Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
Mostrando entradas con la etiqueta Triakidae. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Triakidae. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de agosto de 2015

Musola pinta (Mustelus asterias)

Mustelus asterias. Foto: Peter Veerhoog, Dutch Shark Society.


Musola pinta

Mustelus asterias Cloquet, 1819

(es. Musola pinta, musola estrellada; gal. Cazón branco, canexa, casón; in. Starry smooth-hound; port. Caçao pintado.)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Triakidae

Hace pocos años se montó un pequeño revuelo por la exhibición en el Museo do Mar de Vigo de un cazón branco o musola pinta. Era una hembra de 120 cm y 7 kg de peso que procedía del acuario de O Grove, adonde había llegado unos meses atrás junto con otro ejemplar de su misma especie y sexo donados por el mariñeiro que los había capturado.

domingo, 5 de julio de 2015

Musola (Mustelus mustelus)

Foto: National Marine Aquarium, Plymouth, UK.

Musola

Mustelus mustelus (Linnaeus, 1758)

(es. Musola; gal. Cazón liso, canexa, camarín, cañarín; in. Smooth-hound; port. Caçao liso.)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Triakidae

Las musolas están entre los tiburones más abundantes en nuestra costa, y también en los acuarios de todo el país, dado que se adaptan bien a la vida en cautividad. Si vais a la Casa dos Peixes de Coruña o al acuario de O Grove, las veréis descansando sobre el fondo (son de hábitos principalmente nocturnos), aparentemente tranquilas mientras no le quitan ojo al lento deslizarse de los tiburones toro (Carcharias taurus), también habituales.
Como el cazón (Galeorhinus galeus), con el comparte familia, la musola es un tiburón de aspecto soso y anodino. No tiene tiene ojos fieros ni dientes asesinos, y su cuerpo esbelto no desprende una sensación de potencia y poderío, con lo que la gente tiende a olvidarse de él y centrarse, con una exclusividad casi insultante, en las lentas pasadas de Gastón, por ejemplo. Sin embargo, es una especie que vale la pena conocer... y conservar. La IUCN la ha catalogado como Vulnerable, pese a su teórica abundancia, pues se ha constatado un importante descenso en sus poblaciones.

Descripción. El cuerpo de la musola es esbelto, con una cabeza y un rostro cortos. La boca es también corta, con forma angular, pliegues labiales largos (el superior es ligeramente más largo que el inferior) y dentículos bucofaríngeos sólo en el extremo anterior de la lengua y paladar. Grandes ojos ovalados situados bastante juntos en posición dorsolateral; presentan membrana nictitante rudimentaria y nítida carena subocular. Espiráculos grandes detrás de los ojos. Espacio internarial amplio, entre 2,4-3,0% de la longitud total. Las dos aletas dorsales son altas (la segunda algo más pequeña que la primera y mucho mayor que la aleta anal), con la primera originándose detrás de la axila pectoral, cerca de su extremo. Presenta una cresta interdorsal. Pectorales anchas y ligeramente falcadas. El lóbulo terminal de la caudal es largo en los juveniles y más corto en los adultos, y siempre diferenciado con una muesca bien marcada; el inferior es corto, levemente falciforme en los adultos.
Librea de un color gris parduzco uniforme en el dorso y costados; superficie ventral blanquecina. Carece de lunares blancos, a diferencia de la musola pinta (Mustelus asterias), pero a veces puede presentar unas pequeñas manchas oscuras dispersas en los flancos.

Foto: Ocean Aquarium, Estambul.
Dentición. Dientes molariformes similares en ambas mandíbulas, especialmente preparados para triturar conchas. Son de cúspide baja y roma, y están dispuestos en forma de mosaico. En los dientes laterales de la mandíbula superior puede apreciarse una pequeña cuspidilla secundaria, particularmente en los jóvenes.

Fuente: J-elasmo.
Talla. Tiburón de mediano tamaño, con una talla máxima registrada de 165 cm. Al nacer miden alrededor de 39 cm. Los machos son maduros entre 70-74 cm y pueden superar los 110 cm; las hembras maduran hacia los 80 cm y llegan al menos hasta los 165 cm, correspondientes a un ejemplar capturado en el Adriático¹.

Reproducción: Especie vivípara placentaria, con cordón umbilical liso. Camadas de 4 a 15 crías (Barrull & Mate citan hasta 22) tras un periodo de gestación de 10-11 meses. El ciclo reproductivo es anual, si bien algunas hembras se reproducen en años alternos, dejando un periodo de reposo entre los embarazos². La mayor parte de los datos biológicos de que disponemos proceden del Mediterráneo. Parece ser que los apareamientos son más frecuentes entre primavera y comienzos del verano y los partos en primavera (finales de abril, principios de mayo en Túnez)³.
La longevidad máxima observada ha sido de 25 años.

Dieta. Especie especializada en crustáceos (cangrejos, cigalas, langostas, etc.), aunque también consume cefalópodos y pequeños peces óseos como las anchoas.

Hábitat y distribución. La musola es un tiburón eminentemente demersal. Se encuentra en el borde superior del talud y sobre la plataforma continental, desde los 5 hasta, al menos, los 350 m, aunque más común entre los 5-50 m. Parece que hay una cita de un ejemplar encontrado a 624 m en la zona oriental del mar Jónico. A veces muestra costumbres pelágicas, en aguas intermedias, si bien prefiere nadar cerca del fondo.

Según Ebert et al. 2013.
El área de distribución discurre todo a lo largo de la fachada del Atlántico nororiental templado, desde las Islas Británicas hasta Suráfrica (llegando incluso a bordear su extremo sur para alcanzar las costas del Índico), incluyendo las Canarias, Azores y Madeira. También en el Mediterráneo.

Pesca y conservación. La musola se captura en abundancia sobre todo con arrastre y palangre de fondo, en algunas zonas con redes de enmalle, y a veces desde la misma playa, por pescadores con caña. Es una especie de interés comercial: su carne es apreciada para su consumo, humano y animal, tanto fresca como salada o ahumada; también se aprovecha el aceite de su hígado y, como no, las aletas. En las Islas Británicas es apreciada por los pescadores "deportivos".
Aunque en general la musola está considerada una especie de común a abundante, la creciente (y a veces localmente brutal) presión pesquera a la que está siendo sometida, ha puesto sus diversas poblaciones en franco declive y, en consecuencia, ha hecho que la IUCN le haya otorgado el estatus de Vulnerable, advirtiendo de la urgente necesidad de monitorizar correctamente las capturas y evaluar la situación de las poblaciones locales, tanto de ésta como del resto de musolas.

En el Acuario de O Grove. Foto: Miguel Muniz Domínguez, Faro de Vigo.
En el Atlántico NE las cifras de desembarcos y capturas accidentales no están muy claras, en el mejor de los casos, pues muchas veces se mete en el mismo saco la musola (M. mustelus), la musola pinta (M. asterias), y en ocasiones incluso la mielga (Squalus acanthias). Para liar más la cosa, al menos en algunas lonjas se subasta como cazón. En el Mediterráneo ocurre algo parecido, si bien aquí los descartes son inferiores, la carne es más apreciada para consumo humano: las estadísticas no suelen discriminar entre M. mustelus, la especie más abundante, M. asterias y M. punctulatus. Y en las costas de África la situación empeora a pasos agigantados: el incremento de la capacidad y eficiencia pesquera en determinados países, unido al descenso de capturas de diversas especies costeras y de carcharhínidos, han puesto a la musola en el punto de mira de redes y anzuelos. La IUCN advierte de que en algunas zonas las capturas deberían reducirse nada menos que a la mitad para que la pesquería sea sostenible.

Ejemplares en la lonja de Barbate. Foto de A. M. Arias, Ictioterm.
A ver cuánto nos dura.
___________________________
¹Joan Barrull, Isabel Mate (2002). Tiburones del Mediterráneo. Llibreria El Set-ciènces, Arenys de Mar.
²Cástor Guisande González et al. (2011). Tiburones, rayas, quimeras, lampreas y mixínidos de la costa atlántica de la Península Ibérica y Canarias. Ediciones Díaz de Santos, Madrid.
³Serena, F., Mancusi, C., Clò, S., Ellis, J. & Valenti, S.V. 2009. Mustelus mustelus. The IUCN Red List of Threatened Species. Version 2015.2. <www.iucnredlist.org>. Consultada el 4 de julio de 2015.
Guisande González et al., 2011.
David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth.
Serena, Mancusi et al., 2009.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Acidificación y supervivencia

Musola pintada (Mustelus canis). Fuente: Discovery.com.

Por si no fuese suficiente con lo que ya tienen encima, la última novedad es que la acidificación del océano reducirá la capacidad olfativa de los tiburones, debilitando así uno de sus principales sistemas de detección de alimento, según demuestra un estudio¹ que acaba de publicarse en Global Change Biology. 

En su heroico afán por destruir el cuerpo que lo alberga, solo comparable al del virus más letal, el ser humano ha logrado, entre otras proezas, que la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera sea la más elevada de los últimos 800 000 años. Gracias a ello, el clima de la Tierra está cambiando a tal velocidad que puede que no lleguemos a tiempo, no ya para revertir o siquiera detener el proceso, sino para adaptarnos a sus consecuencias. Pero esa es la idea, cabe suponer.
Pero en esta jovial marcha hacia nuestra autodestrucción nos hemos topado con un factor con el que no contábamos, y mira que es inmenso. Se calcula que el océano absorbe aproximadamente el 25% del dióxido de carbono que emitimos a la atmósfera. Esto quiere decir que, de no ser por él, tal vez habríamos ya podido consumar el desastre. Mala pata.

Sarcasmos aparte, el trasvase de dióxido de carbono antropogénico al mar, lejos de aliviar el problema, lo que ha hecho es extenderlo. Cuando el CO2 se disuelve reacciona con el agua generando ácido carbónico y reduciendo su pH, en un proceso conocido como acidificación. Es una evidencia científica que el océano se está acidificando, y parece que a buen ritmo. Se calcula que el nivel actual de acidificación es un 30% superior al de épocas preindustriales y el pH de las aguas superficiales es 0.1 puntos inferior (y las previsiones a medio plazo son descorazonadoras). Esto tiene graves consecuencias para las criaturas marinas. El descenso del pH trae consigo la drástica disminución de las concentraciones de iones carbonato, fundamentales para la formación y el desarrollo de los esqueletos y otras estructuras de carbonato cálcico, como conchas y caparazones, de una inmensa variedad de organismos: corales, moluscos, foraminíferos, equinodermos, crustáceos, etc., poniendo poblaciones enteras en serio peligro. Pensemos que aproximadamente la cuarta parte de todas las especies marinas dependen de un modo u otro del coral. Varios trabajos han descrito los efectos de la acidificación en diversos organismos calcáreos; igualmente se ha demostrado que la exposición de los teleósteos a niveles elevados de CO2 puede alterar un amplio espectro de procesos biológicos como la percepción sensorial, modificando la respuesta a estímulos químicos y auditivos, y, a consecuencia de ello, la toma de decisiones².
Foto de Danielle Dixson publicada en la edición digital de The Washington Post del 10 de septiembre.
Este es el primer estudio que aborda los efectos de la acidificación sobre el comportamiento y la capacidad olfativa de los tiburones. Sus autores trabajaron con una especie oriunda del Atlántico occidental, la musola pintada (Mustelus canis), un pequeño cazador oportunista que frecuenta las aguas turbias próximas a la costa, en las que se maneja perfectamente para localizar a sus presas gracias sobre todo a su agudo sentido del olfato. El candidato ideal.
Las 24 musolas utilizadas en el experimento se distribuyeron en tres tanques con diferentes niveles de concentración CO2 (por tanto con agua de diferente pH): el primero con los valores medios registrados en la actualidad (pH 8.11), el segundo con los estimados para dentro de 50 años según la tendencia actual de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera (pH 7.80), y el tercero con los estimados para el año 2100 (pH 7.69, o sea, una caída de 0,4 puntos).
Los tiburones se iban introduciendo en un tanque de 9x2 m en el que se habían creado dos corredores olorosos mediante sendos emisores situados a cada extremo, cerca del fondo, que bombeaban constantemente agua de mar, en uno de ellos mezclada con jugo de calamares. Como era de esperar, todos los tiburones sometidos al nivel actual de pH permanecieron la mayor parte del tiempo (entre el 60-84%) en la calle por la que discurría este potente estímulo oloroso, llegando incluso a lanzar ataques sobre su fuente, bien golpeándola con el morro, bien mordiéndola. Cuando el pH descendió 0,2 puntos, el tiempo de permanencia en el corredor oloroso se mantuvo, pero los ataques a su fuente fueron menos intensos o agresivos. Sin embargo, con los valores previstos para fin de siglo la situación cambió drásticamente. Las musolas dejaron de responder a los estímulos químicos, incluso parecían evitarlos, ya que pasaban más rato en la zona de flujo de agua salada normal; el tiempo de permanencia en la calle del corredor oloroso fue inferior al 15%.
En los tres casos, el comportamiento natatorio de los tiburones fue muy similar, sin ninguna señal externa que hiciese pensar en algún tipo de anomalía; lo mismo el movimiento de las aberturas branquiales, que en ningún momento evidenció signos de estrés que pudiesen explicar su comportamiento.
La doctora Dixson y sus colegas aventuran que la raíz del problema está en que el agua acidificada altera el funcionamiento de un receptor químico conocido como GABAA, como ocurre con los peces payaso.

Fuente: Danielle Dixson, Global Change Biology, 2014.
La conclusión es evidente: el aumento de la acidificación del océano va a tener un impacto terrible en los tiburones al modificar o anular su respuesta a estímulos químicos primordiales para su supervivencia, como los que proceden de una fuente de alimento y, tal vez, quién sabe (en el trabajo no se mencionan), los emisores químicos que las hembras liberan cuando están listas para aparearse.

Otro trabajo de parecidas características³ ha encontrado cambios importantes no solo en el comportamiento natatorio, sino en la sangre de pintarrojas (Scyliorhinus canicula) sometidas a los niveles de dióxido de carbono previstos para el 2100, que contenía más iones de sodio y bicarbonato de lo normal seguramente como un mecanismo para mantener estable su pH en un entorno de mayor acidez (aparentemente no se habían producido cambios apreciables en su metabolismo). Los investigadores también observaron que en un ambiente fuertemente acidificado las pintarrojas permanecían nadando durante periodos de tiempo considerablemente más largos (hasta una hora sin interrupción) que aquellos ejemplares procedentes de un entorno "normal", que presentaban periodos de natación más cortos, de entre unos pocos segundos hasta un minuto. Esto podía deberse bien a alteraciones en las concentraciones de iones de sodio y bicarbonato en el cerebro, bien a que los tiburones percibían la acidez del agua y estaban nadando en busca de un entorno más saludable. Estas observaciones fueron realizadas durante la noche, cuando estos animales se muestran más activos.

En los millones de años que llevan en la tierra, los tiburones han logrado sobrevivir en mares con un nivel de acidez muy superior al previsto para fin de siglo. Lo que no deja de ser un motivo para la esperanza. Pero el problema es si serán capaces de adaptarse con la suficiente presteza a la velocidad a la que van a tener lugar los grandes cambios que se nos vienen encima.
Los seres humanos somos así de inteligentes.


[ACTUALIZACIÓN a 16-X-2014] Frente a todo lo anterior, hay al menos un tiburón al que no parecen afectarle los ambientes con alto contenido de CO2. Se trata de la pintarroja colilarga ocelada (Hemiscyllium ocellatum), una pequeña especie endémica de Nueva Guinea y norte de Australia que habita en las aguas someras de arrecifes e incluso charcas de marea, ambientes muy expuestos a fuertes fluctuaciones ambientales tanto de oxígeno como de dióxido de carbono. Por la noche, el nivel de oxígeno en el agua cae drásticamente, muy particularmente durante las mareas bajas nocturnas, debido a la respiración de los organismos del arrecife, lo que provoca un fuerte incremento del CO2, cuya concentración puede incluso ser más alta en los agujeros y grietas del coral (ambientes de bajo flujo de agua) que este tiburón acostumbra a usar como refugio. La adaptación a la vida en estos ambientes de fluctuaciones extremas es tal, que la pintarroja colilarga no solo puede resistir sin mayor problema cortos periodos de hipoxia (baja concentración de oxígeno en el ambiente), sino que, tal como acaba de demostrar un reciente trabajo, es capaz de adaptar sus procesos fisiológicos a largas exposiciones (60-90 días) a ambientes con altas concentraciones de dióxido de carbono como las previstas a medio plazo.

Pintarroja colilarga ocelada (Hemiscyllium ocellatum). Foto: Richard Ling.

________________________
¹Danielle L. Dixson, Ashley R. Jennings, Jelle Atema & Philip L. Munday (2014). "Odor tracking in sharks is reduced under future ocean acidification conditions". Global Change Biology, doi: 10.1111/gcb.12578.
²Las señales químicas juegan un papel fundamental en la biología de muchos peces. Se ha comprobado, por ejemplo, que los peces de arrecife con la capacidad olfativa mermada por la exposición a altos niveles de CO2 mostraban problemas a la hora de encontrar refugio, seleccionar el hábitat más adecuado y evitar a los depredadores.
³Leon Green & Fredrik Jutfelt (2014). "Elevated carbon dioxide alters the plasma composition and behaviour of a shark". Biology Letters, 10(9): 20140538.
Dennis D. U. Heinrich, Jodie L. Rummer, Andrea J. Morash, Sue-Ann Watson, Colin A. Simpfendorfer, Michelle R. Heupel & Philip L. Munday (2014). "A product of its environment: the epaulette shark (Hemiscyllium ocellatum) exhibits physiological tolerance to elevated environmental CO2." Conservation Physiology, vol 2. doi: 10.1093/conphys/cou047

lunes, 23 de diciembre de 2013

Claves de los Carcharhiniformes

Tintoreras (Prionace glauca). Foto: Isaías Cruz.

Los Carcharhiniformes constituyen el orden más extenso y heterogéneo de todos los tiburones. Un vecindario inmenso en el que una espectacular variedad de especies de tamaño mediano o pequeño, totalmente inofensivas, conviven con un puñado de bichos con los que hay que andarse con cuidado. Aquí están las pintarrojas, los pejegatos, las musolas y los cazones al lado de los jaquetones toro, los longimanus, los tiburones tigre y los grandes tiburones martillo.

domingo, 14 de octubre de 2012

Cazón (Galeorhinus galeus)

Una de las imágenes más bellas que existen en la red, realizada por Matthew Meier.
Cazón

Galeorhinus galeus (Linnaeus, 1758)

(es. Cazón, tollo; gal. Cazón; in. Tope Shark, Soupfin Shark; port. Perna de moça)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Triakidae

Sobre la infancia en el Paleolítico. Los niños del Paleolítico no teníamos internet. Eso de escribir "tiburón" en algún lado, darle a la tecla "enter" y que instantáneamente una pantalla se iluminase con centenares de imágenes y textos de todo tipo era sencillamente inimaginable. Nos resultaba más verosímil la imagen del Halcón Milenario pasando a toda pastilla por encima de los tejados del pueblo, arrancando las antenas y la ropa de los tendederos con su estela. Las teclas que conocíamos eran las de la máquina de escribir y la pantalla, la de la televisión. Para encontrar fotografías e información sobre nuestros animales favoritos solo disponíamos de tres fuentes: la tele (con poquísimos canales donde elegir y, por encima, casi siempre ocupada), las revistas y algún libro. Pero todas ellas dependían de un factor ajeno a nuestros deseos, la fortuna: que justo hubiese un documental cuando te sentabas en el salón con la merienda, que la Natura o el Quercus del mes trajesen alguna cosilla al kiosko, o que un familiar apareciese con alguno de los escasísimos libros que pudiera haber por ahí. Era desesperante hasta el aburrimiento. La única apuesta segura eran las enciclopedias que adornaban los aparadores de muchas casas: letras T de tiburón y E de escualo.

«¡Nooo! ¡Otro cazón nooo!». Naturalmente, lo que todos ansiábamos encontrar eran fotos del gran tiburón blanco, y mejor si eran de esas en las que se veía su mandíbula desencajada con sus enormes dientes bien visibles... o mostrando esa sonrisa diabólica... o bien, en su defecto, del tiburón tigre o cualquier otro con aspecto feroz. Fotos que valían casi tanto como un regalo de SSMM los Reyes Magos. Y nada más frustrante que tropezarte con la foto de un... cazón, normalmente en blanco y negro, que parecía observarte con un gesto de aburrido desinterés. Y entonces el pobre Galeorhinus era declarado culpable de una oportunidad perdidaotra más—. Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que pudimos deshacernos aquellos prejuicios  y mirar el cazón bajo una nueva luz, más justa y equilibrada para reconocer que se trata de un animal sumamente bello e interesante, como el tiburón blanco o el tiburón tigre.

Belleza sin glamour. Quizá no tenga el glamour de estas especies ,más televisivas y, acaso, fotogénicas, quizá su aspecto no nos ofrezca un sólo rasgo o elemento que destaque, que se nos quede grabado en la retina. Y sin embargo, así como lo veis, el Galeorhinus galeus es un animal sumamente fiero, voraz y combativo, tan digno de llevar la etiqueta tiburón como cualquier otro. Y no sólo eso: es también un buen nadador y un viajero incansable capaz de recorrer la friolera de 56 km en un sólo día. Individuos marcados en las Islas Británicas se han recuperado en Canarias, en las Azores, y por supuesto en Galicia. El ejemplar de estas dos fotografías, amablemente cedidas por un auténtico especialista en tiburones, Gonzalo Mucientes, fue marcado en Irlanda y capturado en A Guarda:

Fotos: Gonzalo Mucientes.

Descripción: El cazón tiene un cuerpo alargado y esbelto terminado en un morro largo, apuntado y típicamente traslúcido, como se aprecia en la primera imagen. Las dos últimas aberturas branquiales están situadas sobre la base de la aleta pectoral. Ojos grandes y alargados, con membrana nictitante bien desarrollada. Las narinas presentan solapas muy pequeñas. Boca grande y arqueada con pliegues labiales moderadamente largos.
     La primera dorsal, de forma triangular, es mucho mayor que la segunda; la cual, a su vez, es un poco más pequeña que la anal. Las pectorales son largas y falciformes, mientras que las pelvianas son pequeñas. La aleta caudal es de buen tamaño, con un lóbulo terminal grande y bien marcado, y un lóbulo inferior también grande (casi la mitad de largo que el superior).
      El color es gris a gris pardusco en el dorso y flancos, y blanquecino en la zona ventral.

Foto: Ross Robertson, 2006
Dentición: Dientes similares en ambas mandíbulas: pequeños, con una cúspide principal inclinada hacia las comisuras y varias cuspidillas en la base del borde comisural. Los dientes centrales son rectos, casi simétricos, y un poco más pequeños. Varias filas funcionales.
      Presenta un sinfisario, que puede estar ausente en la mandíbula superior.

Talla: Parece que pueden existir variaciones regionales. La longitud total máxima registrada es de 195 cm (ya os imagináis que se era una hembra; la máxima para los machos es de 175 cm). En general, miden al nacer unos 30-40 cm, y alcanzan la madurez ellos en torno a los 120-170 cm, y ellas hacia los 135-185 cm.

Foto: Rafael Bañón.

Reproducción: Vivíparo aplacentario (ovovivíparo) con camadas de entre 6 y 52 crías según el tamaño de la madre. No obstante, su productividad biológica es bastante baja dada su longevidad (hasta 60 años) y su maduración tardía: las hembras son maduras sexualmente a partir de los 10 años de edad (algunos sostienen que entre los 13-15 años) y los machos entre 12-17.
      Su tasa de crecimiento es también extremadamente lenta: en 1951 se colocó una etiqueta a un individuo de 135 cm con una edad estimada de 10 años; cuando 35 años después volvieron a capturarlo, tan sólo había crecido 6,5 cm.
      La cópula tiene lugar en el borde de la plataforma continental; posteriormente las hembras se dirigen hacia las zonas de cría en aguas someras como bahías o estuarios para dar a luz, que suele ocurrir en los meses estivales, lo cual concuerda con la cita de Rodríguez Solórzano. El periodo de gestación es de unos 10-12 meses. Las crías permanecen en las zonas de cría entre uno y dos años.

Uno de los varios ejemplares capturados el pasado septiembre cerquita de Rianxo, en la ría de Arousa¹.

Recientemente se han encontrado evidencias de un ciclo reproductivo trianual en aguas de California. Un estudio de marcado llevado a cabo en esa zona observó que el cazón es una especie altamente migratoria a lo largo de la costa oeste de Norteamérica desde el estado de Washington hasta Baja California, en México; los especímenes marcados mostraron un ciclo migratorio trianual con filopatría: las hembras regresaban cada tres años a La Jolla, al sur de California, para completar su gestación.²

Dieta: Es un depredador oportunista y voraz de todo tipo de peces, pelágicos y de fondo, e invertebrados: arenques, sardinas, anchoas, salmones, merluza, lenguados, cangrejos, caracoles marinos, erizos de mar... Y es también aficionado a los cefalópodos: pulpos, calamares, etc. 

Hábitat y distribución: El cazón es un habitante de las aguas de la plataforma continental desde el litoral hasta el talud continental e insular. Es una especie demersal, aunque también muestra hábitos pelágicos, desde la superficie hasta más allá de los 826 m. Recientes estudios de marcado han demostrado, no obstante, que también realiza importantes migraciones en mar abierto durante las cuales es capaz de comportarse como un tiburón oceánico realizando migraciones verticales diarias para depredar sobre la capa profunda de dispersión (véase Migraciones verticales del cazón).

Fuente: FAO
Se encuentra en las aguas templadas y frías de casi todo el mundo: Atlántico oriental desde Noruega e Islandia hasta Suráfrica, Atlántico suroccidental, Mediterráneo, Pacífico oriental, Australia, Nueva Zelanda, etc.
      Como ya señalamos, los cazones son especies capaces de llevar a cabo importantes desplazamientos. Pueden moverse en grupos que, al menos en determinadas zonas, presentan segregación por sexo y por talla. En verano viajan hacia el norte y en invierno en dirección contraria, hacia el sur.
      Es (más bien era) un tiburón muy típico nuestra costa, tal como señalaban, hace más de 30 años, Rodríguez Solórzano et al.³:
É moi abundante en todo o litoral galego, adentrándose ó fondo das rías cando chega a época estival. Temos comprobado a súa presencia no Pedrido (Ría de Betanzos) onde causou pánico entre os bañistas. Péscase con palangre e comercialízase fresco no mercado.
Foto: Walter Heim.

Un reciente trabajo ha demostrado que no existe una población mundial panmíctica de Galerhinus galeus (es decir, formada por individuos que se reproducen entre si de forma aleatoria, con pocas limitaciones), sino que, al contrario, hay al menos cinco poblaciones genéticamente diferenciadas: África, Australia, Norteamérica, Sudamérica y Europa occidental (la del Mediterráneo no está suficientemente estudiada), con nula interconectividad genética entre si, debido posiblemente a las largas distancias entre las diversas cuencas oceánicas y a barreras relacionadas con la temperatura. Esto tiene serias implicaciones para la conservación de la especie, puesto que cada población constituye un stock único con un material genético propio que debe conservarse.

Pesca y estatus: Estamos ante una especie sumamente comercial tanto por su carne, que es excelente, y el aceite de su hígado, como, por supuesto, por sus aletas (en inglés norteamericano también se le conoce como soupfin shark, 'tiburón sopa de aleta'), de ahí que se la haya sometido a una intensa sobrepesca que ha llevado a diversas poblaciones en todo el mundo al borde del agotamiento. La situación es más que preocupante.
      El cazón se captura con diferentes artes de red y anzuelo, y es también apreciado por los pescadores deportivos dada su combatividad. Buena parte del cazón que capturamos en Galicia se va para la zona Mediterránea, donde su carne es muy apreciada: se consume fresca o salada.

Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus global de En peligro crítico, si bien con especificaciones regionales. Así, la población del Atlántico nororiental y Mediterráneo se consideran como Vulnerables.

Foto: Toño Maño.

Se podían contar muchas más cosas del cazón, pero este artículo no se acabaría jamás. De modo que ahora os toca a vosotros. Si hemos logrado despertar el interés por este hermoso tiburón, ya sabéis: escribid "cazón" y dadle al "Enter"... Y también, por qué no, abrir una de aquellas viejas enciclopedias, por la T, por la E y, por supuesto, por la C.


=>Más información en: El viaje del cazón (Galeorhinus galeus).

______________
¹Gracias a Jacobo Alonso, que tuvo la amabilidad de hacerme llegar esta foto tan pronto la recibió. 
²Andrew P. Nosal, Daniel P. Cartamil, Arnold J. Ammann et al. (2021). Triennial migration and philopatry in the critically endangered soupfin shark Galeorhinus galeus. Journal of Applied Ecology. https://doi.org/10.1111/1365-2644.13848
³Manuel Rodríguez Solórzano et al. Guía dos peixes de Galicia. Vigo: Galaxia, 1983.

C. L. Chabot (2015). Microsatellite loci confirm a lack of population connectivity among globally distribution populations of the tope shark Galeorhinus galeus (Triakidae). Journal of Fish Biology, doi: 10.1111/jfb.12727.