Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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sábado, 10 de abril de 2021

Ataques 2020

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en una extraordinaria foto de Christian Pulham.

Hace ya unas cuantas semanas, el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón, más conocido como ISAF, en sus siglas en inglés, publicaba su informe anual sobre el 2020, y aquí os lo presentamos, este año con un poquito de retraso.

martes, 21 de enero de 2020

Ataques 2019

Tiburón cigarro (Isistius brasiliensis). Foto: Personnel of NOAA ship Pisces (tomada de AllRefer).

El ISAF (siglas del Archivo Internacional de Ataques de Tiburón), de la Universidad de Florida, acaba de publicar su informe anual. El equipo de especialistas analizó un total de 140 incidentes entre tiburones y personas ocurridos a lo largo del 2019, de los cuales solo 64 fueron considerados claramente como ataques no provocados, es decir, interacciones ocurridas en el medio natural (no en piscinas o tanques de acuario) en las que no hubo ningún tipo de provocación por parte de la víctima*. Son 18 casos menos que la media anual de los últimos 5 años, que se sitúa en 82. Aquí tenéis las cifras:

lunes, 16 de febrero de 2015

Ataques de tiburón 2014

Foto: Rafa Aso.

Como todos los años, el ISAF acaba de publicar las cifras globales de ataques de tiburón registrados en todo el mundo durante el pasado año 2014, y como todos los años, aquí tenéis un pequeño resumen.

72 ataques no provocados. De las 130 interacciones o, si lo preferís, encuentros hombre-tiburón investigados, solo 72 se consideraron propiamente como ataques no provocados, es decir, ataques ocurridos sin provocación previa por parte de la persona. Es el número más bajo desde los 68 ataques del 2009.

3 personas fallecidas... en todo el mundo. Sin duda el dato más espectacular, sobre todo si lo comparamos con las 10 del año anterior. Fueron dos en Australia (Nueva Gales del Sur) y una en Sudáfrica (Eastern Cape).
En cualquier caso, aunque el dato es positivo, estos números deben valorarse a medio o largo plazo. Es muy posible que el próximo año la cifra nefasta vuelva a crecer y situarse en el entorno de las 10 muertes, que viene siendo la tendencia de estos últimos años.

Distribución de los ataques. Los EEUU se llevan la mayor parte, con 52 ataques (62,5% del total), 5 más que en 2013. Florida, es el estado más "atacado", particularmente Volusia County; más de la mitad de los ataques registrados en todo el país se produjeron aquís 28 ataques registrados representan más del 50% de todo el país (54%). A gran distancia le siguen Hawai (7 ataques), Carolina del Sur (5), Carolina del Norte (4), California (4), etc.
En cuanto al resto del mundo, que también existe, 11 ataques se registraron en Australia, 2 en Sudáfrica, y uno en Reunión, Japón, España, Nueva Zelanda, Polinesia Francesa, Nueva Caledonia y las Galápagos. En Galicia, 0, lo cual demuestra o bien que aquí somos muy prudentes, o bien que nuestras aguas las hemos vaciado de tiburones. No sé con cuál quedarme.

Tipología de las víctimas. Una vez más, la tendencia se repite: la inmensa mayoría de las víctimas fueron surfistas o practicantes de algún tipo de deporte de tabla, con nada menos que el 65% de los ataques. Esto tiene su lógica: pasan más tiempo en el agua, en una zona donde a los tiburones les gusta estar al acecho, chapoteando, braceando, etc., es decir, generando un ruido muy atractivo para estos depredadores.
Solo el 32% de los ataques fueron a bañistas y nadadores, y un 3% a buceadores con snorkel (ninguno a buzos de botella).


CONCLUSIONES:

1) Una vez más, la conclusión más evidente es que los tiburones no son tan fieros como mucha gente se empeña todavía en pintarlos, contra toda evidencia. 72 ataques (deberíamos llamarlos accidentes, porque en el fondo es lo que son) y 3 muertes, en todo el mundo, a lo largo de todo un año, son cifras que, referidas a otras actividades cotidianas como el trabajo o conducir un coche firmaría cualquier presidente para su país, con los ojos cerrados y además brindando con champán.

2) Pensémoslo otra vez: 72 ataques o accidentes (¿alguien se ha molestado en averiguar cuánta gente muere destrozada por la hélice de un fuera borda, o por un corte de digestión?) y 3 muertos, en todo un año, después de que millones y millones de personas hayan permanecido millones y millones de horas metidas en el agua a lo largo de millones de tramos de océano de todo el mundo... ¿de verdad son tan fieros y voraces los tiburones? Si fuesen la mitad de lo que muchos creen, el número de muertos sería terrorífico.
El hombre es una criatura muy triste: vota y defiende a quienes causan la desgracia y la muerte tanto de sus vecinos (por ejemplo provocando y gestionando una crisis) como de sus congéneres de otras partes del mundo, pero se echan las manos a la cabeza cuando se enteran de que un tiburón acaba de merendarse a un bañista y reclaman venganza.

3) Otro dato sumamente esclarecedor es que en el país del mundo donde se han producido más ataques, los EEUU, no ha habido ningún muerto. Esto quiere decir que cuando la población está bien informada sobre las situaciones de riesgo que conviene evitar, cuando las autoridades invierten no solo en concienciación social, sino en medidas de seguridad en las playas y de asistencia en caso de ataque, el riesgo de ataques y, fundamentalmente, de muerte se reducen considerablemente, a veces hasta 0.
Acabamos de conocer la trágica noticia de un ataque que nunca tendría que haber ocurrido si se hubiesen tenido en cuenta las recomendaciones que los expertos se empeñan, una y otra vez, en meternos en la cabeza, una desgracia más que previsible. Ocurrió en la isla de Reunión: una pareja decidió meterse en el agua al atardecer (la peor hora), y además en una zona de aguas turbias próxima a la desembocadura de un pequeño río en la que el baño estaba desaconsejado y donde ya se había producido otro ataque un par de años atrás. La joven, de 20 años, sufrió dos mordeduras en una pierna de las que no pudo recuperarse. Murió durante la noche en el hospital.
La pregunta es: ¿El tiburón es el culpable, o lo es la parte supuestamente "racional" del problema?

Foto: Rafa Aso.

martes, 18 de febrero de 2014

Ataques de tiburón 2013

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Fotografía de Rafa Aso.

El ISAF (siglas del International Shark Attack File, 'Archivo Internacional de Ataques de Tiburón') acaba de publicar los datos de ataques de tiburón ocurridos en todo el mundo durante el pasado 2013. Este es el resumen:

-75 ataques no provocados. Nueve menos que durante el 2012. Recordemos que se consideran ataques no provocados aquellos que se producen en el medio natural sin que haya habido provocación alguna por parte de la víctima. De 125 interacciones hombre-tiburón reportadas, sólo 75 obtuvieron esta consideración.
El país con mayor número de ataques sigue siendo EEUU, con 34, esto es, el 47,2 % del total. A gran distancia le siguen Hawai (13 ataques) y Australia (10); a continuación Suráfrica (5), Reunión (3) y Jamaica (2); y con un único ataque se encuentran Brasil, Diego García, Nueva Caledonia, Nueva Zelanda y las Seychelles.

-10 víctimas mortales. Son tres más que en el 2012, superando claramente el promedio de seis cada año para el periodo 2003-2012.
Sin embargo, si valoramos esta triste cifra desde una perspectiva temporal más amplia, lo que observamos es que confirma una sólida tendencia a la baja que lleva produciéndose durante las últimas 11 décadas.
Fueron dos víctimas en Australia y otras dos en la isla de Reunión; y una en Brasil, el atolón de Diego García, Hawai, Jamaica, Nueva Zelanda y Suráfrica.

-Tipología de las víctimas: 46% de los ataques fueron a surfistas y practicantes de algún otro deporte de tabla, el 31% a bañistas y nadadores, y el 14% a buceadores.
Esta diferencia probablemente se deba a la mayor cantidad de tiempo que los surfistas pasan en el agua chapoteando, braceando, etc., en una zona, además, frecuentada por los tiburones.

Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier). Foto de Raquel Rossa.

En resumen: a pesar de la globalización y de los espectaculares avances en las tecnologías de la comunicación y la información, que hacen cada vez más difícil pasar por alto (u ocultar) cualquier ataque ocurrido en el punto más remoto del planeta, y a pesar también del cada vez mayor número de personas que pasan sus vacaciones no sólo cerca del mar, sino metidas en él durante cada vez más tiempo, el número de ataques reportados (incluidos los ataques mortales) sigue descendiendo. Esto significa dos cosas:
  1. Que los tiburones no son tan fieros como los pintan y como mucha gente todavía se empeña en creer. No están ahí para masticar señores, sino porque el mar es donde viven y donde comen.
  2. Que la única forma de reducir el riesgo de un ataque de tiburón es la educación de los usuarios de las playas, la mejora en las medidas de seguridad y, en determinados puntos calientes, el contar con personal bien entrenado para atender, con la suficiente rapidez y eficacia, a cualquier víctima. Es por este motivo por el que en los EEUU se está reduciendo significativamente el número de ataques y de fatalidades.
Las vacas causan muchísimas más muertes al año que los tiburones, también los perros, los osos, los hipopótamos... y, encima de todos ellos, las propias personas. El ser humano es el mayor depredador de seres humanos.

[Información más completa pinchando aquí].

>>Véase también los siguientes posts:

lunes, 25 de febrero de 2013

Ataques 2012: En defensa de los tiburones

Vuelvo a las andadas
Esta vez le toca a un artículo de Alan Yuhas publicado hace justo una semana, el lunes 18, en The Guardian. Tiene cosas muy interesantes y muy bien expuestas, y otras que, a mi juicio, son un pelín más flojas. No obstante, el conjunto merece la pena, y además complementa muy bien el post que dedicamos al tema de los ataques del año pasado: Ataques de tiburón 2012. A ver qué os parece (y bueno, podéis estar seguros de que traduciendo soy bastante mejor que Google).

EN DEFENSA DE LOS TIBURONES

Los EEUU sufrieron más ataques en 2012 que en toda una década, pero no se dejen llevar por esa aterradora propaganda. Vivir con los tiburones no sólo es necesario, es fácil.

En la actualidad los tiburones martillo están en peligro de extinción, puesto que son especialmente vulnerables a la pesca y viven en zonas en gran parte carentes de legislación. Foto: Getty Images.

La semana pasada el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón (ISAF) informaba de que en el 2012 se habían producido 80 ataques en todo el mundo con siete víctimas mortales. No me lo tomen a mal, cualquier pérdida de vidas humanas es trágica y merece nuestra atención, pero, contrariamente a la creencia popular, no vivimos expuestos a un peligro constante. En realidad, teniendo en cuenta que los seres humanos matamos entre 30 y 70 millones de tiburones al año, es a los tiburones a quienes hay que salvar de nosotros.

Prácticamente cualquier argumento les llevará a esta conclusión, desde las estadísticas de riesgos individuales hasta los sentimientos, pasando por la ecología y la economía. Así pues, vayamos hasta el fondo, por decirlo de algún modo.

El año pasado se produjeron 53 ataques en los EEUU, el mayor número desde el 2006; 26 ocurrieron en Florida y uno con resultado de muerte en California. Para ponerlo en perspectiva, los perros mataron a 38 norteamericanos el año pasado; los rayos mataron a 22 (5 en Florida). Las bañeras, las avispas y los deportes universitarios son más peligrosos que los tiburones. Los fuegos artificiales, las tormentas catastróficas y montar en bici, todos suponen riesgos mayores.

Solamente los selacófobos más empedernidos necesitan que se les recuerde que los seres humanos son más terroríficos que los peces. El año pasado hubo 506 homicidios en Chicago, y un hombre intentó comerle la cara a otro en una autopista (en Florida también). Teniendo en cuenta que miles de millones de personas se pasan miles de millones de horas metidos en el agua, es sorprendente que ocurran tan pocos incidentes.

Para llegar a lo más alto de la cadena alimentaria, una especie debe pagar un precio evolutivo, se trate de un león, una orca o un tiburón blanco. Los súperdepredadores son más longevos pero se reproducen menos, y de forma natural sus poblaciones son mucho más pequeñas que las de sus presas, volviéndolos vulnerables a presiones procedentes del exterior. Cuando un súperdepredador desaparece, se inicia una "cascada trófica", lo cual suena acertadamente catastrófico.

Sin depredadores, las presas fuera de control diezman las plantas, y los parásitos y enfermedades proliferan a lo largo de sus poblaciones en auge poniendo en peligro las cosechas y las explotaciones ganaderas, y en ocasiones transmitiendo enfermedades a los seres humanos. Cada vez más especies comienzan a extinguirse, y nosotros nos encontramos pretendiendo que podemos controlar las poblaciones mejor que sus anteriores depredadores. La agricultura pierde miles de millones de dólares sin murciélagos que combatan a los insectos, por poner un ejemplo. Los súperdepredadores son reguladores con dientes.

La pesca está ya tratando de conjurar la derrota ecológica. Con al menos el 30% de las pesquerías mundiales sobreexplotadas, los consumidores han dado prioridad a los pescados y mariscos sostenibles, y la industria ha respondido. La reciente serie de la NPR (1) sobre las pesquerías sostenibles muestra como las compañías y las economías dependientes de la pesca están tratando de hacer frente a esto, pero provocando todavía grandes daños colaterales.

Las capturas accidentales peces capturados involuntariamente no siempre figuran como requisito para la etiqueta de "sostenible", lo que significa que millones de delfines y tiburones, entre otros animales, mueren accidentalmente sin control. En el caso de una pesquería certificada, por cada pez espada "sostenible" se mataban dos tintoreras. La industria puede asestarse a sí misma dos golpes terribles: sobreexplotar los animales de presa, lo cual los haría más vulnerables a la extinción; y eliminar un súperdepredador, lo cual arrojaría al caos a los supervivientes. Finalmente, los suministros no podrán satisfacer la demanda, se perderán puestos de trabajo, y subirá el precio del pescado y de otros productos alimentarios. Acaben o no transformados en alimento, los tiburones son todavía un engranaje esencial de la economía del planeta.

Como cualquier negocio, los medios de comunicación tienen que ganar dinero para sobrevivir, y la veracidad y el contexto son lo primero que se lanza por la borda para evitar que el barco se hunda. Nos encontramos con los buenos, los malos y el Discovery Channel, que ofrece su panegírico anual a los tiburones con títulos tan amables como "Devorado vivo", "Sharkzilla" y "Apocalipsis de los tiburones voladores" (2). La red ha mejorado sus esfuerzos de conservación durante estos años, pero de manera desproporcionada todavía prefiere el sensacionalismo a la ciencia.

El contexto de estos ataques demuestra en buena medida que si se hacen las cosas bien, las personas y los tiburones pueden coexistir sin problemas. Por ejemplo, el ISAF distingue entre ataques "provocados" y "no provocados". Por muy estúpido que pueda parecer, algunas personas creen que agarrar a los tiburones es una buena idea. Normalmente los ataques se producen en momentos y lugares determinados: por ejemplo, los tiburones recorren Florida y Australia occidental en sus migraciones. La mayoría de las mordeduras no suponen riesgo de muerte, y a menudo ocurren cuando un tiburón confunde un ser humano con una presa. Podemos pensar que el chapoteo y el ruido son divertidos, pero los tiburones los ven como señales de un animal enfermo. No debería sorprendernos que el 60% de las víctimas sean surfistas, quienes con diferencia permanecen en el agua más tiempo que el resto, y provocando turbulencias. Si sabes dónde estás y de qué forma actuar, la aplastante probabilidad es que no te pase nade.

Los animales, incluso los peligrosos, jamás han sido "máquinas de matar", sólo nuestra imaginación los convierte en monstruos. En Tiburón el director Steven Spielberg se sirvió de una cámara y un muñeco para fabricar el horror. Utilizó el tiburón como símbolo de algo inescrutable y voraz. Pero también hemos visto el otro extremo de la ecuación: gente arrancándole las aletas al tiburón mientras está vivo, largando desde un barco decenas de animales retorciéndose destrozados por culpa de una sopa.

Para protegernos, lo único que nos hace falta es sentido común. El océano es un espacio natural como cualquier otro, y deberíamos entrar en él preparados. Además, deberíamos proteger a los tiburones, sobre todo porque algunas especies, como los tiburones martillo, se enfrentan ya a su extinción. Todavía hay esperanzas: California ha seleccionado al tiburón blanco como candidato para entrar en la lista de especies en peligro, la Shark Conservation Act ('Ley de Protección del Tiburón'), aprobada en 2010, y durante estos últimos años diversas campañas han ganado fuerza.

Los tiburones son extraños, asombrosos y mantenían el equilibrio de los océanos mucho antes de que apareciese el hombre. Los necesitamos y ellos nos necesitan a nosotros.

Alan Yuhas

__________________
(1) Siglas de la National Public Radio ('Radio Nacional Pública'), organización de emisoras de radio independiente de los EEUU.
(2) Literalmente, Air Jaws Apocalypse, tercera o cuarta entrega de la serie Air Jaws, que aquí se tradujo en su momento como "Tiburones voladores". Como seguramente sabéis, en España este capítulo se tituló "Colossus, el gran tiburón".

viernes, 15 de febrero de 2013

Ataques de tiburón 2012

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en una espectacular foto de Remo Sabatini tomada en Suráfrica.
Mucha gente todavía considera los tiburones como unos bichos sanguinarios siempre dispuestos a triturar bañistas y a multiplicar los beneficios de los fabricantes de prótesis. Contra toda evidencia, la palabra tiburón es sinónimo de amenaza, peligro, vísceras flotando en el azul entre nubes de sangre, y terror.

Número de ataques no provocados: Como todos los años desde hace una década, el ISAF (siglas del International Shark Attack File, 'Archivo Internacional de Ataques de Tiburón') acaba de publicar las cifras de los ataques registrados en todo el mundo durante el 2012. Pues bien, el número total de ataques no provocados fue de... ¡80!, dos más que en el 2011, pero dos menos que en el 2010.

Esto debería hacernos reflexionar: si pensamos en los millones de personas que anualmente abarrotan los miles y miles de kilómetros de playas donde hay tiburones rondando, la cifra, como poco, resulta ridícula —no así, evidentemente, para las víctimas y sus allegados, pero esa es otra cuestión. Son muchas más las víctimas de mordeduras de otros seres humanos o, vicariamente, de sus perros.

Número de muertes por ataques de tiburón: Vayamos un poco más allá: de los 80 ataques no provocados, sólo 7 fueron mortales: 3 en Suráfrica, 2 en Australia, 1 en California y 1 en la isla de Reunión.

¿Por qué, entonces, ese miedo a los tiburones, cuando hay más muertos por ataques de hipopótamo, por picaduras de serpiente, de medusas, o por las coces de bestias tan feroces como las vacas? Pues por lo que dice el refrán: "échate la fama y ponte a dormir". Benchley puso la semilla y Spielberg la hizo florecer, y de qué manera. Gracias a Tiburón y a su soberbia banda sonora, la imagen de este animal ha quedado firmemente grabada en el subconsciente colectivo como símbolo de muerte y destrucción causados por una naturaleza irracional, incomprensible y caprichosa eso que se ha dado en llamar "terror primigenio". Y está siendo muy difícil borrarla.

Distribución de los ataques: 53 en territorio norteamericano (42 en el continente y 11 en Hawai y Puerto Rico), 14 en Australia, 4 en Suráfrica, 3 en Reunión, y un único ataque en las Canarias, Indonesia, Nueva Zelanda, Nigeria, Arabia Saudí y Tonga.

Es significativo que en Galicia, donde no tenemos noticia alguna de ataques a personas, donde ninguna especie peligrosa frecuenta las mismas aguas donde solemos ponernos en remojo cual cachitos de lacón para hacer con grelos, mucha gente que jamás ha salido del lugar sienta auténtico pavor hacia los tiburones la sola palabra "tiburón" les pone a algunos los pelos de punta...  cuando lo verdaderamente peligroso son las fanecas bravas, las corrientes y las enormes familias de cretinos que dejan nuestras playas hechas un estercolero, por ejemplo.

Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) fotografiado en Hawai por William R. Courtsinger.
Es evidente que el problema es básicamente de imagen, de una imagen que nada tiene que ver con la realidad, como acabamos de ver, y que conviene limpiar cuanto antes a fin de que la gente entienda de una vez por todas que los tiburones no son bichos perversos con ganas de matar, sino animales salvajes que además están ahí cumpliendo un papel esencial: controlar la salud y el equilibrio de nuestros océanos, de quienes depende nuestra especie —casi nada, motivo más que suficiente como para que todos deseemos su conservación.

En este sentido, una de las tareas que hay que acometer con urgencia es la redefinición del concepto mismo de "ataque", que tantas veces asociamos de forma absolutamente gratuita a la palabra "tiburón". No todos los "ataques" son ataques en el sentido que solemos darle a esta palabra. El verbo "atacar" tiene un componente moral que en modo alguno se encuentra en el ánimo de un animal salvaje. La propia RAE se hace un pequeño lío cuando para ilustrar su primera acepción, "Acometer, embestir con ánimo de causar daño", se sirve del siguiente ejemplo: Muchos animales atacan solo por hambre. Si uno se para y lo piensa, la contradicción es evidente: o bien "atacan" porque sienten la imperiosa necesidad de mutilar a un señor o de causarle un dolor indescriptible hasta que se muera, o bien, simplemente, porque tienen ganas de comer.

No es este el lugar para ofrecer una descripción de las tipologías de las interacciones hombre-tiburón. Solamente diremos que una aplastante mayoría de los encuentros con tiburones obedecen a situaciones diferentes del ataque. Por citar un par de ejemplos clásicos, tanto en internet como en los medios de comunicación tradicionales solemos encontrarnos con noticias que describen como tal o cual bicho "ha atacado" una embarcación o a un señor que acaba de subirlo a su lancha clavado a un anzuelo. ¿Podemos considerarlos como ataques sin ningún género de dudas? Evidentemente no. El primer caso es el del típico mordisco exploratorio que suele producirse sobre elementos metálicos como las hélices —el campo eléctrico que generan en el agua atrae poderosamente la atención de un animal dotado de potentes sensores eléctricos; el segundo es evidente que se trata de una "defensa", no de un "ataque". Pensadlo un poco. ¿Cómo cambiaría la cosa si en vez de un tiburón el atacante hubiese sido un congrio? Cuántas veces no nos habrán hablado de la dolorosa mordedura que puede causar este bicho si no se anda con cuidado al meterlo en la dorna; pues bien: ¿alguno ha oído la noticia de un mariñeiro "atacado" por un congrio? Yo no.

Los tiburones son bichos sumamente curiosos. Les gusta investigar las cosas raras que se encuentran en el agua, comprobar qué son y si son comestibles: huelen, se acercan, observan, sienten... El problema es que no tienen manos, de modo que el sentido del tacto opera a través de la boca. Es decir, la mayor parte de las veces los tiburones no "atacan", sino que "palpan" para ver qué es eso, a qué sabe, y luego, normalmente, se retiran. Es obvio que el mordisco de un bicho de cierto tamaño puede causarnos algo más que una avería, sobre todo si afecta a un vaso importante o a una zona vital; pero el elevado número de supervivientes demuestra que el animal en ningún momento ha pretendido merendárselos. No parece, por tanto, que debamos considerar esto como "ataques" en toda regla. Habría que buscar otro término para referirnos con más exactitud y menos carga de dramatismo a este tipo de situaciones.

Por otro lado, los tiburones son animales salvajes que, como tales, hay que saber entender y aprender a respetar —dado que se presupone que la parte racional somos nosotros—. Cuando visitamos la sabana a nadie se le ocurre abandonar el grupo y echarse a correr a campo abierto sabiendo que puede haber leones cerca. En la naturaleza, como en todo, hay normas elementales que uno debe observar para evitar ciertos riesgos, para no enfangarse en una situación comprometida. Pues en el mar ocurre exactamente lo mismo.
Y no nos olvidemos de que todo tiburón de metro y medio para arriba puede ser potencialmente peligroso, de la misma forma que cualquier otro animal, salvaje o doméstico, que supere una determinada talla. Conviene actuar con prudencia y, sobre todo, respeto. Prueba a meterle el dedo en un ojo al primer dóberman adulto que te encuentres por la calle, a ver qué pasa; o intenta acorralar a un gato, o acercarte a un nido de gaviota en plena temporada de cría. ¿Hasta qué punto podríamos hablar de ataque en estos casos?

Jaquetón toro (Carcharhinus leucas). Foto de Sam Cahir.
El ISAF es sumamente cuidadoso en todo esto. Por eso estudia cada ataque reportado y sólo recoge aquellos que considera ataques no provocados. Aun así, tal vez convendría ir un poco más allá. Debemos despojar el término ataque de toda connotación moral y tratar de reducir su campo de aplicación a aquellas situaciones donde la finalidad sea inequívocamente trófica, que en el caso de los tiburones suponen una ínfima parte del total: está más que demostrado que el hombre no forma parte de su menú, por muy rellenitos o apetitosos que nos parezcan determinados ejemplares de la especie.

Los tiburones no tienen interés alguno en atacarnos —y mira que motivos no les faltan. Les importamos bastante poco.



>Para analizar este tema en su justa perspectiva, véase: Ataques 2012: En defensa de los tiburones y Matar tiburones para protegernos es absurdo.
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jueves, 26 de julio de 2012

Matar tiburones para protegernos es absurdo

De nuevo poniendo a prueba mis escasas dotes de traductor (aunque creo que siempre es mejor esto que el traductor de Google, que es una porquería) para haceros llegar a quienes no controláis mucho el inglés una reflexión muy interesante sobre la conservación del tiburón blanco (y asimismo de todos los tiburones) planteada a raíz de la problemática que ha surgido en Australia Occidental tras la trágica muerte de un chico de 24 años por el ataque de un gran tiburón blanco. Su título es bastante elocuente: "Por qué es absurda la idea de matar tiburones para hacer que el mar sea más seguro".
Fue publicada anteayer, el 24 de julio, en Off the road, el Blog personal de su autor, Alastair Bland, que pertenece nada menos que a la web del Smithsonian, a la que os remito si leéis en inglés. Todas las imágenes están sacadas de ahí.

Why the Idea of Killing Sharks to Make Waters Safer Is Absurd.
Con mandíbulas hechas para matar, ¿los tiburones blancos son todavía merecedores de protección en Australia Occidental, donde han causado la muerte de cinco personas en menos de un año? Así lo creen los conservacionistas. Foto cortesía de la Pelagic Shark Research Foundation.
El quinto ataque mortal en menos de un año en las aguas de Australia Occidental ha sembrado la inquietud entre los bañistas, buceadores y surfistas locales. Las autoridades han intentado capturar y dar muerte al tiburón antes de que vuelva a atacar, pero puede que sus esfuerzos no se detengan ahí. Ciertos cargos públicos ya están proponiendo que los legisladores den un giro de 180 grados en las prácticas de conservación del tiburón, levanten la protección a los tiburones blancos y permitan que la gente pueda volver a pescarlos y matarlos tras una moratoria de 14 años.

El tiburón blanco es una especie protegida en la mayor parte del mundo y en ciertos lugares está considerada vulnerable y amenazada. Habiendo sido un objetivo popular para los pescadores de trofeos, que usaban cañas como grúas para capturar tiburones de hasta dos toneladas, el tiburón blanco recibió protección en Australia Occidental después de que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo clasificase como especie "vulnerable".

Pero ahora el Ministro de Pesca de Australia Occidental, Norman Moore, dice que presionará para que se legalice la pesca deportiva y comercial de los tiburones blancos en las aguas de su jurisdicción.

El último ataque acabó con la vida de Ben Linden, de 24 años, que el 14 de julio iba remando sobre una tabla de surf cuando un enorme tiburón blanco partió al joven a la mitad. Un individuo en una moto acuática que se acercó para ayudarle dijo que el tiburón nadó alrededor de los restos de la víctima, luego golpeó suavemente la moto, tomó el torso de Linden en la boca y desapareció.

La muerte de Linden estuvo precedida por varios sucesos similares. El 4 de septiembre de 2011, Kyle James Burden, un bodyboarder, resultó muerto en Bunker Bay, a unas 190 millas de Perth. El 10 de octubre de 2011, Bryn Martin desapareció mientras nadaba en Cottesloe Beach, Perth. Sólo pudieron recuperar su bañador tiempo después. Posteriormente, el 22 de octubre de 2011, un turista americano de 32 años, George Wainwright, murió cuando buceaba en Rottnest Island, cerca de Perth. Por último, el 31 de marzo de 2012, otro buceador, Peter Kurmann, de 33 años, fue atacado y muerto cerca de Busselton.

En estos momentos, después del ataque a Linden, la gente está replanteándose cuán peligrosos son los tiburones, en qué medida el agua es segura y si deberíamos dejar vivir a los animales que matan personas. Lo cierto es que la rapidez a la que se han sucedido los ataques durante el pasado año en Australia Occidental ha sido alarmante, terrible y triste, y el Ministro de Pesca Moore está convencido de que hay que emplear la mano dura para proteger la valiosa industria turística de su estado.

"Cinco víctimas mortales en Australia Occidental (en diez meses), no tiene precedentes y es motivo de gran alarma", declaró hace poco Moore a la prensa. "No ayudará a nuestra industria turística, y aquellas personas que quieren venir aquí para disfrutar del mar se verán rechazadas debido a esta situación." También recientemente dijo: "Debemos adoptar medidas para resolver la cuestión".

Y ya se han adoptado medidas. El buceo con jaula, aunque una industria turística minoritaria, con toda probabilidad será prohibido en Australia Occidental. Ya antes incluso del ataque a Linden, sus críticos, Moore entre ellos, ya habían señalado que semejante práctica, que en ocasiones implica el uso de cebo y carnada para atraer a los tiburones hasta la zona donde se encuentran sus clientes, podría ser la responsable de llevar a los tiburones blancos hasta las proximidades de playas muy concurridas, y, lo que es peor, inculcando en los tiburones la asociación de seres humanos y comida gratis.

Usar trozos de atún y carne de mamíferos para atraer a los tiburones hacia los turistas dentro de las jaulas (esta imagen fue tomada en aguas de México) es una actividad popular en todo el mundo, pero en Australia Occidental la gente ha denunciado que echar carnada a los tiburones blancos podría estar poniendo en peligro a los bañistas de las playas cercanas. Foto cortesía de Scubaben, usuario de Flickr.

Suena aterrador. El caso es que los tiburones no son muy peligrosos. Al menos, son muchísimo menos peligrosos que los coches, los cuales cuidamos y lavamos los domingos por la tarde y utilizamos para llevar a nuestros hijos a la iglesia, y bajo cuyas letales ruedas la mayor parte de las sociedades poco menos que ponen una alfombra roja. Sólo en Australia Occidental 179 personas murieron durante el 2011 en accidentes de coche. Y en Norteamérica 150 ocupantes de vehículos mueren cada año en la carretera en choques contra ciervos.

Los tiburones tan sólo causaron la muerte de 12 personas en el 2011 —en todo el mundo— según el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón. De manera que si a los turistas les da miedo meterse en el mar, deberían sentirse aterrorizados sólo de pensar en viajar por una carretera asfaltada para llegar hasta allí.

De momento, levantar la protección a los tiburones blancos es sólo una idea, pero si la propuesta llega hasta los despachos de los legisladores australianos (quienes es probable que vayan en coche a su trabajo), con toda seguridad tendremos noticias de una firme oposición por parte de los conservacionistas y de otras personas. En Santa Cruz, California, Sean Van Sommeran, investigador independiente sobre el tiburón blanco, tiene la esperanza de que la gente sencillamente acepte que en aguas de Australia los tiburones forman parte del medio ambiente, en vez de dar un paso atrás y rescindir las leyes que protegen a esta especie.

"La gente tiene que familiarizarse con el entorno en el que se meten para pasar su tiempo de ocio", dijo Van Sommeran, fundador y director de Pelagic Shark Research Foundation. "Hay ríos con cocodrilos y bosques con serpientes venenosas, y hay tiburones en el agua. Simplemente tienes que adecuar tu comportamiento al lugar, y no al revés".

Van Sommeran fue de los primeros que a principios de los '90 hizo campaña para la protección de los tiburones blancos. En 1994 recibieron protección total en California y en 1997 se ilegalizó su pesca en todas las aguas federales de los EEUU. En otros países, esta especie está igualmente protegida. En Suráfrica se prohibió su pesca en 1991; en Namibia, en 1993; en Australia, en 1998; en Malta en 2000; y en Nueva Zelanda en el 2007.

Sin embargo, Van Sommeran señala que estas leyes se han saltado una y otra vez para permitir la captura de tiburones blancos en nombre de la ciencia.

"En el 2001, acuarios y proyectos científicos de recogida de datos estuvieron saltándose las leyes", explicó. Por ejemplo, el Monterey Bay Aquarium ha ofrecido pagar a los pescadores comerciales que capturen accidentalmente tiburones blancos juveniles y luego los devuelvan, con tarifas que varían en función de la condición del animal —y se pagan cantidades altísimas por los juveniles vivos que periódicamente se han convertido en una atracción turística en el acuario. Y durante estos últimos años los equipos de documentales para la televisión no han cumplido las leyes que prohibían la pesca de tiburón blanco. Cada uno de los programas Expedition Great White, Shark Men y Shark Wranglers ha mostrado imágenes de equipos de científicos pescando y descargando tiburones blancos, subiéndolos a sus barcos y pasándose 20 minutos o más haciéndoles agujeros y colocándoles etiquetas SPOT (Smart Position and Temerature). Muchos críticos de esta actividad han advertido de que los procedimientos de marcado con etiquetas SPOT son potencialmente peligrosas para los animales más grandes.

En muchos lugares del mundo, los patrones atraen a los tiburones hacia sus embarcaciones para que sus clientes los observen desde jaulas metidas en el agua. En unos pocos lugares, los pescadores todavía pueden capturar tiburones blancos. Aquí, un tiburón blanco nada bajo un barco de investigación de California y su admiradora tripulación. Foto cortesía de la Pelagic Shark Research Foundation.
La popularidad de los tiburones en la cultura de masas parece haber aumentado con las cada vez más numeras presentaciones en televisión de los tiburones en su medio natural y de los hombres y mujeres que los estudian; sin embargo, Van Sommeran cree que no necesariamente ha crecido la preocupación por su protección.

"Los tiburones generan una extraña especie de entusiasmo que en absoluto está limitado a su conservación", añadió. Explica que buena parte de la gente entusiasmada por los tiburones sólo está entusiasmada ante la posibilidad de pescarlos. Incluso hoy en día, todos los años se celebran en los EEUU torneos de pesca de tiburón con muerte.

Van Sommeran advierte de que cualquier paso atrás en la protección de los tiburones blancos podría sentar un precedente para cambiar las leyes que protegen a otros grandes depredadores.

"Si eliminamos el estatus de protección de cada especie que entra en conflicto con los seres humanos, muy pronto nos quedaremos sin osos, leones y tigres", dijo.

El Archivo Internacional de Ataques de Tiburón informa de que en el 2011 los tiburones de todas las especies realizaron 75 ataques no provocados a personas. La base de datos añade que desde el 1900 los ataques de tiburón se han vuelto cada vez más comunes —tendencia que con toda probabilidad refleja la cada vez mayor popularidad del surf, el buceo, el bodyboard y otros deportes acuáticos. Es al mismo tiempo una tendencia que surge a pesar del descenso mundial de las poblaciones de tiburones, los cuales el hombre mata entre 30 y 70 millones por año, según el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón.

Así pues, tal vez el balance final de esta historia debería ser que aunque los ataques de tiburón son trágicos y espantosos para todos los implicados, no suponen un peligro per capita relativamente significativo. Incluso es posible que hoy estemos más seguros en el agua que hace un siglo.

Simplemente tengan mucho, mucho cuidado cuando vayan en coche a la playa —y ojo, no vayan a atropellar a un ciervo.

 Alastair Bland
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