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miércoles, 22 de abril de 2026

Conan Doyle y el tiburón de Groenlandia

Arriba: Dibujo del S. S. Hope «en una calma entre cetáceos» tomado de la página del diario de Arthur Conan Doyle correspondiente al 4 de agosto de 1880. Abajo: Tiburón de Groenlandia nadando bajo la superficie. Foto: Julius Nielsen.

Vamos a celebrar este día especial de un modo que nos encanta: combinando dos mundos que muchos todavía siguen considerando incompatibles entre si, las humanidades y las ciencias, la literatura y la biología. Hablamos de un novelista que tuvo la increíble fortuna de observar el comportamiento depredador nada menos que del tiburón de Groenlandia en su medio natural, las gélidas aguas del Ártico.

Todos conocemos al gran Arthur Conan Doyle (1859-1930) por su faceta literaria, por ser el creador de personajes tan inolvidables como Sherlock Holmes o el profesor Challenger, el protagonista de una de esas maravillosas novelas que tanto cautivaron nuestra imaginación infantil, El mundo perdido. Sin embargo, fue también un hombre de acción, que amaba la aventura y el deporte hasta el punto de tomar la decisión de interrumpir sus estudios universitarios para embarcarse en un ballenero en una campaña de seis meses.

En uno de esos interminables días de aburrimiento del tercer año de medicina en su Edimburgo natal, Conan Doyle aceptó el ofrecimiento de un amigo para sustituirle como cirujano del buque S. S. Hope¹, que en pocas semanas partía desde Peterhead, puerto ballenero de la costa NW de Escocia, hacia las aguas de Groenlandia y norte de Islandia, en pleno océano Ártico, a la caza de ballenas y focas.

El joven Conan Doyle, el tercero por la izquierda, a bordo del barco de exploración Eira a mediados de julio de 1880. El personaje de la derecha es el médico de a bordo, William H. Neale. ¿Verdad que recuerda al famoso detective? 

Y fue así como el 28 de febrero de 1880 el joven escritor, con tan solo veinte años (cumpliría los 21 durante la expedición), emprendió la «primera gran aventura de mi vida», una experiencia inolvidable que lo marcó profundamente. No es de extrañar. Solo hay que imaginárselo: medio centenar de hombres encerrados en un frágil barco de madera durante seis meses, lejos de todo rastro de civilización, en medio de una naturaleza deslumbrante e inmensamente bella y hostil.

Todas las impresiones y experiencias del viaje fueron recogidas en un diario que por fortuna ha llegado hasta nosotros. No tiene pretensiones literarias ni nada por el estilo, pero por su frescura constituye una lectura deliciosa que me permito recomendaros. Además, está ilustrado con dibujos hechos por el propio autor, algunos con mucho sentido del humor. Podéis leerlo en su versión original entrando en la excelente página The Arthur Conan Doyle Encyclopedia, Log of the S. S. Hope, o bien en español en la cuidada edición publicada en 2017 por la editorial Confluencias, que incluye cuatro relatos inspirados en el viaje.

Entre las experiencias más sorprendentes que recoge el diario está la de haber visto, nada menos que en tres ocasiones, al esquivo tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) en plena acción. La primera es absolutamente increíble, está recogida en la entrada correspondiente al miércoles 8 de junio (todas las traducciones son mías):

Nos vemos forzados a salir a mar abierto debido a cambios en el hielo. Por la tarde, el Eclipse² y nosotros nos amarramos a un bloque de hielo. Alrededor de las diez el capitán David y el doctor Walker subieron a bordo y se quedaron hasta las dos. Hoy dispararon a un oso enorme. Estaba sentado devorando la cabeza de un narval que había arrastrado encima del hielo, mientras un gran tiburón lo agarraba de la cola, que colgaba sobre el agua, para llevárselo. Cómo consiguió el oso subir el narval al hielo es un misterio.

Oso y tiburón disputándose el narval. Dibujo original de Conan Doyle tomado de su diario. «A family party (seen from the deck of the Eclipse)» [Una fiesta familiar (vista desde la cubierta del Eclipse)].
Un tiburón adulto de esta especie puede llegar a alcanzar los siete metros de longitud. Y aunque por sus movimientos lentos y pesados pudiera parecer lo contrario, es un depredador de una potencia formidable que le permite incluso disputarle una presa nada más y nada menos que a un oso polar subido a un bloque de hielo.

Unos diez días después, el sábado 19 de junio, leemos lo siguiente:

En calma como en un estanque, el agua parece azogue. Muchos narvales alrededor. El hielo se mantiene estable más o menos. No hemos visto ni una ballena en todo el día. Vieron como un tiburón emergió a un costado del barco y atrapó un fulmar posado en el agua.

La escena encaja con lo poco que todavía conocemos del comportamiento del Somniosus. En principio, la hipótesis más extendida es que es un depredador oportunista con una dieta extraordinariamente variada. Si bien parece sentir predilección por las focas, entre sus contenidos estomacales se han encontrado restos de peces óseos (fletán, salmón, arenque, granadero, bacalao, rayas...), invertebrados (crustáceos, medusas, calamares...), por supuesto mamíferos marinos (narvales, belugas, marsopas, focas) y también aves marinas como este pobre fulmar.

Aunque tal vez haya que revisar esta idea. Un estudio publicado hace pocos años encontró pruebas de cambios ontogénicos en la dieta de este tiburón. Se descubrió que los jóvenes de menos de dos metros consumen una dieta más variada que los adultos, que incluye desde invertebrados a pequeños peces, mientras que los ejemplares adultos de tamaño superior prefieren grandes peces y mamíferos marinos a los que pueden dar caza de manera activa³, contrariamente a lo que se creía.

«Whale dragging 2 fast boats through water. July 8th 1880» [Ballena arrastrando 2 lanchas por el agua. 8 de julio de 1880].  

Llevado por su fino sentido del olfato, el tiburón de Groenlandia se concentra, a veces en grandes números, en áreas donde se desarrollan actividades balleneras y pesqueras. No es de extrañar, por tanto, lo observado el jueves 9 de julio ―«un día memorable»―, cuando al fin la tripulación del Hope consiguió cazar una ballena:

... La remolcamos al barco y a la 1 p. m. la teníamos a bordo. Era una ballena espléndida, cada barba medía 3 metros, dando unas 12 toneladas de aceite. Vale sus buenas 1000 £ y ha evitado que nuestro viaje sea un desastre. Apareció un tiburón enorme y feo y se puso a supervisar el proceso de despiece del animal. Le pedí al capitán que nos dejara al despensero y a mi salir en un bote y arponearlo, pero nos dijo que no.

En un momento de su diario nuestro autor elabora una zoological list con todas las criaturas que pudo observar durante el viaje clasificadas con arreglo a criterios científicos y con no pocos toques de humor. Así, en la categoría «Pisces» del apartado «Vertebrata» figura el «Squalus Greenlandicus [sic] or Greenland Shark». Ignoro la procedencia del nombre científico, puesto que no coincide con ninguna de las antiguas sinonimias conocidas, tales como Squalus microcephalus Bloch & Schneider 1801, Scymnus glacialis Faber, 1829, Squalus borealis Scoresby, 1820 o Squalus norvegianus Blainville, 1825, por citar algunas. ¿Será invención del propio autor? No lo descartaría.

Tiburón de Groenlandia en la costa norte de Canadá. Foto: Hemming 1952 tomada de www.wikimedia.commons.

El diario del viaje constituye de algún modo la crónica de un mundo perdido. Una forma de vida felizmente acabada y un océano que, pese a los tremendos avances de la pesca industrial, todavía seguía lleno de vida. Las ballenas francas estaban en plena debacle debido a la caza indiscriminada y las empresas balleneras apenas habían empezado con los rorcuales y las ballenas jorobadas. Pronto les llegaría el turno. 

Y, por supuesto, donde hay presas ―es decir, donde hay vida― hay también tiburones. Los tiburones de Groenlandia eran omnipresentes. Hoy lo son cada vez menos. La especie figura en la Lista Roja de la UICN con el estatus de Vulnerable y sus poblaciones continúan en declive.

El Somniosus microcephalus bajo la superficie en la costa SE de Groenlandia. Recorte de una foto original de Julius Nielsen.

El viernes 11 de agosto de 1880 el S. S. Hope arribó a Peterhead en medio de una «calma chicha y un sol terrible». Al año siguiente el joven Arthur Conan Doyle logró licenciarse... y volvió a embarcarse, también como cirujano, en el S. S. Mayumba para un viaje a las costas del África Occidental. Lo demás es historia, literatura y vida.

Autorretrato de 1881 brincando de contento mientras exhibe el título de Medicina. Abajo leemos «Licensed to kill» [Licenciado para matar].

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¹«S. S.» son las iniciales de Screw Steamship o Screw Steamboat, barco a vapor impulsado por una o más hélices o screws.

²El S. S. Eclipse es otro buque ballenero, también de Peterhead, que acompañó al S. S. Hope durante gran parte de la campaña. Ambos buques estaban capitaneados por dos hermanos, últimos miembros de una estirpe de balleneros de Peterhead, David y John Gray, respectivamente.

³Julius Nielsen, Jørgen Schou Christiansen, Peter Grønkjær, Peter Bushnell, John Fleng Steffensen, Helene Overgaard Kiilerich, Kim Præbel & Rasmus Hedeholm (2019). Greenland Shark (Somniosus microcephalus) Stomach Contents and Stable Isotope Values Reveal an Ontogenetic Dietary Shift. Frontiers in Marine Science, Sec. Marine Megafauna, Volume 6. https://doi.org/10.3389/fmars.2019.00125

⁴Al menos no aparece en ninguno de los catálogos conocidos, Catalog of Fishes, WoRMS o FishBase.

⁵Kulka, D. W., Cotton, C. F., Anderson, B., Derrick, D., Herman, K. & Dulvy, No. K. 2020. Somniosus microcephalus. The IUCN Red List of Threatened Species 2020: e.T60213A124452872. https://dx.doi.org/10.2305/IUCN.UK.2020-3.RLTS.T60213A124452872.en. Accessed on 22 April 2026.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Los orígenes del tiburón de Groenlandia

Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). Foto de Julius Nielsen.
No dejéis que su nombre os lleve a engaño. Los dormilones o tiburones soñolientos (género Somniosus) ocupan uno de los lugares de honor entre los grandes señores del mar profundo, especialmente sus tres representantes más grandiosos: el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), el dormilón del Pacífico (Somniosus pacificus) y el dormilón antártico (Somniosus antarcticus), que pueden llegar a superar los 6 m de longitud total (no está mal). Nadan y se mueven lentamente, como si estuviesen muertos de sueño o de cansancio, de ahí su nombre, pero en realidad son potentes y despiadados depredadores de una amplia variedad de presas, desde teleósteos y cefalópodos hasta mamíferos marinos... y terrestres (tranquilos, los dormilones son también carroñeros, no es que salten a tierra para cazar renos o caballos). De ellos podríamos hablar durante días, por ejemplo para describir su especial estrategia de adaptación a las gélidas temperaturas de los polos [véase también La edad del tiburón de Groenlandia]; pero hoy nos vamos a centrar en cuestiones taxonómicas y evolutivas igualmente fascinantes

viernes, 23 de septiembre de 2016

La edad del tiburón de Groenlandia

Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). Foto: Franco Banfi.

Hace pocas semanas estallaba la noticia a lo grande, como los fuegos artificiales de las fiestas del pueblo, entre el "¡Oooooh!" del público general y ciertas muecas de escepticismo paternalista de algunos científicos que, divertidos, se apeaban de los coches de choque para observar el espectáculo: ¡el tiburón de Groenlandia puede llegar a vivir 400 años!

Tal es la conclusión de un trabajo publicado el pasado 12 de agosto por la revista Science bajo el título, bien elocuente, de "Eye lens radiocarbon reveals centuries of longevity in the Greenland shark (Somniosus microcephalus)"¹. Pues, en efecto, para obtener esta estimación, sus autores se basaron en la datación mediante radiocarbono del cristalino del ojo de este tiburón.
     Las proteínas del núcleo del cristalino se forman durante el desarrollo prenatal del tiburón y permanecen inalteradas a lo largo de toda su vida. Esto quiere decir que su composición viene dictada directamente por la dieta materna, no por las andanzas de cada individuo, de modo que las ventajas a la hora de determinar su edad son evidentes. Solo se precisa un punto de referencia adecuado.

Tal como vimos en un reciente estudio sobre la edad del tiburón blanco en el Atlántico NW [véase Edad y tasa del crecimiento del tiburón blanco], el equipo de científicos liderado por Julius Nielsen, de la Universidad de Copenhage, tomaron como referencia las altas concentraciones de carbono-14 en la red trófica marina consecuencia de las pruebas nucleares atmosféricas que se llevaron a cabo desde mediados de la década de los 50 en el Atlántico norte. Dado que el mayor nivel de acumulación de este isótopo radioactivo se registra no más tarde de comienzos de la década de los 60, es ese ligeramente difuso "comienzos de los 60" lo que se tomó como marca temporal.

Los miembros del equipo de Nielsen analizaron el cristalino de 28 ejemplares (todos ellos hembras) de 81 a 502 cm de longitud total capturados en Groenlandia durante los años 2010 y 2013, entre los 175 y los 1100 m de profundidad. Los dos individuos más pequeños (81 y 158 cm, respectivamente) eran los que contenían mayores niveles de carbono-14, con lo que con toda probabilidad nacieron con posterioridad a esa marca, sin que se les pueda asignar una edad exacta. El tercer tiburón, en esta escala de menor a mayor, medía 220 cm y presentaba un nivel de radiocarbono ligeramente superior a los siguientes, de modo que se considera que debió de nacer a principios de los 60, más o menos hacia 1963 (una "jovencita" que en 2012 andaba por los 50 años de edad). Los 25 tiburones restantes, con tallas comprendidas entre los 258 y los 502 cm, nacieron claramente antes de las pruebas atómicas.
     Calibrando los datos obtenidos mediante radiocarbono con parámetros tales como el tipo y tasa de crecimiento del tiburón, estimada en menos de un centímetro por año, fue como los científicos obtuvieron las cifras que tanta agitación han causado en las aburridas semanas de agosto.
     A partir del tiburón nº 3 los cálculos de edad se disparan. Desde los aproximadamente 71 y 73 años de los ejemplares 4 y 5, de 258 y 264 cm, respectivamente... hasta los 335 ± 75 y los 392 ± 120 para los más grandes, de 493 y 502 cm. Una barbaridad, incluso descontando los márgenes de error: ¡un tiburón de Groenlandia de 5m tendría una esperanza de vida de un mínimo de 272 años!... o de 512, si los tenemos en cuenta. Dejémoslo en 400, un término medio.
     Lo más preocupante es que, de ser ciertas estas estimaciones, tendríamos que las hembras tardarían la friolera de 156 años en alcanzar la madurez sexual, es decir, en estar preparadas para reproducirse. Un tiempo en el que, tal como están las cosas, resulta sumamente difícil no caer dentro del mortífero campo de acción de cualquier "arte" de pesca de las que se emplean en aguas profundas.

Foto: Julius Nielsen, Universidad de Copenhage.
No obstante, los resultados del trabajo no son definitivos. Hacen falta más estudios que los verifiquen. De hecho, algunos científicos ya han mostrado cierto escepticismo, no sobre el método empleado, sino sobre la calibración de las cifras, que pudiera haber generado estimaciones al alza.
     En cualquier caso, el estudio de Nielsen y compañía viene a corroborar algo que ya se sospechaba: que el Somniosus microcephalus presenta un metabolismo muy ralentizado, como corresponde a un habitante de aguas profundas y gélidas (0,6-12ºC): crecimiento muy lento, edad reproductiva tardía y gran longevidad. Es decir, lo ideal para ser borrados del océano en pocos años si no se toman las medidas de gestión adecuadas.

El tiburón de Groenlandia es un un bicho colosal, uno de los tiburones más grandes del Atlántico norte, solo superado por el peregrino (Cetorhinus maximus). Puede rebasar los 6,4 m de longitud total hasta alcanzar, posiblemente, los 730 cm. ¿Qué edad puede llegar a tener un animal de semejante envergadura? Imposible decirlo... ni siquiera imaginarlo.

Lo único que sabemos es que, si estas estimaciones de edad son ciertas, cuando nació la hembra nº 28, la de 502 cm, la gran pintora italiana Fede Galizia ya había perfeccionado el arte del bodegón, del que fue pionera; Felipe III, el primero de los Austrias Menores, cortito de entendederas, indolente y ludópata empedernido, era todavía rey de España y de Portugal; Velázquez estaba comenzando su formación como pintor en el taller de Francisco Pacheco en Sevilla; Quevedo y Góngora tal vez se cruzaban ya por las calles de Madrid mirándose de reojo; posiblemente Shakespeare preparaba el estreno de La Tempestad, su grandísima última obra, en el palacio de Whitehall, y Cervantes aún no había publicado la segunda parte de El Quijote... dos de los más grandes genios de la historia apurando sus últimos años sobre la superficie de la Tierra... y en sus profundidades, el lento y silencioso Somniosus.



=>Más información sobre este extraordinario tiburón, en Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus).

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¹Julius Nielsen, Rasmus B. Hedeholm, Jan Heinemeier, Peter G. Bushnell, Jorgen S. Christiansen, Jesper Olsen, Cristopher Bronk Ramsey, Richard W. Brill, Malene Simon, Kristine F. Steffensen & John F. Steffensen (2016). Eye lens radiocarbon reveals centuries of longevity in the Greenland shark (Somniosus microcephalus). Science, vol 353, nº 630. doi:10.1126/science.aaf1703.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus)

En la cubierta del Coral entrando en Corme. Foto: Antón Parada.

Tiburón de Groenlandia

Somniosus microcephalus (Bloch & Schneider, 1801)

(es. Tiburón o tollo de Groenlandia, tiburón boreal; in. Greenland Shark; port. Tubarao-da-Groenlândia.)

Orden: Squaliformes
Familia: Somniosidae

Ocurrió el 20 de junio del 2006. El Coral, un pesquero de Riveira que faenaba a la pareja con el San Martín de la Mar a la altura de las islas Sisargas, se encontró un extraño tiburón atrapado en la red. Medía unos 3 metros, era de color oscuro, morro un tanto romo, y tenía unos dientes muy pequeños. Nadie había visto nunca una cosa parecida ("Es el animal más raro que he visto en los 25 años que llevo faenando", admitía el patrón). Quiso la suerte que uno de los tripulantes fuese Antón Parada, que además de gran fotógrafo es un tipo cuya curiosidad innata por todo lo que le rodea lo ha convertido en un profundo conocedor del mundo natural (y, por encima, es amigo de este blog); fue él quien sugirió ponerse en contacto con la gente de la CEMMA, con quien suele colaborar, quienes a su vez avisaron a la SGHN. Una vez desembarcado en Corme, se procedió a su identificación: un macho de tiburón de Groenlandia; medía 330 cm y pesaba 300 kg¹. Y el primer registro del Somniosus microcephalus en aguas de Galicia.

Personal de la SGHN tomando biometrías en Corme. Foto: SGHN-CEMMA.
Un segundo y último registro, que conozcamos, se produjo casi dos años después, el 30 de marzo de 2008, cuando en la playa de Ézaro, Dumbría, apareció el ejemplar de la fotografía, ya bastante deteriorado, como se puede apreciar. Según la prensa, medía metro y medio², aunque en la foto parece un poco mayor.

Praia de Ézaro, 30-III-2008. Foto: Rubén Prieto, surfcostadamorte.blogspot.com
El depredador somnoliento. El tiburón de Groenlandia es el mayor depredador de nuestras aguas, con permiso del tiburón blanco, a quien seguimos esperando con ilusión. Su nombre científico, que podríamos traducir como "dormilón de cabeza pequeña", responde solo en parte a la realidad. Su cabeza no es, en efecto, muy grande que digamos; y en cuanto a somniosus, es verdad que apenas opone resistencia cuando se le pesca, como si fuese demasiado perezoso o estuviese demasiado adormilado para siquiera luchar por su vida. Pero en lo demás lo que hay es un poco de exageración. Aunque el bicho no es ciertamente un cohete —se trata, de hecho, de uno de los tiburones más lentos del océano, sin embargo es capaz de realizar cambios repentinos de velocidad, bien para dejar atrás a un buzo que le está incordiando, bien para, en determinadas circunstancias, tender una emboscada a una foca. Suele desplazarse a una velocidad media de 0,3 metros por segundo (aproximadamente 1 km/h), pero en el golfo de San Lorenzo se le ha observado alcanzando puntas de velocidad que superarían con creces el metro por segundo (3,6 km/h).
Como curiosidad, este admirable cazador de aguas gélidas está dotado de un sistema anticongelante extraordinariamente efectivo: en sus tejidos acumula grandes cantidades de urea y, especialmente, de óxido de trimetilamina, sustancia resultante de la degradación metabólica de las proteínas y los aminoácidos. Esto hace que su carne, además de exhalar un olor repugnante, resulte sumamente tóxica: si se consume fresca, sin tratar, las consecuencias pueden ser muy desagradables, desde fuertes diarreas y convulsiones hasta la muerte si la ingesta ha sido elevada.


Descripción: El tiburón de Groenlandia es un animal corpulento de rasgos un tanto toscos. Tiene un cuerpo grueso, cilíndrico y de piel áspera, particularmente en los costados, debido unos dentículos dérmicos de fuertes cúspides erectas y ganchudas; las aletas son muy pequeñas, salvo la caudal, y el morro es corto y ampliamente redondeado. Las narinas son transversas y se encuentran en posición bastante adelantada; tiene una boca poco arqueada, casi recta, ojos pequeños y redondos, espiráculos de tamaño mediano situados detrás y por encima de los ojos, y 5 pares de aberturas branquiales muy cortas situadas delante de las pectorales.
Las dos dorsales son bajas y alargadas, y carecen de espinas; la primera, un poco más grande que la segunda, se origina hacia la mitad del dorso, más próxima a las pectorales que a las pélvicas; la segunda, aproximadamente sobre la axila pélvica. La aleta caudal presenta el lóbulo inferior bien desarrollado y el terminal diferenciado; quillas laterales presentes en su base. Como todos los Squaliformes, carece de aleta anal.
El color varía del gris muy oscuro, casi negro, a marrón oscuro uniforme o con manchas con estas tonalidades; puede presentar bandas transversales oscuras.
A menudo, estos tiburones, sobre todo los que habitan en aguas árticas, presentan un copépodo parásito incrustado en cada ojo, el Ommatokoita elongata —aproximadamente el 90% de los ejemplares del Ártico están parasitados frente al 10% de zonas como el golfo de San Lorenzo. Se especula con la posibilidad de que se trate de una suerte de parasitismo simbiótico, pese a los graves daños que causa en la córnea del huésped: el copépodo, al ser bioluminiscente, serviría de cebo para atraer a las presas en la oscuridad del mar profundo. Parece tratarse de una mera hipótesis sin demasiado fundamento.

Somniosus microcephalus con un copépodo incrustado en el ojo. Fuente: Discovery UK.
Dentición: Dimorfismo dentario. Los dientes superiores (35-39 filas), dispuestos en varias hileras funcionales, son lanceolados, con cúspides estrechas y afiladas, mientras que los inferiores (45-57 filas) son anchos, de raíz alta y cúspide larga y abatida, y se encuentran imbricados formando una especie de filo dentado a modo de sierra. No es difícil imaginar que los primeros sirven para sujetar la presa y los segundos para trocearla con movimientos circulares de su cabeza.
Izq. dientes superiores; drcha., inferiores. Fuente: J-elasmo.
Foto: Antón Parada.
Talla: En general, aunque los adultos rondan los 300-450 cm, el tiburón de Groenlandia puede superar los 640 cm, llegando posiblemente hasta los 730 cm. La talla al nacer es de unos 40 cm.
Los machos son maduros a partir de los 300 cm aproximadamente; las hembras, desde los 450 cm. 

Reproducción: Poco conocida. Vivíparo aplacentario (ovovivíparo) con saco vitelino. Durante la gestación el embrión depende exclusivamente de las reservas de alimento del saco vitelino; cuando se agotan, éste se reabsorbe y el embrión está preparado para el parto. Las camadas pueden ser de, al menos, 10 crías. Tal es el número de embriones hallados en uno de los úteros de una hembra de 5 metros: medían alrededor de 37 cm y se sabe que estaban a término porque el saco vitelino ya se había absorbido. El periodo de gestación probablemente supera los 12 meses, y hay quien dice que puede ser incluso superior a dos años, como otras especies de aguas profundas, habida cuenta de que los procesos metabólicos se ralentizan a temperaturas bajas.

Tasa de crecimiento y longevidad. La tasa de crecimiento es seguramente muy baja. Dos individuos recapturados al cabo de 16 y 14 años en libertad tan solo habían crecido 8 y 16 cm respectivamente, lo que arroja una tasa anual de crecimiento de entre 0,5 y 1,1 cm... Si en posteriores trabajos se comprueba que estas cifras son significativas, podríamos estar ante uno de los vertebrados más longevos de la Tierra: un individuo de 6 m podría tener cerca de 200 años. Como récord no está mal, pero las implicaciones para su conservación son bastante más serias: pensemos que, por ejemplo, una hembra podría tardar hasta 100 años en alcanzar la madurez, es decir, en estar lista para reproducirse.
      [Actualización a 24-IX-2016]. En agosto de 2016 se publica un trabajo basado en la datación por radiocarbono del núcleo del cristalino de 28 hembras capturadas en Groenlandia que concluía que este tiburón no sólo puede llegar a vivir unos 400 años, sino que tarda unos 156 años en llegar a la madurez (véase La edad del tiburón de Groenlandia). De confirmarse estos datos, las perspectivas de futuro de este extraordinario depredador son más negras que el abismo donde vive.

Foto: NOAA
Dieta: El Somniosus microcephalus come de todo, no le hace ascos a nada, es el sueño de cualquier abuela galaica. Su dieta es extraordinariamente variada, como corresponde a un voraz depredador oportunista. Cualquier bicho que por cualquier circunstancia sea arrastrado al mar es susceptible de convertirse en comida. Llevado por su fino olfato, el tiburón de Groenlandia se concentra en grandes números en las áreas donde se desarrollan actividades balleneras o pesqueras, convirtiéndose, en ocasiones, en algo más que un incordio.
A pesar de tratarse de un tiburón lento, el análisis de contenidos estomacales demuestra que es capaz de capturar presas bastante activas. Se han encontrado peces (fletán, salmón atlántico, arenque, bacalao, capelán, granadero, eglefino, abadejo, maruca, pez lobo, rayas, anguilas, etc.), invertebrados (crustáceos, gasterópodos, medusas, calamares, erizos de mar, etc.) y mamíferos marinos (focas y pequeños cetáceos como narvales, belugas y marsopas, muchas de estas especies tal vez ingeridas como carroña)... y alguna que otra ave marina. Parece mostrar una cierta especialización en las focas, a las que acecha oculto en el fondo para abalanzarse sobre ellas mientras duermen, según ciertas teorías. Diversos programas de marcado han descubierto que con frecuencia este tiburón se desplaza hacia la superficie en áreas de elevadas concentraciones de foca híspida (Pusa hispida), a las que da caza mediante emboscadas. También se ha visto implicado en ataques a diversas especies de pinnípedos de Sable Island, en la costa atlántica canadiense.

NDR Naturfilm/Studio Hamburg DocLights /GEO.
La carroña constituye una de sus principales fuentes de alimento; algunos sostienen que es una especie primordialmente carroñera. En sus estómagos se han encontrado restos de renos, de osos polares y de caballos, y también una pierna humana calzada con una bota de esquimal. Hace pocos meses apareció en una playa de Terranova un pequeño ejemplar medio moribundo de dos metros y medio de longitud que se había atragantado con un trozo de alce, que, con toda probabilidad, alguien había tirado al mar³.
No se han constatado ataques a personas, aunque existe una leyenda de una familia de nativos que fue atacada durante una plácida excursión en kayak; según cuentan, tuvieron que arrojar al mar a un bebé para distraer al tiburón y así poder salvarse. En 1940 parece ser que un guarda sufrió el "acoso" de otro tiburón mientras caminaba por un bloque de hielo en el golfo de San Lorenzo.

Hábitat y distribución: Habitante de la plataforma y talud superior continental e insular hasta posiblemente los 2647 m. Le gustan las aguas bien frías, entre los 0,6 y los 12ºC.
Durante los meses más fríos puede internarse en estuarios y bahías de aguas someras, mientras que en primavera y verano retorna a aguas más profundas. Puede desplazarse hacia latitudes más bajas, incluso tropicales, siguiendo corredores de aguas muy frías a gran profundidad. Así se explican las imágenes de Somniosus deslizándose lentamente a pocos metros del fondo en el golfo de México tomadas por vehículos de control remoto a 2647 m.

Elaboración propia a partir de Ebert et al., 2013 y www.geerg.ca
Se encuentra en aguas del Atlántico norte y océano Ártico, con registros en principio esporádicos en aguas más meridionales: Galicia y Portugal, Madeira e incluso las islas Canarias, y también Florida y Golfo de México.

Pesca y conservación: Históricamente hubo en Groenlandia, Islandia y Noruega una pesquería del tiburón de Groenlandia con el objetivo de extraer el aceite de su enorme hígado. A mediados del XIX se descargaron, solo en Groenlandia, entre 2000 y 3000 ejemplares por año, y a principios del siglo XX, las capturas de los tres países podían llegar hasta los 32 000. El pico se alcanzó en 1934, con un total de 17 201 hectolitros de aceite descargado. Aunque estas pesquerías se terminaron en 1960 debido principalmente a la caída del precio del aceite, en la década siguiente el gobierno noruego subvencionó una serie de campañas destinadas a reducir el número de estos tiburones, que se consideraban una plaga para otras pesquerías. En 1999 el total de capturas reportadas a la FAO fue de 51 toneladas.
Entre las gentes del norte, como los esquimales, los islandeses y (algunos) noruegos, su carne también se aprovecha para consumo humano y para alimento de los perros de trineo, a pesar de su elevada toxicidad. Para ello, debe ser cuidadosamente tratada, bien cociéndola varias veces, bien sometiéndola a un largo proceso de fermentación y curadocon el que se consigue el famoso hákarl o "tiburón fermentado", una repugnancia que se elabora y consume en ciertas zonas de Islandia y Noruega.
En la actualidad es una captura accidental, por ejemplo en las pesquerías de arrastre del fletán y la gamba. Su pesca está prohibida en la UE (TAC=0).



Figura en las Lista Roja de la IUCN con el estatus de Casi amenazado, con la advertencia de la necesidad de elaborar un análisis de los datos históricos de capturas a fin de determinar si se han producido descensos de sus poblaciones a consecuencia de la actividad pesquera, así como de la urgencia de monitorizar las capturas accidentales en el Ártico y Atlántico norte.

Foto: Antón Parada

[Como siempre, mi agradecimiento a Tucho Parada y a Juan Ignacio, de la SGHN, que amablemente han cedido sus fotos.]

=> Véase también Dormilón (Somniosus rostratus).
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¹"Tras practicársele la necropsia in situ, y dado que se trata de una especie poco habitual, se optó por realizarle una dermoplastia, técnica que consiste en la realización de unos moldes corpóreos para luego hacer una reproducción a tamaño natural, que era realizada ayer en las instalaciones de la Casa do Coronel en el cuartel de Sánchez Aguilera. El objetivo de los investigadores que se encargan del estudio del curioso escualo es intentar conservar el cráneo y las características mandíbulas del animal." El Correo Gallego, 23 de junio de 2006.
Fuente: El Correo Gallego, 23-VI-2006.
Como curiosidad, en un primer momento periódicos como La Voz de Galicia del 21 de junio dijeron que se trataba de una cañabota, aunque al día siguiente ofrecieron la información correcta.
²"Asimismo, en la playa de O Ézaro (Dumbría) aparecieron ayer por la mañana los restos de un tiburón gata de un metro y medio de longitud. El escualo mostraba signos de descomposición y podría llevar ya varios días muerto en el agua." La Voz de Galicia, 31 de marzo de 2008.
No hace falta decir que de "tiburón gata" el bicho tiene poco.
³El animal tuvo la fortuna de que un par de buenos samaritanos apareciesen por allí justo a tiempo: lograron arrancar la masa de carne y piel que sobresalía de su boca y empujarlo mar adentro. En esta página de Montevideo podéis encontrar una crónica en castellano.
David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma; David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth, y <www.geerg.ca>.
En Canarias fue descubierta su presencia en un muestreo realizado en 1986. Para Madeira, véase Mafalda Freitas & Manuel Biscoito (2007). "Four chondrithyes new for the archipelago of Madeira and adjacent seamounts (NE Atlantic Ocean)". Bocagiana. Museu Municipal do Funchal (História Natural), No. 221, 31-XII-07.
La confirmación de su presencia en el Golfo de México es reciente. Si bien existen imágenes bastante pobres de un animal que pudiera ser un Somniosus, tomadas en 2001 por un robot submarino que operaba a 2657 m en el cañón de Alaminos, frente a las costas de Texas, no fue hasta agosto de 2013 cuando se produce el primer registro: un bicho de 367 cm capturado a una profundidad de 1749 m durante una campaña científica. <https://deep-c.org/news-and-multimedia/in-the-news/deep-c-scientists-capture-first-greenland-shark-in-the-gulf-of-mexico>
Véase <http://www.fao.org/fishery/species/2033/en>
El método tradicional consiste en enterrar los trozos de carne en grava y arena dejando que se pudran y fermenten durante 6-12 meses más o menos; luego los cortan en tiras y los cuelgan a secar durante varias semanas más. Dicen que el olor es mucho más nauseabundo que el sabor, pero que solo es cuestión de acostumbrarse. Si algún lector lo prueba y sobrevive, que nos lo cuente.
 

jueves, 12 de diciembre de 2013

Los tiburones más grandes del océano

Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). Foto de Jeffrey Gallant, GEERG.
Por la red circulan decenas de gráficos con imágenes de los tiburones más grandes del mundo ordenados de mayor a menor en escalera de burro. Algunos son muy bonitos y la mar de chulos, y se ve que hay un gran trabajo detrás, pero el problema es que casi siempre se repiten, y repiten las mismas inexactitudes. Básicamente se trata de variaciones sobre lo mismo: arriba del todo ponen al tiburón ballena, debajo al peregrino, en tercer lugar al tiburón blanco, en cuarto al boquiancho, luego vienen el tiburón tigre y tal vez el zorro, y después rellenan con unas cuantas especies más hasta completar el espacio.
Aun cuando salvo excepciones los datos que manejan suelen ajustarse a la realidad, lo que uno echa en falta es un poco más de rigor y un poco menos de leyenda y de sensacionalismo. No deja de ser sospechoso que siempre se quedan fuera las mismas especies: bichos de gran talla, pero que resultan más feúchos, sosos y, acaso, bastante menos glamurosos que, por ejemplo, el tiburón blanco o el limbatus, como son los tiburones de aguas profundas. ¿Realmente pretenden hablar de los tiburones, o solo de los tiburones que más les gustan a ellos?
Para hacer un poco de justicia me permito presentaros una lista bastante más exacta y completa. Aunque contiene una pizca de provocación, está rigurosamente basada en datos tomados de guías como las de Compagno y Ebert (y es que, como todo el mundo sabe, cuando hablamos de tamaños, las exageraciones y la subjetividad tienden a distorsionar la realidad, particularmente cuando el observador pertenece al género masculino, y en esto de los tiburones ocurre lo mismo). Este es nuestro particular top-10, del que a propósito hemos dejado fuera al zorro (Alopias vulpinus), pese a que puede llegar nada menos que a los 635 cm (1):

1. Tiburón ballena (Rhincodon typus). 
       Alcanza los 17-21 m.


2. Peregrino (Cetorhinus maximus). 
      Puede rebasar los 10 m, hasta posiblemente los 12,2-15,2 m (2).
Ejemplar de 9 m capturado en Japón.
3. Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier). 
       Puede superar los 550 cm. Existe un registro de 740 cm.

Fotografía de Raul Boesel.

4. Dormilón del pacífico (Somniosus pacificus).
       La talla máxima supera los 7 m.

Foto de Emory Kristof, National Geographic.

5. Tiburón blanco (Carcharodon carcharias).
       Puede superar ampliamente los 6 m. Un registro de 640 cm y varios ejemplares estimados en cerca de 7 m (3).

El famoso ejemplar de 6,4 m y 3,2 t capturado en Cojimar, Cuba, en 1945.

6. Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). 
       Máxima de al menos 640 cm. Posiblemente hasta 730 cm.

Foto de G. Nordoy (el tiburón fue devuelto con vida al mar).

7. Dormilón antártico (Somniosus antarcticus).
      Alrededor de 6 m de longitud máxima.

Capturado en las Malvinas. Foto de Katja Janzen tomada de fishBase.
8. Tiburón martillo (Sphyrna mokarran).
       Longitud máxima de 550-610 cm.

Foto tomada alrededor de 1917.
9. Tiburón boquiancho (Megachasma pelagios).
       Puede superar los 550 cm.


10. Tiburón duende (Mitsukurina owstoni).
          Puede pasar de los 4 m. El mayor registro conocido se estimó entre 540-617 cm (4).

El mayor ejemplar capturado hasta el momento. Foto tomada de Glenn R. Parsons. Sharks, Skates and Rays of the Gulf of Mexico.

>> Ahora véase LOS TIBURONES MÁS PEQUEÑOS DEL OCÉANO

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(1) ¿El motivo? Pues porque hace trampas: aproximadamente la mitad de su longitud total corresponde a la cola, y eso no puede ser. Véase el post Zorro (Alopias vulpinus).
(2) Véase FAO Species Fact Sheet.
(3) El tema de la longitud máxima que puede alcanzar el tiburón blanco está lleno de controversias, exageraciones y, en ciertos casos, puro engaño, como ocurrió con el famoso ejemplar capturado en Malta en 1987, que en un primer momento fue estimado en más de 7 m, luego en 5 y pico, y posteriormente entre 668-681 cm. El registro que de momento parece más fiable corresponde a los 640 cm del espécimen capturado en Cojimar, aunque existen testimonios relativamente fiables que hablan de ejemplares que superarían ampliamente los 6 metros. El más espectacular es sin duda el aportado por un testigo de excepción, Juan Antonio Moreno.
"Referente a la longitud máxima que puede alcanzar este tiburón, en el año 1982, el Dr. J. A. Moreno tuvo la posibilidad de observar y hacer una medición aproximada (en pies) a una hembra, de una longitud mínima de entre 8 y 9 metros, desembarcada en Dakar (Senegal). Desgraciadamente, el registro de la talla del individuo observado no tiene ninguna validez científica al no haber podido realizar una biometría correcta del animal, debido a la situación azarosa con los propietarios del ejemplar, ni, consecuentemente, haber podido preparar la correspondiente comunicación. Baste decir que, solamente la mandíbula estaba ya vendida por una suma de 1.000 dólares."
Joan Barrull e Isabel Mate (2002). Tiburones del Mediterráneo. Llibrería El Set-ciènces, Arenys de Mar, p. 153.
Otros ejemplares del Mediterráneo y Adriático se han estimado en más de 6 m y medio, como el famoso de Filfa. Véase, por ejemplo, el excelente trabajo de Alessandro De Maddalena et al. (2001). "An analysis of the photographic evidences of the largest great white sharks, Carcharodon carcharias (Linnaeus, 1758), captured in the Mediterranean sea with considerations about the maximum size of the species". Annales, Series Historia Naturalis, 11, 2 (25): 193-206.

(4) Véase el post Tiburón duende (Mitsukurina owstoni).