Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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lunes, 18 de enero de 2016

En el banco de Galicia

Una negra o carocho (Dalatias licha) sobre un fondo de arena media y ofiuras en la cima del banco de Galicia. (Foto: F. Sánchez, IEO).
La montaña más alta de Galicia no está en Ourense, sino en pleno Atlántico. Su inmensa mole se alza desde más allá de los 5000 m de la llanura abisal de Iberia hasta los 653 m del punto más elevado de su cima. Es el banco de Galicia, nuestra gran montaña submarina, prolongación occidental de la cadena de los Pirineos y la Cordillera Cantábrica formada hace unos 40-50 millones de años por la colisión de las placas africana y euroasiática.
     El banco de Galicia está situado 120 millas (cerca de 200 km) al oeste de las costas de Galicia, en los 42º 67'N, 11º 74'W. Su cima es una plataforma triangular inclinada hacia el NW de 75 km, en sentido NE-SW, por 58 km en sentido NW-SE, con una superficie aproximada de 1844 km². Está separado de tierra firme por una amplia cuenca sedimentaria, la cuenca interior de Galicia, bautizada como canal de Valle-Inclán, y alineado con una serie de montes submarinos que cortan la llanura abisal de Iberia: los bancos de Vasco da Gama, Vigo y Porto [véase Bajo el mar de Galicia].

LLI: Llanura abisal de Iberia; MPG: Margen profundo de Galicia; FNW: Flanco o escarpe noroccidental de Galicia; MRG: Montes Rucabado y García; BG: Banco de Galicia; ZT: Zona de transición; CIG: Cuenca interior de Galicia o canal de Valle-Inclán; BVG: Montes submarinos de Vasco da Gama; BV: Banco de Vigo; BP: Banco de Porto; LLV: Llanura abisal de Vizcaya. (A partir del mapa de la IGME.)
Perfil batimétrico. Fuente: ZEE.
Corrientes y nutrientes. Las montañas submarinas son oasis oceánicos. En medio de la desolación del océano abierto, estas gigantescas formaciones se interponen en el flujo de las corrientes e interceptan y fijan los nutrientes y organismos que éstas transportan, al tiempo que proporcionan una amplia variedad de hábitats para las más diversas criaturas. Las corrientes abisales, por ejemplo, que recorren el fondo de los océanos, al colisionar contra sus paredes toman un sentido ascendente llevando hacia la superficie su rica carga de nutrientes —lo que se conoce como afloramiento o upwelling—, que inmediatamente son pasto de la infinidad de microorganismos que constituyen la base de una gran red trófica. Además, en los montes submarinos se generan sistemas locales de circulación —giros, remolinos, meddies, columnas de Taylor— que favorecen la retención y distribución a pequeña escala de nutrientes, huevos, larvas y diversos microorganismos.
     En el banco de Galicia confluyen nada menos que tres grandes masas de agua perfectamente estratificadas: la primera, de aguas frías y poco salinas, procede del Atlántico NE y discurre bajo la superficie hasta aproximadamente los 500-600 m; la segunda, de mayor concentración salina, circula entre los 600-1200 m y es un ramal de aguas mediterráneas que, procedentes del Estrecho, vienen ascendiendo todo a lo largo de la fachada occidental de la Península en dirección al mar de Noruega; y la tercera, la más profunda, de aguas más frías y densas, procede del Labrador e impacta contra la montaña a partir de los 1500 m. No hace falta añadir que es la corriente mediterránea la que más incidencia tiene sobre las condiciones de nuestra montaña.
Perspectiva S-N. (Fuente: IEO.)
Biodiversidad. La conjunción de las corrientes verticales y horizontales con otros factores ambientales constituye el motor de la enorme biodiversidad del banco de Galicia. Se han registrado cerca de 800 organismos pertenecientes a diversos grupos taxonómicos, además de 10 especies de cetáceos y 29 de aves marinas. Y lo más admirable, se han descubierto 20 especies nuevas para la ciencia, como el Uroptychus cartesi, un pequeño cangrejo que vive a más de 1400 m sobre los corales y gorgonias, o la caracola Aforia serranoi.

     a) En la columna de agua. Los cimientos de esta extraordinaria estructura biológica se encuentran no en el fondo, sino en el medio pelágico, en el fitoplancton. A partir de la luz solar y de los nutrientes transportados por las corrientes, estos microorganismos fotosintetizadores fabrican la energía biológica primordial que sustenta la gran red trófica. El fitoplancton sirve de alimento al zooplancton, pequeños organismos de origen animal —crustáceos y moluscos diminutos, criaturas gelatinosas, etc.— quienes, a su vez, serán pasto de criaturas de mayor tamaño, como pequeños peces y cefalópodos, o directamente gigantescas, como los peregrinos (Cetorhinus maximus) y los rorcuales comunes (Balaenoptera physalus). El resto ya lo sabéis: los peces más grandes se van comiendo a los más chiquitos hasta llegar a los grandes marlines y atunes y a los tiburones pelágicos como la tintorera (Prionace glauca), el marrajo (Isurus oxyrinchus) y el cailón (Lamna nasus).
     Tortugas, cetáceos y aves marinas acuden a esta zona atraídas por sus enorme productividad. Se ha registrado la presencia de la tortuga boba (Caretta caretta) y de hasta 10 especies de mamíferos marinos: delfines (mulares, comunes y listados), calderones (gris y común), orcas, zifios (de Cuvier y de Sowerby), y grandes ballenas como el cachalote y el rorcual común, que hace justamente aquí una parada en su migración desde sus zonas de alimentación en el Atlántico norte hasta sus territorios de cría en el sur.
     La disponibilidad de alimento y la gran distancia de la costa explican la existencia de una rica comunidad de aves, en la que destacan las oceánicas, muy difíciles de observar en áreas costeras. El banco de Galicia es el único lugar de España, aparte del entorno de las Canarias, donde se puede observar el paíño de Madeira (Oceanodroma castro) y una de las dos únicas zonas de congregación conocidas en el mundo. El listado incluye otros paíños, como el europeo, el boreal, pechialbo, de Wilson, el fulmar norteño, las pardelas (cenicienta, capirotada, pichoneta, sombría), los págalos (grande, pomarino, parásito, rabero), petreles (gon-gon, de Bulwer), alcas, alcatraces, gaviones, charranes (común, patinegro y ártico) y, naturalmente, las gaviotas (patiamarilla, sombría, de Sabine, enana).

Perspectiva N-S. Los "buratos" son grandes cráteres descubiertos en la zona de transición entre el canal y el banco que probablemente denotan la presencia de algún tipo hidrocarburo. (Fuente: IGME, tomada de La Voz de Galicia del 6-I-2013.)
     b) En el mar profundo. Los nutrientes y la materia orgánica de la columna de agua, compuesta de restos de organismos, heces, bacterias y microalgas, caen lentamente para fertilizar el silencio de los fondos sin luz. Es lo que se conoce como nieve marina. Gracias a ella, el paisaje del abismo es también un oasis de vida con una insospechada y asombrosa biodiversidad.
     Aquí los factores ambientales que determinan la presencia de unos organismos u otros son básicamente el tipo de sustrato, las corrientes, la pendiente y la sedimentación. En este sentido hay que decir que los sedimentos del banco de Galicia proceden de la columna de agua, al retener el canal de Valle-Inclán la práctica totalidad de los que vienen del continente.
     Los poliquetos son las criaturas más abundantes de las que viven enterradas en los sedimentos, sobre todo a partir de los 1500 m, seguidas de los moluscos bivalvos, algunas de cuyas especies, sin embargo, prefieren las zonas donde crecen los corales, cuyas bases muertas utilizan para anclarse, al igual que ciertos gasterópodos. Sobre el fondo, según el tipo de sustrato, encontramos ofiuras (muy abundantes en las arenas medias de la cima del monte), holoturias (arenas finas de las laderas), erizos, briozoos, y una amplia variedad de crustáceos como el cangrejo real y el cangrejo puercoespín, pero también gambas, camarones, arañas de mar...
     Sobre las rocas y sedimentos de la cima, paredes y laderas se han formado colonias de organismos sésiles como las esponjas y los corales que proporcionan alimento y refugio a infinidad de criaturas, y favorecen las agregaciones de peces demersales y bentopelágicos. En algunas áreas encontramos hábitats mixtos de gorgonias y esponjas, por ejemplo sobre las zonas de pendiente pronunciada de la ladera sur; y en otras se detecta un predominio de unos sobre otros.
Colonias de corales de aguas frías Lophelia pertusa en el fondo de arena de la plataforma de la cima a 820 m. En la zona apical se observan los pólipos vivos y debajo... ¿un depredador? (Foto: F. Sánchez, IEO).
    La riqueza en corales del banco de Galicia es sencillamente extraordinaria. Se han identificado unas 100 especies, tanto de hábitos solitarios como coloniales, muchas totalmente nuevas en aguas españolas e incluso europeas: gorgonias, corales negros, corales bambú, anémonas, pólipos de botón, plumas de mar. El grupo más característico es el de los corales pétreos o duros (Escleractinias), entre los que destacan Lophelia pertusa y Madrepora oculata, que forman auténticos arrecifes entre los 780-880 m de profundidad, tanto en sustrato duro como arenoso, y constituyen el hábitat de una gran variedad de organismos, incluidos otros corales.
     Además de los arrecifes de coral, sobre el fondo encontramos también arrecifes de poliquetos y comunidades de mejillones u ostreidos que conforman hábitats complejos que incrementan la biodiversidad de la zona.

Tomases (Epigonus telescopus). El tamaño de los ojos denota que son especies de profundidad. Estos ejemplares proceden no del banco de Galicia, sino del cantil de la plataforma. (Foto: Toño Maño).
     En cuanto a las especies piscícolas, en las aguas profundas del banco la riqueza y variedad es también asombrosa. Además de especies comerciales más o menos familiares como el congrio, el rape blanco o la palometa roja, encontramos otras más extrañas y de aspecto más inquietante: tomases, relojes (Hoplostethus spp.), anguilas de profundidad (Synapobranchus kaupi), los peces trípode (Bathypterois sp.), con las tres típicas extensiones rígidas de las aletas que les permiten asentarse bien por encima del fondo a la espera de una presa, los estrambóticos peces pelícano (Eurypharynx sp. y Saccopharynx sp.), de cuerpo alargado y una boca y faringe gigantescas, o el pez víbora (Chaliodus sloani), una fantasmagórica criatura bioluminiscente de terrible aspecto dotada de una boca enorme y unos dientes más enormes todavía. Sin olvidarnos de las quimeras, representadas por tres especies: Chimaera monstrosa, Chimaera opalescens e Hidrolagus affinis, estas dos últimas citadas por primera vez en la INDEMARES.

Tiburones del banco de Galicia. Un indicio de la productividad de una zona es la abundancia de depredadores. Y como era de esperar, en el banco de Galicia la clase de los tiburones está muy bien representada. Además de las especies pelágicas ya mencionadas, el grupo más importante es sin duda el de los tiburones de aguas profundas, desde los grandes depredadores del fondo como la cañabota (Hexanchus griseus) y el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), que pueden superar los 5 m, hasta el  negrito (Etmopterus spinax), que no sobrepasa los 60 cm. Entre medias, contamos con especies tan extraordinarias como el musolón (Pseudotriakis microdon), la negra o gata (Dalatias licha) y el dormilón (Somniosus rostratus), además de los tollos lucero o tiburones linterna (género Etmopterus), así llamados porque son bioluminiscentes, es decir, son capaces de generar luz gracias a unos orgánulos (los fotóforos) presentes en su piel [Bioluminiscencia I: Los fotóforos].
     Por el momento llevamos identificados 27 tiburones, y a saber cuántos nos quedan por descubrir. Solo muy recientemente campañas como la INDEMARES han podido encontrar especies nunca antes descritas en nuestra zona. Es el caso de los pejegatos (género Apristurus); y fueron nada menos que tres especies: el pejegato fantasma blanco (Apristurus aphyodes), el pejegato narizón (Apristurus melanoasper) y el pejegato abisal (Apristurus profundorum), que fueron capturados a 1683-1808 m, 1683m y 1460 m, respectivamente [véase Apristurus en Galicia]. En la misma campaña INDEMARES se produjo el registro más meridional conocido del olayo de Islandia (Galeus murinus): 17 ejemplares capturados entre los 1450-1683 m.

Algunos tiburones del banco de Galicia. A la izquierda, de arriba abajo: pejegato fantasma blanco (Apristurus aphyodes), cañabota (Hexanchus griseus) y pailona (Centroscymnus coelolepis). A la derecha, de arriba abajo: bruja (Scymnodon ringens) y visera flecha (Deania profundorum). (Fuente: IEO)
Los campeones de profundidad están también representados aquí: el tollo lucero raspa (Etmopterus princeps) y la pailona (Centroscymnus coelolepis), con registros mundiales de 4500 m en el Atlántico norte y 3675 m, respectivamente.
     Otras especies detectadas en el banco son: el quelvacho (Centrophorus granulosus), el quelvacho negro (Centrophorus squamosus), la sapata negra (Centroscymnus crepidater), la visera (Deania calcea), la visera áspera (Deania hystricosa), el tollo lucero liso (Etmopterus pusillus), el olayo (Galeus melastomus), el cerdo velero (Oxynotus paradoxus) y la mielga (Squalus acanthias), cuyos registros algunos califican de dudosos, producto de una identificación errónea, habida cuenta de que durante la INDEMARES no se encontró ni un solo ejemplar de la especie.
     En la INDEMARES, las principales especies en términos numéricos fueron el negrito, la visera flecha (Deania profundorum) y la bruja (Scymnodon ringens); y en cuanto a biomasa, la bruja, la pailona y la visera flecha. Sobre la cima del banco, en fondos de sedimentos entre los 800-900 m, las especies más abundantes parecen ser el negrito y la visera flecha. Curiosamente, en una campaña realizada entre 1998 y 1999, los tiburones más numerosos en todos los lances llevados a cabo en diferentes cotas (<750 m, 750-850 m y >850 m) fueron, en este orden: Dalatias licha, Deania calcea, Scymnodon ringens, Centrophorus squamosus y Etmopterus spinax. Esta segunda posición de la D. calcea seguramente puede explicarse por una confusión con D. profundorum y, probablemente, también con D. hystricosa.

Comunidades en peligro. Las comunidades de aguas profundas se caracterizan en general por su fragilidad y vulnerabilidad. En este ambiente de aguas muy frías y una presión brutal, las criaturas suelen ser muy longevas, de crecimiento lento y baja tasa reproductiva, pues maduran tardíamente y tienen camadas muy bajas tras un periodo de gestación largo. El quelvacho (Centrophorus granulosus), considerado En peligro crítico por la UICN, es un claro ejemplo de esto, y también la mielga (Squalus acanthias), con uno de lo periodos de gestación más largos de todos los vertebrados, 24 meses. Un ejemplar de coral de hábitos solitarios, Desmophyllum cristagalli, de tan solo 5-10 centímetros puede llegar a tener miles de años de edad. El reloj anaranjado (Hoplostethus atlanticus) es uno de los peces más longevos que existen, pudiendo vivir cientos de años.
     El mar profundo es un mundo cerrado, ajeno, relativamente estable y radicalmente inexpugnable para los seres que habitamos en la superficie. Así ha sido durante millones de años, hasta hoy, que contamos con medios técnicos cada vez más potentes para alcanzar —y destruir— todo un universo de extrema fragilidad. Las amenazas que se ciernen sobre el mar profundo en general y sobre el banco de Galicia en particular son antropogénicas: fundamentalmente la contaminación, la pesca industrial y, para redondear la cosa, los planes para una futura extracción de hidrocarburos. De momento el banco parece mantenerse a salvo de la amenaza de lo segundo, si bien el impacto de las actividades pesqueras no ha sido investigado en detalle.
     Qué contentos nos vamos a poner.

El Prestige en el banco de Galicia. El "quinto pino", aquel lugar adonde nuestras patéticas autoridades dijeron, aquel fatídico 2002, que iban a enviar el buque, resultó ser una de las zonas de mayor biodiversidad de Galicia. Previamente, lo pasearon a lo largo de la costa mientras iba soltando su carga de piche o chapapote, como quien pasa un spray insecticida por el zócalo de la cocina. Arriba: el buque en el instante de su hundimiento, tras partirse en dos. Abajo a la izquierda, zona del hundimiento (fuente: ICM-CSIC); a la derecha, situación de la popa y la proa del Prestige (fuente: ICM-CSIC).
La UE ha declarado el banco de Galicia, junto con otros ocho espacios marinos españoles (cañones submarinos de Avilés, Seco de los Olivos, etc.), como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), lo que al menos teóricamente implica el deber conservarlo, incluyendo, naturalmente, todas las especies que en él habitan.

Para completar esta información, es más que recomendable que consultéis la serie que está publicando un blog amigo, Ecología Azul-Blue Ecology:
     ·El banco de Galicia 1/3: Ciencia marina.
     ·El banco de Galicia 2/3: Presión pesquera.
     ·El banco de Galicia 3/3: Ictiofauna.


Bibliografía manejada:

-De la Torriente, Ana, A. Serrano, María Druet, María Gómez-Ballesteros, Juan Acosta, Santiago Parra, et al. (2014). Banco de Galicia. Áreas de estudio del proyecto LIFE+INDEMARES. Proyecto LIFE+INDEMARES. Ed. Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.
-Piñeiro, C. G., M. Casas y H. Araújo (2001). Results of Exploratory Deep-sea Fishing Survey in the Galician Bank: Biological Aspects on Some of Seamount-associated Fish (ICES Division IXb). NAFO SCR Doc. 01/146.
-Rodríguez-Cabello, Cristina, A. Serrano, R. Bañón, F. Sánchez y M. Pérez (2012). Deep-water chondrichtyan species caught in the Galicia Bank (NE Atlantic). Póster presentado en el XVII del SIEBM (Simposio Ibérico de Estudios de Biología Marina).
-Rodríguez-Cabello, Cristina, M. Pérez & Rafael Bañón (2014). Occurrence of Apristurus species in the Galicia Bank Seamount (NE Atlantic). Journal of Applied Ichthyology, 1-10, doi:10.1111/jai.12480. 

martes, 11 de septiembre de 2012

Dónde viven los tiburones

Visera (Deania calcea) fotografiada a 1000 m en el Atlántico nororiental. (Foto: Nicola King, Universidad de Aberdeen).

Hace unos cuantos millones de años que los tiburones lograron colonizar con éxito los más diversos rincones del océano, estableciéndose incluso de de forma permanente en algunos ríos, como las especies fluviales del género Glyphis (Carcharhiniformes: Carcharhinidae). Lo más notable es que esta impresionante capacidad de adaptación se ha conseguido tan solo mediante un puñado de modificaciones realizadas sobre un diseño básico pero extraordinariamente eficaz: esqueleto de cartílago, 5-7 pares de aberturas branquiales laterales no protegidas por opérculos, ausencia de vejiga natatoria, etc. Así, por ejemplo, cuando las condiciones ambientales aconsejaron la instalación de un mayor número de electrorreceptores, se optó por ampliar la superficie sensorial alargando el morro (en algunos casos también ancheándolo), pero siempre respetando el diseño hidrodinámico marca de la casa; si en aguas profundas, donde apenas llega la luz, la velocidad no resultaba imprescindible para la obtención de alimento, se invirtió menos energía en la construcción y diseño de las aletas (eliminando algunas en determinados casos), y más en la formación de un hígado más grande con el que alcanzar la flotabilidad neutra; por el contrario, cuando lo esencial era la estabilidad y la potencia para la caza en aguas superiores, el hígado se hizo más pequeño, se alargaron las aletas y se instalaron potentes quillas laterales en el pedúnculo caudal, autorizando, como es lógico, la calcificación parcial del endoesqueleto para reforzar aquellas áreas más expuestas a la presión y esfuerzo físico; hubo incluso una escudería que desarrolló un sistema de calefacción con el que logró mejorar el rendimiento muscular y aumentar la velocidad del módulo de procesamiento de información y toma de decisiones... y así un pequeño etcétera.
De modo que quitémonos de la cabeza la imagen popular de una criatura primitiva que sólo piensa en comer y aparearse (si de verdad queréis ver qué es una criatura primitiva guiada exclusivamente por sus instintos primarios, encended la televisión y poned, por ejemplo, Tele 5, o uno de estos programas de cotilleos, o mismamente un debate parlamentario). El tiburón es en realidad una especie tan sumamente moderna y avanzada que tardó relativamente poco en alcanzar un éxito evolutivo espectacular, de ahí que su diseño haya permanecido vigente, sin apenas modificación sustancial alguna, a lo largo de los últimos millones de años. ¿Qué necesidad hay de cambiar lo que está bien hecho? No en vano, el diseño corporal del tiburón continúa estudiándose y sirviendo como base para nuevos avances técnicos en campos tan diversos como el diseño naval, el aeronáutico, el diseño de prendas deportivas, etc.

El Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus) es una especie marcadamente mesopelágica, pero dependiente de los fondos del talud. Este ejemplar fue fotografiado a 874 m por la NOAA.
En el post anterior vimos como el fondo del mar es en realidad una extensísima región cuya compleja estructura geológica alberga una insospechada variedad de hábitats. Estos hábitats han sido clasificados y catalogados por los científicos mediante una serie de etiquetas que es necesario conocer, puesto que son las que utilizamos para describir el modo de vida y costumbres de los tiburones. Existen tiburones pelágicos y tiburones bentónicos, tiburones demersales, epipelágicos y mesopelágicos, tiburones costeros y tiburones oceánicos, etc., y tiburones que se lo pasan transitando entre una zona y otra.
Cada especie ha elegido un rincón particular del océano donde establecerse, para lo cual, como hemos visto arriba, ha tenido que someterse a las modificaciones más adecuadas con las que soportar las condiciones impuestas por el ambiente. Podríamos decir que su estructura morfológica viene determinada por el medio.

Partimos de este excelente esquema realizado por Xvazquez para Wikipedia, bien claro:

(1) Región nerítica; (2) Región oceánica. (3) Zona epipelágica; (4a) Zona mesopelágica; (4b) Zona batipelágica; (5) Zona abisopelágica; (6) Zona hadopelágica. (A) Plataforma continental; (B) Talud continental, Zona batial; (B1) Talud superior; (B2) Talud inferior. (C) Zona abisal. (D) Zona hadal. La t es la termoclina, un área de las capas superiores en que la temperatura del agua cae bruscamente.

1) En primer lugar, el océano puede dividirse en dos grandes regiones en función de su distancia de tierra: la nerítica (1) y la oceánica (2):
  • Región nerítica: Corresponde a las aguas más próximas a la costa, sobre la plataforma continental.
  • Región oceánica: El océano más allá de la plataforma, alta mar.


2) A partir de aquí se establecen dos grandes dominios: el dominio pelágico (números 3 al 6) y el domino bentónico (letras A - D).
    Especie típicamente bentónica: Angelote (Squatina squatina),
    en una excelente fotografía de José Torre Busto.
  • Dominio pelágico: Constituido por la masa de agua comprendida entre la superficie y las proximidades del fondo, más todos sus habitantes. El nombre procede del término griego pélagos, 'mar abierto', 'piélago'.
  • Dominio bentónico: Del griego benthos, 'fondo del mar'. Constituido por el fondo marino y las plantas y animales que viven sobre él o dentro de él.


3) A su vez, el dominio pelágico, atendiendo a factores como la luz solar, la temperatura o la salinidad, puede dividirse en:
  • Zona epipelágica: (3) Hasta los 200 m de profundidad aproximadamente. Es la zona que permanece iluminada por la luz del sol, lo cual permite la fotosíntesis y por tanto el desarrollo de la producción primaria (el prefijo epi-, de origen griego, significa 'superficie').
  • Zona mesopelágica: (4a) 200-1000 m aprox. (del prefijo también griego meso-, 'medio'). Espacio de transición o zona crepuscular entre la luz y la oscuridad
    Tintorera (Prionace glauca) fotografiada por Joe Romeiro.
    Especie pelágica oceánica.
    total. La cantidad de luz que llega hasta aquí resulta insuficiente para que pueda realizarse la fotosíntesis. Hay menos oxígeno disuelto en el agua, lo que obliga a la optimización del rendimiento de las branquias. Muchas criaturas ascienden a la superficie durante la noche para alimentarse. Abundan las especies bioluminiscentes. En las proximidades del margen continental, se correspondería con la parte superior del talud continental.
  • Zona batipelágica: (4b) 1000-4000 m aprox. (del grieto bathys, 'lo profundo'). Es el reino de la oscuridad absoluta punteada por los destellos de alguna criatura bioluminiscente. Aguas muy frías bajo una presión asfixiante. Cerca de la plataforma, es la capa de agua que baña el talud medio e inferior continental.
  • Zona abisopelágica: (5) Desde los 4000 m hasta el suelo oceánico, en torno a los 6000 m. Su nombre procede del griego ábyssos, el abismo, lo insondable.
  • Zona hadopelágica: (6) 6000-11000 m. Corresponde a la zona más profunda del mar: las fosas abisales. Su nombre deriva de Hades, nombre con que los griegos designaban el inframundo.

4) El dominio bentónico se divide, según la profundidad y la zona del margen continental, en:
  • Zonas intermareal (zona expuesta al aire con marea baja y sumergida con marea alta) y submareal (zona permanentemente cubierta por el mar, o sea, la mayor parte de la plataforma); también se las conoce como litoral y sublitoral, respectivamente. (A)
  • Zona batial: (B) Zona del talud continental entre los 200 y los 4000 m aproximadamente.
  • Zona abisal: (C) Zona del suelo oceánico o llanuras abisales entre los 4000 y los 6000 m aprox.
  • Zona hadal: (D) Comprende el suelo de las fosas oceánicas desde aproximadamente los 6000 m hasta los 11.022 m de la fosa de las Marianas.
Por otro lado, muchas veces se emplea el término demersal para referirnos a aquellas especies cuya vida transcurre muy cerca del fondo, en la capa de agua colocada justo encima de él.

(Fuente: NOAA)
Tiburones fuera del abismo. 
Los tiburones empiezan a escasear a medida que descendemos más allá de los 2000 m, hasta quedar práctica o totalmente ausentes del dominio abisal, a partir de los 4000 m. Su presencia en esta zona es muy rara, probablemente queda limitada a incursiones ocasionales. Una de las explicaciones más plausibles es que la elevada necesidad energética de estos animales (pensemos que se encuentran en los puestos más altos de la cadena trófica) no puede satisfacerse en un medio oligotrófico, es decir, de tan baja productividad, tan pobre en nutrientes¹. Por otro lado, en un lugar donde no solo escasea el alimento, sino que pueden transcurrir largas temporadas entre un festín y otro, la supervivencia depende de la capacidad de almacenamiento de energía. Y aquí los tiburones están en clara desventaja competitiva con los teleósteos: éstos, al disponer de vejiga natatoria para el control de flotación, pueden destinar el hígado al completo para el almacenamiento de lípidos; en cambio, el hígado de los tiburones debe compartir esta función con la del control de la flotabilidad, almacenando aceites más livianos que el agua, como el escualeno.²

El récord absoluto de profundidad de todos los tiburones lo ostentaba, hasta hace poco, una especie presente en nuestras aguas, la pailona (Centroscymnus coelolepis), justamente conocida en inglés como Portuguese dogfish, con nada menos que 3675 m. Pero recientemente se lo ha arrebatado otra especie que también tenemos por aquí, concretamente un tiburón linterna, el tollo raspa (Etmopterus princeps), con 3750-4500 m registrados en al Atlántico norte.

Pailona (Centroscymnus coelolepis) en Viana do Castelo (Foto: APECE)
Etmopterus princeps capturado en las Azores, en las proximidades del campo hidrotermal Lucky Strike. Foto: Pedro Niny Duarte (c) ImagDOP.

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¹Imants G. Priede, Rainer Froese, David M. Bailey et al. (2006). "The absence of sharks from abyssal regions of the world's oceans". Proceedings of the Royal Society, vol. 273, no. 1592, pp. 1435-1441.
²Véase J. A. Musick & C. F. Cotton (2014). "Bathymetric limits of chondrychthyans in the deep-sea: A re-evaluation". Deep-Sea Research II.  http://dx.doi.org/10.1016/j.dsr2.2014.10.010i
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lunes, 3 de septiembre de 2012

Bajo el mar de Galicia

—A ver, ¿dónde viven los tiburones?
—Y dónde va a ser... pues en el mar.
—Vale. Pero ¿en qué parte del mar?
—Pues dentro de él.
—No me entiendes.
—No te explicas.
Tramo de océano desde el cabo Ortegal (Foto: Toño Maño)
Pues no. Me temo que este post que abre el nuevo curso no va a tratar exactamente sobre tiburones, sino sobre geografía. Y por un motivo creo que elemental: si queremos ser un poco rigurosos, no podemos seguir hablando de estos bichos sin saber algo del lugar donde se les puede encontrar. Al fin y al cabo son las características físicas, químicas y geológicas de cada rincón del relieve submarino las que determinan de alguna manera el tipo de especies que lo van a habitar. Hoy no vamos a entrar en terrenos tan específicos como las condiciones de presión, temperatura, salinidad, etc. porque este post se haría larguísimo, aunque los trataremos en su momento. El objetivo que nos proponemos es bastante más modesto: descubrir cómo es y qué aspecto tiene el fondo del mar que nos rodea, explicar a qué nos referimos cuando decimos, pongamos por caso, que tal especie habita en el talud superior, y también qué es exactamente el Banco de Galicia y por qué el gobierno no lo rescata ni hace planes para protegerlo. Para ello no basta con contemplar el mar desde la superficie, hay que meterse dentro. Pero os aseguro que la experiencia merece la pena, porque lo que hay ahí abajo quita el aliento.

Cuando logramos dar la espalda y aislarnos del espanto, tan exquisitamente hortera y deprimente, en que hemos convertido las zonas habitadas que pespuntean todo nuestro litoral de arriba abajo, el espectáculo que nos ofrece el mar es siempre de una intensa e inquietante belleza difícil de describir. No nos cansamos de recorrer nuestra costa y detenernos en cada uno de sus extraordinarios rincones sólo para contemplarlo y admirarlo, siempre tan igual a si mismo y al mismo tiempo siempre tan diferente, como alguien dijo alguna vez. Y además tenemos para rato, porque el 35% de la costa española corresponde a Galicia: son 1195 km, casi nada. Sin embargo, el panorama que se oculta bajo la superficie es sencillamente sobrecogedor: un fabuloso e inmenso paisaje de grandes llanuras,
valles profundos de laderas escarpadas, cañones abruptos e interminables, montañas gigantescas... que deja en mantillas a todo lo que se nos ofrece detrás de nuestras ventanas. Así vemos el mar de Galicia desde el cielo:


 ...y así es como lo veríamos si la gruesa lámina de agua fuese transparente como un cristal (colores psicodélicos aparte):

Fuente: ICM-CSIC
¿A que no está nada mal? Pues entonces a ponerse el bañador, las aletas y las gafas con el tubo, y al agua, rumbo oeste y hacia abajo (y si me lo permitís, yo casi os aguardo aquí arriba y voy poniendo unas cervecitas a enfriar).

Para empezar, el fondo del mar puede dividirse en dos grandes regiones: el margen continental (el borde del continente cubierto por el mar), formado por la plataforma y el talud continental, y el gran fondo oceánico propiamente dicho, con sus llanuras, montañas submarinas, simas, etc.
El margen continental de Galicia es de tipo pasivo, es decir, geológicamente inactivo (en la costa no tenemos terremotos de eso solo hay en el interior, en Triacastela y por ahí, para atraer a los turistas ni actividad volcánica alguna causada por encuentros o fricciones entre placas, etc.), por eso su relieve es más bien suave, con una plataforma no muy estrecha y un talud poco inclinado que presenta una acumulación de sedimentos en su basela elevación continental, entre otras características.

La plataforma continental de Galicia es relativamente estrecha. Su anchura máxima es de 35 km y su borde se encuentra en torno a los 150 m de profundidad.
Se trata de la zona más rica y productiva del océano, donde se concentra la mayor variedad y cantidad de organismos marinos. La luz del sol ilumina sus aguas someras de arriba abajo permitiendo el desarrollo de los organismos que forman la base de la gran red trófica marina: organismos fotosintetizadores como el fitoplancton. A ello se une la enorme cantidad de nutrientes transportados por el aire, las corrientes, las olas, etc. que permite el crecimiento del zooplancton y otros miles de pequeñas criaturas que asimismo contribuyen a sostener todo este complejo entramado de vida.
Aquí es donde se encuentran las zonas de pesca más importantes del planeta. Un dato más que elocuente: el 90% de las capturas mundiales se producen en esta zona, que representa el 8% de la superficie de todos los océanos.

El talud continental puede definirse como la falda del continente. Se forma cuando en el borde continental el suelo de la plataforma se dobla e inclina abruptamente para descender hasta los fondos abisales más allá de los 4500 m. La pendiente media es de 4-5º, veinte veces mayor que la de la plataforma continental.
Se divide en dos sectores: talud superior y talud inferior. El primero llega aproximadamente hasta los 1800 m y presenta pendientes acusadas, mientras que las del segundo son más suaves.
El talud está cortado, a modo de hachazos, por una serie de cañones submarinos Ferrol, Coruña, Laxe, Muxía, Muros, Arousa, Pontevedra, Vigo..., una suerte de valles submarinos en forma de 'V' posiblemente de origen tectónico (1) que descienden desde las aguas superiores de la plataforma canalizando hasta lo más profundo una importante cantidad de sedimentos.
El talud es rico en nutrientes procedentes de la plataforma y la costa, lo cual permite la proliferación de especies de aguas intermedias (pelágicas) o más ligadas a los fondos (bentónicas y demersales).

Fuente: Encyclopaedia Britannica.
Hacia el oeste, el talud da paso a la llamada cuenca interior de Galicia. Se trata de una cuenca sedimentaria con forma de 'U' en sección transversal que recorre de norte a sur la práctica totalidad del margen costero occidental a lo largo de unos 350 km. Tiene una anchura aproximada de unos 100 km y una profundidad de entre 3000 y 4000 m. Se la conocía con los nombres de valle de Valle-Inclán o Fosa de Galicia. Su límite occidental está marcado por una cadena de montes submarinos que la separan de la gran llanura abisal de Iberia, que son, de norte a sur, los bancos de Galicia, Vigo (2100 m de profundidad), Vasco da Gama (1750 m) y Porto (2200 m).

El más importante es el Banco de Galicia, una profunda montaña submarina (en realidad, un bloque continental) que se eleva desde los 5000 m de la llanura abisal de Iberia hasta unos 650 m de profundidad en su parte más alta. Esto quiere decir que estamos, ni más ni menos, ante la montaña más alta de Galicia al doblar los 2127 m de Peña Trevinca. Se encuentra a unas 120 millas de la costa y tiene alrededor de 50 km de ancho en su eje E-W por 90 km de largo de norte a sur. Como se aprecia la imagen de abajo, su relieve es accidentado, presentando una serie de pequeñas crestas, valles y canales. Fue aquí, por cierto, donde se hundió el Prestige tras haber rociado con piche, gracias al empeño de nuestras competentes autoridades, toda nuestra fachada atlántica, como quien pasa un spray antihormigas todo a lo largo del zócalo de la cocina.
Relieve del Banco de Galicia y parte de la cuenca interior (fuente: Pilar Marcos, WWF).
Es también un área rica en biodiversidad, tanto bentónica (arrecifes de corales de aguas frías, esponjas, etc.) como pelágica (2). Las corrientes de la zona hacen que los abundantes sustratos sedimentarios se mezclen con el agua horizontal y verticalmente. Esta presencia de nutrientes todo a lo largo de la columna de agua es la responsable del crecimiento de la producción primaria y, con ello, de la abundancia de peces de todo tipo que acuden a la zona con fines tróficos y/o reproductivos, así como de otras criaturas como cetáceos, aves marinas, etc. Como es natural, no existen planes de gestión y protección, que sepamos, para la zona. Como aquí no hay banqueros...

Finalmente, más allá del Banco de Galicia... el abismo. En el mapa vemos como el borde continental gallego está limitado por dos grandes llanuras abisales: la de Vizcaya al N y la de Iberia al W. La primera se encuentra a unos 5000 m de profundidad, la segunda a 5300 m. Las llanuras son en realidad amplias zonas de suelo oceánico que han sido cubiertas por una gruesa capa de sedimentos de hasta varios kilómetros de espesor que oculta el relieve original dándole el aspecto de una planicie suavemente ondulada. Lejos de lo que se creía hasta hace relativamente pocos años, el lodo de la llanura alberga una espectacular diversidad de formas de vida. Se la compara a menudo con la selva tropical vista desde el aire, donde el espeso manto verde de las copas de los árboles oculta una inmensa multiplicidad de especies.


La planicie abisal se extiende, con una leve inclinación en sentido ascendente, hacia la gran Dorsal Atlántica...

... y en el siguiente post hablaremos de tiburones.

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(1) Ver ICM-CSIC.
(2) "Estas formaciones obligan a las aguas profundas a subir hasta la superficie al chocar contra sus empinadas laderas, lo que permite el ascenso de nutrientes (conocidos como afloramientos o upwellings), hasta la superficie y los convierte en alimento accesible para el plancton. En las paredes de los montes arraiga una rica variedad de animales y vegetales sésiles –que no se desplazan–. Gracias a esta riqueza en nutrientes y la variedad en el tipo de sustratos, las montañas submarinas deben ser consideradas como enormes oasis en medio del mar abierto." (Pilar Marcos, WWF).

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