Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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viernes, 30 de enero de 2026

Cailón en Oleiros (2011)

El cailón o marrajo sardinero (Lamna nasus) varado en la playa de Santa Cristina el 3 de enero de 2011. Foto de Europa Press publicada en diversos medios.

Hace ya 15 años...

PRIMERA PARTE. Domingo 2 de enero de 2011. «El gran pez cruzaba silenciosamente las aguas nocturnas propulsado por breves sacudidas de su cola en forma de media luna. Su boca estaba abierta lo suficiente para permitir la entrada de agua hacia sus branquias. Apenas había algún otro movimiento: ocasionalmente una aleta pectoral se elevaba o descendía ligeramente para corregir un rumbo sin objetivo aparente.»

sábado, 30 de septiembre de 2023

Los ojos de los lámnidos

Primer plano de un tiburón blanco. Foto: Andrew Fox, Rodney Fox Shark Expeditions.

Pues resulta que esos «ojos sin vida, de muñeca», esos ojos «negros y quietos» que Quint describió en aquella magistral escena de Tiburón, llenando nuestros corazones de más angustia, si cabe, ni son negros ni carecen de vida ni están quietos. La realidad es que, vistos bien de cerca, los ojos del tiburón blanco, al igual que los de sus parientes más cercanos, los marrajos, se parecen más a los de una cabra montesa miope que a los de cualquier monstruo o muñeca diabólica que se nos ocurra. La ciencia siempre cortándonos el rollo.

lunes, 31 de julio de 2023

Posibles grupos familiares en peregrinos

Foto: Florian Walsh.
A medida que afinamos nuestros instrumentos de observación, más asombro nos produce la naturaleza. Las modernas tecnologías de investigación nos están permitiendo descubrir aspectos insospechados de la personalidad y la vida social de las criaturas que la habitan, tanto más extraordinarios cuanto mayor es la distancia, evolutiva, física o ambas a la vez, que nos separa. Tal es el caso de los peces y, dentro de ellos, naturalmente, los tiburones.

viernes, 23 de junio de 2023

Una hembra grávida de tiburón duende

Foto: Taiwan Ocean Artistic Museum.

El tiburón duende es una especie tan inconfundible como misteriosa. Habita exclusivamente las aguas profundas de varios océanos del mundo, entre los 100 y los 1300 m, donde ha logrado mantener su vida privada a salvo del escrutinio del ser humano. Por el momento.

viernes, 9 de junio de 2023

Solrayo en Vilanova: Diario del 2-VI-22.

Odontaspis ferox. Toño Maño.
Hace exactamente un año y una semana aparecía en Vilanova de Arousa el primer Odontaspis ferox jamás registrado en Galicia. Fue un acontecimiento extraordinario (y una experiencia inolvidable) que dio lugar a un artículo bastante largo que constaba de dos partes: una contenía información sobre la especie y la trascendencia del suceso y la otra era un diario personal de aquella jornada, que he creído que es mejor que tenga su propio espacio. Aquí lo tenéis, el diario del 2 de junio de 2022.

viernes, 12 de mayo de 2023

Odontaspis ferox en las islas británicas

Nicholas Payne y Jenny Bortoluzzi, biólogos de la Blue Planet Society, haciéndose cargo del ejemplar aparecido en Kilmore Quay, Westford, en la costa SE de Irlanda.

La presencia del esquivo solrayo (Odontaspis ferox) en aguas europeas al norte de las Azores es —o era— anecdótica, se limitaba a apenas cinco registros, dos de ellos no recogidos en la literatura científica. Y de pronto, en menos de dos meses, ha aparecido, ¡y por triplicado!, en tres puntos de las islas británicas. Nunca antes se había visto este tiburón en aguas tan septentrionales.

martes, 29 de noviembre de 2022

Clasificación de los tiburones

Cabeza de una negra (Dalatias licha). Foto: Jérôme Mallefet.

Clasificar organismos consiste básicamente en agruparlos y ordenarlos con arreglo a un sistema de carácter jerárquico basado en sus relaciones de parentesco, en la filogenia. Hasta hace relativamente pocos años, aquello que permitía determinar afinidades y vínculos entre los diversos grupos o taxones, era, grosso modo, el estudio comparativo de caracteres morfológicos y anatómicos. Hoy el núcleo de este sistema es el análisis del ADN, propiciado por los grandes avances en la biología molecular. 

viernes, 30 de septiembre de 2022

El cortejo del peregrino

Foto: Irish Basking Shark Group (IBSG).

Hace unos días se publicaba un fantástico trabajo¹ que desvela el misterio de uno de los comportamientos más enigmáticos y sorprendentes de los tiburones peregrino (Cetorhinus maximus): las reuniones de decenas o incluso centenares de individuos que se pasan horas nadando en círculos sin un motivo aparente.

miércoles, 31 de agosto de 2022

52 grandes blancos

Fig. 1. La inmensa lamia o llamia de unos 550-600 cm capturada en la almadraba de Tabarca (Alicante) en agosto de 1946. Foto: Francisco Sánchez.

El tiburón blanco (Carcharodon carcharias) es uno de los depredadores más formidables del océano y seguramente, desde Spielberg, el que mejor encarna el monstruo de nuestras pesadillas. Por eso las noticias sobre avistamientos, supuestos o reales, de ejemplares gigantescos tienen tanta acogida en todos los medios de comunicación y redes sociales, donde por desgracia la ficción tiene demasiadas veces más recorrido que la realidad. 

jueves, 7 de julio de 2022

Solrayo (Odontaspis ferox)

Odontaspis ferox fotografiado en El Hierro. Foto de Francis Pérez tomada de verdeyazul.diarioinformación.com

Solrayo

Odontaspis ferox (Risso, 1810)

(es. Solrayo, sarda; gal. Solraio, tiburón de area; port. Tubarão-areia; in. Smalltooth sandtiger.)

Orden: Lamniformes

Familia: Odontaspididae

El solrayo es un tiburón tan impresionante como enigmático. Tiene un buen tamaño y está dotado de una gran boca repleta de dientes formidables, bien largos y visibles, que le confieren ese aspecto de criatura salvaje y despiadada que su nombre científico parece querer reflejar. El significado del adjetivo latino ferox es evidente, mientras que el nombre genérico es un compuesto de las voces griegas odontos 'diente' y aspis 'víbora, cobra'. El binomio puede traducirse como "feroz dientes de víbora". Sin embargo, la realidad es que el Odontaspis es un animal tranquilo y pachorrón que va a lo suyo recorriendo lentamente el fondo del océano lejos del ser humano, por el que, las pocas veces que se lo encuentra, no siente demasiado interés. Ni para un pincho.

miércoles, 15 de junio de 2022

Primera cita del solrayo (Odontaspis ferox) en Galicia

Foto: Toño Maño.

El pasado jueves dos de junio apareció en Vilanova de Arousa una hembra de solrayo (Odontaspis ferox) de casi tres metros y medio de longitud. Había entrado por la estrecha bocana de su ría y, tras recorrer más de un kilómetro, llegado hasta el fondo de la ensenada, de donde ya no pudo volver. Se trata de la primera cita de esta especie en Galicia. Un acontecimiento biológico excepcional que no empaña la tristeza de ver un animal tan extraordinario terminar sus días en un lugar que no es el suyo.

miércoles, 22 de abril de 2020

El origen del tiburón blanco del Mediterráneo

El tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en una extraordinaria fotografía de George Probst.
Hace unos 5 millones de años grandes tiburones blancos recorrían estas costas de la Europa atlántica. Sus dientes han aparecido en depósitos del Plioceno desde Bélgica hasta Portugal, como ya comentábamos en Tiburones blancos en la Europa atlántica del Plioceno. El Plioceno comienza hace aproximadamente 5,33 millones de años y termina hace unos 2,59 Ma. ¿De dónde procedían aquellos tiburones? ¿Cuánto tiempo llevaban allí (aquí)?

sábado, 31 de agosto de 2019

Diferenciando marrajos de tintoreras

Marrajo (Isurus oxyrinchus) y tintorera (Prionace glauca). Foto: Andy Murch, Elasmodiver.
Hace unos días la playa da Frouxeira fue clausurada durante varias horas debido a la presencia de un grupo de pequeños tiburones. El coordinador de playas de Valdoviño explicó a la prensa que se trataba de "seis o siete tiburones mako", lo cual originó un debate en la prensa y en las redes sociales repleto de inexactitudes y de confusión. En realidad eran pequeñas crías de tintorera, absolutamente inofensivas, y no makos (término con el que en inglés se conoce al marrajo); pero parece que por lo que sea esta palabra tiene gancho, yo creo que tal vez porque genera más inquietud entre el público, tiene una especie de aura hollywoodiense, y algunos empezaron a ver makos por todas partes, y por extensión, marrajos.

miércoles, 17 de enero de 2018

Hay o no hay tiburones blancos en las islas británicas

Foto: White Shark Video
La presencia del tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en el Atlántico NE al norte de las Azores se limita a apenas un puñado de registros en 200 años incluyendo unas pocas citas dudosas, como analizamos en el artículo ¿Hay o no hay tiburones blancos en Galicia? Los registros más septentrionales llegan hasta el Charente Marítimo francés; en las islas británicas, no hay ni uno, pese a las noticias sobre supuestos avistamientos que una y otra vez salen publicadas en las páginas de sus infames y repugnantes tabloides, que no merecen ni un segundo de nuestro tiempo. No existe prueba alguna de que el tiburón blanco visite las costas inglesas siquiera de forma esporádica o por despiste, ni directa (fotos, vídeos, dientes, etc.) ni indirecta (mordeduras claramente atribuibles a esta especie), de manera que la cosa está, de momento, científicamente casi cerrada.

martes, 16 de agosto de 2016

El salto del Carcharodon carcharias

En False Bay. Foto de Chris Fallows.
Ya sabemos que muchos tiburones son capaces de pegar grandes saltos fuera del agua, eso que en inglés se conoce como breaching. Lo hemos visto en los marrajos, los campeones de altura, los cailones salmoneros, los jaquetones picudos, los zorros y también en los peregrinos, tan aparentemente lentos y pachorrones ellos. Pero no hay duda de que en esto de dar brincos el gran Carcharodon carcharias es un caso aparte.
     Su particular y fascinante fisonomía —esos enormes dientes triangulares bien visibles en una mandíbula desencajada que, dibujando un rictus cruel y salvaje, se abate como un destino inexorable sobre un pobre mamífero despistado— lo ha convertido, con la ayuda de Spielberg, en una especie de efigie que representa todo lo que hay de cruel e implacable en la naturaleza. Una imagen tan falsa como hipnótica que se encuentra firmemente implantada en el imaginario colectivo de gentes de todo el mundo. Esto explica por qué sus saltos son los más admirados, estudiados y filmados de todos los tiburones. Claro que a ello también ayuda —y no poco— el hecho de que los científicos han averiguado dónde y cuándo se producen, y también, gracias a especialistas como Rob Lawrence y Chris Fallows, han aprendido un truco para hacer que salten delante de las cámaras: remolcar a ciertas horas del día un señuelo con la silueta de una foca.

Foto de Remo Sabatini con dos mapas de Google indicando la situación de False Bay (arriba) y Seal Island (abajo).
Aunque en otras partes del planeta se han visto individuos realizando algún que otro salto, es en un pequeño rincón de Sudáfrica donde este comportamiento se manifiesta de manera sistemática en todo su esplendor, como parte de una estrategia de caza común: los alrededores de un diminuto y solitario islote rocoso situado en False Bay, una pequeña bahía del extremo suroccidental del país, muy cerca de Ciudad del Cabo, que se eleva unos pocos metros a apenas 5,7 km de las playas del norte de la bahía. Se trata de Seal Island, la isla de las focas, que con apenas 2 hectáreas de superficie (unos 400x50 m) alberga una población de alrededor de 64 000 lobos marinos del Cabo (Arctocephalus pusillus pusillus), una de las presas preferidas del gran blanco.
Fuente: Dirk Schmidt (2011),
Sunbird Publishers.
     Los tiburones se concentran alrededor de Seal Island en los meses del otoño e invierno austral, desde abril hasta septiembre-octubre, coincidiendo con el destete y las primeras incursiones en el océano de los jóvenes e inexpertos lobos marinos en busca de alimento... Y siguiendo a los tiburones, centenares de turistas, fotógrafos y cámaras de televisión, y algún que otro científico.
     Los científicos dividen el islote y sus alrededores en 6 zonas según la intensidad depredadora, como se observa en el gráfico. El área en rojo delimita el llamado, con ese tono dramático tan del gusto sajón, "anillo de la muerte", el perímetro de 200-500 m dentro del cual se producen la gran mayoría de ataques. En verde, la "plataforma de lanzamiento", el lugar donde suelen agruparse los lobos marinos antes de echarse a nadar hacia el sur en busca de comida (como se ve, la zona 4 es la que concentra, con diferencia, el mayor número de ataques, y, por tanto, donde más saltos se puede observar). Saben que en grupo las posibilidades de supervivencia son mayores que viajando en solitario.
     Las particulares características físicas de la zona —12-16 m de profundidad y aguas con baja visibilidad— son las óptimas para que el tiburón blanco emplee una de sus técnicas de caza más impresionantes: la emboscada, el ataque por sorpresa, viniendo desde atrás y abajo a una velocidad de vértigo. La potencia de la acometida es tal, que hace que una bestia de una tonelada salga literalmente volando por encima de la superficie dando lugar a escenas difíciles de olvidar... Según Dirk Schmidt¹, "Analizando secuencias documentadas de tiburones acelerando para saltar, se ha estimado que para lanzarse completamente fuera del agua un ejemplar de 1000 kg debe haber alcanzado una velocidad (bajo el agua) de entre 45 y 50 km/h". En un ataque que dura apenas 2 segundos.
     Los ataques se producen sobre todo al amanecer y al atardecer, cuando hay poca luz y los lobos marinos salen o vuelven de su jornada de pesca; otros factores que influyen son la visibilidad del agua y la luminosidad del día. Los investigadores han descubierto que antes de la salida del sol las posibilidades de desencadenar un ataque mediante un señuelo superan el 75%, porcentaje que cae sustancialmente a medida que se incrementa la luz hasta quedar por debajo del 10% en las horas centrales del día, y viceversa, vuelve a subir a medida que va cayendo el sol. Parece evidente que el mediodía de una jornada de un sol espléndido iluminando aguas claras es el mejor momento para no sufrir una emboscada.

Foto: David Jenkins.
Hay diferentes tipos de saltos. Entre las clasificaciones que se han propuesto, la más sencilla es la que recoge Dirk Schmidt en su libro White Sharks: Magnificient, Mysterious and Misunderstood, que distingue tres categorías según el ángulo de salida respecto de la superficie: Vertical, Aéreo y Superficial.

1. Vertical o "Polaris". Como su nombre indica, el tiburón realiza un salto prácticamente vertical, en el que su imponente masa corporal se eleva parcial o totalmente hasta 3 m por encima de la superficie. Lleva el sobrenombre del Polaris, aquel misil balístico desarrollado en los años 60 —plena Guerra Fría— que se lanzaba desde un submarino sumergido².
     Se trata seguramente de la modalidad que exige un mayor nivel de destreza y precisión. Camuflado contra el fondo oscuro, a unos 12-16 m de profundidad, el tiburón debe fijar correctamente la posición y trayectoria de una presa que recorre velozmente la superficie antes de lanzar su brutal ataque.

Foto: Chris Fallows.
Impulsado por la poderosa caudal en forma de media luna, en menos de 2 segundos el tiburón pasa de 6-7 km/h a una velocidad punta de casi 50 km/h; y décimas de segundo antes del contacto todavía puede realizar alguna corrección en su propia trayectoria mediante las aletas pectorales... y la víctima está perdida... o casi. A veces el tiburón emerge con un lobo marino incrustado entre sus dientes, y otras muchas el pinnípedo salva la primera dentellada mortal y sale proyectado en otra dirección —en estos casos el tiburón a menudo vuelve la cabeza como para localizarlo visualmente—, con un buen susto o con una buena herida... o por algún azar esquiva la brutal acometida y desesperadamente emprende la huida, que cuanto más dure en el tiempo más posibilidades tendrá de salvarse.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotos de Sergio Riccardo, Dirk Schmidt, Chris Fallows y Dirk Schmidt.
En Seal Island muchos lobos marinos exhiben gloriosas heridas y cicatrices de guerra.

2. Aéreo. Seguramente el salto más espectacular. El tiburón sale "volando" —casi literalmente— por encima de la superficie, regresando al agua tras completar un giro de hasta 360º, tal es la potencia desplegada. En ocasiones, en el momento de mayor altura parece como si se quedase suspendido en el aire antes de dejarse caer en plancha.

Foto: Steve Bloom.
El tiburón generalmente se aproxima a su víctima desde un ángulo lateral o posterior, y como en el primer caso, no siempre logra su objetivo a la primera, dando lugar a una cacería en la que ambas partes ponen en juego diversas estrategias que escapan al tema de este artículo.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotos de: <www.couriermail.com.au>, Ralph Boehm, Nikolaj Zinovev, Mark van Coller.

3. De superficie. Es el menos espectacular. De hecho, en realidad no se puede hablar de salto en el sentido habitual del término. No es fruto de una emboscada como los anteriores, sino de una persecución que se ha iniciado momentos antes viniendo desde atrás, en un ángulo cerrado. Sin embargo, la potencia y velocidad de la acometida suele empujar fuera del agua la mitad anterior del tiburón y en ocasiones el cuerpo entero.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotos de Dan Callister, Chris Fallows, Liron Samuels, David Baz Jenkins.

Otra clasificación posible. Para daros una idea de la complejidad de este comportamiento, otros autores distinguen, tras el Polaris, tres tipos de ataque: superficial (Surface broach), lateral (Lateral broach) e invertido (Inverted broach). En el primero, el tiburón sale total o parcialmente del agua con el cuerpo inicialmente en posición vertical pero con el eje corporal formando un ángulo de 45-0º con el horizonte; el segundo es similar, excepto que el cuerpo emerge ya con una orientación lateral (el ángulo de su eje respecto del horizonte es igualmente de 45-0º); y en el tercero, el tiburón salta panza arriba. En los tres casos, el animal regresa al agua a una distancia del punto de salida de alrededor de 0,5-1,5 veces su longitud corporal.

Secuencia fantástica de Alessandro De Maddalena, uno de los grandes especialistas en el tiburón blanco.
Y para terminar, unas imágenes de la extraordinaria serie de la BBC Planet Earth, acompañadas por la voz del inigualable Sir David Attenborough.


PS: A veces, los saltos del tiburón blanco no acaban como tienen que acabar. Bien porque el animal, por inexperiencia o por lo que sea, no hace los cálculos correctos, bien porque los seres humanos somos así de pesados y nos colocamos en el lugar y posición menos idóneos, a veces ocurre que un tiburón acaba aterrizando... dentro de una embarcación, tal como podéis ver en las fotografías de abajo. Las dos superiores son capturas de vídeo que muestran un ejemplar joven que terminó encima de un barco repleto de turistas alemanes (no, no estaba la Merkel), quienes, entre sorprendidos y aterrorizados, fueron testigos de como el pobre bicho se debatía desesperadamente por regresar al mar (lo consiguió al cabo de unos pocos minutos).


En las dos fotografías de abajo aparece un ejemplar de 3 m y casi 500 kg que aterrizó en la bañera de una lancha de unos científicos, justo al lado del que estaba echando cebo. Cuando al animal se agotó y/o tranquilizó, y ante la imposibilidad de devolverlo por si solos al agua, los científicos se vieron obligados a volver a tierra. Con ayuda de una grúa lo depositaron en el agua, lo amarraron a un costado del barco y lo llevaron mar adentro, para que se fuese ventilando. Parece que sobrevivió.

_________________________
¹Dirk Schmidt (2011). White Sharks: Magnificient, Mysterious and Misunderstood. Cape Town, Sunbird Publishers.
²Por si a alguno eso del Polaris os suena a chino, en la imagen de la derecha tenéis un A-3, su última versión (la foto de la izquierda es de Chris Fallows).


³Véase R. Aidan Martin, Neil Hammerschlag, Ralph S. Collier & Chris Fallows (2005). Predatory behaviour of white sharks (Carcharodon carcharias) at Seal Island, South Africa. Journal of the Marine Biological Association of the UK, 85, 1121-1135.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Devoradores de plancton

Andy Murch, bigfishexpeditions.com
De las más de 500 especies de tiburón descritas en todo el mundo solo tres se alimentan de plancton: el tiburón ballena (Rhincodon typus), el peregrino (Cetorhinus maximus) y el boquiancho (Megachasma pelagios). Los tres son los únicos representantes de sus respectivas familias: Rhincodontidae (orden Orectolobiformes), Cetorhinidae y Megachasmidae (orden Lamniformes), lo que viene a subrayar su carácter único, especial. Y los tres tienen también en común su gran tamaño: el ballena y el peregrino son los peces más grandes del océano, y el tercero figura no muy lejos de las posiciones de cabeza [véase Los tiburones más grandes del océano].

jueves, 14 de mayo de 2015

Ventajas de la endotermia

Marrajo (Isurus oxyrinchus) y tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto de Sam Cahir, Barcroft Media.
Como sabéis, no todos los peces son de sangre fría o ectotermos (de temperatura corporal muy similar a la del medio). Algunas especies han desarrollado un sistema capaz de retener en el interior de su cuerpo el calor generado por la actividad muscular y los diferentes procesos metabólicos evitando que se irradie al exterior, fundamentalmente desde la región branquial. Se trata de la rete mirabile o red maravillosa, una red de venas y arterias de curso paralelo alojada entre las fibras de los paquetes de musculatura roja que están situados en el interior del cuerpo, cerca de la columna vertebral [véase El sistema circulatorio de los tiburones]. Mediante esta red se consigue generar una temperatura corporal notablemente superior a la del agua circundante, en algunos casos hasta 20º C. Son peces endotermos.

Entre los tiburones que disponen de este sistema se encuentran los lámnidos, como el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), el marrajo (Isurus oxyrinchus) y los dos cailones (Lamna nasus y Lamna ditropis); en cuanto a los peces óseos, figuran en un lugar destacadísimo los túnidos como el atún azul (Thunnus thynnus), el atún de aleta amarilla (Thunnus albacares) y el atún blanco (Thunnus alalunga). Se trata de uno de los ejemplos más espectaculares, en mi opinión, de convergencia evolutiva: dos grupos taxonómicos que se separaron hace nada menos que unos 450 millones de años, desgajándose de un tronco común posiblemente formado por criaturas de sangre fría, llegan a una misma meta tras haber recorrido caminos evolutivos diferentes durante casi 400 millones de años. Una meta que no solo implica compartir una serie de caracteres anatómicos, sino también ecológicos: los tiburones y atunes endotermos son depredadores de las posiciones altas de la red trófica con un enorme grado de movilidad, capaces de emprender largas migraciones.

Hasta ahora lo que se sabía (y sospechaba) es que la endotermia implica un metabolismo más elevado y requiere un mayor demanda energética (¡más comida!), pero a cambio trae consigo una mejora del rendimiento muscular (un aumento de 10º C puede triplicar la potencia de la musculatura) y también cerebral, según se cree, al posibilitar el incremento de la capacidad de procesamiento de información. Igualmente, los peces endotermos toleran un mayor rango de temperaturas, lo que les permite expandir su nicho geográfico, colonizar regiones a las que otras especies no podrían llegar.

Cailón salmonero (Lamna ditropis). Foto de Andy Murch, www.bigfishexpeditions.com
Hace pocas semanas se publicaban los resultados de un ambicioso trabajo¹ realizado por un equipo de científicos sobre las implicaciones, en términos coste-beneficio, y las ventajas ecológicas de la endotermia en tiburones y túnidos, con el objetivo de determinar qué factores marcaron las sendas de esta convergencia evolutiva. Es la primera vez que el asunto de la endotermia se aborda desde un enfoque tan integral.
Los investigadores reunieron un amplio caudal de datos sobre velocidades y migraciones procedentes de diversos estudios previos (de seguimiento, en laboratorio, etc.) y, junto con las estimaciones del coste energético de transporte (es decir, la cantidad de energía que cada especie emplea para desplazarse), los cruzaron con las cifras de velocidad obtenidas por ellos mismos mediante la colocación de transmisores de diseño propio en cailones salmoneros (Lamna ditropis), jaquetones de ley (Carcharhinus longimanus), jaquetones de puntas negras (Carcharhinus melanopterus) y tiburones grises (Carcharhinus amblyrhynchus) en Alaska, la isla del Gato (Bahamas) y el atolón Palmyra, en el Pacífico Central.

Las conclusiones son elocuentes: las especies endotermas son capaces de nadar a una velocidad de crucero hasta 2,7 veces superior, de media, a la de especies ectotermas de tallas similares², lo que, gracias también a una mayor resistencia muscular, les permite llevar a cabo, en un espacio de tiempo relativamente corto, largos desplazamientos migratorios, comparables e incluso superiores a los de mamíferos marinos como las ballenas, tal como se observa en el gráfico. Naturalmente, en esto también influye su más amplio umbral de tolerancia térmica, dado que a mayor distancia geográfica, más cambios en la temperatura del agua.

Fuente: Watanabe et al. (2015), Proceedings of the National Academy of Sciences. (RM, 'red muscle')
En general, las áreas migratorias de los peces con endotermia son de media 2,5 veces más extensas que las de las especies ectotermas de igual talla, un porcentaje similar al de su velocidad de crucero. De hecho los resultados del trabajo demuestran que entre ambas existe una relación lineal, lo que quiere decir que la escala espacial de las migraciones está fuertemente determinada por la velocidad. Los tiburones endotermos recorren distancias más largas que otros tiburones con un nicho ecológico similar de las que disponemos de abundantes datos de siguimiento, como el tiburón vaca (Notorhynchus cepedianus), el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier), el jaquetón de ley (Carcharhinus longimanus) y la tintorera (Prionace glauca).

Ahora bien. Si tenemos en cuenta que el coste energético de cada desplazamiento en las especies endotermas es casi dos veces superior al de las ectotermas, la pregunta obvia es: ¿qué ventajas, además de la ya señalada capacidad de colonizar aguas más frías, puede traer un sistema que implica tal aparente derroche de recursos? La respuesta está precisamente en eso, en los recursos: ser más veloces no solo incrementa las posibilidades de encontrar y atrapar más presas, sino que te permite trasladarte hasta los lugares donde éstas se reúnen periódicamente, y así poder llenar la despensa a placer.

Una vez más, los tiburones son animales extraordinarios.

Cailón (Lamna nasus). Foto: Andy Murch, www.elasmodiver.com

Para saber un poco más sobre estas especies:
-El salto del ditropis.
-El salto del oxyrhinchus.
-Cailón (Lamna nasus) - Primera parte.
-Cailón (Lamna nasus) - Segunda parte.

_________________________
¹Yuuki Y. Watanabe, Kenneth J. Goldman, Jennifer E. Caselle, Demian D. Chapman, Yannis P. Papastamatiou (2015). "Comparative analyses of animal-tracking data reveal ecological significance of endothermy in fishes". Proceedings of the National Academy of Sciences, 201500316, doi: 10.7023/pnas.1500316112.
²La velocidad de crucero de los peces endotermos, no obstante, no depende exclusivamente de la temperatura de su musculatura roja. También intervienen otros factores como la tasa metabólica (mayor, según el estudio, de la previsible para las temperaturas alcanzadas) y el tipo de natación que caracteriza a los marrajos y los atunes: movimientos laterales principalmente de la región caudal generados desde el interior del cuerpo por los músculos rojos, lo que se traduce en un estilo más rígido, menos sinuoso que el de los tiburones típicos.

miércoles, 22 de abril de 2015

El salto del Cetorhinus

Foto: Marine Discovery, Penzance, tomada de westernmorningnews.co.uk.

El peregrino o Cetorhinus maximus es un tiburón tranquilo, de movimientos lentos, parsimoniosos. Suele verse cerca de la superficie avanzando a una velocidad de entre 2 y 5 km/h con la enorme boca bien abierta para filtrar el agua de mar (es lo que se denomina filtración ram: véase Devoradores de plancton). Pero lo que no mucha gente sabe es que el pez más grande del Atlántico norte es también capaz de realizar saltos espectaculares, y con tal potencia que su cuerpo puede llegar a salir totalmente fuera del agua, hasta 1,2 metros por encima de la superficie.

Un estudio¹ revelaba que para pegar esos saltos el peregrino debe alcanzar una velocidad vertical de aproximadamente 5m/s (unos 18 km/h)... ¡la misma que el gran tiburón blanco! Abajo podéis observar el esquema de un salto o breaching de un peregrino de 8 m desde una profundidad de unos 30m.

TBF: Frecuencia de golpes de la caudal; CoM: Centro de gravedad. Fuente: E. M. Johnson, L. G. Halsey, N. L. Payne et al. Biology Letters, 2018 (material suplementario).
No existe una explicación definitiva para este sorprendente comportamiento. Algunos autores han propuesto, en mi opinión sin mucho convencimiento, que tal vez su finalidad es desembarazarse de ectoparásitos tan molestos como las lampreas (Petromyzon marinus), una teoría que pierde peso en favor de una explicación que lo vincula con el comportamiento reproductivo. Al fin y al cabo, el gasto energético que comporta el breaching es desmesurado en relación a la pequeña recompensa que supone librarse de semejantes bichejos, por muy repelentes que resulten.

Foto: Explore Mull.
En las costas británicas, donde cada año en primavera y verano acuden los peregrinos en grandes (y envidiables) números, David Sims ha observado que este comportamiento se produce sobre todo cuando se reúnen grupos de tres o más individuos, y que son normalmente los ejemplares de gran talla quienes lo practican, en ocasiones realizando varios saltos consecutivos en intervalos de pocos segundos mientras el resto del grupo permanece de lo más tranquilo y relajado. Una de las hipótesis que el equipo de observadores se planteó en un primer momento fue que tal vez se tratase de una forma que tienen los machos de competir entre si por una hembra. Pero ocurrió que el único ejemplar cuyo sexo pudieron distinguir fue precisamente una hembra, que pegó un salto a unos 7 m de su lancha. La hipótesis siguiente fue que a lo mejor así es como las hembras anuncian su disposición para el apareamiento. Quién sabe.
     Por su parte, observaciones realizadas del otro lado del Atlántico, en Nueva Escocia, parecen confirmar que el breaching está vinculado a la actividad reproductiva, pues se producía en grupos en los que se había detectado un claro comportamiento de cortejo: natación en paralelo, en filas de a uno, etc.

Parece que no solo los grandes tiburones practican el breaching. Este ejemplar indudablemente juvenil fue fotografiado en Escocia. Imagen tomada del blog thewhiskyodissey.net
Sea como fuere, a la vista de lo anterior, es más que recomendable que todo frágil bañista o mirón situado en las inmediaciones de un grupo de peregrinos se mantenga alerta y se aleje inmediatamente cuando observe que alguno de estos maravillosos gigantones decide ponerse en acción. Solo tenemos noticia de una desgracia causada por un aterrizaje en el lugar equivocado: ocurrió antes de la Segunda Guerra Mundial, en el Firth of Clyde, Escocia, cuando un Cetorhinus cayó sobre una barca y sus tres tripulantes murieron... ahogados.

Foto: Anthony Robson.
Pero no nos pongamos trágicos. Este pequeño artículo está hecho para compartir un día especial con todos vosotros. Como en todo en la vida, solo es cuestión de ser prudentes... y de aprender a nadar.

Y para terminar una de las fotos más extraordinarias que he visto en mucho tiempo.

En Baltimore Harbour, West Cork, Irlanda. Foto de Youen Jacob.

[Actualizado el 14-IX-2018]

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¹Emmett M. Johnston, Lewis G. Halsey, Nicholas L. Payne, Alison A. Kock, Gil Iosilevskii, Bren Whelan & Jonathan D. R. Houghton (2018). Latent power of basking sharks revealed by exceptional breaching events. Biology Letters, 14:9. Doi: 10.1098/rsbl.2018.0537

martes, 3 de marzo de 2015

Encuentro con un duende

Mitsukurina owstoni. Foto: Toño Maño.
«Tengo un mitsukurina congelado en Vigo» (SMS recibido a las 13:55 del viernes 13 de febrero de 2015). Y casi me da un patatús. Apenas había transcurrido un mes desde lo del Chlamydoselachus, y me encuentro este nuevo mensaje de Rafa Bañón, más lacónico que de costumbre (tal vez para picarme), haciéndome saber que otro de mis sueños más queridos lo tenía él metido en uno de sus arcones como quien guarda un paquete de guisantes. Arreglamos para encontrarnos el martes siguiente en Vigo.

El encuentro. La literatura científica señala que el cuerpo del tiburón duende es muy blando, con una musculatura sumamente laxa, pero hasta que no lo tienes ahí delante, desparramado, más que tendido, sobre la mesa y empiezas a examinarlo y a sobarlo bien sobado, no te das cuenta de lo que esto significa de verdad.
Foto: Toño Maño.
Lo primero que vi fue un cuerpo alargado y esbelto del que sobresalía, como un capirote, la forma abultada de la cabeza, con su larguísimo morro y su inconfundible mandíbula superior, totalmente proyectada hacia delante. Nunca en ningún otro tiburón observé con tanta claridad que aquella estructura, que parecía querer desgajarse del resto del cuerpo, se mantenía únicamente gracias a los cartílagos mandibulares, que elevaban y sostenían la delgada capa de piel y fina musculatura como el entramado de varillas sobre el que montamos la lona de una tienda de campaña. Estaba convencido de que, sin ese sostén, lo que habría quedado no tendría un aspecto muy diferente del de un trapo empapado y dejado por ahí de cualquier manera.
 
Foto: Toño Maño.
En una primera mirada el tiburón duende se nos muestra como un ser grotesco y deforme, algo así como la imagen clásica del tiburón vista bajo la luz enferma del esperpento. Los japoneses lo conocen como tenguzame, voz derivada de tengu, uno de los monstruos o seres fantásticos de su mitología, que solía representarse con un rostro mitad humano mitad ave de presa rematado en una larga nariz. El término "tiburón duende" (tal vez sería más exacto llamarlo "tiburón trasgo") es su traducción.

Parecía que el cuerpo de nuestro tenguzame había padecido demasiado en su largo viaje desde el aparejo del Gonzacove Dos, el arrastrero con base en Vigo que lo había capturado el pasado 10-II (que, por cierto, ya lleva unos cuantos mitsukurina), hasta el arcón donde lo tenía Rafa. Pero no. Cuando sostienes su cabeza y compruebas por ti mismo la estructura y movimiento de sus mandíbulas, observando como se articulan y encajan en el diseño del conjunto, te das cuenta de que en realidad estás ante una criatura excepcional, única, un portento de la evolución. Y además de una extraña belleza.

Estaba absolutamente fascinado.


Un tiburón primitivo. La verdad es que su aspecto físico no engaña. El mitsukurina es uno de los tiburones más primitivos de cuantos existen. Su linaje procede directamente de la primera mitad del Cretácico, hace unos 125-110 millones de años. En aquel entonces la familia Mitsukurinidae constaba de tres géneros, Mitsukurina, Scapanorhynchus y Anomotodon, de los que solo ha sobrevivido el primero. Los primeros restos fósiles del tiburón duende actual datan de mediados del Eoceno, unos 49-37 millones de años atrás. Si se quiere, un fósil viviente.

Pero que nadie se lleve a engaño. Aunque parezca paradójico, el término primitivo, aplicado a una especie como esta, va asociado al de éxito evolutivo: en el largo y tortuoso camino de la evolución, el duende es uno de los primeros tiburones en alcanzar un diseño corporal óptimo para adaptarse y sobrevivir en el entorno que había elegido. Si apenas ha sufrido cambios morfológicos sustanciales en estos últimos 50 millones de años es sencillamente porque no le ha hecho falta, a diferencia de los mamíferos. En cierto modo podemos decir que es mucho más moderno que nosotros.

Cazador de aguas profundas. El tiburón duende es una especie mesopelágica de la que conocemos muy poco. Se encuentra en los márgenes continentales e insulares y en el talud superior desde los 90 hasta al menos los 1300 m de profundidad, preferentemente entre 270-960 m, y muy rara vez por encima de los 100 m. El que al menos un ejemplar haya sido capturado a 50 m en aguas de 2000 m, hace pensar que tal vez realiza migraciones verticales, pero esto está por confirmar.

El análisis de sus contenidos estomacales ha demostrado que se alimenta tanto cerca del fondo como en distintos puntos de la columna de agua. Sus presas preferidas parecen ser los cefalópodos y teleósteos de cuerpo blando, a juzgar también por el tipo de dentadura: dientes muy finos y alargados, aptos para ensartar presas no demasiado robustas, aunque los dientes posteriores están modificados para triturar, por ejemplo crustáceos.


Especialista en emboscadas. Ciertamente el diseño y estructura corporal de nuestro bicho no invitan a pensar en un velocista o en un cazador activo. Más bien al contrario. Sus aletas, exceptuando las pélvicas y la anal, son pequeñas y redondeadas; la caudal tiene un lóbulo superior bastante largo y un inferior casi inexistente, de tal manera que resulta ineficaz para imprimir al cuerpo el impulso necesario para alcanzar una buena punta de velocidad. Su musculatura es además muy floja y blanda, con miotomos poco desarrollados. La flacidez de su cuerpo, unida a un gran hígado rico en aceites, son la causa de una baja densidad corporal que, a juicio de los especialistas, le confiere una flotabilidad casi neutra.
     Todo ello apunta a un depredador especializado en tender emboscadas. Su estrategia consistiría en mantenerse alerta, flotando prácticamente inmóvil sobre la columna de agua, a la espera de que una presa se ponga a su alcance. Pero se trata de una espera activa, despierta, vigilante, en la que el tiburón pone en juego toda su potente capacidad sensitiva, no solo química o mecánica (olfato, oído, línea lateral), sino sobre todo eléctrica y visual.

La finalidad del largo rostro espatulado del mitsukurina es albergar el mayor número posible de receptores eléctricos (las ampollas de Lorenzini), capaces de detectar los pequeños campos electromágnéticos generados por la actividad muscular de los seres vivos. Por otro lado, y diferencia de muchas especies mesopelágicas, sus ojos, aunque pequeños, son plenamente funcionales, están dotados de una pupila con movilidad, no permanentemente dilatada, que le permite adaptarse a las diferentes condiciones lumínicas de un hábitat repleto, además, de calamares y de otras ricas presas bioluminiscentes. El duende es pues un cazador también visual.


Una vez detectada la presencia de una presa, el tiburón se acercarse a ella con un movimiento lento, sinuoso, casi imperceptible, y silencioso.
     Y entonces lanza el ataque.
     Mediante un mecanismo de disparo similar al de una catapulta, los músculos y ligamentos tensores liberan las temibles mandíbulas, que salen proyectadas a velocidad de vértigo hacia el objetivo; el morro se eleva, y la presa termina ensartada por decenas de largos dientes finos y afilados como agujas. La expansión de la faringe y la acción del gran basihial (una estructura similar a la lengua) que cubre gran parte de la parte inferior de la boca, generan al mismo tiempo un movimiento de succión. Cuando las fauces se retraen hacia su posición inicial, la víctima es irremisiblemente arrastrada hacia la boca.
Como ocurre con muchos peces abisales, la boca del tiburón duende, ya de por si con un tamaño bien generoso, cuando se abre de par en par es enorme, lo que le permite engullir presas bien grandes, seguramente en previsión de largos periodos de escasez de comida en un medio inhóspito.


Talla. La mayor parte de los registros de mitsukurina en nuestra zona corresponden a ejemplares juveniles de alrededor de los 100-175 cm, como ocurre a nivel mundial, si bien la horquilla se amplia hasta cerca de los 300 cm. Los ejemplares adultos son bastante raros. Por supuesto nuestra hembra estaba dentro del rango habitual, con 122,5 cm de longitud y 3,5 kg de peso.
     Pero contrariamente a lo que muchos creen, este tiburón, si le dejamos, puede llegar a alcanzar tallas comparables a las del tiburón blanco. El récord, hasta el momento, lo tiene una hembra capturada en el 2000 en el golfo de México en torno a los 900-1100 m, cuya longitud se estimó entre 540-610 cm (hablamos siempre de longitudes totales).
     El bajo porcentaje de registros de tiburones de grandes tallas se debe con toda probabilidad a que están sujetos a un rango batimétrico mucho más amplio, lo que les permite mantenerse alejados, por el momento, del alcance de los aparejos. Aunque siempre hay excepciones, como el ejemplar de la imagen, que fue capturado hacia los 500 m.

Macho de 384 cm y 210 kg capturado al W de Tasmania en 2004.
No se conocen las tallas de nacimiento, aunque la cifra más aproximada es de 80-90 cm. Los únicos datos de que disponemos indican que los ejemplares más pequeños observados nadando en libertad medían 81,7 cm y 92,8 cm, correspondientes a un macho y a una hembra, respectivamente. Si todos estos números se aproximan a la realidad, podemos concluir que nuestro ejemplar no llegaba ni a adolescente. Las tallas de maduración se cree que andan por los 260-380 cm para los machos y más de 400 cm para las hembras.


Despedida. Para terminar la sesión y la mañana, tomamos datos biométricos (nada menos que 65), una muestra de tejido para genética y el pobre bicho volvió a su bolsa de plástico, y de ahí al arcón. Como ocurrió con el Chlamydoselachus, el Mitsukurina también se fue al Museo de Historia Natural de Santiago. Esta vez no hubo tiempo para unas cervezas.
     Volví a casa con una enorme sonrisa en la cara que me duró varios días y un profundo sentimiento de gratitud, hacia estos bichos, por existir todavía, y sobre todo hacia Rafa, por su generosidad, y por haber hecho posible este sueño.


👉Para conocer más cosas sobre este maravilloso tiburón, y ver también un par de fotos del ejemplar más grande capturado hasta la fecha, véase Tiburón duende (Mitsukurina owstoni).

sábado, 31 de enero de 2015

El misterio del tiburón cocodrilo

Tiburón cocodrilo (Pseudocarcharias kamoharai) capturado en Angola (foto: Santiago Barreiro, Jueguen).

A este no lo tenemos en Galicia, pero no importa. Merece la pena conocerlo; os aseguro que es uno de los tiburones más simpáticos, encantadores y puñeteros que quepa imaginar. Ya veréis.