Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

sábado, 9 de marzo de 2013

100 millones de tiburones muertos cada año



Aletas de más de 3500 tiburones puestas a secar en Hong Kong (Foto: Shawn Heinrichs, Pew Environment Group)

Acabamos de conocer el que probablemente sea uno de los estudios más completos y rigurosos sobre la cantidad de tiburones que caen cada año víctimas de la pesca en todas sus formas: legal, ilegal, capturas accidentales, descartes, etc.:
Boris Worm, Brendal Davis, Lisa Kettemer et al. "Global catches, exploitation rates, and rebuilding options for sharks". Marine Policy, no. 40, julio 2013, pp. 194-204. http://dx.doi.org/10.1016/j.marpol.2012.12.034
Los autores del estudio se han basado en un amplio número de cifras y estadísticas de capturas reportadas a la FAO, estimaciones de las no reportadas, descartes, aleteo, etc., como se muestra en este gráfico del cálculo para el año 2000:

Capturas totales del año 2000: 1.638.000. Desembarcados: 503.000 (reportados a la FAO: 392.000; ilegales, no reportados y no regulados (IUU): 111.000). Descartados: 1.135.000 (aleteados: 908.000; descartados con vida: 227.000, de los cuales 34.000 murieron después y 193.000 sobrevivieron). Total de la mortalidad estimada: 1.445.000 toneladas.

A pesar de todo, es imposible determinar con precisión las cifras globales de mortandad dada la escasez de datos disponibles y, en no pocos casos, su poca fiabilidad, como no es difícil imaginar, de modo que se trabaja básicamente con estimaciones.

Mortandad en toneladas métricas:
  • 1,44 millones de toneladas métricas en el año 2000.
  • 1,41 millones de toneladas métricas en el 2010.
Teniendo en cuenta en el peso medio por tiburón, el número estimado de animales muertos es el siguiente:
  • 100 millones de tiburones en 2000.
  • 97 millones de tiburones en 2010.
Sin embargo, estas cifras son producto de una estimación conservadora. En realidad, el estudio ofrece un rango de entre 63 y 273 millones de tiburones cada año.


Lonja de Kesennuma, Japón. Foto de Shawn Heinrichs, Pew Environment Group.
Los números son sin duda preocupantes, llamativos, etc. Pero más allá de la espectacularidad de la palabra "millón", nos encontramos con dos datos que informan con particular crudeza de la verdadera gravedad de la situación. Primer dato:
  • La tasa media de explotación pesquera anual se sitúa entre el 6,4 y el 7,9% de las poblaciones mundiales.
Segundo dato: considerando la información científica disponible sobre los ciclos vitales de 62 especies de tiburón...
  • La tasa media de reposición de la mayoría de las poblaciones de tiburones es ¡¡del 4,9 % anual!!

Es decir, cada año matamos tiburones a un ritmo mayor del que se reproducen. Esto explica el porqué del constante y, en muchos casos, pronunciado declive de la inmensa mayoría de las especies y justifica la urgencia de adoptar medidas de aplicación inmediata para evitar un desastre.
Los tiburones tienen una tasa reproductiva muy baja: tardan mucho tiempo en alcanzar la madurez sexual, producen pocas crías, periodos de gestación muy largos (tienen el récord del reino animal: casi 3 años), en no pocas ocasiones sus ciclos reproductivos son muy amplios, etc.

Es vital poner algún tipo de límite, cuando menos, a esta locura —ya que detenerla por completo es a todas luces imposible—, para dejar que las poblaciones se recuperen y así devolver el equilibrio a los ecosistemas marinos. 

Nos va en ello, además de nuestra supervivencia, nuestro éxito como especie racional.

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miércoles, 6 de marzo de 2013

Helicoprion

La espiral dentaria única del Helicoprion.
Reconstruir el aspecto de un tiburón extinto a partir de sus restos fósiles es una tarea extraordinariamente difícil y exigente, sobre todo porque dichos restos suelen limitarse a un puñado dientes o de fragmentos calcificados; pocas veces disponemos de la impresión de la forma del animal en una plancha de roca recordemos que el esqueleto de los tiburones es de cartílago, no de hueso. Y cuanto más atrás viajamos en el tiempo, más extrañas o extravagantes se vuelven las formas de estas criaturas, de tal manera que resulta sumamente difícil encontrar entre los tiburones actuales un modelo que pueda servirnos de inspiración o de base para una reconstrucción. La imaginación debe hacer un esfuerzo extra para mantenerse a nivel de suelo y no lanzarse a volar.
Primera versión de Karpinsky (Lebedev, 2009).

Si ha habido un pez particularmente complicado y esquivo, capaz no sólo de despertar la imaginación más anestesiada, sino de causar profundos quebraderos de cabeza a los ictiólogos, paleontólogos y paleoartistas de la historia, ese ha sido el Helicoprion, un extraño condrictio que vivió hace unos 310-280 millones de años —finales del Carbonífero a mediados del Pérmico, según autores— y que, como si lo hubiese hecho a propósito, el único testimonio que nos ha legado de su presencia en el planeta es una increíble dentadura en forma de espiral única en el mundo de los vertebrados (Helicoprion, significa precisamente 'sierra en espiral'), para que nos rompamos bien la cabeza (1)... Y además dejando una pequeña gran sorpresita para el final.

Otras primeras versiones alternativas del Helicoprion.

El Helicoprion fue descrito por primera vez en 1899 por el geólogo ruso Alexander Petrovich Karpinsky a partir de un conjunto de espirales dentarias halladas en los Urales, una vez descartada la hipótesis de que pudieran tratarse de conchas de algún tipo de ammonite una especie de cefalópodo—. El problema que planteaba una estructura anatómica tan insólita como aquella resultó ser no menos sorprendente, como os podéis imaginar: cómo y en qué parte del cuerpo del animal iría encajada. La primera propuesta fue la de colocarla en el extremo del morro, en la mandíbula superior, con los dientes sobresaliendo de su borde anterior. Las críticas no se hicieron de rogar y enseguida aparecieron otras alternativas también por parte del propio Karpinsky. Prácticamente todas consideraban la espiral como un arma defensiva, y todas la ubicaban en el exterior del cuerpo: en la mandíbula inferior, en el dorso, en la aleta dorsal, en la caudal...

A partir de mediados del XX, los científicos concluyeron que la función de esa especie de sierra radial era trófica, y las discusiones se centraron en la mandíbula donde iría situada, si en la superior, en la inferior o entre ambas. Otra cuestión que tampoco estaba del todo muy clara era el modo en que el Helicoprion podía utilizar esa dentadura, y se propusieron diferentes hipótesis cada cual más inventiva; una, por ejemplo, defendía que se trataba de una dentadura que había evolucionado para convertirse en un señuelo para amonites. 

Todd Marshall, 2005.

Sobre la base de un espécimen relativamente bien conservado encontrado en Idaho y descrito por Svend Bendix-Almgreen en 1966, algunos científicos defendieron la idea de una disposición dentaria estática en forma de hoja dentada que iría situada delante de las mandíbulas para cortar o triturar. Otros, por su parte, sostuvieron que los dientes irían dispuestos sobre una especie de tentáculo extensible que el Helicoprion proyectaría sobre los bancos de peces como una suerte de matasuegras asesino.

En la década de los 90 una nueva versión creada por el paleoartista Ray Troll proponía que la espiral dentaria era como una cinta transportadora semienterrada en una cama de cartílago y carne en el extremo de la mandíbula inferior. Pero esta interpretación tampoco resultó del todo satisfactoria. Entre otras consideraciones (2), los dientes del Helicoprion no parecían mostrar señales de desgaste o de rotura, lo cual no concordaba con la teoría aceptada de que los tiburones del Paleozoico reponían sus dientes con suma lentitud; si servían realmente para morder deberían haber llegado hasta nosotros mucho más desgastados y mellados. 



Helicopriones según Ray Troll.

Desde el Smithsonian, los paleontólogos Matt Carrano, Victor Springer y Bob Purdy concluyeron que la espiral dentaria debía de estar dentro de la garganta, un lugar menos expuesto, y trabajando con la ilustradora Mary Parrish elaboraron el modelo que podéis ver aquí abajo, en el que el morro y la boca del helicoprion recuerdan a la del tiburón tigre. Siguiendo la sugerencia de Springer, los dientes se convertían en una variedad especializada de dentículos de la garganta o branquispinas, estructuras presentes en los arcos branquiales de muchos tiburones.

Mary Parrish, Smithsonian.
Pero esta reconstrucción tampoco resultó convincente al 100%, ya que suscitaba otros problemas: ¿No resultaba la espiral una estructura demasiado delgada y frágil como para actuar como utensilio especializado de corte dentro de la boca? Y por otro lado, ¿cómo podía el tiburón asegurar el tránsito satisfactorio de la comida hacia el esófago con esa cosa en el medio?

En 2009 Oleg Lebedev, basándose en un espécimen encontrado en unas rocas de Kazakhastan de 284-275 millones de años, defendió la idea de que la espiral iba colocada en la mandíbula inferior. A su juicio la clave estaba en la anatomía de la mandíbula superior. Hasta ese momento no se había encontrado ninguna, ni siquiera entre los especímenes descubiertos en Idaho, mejor conservados y que ya habían revelado ciertos aspectos de la cabeza, y las dos hipótesis más extendidas sostenían que o bien era estrecha y con pocos dientes, como en el caso de su pariente el Sarcoprion, o bien era más grande y albergaba una segunda espiral. Lebedev concluyó que probablemente funcionaba como una especie de estuche donde encajaba la espiral dentaria cuando el animal cerraba la boca. De este modo esta mandíbula, dotada de pequeños dientes, sería más profunda de lo que previamente se había imaginado. Por otro lado, el autor había detectado pequeños arañazos en algunos dientes, lo cual demostraba dos cosas: que efectivamente se utilizaban para la caza y que seguramente se trataba de presas de cuerpo blando como los calamares. Cabía incluso la posibilidad de que el Helicoprion fuese un cazador activo con un cuerpo estilizado como otros tiburones prehistóricos mejor conocidos, como el Caseodus y el Fadenia.

El Helicoprion de Lebedev.
Y llegamos así a febrero de 2013, cuando Biology Letters publica un revolucionario trabajo desarrollado por un grupo de investigadores de la Universidad de Idaho (3) a partir de un fósil de 23 cm y 117 dientes encontrado en 1950 en Idaho que tenía la particularidad de que presentaba restos del cartílago de la mandíbula superior y del cráneo. Mediante un potente TAC de última generación lograron reconstruir un modelo en 3D del aparato mandibular del animal. Finalmente, la espiral dentaria iba ubicada en el centro de la mandíbula inferior, ocupando todo el arco mandibular, a diferencia de todas las interpretaciones anteriores. La mandíbula superior carecía de dientes. Lo más notable es que la espiral dentaria efectivamente funcionaba como una especie de sierra: al cerrar la boca los dientes se retraían, como si rotaran hacia atrás, ayudando a triturar las presas, que en su mayor parte, como señalaba Lebedev, serían animales de cuerpo blando.

Y la sorpresa final: este estudio ha demostrado también que el Helicoprion no era exactamente un tiburón, sino en realidad un holocéfalo, un antecesor ¡de las quimeras! los holocéfalos son una subclase de los condrictios compuesta de un solo orden, los Chimaeriformes o quimeras—. En efecto, si los dientes apuntaban a un tiburón, resulta que diversos caracteres de la mandíbula superior (4) remitían a un grupo diferente, aunque íntimamente emparentado: los Euchondrocephali. O sea, que nuestro bicho era adoptado.

El nuevo Helicoprion (Ray Troll, 2013).

El Helicoprion es una quimera prehistórica que debió de tener aspecto de tiburón y que vivió cerca del momento en que las líneas evolutivas de los antecesores de los tiburones y las quimeras actuales se separaron definitivamente. Otro dato sorprendente es que, a diferencia de su tataranietos, los helicopriones podían alcanzar los 7 m y medio de longitud.

Quién se lo iba a decir a Karpinsky.

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(1) Para una historia de las diferentes reconstrucciones del Helicoprion os recomiendo un magnífico trabajo de Brian Switek titulado "Buzzsaw Jaw Helicoprion Was a Freaky Ratfish" y publicado hace pocos días en el blog Phenomena, de National Geographic. Las ilustraciones son muy buenas. Del mismo autor hay también una publicación un poco más antigua, del 2011, "Unraveling the nature of the whorl-toothed shark", publicada en Wired.
(2) Ver Robert W. Purdy. The Orthodonty of Helicoprion, en Paleobiology.
(3) Leif Tapanila, Jesse Pruitt, Alan Pradel et al. "Jaws for a spiral-tooth whorl: CT images reveal novel adaptation and phylogeny in fossil Helicoprion". Biology Letters, 9: 2013 0057. http://dx.doi.org/10.1098/rsbl.2013.0057.
(4) Por un lado, la mandíbula superior articula con el neurocráneo en dos zonas; por otro, la hiomandíbula no forma parte de la suspensión mandibular. Ibid.

jueves, 28 de febrero de 2013

La pesca insostenible subvencionada (II)

El grueso de lo que veis en la imagen se devolverá al mar. Foto: Stephen McGowan (Marine Photobank).

En 2011 el Tribunal Europeo de Cuentas, organismo encargado de auditar las cuentas de la UE, alertaba en su Informe Especial 12/2011 de la chapucera planificación de una política pesquera basada en subsidios y cuotas irreales, y repleta de vaguedades y de buenos deseos y por tanto de reiterados incumplimientos , cuyo resultado ha sido el hecho de que, pese a los objetivos "oficiales" de reducir la capacidad de la flota para adaptarla a unos stocks en evidente disminución, lo que en realidad ha ocurrido es que la capacidad pesquera se ha incrementado en un 14%¹.

¿Un voto de esperanza para la pesca sostenible? Así las cosas, el pasado 18 de diciembre el Parlamento Europeo votó abrumadoramente a favor de reformar la Política Pesquera Común (PPC) con el objetivo de recuperar los stocks arrasados, acabar con la sobrepesca y adoptar una política pesquera basada en la sostenibilidad, todo ello en el horizonte del 2020. 502 diputados votaron a favor, 137 en contra y 27 se abstuvieron².
     Lo verdaderamente importante es que esta es la primera vez que el Parlamento Europeo actúa como colegislador sobre la PPC, pudiendo al fin servir de contrapeso al Consejo Europeo de Pesca órgano formado por los ministros de pesca de los países miembros y sometido, como os podéis imaginar, a ciertos intereses económicos, dentro de una oscura red clientelar que, como poco, resulta vergonzante—. Tal vez así se pueda poner freno a una política absolutamente suicida, si bien es pronto para ver en qué medida cambiarán las cosas.

La política de subsidios en el centro de la negociación de la PPC. El debate está ahora centrado en el espinoso asunto de los multimillonarios subsidios que Europa regala a la industria pesquera. O sea: la pela (como ya comentábamos en La pesca insostenible subvencionada, la pesca industrial es una auténtica ruina, un fracaso económico, además de ecológico, que sólo puede mantenerse gracias al dinero público). Y por tanto, como es de esperar, esta vez la cosa se va a poner más que difícil. La victoria de los conservacionistas no va a ser tan holgada... ni siquiera está garantizada:
"Hace dos semanas obtuvimos por amplia mayoría una victoria importantísima para la sostenibilidad", comentó por teléfono Isabella Lovin, una legisladora sueca del Partido de los Verdes y desde hace mucho tiempo crítica con los subsidios europeos para la pesca. "Cabría esperar que el voto sobre los subsidios fuera por el mismo camino. Pero cuando toque hablar de dinero no estoy segura de que vayamos a tener una victoria tan amplia."³
Y se añade algo que desgraciadamente es verdad: "Lo que me preocupa es que existe una alianza nefasta entre los conservadores y la izquierda para seguir concediendo subsidios". Ambos grupos harán lo posible para defender los intereses de quienes les pagan...

Virando en un arrastrero de Scapêche (foto tomada de www.scapêche.fr).
Un ejemplo francés: El pasado 13 de febrero la magnífica ONG francesa Bloom publicó un interesante artículo en el que ofrecía el resultado del análisis de las cuentas del 2009-2011 de la mayor empresa pesquera de Francia, Scapêche, perteneciente al grupo Intermarché —por supuesto, antes tuvieron que obligar judicialmente a la empresa, auto proclamada "ejemplo de transparencia", a que les facilitase la información correspondiente. Las conclusiones son demoledoras: 19 millones de euros de pérdidas recurrentes durante este periodo... aun a pesar de haber recibido 10 millones de euros de subsidios públicos entre 2002 y 2011 y 20 millones de euros en condonaciones de deudas y ampliaciones de capital por parte de Intermarché. A ello hay que sumar los impuestos que no paga por el gasoil, cuyo consumo, aun así, se lleva el 25% de sus ingresos. El drama se acrecienta al saber que Scapêche es en Francia la principal empresa pesquera de aguas profundas, con seis arrastreros que faenan sobre todo en aguas del Reino Unido... y ya sabemos qué ocurre con el arrastre, para la captura de tres especies objetivo, otras 100 son destruidas.

El caso de España: En 2011 el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación publicó un demoledor informe sobre las subvenciones recibidas por la flota pesquera española, la más potente de toda Europa. Como este tema lo trataremos con más detalle en el siguiente post, quedémonos simplemente con una cifra: Desde el año 2000 nuestra industria pesquera ha recibido más de 5,8 millones de euros en subsidios, lo que representa una tercera parte de su valor. Sin contar los préstamos a bajo interés por parte de los diferentes gobiernos o los impuestos sobre el gasóleo que el estado ha dejado de ingresar, que se calcula suman unos 2 millones de euros (si bien esto sucede en toda Europa: la flota comunitaria está exenta de pagar las tasas del carburante).

El macabro cachondeo de los subsidios al desguace: Una parte importante de las ayudas a la industria pesquera tienen como teórico fin la renovación de la flota: la sustitución de los viejos buques desfasados por otros más modernos, seguros y acaso menos contaminantes. La Comisaria Europea de Pesca, Maria Damanaki, admitía que para 2015 los armadores europeos habrán recibido casi 1300 millones de euros por este concepto. A quienes estamos un poco al tanto de lo que ocurre en la realidad lo que la propia comisaria añade no nos extraña lo más mínimo: "Mientras nos deshacemos de los viejos, se siguen construyendo barcos nuevos y modernizando otros, todos ellos tecnológicamente más avanzados. De modo que, en realidad, cada año la capacidad de la flota europea se incrementa en un 3%". Lo que no menciona la señora Damanaki es que en no pocas ocasiones los barcos que teóricamente iban a ir al desguace siguen faenando. ¿Adónde va el dinero? 

Foto: Mark Edwards

A modo de conclusión:
  • Europa gasta millones de euros de dinero público para hacer que una flota no rentable salga a faenar a caladeros donde cada vez quedan menos peces.
  • Los ciudadanos europeos pagamos dos o tres veces cada pescado que compramos.
  • Casi uno de cada tres peces capturados por un pesquero español o criados en una granja española está pagado con dinero público. 
  • Las ayudas al desguace lo que han conseguido es incrementar la capacidad pesquera de la flota comunitaria. 

[Véase también La pesca insostenible subvencionada (I) y La pesca insostenible subvencionada (III).]

>>Para las novedades sobre las subvenciones de la nueva PPC para el periodo 2014-2020, véase el post Nuevo Fondo Europeo para la pesca 2014-2020.
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¹En la nota de prensa correspondiente lo resume así:
"La auditoría terminó con la conclusión de que el exceso de capacidad de las flotas sigue siendo uno de los principales motivos por los que la PPC no ha logrado garantizar una actividad pesquera sostenible. El TCE había ya publicado dos informes especiales (nº 3/1993 y nº 7/2007) en los que señalaba la existencia de este problema. Aunque en anteriores reformas de la PPC se ha insistido repetidamente en la reducción del exceso de capacidad, las medidas adoptadas han fracasado. El TCE detectó una serie de insuficiencias importantes:

  • La concepción y ejecución de las medidas destinadas a equilibrar la capacidad de las flotas con las posibilidades de pesca, así como su encuadre, resultan insatisfactorios.
  • Las definiciones existentes de capacidad pesquera no reflejaban correctamente la capacidad de captura de los buques.
  • Los límites aplicados ya no imponen restricciones reales a la capacidad pesquera.
  • El exceso de capacidad no ha sido definido ni cuantificado pese a que la adaptación de la capacidad pesquera a las posibilidades de pesca constituye una de las piedras angulares de la PPC y del FEP.
  • Los Estados miembros no han cumplido la obligación que les impone la PPC de adoptar medidas eficaces para hacer coincidir la capacidad pesquera con las posibilidades de pesca.
  • Cuatro de los siete Estados miembros examinados en la auditoría establecieron objetivos insuficientes de reducción de la capacidad pesquera.
El TCE efectúa una serie de recomendaciones para abordar el problema del exceso de capacidad y promover la sostenibilidad del sector pesquero: la Comisión debería definir mejor la capacidad pesquera y el exceso de capacidad, y plantear medidas contundentes y más adecuadas para facilitar acciones que equilibren la capacidad pesquera con las posibilidades de pesca, establecer límites efectivos a la capacidad de las flotas y asegurarse de que los programas de transferencia de derechos de pesca contribuyen a la reducción del exceso de capacidad pesquera. Los Estados miembros han de velar por que las medidas de ayuda a las inversiones a bordo se apliquen de forma estricta y no aumenten dicha capacidad, y asegurarse de que los criterios de selección para los programas de desguace de buques pesqueros se formulen de manera que tengan un efecto positivo en la sostenibilidad de las poblaciones de peces seleccionadas y eviten la concesión de ayudas públicas al desguace de buques inactivos."
²Ver nota de prensa de Ocean 2012.
³Europe's Rift on Overfishing and Subsidies. Informe de David Jolly en el Blog Green del New York Times, publicado el pasado 20 de febrero.
La flotte de pêche d'Intermarché sous perfusion des aides publiques
Véase informe de David Jolly³ y The Reform of the Common Fisheries Policy.

lunes, 25 de febrero de 2013

Ataques 2012: En defensa de los tiburones

Vuelvo a las andadas
Esta vez le toca a un artículo de Alan Yuhas publicado hace justo una semana, el lunes 18, en The Guardian. Tiene cosas muy interesantes y muy bien expuestas, y otras que, a mi juicio, son un pelín más flojas. No obstante, el conjunto merece la pena, y además complementa muy bien el post que dedicamos al tema de los ataques del año pasado: Ataques de tiburón 2012. A ver qué os parece (y bueno, podéis estar seguros de que traduciendo soy bastante mejor que Google).

EN DEFENSA DE LOS TIBURONES

Los EEUU sufrieron más ataques en 2012 que en toda una década, pero no se dejen llevar por esa aterradora propaganda. Vivir con los tiburones no sólo es necesario, es fácil.

En la actualidad los tiburones martillo están en peligro de extinción, puesto que son especialmente vulnerables a la pesca y viven en zonas en gran parte carentes de legislación. Foto: Getty Images.

La semana pasada el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón (ISAF) informaba de que en el 2012 se habían producido 80 ataques en todo el mundo con siete víctimas mortales. No me lo tomen a mal, cualquier pérdida de vidas humanas es trágica y merece nuestra atención, pero, contrariamente a la creencia popular, no vivimos expuestos a un peligro constante. En realidad, teniendo en cuenta que los seres humanos matamos entre 30 y 70 millones de tiburones al año, es a los tiburones a quienes hay que salvar de nosotros.

Prácticamente cualquier argumento les llevará a esta conclusión, desde las estadísticas de riesgos individuales hasta los sentimientos, pasando por la ecología y la economía. Así pues, vayamos hasta el fondo, por decirlo de algún modo.

El año pasado se produjeron 53 ataques en los EEUU, el mayor número desde el 2006; 26 ocurrieron en Florida y uno con resultado de muerte en California. Para ponerlo en perspectiva, los perros mataron a 38 norteamericanos el año pasado; los rayos mataron a 22 (5 en Florida). Las bañeras, las avispas y los deportes universitarios son más peligrosos que los tiburones. Los fuegos artificiales, las tormentas catastróficas y montar en bici, todos suponen riesgos mayores.

Solamente los selacófobos más empedernidos necesitan que se les recuerde que los seres humanos son más terroríficos que los peces. El año pasado hubo 506 homicidios en Chicago, y un hombre intentó comerle la cara a otro en una autopista (en Florida también). Teniendo en cuenta que miles de millones de personas se pasan miles de millones de horas metidos en el agua, es sorprendente que ocurran tan pocos incidentes.

Para llegar a lo más alto de la cadena alimentaria, una especie debe pagar un precio evolutivo, se trate de un león, una orca o un tiburón blanco. Los súperdepredadores son más longevos pero se reproducen menos, y de forma natural sus poblaciones son mucho más pequeñas que las de sus presas, volviéndolos vulnerables a presiones procedentes del exterior. Cuando un súperdepredador desaparece, se inicia una "cascada trófica", lo cual suena acertadamente catastrófico.

Sin depredadores, las presas fuera de control diezman las plantas, y los parásitos y enfermedades proliferan a lo largo de sus poblaciones en auge poniendo en peligro las cosechas y las explotaciones ganaderas, y en ocasiones transmitiendo enfermedades a los seres humanos. Cada vez más especies comienzan a extinguirse, y nosotros nos encontramos pretendiendo que podemos controlar las poblaciones mejor que sus anteriores depredadores. La agricultura pierde miles de millones de dólares sin murciélagos que combatan a los insectos, por poner un ejemplo. Los súperdepredadores son reguladores con dientes.

La pesca está ya tratando de conjurar la derrota ecológica. Con al menos el 30% de las pesquerías mundiales sobreexplotadas, los consumidores han dado prioridad a los pescados y mariscos sostenibles, y la industria ha respondido. La reciente serie de la NPR (1) sobre las pesquerías sostenibles muestra como las compañías y las economías dependientes de la pesca están tratando de hacer frente a esto, pero provocando todavía grandes daños colaterales.

Las capturas accidentales peces capturados involuntariamente no siempre figuran como requisito para la etiqueta de "sostenible", lo que significa que millones de delfines y tiburones, entre otros animales, mueren accidentalmente sin control. En el caso de una pesquería certificada, por cada pez espada "sostenible" se mataban dos tintoreras. La industria puede asestarse a sí misma dos golpes terribles: sobreexplotar los animales de presa, lo cual los haría más vulnerables a la extinción; y eliminar un súperdepredador, lo cual arrojaría al caos a los supervivientes. Finalmente, los suministros no podrán satisfacer la demanda, se perderán puestos de trabajo, y subirá el precio del pescado y de otros productos alimentarios. Acaben o no transformados en alimento, los tiburones son todavía un engranaje esencial de la economía del planeta.

Como cualquier negocio, los medios de comunicación tienen que ganar dinero para sobrevivir, y la veracidad y el contexto son lo primero que se lanza por la borda para evitar que el barco se hunda. Nos encontramos con los buenos, los malos y el Discovery Channel, que ofrece su panegírico anual a los tiburones con títulos tan amables como "Devorado vivo", "Sharkzilla" y "Apocalipsis de los tiburones voladores" (2). La red ha mejorado sus esfuerzos de conservación durante estos años, pero de manera desproporcionada todavía prefiere el sensacionalismo a la ciencia.

El contexto de estos ataques demuestra en buena medida que si se hacen las cosas bien, las personas y los tiburones pueden coexistir sin problemas. Por ejemplo, el ISAF distingue entre ataques "provocados" y "no provocados". Por muy estúpido que pueda parecer, algunas personas creen que agarrar a los tiburones es una buena idea. Normalmente los ataques se producen en momentos y lugares determinados: por ejemplo, los tiburones recorren Florida y Australia occidental en sus migraciones. La mayoría de las mordeduras no suponen riesgo de muerte, y a menudo ocurren cuando un tiburón confunde un ser humano con una presa. Podemos pensar que el chapoteo y el ruido son divertidos, pero los tiburones los ven como señales de un animal enfermo. No debería sorprendernos que el 60% de las víctimas sean surfistas, quienes con diferencia permanecen en el agua más tiempo que el resto, y provocando turbulencias. Si sabes dónde estás y de qué forma actuar, la aplastante probabilidad es que no te pase nade.

Los animales, incluso los peligrosos, jamás han sido "máquinas de matar", sólo nuestra imaginación los convierte en monstruos. En Tiburón el director Steven Spielberg se sirvió de una cámara y un muñeco para fabricar el horror. Utilizó el tiburón como símbolo de algo inescrutable y voraz. Pero también hemos visto el otro extremo de la ecuación: gente arrancándole las aletas al tiburón mientras está vivo, largando desde un barco decenas de animales retorciéndose destrozados por culpa de una sopa.

Para protegernos, lo único que nos hace falta es sentido común. El océano es un espacio natural como cualquier otro, y deberíamos entrar en él preparados. Además, deberíamos proteger a los tiburones, sobre todo porque algunas especies, como los tiburones martillo, se enfrentan ya a su extinción. Todavía hay esperanzas: California ha seleccionado al tiburón blanco como candidato para entrar en la lista de especies en peligro, la Shark Conservation Act ('Ley de Protección del Tiburón'), aprobada en 2010, y durante estos últimos años diversas campañas han ganado fuerza.

Los tiburones son extraños, asombrosos y mantenían el equilibrio de los océanos mucho antes de que apareciese el hombre. Los necesitamos y ellos nos necesitan a nosotros.

Alan Yuhas

__________________
(1) Siglas de la National Public Radio ('Radio Nacional Pública'), organización de emisoras de radio independiente de los EEUU.
(2) Literalmente, Air Jaws Apocalypse, tercera o cuarta entrega de la serie Air Jaws, que aquí se tradujo en su momento como "Tiburones voladores". Como seguramente sabéis, en España este capítulo se tituló "Colossus, el gran tiburón".

miércoles, 20 de febrero de 2013

Olayo de Islandia (Galeus murinus)

Ejemplar de 47 cm capturado en las Azores. Foto de Pedro Niny Duarte (c) ImagDOP.

Olayo de Islandia

Galeus murinus (Collet, 1904)

(es. Olayo de Islandia, pintarroja islándica; in. Mouse catshark)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Pentanchidae*


En la oscuridad del mar profundo habita un pequeño tiburón que hasta hace muy poco no se conocía en aguas de Galicia. Fue durante una serie de expediciones al Banco de Galicia realizadas entre los años 2009 y 2011 bajo los proyectos ECOMARG e INDEMARES cuando por primera vez se se constató la presencia del Galeus murinus en nuestras aguas.
     Se capturaron un total de 17 ejemplares en una cota de 1450-1683 m: 5 machos de entre 29-41 cm y 12 hembras de 31-44 cm (1).

Este asombroso hallazgo viene a corroborar, una vez más, el hecho de que conocemos muy poco de los habitantes de nuestras aguas profundas, conocimiento que con irritante lentitud vamos completando y ampliando con retazos de aquí y de allá, registros de capturas accidentales, observaciones y programas de muestreo e investigación como el mencionado... que, por cierto, será muy difícil que se repita, a esa profundidad, en el corto, medio y seguramente largo plazo. Nos quedaremos sin saber qué otras joyas de la naturaleza habitan nuestro mar profundo.

Tomado de la página del Vlaams Institut voor de Zee

Descripción: El olayo de Islandia se parece a las pintarrojas. De hecho, hasta hace bien poco se le incluía, a él y a otros Galeus, en su misma familia (Scyliorhinidae). Sin embargo, recientemente se ha concluido, sobre la base de criterios genéticos y morfológicos, en una familia distinta, Pentanchidae. A diferencia de los esciliorrínidos, las especies del género Galeus, entre otros, carecen de cresta supraorbital [véase Claves de los Carcharhiniformes].
Posee un cuerpo cilíndrico y alargado, de piel áspera, con las aletas dorsales en posición muy retrasada, por detrás de las aletas pélvicas, aleta anal muy grande y caudal bastante abatida. Los ojos son grandes y ovalados, con una membrana inferior rudimentaria.
El morro del Galeus murinus es relativamente largo y grueso; la boca es también larga y arqueada, con pliegues labiales moderados y su interior negro debido a la mucosa de que está recubierto. Los ojos se encuentran en posición ligeramente dorsolateral y presentan una carena subocular muy estrecha y bien marcada. La primera aleta dorsal es ligeramente más pequeña que la segunda. Las aletas pélvicas son enormes, altas y redondeadas, y la anal es moderadamente alta y corta. Presenta una fuerte cresta de dentículos dérmicos en el lóbulo y pedúnculo superior caudal y bajo el pedúnculo caudal.
La librea es de un pardo grisáceo (o gris pardusco) uniforme algo más pálido en la zona ventral. Carece de marcas o manchas distintivas.

Dentición: Dientes pluricuspidados muy pequeños, similares en ambas mandíbulas: presentan una cúspide principal alta y una o dos cuspidillas secundarias a cada lado.

Talla: La longitud máxima registrada es de 63 cm correspondientes a un macho adulto, si bien posiblemente la superen (un estudio señala los 85 cm LT). La talla al nacer se desconoce, aunque algunos aventuran los 8-9 cm basándose en el tamaño de las cápsulas-huevo.
Disponemos de muy pocos datos referidos a las tallas de madurez; sólo sabemos que los machos maduran entre 50-63 cm, y las hembras al menos a partir de los 50 cm; si bien el análisis de 101 especímenes capturados por arrastreros franceses ha arrojado la talla de 41,2 cm para las hembras y 41,6 para los machos.

Imagen tomada de (1)
Reproducción: El olayo de Islandia es ovíparo, con una sola cápsula-huevo por oviducto.

Dieta: A base de camarones y otros crustáceos; también pequeños peces y cefalópodos.

Hábitat y distribución: Batidemersal; habita las frías aguas profundas del talud continental atlántico entre los 380 y los 1683 m, en o cerca del fondo.

Basado en Ebert y Stehmann (2013) (2), donde la zona de distribución de la especie aparece significativamente ampliada respecto a los mapas tradicionales, que circunscribían su presencia a Islandia y aguas del norte de Escocia, de ahí el nombre de esta especie.
Atlántico nororiental, desde Islandia, islas Faroe, Hébridas, hasta el Sáhara Occidental todo a lo largo de la fachada atlántica europea: Escocia, Irlanda, Francia, España (costa atlántica y cantábrica: recientemente registrado en el cañón de Avilés) y Portugal.

Pesca y estatus: Se trata de una especie relativamente común que suele formar parte de las capturas accidentales de artes de fondo como el palangre. Aunque es comestible, carece de valor comercial dado su pequeño tamaño y posiblemente también su elevado rango de profundidad, que lo mantiene fuera del alcance de las artes de fondo.
Figura en la Lista Roja de la IUCN con la calificación de Preocupación menor dada su aparente abundancia.


El banco de Galicia con toda probabilidad esconde otros muchos tesoros que no estaría de más conocer, cuando menos, antes de que acabemos con ellos. Estos ecosistemas de aguas profundas son extremadamente frágiles. Las expediciones de 2009 y 2010-11 encontraron especies nunca antes descritas en nuestras aguas... y a saber cuántas van a perderse para siempre sin que hayamos podido siquiera saber que han existido.


*Recientemente, sobre la base de criterios genéticos y morfológicos, se ha resucitado la familia Pentanchidae para distinguir géneros como Galeus y Apristurus, tradicionalmente incluidos dentro de la familia Scyliorhinidae. Aunque poco a poco se está abriendo paso entre la comunidad científica, la tendencia dominante sigue siendo la de incluirlos a todos en la misma familia, Scyliorhinidae [véase Claves de los Carcharhiniformes].


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(1) C. Rodríguez Cabello, A. Serrano, R. Bañón, F. Sánchez y M. Pérez (2012). Deep-water chondrichtyan species caught in the Galicia Bank (NE Atlantic). Póster presentado en el XVII del SIEBM (Simposio Ibérico de Estudios de Biología Marina).
(2) David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. RAO, Roma, p. 206.

viernes, 15 de febrero de 2013

Ataques de tiburón 2012

Tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en una espectacular foto de Remo Sabatini tomada en Suráfrica.
Mucha gente todavía considera los tiburones como unos bichos sanguinarios siempre dispuestos a triturar bañistas y a multiplicar los beneficios de los fabricantes de prótesis. Contra toda evidencia, la palabra tiburón es sinónimo de amenaza, peligro, vísceras flotando en el azul entre nubes de sangre, y terror.

Número de ataques no provocados: Como todos los años desde hace una década, el ISAF (siglas del International Shark Attack File, 'Archivo Internacional de Ataques de Tiburón') acaba de publicar las cifras de los ataques registrados en todo el mundo durante el 2012. Pues bien, el número total de ataques no provocados fue de... ¡80!, dos más que en el 2011, pero dos menos que en el 2010.

Esto debería hacernos reflexionar: si pensamos en los millones de personas que anualmente abarrotan los miles y miles de kilómetros de playas donde hay tiburones rondando, la cifra, como poco, resulta ridícula —no así, evidentemente, para las víctimas y sus allegados, pero esa es otra cuestión. Son muchas más las víctimas de mordeduras de otros seres humanos o, vicariamente, de sus perros.

Número de muertes por ataques de tiburón: Vayamos un poco más allá: de los 80 ataques no provocados, sólo 7 fueron mortales: 3 en Suráfrica, 2 en Australia, 1 en California y 1 en la isla de Reunión.

¿Por qué, entonces, ese miedo a los tiburones, cuando hay más muertos por ataques de hipopótamo, por picaduras de serpiente, de medusas, o por las coces de bestias tan feroces como las vacas? Pues por lo que dice el refrán: "échate la fama y ponte a dormir". Benchley puso la semilla y Spielberg la hizo florecer, y de qué manera. Gracias a Tiburón y a su soberbia banda sonora, la imagen de este animal ha quedado firmemente grabada en el subconsciente colectivo como símbolo de muerte y destrucción causados por una naturaleza irracional, incomprensible y caprichosa eso que se ha dado en llamar "terror primigenio". Y está siendo muy difícil borrarla.

Distribución de los ataques: 53 en territorio norteamericano (42 en el continente y 11 en Hawai y Puerto Rico), 14 en Australia, 4 en Suráfrica, 3 en Reunión, y un único ataque en las Canarias, Indonesia, Nueva Zelanda, Nigeria, Arabia Saudí y Tonga.

Es significativo que en Galicia, donde no tenemos noticia alguna de ataques a personas, donde ninguna especie peligrosa frecuenta las mismas aguas donde solemos ponernos en remojo cual cachitos de lacón para hacer con grelos, mucha gente que jamás ha salido del lugar sienta auténtico pavor hacia los tiburones la sola palabra "tiburón" les pone a algunos los pelos de punta...  cuando lo verdaderamente peligroso son las fanecas bravas, las corrientes y las enormes familias de cretinos que dejan nuestras playas hechas un estercolero, por ejemplo.

Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) fotografiado en Hawai por William R. Courtsinger.
Es evidente que el problema es básicamente de imagen, de una imagen que nada tiene que ver con la realidad, como acabamos de ver, y que conviene limpiar cuanto antes a fin de que la gente entienda de una vez por todas que los tiburones no son bichos perversos con ganas de matar, sino animales salvajes que además están ahí cumpliendo un papel esencial: controlar la salud y el equilibrio de nuestros océanos, de quienes depende nuestra especie —casi nada, motivo más que suficiente como para que todos deseemos su conservación.

En este sentido, una de las tareas que hay que acometer con urgencia es la redefinición del concepto mismo de "ataque", que tantas veces asociamos de forma absolutamente gratuita a la palabra "tiburón". No todos los "ataques" son ataques en el sentido que solemos darle a esta palabra. El verbo "atacar" tiene un componente moral que en modo alguno se encuentra en el ánimo de un animal salvaje. La propia RAE se hace un pequeño lío cuando para ilustrar su primera acepción, "Acometer, embestir con ánimo de causar daño", se sirve del siguiente ejemplo: Muchos animales atacan solo por hambre. Si uno se para y lo piensa, la contradicción es evidente: o bien "atacan" porque sienten la imperiosa necesidad de mutilar a un señor o de causarle un dolor indescriptible hasta que se muera, o bien, simplemente, porque tienen ganas de comer.

No es este el lugar para ofrecer una descripción de las tipologías de las interacciones hombre-tiburón. Solamente diremos que una aplastante mayoría de los encuentros con tiburones obedecen a situaciones diferentes del ataque. Por citar un par de ejemplos clásicos, tanto en internet como en los medios de comunicación tradicionales solemos encontrarnos con noticias que describen como tal o cual bicho "ha atacado" una embarcación o a un señor que acaba de subirlo a su lancha clavado a un anzuelo. ¿Podemos considerarlos como ataques sin ningún género de dudas? Evidentemente no. El primer caso es el del típico mordisco exploratorio que suele producirse sobre elementos metálicos como las hélices —el campo eléctrico que generan en el agua atrae poderosamente la atención de un animal dotado de potentes sensores eléctricos; el segundo es evidente que se trata de una "defensa", no de un "ataque". Pensadlo un poco. ¿Cómo cambiaría la cosa si en vez de un tiburón el atacante hubiese sido un congrio? Cuántas veces no nos habrán hablado de la dolorosa mordedura que puede causar este bicho si no se anda con cuidado al meterlo en la dorna; pues bien: ¿alguno ha oído la noticia de un mariñeiro "atacado" por un congrio? Yo no.

Los tiburones son bichos sumamente curiosos. Les gusta investigar las cosas raras que se encuentran en el agua, comprobar qué son y si son comestibles: huelen, se acercan, observan, sienten... El problema es que no tienen manos, de modo que el sentido del tacto opera a través de la boca. Es decir, la mayor parte de las veces los tiburones no "atacan", sino que "palpan" para ver qué es eso, a qué sabe, y luego, normalmente, se retiran. Es obvio que el mordisco de un bicho de cierto tamaño puede causarnos algo más que una avería, sobre todo si afecta a un vaso importante o a una zona vital; pero el elevado número de supervivientes demuestra que el animal en ningún momento ha pretendido merendárselos. No parece, por tanto, que debamos considerar esto como "ataques" en toda regla. Habría que buscar otro término para referirnos con más exactitud y menos carga de dramatismo a este tipo de situaciones.

Por otro lado, los tiburones son animales salvajes que, como tales, hay que saber entender y aprender a respetar —dado que se presupone que la parte racional somos nosotros—. Cuando visitamos la sabana a nadie se le ocurre abandonar el grupo y echarse a correr a campo abierto sabiendo que puede haber leones cerca. En la naturaleza, como en todo, hay normas elementales que uno debe observar para evitar ciertos riesgos, para no enfangarse en una situación comprometida. Pues en el mar ocurre exactamente lo mismo.
Y no nos olvidemos de que todo tiburón de metro y medio para arriba puede ser potencialmente peligroso, de la misma forma que cualquier otro animal, salvaje o doméstico, que supere una determinada talla. Conviene actuar con prudencia y, sobre todo, respeto. Prueba a meterle el dedo en un ojo al primer dóberman adulto que te encuentres por la calle, a ver qué pasa; o intenta acorralar a un gato, o acercarte a un nido de gaviota en plena temporada de cría. ¿Hasta qué punto podríamos hablar de ataque en estos casos?

Jaquetón toro (Carcharhinus leucas). Foto de Sam Cahir.
El ISAF es sumamente cuidadoso en todo esto. Por eso estudia cada ataque reportado y sólo recoge aquellos que considera ataques no provocados. Aun así, tal vez convendría ir un poco más allá. Debemos despojar el término ataque de toda connotación moral y tratar de reducir su campo de aplicación a aquellas situaciones donde la finalidad sea inequívocamente trófica, que en el caso de los tiburones suponen una ínfima parte del total: está más que demostrado que el hombre no forma parte de su menú, por muy rellenitos o apetitosos que nos parezcan determinados ejemplares de la especie.

Los tiburones no tienen interés alguno en atacarnos —y mira que motivos no les faltan. Les importamos bastante poco.



>Para analizar este tema en su justa perspectiva, véase: Ataques 2012: En defensa de los tiburones y Matar tiburones para protegernos es absurdo.
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viernes, 8 de febrero de 2013

La osmorregulación en los tiburones

¡¿Osmo quéeeee?!
Osmorregulación.
—¿Y eso qué es? ¿Para qué sirve?
—Entre otras cosas, para poder sobrevivir. A ver si consigo explicarlo.
Cornuda o pez martillo (Sphyrna zygaena). Foto de Doug Perrine.
Vivir permanentemente metidos en el agua no es una cosa tan sencilla como parece: zambullirse, mover las aletas y ya está. Además de respirar o comer sin atragantarse, uno de los problemas no menos importantes que deben solucionar las criaturas acuáticas es el de la osmorregulación o mantenimiento del equilibrio osmótico entre los fluidos que hay a un lado y a otro de sus paredes celulares; es decir, entre el interior de sus células y el entorno marino en el que están sumergidas.
—Ósmorregulación... equilibrio osmótico... Qué mareo.
Momento
Los iones y moléculas contenidas en una solución tienden naturalmente a desplazarse desde las zonas donde su concentración es mayor hacia las zonas donde es menor, dispersándose hasta quedar distribuidas de forma homogénea y equilibrada. Este proceso natural se conoce como difusión.
     ¿Cómo puede afectar la difusión a las criaturas marinas? Pues evidente: si una célula sumergida en el océano no está convenientemente protegida, las moléculas vitales que contiene (aminoácidos, nutrientes, ATP) se difundirán hacia el exterior dado que en el ambiente marino su concentración es menor que dentro de la célula, y morirá. Para evitarlo, lo que ha hecho es construir un dique de contención, una barrera a modo de armadura: la membrana celular.
     Pero ocurre que la célula no puede sobrevivir totalmente aislada; necesita intercambiar diversos materiales con el exterior, como oxígeno, dióxido de carbono, etc. Por eso la membrana celular no es impermeable al ciento por ciento, sino que tiene lo que se conoce como permeabilidad selectiva; es decir: impide el paso de moléculas vitales como las proteínas, el ATP, etc., pero a la vez permite la entrada y salida de otras más pequeñas... entre ellas, el agua. Y es aquí donde, al fin, nos encontramos con el problema de la ósmosis y de la osmorregulación.
—Loado sea el Señor. ¿Entonces me puedo ir ya?
—De ninguna manera. Ahora te esperas a que acabe.
El agua es también una molécula, y por tanto está también sometida a las leyes de la difusión. O sea, que se difundirá desde la zona donde su concentración es mayor hacia la zona donde sea menor. Es lo que llamamos ósmosis: la difusión de agua a través de una membrana permeable.

En un ambiente hipertónico el agua se difunde hacia el exterior de la célula (en este caso un glóbulo rojo); en un ambiente hipotónico ocurre lo contrario: el agua entra en la célula pudiendo incluso llegar a reventarla; y en un ambiente isotónico es donde se produce un intercambio equilibrado. (Gráfico: Wikipedia)
El que el agua entre o salga de una célula depende de las concentraciones relativas de materiales disueltos dentro y fuera de ella. Así, una célula sumergida en una solución salada como el agua de mar se dice que se encuentra en un ambiente hipertónico: la concentración de solutos es más elevada en el exterior que en su interior, lo cual implica que la concentración de moléculas de agua es más baja fuera que dentro y, en consecuencia, el agua se difunde hacia fuera; la célula pierde agua, se deshidrata y muere.

Para evitar la deshidratación por ósmosis los peces deben osmorregular; es decir, dicho de una forma simple, equilibrar su medio interno con el externo mediante el control de sus concentraciones de solutos. Los peces óseos lo consiguen bebiendo grandes cantidades de agua de mar y excretando el exceso de sales a través de los riñones y de unas células especializadas de las branquias, las células secretoras de sales.

Glándula rectal de una tintorera (Foto: Toño Maño)
Los tiburones, en cambio, utilizan una estrategia bien distinta: proporcionan a
sus tejidos y fluidos corporales la misma o incluso superior concentración de sales o moléculas disueltas que el agua circundante. ¿Cómo lo consiguen? Pues reteniendo en sangre grandes cantidades de metabolitos nitrogenados, especialmente urea¹, secretados por los riñones² y óxido de trimetilamina. El exceso de sales se elimina a través de las branquias, como los peces óseos, los riñones y una glándula especializada situada cerca de la cloaca, la glándula rectal.

Pero esto no quiere decir que los tiburones sólo estén adaptados para la vida en un ambiente salino. Al contrario, su sistema osmorregulador es tan extraordinariamente versátil que permite que al menos algunas especies puedan visitar y permanecer en los estuarios de los ríos sin sufrir trastorno alguno. Pensemos que en estos lugares la salinidad del agua cambia constantemente al mezclarse el agua del mar con el agua dulce. Sin duda el caso más espectacular nos lo ofrece el impresionante jaquetón toro (Carcharhinus leucas), propietario de una de las mandíbulas más poderosas de todos los tiburones. Este bicho soporta perfectamente el agua salobre y dulce gracias a un sistema que le permite rebajar la concentración de urea para contener la difusión de agua hacia el interior de su cuerpo³: cambian la función renal para excretar grandes cantidades de urea con orina muy diluida e invierten la dirección del movimiento de sales en la zona branquial: en lugar de excretarlas, las absorben del agua circundante.

Jaquetón toro o tiburón sarda (Carcharhinus leucas) en una preciosa foto de Enrique Redondo.
El jaquetón toro habita en ríos y lagos de agua dulce... ¡incluso en la laguna de un campo de golf! Es el responsable de unos cuantos ataques en ríos a varios cientos de kilómetros de su desembocadura —de hecho, se le ha llegado a encontrar hasta a 3700 km río arriba—. 
—Hala, ahora ya te puedes ir.

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¹Las elevada concentración de urea es la razón por la que la carne de determinadas especies como el tiburón boreal (Somniosus microcephalus) tengan un característico olor a baño público sin limpiar...
²Los riñones son los encargados de controlar las concentraciones de urea en la sangre. Filtran las sales minerales y productos de deshecho que transporta la sangre y producen la orina, que es expulsada al exterior a través de los uréteres, que desembocan en la cloaca.
Los riñones son dos órganos alargados y delgados situados fuera de la cavidad general, adosados a la pared dorsal. (Foto: PC-Maricopa).
³Al encontrarse en un ambiente hipotónico —mayor concentración de solutos dentro que fuera del cuerpo y por lo tanto menor concentración de agua en el interior que en el exterior— el agua tendería a difundirse hacia el interior de las células, corriendo el riesgo de hincharse y reventar.
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