Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.
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lunes, 25 de julio de 2022

Muros, zona quenlla 2021

Muros, 28 de julio 2021.

Parece que Muros tiene algo que gusta mucho a las crías de quenlla o tintorera (Prionace glauca), porque casi todos los años hacia mediados-finales de julio viajan hasta allí para instalarse en su muelle durante días o incluso semanas. Tal vez les atraiga su gastronomía o quizás es que encuentran el entorno particularmente acogedor y agradable, o puede que sea una combinación de ambas. Lo cierto es que se trata de un acontecimiento excepcional que debemos aprender a valorar, cuidar y disfrutar.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Acidificación y supervivencia

Musola pintada (Mustelus canis). Fuente: Discovery.com.

Por si no fuese suficiente con lo que ya tienen encima, la última novedad es que la acidificación del océano reducirá la capacidad olfativa de los tiburones, debilitando así uno de sus principales sistemas de detección de alimento, según demuestra un estudio¹ que acaba de publicarse en Global Change Biology. 

En su heroico afán por destruir el cuerpo que lo alberga, solo comparable al del virus más letal, el ser humano ha logrado, entre otras proezas, que la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera sea la más elevada de los últimos 800 000 años. Gracias a ello, el clima de la Tierra está cambiando a tal velocidad que puede que no lleguemos a tiempo, no ya para revertir o siquiera detener el proceso, sino para adaptarnos a sus consecuencias. Pero esa es la idea, cabe suponer.
Pero en esta jovial marcha hacia nuestra autodestrucción nos hemos topado con un factor con el que no contábamos, y mira que es inmenso. Se calcula que el océano absorbe aproximadamente el 25% del dióxido de carbono que emitimos a la atmósfera. Esto quiere decir que, de no ser por él, tal vez habríamos ya podido consumar el desastre. Mala pata.

Sarcasmos aparte, el trasvase de dióxido de carbono antropogénico al mar, lejos de aliviar el problema, lo que ha hecho es extenderlo. Cuando el CO2 se disuelve reacciona con el agua generando ácido carbónico y reduciendo su pH, en un proceso conocido como acidificación. Es una evidencia científica que el océano se está acidificando, y parece que a buen ritmo. Se calcula que el nivel actual de acidificación es un 30% superior al de épocas preindustriales y el pH de las aguas superficiales es 0.1 puntos inferior (y las previsiones a medio plazo son descorazonadoras). Esto tiene graves consecuencias para las criaturas marinas. El descenso del pH trae consigo la drástica disminución de las concentraciones de iones carbonato, fundamentales para la formación y el desarrollo de los esqueletos y otras estructuras de carbonato cálcico, como conchas y caparazones, de una inmensa variedad de organismos: corales, moluscos, foraminíferos, equinodermos, crustáceos, etc., poniendo poblaciones enteras en serio peligro. Pensemos que aproximadamente la cuarta parte de todas las especies marinas dependen de un modo u otro del coral. Varios trabajos han descrito los efectos de la acidificación en diversos organismos calcáreos; igualmente se ha demostrado que la exposición de los teleósteos a niveles elevados de CO2 puede alterar un amplio espectro de procesos biológicos como la percepción sensorial, modificando la respuesta a estímulos químicos y auditivos, y, a consecuencia de ello, la toma de decisiones².
Foto de Danielle Dixson publicada en la edición digital de The Washington Post del 10 de septiembre.
Este es el primer estudio que aborda los efectos de la acidificación sobre el comportamiento y la capacidad olfativa de los tiburones. Sus autores trabajaron con una especie oriunda del Atlántico occidental, la musola pintada (Mustelus canis), un pequeño cazador oportunista que frecuenta las aguas turbias próximas a la costa, en las que se maneja perfectamente para localizar a sus presas gracias sobre todo a su agudo sentido del olfato. El candidato ideal.
Las 24 musolas utilizadas en el experimento se distribuyeron en tres tanques con diferentes niveles de concentración CO2 (por tanto con agua de diferente pH): el primero con los valores medios registrados en la actualidad (pH 8.11), el segundo con los estimados para dentro de 50 años según la tendencia actual de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera (pH 7.80), y el tercero con los estimados para el año 2100 (pH 7.69, o sea, una caída de 0,4 puntos).
Los tiburones se iban introduciendo en un tanque de 9x2 m en el que se habían creado dos corredores olorosos mediante sendos emisores situados a cada extremo, cerca del fondo, que bombeaban constantemente agua de mar, en uno de ellos mezclada con jugo de calamares. Como era de esperar, todos los tiburones sometidos al nivel actual de pH permanecieron la mayor parte del tiempo (entre el 60-84%) en la calle por la que discurría este potente estímulo oloroso, llegando incluso a lanzar ataques sobre su fuente, bien golpeándola con el morro, bien mordiéndola. Cuando el pH descendió 0,2 puntos, el tiempo de permanencia en el corredor oloroso se mantuvo, pero los ataques a su fuente fueron menos intensos o agresivos. Sin embargo, con los valores previstos para fin de siglo la situación cambió drásticamente. Las musolas dejaron de responder a los estímulos químicos, incluso parecían evitarlos, ya que pasaban más rato en la zona de flujo de agua salada normal; el tiempo de permanencia en la calle del corredor oloroso fue inferior al 15%.
En los tres casos, el comportamiento natatorio de los tiburones fue muy similar, sin ninguna señal externa que hiciese pensar en algún tipo de anomalía; lo mismo el movimiento de las aberturas branquiales, que en ningún momento evidenció signos de estrés que pudiesen explicar su comportamiento.
La doctora Dixson y sus colegas aventuran que la raíz del problema está en que el agua acidificada altera el funcionamiento de un receptor químico conocido como GABAA, como ocurre con los peces payaso.

Fuente: Danielle Dixson, Global Change Biology, 2014.
La conclusión es evidente: el aumento de la acidificación del océano va a tener un impacto terrible en los tiburones al modificar o anular su respuesta a estímulos químicos primordiales para su supervivencia, como los que proceden de una fuente de alimento y, tal vez, quién sabe (en el trabajo no se mencionan), los emisores químicos que las hembras liberan cuando están listas para aparearse.

Otro trabajo de parecidas características³ ha encontrado cambios importantes no solo en el comportamiento natatorio, sino en la sangre de pintarrojas (Scyliorhinus canicula) sometidas a los niveles de dióxido de carbono previstos para el 2100, que contenía más iones de sodio y bicarbonato de lo normal seguramente como un mecanismo para mantener estable su pH en un entorno de mayor acidez (aparentemente no se habían producido cambios apreciables en su metabolismo). Los investigadores también observaron que en un ambiente fuertemente acidificado las pintarrojas permanecían nadando durante periodos de tiempo considerablemente más largos (hasta una hora sin interrupción) que aquellos ejemplares procedentes de un entorno "normal", que presentaban periodos de natación más cortos, de entre unos pocos segundos hasta un minuto. Esto podía deberse bien a alteraciones en las concentraciones de iones de sodio y bicarbonato en el cerebro, bien a que los tiburones percibían la acidez del agua y estaban nadando en busca de un entorno más saludable. Estas observaciones fueron realizadas durante la noche, cuando estos animales se muestran más activos.

En los millones de años que llevan en la tierra, los tiburones han logrado sobrevivir en mares con un nivel de acidez muy superior al previsto para fin de siglo. Lo que no deja de ser un motivo para la esperanza. Pero el problema es si serán capaces de adaptarse con la suficiente presteza a la velocidad a la que van a tener lugar los grandes cambios que se nos vienen encima.
Los seres humanos somos así de inteligentes.


[ACTUALIZACIÓN a 16-X-2014] Frente a todo lo anterior, hay al menos un tiburón al que no parecen afectarle los ambientes con alto contenido de CO2. Se trata de la pintarroja colilarga ocelada (Hemiscyllium ocellatum), una pequeña especie endémica de Nueva Guinea y norte de Australia que habita en las aguas someras de arrecifes e incluso charcas de marea, ambientes muy expuestos a fuertes fluctuaciones ambientales tanto de oxígeno como de dióxido de carbono. Por la noche, el nivel de oxígeno en el agua cae drásticamente, muy particularmente durante las mareas bajas nocturnas, debido a la respiración de los organismos del arrecife, lo que provoca un fuerte incremento del CO2, cuya concentración puede incluso ser más alta en los agujeros y grietas del coral (ambientes de bajo flujo de agua) que este tiburón acostumbra a usar como refugio. La adaptación a la vida en estos ambientes de fluctuaciones extremas es tal, que la pintarroja colilarga no solo puede resistir sin mayor problema cortos periodos de hipoxia (baja concentración de oxígeno en el ambiente), sino que, tal como acaba de demostrar un reciente trabajo, es capaz de adaptar sus procesos fisiológicos a largas exposiciones (60-90 días) a ambientes con altas concentraciones de dióxido de carbono como las previstas a medio plazo.

Pintarroja colilarga ocelada (Hemiscyllium ocellatum). Foto: Richard Ling.

________________________
¹Danielle L. Dixson, Ashley R. Jennings, Jelle Atema & Philip L. Munday (2014). "Odor tracking in sharks is reduced under future ocean acidification conditions". Global Change Biology, doi: 10.1111/gcb.12578.
²Las señales químicas juegan un papel fundamental en la biología de muchos peces. Se ha comprobado, por ejemplo, que los peces de arrecife con la capacidad olfativa mermada por la exposición a altos niveles de CO2 mostraban problemas a la hora de encontrar refugio, seleccionar el hábitat más adecuado y evitar a los depredadores.
³Leon Green & Fredrik Jutfelt (2014). "Elevated carbon dioxide alters the plasma composition and behaviour of a shark". Biology Letters, 10(9): 20140538.
Dennis D. U. Heinrich, Jodie L. Rummer, Andrea J. Morash, Sue-Ann Watson, Colin A. Simpfendorfer, Michelle R. Heupel & Philip L. Munday (2014). "A product of its environment: the epaulette shark (Hemiscyllium ocellatum) exhibits physiological tolerance to elevated environmental CO2." Conservation Physiology, vol 2. doi: 10.1093/conphys/cou047

jueves, 31 de octubre de 2013

El tiburón, mejor fuera del plato


Filetes de marrajo (Isurus oxyrinchus) a la venta en una pescadería. Foto: Isaías Cruz.

1. El tiburón más peligroso es el tiburón muerto.
Los tiburones son más peligrosos en el plato que en el océano, muertos y cocinados que vivitos y coleando; o si lo preferís, abundando en la paradoja (que lo es sólo en apariencia), cuando son comidos más que cuando son ellos quienes salen a comer.
Cada vez se publican más estudios que alertan de la presencia de contaminantes en diversos organismos marinos. Y no cualquier tipo de contaminantes. Hablamos de plásticos, de hidrocarburos, de pesticidas, de DDTs, de PCBs (1), así como de mercurio y otros metales pesados. Estos materiales encuentran en concentraciones cada vez más elevadas en los tejidos de especies que, por si fuera poco, nos sirven de alimento.
El caso de los túnidos y de los tiburones es particularmente grave, al tratarse de animales en general de gran talla que se encuentran en lo más alto de la red trófica marina, desde donde recogen, como si aplicasen la boca al caño de un desagüe, todos los contaminantes que sus presas más pequeñas han ido acumulando a lo largo de sus cortas o largas vidas. Existe una relación directamente proporcional entre el tamaño y la posición en la red trófica de un determinado organismo y el grado de acumulación de sustancias tóxicas en su interior (2). O sea, comerse a un súper depredador es jugar a la ruleta rusa.

2. El circuito del envenenamiento.
Toda la porquería que lanzamos al mar en un momento u otro nos va a ser devuelta, y de la peor manera posible: nos la vamos a comer, con patatas o si ellas, y además concentrada.
Estas sustancias altamente tóxicas llegan al océano bien de forma directa, en los vertidos de residuos urbanos e industriales sin tratar y en los procedentes de las distintas actividades a bordo de los buques, como la limpieza de tanques, etc.; o bien, de forma indirecta, por lixiviación, transportadas por las corrientes, el aire, los ríos, y otro etc. Por otro lado, la presencia de contaminantes como el mercurio en el medio marino no es atribuible exclusivamente a factores antropogénicos, sino naturales, como la actividad volcánica.
Foto: Greenpeace.
Una vez disueltos en el agua, la incorporación de estos productos a la cadena trófica es inevitable y sencilla. Puede hacerse, por ejemplo, por ingesta directa o por absorción a través de las branquias. Algunos organismos no tienen capacidad metabólica para eliminarlos, a consecuencia de lo cual se acumulan dentro de su cuerpo hasta llegar a alcanzar concentraciones superiores incluso a la del medio (bioacumulación). Una forma particular de bioacumulación es la llamada biomagnificación, cuya consecuencia es que un organismo lleva encima la carga contaminante de sus presas y de las presas de sus presas. El pez chiquito contaminado sirve de comida, solo o acompañado de un puñado de congéneres —también contaminados—, a un pez un poco mayor, el cual, igualmente solo o acompañado por unos cuantos colegas —contaminados, será devorado por otro más grande, quien finalmente acabará como ingrediente de la papilla alimentaria "metalizada" contenida en el estómago de un atún rojo o de un cailón. Las concentraciones de elementos tóxicos en los organismos más próximos a la base de la cadena alimentaria son por tanto inferiores a las de aquellos que se encuentran en o cerca del otro extremo.
Pero los venenos llegan también por vía materna, como han venido a demostrar, entre otros, recientes estudios sobre crías de un año de diferentes especies de lamniformes como el marrajo (Isurus oxyrinchus), el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), el cailón salmonero (Lamna ditropis) o el zorro (Alopias vulpinus) (3): sus elevadas tasas de mercurio, PCB, etc., sólo podían explicarse si habían llegado hasta ellas dentro del seno materno. Herencia envenenada propiamente dicha.
Como ya os podéis imaginar, todo este circuito letal se cierra cuando el pez ultracontaminado cae en una red o un anzuelo, y de ahí pasa al estómago, el cerebro, el hígado y las más diversas vísceras del ser humano que lo engulle.

Ciclo del mercurio. Fuente: Wikimedia.
3. Unos cuantos casos que dan que pensar.
El 30 de noviembre pasado Helmut Nickel publicaba en Shark Year Magazine un interesante artículo en el que recopilaba 34 notificaciones sobre productos de tiburón realizadas por diferentes países de le EU entre febrero del 2012 y el 11 de septiembre de este año en el marco del Sistema Europeo de Alerta Rápida para Comida y Piensos (RASFF, en sus siglas en inglés). Y los datos son sobrecogedores. Para que os hagáis una idea, si en la UE el nivel máximo de mercurio permitido es de 1 mg/kg de peso húmedo, en un marrajo procedente de España se encontró la increíble cifra de 8,61 mg/kg. Recordemos que el mercurio, particularmente el metilmercurio, es una potente neurotoxina con efectos gravísimos e irreversibles en los fetos y los niños. Aquí tenéis los datos, que he agrupado por especies (entre paréntesis el país de origen de cada partida):

   Marrajo (Isurus oxyrinchus): Contaminación por mercurio

     -8,61 mg/kg en rodajas congeladas (España).
     -5,6 mg/kg en producto congelado (Japón vía España).
     -5,47 mg/kg en rodajas congeladas (Singapur).
     -3,7 mg/kg en producto descongelado (España).
     -3,5 mg/kg en producto congelado (España).
     -3,5 mg/kg en descongelado (España).
     -2,6 mg /kg en producto refrigerado (España).
     -2,4 mg/kg en congelado (España).
     -1,2 mg/kg en congelado (España).
     -1,15 mg/kg en producto refrigerado (España).
     -1,15 mg/kg en congelado (España).

   Tintorera (Prionace glauca): Contaminación por mercurio

     -3,33 mg/kg en filetes congelados (España).
     -2,6 mg/kg en congelado en (España).
     -1,89 mg/kg en congelado (España).
     -1,6 mg/kg en rodajas congeladas (España).
     -1,58 mg/kg en congelado (Vietnam).
     -1,4 mg/kg en congelado (Vietnam).
     -1,389 mg/kg en congelado (España).
     -1,35 mg/kg en congelado (Vietnam).
     -1,3 mg/kg en congelado (China).
     -1,3 mg/kg en congelado (España).
     -1,3 mg/kg en congelado (Vietnam).
     -1,25 mg/kg en congelado (Portugal).
     -1,159 mg/kg en filetes congelados (Ecuador).

   Pintarroja (Scyliorhinus canicula): Contaminación por mercurio

     -2,3 mg/kg en producto refrigerado (España).
     -1,903 mg/kg en producto refrigerado (Croacia).

La lista incluye cuatro notificaciones de cargamentos de mielga (Squalus acanthias) importados de los EEUU con altas concentraciones de PCBs, y una de un Squalus sin identificar procedente de Malta con 2,1 mg/kg de mercurio. Igualmente dos partidas de tiburón lechoso (Rhizoprionodon acutus) que venían de Yemen con 0,76 mg/kg y 0,67 mg/kg de cadmio.
Por último un dato que no sabría si calificar de gracioso o de deprimente: la noticia de un cargamento de 1200 kg de filete congelado de megalodón procedente de China (no es broma, en la etiqueta figuraba su nombre científico y todo: Carcharocles megalodon), que se pretendía hacer entrar en Italia. Como es natural, las autoridades rechazaron la importación y la partida fue destruida.

Marrajos y tintoreras están entre las especies más contaminadas, independientemente de su procedencia y del sistema de conservación, congelados o refrigerados.(4)

Foto: Isaías Cruz.
4. Conclusiones.
Primera: No comáis carne de tiburón, particularmente de tiburones de tallas grandes, como el marrajo y de tintorera. Además de cuidar vuestra salud y la de los vuestros (mucho ojo con los niños y las mujeres que están embarazadas, creen estarlo o lo estén buscando), dejaréis de ser partícipes del sangriento proceso que está empujando a muchas poblaciones de estos animales al borde del colapso.
Segunda: Si no podéis o no deseáis prescindir totalmente de ello, es recomendable moderar el consumo de tiburón y de otras especies como los túnidos. Es también recomendable que consultéis a un especialista (desconfiad siempre de la palabra de los políticos) sobre dosis recomendables, etc., aunque en la red también es posible encontrar información rigurosa. (5)

5. Una más: ¿Spain is different también en esto?
Dos datos: Primero, el 47 % del todas las notificaciones se referían a tiburones procedentes de nuestro país; segundo, la inmensa mayoría fueron emitidas por autoridades italianas.
El primero, en si mismo, ni es una novedad ni debería ser preocupante, al fin y al cabo somos la primera potencia pesquera de Europa. En cuanto al segundo, alguien podría aducir que lo que les pasa a los italianos es que nos tienen envidia cochina (un modo de ver las cosas típicamente español).
Pero, claro, uno no deja de pensar que aquí también nos comemos los tiburones que pescamos... y llama bastante la atención que no haya habido ni una sola notificación emitida por España...
... Y así resulta que teniendo en cuenta el modo en que nuestros políticos se han preocupado tradicionalmente por la salud (y el bolsillo) de sus votantes... estos datos tomados en su conjunto le ponen a uno los pelos de punta.
Está claro: EL TIBURÓN, MEJOR FUERA DEL PLATO.

[Más información sobre el consumo de tiburones, el consumo no deseado, en el post El tiburón que nos comemos sin querer.]


=>ACTUALIZACIÓN a 17-V-2015: La UE decide proteger la pesquería de la mielga en los EEUU a costa de la salud de los ciudadanos europeos.
Modificación de la legislación UE sobre los límites de PCB's en las importaciones de mielga (Squalus acanthias) norteamericana: Ante la elevada cifra de notificaciones por parte de países como Alemania, Francia e Italia y los consiguientes rechazos de partidas de producto procedente de los EEUU, nuestros legisladores, tras oír a las partes interesadas (en las que al parecer no entran los consumidores), han optado por... subir el nivel máximo permitido de PCB's no similares a las dioxinas en la carne de mielga, y por supuesto sin que esto ponga en peligro la salud pública. Ya está. Problema resuelto.
Y para que quede bien resuelto y por mucho tiempo, la subida es nada menos que de un 166%: de los 75 ng/g de peso húmedo actuales, se pasa a los 200 ng/g. Felicitémosnos por tener unas autoridades tan eficientes.
Esta nueva regulación, vinculante para todos los Estados miembro, entrará en vigor el 21 de mayo de 2015.

Las partes interesadas dicen que la pesca de la mielga en el Atlántico NW es sostenible. (Foto: B. Sanders).
Estamos ante una más de las excepciones a la norma de 75 ng/g (peso húmedo) de PCB's no similares a las dioxinas en productos del mar. Las otras son:
  -Anguila capturada silvestre (Anguilla anguilla): 300 ng/g.
  -Hígado de pescado y productos derivados (excepto aceites marinos): 200 ng/g.
  -Aceite de pescado: 200 ng/g (peso graso).
  -Pescado de agua dulce capturado en libertad (excepto especies diadromas): 125 ng/g.

(Fuente: Helmut Nickel, Shark Year Magazine.)

____________________
(1) Los policlorobifenilos (PCBs) son compuestos sintéticos altamente tóxicos que se emplean como refrigerantes y lubricantes en transformadores y otros equipos eléctricos, como fluidos hidráulicos, etc. Pueden provocar "disfunciones inmunitarias, neurológicas, alteraciones hormonales, del desarrollo, trastornos neuroconductuales, etc., también están clasificados como posibles carcinógenos humanos y tóxicos en la reproducción." Véase página del Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes (PRTR España).  
(2) Como ejemplo, un artículo que acabo de encontrar sobre la presencia de mercurio en peces de la zona norte del Golfo de México, alerta de altas concentraciones de mercurio (entre 1,08-10,52 ppm) en la aguja azul (Makaira nigricans), la bacoreta (Euthynnus alleteratus) y diversas especies de jaquetones del género Carcharhinus.
Yan Cai, Jay R. Rooker et al. (2007). "Bioaccumulation of mercury in pelagic fishes from the northern Gulf of Mexico". Canadian Journal of Fisheries and Aquatic Sciences, 64(3), pp. 458-469.
Es también recomendable la lectura del informe del Biodiversity Research Institute y el IPEN, de enero de este año, titulado Global Mercury Hotspots: New Evidence Reveals Mercury Contamination Regularly Exceeds Health Advisory Levels in Humans and Fish Worldwide ['Pruebas recientes revelan que en todo el mundo la contaminación por mercurio sobrepasa regularmente los niveles aconsejables para la salud en las personas y en los peces'].
(3) Véase estos dos trabajos de libre acceso; el primero centrado en PCBs y DDT, y el segundo en PCBs, DDT y mercurio:
-Christopher G. Mull, Kady Lyons, Mary E. Blasius et al. (2013). "Evidence of Maternal Offloading of Organic Contaminants in White Sharks (Carcharodon carcharias)." PloS ONE 8(4): E62886.
-Kady Lyons, Aaron Carlisle, Antonella Preti et al. (2013). "Effects of trophic ecology and habitat use on maternal transfer of contaminants in four species of young of the year lamniform sharks." Marine Environmental Research, 90, pp. 27-38.

[ACTUALIZACIÓN A 21-XII-2014). Trabajo sobre transferencia materna de PCBs y pesticidas en cornudas comunes (Sphyrna lewini): Kady Lyons, Douglas H. Adams (2014). "Maternal offloading of organochlorine contaminants in the yolk-sac placental scalloped hammerhead shark (Sphyrna lewini)." Ecotoxicology, diciembre 2014. doi: 10.1007/s1046-014-1403-7
 
(4) Por supuesto, no sólo figuran los tiburones entre las especies más contaminadas. A modo de ejemplo, ved esta lista de récords en los niveles de mercurio:
     -Marlin o pez vela no identificado (fam. Istiophoridae): 7,4 mg/kg
     -Pez espada (Xiphias gladius): 4,95 mg/kg.
     -Seriola no identificada (Seriola sp.): 2,65 mg/kg
     -Atún no identificado (Thunnus sp.): 1,7 mg/kg
     -Meluza del Cabo (Merluccius capensis): 1,56 mg/kg
     -Escolar (Lepidocybium flavobrunneum): 1,36 mg/kg 
(5) A quienes todavía no tengan claro el asunto, les propongo la siguiente reflexión: ¿alguien se animaría a tomar con toda tranquilidad unas chuletitas o un plato de callos hechos con alguno de estos cerdos? Y sobre todo, ¿dejaríais que vuestros hijos lo hicieran?


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