Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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domingo, 30 de abril de 2023

Prionace glauca o Carcharinus glaucus

Tintoreras (Prionace glauca) en el Cantábrico. Foto: Isaías Cruz.

La taxonomía es la rama de la ciencia que se ocupa de la clasificación de los seres vivos: los describe, les pone nombre y los agrupa y ordena con arreglo a un sistema jerárquico. Constituye uno de los cimientos sobre los que se construye el conocimiento biológico en sus diversos campos. Lo cual es lógico. No podemos pretender conocer cabalmente un bicho, comprender su papel en el ecosistema y un largo etc., ni por supuesto protegerlo si no sabemos exactamente quién es ni de quién viene siendo, si no disponemos de las herramientas adecuadas para identificarlo.

martes, 16 de agosto de 2022

Tintoreras en la mejor compañía

Tintoreras en el Cantábrico. Foto: Isaías Cruz, MAKO PAKO.

Hace unos días pude cumplir uno de mis sueños más queridos y largamente deseados en esto de los tiburones: nadar con tintoreras en mar abierto. Fue una jornada inolvidable vivida en la mejor compañía. Esta es una pequeña crónica.

sábado, 31 de agosto de 2019

Diferenciando marrajos de tintoreras

Marrajo (Isurus oxyrinchus) y tintorera (Prionace glauca). Foto: Andy Murch, Elasmodiver.
Hace unos días la playa da Frouxeira fue clausurada durante varias horas debido a la presencia de un grupo de pequeños tiburones. El coordinador de playas de Valdoviño explicó a la prensa que se trataba de "seis o siete tiburones mako", lo cual originó un debate en la prensa y en las redes sociales repleto de inexactitudes y de confusión. En realidad eran pequeñas crías de tintorera, absolutamente inofensivas, y no makos (término con el que en inglés se conoce al marrajo); pero parece que por lo que sea esta palabra tiene gancho, yo creo que tal vez porque genera más inquietud entre el público, tiene una especie de aura hollywoodiense, y algunos empezaron a ver makos por todas partes, y por extensión, marrajos.

martes, 23 de julio de 2019

Obsolerus, el tiburón perdido

Arriba: Holotipo del Carcharhinus obsolerus (hembra inmadura de 433 mm). Abajo: Dibujo de Lindsay Marshall. Fuente: White, Kyne & Harris, PLoS ONE, 2019.
Cuando oímos hablar de tiburones extintos, de manera automática nuestra imaginación se traslada varios millones de años atrás hacia un mundo poblado por extrañas criaturas que terminan desapareciendo en momentos de colosales extinciones masivas. Pocas veces pensamos en casos como el que hoy os presento: un tiburón que muy posiblemente acaba de extinguirse o más bien que muy posiblemente acabamos de extinguir— sin haberlo conocido en vida, sin saber que lo teníamos ahí mismo, delante de nuestros ojos, enganchado en nuestras redes y palangres, hace apenas 80 años.

martes, 16 de mayo de 2017

Los tiburones del banco de Galicia

Cañabota (Hexanchus griseus). Foto: Dan Hershman.
Rafael Bañón es en la actualidad el mayor referente en el estudio de la ictiofauna de Galicia (y no solo de Galicia). Su abundante producción científica es de obligada consulta para todo aquel que desee iniciarse y profundizar en su conocimiento. Hoy vamos a "saquear" de manera inmisericorde uno de sus últimos trabajos con el objetivo de completar toda la información de que disponemos (naturalmente, siempre hablando de tiburones) sobre una de nuestras áreas oceánicas más ricas en términos de biodiversidad, el banco de Galicia.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Siete tiburones muy particulares

De arriba abajo y de izquierda a derecha: Trigonognathus kabeyai, Isogomphodon oxyrynchus (Jorge L. S. Nunes, biogeodb.stri.si.edu), Sphyrna tiburo (Smithsonian Tropical Research Institute), Eusphyra blochii (Freshwater Fish Group & Fish Health, Murdoch University), Leptocharias smithii (Theo Modder, FishBase), Mollisquama mississippiensis (Michael Doosey, Tulane University)
Estos siete tiburones no los tenemos en nuestro mar, ni tampoco en aguas españolas, a excepción del Leptocharias, que Moreno recoge en aguas de Canarias. Pero es que el mundo de los tiburones es tan apasionante, tan extraordinario, que sería un tremendo error y una paletada imperdonable imponernos a nosotros mismos unos límites que ellos no tienen. Aunque este blog se llama "Tiburones en Galicia", nuestras puertas y ventanas están siempre abiertas y nuestros ojos atentos a las más de 530 especies que habitan, pese a todo, en los mares, océanos y ríos del mundo. Nos gusta así.
     Este pequeño artículo recoge tan solo una pequeña parte de la extraordinaria variedad de formas y tamaños que existe en el mundo de los tiburones. Para que os hagáis una idea.

1. Cabeza de flecha (Eusphyra blochii). Sin duda estamos ante la especie más extraña y singular, y también la más arcaica, de las 10 que conforman la familia Sphyrnidae, la de los tiburones martillo. Es el resultado de la primera escisión evolutiva ocurrida en el tronco común de los martillos allá por el Mioceno, hace unos 15-20 millones de años. Su ubicación en un género propio (Eusphyra), distinto de los demás (Sphyrna), refleja perfectamente tanto este aspecto como la peculiar e inconfundible estructura de su cabeza, la más amplia de todo el grupo [véase Cabezas de martillo (fam. Sphyrnidae)]. Como se puede observar, en realidad, más que un "martillo", deberíamos hablar de palas o de alas, no en vano se conoce en inglés como winghead shark, 'tiburón de cabeza alada'.
     El cabeza de flecha habita las aguas someras de la plataforma continental e insular del Indo-Pacífico occidental, donde se alimenta de pequeños peces, rayas y cefalópodos, que detecta con el asombroso aparato sensorial de su cabeza: la extensa superficie de las palas alberga un amplio número de sensores eléctricos (las ampollas de Lorenzini); las narinas, situadas a lo largo de su borde anterior, son larguísimas (casi el doble de anchas que la boca), y al estar separadas entre si incrementan el campo de barrido y facilitan la localización de la fuente del estímulo químico; y los ojos, colocados muy lejos uno del otro en cada extremo de las alas, permiten un amplio campo de visión binocular que cuatriplica el de otros carcharhínidos.
Foto: Brian Watson, Department of Agriculture and Fisheries, Queensland Government.
Esta especie es vivípara placentaria, con camadas de alrededor de 9 crías que nacen tras una gestación de 8-11 meses. Como máximo alcanza los 186 cm de longitud total.
     Se captura de forma intensiva en buena parte de su área de distribución, sobre todo en el golfo de Thailandia, pero los datos científicos de que disponemos relativos a su dinámica poblacional son escasos, e incompletos los referidos a su biología. Es posible que en algunas zonas esté sobreexplotada. La IUCN lo recoge en su Lista Roja con el estatus de En peligro.

2. Tiburón picudo (Isogomphodon oxyrhynchus). Aunque por su aspecto es relativamente fácil ubicarlo correctamente en su familia, Carcharhinidae, el tiburón picudo no deja de ser un bicho sumamente peculiar. Sus aletas pectorales en forma de remo, grandes y muy anchas, llaman la atención; pero sin duda el rasgo más característico y sorprendente es el que le da su nombre: ese morro aplanado, largo y bien afilado como la punta de una flecha, apto para detectar presas en los entornos de baja visibilidad que constituyen su hábitat preferente: las aguas turbias de estuarios, manglares y zonas costeras abruptas donde desembocan los grandes ríos, lo que explica el diminuto tamaño de sus ojos. Al parecer, no tolera las aguas excesivamente dulces, de ahí que durante la temporada de lluvias se aleje de la costa. Sin embargo, un reciente estudio¹ refiere la captura de un juvenil en un sistema de agua dulce del nordeste de Brasil.
     La talla máxima es de 152 cm, aunque se cree que puede alcanzar los 2,5 m. Se alimenta de peces pequeños que se desplazan en cardúmenes, que captura ensartándolos con sus dientes largos y finos como colmillos.
     Es vivíparo placentario, con camadas muy reducidas de 3 crías tras un año de gestación. Posiblemente tenga un ciclo reproductivo bianual.

Fuente: Jorge L. S. Nunes, peixesdomaranhao.blogspot.com, y biogeodb.stri.si.edu
El Isogomphodon tiene una distribución geográfica muy limitada. Es endémico de la costa norte de Sudamérica desde Trinidad y Tobago hasta la desembocadura del Amazonas, en particular las aguas turbias influenciadas por los estuarios del Amazonas y el Orinoco. Esta franja costera se encuentra sujeta a una fuerte presión pesquera. Se calcula que durante la última década sus poblaciones han disminuido en un 90%, lo que unido a su baja productividad ha motivado que la IUCN lo considere En peligro crítico y reclame la toma de medidas urgentes de protección.

3. Musola barbuda (Leptocharias smithii). Único representante de la familia Leptochariidae, muy próxima a la de las musolas (Triakidae), junto a las que se solía clasificar. No hace falta explicar qué hay de peculiar en este tiburón: ese cuerpo alargado, escuchimizado, desabrido, como sin alegría, rematado en una cabeza diminuta, y dos enormes dorsales muy espaciadas componiendo un extraño contrapunto. Sin embargo, pese a su apariencia, presenta una musculatura recia que hace pensar en un potente nadador.
     Es una especie costera de hábitos demersales en fondos de 10 a 75 m, particularmente en los fangosos frente a las desembocaduras de los ríos, donde se alimenta de crustáceos, pequeños peces y rayas. Se reproduce mediante viviparismo placentario, con camadas de 7 crías tras una gestación de al menos 4 meses. Como curiosidad, los machos tienen los dientes anteriores más largos que las hembras, con toda probabilidad para sujetarlas mejor durante el apareamiento. Quién lo diría, con lo sosos que parecen. Al nacer miden al menos 20 cm y crecen hasta un máximo de 82 cm.
     Es una especie relativamente común, pero dada su distribución geográfica reducida, en zonas, además, de elevada presión pesquera (Atlántico E desde Mauritania hasta Angola, y tal vez Marruecos y el Mediterráneo), la IUCN la considera como Casi amenazada.

Arriba: Vista dorsal de una hembra de 221 mm (fuente: Aguirre-Villaseñor & Salas-Singh,
Revista Mexicana de Biodiversidad, 2012). Abajo: Vista lateral (fuente: FAO).
4. Colayo cabezón (Cephalurus cephalus). Este diminuto tiburón con aspecto de renacuajo, justamente conocido en inglés con el nombre de lollipop catshark ('colayo piruleta'), se caracteriza por una cabeza y región branquial aplanadas dorsoventralmente y expandidas en forma redondeada, como una piruleta. Su cuerpo, pequeño y esbelto, tiene un piel muy fina, "casi gelatinosa", según dice Compagno. Todo ello, en conjunto, explica por qué en México recibe el nombre de tiburón renacuajo. Se encuentra en los fondos del talud superior de Baja California, mar de Cortés y parte de la costa pacífica mexicana (quizás llegue hasta Perú y norte de Chile) entre los 155-927 m. No sabemos nada más de esta curiosa especie, excepto que no supera los 28 cm de longitud total, mide alrededor de 10 cm al nacer, los machos maduran hacia los 19 cm y las hembras a los 24 cm, y es probablemente vivíparo, con camadas de dos crías, una por oviducto. La Lista Roja de la IUCN lo incluye bajo la etiqueta Datos insuficientes.

Fuente: Claes et al. PLoS ONE, 2014.
5. Trigonognathus kabeyai. Conocido en inglés como viper dogfish o melgacho víbora (en castellano no tiene todavía nombre común oficial), este tiburón con pinta de monstruo de película japonesa de serie B vive en los fondos del talud superior del Pacífico norte (sobre todo Japón, naturalmente) y central (un registro en Hawai), entre los 250-1000 m. Es tal vez el miembro más extraño de la familia de los tiburones linterna (Etmopteridae), caracterizados, como sabéis, por la presencia de fotóforos en diversas regiones corporales, entre otros elementos. La boca, en posición casi terminal como en las serpientes, está dotada de grandes dientes finos, alargados y puntiagudos como agujas, y una mandíbula superior sumamente protráctil gracias a un mecanismo único que la articula con la caja craneal. Cuando el Trigonognathus lanza su demoledor ataque, la boca se abre y, como una flecha, la mandíbula superior sale proyectada y se abate sobre su víctima, que queda empalada entre los colmillos. Esto nos recuerda el sistema que emplea otra especie muy especial y (ésta sí) presente en nuestras aguas, el tiburón duende (Mitsukurina owstoni). Su dieta consiste en pequeños peces óseos del fondo (sobre todo peces linterna) y crustáceos, que engulle enteros, dado que, como es evidente, los dientes no están hechos para cortar.
     Es muy poco lo que sabemos de este tiburón: la longitud máxima registrada es de 54 cm, al nacer miden unos 17 cm, los machos llegan a la madurez entre los 42-47 cm y las hembras hacia los 52; es vivíparo aplacentario con camadas de alrededor de 25 crías. Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Datos insuficientes.

6. Las mielgas suaves: Mollisquama mississippiensis, Mollisquama parini. Sin duda los tiburones más misteriosos y desconocidos de esta lista. Solo se conocen dos ejemplares en todo el mundo, que hasta el 2019² no se confirmó que pertenecían a cada una de las especies.
     La primera especie (la mielga suave, M. parini) fue descrita por Dolganov en 1984: una hembra adolescente de 40 cm capturada en 1979 en el tramo chileno de la dorsal de Nazca, a 330 m de profundidad en aguas de 200-2500 m. La segunda, sin nombre común en castellano, es un macho de 14,2 cm (una cría que todavía conservaba la cicatriz umbilical) encontrado en 2010 en una red de arrastre tendida a 580 m en aguas de 3000 m durante un muestreo realizado al norte del Golfo de México, a 170 millas del delta del Mississippi (es el ejemplar de las fotografías).
En la foto superior se puede observar a simple vista la abertura de la glándula sobre la pectoral; abajo esquema donde se aprecia su forma y tamaño (fuente: Grace et al. Zootaxa, 2015). Abajo a la derecha, el Mollisquama mostrando su enorme morro (fuente: Michael Doosey, Tulane University)³.
La característica más sorprendente de este tiburón, aparte de su aspecto general y su tremendo morro bulboso, es que posee dos enormes glándulas a modo de saco, únicas entre los tiburones, que se abren al exterior a través de un pequeño corte visible justo encima de las aletas pectorales. No se sabe bien cuál puede ser su función, pero existe un tiburón de la misma familia, el tiburón de cola larga (Euprotomicroides zantedeschia), que posee una glándula parecida aunque situada en el abdomen, la cual se ha observado que en determinadas circunstancias emite un fluido luminiscente que, según se cree, puede servir bien para despistar a un posible depredador, bien para atraer a una presa potencial o a una pareja. Tal vez el Mollisquama utiliza el mismo sistema.

El Euprotomicroides zantedeschia expulsando el fluido luminiscente a través de la abertura de la cloaca (foto: Plik Sciagnieto).
Las mielgas suaves pertenecen a la familia Dalatiidae, la misma de los tiburones cigarro (Isistius), y presentan fotóforos en diversas partes de su cuerpo. A partir de aquí, no sabemos nada más.  
     M. parini figura, como las anteriores, en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Datos insuficientes. M. mississippiensis todavía está sin evaluar.

 
7. Lanetón (Sphyrna tiburo). Cerramos esta pequeña lista como la empezamos, con un esfírnido, en este caso con la especie que se sitúa justamente en el extremo contrario de la escala, pues se trata del martillo con la cabeza más estrecha. Más que de martillo, en realidad deberíamos hablar de "pala", tal como se denomina en inglés ("shovelhead", aunque el nombre común más extendido es "bonnethead shark") y en algunas partes de Hispanoamérica.

Foto: Udo M. Savalli.
El lanetón es un pequeño tiburón que no supera los 150 cm, bastante abundante en las costas tropicales atlánticas y pacíficas del continente americano, desde Carolina del Norte hasta Brasil y desde California hasta el Ecuador. Le gustan las aguas someras de fango y arena de estuarios y bahías, y también los arrecifes coralinos, sobre todo entre los 10 y los 25 m. Consume crustáceos, bivalvos, cefalópodos y pequeños peces.
     Es vivíparo placentario y tiene una de las tasas de crecimiento poblacional más altas de todos los tiburones: llega a la madurez a edad temprana, tiene una corta esperanza de vida (12 años), una de las gestaciones más cortas de todos los tiburones (4,5-5 meses) y camadas anuales de 4 a 16 crías. Lo cual le permite soportar razonablemente bien la alta presión pesquera a que se ve sometido, por eso la IUCN lo considera Preocupación menor.
     Que siga así muchos años.


[ACTUALIZADO A 21 de junio de 2019.]

=>Si queréis conocer otras especies igualmente especiales, diferentes, podéis consultar los siguientes artículos:

-Encuentro con un duende.
-Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus).
-Tiburón anguila en O Grove.
-El misterio del tiburón cocodrilo.

Y muchos otros más que podéis encontrar bucenado en el Blog a través del Índice.

_________________________________
¹Leonardo Manir Feitosa, Ana Paula Barbosa Martins, Rosangela Paula Teixeira Lessa, Ricardo Barbieri & Jorge Luiz Silva Nunes (2018). Daggernose Shark: An Elusive Species from Northern South America. Fisheries Magazine, https://doi.org/10.1002/fsh.10205.
²Mark A. Grace, Michael H. Doosey, John S. S. Denton, Gavin J. P. Naylor, Henry L. Bart Jr. John G. Maisey (2019). A new Western North Atlantic Ocean Kitefin shark (Squaliformes: Dalatiidae) from the Gulf of Mexico. Zootaxa, 4619 (1): 109-120. https://doi.org/10.11646/zootaxa.4619.1.4. 
³Mark A. Grace, Michael H. Doosey, Henry L. Bart & Gavin J. P. Naylor (2015). First record of Mollisquama sp. (Chondrichthyes: Squaliformes: Dalatiidae) from the Gulf of Mexico, with a morphological comparison to the holotype description of Mollisquama parini Dolganov. Zootaxa, 3948 (3): 587-600. Doi: 10.11646/zootaxa.3948.3.10

sábado, 19 de septiembre de 2015

Carcharhinus sp. en el Cantábrico, 1929

Volvemos a bucear entre los magníficos fondos de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional para rescatar este curioso reportaje sobre la captura de al menos un carcharhínido en la costa Asturiana (no hay descripción ni fotografía del otro ejemplar de 4 m que se menciona). Apareció publicado el 19 de octubre de 1929 en la revista semanal ilustrada Alrededor del mundo, que estuvo en circulación entre los años 1899 y 1930.
La identificación de la especie de la imagen es extraordinariamente complicada, por no decir imposible, al menos para alguien que, como yo, no está lo suficientemente familiarizado con las claves taxonómicas de los carcharhínidos. Y por encima la descripción que ofrece el periodista la verdad es que no aclara nada las cosas, excepto tal vez para descartar la posibilidad de un Carcharhinus brevipinna, pongamos por caso, citado por Ebert y otros autores en el Cantábrico, dado que sus dientes no son triangulares, como si lo son los superiores del C. obscurus, otro posible candidato.
En cualquier caso, lo que demuestra este reportaje (aparte de que ciertamente el periodista necesita con urgencia la ayuda de un ictiólogo, como se verá en el penúltimo párrafo) es la diversidad de especies que había hace un siglo en nuestras costas.
Como siempre, transcribo fielmente el texto original, sin realizar ningún cambio o actualización a las normas del castellano actual.

                     LOS SELACIOS DE LA COSTA CANTÁBRICA

     La fauna marítima es tan rica y varia que son múltiples las ocasiones en que aparecen en todas las costas especies completamente desconocidas, tipos no clasificados.
     La población del mar varía con las épocas. Aún no hace muchos años la pesca de la ballena era completamente desconocida en España. Esto no quiere decir que no hubiera tales cetáceos en nuestras costas. Se sabe que hace algunos siglos los pescadores de la costa gallega sabían pescar la ballena. Después de esa época debió desaparecer o ser poco abundante en ese mismo litoral, porque cuando hace poco empezó la abundancia del gigantesco poblador de los mares tuvieron que venir a Galicia gente de Noruega para pescar y aprovechar todo cuanto hay en el cetáceo de susceptible para rendir un beneficio, que es casi todo, porque la ballena, como el cerdo, no tiene desperdicio. Hoy en Galicia hay varias factorías balleneras que producen al año un gran rendimiento.
     Volviendo al tema.
     En nuestras costas ocurren pescas sorprendentes como esta a que vamos a referirnos.
     Esta pesca es la de un selacio en un rincón de la abrupta costa cantábrica.
     En el Concejo de LLanes, en las inmediaciones de la pintoresca aldeíta de Cué, surge, de entre las aguas rumorosas del mar dicho, cual el fantasma de un gigantesco "iceberg" estacionado, el Castro Bayota, que, a no dudar, sus hendiduras, cuevas y recodos sirven de refugio y probable habitación de estos animales, ya que solo en sus alrededores se les logra ver.
     El "tolle" (nombre arbitrario que estas gentes le han dado a este pez) es un selacio de bastante corpulencia y su voracidad la ha demostrado palpablemente devorando multitud de pesca de estas costas. Sin embargo, no se le puede acusar de atacar a las personas, ya que, según parece y al decir de los que se han dedicado a su caza, corre al menor movimiento que se hace, y además, en un paraje separado de Castro Bayota unas dos o tres millas estuvo por espacio de seis o siete días el cadáver de un joven ahogado, sin que fuese atacado por los voraces vecinos que tenía. Esto no obstante, bien pudo ser por no visitar dichos peces aquel paraje, en el que nunca se les vió, o bien porque atraídos por la carnada que constantemente se les ofrecía como cebo no se separaban gran cosa de las inmediaciones de la mencionada playa.
     Las características de este animal son: largo, dos a cuatro metros; cuerpo fusiforme; cuatro filas de dientes (dos en cada mandíbula), triangulares y cortantes; cinco aberturas branquiales, sin aparato opercular; dos aletas triangulares dorsales (una hacia el medio y otra cerca de la caudal); un par de aletas pectorales y otro par anal; piel obscura por el lomo y más clara por el vientre, áspera casi como la de las lijas, vivíparo y placentario.
     El día tres de septiembre último los pescadores que figuran en la fotografía mataron uno que medía cuatro metros, y el día 6 del mismo mes lograron capturar el que tienen a sus pies, que midió dos metros veintisiete centímetros y pesó 125 kilos, después de haber salido de su vientre (pasadas cinco horas de muerto) veinte crías "vivitas y coleando".
     ¿Cuál es el verdadero nombre de este pez? Ya decimos que en Asturias le llaman "tollete" y creemos que entre los pescadores vascos se conoce con el mismo nombre.
     Por sus características se ve que este selacio no es un tiburón, ni lija, ni cazón, ni torpedo, ni pez martillo, ni pez sierra.
     Acaso un ictiólogo nos diera el nombre y quizá también no lo tuviera, porque, como ya decimos, con frecuencia se presentan en las costas ejemplares no clasificados.
FRÁMPERZ


martes, 18 de agosto de 2015

Agosto de tintoreras 2015

Muelle de Muros, 9 de agosto de 2015 (foto: Toño Maño).
Como un déjà vu. Por tercer año consecutivo un importante número de quenllas o tintoreras (Prionace glauca) han venido a pasearse por nuestras costas, bien cerquita de la orilla. Algunas incluso han entrado en dársenas y en algún caso permanecido allí durante unos días para asombro de propios y extraños. Los últimos días de julio y los primeros diez días de agosto han sido particularmente generosos. En lo personal, lo más asombroso de la temporada lo viví como un déjà vu: más o menos en las mismas fechas del año pasado —primeros de agosto— y estando exactamente en el mismo lugar, recibí la llamada de los mismos amigos avisándome de que en la misma playa volvían a tener delante una cría de tintorera. La pena es que esta vez me resultó imposible acercarme hasta allí, como entonces [véase Una cría de tintorera en Corrubedo].

Muros (foto: Toño Maño).
Tintoreras all over Galicia. Los avistamientos han sido asombrosos, tanto en cantidad como en extensión geográfica. Se han visto tintoreras en la práctica totalidad de nuestra franja costera, desde Foz (un juvenil capturado con caña y devuelto al mar con vida, en un gesto que ennoblece al pescador) hasta Nigrán (un neonato varado en una playa con un agujero que lo atravesaba de parte a parte, probablemente arponeado por un descerebrado). Aunque sin duda la zona caliente de esta temporada está siendo la Costa da Morte, con un amplio número de registros en diversos puntos de Muros, Carnota, Corcubión, Fisterra, Muxía, Laxe, Corme, Ponteceso... Una auténtica zona cero en el sentido más positivo.

Mapa provisional elaborado a partir de las diversas noticias aparecidas en la prensa local y de las aportaciones de lectores y seguidores de Tiburones en Galicia a través del correo y de las páginas de Facebook y G+ (mapa: Google Maps).
Pequeñas tintoreras llegaron a entrar en dársenas como las de Fisterra, Corme y, fundamentalmente, Muros, donde la cosa ha sido espectacular. El sábado 8 de agosto pudieron contarse entre 7 y 8 ejemplares dando vueltas solamente en la parte del muelle que está justo delante de la fábrica de hielo, y 6 al día siguiente, en el mismo lugar. Nos comentaron que se habían visto algunos ejemplares más en otros puntos del puerto, con lo que el número total podía llegar a la docena. Lo triste es que estas crías ya llevaban varios días por allí —no supieron precisarnos cuántos exactamente ... y lo más deprimente es que había gente que las estaba pescando, simplemente porque si, por "deporte". Según nos contaron algunos testigos, solo uno o dos días antes se habían capturado hasta 7. El lunes empezó a cambiar el tiempo, el martes a mediodía se pudieron ver una o dos y a última hora de la tarde, ya ninguna.
 
Casos sorprendentes. Además de lo anterior, dos casos llamaron poderosamente la atención. Uno fueron los ejemplares observados nadando en las aguas salobres de la boca de dos pequeños ríos: cuatro ejemplares dentro del río do Mar, el que separa las playas del Vilar y la Ladeira (Corrubedo), y uno en río Sieira (Porto do Son).
Y el más asombroso: una cría atrapada nada menos que en una charca intermareal. Ocurrió en la playa de la Aguieira (Porto do Son); con la subida de la marea, pudo regresar al mar. Podéis ver las imágenes, amablemente cedidas por su autora, Joana Kiefer, en este enlace del Canal Tiburones en Galicia, junto con un vídeo que pude grabar en el muelle de Muros.

Tallas pequeñas. Todas las tintoreras de las que hemos tenido noticia eran neonatos y juveniles con tallas comprendidas entre los "casi 40 cm", según noticia aparecida en La Voz de Galicia, de una pequeña hembra encontrada el 3 de agosto en la playa de San Xurxo (Ferrol) y los 150-200 cm de un juvenil avistado en la ría de Aldán, Pontevedra. La gran mayoría, no obstante, no sobrepasaron los 60-70 cm, y tan solo un individuo se acercó a los 2 m.

No hay razones para alarmarse o preocuparse. Las personas que se han mostrado preocupadas por la presencia de estos tiburones cerca de las playas pueden tener la certeza de que no existe motivo alguno para alarmarse; estos bichos no suponen ningún peligro o amenaza, y menos con esas tallas. Estas crías solo han venido aquí para alimentarse y crecer en un entorno protegido, no son en absoluto agresivas, sino más bien al contrario, bastante tímidas. Y por supuesto, sus madres no andan por los alrededores: las hembras de los tiburones se desentienden de su prole inmediatamente después del parto, que en esta especie suele tener lugar en primavera, y dejan que se busquen la vida mientras ellas hacen lo propio (es que son bichos muy inteligentes). Así pues, podemos entrar en el agua con total tranquilidad; y si alguno está pensando en deshacerse de la suegra o del cuñado, la recomendación es que vaya pensando en otra estrategia.
A medida que crecen los tiburoncitos se van alejando de la costa. Esto quiere decir que los ejemplares de mayor talla se encuentran unas cuantas millas mar adentro (recordemos que las tintoreras son tiburones fundamentalmente oceánicos).

El domingo 9 el muelle de Muros se había convertido en una especie de acuario a tamaño natural y entrada libre.
Disfrutando de lo que es nuestro. Lo que tenemos que hacer es simplemente aprovechar la ocasión para disfrutar de estos animales, observar sus evoluciones cerca de la superficie, sus súbitas aceleraciones, sus lentos planeos. Es un espectáculo maravilloso que pocas veces vamos a tener la posibilidad de contemplar tan al ladito de casa. Y sobre todo no permitir que nadie nos lo estropee, porque lo están haciendo: hay gente empeñada en privarnos de este privilegio, en impedir que disfrutemos de nuestro precioso patrimonio natural.

Matando porque si. La parte más triste y negra de todo este asunto fue constatar que todavía existen entre nosotros personas que, bien por ignorancia, bien porque carecen de escrúpulos y del más mínimo resto de cerebro, se han dedicado a aniquilar estas pequeñas crías sin ningún motivo, solo por el gusto de matar. Como si su santa y puñetera voluntad estuviese por encima de nuestro derecho colectivo a gozar de lo que es nuestro. A lo comentado sobre algunos "pescadores" de Muros (y de otros lugares), hay que añadir las noticias que nos han llegado de algunos "machotes" (no les vamos a llamar pescasub porque de ninguna manera representan a la generalidad de la gente del gremio) que las han arponeado en diversos puntos de la costa.
(Cada año se capturan en todo el mundo unos 20 millones de tintoreras, según datos de la IUCN, que considera la especie como Casi amenazada. Parece que hay gente dispuesta a echar un cable para que sus poblaciones caigan todavía más.)

Cría encontrada en Nigrán (foto amablemente cedida por María Knarish).
¿Un cambio de mentalidad? Pero hay que ser justos y destacar que, al mismo tiempo, estamos viendo que cada vez hay más gente dispuesta a proteger a estos animales y a defender sus derechos. El día que estuvimos en Muros fue gratificante ver como había personas que llamaban la atención a algunos que andaban por allí con la caña tocando las narices; sabemos también de buena gente que se ha apresurado a devolver enseguida al mar las tintoreras que han picado sus anzuelos, o que han agarrado con sus propias manos... siempre con vida. Parecen señales de que la mentalidad primitiva y tercermundista que siempre ha caracterizado nuestra relación con el mundo natural está cambiando. Ojalá.

La importancia recabar datos. Aunque las tintoreras no son una rareza en Galicia —realmente es al contrario—, no es habitual encontrárselas, en esas cantidades, tan próximas a la orilla. Es todavía muy pronto para dar con una explicación definitiva. Puede ser debido a factores climáticos o ambientales de algún tipo, como la temperatura del agua, o sencillamente a que nos encontremos en una fase de alta productividad, en la que un gran número de hembras se estén congregando cerca de nuestras costas para traer al mundo a sus crías. La tintorera es un tiburón relativamente prolífico en comparación con el resto de especies: maduran con cierta rapidez entre los 4 y los 6 años y pueden parir una media de 35 crías, dependiendo del tamaño de la madre, llegando en un caso hasta las 135; y sabemos también que la costa cantábrica, Galicia y Portugal forman parte de una zona de cría.
Para averiguarlo es de suma importancia que la gente informe de todos los avistamientos de que tengan noticia a fin de completar y ampliar nuestra base de datos. Para que os hagáis una idea del valor de vuestras comunicaciones, he incluido un mapa provisional elaborado tan solo con algunas noticias de prensa y los testimonios que muchos lectores y seguidores de Tiburones en Galicia nos han hecho llegar a través del correo electrónico y de las páginas de Facebook y G+. Como veis, una sola noticia no es nada, pero cuando se pone en relación con otras, la perspectiva cambia radicalmente. El mapa de la costa de Galicia empieza de pronto a llenarse de puntitos rojos que, como si una mano invisible comenzase a garabatear sobre él, van transformándose poco a poco en un texto que seguro terminaremos por descifrar.


Por eso me gustaría terminar este pequeño resumen con un reconocimiento a todos los lectores que se han tomado la molestia de comunicar sus observaciones, incluso acompañándolas, en algunos casos, de fotos y de vídeos impagables. Por orden alfabético: Xaime y Xosé Beiro Formoso, Canta Claro, Ubaldo Cerqueiro y el personal de Qué Pasa Na Costa, Óscar Cordeiro, Begoña Formoso, Manuel Gil, Victorino Jul, Joana Kiefer, María Knarish, Pablo Leis, Marcos Ríos, Javier Souto, Lalo Ventoso y algunos más que seguro que me estoy dejando en el teclado.
¡Seguimos adelante!

viernes, 26 de junio de 2015

Viajes del tiburón tigre

Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier). Foto: Raul Boesel.
Es tan poco lo que sabemos de los tiburones, incluso de las especies más famosas y televisivas, que cada nuevo trabajo que sale a la luz se convierte en una fuente de sorpresas, bien porque los datos que aporta son una absoluta novedad, bien porque matizan o cuestionan hipótesis previas, pudiendo incluso entrar en conflicto con ellas. Hace pocos días fue el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) el encargado de arrancarnos una sonrisa de admiración cuando conocimos los resultados de un interesante trabajo¹ de marcado y seguimiento llevado a cabo del otro lado del charco, en el Atlántico NW, por un amplio equipo de investigadores, entre los que figuran (hay que destacarlo) un científico gallego especializado en tiburones y amigo de este blog, Gonzalo Mucientes. Los transmisores SPOT empleados permitieron realizar seguimientos individuales en algún caso superiores a los 3 años (hasta 1101 días). Nunca antes se había logrado algo así.

El tigre es uno de los tiburones en apariencia más conocidos de cuantos existen. Sale en multitud de documentales de televisión, en revistas, en todo tipo de páginas y publicaciones web, etc., sabemos o creemos saber sus hábitos y preferencias alimentarias, e incluso hemos descubierto algunos de los lugares que visita periódicamente y por qué lo hace (el ejemplo más conocido tal vez sea el del atolón de French Frigate Shoals, en las islas de Sotavento del archipiélago de Hawái, durante la temporada en que los pollos de albatros de Laysan, Diomedea immutabilis, y albatros de patas negras, Phoebastria nigripes, se lanzan a su primer vuelo). Pero al mismo tiempo, tratándose de un tiburón viajero y por tanto difícil de seguir, una parte importante de su vida se mantiene en la más absoluta oscuridad, lejos de nuestro alcance. Estudios previos han demostrado que algunos tiburones tigre entran y salen regularmente de una determinada zona, mientras que otros permanecen en ella todo el año, cubriendo áreas de hasta 100 km de costa; otros emprenden largas migraciones, algunas en un periodo de tiempo relativamente corto, a lo largo de miles de kilómetros. Un individuo recorrió 3330 millas en seis meses; otro, 1015 en 17 días, lo que supone una media de 57 millas diarias. Un individuo marcado en el arrecife de Ningaloo, Australia Occidental, viajó durante el verano hasta la isla de Sumba, Indonesia, y al año siguiente hizo el viaje de vuelta². En el Pacífico W, trabajos de seguimiento con marcas satelitales y acústicas han descubierto un mayor nivel de fidelidad a los arrecifes oceánicos como los de Chesterfield, en el mar de Coral, que a los arrecifes costeros, sobre todo por parte de los machos adultos y las hembras pre-reproductivas; también que las hembras maduras son las más viajeras, atravesando periódicamente el mar de Coral entre Nueva Caledonia y la Gran Barrera (hasta 1114 km), tal vez en un ciclo reproductivo trianual; finalmente, han caracterizado un espacio tridimensional de actividad de 2360 km³ de media, con una hembra que llegó a una profundidad récord de 1136 m, que no está nada mal³.

Foto: Daniel Botelho.
El trabajo publicado hace pocas semanas abre una ventana a otro rincón del mundo del tiburón tigre. Y además lo hace a lo grande: sacando a la luz un sorprendente e inesperado patrón migratorio entre dos ecosistemas radicalmente distintos: las islas y arrecifes del Caribe y un área de mar abierto situada más de 3500 hacia el norte y centro del Atlántico, al nordeste de las Bermudas. Una ruta que recuerda la que realizan los tiburones blancos entre las costas de California y una zona del Pacífico central, el famoso white shark café.

Cada año en verano los machos adultos viajan más de 3500 km hacia el norte, para luego regresar para la invernada a sus zonas de preferencia en las Bahamas, Anguila, islas Turcas y Caicos. Solo una hembra adulta hizo ese mismo viaje. Los cinco tiburones que permanecieron en invierno en la zona de las Bermudas eran juveniles de ambos sexos. Los ejemplares marcados mostraron un elevado nivel de filopatría (fidelidad a un determinado lugar). Esto puede deberse a que la filopatría implica un menor coste a la hora de encontrar alimento y, por supuesto, pareja. Ningún ejemplar marcado entró en el mar Caribe.

Movimientos de un macho de 384 cm. Fuente: Lea et al., Scientific Reports 2015.
No se conoce bien el porqué de estas migraciones. ¿Qué motivo tan poderoso puede tener un carcharhínido para abandonar la comodidad de un hábitat de aguas cálidas y comida en abundancia, y lanzarse a un largo viaje hacia un lugar más inhóspito y frío? La hipótesis es doble (y obvia): búsqueda de alimento o de pareja, o ambas cosas a la vez.
Los tiburones tigre aprovechan el incremento de la temperatura en verano para tomar, como si de una autopista se tratase, una linea isoterma de aguas superficiales cálidas (alrededor de 24 ºC) similar a la de las tortugas como la laúd (Dermochelys coriacea). Tal vez la perspectiva de un atracón de sus presas favoritas compense las molestias del viaje. En este sentido, Gonzalo Mucientes pudo analizar los contenidos estomacales de cinco ejemplares de tiburón tigre capturados por palangreros que faenaban en el Atlántico NW y descubrió que predominaban los juveniles de tortuga boba (Caretta caretta).
Al mismo tiempo, si bien algunas hembras marcadas subieron en invierno hasta el mar de los Sargazos, la mayoría se quedaron en las proximidades de Florida y las Bahamas, lugares donde según parece se produce a finales del verano un mayor número de partos. Y como el periodo de gestación en la zona es de unos 13-16 meses, los apareamientos deben producirse entre finales del invierno y principios de la primavera. Los machos llegarían puntualmente para la cita.
Sea cual fuere la explicación, lo notable es que el patrón migratorio de los tiburones tigre en el Atlántico W se parece más al de las aves, algunos mamíferos marinos y las tortugas que al de otros peces.

Foto: Raquel Rossa.
¿Tiburones tigre en este lado del Atlántico? Aunque alguno de los ejemplares marcados llegó a estar cerca de la dorsal, ninguno llegó a cruzarla. Lo que no quiere decir que no lo hagan.
De vez en cuando algunos individuos se aventuran hacia esta parte del Atlántico, con toda probabilidad a lomos de la poderosa Corriente del Golfo. Tenemos registros esporádicos en zonas tan alejadas de las aguas cálidas del Caribe como Islandia, costa sur de Inglaterra (este dudoso) y otro, el de la fotografía de abajo, en la región del Charente Marítimo, costa noroccidental francesa.

Ejemplar de 305 cm capturado en julio de 2007. Fuente: Sud Ouest.
Más abajo, en el Cantábrico y en Galicia... Seguimos alerta... no vaya a ser.
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¹James S. E. Lea, Bradley M. Wetherbee, Nuno Queiroz, Neil Burnie, Choy Aming, Lara L. Sousa, Gonzalo R. Mucientes, Nicolas E. Humphries, Guy M. Harvey, David W. Sims, Mahmood S. Shivji (2015). "Repeated, long-distance migrations by a philopatric predator targetting highly contrasting ecosystems". Scientific Reports, 5: 11202. doi: 10.1038/srep11202.
²David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth. David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
³Jonathan M. Werry, Serge Planes, MichelL. Bernumen, Kate A. Lee, Camrin D. Baun, Eric Clua (2014). "Reef-Fidelity and Migration of Tiger Sharks, Galeocerdo cuvier, across the Coral Sea". PLoS ONE 9(1) e83249. doi: 10.1371/journal.pone.0083249

martes, 5 de agosto de 2014

Una cría de tintorera en Corrubedo


Esta pequeña tintorera (Prionace glauca) se la encontraron hoy a mediodía unos niños en la playa da Ladeira, Corrubedo. Su sorpresa fue morrocotuda, aunque parece que se levantó algo más que expectación entre los bañistas que observaron como se llevaban el tiburoncito hasta el puesto de vigilancia.

lunes, 26 de mayo de 2014

Jaquetón de Milberto (Carcharhinus plumbeus)

(Foto: Ken Tan. Dianne J. Bray, 2012, Carcharhinus, in Fishes of Australia, accessed 22 May 2014, http://www.fishesofaustralia.net.au/home/genus/270)

Jaquetón de Milberto

Carcharhinus plumbeus (Nardo, 1827)

(es. Jaquetón de Milberto, tiburón gris, tiburón trozo; gal. Lobo; in. Sandbar Shark; port. Tubarao-corre-costa.)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Carcharhinidae


El jaquetón de Milberto es un clásico en los tanques principales de casi todos los acuarios, junto con el tiburón toro (Carcharias taurus) y las musolas (Mustelus spp.). Soporta relativamente bien la cautividad e incluso, si se dan las condiciones adecuadas, puede llegar a desarrollar su ciclo reproductivo completo, como ya ha ocurrido en algunos¹. Estemos o no de acuerdo con el complejo tema de la exhibición de animales en cautividad, la triste paradoja es que el único rincón del planeta donde este y otros tiburones tienen garantizada su supervivencia es en el interior de una de estas grandes peceras. Porque en su medio natural las amenazas a las que se enfrenta están siendo cada vez más graves... e inexorables. Un ciclo trágico que no sé muy bien cómo se puede revertir, y en caso de que se pueda, si llegaremos a tiempo. A veces el ser humano es una criatura muy triste.

Descripción: El C. plumbeus tiene un cuerpo robusto y bastante alto, y una cabeza de perfil curvo, con un morro relativamente corto, redondeado, y como levemente levantado. La primera dorsal es muy característica: de forma triangular, muy grande y alta, apuntada y ligeramente inclinada hacia atrás, con su origen aproximadamente sobre la axila pectoral; su barbillón posterior es relativamente corto. La especie presenta una carena o cresta interdorsal baja pero claramente marcada.

Cabe suponer que ahí pone "cresta interdorsal".
La boca es ancha, con cortos pliegues labiales. Las narinas presentan solapas apuntadas, cortas pero prominentes. Los ojos son de talla mediana. Las aletas pectorales tienen base ancha, son semifalcadas y de extremo apuntado. La segunda dorsal es moderadamente alta y se encuentra enfrentada a la anal o ligeramente adelantada.
Su librea es sencilla, sin marcas distintivas: color gris o pardo grisáceo en dorso, difuminándose hacia los flancos, y blanquecino en la zona ventral. Las pectorales y pélvicas pueden presentar los ápices un tanto más oscuros.
Fuente: Web del Queensland Department of Agriculture, Fisheries and Forestry.

Dentición: Dimorfismo dentario. Los dientes superiores son triangulares, con los bordes finamente aserrados, de base ancha y una sola cúspide alta e inclinada. Los inferiores tienen también una sola cúspide, pero estrecha y recta, con finas serraciones. Presentan unos 27-32 dientes en la mandíbula superior y 25-32 en la inferior, más uno o dos sinfisarios.

Imagen tomada de thefossilforum.com
Talla: La talla máxima ronda los 250 cm, aunque es probable que llegue hasta los 3 m. Al nacer miden entre 56-75 cm, aunque algunas fuentes amplían el abanico hasta un mínimo de 45-50 cm.
Los machos maduran sexualmente entre los 130-180 cm, y las hembras entre 145-185 cm.

Reproducción: Viviparismo placentario, con un cordón umbilical liso (véase Reproducción VI: Viviparismo placentario). Las camadas suelen ser de un promedio de 1-14 crías (por lo común entre 5-12), posiblemente dependiendo de la talla de la madre: a mayor tamaño, mayor número de crías. El periodo de gestación oscila entre los 8 y los 12 meses, según la zona: por ejemplo, entre 9-12 meses en el Atlántico occidental, septentrional y central; 12 meses en Brasil, Suráfrica, Australia Occidental, etc.
Las hembras dan a luz cada dos o tres años. En el hemisferio norte, los partos tienen lugar en las zonas costeras entre finales de la primavera y principios del verano.
En las áreas de cría de aguas someras, los jóvenes se agrupan en bancos mixtos que en invierno se desplazan hacia aguas más profundas. Los adultos solo se reúnen para el apareamiento, en primavera y verano.
Se han detectado casos de paternidad múltiple.

Fuente: Hawaii Institute of Marine Biology (www.hawaii.edu).
Estamos ante un carcharhínido de baja tasa reproductiva. Produce pocas crías y es de los tiburones más longevos y de más lento crecimiento. Algunos autores han estimado su longevidad entre 19-25 años (Ebert et al., 2013); otros, sin embargo, elevan la cifra hasta los 35-41 años (Musick 2005; McAuley et al., 2006, citados en www.iucnredlist.org). A esto hay que añadir que tardan mucho en alcanzar la madurez sexual. La edad de madurez varía según la zona, aunque en general puede situarse entre 8-14 años para los machos y 7,5-16 para las hembras.

Dieta: La dieta es variada, compuesta principalmente de peces de tamaño mediano o pequeño que viven cerca del fondo. También cefalópodos y diversos crustáceos y moluscos. A diferencia de otros carcharhínidos, el C. plumbeus rechaza la carroña de mamíferos y la basura. Son un poco más activos durante la noche.

Hábitat y distribución: El jaquetón de Milberto es una especie pelágica nerítica (el área oceánica que cubre la plataforma continental), tanto lejos como cerca de la costa, en aguas preferiblemente inferiores a 23ºC. Aunque su rango batimétrico comprende los 1-280 m, parece preferir la zona próxima al fondo en aguas de 20-25 m, donde suele alimentarse. Le gustan los fondos de arena y fango, y puede resultar común en bahías y estuarios cenagosos, llegando incluso a internarse dentro de los puertos. También puede aparecer en bancos oceánicos e islas.
Algunas poblaciones realizan emigraciones estacionales relacionadas con la temperatura del agua, para lo cual suelen agruparse en grandes cardúmenes segregados por tamaños y sexos.
Mapa tomado de Wikipedia y modificado según Ebert, Fowler, Compagno, Dando (2013).
Es una especie cosmopolita, de amplia distribución en aguas tropicales y templadas de todo el planeta².
El C. plumbeus está citado en Galicia como especie ocasional en la guía de Rodríguez Villanueva et al. (1992), Peixes do mar de Galicia (I): Lampreas, raias e tiburóns. No obstante, Moreno (1995), Compagno (2002, 2005), Ebert y Stehmann (2013), Ebert et al. (2013) y otros incluyen nuestras aguas como zona de probable distribución.

Fotografiado dentro de la dársena del puerto de Lahaina (Maui) por Dai Mar Tamarack (daimarsadventures.blogspot.com).

Pesca y conservación: El jaquetón de Milberto es una especie objetivo de muchas pesquerías costeras (su aprovechamiento es integral), y cuando no, acaba como captura accidental. Es decir, lo tiene todo. En Australia, su biomasa ha caído alrededor del 35%.
Uno de los problemas más graves a la hora de establecer medidas de protección y gestión de sus pesquerías es la falta de datos. Una buena parte de sus capturas no están registradas. En algunas zonas del planeta ha sido objeto de una fortísima sobrepesca, debido, sobre todo... (¿hace falta decirlo?)..., a sus aletas, que son muy apreciadas en el mercado de Hong Kong, hasta el punto de que representan el 2-3% del total.
(Recordemos que su particular biología reproductiva hace a esta especie sumamente vulnerable a la sobrepesca.)
Mientras los diversos organismos de gestión de pesquerías se dedican a la recolección de datos, de momento está clasificada como En peligro en la Lista Roja de la IUCN.
A ver si se dan prisa.

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¹En el año 2004 tuve la oportunidad de asistir a un curso sobre tiburones en el Zoo Aquarium de Madrid. Me sorprendió conocer que, hasta aquel momento, la especie se había reproducido con el ciclo completo en tan solo tres acuarios de todo el mundo: Okinawa, Antibes (Francia) y Madrid (desconozco si desde entonces alguno más se ha sumado a la lista). En aquel momento no tenían muy claro el porqué. Entre los diversos factores que se estaban barajando (calidad del agua, de la alimentación, etc.), hubo uno que me llamó particularmente la atención: el hecho de que el tanque recibe luz natural, lo cual podría suponer que tal vez los tiburones hubieran podido continuar su ciclo reproductivo natural según el discurrir de las estaciones. Verdaderamente curioso, a que si.
Durante las charlas, Javier González, el Conservador del acuario, comentó que unos días antes del parto, que tuvo lugar por la noche, la hembra, Griselda, dejó de comer y se mostraba solitaria y arisca con respecto a los demás tiburones, y nadaba cerca del fondo del tanque buscando la soledad, seguramente como ocurre en el medio natural. Su instinto alimentario de la hembra queda en suspenso y busca un lugar apartado para dar a luz, con el objetivo de evitar que sus crías puedan ser depredadas por algún adulto. Los neonatos (no recuerdo si todos) fueron recogidos por los cuidadores y trasladados a otro tanque más pequeño con este fin.

C. plumbeus en el tanque del Zoo Aquarium (imagen tomada de Zoomadrid.com).
Posteriormente, en 2004 y 2006, la misma hembra volvió a dar a luz. Estas dos fotografías (siento no haber podido encontrar una mejor resolución) se corresponden con el apareamiento dentro del tanque: como veis, el macho mantiene inmovilizada a Griselda sujetándole la aleta pectoral derecha con la boca mientras se pone en posición para insertar uno de sus pterigópodos, o ambos:

(Fuente: www.infoecología.com)
²Actualización a 19 de agosto de 2015. Acaba de publicarse una nota sobre el primer registro del C. plumbeus en aguas del Índico noroccidental. Concretamente fueron un macho y una hembra capturados en 2014 por un arrastrero en la costa de Gujarat, estado del noroeste de la India, y desembarcados en Porbandar. Véase Dipani Sutaria, Aashi Parikh, Alissa Barnes & Rima W. Jabado (2015). "First record of the sandbar shark, Carcharhinus plumbeus, (Chondrichthyes: Carcharhiniformes: Carcharhinidae) from Indian Waters". Marine Biodiversity Records, vol 8, e126, doi: 10.1017/S1755267215001025.

lunes, 3 de febrero de 2014

El salto del brevipinna

Foto tomada del blog BHI Conservancy.
De estos bichos no tenemos en Galicia, pero no importa. En esto de los tiburones, como en todo, es bueno saber qué cosas se esconden más allá de nuestras narices. En realidad, es fundamental. Lo contrario nos conduce inexorablemente al paletismo, objetivo inconfesado de las diferentes reformas educativas impuestas por unos y otros, además de privarnos del placer de conocer, por ejemplo, a criaturas tan extraordinarias y sorprendentes como la que hoy os presento aquí a modo de curiosidad: el jaquetón picudo (Carcharhinus brevipinna), uno de los tiburones más saltarines.

El jaquetón picudo o jaquetón de aleta negra es conocido en inglés como spinner shark (de spin, 'girar') por su particular método de caza, que consiste en atravesar de abajo arriba los bancos de peces girando sobre su propio eje para pegar dentelladas a un lado y a otro. El impulso los lleva fuera del agua en espectaculares saltos en los que pueden llegar a dar hasta tres giros completos antes de caer, normalmente de espaldas. Las presas se las traga enteras, ya que carece de dientes cortadores (son puntiagudos, más bien hechos para apresar): sardinas, arenques, caballas y otros peces pelágicos, además de cefalópodos y pequeños condrictios.
No está considerado como una especie peligrosa para el hombre, aunque puede suponer una amenaza cuando se aproxima a los buceadores que practican pesca deportiva. Puede llegar a medir hasta 278 cm, o sea, que es un bicho que merece ser respetado.

El C. brevipinna vive en mares templados a cálidos, excepto el Pacífico, con frecuencia en aguas superficiales cerca de la costa. En España se le encuentra en la franja sur del Mediterráneo e islas Canarias.

Composición de Mark Mohlmann tomada de australianmuseum.net
Nos gusta conocer otras cosas.

>>Para conocer otros tiburones "saltarines", véase El salto del ditropis y El salto del oxyrinchus.











domingo, 15 de septiembre de 2013

Sobre la supuesta "plaga" de tintoreras en Galicia

Foto publicada en La Voz de Galicia del 9-IX-2013.
La semana pasada, el 9 de septiembre, La Voz de Galicia informaba a su manera del elevado número de avistamientos de tintoreras (Prionace glauca) que se ha producido esta temporada en nuestro litoral. El tratamiento de la noticia es ostensiblemente mejorable, por decirlo de alguna manera, desde el título, "Galicia petada de tiburones", y la referencia a la música de Tiburón, hasta su último párrafo. No merecería ni ser tenida en cuenta aquí si no fuera porque son muchos los lectores de este diario que se han quedado con la mosca detrás de la oreja. Así que vamos a intentar aclarar un poco el asunto y, de paso, contar unas cuantas cosas sobre nuestras extraordinarias quenllas, tintoreras o tiburones azules, como prefiráis llamarlas.

1. Nada de otro mundo. Lo primero que uno se pregunta es: ¿Qué esperaban encontrarse en el mar? ¿Lirones caretos? En nuestro mar siempre ha habido tiburones. Unas temporadas hay más, otras menos. Como las sardinas. Unas veces se los ve cerca de la costa, otras veces no tanto. Todo depende de factores como la temperatura del agua, la disponibilidad de alimento... y por supuesto que haya realmente un número suficiente de tiburoncitos en el agua. Si uno se toma la molestia de bucear en las hemerotecas o de recoger los testimonios de nuestros viejos pescadores, comprobará que hace unos cuantos años sí que había tiburones en nuestro litoral, y de todo tipo. Ahora desde luego que no. No obstante —cabe preguntarse—, teniendo en cuenta el número de avistamientos, ¿no podría hablarse de una recuperación de las poblaciones? Pues bien, suponiendo que todos estos testimonios fuesen fiables, no hay evidencia alguna que sustente semejante hipótesis. Más bien sucede lo contrario: todos los datos apuntan a un descenso de las poblaciones del Atlántico, no a un incremento. No en vano figura en la lista roja de la IUCN con el estatus de Casi amenazado.

Tintorera en las Azores. Foto de Joaquín Gutiérrez.
2. Objetivo de la flota pesquera. Y es que la quenlla sigue siendo uno de los principales objetivos de nuestra flota palangrera, la nuestra y la portuguesa. Su carne es muy valiosa, y no digamos sus aletas. En absoluto es verdad que "haya dejado de ser especie objetivo de los pescadores por su escaso interés comercial" (las negritas son mías). La redactora de la noticia no tenía más que leer de vez en cuando su periódico para darse cuenta de ello. Por ejemplo, el 27 de mayo de este año se publicaba la noticia de la captura, por un palangrero de Coruña, de 10 000 kilos de tintorera "a una distancia de 130 millas, unos 250 km, de la torre de Hércules".

3. Jóvenes y "pezqueñines". La gran mayoría de las tintoreras que podemos observar en nuestras costas son crías y juveniles, por la sencilla razón de que el Golfo de Vizcaya, Galicia y Portugal forman parte de una amplia zona de cría de la especie. Los partos tienen lugar a comienzos de la primavera, y los jóvenes, a diferencia de sus mayores más viajeros, suelen permanecer en la misma zona hasta que cumplen los 2-3 años o alcanzan los 130 cm de longitud (desde los 35-44 cm que miden al nacer). De ahí que no resulte del todo extraño que de vez en cuando algunas se acerquen más de la cuenta, por el motivo que sea, tal como sucedió hace unos años con los ejemplares de esas dos imágenes (que, por supuesto, fueron noticia de La Voz de Galicia):

Arteixo, 12-IX-2009 (Foto: La Voz de Galicia)
Malpica,29-VI-2011 (Foto: La Voz de Galicia)
Y llegamos al caso, al que también alude el articulito de marras, de esta cría de 70 cm que pescaron hace poco dentro de la dársena de Coruña, adonde pudo llegar bien porque se había desorientado, bien porque los jureles estaban demasiado ricos, bien porque estaba enferma, o tal vez, como se explica en la noticia, porque había sido descartada, todavía con vida, por un pesquero. No se puede decir sea un hecho portentoso o prodigioso, aunque ciertamente no es habitual.
La voz de Galicia, 3-IX-2013.
La tintorera es uno de los tiburones más prolíficos. Sus camadas oscilan entre las 4 y las 135 crías, aunque normalmente suelen andar por las 15-30. Tal variabilidad probablemente está relacionada con el tamaño de la madre, desde los 220 cm en que las hembras alcanzan la madurez sexual hasta los casi 4 m (380 cm), que es la longitud total máxima registrada.

4. Doble nacionalidad. Como curiosidad, la tintorera es uno de nuestros tiburones más viajeros. Diferentes estudios de marcado han descubierto patrones migratorios verdaderamente sorprendentes. Muchas de las tintoreras que se aparean en ciertas zonas del Atlántico occidental cruzan el océano a lomos de la Corriente del Golfo para dar a luz aquí (los machos se quedan allí: el descanso del guerrero). Y lo verdaderamente prodigioso es que algunas son capaces de almacenar el esperma del macho hasta que llegan a la madurez sexual... ¡durante el viaje! A continuación viajan hacia el sur, aprovechando la Corriente de las Canarias, para tomar la Corriente Ecuatorial del Norte de regreso a casa. Como quien toma la AP-9, pero sin que le roben. En total, unos 15 000 km.
Gráfico tomado de la excelente página elasmo-research.org.
Esto quiere decir que tal vez muchas de las tintoreritas que nos encontramos por aquí tienen doble nacionalidad, norteamericana y española, de modo que ojo con maltratarlas, a ver si nos van a bombardear.

5. Conclusión. No hagáis ni caso de noticias como esta, y menos cuando están escritas en un tono tan infantiloide, sensacionalista y falto de rigor y ecuanimidad. Ni "plaga" ni "aguas infestadas de tiburones" (la redactora debería recibir un curso urgente de semántica), ni nada parecido... Eso sólo ocurre en las malas películas que tanto nos gustan, no aquí. No hay razón para alarmarse.
En realidad, deberíamos sentir gratitud —y orgullo por tener la posibilidad de contemplar, aquí mismo en nuestro océano, a una criatura de tan extraordinaria belleza.

Foto de Tony Meyer.


>> Más noticias de avistamientos en Una cría de tintorera en Corrubedo.
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(1) Véase por ejemplo Noticias antiguas de tiburones.