Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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martes, 13 de enero de 2026

Es una foca (C. coelolepis) o una negra (D. licha)

Izq. Negra (Dalatias licha). Foto: igrimshaw, inaturalist.com. Dcha: Pailona o foca (Centroscymnus coelolepis). Foto: Alan Jamieson, Oceanlab.

Desde hace un par de días circula por las redes y por las páginas de algunos periódicos locales la noticia del hallazgo en Luarca (Asturias) de una hembra de tiburón de aguas profundas —muy posiblemente un descarte de pesca— que erróneamente han identificado como una pailona o «foca» (Centroscymnus coelolepis). La realidad es que se trata de una negra o carocho (Dalatias licha). Veamos por qué.

martes, 29 de noviembre de 2022

Clasificación de los tiburones

Cabeza de una negra (Dalatias licha). Foto: Jérôme Mallefet.

Clasificar organismos consiste básicamente en agruparlos y ordenarlos con arreglo a un sistema de carácter jerárquico basado en sus relaciones de parentesco, en la filogenia. Hasta hace relativamente pocos años, aquello que permitía determinar afinidades y vínculos entre los diversos grupos o taxones, era, grosso modo, el estudio comparativo de caracteres morfológicos y anatómicos. Hoy el núcleo de este sistema es el análisis del ADN, propiciado por los grandes avances en la biología molecular. 

sábado, 15 de octubre de 2022

El temible Scymnodon ringens

Scymnodon ringens. Foto: Juan Carlos Arronte, IEO de Santander.

Cuando alguien me pregunta qué es lo que tienen los tiburones de profundidad, que tan embobado estoy con ellos, a veces no sé qué explicar ni cómo, así que recurro a fotografías como la que encabeza este pequeño artículo (y las que siguen). Y ya no hacen falta más palabras ("¿Que qué tienen? Tú mira esto."). Lo que veis es una bruja (Scymnodon ringens), uno de los tiburones de aspecto más inquietante y turbador que tenemos en nuestro mar profundo.

lunes, 30 de mayo de 2022

Primer registro de negrito (Etmpoterus spinax) con leucismo.

Comparación entre la coloración natural de un negrito con la del ejemplar con leucismo (vistas lateral (a) y dorsal (b)), y detalle de la cabeza (c), donde se observa el ojo con su color normal. Fuente: Arronte et al., Journal of Applied Ichthyology, 2022.

Los tiburones tienen un patrón de color específico que les sirve para ocultarse tanto de las posibles presas como de los posibles depredadores. Este patrón depende en buena medida del tipo de hábitat en el que se mueven. Muchas especies de profundidad como los etmoptéridos (familia Etmopteridae) suelen presentar una coloración oscura más o menos uniforme gracias a la cual sus siluetas se desdibujan y diluyen en la negrura del mar profundo. Por este motivo resulta particularmente sorprendente el reciente hallazgo de un ejemplar de esta familia con leucismo.

martes, 17 de mayo de 2022

Tollo lucero liso (Etmopterus pusillus)

Etmopterus pusillus. Foto: Alex Rogers, Deep Sea Research, 2016.

Tollo lucero liso

Etmopterus pusillus (Lowe, 1839)

(es. Tollo lucero liso; gal. Gata de mar, gata; por. Xarinha-preta, lixinha-da-fondura lisa; in. Smooth lanternshark.)

Orden: Squaliformes

Familia: Etmopteridae

Con la gata de mar o tollo lucero liso (Etmopterus pusillus) completamos la tríada de etmoptéridos presentes en el mar de Galicia, junto con el negrito (Etmopterus spinax) y el tollo lucero raspa (Etmopterus princeps). Estos preciosos bichos, con toda justicia conocidos en inglés como "tiburones linterna" (lanternsharks), son unos pequeños tiburones que se caracterizan porque su piel presenta bandas de fotóforos (orgánulos generadores de luz) de diversos tamaños y formas con los que iluminan la penumbra de nuestro mar profundo... y de nuestra vida.

viernes, 9 de agosto de 2019

Viseras (Deania) en la ría de Arousa


Recorrer la playa cuando hace mal tiempo siempre tiene sus recompensas. El mar arroja a la orilla los más diversos objetos y restos de algas y animales con los que a veces nos gusta intentar construir una imagen de lo que el océano oculta a nuestra vista, como si fuesen pinceladas de un paisaje impresionista. Un paisaje repleto tal vez de misterio, tal vez de inquieta belleza, y muchas veces de deprimente desolación.
     Ayer por la tarde un amigo me envió un mensaje con la siguiente fotografía, hecha por un conocido suyo que se había encontrado un extraño pez en la playa. Quería saber qué era.

domingo, 31 de diciembre de 2017

El "cuento chino" del C. lusitanicus

Arriba: Ejemplar de Centrophorus lusitanicus supuestamente procedente de aguas portuguesas donado por Barbosa du Bocage al Museo de Historia Natural de Londres. Macho juvenil de 742 mm con el número de registro BMNH 1867.7.23.2. Centro: Ilustración que acompaña la descripción original de esta especie (Barbosa du Bocage & de Brito Capello, 1864). Abajo: Registro de la donación de un lote de tres tiburones por parte Barbosa du Bocage al mencionado museo londinense. El primero es una visera (Deania calcea), el segundo de la lista es el C. lusitanicus que figura arriba, y el tercero una bruja (Scymnodon ringens). (Fuente de las tres imágenes: White, Ebert, Naylor, Zootaxa, 2017).

La literatura científica refiere que el quelvacho luso (Centrophorus lusitanicus) es un pequeño tiburón de aguas profundas muy poco conocido que habita entre los 300 y los 1400 m, si bien sobre todo entre los 300-600 m. Fue descrito por primera vez en aguas de Portugal por José Vicente Barbosa du Bocage y Félix António de Brito Capello en 1864, siendo su rasgo morfológico más característico, que sirve para diferenciarlo de los otros quelvachos presentes en esta parte del Atlántico el quelvacho (Centrophorus granulosus), el quelvacho negro (Centrophorus squamosus) y el galludito (Centrophorus uyato), que posee una primera aleta dorsal muy larga. Esta es, a grandes rasgos, la teoría que quienes sentimos fascinación por las especies del mar profundo casi hemos memorizado tras recorrer decenas de guías y manuales... y los gallegos con un punto de contrariedad y, a ratos, de recelo, pues por más que compartimos con los vecinos del sur un sinfín de especies, este tiburón jamás ha sido registrado en aguas de Galicia, no figura en ningún listado. ¿Por qué en Portugal, un par de millas más abajo, si y aquí no?

martes, 31 de octubre de 2017

Problemas taxonómicos de mielgas y galludos (Squalus)

Mielgas (Squalus acanthias). Foto de Andy Murch, bigfishexpeditions.com.
Los tiburones constituyen en general un grupo bastante complejo a nivel taxonómico. Y no solo nos referimos a especies como los pejegatos (género Apristurus), que viven bien lejos de nosotros en los rincones más profundos y apartados del océano, sino también a grupos tan comunes o familiares —casi podríamos decir "domésticos"— como el de las mielgas y galludos que de vez en cuando encontramos en nuestras lonjas y de los que hoy nos vamos a ocupar aquí.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Los orígenes del tiburón de Groenlandia

Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). Foto de Julius Nielsen.
No dejéis que su nombre os lleve a engaño. Los dormilones o tiburones soñolientos (género Somniosus) ocupan uno de los lugares de honor entre los grandes señores del mar profundo, especialmente sus tres representantes más grandiosos: el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), el dormilón del Pacífico (Somniosus pacificus) y el dormilón antártico (Somniosus antarcticus), que pueden llegar a superar los 6 m de longitud total (no está mal). Nadan y se mueven lentamente, como si estuviesen muertos de sueño o de cansancio, de ahí su nombre, pero en realidad son potentes y despiadados depredadores de una amplia variedad de presas, desde teleósteos y cefalópodos hasta mamíferos marinos... y terrestres (tranquilos, los dormilones son también carroñeros, no es que salten a tierra para cazar renos o caballos). De ellos podríamos hablar durante días, por ejemplo para describir su especial estrategia de adaptación a las gélidas temperaturas de los polos [véase también La edad del tiburón de Groenlandia]; pero hoy nos vamos a centrar en cuestiones taxonómicas y evolutivas igualmente fascinantes

lunes, 31 de julio de 2017

Negra (Dalatias licha)

Dalatias licha (foto: Rafael Bañón).


Negra

Dalatias licha (Bonnaterre, 1788)

(es. Negra, carocho; gal. Gata torpedo, torpedo; in. Kitefin shark; port. Gata.)

Orden: Squaliformes
Familia: Dalatiidae

En mayo pasado aparecía en la playa de A Lanzada un extraño bicho que llamó mucho la atención de propios y extraños. Las fotos, en las que se apreciaban sus enormes dientes inferiores, no tardaron en circular masivamente por las redes sociales. Muchos se quedaron atónitos —en algún caso dejando traslucir una pizca de desasosiego— al conocer que en nuestras aguas habita un tiburón de aspecto tan particular e inquietante.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Quelvacho negro (Centrophorus squamosus)

Quelvacho negro (Centrophorus squamosus). Foto: OceanLab, University of Aberdeen.

Quelvacho negro

Centrophorus squamosus (Bonnaterre, 1788)

(es. Quelvacho negro; gal. Lixa negra; in. Leafscale gulper shark; port. Lixa)

Orden: Squaliformes.
Familia: Centrophoridae.

El quelvacho negro representa como pocos el prototipo de tiburón de aguas profundas, una suerte de modelo que reúne todos los matices positivos y negativos que ello encierra. Tenemos, por un lado, la misteriosa belleza de una criatura esquiva y radicalmente ajena a nuestro mundo —lo que la hace todavía más fascinante—, y, por otro, una fuente importante de ingresos que, sometida a una intensa presión pesquera, ha conducido a una caída sustancial de sus poblaciones.
     Otro aspecto, también recurrente, es que a estas alturas no puede decirse que sea mucho lo que sabemos de su biología y costumbres, lo cual en este caso no deja de ser un tanto paradójico al tratarse de una especie tradicionalmente tan importante y relativamente abundante en ciertas pesquerías, como especie objetivo y como captura accidental. Aunque poco a poco van saliendo a la luz datos particularmente interesantes que nos están permitiendo armar el apasionante puzzle de la vida privada de este bellísimo tiburón. Son datos procedentes de aquí y de allá —como trabajos sobre capturas comerciales y científicas realizadas en zonas puntuales del océano—, que, como pequeñas piezas que se ensamblaran perfectamente entre si, nos permiten ir cubriendo, a veces tentativamente, una superficie cada vez más amplia (si bien para ser justos hay que reconocer que, en mayor o menor medida, este mismo patrón es válido para la mayoría de los tiburones). Por eso algunas veces nos encontramos con cifras y datos dispares —a veces incluso contradictorios— sobre un mismo aspecto biológico cuando lo consultamos en distintas fuentes. En algunos apartados de este artículo he querido dejar constancia de ello a modo de ejemplo, pero también como muestra de reconocimiento y admiración —y mucha envidia— por los científicos que han estado y siguen estando ahí, a pie de obra, llevando a cabo una tarea fundamental que muchos conciudadanos no entenderán jamás.
     Resumiendo, puede decirse que estamos inmersos en un proceso de construcción de conocimiento, no ante un cuerpo descriptivo más o menos consolidado.

NOTA: El número o números entre corchetes remiten a la correspondiente entrada bibliográfica recogida abajo.

Foto: Chris Bird, Sharks Devocean.
Descripción. El quelvacho negro tiene un cuerpo relativamente robusto que remata en un morro corto y grueso, levemente aplanado y con forma de cuña visto lateralmente. La piel es muy áspera debido a los grandes dentículos dérmicos que la cubren, que en los adultos presentan una característica corona en forma de hoja, con fuertes crestas y bordes dentados —de ahí su nombre común en inglés, Leafscale gulper shark, algo así como "quelvacho de escamas como hojas". Los ojos son grandes, así como los espiráculos, redondeados, situados detrás. La boca es ligeramente arqueada, con los pliegues labiales superiores más cortos que los inferiores.

Detalle de los característicos dentículos dérmicos del C. squamosus en perspectiva cenital (izq.) y lateral (dcha) (fotos tomadas de www.thefossilforum.com).
Ambas dorsales presentan espinas cortas pero fuertes. La primera dorsal es larga y baja y la segunda más corta y alta, con forma triangular. Las pectorales son pequeñas y su borde posterior libre es corto, no apuntado y alargado como en su pariente el quelvacho (Centrophorus granulosus), con el que guarda un evidente parecido. La caudal es corta y ancha, con el borde posterior casi recto o ligeramente cóncavo en los adultos; su lóbulo inferior está poco desarrollado y el superior presenta un lóbulo terminal marcado.
     La librea es sencilla: color gris oscuro a pardo grisáceo oscuro uniforme, sin marcas distintivas.

Dentición. Dimorfismo dentario. Los dientes de la mandíbula superior son lanceolados: presentan una sola cúspide más o menos recta, relativamente baja y apuntada, y están muy próximos entre si, pero no imbricados. Los de la inferior, también unicuspidados, son bastante más anchos, con una cúspide baja y abatida, y están imbricados formando como un filo de sierra. 30-38 hileras en la mandíbula superior y 24-32 en la inferior.

Fuente: Akhilesh et al., J. Mar. Biol. Ass. India, 2010 [1].
Talla. Longitud total máxima de unos 164 cm, siendo las hembras las que, a tenor de los registros, alcanzan mayores tallas. Los machos son maduros en torno a los 100-110 cm y las hembras a los 110-125 cm.
     Por lo que respecta a las tallas de nacimiento, casi podría decirse que hay tantas cifras como fuentes consultadas. Algunas indican 30-40 cm [8], otras 35-40 cm [5], y otras entre 35-43 cm [11, 14]. Trabajos más específicos señalan 38-40 cm en Galicia [2] y, en Portugal, una cifra sustancialmente más elevada, 44-46 cm [10]. Tal vez no andemos muy lejos de la realidad si sintetizamos la cuestión dejándola en una amplia horquilla de 35-46 cm en función de diversas variables ambientales y biológicas.

Reproducción. El C. squamosus es vivíparo aplacentario con camadas de 4 a 8 crías, posiblemente hasta 9. Hembras analizadas en Madeira portaban entre 2 y 10 embriones, con una media de 5,4 [13]. Algunos trabajos han encontrado una correlación entre la talla materna y el número de embriones [10], otros, en cambio, no [13], si bien admiten que esto puede deberse a posibles abortos durante el trauma de la virada.
     Por lo demás, es muy poco lo que se sabe de su reproducción, como ocurre con muchas otras especies de aguas profundas. Figueiredo et al. [10] observaron que el tracto reproductivo de la hembra de mayor tamaño que pudieron examinar no mostraba capacidad reproductiva alguna, lo cual podría ser indicio de senescencia, hipótesis que, obviamente, debe ser confirmada. Los mismos autores encontraron elementos que apuntarían a la existencia de una estación reproductiva en la que la cópula podría tener lugar en verano o comienzos del otoño.
     Se trata de una especie longeva. Se estima que puede llegar a vivir hasta los 70 años. Las hembras maduran hacia los 35 años y los machos un poco antes, en torno a los 30.

Embrión a término de 44 cm de LT (fuente: Figueiredo et al., JFB, 2008).
Comportamiento migratorio. A mi modo de ver, esta es uno de los aspectos más interesantes de la vida, todavía privada, de este tiburón. Los datos de que disponemos son por desgracia bastante fragmentarios.
     Recientemente, Rodríguez-Cabello y F. Sánchez [12] lograron colocar transmisores PAT a 5 ejemplares en el área de El Cachucho, en el Cantábrico. Era la primera vez que se empleaba esta técnica en tiburones de aguas profundas, con todas las dificultades técnicas y biológicas que ello entrañaba, y los resultados han sido muy buenos. Se confirma que este tiburón es capaz de realizar grandes migraciones, lo que apoyaría la hipótesis de la conectividad entre áreas diversas y, a su vez, la existencia de una única población en esta parte del Atlántico. Dos ejemplares se dirigieron hacia el oeste —sus transmisores se liberaron frente a las costas de Galicia— y dos hacia el este, uno de los cuales, un macho de 118 cm, llegó hasta el banco de Porcupine, al oeste de Irlanda, tras viajar casi 1000 millas náuticas a lo largo del talud, según la hipótesis más plausible. En todos los casos, los desplazamientos se producían a una cota media de 900-1000 m, posiblemente siguiendo los márgenes continentales.

En amarillo, la hipótesis de la migración N-S, todavía por confirmar. En verde, las trayectorias más probables de los ejemplares 4 y 5 marcados por Rodríguez-Cabello y F. Sánchez; el primero un macho de 118 cm, el segundo una hembra de 99 cm.
Al margen de lo anterior, existen elementos suficientes para sostener la idea de un comportamiento migratorio complejo de alguna manera asociado con la reproducción. El que individuos de determinadas tallas y estadios reproductivos estén presentes en unas áreas y ausentes de otras, parece un claro indicio de ello. Centrándonos en el Atlántico NE, se ha observado que en zonas tan septentrionales como las islas Feroe, Escocia y oeste de las Islas Británicas no se han encontrado hembras grávidas, y si, en cambio, en áreas más meridionales. En Galicia y Portugal, siguiendo los trabajos de Bañón et al. [2] y Figueiredo et al. [10], solo contamos con 4 registros —2 en cada zona— tras el examen de varios centenares de hembras. Pero en Madeira la cosa se dispara: nada menos que el 34% de las hembras analizadas por Severino et al., estaban preñadas —21 en total—. Este elevado porcentaje, unido al hecho de que todos los estadios de desarrollo uterino y ovárico estaban presentes en la zona, refuerza la hipótesis de que este archipiélago podría constituir una zona de cría [13]. El hecho, no justificado por el tipo de aparejo, de que no se hayan encontrado crías ni en esta ni en otras zonas del océano puede deberse a que carecen de la suficiente autonomía para llegarse hasta los anzuelos, bien porque viven a mayor profundidad, próximos al fondo, bien porque se encuentran en aguas más someras.
     Todo esto parece abundar en la teoría de que las hembras maduras y/o grávidas se desplazan hacia el sur, hacia alguna de las áreas descritas o hacia cualquier otra que no conocemos, que todavía permanece oculta o fuera del alcance de los aparejos comerciales y científicos. Como es natural (¿hace falta decirlo?), se trata de una hipótesis que debe ser ratificada mediante estudios más completos.
    
Fuente: OceanLab/NIOZ.
Dieta. Dieta variada. Al igual que su primo hermano el granulosus, el squamosus come de todo, desde teleósteos (merluza, bacalaos, caballas, granaderos (Macrouridae), alepocefálidos, dirétmidos...) hasta quimeras, cefalópodos y crustáceos (eufausiáceos y peneidos).

Hábitat y distribución. El quelvacho negro es una especie demersal del talud continental, por lo general entre los 229 y los casi 2400 m, si bien existe un registro a 3280 m en la Dorsal Atlántica (cita de Priede et al. recogida en [12]); es raro por encima de los 1000 m en el Atlántico NE [8]. En Galicia, incluido el banco de Galicia [3], los registros conocidos se han producido entre los 749-1216 m, la gran mayoría capturados con palangre y una pequeña porción con arrastre de fondo [2]. En el área central del Atlántico norte presenta hábitos epi y mesopelágicos, encontrándose desde la superficie hasta los 1250 m en aguas de más de 4000 m de profundidad. Parece haber segregación espacial por tallas y sexo. La proporción de hembras aumenta a medida que se incrementa la profundidad.
     Se ha observado que ejemplares marcados en el Cantábrico emprendían importantes desplazamientos verticales, fundamentalmente entre los 500 y los 1400 m [12].

Elaboración propia [3, 6, 7, 8, 9].
Distribución amplia. En el Atlántico NE desde Islandia y, siguiendo el talud atlántico, Noruega hasta Mauritania, incluidas Madeira, Azores, Canarias, Cabo Verde, Senegal, Gabón al Congo; Namibia, posiblemente Angola, y Sudáfrica, si bien en el Atlántico SE no parece ser una especie tan común como en el NE. Hasta el momento tan solo existe un único registro en toda la fachada occidental atlántica, en Venezuela. Se encuentra también en diversas áreas del Pacífico W e Índico central y W. Ausente en el Mediterráneo. Ebert et al. [7] anotan un registro en el Pacífico chileno que no he podido encontrar en ninguna otra guía. En el texto se despacha bajo el genérico "western and southeast Pacific Oceans".

Pesca y conservación. El quelvacho negro ha sido tradicionalmente un importante recurso pesquero en el Atlántico NE, debido sobre todo al valioso aceite de su voluminoso hígado, pero también por su carne, representando un porcentaje elevado de las capturas de las pesquerías de aguas profundas, particularmente el palangre. Hablamos de capturas como especie objetivo pero también de capturas accidentales, como en la flota que anda al sable negro (Aphanopus carbo) en Madeira, una de las pesquerías de aguas profundas más antiguas del mundo.
     Aunque parece ser un tiburón relativamente común en sus zonas de distribución, se ha constatado un acusado descenso de sus poblaciones. Su baja baja tasa reproductiva —alta longevidad, maduración tardía, camadas extraordinariamente bajas, etc.— lo hace muy vulnerable a la sobrepesca, como ocurre con otros tiburones de profundidad. La UE ha establecido un TAC 0 y la IUCN lo incluye en su Lista Roja con el estatus de Vulnerable, planteando la urgente necesidad de recabar más y mejores datos —es decir, a nivel cuantitativo y cualitativo— para poder evaluar más certeramente la situación actual, real, de los stocks, así como su tendencia poblacional.

Foto: Joao Correia, APECE.
     La falta de datos fiables es uno de los elementos nucleares de la problemática de la conservación del squamosus. Es de todo punto imposible diseñar planes de gestión certeros, viables, que permitan la recuperación de las poblaciones, si la información de la que partimos es errónea, o imprecisa... o directamente es falsa. Es como pretender curar una epidemia de gripe recetando gominolas. Muchos datos de capturas y desembarcos contienen errores, siendo optimistas, o están directamente falseados, siendo realistas. Pocas veces tiene uno la ocasión de leer declaraciones tan contundentes como la siguiente, que no me resisto a traducir:
Todo el mundo sabe extraoficialmente que en el conjunto de la industria pesquera se falsean los datos. Hasta los propios funcionarios de la FAO han admitido oficiosamente, en numerosas conferencias, que por regla general se asume que los informes falseados son el cuádruple, factor que de hecho se tiene en cuenta en la elaboración de los datos pesqueros de muchos países. Sin embargo, los contactos que conseguimos para este estudio revelan que las notificaciones erróneas o falseadas llegan llegan a ser 20 veces más [15].
     El tema de la identificación errónea, por desconocimiento o por mala fe, es un elemento clave. No pocas veces se consignan bajo la misma denominación especies tan distintas, si bien morfológicamente parecidas, como los quelvachos (Centrophorus spp.) o las pailonas (Centroscymnus coelolepis). El excelente trabajo de Correia et al. nos proporciona un ejemplo bien elocuente a la vez que demencial. Estos autores observaron que a partir del 2007 se inicia un drástico descenso de los desembarcos de C. squamosus, al tiempo que comienzan a aparecer en las lonjas de Portugal los primeros registros del Centrophorus lusitanicus o quelvacho luso, especie "que nunca se había registrado en los desembarcos portugueses antes del 2007" [15]. Históricamente, ambas especies, fácilmente confundibles, se venían descargando como C. squamosus... pero en 2007 la cosa cambia. ¿Por qué? Alguno seguro que ya se lo imagina... y se imagina también las consecuencias:
El establecimiento, en 2007, de un TAC para tiburones de aguas profundas hizo que los pescadores desembarcasen todas sus capturas como Centrophorus lusitanicus, dado que este no estaba incluido en la lista de especies reguladas por el TAC. Este caso de información falsa o inexacta ha tenido un efecto muy negativo sobre los datos, con registros de Centrophorus lusitanicus en lugar de otros que con toda probabilidad deberían haber sido Centrophorus squamosus e incluso posiblemente otras especies de aguas profundas como Centrosymnus coelolepis y Centrophorus granulosus [15].
Foto: OceanLab, University of Aberdeen.
El Artículo 13 del Reglamento UE 2016/72 del Consejo prohibe a los buques de la UE la captura, mantenimiento a bordo, transbordo y desembarco del Centrophorus squamosus "en aguas de la Unión de la división CIEM IIa y de la subzona CIEM IV y en las aguas de la Unión e internacionales de las subzonas CIEM I y XIV".
     Pues estupendo.


ACTUALIZACIÓN A 1-I-2018: El Centrophorus lusitanicus ya es oficialmente una sinonimia del C. granulosus. Esta especie jamás ha existido en aguas de Portugal. Es terrible. Véase: El "cuento chino" del C. lusitanicus.
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BIBLIOGRAFÍA

1. Akhilesh, K. V., M. Hashim, K. K. Bineesh, C. P. R. Shanis & U. Ganga (2010). New distributional records of deep-sea sharks from Indian waters. Journal of the Marine Biological Association of India, 52(1): 29-34.
2. Bañón, Rafael, Carmen Piñeiro & M. Casas (2006). Biological aspects of deep-water sharks Centroscymnus coelolepis and Centrophorus squamosus in Galician waters (north-western Spain). Journal of the Marine Biological Association of the United Kingdom, 86, pp.843-846.
3. Bañón, Rafael, J. C. Arronte, Cristina Rodríguez-Cabello, Carmen Gloria Piñeiro, Antonio Punzón & Alberto Serrano (2016). Commented checklist of marine fishes from the Galicia Bank seamount (NW Spain). Zootaxa, 4067 (3), 293-333. http://dx.doi.org/10.11646/zootaxa.4067.3.2.
4. Clarke, Maurice (2002). Age estimation of the exploited deepwater shark Centrophorus squamosus from the continental slopes of the Rockall Trough and Porcupine Bank. Journal of Fish Biology, 60: 501-514. doi:10.1006/jfbi.2001.1861.
5. Compagno, L. J. V., M. Dando & Sarah Fowler (2005). Guía de campo de los tiburones del mundo. Omega, Barcelona.
6. Ebert, David A. (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Deep-Sea Cartilaginous Fishes of the Indian Ocean. Volume 1: Sharks. FAO, Roma.
7. Ebert, David A., Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth. 
8. Ebert, David A. & Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
9. Ebert, David A (2015). FAO Species Catalogue for Fisheries Purposes No. 9: Deep-sea Cartilaginous Fishes of the Southeastern Atlantic Ocean. FAO, Roma. 
10. Figueiredo, I., T. Moura. A. Neves & L. S. Gordo (2008). Reproductive strategy of leafscale gulper shark Centrophorus squamosus and the Portuguese dogfish Centroscymnus coelolepis on the Portuguese continental slope. Journal of Fish Biology, 73: 206-225. doi:10.1111/j.1095-8649.2008.01927.x
11. Guisande González, C., P. J. Pascual Alayón, J. Baro Rodríguez, C. Granado Lorencio, A. Acuña Couñago, A. Manjarrés Hernández & P. Pelayo Villamil (2011). Tiburones, rayas, quimeras, lampreas y mixínidos de la costa atlántica de la Península Ibérica y Canarias. Ediciones Díaz de Santos, Madrid.
12. Rodríguez-Cabello, Cristina & Francisco Sánchez (2014). Is Centrophorus squamosus a highliy migratory deep-water shark? Deep-Sea Research I, http://dx.doi.org/10.1016/j.dsr.2014.06.005.
13. Severino, R. B., I. Afonso-Dias, J. Delgado & M. Afonso-Dias (2009). Aspects of the biology of the leaf-scale gulper shark Centrophorus squamosus (Bonnaterre, 1788) off Madeira archipelago. Arquipélago, Life and Marine Sciences 26: 57-6.
14. White, W. T. (SSG Australia & Oceania Regional Workshop, March 2003). 2003. Centrophorus squamosus. The IUCN Red List of Threatened Species 2003: e.T41871A10581731. http://dx.doi.org/10.2305/IUCN.UK.2003.RLTS.T41871A10581731.en, consultada el 27-X-2016.
15. Correia, J., F. Morgado, K. Erzini & A. M. V. M. Soares (2016). Elasmobranch landings in the Portuguese commercial fishery from 1986 to 2009. Arquipélago. Life and Marine Sciences 33:81-109.

viernes, 23 de septiembre de 2016

La edad del tiburón de Groenlandia

Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). Foto: Franco Banfi.

Hace pocas semanas estallaba la noticia a lo grande, como los fuegos artificiales de las fiestas del pueblo, entre el "¡Oooooh!" del público general y ciertas muecas de escepticismo paternalista de algunos científicos que, divertidos, se apeaban de los coches de choque para observar el espectáculo: ¡el tiburón de Groenlandia puede llegar a vivir 400 años!

Tal es la conclusión de un trabajo publicado el pasado 12 de agosto por la revista Science bajo el título, bien elocuente, de "Eye lens radiocarbon reveals centuries of longevity in the Greenland shark (Somniosus microcephalus)"¹. Pues, en efecto, para obtener esta estimación, sus autores se basaron en la datación mediante radiocarbono del cristalino del ojo de este tiburón.
     Las proteínas del núcleo del cristalino se forman durante el desarrollo prenatal del tiburón y permanecen inalteradas a lo largo de toda su vida. Esto quiere decir que su composición viene dictada directamente por la dieta materna, no por las andanzas de cada individuo, de modo que las ventajas a la hora de determinar su edad son evidentes. Solo se precisa un punto de referencia adecuado.

Tal como vimos en un reciente estudio sobre la edad del tiburón blanco en el Atlántico NW [véase Edad y tasa del crecimiento del tiburón blanco], el equipo de científicos liderado por Julius Nielsen, de la Universidad de Copenhage, tomaron como referencia las altas concentraciones de carbono-14 en la red trófica marina consecuencia de las pruebas nucleares atmosféricas que se llevaron a cabo desde mediados de la década de los 50 en el Atlántico norte. Dado que el mayor nivel de acumulación de este isótopo radioactivo se registra no más tarde de comienzos de la década de los 60, es ese ligeramente difuso "comienzos de los 60" lo que se tomó como marca temporal.

Los miembros del equipo de Nielsen analizaron el cristalino de 28 ejemplares (todos ellos hembras) de 81 a 502 cm de longitud total capturados en Groenlandia durante los años 2010 y 2013, entre los 175 y los 1100 m de profundidad. Los dos individuos más pequeños (81 y 158 cm, respectivamente) eran los que contenían mayores niveles de carbono-14, con lo que con toda probabilidad nacieron con posterioridad a esa marca, sin que se les pueda asignar una edad exacta. El tercer tiburón, en esta escala de menor a mayor, medía 220 cm y presentaba un nivel de radiocarbono ligeramente superior a los siguientes, de modo que se considera que debió de nacer a principios de los 60, más o menos hacia 1963 (una "jovencita" que en 2012 andaba por los 50 años de edad). Los 25 tiburones restantes, con tallas comprendidas entre los 258 y los 502 cm, nacieron claramente antes de las pruebas atómicas.
     Calibrando los datos obtenidos mediante radiocarbono con parámetros tales como el tipo y tasa de crecimiento del tiburón, estimada en menos de un centímetro por año, fue como los científicos obtuvieron las cifras que tanta agitación han causado en las aburridas semanas de agosto.
     A partir del tiburón nº 3 los cálculos de edad se disparan. Desde los aproximadamente 71 y 73 años de los ejemplares 4 y 5, de 258 y 264 cm, respectivamente... hasta los 335 ± 75 y los 392 ± 120 para los más grandes, de 493 y 502 cm. Una barbaridad, incluso descontando los márgenes de error: ¡un tiburón de Groenlandia de 5m tendría una esperanza de vida de un mínimo de 272 años!... o de 512, si los tenemos en cuenta. Dejémoslo en 400, un término medio.
     Lo más preocupante es que, de ser ciertas estas estimaciones, tendríamos que las hembras tardarían la friolera de 156 años en alcanzar la madurez sexual, es decir, en estar preparadas para reproducirse. Un tiempo en el que, tal como están las cosas, resulta sumamente difícil no caer dentro del mortífero campo de acción de cualquier "arte" de pesca de las que se emplean en aguas profundas.

Foto: Julius Nielsen, Universidad de Copenhage.
No obstante, los resultados del trabajo no son definitivos. Hacen falta más estudios que los verifiquen. De hecho, algunos científicos ya han mostrado cierto escepticismo, no sobre el método empleado, sino sobre la calibración de las cifras, que pudiera haber generado estimaciones al alza.
     En cualquier caso, el estudio de Nielsen y compañía viene a corroborar algo que ya se sospechaba: que el Somniosus microcephalus presenta un metabolismo muy ralentizado, como corresponde a un habitante de aguas profundas y gélidas (0,6-12ºC): crecimiento muy lento, edad reproductiva tardía y gran longevidad. Es decir, lo ideal para ser borrados del océano en pocos años si no se toman las medidas de gestión adecuadas.

El tiburón de Groenlandia es un un bicho colosal, uno de los tiburones más grandes del Atlántico norte, solo superado por el peregrino (Cetorhinus maximus). Puede rebasar los 6,4 m de longitud total hasta alcanzar, posiblemente, los 730 cm. ¿Qué edad puede llegar a tener un animal de semejante envergadura? Imposible decirlo... ni siquiera imaginarlo.

Lo único que sabemos es que, si estas estimaciones de edad son ciertas, cuando nació la hembra nº 28, la de 502 cm, la gran pintora italiana Fede Galizia ya había perfeccionado el arte del bodegón, del que fue pionera; Felipe III, el primero de los Austrias Menores, cortito de entendederas, indolente y ludópata empedernido, era todavía rey de España y de Portugal; Velázquez estaba comenzando su formación como pintor en el taller de Francisco Pacheco en Sevilla; Quevedo y Góngora tal vez se cruzaban ya por las calles de Madrid mirándose de reojo; posiblemente Shakespeare preparaba el estreno de La Tempestad, su grandísima última obra, en el palacio de Whitehall, y Cervantes aún no había publicado la segunda parte de El Quijote... dos de los más grandes genios de la historia apurando sus últimos años sobre la superficie de la Tierra... y en sus profundidades, el lento y silencioso Somniosus.



=>Más información sobre este extraordinario tiburón, en Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus).

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¹Julius Nielsen, Rasmus B. Hedeholm, Jan Heinemeier, Peter G. Bushnell, Jorgen S. Christiansen, Jesper Olsen, Cristopher Bronk Ramsey, Richard W. Brill, Malene Simon, Kristine F. Steffensen & John F. Steffensen (2016). Eye lens radiocarbon reveals centuries of longevity in the Greenland shark (Somniosus microcephalus). Science, vol 353, nº 630. doi:10.1126/science.aaf1703.


jueves, 21 de abril de 2016

Visera flecha (Deania profundorum)

Foto: Rafael Bañón.

Visera flecha

Deania profundorum (Smith & Radcliffe, 1912)

(es. Visera flecha; in. Arrowhead dogfish.)

Orden: Squaliformes
Familia: Centrophoridae

La visera flecha es la tercera Deania presente en aguas de Galicia, junto con la D. calcea y la D. hystricosa. Hasta el 2009 este magnífico y misterioso tiburón era desconocido nuestras aguas, porque de manera sistemática se venía identificando, erróneamente, como como D. calcea¹, un hecho recurrente en diversas partes de su distribución, no solamente aquí.
     Es muy poco lo que se sabe de la Deania profundorum. Probablemente el trabajo más completo sobre su biología es el publicado por Ricardo Sousa et al. en 2009 a partir del estudio de un importante número de ejemplares muestreados en Madeira en 2004 y 2005², de ahí que lo hayamos tomado como base para este artículo, sobre todo en lo relativo a las tallas y reproducción. Aunque también incluimos los datos, más generales, que ofrecen las principales obras de referencia³.

Descripción. La D. profundorum es la única visera con quilla ventral en el pedúnculo caudal. Este es su rasgo morfológico más distintivo, claramente apreciable en la fotografía de arriba. Por lo demás, su aspecto es bastante parecido a las demás deanias. Presenta un larguísimo morro espatulado, característico del género, con narinas totalmente ventrales y transversas. La boca es arqueada, con grandes pliegues labiales.
A diferencia de la D. hystricosa, su piel es suave al tacto porque los dentículos dérmicos que la cubren, también en forma de tridente, tienen una cúspide pequeña, de 0,25 mm de longitud.
La primera dorsal es alta y relativamente corta, originada a la altura del borde interno de las pectorales, y la segunda un poco más corta pero más alta que la primera. Ambas presentan fuertes espinas acanaladas, la de la D2 mucho más larga que la de la D1. Sin aleta anal, como los demás Squaliformes. Las pectorales tienen forma trapezoidal, son pequeñas y redondeadas; las pélvicas son más pequeñas que la segunda dorsal.
Librea de color grisáceo oscuro pardo grisáceo más o menos uniforme. Las aletas muestran un tono ceniciento, oscuro.

Vista dorsal de la cabeza (foto: K. V. Akhilesh tomada de FishBase) y detalle de los dentículos (fuente: FAO).
Dentición. Dimorfismo dentario, como el resto de las viseras. Los dientes superiores no están imbricados, son cortos y rectos; en cambio, los inferiores sí están imbricados y son bastante más anchos.

Izquierda: Dientes superiores e inferiores. Derecha: Vista ventral de la cabeza. (Fuente: FAO)
Talla. Longitud máxima de 110 cm, correspondientes a una hembra capturada en Madeira. Muchos la consideran como la especie más pequeña de su género, con una longitud máxima de 97 cm (o alrededor de 104 cm, según la IUCN), si bien la gran mayoría de los registros no alcanzan esas tallas. Al nacer miden alrededor de 31 cm, según la cifra más aceptada. En Galicia el registro más pequeño fue una hembra de 25 cm y en Madeira, un macho de 27 cm.
     Los muestreos realizados en este archipiélago revelan, además, la existencia de un claro dimorfismo sexual: las hembras son más grandes que los machos y alcanzan la madurez con tallas superiores. Así, todas las hembras maduras medían entre 86-110 cm, mientras que los machos maduros entre 66-85 cm.
     Por lo demás, las cifras que figuran en la literatura indican que en general los machos maduran entre los 43-67 cm y las hembras entre los 62-80 cm.

Reproducción. Vivíparo aplacentario con saco vitelino. Basándose en el número de huevos fertilizados y de embriones hallados en el útero, se cree que las camadas son de entre 5-11 crías.
    Es probable que los taludes del archipiélago de Madeira constituyan una importante área reproductiva para esta especie, en el sentido más amplio. No solo por la abundancia de neonatos, sobre todo a partir casi de los 1000 m, lo que apuntaría a una zona de parto y de guardería. Las hembras resultaron ser más abundantes que los machos (hasta casi el doble) en todos los estratos de profundidad muestreados, excepto en un tramo medio comprendido entre los 451-1050 m, donde la proporción de ejemplares maduros de ambos sexos se igualaba, lo que, a juicio de Sousa et al., puede querer decir que es a esta profundidad donde podrían producirse los apareamientos. Todo lo anterior parece apoyar la hipótesis de una segregación espacial relacionada con la reproducción.

Foto: Rafael Bañón.
Dieta. A base de pequeños peces óseos demersales, incluidos los peces linterna, calamares y crustáceos.

Hábitat y distribución. Especie batidemersal de hábitos poco conocidos. Se encuentra en el talud superior continental e insular entre los 275-1750 m de profundidad (posiblemente más común en el borde más profundo de este rango); en el Atlántico NW entre los 412-617 m, mientras que en las Canarias se ha capturado entre 600-1500 m. En el banco de Galicia se han encontrado entre los 749-1079 m, y en Madeira a partir de los 150 m.
     En el mencionado trabajo, Sousa et al. (2009) han advertido indicios de una estratificación vertical por tallas. Todos los individuos inferiores a 40 cm se encontraron más allá de los 950 m, algo que también se ha detectado en otros tiburones de profundidad como el tollo raspa (Etompterus princeps) o el tollo negro (Centroscyllium fabricii). Esto podría deberse a que las hembras descienden hacia las zonas más profundas para dar a luz.

Elaboración propia.
Distribución mundial discontinua: Atlántico W (Virginia y Carolina del Norte, y Mississippi, en el Golfo de México), Atlántico E (Galicia, sur de Portugal, Azores, Madeira, Canarias, Sáhara Occidental, Mauritania, Nigeria, Gabón, Congo, Namibia y Sudáfrica; posiblemente Angola), Índico W (Sudáfrica -KwaZulu-Natal-, Walters Shoal, golfo de Aden), Índico N (mar Arábigo, al menos zona próxima a la costa SW de la India), Pacífico W (Filipinas).

Pesca y conservación. En principio de poco valor comercial, si bien se aprovecha fundamentalmente por el aceite de su hígado. Suele ser captura accidental de las artes de fondo, en particular el palangre. Como ocurre con otros tiburones de aguas profundas, suele confundirse con especies similares, de modo que la información de que disponemos sobre el volumen de capturas es escasa y, acaso, poco fiable.
     La visera flecha se encuentra a menudo formando grandes agregaciones, lo que aumenta el riesgo de sobreexplotación, dada su baja tasa reproductiva.
     De momento figura en la Lista Roja de la UICN con el estatus de Preocupación menor, si bien se recomienda la monitorización de las capturas.

Ejemplar fotografiado en la montaña submarina Tritón, al norte de las Canarias. Foto: OCEANA.
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¹Véase Andrés Sanjuán, Alejandro de Carlos, Cristina Rodríguez-Cabello, Rafael Bañón, Francisco Sánchez & Alberto Serrano (2009). "Molecular identification of the arrowhead dogfish Deania profundorum (Centrophoridae) from the northern waters of the Iberian peninsula". Marine Biology Research, 8:9, 901-905. http://dx.doi.org/10.1080/17451000.2012.692160.
Igualmente el extraordinario trabajo de Rafael Bañón, Juan Carlos Arronte, Cristina Rodríguez-Cabello, Carmen-Gloria Piñeiro, Antonio Punzón & Alberto Serrano (2016). "Commented checklist of marine fishes from the Galicia Bank seamount (NW Spain)". Zootaxa, 4067 (3): 293-333. http://dx.doi.org/10.11646/zootaxa.4067.3.2.
²Ricardo Sousa, Sara Ferreira, Tomás Chada, J. Delgado & Dalila Carvalho (2009). "First approach to the biology of the deep-water shark Deania profundorum (Chondrichtyes: Centrophoridae)." Marine Biodiversity Records, vol. 2, e44, doi: 10.1017/S1755267209000554.
³Básicamente: 
-David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth. 
-David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
-David A. Ebert (2015). Deep-sea cartilagious fishes of the Southeastern Atlantic Ocean. FAO, Roma. 
-David A. Ebert, McCormack, C. & Samiengo, B. 2009. Deania profundorum. The IUCN Red List of Threatened Species 2009: e.T161551A5449518. http://dx.doi.org/10.2305/IUCN.UK.2009-2.RLTS.T161551A5449518.en. Consultado el 18 de abril de 2016.
-R. Froese & D. Pauly (Editors), 2016, FishBase, <www.fishbase.org/summary/SpeciesSummary.php?ID=672&AT=Ferreta>, consultada el 19 de abril de 2016.
He tenido en cuenta la bibliografía señalada en las notas anteriores y también: 
-K. V. Akhilesh, M. Hashim, K. K. Bineesh, C. P. R. Shanis & U. Ganga (2010). "New distributional records of deep-sea sharks from Indian waters". Journal of the Marine Biological Association of India, 52 (1): 29-34.
-Rui Coelho & Karim Erzini (2006). "On the occurrence of the arrowhead dogfish, Deania profundorum (Chondrichthyes: Squalidae), off Southern Portugal, with a missing gill slit". Cybium, 30(1): 93-96. En este trabajo se detalla el peculiar hallazgo de una hembra de 85,7 cm y 2,42 kg capturada por un palangrero de profundidad 16 millas al SW del cabo San Vicente a una cota de unos 530 m (el único registro de que tengamos noticia en aguas de Portugal). Tenía la particularidad de que en el lado derecho presentaba 4 aberturas branquiales en vez de 5.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Siete tiburones muy particulares

De arriba abajo y de izquierda a derecha: Trigonognathus kabeyai, Isogomphodon oxyrynchus (Jorge L. S. Nunes, biogeodb.stri.si.edu), Sphyrna tiburo (Smithsonian Tropical Research Institute), Eusphyra blochii (Freshwater Fish Group & Fish Health, Murdoch University), Leptocharias smithii (Theo Modder, FishBase), Mollisquama mississippiensis (Michael Doosey, Tulane University)
Estos siete tiburones no los tenemos en nuestro mar, ni tampoco en aguas españolas, a excepción del Leptocharias, que Moreno recoge en aguas de Canarias. Pero es que el mundo de los tiburones es tan apasionante, tan extraordinario, que sería un tremendo error y una paletada imperdonable imponernos a nosotros mismos unos límites que ellos no tienen. Aunque este blog se llama "Tiburones en Galicia", nuestras puertas y ventanas están siempre abiertas y nuestros ojos atentos a las más de 530 especies que habitan, pese a todo, en los mares, océanos y ríos del mundo. Nos gusta así.
     Este pequeño artículo recoge tan solo una pequeña parte de la extraordinaria variedad de formas y tamaños que existe en el mundo de los tiburones. Para que os hagáis una idea.

1. Cabeza de flecha (Eusphyra blochii). Sin duda estamos ante la especie más extraña y singular, y también la más arcaica, de las 10 que conforman la familia Sphyrnidae, la de los tiburones martillo. Es el resultado de la primera escisión evolutiva ocurrida en el tronco común de los martillos allá por el Mioceno, hace unos 15-20 millones de años. Su ubicación en un género propio (Eusphyra), distinto de los demás (Sphyrna), refleja perfectamente tanto este aspecto como la peculiar e inconfundible estructura de su cabeza, la más amplia de todo el grupo [véase Cabezas de martillo (fam. Sphyrnidae)]. Como se puede observar, en realidad, más que un "martillo", deberíamos hablar de palas o de alas, no en vano se conoce en inglés como winghead shark, 'tiburón de cabeza alada'.
     El cabeza de flecha habita las aguas someras de la plataforma continental e insular del Indo-Pacífico occidental, donde se alimenta de pequeños peces, rayas y cefalópodos, que detecta con el asombroso aparato sensorial de su cabeza: la extensa superficie de las palas alberga un amplio número de sensores eléctricos (las ampollas de Lorenzini); las narinas, situadas a lo largo de su borde anterior, son larguísimas (casi el doble de anchas que la boca), y al estar separadas entre si incrementan el campo de barrido y facilitan la localización de la fuente del estímulo químico; y los ojos, colocados muy lejos uno del otro en cada extremo de las alas, permiten un amplio campo de visión binocular que cuatriplica el de otros carcharhínidos.
Foto: Brian Watson, Department of Agriculture and Fisheries, Queensland Government.
Esta especie es vivípara placentaria, con camadas de alrededor de 9 crías que nacen tras una gestación de 8-11 meses. Como máximo alcanza los 186 cm de longitud total.
     Se captura de forma intensiva en buena parte de su área de distribución, sobre todo en el golfo de Thailandia, pero los datos científicos de que disponemos relativos a su dinámica poblacional son escasos, e incompletos los referidos a su biología. Es posible que en algunas zonas esté sobreexplotada. La IUCN lo recoge en su Lista Roja con el estatus de En peligro.

2. Tiburón picudo (Isogomphodon oxyrhynchus). Aunque por su aspecto es relativamente fácil ubicarlo correctamente en su familia, Carcharhinidae, el tiburón picudo no deja de ser un bicho sumamente peculiar. Sus aletas pectorales en forma de remo, grandes y muy anchas, llaman la atención; pero sin duda el rasgo más característico y sorprendente es el que le da su nombre: ese morro aplanado, largo y bien afilado como la punta de una flecha, apto para detectar presas en los entornos de baja visibilidad que constituyen su hábitat preferente: las aguas turbias de estuarios, manglares y zonas costeras abruptas donde desembocan los grandes ríos, lo que explica el diminuto tamaño de sus ojos. Al parecer, no tolera las aguas excesivamente dulces, de ahí que durante la temporada de lluvias se aleje de la costa. Sin embargo, un reciente estudio¹ refiere la captura de un juvenil en un sistema de agua dulce del nordeste de Brasil.
     La talla máxima es de 152 cm, aunque se cree que puede alcanzar los 2,5 m. Se alimenta de peces pequeños que se desplazan en cardúmenes, que captura ensartándolos con sus dientes largos y finos como colmillos.
     Es vivíparo placentario, con camadas muy reducidas de 3 crías tras un año de gestación. Posiblemente tenga un ciclo reproductivo bianual.

Fuente: Jorge L. S. Nunes, peixesdomaranhao.blogspot.com, y biogeodb.stri.si.edu
El Isogomphodon tiene una distribución geográfica muy limitada. Es endémico de la costa norte de Sudamérica desde Trinidad y Tobago hasta la desembocadura del Amazonas, en particular las aguas turbias influenciadas por los estuarios del Amazonas y el Orinoco. Esta franja costera se encuentra sujeta a una fuerte presión pesquera. Se calcula que durante la última década sus poblaciones han disminuido en un 90%, lo que unido a su baja productividad ha motivado que la IUCN lo considere En peligro crítico y reclame la toma de medidas urgentes de protección.

3. Musola barbuda (Leptocharias smithii). Único representante de la familia Leptochariidae, muy próxima a la de las musolas (Triakidae), junto a las que se solía clasificar. No hace falta explicar qué hay de peculiar en este tiburón: ese cuerpo alargado, escuchimizado, desabrido, como sin alegría, rematado en una cabeza diminuta, y dos enormes dorsales muy espaciadas componiendo un extraño contrapunto. Sin embargo, pese a su apariencia, presenta una musculatura recia que hace pensar en un potente nadador.
     Es una especie costera de hábitos demersales en fondos de 10 a 75 m, particularmente en los fangosos frente a las desembocaduras de los ríos, donde se alimenta de crustáceos, pequeños peces y rayas. Se reproduce mediante viviparismo placentario, con camadas de 7 crías tras una gestación de al menos 4 meses. Como curiosidad, los machos tienen los dientes anteriores más largos que las hembras, con toda probabilidad para sujetarlas mejor durante el apareamiento. Quién lo diría, con lo sosos que parecen. Al nacer miden al menos 20 cm y crecen hasta un máximo de 82 cm.
     Es una especie relativamente común, pero dada su distribución geográfica reducida, en zonas, además, de elevada presión pesquera (Atlántico E desde Mauritania hasta Angola, y tal vez Marruecos y el Mediterráneo), la IUCN la considera como Casi amenazada.

Arriba: Vista dorsal de una hembra de 221 mm (fuente: Aguirre-Villaseñor & Salas-Singh,
Revista Mexicana de Biodiversidad, 2012). Abajo: Vista lateral (fuente: FAO).
4. Colayo cabezón (Cephalurus cephalus). Este diminuto tiburón con aspecto de renacuajo, justamente conocido en inglés con el nombre de lollipop catshark ('colayo piruleta'), se caracteriza por una cabeza y región branquial aplanadas dorsoventralmente y expandidas en forma redondeada, como una piruleta. Su cuerpo, pequeño y esbelto, tiene un piel muy fina, "casi gelatinosa", según dice Compagno. Todo ello, en conjunto, explica por qué en México recibe el nombre de tiburón renacuajo. Se encuentra en los fondos del talud superior de Baja California, mar de Cortés y parte de la costa pacífica mexicana (quizás llegue hasta Perú y norte de Chile) entre los 155-927 m. No sabemos nada más de esta curiosa especie, excepto que no supera los 28 cm de longitud total, mide alrededor de 10 cm al nacer, los machos maduran hacia los 19 cm y las hembras a los 24 cm, y es probablemente vivíparo, con camadas de dos crías, una por oviducto. La Lista Roja de la IUCN lo incluye bajo la etiqueta Datos insuficientes.

Fuente: Claes et al. PLoS ONE, 2014.
5. Trigonognathus kabeyai. Conocido en inglés como viper dogfish o melgacho víbora (en castellano no tiene todavía nombre común oficial), este tiburón con pinta de monstruo de película japonesa de serie B vive en los fondos del talud superior del Pacífico norte (sobre todo Japón, naturalmente) y central (un registro en Hawai), entre los 250-1000 m. Es tal vez el miembro más extraño de la familia de los tiburones linterna (Etmopteridae), caracterizados, como sabéis, por la presencia de fotóforos en diversas regiones corporales, entre otros elementos. La boca, en posición casi terminal como en las serpientes, está dotada de grandes dientes finos, alargados y puntiagudos como agujas, y una mandíbula superior sumamente protráctil gracias a un mecanismo único que la articula con la caja craneal. Cuando el Trigonognathus lanza su demoledor ataque, la boca se abre y, como una flecha, la mandíbula superior sale proyectada y se abate sobre su víctima, que queda empalada entre los colmillos. Esto nos recuerda el sistema que emplea otra especie muy especial y (ésta sí) presente en nuestras aguas, el tiburón duende (Mitsukurina owstoni). Su dieta consiste en pequeños peces óseos del fondo (sobre todo peces linterna) y crustáceos, que engulle enteros, dado que, como es evidente, los dientes no están hechos para cortar.
     Es muy poco lo que sabemos de este tiburón: la longitud máxima registrada es de 54 cm, al nacer miden unos 17 cm, los machos llegan a la madurez entre los 42-47 cm y las hembras hacia los 52; es vivíparo aplacentario con camadas de alrededor de 25 crías. Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Datos insuficientes.

6. Las mielgas suaves: Mollisquama mississippiensis, Mollisquama parini. Sin duda los tiburones más misteriosos y desconocidos de esta lista. Solo se conocen dos ejemplares en todo el mundo, que hasta el 2019² no se confirmó que pertenecían a cada una de las especies.
     La primera especie (la mielga suave, M. parini) fue descrita por Dolganov en 1984: una hembra adolescente de 40 cm capturada en 1979 en el tramo chileno de la dorsal de Nazca, a 330 m de profundidad en aguas de 200-2500 m. La segunda, sin nombre común en castellano, es un macho de 14,2 cm (una cría que todavía conservaba la cicatriz umbilical) encontrado en 2010 en una red de arrastre tendida a 580 m en aguas de 3000 m durante un muestreo realizado al norte del Golfo de México, a 170 millas del delta del Mississippi (es el ejemplar de las fotografías).
En la foto superior se puede observar a simple vista la abertura de la glándula sobre la pectoral; abajo esquema donde se aprecia su forma y tamaño (fuente: Grace et al. Zootaxa, 2015). Abajo a la derecha, el Mollisquama mostrando su enorme morro (fuente: Michael Doosey, Tulane University)³.
La característica más sorprendente de este tiburón, aparte de su aspecto general y su tremendo morro bulboso, es que posee dos enormes glándulas a modo de saco, únicas entre los tiburones, que se abren al exterior a través de un pequeño corte visible justo encima de las aletas pectorales. No se sabe bien cuál puede ser su función, pero existe un tiburón de la misma familia, el tiburón de cola larga (Euprotomicroides zantedeschia), que posee una glándula parecida aunque situada en el abdomen, la cual se ha observado que en determinadas circunstancias emite un fluido luminiscente que, según se cree, puede servir bien para despistar a un posible depredador, bien para atraer a una presa potencial o a una pareja. Tal vez el Mollisquama utiliza el mismo sistema.

El Euprotomicroides zantedeschia expulsando el fluido luminiscente a través de la abertura de la cloaca (foto: Plik Sciagnieto).
Las mielgas suaves pertenecen a la familia Dalatiidae, la misma de los tiburones cigarro (Isistius), y presentan fotóforos en diversas partes de su cuerpo. A partir de aquí, no sabemos nada más.  
     M. parini figura, como las anteriores, en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Datos insuficientes. M. mississippiensis todavía está sin evaluar.

 
7. Lanetón (Sphyrna tiburo). Cerramos esta pequeña lista como la empezamos, con un esfírnido, en este caso con la especie que se sitúa justamente en el extremo contrario de la escala, pues se trata del martillo con la cabeza más estrecha. Más que de martillo, en realidad deberíamos hablar de "pala", tal como se denomina en inglés ("shovelhead", aunque el nombre común más extendido es "bonnethead shark") y en algunas partes de Hispanoamérica.

Foto: Udo M. Savalli.
El lanetón es un pequeño tiburón que no supera los 150 cm, bastante abundante en las costas tropicales atlánticas y pacíficas del continente americano, desde Carolina del Norte hasta Brasil y desde California hasta el Ecuador. Le gustan las aguas someras de fango y arena de estuarios y bahías, y también los arrecifes coralinos, sobre todo entre los 10 y los 25 m. Consume crustáceos, bivalvos, cefalópodos y pequeños peces.
     Es vivíparo placentario y tiene una de las tasas de crecimiento poblacional más altas de todos los tiburones: llega a la madurez a edad temprana, tiene una corta esperanza de vida (12 años), una de las gestaciones más cortas de todos los tiburones (4,5-5 meses) y camadas anuales de 4 a 16 crías. Lo cual le permite soportar razonablemente bien la alta presión pesquera a que se ve sometido, por eso la IUCN lo considera Preocupación menor.
     Que siga así muchos años.


[ACTUALIZADO A 21 de junio de 2019.]

=>Si queréis conocer otras especies igualmente especiales, diferentes, podéis consultar los siguientes artículos:

-Encuentro con un duende.
-Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus).
-Tiburón anguila en O Grove.
-El misterio del tiburón cocodrilo.

Y muchos otros más que podéis encontrar bucenado en el Blog a través del Índice.

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¹Leonardo Manir Feitosa, Ana Paula Barbosa Martins, Rosangela Paula Teixeira Lessa, Ricardo Barbieri & Jorge Luiz Silva Nunes (2018). Daggernose Shark: An Elusive Species from Northern South America. Fisheries Magazine, https://doi.org/10.1002/fsh.10205.
²Mark A. Grace, Michael H. Doosey, John S. S. Denton, Gavin J. P. Naylor, Henry L. Bart Jr. John G. Maisey (2019). A new Western North Atlantic Ocean Kitefin shark (Squaliformes: Dalatiidae) from the Gulf of Mexico. Zootaxa, 4619 (1): 109-120. https://doi.org/10.11646/zootaxa.4619.1.4. 
³Mark A. Grace, Michael H. Doosey, Henry L. Bart & Gavin J. P. Naylor (2015). First record of Mollisquama sp. (Chondrichthyes: Squaliformes: Dalatiidae) from the Gulf of Mexico, with a morphological comparison to the holotype description of Mollisquama parini Dolganov. Zootaxa, 3948 (3): 587-600. Doi: 10.11646/zootaxa.3948.3.10