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viernes, 23 de junio de 2023

Una hembra grávida de tiburón duende

Foto: Taiwan Ocean Artistic Museum.

El tiburón duende es una especie tan inconfundible como misteriosa. Habita exclusivamente las aguas profundas de varios océanos del mundo, entre los 100 y los 1300 m, donde ha logrado mantener su vida privada a salvo del escrutinio del ser humano. Por el momento.

martes, 3 de marzo de 2015

Encuentro con un duende

Mitsukurina owstoni. Foto: Toño Maño.
«Tengo un mitsukurina congelado en Vigo» (SMS recibido a las 13:55 del viernes 13 de febrero de 2015). Y casi me da un patatús. Apenas había transcurrido un mes desde lo del Chlamydoselachus, y me encuentro este nuevo mensaje de Rafa Bañón, más lacónico que de costumbre (tal vez para picarme), haciéndome saber que otro de mis sueños más queridos lo tenía él metido en uno de sus arcones como quien guarda un paquete de guisantes. Arreglamos para encontrarnos el martes siguiente en Vigo.

El encuentro. La literatura científica señala que el cuerpo del tiburón duende es muy blando, con una musculatura sumamente laxa, pero hasta que no lo tienes ahí delante, desparramado, más que tendido, sobre la mesa y empiezas a examinarlo y a sobarlo bien sobado, no te das cuenta de lo que esto significa de verdad.
Foto: Toño Maño.
Lo primero que vi fue un cuerpo alargado y esbelto del que sobresalía, como un capirote, la forma abultada de la cabeza, con su larguísimo morro y su inconfundible mandíbula superior, totalmente proyectada hacia delante. Nunca en ningún otro tiburón observé con tanta claridad que aquella estructura, que parecía querer desgajarse del resto del cuerpo, se mantenía únicamente gracias a los cartílagos mandibulares, que elevaban y sostenían la delgada capa de piel y fina musculatura como el entramado de varillas sobre el que montamos la lona de una tienda de campaña. Estaba convencido de que, sin ese sostén, lo que habría quedado no tendría un aspecto muy diferente del de un trapo empapado y dejado por ahí de cualquier manera.
 
Foto: Toño Maño.
En una primera mirada el tiburón duende se nos muestra como un ser grotesco y deforme, algo así como la imagen clásica del tiburón vista bajo la luz enferma del esperpento. Los japoneses lo conocen como tenguzame, voz derivada de tengu, uno de los monstruos o seres fantásticos de su mitología, que solía representarse con un rostro mitad humano mitad ave de presa rematado en una larga nariz. El término "tiburón duende" (tal vez sería más exacto llamarlo "tiburón trasgo") es su traducción.

Parecía que el cuerpo de nuestro tenguzame había padecido demasiado en su largo viaje desde el aparejo del Gonzacove Dos, el arrastrero con base en Vigo que lo había capturado el pasado 10-II (que, por cierto, ya lleva unos cuantos mitsukurina), hasta el arcón donde lo tenía Rafa. Pero no. Cuando sostienes su cabeza y compruebas por ti mismo la estructura y movimiento de sus mandíbulas, observando como se articulan y encajan en el diseño del conjunto, te das cuenta de que en realidad estás ante una criatura excepcional, única, un portento de la evolución. Y además de una extraña belleza.

Estaba absolutamente fascinado.


Un tiburón primitivo. La verdad es que su aspecto físico no engaña. El mitsukurina es uno de los tiburones más primitivos de cuantos existen. Su linaje procede directamente de la primera mitad del Cretácico, hace unos 125-110 millones de años. En aquel entonces la familia Mitsukurinidae constaba de tres géneros, Mitsukurina, Scapanorhynchus y Anomotodon, de los que solo ha sobrevivido el primero. Los primeros restos fósiles del tiburón duende actual datan de mediados del Eoceno, unos 49-37 millones de años atrás. Si se quiere, un fósil viviente.

Pero que nadie se lleve a engaño. Aunque parezca paradójico, el término primitivo, aplicado a una especie como esta, va asociado al de éxito evolutivo: en el largo y tortuoso camino de la evolución, el duende es uno de los primeros tiburones en alcanzar un diseño corporal óptimo para adaptarse y sobrevivir en el entorno que había elegido. Si apenas ha sufrido cambios morfológicos sustanciales en estos últimos 50 millones de años es sencillamente porque no le ha hecho falta, a diferencia de los mamíferos. En cierto modo podemos decir que es mucho más moderno que nosotros.

Cazador de aguas profundas. El tiburón duende es una especie mesopelágica de la que conocemos muy poco. Se encuentra en los márgenes continentales e insulares y en el talud superior desde los 90 hasta al menos los 1300 m de profundidad, preferentemente entre 270-960 m, y muy rara vez por encima de los 100 m. El que al menos un ejemplar haya sido capturado a 50 m en aguas de 2000 m, hace pensar que tal vez realiza migraciones verticales, pero esto está por confirmar.

El análisis de sus contenidos estomacales ha demostrado que se alimenta tanto cerca del fondo como en distintos puntos de la columna de agua. Sus presas preferidas parecen ser los cefalópodos y teleósteos de cuerpo blando, a juzgar también por el tipo de dentadura: dientes muy finos y alargados, aptos para ensartar presas no demasiado robustas, aunque los dientes posteriores están modificados para triturar, por ejemplo crustáceos.


Especialista en emboscadas. Ciertamente el diseño y estructura corporal de nuestro bicho no invitan a pensar en un velocista o en un cazador activo. Más bien al contrario. Sus aletas, exceptuando las pélvicas y la anal, son pequeñas y redondeadas; la caudal tiene un lóbulo superior bastante largo y un inferior casi inexistente, de tal manera que resulta ineficaz para imprimir al cuerpo el impulso necesario para alcanzar una buena punta de velocidad. Su musculatura es además muy floja y blanda, con miotomos poco desarrollados. La flacidez de su cuerpo, unida a un gran hígado rico en aceites, son la causa de una baja densidad corporal que, a juicio de los especialistas, le confiere una flotabilidad casi neutra.
     Todo ello apunta a un depredador especializado en tender emboscadas. Su estrategia consistiría en mantenerse alerta, flotando prácticamente inmóvil sobre la columna de agua, a la espera de que una presa se ponga a su alcance. Pero se trata de una espera activa, despierta, vigilante, en la que el tiburón pone en juego toda su potente capacidad sensitiva, no solo química o mecánica (olfato, oído, línea lateral), sino sobre todo eléctrica y visual.

La finalidad del largo rostro espatulado del mitsukurina es albergar el mayor número posible de receptores eléctricos (las ampollas de Lorenzini), capaces de detectar los pequeños campos electromágnéticos generados por la actividad muscular de los seres vivos. Por otro lado, y diferencia de muchas especies mesopelágicas, sus ojos, aunque pequeños, son plenamente funcionales, están dotados de una pupila con movilidad, no permanentemente dilatada, que le permite adaptarse a las diferentes condiciones lumínicas de un hábitat repleto, además, de calamares y de otras ricas presas bioluminiscentes. El duende es pues un cazador también visual.


Una vez detectada la presencia de una presa, el tiburón se acercarse a ella con un movimiento lento, sinuoso, casi imperceptible, y silencioso.
     Y entonces lanza el ataque.
     Mediante un mecanismo de disparo similar al de una catapulta, los músculos y ligamentos tensores liberan las temibles mandíbulas, que salen proyectadas a velocidad de vértigo hacia el objetivo; el morro se eleva, y la presa termina ensartada por decenas de largos dientes finos y afilados como agujas. La expansión de la faringe y la acción del gran basihial (una estructura similar a la lengua) que cubre gran parte de la parte inferior de la boca, generan al mismo tiempo un movimiento de succión. Cuando las fauces se retraen hacia su posición inicial, la víctima es irremisiblemente arrastrada hacia la boca.
Como ocurre con muchos peces abisales, la boca del tiburón duende, ya de por si con un tamaño bien generoso, cuando se abre de par en par es enorme, lo que le permite engullir presas bien grandes, seguramente en previsión de largos periodos de escasez de comida en un medio inhóspito.


Talla. La mayor parte de los registros de mitsukurina en nuestra zona corresponden a ejemplares juveniles de alrededor de los 100-175 cm, como ocurre a nivel mundial, si bien la horquilla se amplia hasta cerca de los 300 cm. Los ejemplares adultos son bastante raros. Por supuesto nuestra hembra estaba dentro del rango habitual, con 122,5 cm de longitud y 3,5 kg de peso.
     Pero contrariamente a lo que muchos creen, este tiburón, si le dejamos, puede llegar a alcanzar tallas comparables a las del tiburón blanco. El récord, hasta el momento, lo tiene una hembra capturada en el 2000 en el golfo de México en torno a los 900-1100 m, cuya longitud se estimó entre 540-610 cm (hablamos siempre de longitudes totales).
     El bajo porcentaje de registros de tiburones de grandes tallas se debe con toda probabilidad a que están sujetos a un rango batimétrico mucho más amplio, lo que les permite mantenerse alejados, por el momento, del alcance de los aparejos. Aunque siempre hay excepciones, como el ejemplar de la imagen, que fue capturado hacia los 500 m.

Macho de 384 cm y 210 kg capturado al W de Tasmania en 2004.
No se conocen las tallas de nacimiento, aunque la cifra más aproximada es de 80-90 cm. Los únicos datos de que disponemos indican que los ejemplares más pequeños observados nadando en libertad medían 81,7 cm y 92,8 cm, correspondientes a un macho y a una hembra, respectivamente. Si todos estos números se aproximan a la realidad, podemos concluir que nuestro ejemplar no llegaba ni a adolescente. Las tallas de maduración se cree que andan por los 260-380 cm para los machos y más de 400 cm para las hembras.


Despedida. Para terminar la sesión y la mañana, tomamos datos biométricos (nada menos que 65), una muestra de tejido para genética y el pobre bicho volvió a su bolsa de plástico, y de ahí al arcón. Como ocurrió con el Chlamydoselachus, el Mitsukurina también se fue al Museo de Historia Natural de Santiago. Esta vez no hubo tiempo para unas cervezas.
     Volví a casa con una enorme sonrisa en la cara que me duró varios días y un profundo sentimiento de gratitud, hacia estos bichos, por existir todavía, y sobre todo hacia Rafa, por su generosidad, y por haber hecho posible este sueño.


👉Para conocer más cosas sobre este maravilloso tiburón, y ver también un par de fotos del ejemplar más grande capturado hasta la fecha, véase Tiburón duende (Mitsukurina owstoni).

jueves, 16 de enero de 2014

Vieja noticia sobre un nuevo tiburón duende

Por esos mundos fue una magnífica revista de divulgación geográfica y científica. Fundada en el lejano 1900, contenía relatos de viajes y de aventuras exóticas, textos literarios, noticias y novedades científicas, etc., todo ello profusamente ilustrado con fotografías. Formaba parte de la conocida como "prensa de tijera", esto es, revistas que tomaban de publicaciones extranjeras cualquier noticia o asunto que los redactores considerasen de interés para su público, como es el caso del pequeño reportaje que hoy os presento aquí. 
      Como veis, habla del descubrimiento en Japón de una supuesta nueva especie de tiburón duende, bautizada como Scapanorhynchus jordani. Es posible que una de sus fuentes haya sido el artículo, hoy ya un clásico, que Louis Hussakof publicaba el año anterior, 1909, en el Bulletin of the American Museum of Natural History (vol. 26, artículo 19) casi con idéntico título: "A New Goblin Shark, Scapanorhynchus jordani, from Japan". En general, el contenido está correctamente resumido y las fotografías son las mismas, excepto la imagen ventral de la cabeza del Scapanorhynchus, que no aparece en el artículo de Hussakof.
      Sea como fuere, este pequeño reportaje resulta extraordinariamente interesante por dos motivos. Primero porque demuestra que en este país hubo una época en que la gente se interesaba genuinamente por los descubrimientos zoológicos procedentes de los rincones más lejanos del planeta, que por aquel entonces todavía era inmenso y estaba repleto de misterios (mucho más que en una sacristía). En segundo lugar, porque refleja parte de la historia taxonómica del tiburón duende, de las dificultades iniciales para ubicarlo en un taxón concreto: fue bautizado como Odontaspis, también como Mitsukurina, luego Scapanorhynchus, como sus parientes extintos, ya que se consideraba que las diferencias morfológicas no eran tan definitivas como para distribuirlos en diferente género. Posteriormente, tras un estudio más detallado, se llegaría a la conclusión contraria: que las diferencias sí eran importantes, de manera que el género Scapanorhynchus pasó a ser el de los tiburones duende extintos y Mitsukurina el del tiburón duende actual (dado que, además, no se encontraron rasgos con la suficiente entidad como para considerar la existencia de dos especies distintas, M. owstoni y M. jordani). 
      Para mantener el delicioso saborcillo antiguo, transcribo literalmente el texto original respetando grafías y tildes. Tan solo he corregido algunas erratas evidentes.

El nuevo "tiburón duende" japonés

     De vez en cuando va á sorprender el mundo de los zoólogos el anuncio de haber sido descubierto en aguas del Japón algún ejemplar ictiológico nuevo ó de remota antigüedad. Y ello ocurre con tal frecuencia, que los zoólogos han empezado á considerar dichos mares como una especie de reino de las maravillas, como un misterioso reservorio animal donde habitan extrañas especies, muchas de ellas de un tipo arcáico, hace muchos siglos extinguido en los restantes mares del mundo.
     En esas aguas suelen los pescadores japoneses capturar entre las mallas de sus redes un tiburón de aspecto tan grotesco, que le ha valido entre los indígenas el nombre de tenguzame ó tiburón duende. Uno de esos escualos es el llamado, científicamente, Mitsukurina Owstoni, en honor de los dos zoólogos que primero lo estudiaron, los profesores Kakichi Mitsukuri (japonés) y el naturalista Alan Owston, pero que hoy ha adquirido definitivamente el nombre de Scapanorynchus, que antes había sido aplicado á los dientes de las especies extintas de ese tipo de tiburón, descubiertas en las rocas del periodo cretáceo. Esta variedad era ya conocida desde hace doce ó catorce años, y si de ella nos ocupamos hoy, es como punto de comparación con otra variedad que acaba de ser descubierta en las mismas aguas, y que se ha bautizado con el nombre científico de Scapanorhynchus Jordani, para distinguirlo del Scapanorhynchus corriente.
     Como se observará en las fotografías adjuntas, este tiburón merece plenamente su apodo de duende; nada puede haber, en efecto, más fantástico que este pez, ni nada más grotescamente demoniaco que su cabeza. El ejemplar capturado, actualmente propiedad del Museo Nacional de Washington, mide desde el extremo de su protuberancia frontal hasta la punta de la cola unos tres metros y medio, pero, según todas las probabilidades, los mares japoneses tienen en su seno Scapanorhynchus J. un metro mayores. Los dientes son muy afilados, cortantes y corvos como la garra de un ave de rapiña. Su voracidad, á juzgar por los restos que se hallaron en el estómago del ejemplar capturado, es tan enorme como la de todos los escualos. Habita, para fortuna de los bañistas japoneses, en aguas profundas, y jamás se acerca á las orillas, aún cuando en ellas soliciten su apetito carnes abundantes y frescas. En cuanto á las diferencias morfológicas entre el tiburón Jordani y el Owstoni, basta contemplar las fotografías para advertir las dos más salientes. En primer lugar, la nueva especie se distingue por su menor desarrollo de las mandíbulas, y luego por la forma y colocación del ojo, que en el tipo Jordani se encuentra situado en el punto medio de la mandíbula superior, mientras que en el tipo Owstoni, se halla más hacia la parte posterior de la misma.
Por esos mundos, 1 de abril de 1910, pp. 545-46.

Curiosamente, unos años antes, el miércoles 8 de junio de 1904, el Correo de Galicia. Diario independiente de avisos y noticias ("Con censura eclesiástica", como el de la actualidad), ya se hacía eco de la presencia del extraño pez en aguas del Japón:

Tiburón japonés

     Los japoneses tienen en sus aguas un tiburón especial. Hace poco tiempo que se ha descubierto por un sabio zoólogo japonés, llamado Mitsoukoura, por lo cual al animal se ha dado el nombre de «mitsoukourina» [sic].
     Este tiburón vive á 600 metros de profundidad en el mar, lo cual explica que no haya sido conocido en tan largo tiempo.
     Se ha comprobado que es el último representante de una especie que vivió durante el período cretáceo, porque la conformación del animal conviene con los restos fósiles de un pez antidiluviano [sic] encontrados en las capas calcáreas.
     El mitsoukourina tiene una longitud de cuatro metros y un peso aproximado de 300 kilogramos.
     Los combates navales* parecen haber turbado á estos escualos en su quietud, porque se les ha visto aparecer varias veces á flor de agua, lo cual es un hecho sin precedente.

Quién les iba a decir a los curiosos lectores de Por esos mundos y de la prensa gallega que a apenas un puñado de leguas de la Corte (y a muy poquitas de Santiago) habitaban esos mismos bichos de aspecto tan terrible y antediluviano que aparecían allá por el Japón. Nosotros lo hemos podido comprobar: Encuentro con un duende.

[Para saber más sobre el tiburón duende (el actual), véase Tiburón duende (Mitsukurina owstoni).]

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*Posiblemente se refiere a la guerra ruso-japonesa de 1904-1905.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Los tiburones más grandes del océano

Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). Foto de Jeffrey Gallant, GEERG.
Por la red circulan decenas de gráficos con imágenes de los tiburones más grandes del mundo ordenados de mayor a menor en escalera de burro. Algunos son muy bonitos y la mar de chulos, y se ve que hay un gran trabajo detrás, pero el problema es que casi siempre se repiten, y repiten las mismas inexactitudes. Básicamente se trata de variaciones sobre lo mismo: arriba del todo ponen al tiburón ballena, debajo al peregrino, en tercer lugar al tiburón blanco, en cuarto al boquiancho, luego vienen el tiburón tigre y tal vez el zorro, y después rellenan con unas cuantas especies más hasta completar el espacio.
Aun cuando salvo excepciones los datos que manejan suelen ajustarse a la realidad, lo que uno echa en falta es un poco más de rigor y un poco menos de leyenda y de sensacionalismo. No deja de ser sospechoso que siempre se quedan fuera las mismas especies: bichos de gran talla, pero que resultan más feúchos, sosos y, acaso, bastante menos glamurosos que, por ejemplo, el tiburón blanco o el limbatus, como son los tiburones de aguas profundas. ¿Realmente pretenden hablar de los tiburones, o solo de los tiburones que más les gustan a ellos?
Para hacer un poco de justicia me permito presentaros una lista bastante más exacta y completa. Aunque contiene una pizca de provocación, está rigurosamente basada en datos tomados de guías como las de Compagno y Ebert (y es que, como todo el mundo sabe, cuando hablamos de tamaños, las exageraciones y la subjetividad tienden a distorsionar la realidad, particularmente cuando el observador pertenece al género masculino, y en esto de los tiburones ocurre lo mismo). Este es nuestro particular top-10, del que a propósito hemos dejado fuera al zorro (Alopias vulpinus), pese a que puede llegar nada menos que a los 635 cm (1):

1. Tiburón ballena (Rhincodon typus). 
       Alcanza los 17-21 m.


2. Peregrino (Cetorhinus maximus). 
      Puede rebasar los 10 m, hasta posiblemente los 12,2-15,2 m (2).
Ejemplar de 9 m capturado en Japón.
3. Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier). 
       Puede superar los 550 cm. Existe un registro de 740 cm.

Fotografía de Raul Boesel.

4. Dormilón del pacífico (Somniosus pacificus).
       La talla máxima supera los 7 m.

Foto de Emory Kristof, National Geographic.

5. Tiburón blanco (Carcharodon carcharias).
       Puede superar ampliamente los 6 m. Un registro de 640 cm y varios ejemplares estimados en cerca de 7 m (3).

El famoso ejemplar de 6,4 m y 3,2 t capturado en Cojimar, Cuba, en 1945.

6. Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). 
       Máxima de al menos 640 cm. Posiblemente hasta 730 cm.

Foto de G. Nordoy (el tiburón fue devuelto con vida al mar).

7. Dormilón antártico (Somniosus antarcticus).
      Alrededor de 6 m de longitud máxima.

Capturado en las Malvinas. Foto de Katja Janzen tomada de fishBase.
8. Tiburón martillo (Sphyrna mokarran).
       Longitud máxima de 550-610 cm.

Foto tomada alrededor de 1917.
9. Tiburón boquiancho (Megachasma pelagios).
       Puede superar los 550 cm.


10. Tiburón duende (Mitsukurina owstoni).
          Puede pasar de los 4 m. El mayor registro conocido se estimó entre 540-617 cm (4).

El mayor ejemplar capturado hasta el momento. Foto tomada de Glenn R. Parsons. Sharks, Skates and Rays of the Gulf of Mexico.

>> Ahora véase LOS TIBURONES MÁS PEQUEÑOS DEL OCÉANO

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(1) ¿El motivo? Pues porque hace trampas: aproximadamente la mitad de su longitud total corresponde a la cola, y eso no puede ser. Véase el post Zorro (Alopias vulpinus).
(2) Véase FAO Species Fact Sheet.
(3) El tema de la longitud máxima que puede alcanzar el tiburón blanco está lleno de controversias, exageraciones y, en ciertos casos, puro engaño, como ocurrió con el famoso ejemplar capturado en Malta en 1987, que en un primer momento fue estimado en más de 7 m, luego en 5 y pico, y posteriormente entre 668-681 cm. El registro que de momento parece más fiable corresponde a los 640 cm del espécimen capturado en Cojimar, aunque existen testimonios relativamente fiables que hablan de ejemplares que superarían ampliamente los 6 metros. El más espectacular es sin duda el aportado por un testigo de excepción, Juan Antonio Moreno.
"Referente a la longitud máxima que puede alcanzar este tiburón, en el año 1982, el Dr. J. A. Moreno tuvo la posibilidad de observar y hacer una medición aproximada (en pies) a una hembra, de una longitud mínima de entre 8 y 9 metros, desembarcada en Dakar (Senegal). Desgraciadamente, el registro de la talla del individuo observado no tiene ninguna validez científica al no haber podido realizar una biometría correcta del animal, debido a la situación azarosa con los propietarios del ejemplar, ni, consecuentemente, haber podido preparar la correspondiente comunicación. Baste decir que, solamente la mandíbula estaba ya vendida por una suma de 1.000 dólares."
Joan Barrull e Isabel Mate (2002). Tiburones del Mediterráneo. Llibrería El Set-ciènces, Arenys de Mar, p. 153.
Otros ejemplares del Mediterráneo y Adriático se han estimado en más de 6 m y medio, como el famoso de Filfa. Véase, por ejemplo, el excelente trabajo de Alessandro De Maddalena et al. (2001). "An analysis of the photographic evidences of the largest great white sharks, Carcharodon carcharias (Linnaeus, 1758), captured in the Mediterranean sea with considerations about the maximum size of the species". Annales, Series Historia Naturalis, 11, 2 (25): 193-206.

(4) Véase el post Tiburón duende (Mitsukurina owstoni).

martes, 10 de septiembre de 2013

Tiburón duende (Mitsukurina owstoni)

Foto: Juan Ignacio (SGHN-CEMMA)
Tiburón duende

Mitsukurina owstoni Jordan, 1898

(es. Tiburón duende; gal. Quenlla fuciñuda; in. Goblin shark; port. Tubarão-duende, tubarão-gnomo)

Familia: Mitsukurinidae
Orden: Lamniformes


"Capturan en aguas gallegas un raro ejemplar de tiburón duende rosado."
(Titular del Correo gallego del 3 de marzo de 2011.)

"Pescan el segundo tiburón duende en Galicia desde el 2003."
(Titular de La Voz de Galicia del 4 de marzo de 2011.)

Efectivamente, nuestro pequeño trocito de Atlántico también alberga al tiburón duende, uno de los tiburones más extraños de cuantos existen y una (otra) de nuestras joyas ictiológicas más extraordinarias y fascinantes. El bicho al que se refieren los titulares era un macho de 161 cm —uno de los 73 ejemplares registrados hasta aquella fecha en todo el mundo que había sido capturado a 400 m de profundidad por un arrastrero de Marín, el Gonzacove Uno, el mismo que había pescado el ejemplar del 2003, de 122 cm. Ambos se conservan en el Museo da Natureza de la Sociedade Galega de Historia Natural en Ferrol.