Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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miércoles, 3 de septiembre de 2025

La sorpresa de una recién nacida

Tardamos unos segundos en localizarla nadando nerviosa entre la porquería.

Domingo de finales de julio. Sesión de cañas en la terraza del náutico después de una salida de buceo. Alguien la ha visto por casualidad y nos avisa. Nos asomamos a la barandilla del pantalán... y a los pocos segundos logramos distinguir a la pequeña allí abajo, entre la sábana de inmundicia que cubría la superficie. 

jueves, 9 de enero de 2020

Un alitán llamado quenlla

Foto publicada en La Voz de Galicia del 26-V-2017.
Una forma tan agradable como cualquier otra de estrenar un nuevo año es refrescarse con una vieja noticia. Esto es lo que hoy os propongo aprovechando una de esas joyas periodísticas con las que de vez en cuando La Voz de Galicia nos regala la vista y el intelecto a partes iguales. Apareció publicada en la edición de Carballo del 26 de mayo de 2017, es decir, hace algo más de 2 años. Di con ella por casualidad hace pocos días... y no lo he podido resistir. Ahora vais a entender por qué:

martes, 31 de diciembre de 2019

Diferenciando el alitán de la pintarroja

Arriba: Pintarroja (foto: Ramón Fernández). Abajo: Alitán (fotos: Eliseo Ruiz).
La pintarroja (Scyliorhinus canicula) y el alitán (Scyliorhinus stellaris) son tiburones íntimamente emparentados entre si; son algo así como primos hermanos dentro de la amplísima y abigarrada familia Scyliorhinidae. Esto explica por qué son tan parecidos. Ambos comparten una serie de rasgos anatómicos que hacen que no poca gente los confunda: pequeña talla y aletas pequeñas, dorsales bastante retrasadas, morro corto, ojos relativamente grandes y librea más o menos parduzca con manchas oscuras en dorso y flancos. Sin embargo, a poco que nos fijemos, las diferencias se nos aparecen con bastante nitidez. Aquí os presentamos algunas claves.

martes, 3 de mayo de 2016

Cambios en las poblaciones de elasmobranquios del mar del Norte

Mar del Norte (fuente: www.eea.europa.eu).
La presión pesquera, en combinación con otras circunstancias antropogénicas como el calentamiento del océano y la destrucción de hábitats, ha alterado la distribución y estructura poblacional de varias especies de rayas y tiburones de la parte meridional del mar del Norte, según revela un trabajo que acaba de salir: Camilla Sguotti, Christopher P. Lynam, Bernardo García-Carreras, Jim R. Ellis & Georg H. Engelhard (2016). Distribution of skates and sharks in the North Sea: 112 years of change. Global Change Biology, doi: 10.1111/gcb.13316.
     En algunos casos la cosa ha tenido consecuencias nefastas: el angelote (Squatina squatina) y la noriega (Dipturus batis)¹ han sido eliminados totalmente de la zona; del primero no se tienen noticias desde junio de 1966 y de la segunda, desde los años 70. Cuando ambas fueron especies comunes y ampliamente extendidas a principios del XX.
     Basándose en el análisis de series históricas de datos pesqueros de los últimos 110 años, desde 1902 hasta 2013, los autores concluyen que, en general, las especies de mayor porte han cedido el domino de sus aguas a criaturas más pequeñas pero más productivas y de inferior valor comercial. Las poblaciones de las primeras han sufrido descensos importantes y en algunos casos se han visto desplazadas hacia otras zonas mientras las segundas han ido ocupando los nichos que quedaban libres. Hasta los años 60 del pasado siglo la estructura y distribución general de las comunidades de rayas era más o menos armónica y uniforme a lo largo de toda aquella zona, pero a partir de los 70 esta armonía se rompe constatándose un desplazamiento de las grandes especies hacia el W.
     El mar del Norte es una de las zonas del planeta que ha experimentado más cambios ambientales debidos a factores antropogénicos, singularmente la pesca industrial y el impresionante desarrollo comercial e industrial que ha modificado profundamente el relieve y estructura de muchos tramos de sus riberas. Pero su historia, esta historia, es también un reflejo de lo que ha ocurrido, está ocurriendo y, si no ponemos remedio, ocurrirá en otras áreas del planeta... como la nuestra.

Izq. Angelote (Squatina squatina). Dcha. Noriega (Dipturus batis) (fuente: S. Iglésias/Nature.com).
1. Impacto de la presión pesquera. La presión pesquera no es algo nuevo en este reducto del viejo Atlántico. Se sabe que el mar del Norte venía explotándose comercialmente ya desde el siglo XIV, por lo menos, y en el XIX el uso de las artes de arrastre, particularmente destructivas, estaba bien extendido. En lo que respecta a las especies objeto de estudio, el elemento clave en el desarrollo de los acontecimientos de este último siglo, el que marca un antes y un después, ha sido la generalización del uso del arrastre de varas² en buques más potentes, mejor dotados tecnológicamente y, por tanto, mucho más eficientes, que tuvo lugar hace bien poco, durante la década de los 60. No hace falta decir que el impacto de este "arte" sobre las especies propiamente bentónicas como las rayas y los angelotes fue brutal.
     La consecuencia es que las especies más longevas y de mayor porte han ido desapareciendo de la zona y desplazándose hacia áreas del norte y el oeste, siendo sustituidas por otras de menor tamaño y de crecimiento más rápido, que no solo se veían libres de competidores y depredadores, sino que también se beneficiarían porque, al ser de menor valor comercial, eran relativamente más descartadas. Como queda dicho, la noriega ha desaparecido totalmente del sur (actualmente, la D. intermedia solo se captura esporádicamente en algunos puntos septentrionales), y la raya de clavos (Raja clavata) ha visto mermadas sus poblaciones, si bien con una ligera recuperación a partir de los años 90 en determinadas áreas del sur, debido al menor esfuerzo pesquero en el arrastre y a los refugios de facto que proporcionan las áreas libres de pesca de los corredores marítimos, los bancos de arena y los parques eólicos marinos.
     La incidencia del arrastre de varas sobre los tiburones estudiados ha sido menor, lo que se explica por su modo de vida demersal, es decir, menos vinculado a los fondos (a excepción, naturalmente, del pobre angelote). Aún así, el cazón (Galeorhinus galeus) y la mielga (Squalus acanthias), que a comienzos del XX eran tiburones muy comunes y extendidos en esta parte del mar del Norte, en el XXI sus capturas son esporádicas. Al contrario que las musolas (Mustelus mustelus y M. asterias) y la pintarroja (Scyliorhinus canicula), especies asociadas a aguas más templadas cuya presencia es cada vez mayor.

Mielga (Squalus acanthias). Foto: Melanie Chamorel (www.melaniechamorel.com).
2. Impacto del cambio climático. El mar del Norte está considerado un hotspot del cambio climático en el océano. El aumento de su temperatura ha sido particularmente rápido durante los últimos 30 años, mucho más que en los mares circundantes. La media anual de la temperatura en superficie se ha incrementado a lo largo del pasado siglo, particularmente en el SW y E, desde alrededor de los 10º C de principios del XX hasta aproximadamente los 11,5º C en lo que llevamos del XXI.
     El calentamiento del mar hace que las especies asociadas a aguas frías se desplacen hacia el norte y su lugar lo ocupen especies que prefieren temperaturas más altas. Estos cambios se han detectado incluso en la composición del plancton. El caso de la raya radiante (Amblyraja radiata), una especie de agua fría, es ilustrativo. Se trata de la única raya cuyas poblaciones aumentaron claramente en la segunda mitad del XX, seguramente por ser la más resistente a la presión pesquera debido a su pequeño tamaño y maduración más rápida, su preferencia por aguas más profundas y por tanto menos arrastradas, y por ser también de las más descartadas en la pesca (además de que la desaparición de sus competidores más grandes dejaba el campo abierto para su expansión). Y sin embargo, pese a ello, se encuentra en franco descenso en la franja meridional de su distribución, retrayéndose hacia las zonas frías y profundas del norte, lo que solo puede explicarse por el incremento de la temperatura del mar.
     En cuanto a los tiburones, se constata el descenso de las especies asociadas a aguas frías y el incremento de las que prefieren mares más templados. La caída de las poblaciones de la mielga tiene que ver con la presión pesquera, pero también con la subida de las temperaturas, al ser una especie asociada a aguas más frías. En cambio, el caso de las musolas y las pintarrojas, a las que les gusta el agua un poco más templadita, es exactamente el contrario. Si a comienzos del XX  sus capturas eran más bien esporádicas, ahora mismo son especies bien establecidas en la franja sur, lo que, por otra parte, indica que con toda probabilidad llegaron a través del canal de la Mancha. Según los autores del estudio, esta situación es un reflejo de lo que está ocurriendo con especies como la sardina (Sardina pilchardus), el boquerón (Engraulis encrasicolus) y el salmonete de roca (Mullus surmuletus). El aumento de las poblaciones de pintarroja ha sido potente durante los 1960, posiblemente porque se vio beneficiada por el declive de las rayas, competidoras en potencia, habida cuenta de que sus dietas se solapan parcialmente, además de ser un descarte frecuente con amplias expectativas de supervivencia.

Cazón (Galeorhinus galeus). Foto: Walter Heim, friendsoflajollashores.com
3. Pérdida y degradación de hábitats. La degradación del fondo marino tanto por el arrastre como por el desarrollo costero está teniendo un impacto importante sobre todo en las poblaciones de rayas, destruyendo no solo hábitats, sino zonas de puesta y de cría. Hábitats biogénicos como los arrecifes de ostras han desaparecido del mar del Norte viéndose sustituidos por lechos de arena y grava constantemente perturbados. Algunas especies de rayas han desaparecido de los estuarios de la parte suroriental debido no solo al desarrollo costero, sino también al deterioro de la calidad del agua y la pérdida de hábitats de primer orden, como ocurrió tras el cierre del Zuiderzee³ en el primer tercio del XX.

    En definitiva, lo que este trabajo viene a demostrar, una vez más, es que los elasmobranquios (tiburones y rayas) de gran talla son, por su propia naturaleza, especialmente vulnerables a la pesca industrial. Esto unido a otros vectores de cambio como el calentamiento del océano y la alteración y destrucción de hábitats estratégicos, trae consigo no solo la disminución e incluso eliminación completa de una especie, sino graves alteraciones en la estructura y distribución de todas estas comunidades.
    Esto ocurre en el mar del Norte y en muchas otras zonas del planeta. Aquí vamos por el mismo camino.
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¹Para ser exactos, el trabajo no se refiere exactamente a la noriega (Dipturus batis), sino que habla en todo momento de un complejo, "Dipturus batis-complex", dado que en realidad este nombre, según acaba de descubrirse, en realidad esconde dos especies, D. flossada y D. intermedia.
²El arrastre de varas es una modalidad de arrastre en la que una barra de metal de hasta 12 m de largo mantiene abierta la red sin necesidad de usar portones.
Fuente: Greenpeace.
³El Zuiderzee o 'mar del Sur' era una bahía somera de unos 5000 km² situada en la costa noroccidental del los Países Bajos que se internaba casi 100 km tierra adentro. En el primer tercio del siglo XX se cerró con un dique su conexión con el mar del Norte convirtiéndose así en un lago de agua dulce, el Ijselmeer. Mediante drenajes y pólders se ganaron los 1500 km² que hoy constituyen la provincia de Flevoland.

lunes, 25 de mayo de 2015

Los tiburones según Goldsmith (1774) - II


CAPÍTULO II (continuación)

DE LOS PECES CARTILAGINOSOS DE LA CLASE DEL TIBURÓN¹

     No es solo el hombre el único enemigo a quien este pez debe temer: la rémora o pega es probablemente incluso mayor, y sigue al tiburón a todas partes. Este pez tiene la capacidad de adherirse a cualquier cosa a la que se fije, a la manera como una ventosa se adhiere al cuerpo humano. Es mediante este sistema que este animal se pega al tiburón y le extrae su humedad. Sin embargo, los marineros son de la opinión de que le asiste de un modo más amistoso, señalándole las presas e informándole de donde está el peligro. Por este motivo se le conoce como Piloto de tiburón.
     Por tamaño, el tiburón es tan parecido a la ballena, que algunos, de manera nada juiciosa, lo han incluido en la clase de los cetáceos. Pero su lugar es el que le hemos asignado, en el grupo de los peces cartilaginosos. Respira por medio de branquias y pulmones, sus huesos son de cartílago, y pare varias crías vivas. Belonius nos asegura que vio una hembra producir once crías vivas de una vez. No tengo intención de responder por la veracidad de Rondelet, quien, hablando de la tintorera, sostiene que en situaciones de peligro la hembra deja que sus retoños desciendan por su boca para refugiarse en su estómago. Lo cierto es que el señor Pennant parece dar crédito a esta historia, y considera que posiblemente este tiburón, como la zarigüeya, ha sido dotado por la naturaleza de un lugar donde resguardar a sus crías. Esta opinión merece todo el respeto, y es suficiente, al menos, para posponer nuestras discrepancias; pues nada hay más despreciable que la afectación de la sabiduría mediante la incredulidad universal que algunos exhiben².
     En general, el tiburón, cuando está vivo, es un animal extraordinario; y cuando está muerto, es de muy escaso valor. Su carne es apenas digestible para nadie excepto para los negros, a quienes les vuelve locos. El hígado proporciona tres o cuatro litros de aceite; al cerebro se le han atribuido ciertas virtudes imaginarias; la piel, mediante un arduo trabajo, se pule para transformarla en zapa. El señor Pennant es de la opinión de que las hembras de esta familia son más grandes que los machos, lo cual, si la experiencia lo confirma, constituiría una sorprendente coincidencia con las aves rapaces. Lo deseable sería que los historiadores venideros comprobasen esta observación, ¡que tan solo ofrecemos como mera conjetura!³

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¹Se han identificado cerca de treinta especies de tiburón, de las cuales una veintena han sido avistadas en las costas británicas. A algunas se les conoce como perros marinos, beagles y sabuesos, porque cazan sus presas en grupo. Aquí podemos centrarnos en la tintorera, el peregrino y el angelote (1).

     La tintorera.— El dorso de este tiburón es azul, el vientre blanco. No se aprecian orificios detrás de los ojos, como es común entre los peces de este género. Dos membranas blancas, una en cada ojo, hacen la función de párpados. Cuando se le puso cabeza abajo, una enorme bolsa blanca salió de su boca. Eliano suponía que servía de refugio para las crías en los momentos de peligro; y el señor Pennant, que da crédito a esta historia, considera que posiblemente la naturaleza haya dotado a este pez de un lugar donde alojar a sus crías, como sucede con la zarigüeya. Sin embargo, algunos autores rechazan esta hipótesis.

     El peregrino.— Aunque es un pez muy grande, carece de la voracidad y la fiereza que caracterizan a la mayoría de los tiburones. Con frecuencia suele permanecer inmóvil en la superficie, generalmente boca abajo, aunque en ocasiones panza arriba. Y parece temer tan poco al ser humano, que a menudo tolera que lo acaricien y le den palmaditas. Su cuerpo es esbelto, de entre tres y doce yardas de longitud [2,75-11 m], de color oscuro plomizo por arriba y blanco por abajo. La mandíbula superior es roma en su extremo y bastante más larga que la inferior. La boca está situada en la parte inferior, y está dotada de dientes pequeños; los anteriores muy inclinados, y los más retrasados, cónicos y de punta afilada. Presenta cinco aberturas respiratorias a cada costado del cuello. Hay dos aletas dorsales, dos pectorales, dos ventrales y una pequeña aleta anal. En el interior de la boca, cerca de la garganta, hay una especie de hueso corto parecido al de una ballena.
El hígado es tan inmenso que con frecuencia llega a pesar 1000 libras [450 kg aprox.]. De él se extrae una gran cantidad de buen aceite, lo que convierte a este tiburón en un animal de considerable importancia para los pescadores escoceses, ya que, según Anderson, en ocasiones el aceite de un solo pez puede venderse por veinte o treinta libras esterlinas. El peregrino (cuyo nombre deriva de su propensión a permanecer quieto en la superficie, como si estuviese tomando el sol (2)) frecuenta nuestras aguas durante los meses cálidos de verano, y no es raro en las costas galesas y escocesas, adonde llegan formando bancos normalmente tras intervalos de un cierto número de años. En los veranos intermedios, los que se ven en la costa de Gales son por regla general individuos solitarios que posiblemente se han extraviado del resto. Hacia el solsticio de verano, aparecen en el estuario del Clyde y entre las Hébridas en pequeñas manadas de siete u ocho, o más comúnmente en parejas. Allí permanecen hasta finales de julio, cuando desaparecen. El alimento de estos tiburones parece consistir por entero en plantas marinas y alguna de las especies de medusa. Nadan de manera muy deliberada, generalmente con las aletas superiores fuera del agua. A veces se les puede observar retozando entre las olas y saltando varios pies por encima de la superficie. Los habitantes de nuestras costas septentrionales están muy alerta para ir en pos de estos animales y son muy diestros en darles muerte. Cuando se les persigue, no apresuran su marcha hasta que el barco casi da contra ellos, momento en que el arponero clava su arma lo más cerca posible de las agallas. No parecen muy sensibles al dolor, porque a menudo se quedan en el mismo lugar hasta que el esfuerzo combinado de dos hombres logra empujar el arpón más adentro. Tan pronto como se saben heridos se sumergen de cabeza, y en su agonía frecuentemente se enredan en el cabo al tratar de liberarse revolcándose sobre el fondo. Al darse cuenta de que tales esfuerzos son en vano, emprenden la huida con tal increíble velocidad, que en una ocasión ocurrió que un peregrino remolcó un barco de setenta toneladas durante una buena distancia contra un temporal. A veces huyen con doscientas brazas de cabo y dos arpones encima, y los hombres pueden emplear entre doce y veinticuatro horas para dominarlos. Nada más morir, los pescadores los remolcan a tierra, o bien, si se encuentran lejos de la costa, los llevan al costado del barco para abrirlos y extraerles el hígado, que es la única parte útil de su cuerpo. El hígado se cuece en grandes ollas traídas para la ocasión y se transforman en aceite; y si el pez es uno de los grandes, puede producir hasta ocho barriles o más.

     El angelote.— Éste es muy diferente de los tiburones típicos. Se le distingue por su cuerpo aplanado, que, por así decirlo, constituye el eslabón entre las rayas y los tiburones, al compartir la forma de ambos. Se le llama angelote por sus extendidas aletas pectorales, que tienen la apariencia de alas.
La cabeza tiene forma circular y es un poco más ancha que el cuerpo. La boca es amplia y está situada en el extremo de la cabeza. Al igual que los tiburones, los adultos de esta especie poseen más dientes que los jóvenes. Así, dos angelotes de sólo un pie de longitud [30,48 cm], en posesión del Dr. Block, presentaban solo dos filas de dientes en la mandíbula superior y tres en la inferior; mientras que Willoughby y Rondelet afirman que hay tres en la primera y cinco en la segunda. De cierta parte de su piel los turcos fabrican la más bella zapa para los estuches de los relojes. El angelote se encuentra en el Mediterráneo y en el mar del Norte.

     El alitán [Spotted Dog-fish] (3) se encuentra en muchos mares y mide cuatro pies de longitud [1,22 m]; es muy voraz y se alimenta principalmente de peces. Su cuerpo es pardo rojizo, con grandes manchas negras distintivas, blanco por debajo y un tanto comprimido en cada extremo. La piel, cuando se seca, se utiliza para diversos fines. La cabeza es pequeña y el morro corto. Los ojos son oblongos y la pupila de un color verde mar; el iris es blanco. La boca es oblonga, amplia, y está armada de tres hileras de dientes. La lengua es cartilaginosa y, junto con el paladar, rugosa. Las narinas están rodeadas por un lóbulo con un apéndice vermiforme. La cloaca está situada antes del punto medio del cuerpo. Aletas ventrales diferenciadas; la primera aleta dorsal está situada detrás de las ventrales; la segunda dorsal es más pequeña y casi enfrentada a la anal. La cola es estrecha, rematando por abajo en un ángulo marcado.

²Los tiburones, al igual que las rayas, paren a sus crías vivas, más de una de cada vez, y cada cual encerrada en una cápsula córnea de forma cuadrada rematada por delgados filamentos en cada esquina. Tras permanecer en el agua durante un tiempo, estas petacas naturales se abren por un extremo, y el joven pez escapa de su confinamiento. En el tiburón estos recipientes son de un color hueso traslúcido, rematado en las esquinas por delgados filamentos sumamente largos que suelen hallarse enrollados alrededor de corales, algas y otros elementos, para evitar que sean arrastrados hacia la orilla antes de expulsar a las crías. Los de la familia de las rayas son negros, con los filamentos rara vez más largos que la petaca, y con frecuencia son arrojados sobre nuestras playas en grandes cantidades.

³La pintarroja [Small Spotted Dog-Fish] es un tiburón que de vez en cuando se ve en nuestras costas. En Escocia se la conoce como morgay. Permanece cerca del fondo y se alimenta de pequeños peces y crustáceos.
A menudo se quedan enganchados en las líneas de los pescadores, aunque carecen de valor. Son perjudiciales para las pesquerías a causa de su voracidad. Miden unas dieciocho pulgadas [45,72 cm].
     El alitán [Large Spotted Dog-Fish], conocido como bounce en Escocia, se distingue fácilmente del anterior por sus manchas más grandes pero menos numerosas, así como por su mayor masa corporal para igual longitud. Como la pintarroja, vive cerca del fondo y su alimentación es similar, pero también frecuenta fondos rocosos, de ahí que también se le conozca como pintarroja de roca.

Oliver Goldsmith tocando la travesera en una posada durante uno de sus viajes.

[El texto de A History of the Earth and Animated Nature utilizado para esta traducción es el de la edición de Blackie & Son, Glasgow, publicada en 1840. Puede descargarse desde esta página de la California Digital Library. Todas las ilustraciones, excepto la última, pertenecen a la obra.]

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(1) En realidad se centra en cuatro especies, no en tres, sin contar con las dos que se incluyen en la nota 3.
(2) Al peregrino se le conoce en inglés como basking shark; el verbo to bask se emplea con el significado de 'tomar el sol' ("bask in the sun").
(3) La descripción de lo que el original llama Spotted Dog-fish resulta un tanto desconcertante. Muy probablemente Goldsmith se hace aquí un pequeño lío y mezcla caracteres de dos especies distintas. Anatómicamente, lo que describe es un alitán (Scyliorhinus stellaris): la talla, la librea, la posición de las aletas, etc. no dejan lugar a dudas. En cambio, el tipo de alimentación, que según se dice es a base de peces ("[it] feeds chiefly upon fish"), hace pensar en un tiburón distinto, tal vez una mielga (Squalus acanthias), que efectivamente se encuentra "en muchos mares" y se alimenta de peces, entre otras cosas... aunque las manchas de su librea no son negras, sino blancas. Recurrir al nombre vulgar para tratar de identificar la especie no sirve de mucho: Spotted Do-Fish también puede referirse a la pintarroja (véase, por ejemplo, William Yarrell (1836). A History of British Fishes, Samuel Bentley, Londres, vol II, p. 367). La segunda descripción del alitán, el que aparece en la tercera nota, es correcta, tanto la morfológica como la de su dieta (similar a la de la pintarroja), así como su nombre escocés, bounce.
He decidido dejar "alitán" en los dos lugares añadiendo entre corchetes el nombre que figura en el original, para evitar confusiones.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Tiburones con personalidad

Pintarroja (Scyliorhinus canicula). Foto: Jacobo Alonso.
Que los tiburones tienen personalidad propia, individual, es algo que hace tiempo vienen defendiendo muchos de quienes permanentemente trabajan o bucean con ellos. Hay individuos que en determinadas situaciones se muestran más nerviosos, atrevidos, confiados, agresivos, curiosos, o pachorrones que otros de su misma especie. En esto no parecen ser muy distintos de otros animales, como por ejemplo nuestros chuchos. Estudios que se han llevado a cabo con tiburones limón (Negaprion brevirostris) han constatado que no todos los individuos responden a un estímulo o interactúan entre si de igual modo. Sin embargo, hasta hoy ningún trabajo había abordado la cuestión de en qué medida la personalidad individual puede llegar a afectar o condicionar el comportamiento social.

La semana pasada se publicaban en la revista Behavioral Ecology and Sociobiology¹ las conclusiones de un estudio sobre algunos aspectos de la personalidad social de los tiburones, no de los grandes tiburones "televisivos", sino de una especie mucho más modesta aunque no menos interesante, la pintarroja (Scyliorhinus canicula). Como os podéis imaginar, las pintarrojas son infinitamente más dóciles y fáciles de manejar en un laboratorio; pero lo más importante es que, por sus características, estos pequeños tiburones bentónicos y poco nadadores, en particular cuando son juveniles, se ven obligados a adoptar modelos de conducta claramente marcados y optimizados para no convertirse en presa fácil para sus depredadores, que son muchos y grandes. Básicamente disponen de dos estrategias: agruparse o ir por libre. En cautividad, se ha observado que los jóvenes suelen formar grupos mixtos no aleatorios en función de cierto grado de familiaridad o de conocimiento mutuo entre individuos. En la naturaleza posiblemente tanto juveniles como adultos adopten este sistema, pero igualmente no pocos individuos prefieren ir a su bola, confiando en la discreción del camuflaje que les proporciona su característica librea. Desconocemos si existe algún factor, ambiental o no, que determine la adopción de un modelo u otro.

Los autores del estudio se dedicaron, durante algo más de un mes, a observar y registrar los movimientos y patrones de comportamiento, individual y grupal, de 100 pintarrojas, nada menos (solo por eso merecerían un premio), ubicadas en tres hábitats de diferente grado de complejidad. Las observaciones se realizaron durante el día, puesto que es cuando estos animales se muestran menos activos, y suelen permanecer descansando sobre el fondo, en grupos o en solitario. Después de colocarles marcas individuales, formaron 10 grupos de 10 individuos y a continuación los fueron colocando sucesivamente en tres grandes tanques: uno con un sencillo sustrato de gravilla, otro de rocas, y un tercero con un relieve mixto de gravilla y roca. Todos los ejemplares eran juveniles de entre 8-10 meses y de tallas similares, alrededor de 18 cm LT, de manera que el condicionante sexual quedaba eliminado. El objetivo era analizar la estructura social de cada grupo, los agrupamientos que se formaban, así como la actitud y posición social de cada individuo en entornos de diversa complejidad estructural.

Foto tomada de la página web de la CRAM (Fundación para la recuperación y conservación de animales marinos).
Para resumir la cuestión, lo que estos experimentos demostraron fue que, tras esa apariencia sosa y anodina, las pintarrojas esconden una fuerte personalidad que parece mantenerse firme ante cualquier circunstancia. Los investigadores observaron que las preferencias individuales parecen regir la elección de una estrategia de supervivencia en detrimento de la otra. Aunque el tamaño de los agrupamientos sufrió ligeras variaciones en los tres ambientes (en el sustrato de grava, por ejemplo, se volvían más laxos y tendían a reducirse, tal vez por la mayor facilidad de cada uno de sus componentes para mimetizarse con el entorno), los individuos de carácter más independiente o solitario apenas llegaron a integrarse en algún grupo muy reducido, buscando la mayor parte del tiempo un lugar apartado donde poder descansar a gusto camuflados contra el fondo. En cambio, los más sociables se mantuvieron en todo momento y circunstancia formando parte de grupos grandes y bien interconectados, particularmente al abrigo de las rocas.

Aunque es cierto que todos estos datos se han obtenido a partir de animales en cautividad, y por tanto necesitan sustentarse sobre una base más amplia de observaciones en el medio natural, lo que parece evidente es que los tiburones son unos seres mucho más complejos de lo que nos han enseñado a creer, desde los grandes tiburones blancos hasta las más humildes pintarrojas.



=>Para saber más sobre las pintarrojas, véase Pintarroja (Scyliorhinus canicula).
=>En La capacidad cognitiva de los tiburones, recogíamos el resultado de unos experimentos (más experimentos) con pintarrojas.

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¹David M. P. Jacoby, Lauren N. Fear, David W. Sims, Darren P. Croft (2014). "Shark personalities? Repeatability of social network traits in a widely distributed predatory fish". Behavioural Ecology and Sociobiology. doi:10.1007/s00265-014-1805-9


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Acidificación y supervivencia

Musola pintada (Mustelus canis). Fuente: Discovery.com.

Por si no fuese suficiente con lo que ya tienen encima, la última novedad es que la acidificación del océano reducirá la capacidad olfativa de los tiburones, debilitando así uno de sus principales sistemas de detección de alimento, según demuestra un estudio¹ que acaba de publicarse en Global Change Biology. 

En su heroico afán por destruir el cuerpo que lo alberga, solo comparable al del virus más letal, el ser humano ha logrado, entre otras proezas, que la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera sea la más elevada de los últimos 800 000 años. Gracias a ello, el clima de la Tierra está cambiando a tal velocidad que puede que no lleguemos a tiempo, no ya para revertir o siquiera detener el proceso, sino para adaptarnos a sus consecuencias. Pero esa es la idea, cabe suponer.
Pero en esta jovial marcha hacia nuestra autodestrucción nos hemos topado con un factor con el que no contábamos, y mira que es inmenso. Se calcula que el océano absorbe aproximadamente el 25% del dióxido de carbono que emitimos a la atmósfera. Esto quiere decir que, de no ser por él, tal vez habríamos ya podido consumar el desastre. Mala pata.

Sarcasmos aparte, el trasvase de dióxido de carbono antropogénico al mar, lejos de aliviar el problema, lo que ha hecho es extenderlo. Cuando el CO2 se disuelve reacciona con el agua generando ácido carbónico y reduciendo su pH, en un proceso conocido como acidificación. Es una evidencia científica que el océano se está acidificando, y parece que a buen ritmo. Se calcula que el nivel actual de acidificación es un 30% superior al de épocas preindustriales y el pH de las aguas superficiales es 0.1 puntos inferior (y las previsiones a medio plazo son descorazonadoras). Esto tiene graves consecuencias para las criaturas marinas. El descenso del pH trae consigo la drástica disminución de las concentraciones de iones carbonato, fundamentales para la formación y el desarrollo de los esqueletos y otras estructuras de carbonato cálcico, como conchas y caparazones, de una inmensa variedad de organismos: corales, moluscos, foraminíferos, equinodermos, crustáceos, etc., poniendo poblaciones enteras en serio peligro. Pensemos que aproximadamente la cuarta parte de todas las especies marinas dependen de un modo u otro del coral. Varios trabajos han descrito los efectos de la acidificación en diversos organismos calcáreos; igualmente se ha demostrado que la exposición de los teleósteos a niveles elevados de CO2 puede alterar un amplio espectro de procesos biológicos como la percepción sensorial, modificando la respuesta a estímulos químicos y auditivos, y, a consecuencia de ello, la toma de decisiones².
Foto de Danielle Dixson publicada en la edición digital de The Washington Post del 10 de septiembre.
Este es el primer estudio que aborda los efectos de la acidificación sobre el comportamiento y la capacidad olfativa de los tiburones. Sus autores trabajaron con una especie oriunda del Atlántico occidental, la musola pintada (Mustelus canis), un pequeño cazador oportunista que frecuenta las aguas turbias próximas a la costa, en las que se maneja perfectamente para localizar a sus presas gracias sobre todo a su agudo sentido del olfato. El candidato ideal.
Las 24 musolas utilizadas en el experimento se distribuyeron en tres tanques con diferentes niveles de concentración CO2 (por tanto con agua de diferente pH): el primero con los valores medios registrados en la actualidad (pH 8.11), el segundo con los estimados para dentro de 50 años según la tendencia actual de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera (pH 7.80), y el tercero con los estimados para el año 2100 (pH 7.69, o sea, una caída de 0,4 puntos).
Los tiburones se iban introduciendo en un tanque de 9x2 m en el que se habían creado dos corredores olorosos mediante sendos emisores situados a cada extremo, cerca del fondo, que bombeaban constantemente agua de mar, en uno de ellos mezclada con jugo de calamares. Como era de esperar, todos los tiburones sometidos al nivel actual de pH permanecieron la mayor parte del tiempo (entre el 60-84%) en la calle por la que discurría este potente estímulo oloroso, llegando incluso a lanzar ataques sobre su fuente, bien golpeándola con el morro, bien mordiéndola. Cuando el pH descendió 0,2 puntos, el tiempo de permanencia en el corredor oloroso se mantuvo, pero los ataques a su fuente fueron menos intensos o agresivos. Sin embargo, con los valores previstos para fin de siglo la situación cambió drásticamente. Las musolas dejaron de responder a los estímulos químicos, incluso parecían evitarlos, ya que pasaban más rato en la zona de flujo de agua salada normal; el tiempo de permanencia en la calle del corredor oloroso fue inferior al 15%.
En los tres casos, el comportamiento natatorio de los tiburones fue muy similar, sin ninguna señal externa que hiciese pensar en algún tipo de anomalía; lo mismo el movimiento de las aberturas branquiales, que en ningún momento evidenció signos de estrés que pudiesen explicar su comportamiento.
La doctora Dixson y sus colegas aventuran que la raíz del problema está en que el agua acidificada altera el funcionamiento de un receptor químico conocido como GABAA, como ocurre con los peces payaso.

Fuente: Danielle Dixson, Global Change Biology, 2014.
La conclusión es evidente: el aumento de la acidificación del océano va a tener un impacto terrible en los tiburones al modificar o anular su respuesta a estímulos químicos primordiales para su supervivencia, como los que proceden de una fuente de alimento y, tal vez, quién sabe (en el trabajo no se mencionan), los emisores químicos que las hembras liberan cuando están listas para aparearse.

Otro trabajo de parecidas características³ ha encontrado cambios importantes no solo en el comportamiento natatorio, sino en la sangre de pintarrojas (Scyliorhinus canicula) sometidas a los niveles de dióxido de carbono previstos para el 2100, que contenía más iones de sodio y bicarbonato de lo normal seguramente como un mecanismo para mantener estable su pH en un entorno de mayor acidez (aparentemente no se habían producido cambios apreciables en su metabolismo). Los investigadores también observaron que en un ambiente fuertemente acidificado las pintarrojas permanecían nadando durante periodos de tiempo considerablemente más largos (hasta una hora sin interrupción) que aquellos ejemplares procedentes de un entorno "normal", que presentaban periodos de natación más cortos, de entre unos pocos segundos hasta un minuto. Esto podía deberse bien a alteraciones en las concentraciones de iones de sodio y bicarbonato en el cerebro, bien a que los tiburones percibían la acidez del agua y estaban nadando en busca de un entorno más saludable. Estas observaciones fueron realizadas durante la noche, cuando estos animales se muestran más activos.

En los millones de años que llevan en la tierra, los tiburones han logrado sobrevivir en mares con un nivel de acidez muy superior al previsto para fin de siglo. Lo que no deja de ser un motivo para la esperanza. Pero el problema es si serán capaces de adaptarse con la suficiente presteza a la velocidad a la que van a tener lugar los grandes cambios que se nos vienen encima.
Los seres humanos somos así de inteligentes.


[ACTUALIZACIÓN a 16-X-2014] Frente a todo lo anterior, hay al menos un tiburón al que no parecen afectarle los ambientes con alto contenido de CO2. Se trata de la pintarroja colilarga ocelada (Hemiscyllium ocellatum), una pequeña especie endémica de Nueva Guinea y norte de Australia que habita en las aguas someras de arrecifes e incluso charcas de marea, ambientes muy expuestos a fuertes fluctuaciones ambientales tanto de oxígeno como de dióxido de carbono. Por la noche, el nivel de oxígeno en el agua cae drásticamente, muy particularmente durante las mareas bajas nocturnas, debido a la respiración de los organismos del arrecife, lo que provoca un fuerte incremento del CO2, cuya concentración puede incluso ser más alta en los agujeros y grietas del coral (ambientes de bajo flujo de agua) que este tiburón acostumbra a usar como refugio. La adaptación a la vida en estos ambientes de fluctuaciones extremas es tal, que la pintarroja colilarga no solo puede resistir sin mayor problema cortos periodos de hipoxia (baja concentración de oxígeno en el ambiente), sino que, tal como acaba de demostrar un reciente trabajo, es capaz de adaptar sus procesos fisiológicos a largas exposiciones (60-90 días) a ambientes con altas concentraciones de dióxido de carbono como las previstas a medio plazo.

Pintarroja colilarga ocelada (Hemiscyllium ocellatum). Foto: Richard Ling.

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¹Danielle L. Dixson, Ashley R. Jennings, Jelle Atema & Philip L. Munday (2014). "Odor tracking in sharks is reduced under future ocean acidification conditions". Global Change Biology, doi: 10.1111/gcb.12578.
²Las señales químicas juegan un papel fundamental en la biología de muchos peces. Se ha comprobado, por ejemplo, que los peces de arrecife con la capacidad olfativa mermada por la exposición a altos niveles de CO2 mostraban problemas a la hora de encontrar refugio, seleccionar el hábitat más adecuado y evitar a los depredadores.
³Leon Green & Fredrik Jutfelt (2014). "Elevated carbon dioxide alters the plasma composition and behaviour of a shark". Biology Letters, 10(9): 20140538.
Dennis D. U. Heinrich, Jodie L. Rummer, Andrea J. Morash, Sue-Ann Watson, Colin A. Simpfendorfer, Michelle R. Heupel & Philip L. Munday (2014). "A product of its environment: the epaulette shark (Hemiscyllium ocellatum) exhibits physiological tolerance to elevated environmental CO2." Conservation Physiology, vol 2. doi: 10.1093/conphys/cou047

viernes, 12 de julio de 2013

Pintarroja (Scyliorhinus canicula)

Foto de Jacobo Alonso tomada en los fondos de la isla de Rúa, ría de Arousa.

Pintarroja

Scyliorhinus canicula (Linnaeus, 1758)

(es. Pintarroja, lija; gal. Melgacho, ghaxapo, patarruxo, patarroxa, can do mar, canexa, casacú, rañorte, vella; in. Small-spotted catshark, lesser spotted dogfish; port. Pata-roxa, caneja.)

ORDEN: Carcharhiniformes
FAMILIA: Scyliorhinidae


Con la pintarroja ocurre como con los gorriones. Estamos tan acostumbrados a verlas, su aspecto nos resulta tan familiar y cercano, que hemos perdido la capacidad de apreciar su belleza. La cercanía borra toda perspectiva.
     Si por un momento fuésemos capaces de ponernos en la piel de un turista neozelandés (pongamos por caso), tan aficionado a los tiburones como nosotros, que de repente se encontrase con una, bien buceando, bien de visita en una lonja, no tardaríamos en apreciar detalles como la discreta belleza de su librea, o el delicado diseño de su cuerpo. Y aprenderíamos, en definitiva, a valorar a la pintarroja como se merece, como otro de nuestros magníficos tiburones, y no como mero protagonista de un guiso o de una sabrosa caldeirada (por cierto, y dicho sea de paso, recordad que los tiburones son potentes bioacumuladores de metales pesados y otras porquerías que llevamos lustros vertiendo insistentemente al mar; un estudio de hace unos años aludía a las altas concentraciones de cobre y cinc en pintarrojas capturadas entre los 80 y 120 m en el área de Barcelona¹, con eso os digo todo).
     La pintarroja es el tiburón más abundante y común de nuestro litoral, dentro y fuera del agua: en todas las lonjas que visitemos encontraremos pintarrojas. Es también una especie típica de los acuarios, ya que aparentemente se adapta muy bien a las condiciones de cautividad, en donde se reproduce con relativa facilidad.
     Tal vez debido a esta cercanía no es poca la gente que se sorprende cuando les cuentas que la pintarroja es un tiburón: "¡Cómo! ¿Eso es un tiburón??" Curioso, a que si. Pues razón de más para dedicarle todo un capítulo.

Foto: Toño Maño.
Descripción: El cuerpo de la pintarroja es alargado y esbelto. Tiene 5 pares de hendiduras branquiales laterales, las dos últimas sobre el origen de las aletas pectorales. La cabeza es ancha y deprimida; el morro, corto y redondeado. Los ojos son grandes y ovalados, con amplias carenas suboculares; presentan una membrana nictitante inferior muy rudimentaria, como todos los esciliorrínidos. Justo detrás de los ojos se abren los espiráculos, que son también grandes. Las solapas nasales están bien desarrolladas, hasta cubrir, unidas, el borde anterior de la boca, como se muestra en la imagen; se trata de un rasgo que nos va a servir para diferenciar la pintarroja de una especie que se le parece bastante, el alitán (Scyliorhinus stellaris).

Foto: Toño Maño.
Las dos aletas dorsales están en posición retrasada. La primera, claramente mayor que la segunda, se origina por detrás de la axila de las aletas pelvianas. Las pectorales son anchas y de forma trapezoidal; las pelvianas, largas y no muy altas (en los machos, están totalmente soldadas por su margen interno). La aleta anal es grande; la longitud de su base es menor que la longitud interdorsal —la distancia entre las dos dorsales—. La caudal es larga y abatida, con el lóbulo terminal bien diferenciado y el inferior poco o nada desarrollado.
     En cuanto a su librea, la superficie dorsal es de color arena a terroso con numerosas manchas oscuras y claras bastante pequeñas. En los animales vivos, el color de fondo puede adoptar tonos rojizos a amarillentos. La superficie ventral es lisa y blanquecina.

Foto de Andy Murch.
Talla: En el Atlántico y Mar del Norte puede alcanzar los 100 cm, si bien por lo general no suele sobrepasar los 70 cm. En el Mediterráneo la longitud total máxima observada ha sido de 63,5 cm.
Los machos maduran en torno a los 40 cm y las hembras hacia los 45 cm. En el Mediterráneo, los machos a los 39 cm y las hembras a los 44 cm. Algunos autores redondean señalando 43-45 cm para los machos y 41-51 cm las hembras.
Las crías de pintarroja miden al nacer entre 9-10 cm.

Pintarroja albina capturada en el Mar del Norte y depositada en el tanque de un acuario en Texel, Holanda. Fuente: https://www.nhnieuws.nl.

Dentición: Numerosos dientes muy pequeños y similares en ambas mandíbulas, distribuidos en varias filas funcionales. Son de base ancha con una cúspide triangular larga y afilada que puede ir acompañada de pequeñas cuspidillas secundarias a cada lado. Los primeros dientes centrales son pequeños, y en la mandíbula superior están separados por un pequeño diastema.
Foto de Jacobo Alonso (iDiving).
Reproducción: La pintarroja es ovípara. Los óvulos fecundados se envuelven en una cubierta protectora y se depositan en el lecho marino, normalmente sujetos mediante los zarcillos a algún alga o roca. La puesta es de dos cápsulas-huevo una por oviducto con una periodicidad diaria o semanal, y tiene lugar durante todo el año, especialmente de noviembre a julio. Suele realizarse sobre sustratos de algas en fondos de poco calado. Estas cápsulas o "bolsos de sirena" miden entre 4 y 7 cm de largo por 2-3 cm de ancho y 1 cm de grosor.
Cápsula-huevo de pintarroja (Foto: Toño Maño).
La tasa reproductiva de la pintarroja es elevada. Una hembra puede poner entre 20 y 25 huevos cada año, según Compagno (1984), o 96 y 115, según Moreno (1995).
La eclosión se produce al cabo de entre 5 y 11 meses dependiendo de la temperatura del agua, si bien por lo general entre 8 y 9.
Puede haber segregación sexual en los adultos. Cuando llega el momento, las hembras son las primeras en llegar a las zonas de cría, en invierno, y los machos poco después, en primavera. Y hacia finales del verano los adultos se retiran discretamente hacia aguas más profundas para el apareamiento². Un reciente trabajo ha descubierto la existencia de dimorfismo sexual en las ampollas de Lorenzini de las pintarrojas: las de los machos son más largas y están dotadas de un mayor número de células sensoriales dispuestas sobre una superficie también mayor, lo cual podría servir para aumentar su capacidad para detectar a las hembras³.
     La esperanza de vida estimada para la pintarroja es de unos 10 años.

Dieta: Muy diversa. A base de pequeños invertebrados del fondo: crustáceos, gasterópodos, cefalópodos, gusanos poliquetos, etc. También pequeños peces.

Hábitat y distribución: Tiburón demersal, habitante de la plataforma y talud continental superior, con preferencia por los fondos de arena, coral, algas, gravas y fango de aguas templadas. A veces aparece en aguas intermedias. Suelen encontrarse camuflados entre las algas, desde las proximidades de la orilla hasta los 200 m e incluso hasta los 400 m. En la parte oriental del mar Jónico se han llegado a capturar a 780 m.
     Sus hábitos son nocturnos. Durante el día permanece reposando sobre el fondo y al anochecer recupera su actividad.

Fuente: FishBase.
Se encuentra en el Atlántico nororiental, desde Noruega e Islas Británicas hasta Costa de Marfil, pasando por las Azores y las Canarias. También presente en el Mediterráneo.

Pesca y conservación: La pintarroja es un tiburón de evidente interés comercial. Localmente se consume en grandes cantidades ya que su carne es muy apreciada. También se utiliza para pienso y se aprovecha su aceite. Sin embargo, según las zonas, un gran porcentaje de las capturas de pintarroja son descartadas, es decir: los animales se devuelven al mar, normalmente ya sin vida.
Se pesca con diversas artes: palangre, trasmallos, nasas, redes de arrastre. Suele venderse ya despellejada, y no siempre con su verdadero nombre.

La elevada tasa reproductiva de la especie hace que, de momento, sea capaz de resistir la gran presión pesquera a la que se ve sometida. Sus poblaciones parecen mantenerse estables. Es el tiburón más abundante de todo el litoral europeo.
     Figura en la Lista roja de la IUCN con el estatus de Preocupación menor.


⏩ ¿Cómo diferenciar una pintarroja de un alitán? Aquí:
Diferenciando el alitán de la pintarroja.

⏩ Si queréis saber cuál es la capacidad cognitiva de la pintarroja, mirad este artículo: La capacidad cognitiva de los tiburones.

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¹C. Crespo, E. Soriano, C. Sampera, J. Balasch (1981). "Zinc and copper distribution in excretory organs of the dogfish Scyliorhinus canicula and chloride cell response following treatment with zinc sulphate". Marine Biology, vol. 65 (2), pp. 117-123. Allá cada uno.
²Sobre el apareamiento de las pintarrojas, Fernández de la Cigoña (2007) refierere lo siguiente: "Unha parella foi vista apareándose no esteiro do río Miño no verán de 2001".
³Crooks, Neil & Colin P. Waring (2013). "A study into the sexual dimorphisms of the Ampullae of Lorenzini in the lesser-spotted catshark, Scyliorhinus canicula (Linnaeus, 1758)". Environmental Biology of Fishes, vol. 96, issue 5, pp. 585-590.
Véase también Reproducción II: Cortejo y apareamiento.
Véase El tiburón que nos comemos sin querer.

jueves, 27 de junio de 2013

La capacidad cognitiva de los tiburones


Pintarroja (Scyliorhinus canicula). Foto de Jean-Claude Samoyeau.
Hay cosas que son sumamente difíciles de cambiar. Ideas preconcebidas, lugares comunes que debido a una serie de desafortunadas circunstancias han quedado sólidamente instalados en el corazón de nuestro imaginario colectivo sin ninguna posibilidad de eliminarlas a corto plazo. No se van ni con lejía. Una de ellas es la creencia de que los tiburones, a diferencia de los mamíferos, son animales primitivos y en cierto modo estúpidos cuyos poco desarrollados cerebros apenas les capacitan para detectar comida y buscar la forma de procrear montones de tiburoncitos. Y ello a pesar de los estudios científicos que se publican anualmente y de las decenas de reportajes que aparecen en revistas, páginas web, en los diferentes canales de televisión, etc. desmontando este mito. Y a pesar también de que el cerebro de muchos tiburones es comparable en tamaño al de no pocos mamíferos.

Uno de estos trabajos es el que hoy os presentamos, recientemente publicado en la revista Animal Cognition. Se trata de un estudio desarrollado por científicos de la Universidad de Cranfield y la Marine Biological Association ambas del Reino Unido sobre la capacidad cognitiva de la pintarroja (Scyliorhinus canicula)¹ cuyas conclusiones son sencillamente espectaculares. Sus autores han podido demostrar que la pintarroja no sólo es capaz de aprender con extraordinaria rapidez, sino que puede retener lo aprendido durante un periodo de hasta tres semanas. O sea, bastante más que un estudiante medio de la LOGSE.

Sabiendo que los tiburones poseen potentes electrorreceptores que les permiten
detectar los campos eléctricos generados por sus presas, los científicos diseñaron una serie de experimentos basados en el refuerzo positivo, es decir, premiar con
(Imagen tomada de phys.org)
alimento la respuesta correcta a un estímulo eléctrico. No tardaron en descubrir que en poco tiempo este refuerzo positivo conseguía alterar significativamente el comportamiento de las pintarrojas. Los tiburones que recibían su premio no sólo demostraron un mayor interés en el estímulo eléctrico que los no recompensados, sino que incluso supieron encontrar una forma de conseguir comida más rápidamente aprendiendo a localizar y a morder los electrodos correctos. Los experimentos se repitieron al cabo de tres semanas, pero esta vez sin el refuerzo positivo del alimento. Las pintarrojas mostraron ciertos signos de habituación, y poco a poco sus respuestas se fueron reduciendo hasta desaparecer por completo.

La conclusión es que los tiburones poseen una capacidad cognitiva nada desdeñable que les permite encontrar la estrategia más idónea según las circunstancias para localizar su alimento. Sus cerebros, además, son capaces de almacenar estos nuevos datos entre 12 horas y, al menos, 3 semanas. Dicho de otra manera, poseen la inteligencia necesaria para adaptar su comportamiento en función de las diferentes variables que puede presentar un entorno tan complejo y cambiante como el medio marino. Y estamos hablando de pintarrojas, tiburones de sangre fría. Pensad ahora en las especies cuyos cerebros están bañados por sangre caliente y son, por tanto, más eficientes a la hora de procesar información.

¿Seres primitivos? ¿Poca inteligencia?


=>Actualización a 9-IX-2014: Otro experimento de condicionamiento clásico (es decir, pavloviano, de estímulo-respuesta) sobre juveniles de Port Jackson (Heterodontus portusjacksoni) ha demostrado que este tiburón no solo es capaz de aprender con relativa rapidez (30 ensayos a lo largo de 15 días), sino que puede asociar dos elementos separados en el tiempo y retener lo aprendido hasta 40 días.
Y no me resisto a traducir las últimas líneas del trabajo²:
"Es interesante destacar que recientes pruebas morfológicas han demostrado que los elasmobranquios bénticos demersales constituyen el grupo con el cerebro más pequeño, el telencéfalo más reducido y el cerebelo más liso (Yopak, 2012). Teniendo en cuenta que los últimos descubrimientos sobre teleósteos demuestran que la capacidad cognitiva puede estar relacionada con el tamaño del cerebro (Kotrschal et al., 2013), nuestro estudio, sumado al de Kimber et al. (2013), pone de relieve que con toda probabilidad la capacidad cognitiva de los tiburones está subestimada."
=> Véase también La memoria del tiburón.
Tiburón de Port Jackson (Heterodontus portusjacksoni). Foto: Andy Murch (elasmodiver.com).

[El tema de la inteligencia de los tiburones lo tratamos en un post reciente en el que analizábamos un comportamiento bastante peculiar de los cailones juveniles que algunos calificaban como juego: El juego de los jóvenes cailones (Lamna nasus).]

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¹Joel A. Kimber, David W. Sims, Patricia H. Bellamy & Andrew B. Gill (2013). Elasmobranch cognitive ability: using electroreceptive foraging behaviour to demonstrate learning habituation and memory in a benthic shark. Animal Cognition, vol 17, Issue 1, pp. 55-65. Abstract, aquí.
²Tristan L. Guttridge, Culum Brown (2014). Learning and memory in the Port Jackson shark, Heterodontus portusjacksoniAnimal Cognition, 17(2), 415-25, doi 10.1007/s10071-013-0673-4

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