Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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viernes, 27 de febrero de 2026

Ataques 2025

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto (editada) de Andrew Fox, Rodney Fox Shark Expeditions.

El ISAF (siglas del International Shark Attack File, 'Archivo Internacional de Ataques de Tiburón') ha publicado su informe anual sobre los accidentes hombre-tiburón —eso que tradicionalmente hemos calificado como «ataques»— ocurridos a lo largo del pasado 2025 en todo el mundo. Ha habido un incremento de casos con respecto al 2024, pero dentro de la media de los últimos años. Vamos al detalle.

viernes, 14 de febrero de 2025

Ataques 2023 y 2024

El maravilloso tiburón blanco (Carcharodon carcharias), un bellísimo animal con una fama inmerecida. Foto de Andrew Fox, Rodney Fox Great White Shark Expeditions.

Acaba de publicarse el informe anual del ISAF (siglas del Archivo Internacional de Ataques de Tiburón, del Museo de Historia Natural de Florida) sobre el número de mordeduras no provocadas de tiburón registradas durante el 2024 en el mundo. Dado que por circunstancias el año pasado no fue posible recoger las del 2023, aprovechamos para incluirlas también aquí.

lunes, 31 de julio de 2023

Posibles grupos familiares en peregrinos

Foto: Florian Walsh.
A medida que afinamos nuestros instrumentos de observación, más asombro nos produce la naturaleza. Las modernas tecnologías de investigación nos están permitiendo descubrir aspectos insospechados de la personalidad y la vida social de las criaturas que la habitan, tanto más extraordinarios cuanto mayor es la distancia, evolutiva, física o ambas a la vez, que nos separa. Tal es el caso de los peces y, dentro de ellos, naturalmente, los tiburones.

miércoles, 31 de mayo de 2023

Si hace mucho frío, no respiro

Grupo de cornudas comunes en las Galápagos. Foto: Galapagos National Park.

Los tiburones nunca dejan de sorprendemos. Acabamos de conocer de qué modo una especie adaptada para la vida relativamente confortable en mares cálidos y tropicales ha aprendido a conservar su eficiencia depredadora en las hostiles aguas heladas del mar profundo. Hablamos de la cornuda común (Sphyrna lewini).

viernes, 31 de marzo de 2023

Tiburones bioluminiscentes

Pudiendo alcanzar los 182 cm, la negra (Dalatias licha) es el vertebrado biolumniscente más grande del planeta. Fuente de la imagen: Mallefet et al. 2021¹.

Conforme la luz del sol se hunde y diluye en el océano, las profundidades se iluminan con millones de brotes y destellos de color emitidos por infinidad de criaturas de todo tipo: cnidarios, ctenóforos, crustáceos, cefalópodos, peces óseos y, naturalmente, tiburones. Algo más del 12% de todos los tiburones que conocemos poseen la capacidad de emitir luz (en los peces óseos este porcentaje es de alrededor del 5%), cuatro de los cuales están presentes en aguas de Galicia.

lunes, 6 de febrero de 2023

Ataques 2022

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto: Andrew Fox, Rodney Fox Shark Expeditions.
 
Ya tenemos aquí las cifras de los ataques de tiburón ocurridos en todo el mundo a lo largo del pasado año 2022. Acaban de ser publicadas por el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón (o ISAF por sus siglas en inglés), con sede en Florida.

viernes, 30 de septiembre de 2022

El cortejo del peregrino

Foto: Irish Basking Shark Group (IBSG).

Hace unos días se publicaba un fantástico trabajo¹ que desvela el misterio de uno de los comportamientos más enigmáticos y sorprendentes de los tiburones peregrino (Cetorhinus maximus): las reuniones de decenas o incluso centenares de individuos que se pasan horas nadando en círculos sin un motivo aparente.

lunes, 9 de mayo de 2022

Migraciones verticales del cazón

Cazón (Galeorhinus galeus). Foto: Andy Murch, bigfishexpeditions.com (editada).

El cazón es un tiburón de tamaño mediano que suele vivir en zonas más o menos cercanas a la costa, por lo que no es raro encontrárnoslo tanto en las lonjas como, bien muerto y troceado, en las mesas de nuestros restaurantes y de no pocas de nuestras casas, de ahí que nos resulte un bicho relativamente familiar, casi doméstico. Sin embargo, hay todavía muchas cosas que desconocemos de él. Cada estudio que sale a la luz nos descubre datos que dibujan un comportamiento de asombrosa plasticidad, como el que hoy vamos a comentar.

lunes, 31 de enero de 2022

Ataques 2021

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto: Rodney Fox Great White Shark Expeditions.

El Archivo Internacional de Ataques de Tiburón (ISAF, por sus siglas en inglés) acaba de publicar su informe anual sobre los ataques registrados en todo el mundo durante el pasado año 2021. Aquí tenéis todos los datos.

martes, 28 de septiembre de 2021

Los ataques más antiguos de la historia

Elaboración propia. Mapa: Pter Dlouhý (Wikimedia Commons). Foto 1: Jeffrey Quilter; foto 2: Universidad de Kyoto; foto 3: Peter Siegel.

El hombre lleva miles de años conviviendo con el tiburón. Desde el instante en que por primera vez contempló el mar como una fuente de alimento y se decidió a meter los pies en el agua para investigar sus rincones, aprendió que los tiburones eran parte inevitable de una naturaleza que te daba la vida, pero también, en ocasiones, la muerte, una muerte que podía llegar a ser tan espantosa como alguna de las que siguen.

sábado, 10 de abril de 2021

Ataques 2020

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en una extraordinaria foto de Christian Pulham.

Hace ya unas cuantas semanas, el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón, más conocido como ISAF, en sus siglas en inglés, publicaba su informe anual sobre el 2020, y aquí os lo presentamos, este año con un poquito de retraso.

martes, 21 de enero de 2020

Ataques 2019

Tiburón cigarro (Isistius brasiliensis). Foto: Personnel of NOAA ship Pisces (tomada de AllRefer).

El ISAF (siglas del Archivo Internacional de Ataques de Tiburón), de la Universidad de Florida, acaba de publicar su informe anual. El equipo de especialistas analizó un total de 140 incidentes entre tiburones y personas ocurridos a lo largo del 2019, de los cuales solo 64 fueron considerados claramente como ataques no provocados, es decir, interacciones ocurridas en el medio natural (no en piscinas o tanques de acuario) en las que no hubo ningún tipo de provocación por parte de la víctima*. Son 18 casos menos que la media anual de los últimos 5 años, que se sitúa en 82. Aquí tenéis las cifras:

martes, 19 de marzo de 2019

Ataques 2018

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto: Mike Coots, Discover Sharks.
Hace unas semanas, el ISAF (Archivo internacional de ataques de tiburón) hizo público su informe anual, un documento interesante tanto para quienes amamos los tiburones como, sobre todo, para quienes los temen o los odian: sus estadísticas, claras y frías, demuestran la radical irracionalidad del miedo y del rechazo que estos magníficos animales provocan todavía en buena parte del público, incluso en países como el nuestro, en donde las vacas y los perros matan más personas y los petardos causan daños mucho más terribles.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Ataques 2017

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto de Andrew Fox.
El ISAF (ya sabéis, siglas del International Shark Attack File, "Archivo Internacional de Ataques de Tiburón") acaba de publicar las cifras de ataques registrados en todo el mundo durante el pasado 2017. En total se investigaron 155 incidentes, de los cuales solo 88, a su juicio, pudieron calificarse como ataques no provocados. El resto lo componen ataques provocados (30), "ataques" a embarcaciones (18), a cadáveres (2), accidentes en acuarios (1), y casos dudosos (12) o no confirmados (4).

jueves, 30 de noviembre de 2017

La memoria del tiburón

Pintarroja colilarga gris (Chiloscyllium griseum). Foto: Silke Baron, tomada de Wikimedia Commons.
Mucha gente sigue todavía creyendo que los tiburones son seres esencialmente estúpidos, dotados de un cerebro tan elemental que solo son capaces de pensar en una única cosa: triturar turistas. El que una idea así siga vigente en la mente de demasiada gente, a despecho de la cantidad de trabajos que, con radical contundencia, se han encargado de desmontarla en estos últimos años y cuyas conclusiones han aparecido en decenas de documentales y de reportajes de carácter divulgativo, a veces da para pensar si no seremos los seres humanos los que resultamos ser a veces un poco elementales, de piñón fijo, y nos cuesta deshacernos de conceptos e ideas aunque se nos demuestre que la verdad vaya por otro lado.
     La realidad es que los tiburones no solo son bichos sumamente inteligentes, sino que demuestran tener más memoria que cualquier votante medio de este país, por poner una comparación sin duda odiosa pero certera. Son capaces de almacenar bloques de información durante por lo menos un año entero y echar mano de cualquiera de ellos en el momento que lo necesiten para obtener algo que les resulta útil y beneficioso.

lunes, 13 de febrero de 2017

Ataques 2016

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias) de patrulla bajo las olas.


Un año más, el ISAF (como ya sabéis, siglas del International Shark Attack File, de la Universidad de Florida) acaba de publicar las cifras de ataques no provocados ocurridos durante el pasado 2016. Y un año más aquí las tenéis, bien fresquitas:

martes, 17 de enero de 2017

Lo erróneo de la identificación errónea

Simpática ilustración de Mason Philips titulada "Un error común" sobre un fondo de surfistas en superficie: "Fig. 1: León marino. Fig: 2: Ser humano sobre una tabla de surf. Fig. 3: León marino sobre una tabla de surf."

La teoría de la identificación errónea es ya un clásico en los debates sobre el porqué de los ataques de tiburón, en particular los que tienen como protagonista al tiburón blanco (Carcharodon carcharias) y su supuesta afición por mordisquear surfistas. Como sabéis, la idea es que en su gran mayoría son consecuencia de un error de identificación: el hambriento animalico confunde al surfista con una foca; camuflado contra el fondo, observa una forma que encaja en el perfil de presa que lleva grabado en el disco duro de su cerebro y se abalanza sobre ella. Quienes defienden esto argumentan que, vista desde abajo, la silueta de una tabla con un surfista encima, braceando y pataleando, recortada contra la claridad de la superficie, se parece a la de un pinnípedo como el elefante marino del norte (Mirounga angustirostris), uno de sus platos favoritos. Hay quien añade —sorprendentemente— que el gran blanco no tiene una gran agudeza visual y que por encima no siempre las condiciones de visibilidad son las más idóneas.
     Sin embargo, pese a su aparente lógica, esta teoría jamás ha sido testada o probada efectivamente, por lo que llama la atención que todavía siga gozando de una amplia difusión y predicamento, tanto más cuanto que, ya desde el primer momento, no han sido pocos los científicos que han manifestado serias dudas y reservas al respecto, empezando por el hecho de que el tiburón blanco tiene en realidad una vista muy buena. Hace pocas semanas se publicaba un interesante trabajo que recoge y actualiza algunos de sus argumentos a la luz de nuevos datos y observaciones. Lleva el elocuente título de "Do White Shark Bites on Surfers Reflect Their Attack Strategies on Pinnipeds?" ['¿Las mordeduras de tiburón blanco a surfistas son un reflejo de sus estrategias de ataque a los pinnípedos?']¹ y está firmado por Erich Ritter, el tipo aquel tan extravagante al que, como recordaréis, no se le ocurrió mejor idea que meterse entre un grupo de C. leucas para probar no-sé-qué y acabó mordido en una pata justo delante de las cámaras de Discovery Channel, y Alexandra Quester.
     Estos autores analizaron 67 incidentes ocurridos entre 1966 y 2015 en las costas de California y Oregón, en el Pacífico norteamericano, para llegar a la demoledora conclusión de que eso de la identificación errónea es un cuento chino². No existen evidencias de ningún tipo que sustenten esta teoría, más bien al contrario. Ni el tipo de daños causados, tanto a la persona como a la tabla, ni las tallas de los tiburones implicados concuerdan con un ataque con fines depredadores.

Diversos tipos de daños en tablas de surf... y de heridas en algunos pobres leones marinos.
Daños personales y materiales. El 13% de los incidentes analizados terminaron sin que el surfista y su tabla sufriesen apenas algo más que algún rasguño sin importancia, ni siquiera cuando el primero terminó en el agua, y en más del 72% los daños fueron considerados leves o moderados³. En el 21%, el tiburón o bien volvió a morder al surfista o bien reajustó su mordedura inicial; de ellos, el 64% acabaron sin daños o con daños leves. En conjunto, en una escala de 0 a 5, donde 0 indica daños inexistentes y 5 daños absolutos, la gravedad media de las heridas fue de 1,8. ¿Cómo casan estos datos con un ataque en toda regla por parte de un gran tiburón blanco? ¿Por qué tantos supervivientes? Los pinnípedos son criaturas sumamente ágiles —muchísimo más que su cazador— y escurridizas, y el tiburón lo sabe, como sabe también que su ataque debe ser lo más veloz, potente y devastador posible para matarlas o, al menos, inmovilizarlas a la primera, pues de lo contrario, adiós almuerzo.
     Una explicación que suele darse es que tan pronto se produce el contacto con el surfista, la tabla, o ambos —a veces bien encajaditos entre sus fauces—, los afinadísimos receptores químicos dispuestos en distintos puntos de la cavidad bucal detectan el error; el cerebro efectúa el cálculo coste-beneficio, concluye que no merece la pena emplear tanta energía en consumir una cosa tan mala y de tan poca sustancia, y el bicho, decepcionado, la suelta —la escupe—. Todo ello prácticamente en décimas de segundo. Aun aceptando esto, la violencia del encuentro inicial —más bien encontronazo— por fuerza debería causar daños bastante más graves, como los observados en leones marinos que lograron escapar de algún ataque, bien para seguir viviendo, bien para morir, atravesados de dolor, en una playa o sobre las tristes rocas de un islote.
     Otra posible explicación vendría dada por la técnica de caza bautizada en su momento por John McCosker como bite and spit ('morder y escupir'). Tras el brutal ataque, el tiburón suelta su presa y, desde una distancia de seguridad, aguarda hasta que se muera o quede suficientemente debilitada antes de proceder a devorarla con tranquilidad (el tiburón blanco es una criatura muy precavida, y con razón, pues aun herido de gravedad, un león marino adulto puede causar heridas muy serias). Durante este intervalo es cuando el surfista puede ser rescatado y recibir la asistencia médica necesaria. Pero igual que en el caso anterior, las evidencias hablan por si solas: el 76% de los supuestos ataques analizados no habrían servido para incapacitar a un pinnípedo.

En Point Reyes, California. Foto de Scott Anderson.
Tallas. Los tiburones blancos van variando su dieta a medida que crecen. Aunque existen pequeñas diferencias geográficas, en un cálculo conservador se estima que en la parte del Pacífico norteamericano los ejemplares de tallas inferiores a 3,5 m no tienen a los grandes pinnípedos como presas habituales, pues, entre otras cosas, carecen de la velocidad y destreza necesarias para enfrentarse a estos ágiles y fuertes animales, y además sus dientes todavía no han adquirido la forma y estructura necesarias para cortar su carne. Los ataques observados son excepcionales, y siempre a pinnípedos pequeños. Es entre los 3,5 y 4,5 m cuando estos mamíferos marinos comienzan a ser vistos como un alimento posible y deseable y ya se observan ataques, tanto más frecuentes cuanto mayor es el bicho. A partir de los 4,5 m, los pinnípedos son ya parte de su dieta regular.
     Pues bien, solo en 24 de los incidentes analizados se pudo lograr una estimación fiable de las tallas, pero incluso así los datos son reveladores, o al menos dan mucho que pensar: en el 50% los protagonistas fueron juveniles de entre 2,5 y 3,5 m, y en otro 25%, individuos de entre 3,5 y 4,5 m. ¿Cómo se explica esto? ¿Una casualidad, o es que a los jóvenes tiburones también les pone el surf?

¿De verdad que el tiburón blanco es incapaz de distinguir una foca de una tabla de surf con un señor (o señora) encima? El Carcharodon carcharias lleva cazando pinnípedos desde sus mismos orígenes como especie, con toda probabilidad siguiendo la senda abierta por sus padres y abuelos. Por eso cuesta creer que a lo largo de 6 millones de años de evolución paralela un depredador tan eficiente no haya tenido tiempo de forjarse una imagen clara y fidedigna, desde todas las perspectivas posibles, de una de sus presas primordiales, sobre todo porque de ello depende su supervivencia. La vista es un sistema de primer orden que el tiburón blanco emplea para localizar a sus presas y para fijar, por así decirlo, la diana de su trayectoria de ataque. Según se cree, utiliza una especie de búsqueda por imagen: en su cerebro guarda un archivo de imágenes con las que compara cualquier objeto o figura que detecta. Cuando hay coincidencia ataca, si no la hay puede acercarse a investigar, a ver qué es eso, a qué sabe.

Foto de Michael Scholl.
     Por otro lado, la teoría del error de identificación solo parece tener en cuenta observaciones realizadas desde una perspectiva estrictamente vertical. Si os dais cuenta, todos los dibujos, fotos y esquemas ilustrativos muestran una vista de la dichosa tabla de surf, con sus brazos y piernas —normalmente dos de cada— sobresaliendo de sus extremos, como tomada desde unos cuantos metros de profundidad justo en la vertical. Una imagen ideal que no siempre se ajusta a las condiciones impuestas por la realidad, no siempre las presas y las tablas se ofrecen desde esta perspectiva tan perfecta. Así vemos como en los casos estudiados la profundidad media fue de 4 m, con el fondo claramente visible en el 10,7% de los casos, lo cual quiere decir que por fuerza el tiburón debió de ver y aproximarse a sus "víctimas" viniendo desde un ángulo mucho más abierto, desde el cual la famosa silueta ideal se diluye y se convierte en otra cosa, y no desde luego en una foca.

Investigaciones y juegos. Los tiburones blancos son criaturas sumamente inteligentes y, en consecuencia, sumamente curiosas. Se les ha podido observar en infinidad de ocasiones acercándose a investigar, golpeándolos o mordiéndolos, los más diversos objetos, con aproximaciones indirectas u orientadas en función de su forma, tamaño y color, desde los más extraños hasta los más familiares, como los señuelos que imitaban la forma de sus presas. Y siempre el sentido de la vista jugando un papel fundamental.
     Una dieta tan variada y cambiante ontogénicamente hace de la curiosidad una necesidad. El tiburón necesita investigar constantemente, descubrir nuevas fuentes de alimento, encontrar las estrategias más idóneas para detectarlas y cazarlas. Por eso se acerca a los surfistas, golpea sus tablas, los "sopesa" con la boca (el tiburón no tiene manos) y, si no queda satisfecho, los vuelve a morder, a veces orientando la mordida para tratar de apreciar mejor su sabor y su contenido energético. Forma parte de su proceso de aprendizaje. Esto explica por qué la mayoría de las heridas son leves o moderadas y por qué los ejemplares implicados eran juveniles en su mayoría. Pero incluso en aquellos casos donde los daños fueron graves de verdad y además provocados por individuos de gran talla, de 4 a 6 m (un total de 7), la actividad investigadora no se puede descartar del todo. Según los autores, las heridas secundarias, causadas por las reacciones de la víctima, pueden llegar a ser tan severas o más que las del propio mordisco.
     Y no nos olvidemos del juego, uno de los elementos más decisivos en el proceso de aprendizaje de todo gran depredador. Gracias a él, un animal aprende a controlar sus movimientos, a dominar su cuerpo, a practicar y perfeccionar su técnica... aprende, en definitiva, a ser depredador. Por eso los tiburones blancos interactúan, "juegan", con los diversos objetos y bichos que encuentran, tal como se ha descrito. Se les ha visto acercarse a un surfista en súbitas y poderosas arrancadas, pese a tratarse de un objeto desconocido, que después quedaban en nada, o terminaban en un golpe, un roce o un pequeño mordisco. La teoría del juego explica el porqué de ese 50% de juveniles menores de 3,5 m implicados en los supuestos ataques.

     En fin, para concluir, que este artículo ya se nos ha ido bastante de las manos, lo cierto es que no deberíamos hablar de "ataques", sino de encuentros, o si lo preferís, de incidentes, en los que el tiburón no pretendía cazar una presa, sino investigar, aprender jugando, sobre todo los más chiquitines, que es que son un amor.

Los encuentros con tiburones blancos son más numerosos de lo que parece. Lo que ocurre es que la mayor parte pasan desapercibidos; los surfistas regresan a la playa y al chiringuito sonrientes, atléticos y felices... y nunca sabrán que durante unos larguísimos minutos han estado bajo la atenta mirada de un gran depredador. La reciente aparición de los drones nos ha abierto una ventana a una realidad que cada vez más gente desearía no ver. En la imagen, algunas escenas de juveniles investigando diversos tipos de tablas, un kayak y, en el centro abajo, un señuelo en forma de foca (foto: University of California at Davis), más un par de carteles advirtiendo del avistamiento de tiburones en un par de playas de California.

PS: Sobre el juego en los tiburones, podéis consultar este breve artículo sobre un pariente muy cercano del tiburón blanco, el cailón: Los juegos de los jóvenes cailones (Lamna nasus).
_______________________________
¹La referencia completa es: Erich Ritter & Alexandra Quester (2016). Do White Shark Bites on Surfers Reflect Their Attack Strategies on Pinnipeds? Journal of Marine Biology (1):1-7. http://dx.doi.org/10.1155/2016/9539010.
²Naturalmente, no lo dicen con estas palabras, sino así: "The results presented show that the theory of mistaken identity, where white sharks erroneously mistake surfers for pinnipeds, does not hold true and should be rejected" ('Los resultados que presentamos muestran que la teoría de la identificación errónea, según la cual los tiburones blancos confunden surfistas con pinnípedos, no es cierta y debe ser rechazada').
³Según la escala empleada, los daños leves comprenden laceraciones y pequeñas heridas punzantes en la persona, y arañazos y muescas superficiales en la tabla; los moderados, heridas subcutáneas sin pérdida de tejidos, y, en la tabla, muescas y cortes moderados, en los que el diente penetra hasta la mitad, sin pérdida de material. Tablas y surfistas se valoran conjuntamente, puesto que ambos son percibidos por el tiburón, al menos en teoría, como una unidad, no sabemos si bajo la categoría de "cosa rara", de "bicho raro", o qué (el estudio tampoco lo deja claro).

martes, 16 de agosto de 2016

El salto del Carcharodon carcharias

En False Bay. Foto de Chris Fallows.
Ya sabemos que muchos tiburones son capaces de pegar grandes saltos fuera del agua, eso que en inglés se conoce como breaching. Lo hemos visto en los marrajos, los campeones de altura, los cailones salmoneros, los jaquetones picudos, los zorros y también en los peregrinos, tan aparentemente lentos y pachorrones ellos. Pero no hay duda de que en esto de dar brincos el gran Carcharodon carcharias es un caso aparte.
     Su particular y fascinante fisonomía —esos enormes dientes triangulares bien visibles en una mandíbula desencajada que, dibujando un rictus cruel y salvaje, se abate como un destino inexorable sobre un pobre mamífero despistado— lo ha convertido, con la ayuda de Spielberg, en una especie de efigie que representa todo lo que hay de cruel e implacable en la naturaleza. Una imagen tan falsa como hipnótica que se encuentra firmemente implantada en el imaginario colectivo de gentes de todo el mundo. Esto explica por qué sus saltos son los más admirados, estudiados y filmados de todos los tiburones. Claro que a ello también ayuda —y no poco— el hecho de que los científicos han averiguado dónde y cuándo se producen, y también, gracias a especialistas como Rob Lawrence y Chris Fallows, han aprendido un truco para hacer que salten delante de las cámaras: remolcar a ciertas horas del día un señuelo con la silueta de una foca.

Foto de Remo Sabatini con dos mapas de Google indicando la situación de False Bay (arriba) y Seal Island (abajo).
Aunque en otras partes del planeta se han visto individuos realizando algún que otro salto, es en un pequeño rincón de Sudáfrica donde este comportamiento se manifiesta de manera sistemática en todo su esplendor, como parte de una estrategia de caza común: los alrededores de un diminuto y solitario islote rocoso situado en False Bay, una pequeña bahía del extremo suroccidental del país, muy cerca de Ciudad del Cabo, que se eleva unos pocos metros a apenas 5,7 km de las playas del norte de la bahía. Se trata de Seal Island, la isla de las focas, que con apenas 2 hectáreas de superficie (unos 400x50 m) alberga una población de alrededor de 64 000 lobos marinos del Cabo (Arctocephalus pusillus pusillus), una de las presas preferidas del gran blanco.
Fuente: Dirk Schmidt (2011),
Sunbird Publishers.
     Los tiburones se concentran alrededor de Seal Island en los meses del otoño e invierno austral, desde abril hasta septiembre-octubre, coincidiendo con el destete y las primeras incursiones en el océano de los jóvenes e inexpertos lobos marinos en busca de alimento... Y siguiendo a los tiburones, centenares de turistas, fotógrafos y cámaras de televisión, y algún que otro científico.
     Los científicos dividen el islote y sus alrededores en 6 zonas según la intensidad depredadora, como se observa en el gráfico. El área en rojo delimita el llamado, con ese tono dramático tan del gusto sajón, "anillo de la muerte", el perímetro de 200-500 m dentro del cual se producen la gran mayoría de ataques. En verde, la "plataforma de lanzamiento", el lugar donde suelen agruparse los lobos marinos antes de echarse a nadar hacia el sur en busca de comida (como se ve, la zona 4 es la que concentra, con diferencia, el mayor número de ataques, y, por tanto, donde más saltos se puede observar). Saben que en grupo las posibilidades de supervivencia son mayores que viajando en solitario.
     Las particulares características físicas de la zona —12-16 m de profundidad y aguas con baja visibilidad— son las óptimas para que el tiburón blanco emplee una de sus técnicas de caza más impresionantes: la emboscada, el ataque por sorpresa, viniendo desde atrás y abajo a una velocidad de vértigo. La potencia de la acometida es tal, que hace que una bestia de una tonelada salga literalmente volando por encima de la superficie dando lugar a escenas difíciles de olvidar... Según Dirk Schmidt¹, "Analizando secuencias documentadas de tiburones acelerando para saltar, se ha estimado que para lanzarse completamente fuera del agua un ejemplar de 1000 kg debe haber alcanzado una velocidad (bajo el agua) de entre 45 y 50 km/h". En un ataque que dura apenas 2 segundos.
     Los ataques se producen sobre todo al amanecer y al atardecer, cuando hay poca luz y los lobos marinos salen o vuelven de su jornada de pesca; otros factores que influyen son la visibilidad del agua y la luminosidad del día. Los investigadores han descubierto que antes de la salida del sol las posibilidades de desencadenar un ataque mediante un señuelo superan el 75%, porcentaje que cae sustancialmente a medida que se incrementa la luz hasta quedar por debajo del 10% en las horas centrales del día, y viceversa, vuelve a subir a medida que va cayendo el sol. Parece evidente que el mediodía de una jornada de un sol espléndido iluminando aguas claras es el mejor momento para no sufrir una emboscada.

Foto: David Jenkins.
Hay diferentes tipos de saltos. Entre las clasificaciones que se han propuesto, la más sencilla es la que recoge Dirk Schmidt en su libro White Sharks: Magnificient, Mysterious and Misunderstood, que distingue tres categorías según el ángulo de salida respecto de la superficie: Vertical, Aéreo y Superficial.

1. Vertical o "Polaris". Como su nombre indica, el tiburón realiza un salto prácticamente vertical, en el que su imponente masa corporal se eleva parcial o totalmente hasta 3 m por encima de la superficie. Lleva el sobrenombre del Polaris, aquel misil balístico desarrollado en los años 60 —plena Guerra Fría— que se lanzaba desde un submarino sumergido².
     Se trata seguramente de la modalidad que exige un mayor nivel de destreza y precisión. Camuflado contra el fondo oscuro, a unos 12-16 m de profundidad, el tiburón debe fijar correctamente la posición y trayectoria de una presa que recorre velozmente la superficie antes de lanzar su brutal ataque.

Foto: Chris Fallows.
Impulsado por la poderosa caudal en forma de media luna, en menos de 2 segundos el tiburón pasa de 6-7 km/h a una velocidad punta de casi 50 km/h; y décimas de segundo antes del contacto todavía puede realizar alguna corrección en su propia trayectoria mediante las aletas pectorales... y la víctima está perdida... o casi. A veces el tiburón emerge con un lobo marino incrustado entre sus dientes, y otras muchas el pinnípedo salva la primera dentellada mortal y sale proyectado en otra dirección —en estos casos el tiburón a menudo vuelve la cabeza como para localizarlo visualmente—, con un buen susto o con una buena herida... o por algún azar esquiva la brutal acometida y desesperadamente emprende la huida, que cuanto más dure en el tiempo más posibilidades tendrá de salvarse.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotos de Sergio Riccardo, Dirk Schmidt, Chris Fallows y Dirk Schmidt.
En Seal Island muchos lobos marinos exhiben gloriosas heridas y cicatrices de guerra.

2. Aéreo. Seguramente el salto más espectacular. El tiburón sale "volando" —casi literalmente— por encima de la superficie, regresando al agua tras completar un giro de hasta 360º, tal es la potencia desplegada. En ocasiones, en el momento de mayor altura parece como si se quedase suspendido en el aire antes de dejarse caer en plancha.

Foto: Steve Bloom.
El tiburón generalmente se aproxima a su víctima desde un ángulo lateral o posterior, y como en el primer caso, no siempre logra su objetivo a la primera, dando lugar a una cacería en la que ambas partes ponen en juego diversas estrategias que escapan al tema de este artículo.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotos de: <www.couriermail.com.au>, Ralph Boehm, Nikolaj Zinovev, Mark van Coller.

3. De superficie. Es el menos espectacular. De hecho, en realidad no se puede hablar de salto en el sentido habitual del término. No es fruto de una emboscada como los anteriores, sino de una persecución que se ha iniciado momentos antes viniendo desde atrás, en un ángulo cerrado. Sin embargo, la potencia y velocidad de la acometida suele empujar fuera del agua la mitad anterior del tiburón y en ocasiones el cuerpo entero.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotos de Dan Callister, Chris Fallows, Liron Samuels, David Baz Jenkins.

Otra clasificación posible. Para daros una idea de la complejidad de este comportamiento, otros autores distinguen, tras el Polaris, tres tipos de ataque: superficial (Surface broach), lateral (Lateral broach) e invertido (Inverted broach). En el primero, el tiburón sale total o parcialmente del agua con el cuerpo inicialmente en posición vertical pero con el eje corporal formando un ángulo de 45-0º con el horizonte; el segundo es similar, excepto que el cuerpo emerge ya con una orientación lateral (el ángulo de su eje respecto del horizonte es igualmente de 45-0º); y en el tercero, el tiburón salta panza arriba. En los tres casos, el animal regresa al agua a una distancia del punto de salida de alrededor de 0,5-1,5 veces su longitud corporal.

Secuencia fantástica de Alessandro De Maddalena, uno de los grandes especialistas en el tiburón blanco.
Y para terminar, unas imágenes de la extraordinaria serie de la BBC Planet Earth, acompañadas por la voz del inigualable Sir David Attenborough.


PS: A veces, los saltos del tiburón blanco no acaban como tienen que acabar. Bien porque el animal, por inexperiencia o por lo que sea, no hace los cálculos correctos, bien porque los seres humanos somos así de pesados y nos colocamos en el lugar y posición menos idóneos, a veces ocurre que un tiburón acaba aterrizando... dentro de una embarcación, tal como podéis ver en las fotografías de abajo. Las dos superiores son capturas de vídeo que muestran un ejemplar joven que terminó encima de un barco repleto de turistas alemanes (no, no estaba la Merkel), quienes, entre sorprendidos y aterrorizados, fueron testigos de como el pobre bicho se debatía desesperadamente por regresar al mar (lo consiguió al cabo de unos pocos minutos).


En las dos fotografías de abajo aparece un ejemplar de 3 m y casi 500 kg que aterrizó en la bañera de una lancha de unos científicos, justo al lado del que estaba echando cebo. Cuando al animal se agotó y/o tranquilizó, y ante la imposibilidad de devolverlo por si solos al agua, los científicos se vieron obligados a volver a tierra. Con ayuda de una grúa lo depositaron en el agua, lo amarraron a un costado del barco y lo llevaron mar adentro, para que se fuese ventilando. Parece que sobrevivió.

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¹Dirk Schmidt (2011). White Sharks: Magnificient, Mysterious and Misunderstood. Cape Town, Sunbird Publishers.
²Por si a alguno eso del Polaris os suena a chino, en la imagen de la derecha tenéis un A-3, su última versión (la foto de la izquierda es de Chris Fallows).


³Véase R. Aidan Martin, Neil Hammerschlag, Ralph S. Collier & Chris Fallows (2005). Predatory behaviour of white sharks (Carcharodon carcharias) at Seal Island, South Africa. Journal of the Marine Biological Association of the UK, 85, 1121-1135.

lunes, 13 de junio de 2016

Tintoreras en la costa gallega



Los tiburones pelágicos son organismos asombrosos que permanecen durante todo su ciclo vital en un ambiente oceánico extremadamente oligotrófico, por el que recorren miles de millas en busca de áreas más ricas donde alimentarse. Entre ellos se encuentra el tiburón azul o tintorera (Prionace glauca), un escualo cosmopolita oceánico de gran distribución mundial, frecuente en todos los océanos tropicales y templados del planeta.


La tintorera o tiburón azul es cosmopolita, relativamente frecuente en todos los océanos tropicales y templados del planeta, incluyendo las aguas de Galicia.


Galicia se encuentra en su área de distribución habitual y no resulta extraño observar ejemplares jóvenes a pocas millas de la costa, como se aprecia en el siguiente vídeo que obtuvimos en una salida pelágica frente a las islas Cíes.



Lo que si resulta del todo inusual es encontrarse esta especie en aguas someras como playas y puertos. Sin embargo, esto es lo que ha estado ocurriendo con relativa frecuencia durante estos últimos dos años en nuestro litoral, aunque ya en el verano de 2013 se registró la presencia de numerosos juveniles bastante cerca de la costa (véase Mejuto et al. 2014).

Quenllas en el muelle de Muros. Foto: Toño Maño.

Por ello nos hemos animado a realizar un registro de estos extraños eventos, lo que nos ha permitido analizar el fenómeno en detalle dando como resultado el siguiente estudio, publicado en el Journal of Fish Biology: Observations of newborn blue sharks Prionace glauca in shallow inshore waters of the NE Atlantic Ocean, en donde se presentan nuevos datos sobre este sorprendente y novedoso comportamiento.

En los últimos veranos se ha incrementado inesperadamente la presencia de neonatos y juveniles en aguas costeras poco profundas de Galicia.

Dicho estudio describe como en los últimos dos años, durante los veranos de 2014 y 2015, se ha incrementado inesperadamente la presencia de neonatos y juveniles en aguas costeras poco profundas de Galicia.

Tintoreras en el muelle de Muros. Fotos: Toño Maño y Rafael Bañón.

También se analizan diferentes causas para tan insólito comportamiento, como son ciertas variaciones en las condiciones oceanográficas, altos niveles de reclutamiento de la especie, o cambios en las áreas de cría tradicionales conocidas.



Esta publicación ha sido posible en buena medida gracias a las desinteresadas aportaciones de organizaciones conservacionistas como la CEMMA y de un importante número de personas que, desde todos los puntos de Galicia, registraron y comunicaron sus observaciones de tintoreras, casi siempre acompañándolas de valiosos vídeos y fotografías, a través de los más diversos medios [véase Agosto de tintoreras 2015]. Agradecemos profundamente este esfuerzo y compromiso, que supone un claro ejemplo del concepto de ciencia ciudadana, que está ayudando a registrar y a describir los más diversos fenómenos incluso a escala global (un ejemplo es ECOCEAN, y este post sobre tiburones ballena).

Dado el valor de estas observaciones, resulta crucial dar continuidad en el tiempo al registro de este tipo de información para realizar análisis más profundos y obtener conclusiones más robustas sobre este fenómeno. Esto debería permitir confirmar la persistencia de estos comportamientos y bajo qué circunstancias ocurren.

Agradecemos profundamente vuestro esfuerzo y compromiso, que supone un claro ejemplo del concepto de ciencia ciudadana, y esperamos que esta colaboración tenga continuidad.

Os animamos a todos a seguir informando de nuevas citas y observaciones de tiburones. Y no solo de tintoreras o quenllas, sino también de tiburones peregrino (Cetorhinus maximus), que suelen visitarnos en primavera y verano, así como de otras especies que puedan ser de interés.

Juvenil de Prionace glauca. Fuente: Marcados para sobrevivir (BEC).

Podéis comunicar vuestras observaciones a través de los siguientes canales:
O bien, siguiendo los cauces más habituales, llamando al 112, o poniéndoos en contacto con la CEMMA, la Rede de Varamentos (686989008), o con cualquier asociación medioambiental que conozcáis, para que al menos quede alguna constancia de vuestro registro.

IMPORTANTE: Cuanta más información nos hagáis llegar, mejor, pues más completos serán los resultados al finalizar la temporada: día, hora, posición, zona geográfica y datos sobre el lugar, tamaño aproximado, el comportamiento del ejemplar o ejemplares, sexo, etc. Es más que recomendable adjuntar una o dos fotos con referencia visual de tamaño (es decir, colocando al lado del ejemplar un objeto como una moneda o un reloj para determinar el tamaño), si es posible una instantánea de la zona ventral, para confirmar sexo y la presencia de cicatrices umbilicales.

Referencia: Rafael Bañón, Toño Maño, Gonzalo Mucientes (2016). Observations of newborn blue sharks Prionace glauca in shallow inshore waters of the NE Atlantic ocean. Journal of Fish Biology.


miércoles, 10 de febrero de 2016

Ataques de tiburón 2015

Carcharodon carcharias (foto: Rafa Aso).

El ISAF (siglas de International Shark Attack File, 'Archivo Internacional de Ataques de Tiburón') acaba de publicar las cifras de ataques no provocados ocurridos en todo el mundo durante el pasado 2015. Tras investigar más de 160 incidentes, sus datos son los siguientes:

98 ataques no provocados, 26 más que en 2014, según el ISAF...
... o bien 102 si contamos 22 ataques en Australia, tal como reporta el Australian Shark Attack File, en lugar de los 18 del ISAF.

6 personas fallecidas en todo el mundo, el doble que el año anterior. Dos en la isla de Reunión y una en Australia, Nueva Caledonia, Hawaii y Egipto.

Distribución de los ataques. Como es habitual, los EEUU se llevaron la peor parte del pastel. Nada menos que el 76,5% del total. Fueron 59 ataques (frente a los 52 de 2014), ocurridos en su mayoría (30) en Florida, como era de esperar (con los condados de Volusia y Brevard a la cabeza), seguidos de los 8 en cada una de las dos Carolinas, 7 en Hawaii, 2 en California, 2 en Texas, y uno en Mississippi y New York.
En el resto del mundo, 18 (o 22) ataques ocurrieron en Australia (la mayor cifra desde el año 2009, con 22), 8 en Sudáfrica, 4 en Reunión, 2 en las Canarias, 2 en las Galápagos, y uno en las Bahamas, Brasil, Egipto, Nueva Caledonia y Thailandia.

Tipología de las víctimas. Los practicantes de deportes de tabla como los surfistas fueron los más solicitados por los tiburones, con un 49% de ataques, lo cual no deja de tener su lógica, al tratarse de personas que pasan muchísimo tiempo en zonas de rompiente, muy frecuentadas por estos bichos, chapoteando con brazos y piernas. A cierta distancia se sitúan bañistas y vadeadores (42% de los ataques), y practicantes de snorkel (9%). Este año tampoco ha habido ataques a buzos.

¿Qué es un "ataque no provocado"? Por ataque no provocado nos referimos a incidentes ocurridos en un ambiente natural cuando no existe ningún tipo de provocación por parte de las personas. Por tanto, quedan excluidos los ocurridos en acuarios o en el mar durante actividades científicas, ataques a embarcaciones, mordeduras post-mortem, etc.

Jaquetón toro (Carcharhinus leucas). Foto: Klaus Jost, The Shark Laboratory.

CONCLUSIONES.

Podemos repetir perfectamente las de años anteriores. A saber:

1) Los tiburones no son tan fieros y sanguinarios como los pintan. Más bien al contrario. Si pensamos, una vez más, en los millones de horas que millones de personas pasan metidos en el agua a lo largo de millones de kilómetros de mar y costa en todo el mundo... alrededor de 100 ataques y menos de 10 fatalidades representan una cifra irrisoria (no así, evidentemente, para los interesados). Cualquier autoridad de tráfico la firmaría sin pensárselo dos veces, celebrándolo con champán y exhibición bailes regionales.

2) El que un año más la zona del planeta donde más ataques se producen (Florida, EEUU) termine la temporada sin víctimas mortales demuestra la importancia de la educación y de las medidas de seguridad en las playas (vigilancia, control, médicos) para prevenir malas experiencias. Aunque los encuentros son inevitables y no siempre terminan bien, es posible disfrutar el mar y sus criaturas si autoridades y bañistas actúan con sensatez y sentido común. Científicamente probado. Cuando fallamos en estas cosas tan elementales puede ocurrir como en Reunión, donde llevan 7 muertos en cinco años, algunos debidos a graves imprudencias, y tenemos a las incompetentes autoridades haciendo caso a un grupo de niños pera con tablas de surf pidiendo a gritos la caza del tiburón que no les deja meterse en el agua como y cuando a ellos les viene en gana. Muy triste.


PS: Quien desee consultar las cifras de años anteriores solo tiene que pinchar en los siguientes enlaces: 2012, 2013, 2014.