Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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domingo, 29 de marzo de 2026

Primer registro de cría de tiburón martillo en Galicia

Fotos: Iago Tomé, tomadas de La Voz de Galicia del 20 de diciembre de 2024.

Acaba de publicarse el trabajo científico que documenta la primera aparición en el litoral de Galicia de una cría de cornuda o tiburón martillo (Sphyrna zygaena), cita que tal vez sea también la primera de estas características para toda la península ibérica. 

miércoles, 3 de septiembre de 2025

La sorpresa de una recién nacida

Tardamos unos segundos en localizarla nadando nerviosa entre la porquería.

Domingo de finales de julio. Sesión de cañas en la terraza del náutico después de una salida de buceo. Alguien la ha visto por casualidad y nos avisa. Nos asomamos a la barandilla del pantalán... y a los pocos segundos logramos distinguir a la pequeña allí abajo, entre la sábana de inmundicia que cubría la superficie. 

viernes, 23 de junio de 2023

Una hembra grávida de tiburón duende

Foto: Taiwan Ocean Artistic Museum.

El tiburón duende es una especie tan inconfundible como misteriosa. Habita exclusivamente las aguas profundas de varios océanos del mundo, entre los 100 y los 1300 m, donde ha logrado mantener su vida privada a salvo del escrutinio del ser humano. Por el momento.

viernes, 30 de septiembre de 2022

El cortejo del peregrino

Foto: Irish Basking Shark Group (IBSG).

Hace unos días se publicaba un fantástico trabajo¹ que desvela el misterio de uno de los comportamientos más enigmáticos y sorprendentes de los tiburones peregrino (Cetorhinus maximus): las reuniones de decenas o incluso centenares de individuos que se pasan horas nadando en círculos sin un motivo aparente.

viernes, 23 de septiembre de 2016

La edad del tiburón de Groenlandia

Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). Foto: Franco Banfi.

Hace pocas semanas estallaba la noticia a lo grande, como los fuegos artificiales de las fiestas del pueblo, entre el "¡Oooooh!" del público general y ciertas muecas de escepticismo paternalista de algunos científicos que, divertidos, se apeaban de los coches de choque para observar el espectáculo: ¡el tiburón de Groenlandia puede llegar a vivir 400 años!

Tal es la conclusión de un trabajo publicado el pasado 12 de agosto por la revista Science bajo el título, bien elocuente, de "Eye lens radiocarbon reveals centuries of longevity in the Greenland shark (Somniosus microcephalus)"¹. Pues, en efecto, para obtener esta estimación, sus autores se basaron en la datación mediante radiocarbono del cristalino del ojo de este tiburón.
     Las proteínas del núcleo del cristalino se forman durante el desarrollo prenatal del tiburón y permanecen inalteradas a lo largo de toda su vida. Esto quiere decir que su composición viene dictada directamente por la dieta materna, no por las andanzas de cada individuo, de modo que las ventajas a la hora de determinar su edad son evidentes. Solo se precisa un punto de referencia adecuado.

Tal como vimos en un reciente estudio sobre la edad del tiburón blanco en el Atlántico NW [véase Edad y tasa del crecimiento del tiburón blanco], el equipo de científicos liderado por Julius Nielsen, de la Universidad de Copenhage, tomaron como referencia las altas concentraciones de carbono-14 en la red trófica marina consecuencia de las pruebas nucleares atmosféricas que se llevaron a cabo desde mediados de la década de los 50 en el Atlántico norte. Dado que el mayor nivel de acumulación de este isótopo radioactivo se registra no más tarde de comienzos de la década de los 60, es ese ligeramente difuso "comienzos de los 60" lo que se tomó como marca temporal.

Los miembros del equipo de Nielsen analizaron el cristalino de 28 ejemplares (todos ellos hembras) de 81 a 502 cm de longitud total capturados en Groenlandia durante los años 2010 y 2013, entre los 175 y los 1100 m de profundidad. Los dos individuos más pequeños (81 y 158 cm, respectivamente) eran los que contenían mayores niveles de carbono-14, con lo que con toda probabilidad nacieron con posterioridad a esa marca, sin que se les pueda asignar una edad exacta. El tercer tiburón, en esta escala de menor a mayor, medía 220 cm y presentaba un nivel de radiocarbono ligeramente superior a los siguientes, de modo que se considera que debió de nacer a principios de los 60, más o menos hacia 1963 (una "jovencita" que en 2012 andaba por los 50 años de edad). Los 25 tiburones restantes, con tallas comprendidas entre los 258 y los 502 cm, nacieron claramente antes de las pruebas atómicas.
     Calibrando los datos obtenidos mediante radiocarbono con parámetros tales como el tipo y tasa de crecimiento del tiburón, estimada en menos de un centímetro por año, fue como los científicos obtuvieron las cifras que tanta agitación han causado en las aburridas semanas de agosto.
     A partir del tiburón nº 3 los cálculos de edad se disparan. Desde los aproximadamente 71 y 73 años de los ejemplares 4 y 5, de 258 y 264 cm, respectivamente... hasta los 335 ± 75 y los 392 ± 120 para los más grandes, de 493 y 502 cm. Una barbaridad, incluso descontando los márgenes de error: ¡un tiburón de Groenlandia de 5m tendría una esperanza de vida de un mínimo de 272 años!... o de 512, si los tenemos en cuenta. Dejémoslo en 400, un término medio.
     Lo más preocupante es que, de ser ciertas estas estimaciones, tendríamos que las hembras tardarían la friolera de 156 años en alcanzar la madurez sexual, es decir, en estar preparadas para reproducirse. Un tiempo en el que, tal como están las cosas, resulta sumamente difícil no caer dentro del mortífero campo de acción de cualquier "arte" de pesca de las que se emplean en aguas profundas.

Foto: Julius Nielsen, Universidad de Copenhage.
No obstante, los resultados del trabajo no son definitivos. Hacen falta más estudios que los verifiquen. De hecho, algunos científicos ya han mostrado cierto escepticismo, no sobre el método empleado, sino sobre la calibración de las cifras, que pudiera haber generado estimaciones al alza.
     En cualquier caso, el estudio de Nielsen y compañía viene a corroborar algo que ya se sospechaba: que el Somniosus microcephalus presenta un metabolismo muy ralentizado, como corresponde a un habitante de aguas profundas y gélidas (0,6-12ºC): crecimiento muy lento, edad reproductiva tardía y gran longevidad. Es decir, lo ideal para ser borrados del océano en pocos años si no se toman las medidas de gestión adecuadas.

El tiburón de Groenlandia es un un bicho colosal, uno de los tiburones más grandes del Atlántico norte, solo superado por el peregrino (Cetorhinus maximus). Puede rebasar los 6,4 m de longitud total hasta alcanzar, posiblemente, los 730 cm. ¿Qué edad puede llegar a tener un animal de semejante envergadura? Imposible decirlo... ni siquiera imaginarlo.

Lo único que sabemos es que, si estas estimaciones de edad son ciertas, cuando nació la hembra nº 28, la de 502 cm, la gran pintora italiana Fede Galizia ya había perfeccionado el arte del bodegón, del que fue pionera; Felipe III, el primero de los Austrias Menores, cortito de entendederas, indolente y ludópata empedernido, era todavía rey de España y de Portugal; Velázquez estaba comenzando su formación como pintor en el taller de Francisco Pacheco en Sevilla; Quevedo y Góngora tal vez se cruzaban ya por las calles de Madrid mirándose de reojo; posiblemente Shakespeare preparaba el estreno de La Tempestad, su grandísima última obra, en el palacio de Whitehall, y Cervantes aún no había publicado la segunda parte de El Quijote... dos de los más grandes genios de la historia apurando sus últimos años sobre la superficie de la Tierra... y en sus profundidades, el lento y silencioso Somniosus.



=>Más información sobre este extraordinario tiburón, en Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus).

______________________________
¹Julius Nielsen, Rasmus B. Hedeholm, Jan Heinemeier, Peter G. Bushnell, Jorgen S. Christiansen, Jesper Olsen, Cristopher Bronk Ramsey, Richard W. Brill, Malene Simon, Kristine F. Steffensen & John F. Steffensen (2016). Eye lens radiocarbon reveals centuries of longevity in the Greenland shark (Somniosus microcephalus). Science, vol 353, nº 630. doi:10.1126/science.aaf1703.


lunes, 13 de junio de 2016

Tintoreras en la costa gallega



Los tiburones pelágicos son organismos asombrosos que permanecen durante todo su ciclo vital en un ambiente oceánico extremadamente oligotrófico, por el que recorren miles de millas en busca de áreas más ricas donde alimentarse. Entre ellos se encuentra el tiburón azul o tintorera (Prionace glauca), un escualo cosmopolita oceánico de gran distribución mundial, frecuente en todos los océanos tropicales y templados del planeta.


La tintorera o tiburón azul es cosmopolita, relativamente frecuente en todos los océanos tropicales y templados del planeta, incluyendo las aguas de Galicia.


Galicia se encuentra en su área de distribución habitual y no resulta extraño observar ejemplares jóvenes a pocas millas de la costa, como se aprecia en el siguiente vídeo que obtuvimos en una salida pelágica frente a las islas Cíes.



Lo que si resulta del todo inusual es encontrarse esta especie en aguas someras como playas y puertos. Sin embargo, esto es lo que ha estado ocurriendo con relativa frecuencia durante estos últimos dos años en nuestro litoral, aunque ya en el verano de 2013 se registró la presencia de numerosos juveniles bastante cerca de la costa (véase Mejuto et al. 2014).

Quenllas en el muelle de Muros. Foto: Toño Maño.

Por ello nos hemos animado a realizar un registro de estos extraños eventos, lo que nos ha permitido analizar el fenómeno en detalle dando como resultado el siguiente estudio, publicado en el Journal of Fish Biology: Observations of newborn blue sharks Prionace glauca in shallow inshore waters of the NE Atlantic Ocean, en donde se presentan nuevos datos sobre este sorprendente y novedoso comportamiento.

En los últimos veranos se ha incrementado inesperadamente la presencia de neonatos y juveniles en aguas costeras poco profundas de Galicia.

Dicho estudio describe como en los últimos dos años, durante los veranos de 2014 y 2015, se ha incrementado inesperadamente la presencia de neonatos y juveniles en aguas costeras poco profundas de Galicia.

Tintoreras en el muelle de Muros. Fotos: Toño Maño y Rafael Bañón.

También se analizan diferentes causas para tan insólito comportamiento, como son ciertas variaciones en las condiciones oceanográficas, altos niveles de reclutamiento de la especie, o cambios en las áreas de cría tradicionales conocidas.



Esta publicación ha sido posible en buena medida gracias a las desinteresadas aportaciones de organizaciones conservacionistas como la CEMMA y de un importante número de personas que, desde todos los puntos de Galicia, registraron y comunicaron sus observaciones de tintoreras, casi siempre acompañándolas de valiosos vídeos y fotografías, a través de los más diversos medios [véase Agosto de tintoreras 2015]. Agradecemos profundamente este esfuerzo y compromiso, que supone un claro ejemplo del concepto de ciencia ciudadana, que está ayudando a registrar y a describir los más diversos fenómenos incluso a escala global (un ejemplo es ECOCEAN, y este post sobre tiburones ballena).

Dado el valor de estas observaciones, resulta crucial dar continuidad en el tiempo al registro de este tipo de información para realizar análisis más profundos y obtener conclusiones más robustas sobre este fenómeno. Esto debería permitir confirmar la persistencia de estos comportamientos y bajo qué circunstancias ocurren.

Agradecemos profundamente vuestro esfuerzo y compromiso, que supone un claro ejemplo del concepto de ciencia ciudadana, y esperamos que esta colaboración tenga continuidad.

Os animamos a todos a seguir informando de nuevas citas y observaciones de tiburones. Y no solo de tintoreras o quenllas, sino también de tiburones peregrino (Cetorhinus maximus), que suelen visitarnos en primavera y verano, así como de otras especies que puedan ser de interés.

Juvenil de Prionace glauca. Fuente: Marcados para sobrevivir (BEC).

Podéis comunicar vuestras observaciones a través de los siguientes canales:
O bien, siguiendo los cauces más habituales, llamando al 112, o poniéndoos en contacto con la CEMMA, la Rede de Varamentos (686989008), o con cualquier asociación medioambiental que conozcáis, para que al menos quede alguna constancia de vuestro registro.

IMPORTANTE: Cuanta más información nos hagáis llegar, mejor, pues más completos serán los resultados al finalizar la temporada: día, hora, posición, zona geográfica y datos sobre el lugar, tamaño aproximado, el comportamiento del ejemplar o ejemplares, sexo, etc. Es más que recomendable adjuntar una o dos fotos con referencia visual de tamaño (es decir, colocando al lado del ejemplar un objeto como una moneda o un reloj para determinar el tamaño), si es posible una instantánea de la zona ventral, para confirmar sexo y la presencia de cicatrices umbilicales.

Referencia: Rafael Bañón, Toño Maño, Gonzalo Mucientes (2016). Observations of newborn blue sharks Prionace glauca in shallow inshore waters of the NE Atlantic ocean. Journal of Fish Biology.


domingo, 5 de octubre de 2014

Una cápsula-huevo del Carbonífero y una guardería

La cápsula-huevo de Doncaster. Foto: Dean Lomax, University of Manchester.
A. Una cápsula-huevo...
Este verano pasado conocimos la noticia del descubrimiento de una cápsula-huevo de tiburón de 310 millones de años de antigüedad en una vieja mina de carbón de la localidad de Edlington, Doncaster, en el corazón minero de Yorkshire del Sur¹. La amplia variedad de fósiles vegetales y animales hallados en el mismo lugar permitieron a los paleontólogos reconstruir un mundo inimaginable en la región fría y gris que conocemos en la actualidad.

El Carbonífero (unos 360-303 millones de años atrás) fue en muchos sentidos la edad de las plantas; en los grandes bosques que cubrieron aquel mundo se encuentra el origen de los depósitos de carbón que le han dado nombre. Entonces no existían ni Yorkshire ni Inglaterra. Tampoco Europa ni América. A comienzos del periodo, la Tierra tardaba 383 días en dar la vuelta completa alrededor del Sol y los días tenían menos de 23 horas². La superficie de la Tierra estaba dominada por un océano inmenso, Panthalassa ('todos los océanos'), que ceñía unos bloques continentales a punto de colisionar en un profundo cataclismo del que surgiría, a finales del Paleozoico³, el supercontinente Pangea ('la tierra toda'). Durante este proceso, pequeños océanos como el Rheico y el Ural se cerraron y desaparecieron, mientras la deriva de China del Norte, China del Sur y Cimmeria iba modelando el océano Paleo-Tetis. Uno de aquellos bloques continentales era Euramérica, que estaba situada en los trópicos, la zona más propicia para alumbrar la gran explosión de vida vegetal que caracteriza este periodo.

La Tierra hace unos 300 millones de años. Al norte, Siberia; en el centro Euramérica, y al sur Gondwana; al este, en el sentido de las agujas del reloj, China del Norte, China del Sur y Cimmeria, rodeando el océano Paleo-Tetis.  Fuente: Ron Blakey, NAU Geology - http://cpgeosystems.com/mollglobe.html
Invirtiendo el proceso que venía desarrollándose desde el Devónico, en los primeros millones de años del Carbonífero se produce una subida del nivel del mar que va a dar lugar a extensas marismas y grandes mares epicontinentales a cuyas veras surgen inmensos bosques tropicales donde crecían árboles de más de 40 metros, equisetales, cordaites, helechos arborescentes, las primeras coníferas, licofitas que podían elevarse hasta los 30 m... El contenido de oxígeno de la atmósfera alcanzó picos de hasta el 35% (actualmente, el porcentaje es del 21%), lo que podría explicar los casos de gigantismo de ciertos grupos de insectos y anfibios. 

Era un universo fantasmagórico único e irrepetible, no tanto por la naturaleza extraña de las especies que lo poblaban (no existían, por ejemplo, las plantas con flores; y Galicia —que curiosamente tampoco existía—, no estaba tapizada de eucaliptos), sino por la ausencia de voz. Las aves todavía tardarían millones de años en puntear con sus cantos el silencio del mundo y los mamíferos, bastante más. En su lugar, millones de insectos, algunos de un tamaño descomunal, como las libélulas gigantes de alas de hasta 70 cm, surcaban el aire caliente y húmedo de aquellas selvas inundándolo con sus zumbidos, carracas, chirridos y zumbas, mientras sorteaban las trampas tendidas por arañas del tamaño de un jabalí. A ras de suelo, el gran manto de vegetales en descomposición era atravesado por ejércitos de artrópodos, cucarachas, escorpiones y miriápodos de hasta dos metros de longitud. De las ricas masas de agua que bordeaban y salpicaban la floresta salían pelotones de anfibios de las formas y tamaños más diversos en busca de comida. Algunos eran verdaderos monstruos de seis metros. Y otros se adaptaron de tal forma al medio terrestre, que sus cuerpos terminaron cubiertos de escamas para proteger su delicada piel. De ellos sería el dominio de los ecosistemas terrestres... y de las pantallas cinematográficas.

Escena del mar del Carbonífero tomada de The Open University.
El océano vuelve a llenarse de vida tras la extinción masiva del Devónico. Los foraminíferos se convierten en uno de los grupos más importantes y, junto a ellos, los corales, briozoos, ostrácodos, radiolarios, braquiópodos, equinodermos como los crinoideos o lirios de mar, anélidos... Los trilobites iban camino de la extinción, siguiendo los pasos de los placodermos o peces acorazados, mientras se multiplicaban las poblaciones de ammonites, los ancestros de nuestros calamares. A lo largo de las costas se levantaron extensas barreras de arrecifes de coral que albergaban una extraordinaria multiplicidad de formas de vida.

De entre los peces, los más abundantes fueron sin duda los tiburones, que experimentaron una importante radiación evolutiva, probablemente, según apuntan algunas teorías, para ocupar los nichos que habían dejado los placodermos. No en vano hay quien también considera el Carbonífero como la edad de oro de los tiburones, que contaban con alrededor de 45 familias, diez más que en la actualidad. Algunas especies adoptaron formas sumamente extrañas, como el Helicoprion (que en realidad, según las últimas investigaciones, podría tratarse de una quimera véase Helicoprion), con su famosa espiral dentaria; las especies del género Stethacanthus, con su característica dorsal en forma de yunque; el Falcatus, dotado de una enorme espina dorsal inclinada hacia delante como el mango de una sartén, o el Bandringa, que poseía un larguísimo morro muy parecido al de los modernos peces espátula (Polyodontidae), repleto de sensores eléctricos con los que localizaba sus presas ocultas en los turbios fondos lacustres o fluviales.

Pareja de Stethacanthus. Se cree que las especies incluidas en el género Symmorium son en realidad las hembras de Stethacanthus, que carecerían de la característica aleta en forma de yunque. Dibujo de Douglas Henderson.
Los tiburones colonizaron ambientes de agua dulce, como los Xenacanthiformes, de aspecto muy parecido a los actuales tiburones anguila (Chlamydoselachidae), o como el individuo responsable de la puesta de la cápsula ovífera de Edlington. Porque, efectivamente, al menos una parte de Yorkshire pudo haber sido una selva repleta de lagos y pantanos, o tal vez un bosque tropical de inundación similar a los que encontramos hoy en día en el Amazonas.
     No sabemos a qué especie pertenecía esta cápsula-huevo. El oviparismo es la estrategia reproductiva más antigua de las tres que encontramos en los tiburones actuales; si pensamos que aproximadamente el 40% de las especies que conocemos son ovíparas, no es difícil imaginar que hace 300 millones de años este fenómeno debió de estar mucho más extendido. De modo que es muy difícil dar con un candidato.
Fósil y reconstrucción de una cápsula-huevo de Lonchidion ferganensis. Su diseño helicoidal es muy parecido al de los huevos de los modernos heterodóntidos (foto de Jan Fischer tomada de la página The Archaeology News Network).
En cualquier caso, puestos a conjeturar, su aspecto es parecido al de las cápulas-huevo de Lonchidion ferganensis, un tiburón del extinto orden de los Hybodontiformes, antecesores de los Heterontiformes actuales, halladas en un depósito triásico del Kirguistán (Asia central) por un equipo dirigido por Jan Fischer, paleontólogo del Instituto de Geología de la TU Bergakademie Freiberg. Era un antiguo lago de agua dulce en el que también se encontraron huevos posiblemente de alguna especie de Xenacanthus. Creo que lo más sensato será aguardar el dictamen de los paleontólogos.

Lonchidion ferganensis según Frederik Spindler, Journal of Vertebrate Paleontology, 2011.

B. ... y una guardería.
A comienzos de este mismo año supimos que en otra zona de la antigua Euramérica, hoy situada del otro lado del Atlántico, concretamente en los depósitos de Mazon Creek, al norte del estado de Illinois, se encontraron montones de cápsulas-huevo pertenecientes a tiburones de diversas especies, y junto a ellas, los restos fósiles de varias crías jóvenes de Bandringa en increíble estado de conservación. Como en el caso anterior, tenían 310 millones de años.
     Era la primera vez que huevos y crías aparecían juntos en un mismo lugar, lo cual vino a demostrar que Mazon Creek fue en su momento una zona de cría o guardería para tiburones; dicho de otro modo, que hace más de 300 millones de años estos bichos seguían pautas reproductivas similares a las de hoy en día.

Esta cría de bandringa medía 10 cm. Los adultos podían llegar a medir 3 m. Foto: Lauren Sallas, Michael Coates, tomada de Science News.com.
Otro descubrimiento sorprendente vino de la comparación de estos ejemplares con los primeros fósiles de Bandringa encontrados en 1969 y de otros hallados en años posteriores en diversas localizaciones. Los científicos comprobaron que lo que hasta ese momento se creía eran dos especies distintas, Bandringa rayi y Bandringa herdinae, la primera de agua salada y la segunda de agua dulce, en realidad eran una y la misma. Sus diferencias no eran morfológicas, sino tafonómicas, esto es, debidas a diferencias en los procesos de fosilización, que no son iguales en un ambiente de agua salada que en uno de agua dulce. Los fósiles encontrados en sedimentos marinos mostraban los tejidos blandos y el perfil corporal claramente delimitados, pero sin apenas restos del endoesqueleto; en cambio, los procedentes de estratos formados en un medio de agua dulce retenían un ínfimo porcentaje de tejido blando, pero conservaban partes completas del endoesqueleto. Por eso parecían especies distintas.

Y como guinda de un excelente trabajo, combinando todos los datos referidos a las tallas y localizaciones de los fósiles, los autores concluyeron que los bandringas posiblemente realizaban migraciones con carácter reproductivo. Las hembras se trasladaban hacia las aguas costeras, salobres o saladas, para realizar la puesta (o puede que para dar a luz, pues todavía no se sabe con certeza si alguna de las cápsulas-huevo halladas en Mazon Creek corresponden a esta especie), y posteriormente regresarían a sus zonas habituales de residencia, en ríos o lagos de agua dulce. Se trataría, por tanto, de una especie catádroma, como las anguilas. No está nada mal.

Reconstrucción del bandringa según John Megahan, University of Michigan.

Muchas historias que contar.
Más o menos a partir de mediados del Carbonífero se constata un progresivo descenso de las temperaturas, que en principio no afectó a las zonas tropicales. El desplazamiento hacia el sur de Gondwana provoca la expansión de los glaciares que permanentemente cubrían su franja meridional, lo que trae consigo el enfriamiento del clima y la bajada del nivel del mar, que a su vez son los causantes de un periodo de extinción masiva que afectó sobre todo a crinoideos y ammonites, con pérdidas del 40% y del 80% de sus poblaciones, respectivamente.
     Hace unos 305 millones de años el enfriamiento y sequedad paulatina de la atmósfera llega a tal extremo que provoca el colapso de los grandes bosques tropicales.
     La era Paleozoica echa su cierre con la extinción en masa de finales del Pérmico, un cataclismo de magnitudes inconcebibles que acabó con el 90-95% de las especies marinas (hay quien habla del 99%). Los tiburones lograron sobrevivir, una vez más, para seguir siendo testigos del eterno devenir de los océanos y de las masas continentales, y de la ida y venida de un sinfín de criaturas cada cual más extraña.
     Los primeros mamíferos, diminutos y huidizos, todavía tardarían más de 50 millones de años en arrancarse del tronco de los reptiles mamiferoides para establecerse definitivamente sobre la Tierra.

El tiempo de los tiburones está más allá de la escala humana, es un tiempo geológico, por eso nos resultan tan extraños, misteriosos y fascinantes. En su ADN está escrita la historia de la formación del mundo tal como hoy lo conocemos, incluidos nosotros mismos, que apenas representamos una base nitrogenada, tan nimia como letal.
     Los tiburones no se merecen el deprimente final que les estamos preparando... Y nosotros no nos merecemos perder a unas criaturas con tanta Historia que contar.

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¹Véase nota de prensa en Science Daily.
²Véase el curioso e interesante artículo de Adam Hadhazy publicado el 14 de junio de 2010 en la edición digital de Scientific American.
³La era Paleozoica (del griego paleo, 'antiguo', y zóo, 'ser vivo', que podría traducirse como "era de los seres vivos antiguos") se inició hace hace aproximadamente 542 millones de años y terminó unos 250 millones de años atrás. Comprende los períodos Cámbrico (542-490 millones de años), Ordovícico (486-445), Silúrico (443-423), Devónico (420-372), Carbonífero (360-303) y Pérmico (300-254). Todas las magnitudes son aproximadas. Para una información más exacta, recomiendo visitar la página <https://engineering.purdue.edu/Stratigraphy/gssp/index.php?parentid=all>
Un resumen de este trabajo puede encontrarse en la página The Archaeology News Network. 
Recordemos: Oviparismo, Viviparismo aplacentario (ovoviviparismo) y Viviparismo placentario.
Lauren Cole Sallam y Michael I. Coates (2014). "The long-rostrumed elasmobranch Bandringa Zangerl, 1969, and taphonomy within a Carboniferous shark nursery". Journal of Vertebrate Paleontology, 34:1, 22-33, doi: 10.1080/02724634.2013.782875.
Integrando los datos de todos los fósiles, los investigadores lograron reconstruir el cuerpo del Bandringa con asombrosa precisión: 
La boca estaba orientada hacia abajo y probablemente tenía capacidad succionadora, ideal para alimentarse de los animales del fondo. A cada lado de la boca y sobre la cabeza presenta espinas como agujas posiblemente con función defensiva. Fuente: L. C. Sallam, M. I. Coates, Journal of Vertebrate Paleontology, 2014.


lunes, 2 de diciembre de 2013

Reproducción VI: Viviparismo placentario

Embrión de tiburón limón (Negaprion brevirostris). Foto: National Geographic.
El viviparismo placentario es el modo reproductivo más avanzado de todos los tiburones. Lo siguen aproximadamente un 10% de todas las especies conocidas: la gran mayoría de los carcharhínidos (fam. Carcharhinidae) como la tintorera (Prionace glauca), el tiburón gris (Carcharhinus plumbeus) y otras especies tan conocidas como el jaquetón cobre (C. brachyurus) o el coralino (C. perezi); igualmente todas las especies de cornudas o tiburones martillo (fam. Sphyrnidae), todos los gáleos (fam. Hemigaleidae), y una parte de las especies de la familia de las musolas (Triakidae), una de ellas presente en nuestras aguas¹.

Este sistema supone un importante avance en términos evolutivos respecto del viviparismo aplacentario u ovoviviparismo. El saco vitelino, que en un primer momento alimenta al embrión, se modifica desarrollando una serie de expansiones con las que se adhiere a la pared del útero para establecer una conexión de carácter placentario en la que se produce un intercambio sanguíneo. Aunque conviene notar que esta placenta que se forma no es igual a la de los mamíferos, su origen embriológico es diferente, dado que los tiburones carecen de amnios y de alantoides².

Útero de una tintorera con sus embriones. Foto de Gonzalo Mucientes tomada de su blog Tiburones del mundo.
El pequeño tallo o conducto que unía el saco al embrión (insertándose, recordemos, en la zona abdominal entre las aletas pectorales) se convierte de esta manera en una especie de cordón umbilical similar al de los mamíferos, que se encargará del transporte directo de nutrientes desde la madre hasta cada uno de sus retoños.


Este cordón, que puede llegar a medir hasta 20 cm, está formado por una arteria, una vena umbilical y un canal vitelino, y puede presentar una superficie lisa o festoneada en función dos sistemas de trasvase de nutrientes: uno hemotrófico y otro histotrófico, respectivamente.
  • Hemotrófico. Cordón liso. Las substancias nutritivas llegan disueltas en el plasma sanguíneo materno exclusivamente a través de la placenta vía cordón. Es el caso de la gran mayoría de los carcharhínidos.
  • Histotrófico. Cordón festoneado. El aporte de nutrientes se produce de dos maneras: a través de la placenta, como en el caso anterior, y absorbidos del líquido intrauterino por las expansiones que festonean el cordón umbilical. Este líquido, también conocido como leche uterina, es rico en agua y sales minerales. Los esfírnidos y los hemigaleidos utilizan este sistema.
Cordón festoneado en un embrión de cornuda (Sphyrna zygaena). Foto de Eve Bunting tomada de la página del Canadian Shark Research Lab.
A diferencia del viviparismo aplacentario, el viviparismo placentario permite llevar adelante con ciertas garantías camadas más numerosas: hasta 42 crías en el tiburón martillo (Sphyrna mokarran), 50 en la cornuda (Sphyrna zygaena) o las 135 hallados en una tintorera (Prionace glauca).

El nacimiento de un tiburón limón (Negaprion brevirostris). Se aprecia el cordón y la estructura modificada del saco vitelino. Foto de Doug Perrine.
Como veis, los tiburones no son peces normales y corrientes. Son más los elementos que de algún modo nos unen que los que nos separan. Tenemos más cosas en común con un marrajo que con una sardina, pongamos por caso³. Y ojo, no es que los tiburones se nos parezcan en esto de la reproducción, sino que en realidad somos nosotros quienes nos parecemos a ellos. El sistema de conexión placentaria lo inventaron los tiburones unos cuantos millones de años antes que los seres humanos. Así que un respeto a nuestros mayores.


>>Para los otros dos modos reproductivos véanse los capítulos Oviparismo y Viviparismo aplacentario.

>>Sobre avistamientos relacionados con la reproducción, véase Sobre la supuesta "plaga" de tintoreras en Galicia y Una cría de tintorera en Corrubedo.


_______
¹O sea, que vivíparos placentarios en aguas de Galicia sólo tenemos cuatro: la tintorera, el tiburón gris, la cornuda o pez martillo (Sphyrna zygaena) y la musola (Mustelus mustelus).
²El amnios es una membrana interna que envuelve el embrión de mamíferos, aves y reptiles. Su formación es extraembrionaria y está llena de líquido amniótico.
El alantoides es una especie de saco originado en el extremo posterior del intestino del embrión. En un primer momento envuelve el embrión entre el amnios y el corion, y conforme avanza el desarrollo embrionario va disminuyendo de tamaño y alargándose para formar parte del cordón umbilical.
³Y por encima un estudio reciente ha descubierto que el repertorio genético relacionado con procesos metabólicos del tiburón blanco es mucho más parecido al humano que al de los teleósteos. No está mal.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Reproducción V: Viviparismo aplacentario



[En el tercer capítulo de esta serie dedicada a la reproducción hablábamos de la fecundación y señalábamos las tres estrategias reproductivas básicas de los tiburones: oviparismo, viviparismo aplacentario y viviparismo placentario. De la primera ya nos ocupamos en el capítulo anterior. Hoy vamos con la segunda.]

Extrayendo las 31 crías que llevaba esta cañabota de 4,5 m capturada en Camariñas. Foto: Juan Ignacio (SGHN-CEMMA)
El viviparismo aplacentario u ovoviviparismo es en cierto modo una especie de extensión del oviparismo (1). La diferencia es que los óvulos fecundados no se guardan en una cápsula protectora y se expulsan al exterior en una puesta, sino que se incuban dentro del seno materno; una vez los embriones alcanzan el grado óptimo de desarrollo, se produce el parto. No existe ningún tipo de conexión placentaria entre el embrión y la madre (a diferencia del viviparismo placentario, que veremos en el siguiente capítulo). Es el sistema reproductivo más extendido, seguido por cerca del 50% de las especies.

En vez de una cubierta córnea, los óvulos fecundados se envuelven en una sustancia serosa segregada por la glándula nidamentaria, formando como un paquetito la vela—, que puede contener hasta cuatro, y se trasladan al útero. Al cabo de un tiempo el "envoltorio" se reabsorbe y la gestación continúa hasta llegar a término.

Velas de una mielga (Squalus acanthias). Los números indican el número de embriones.
Imagen tomada de la extraordinaria página del Canadian Shark Research Laboratory.
El viviparismo aplacentario no es una modalidad reproductiva uniforme. Según el tipo de alimentación que sigue el embrión durante la gestación, se distinguen dos grandes líneas de desarrollo, una lecitotrófica (el embrión se alimenta únicamente del vitelo contenido en el saco) y otra matrotrófica (la madre interviene en la alimentación de los pequeños con un aporte extra de alimentos).

1) Viviparismo aplacentario con saco vitelino (viviparismo lecitotrófico): Como acabamos de explicar, los embriones dependen exclusivamente de las reservas de alimento que contiene el saco vitelino, conectado a su sistema digestivo a través de un conducto que se inserta entre sus aletas pectorales. Una vez agotadas las reservas y absorbido el saco, se produce el parto.
Este sistema lo siguen aproximadamente un 25% de las especies: Hexanchiformes como el tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus) o la cañabota (Hexanchus griseus), Echinorhiniformes como el tiburón de clavos (Echinorhinus brucus), Squaliformes como la mielga (Squalus acanthias), el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) o el negrito (Etmopterus spinax), Squatiniformes como el angelote (Squatina squatina), Orectolobiformes como el tiburón ballena (Rhincodon typus) o la gata nodriza (Ginglymostoma cirratum), Carcharhiniformes como el cazón (Galeorhinus galeus) o las musolas (Mustelus spp.), etc.

Mielga (Squalus acanthias). Foto: David Csepp, NMFS/AKFSC/ABL a través de Wikimedia Commons.
2) Viviparismo aplacentario matrotrófico: En algunas especies las madres intervienen directamente en la alimentación de sus retoños. Son mamás a la vieja usanza que han encontrado una fórmula para que no se queden con hambre cuando se terminan todo lo que hay en el saco vitelino. Se trata de un aporte extra de alimento en forma de una buena cantidad de óvulos no fecundados. Se aseguran así de que las crías van a nacer bien talluditas y mejor formadas, con mejores garantías de supervivencia. Este sistema se conoce con el nombre de oofagia u ovofagia.

Estos tres embriones de cailón (Lamna nasus) y huevos no fecundados encontrados en una hembra de 249 cm (foto: Richard Lord)
En algunos casos extremos, en cada útero sólo se deposita un único óvulo fecundado; el resto son infértiles, o sea, comida.
Los embriones oófagos presentan unos característicos estómagos hinchados. Esto se debe a la cantidad de vitelo que se han metido entre pecho y espalda, como el pequeño marrajo de la foto (en inglés se le conoce justamente como yolk stomach, 'estómago de vitelo').

Embrión de marrajo (Isurus oxyrinchus), de casi 50 cm. Foto: T. Carter, CSIRO
Entre las especies que han desarrollado este sistema se encuentran la gran mayoría de los Lamniformes, como el peregrino (Cethorhinus maximus), el zorro marino (Alopias vulpinus), el zorro negro (Alopias pelagicus), el tiburón duende (Mitsukurina owstoni), el marrajo (Isurus oxyrinchus), el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), el cailón (Lamna nasus), etc., y también algunos Carcharhiniformes como el musolón (Pseudotriakis microdon).

Dentro del matrotrofismo hay que mencionar, aunque sea de pasada, el histotrofismo: los embriones de algunas especies se alimentan de los nutrientes contenidos en el líquido intrauterino en el que están sumergidos (también llamado leche uterina) que absorben a través de espiráculos y hendiduras branquiales. Tal vez esto explicaría por qué especies ovovivíparas como el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) son capaces de llevar a término camadas de hasta 82 embriones (recordemos que el tiburón tigre es la único carcharhínido que no es vivíparo placentario).

3) Viviparismo aplacentario con oofagia y canibalismo intrauterino: Este es un caso verdaderamente extremo. Los embriones no sólo se se alimentan del saco vitelino y de los óvulos no fecundados que les ponen sus mamás: también se comen a sus hermanos más pequeños y débiles, normalmente hasta que se quedan solos en su respectivo útero. Este sistema se conoce también como adelfofagia o embriofagia. Se descubrió por casualidad en 1948 cuando un científico que examinaba un útero de una hembra grávida de tiburón toro (Carcharias taurus) recibió un buen mordisco en un dedo.
Tiburón toro (Carcharias taurus). Foto: Ken Bondy
Recientemente se ha podido comprobar que si bien las hembras de esta especie pueden aparearse con varios machos, las crías que finalmente sobreviven y nacen (una por cada útero) muy a menudo son del mismo padre. De lo que se deduce que seguramente procedan de los óvulos fecundados durante la primera cópula: al ser los primeros en eclosionar, los embriones son también los más grandes, y capaces, por tanto, de merendarse a sus hermanos pequeños. Es una forma como otra cualquiera de que un macho logre que sus genes sean los que finalmente se perpetúen a través de su descendencia: ser el primero.

Estas capturas de pantalla muestran un embrión de tiburón toro atacando a uno de sus hermanos dentro del útero materno. Podéis acceder al vídeo pinchando aquí.
Además del Carcharias taurus, el canibalismo intrauterino posiblemente se dé en otras especies como, por lo que sabemos hasta el momento, el marrajo negro (Isurus paucus) o el tiburón cocodrilo (Pseudocarcharias kamoharai).

Períodos de gestación: La gestación de las especies vivíparas aplacentarias es muy variable. Va desde los 9 meses hasta los casi tres años, según se sospecha, del tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus) (2). El récord oficial, digamos, todavía sigue en manos de la mielga (Squalus acanthias), con 24 meses, el más largo de todos los vertebrados. Por supuesto, mientras no se confirmen definitivamente otras hipótesis.


[Para conocer el tercer modo reproductivo básico, véase el capítulo Viviparismo placentario.
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(1) De hecho, algunas especies muestran un comportamiento reproductivo que podríamos calificar a medio camino entre el oviparismo y el viviparismo aplacentario. Es el caso de las especies del género Halaelurus (fam. Scyliorhinidae), que retienen las cápsulas-huevo dentro de los oviductos hasta que los embriones están bien desarrollados, a punto de eclosionar.
(2) Ver Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus).
ollowing is a list of all sharks in which intrauterine cannibalism has been documented, or for which exists strong circumstantial evidence: - See more at: http://www.supportoursharks.com/en/Education/Biology/Reproduction/Ovoviviparity.htm#sthash.DrwVG46M.dpu
Following is a list of all sharks in which intrauterine cannibalism has been documented, or for which exists strong circumstantial evidence:

            Family Ginglymostomatidae
                  Tawny Nurse Shark (Nebrius ferrigineus)

            Family Carchariidae
                  Sandtiger Shark (Carcharias taurus)
            Family Pseudocarchariidae
                  Crocodile Shark (Pseudocarcharias kamoharai)
            Family Alopiidae
                  Pelagic Thresher Shark (Alopias pelagicus)
                  Bigeye Thresher Shark (Alopias superciliosus)
                  Common Thresher Shark (Alopias vulpinus)
            Family Cetorhinidae
                  Basking Shark (Cetorhinus maximus)
            Family Lamnidae
                  Salmon Shark (Lamna ditropis)
                  Porbeagle (Lamna nasus)
                  White Shark (Carcharodon carcharias)
                  Shortfin Mako (Isurus oxyrinchus)
                  Longfin Mako (Isurus paucus)

            Family Pseudotriakidae
                  Slender Smoothhound Shark (Gollum attenuatus)
                  False Catshark (Pseudotriakis microdon
- See more at: http://www.supportoursharks.com/en/Education/Biology/Reproduction/Ovoviviparity.htm#sthash.DrwVG46M.dpuf
Until quite recently, intrauterine cannibalism was thought to be restricted to lamnoid sharks. This grisly form of within-the-womb nutrition is now known from two carcharhinoids and even one orectoloboid.
Following is a list of all sharks in which intrauterine cannibalism has been documented, or for which exists strong circumstantial evidence:

            Family Ginglymostomatidae
                  Tawny Nurse Shark (Nebrius ferrigineus)

            Family Carchariidae
                  Sandtiger Shark (Carcharias taurus)
            Family Pseudocarchariidae
                  Crocodile Shark (Pseudocarcharias kamoharai)
            Family Alopiidae
                  Pelagic Thresher Shark (Alopias pelagicus)
                  Bigeye Thresher Shark (Alopias superciliosus)
                  Common Thresher Shark (Alopias vulpinus)
            Family Cetorhinidae
                  Basking Shark (Cetorhinus maximus)
            Family Lamnidae
                  Salmon Shark (Lamna ditropis)
                  Porbeagle (Lamna nasus)
                  White Shark (Carcharodon carcharias)
                  Shortfin Mako (Isurus oxyrinchus)
                  Longfin Mako (Isurus paucus)

            Family Pseudotriakidae
                  Slender Smoothhound Shark (Gollum attenuatus)
                  False Catshark (Pseudotriakis microdon)
- See more at: http://www.supportoursharks.com/en/Education/Biology/Reproduction/Ovoviviparity.htm#sthash.DrwVG46M.dpuf

domingo, 15 de septiembre de 2013

Sobre la supuesta "plaga" de tintoreras en Galicia

Foto publicada en La Voz de Galicia del 9-IX-2013.
La semana pasada, el 9 de septiembre, La Voz de Galicia informaba a su manera del elevado número de avistamientos de tintoreras (Prionace glauca) que se ha producido esta temporada en nuestro litoral. El tratamiento de la noticia es ostensiblemente mejorable, por decirlo de alguna manera, desde el título, "Galicia petada de tiburones", y la referencia a la música de Tiburón, hasta su último párrafo. No merecería ni ser tenida en cuenta aquí si no fuera porque son muchos los lectores de este diario que se han quedado con la mosca detrás de la oreja. Así que vamos a intentar aclarar un poco el asunto y, de paso, contar unas cuantas cosas sobre nuestras extraordinarias quenllas, tintoreras o tiburones azules, como prefiráis llamarlas.

1. Nada de otro mundo. Lo primero que uno se pregunta es: ¿Qué esperaban encontrarse en el mar? ¿Lirones caretos? En nuestro mar siempre ha habido tiburones. Unas temporadas hay más, otras menos. Como las sardinas. Unas veces se los ve cerca de la costa, otras veces no tanto. Todo depende de factores como la temperatura del agua, la disponibilidad de alimento... y por supuesto que haya realmente un número suficiente de tiburoncitos en el agua. Si uno se toma la molestia de bucear en las hemerotecas o de recoger los testimonios de nuestros viejos pescadores, comprobará que hace unos cuantos años sí que había tiburones en nuestro litoral, y de todo tipo. Ahora desde luego que no. No obstante —cabe preguntarse—, teniendo en cuenta el número de avistamientos, ¿no podría hablarse de una recuperación de las poblaciones? Pues bien, suponiendo que todos estos testimonios fuesen fiables, no hay evidencia alguna que sustente semejante hipótesis. Más bien sucede lo contrario: todos los datos apuntan a un descenso de las poblaciones del Atlántico, no a un incremento. No en vano figura en la lista roja de la IUCN con el estatus de Casi amenazado.

Tintorera en las Azores. Foto de Joaquín Gutiérrez.
2. Objetivo de la flota pesquera. Y es que la quenlla sigue siendo uno de los principales objetivos de nuestra flota palangrera, la nuestra y la portuguesa. Su carne es muy valiosa, y no digamos sus aletas. En absoluto es verdad que "haya dejado de ser especie objetivo de los pescadores por su escaso interés comercial" (las negritas son mías). La redactora de la noticia no tenía más que leer de vez en cuando su periódico para darse cuenta de ello. Por ejemplo, el 27 de mayo de este año se publicaba la noticia de la captura, por un palangrero de Coruña, de 10 000 kilos de tintorera "a una distancia de 130 millas, unos 250 km, de la torre de Hércules".

3. Jóvenes y "pezqueñines". La gran mayoría de las tintoreras que podemos observar en nuestras costas son crías y juveniles, por la sencilla razón de que el Golfo de Vizcaya, Galicia y Portugal forman parte de una amplia zona de cría de la especie. Los partos tienen lugar a comienzos de la primavera, y los jóvenes, a diferencia de sus mayores más viajeros, suelen permanecer en la misma zona hasta que cumplen los 2-3 años o alcanzan los 130 cm de longitud (desde los 35-44 cm que miden al nacer). De ahí que no resulte del todo extraño que de vez en cuando algunas se acerquen más de la cuenta, por el motivo que sea, tal como sucedió hace unos años con los ejemplares de esas dos imágenes (que, por supuesto, fueron noticia de La Voz de Galicia):

Arteixo, 12-IX-2009 (Foto: La Voz de Galicia)
Malpica,29-VI-2011 (Foto: La Voz de Galicia)
Y llegamos al caso, al que también alude el articulito de marras, de esta cría de 70 cm que pescaron hace poco dentro de la dársena de Coruña, adonde pudo llegar bien porque se había desorientado, bien porque los jureles estaban demasiado ricos, bien porque estaba enferma, o tal vez, como se explica en la noticia, porque había sido descartada, todavía con vida, por un pesquero. No se puede decir sea un hecho portentoso o prodigioso, aunque ciertamente no es habitual.
La voz de Galicia, 3-IX-2013.
La tintorera es uno de los tiburones más prolíficos. Sus camadas oscilan entre las 4 y las 135 crías, aunque normalmente suelen andar por las 15-30. Tal variabilidad probablemente está relacionada con el tamaño de la madre, desde los 220 cm en que las hembras alcanzan la madurez sexual hasta los casi 4 m (380 cm), que es la longitud total máxima registrada.

4. Doble nacionalidad. Como curiosidad, la tintorera es uno de nuestros tiburones más viajeros. Diferentes estudios de marcado han descubierto patrones migratorios verdaderamente sorprendentes. Muchas de las tintoreras que se aparean en ciertas zonas del Atlántico occidental cruzan el océano a lomos de la Corriente del Golfo para dar a luz aquí (los machos se quedan allí: el descanso del guerrero). Y lo verdaderamente prodigioso es que algunas son capaces de almacenar el esperma del macho hasta que llegan a la madurez sexual... ¡durante el viaje! A continuación viajan hacia el sur, aprovechando la Corriente de las Canarias, para tomar la Corriente Ecuatorial del Norte de regreso a casa. Como quien toma la AP-9, pero sin que le roben. En total, unos 15 000 km.
Gráfico tomado de la excelente página elasmo-research.org.
Esto quiere decir que tal vez muchas de las tintoreritas que nos encontramos por aquí tienen doble nacionalidad, norteamericana y española, de modo que ojo con maltratarlas, a ver si nos van a bombardear.

5. Conclusión. No hagáis ni caso de noticias como esta, y menos cuando están escritas en un tono tan infantiloide, sensacionalista y falto de rigor y ecuanimidad. Ni "plaga" ni "aguas infestadas de tiburones" (la redactora debería recibir un curso urgente de semántica), ni nada parecido... Eso sólo ocurre en las malas películas que tanto nos gustan, no aquí. No hay razón para alarmarse.
En realidad, deberíamos sentir gratitud —y orgullo por tener la posibilidad de contemplar, aquí mismo en nuestro océano, a una criatura de tan extraordinaria belleza.

Foto de Tony Meyer.


>> Más noticias de avistamientos en Una cría de tintorera en Corrubedo.
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(1) Véase por ejemplo Noticias antiguas de tiburones.