Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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domingo, 31 de diciembre de 2017

El "cuento chino" del C. lusitanicus

Arriba: Ejemplar de Centrophorus lusitanicus supuestamente procedente de aguas portuguesas donado por Barbosa du Bocage al Museo de Historia Natural de Londres. Macho juvenil de 742 mm con el número de registro BMNH 1867.7.23.2. Centro: Ilustración que acompaña la descripción original de esta especie (Barbosa du Bocage & de Brito Capello, 1864). Abajo: Registro de la donación de un lote de tres tiburones por parte Barbosa du Bocage al mencionado museo londinense. El primero es una visera (Deania calcea), el segundo de la lista es el C. lusitanicus que figura arriba, y el tercero una bruja (Scymnodon ringens). (Fuente de las tres imágenes: White, Ebert, Naylor, Zootaxa, 2017).

La literatura científica refiere que el quelvacho luso (Centrophorus lusitanicus) es un pequeño tiburón de aguas profundas muy poco conocido que habita entre los 300 y los 1400 m, si bien sobre todo entre los 300-600 m. Fue descrito por primera vez en aguas de Portugal por José Vicente Barbosa du Bocage y Félix António de Brito Capello en 1864, siendo su rasgo morfológico más característico, que sirve para diferenciarlo de los otros quelvachos presentes en esta parte del Atlántico el quelvacho (Centrophorus granulosus), el quelvacho negro (Centrophorus squamosus) y el galludito (Centrophorus uyato), que posee una primera aleta dorsal muy larga. Esta es, a grandes rasgos, la teoría que quienes sentimos fascinación por las especies del mar profundo casi hemos memorizado tras recorrer decenas de guías y manuales... y los gallegos con un punto de contrariedad y, a ratos, de recelo, pues por más que compartimos con los vecinos del sur un sinfín de especies, este tiburón jamás ha sido registrado en aguas de Galicia, no figura en ningún listado. ¿Por qué en Portugal, un par de millas más abajo, si y aquí no?

viernes, 23 de octubre de 2015

Tiburones blancos en la Europa atlántica del Plioceno

Vistas labial (a) y lingual (b) del diente de Matos. Fuente: M. T. Antunes & A. C. Balbino, Revista Española de Paleontología, 2010.
El tiburón blanco (Carcharodon carcharias) es hoy en día una especie cuando menos rara en esta parte del Atlántico NE, siendo optimistas. Aunque nuestra zona figura en cualquier mapa de distribución que consultemos, las citas son por desgracia escasísimas: desde las Azores hacia el norte, incluyendo el Cantábrico y las aguas más septentrionales de las Islas Británicas, existen tan solo 7... para los últimos 200 años. En Galicia tenemos un único registro, en mi opinión dudoso, de 6 ejemplares observados hace más de 30 años en la lonja de Coruña [véase discusión en ¿Hay o no hay tiburones blancos en Galicia?]. En esto Portugal tiene más suerte: en 1997 se capturó un ejemplar de casi 5 m a unas tres millas de la freguesia de Armação de Pêra, en el Algarve.

martes, 3 de marzo de 2015

Encuentro con un duende

Mitsukurina owstoni. Foto: Toño Maño.
«Tengo un mitsukurina congelado en Vigo» (SMS recibido a las 13:55 del viernes 13 de febrero de 2015). Y casi me da un patatús. Apenas había transcurrido un mes desde lo del Chlamydoselachus, y me encuentro este nuevo mensaje de Rafa Bañón, más lacónico que de costumbre (tal vez para picarme), haciéndome saber que otro de mis sueños más queridos lo tenía él metido en uno de sus arcones como quien guarda un paquete de guisantes. Arreglamos para encontrarnos el martes siguiente en Vigo.

El encuentro. La literatura científica señala que el cuerpo del tiburón duende es muy blando, con una musculatura sumamente laxa, pero hasta que no lo tienes ahí delante, desparramado, más que tendido, sobre la mesa y empiezas a examinarlo y a sobarlo bien sobado, no te das cuenta de lo que esto significa de verdad.
Foto: Toño Maño.
Lo primero que vi fue un cuerpo alargado y esbelto del que sobresalía, como un capirote, la forma abultada de la cabeza, con su larguísimo morro y su inconfundible mandíbula superior, totalmente proyectada hacia delante. Nunca en ningún otro tiburón observé con tanta claridad que aquella estructura, que parecía querer desgajarse del resto del cuerpo, se mantenía únicamente gracias a los cartílagos mandibulares, que elevaban y sostenían la delgada capa de piel y fina musculatura como el entramado de varillas sobre el que montamos la lona de una tienda de campaña. Estaba convencido de que, sin ese sostén, lo que habría quedado no tendría un aspecto muy diferente del de un trapo empapado y dejado por ahí de cualquier manera.
 
Foto: Toño Maño.
En una primera mirada el tiburón duende se nos muestra como un ser grotesco y deforme, algo así como la imagen clásica del tiburón vista bajo la luz enferma del esperpento. Los japoneses lo conocen como tenguzame, voz derivada de tengu, uno de los monstruos o seres fantásticos de su mitología, que solía representarse con un rostro mitad humano mitad ave de presa rematado en una larga nariz. El término "tiburón duende" (tal vez sería más exacto llamarlo "tiburón trasgo") es su traducción.

Parecía que el cuerpo de nuestro tenguzame había padecido demasiado en su largo viaje desde el aparejo del Gonzacove Dos, el arrastrero con base en Vigo que lo había capturado el pasado 10-II (que, por cierto, ya lleva unos cuantos mitsukurina), hasta el arcón donde lo tenía Rafa. Pero no. Cuando sostienes su cabeza y compruebas por ti mismo la estructura y movimiento de sus mandíbulas, observando como se articulan y encajan en el diseño del conjunto, te das cuenta de que en realidad estás ante una criatura excepcional, única, un portento de la evolución. Y además de una extraña belleza.

Estaba absolutamente fascinado.


Un tiburón primitivo. La verdad es que su aspecto físico no engaña. El mitsukurina es uno de los tiburones más primitivos de cuantos existen. Su linaje procede directamente de la primera mitad del Cretácico, hace unos 125-110 millones de años. En aquel entonces la familia Mitsukurinidae constaba de tres géneros, Mitsukurina, Scapanorhynchus y Anomotodon, de los que solo ha sobrevivido el primero. Los primeros restos fósiles del tiburón duende actual datan de mediados del Eoceno, unos 49-37 millones de años atrás. Si se quiere, un fósil viviente.

Pero que nadie se lleve a engaño. Aunque parezca paradójico, el término primitivo, aplicado a una especie como esta, va asociado al de éxito evolutivo: en el largo y tortuoso camino de la evolución, el duende es uno de los primeros tiburones en alcanzar un diseño corporal óptimo para adaptarse y sobrevivir en el entorno que había elegido. Si apenas ha sufrido cambios morfológicos sustanciales en estos últimos 50 millones de años es sencillamente porque no le ha hecho falta, a diferencia de los mamíferos. En cierto modo podemos decir que es mucho más moderno que nosotros.

Cazador de aguas profundas. El tiburón duende es una especie mesopelágica de la que conocemos muy poco. Se encuentra en los márgenes continentales e insulares y en el talud superior desde los 90 hasta al menos los 1300 m de profundidad, preferentemente entre 270-960 m, y muy rara vez por encima de los 100 m. El que al menos un ejemplar haya sido capturado a 50 m en aguas de 2000 m, hace pensar que tal vez realiza migraciones verticales, pero esto está por confirmar.

El análisis de sus contenidos estomacales ha demostrado que se alimenta tanto cerca del fondo como en distintos puntos de la columna de agua. Sus presas preferidas parecen ser los cefalópodos y teleósteos de cuerpo blando, a juzgar también por el tipo de dentadura: dientes muy finos y alargados, aptos para ensartar presas no demasiado robustas, aunque los dientes posteriores están modificados para triturar, por ejemplo crustáceos.


Especialista en emboscadas. Ciertamente el diseño y estructura corporal de nuestro bicho no invitan a pensar en un velocista o en un cazador activo. Más bien al contrario. Sus aletas, exceptuando las pélvicas y la anal, son pequeñas y redondeadas; la caudal tiene un lóbulo superior bastante largo y un inferior casi inexistente, de tal manera que resulta ineficaz para imprimir al cuerpo el impulso necesario para alcanzar una buena punta de velocidad. Su musculatura es además muy floja y blanda, con miotomos poco desarrollados. La flacidez de su cuerpo, unida a un gran hígado rico en aceites, son la causa de una baja densidad corporal que, a juicio de los especialistas, le confiere una flotabilidad casi neutra.
     Todo ello apunta a un depredador especializado en tender emboscadas. Su estrategia consistiría en mantenerse alerta, flotando prácticamente inmóvil sobre la columna de agua, a la espera de que una presa se ponga a su alcance. Pero se trata de una espera activa, despierta, vigilante, en la que el tiburón pone en juego toda su potente capacidad sensitiva, no solo química o mecánica (olfato, oído, línea lateral), sino sobre todo eléctrica y visual.

La finalidad del largo rostro espatulado del mitsukurina es albergar el mayor número posible de receptores eléctricos (las ampollas de Lorenzini), capaces de detectar los pequeños campos electromágnéticos generados por la actividad muscular de los seres vivos. Por otro lado, y diferencia de muchas especies mesopelágicas, sus ojos, aunque pequeños, son plenamente funcionales, están dotados de una pupila con movilidad, no permanentemente dilatada, que le permite adaptarse a las diferentes condiciones lumínicas de un hábitat repleto, además, de calamares y de otras ricas presas bioluminiscentes. El duende es pues un cazador también visual.


Una vez detectada la presencia de una presa, el tiburón se acercarse a ella con un movimiento lento, sinuoso, casi imperceptible, y silencioso.
     Y entonces lanza el ataque.
     Mediante un mecanismo de disparo similar al de una catapulta, los músculos y ligamentos tensores liberan las temibles mandíbulas, que salen proyectadas a velocidad de vértigo hacia el objetivo; el morro se eleva, y la presa termina ensartada por decenas de largos dientes finos y afilados como agujas. La expansión de la faringe y la acción del gran basihial (una estructura similar a la lengua) que cubre gran parte de la parte inferior de la boca, generan al mismo tiempo un movimiento de succión. Cuando las fauces se retraen hacia su posición inicial, la víctima es irremisiblemente arrastrada hacia la boca.
Como ocurre con muchos peces abisales, la boca del tiburón duende, ya de por si con un tamaño bien generoso, cuando se abre de par en par es enorme, lo que le permite engullir presas bien grandes, seguramente en previsión de largos periodos de escasez de comida en un medio inhóspito.


Talla. La mayor parte de los registros de mitsukurina en nuestra zona corresponden a ejemplares juveniles de alrededor de los 100-175 cm, como ocurre a nivel mundial, si bien la horquilla se amplia hasta cerca de los 300 cm. Los ejemplares adultos son bastante raros. Por supuesto nuestra hembra estaba dentro del rango habitual, con 122,5 cm de longitud y 3,5 kg de peso.
     Pero contrariamente a lo que muchos creen, este tiburón, si le dejamos, puede llegar a alcanzar tallas comparables a las del tiburón blanco. El récord, hasta el momento, lo tiene una hembra capturada en el 2000 en el golfo de México en torno a los 900-1100 m, cuya longitud se estimó entre 540-610 cm (hablamos siempre de longitudes totales).
     El bajo porcentaje de registros de tiburones de grandes tallas se debe con toda probabilidad a que están sujetos a un rango batimétrico mucho más amplio, lo que les permite mantenerse alejados, por el momento, del alcance de los aparejos. Aunque siempre hay excepciones, como el ejemplar de la imagen, que fue capturado hacia los 500 m.

Macho de 384 cm y 210 kg capturado al W de Tasmania en 2004.
No se conocen las tallas de nacimiento, aunque la cifra más aproximada es de 80-90 cm. Los únicos datos de que disponemos indican que los ejemplares más pequeños observados nadando en libertad medían 81,7 cm y 92,8 cm, correspondientes a un macho y a una hembra, respectivamente. Si todos estos números se aproximan a la realidad, podemos concluir que nuestro ejemplar no llegaba ni a adolescente. Las tallas de maduración se cree que andan por los 260-380 cm para los machos y más de 400 cm para las hembras.


Despedida. Para terminar la sesión y la mañana, tomamos datos biométricos (nada menos que 65), una muestra de tejido para genética y el pobre bicho volvió a su bolsa de plástico, y de ahí al arcón. Como ocurrió con el Chlamydoselachus, el Mitsukurina también se fue al Museo de Historia Natural de Santiago. Esta vez no hubo tiempo para unas cervezas.
     Volví a casa con una enorme sonrisa en la cara que me duró varios días y un profundo sentimiento de gratitud, hacia estos bichos, por existir todavía, y sobre todo hacia Rafa, por su generosidad, y por haber hecho posible este sueño.


👉Para conocer más cosas sobre este maravilloso tiburón, y ver también un par de fotos del ejemplar más grande capturado hasta la fecha, véase Tiburón duende (Mitsukurina owstoni).

lunes, 17 de marzo de 2014

Un ataque, una persecución y una pesca

Pataches y bergantines en Rande a principios del siglo XX (imagen tomada del blog imrama.com).

No es nada fácil encontrar documentos históricos que contengan algún tipo de referencia sobre la presencia de tiburones en aguas de Galicia, ni tan siquiera en las hemerotecas digitales, que sobre este punto se muestran más generosas con las aguas del Mediterráneo que con la costa Atlántica [véase Noticias antiguas de tiburones]. De ahí el enorme valor que tienen los textos que hoy os presentamos para comprender cómo era nuestro mar antes de que las malas artes de la pesca industrial, así como la codicia de muchos pescadores, lo hubiesen convertido en un terreno baldío. No olvidemos que los tiburones son un perfecto indicador de la salud del mar: donde hay tiburones, hay presas, o sea, vida.
Estos documentos son las copias de tres viejas protestas de mar¹ presentadas a principios del siglo XIX que forman parte de la colección Blanco-Cicerón y que muy amablemente el propio Jorge Cicerón ha transcrito, tal cual figuran en sus archivos, para Tiburones en Galicia. Un lujo que seguro sabréis apreciar.


Bergantín-goleta en una imagen del XIX.

I.  Ataque de "un pez grande y fiero" a un marinero portugués a la altura de Aveiro. 
Diciembre 1818. Protesta del Capitán J. I. Pinto contra la mar, el mal tiempo y la pérdida de un brazo de su contramaestre en un ataque de "pez grande y fiero". Bergantín portugués Loreto. Antonio de Sousa, contramaestre. Carga de arroz, café, aguardiente, cueros marinos, maderas oleaginosas y salazón. Origen Puerto de los Santos. Destino Oporto. Arribada Marín. (...) navegó hasta la barra de su destino, en la que fondeó y tomó práctico para su entrada (...) tanta mar que le obligó a suspender el ancla. (...) se le partió la verga grande, la botavara, se le rifó la gavia, y trinquetilla, llevándose la mar un ancla y un cable, sin que nada se pudiese remediar, por lo que decayó el barco a sotavento hasta que observó se hallaba en la barra de Aveiro en altura de doce brazas de agua, viéndose obligado a fondear con tres anclas, dos de las cuales fueron transportadas con la barca de remos, no así la tercera, debido a la amputación del brazo izquierdo del contramaestre por ataque de pez grande y fiero en el momento de desenredar la cadena trincada en la mar (sic) y aguantar así hasta el 6. 

Tintoreras en una pintura del siglo XIX.
II. Tres tiburones "persiguen" a un bergantín español a lo largo de la Costa da Morte:
Febrero 1814. Protesta de mar del capitán español Domingo de Doborán. Bergantín español "Volador". Carga potes de fierro. Origen Bristol. Destino Vigo. Arribada Ferrol. Ratifica la protesta tomada en Ferrol, añadiéndole lo ocurrido con posterioridad. Averías en el buque (timón) y daños en la carga. Solicita su descarga para vararle, dándose por concluido su viaje. (...) hallándose con Prioyro (Prioriño), despidió al referido práctico, gobernando a NO 1/4 O, con viento recio por el NE que le hizo aferrar toda vela menuda. (...) se llamó el viento con chubasco al NE muy duro, precisándole tomar dos andanas de rizos a las gavias, prosiguiendo en vuelta de O con fuerte marejada que ofendía y fatigaba, pudiendo a fuerza de vela montar la isla de Sisarga. (...) se observó que había padecido avería el timón y, reconocida, resultó que estaban rotas dos hembras de bronce, y por ser perseguidos por tres tiburàos (sic) y no poder afanarse en el mar y ser irremediable en la mar, se le dio la ayuda de dos aparejos a los barones de dicho timón, poniéndose en vuelta al SE. (...) y estando dentro de dicha isla (de Ons), habiéndose ido a la voz de dos lanchas pescadoras, con el auxilio de estas, logró fondear el bergantín.

Goletas amarradas al muelle da Moureira, Pontevedra. Foto de finales del XIX tomada de la página del Museo de Pontevedra.
III. 200 kg de mielga salen de Pontevedra con destino Cádiz.
Mayo 1803. Barco Místico "La Pastora". Matrícula de Cádiz, de 15 toneladas de porte. Fianza de navegación. Origen Muelle del Puente, Pontevedra. Destino Cádiz. Pesca de caballa y arenque. (...) mezclándose 7 arrobas de arenque con 17 arrobas de T. de cacho² de media vara. (...) instancia para patente de navegación. Fianza de Cosme de la Isla Cobián, de Pontevedra. 12.000 reales, mitad del valor del buque y carga.

___________________________
¹Una protesta de mar es un escrito que el capitán o el patrón de un navío presenta ante la autoridad correspondiente para dejar constancia de su irresponsabilidad o la de su tripulación ante determinada circunstancia adversa como un accidente, una avería, etc.
²Se refiere al tollo de cacho, nombre con el que también se conoce a la mielga (Squalus acanthias). Es probable que englobe igualmente al galludo (Squalus blainvillei), con el que puede confundirse.
Media vara son aproximadamente 42 cm. Una arroba castellana —la más extendida equivale a 11,50 kg, de manera que 17 arrobas son 195,5 kg.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Pailona (Centroscymnus coelolepis)

Foto: Rafael Bañón.

Pailona

Centroscymnus coelolepis Barbosa du Bocage & de Brito Capello, 1864

(es. Pailona; gal. Foca, carocho; in. Portuguese dogfish; por. Xara preta, carocho.)

Orden: Squaliformes
Familia: Somniosidae

La pailona es otra de las joyas ictiológicas de nuestro mar profundo. Un bicho modesto en su apariencia, pero sorprendente en muchos otros aspectos de su biología, el más espectacular de los cuales es que ocupa el segundo lugar en el ranking de profundidad de todos los tiburones (el primer puesto acaba de ocuparlo el tollo raspa o Etmopterus princeps, con hasta 4500 m en el Atlántico Norte). Se le ha detectado nada menos que a 3675 m, que en la superficie, en horizontal o hacia arriba, no son muchos metros, pero en el mar, hacia abajo, la cosa cambia bastante. Una persona bien preparada física y mentalmente (y bien abrigada) es capaz de alcanzar los 8848 m del Everest por su propio pie y sin ayuda de oxígeno; pero ningún ser humano ha logrado jamás descender más allá de los 330 m sin estar metido en algún tipo de carcasa o traje rígido. Entre otras cosas, la tremenda presión lo aplastaría como una colilla. Los submarinos nucleares más avanzados no se internan, que sepamos, por debajo de los 1500 m; y tan solo un par de naves especializadas han logrado no solo superar esa marca, sino llegar a coronar la sima del océano, a 10 911 m... soportando una presión de casi 1100 bares, que es como decir más de 1000 kg por cm².

La pailona es uno de los señores de las regiones mesopelágica y batipelágica del océano [véase Dónde viven los tiburones]. La primera, que se extiende aproximadamente entre los 200 y los 1000 m, es la llamada zona de penumbra; la luz es tan tenue que apenas resulta perceptible al ojo humano; muchos de los seres que la habitan realizan migraciones verticales: por la noche ascienden en busca de comida y vuelven a las profundidades cuando se acerca la madrugada. La segunda llega hasta los 4000 m, y pertenece ya al reino de la más honda negritud, apenas punteada aquí y allá por los destellos ocasionales de criaturas bioluminiscentes bajo una presión atroz y unas temperaturas bajísimas.
Robin McPhee (c) NORFANZ Founding Parties, tomada del CSIRO

En estas condiciones, aunque el nombre de su familia indica lo contrario (Somniosidae = dormilones), la pailona se muestra como un cazador activo y eficaz, preparado evolutivamente para la detección de sus presas preferidas, los cefalópodos bioluminiscentes de la eterna penumbra del fondo, en buena medida gracias al sentido de la vista.
Sus ojos, de una agudeza visual muy superior a la de muchos otros tiburones de aguas profundas, solo comparable a la de no pocas especies epipelágicas, están perfectamente diseñados para esta función. Por un lado, poseen una pupila muy ancha, un cristalino esférico y un potentísimo tapetum lucidum (responsable del rechamante color verde amarillento) capaz de retener los más apagados retazos de luz. Por otro, gracias a una serie de elementos estructurales¹ como la particular distribución de células ganglionares de gran tamaño (encargadas de la detección de movimiento) en franjas de alta densidad, dispuestas a lo largo del plano central del ojo, han logrado no solo dotarse de una visión panorámica horizontal, sino incrementar su sensibilidad visual y su capacidad de detección de movimiento en el plano horizontal, además de posibilitar la captación de la más leve gradación lumínica en este mismo plano.
El análisis de los contenidos estomacales de ejemplares capturados en diferentes zonas del planeta parecen corroborar esta especialización en la detección de presas bioluminiscentes: más del 70-80% eran cefalópodos como el Heterotheutis dispar o el Taningia danae, cuyos espectros de emisión biolumínica se corresponden con la capacidad máxima de absorción de luz del tiburón.
La pailona es un cazador visual... en un entorno donde apenas existe la luz.

Imagen tomada y modificada (y ya lo siento por el chaval de barbas, que parece muy majo) de www.jypichthyology.info.
A pesar de los estudios que se han venido sucediendo estos últimos años, todavía es poco lo que sabemos sobre el Centroscymnus coelolepis. Todavía tenemos más hipótesis que certezas. Y además está el hecho de que existen variaciones geográficas en cuanto a las tallas y a diversos parámetros de su biología reproductiva, como veremos a continuación, circunstancia que realmente tampoco nos pilla de sorpresa, pues ocurre con muchas otras especies. Pensemos que al fin y al cabo la biología reproductiva está muy ligada a las características del hábitat y el medio (temperatura, disponibilidad de alimento, etc.), por eso las diferencias morfométricas más evidentes se dan entre las poblaciones del Mediterráneo y las del resto del planeta. Es probable que también existan algunas dentro del ámbito del Atlántico nororiental, por ejemplo entre nuestras pailonas "paisanas" y las pailonas de las Azores o las Islas Británicas, aunque de momento no se han encontrado datos definitivos sobre este punto, y lo cierto es que los estudios genéticos no han hallado diferencias sustanciales entre ejemplares capturados en áreas distantes varios miles de kilómetros entre si que haga pensar en la existencia de poblaciones diferenciadas o aisladas.

Descripción: Cuerpo grueso y cilíndrico terminado en una cabeza más bien pequeña con un morro corto y redondeado. De ahí que nuestros pescadores le llamen "foca". Su piel es bastante suave, puesto que los dentículos que la cubren, aunque tienen un buen tamaño, son lisos y están muy imbricados. La boca es transversa; los pliegues labiales superiores son cortos y los inferiores largos. Espiráculos grandes cerca de unos ojos no demasiado grandes. Cinco pares de aberturas branquiales muy cortas situadas delante de las pectorales. Las espinas de las dorsales son muy pequeñas, pudiendo incluso no ser claramente apreciables en un primer vistazo puesto que apenas asoma la punta sobre la piel; están ligeramente inclinadas hacia atrás. Las dos dorsales son pequeñas, de parecido tamaño, si bien la segunda es un poco mayor que la primera. El origen de la primera dorsal está claramente más retrasado que el borde posterior de las pectorales, que son pequeñas y redondeadas, con forma trapezoidal. Las pélvicas son mayores que la segunda dorsal. Los lóbulos inferior y terminal de la caudal están claramente definidos.
La librea es muy poco llamativa y carece de marcas distintivas: de marrón a negro uniforme en adultos y juveniles; negro azulado en los más jóvenes.

Foto: Rafael Bañón.
Dentición: Dientes diferentes en las dos mandíbulas. Los de la superior son pequeños, lanceolados, finos y rectos, dispuestos en varias filas funcionales; los centrales son rectos y los laterales tienen la cúspide oblicua y la base más ancha. En cambio, los de la mandíbula inferior son grandes y anchos como cuchillas, tienen una cúspide abatida y están imbricados formando una sola fila funcional. Sin sinfisarios.

Fuente: J-elasmo.
Talla: La longitud total máxima registrada es de 122 cm. Miden al nacer 25-30 cm; los machos maduran hacia los 85-100 cm y las hembras en torno a los 95-110 cm.
Los individuos del Mediterráneo son sensiblemente más pequeños que los del Atlántico y el Pacífico². Así, en Clò et al. se señala una longitud total máxima para el Mediterráneo de 65 cm (una hembra), si bien Barrull y Mate han podido examinar dos machos en el Mar Catalán de 76,5 y 72,5 cm de longitud total: "El de talla más pequeña era claramente maduro, en cambio el de talla más grande aún no había alcanzado la madurez sexual"³. Las tallas de nacimiento y madurez son también ligeramente diferentes: se han medido embriones de 10 cm y un neonato de 22,5 cm.
En un estudio sobre ejemplares del talud continental gallego y el Banco de Galicia, Rafael Bañón refiere que la hembra madura más pequeña que se encontraron medía 115 cm y la inmadura de mayor talla 111 cm; el macho inmaduro más pequeño tenía 88 cm y el inmaduro más grande 97 cm, lo cual parece concordar con los parámetros generales de la especie. Igualmente la talla de nacimiento, estimada entre 27-29 cm a partir de 12 embriones a término de una de las hembras.

Reproducción: Vivíparo aplacentario con camadas de 1 a 29 crías, aunque el promedio oscila entre 12 y14. El embrión se alimenta exclusivamente de las reservas de alimento contenidas en el saco vitelino (lecitotrofismo).
Como de momento no se ha encontrado esperma en el canal reproductor femenino, cabe concluir que la fertilización se produce inmediatamente después del apareamiento. Es posible que la ovulación coincida o incluso sea inducida por la cópula, hipótesis que parece avalar el hecho de que en el mismo rango batimétrico coincidan las hembras con oocitos maduros y los machos maduros.
No parece existir un ciclo reproductivo determinado, puesto que se han encontrado ejemplares en diversos estadios de su ciclo reproductivo así como fetos en diferentes momentos de su desarrollo a lo largo de todo el año.
Existe segregación sexual y por tallas. Los ejemplares más jóvenes se encuentran a mayor profundidad y las hembras grávidas a menor profundidad, siempre por encima de los 1200 m.
Veríssimo et al (2010), analizando la estructura de las poblaciones del Atlántico oriental, explican que la gran mayoría de las hembras maduras capturadas en Madeira y las Azores se encontraban en las primeras etapas de su ciclo reproductivo (antes de la ovulación), mientras que en el resto de las áreas occidentales de Europa este porcentaje apenas llegaba a la mitad; por otro lado, las hembras preñadas representaban el 34-51% de las hembras maduras en Portugal y menos del 26% en las Islas Británicas y las Azores; solo se reportaron hembras post parto en Portugal y oeste de las Islas. Por su parte, los machos maduros predominaban sobre los inmaduros en Madeira y las Azores, es decir, en las zonas donde el porcentaje de hembras al comienzo de su ciclo reproductivo era mayor; y al contrario, donde el porcentaje de hembras grávidas era más elevado, como en Portugal, los que abundaban eran los inmaduros.

Embrión desembarcado en Viana do Castelo. Foto: APECE.
En el citado trabajo de Bañón et al, las hembras resultaron ser diez veces más numerosas que los machos, cifra similar a la de aguas portuguesas pero muy superior a la del talud occidental de las Islas Británicas, donde la ratio se sitúa entre el doble y el triple a favor de las hembras.
Un dato que viene a corroborar la hipótesis de la segregación sexual y por tallas es que el 85% de las hembras estaban preñadas, con embriones en diversos etapas de desarrollo, y no se capturó ni un solo ejemplar juvenil "tal vez debido a una segregación batimétrica, espacial o behavioral de los diferentes estadios de madurez". Todos estos datos, sostiene Bañón, apuntan a que tal vez la franja comprendida entre los 1000-1200 m de nuestras aguas haya sido elegida por las pailonas como lugar idóneo para dar a luz.
Apenas existen capturas de ejemplares jóvenes o juveniles en aguas de Galicia, Portugal y las Islas Británicas; en cambio, el 88% de las capturas en muestreos realizados en el talud de Mauritania con arrastre demersal eran juveniles, lo cual parece indicar una posible zona de cría.

Si sumamos todos estos datos al hecho de que no se ha encontrado variabilidad genética entre las pailonas muestreadas en diferentes áreas del Atlántico oriental separadas entre si miles de kilómetros (lo que implicaría que o bien existe o bien ha existido un flujo de transferencia genética a lo largo de estas zonas), podría concluirse que las hembras maduras realizan migraciones a gran escala a lo largo del Atlántico central y nororiental relacionadas con el ciclo reproductor, tal como hacen las tintoreras (Prionace glauca) cruzando el Atlántico de W a E:
Por ejemplo, el apareamiento podría tener lugar en las Azores y al oeste de las Islas Británicas, las hembras preñadas posiblemente migrarían hacia el sur a lo largo del talud occidental de Europa hacia aguas de Mauritania para dar a luz. Tras el parto, las hembras retornarían a sus zonas de alimentación donde entrarían en un periodo de descanso antes del siguiente ciclo reproductivo.
Naturalmente, esta hipótesis debe ser confirmada con estudios más detallados que también deberían recoger y explicar si las diferencias detectadas en este ámbito Atlántico resultan significativas o no.

La barrera genética del Estrecho: Un reciente e interesantísimo trabajo ha demostrado que las pailonas del Mediterráneo presentan importantes particularidades genéticas que las separan del resto de las poblaciones del Atlántico y seguramente de las demás áreas del planeta.
De hecho, se ha comprobado que existe un elevado nivel de homogeneidad genética entre las poblaciones de las dos orillas del Atlántico y de éstas con las de áreas tan lejanas como Australia. Las evidencias parecen sustentar la idea de una gran población panatlántica así como la existencia de algún tipo de conectividad entre cuencas oceánicas. Tal homogeneidad puede deberse a que la pailona es un nadador activo, capaz de recorrer largas distancias, y con una amplia esperanza de vida (se calcula que puede ser similar a la de la sapata negra, Centroscymnus crepidater, unos 54 años); las hembras, además, pueden almacenar el esperma tras el apareamiento durante meses hasta encontrar, durante sus viajes, las condiciones ambientales idóneas para la gestación (dispersión activa).
Las divergencias genéticas de los ejemplares mediterráneos se ven reflejadas, como queda dicho, en parámetros morfológicos y biológicos. Los autores del trabajo explican que "las pailonas del Mediterráneo eran más pequeñas y llegaban a la madurez sexual con tallas inferiores en comparación con las del Atlántico y Australia. En el Mediterráneo las hembras solo llegan más o menos a la mitad (65 cm) de lo esperable para una hembra del Atlántico (122 cm). Además, la talla de nacimiento parece ser más pequeña en el Mediterráneo (alrededor de 17-22 cm) que en el Atlántico (unos 30 cm)".

Fotografiada a 1598 m (foto de Alan Jamieson tomada del blog blueplanetsociety.blogspot.com.)
Estas variaciones, que también se dan en otras especies, en principio pueden ser debidas a una combinación de factores ambientales: temperaturas más elevadas, ambientes de mayor salinidad, recursos alimentarios más limitados, etc. en el Mediterráneo que en el Atlántico. Sin embargo, la discontinuidad encontrada en los marcadores genéticos utilizados, concluyen los autores, apuntan fundamentalmente a un aislamiento de las poblaciones del Mediterráneo. La clave está en el estrecho de Gibraltar, que, con sus 238 m de profundidad máxima, supone una barrera física que, tal vez desde el Pleistoceno, ha estrangulado el flujo genético desde y hacia el Atlántico (pensemos que la pailona es un tiburón de aguas muy profundas, en el Mediterráneo no se capturó ningún ejemplar por encima de los 1500 m).
Todas estas diferencias pueden ser una señal de que el Centroscymnus coelolepis mediterráneo ha emprendido su propio camino evolutivo divergente respecto de sus congéneres del otro lado del telón de acero.

Dieta: La dieta de la pailona es bastante variada pero con una clara preferencia por los cefalópodos bioluminiscentes, en cuya detección se ha especializado, como hemos visto. También se alimenta de teleósteos y de otros pequeños tiburones, de gasterópodos y crustáceos de los grandes fondos, etc.
Presenta también hábitos carroñeros. Le gusta la carne de ballena y de foca, y puede llegar incluso a abalanzarse sobre animales vivos para arrancarles pedacitos de carne, en una estrategia análoga a la que emplean los tiburones cigarro (Isistius spp) [véase El ataque del tiburón cigarro].

Hábitat y distribución: La pailona es una especie demersal que habita los grandes fondos oceánicos del talud y las llanuras abisales desde los 270 m hasta, probablemente, más allá de los 3700 m en aguas de 5-13ºC. Ostenta el récord de profundidad de todos los tiburones, con una cota de 3675 m.

Mapa realizado a partir de Ebert y Ebert et al (2013)¹⁰.
Su distribución es amplia pero irregular. Atlántico oriental: a lo largo del talud continental desde Islandia hasta Marruecos, incluidas las Azores, Madeira y las Canarias; Sierra Leona, Namibia y Suráfrica. Atlántico occidental: desde Terranova y los Grandes Bancos hasta Cuba y Haití; más parte de la franja septentrional suramericana: Guayana Francesa y norte de Brasil. Pacífico occidental: Japón, Australia, Nueva Zelanda. Índico: Eastern Cape, montañas submarinas al sur de Madagascar, dorsal sur del Índico oriental entre África y Australia; costa sur australia, Tasmania. También presente en el Mediterráneo occidental.

Ejemplar desembarcado en Viana do Castelo. Foto: APECE

Pesca y estatus: Especie con interés comercial, particularmente en ciertas partes del planeta como Japón, tanto por su carne como, sobre todo, por el aceite contenido en su enorme hígado, empleado en la industria cosmética y alimentaria.
En el ámbito europeo, la pesquería más importante de la pailona se ha dado, por tradición e importancia, en Portugal. Más tarde entraron los grandes arrastreros franceses a pillar su parte del pastel en los caladeros al oeste de Irlanda... y las capturas terminaron cayendo en picado, en contraste con las de la flota portuguesa, de carácter más artesanal, que se iban manteniendo más o menos, pero hacia abajo.
Una vez más, recordemos que los tiburones, muy particularmente los tiburones de aguas profundas, tienen una tasa reproductiva sumamente baja, lo que los vuelve vulnerables en extremo a cualquier tipo de explotación pesquera de carácter industrial.
La pesquería de la pailona iba también asociada a la del quelvacho negro (Centrophorus squamosus)... y como era de esperar, los stocks de ambas especies han acabado derrumbándose, de ahí que el ICES, ya en 2008, recomendase un TAC 0 para las dos, que entró en vigor para toda la UE en el 2010.
Otro dato preocupante es que a la cesta que contiene estas dos tal vez tengamos que añadir una especie más, la sapata rugosa (Centroscymnus owstoni), que gracias a los estudios genéticos se ha descubierto que también se descarga en los puertos portugueses mezclada con la pailona "normal", dado que ambas son tan parecidas que no resulta fácil distinguirlas a primera vista.¹¹
Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus global de Casi amenazado; las poblaciones europeas, en cambio, están consideradas En peligro.



[Mi agradecimiento a Rafa Bañón, por estar ahí, por las fotos y por la tonelada y media de bibliografía con que me inundó el correo.]

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¹Véase el interesantísimo trabajo de Anna Bozzano (2004). "Retinal specialisations in the dogfish Centroscymnus coelolepis from the Mediterranean deep-sea". Scientia Marina, 68 (suplemento 3):185-195.
²S. Clò, M. Dalù, R. Danovaro, M. Vacchi (2002). "Segregation of the Mediterranean Population of Centroscymnus coelolepis (Condrichthyes: Squalidae): A Description and Survey". NAFO Scientific Council Research. Serial nº 4702. Véase también el trabajo, igualmente sobre ejemplares mediterráneos, de Luca Tosti, Roberto Danovaro, Antonio Dell'Anno et al. (2006). "Vitellogenesis in the deep-sea shark Centroscymnus coelolepis." Chemistry and Ecology, vol. 22, no. 4, pp. 335-345.
³Joan Barrull, Isabel Mate (2002). Tiburones del Mediterráneo. Llibreria El Set-ciènces, Arenys de Mar, p. 178.
Rafael Bañón, Carmen Piñeiro y M. Casas (2006). "Biological aspects of deep-water sharks Centroscymnus coelolepis and Centrophorus squamosus in Galician waters (north-western Spain)." Journal of the Marine Biological Association of the United Kingdom, 86, pp.843-846.
Trabajo sobre 351 ejemplares capturados entre los 902-1211 m en el talud continental y el Banco de Galicia en su gran mayoría con palangre.
Algunos trabajos suscitaron la cuestión de si en los últimos estadios de su desarrollo el embrión podía servirse también de algún aporte extra de nutrientes contenidos en el líquido intrauterino: "La presencia de vellosidades en la capa interna del útero que aumentan en tamaño e irrigación durante la gestación sugieren una fuente adicional de nutrientes para los embriones." (Ana Veríssimo, Leonel Gordo, Ivone Figueiredo (2003). "Reproductive biology and embryonic development of Centroscymnus coelolepis in Portuguese mainland waters." ICES Journal of Marine Science, 60, p. 1439). 

Sin embargo, un trabajo posterior afirma que no ha encontrado evidencia alguna de matrotrofismo, con lo que, en consecuencia, C. coelolepis es una especie vivípara lecitotrófica, sin aporte motrotrófico alguno excepto agua y sales minerales: "Los oocitos de esta especie tienen un elevado contenido energético suficiente para asegurar el total desarrollo de los embriones". (Teresa Moura, Carla Nunes, Narcisa Bandarra et al. (2011). "Embryonic development and maternal-embryo relationships of the Portuguese dogfish Centroscymnus coelolepis". Marine Biology, 158:401-411, p. 411. DOI 10.1007/s0027-010-1568-4).
Ana Veríssimo, Jan R. McDowell, John E. Graves (2011). "Population structure of a deep-water squaloid shark, the Portuguese dogfish (Centroscymnus coelolepis)". ICES Journal of Marine Science, 68(3), 555-563. doi:10.1093/icesjms/fsr003.
Ídem, p. 560.
Bañón señala que el promedio de 14 embriones por hembra concuerda con los resultados obtenidos en el oeste de las Islas Británicas, "pero es superior que la media de nueve reportados en aguas portuguesas". La propia Veríssimo, en el trabajo citado de 2003, señala diferencias en varios parámetros reproductivos, como por ejemplo que la fecundidad y la talla de nacimiento parecen ser mayores al oeste de las Islas Británicas que en Portugal, si bien el diámetro de los oocitos es inferior, lo cual indicaría que la estrategia reproductiva de los individuos del talud portugués "prima la acumulación de reservas de vitelo para el desarrollo del embrión a expensas del número de crías y la talla de nacimiento". Igualmente, el tamaño de los pterigópodos de los portugueses (hablamos de los tiburones) parece ser bastante superior al de sus parientes ingleses. 
Diana Catarino, Halvor Knutsen, A. Verissimo, et al. (2015). "The Pillars of Hercules as a bathymetric barrier to gene-flow promoting isolation in a global deep-sea shark (Centroscymnus coelolepis)". Molecular Ecology, doi: 10.1111/mec.13453.
¹⁰David A. Ebert (2013). Deep-sea cartilaginous fishes of the Indian Ocean. Vol. 1: Sharks. FAO, Roma; D. A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO Species Catalogue for Fishery Purposes. No. 7. FAO, Roma; D. A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth.
¹¹"Dado que esta especie se está mezclando en las descargas con C. coelolepis, los futuros esfuerzos deben dirigirse a estimar la frecuencia de sus apariciones y el grado de identificación errónea con C. coelolepis puesto que esta información es esencial para el diseño e implementación de planes de gestión y conservación adecuados." Teresa Moura, Mónica Silva et al. (2008). "Molecular barcoding of north-east Atlantic deep-water sharks: species identification and application to fisheries management and conservation." Marine and Freshwater Research, 59, 214-223, p. 220.


martes, 18 de junio de 2013

Tintorera bate el récord de profundidad

Esta extraordinaria fotografía fue tomada en el cañón submarino de Portimao por (c) Stephan Kober 2012, Scubatour. Proyecto welikesharks.com.
Los tiburones nunca dejan de sorprendernos. Incluso las especies más en apariencia conocidas (por más que, hablando de tiburones, el adjetivo "conocidas" ya sabéis que tiene un alcance muy limitado) son capaces, en el momento menos pensado, de dejarnos con la boca abierta. Gracias a la tecnología empleada en los modernos trabajos de investigación, de vez en cuando los científicos logran entreabrir las puertas de su mundo para descubrir cosas sorprendentes. La tintorera (Prionace glauca) es un buen ejemplo. Sabíamos que era una especie eminentemente epipelágica, es decir, que suele encontrarse en la zona de luz comprendida entre los 0-350 m, o a mayor profundidad en zonas más cálidas. Sin embargo, diversos estudios de marcado están descubriendo que realiza incursiones relativamente frecuentes a cotas bastante superiores y, de vez en cuando, sencillamente espectaculares, como los tres casos que hoy comentamos.

El récord de profundidad de la tintorera estaba en poder de una hembra marcada aquí mismo, en el sur de Portugal, el 4 de junio de 2008¹, que llegó nada menos que hasta los 1160 m. Y cuando ya dábamos la cosa por segura (algunos tatareábamos el Grândola, Vila Morena agitando la banderola verde y roja), nos enteramos a través de un periódico digital² de que un tal Bodhi, un macho de 2,5 m marcado en Nueva Zelanda, había superado la marca en nada menos que 90 m, hasta los 1250 m (como somos gente educada, nos quitamos el sombrero, guardamos la banderola verdirroja, y nos apresuramos a buscar en Internet qué clase de himnos cantan los moradores de aquellas remotas islas del Pacífico Sur).
Isla Norte, Nueva Zelanda. Fuente: Wikipedia
     Bodhi es uno de los dos tiburones marcados con un transmisor de tipo PAT que recoge no sólo la posición, sino la temperatura del agua y la profundidad— para un estudio puesto en marcha por un equipo de la Universidad de Auckland con el objetivo de conocer el uso del hábitat y los movimientos migratorios de las tintoreras de Nueva Zelanda. Tras recibir su transmisor a la altura de Castle Rock, en la península de Coromandel, al nordeste de la Isla Norte, Bodhi se dirigió hacia la bahía de Plenty, y de ahí se internó 100 km mar adentro hasta llegar, tres semanas después, a una zona donde la profundidad era de 2000 m. Justo sobre un gran volcán submarino. Tal vez el mejor lugar posible para batir un récord.

O tal vez no. Tal vez la zona central del Atlántico norte ofrezca lugares más sugerentes. Durante un estudio encaminado a determinar el grado vulnerabilidad de las tintoreras a la actividad de la flota palangrera del Atlántico NE, descubrimos que una de ellas había llegado nada menos que hasta los 1704 m. ¡Record absoluto! (con alivio abandonamos los himnos neozelandeses, porque es que además no hay dios que los entienda). El ejemplar en cuestión, bautizado como Shark 4, fue uno de los 16 marcados, también con un PAT, por un equipo internacional de científicos, con Nuno Queiroz y Gonzalo Mucientes, un gran amigo de este blog, a la cabeza. Récords aparte, el resultado de este trabajo es alarmante, pues demuestra como existe un nivel algo de solapamiento entre áreas de mayor actividad tanto de la flota como de los tiburones.

En azul oscuro, el viaje del Shark 4. Fuente: Querioz, Mucientes et al. 2014.
¿Qué razón impulsa a un tiburón pelágico a realizar desplazamientos verticales de tal calibre? Pues difícil saberlo con seguridad. Sin duda allí abajo hay algo que lo atrae, tal vez la comida (a las tintoreras les chiflan los calamares, y en ningún lugar los hay más ricos y abundantes que en las profundidades marinas), tal vez busquen refrescarse un ratito en las frías aguas del fondo.

Es posible que, mientras escribo esto, en algún otro lugar del planeta otra tintorera se haya atrevido con el récord. Estaremos pendientes.
     Con los tiburones nunca se sabe.



[Mi agradecimiento a la gente de We Like Sharks por su apoyo, pero sobre todo porque están haciendo un extraordinario trabajo con los tiburones en Portugal, estudiándolos, educando a los más pequeños e intentando concienciar a la gente en general sobre su importancia. Y por supuesto gracias también a Stephan Kober, el autor de la espectacular foto que encabeza este artículo.]
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¹Queiroz, Nuno, Nicolas E. Humphries, Leslie R. et al. (2012). "Spatial Dynamics and Expanded Vertical Niche of Blue Sharks in Oceanographic Fronts Reveal Habitat Targets for Conservation." PLoS ONE 7(2). El ejemplar, bautizado con un nombre tan soso como S10 (Shark 10), soltó su marca apenas 50 días después, el 25 de julio del 2008, habiendo recorrido una distancia mínima hacia el sur de 2721 km.

Recorrido de S10, la tintorera marcada en Portugal. Fuente: Queiroz, Humphries et al (2012).
²The New Zealand Herald, del 25 de abril de 2013. 
³Queiroz, Nuno, Gonzalo Mucientes, N. E. Humphries & David W. Sims (2014). "Oceanic habitat-use and activity patterns of large satellite-tracked blue sharks Prionace glauca in the North Atlantic: linking behaviour with fisheries". Ponencia para el The 5th Bio-logging Science Symposium.
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lunes, 23 de julio de 2012

La importancia de la lonja de Vigo

Puerto de Vigo (Foto: ACOPEVI)
Vigo es el puerto pesquero más importante de Europa. En España, representa actualmente más del 30% del total del tráfico de pesca fresca, superando en un 60% al segundo de la lista, como afirma orgullosa su Autoridad Portuaria. Su logística e infraestructuras (también mejores tasas portuarias, que han bajado del 2,4 al 2 por ciento del valor de la pesca) le permiten, además, seguir creciendo. Así lo destacaba el Atlántico Diario del 4 de abril de 2012: "Los últimos datos reflejan un incremento del tráfico de pesca fresca de un 10,79 por ciento en los dos primeros meses del año con respecto al mismo periodo en el 2011, situándose en las 9.067 toneladas; mientras que en la totalidad de puertos de interés general del Estado se experimentó un descenso del 10,93 por ciento, pasando de las 32.987 toneladas de 2011 a las 29.381 toneladas de los dos primeros meses del presente ejercicio".

Marrajos (Isurus oxyrinchus). Foto de Raquel García Canosa.
Durante el pasado año 2011, según datos de la Autoridad Portuaria, en el Berbés se subastaron 2780 toneladas de tiburón, con un precio de 6,3 millones de euros, algo más del 3 por ciento del valor total de la mercancía en fresco (210 millones) (2). Es importante destacar que no todas las descargas de tiburón proceden de la flota española. El dato, hasta cierto punto sorprendente, nos lo ofrece este titular del Faro de Vigo del 25 de enero del 2012: "El 80% de las descargas de espada y tiburón en el puerto de Vigo ya proceden de la flota portuguesa". Lo que hasta hace poco era una tendencia ascendente progresiva, causada, entre otros factores, por los mejores precios que conseguían aquí los portugueses, se ha consolidado con fuerza debido al notable incremento de las tasas portuarias en Portugal (hasta un 9% del valor de las descargas), lo cual, lejos de recaudar, lo que ha conseguido es espantar a los suyos.

En la lonja de Vigo (Foto de Raquel García Canosa).
A continuación, un extracto de un trabajo de Álex Bartolí que os va a explicar mucho mejor que yo ciertos aspectos del funcionamiento de la lonja de Vigo. Su referencia completa es:

Álex Bartolí. España, una potencia mundial en la pesca de tiburones: Revisión de las pesquerías españolas de tiburones, problemáticas de gestión y recomendaciones de mejora. SUBMON, 2009, pp. 44-46.
Según datos de la FAO del año 205 existen un total de 312 puertos pesqueros en el litoral español [...]. En función de la cantidad de desembarcos de pescado, las Comunidades Autónomas más significativas y sus puertos principales, en orden de mayor a menor, son (1): Galicia (Vigo, Cangas, A Coruña, Marín, Burela y Cillero); País Vasco (Ondarroa, Bermeo, Guetaria, Pasajes); Cantabria (Santoña); Asturias (Avilés y Gijón); Canarias (Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Arrecife de Lanzarote y Los Cristianos); Andalucía (Cádiz, Isla Cristina); Valencia (Castellón); Cataluña (Tarragona, Roses) y Baleares (Palma de Mallorca).

[...] Vigo tiene el puerto pesquero más grande e importante de Europa y es el más importante del comercio europeo de aletas y carne de tiburón. Los palangreros y otras grandes embarcaciones españolas desembarcan sus capturas en todo el mundo y, posteriormente, son enviadas a empresas de Vigo y descargadas directamente en sus muelles privados. Esto se realiza gracias a un sistema de comercio global de contenedores barato y eficiente y, desde allí, se distribuyen a otras partes de Europa y del mundo. La mayor parte de la carne de tiburón se exporta a mercados europeos, especialmente a Italia, y las aletas se envían al mercado asiático, principalmente a Hong-Kong. En el caso de las aletas, debido a su alto valor, a veces son transportadas por aviones, mientras que la carne se manda congelada mediante cargueros.
Foto: Atlántico Diario, 4-IV-2012

Las embarcaciones de palangre de la UE descargan directamente los tiburones frescos en la subasta de Vigo. Estos tiburones, procedentes de las capturas de los últimos días, no son congelados debido a que, en dicha subasta, la carne fresca de tiburón tiene mayor valor.

Existen unas diez empresas en Vigo que comercian con aletas de tiburón. La forma de comercialización consiste, principalmente, en aletas frescas o congeladas, y sus principales clientes se encuentran en China, el Sudeste Asiático, Japón y Taiwán. Los precios de aletas congeladas oscilan dependiendo de las especies. Así, las de tintorera se encuentran entre 10 y 17 $/kg, las de martillo unos 30 $/kg y las de marrajo entre 11 y 12 $/kg.

El mercado de la carne, en cambio, es de menor importancia en cuanto a valor ya que, si comparamos, el precio de la carne congelada de tintorera varía entre 1-2 $/kg, es decir, más de diez veces menos que el precio de sus aletas. Aún así, en los últimos 45 años ha aumentado el mercado de carne de tiburón. De hecho, a nivel mundial la producción reportada de la carne de tiburón fresca, congelada o seca, se triplicó entre los años 1985 y 2004, pasando de 38.000 a 100.000 Tm, respectivamente. En los últimos años, España se ha convertido en uno de los mayores productores de carne congelada de tiburón, conjuntamente con Japón y Taiwán. En relación a las importaciones, España también ocupa un lugar muy destacado, siendo líder mundial en 2004 con 17.500 Tm y, en 2005, fue el responsable del 42% del total de las importaciones europeas, seguido de Italia con el 25%.

Otros productos derivados son las mandíbulas, la piel, el aceite del hígado, el cartílago y los dientes pero, debido a la poca información de los registros comerciales de este tipo de productos, es muy difícil estimar la relación entre el comercio, las capturas y el volumen total de las pesquerías de tiburón de manera global.
Tintoreras (Prionace glauca). Foto: ACOPEVI

Hasta aquí el artículo. Como postre os incluyo los últimos datos, todavía calentitos, correspondientes a mayo de 2012. Puden obtenerse sin mayor problema en la propia página de la Autoridad Portuaria de Vigo. Transcribo literalmente:
  • Cazón: 5.784,00 kg; Valor: 4.251,88
  • Escualos: 8,00 kg; Valor: 28,00
  • Marrajo: 38.330,00; Valor: 168.333,70
  • Musola: 78,00; Valor: 103,15
  • Pintarroja: 12.131,00; Valor: 36.917,99
  • Quenlla tintorera: 195.968,00; Valor: 302.414,60
  • Total familia [Galeiformes]: 252.299,00; Valor: 512.049,32

Foto: ACOPEVI

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(1) Atlántico Diario, 23 de enero de 2012.
(2) Se incluye un cuadro basado en cifras de la FAO con las descargas de pescado fresco correspondientes al año 2005 en puertos dependientes de Puertos del Estado. En orden de mayor a menor (entre paréntesis, la cifra en toneladas métricas): Vigo (74.791), Coruña (26.999), Cádiz (24.786), Avilés (16.497), Pasajes (11.448), Gijón (8414), Castellón (7099), Santander (5510), Las Palmas (5263), Almería (5065), Marín (4787), Tarragona (3832), Alicante (3510), y Tenerife (3194).

jueves, 19 de julio de 2012

España (y Galicia), potencias mundiales en la pesca del tiburón

Lonja de Vigo. En primer término, marrajos (Isurus oxyrinchus), más allá, tintoreras (Prionace glauca) (1)






Todavía hay mucha gente en España (y por supuesto en Galicia) que desconoce este tema, o al menos que no es consciente del extremo al que hemos llegado. Otros directamente se niegan a conocer. Y muchos no siempre estamos al tanto, ni de las cifras ni de las letras. Así que vamos allá.

Letras y cifras: España es una de las mayores potencias en la captura del tiburón, tanto a nivel europeo como a nivel mundial. Y desde luego, por la envergadura de nuestra flota y por contar con Vigo, el puerto pesquero más importante de Europa, los gallegos estamos en cabeza (es cierto que cada vez más buques portugueses eligen Vigo para sus descargas, dada su eficaz infraestructura y precios, pero el tonelaje total no es lo suficientemente abultado como para restarnos el menor mérito).
Las letras parecen claras, sin embargo las cifras no lo son tanto. Conviene advertir que prácticamente todos los números que vienen a continuación reflejan en buena medida lo que cada barco, cada flota y cada país han decidido comunicar (y por tanto ocultar) a las autoridades correspondientes, no siempre con exactitud tanto en lo relativo a las capturas accidentales y los descartes como a las especies implicadas. Naturalmente, no incluyen estimaciones de los ejemplares que salen del barco directamente al camión sin pasar por lonja, práctica habitual en todas partes, como nadie ignora; por no hablar de la situación en los países del tercer mundo donde también descarga nuestra flota (2), que ya os podéis imaginar.

Campeones de Europa: Efectivamente, no sólo en el fútbol, también en la pesca de tiburones somos los campeones de Europa. Según datos de la FAO (3), en 2009 los buques con bandera de la UE desembarcaron un total de 112.329 toneladas de elasmobranquios (tiburones y rayas) capturados en todo el mundo.
Más de la mitad de todas estas descargas fueron realizadas por españoles: 62.158 t, seguidos, a muchísima distancia, por franceses (19.498 t) y portugueses (18.614 t), y, a años luz, por los ingleses, con 5113 t.

Medalla de bronce en el Mundial: Si en Europa somos los campeones absolutos, a nivel mundial ocupamos un más que honroso tercer puesto. He aquí la lista del top-10 (las cifras corresponden al promedio anual de toneladas de tiburones desembarcados entre los años 2000 y 2008 (4); entre paréntesis, el porcentaje sobre el total):
  1. Indonesia: 109.248 (13,3%).
  2. India: 74.050 (9,0%)
  3. España: 59.777 (7,3%)
  4. Taiwan: 47.636 (5,8%)
  5. Argentina: 35.089 (4,3%)
  6. México: 33.971 (4,1%)
  7. Pakistán: 32.277 (3,9%)
  8. EEUU: 30.686 (3,7%)
  9. Japón: 24.961 (3,0%)
  10. Malasia: 24.334 (3,0%)
Francia está situada en el puesto duodécimo, con 21.511 t (2,6%); Portugal, en el decimosexto, con 15.819 t (1,9%); y Reino Unido se queda en el bochornoso y lejanísimo decimonoveno con 13.356 t (1,6%).
Tintoreras (Prionace glauca)

Especies implicadas: Volviendo a los datos del 2009, la tintorera fue (y sigue siendo) de lejos la especie con mayor volumen de capturas por parte de buques comunitarios, casi la mitad del total. En último lugar se sitúa el "tiburón martillo" (Sphyrna spp.) sin especificar de qué especies se trata. Este es el ranking (al lado de cada especie, el total de toneladas descargadas, así como los principales países que las capturan y, entre paréntesis, el tonelaje; he omitido las rayas):
  1. Tintorera (Prionace glauca), 53.397 t: España (40.483), Portugal (12.083).
  2. Pintarrojas, colayos, etc. (fam. Scyliorhinidae), 7483 t: Francia (5836), España (1036).
  3. Marrajo (Isurus oxyrinchus), 5147 t: España (3391), Portugal (1737).
  4. Musolas (Mustelus spp.), 4317 t: Francia (3095), Italia (495).
  5. Cazón (Galeorhinus galeus), 1077 t: España (576), Francia (330).
  6. Zorro marino (Alopias vulpinus), 247 t: España (122), Portugal (70).
  7. Tiburones martillo (Sphyrna spp.), 227 t: España (178), Portugal (37).
  8. Otros (sin especificar rayas o tiburones), 19.751 t.
Estas cifras constatan la preeminencia de España y, a bastante distancia, Portugal en la captura de las grandes especies pelágicas por parte, sobre todo, de sus potentes flotas de palangreros, que ha extendido su radio de acción al Pacífico y el Índico; en tanto que países como Francia y Reino Unido se concentran más en las pequeñas especies demersales de tiburones y rayas. 

Exportación de aleta: Los tiburones pasaron de ser captura accidental de las pesquerías del atún y pez espada a constituirse en especie objetivo, con un volumen de capturas igual o incluso superior, debido a la desmesurada demanda y, consecuentemente, el elevadísimo precio que alcanza la aleta en el mercado asiático, donde puede llegar a pagarse a 500 € el kilo (5).
De hecho, somos una de las primeras potencias mundiales en el suministro de aleta a los mercados asiáticos (Hong Kong y China continental, fundamentalmente), que se exporta desde dos puertos clave: Las Palmas (donde no sólo descargan palangreros españoles, sino también japoneses) y, sobre todo, Vigo, del que nos ocuparemos en otro post.

Fuente: Pew Environment Group, Navigating Global Shark Conservation Current Measures, p. 5.
Este gráfico, recientemente publicado (6), está basado en las últimas cifras oficiales del Census and Statistics Department of Hong Kong de 2012 referidas a las importaciones de aleta de tiburón (recordemos que Hong Kong que es el mayor mercado de aleta del mundo, responsable aproximadamente del 50% del comercio global, que se dice pronto). Según este organismo, durante el 2011, 83 países suministraron más de 10,3 millones de kilos de aleta... a la cabeza de los cuales, en efecto, estamos nosotros, España, seguidos de Singapur, Taiwan, Indonesia, Emiratos Árabes, Trinidad y Tobago, Yemen, México, EEUU, Costa Rica, Perú, Japón, Ecuador, Brasil y Senegal. En conjunto, la UE es el segundo bloque más importante, después de Asia, obviamente, y seguido de Hispanoamérica y el Caribe, África, Norteamérica y Oceanía.

Y vale insistir, una vez más, en el gravísimo detalle de la inexactitud de las cifras oficiales de capturas de tiburones. Tal como explica este informe, textualmente: "Las pruebas demuestran que en realidad la captura de tiburones a nivel mundial puede ser de tres a cuatro veces superior a las estadísticas oficiales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)"(7).

Aletas en Vigo

Pues ya sabéis... Si es que no todo va a ser fútbol. También somos unas máquinas en economía sumergida y en esto de los tiburones.

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(1) Muchas gracias a Raquel García Canosa por haberme enviado desinteresadamente las imágenes que ilustran este post, tomadas por su grupo de trabajo en la lonja de Vigo (me guardo alguna más para otro post).
(2) "Según los informes anuales remitidos a la Comisión por las autoridades españolas de acuerdo con el Artículo 6(1) de la Regulación, entre 2004 y 2008 los buques españoles con permisos especiales de pesca [permisos que cada país comunitario entrega a discreción a aquellos barcos que lo soliciten autorizándoles a desembarcar las aletas y los cuerpos de los tiburones en puertos distintos: Ver] descargaron aletas y cuerpos procesados de diferentes formas en puertos no comunitarios de Australia, Brasil, Cabo Verde, Chile, Ecuador, Fiji, Polinesia Francesa, Indonesia, Kenia, Mauricio, Namibia, Nueva Caledonia, Panamá, Perú, Senegal, Suráfrica, Trinidad y Tobago, y Uruguay. Los desembarcos anuales en puertos no comunitarios por parte de buques españoles con permisos de procesado a bordo fueron de 8077 toneladas en 2005, 9003 toneladas en 2006, 8295 toneladas en 2007 y 9119 toneladas en 2008."
(Informe de la Comisión de 23 de noviembre de 2011: Impact Assessment Accompanying the document Proposal for a Regulation of the European Parliament and of the Council amending Regulation (EC) No 1185/2003 on the removal of fins of sharks on board vessels, p. 9.)
(3) Informe de Shark Alliance según datos de FAO FishStat Plus, 2009
(4) Sara Fowler y Bernard Séret. Shark fins in Europe: Implications for reforming the EU finning ban. European Elasmobranch Association e IUCN Shark Specialist Group, 2010.  
Para ser justos, debemos advertir que los datos de los países de la UE son bastante más fiables y rigurosos, pese a todo, que los de otros lugares del planeta donde las leyes y el control por parte de las autoridades correspondientes son más laxos o directamente inexistentes (cuando no se ha establecido una connivencia del poder político y judicial con las redes de tráfico de aleta, como es el caso, por ejemplo, de ciertos países centroamericanos famosos por sus santuarios de tiburones).
(5) Dato del mencionado Informe de la Comisión de 23 de noviembre de 2011, p. 6.
(6) Ver informe del Pew Environment Group, Navigating Global Shark Conservation: Current Measures and Gaps, a cuyo resumen podéis acceder pinchando aquí.
(7) Y continúa: "Esto es debido a la ausencia de datos suministrados a la FAO por parte de naciones que pescan tiburones. De los países que sí suministraron datos, se reportó la cantidad de 737.073 toneladas de tiburones y rayas desembarcados en el 2010. De ellos, dos tercios, o sea 493.839 toneladas, fueron catalogados como tiburones. El tercio restante de los desembarcos se catalogó como: "tiburones, rayas, etc. nei [acrónimo de not elsewhere included, 'no incluidas en ninguna otra parte']" en vez de con el nombre de cada especie, o tan siquiera como "tiburón", haciendo casi imposible conocer cuántos tiburones fueron desembarcados." Sus estimaciones, realizadas tomando como base los registros de capturas más detallados, apuntan a que durante el 2010 se desembarcaron 600.000 toneladas en todo el mundo.