida al hígado, como, por ejemplo, los escualos, el siluro, el angelote, la raya, el torpedo, y entre los peces largos, la anguila de mar y el pez martillo." (II 15); o la forma y características del hígado: "De los animales que tienen hígado, unos lo tienen de una sola pieza y colocado enteramente a la derecha. Otros tienen el hígado dividido desde la base y la mayor parte situado a la derecha. En algunos animales, en efecto, las dos partes están separadas una de ootra sin ninguna adherencia a la base, como en los peces escualos." (II 17); "[...] el hígado es graso en algunos animales, como, por ejemplo, en los peces selacios. En efecto, los pescadores obtienen aceite de estas vísceras derritiéndolas. Pero los selacios en sí están poco provistos de grasa tanto en la carne como en el estómago." (III 17).
[...] Pero en general los selacios son menos prolíficos, puesto que son vivíparos, pero sus crías son las que sobreviven mejor a causa de su tamaño. (VI 17)
Particularidades del útero (III 1) [...] el conducto inferior es único y más bien carnoso, y la parte dividida y los huevos están en el extremo superior, cerca del diafragma. En todos los animales ápodos que son vivíparos exteriormente pero internamente ovíparos, como los escualos y los llamados selacios (se llama así a todo animal ápodo que posea branquias y sea vivíparo), el útero está bifurcado y se extiende hasta el diafragma, como en las aves. Además, en medio de las dos bifurcaciones, el útero, procedente de la parte inferior, se extiende hasta el diafragma, y los huevos se producen aquí y más arriba, en el punto en que empieza el diafragma. Luego avanzan hacia la parte más ancha y las crías salen de los huevos.
Seguramente, los aspectos descritos con más detalle y, acaso, agudeza son los relativos a la reproducción:

El apareamiento de los peces (V 5): Todos los peces, a excepción de los selacios que son planos, se aparean tumbándose de lado, vientre contra vientre. Pero los peces planos que tienen cola, como la raya, la pastinaca y otros de este tipo, no solamente se colocan uno al lado de otro, sino que el macho monta a la hembra colocando su vientre sobre la espalda de la hembra, siempre que la cola, demasiado grande, no lo impida. El pez ángel y todos los peces de este género con cola voluminosa se aparean frotándose solamente vientre contra vientre. Pero hay personas que afirman haber visto a ciertos selacios copulando por detrás, como los perros.
En todos los selacios la hembra es más grande que el macho y lo mismo ocurre en el caso de todos los demás peces. Figuran entre los selacios, además de los ya citados, el buey marino, la lamia, el pez águila, el pez torpedo, el rape y todos los peces del género escualo. Ahora bien, numerosos observadores afirman que todos los selacios se acoplan según los modos descritos; en efecto, la copulación dura siempre más tiempo en los vivíparos que en los ovíparos. También los delfines y todos los cetáceos actúan de la misma manera. En efecto, el macho cubre a la hembra tumbados ambos de lado, y la duración de su acoplamiento no es ni corta ni demasiado larga. En ciertos peces selacios los machos se distinguen de las hembras por poseer dos especies de apéndices situados cerca del orificio de salida de los excrementos, apéndices que no tienen las hembras, como ocurre, por ejemplo, en los peces escualos, pues esta distinción entre macho y hembra se da en todos los referidos selacios. Pues bien, ni los peces ni ningún otro animal ápodo tienen testículos, pero tanto en las serpientes como en los peces, los machos poseen dos canales que se llenan de semen en la época del apareamiento y todos ellos emiten un líquido lechoso. Estos canales se unen en un solo conducto, como ocurre en las aves. [...] Pues bien, este conducto se prolonga y penetra en el órgano receptor de la hembra.
Época del apareamiento de los peces (V 9): Entre los selacios, sólo el pez ángel desova dos veces: lo hace, en efecto, a principios del otoño y hacia el ocaso de las Pléyades, pero el desove del otoño es mejor. De cada puesta salen alrededor de siete u ocho pequeños. Ciertos escualos, como el estrellado, parece que desovan dos veces por mes; y esto sucede porque todos los huevos no llegan a su desarrollo al mismo tiempo.
Aristóteles estudiando los animales.
Y para cerrar este primer capítulo, un par de fragmentos que a muchos seguro os van a encantar:
Sonidos emitidos por los peces (IV 9): [...] Los peces no tienen voz (pues no poseen ni pulmón, ni tráquea, ni laringe), pero emiten ciertos sonidos y pequeños gritos que algunos llaman voces, por ejemplo la lyra, el verrugato (estos peces emiten una especie de gruñido), el pez jabalí del Aqueloo y aún la chalcis y el pez cuco²: el primero emite una especie de silbido, el segundo un sonido parecido al del cuco terrestre, lo que hace que lleve el mismo nombre. Todos estos animales emiten lo que parece una voz, unos por frotamiento de las branquias (pues esta región es de materia espinosa), otros por medio de las partes internas que rodean el abdomen, pues cada uno de ellos encierra aire que frota y agita para producir los sonidos. También algunos selacios parece que lanzan pequeños gritos, pero en todos estos casos no se trata propiamente de voz, como se dice, sino de ruidos.
El sueño y la vigilia (IV 10): [...] Sin duda el sueño de todos estos animales [los animales acuáticos] es breve, pero es evidente que duermen. La prueba no puede deducirse del examen de los ojos (porque no tienen párpados) sino de su inmovilidad [...] En efecto, es posible a menudo caer de improviso sobre ellos, hasta tal punto de poderlos coger con la mano o golpearlos con el arpón sin que se den cuenta. En estas circunstancias permanecen del todo inmóviles y sólo mueven ligeramente la cola. Y lo que demuestra bien que duermen es su precipitación si algún movimiento turba su reposo, pues se lanzan como arrancados de un sueño. [...] En cuanto a los selacios, duermen tan profundamente que se les puede coger con la mano.El delfín, la ballena y todos los animales con espiráculo duermen sacando este órgano fuera del agua, por donde respiran, y moviendo suavemente las aletas. Y hay algunas personas que dicen que han oído roncar al delfín.

=> Ir a Los tiburones según Aristóteles (II).

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¹Por "sanguíneo" Aristóteles entiende animales con sangre (no producidos por generación espontánea), vertebrados, en oposición a los seres con funciones vitales elementales, como los invertebrados, que serían "no sanguíneos".
²La lyra tal vez sea la cabra (Trigla lyra); el pez jabalí es el Capros aper; la chalcis, puede ser el Zeus faber o el Clupea sardina. Información tomada de las propias notas del traductor, Julio Pallí Bonet, en la edición citada.

martes, 22 de abril de 2014

Claves de la familia Lamnidae (marrajos)


Marrajo (Isurus oxyrinchus). Foto: Andy Murch.
Los lámnidos constituyen probablemente el grupo más famoso y mediático de todos los tiburones, gracias sobre todo a su miembro más insigne, el gran tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Se trata de una familia pequeña, formada por tan solo cinco especies (una de ellas ausente en nuestra zona) agrupadas en tres géneros: Carcharodon, Isurus y Lamna. Todas guardan un evidente parecido entre si, por lo que a veces, cuando no se las tiene delante, puede resultar difícil diferenciarlas.

miércoles, 9 de abril de 2014

Olayo (Galeus melastomus)

Foto: Toño Maño

Olayo

Galeus melastomus Rafinesque, 1810

(es. Olayo, bocanegra; gal. Zapata, casapa, colaio; in. Blackmouth Catshark; por. Leitao)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Pentanchidae

El olayo es probablemente el tiburón demersal más abundante de la zona media y alta del talud continental. Suele encontrársele entre los 200 y los 500 m de profundidad, y aunque por su aspecto se diría que es una pintarroja (Scyliorhinus canicula) como cualquier otra, en realidad puede decirse que ocupa un nicho intermedio o, si se quiere, de transición entre esta especie propia de aguas someras y aquellas otras más características del mar profundo como la pailona, de la que hablamos aquí recientemente [véase Pailona (Centroscymnus coelolepis)]. De hecho, en determinadas áreas, su rango batimétrico se solapa, por arriba y por abajo, con el de ambas. Recientemente se ha incluido a estas y otras especies similares en una nueva familia, Pentanchidae, caracterizadas por la ausencia de cresta supraorbital en el condrocráneo, a diferencia de las pintarrojas propiamente dichas (familia Scyliorhinidae) que si la tienen. No obstante, la tendencia mayoritaria sigue siendo la tradicional, es decir, su inclusión dentro de la gran familia Scyliorhinidae [véase Claves de los Carcharhiniformes].

Parece evidente que la vistosa librea del olayo está diseñada para cumplir una función de camuflaje en un entorno alumbrado, siquiera mínimamente, por la luz solar (las especies propias de aguas profundas suelen presentar libreas sin ningún tipo de dibujo o patrón). Al menos en ciertas etapas de su vida, en esta franja de entre 200-300 m aproximadamente, el olayo comparte territorio con la pintarroja, cuyo rango batimétrico llega hasta los 110 m y, excepcionalmente, los 400 m. Pero compartir territorio significa competir. Un excelente trabajo¹ llevado a cabo a lo largo de la costa cantábrica desde el norte de Galicia hasta el País Vasco encontró que la dieta de estos dos tiburones era muy similar, pero en los ejemplares menores de 30 cm, es decir, mientras son juveniles. A medida que van creciendo, la pintarroja se desplaza hacia la costa y el olayo, en dirección contraria, hacia aguas más profundas. Esta especialización espacial lleva pareja una especialización sensorial: la pintarroja depende del sentido del olfato, más desarrollado que el del olayo, para detectar presas fundamentalmente bentónicas, mientras que éste, por su parte, cuenta con unos ojos más avanzados que le permiten la caza en la columna de agua.
Curiosamente, es el espectacular desarrollo del sentido de la vista el que también ha facilitado a la pailona la especialización en presas de aguas más profundas, al menos en el Mediterráneo², como forma de evitar la competencia con el olayo.

 
Foto: Toño Maño
Descripción: El olayo tiene un cuerpo alargado y esbelto de piel no muy áspera y un morro moderadamente alargado y redondeado. La boca es grande, muy arqueada, y su interior presenta un característico color negro debido a la mucosa que lo recubre. Los ojos, grandes y ovalados, tienen una membrana nictitante rudimentaria en la parte inferior y una carena subocular poco definida. Los espiráculos son pequeños y están situados cerca de los ojos. Posee narinas amplias y de aberturas estrechas, con pequeñas solapas triangulares. Aberturas branquiales pequeñas, menores que la longitud ocular, con la última situada sobre las pectorales. Las dos aletas dorsales son pequeñas, prácticamente del mismo tamaño, y se encuentran en posición muy retrasada, claramente por detrás del origen de las aletas pelvianas, que son pequeñas y bajas. Las pectorales son grandes. La aleta anal es más grande que las dorsales, y de longitud mayor que el espacio interdorsal. Caudal heterocerca: lóbulo superior largo, con una muesca subterminal bien marcada, e inferior poco desarrollado; presenta una cresta de dentículos dérmicos grandes en el pedúnculo caudal y en el lóbulo superior.

Foto: Toño Maño
La librea consiste en un entramado de manchas oscuras en dorso y aletas sobre un fondo gris terroso a marrón claro: entre 15 y 18 manchas circulares a ovaladas o rectangulares (a veces como fusionadas) dispuestas a lo largo del dorso desde la zona branquial hasta la cola; los flancos presentan también manchas de diversos tamaños con una tendencia a formar un patrón longitudinal. La superficie ventral es blanquecina. Aletas con bordes blancuzcos.

Dentición: Dientes pequeños y pluricuspidados, similares en ambas mandíbulas y dispuestos en varias series funcionales. Constan de una cúspide principal alta y una o varias secundarias. Los dientes superiores están claramente más adelantados que los inferiores.

Fuente: J-elasmo.
Talla: La talla máxima ronda los 62-70 cm, aunque se ha documentado una hembra de 90 cm (los ejemplares mediterráneos son más pequeños). Los machos maduran entre los 34-42 cm, las hembras entre 39-45 cm. En el Mediterráneo se ha constatado 38-51 cm para las hembras y 34-45 cm para los machos. No se conocen las tallas de nacimiento; Barrull y Mate³ comentan que el nadador libre más pequeño que observaron tenía 8 cm, de manera que al nacer deben de medir algo menos. 

Reproducción: Especie ovípara, con una media de 2-8 huevos por hembra (Compagno sostiene que hasta 13) que suelen eclosionar en primavera y verano, si bien no parece existir un periodo reproductivo definido, dado que se ha observado actividad vitelogénica a lo largo de todo el año. La fecundidad se ha estimado en torno a las 15-25 cápsulas-huevo por año. Esta cápsula-huevo mide en torno a los 6x3 cm.

Dieta: Bastante variada, sobre todo invertebrados bentónicos (camarones, cefalópodos) y pequeños peces bentónicos y demersales como los peces linterna, e incluso pequeños elasmobranquios;también, sobre todo en el talud superior, krill (Euphausiacea) y diversos decápodos. Es también una especie oportunista con hábitos carroñeros.

Hábitat y distribución: El olayo es un tiburón bentónico-demersal muy común en la plataforma exterior y talud superior. Su rango batimétrico oscila entre los 150-200 m y los 500 m, ocasionalmente entre 55 m y 2000 m.
Parece existir segregación por tamaño y sexo: los ejemplares inmaduros más pequeños se dan normalmente por encima de los 500 m.
Fuente: Wikipedia, modificado ligeramente según Ebert et al, 2013.
Se encuentra en el Atlántico nororiental, desde la costa SW de Islandia, islas Feroe y Noruega hasta Senegal, incluyendo las Azores. También en el Mediterráneo, aunque es menos común o raro en el Adriático norte y en el mar Egeo.


Pesca y estatus: Debido al agotamiento de los stocks de especies más típicamente comerciales, está dejando de ser un descarte más de arrastreros y palangreros de profundidad para formar parte de las descargas habituales de pescado para consumo o transformación. Hasta hace unos años, los arrastreros que iban a especies como la cigala (Nephrops norvegicus) o la gamba roja (Aristeus antennatus) capturaban cantidades enormes de olayos que normalmente se tiraban por la borda, a veces vivos pero con terribles heridas que hacían difícil su supervivencia. Ahora todo parece indicar que se retienen a bordo para su comercialización, al menos en un porcentaje nada despreciable, como un suplemento más para rellenar la bodega.
Su carne se puede consumir fresca o salada, y su piel se aprovecha para la fabricación de cueros.
En lo que respecta a Galicia, en 1983 Rodríguez Solórzano señalaba que "É frecuente durante a época estival nas lonxas de Aguiño e Ribeira procedente de capturas de palangre."

Fotografiado a 500 m (University of Plymouth Deepsea Species Catalogue.)
Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Preocupación menor, si bien, al tratarse de una especie de creciente interés comercial, es posible que a medio plazo sus stocks se vean seriamente amenazados.
Medidas como la prohibición del arrastre de profundidad por debajo de los 1000 m en el Mediterráneo, pueden ayudar a la conservación de la especie. En 2010 se decreta el TAC 0 en aguas de la UE.
Veremos.

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¹I. Olaso, F. Velasco, A. Serrano, C. Rodríguez-Cabello, O. Cendrero (2004). "Trophic Relations of Lesser-Spotted catshark (Scyliorhinus canicula) and Blackmouth Catshark (Galeus melastomus) in the Cantabrian Sea." Journal of Northwest Atlantic Fishery Science, vol. 35, 481-494. 
Las pintarrojas se capturaron en su mayor parte en cotas de 30 a 200 m, y los olayos, entre 150-500 m (principalmente a partir de los 300 m); los juveniles de una y otra especie, entre los 150-300 m y entre los 200-350, respectivamente.
²Véase Anna Bozzano (2004). "Retinal specialisations in the dogfish Centroscymnus coelolepis from the Mediterranean deep-sea". Scientia Marina, 68 (suplemento 3):185-195. 
³Joan Barrull, Isabel Mate (2002). Tiburones del Mediterráneo. Llibreria El Set-ciènces, Arenys de Mar, p. 88.
Manuel Rodríguez Solórzano et al. (1983). Guía dos peixes de Galicia. Editorial Galaxia, Vigo, p. 39.

lunes, 31 de marzo de 2014

El salto del ditropis

Fotograma de Asesinos del hielo, National Geographic (2009).

El cailón o marrajo salmonero (Lamna ditropis) es otro de los tiburones saltarines. Es verdad que sus saltos no llegan a la categoría de los de especies como el marrajo (Isurus oxyrinchus), el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), el zorro (Alopias vulpinus), o el jaquetón picudo (Carcharhinus brevipinna), del que hablamos hace poco [El salto del brevipinna]; y también es verdad que, como este último, tampoco está presente en nuestras aguas (y este blog se llama, precisamente, "Tiburones en Galicia"). Pero hay al menos tres razones por las que merece que le dediquemos este pequeño artículo: la primera, porque es un tiburón tan extraordinario y fascinante que no merece caer en el olvido solo porque no ande por aquí cerca; la segunda, porque es primo hermano de nuestro cailón (Lamna nasus) [véase Cailón (Lamna nasus)], y ya sabéis que la familia es lo primero, al menos de vez en cuando; y finalmente, porque nos gustan los tiburones, todos los tiburones, y por eso nos encanta conocer los bichos de otros rincones del gran Océano.

L. ditropis y L. nasus son las únicas dos especies que conforman el género Lamna (ya sabéis, orden Lamniformes, familia Lamnidae, como los demás marrajos y el tiburón blanco). De hecho, puede decirse que el ditropis es el cailón del Pacífico (1), donde vive ocupando prácticamente el mismo nicho ecológico, si bien con una especialización alimentaria ligeramente diferente, que es la que recoge su nombre común: cailón salmonero o tiburón salmón.
El parecido entre ambos es evidente, pero si nos fijamos en un par de detalles anatómicos, no resulta excesivamente complicado distinguirlos. El L. ditropis es más rechoncho que el L. nasus, su morro es más corto y romo, y su color es más oscuro (la parte inferior del morro, sobre todo), con manchas características en la superficie ventral; y además carece de la típica mancha clara en la base posterior de la primera dorsal. Las tallas son más o menos parecidas: si la longitud total máxima registrada para el L. nasus ha sido de 355 cm, para el L. ditropis son uno 305 cm, con registros no confirmados de casi 400 cm.

Foto: TOPP, tomada de la página sfgate.com
Aunque la dieta del cailón salmonero es muy variada (incluye peces que forman bancos, como arenques, sardinas, diversas especies de gádidos, etc.), parece que siente predilección por los salmones del Pacífico, que cada primavera y verano retornan a sus ríos de origen para el desove. Allí los estarán esperando sus depredadores más despiadados: los pescadores, las orcas y los tiburones, particularmente los ejemplares más grandes, que han recorrido varios miles de millas para una cruenta competición. Algunas estimaciones señalan que los ditropis se llevan entre el 12 y el 20% de los salmones, además de estropear decenas o centenares de costosos aparejos, de manera que no es de extrañar que los pescadores los consideren algo más que una molestia, llegando en algunos casos a los extremos de cruel irracionalidad que solamente pueden darse nuestra especie: los matan a palos o a puñaladas cuando los suben accidentalmente enganchados en una red, o les cortan las aletas y los devuelven al agua, todavía vivos, para vengarse. Para que luego digan que somos animales racionales.

Foto de Scott Anderson.
Uno de estos lugares privilegiados son las frías aguas del Prince William Sound, en Alaska, un lugar bellísimo donde se filmaron las impresionantes imágenes de un documental de la National Geographic que me permito recomendar: Asesinos del hielo: Los secretos del tiburón salmón de Alaska (2009). En él vais a observar con qué extraordinaria habilidad y velocidad los cailones dan caza a los escurridizos y rápidos salmones. La potencia de sus acometidas les hace saltar por encima de la superficie en piruetas verdaderamente espectaculares.

Foto: Dr. Kenneth J. Goldman.
¿Cómo es posible que un tiburón sea capaz de moverse con tal agilidad en aguas que apenas superan los 5ºC? Pues porque tiene sangre caliente: dispone de un extraordinario sistema de retención de calor que les permite mantener el interior de su cuerpo a una temperatura de hasta 26ºC (2). Con ello logran incrementar exponencialmente su rendimiento muscular [véase El sistema circulatorio de los tiburones], además de permitirles sobrevivir en las frías aguas del Pacífico Norte. ¿No es extraordinario?

Magistral fotografía de Doug Perrine.

>>Para conocer otros tiburones "saltarines", podéis visitar El salto del brevipinna y El salto del oxyrinchus.
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(1) Bien mirado, también la gente de aquella zona podría sostener exactamente lo mismo, que el nasus es el cailón salmonero del Atlántico.
(2) Diego Bernal, Jeanine M. Donley et al. (2005) "Mammal-like muscles power swimming in a cold-water shark". Nature 437, 1359-1352

lunes, 24 de marzo de 2014

De cuando Suárez vino a pescar tintoreras

Adolfo Suárez desembarcando en Pedras Negras (foto de la portada del ABC del 7 de agosto de 1980).
El presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, dedicó la jornada de ayer a la pesca de tiburones, por la costa de Pontevedra, según informa Europa Press. A las diez de la mañana embarcó en el yate "Rosarito", propiedad de un industrial gallego, junto con su secretario particular, Aurelio Delgado, y el secretario de la Xunta de Galicia y diputado de UCD por Pontevedra, José Luis Nogueiras.
El señor Suárez y sus acompañantes almorzaron a bordo del yate y regresaron a Piedras Negras, localidad próxima a San Vicente del Mar, a las siete y cuarto de la tarde. Habían capturado catorce tiburones del Atlántico, especie de poco más de medio metro de longitud, muy frecuente por aquellas latitudes.

ABC, sábado 9 de agosto de 1980, p. 3.
A finales de julio de 1980 un helicóptero de las Fuerzas Aéreas aterrizaba en A Lanzada. A bordo viajaba el presidente del gobierno Adolfo Suárez, que llegaba a Galicia para pasar parte de sus vacaciones estivales junto con su familia y unos amigos. El lugar que se le había buscado era la finca La Atlántida, flamante propiedad del todopoderoso constructor Raymundo Vázquez Lera: una mansión de 700 m², con torreón incluido, edificada a mediados de los 60 en un terreno 60 000 m² de jardines y pinares ubicado en el monte do Castro y abierto al inmenso panorama del Atlántico. Según dicen, esta escapada había sido iniciativa de José Quiroga Suárez, en aquel momento presidente de la Xunta preautonómica, y de Pío Cabanillas, que no se perdía una.

Portada del ¡Hola! del 16 de agosto de 1980.
Suárez se encontraba en una situación terriblemente delicada, acosado y fustigado de manera inmisericorde desde dentro y fuera de su partido mientras el país atravesaba por unas circunstancias difíciles (paro, inflación, terrorismo, independentismos dando la murga, sensación de inseguridad ciudadana). Esto, sumado a la debilidad de su ejecutivo, era carnaza para sus rivales políticos, que no perdían ocasión de roer sobre la herida abierta. El PSOE presentaba pocos meses antes una durísima moción de censura, y su propio partido, la UCD, se había convertido en un nido de hienas que se estaba resquebrajando por dentro entre de peleas intestinas de la peor calaña, debido tanto a la incapacidad del propio Suárez como a la infatigable labor de personajes como Óscar Alzaga o Fernández Ordóñez, entre otros, que no por casualidad eran conocidos como "los termitas". Y por si fuera poco, como ruido de fondo, el creciente runrún y chasquido de sables del glorioso Ejército, cada vez más impaciente y hostil frente a lo que consideraba un gobierno débil que se estaba plegando al empuje de las hordas rojas, masónicas, separatistas y hasta ateas que estaban a punto de romper España. Estaba claro que el Presidente necesitaba unas vacaciones lejos de la Corte.

"Siempre me había gustado Galicia y de joven veraneaba aquí. Me encanta el clima y los paisajes. Voy a descansar de verdad" (Blanco y negro, 13 de agosto de 1980, p. 4). Los veinte días que pasó en Galicia el presidente se dedicó a ver gente, a practicar su deporte favorito, el tenis, con su amigo Manolo Santana, a hacer paseos con su familia y amigos por las rías de Pontevedra y Arosa a bordo del Rosarito, y salir a pescar, a pescar tiburones o lo que se terciase. Y por supuesto mantuvo algún que otro encuentro con la prensa, que le preguntaba si en septiembre tenía pensado someterse al fin a una moción de confianza.
"El descanso ya se nota en la cara del Presidente, que parece muy satisfecho en estas vacaciones gallegas". Blanco y Negro, 13-VIII-1980.
Lo cierto es que, como es natural dada la situación del país, las vacaciones del presidente fueron objeto de un minucioso escrutinio mediático que incluía no pocos dardos cargados de mala baba, cuando no de veneno.

Estos quince escualos colgados a la entrada de un restaurante fueron capturados por el jefe del Gobierno durante su estancia estival en Galicia. Del anterior jefe del Estado —tan aficionado a la pesca— se decía que le ojeaban los salmones [...]. De Suárez nadie dice que le hayan enganchado en el anzuelo estos [sic] "quenllas", tiburones gallegos. Faltaría más, en una democracia. El presidente aprovechó sus vacaciones para ejercitar la paciencia, cualidad esencial en un pescador, y olvidar por unos días, frente a la inmensidad del océano, la inmensidad de los problemas que dejó sin resolver al partir y se encuentra al llegar corregidos y aumentados.
Blanco y Negro, 10 de agosto de 1980, p. 69.
"En Galicia estoy siempre de vacaciones" (El País, 14 de agosto de 1980). Podéis juzgar por vosotros mismos la naturaleza de aquellas vacaciones:
Durante las ocho horas que pasó ayer a bordo del pequeño yate Rosarito dedicó parte de su tiempo a trabajar en temas del gobierno, y él mismo descendió del barco en San Vicente de El Grove llevando en la mano el portafolios que contenía "algunos papeles de trabajo que llevé al mar". Adolfo Suárez, acompañado en este viaje marítimo por toda su familia y por su amigo íntimo Fernando Halcón, declaró a EL PAÍS que "en medio de las aguas se puede trabajar a gusto en algunas cosas".
El País, 14 de agosto de 1980.
No solo se llevaba Suárez "algunos papeles de trabajo" al barco, sino que durante aquellos días mantuvo diversas reuniones de carácter político con un número de personajes. Y es que demás de los problemas del conjunto del país, también estaban los problemas de Galicia, como el espinoso y tan mal llevado asunto del Estatuto de Autonomía, cuyo referéndum era inminente. Por último, todavía tuvo tiempo para recibir a los familiares de los marineros del Gargomar, que había sido apresado por el Frente Polisario.

Foto tomada de El Periódico.
¿Cuántos "tiburones gallegos", como los llamaba el ABC, habrá pescado Suárez en Galicia? En algunos periódicos leemos que 14, en otros 15, y alguno creo recordar que sube hasta 24. Pero no importa demasiado, y menos hoy. La pesca de tintoreras era una actividad lúdica o deportiva como cualquier otra, como lo sigue siendo todavía hoy, a pesar del enorme caudal de información de que disponemos a estas alturas del siglo XXI, a diferencia de aquellos años, cuando el mar y sus criaturas eran inagotables y no había conciencia de su fragilidad.

Foto de La Voz de Galicia.
De aquellos días de 1980 nada queda ya. Hoy el mar de Galicia está más vacío y degradado, como el propio país. Vacío de tiburones, de vida, de riqueza y, acaso, de dignidad. Lo poco que había, ya no lo hay. Como el mar, el país ha sido arrasado y saqueado por los grandes poderes económicos gracias a la vil connivencia de sus gobernantes, de uno y de otro color, y por supuesto de buena parte de los ciudadanos que los votaron y jalearon. Es posible que esta situación que estamos padeciendo, unida a la distancia que da el tiempo, nos presente todo aquello bajo una luz demasiado brillante, capaz de cubrir todas sus grietas y sombras. Ya en agosto de 1980 nada era lo que parecía: el indestructible imperio de Raymundo Vázquez se estaba desmoronando. De hecho, el Presidente de la Nación y su familia estaban alojados en la propiedad de una constructora que había entrado en suspensión de pagos. Difícil sustraerse a una interpretación simbólica.
La información enviada por una entidad bancaria pontevedresa en abril de 1980 a la central de riesgos del Banco de España sobre la suspensión de pagos de la constructora, resultó el detonante de una crisis que se fue de las manos y nadie consiguió parar.
El desmoronamiento del imperio de Raymundo Vázquez era tan impensable aquellos días que la Xunta de Galicia no tuvo ningún reparo en gestionar la cesión de La Atlántida para albergar a Adolfo Suárez y toda su familia durante sus vacaciones estivales. De existir el más mínimo temor al respecto, nadie en su sano juicio habría instalado al presidente del Gobierno sobre un volcán en erupción.
El Faro de Vigo, 14 de abril de 2013.
Una aleta de tintorera cortando la superficie (foto de la SEO-Pontevedra).

Cinco meses más tarde, Adolfo Suárez presentó al rey su dimisión irrevocable y pocas semanas después Tejero y su tricornio entraron y salieron del Congreso estropeando la sesión de investidura de Calvo Sotelo y desbaratando planes más oscuros de gente más poderosa. Luego desapareció en el olvido, primero de todos, después de si mismo.

Adolfo Suárez, con sus grandes aciertos y sus graves errores, fue el primer y único presidente verdaderamente político que ha tenido este país. Incluso para quienes estamos bastante lejos de su ideología, permanecerá como un ejemplo de dignidad y de honestidad política que nadie, salvo contadísimas excepciones, ha podido, o querido, igualar. Nos queda su recuerdo en medio de la desoladora mediocridad de una clase dirigente que carece de los más elementales principios de decencia y de compromiso político con los ciudadanos... que indiscutiblemente están (estamos) peor que en aquellos años, pese a que los economistas que nos han traído hasta aquí dicen lo contrario.

La Atlántida ha cambiado de dueños. Actualmente se alguila para la celebración de banquetes (foto tomada de galiciaunica.com)