Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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viernes, 27 de febrero de 2026

Ataques 2025

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto (editada) de Andrew Fox, Rodney Fox Shark Expeditions.

El ISAF (siglas del International Shark Attack File, 'Archivo Internacional de Ataques de Tiburón') ha publicado su informe anual sobre los accidentes hombre-tiburón —eso que tradicionalmente hemos calificado como «ataques»— ocurridos a lo largo del pasado 2025 en todo el mundo. Ha habido un incremento de casos con respecto al 2024, pero dentro de la media de los últimos años. Vamos al detalle.

domingo, 19 de octubre de 2025

El primer ataque de tiburón registrado en América

Colón en la isla de las perlas. Grabado coloreado de Theodor de Bry (1554).

Bartolomé de las Casas (c. 1484-1566) es una de las personalidades más eminentes de la España del siglo XVI, en particular en lo que respecta al tema de la conquista de América. Testigo de las atrocidades cometidas por los españoles ya desde lo primeros años de la colonización, que, según consideraba, iban contra los mandamientos más sagrados de su religión, emprendió una infatigable labor de denuncia y de defensa de los pueblos indígenas incluso ante el mismísimo emperador.

viernes, 14 de febrero de 2025

Ataques 2023 y 2024

El maravilloso tiburón blanco (Carcharodon carcharias), un bellísimo animal con una fama inmerecida. Foto de Andrew Fox, Rodney Fox Great White Shark Expeditions.

Acaba de publicarse el informe anual del ISAF (siglas del Archivo Internacional de Ataques de Tiburón, del Museo de Historia Natural de Florida) sobre el número de mordeduras no provocadas de tiburón registradas durante el 2024 en el mundo. Dado que por circunstancias el año pasado no fue posible recoger las del 2023, aprovechamos para incluirlas también aquí.

lunes, 6 de febrero de 2023

Ataques 2022

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto: Andrew Fox, Rodney Fox Shark Expeditions.
 
Ya tenemos aquí las cifras de los ataques de tiburón ocurridos en todo el mundo a lo largo del pasado año 2022. Acaban de ser publicadas por el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón (o ISAF por sus siglas en inglés), con sede en Florida.

lunes, 31 de enero de 2022

Ataques 2021

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto: Rodney Fox Great White Shark Expeditions.

El Archivo Internacional de Ataques de Tiburón (ISAF, por sus siglas en inglés) acaba de publicar su informe anual sobre los ataques registrados en todo el mundo durante el pasado año 2021. Aquí tenéis todos los datos.

martes, 28 de septiembre de 2021

Los ataques más antiguos de la historia

Elaboración propia. Mapa: Pter Dlouhý (Wikimedia Commons). Foto 1: Jeffrey Quilter; foto 2: Universidad de Kyoto; foto 3: Peter Siegel.

El hombre lleva miles de años conviviendo con el tiburón. Desde el instante en que por primera vez contempló el mar como una fuente de alimento y se decidió a meter los pies en el agua para investigar sus rincones, aprendió que los tiburones eran parte inevitable de una naturaleza que te daba la vida, pero también, en ocasiones, la muerte, una muerte que podía llegar a ser tan espantosa como alguna de las que siguen.

sábado, 10 de abril de 2021

Ataques 2020

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en una extraordinaria foto de Christian Pulham.

Hace ya unas cuantas semanas, el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón, más conocido como ISAF, en sus siglas en inglés, publicaba su informe anual sobre el 2020, y aquí os lo presentamos, este año con un poquito de retraso.

martes, 21 de enero de 2020

Ataques 2019

Tiburón cigarro (Isistius brasiliensis). Foto: Personnel of NOAA ship Pisces (tomada de AllRefer).

El ISAF (siglas del Archivo Internacional de Ataques de Tiburón), de la Universidad de Florida, acaba de publicar su informe anual. El equipo de especialistas analizó un total de 140 incidentes entre tiburones y personas ocurridos a lo largo del 2019, de los cuales solo 64 fueron considerados claramente como ataques no provocados, es decir, interacciones ocurridas en el medio natural (no en piscinas o tanques de acuario) en las que no hubo ningún tipo de provocación por parte de la víctima*. Son 18 casos menos que la media anual de los últimos 5 años, que se sitúa en 82. Aquí tenéis las cifras:

lunes, 30 de septiembre de 2019

Los tiburones y el comercio de esclavos

Slavers Throwing Overboard the Dead and Dying—Typhoon Coming ("Negreros arrojando por la borda a los muertos y los moribundos—Se aproxima un tifón"). J. M. W. Turner (1840). Cuadro inspirado en un suceso real.
El comercio atlántico de esclavos constituye, desde cualquier punto de vista, excepto tal vez el capitalista, uno de los episodios más atroces y sanguinarios de la historia de la humanidad... y de la inhumanidad que le es consustancial. A lo largo de 300 años de horror, millones de personas fueron brutalmente arrancadas de sus tierras, almacenadas en buques en peores condiciones que el ganado y transportadas al otro lado del océano convertidas en esclavos. El feroz salvajismo con el que unos supuestos seres humanos se ensañaron con sus semejantes es solo comparable con el exhibido (diferencias cuantitativas aparte) durante otros episodios de nuestro glorioso pasado como el exterminio de los indígenas de Tierra del Fuego, la conquista del Congo, o los campos de exterminio de los nazis¹. Centenares de miles de almas se dejaron la vida durante la interminable travesía del Atlántico, bien víctimas de la enfermedad, bien del castigo, bien para huir de su prisión. Todos acabaron en el mar.

martes, 19 de marzo de 2019

Ataques 2018

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto: Mike Coots, Discover Sharks.
Hace unas semanas, el ISAF (Archivo internacional de ataques de tiburón) hizo público su informe anual, un documento interesante tanto para quienes amamos los tiburones como, sobre todo, para quienes los temen o los odian: sus estadísticas, claras y frías, demuestran la radical irracionalidad del miedo y del rechazo que estos magníficos animales provocan todavía en buena parte del público, incluso en países como el nuestro, en donde las vacas y los perros matan más personas y los petardos causan daños mucho más terribles.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Ataques 2017

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto de Andrew Fox.
El ISAF (ya sabéis, siglas del International Shark Attack File, "Archivo Internacional de Ataques de Tiburón") acaba de publicar las cifras de ataques registrados en todo el mundo durante el pasado 2017. En total se investigaron 155 incidentes, de los cuales solo 88, a su juicio, pudieron calificarse como ataques no provocados. El resto lo componen ataques provocados (30), "ataques" a embarcaciones (18), a cadáveres (2), accidentes en acuarios (1), y casos dudosos (12) o no confirmados (4).

lunes, 13 de febrero de 2017

Ataques 2016

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias) de patrulla bajo las olas.


Un año más, el ISAF (como ya sabéis, siglas del International Shark Attack File, de la Universidad de Florida) acaba de publicar las cifras de ataques no provocados ocurridos durante el pasado 2016. Y un año más aquí las tenéis, bien fresquitas:

martes, 17 de enero de 2017

Lo erróneo de la identificación errónea

Simpática ilustración de Mason Philips titulada "Un error común" sobre un fondo de surfistas en superficie: "Fig. 1: León marino. Fig: 2: Ser humano sobre una tabla de surf. Fig. 3: León marino sobre una tabla de surf."

La teoría de la identificación errónea es ya un clásico en los debates sobre el porqué de los ataques de tiburón, en particular los que tienen como protagonista al tiburón blanco (Carcharodon carcharias) y su supuesta afición por mordisquear surfistas. Como sabéis, la idea es que en su gran mayoría son consecuencia de un error de identificación: el hambriento animalico confunde al surfista con una foca; camuflado contra el fondo, observa una forma que encaja en el perfil de presa que lleva grabado en el disco duro de su cerebro y se abalanza sobre ella. Quienes defienden esto argumentan que, vista desde abajo, la silueta de una tabla con un surfista encima, braceando y pataleando, recortada contra la claridad de la superficie, se parece a la de un pinnípedo como el elefante marino del norte (Mirounga angustirostris), uno de sus platos favoritos. Hay quien añade —sorprendentemente— que el gran blanco no tiene una gran agudeza visual y que por encima no siempre las condiciones de visibilidad son las más idóneas.
     Sin embargo, pese a su aparente lógica, esta teoría jamás ha sido testada o probada efectivamente, por lo que llama la atención que todavía siga gozando de una amplia difusión y predicamento, tanto más cuanto que, ya desde el primer momento, no han sido pocos los científicos que han manifestado serias dudas y reservas al respecto, empezando por el hecho de que el tiburón blanco tiene en realidad una vista muy buena. Hace pocas semanas se publicaba un interesante trabajo que recoge y actualiza algunos de sus argumentos a la luz de nuevos datos y observaciones. Lleva el elocuente título de "Do White Shark Bites on Surfers Reflect Their Attack Strategies on Pinnipeds?" ['¿Las mordeduras de tiburón blanco a surfistas son un reflejo de sus estrategias de ataque a los pinnípedos?']¹ y está firmado por Erich Ritter, el tipo aquel tan extravagante al que, como recordaréis, no se le ocurrió mejor idea que meterse entre un grupo de C. leucas para probar no-sé-qué y acabó mordido en una pata justo delante de las cámaras de Discovery Channel, y Alexandra Quester.
     Estos autores analizaron 67 incidentes ocurridos entre 1966 y 2015 en las costas de California y Oregón, en el Pacífico norteamericano, para llegar a la demoledora conclusión de que eso de la identificación errónea es un cuento chino². No existen evidencias de ningún tipo que sustenten esta teoría, más bien al contrario. Ni el tipo de daños causados, tanto a la persona como a la tabla, ni las tallas de los tiburones implicados concuerdan con un ataque con fines depredadores.

Diversos tipos de daños en tablas de surf... y de heridas en algunos pobres leones marinos.
Daños personales y materiales. El 13% de los incidentes analizados terminaron sin que el surfista y su tabla sufriesen apenas algo más que algún rasguño sin importancia, ni siquiera cuando el primero terminó en el agua, y en más del 72% los daños fueron considerados leves o moderados³. En el 21%, el tiburón o bien volvió a morder al surfista o bien reajustó su mordedura inicial; de ellos, el 64% acabaron sin daños o con daños leves. En conjunto, en una escala de 0 a 5, donde 0 indica daños inexistentes y 5 daños absolutos, la gravedad media de las heridas fue de 1,8. ¿Cómo casan estos datos con un ataque en toda regla por parte de un gran tiburón blanco? ¿Por qué tantos supervivientes? Los pinnípedos son criaturas sumamente ágiles —muchísimo más que su cazador— y escurridizas, y el tiburón lo sabe, como sabe también que su ataque debe ser lo más veloz, potente y devastador posible para matarlas o, al menos, inmovilizarlas a la primera, pues de lo contrario, adiós almuerzo.
     Una explicación que suele darse es que tan pronto se produce el contacto con el surfista, la tabla, o ambos —a veces bien encajaditos entre sus fauces—, los afinadísimos receptores químicos dispuestos en distintos puntos de la cavidad bucal detectan el error; el cerebro efectúa el cálculo coste-beneficio, concluye que no merece la pena emplear tanta energía en consumir una cosa tan mala y de tan poca sustancia, y el bicho, decepcionado, la suelta —la escupe—. Todo ello prácticamente en décimas de segundo. Aun aceptando esto, la violencia del encuentro inicial —más bien encontronazo— por fuerza debería causar daños bastante más graves, como los observados en leones marinos que lograron escapar de algún ataque, bien para seguir viviendo, bien para morir, atravesados de dolor, en una playa o sobre las tristes rocas de un islote.
     Otra posible explicación vendría dada por la técnica de caza bautizada en su momento por John McCosker como bite and spit ('morder y escupir'). Tras el brutal ataque, el tiburón suelta su presa y, desde una distancia de seguridad, aguarda hasta que se muera o quede suficientemente debilitada antes de proceder a devorarla con tranquilidad (el tiburón blanco es una criatura muy precavida, y con razón, pues aun herido de gravedad, un león marino adulto puede causar heridas muy serias). Durante este intervalo es cuando el surfista puede ser rescatado y recibir la asistencia médica necesaria. Pero igual que en el caso anterior, las evidencias hablan por si solas: el 76% de los supuestos ataques analizados no habrían servido para incapacitar a un pinnípedo.

En Point Reyes, California. Foto de Scott Anderson.
Tallas. Los tiburones blancos van variando su dieta a medida que crecen. Aunque existen pequeñas diferencias geográficas, en un cálculo conservador se estima que en la parte del Pacífico norteamericano los ejemplares de tallas inferiores a 3,5 m no tienen a los grandes pinnípedos como presas habituales, pues, entre otras cosas, carecen de la velocidad y destreza necesarias para enfrentarse a estos ágiles y fuertes animales, y además sus dientes todavía no han adquirido la forma y estructura necesarias para cortar su carne. Los ataques observados son excepcionales, y siempre a pinnípedos pequeños. Es entre los 3,5 y 4,5 m cuando estos mamíferos marinos comienzan a ser vistos como un alimento posible y deseable y ya se observan ataques, tanto más frecuentes cuanto mayor es el bicho. A partir de los 4,5 m, los pinnípedos son ya parte de su dieta regular.
     Pues bien, solo en 24 de los incidentes analizados se pudo lograr una estimación fiable de las tallas, pero incluso así los datos son reveladores, o al menos dan mucho que pensar: en el 50% los protagonistas fueron juveniles de entre 2,5 y 3,5 m, y en otro 25%, individuos de entre 3,5 y 4,5 m. ¿Cómo se explica esto? ¿Una casualidad, o es que a los jóvenes tiburones también les pone el surf?

¿De verdad que el tiburón blanco es incapaz de distinguir una foca de una tabla de surf con un señor (o señora) encima? El Carcharodon carcharias lleva cazando pinnípedos desde sus mismos orígenes como especie, con toda probabilidad siguiendo la senda abierta por sus padres y abuelos. Por eso cuesta creer que a lo largo de 6 millones de años de evolución paralela un depredador tan eficiente no haya tenido tiempo de forjarse una imagen clara y fidedigna, desde todas las perspectivas posibles, de una de sus presas primordiales, sobre todo porque de ello depende su supervivencia. La vista es un sistema de primer orden que el tiburón blanco emplea para localizar a sus presas y para fijar, por así decirlo, la diana de su trayectoria de ataque. Según se cree, utiliza una especie de búsqueda por imagen: en su cerebro guarda un archivo de imágenes con las que compara cualquier objeto o figura que detecta. Cuando hay coincidencia ataca, si no la hay puede acercarse a investigar, a ver qué es eso, a qué sabe.

Foto de Michael Scholl.
     Por otro lado, la teoría del error de identificación solo parece tener en cuenta observaciones realizadas desde una perspectiva estrictamente vertical. Si os dais cuenta, todos los dibujos, fotos y esquemas ilustrativos muestran una vista de la dichosa tabla de surf, con sus brazos y piernas —normalmente dos de cada— sobresaliendo de sus extremos, como tomada desde unos cuantos metros de profundidad justo en la vertical. Una imagen ideal que no siempre se ajusta a las condiciones impuestas por la realidad, no siempre las presas y las tablas se ofrecen desde esta perspectiva tan perfecta. Así vemos como en los casos estudiados la profundidad media fue de 4 m, con el fondo claramente visible en el 10,7% de los casos, lo cual quiere decir que por fuerza el tiburón debió de ver y aproximarse a sus "víctimas" viniendo desde un ángulo mucho más abierto, desde el cual la famosa silueta ideal se diluye y se convierte en otra cosa, y no desde luego en una foca.

Investigaciones y juegos. Los tiburones blancos son criaturas sumamente inteligentes y, en consecuencia, sumamente curiosas. Se les ha podido observar en infinidad de ocasiones acercándose a investigar, golpeándolos o mordiéndolos, los más diversos objetos, con aproximaciones indirectas u orientadas en función de su forma, tamaño y color, desde los más extraños hasta los más familiares, como los señuelos que imitaban la forma de sus presas. Y siempre el sentido de la vista jugando un papel fundamental.
     Una dieta tan variada y cambiante ontogénicamente hace de la curiosidad una necesidad. El tiburón necesita investigar constantemente, descubrir nuevas fuentes de alimento, encontrar las estrategias más idóneas para detectarlas y cazarlas. Por eso se acerca a los surfistas, golpea sus tablas, los "sopesa" con la boca (el tiburón no tiene manos) y, si no queda satisfecho, los vuelve a morder, a veces orientando la mordida para tratar de apreciar mejor su sabor y su contenido energético. Forma parte de su proceso de aprendizaje. Esto explica por qué la mayoría de las heridas son leves o moderadas y por qué los ejemplares implicados eran juveniles en su mayoría. Pero incluso en aquellos casos donde los daños fueron graves de verdad y además provocados por individuos de gran talla, de 4 a 6 m (un total de 7), la actividad investigadora no se puede descartar del todo. Según los autores, las heridas secundarias, causadas por las reacciones de la víctima, pueden llegar a ser tan severas o más que las del propio mordisco.
     Y no nos olvidemos del juego, uno de los elementos más decisivos en el proceso de aprendizaje de todo gran depredador. Gracias a él, un animal aprende a controlar sus movimientos, a dominar su cuerpo, a practicar y perfeccionar su técnica... aprende, en definitiva, a ser depredador. Por eso los tiburones blancos interactúan, "juegan", con los diversos objetos y bichos que encuentran, tal como se ha descrito. Se les ha visto acercarse a un surfista en súbitas y poderosas arrancadas, pese a tratarse de un objeto desconocido, que después quedaban en nada, o terminaban en un golpe, un roce o un pequeño mordisco. La teoría del juego explica el porqué de ese 50% de juveniles menores de 3,5 m implicados en los supuestos ataques.

     En fin, para concluir, que este artículo ya se nos ha ido bastante de las manos, lo cierto es que no deberíamos hablar de "ataques", sino de encuentros, o si lo preferís, de incidentes, en los que el tiburón no pretendía cazar una presa, sino investigar, aprender jugando, sobre todo los más chiquitines, que es que son un amor.

Los encuentros con tiburones blancos son más numerosos de lo que parece. Lo que ocurre es que la mayor parte pasan desapercibidos; los surfistas regresan a la playa y al chiringuito sonrientes, atléticos y felices... y nunca sabrán que durante unos larguísimos minutos han estado bajo la atenta mirada de un gran depredador. La reciente aparición de los drones nos ha abierto una ventana a una realidad que cada vez más gente desearía no ver. En la imagen, algunas escenas de juveniles investigando diversos tipos de tablas, un kayak y, en el centro abajo, un señuelo en forma de foca (foto: University of California at Davis), más un par de carteles advirtiendo del avistamiento de tiburones en un par de playas de California.

PS: Sobre el juego en los tiburones, podéis consultar este breve artículo sobre un pariente muy cercano del tiburón blanco, el cailón: Los juegos de los jóvenes cailones (Lamna nasus).
_______________________________
¹La referencia completa es: Erich Ritter & Alexandra Quester (2016). Do White Shark Bites on Surfers Reflect Their Attack Strategies on Pinnipeds? Journal of Marine Biology (1):1-7. http://dx.doi.org/10.1155/2016/9539010.
²Naturalmente, no lo dicen con estas palabras, sino así: "The results presented show that the theory of mistaken identity, where white sharks erroneously mistake surfers for pinnipeds, does not hold true and should be rejected" ('Los resultados que presentamos muestran que la teoría de la identificación errónea, según la cual los tiburones blancos confunden surfistas con pinnípedos, no es cierta y debe ser rechazada').
³Según la escala empleada, los daños leves comprenden laceraciones y pequeñas heridas punzantes en la persona, y arañazos y muescas superficiales en la tabla; los moderados, heridas subcutáneas sin pérdida de tejidos, y, en la tabla, muescas y cortes moderados, en los que el diente penetra hasta la mitad, sin pérdida de material. Tablas y surfistas se valoran conjuntamente, puesto que ambos son percibidos por el tiburón, al menos en teoría, como una unidad, no sabemos si bajo la categoría de "cosa rara", de "bicho raro", o qué (el estudio tampoco lo deja claro).

jueves, 15 de diciembre de 2016

Los tigres del mar (1916)


"Por la posición de la boca, el tiburón tiene que volverse vientre arriba para tragar la presa; los negros aprovechan tal desventaja, abriéndoles el vientre con filoso cuchillo."

Volvemos a sumergimos en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional para rescatar un curioso reportaje sobre tiburones publicado hace casi exactamente 100 años, el 16 de diciembre de 1916, en una de las revistas ilustradas más importantes del Cono Sur, Caras y Caretas. Fundada en Montevideo en 1890 por el periodista español Eustaquio Pellicer, en 1898 se trasladó a la Argentina, donde continuaría editándose hasta 1941. Para que os hagáis una pequeña idea de su extraordinaria calidad, entre sus páginas encontramos textos de las más grandes figuras políticas y literarias del momento, tanto españolas como americanas: Castelar, Unamuno y nada menos que Valle-Inclán, además de Rubén Darío, Leopoldo Lugones o mi admirado Horacio Quiroga. Un lujo.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Ataques de tiburón 2015

Carcharodon carcharias (foto: Rafa Aso).

El ISAF (siglas de International Shark Attack File, 'Archivo Internacional de Ataques de Tiburón') acaba de publicar las cifras de ataques no provocados ocurridos en todo el mundo durante el pasado 2015. Tras investigar más de 160 incidentes, sus datos son los siguientes:

98 ataques no provocados, 26 más que en 2014, según el ISAF...
... o bien 102 si contamos 22 ataques en Australia, tal como reporta el Australian Shark Attack File, en lugar de los 18 del ISAF.

6 personas fallecidas en todo el mundo, el doble que el año anterior. Dos en la isla de Reunión y una en Australia, Nueva Caledonia, Hawaii y Egipto.

Distribución de los ataques. Como es habitual, los EEUU se llevaron la peor parte del pastel. Nada menos que el 76,5% del total. Fueron 59 ataques (frente a los 52 de 2014), ocurridos en su mayoría (30) en Florida, como era de esperar (con los condados de Volusia y Brevard a la cabeza), seguidos de los 8 en cada una de las dos Carolinas, 7 en Hawaii, 2 en California, 2 en Texas, y uno en Mississippi y New York.
En el resto del mundo, 18 (o 22) ataques ocurrieron en Australia (la mayor cifra desde el año 2009, con 22), 8 en Sudáfrica, 4 en Reunión, 2 en las Canarias, 2 en las Galápagos, y uno en las Bahamas, Brasil, Egipto, Nueva Caledonia y Thailandia.

Tipología de las víctimas. Los practicantes de deportes de tabla como los surfistas fueron los más solicitados por los tiburones, con un 49% de ataques, lo cual no deja de tener su lógica, al tratarse de personas que pasan muchísimo tiempo en zonas de rompiente, muy frecuentadas por estos bichos, chapoteando con brazos y piernas. A cierta distancia se sitúan bañistas y vadeadores (42% de los ataques), y practicantes de snorkel (9%). Este año tampoco ha habido ataques a buzos.

¿Qué es un "ataque no provocado"? Por ataque no provocado nos referimos a incidentes ocurridos en un ambiente natural cuando no existe ningún tipo de provocación por parte de las personas. Por tanto, quedan excluidos los ocurridos en acuarios o en el mar durante actividades científicas, ataques a embarcaciones, mordeduras post-mortem, etc.

Jaquetón toro (Carcharhinus leucas). Foto: Klaus Jost, The Shark Laboratory.

CONCLUSIONES.

Podemos repetir perfectamente las de años anteriores. A saber:

1) Los tiburones no son tan fieros y sanguinarios como los pintan. Más bien al contrario. Si pensamos, una vez más, en los millones de horas que millones de personas pasan metidos en el agua a lo largo de millones de kilómetros de mar y costa en todo el mundo... alrededor de 100 ataques y menos de 10 fatalidades representan una cifra irrisoria (no así, evidentemente, para los interesados). Cualquier autoridad de tráfico la firmaría sin pensárselo dos veces, celebrándolo con champán y exhibición bailes regionales.

2) El que un año más la zona del planeta donde más ataques se producen (Florida, EEUU) termine la temporada sin víctimas mortales demuestra la importancia de la educación y de las medidas de seguridad en las playas (vigilancia, control, médicos) para prevenir malas experiencias. Aunque los encuentros son inevitables y no siempre terminan bien, es posible disfrutar el mar y sus criaturas si autoridades y bañistas actúan con sensatez y sentido común. Científicamente probado. Cuando fallamos en estas cosas tan elementales puede ocurrir como en Reunión, donde llevan 7 muertos en cinco años, algunos debidos a graves imprudencias, y tenemos a las incompetentes autoridades haciendo caso a un grupo de niños pera con tablas de surf pidiendo a gritos la caza del tiburón que no les deja meterse en el agua como y cuando a ellos les viene en gana. Muy triste.


PS: Quien desee consultar las cifras de años anteriores solo tiene que pinchar en los siguientes enlaces: 2012, 2013, 2014.

martes, 14 de julio de 2015

Ataques en perspectiva: Miedo e información


Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto de Frank West.
0. Tiburones, ataques, miedo y desconocimiento. El miedo a los tiburones, a ser devorado por uno bien grande y con muchos dientes, seguramente en un ataque brutal y despiadado, está muy extendido por buena parte del planeta. Llega incluso a lugares donde nadie recuerda haber visto ni oído jamás noticia de un suceso semejante. Es uno de los miedos más absurdos que existen.
     Con motivo o sin él, la palabra 'tiburón' sigue evocando en la mente de demasiadas personas pesadillas de sangre y de muerte, aun a pesar de las decenas de documentales de tv (con algunas excepciones), de los centenares de publicaciones en revistas especializadas y en diversos soportes de los grandes mass media ofreciendo todo un arsenal de evidencias científicas, datos objetivos, estadísticas, etc., en contra de semejante idea.
     Un par de "ataques" en cualquier zona remota del globo bastan para neutralizar todo ese arduo trabajo, para que esa armadura pedagógica construida con tanto esfuerzo se venga abajo en el cerebro del espectador como un castillo de naipes. De nuevo el tiburón se aparece como un asesino sediento de sangre, y de nuevo algunos gobernantes desaprensivos aprovechan la ocasión para exhibirse ante el pueblo como paladines de su seguridad autorizando batidas que no solo no logran jamás encontrar al "culpable", sino que además resultan caras, contraproducentes y de todo punto ineficaces, como se ha demostrado recientemente en Australia Occidental.
     Ante la irracionalidad del miedo y la irracional estupidez de no pocas autoridades públicas, solo cabe un recurso, el mismo, una y otra vez, con isistencia: el conocimiento y la educación. Al fin y al cabo ya sabemos que el componente principal del miedo es la ignorancia: se teme lo que no se conoce. Una vez más, hay que tomar los datos y evidencias científicas y volver a ponerlos sobre la mesa, a ser posible adoptando nuevas estrategias, nuevas formas de presentación, que nos permitan cuestionar nuestros miedos observando los ataques desde la perspectiva adecuada. Esto es lo que ha hecho un grupo de científicos californianos hace pocos días, con la publicación de un informe* en el que se demuestra que, contrariamente a lo que la gente cree, sobre todo tras los últimos ataques de tiburón ocurridos en Carolina del Sur, el riesgo de ser atacado por un tiburón blanco en California no solo no ha aumentado, sino que ha disminuido en más de un 91% con respecto a mediados del siglo pasado.
     Pero antes de echar un breve vistazo a estas cifras, es interesante entender qué es exactamente el miedo.

Foto de Lisa Perla.
1. ¿Qué es el miedo? El miedo puede definirse como la angustia o el recelo de que algo malo nos suceda, a nosotros o a los nuestros. Tenemos miedo al fracaso, al ridículo, a la muerte, al dolor, a una mutilación, a una pérdida. Como todo sentimiento, el miedo no siempre (o casi nunca) obedece a una causa totalmente objetiva y racional, es decir, ponderada ecuánimemente en todas sus dimensiones. Así, un náufrago en mitad del océano, rodeado de tiburones hambrientos y sin la más mínima perspectiva razonable de ser avistado por un buque o un avión de rescate, tiene razones más que suficientes para sentir algo más que miedo; en cambio, un señor de barba que se va a poner a remojo en la playa de la Lanzada, pues no.
     Casos extremos y absurdos aparte, un mismo elemento o circunstancia puede paralizar de terror a algunas personas o suscitar un moderado sentimiento de alerta o de preocupación en otras. Todos manejamos nuestros miedos como podemos, y no todos nos enfrentamos a la realidad de igual manera. De hecho, podemos establecer una escala de todos nuestros miedos según su grado de racionalidad o de irracionalidad y según nuestra forma de gestionarlos. Los que tienen hijos lo entenderán perfectamente si piensan, por ejemplo, en la primera vez que dejamos que crucen solos la calle. Sabemos que hay un hermoso paso de cebra que los conductores suelen respetar (a veces hay también un semáforo), sabemos que los críos han aprendido las normas más elementales y las ponen en práctica con la más ejemplar corrección, y en unos pocos casos, la verdad es que el niño ya tiene 15 años y no es daltónico ni tarado... pero el miedo a que ocurra algo siempre está ahí: a veces se manifiesta como una imagen fugaz que manejamos sin problema y dejamos pasar sin que apenas nos roce, pero para algunas personas es como una aguja que se les clavara en la piel. En la carretera, donde hay muchos coches y muchos conductores, siempre hay un riesgo, por mínimo que sea, y basta que conozcamos un solo caso desgraciado para que en determinados momentos se nos encoja el corazón.
     Pero hay un elemento racional, objetivable, en todo esto. Por eso, cuando desaparece la causa o cambian las circunstancias, el miedo se evapora. Nadie tiene miedo de los coches y del tráfico cuando está en su salón viendo la tele, con los críos durmiendo plácidamente en su habitación. Las palabras 'tráfico' y 'automóvil' han perdido el poder de generar angustia o aprensión. En cambio, mucha gente lee u oye la palabra 'tiburón' y solo piensan en que la semana que viene se van a la playa, que a lo mejor no está precisamente en Australia, sino en la provincia de Lugo. Y sin embargo, los coches matan y mutilan horriblemente a más personas que los tiburones, objetivamente hablando. ¿Por qué empeñarse en sentir miedo?

Foto: Félix Lugo.
2. ¿Miedo o fobia? En realidad, salvo en determinados lugares y circunstancias, el miedo a los tiburones está más cerca de la fobia, definida por la RAE como un terror irracional y compulsivo, que del miedo propiamente dicho, tal como lo hemos analizado arriba. ¿No entraría en esta categoría el miedo que mucha gente de aquí, de Galicia y de España en general, tiene a los tiburones, que asocian casi instintivamente con el prototipo, totalmente injusto e inmerecido, del tiburón asesino, el gran tiburón blanco? No pocos bañistas de por aquí oyen la palabra tiburón, ven una aleta de peregrino cerca de la costa (en fotografía), y se le disparan todas las alarmas.
     Más o menos entienden que una cosa es bañarse en ciertos lugares de Australia, Suráfrica, o los EEUU, y otra muy distinta hacerlo en Ribadeo o en la bocana de la ría de Muros, donde ningún paisano se ha visto jamás triturado entre las magníficas fauces del Carcharodon carcharias (y en algún caso no habrá sido por falta de velas al Apóstol). Y sin embargo...

3. Aguas un 91% más seguras en 2013 que en 1950. Pese a las apariencias, pese a todos nuestros miedos y fobias (los nuestros y los de las gentes de allí), un grupo de científicos norteamericanos ha demostrado con datos estadísticos que el riesgo de ser atacado por un gran blanco es muy inferior hoy en día de lo que lo era hace 60 años. Inferior en más de un 91%. Y estamos hablando de California, donde sí hay una importante población de tiburones blancos y donde sí ha habido ataques a personas.
     Los autores tomaron las cifras de los ataques producidos a lo largo de estos años (86 ataques, 13 con resultado de muerte) y las pusieron en relación con las estadísticas de crecimiento de la población costera, fija y de temporada, y del número de practicantes de diversos deportes y actividades acuáticas. Los datos son demoledores: en 2013 la población costera se ha multiplicado por tres con respecto a 1950; de 7000 surfistas se ha pasado a 872 000; de alrededor de 2000 buceadores titulados a principios de los 60, hemos llegado a 408 000.
     Hoy hay muchos más miles de personas que permanecen el el agua durante periodos de tiempo más prolongados que hace 60 años, la población de tiburones blancos parece que se mantiene estable o incluso, para algunas fuentes, que ha aumentado gracias a unas extremas medidas de protección, y sin embargo el riesgo es muy inferior. ¿Cómo es eso posible?

Foto: j-m ghislain.
4. Causas del descenso. La causa principal que señalan los autores del estudio es (¿lo adivináis?) el conocimiento. Conocer a los tiburones nos permite saber cuándo y cómo evitarlos, conocer sus movimientos y sus preferencias, identificar puntos calientes y puntos fríos, y por tanto anticiparnos.
"Por ejemplo, hay una mayor probabilidad de encontrarse con grandes tiburones blancos en la costa de California en otoño que en primavera, cuando emigran hacia Hawai. El riesgo de toparse con un tiburón es más alto al atardecer. (...) En el condado de Mendocino, resulta 24 veces más seguro surfear en marzo que en octubre y noviembre; y si los surfistas eligen el tramo de costa entre Los Angeles y San Diego en marzo, pueden estar 1566 veces más seguros que durante los meses de otoño en Mendocino."
Hay que recordar siempre que en este asunto la parte supuestamente racional somos nosotros. Somos nosotros quienes debemos anticiparnos, ser precavidos. Con la misma normalidad con que consultamos el parte meteorológico cuando nos preparamos para ir a la playa o a practicar algún tipo de deporte acuático, en ciertas zonas la gente puede y debe consultar cuándo y dónde hay más riesgo de tener un encuentro no deseado con un tiburón blanco, y cuándo y dónde es posible echarse al agua con tranquilidad.
     Los autores creen también que la recuperación de las poblaciones de elefantes marinos en California (de menos de 100 ejemplares a finales del XIX se ha pasado a más de 100 000 actualmente) es otro factor importante: ha contribuido a la estabilidad y ligero aumento de la población de tiburones pero también a atraerlos hacia las zonas donde se congregan y donde crían, alejándolos de este modo de los lugares ocupados por las personas. En suma, un océano un poco más sano también ayuda.
     Lo que no ayuda, lo que no sirve para nada, son las batidas, la caza indiscriminada de tiburones. Además de romper el equilibrio del mar, lo que consigue es acabar con especies "inocentes" y consumir un montón de dinero público que podría invertirse en algo más fructífero y de eficacia demostrada: conseguir más información y datos más exactos, y transmitírselos a los usuarios de las playas. El año pasado, tras unos ataques fatales ocurridos en aquellas aguas, el gobierno de Australia Occidental se gastó 22 millones de dólares australianos en batidas y no logró capturar ni un solo tiburón blanco [véase también Matar tiburones para protegernos es absurdo].

El bellísimo Carcharodon carcharias en una imagen extraordinaria de Daniel Botelho.

5. Dos datos contra miedos y fobias. En California, donde (insistimos) hay tiburones blancos y donde se han producido ataques, algunos fatales, un bañista tiene 1817 veces más probabilidades de morir ahogado que de ser atacado por uno de estos tiburones. En cuanto a los buzos, están 6897 veces más expuestos a terminar en el hospital por culpa de un accidente bárico que de un mal encuentro con el grandioso Carcharodon carcharias.

Podemos ir a la playa tranquilos.

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*Ecological Society of America. "To avoid dangerous shark encounters, information trumps culling: Risk of great white shark attack in California waters down 91 percent since 1950, researchers report." ScienceDaily. <www.sciencedaily.com/releases/2015/07/150710110418.htm>, consultado el 12 de julio de 2015.
Podéis acceder al informe desde aquí.

martes, 18 de febrero de 2014

Ataques de tiburón 2013

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Fotografía de Rafa Aso.

El ISAF (siglas del International Shark Attack File, 'Archivo Internacional de Ataques de Tiburón') acaba de publicar los datos de ataques de tiburón ocurridos en todo el mundo durante el pasado 2013. Este es el resumen:

-75 ataques no provocados. Nueve menos que durante el 2012. Recordemos que se consideran ataques no provocados aquellos que se producen en el medio natural sin que haya habido provocación alguna por parte de la víctima. De 125 interacciones hombre-tiburón reportadas, sólo 75 obtuvieron esta consideración.
El país con mayor número de ataques sigue siendo EEUU, con 34, esto es, el 47,2 % del total. A gran distancia le siguen Hawai (13 ataques) y Australia (10); a continuación Suráfrica (5), Reunión (3) y Jamaica (2); y con un único ataque se encuentran Brasil, Diego García, Nueva Caledonia, Nueva Zelanda y las Seychelles.

-10 víctimas mortales. Son tres más que en el 2012, superando claramente el promedio de seis cada año para el periodo 2003-2012.
Sin embargo, si valoramos esta triste cifra desde una perspectiva temporal más amplia, lo que observamos es que confirma una sólida tendencia a la baja que lleva produciéndose durante las últimas 11 décadas.
Fueron dos víctimas en Australia y otras dos en la isla de Reunión; y una en Brasil, el atolón de Diego García, Hawai, Jamaica, Nueva Zelanda y Suráfrica.

-Tipología de las víctimas: 46% de los ataques fueron a surfistas y practicantes de algún otro deporte de tabla, el 31% a bañistas y nadadores, y el 14% a buceadores.
Esta diferencia probablemente se deba a la mayor cantidad de tiempo que los surfistas pasan en el agua chapoteando, braceando, etc., en una zona, además, frecuentada por los tiburones.

Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier). Foto de Raquel Rossa.

En resumen: a pesar de la globalización y de los espectaculares avances en las tecnologías de la comunicación y la información, que hacen cada vez más difícil pasar por alto (u ocultar) cualquier ataque ocurrido en el punto más remoto del planeta, y a pesar también del cada vez mayor número de personas que pasan sus vacaciones no sólo cerca del mar, sino metidas en él durante cada vez más tiempo, el número de ataques reportados (incluidos los ataques mortales) sigue descendiendo. Esto significa dos cosas:
  1. Que los tiburones no son tan fieros como los pintan y como mucha gente todavía se empeña en creer. No están ahí para masticar señores, sino porque el mar es donde viven y donde comen.
  2. Que la única forma de reducir el riesgo de un ataque de tiburón es la educación de los usuarios de las playas, la mejora en las medidas de seguridad y, en determinados puntos calientes, el contar con personal bien entrenado para atender, con la suficiente rapidez y eficacia, a cualquier víctima. Es por este motivo por el que en los EEUU se está reduciendo significativamente el número de ataques y de fatalidades.
Las vacas causan muchísimas más muertes al año que los tiburones, también los perros, los osos, los hipopótamos... y, encima de todos ellos, las propias personas. El ser humano es el mayor depredador de seres humanos.

[Información más completa pinchando aquí].

>>Véase también los siguientes posts:

domingo, 10 de noviembre de 2013

Ataque mortal en Fisterra, 1908

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en una gran fotografía de Isaías Cruz.

Ocurrió en agosto de 1908 cerca del cabo Fisterra. La víctima fue el tripulante de un vapor de la naviera británica P&O (Peninsular and Oriental Steam Navigation Company) que por motivos desconocidos se cayó al mar y acabó devorado por un tiburón que, según testimonio de los pasajeros, llevaba varios días siguiendo el barco.

Esta es es la noticia completa¹. Está fechada el 28 de agosto de 1908, pero no salió publicada hasta el 14 de octubre en el Poverty Bay Herald. La traducción, como siempre, es mía (no es muy allá, pero siempre es mejor que la de cualquier translator).
DEVORADO POR UN TIBURÓN
Londres, 28 de agosto.

Los pasajeros del vapor Arabia, de la Compañía P&O, que llegó esta semana, fueron testigos de una horrible tragedia. Un miembro de la tripulación, William Newbury, fue devorado por un tiburón. Newbury tenía 26 años de edad y estaba casado. Hacía varios días que un tiburón de gran tamaño iba siguiendo el barco. Cuando el correo se encontraba en las cercanías del cabo Finisterre se escuchó un grito de "Hombre al agua". Al instante todos sintieron un vuelco en el corazón cuando la imagen del tiburón se les vino a la cabeza.
El barco viró rapidamente y prepararon un bote. Vieron a William en el agua, nadando. Desde la cubierta observaron que se mantenía bien a flote mientras el bote iba hacia él a toda velocidad. De pronto, en el instante que hacía frente a una ola, el hombre emitió un horrible chillido. Al mismo tiempo se produjo una gran conmoción en el agua y su cabeza desapareció. El bote llegó al lugar unos instantes después, pero demasiado tarde. Las olas estaban teñidas de sangre. El feroz pez y su víctima estaban ya en las profundidades. Cómo cayó Newbury al agua es un misterio.
El Arabia siempre estuvo adscrito a la ruta de la India, pero la P&O tenía líneas regulares con la Península, con los puertos de Cádiz, Lisboa, Oporto y Vigo. Tal vez el vapor había hecho escala en alguno de ellos.

Fotografía del Arabia tomada de la extraordinaria página www.photoship.co.uk.

Disponemos de tan pocos datos que resulta imposible adivinar la especie implicada. Si confiamos en las impresiones de los testigos, lo que tenemos es un tiburón grande (al menos lo bastante como para ser tenido como tal desde la cubierta), que al parecer llevaba unos días siguiendo el barco y que en cuestión de unos minutos se abalanzó sobre el desafortunado marinero y se lo zampó sin miramientos. Es decir, un bicho muy osado e insistente... y con mucha hambre. ¿Qué tiburón podría ser capaz de una cosa así en estas latitudes? 

En otras zonas del planeta uno pensaría inmediatamente en un tiburón tigre (Galeocerdo cuvier), por ejemplo, pero ¿aquí? Esta especie está citada en las Canarias, Madeira y las Azores, pero existen dos registros fiables mucho más al norte: uno nada menos que en Islandia y otro más reciente en la costa atlántica francesa, en el departamento del Charente Marítimo², además de alguna cita dudosa en las Islas Británicas. Estos últimos casos, extraordinariamente raros, fueron sin duda ejemplares extraviados que habían viajado a lomos de la poderosa corriente del Golfo. ¿Pudo haber ocurrido algo similar en 1908? Quién sabe.

En cuanto a los tiburones de aquí, ni el cailón (Lamna nasus) ni su pariente tal vez más agresivo y nervioso, el marrajo (Isurus oxyrinchus), parecen encajar en un comportamiento de esta naturaleza, por más que el primero se acerca bastante a la costa y puede incluso internarse en las rías siguiendo a sus presas y a algún pesquero. Por su parte, la tintorera (Prionace glauca), aun siendo una especie eminentemente oceánica, y por tanto curiosa y oportunista, es lo bastante cauta como para no lanzarse así como así sobre la primera cosa que se encuentra en el agua sin investigarla bien investigada.
     Solo se me ocurren dos especies capaces de hacer algo así: el tiburón oceánico (Carcharhinus longimanus) y el tiburón blanco (Carcharodon carcharias).

Me hago cargo de que lo del longimanus suena, como poco, un pelín raro. Pero antes de descartarlo pensemos en lo siguiente: primero, en aquellos años de principios del siglo XX era uno de los tiburones más abundantes del océano; segundo, su rango de temperatura es lo bastante amplio (entre 18-28ºC) como para poder permitirse una incursión veraniega en esta parte del Atlántico norte, y más si es siguiendo a una lata de comida. Por otro lado, se trata de un tiburón de hábitos oceánicos, oportunista y sumamente curioso e insistente a la hora de investigar lo que se encuentra en su camino, y muy agresivo si de lo que se trata es de comer. De hecho, ha sido protagonista de numerosos episodios similares a este. Y en cuanto a tamaño, puede superar los 3 metros y medio. Parece que semejante perfil lo convierte en sospechoso número 1.

Jaquetón océanico (Carcharhinus longimanus). Foto de Robin Baird.

En cuanto al sospechoso número 2, el gran Carcharodon carcharias, pues ya os imagináis que a primera vista es el candidato perfecto: se trata de un animal grande, que puede superar los 6 m, extraordinariamente inteligente y curioso, y desde luego un potente y eficaz depredador. Por más que su presencia en el mar de Galicia es anecdótica³, las características de nuestras aguas encajan perfectamente con sus preferencias. Ahora bien, ¿es posible que un tiburón blanco haya seguido un buque de gran tonelaje a lo largo de varios días hasta poder llevarse a las fauces algo más que restos de comida?

Evidentemente todo esto es hablar por hablar, una discusión casi bizantina a la que se le puede aplicar aquello de "tanto te digo una cosa como te digo la otra". No existe un solo argumento que pueda decantar la balanza hacia uno u otro lado, o que sirva para descartar definitivamente a cualquiera de los demás candidatos. Todo depende de nosotros, de lo que cada uno desee creer. Personalmente, las dos ideas me resultan sugerentes, seguramente más la segunda, aunque solo sea porque sería un argumento más para confirmar la presencia, siquiera esporádica, de tiburones blancos en Galicia.

Pero ¿qué opina el lector?

Punta de Fisterra (Foto Toño Maño).

El Arabia permaneció 18 años en activo. Construido en 1898 por Caird & Company Greenock, desplazaba 7903 toneladas brutas, 4167 netas y 5051 tpm en un casco de 152,32 m de eslora, 16,45 m de manga y 8,15 m de calado. Tenía una sola hélice movida por una máquina de triple expansión de 11000 ihp. Podía transportar hasta 317 pasajeros en primera clase y 152 en segunda, o bien 2500 soldados, además de diversa carga. El seis de noviembre de 1916 fue torpedeado y hundido por el submarino alemán UB43 a 112 millas al suroeste del cabo Matapan, Grecia. No hay constancia de que los supervivientes hubiesen tenido algún desafortunado encuentro con tiburones.


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¹Debo agradecer a Chris Moore el envío del recorte de prensa. 

²Este es el ejemplar de 3 m capturado en Francia en 2007.

Foto tomada de la página Sud Ouest.
³Véase ¿Hay o no hay tiburones blancos en Galicia?

lunes, 20 de mayo de 2013

Ataque de tiburón dentro de una cabaña


Bucear de vez en cuando entre los fondos de la extraordinaria Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional es una actividad que siempre resulta gratificante. Nunca deja uno de encontrar sorpresas tan deliciosas como esta noticia recogida por el diario La Época en el lejano año de 1884.
     Su tratamiento, aparte de imaginativo —por decirlo suavemente y sensacionalista, conserva a mi modo de ver esa suave nota de ingenuidad que teñía las viejas crónicas de lo lejano y lo desconocido "del mundo adelante", que decían nuestras abuelas, que eran constante fuente de asombro y admiración entre el público.

Transcribo la noticia literalmente, respetando la ortografía y la puntuación de la época.

UN DRAMA TERRIBLE
En la noche del 13 del actual, dos pescadores del pueblo de la Passade, situado entre Niza y Villefranche, llamados Baffi y Domenico, pescaron un tiburon que medía tres metros.
     El cetáceo fué herido en el costado por dos fuertes arponazos. El agujero de la herida era enorme. Una vez en tierra, el animal fué arrastrado hasta la cabaña de los pescadores y dejado en un rincon, para llevarlo á Niza al dia siguiente.
     A eso de las dos de la madrugada un ruido infernal despertó á los pescadores.
     Un perro de caza lanzaba espantosos ladridos y dos criaturas que dormían en una cuna exhalaban á la vez gritos lastimeros.
     Baffi y Domenico, encendieron la luz en seguida. Un espectáculo horrible se presentó ante sus ojos. El mónstruo, cuya herida no había sido mortal, desgraciadamente, acababa de salir de su letargo y con un sólo golpe de su terrible mandíbula había partido en dos pedazos al perro que estaba echado junto á la cuna de los niños.
     La desesperada madre se precipitó hácia la cama de sus hijos, pero su pierna derecha fué tambien presa del mónstruo y partida por debajo de la rodilla.
     Baffi se apoderó de un arpon y logró vaciar el ojo derecho del animal, que dió un salto terrible. Entónces la lámpara cayó al suelo, y se trabó entre ellos á oscuras una espantosa lucha. Los pescadores se precipitaron hácia la puerta de entrada, pero como faltaba la llave, no les era posible abrirla. Un vecino, Mr. Michelisi, atraido por el alboroto, se encaramó en una ventanilla situada á cierta altura, y le fueron entregados los dos niños; despues derribó la puerta y acudió en auxilio de los pescadores. Uno de ellos tenia á raya al tiburón con ayuda de una mesa, cuyos piés estaban hechos añicos.
     Cuando se abrió la puerta, el mónstruo se precipitó fuera y trató de ganar la playa. Los pescadores no lograron apoderarse de él hasta que le hubieron vaciado el único ojo que le quedaba.
     La madre de los niños, tan cruelmente herida, no ha sucumbido todavía; y despues de los buenos resultados de una amputacion practicada por el doctor Gabrielli, se han concebido grandes esperanzas de salvarla.
     El tiburon era uno de los más terribles de su especie, y hacía dos ó tres meses que era perseguido sin descanso.

La Época, 20 de junio de 1884, p. 4. 

La Época era un diario de carácter conservador que estuvo en circulación entre los años 1849 y 1936. Durante la Guerra Civil sus talleres fueron incautados para imprimir El Sindicalista, del Partido Socialista. Qué cosas, ¿verdad?


lunes, 25 de febrero de 2013

Ataques 2012: En defensa de los tiburones

Vuelvo a las andadas
Esta vez le toca a un artículo de Alan Yuhas publicado hace justo una semana, el lunes 18, en The Guardian. Tiene cosas muy interesantes y muy bien expuestas, y otras que, a mi juicio, son un pelín más flojas. No obstante, el conjunto merece la pena, y además complementa muy bien el post que dedicamos al tema de los ataques del año pasado: Ataques de tiburón 2012. A ver qué os parece (y bueno, podéis estar seguros de que traduciendo soy bastante mejor que Google).

EN DEFENSA DE LOS TIBURONES

Los EEUU sufrieron más ataques en 2012 que en toda una década, pero no se dejen llevar por esa aterradora propaganda. Vivir con los tiburones no sólo es necesario, es fácil.

En la actualidad los tiburones martillo están en peligro de extinción, puesto que son especialmente vulnerables a la pesca y viven en zonas en gran parte carentes de legislación. Foto: Getty Images.

La semana pasada el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón (ISAF) informaba de que en el 2012 se habían producido 80 ataques en todo el mundo con siete víctimas mortales. No me lo tomen a mal, cualquier pérdida de vidas humanas es trágica y merece nuestra atención, pero, contrariamente a la creencia popular, no vivimos expuestos a un peligro constante. En realidad, teniendo en cuenta que los seres humanos matamos entre 30 y 70 millones de tiburones al año, es a los tiburones a quienes hay que salvar de nosotros.

Prácticamente cualquier argumento les llevará a esta conclusión, desde las estadísticas de riesgos individuales hasta los sentimientos, pasando por la ecología y la economía. Así pues, vayamos hasta el fondo, por decirlo de algún modo.

El año pasado se produjeron 53 ataques en los EEUU, el mayor número desde el 2006; 26 ocurrieron en Florida y uno con resultado de muerte en California. Para ponerlo en perspectiva, los perros mataron a 38 norteamericanos el año pasado; los rayos mataron a 22 (5 en Florida). Las bañeras, las avispas y los deportes universitarios son más peligrosos que los tiburones. Los fuegos artificiales, las tormentas catastróficas y montar en bici, todos suponen riesgos mayores.

Solamente los selacófobos más empedernidos necesitan que se les recuerde que los seres humanos son más terroríficos que los peces. El año pasado hubo 506 homicidios en Chicago, y un hombre intentó comerle la cara a otro en una autopista (en Florida también). Teniendo en cuenta que miles de millones de personas se pasan miles de millones de horas metidos en el agua, es sorprendente que ocurran tan pocos incidentes.

Para llegar a lo más alto de la cadena alimentaria, una especie debe pagar un precio evolutivo, se trate de un león, una orca o un tiburón blanco. Los súperdepredadores son más longevos pero se reproducen menos, y de forma natural sus poblaciones son mucho más pequeñas que las de sus presas, volviéndolos vulnerables a presiones procedentes del exterior. Cuando un súperdepredador desaparece, se inicia una "cascada trófica", lo cual suena acertadamente catastrófico.

Sin depredadores, las presas fuera de control diezman las plantas, y los parásitos y enfermedades proliferan a lo largo de sus poblaciones en auge poniendo en peligro las cosechas y las explotaciones ganaderas, y en ocasiones transmitiendo enfermedades a los seres humanos. Cada vez más especies comienzan a extinguirse, y nosotros nos encontramos pretendiendo que podemos controlar las poblaciones mejor que sus anteriores depredadores. La agricultura pierde miles de millones de dólares sin murciélagos que combatan a los insectos, por poner un ejemplo. Los súperdepredadores son reguladores con dientes.

La pesca está ya tratando de conjurar la derrota ecológica. Con al menos el 30% de las pesquerías mundiales sobreexplotadas, los consumidores han dado prioridad a los pescados y mariscos sostenibles, y la industria ha respondido. La reciente serie de la NPR (1) sobre las pesquerías sostenibles muestra como las compañías y las economías dependientes de la pesca están tratando de hacer frente a esto, pero provocando todavía grandes daños colaterales.

Las capturas accidentales peces capturados involuntariamente no siempre figuran como requisito para la etiqueta de "sostenible", lo que significa que millones de delfines y tiburones, entre otros animales, mueren accidentalmente sin control. En el caso de una pesquería certificada, por cada pez espada "sostenible" se mataban dos tintoreras. La industria puede asestarse a sí misma dos golpes terribles: sobreexplotar los animales de presa, lo cual los haría más vulnerables a la extinción; y eliminar un súperdepredador, lo cual arrojaría al caos a los supervivientes. Finalmente, los suministros no podrán satisfacer la demanda, se perderán puestos de trabajo, y subirá el precio del pescado y de otros productos alimentarios. Acaben o no transformados en alimento, los tiburones son todavía un engranaje esencial de la economía del planeta.

Como cualquier negocio, los medios de comunicación tienen que ganar dinero para sobrevivir, y la veracidad y el contexto son lo primero que se lanza por la borda para evitar que el barco se hunda. Nos encontramos con los buenos, los malos y el Discovery Channel, que ofrece su panegírico anual a los tiburones con títulos tan amables como "Devorado vivo", "Sharkzilla" y "Apocalipsis de los tiburones voladores" (2). La red ha mejorado sus esfuerzos de conservación durante estos años, pero de manera desproporcionada todavía prefiere el sensacionalismo a la ciencia.

El contexto de estos ataques demuestra en buena medida que si se hacen las cosas bien, las personas y los tiburones pueden coexistir sin problemas. Por ejemplo, el ISAF distingue entre ataques "provocados" y "no provocados". Por muy estúpido que pueda parecer, algunas personas creen que agarrar a los tiburones es una buena idea. Normalmente los ataques se producen en momentos y lugares determinados: por ejemplo, los tiburones recorren Florida y Australia occidental en sus migraciones. La mayoría de las mordeduras no suponen riesgo de muerte, y a menudo ocurren cuando un tiburón confunde un ser humano con una presa. Podemos pensar que el chapoteo y el ruido son divertidos, pero los tiburones los ven como señales de un animal enfermo. No debería sorprendernos que el 60% de las víctimas sean surfistas, quienes con diferencia permanecen en el agua más tiempo que el resto, y provocando turbulencias. Si sabes dónde estás y de qué forma actuar, la aplastante probabilidad es que no te pase nade.

Los animales, incluso los peligrosos, jamás han sido "máquinas de matar", sólo nuestra imaginación los convierte en monstruos. En Tiburón el director Steven Spielberg se sirvió de una cámara y un muñeco para fabricar el horror. Utilizó el tiburón como símbolo de algo inescrutable y voraz. Pero también hemos visto el otro extremo de la ecuación: gente arrancándole las aletas al tiburón mientras está vivo, largando desde un barco decenas de animales retorciéndose destrozados por culpa de una sopa.

Para protegernos, lo único que nos hace falta es sentido común. El océano es un espacio natural como cualquier otro, y deberíamos entrar en él preparados. Además, deberíamos proteger a los tiburones, sobre todo porque algunas especies, como los tiburones martillo, se enfrentan ya a su extinción. Todavía hay esperanzas: California ha seleccionado al tiburón blanco como candidato para entrar en la lista de especies en peligro, la Shark Conservation Act ('Ley de Protección del Tiburón'), aprobada en 2010, y durante estos últimos años diversas campañas han ganado fuerza.

Los tiburones son extraños, asombrosos y mantenían el equilibrio de los océanos mucho antes de que apareciese el hombre. Los necesitamos y ellos nos necesitan a nosotros.

Alan Yuhas

__________________
(1) Siglas de la National Public Radio ('Radio Nacional Pública'), organización de emisoras de radio independiente de los EEUU.
(2) Literalmente, Air Jaws Apocalypse, tercera o cuarta entrega de la serie Air Jaws, que aquí se tradujo en su momento como "Tiburones voladores". Como seguramente sabéis, en España este capítulo se tituló "Colossus, el gran tiburón".