Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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martes, 18 de agosto de 2015

Agosto de tintoreras 2015

Muelle de Muros, 9 de agosto de 2015 (foto: Toño Maño).
Como un déjà vu. Por tercer año consecutivo un importante número de quenllas o tintoreras (Prionace glauca) han venido a pasearse por nuestras costas, bien cerquita de la orilla. Algunas incluso han entrado en dársenas y en algún caso permanecido allí durante unos días para asombro de propios y extraños. Los últimos días de julio y los primeros diez días de agosto han sido particularmente generosos. En lo personal, lo más asombroso de la temporada lo viví como un déjà vu: más o menos en las mismas fechas del año pasado —primeros de agosto— y estando exactamente en el mismo lugar, recibí la llamada de los mismos amigos avisándome de que en la misma playa volvían a tener delante una cría de tintorera. La pena es que esta vez me resultó imposible acercarme hasta allí, como entonces [véase Una cría de tintorera en Corrubedo].

Muros (foto: Toño Maño).
Tintoreras all over Galicia. Los avistamientos han sido asombrosos, tanto en cantidad como en extensión geográfica. Se han visto tintoreras en la práctica totalidad de nuestra franja costera, desde Foz (un juvenil capturado con caña y devuelto al mar con vida, en un gesto que ennoblece al pescador) hasta Nigrán (un neonato varado en una playa con un agujero que lo atravesaba de parte a parte, probablemente arponeado por un descerebrado). Aunque sin duda la zona caliente de esta temporada está siendo la Costa da Morte, con un amplio número de registros en diversos puntos de Muros, Carnota, Corcubión, Fisterra, Muxía, Laxe, Corme, Ponteceso... Una auténtica zona cero en el sentido más positivo.

Mapa provisional elaborado a partir de las diversas noticias aparecidas en la prensa local y de las aportaciones de lectores y seguidores de Tiburones en Galicia a través del correo y de las páginas de Facebook y G+ (mapa: Google Maps).
Pequeñas tintoreras llegaron a entrar en dársenas como las de Fisterra, Corme y, fundamentalmente, Muros, donde la cosa ha sido espectacular. El sábado 8 de agosto pudieron contarse entre 7 y 8 ejemplares dando vueltas solamente en la parte del muelle que está justo delante de la fábrica de hielo, y 6 al día siguiente, en el mismo lugar. Nos comentaron que se habían visto algunos ejemplares más en otros puntos del puerto, con lo que el número total podía llegar a la docena. Lo triste es que estas crías ya llevaban varios días por allí —no supieron precisarnos cuántos exactamente ... y lo más deprimente es que había gente que las estaba pescando, simplemente porque si, por "deporte". Según nos contaron algunos testigos, solo uno o dos días antes se habían capturado hasta 7. El lunes empezó a cambiar el tiempo, el martes a mediodía se pudieron ver una o dos y a última hora de la tarde, ya ninguna.
 
Casos sorprendentes. Además de lo anterior, dos casos llamaron poderosamente la atención. Uno fueron los ejemplares observados nadando en las aguas salobres de la boca de dos pequeños ríos: cuatro ejemplares dentro del río do Mar, el que separa las playas del Vilar y la Ladeira (Corrubedo), y uno en río Sieira (Porto do Son).
Y el más asombroso: una cría atrapada nada menos que en una charca intermareal. Ocurrió en la playa de la Aguieira (Porto do Son); con la subida de la marea, pudo regresar al mar. Podéis ver las imágenes, amablemente cedidas por su autora, Joana Kiefer, en este enlace del Canal Tiburones en Galicia, junto con un vídeo que pude grabar en el muelle de Muros.

Tallas pequeñas. Todas las tintoreras de las que hemos tenido noticia eran neonatos y juveniles con tallas comprendidas entre los "casi 40 cm", según noticia aparecida en La Voz de Galicia, de una pequeña hembra encontrada el 3 de agosto en la playa de San Xurxo (Ferrol) y los 150-200 cm de un juvenil avistado en la ría de Aldán, Pontevedra. La gran mayoría, no obstante, no sobrepasaron los 60-70 cm, y tan solo un individuo se acercó a los 2 m.

No hay razones para alarmarse o preocuparse. Las personas que se han mostrado preocupadas por la presencia de estos tiburones cerca de las playas pueden tener la certeza de que no existe motivo alguno para alarmarse; estos bichos no suponen ningún peligro o amenaza, y menos con esas tallas. Estas crías solo han venido aquí para alimentarse y crecer en un entorno protegido, no son en absoluto agresivas, sino más bien al contrario, bastante tímidas. Y por supuesto, sus madres no andan por los alrededores: las hembras de los tiburones se desentienden de su prole inmediatamente después del parto, que en esta especie suele tener lugar en primavera, y dejan que se busquen la vida mientras ellas hacen lo propio (es que son bichos muy inteligentes). Así pues, podemos entrar en el agua con total tranquilidad; y si alguno está pensando en deshacerse de la suegra o del cuñado, la recomendación es que vaya pensando en otra estrategia.
A medida que crecen los tiburoncitos se van alejando de la costa. Esto quiere decir que los ejemplares de mayor talla se encuentran unas cuantas millas mar adentro (recordemos que las tintoreras son tiburones fundamentalmente oceánicos).

El domingo 9 el muelle de Muros se había convertido en una especie de acuario a tamaño natural y entrada libre.
Disfrutando de lo que es nuestro. Lo que tenemos que hacer es simplemente aprovechar la ocasión para disfrutar de estos animales, observar sus evoluciones cerca de la superficie, sus súbitas aceleraciones, sus lentos planeos. Es un espectáculo maravilloso que pocas veces vamos a tener la posibilidad de contemplar tan al ladito de casa. Y sobre todo no permitir que nadie nos lo estropee, porque lo están haciendo: hay gente empeñada en privarnos de este privilegio, en impedir que disfrutemos de nuestro precioso patrimonio natural.

Matando porque si. La parte más triste y negra de todo este asunto fue constatar que todavía existen entre nosotros personas que, bien por ignorancia, bien porque carecen de escrúpulos y del más mínimo resto de cerebro, se han dedicado a aniquilar estas pequeñas crías sin ningún motivo, solo por el gusto de matar. Como si su santa y puñetera voluntad estuviese por encima de nuestro derecho colectivo a gozar de lo que es nuestro. A lo comentado sobre algunos "pescadores" de Muros (y de otros lugares), hay que añadir las noticias que nos han llegado de algunos "machotes" (no les vamos a llamar pescasub porque de ninguna manera representan a la generalidad de la gente del gremio) que las han arponeado en diversos puntos de la costa.
(Cada año se capturan en todo el mundo unos 20 millones de tintoreras, según datos de la IUCN, que considera la especie como Casi amenazada. Parece que hay gente dispuesta a echar un cable para que sus poblaciones caigan todavía más.)

Cría encontrada en Nigrán (foto amablemente cedida por María Knarish).
¿Un cambio de mentalidad? Pero hay que ser justos y destacar que, al mismo tiempo, estamos viendo que cada vez hay más gente dispuesta a proteger a estos animales y a defender sus derechos. El día que estuvimos en Muros fue gratificante ver como había personas que llamaban la atención a algunos que andaban por allí con la caña tocando las narices; sabemos también de buena gente que se ha apresurado a devolver enseguida al mar las tintoreras que han picado sus anzuelos, o que han agarrado con sus propias manos... siempre con vida. Parecen señales de que la mentalidad primitiva y tercermundista que siempre ha caracterizado nuestra relación con el mundo natural está cambiando. Ojalá.

La importancia recabar datos. Aunque las tintoreras no son una rareza en Galicia —realmente es al contrario—, no es habitual encontrárselas, en esas cantidades, tan próximas a la orilla. Es todavía muy pronto para dar con una explicación definitiva. Puede ser debido a factores climáticos o ambientales de algún tipo, como la temperatura del agua, o sencillamente a que nos encontremos en una fase de alta productividad, en la que un gran número de hembras se estén congregando cerca de nuestras costas para traer al mundo a sus crías. La tintorera es un tiburón relativamente prolífico en comparación con el resto de especies: maduran con cierta rapidez entre los 4 y los 6 años y pueden parir una media de 35 crías, dependiendo del tamaño de la madre, llegando en un caso hasta las 135; y sabemos también que la costa cantábrica, Galicia y Portugal forman parte de una zona de cría.
Para averiguarlo es de suma importancia que la gente informe de todos los avistamientos de que tengan noticia a fin de completar y ampliar nuestra base de datos. Para que os hagáis una idea del valor de vuestras comunicaciones, he incluido un mapa provisional elaborado tan solo con algunas noticias de prensa y los testimonios que muchos lectores y seguidores de Tiburones en Galicia nos han hecho llegar a través del correo electrónico y de las páginas de Facebook y G+. Como veis, una sola noticia no es nada, pero cuando se pone en relación con otras, la perspectiva cambia radicalmente. El mapa de la costa de Galicia empieza de pronto a llenarse de puntitos rojos que, como si una mano invisible comenzase a garabatear sobre él, van transformándose poco a poco en un texto que seguro terminaremos por descifrar.


Por eso me gustaría terminar este pequeño resumen con un reconocimiento a todos los lectores que se han tomado la molestia de comunicar sus observaciones, incluso acompañándolas, en algunos casos, de fotos y de vídeos impagables. Por orden alfabético: Xaime y Xosé Beiro Formoso, Canta Claro, Ubaldo Cerqueiro y el personal de Qué Pasa Na Costa, Óscar Cordeiro, Begoña Formoso, Manuel Gil, Victorino Jul, Joana Kiefer, María Knarish, Pablo Leis, Marcos Ríos, Javier Souto, Lalo Ventoso y algunos más que seguro que me estoy dejando en el teclado.
¡Seguimos adelante!

martes, 5 de agosto de 2014

Una cría de tintorera en Corrubedo


Esta pequeña tintorera (Prionace glauca) se la encontraron hoy a mediodía unos niños en la playa da Ladeira, Corrubedo. Su sorpresa fue morrocotuda, aunque parece que se levantó algo más que expectación entre los bañistas que observaron como se llevaban el tiburoncito hasta el puesto de vigilancia.

jueves, 2 de enero de 2014

Resumen del 2013


Increíble lo rápido que pasa el tiempo. Así como quien no quiere la cosa, Tiburones en Galicia cumple ya dos añitos. Está más crecidito y formado, y enseguida se nota que ha echado más cuerpo. Atrás han quedado los titubeos de los primeros pasos, los balbuceos ininteligibles, el taca-taca, los cólicos, los miedos nocturnos, los pañales rebosantes... Ya casi da gusto verlo (y olerlo).
La verdad es que este segundo año ha sido bastante fructífero, con un total de 48 artículos (incluido uno que jamás hubiéramos querido publicar), seis más que en el 2012, casi a razón de uno por semana. A lo que hay que añadir las revisiones y actualizaciones de un puñado de viejos posts.
Los criterios que ha guiado tanto la elección de los temas como su distribución han sido, por este orden: el caos, el gusto y apetencias personales del momento y la actualidad. Con todo, es posible encontrar cierta coherencia en el conjunto, pudiendo establecerse cuatro grandes bloques temáticos interrelacionados, tal como hacíamos el año pasado (véase Resumen del 2012): Conservación, Especies, Biología y Hemeroteca.

En cuanto al primero, continuamos la serie dedicada a las escandalosas subvenciones públicas a la pesca industrial ("La pesca insostenible subvencionada (II)" y "La pesca insostenible subvencionada (III): España"), tradujimos un buen artículo que Alan Yuhas publicada en The Guardian valorando el número de ataques de tiburón ocurridos durante el 2012 ("Ataques 2012: En defensa de los tiburones") y nos hicimos eco de las decisiones tomadas durante la última convención del CITES ("Resultados CITES 2013"). También hablamos del número de ejemplares muertos cada año en todo el mundo a consecuencia de la actividad pesquera legal e ilegal ("100 millones de tiburones muertos cada año"), de las toneladas de tiburón que pasaron por la lonja de Vigo ("Lonja de Vigo: Estadísticas 2012"), de las estimaciones sobre el número de tiburones blancos que quedan en el océano ("Quedan muy pocos tiburones blancos"), y de la terrible realidad de los datos pesqueros que ciertas naciones maquillan o, directamente, sin pudor alguno, ocultan ("La pesca insostenible: el caso de China"). Siguiendo con más tomaduras de pelo sangrientas, informamos de una nueva modalidad de finning en "La broma macabra del nuevo finning", un artículo, por cierto, que tuvo una gran difusión. Finalmente, ofrecimos razones más que convincentes para no seguir consumiendo carne de tiburón en "El tiburón, mejor fuera del plato".

El segundo bloque ha quedado un poco rácano en lo que se refiere a monografías específicas. Este año sólo nos hemos ocupado en detalle de siete especies, frente a las trece del anterior:
  • Cailón (Lamna nasus)
  • Olayo de Islandia (Galeorhinus galeus)
  • Marrajo negro (Isurus paucus)
  • Musolón (Pseudotriakis microdon)
  • Pintarroja (Scyliorhinus canicula)
  • Tiburón duende (Mitsukurina owstoni)
  • Angelote (Squatina squatina)
Pero a cambio hemos hablado de tamaños ("Los tiburones más grandes del océano", "Los tiburones más pequeños del océano"), hemos dedicado tres artículos a explicar las claves de clasificación de las familias que forman los tres órdenes mayores de tiburones ("Claves de los Squaliformes", "Claves de los Lamniformes" y "Claves de los Carcharhiniformes") y, como forma de evadirnos, aunque fuera durante un instante, de la tristeza de un año complicado, hemos hablado de belleza (si, de belleza) en dos breves posts cuyo único objetivo era recrearse en la contemplación de los ojos de dos animales extraordinarios: "Los ojos del tiburón blanco" y "Los ojos de la cañabota".

Peregrino (Cetorhinus maximus) fotografiado por José Aller a la altura del faro de Corrubedo.
También nos ocupamos de aspectos puntuales del comportamiento migratorio, horizontal y vertical, de tres estupendos tiburones: "Peregrinaciones del (tiburón) peregrino", "El viaje del cazón (Galeorhinus galeus)" y "Tintorera bate récord de profundidad".
De un peculiar comportamiento observado en cailones juveniles, que podría venir a demostrar que, al menos ciertas especies, son criaturas más inteligentes de lo que se pensaba, hablamos en el post "Los juegos de los jóvenes cailones (Lamna nasus)". Abundando en este tema de la inteligencia, en "La capacidad cognitiva de los tiburones" recogíamos algunos de los resultados de unos experimentos realizados con pintarrojas, en los que se constató que estos animales tienen capacidad para encontrar la estrategia más idónea para encontrar alimento en función de las circunstancias.
Y hablando de buscar alimento, en "Cuando el pez chico ataca al pez grande" hablamos del sistema empleado por un pequeño tiburón tan asombroso como cautivador, el tiburón cigarro, que actúa como un ectoparásito arrancando pedacitos de carne de animales más grandes... y más temidos, como el mismísimo tiburón blanco. Muchos lectores se quedaron tan fascinados por el Isistius, que unos días más tarde decidimos referir el primer caso documentado de ataque a un ser humano en "El ataque del tiburón cigarro".
Naturalmente, también dedicamos un artículo a las cifras globales de ataques de tiburón (de cualquier especie) ocurridos en todo el mundo durante el 2012 ("Ataques de tiburón 2012").

Exceptuando el post "La osmorregulación en los tiburones", el tercer bloque temático lo dedicamos por entero a la biología reproductiva: "La estrategia reproductiva de los tiburones", "Reproducción II: Cortejo y apareamiento", "Reproducción III: La anatomía reproductiva", "Reproducción IV: Oviparismo", "Reproducción V: Viviparismo aplacentario" y "Reproducción VI: Viviparismo placentario".

Dentro ya del último bloque, Hemeroteca, publicamos una curiosa noticia (por calificarla de alguna forma), sacada de un periódico de 1884, que daba cuenta de un suceso asombroso: un tiburón dando caza, ¡en tierra firme!, a sus captores (familiares incluidos): "Ataque de tiburón dentro de una cabaña". En otro periódico un poco más antiguo, de 1851, encontramos el relato de "Una razzia de tiburones (lectura de verano)". En el polo opuesto de lo literario y lo fantasioso se encuentra la noticia que amablemente me envió Chris Moore referida a un ataque ocurrido en Fisterra a principios del XX: "Ataque mortal en Fisterra, 1908".
Y de vuelta al presente, en "Sobre la supuesta "plaga" de tintoreras en Galicia" criticamos con cierta dureza el tono pueril y sensacionalista con que La Voz de Galicia había tratado el tema del supuesto incremento de avistamientos de tintoreras ocurrido este verano. Y finalmente analizamos las novedades de la última edición de la guía de tiburones del mundo de Ebert, Compagno, Fowler y Dando en "Nueva guía, nuevas especies".

Solo un artículo, "Helicoprion", no termina de encajar en ninguno de los bloques anteriores, al tratarse de una especie extinta, que además, muy probablemente no era un tiburón, como se creía, sino una quimera. En cualquier caso, su historia es muy interesante.

La aleta del Cetorhinus cortando la superficie en calma chicha (foto de José Aller).

AGRADECIMIENTOS: No hace falta decir que sin la colaboración desinteresada de mucha gente este Blog estaría muy lejos de ser lo que es. Así pues, valga este pequeño apartado como muestra de reconocimiento y gratitud hacia todos ellos, ya que el presupuesto, siempre menguante, no alcanza para abonar los centenares de cañas que ya debo.
Antón Parada sigue estando ahí para lo que sea, con sus fotos extraordinarias y su espectacular colección de Quercus, completa desde el número 1. Sigo tirando de las fotografías, amablemente cedidas hace ya más de año y medio, por dos organizaciones de referencia en Galicia: la CEMMA y la SGHN (con José Ignacio a la cabeza permitiendo estoicamente que, todavía hoy, continúe dándole la lata de vez en cuando para pedirle más fotos).
Mención aparte merecen dos personajes por los que no puedo sentir más gratitud, por su aliento, su amistad, su apoyo... ¡y por lo de los Apristurus!: Rafa Bañón, uno de los taxónomos más importantes de España y Europa, continúa enviándome, a crédito, fotos y toneladas de bibliografía; por su parte, Gonzalo Mucientes, uno de nuestros mayores expertos en tiburones pelágicos, también apuesta fuerte y de vez en cuando me inunda el correo con centenares de fotografías y algún que otro vídeo. Un placer y un honor.
Gracias también a Pedro Niny Duarte, Nuno Sá, David Litchfield, Juanmi Alemany, Jacobo Alonso, Rafa Aso, Isaías Cruz, buen pintor y gran amante de los tiburones (en el sentido no bíblico), Joaquín Gutiérrez, Dani Insua (por las fotos de José Aller), los amigos de We Like Sharks Portugal, y más gente que seguro me dejo en el bolsillo, por la amable cesión de sus fotografías.
Otros amigos nos han echado un cable a través de las páginas de Facebook y Google +. Su desinteresado interés (permítaseme el juego de palabras) ha sido fundamental para completar y actualizar un par de artículos (gracias, Daniel Cano) y, sobre todo, para corregir un tremendo error de bulto. En este caso considero un privilegio (otro) haber contado con la ayuda de un especialista en Centrophorus (entre otros bichos) de la talla de Javier Guallart.
Finalmente, agradecer a Jorge Cicerón la magnífica fotografía que cierra este primer post del 2014 y que creí perdida para siempre (como buena acción de este año, le perdono no haberme "fotoshopeado" los calcetines blancos).

Muchas gracias también a nuestros lectores, por su confianza, por estar ahí. ¡Que este año hemos superado con creces las 100 000 visitas! Así da gusto.

Un fuerte abrazo para todos. Y que el 2014 sea más propicio que el año que acabamos de despedir.

Foto: Jorge Cicerón.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus)

Foto: CEMMA

Tiburón anguila

Chlamydoselachus anguineus Garman, 1884

(es. Tiburón anguila, tiburón de gorguera; gal. Tiburón anguía; in. Frilled Shark; port. Tubarao cobra, tubarao anguia)

Orden: Hexanchiformes
Familia: Chlamydoselachidae


Si decíamos que la cañabota podía considerarse, con toda justicia, un fósil viviente, el bicho que hoy traemos hasta aquí es sencillamente lo más parecido que podamos imaginar a un animal prehistórico que acabase de cruzar el túnel del tiempo. Su cuerpo alargado y sinuoso como el de una anguila, su cabeza de saurio, dotada de una enorme boca terminal (es decir, situada en el extremo de la cabeza, no en la zona ventral como los demás tiburones) repleta de dientes con forma de tridente, con los orificios nasales en posición casi frontal, y sus ojos ovalados de color verdoso, componen el típico gesto de cruel irracionalidad de los dinosaurios del cine. Vamos, que estamos ante un auténtico monstruo de película, que si nos dicen que mide más de diez metros no nos extrañaría lo más mínimo (tranquilos, no pasa de dos).

En efecto, el Chlamydoselachus es la más antigua de las más de 500 especies de tiburón descritas hasta hoy. Presenta una serie de caracteres anatómicos primitivos que no se encuentran en otros tiburones. A los ya señalados cabe añadir que el canal de la línea lateral es prácticamente externo, se encuentra en buena parte a la vista; y también que, en vez de una columna vertebral propiamente dicha, el tiburón anguila tiene una notocorda formada por segmentos cartilaginosos. Es más que posible que esta especie de monstruo portátil no haya sufrido modificaciones evolutivas sustanciales en los últimos 50 millones de años o más.

Descripción: Otro de los tiburones inconfundibles, tanto por su cuerpo anguiliforme, de donde le viene el nombre, como por la forma especial de esa cabeza como de serpiente. Está claro que es el tiburón con menos pinta de tiburón de todos. De hecho, hay quien ha propuesto separarlo del orden en el que se encuentra actualmente, que comparte con las cañabotas, y ubicarlo en uno propio, los Chlamydoselachiformes.
     No obstante, vamos a completar la descripción señalando que el morro es corto y romo, con la mandíbula superior un poco más prominente que la inferior; los ojos carecen de membrana nictitante, y que las narinas se encuentran en posición muy adelantada lateroventral. Presenta 6 pares de aberturas branquiales grandes, de amplios bordes a modo de collarín con volantes, que casi rodean la cabeza, especialmente el primer par, que se une entre sí en la zona ventral, por eso también se le conoce como tiburón de gorguera¹.

Foto: Rafael Bañón
El cuerpo es delgado, con pliegues o carenas longitudinales en la zona ventral. Sólo tiene una aleta dorsal, pequeña, roma y en posición muy retrasada, justo frente a la anal. Las pectorales son también pequeñas y redondeadas, mientras que las pélvicas y la anal son bastante grandes y alargadas. Caudal abatida, terminada en punta y sin lóbulo terminal; el lóbulo inferior apenas está definido.
Foto: Juan Ignacio-Yosy (SGHN)
La librea es de color pardo grisáceo a marrón oscuro uniforme, más claro en la zona ventral. Los extremos de las aletas son un poco más oscuros. 

Dentición: Isomorfismo dentario; es decir, los dientes de las mandíbulas superior e inferior son iguales. Tienen tres cúspides altas, estrechas y afiladas, más una cuspidilla a cada lado de la central, todas inclinadas hacia atrás, hacia el interior de la boca, con lo que una presa tan escurridiza como un cefalópodo tiene difícil escapatoria una vez las fauces se cierran sobre ella. Alrededor de 300 dientes dispuestos en 25-27 filas funcionales transversas y claramente separadas.
Foto: Juan Ignacio-Yosy (SGHN)
Talla: Al nacer miden entre 39-55 cm. La longitud total máxima registrada fue de 196 cm (por supuesto, una hembra), si bien pueden llegar a los 2 m. Los machos alcanzan la madurez sexual entre los 92-110 cm y las hembras entre los 130 y los 135 cm, aunque algunos autores la suben hasta los 140-145 cm.

Reproducción: Vivíparo aplacentario (ovovivíparo), con camadas de 2 a 15 crías (6 de media), la más baja de todos los Hexanchiformes, tras un periodo de gestación con toda probabilidad muy largo, de 1 a 2 años. Aunque renombrados especialistas como Sho Tanaka sostienen que en realidad podría ser mucho mayor, de 3,5 años o más², lo cual superaría con creces el récord, hasta ahora absoluto, de todos los vertebrados de la Tierra, que está en posesión de otro tiburón, la mielga (Squalus acanthias), con 24 meses, dos más que el elefante africano. Posiblemente los fetos reciban alimento directamente de la madre durante las últimas etapas de gestación.
     Siguiendo con el libro de los récords, comentar que los óvulos de este tiburón están entre las mayores células uninucleadas conocidas del reino animal, ya que pueden alcanzar un diámetro de nada menos que 10 cm y un peso superior a 300 gramos (máximo de 315, según Tanaka)³.
     No parece existir una estacionalidad reproductiva definida. Sólo se sabe que, como ocurre yo diría que con todos los demás vertebrados (inferiores y superiores), los machos se muestran en todo momento y a lo largo de todo el año activos, entusiastas y colaboradores; son las hembras quienes, cuando les da la gana o, en realidad, cuando la naturaleza lo consideran oportuno.
     Posiblemente forman cardúmenes con segregación por tamaño y grado de madurez.
     Se cree que puede vivir 50 años o más.

Dieta: A base fundamentalmente de calamares, también peces de tamaño mediano y otros tiburones de aguas profundas. Sus grandes y flexibles mandíbulas le permiten tragarse enteras presas de hasta la mitad de su tamaño.


Es un cazador activo y voraz. Por la forma de la cola y posición de las aletas pélvicas y anales, se cree que es capaz de efectuar súbitas aceleraciones para abalanzarse por sorpresa sobre sus víctimas. En cautividad se le ha observado nadando con la boca abierta, algunos aventuran que como parte de una técnica de caza: en la oscuridad del fondo las presas podrían sentirse atraídas hacia la tenue luminosidad de sus blanquísimos dientes.

Hábitat y distribución: Especie mesopelágica y demersal del borde continental y el talud superior. Su rango batimétrico oscila entre los 50 y los 1600 m, aunque tiene preferencia por aguas entre los 120-1250 m. Raramente se le ve cerca de la superficie. Se cree que realiza movimientos nictamerales, es decir, durante la noche se aproxima a la superficie para alimentarse y durante el día permanece en el mar profundo.

Elaboración propia según Ebert et al. 2013 y Ebert & Stehman 2013.
Se trata de una especie poco común con una distribución amplia aunque discontinua en aguas frías a templadas del Pacífico y el Atlántico. Hace pocos años se descubrió que la población de Chlamydoselachus de aguas del sur del continente africano (Angola, Namibia y Suráfrica) estaba en realidad compuesta por una especie diferente, bautizada en 2009 como Chlamydoselachus africana o tiburón anguila africano.

Pesca y estatus: No es una especie comercial. Se captura accidentalmente sobre todo con arrastre y palangre de fondo. Se aprovecha básicamente para harina de pescado, aunque en países Japón se lo comen... y quién sabe si aquí también, como uno de los ingredientes nunca definidos de esa cosa pastosa llamada surimi.
Figura en la Lista roja de la IUCN con el estatus de Preocupación menos [actualizado a 26-I-2020].
Foto: CEMMA.
Todas las imágenes que acompañan este artículo, excepto las dos que figuran sin nombre de autor (cuando lo averigüe lo añadiré), corresponden a ejemplares capturados en Galicia. Aunque se trata de una especie rara, parece probable que en nuestras aguas existe una población estable de Chlamydoselachus cuyas dimensiones y extensión todavía desconocemos. Como un grifo que gotea, a poco que nos metemos en faena, no tardamos en conocer noticias de diversas capturas accidentales, desde la primera de que tenemos constancia, que data de 1906, como la cerveza, hasta la actualidad. Algunas están bien documentadas, otras forman parte de comunicaciones personales que aguardan el refrendo de algún tipo de publicación, como por ejemplo varias de 2011, una de ellas a la altura de Corrubedo; otras no son más que rumores. Y además, estoy convencido de que a todas ellas habría que añadir un número obviamente indeterminado de capturas sin reportar.

La SGHN informa en su Blog de que guarda cuatro ejemplares de tiburón anguila, uno de los cuales ya está expuesto al público en el Museo da Natureza, en Ferrol. El último, por cierto, fue entregado a finales de marzo de 2007 por el Gonzacove Uno, con base en Marín, un arrastrero que parece tener un imán para los bichos raros. Los otros tres, dos machos y una hembra, proceden de los caladeros del Canto, los primeros, y de la Selva, la hembra, de casi 170 cm.
Y para quienes anden por la zona, recordaros que el Museo de Historia Natural de Santiago también cuenta con un ejemplar.

A pesar del intenso maltrato al que lo sometemos día y noche, año tras año, como una larguísima sesión de tortura, el mar de Galicia sigue empeñado en ofrecernos de vez en cuando muestras de su extraordinaria riqueza. Tal es el caso. En nuestro océano habita una auténtica joya ictiológica de valor incalculable. Y esto es un privilegio del que debemos ser conscientes.
Como ocurre con tantas otras cosas, no sabemos lo que tenemos... hasta que lo perdemos.

Ejemplar del Museo de Historia Natural "Luis Iglesias" (Foto: Toño Maño)

[Descripción de un encuentro inolvidable, único: Tiburón anguila en O Grove.]

___________
Una de las gorgueras más famosas
del mundo, y no de las más grandes.
¹Por si queda algún despistado por ahí, expliquemos que la gorguera es esa aparatosa prenda hecha de lienzo plisado que adornaba el cuello de la gente guapa de unos cuatro siglos atrás, que parecía que les habían rebanado la cabeza y la habían colocado sobre una bandeja, o, mejor, sobre una enorme hogaza de pan blanco, como nos gustaba imaginar a algunos en las largas y lluviosas tardes de biblioteca.
²Sho Tanaka, Yoshihisa Siobara et al. "The Reproductive Biology of the Frilled Shark, Chlamydoselachus anguineus, from Suruga Bay, Japan." Japanese Journal of Ichthyology. Vol. 37, no. 3, 1990, pp 273-291.
³En un primer momento había escrito que los óvulos del Chlamydoselachus son las mayores células conocidas del mundo animal. Sin embargo, con toda justicia, Javier Guallart me hizo notar que el criterio del diámetro máximo aplicado a unos elementos que, en fresco, pueden deformarse ligeramente, no parece demasiado representativo. En su lugar era preferible el de diámetro promedio, y en caso de duda, recurrir al peso. Y aquí nuestro bicho tiene grandes competidores: si a Tanaka le sale un peso máximo de 315 g, el propio J. Guallart obtuvo para los ovocitos de quelvacho (Centrophorus granulosus), en ejemplares capturados en el Mediterráneo, concretamente en el golfo de Valencia, un máximo de 370,4 g. Véase Javier Guallart & José J. Vicent (2001). "Changes in composition during embryo development of the gulper shark, Centrophorus granulosus (Elasmobranchii, Centrophoridae): an assessment of maternal-embryonic nutritional relationships". Environmental Biology of Fishes, vol 61, no. 2, pp. 135-150.
Mi agradecimiento a la CEMMA (Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños), a la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), en particular a Juan Ignacio, del Museo da Natureza en Ferrol, y a Rafael Bañón, por la cesión desinteresada de sus fotos, éstas y  muchas otras que ya iréis viendo.
Tal vez sea éste uno de esos casos: el 9 de noviembre de 2011, el usuario "beuchat" publicó en el foro de acuariogallego.com estas fotografías bajo el título de "¿Alguien conoce este bicho?". Según él mismo cuenta, el bicho se lo encontró en la lonja de Vigo el día anterior, es decir, el 8 de noviembre. Había sido puesto a la venta.


jueves, 31 de mayo de 2012

Peregrino (Cetorhinus maximus) - Primera parte

Foto: Andy Murch (Elasmodiver.com)

Peregrino

Cetorhinus maximus (Gunnerus, 1765)

(es. Peregrino, tiburón peregrino; gal. Peixe bobo, momo, peixe momo, peixorro, barbosa; in. Basking Shark; por. Tubarao frade.)

Orden: Lamniformes
Familia: Cetorhinidae

  • "Avistan un tiburón peregrino entre las bateas de Bueu. Una bañista de la playa de Portomaior comunicó a la policía local, el pasado lunes por la noche, el avistamiento de un pez de grandes dimensiones en las cercanías de las bateas frente a este arenal." (22-VIII-2007)
  • "Un tiburón visita Foz y desaparece sin dejar rastro. El escualo, de unos tres metros de longitud, recorrió a sus anchas la ría y el puerto." (27-IX-2007)
  • "Canal das Sisargas. Pescadores de Laxe encuentran un tiburón peregrino de cuatro metros a apenas tres millas de la costa." (1-XII-2007)
  • "Aparece en las islas Atlánticas un ejemplar de tiburón peregrino de más de ocho metros de longitud. El pasado mes de agosto se pudo ver otro ejemplar por las inmediaciones de la isla de Ons." (5-XII-2007)
  • "Un pesquero captura en aguas de la ría de Ferrol un tiburón de 4 metros que quedó atrapado en el aparejo. Es el segundo ejemplar de estas características que se pesca en la costa Ártabra en los últimos quince días." (19-III-2010)
  • "Avistan dos ejemplares de tiburón peregrino a una milla de la playa ferrolana de Doniños." (23-IV-2010) 
  • "Capturan un tiburón peregrino de 4 metros en el puerto de Espasante." (5-IV-2011)
  • "Avistan un tiburón peregrino en la costa de O Grove. Los testigos que pasaban por la zona no dudaron en fotografiar al animal." (7-IV-2011) 
  • "Los biólogos buscan en aguas de Cíes un tiburón peregrino de 4 metros." (22-V-2012)
Pedras Negras (O Grove), 7-IV-2011 (Foto: La Voz de Galicia)
Esto es solo una muestra de lo publicado en la prensa gallega durante estos últimos años (1). A ello habría que sumar un porcentaje difícil de determinar de avistamientos no registrados, realizados fundamentalmente por pescadores, o silenciados para no crear alarma entre los sensibles bañistas (la psicosis provocada por Tiburón no es un cuento):
Una de las especies más grandes, junto con el tiburón blanco, es el peregrino, atrapado muchas veces en las redes de los pesqueros norteños. En la playa coruñesa del Orzán apareció uno hace tres años, del que había prueba gráfica, pero no se hizo público por cuestiones de alarma pública, aunque el peregrino es inofensivo, se alimenta sólo de plancton. (2)
Parece evidente que el peregrino visita nuestras costas tal vez más de lo que se cree, aunque bastante menos de lo que muchos desearíamos, porque es sin duda uno de los tiburones más espectaculares y misteriosos de cuantos existen y de cuantos tenemos el privilegio de ver en nuestras aguas.  
Único representante de la familia Cetorhinidae, su nombre científico, dado con toda justicia, como podéis ver, es un compuesto de dos voces griegas, ketos ('monstruo marino') y rhinos ('nariz'), matizadas por el superlativo latino maximus (de magnus, 'grande'), 'grandísimo'.

Descripción: El peregrino es inconfundible, particularmente cuando se le ve nadando lentamente cerca de la superficie con su enorme boca totalmente abierta. Sus aberturas branquiales son también características: tan grandes que casi rodean por completo la cabeza. Como casi todos los Lamniformes, tiene un cuerpo alargado y cilíndrico terminado en una cabeza cónica; los ojos, carentes de membrana nictitante, están situados por delante de las comisuras bucales; las narinas no tienen barbillones; los espiráculos son diminutos y están alejados de los ojos; tiene dos aletas dorsales sin espinas y, por supuesto, aleta anal.
Hembra inmadura (Foto: Antón Parada)
El morro de los adultos es más bien corto y cónico; en cambio, el de los ejemplares inmaduros es alargado, cilíndrico y apuntado. No es de extrañar que en algunas zonas se le conozca como elephant fish o elefant de mer. La boca es muy grande (llega a medir un metro de ancho en los ejemplares grandes) y tiene forma triangular. Los ojos son redondos y pequeños.
La primera aleta dorsal es grande, alta y triangular; está situada entre las pectorales y las pelvianas. La segunda dorsal es bastante más pequeña, prácticamente del mismo tamaño que la anal. Las aletas pectorales no son muy largas en comparación con el cuerpo. El pedúnculo caudal presenta dos fosetas precaudales y está ensanchado por dos potentes quillas laterales. La caudal es grande y con forma semilunar (los dos lóbulos son de tamaño similar), con un lóbulo terminal bien diferenciado.
La piel es muy áspera al estar cubierta por fuertes dentículos dérmicos. Muchas veces pueden verse pequeñas heridas o erosiones redondeadas que probablemente han sido provocadas por lampreas de mar (Petromyzon marinus).

Color: Varía del gris muy oscuro al gris pardusco o gris azulado oscuro, que puede ser más claro e incluso blanco en la zona ventral. Puede presentar manchas blancuzcas irregulares bajo la cabeza y el abdomen, así como franjas longitudinales y manchas más claras en los flancos.

Dentición: Aunque es planctófago, la boca del peregrino contiene aproximadamente 200 dientes por mandíbula distribuidos a lo largo de 4 a 9 series funcionales. Son muy pequeños, en torno a los 5 mm de altura, y poseen una única cúspide cónica ligeramente inclinada hacia atrás en forma de gancho.

Talla: Es el segundo pez más grande del océano, por detrás del espectacular tiburón ballena (Rhincodon typus), que puede alcanzar los 21 metros de longitud total.
Excepcionalmente, el Cetorhinus puede llegar a superar los 12 m de longitud (algunos han señalado de 12,2 a 15,2 m) y las 7 toneladas, aunque por lo general no rebasan la barrera de los 10 m (9,8 m). Lo normal es que ronden los 8 m, sobre todo las hembras, que suelen ser más grandes.
Los machos alcanzan la madurez sexual entre los 4-5 m, y las hembras a partir de los 8 m.

Reproducción: Aunque pueda parecer paradójico tratándose de una especie relativamente famosa y televisiva, y a pesar de que ciertamente ha habido avances en la investigación, todavía sabemos muy poco de la biología reproductiva del peregrino. Para hacernos una idea, buena parte de los datos de que disponemos actualmente proceden de un estudio publicado hace 60 años, en 1950, sobre especímenes capturados en aguas de Escocia. En él se concluía, entre otras cosas, que este tiburón es ovovivíparo; que en las hembras observadas sólo el ovario derecho era funcional, pero que contenía al menos 5 millones de óvulos de 0,5 mm de diámetro; y que los espermatóforos (especie de agregados o cápsulas de espermatozoides) producidos por los machos tenían un diámetro de unos 5 cm y flotaban en un líquido claro del cual unos 18 litros podían ser trasvasados al útero de la hembra durante la cópula.(3)
En aquel entonces, como ahora, sólo se tenía noticia de la captura de una única hembra grávida que tuvo lugar en 1936 en la costa oriental de Noruega. Mientras era remolcada hasta el puerto de Teigboden, dio a luz a 6 crías de entre 1,5 y 2 m; cinco de ellas comenzaron a nadar cerca de la superficie con sus bocas abiertas, posiblemente buscando comida, y la sexta nació muerta.
En resumen, a falta de más datos, lo que sabemos es que el peregrino es vivíparo aplacentario (ovovivíparo), con camadas no muy elevadas, de hasta 6 crías. Es posible que los fetos practiquen la oofagia (es decir, que dentro del útero materno se alimenten de huevos no fecundados) dado que se han encontrado grandes cantidades de pequeños huevos en el útero de hembras adultas no grávidas. No se ha demostrado la práctica del canibalismo intrauterino (el que los fetos más fuertes y grandes se alimenten de sus hermanos más débiles y pequeños). Por otro lado, el periodo de gestación es con toda probabilidad muy largo, estimado en alrededor de 2,6 años, con un ciclo reproductivo de 2-3 años. Al nacer miden entre 150-170 cm (algunos alargan este margen hasta los 2 m).
Los machos son maduros a partir de los 12-16 años, al llegar a los 5,5 m; las hembras a partir de los 20 años y los 8 m. Se cree que pueden llegar a vivir hasta los 50 años.
Todo ello camadas bajas tras un larguísimo periodo de gestación más un ciclo reproductivo lento convierte a estos tiburones en criaturas extremadamente vulnerables a la pesca intensiva.
Dado el escaso número de hembras grávidas que conocemos, algunos investigadores se inclinan a pensar que tal vez exista algún tipo de segregación espacial y batimétrica que las mantenga alejadas de las demás hembras que con frecuencia observamos cerca de la superficie (y por tanto de la mirada de los científicos). Otros opinan que quizá, sencillamente, lo que ocurre es que el porcentaje de hembras preñadas sea muy reducido respecto del total y por eso el registro de capturas sea tan bajo.
En la segunda parte de este artículo hablaremos de lo que posiblemente constituya una ceremonia de cortejo.

Alimentación: Se alimenta del zooplancton que extrae filtrando el agua del mar. De hecho, forma junto con el tiburón ballena y el boquiancho (Megachasma pelagios) la tríada de tiburones filtradores. El método que emplea es simple: exclusivamente la filtración pasiva; es decir, sin utilizar ningún mecanismo de succión como sus compañeros. Se desplaza lentamente (según algunas estimaciones entre 2-5 km/h) con las enormes fauces bien abiertas para recibir el mayor caudal posible de agua, que sale por las aberturas branquiales totalmente tamizada. Los arcos branquiales están dotados de unas estructuras parecidas a peines llamadas branquispinas, especialmente diseñadas para filtrar el agua de mar y retener organismos diminutos como copépodos, huevos y larvas de decápodos y de muchas otras especies (pequeñas gambas y otros invertebrados planctónicos) que componen la sopa que tanto les gusta. Cada arco branquial tiene entre 1000 y 1300 branquispinas de 10-15 cm de longitud. Se calcula que el peregrino puede filtrar, por hora, el contenido de una piscina olímpica, es decir, unos 2,5 millones de litros de agua (poquita cosa).
Periódicamente el peregrino cierra la boca para tragar la masa filtrada. En su estómago puede llegar a acumular, de media, hasta media tonelada de alimento.
Con la llegada del invierno las branquispinas se van desprendiendo para adaptarse, según ciertas hipótesis, a otro tipo de dieta en aguas profundas, y vuelven a formarse con la llegada de la primavera. Sin embargo, el que un 40% de ejemplares capturados en invierno todavía las conservasen, hace pensar que esta estrategia no es seguida (o al menos no de forma matemática) por una parte sustancial, cuando menos, de las poblaciones. Se necesitan más estudios para dilucidar cabalmente este punto.

Hábitat y distribución: Tiburón pelágico, semi-oceánico u oceánico, altamente migratorio, de distribución mundial en aguas templadas a frías de la plataforma y talud continental hasta los 2000 o 4000 m, sobre todo en los meses invernales. En las regiones ecuatoriales y tropicales se encuentra en aguas profundas, bajo la termoclina.
Parece ser más frecuente en aguas frías entre los 6º y los 16º C en las franjas norte y sur del Atlántico y el Pacífico. En las costas británicas, Japón y Terranova, la mayor parte de los registros se han producido en aguas entre 8 y 14ºC, mientras que en la costa este estadounidense (Nueva Inglaterra), entre los 16 y los 24ºC.

Elaboración propia a partir de Ebert, Fowler, Compagno & Dando, 2013.
Tiene preferencia por los frentes oceánicos donde confluyen diferentes masas de agua, cerca de las costas, cabos, islas y bahías con fuertes movimientos de masas de agua debidas al flujo mareal y donde se producen concentraciones de zooplancton.
En primavera y verano se concentran en latitudes altas coincidiendo con estos afloramientos de plancton. Suele aproximarse mucho a la costa, hasta el extremo de penetrar en dársenas y puertos.


>> Ir a la SEGUNDA PARTE
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(1) Todas las entradas son de La Voz de Galicia, excepto la antepenúltima, del Correo Gallego, y la última, del Faro de Vigo. La fecha entre paréntesis corresponde a la fecha de publicación, no a la de los avistamientos. Por supuesto, se podrían añadir más noticias, como la del ejemplar expuesto en las instalaciones de Pescaderías Coruñesas el 28 de mayo de 2008 (imágenes y más información en su blog). 
Y para la gente del Barbanza: 
"Sabemos dun exemplar femia capturado polo pesqueiro "Atlántico", atopado morto aboiando na praia A Praguiña, en Corrubedo (Ribeira-A Coruña) o 26 de marzo de 1974. Tiña unha lonxitude próxima ós 7 m, un peso duns 2.800 kg. O seu fígado pesou 700 kg.  [...] O 17 de decembro de 1981, varou na praia de Corrubedo un exemplar que foi devolto ó mar aínda vivo." (Estanislao F. de la Cigoña y Estanislao de Kostka F. de la Cigoña. Peixes dos nosos mares e ríos. Vigo: Editorial AGCE S. L., 2007, p. 14.)
(2) La Voz de Galicia, 30-IX-1980.
(3) En cuanto a la cópula, cuyas pautas no son tampoco muy conocidas:
"En el Atlántico Norte, a finales del año 1997, se vio a un macho poniendo una de sus aletas pectorales encima de la aleta dorsal de su compañera. En esta posición, nadando muy juntos, le introdujo un pterigopodio en la cloaca sin necesidad de morder a la hembra (BERTSHCHINGER, com. pers.)." (Joan Barrull e Isabel Mate. Tiburones del Mediterráneo. Arenys de Mar: Llibreria El Set-ciènces, 2002, p. 143.)
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viernes, 6 de abril de 2012

Cañabota (Hexanchus griseus)

Foto: Antón Parada

Cañabota

Hexanchus griseus (Bonnaterre, 1788)

(es. Cañabota, cañabota gris, chata; gal. Bocadoce gris, bocadoce; cat. Xata, negra; peix xovato; in. Bluntnose Sixgill Shark; port. Tubarão albafar; fr. Griset.)

Orden: Hexanchiformes
Familia:
Hexanchidae

Jueves 2 de julio de 2009. En la playa Os Castros, Ribadeo, la gente disfrutaba de un espléndido día de sol. El agua estaba a la temperatura perfecta. De pronto alguien divisó una sombra que se desplazaba lentamente bajo la superficie; fuera lo que fuese, aquello parecía enorme. Los socorristas, alarmados, hicieron salir a todos del agua y clausuraron la playa. Poco después un grupo de Protección Civil localizó al animal. Efectivamente, aquella criatura era más grande que su zódiac de 4 metros. Nadie sabía exactamente a qué era aquello, y algunos apuntaron que podría tratarse de una cañabota¹. La prensa añadió que era muy posible que fuese el mismo pez que días atrás se había estado paseando por al menos un par de playas de la Mariña lucense inquietando a un puñado de testigos. Posiblemente lo que vieron fue un peregrino (Cetorhinus maximus) y no una especie de aguas profundas, pero no importa. Lo que llama muchísimo la atención es que hubiesen mencionado una especie tan rara como el Hexanchus.

Tres años antes, el 14 de septiembre de 2006, también jueves, en una zona denominada Chan de Touriñán, a pocas millas de Camariñas², la tripulación del Coral, un arrastrero de Riveira que pescaba a la pareja con el San Martín, se encontró al izar el aparejo con el espectacular tiburón de las fotografías que ilustran este artículo: un grueso corpachón terroso oscuro rematado en una cabezota ancha y redondeada, con los ojos de un extraño color verdoso azulado. Era una hembra sin lugar a dudas, pues durante la operación dio a luz seis crías vivas que los mariñeiros devolvieron al mar. Al llegar a puerto llamaron a la CEMMA, quienes a su vez se pusieron en contacto con la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), que fue quien se hizo cargo del animal una vez desembarcado en Camariñas, para identificarlo, medirlo y tomar muestras. La verdad es que era muy grande, nada menos que 4,5 m de longitud total; aunque el hallazgo más sorprendente estaba en su interior: todavía quedaban 31 crías, ya muertas, de entre 69 y 76 cm³, es decir, que ya habían llegado al final de su gestación; el parto natural era inminente. Una verdadera pena.


Descripción: La cañabota no es un tiburón fácil de confundir, excepto, quizá, con algún otro miembro de su pequeña familia (Hexanchidae). Uno de sus rasgos más característicos son los seis pares de aberturas branquiales laterales, en lugar de las cinco habituales en el resto de las especies no Hexanchiformes. Es un tiburón corpulento, de cuerpo grueso y alargado y una cabeza bien ancha de extremo redondeado. El morro es corto y grueso visto de perfil. La boca, parabólica, es también muy grande. Ojos relativamente pequeños, excepto en los ejemplares juveniles, y como muchas especies de aguas profundas, de color verdoso o verde azulado reverberante cuando el ejemplar está vivo; anillo o aureola blanca rodeando la pupila. Presenta una única aleta dorsal en posición muy retrasada, bastante cerca de la cola, aproximadamente sobre la axila de las aletas pélvicas. Las aletas pectorales son cortas, anchas y redondeadas. El pedúnculo caudal es corto, más o menos con la misma longitud que la base de la dorsal, y la aleta caudal es bastante larga y abatida, con un lóbulo terminal claramente marcado.
     En cuanto al color, la cañabota no presenta el típico patrón bicolor (dorso más oscuro que el vientre), sino un gris o gris terroso a castaño uniforme en los adultos, y gris con la superficie ventral más clara o blanquecina en los jóvenes.
La línea lateral está bien marcada con un tono más claro. El borde posterior de las aletas de color claro, excepto en los neonatos.

Dentición: Dimorfismo dentario, es decir, dientes distintos en cada mandíbula. Los de la mandíbula superior son lisos y estrechos, los laterales con pequeñas cúspides
secundarias del lado externo. Los de la inferior son grandes y muy característicos: presentan varias cúspides dispuestas a modo de peine (pectinados), como se ve en la imagen. 26-46 dientes en la mandíbula superior y 19-38 en la inferior, distribuidos en 6 hileras. 

Foto: Marty Snyderman.
Talla: La cañabota es el más grande de los Hexanchiformes. Como mínimo, llega a los 482 cm, posiblemente hasta los 550 cm estimados para una hembra, seguramente preñada, observada por un sumergible. Miden al nacer entre 61 y 74 cm, y en general alcanzan la madurez entre 300-330 cm, los machos, y 350-420 cm las hembras.
     En Ebert y Stehmann (2013) encontramos información más exacta: los machos son juveniles hasta los 281 cm, adolescentes entre los 273-308 cm, maduran a los 309-330 cm, y llegan a alcanzar una longitud total máxima de 430 cm; las hembras llegan inmaduras hasta os 320 cm, posiblemente son adolescentes o recién entradas en la madurez entre los 350-420 cm, y maduras hacia los 421 cm, pudiendo llegar a alcanzar los 550 cm.

Foto: Antón Parada
Reproducción: Al tratarse de un tiburón de profundidad, y pese a que es capturado con cierta frecuencia, la información de que disponemos no es muy abundante. Como todos los Hexanchiformes, la cañabota es vivípara aplacentaria (ovovivípara), con camadas grandes de 22 a 108 crías tras un periodo de gestación posiblemente bastante largo. Es posible que el ciclo reproductor sea bianual: 12 meses de gestación seguidos de 12 meses de descanso. Probablemente es una especie longeva; algunos autores apuntan que puede vivir hasta 80 años.
     Es probable que exista una segregación por tamaños, lo cual parece lógico dado el perfil oportunista de la especie, que no duda en alimentarse de sus congéneres más pequeños si se presenta la ocasión. Las áreas de cría se encuentran en la parte superior del talud y borde exterior continental, en cuyos fondos suelen encontrarse los individuos más jóvenes, que se desplazan hacia aguas más profundas y alejadas de la costa a medida que van creciendo. Se cree que en el golfo de Vizcaya se encuentra una de sus zonas de cría, dada la presencia estacional de juveniles.
     En el Mediterráneo, concretamente en el Canal de Ibiza y Golfo de Valencia, se producen abundantes capturas en un mismo rango batimétrico (550-800 m), y por parte de los mismos barcos, que abarcan un amplio espectro de tallas, desde prácticamente neonatos hasta ejemplares de gran talla, pasando por juveniles. Lo que parece desmontar, al menos para esta zona, la hipótesis de la segregación por tamaños.


Foto: Juan Ignacio (SGHN).
Dieta: La cañabota es muy oportunista. Come de todo (sería el orgullo de nuestras abuelas): desde otros tiburones más pequeños como las mielgas (también a sus congéneres), hasta, los ejemplares más grandes, cetáceos y focas, pasando por rayas, quimeras, diferentes especies de peces óseos, calamares, crustáceos, etc. Y también tiene hábitos carroñeros, alimentándose de los cadáveres que caen hasta el lecho marino.
     La dieta parece variar según la edad: el análisis de contenidos estomacales ha mostrado que los individuos más jóvenes menores de 1,2 m prefieren los cefalópodos y peces; entre 1,2-2 m, cefalópodos, peces y algunos condrictios, también pequeños mamíferos marinos; y por encima de 2 m, la preferencia son sobre todo los mamíferos marinos y los grandes peces. En todo caso, los hábitos carroñeros se dan en todas las tallas.

Foto: Javier Guallart.
Hábitat y distribución: Es una especie demersal de aguas profundas normalmente entre los 500 y los 1100 m, pudiendo llegar por lo menos hasta los 2500 m en el talud superior.
     Aunque a veces se encuentra sobre la plataforma continental, se distribuye sobre todo en el talud continental e insular, montañas submarinas y dorsales medio oceánicas. En ocasiones, los ejemplares jóvenes pueden encontrarse en aguas frías poco profundas (menos de 200 m) cercanas a la costa, sobre todo en las latitudes altas donde la plataforma continental es estrecha; y los adultos, por su parte, pueden también aventurarse en aguas someras, sobre todo donde los cañones submarinos del talud se abren cerca de la costa. Frecuentemente aparecen asociados a zonas de afloramientos y alta productividad biológica.

Elaboración propia a partir de Ebert et al. (2013) y Rodríguez-Cabello et al. (2012).
Distribución mundial muy amplia aunque discontinua, en mares templados e incluso tropicales. Probablemente está ausente de las zonas polares. Tiene hábitos migratorios.

Comportamiento: Se le encuentra en solitario o en grupos. Es un nadador lento, pero de gran potencia. Los ejemplares grandes no suelen ofrecer demasiada resistencia cuando son capturados; en cambio, los jóvenes son muy combativos. Los adultos son muy sensibles a la luz, aun de baja intensidad, por lo que apenas se les suele ver a la luz del día en aguas someras, si bien pueden acercarse a la superficie por la noche o durante intentos afloramientos de plancton.

     Durante el día se les puede encontrar cerca del fondo, a gran profundidad, y al atardecer, como muchas especies de aguas profundas, pueden emprender migraciones verticales hacia aguas más someras en busca de alimento, al menos en determinadas zonas, para regresar a las profundidades al acercarse el día.
     Recientemente se ha descubierto que este tiburón posee flotabilidad positiva. Los datos aportados por una serie de acelerómetros colocados en varios ejemplares en aguas de Hawai demostraron que los tiburones debían realizar un esfuerzo mayor durante el descenso que durante el ascenso para lograr la misma velocidad; además, planeaban en sentido ascendente durante periodos de varios minutos sin realizar el menor trabajo muscular. Los tiburones ascendían hasta los 200-300 m durante la noche y bajaban más allá de los 500 m durante el día. Se cree que puede tratarse de una adaptación para favorecer la rapidez de movimientos durante las emboscadas, y también para facilitar el movimiento vertical de ascenso cuando la musculatura está muy fría debido a las bajas temperaturas de las aguas profundas.

Estos tiburones no son peligrosos para el hombre, a pesar de su gran tamaño. Aunque la probabilidad de un encuentro fortuito es extremadamente baja, dada la profundidad de su hábitat, en aquellas zonas donde, debido a una particular geomorfología costera, se ha observado que con cierta frecuencia llegan a aguas someras, suelen mostrarse cautos y dóciles en presencia de buceadores, particularmente los ejemplares más grandes; mientras que los jóvenes se muestran algo más irritables. Sólo hay constancia de un único ataque (no fatídico) a un buceador que recogía almejas en el estrecho de Puget, estado Washington.

Foto: Antón Parada.
Pesca y estatus: La cañabota se captura sobre todo con arrastre y palangre de fondo. Se aprovecha el aceite de su enorme hígado y su carne se consume fresca y salada, aunque no parece muy apreciada. El resto, para pienso. Aunque a menudo es descartada en su totalidad. Dada su flotabilidad positiva, estos ejemplares que se tiran por la borda, incluso los más grandes, son arrastrados por las corrientes hacia la costa generando cierto revuelo entre la gente y, sobre todo, los periodistas.
     Figura en la lista roja de la IUCN con el estatus de Preocupación menor.
Aunque no se pueda decir que sea abundante en Galicia, la cañabota sí parece una especie relativamente común en los grandes fondos que rodean nuestra costa. En el Mediterráneo se considera una especie bastante común en su rango batimétrico, y son numerosas las informaciones que llegan de capturas por arrastreros comerciales que faenan en el talud. Sin embargo, no está del todo claro si este elevado número de capturas puede constituir una amenaza para la especie, o si, por el contrario, es un indicador de la abundancia de sus poblaciones, a pesar de la pesca.

En 2003, el Gonzacove Uno, un arrastrero con base en Marín, capturó, con pocas semanas de diferencia, dos ejemplares, como nos informa La Voz de Galicia de 23 de septiembre. El primero, una hembra "de unos 5 metros" que dio a luz sobre la misma cubierta del barco (igualmente, las crías fueron devueltas al mar); el segundo, un individuo de 212 cm capturado a 500 m de profundidad frente a la costa de Corrubedo junto con un tiburón duende.
En la costa cantábrica, en abril de 2005, otro arrastrero, el Elanis Berria, con base en Avilés, capturó accidentalmente otra hembra de 410 cm y 620 kg de peso. Estaba preñada. Cuando la abrieron se toparon con 87 fetos ya formados... 

     ¿Es posible que la cañabota haya elegido Galicia y alrededores como zona de cría?
     Pues por qué no. Soñar es gratis.


La cañabota es la que está tumbada con la boca abierta (Foto: Antón Parada).
Estamos ante un verdadero fósil viviente. Sus dientes solo se encuentran en registros fósiles de hace casi 100 millones de años, y hay quien considera las cañabotas, como los Hexanchiformes en general, los descendientes más directos de los tiburones del Mesozoico. ¿Cuánto tiempo más podrán mantenerse entre nosotros? Pues de nosotros depende.
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Una nota de agradecimiento al gran Antonio Parada por su apoyo y generosidad en la cesión desinteresada de sus extraordinarias fotografías (graciñas, Tucho).

[Actualizado el 21-VI-2015. Muchísimas gracias a Javier Guallart por sus importantes aclaraciones y matizaciones sobre el artículo original, y por las fotografías.]

Fuente: www.discovery.com.

=>Véase también: Los ojos de la cañabota.


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¹La Voz de Galicia de 4 de julio de 2009.
²La Voz de Galicia de 15 de septiembre de 2006.

³Ver nota completa en el Blog de la SGHN de Ferrol
David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
Javier Guallart, comunicación personal.
David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth. 
Cristina Rodríguez-Cabello, A. Serrano, R. Bañón, F. Sánchez y M. Pérez (2012). Deep-water chondrichtyan species caught in the Galicia Bank (NE Atlantic). Póster presentado en el XVII congreso del SIEBM.
Foto: Mark Royer, University of Hawaii.
Por este motivo es posible que la flotabilidad positiva también se dé en otras especies de aguas profundas, cuyos enormes hígados se creía hasta ahora que, como mucho, les conferían flotabilidad neutra. Uno de los ejemplares marcados durante este trabajo, también con flotabilidad positiva, fue otra especie de profundidad, el tiburón espinoso (Echinorhinus cookei). Véase Itsumi Nakamura, Carl G. Meyer, Katsufumi Sato (2015). Unexpected Positive Buoyancy in Deep Sea Sharks, Hexanchus griseus and a Echinorhinus cookei. PLoS ONE 10(6): e0127667. doi:10.1371/journal.pone.0127667
En la Columbia Británica se ha montado un negocio de turismo de buceo alrededor de esta especie que parece que tiene éxito. Como todos los tiburones, la cañabota está demostrado que vale más viva que muerta. Es una idea.
Javier Guallart, comunicación personal.