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jueves, 30 de noviembre de 2017

La memoria del tiburón

Pintarroja colilarga gris (Chiloscyllium griseum). Foto: Silke Baron, tomada de Wikimedia Commons.
Mucha gente sigue todavía creyendo que los tiburones son seres esencialmente estúpidos, dotados de un cerebro tan elemental que solo son capaces de pensar en una única cosa: triturar turistas. El que una idea así siga vigente en la mente de demasiada gente, a despecho de la cantidad de trabajos que, con radical contundencia, se han encargado de desmontarla en estos últimos años y cuyas conclusiones han aparecido en decenas de documentales y de reportajes de carácter divulgativo, a veces da para pensar si no seremos los seres humanos los que resultamos ser a veces un poco elementales, de piñón fijo, y nos cuesta deshacernos de conceptos e ideas aunque se nos demuestre que la verdad vaya por otro lado.
     La realidad es que los tiburones no solo son bichos sumamente inteligentes, sino que demuestran tener más memoria que cualquier votante medio de este país, por poner una comparación sin duda odiosa pero certera. Son capaces de almacenar bloques de información durante por lo menos un año entero y echar mano de cualquiera de ellos en el momento que lo necesiten para obtener algo que les resulta útil y beneficioso.

jueves, 27 de junio de 2013

La capacidad cognitiva de los tiburones


Pintarroja (Scyliorhinus canicula). Foto de Jean-Claude Samoyeau.
Hay cosas que son sumamente difíciles de cambiar. Ideas preconcebidas, lugares comunes que debido a una serie de desafortunadas circunstancias han quedado sólidamente instalados en el corazón de nuestro imaginario colectivo sin ninguna posibilidad de eliminarlas a corto plazo. No se van ni con lejía. Una de ellas es la creencia de que los tiburones, a diferencia de los mamíferos, son animales primitivos y en cierto modo estúpidos cuyos poco desarrollados cerebros apenas les capacitan para detectar comida y buscar la forma de procrear montones de tiburoncitos. Y ello a pesar de los estudios científicos que se publican anualmente y de las decenas de reportajes que aparecen en revistas, páginas web, en los diferentes canales de televisión, etc. desmontando este mito. Y a pesar también de que el cerebro de muchos tiburones es comparable en tamaño al de no pocos mamíferos.

Uno de estos trabajos es el que hoy os presentamos, recientemente publicado en la revista Animal Cognition. Se trata de un estudio desarrollado por científicos de la Universidad de Cranfield y la Marine Biological Association ambas del Reino Unido sobre la capacidad cognitiva de la pintarroja (Scyliorhinus canicula)¹ cuyas conclusiones son sencillamente espectaculares. Sus autores han podido demostrar que la pintarroja no sólo es capaz de aprender con extraordinaria rapidez, sino que puede retener lo aprendido durante un periodo de hasta tres semanas. O sea, bastante más que un estudiante medio de la LOGSE.

Sabiendo que los tiburones poseen potentes electrorreceptores que les permiten
detectar los campos eléctricos generados por sus presas, los científicos diseñaron una serie de experimentos basados en el refuerzo positivo, es decir, premiar con
(Imagen tomada de phys.org)
alimento la respuesta correcta a un estímulo eléctrico. No tardaron en descubrir que en poco tiempo este refuerzo positivo conseguía alterar significativamente el comportamiento de las pintarrojas. Los tiburones que recibían su premio no sólo demostraron un mayor interés en el estímulo eléctrico que los no recompensados, sino que incluso supieron encontrar una forma de conseguir comida más rápidamente aprendiendo a localizar y a morder los electrodos correctos. Los experimentos se repitieron al cabo de tres semanas, pero esta vez sin el refuerzo positivo del alimento. Las pintarrojas mostraron ciertos signos de habituación, y poco a poco sus respuestas se fueron reduciendo hasta desaparecer por completo.

La conclusión es que los tiburones poseen una capacidad cognitiva nada desdeñable que les permite encontrar la estrategia más idónea según las circunstancias para localizar su alimento. Sus cerebros, además, son capaces de almacenar estos nuevos datos entre 12 horas y, al menos, 3 semanas. Dicho de otra manera, poseen la inteligencia necesaria para adaptar su comportamiento en función de las diferentes variables que puede presentar un entorno tan complejo y cambiante como el medio marino. Y estamos hablando de pintarrojas, tiburones de sangre fría. Pensad ahora en las especies cuyos cerebros están bañados por sangre caliente y son, por tanto, más eficientes a la hora de procesar información.

¿Seres primitivos? ¿Poca inteligencia?


=>Actualización a 9-IX-2014: Otro experimento de condicionamiento clásico (es decir, pavloviano, de estímulo-respuesta) sobre juveniles de Port Jackson (Heterodontus portusjacksoni) ha demostrado que este tiburón no solo es capaz de aprender con relativa rapidez (30 ensayos a lo largo de 15 días), sino que puede asociar dos elementos separados en el tiempo y retener lo aprendido hasta 40 días.
Y no me resisto a traducir las últimas líneas del trabajo²:
"Es interesante destacar que recientes pruebas morfológicas han demostrado que los elasmobranquios bénticos demersales constituyen el grupo con el cerebro más pequeño, el telencéfalo más reducido y el cerebelo más liso (Yopak, 2012). Teniendo en cuenta que los últimos descubrimientos sobre teleósteos demuestran que la capacidad cognitiva puede estar relacionada con el tamaño del cerebro (Kotrschal et al., 2013), nuestro estudio, sumado al de Kimber et al. (2013), pone de relieve que con toda probabilidad la capacidad cognitiva de los tiburones está subestimada."
=> Véase también La memoria del tiburón.
Tiburón de Port Jackson (Heterodontus portusjacksoni). Foto: Andy Murch (elasmodiver.com).

[El tema de la inteligencia de los tiburones lo tratamos en un post reciente en el que analizábamos un comportamiento bastante peculiar de los cailones juveniles que algunos calificaban como juego: El juego de los jóvenes cailones (Lamna nasus).]

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¹Joel A. Kimber, David W. Sims, Patricia H. Bellamy & Andrew B. Gill (2013). Elasmobranch cognitive ability: using electroreceptive foraging behaviour to demonstrate learning habituation and memory in a benthic shark. Animal Cognition, vol 17, Issue 1, pp. 55-65. Abstract, aquí.
²Tristan L. Guttridge, Culum Brown (2014). Learning and memory in the Port Jackson shark, Heterodontus portusjacksoniAnimal Cognition, 17(2), 415-25, doi 10.1007/s10071-013-0673-4

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