Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

jueves, 16 de enero de 2014

Vieja noticia sobre un nuevo tiburón duende

Por esos mundos fue una magnífica revista de divulgación geográfica y científica. Fundada en el lejano 1900, contenía relatos de viajes y de aventuras exóticas, textos literarios, noticias y novedades científicas, etc., todo ello profusamente ilustrado con fotografías. Formaba parte de la conocida como "prensa de tijera", esto es, revistas que tomaban de publicaciones extranjeras cualquier noticia o asunto que los redactores considerasen de interés para su público, como es el caso del pequeño reportaje que hoy os presento aquí. 
      Como veis, habla del descubrimiento en Japón de una supuesta nueva especie de tiburón duende, bautizada como Scapanorhynchus jordani. Es posible que una de sus fuentes haya sido el artículo, hoy ya un clásico, que Louis Hussakof publicaba el año anterior, 1909, en el Bulletin of the American Museum of Natural History (vol. 26, artículo 19) casi con idéntico título: "A New Goblin Shark, Scapanorhynchus jordani, from Japan". En general, el contenido está correctamente resumido y las fotografías son las mismas, excepto la imagen ventral de la cabeza del Scapanorhynchus, que no aparece en el artículo de Hussakof.
      Sea como fuere, este pequeño reportaje resulta extraordinariamente interesante por dos motivos. Primero porque demuestra que en este país hubo una época en que la gente se interesaba genuinamente por los descubrimientos zoológicos procedentes de los rincones más lejanos del planeta, que por aquel entonces todavía era inmenso y estaba repleto de misterios (mucho más que en una sacristía). En segundo lugar, porque refleja parte de la historia taxonómica del tiburón duende, de las dificultades iniciales para ubicarlo en un taxón concreto: fue bautizado como Odontaspis, también como Mitsukurina, luego Scapanorhynchus, como sus parientes extintos, ya que se consideraba que las diferencias morfológicas no eran tan definitivas como para distribuirlos en diferente género. Posteriormente, tras un estudio más detallado, se llegaría a la conclusión contraria: que las diferencias sí eran importantes, de manera que el género Scapanorhynchus pasó a ser el de los tiburones duende extintos y Mitsukurina el del tiburón duende actual (dado que, además, no se encontraron rasgos con la suficiente entidad como para considerar la existencia de dos especies distintas, M. owstoni y M. jordani). 
      Para mantener el delicioso saborcillo antiguo, transcribo literalmente el texto original respetando grafías y tildes. Tan solo he corregido algunas erratas evidentes.

El nuevo "tiburón duende" japonés

     De vez en cuando va á sorprender el mundo de los zoólogos el anuncio de haber sido descubierto en aguas del Japón algún ejemplar ictiológico nuevo ó de remota antigüedad. Y ello ocurre con tal frecuencia, que los zoólogos han empezado á considerar dichos mares como una especie de reino de las maravillas, como un misterioso reservorio animal donde habitan extrañas especies, muchas de ellas de un tipo arcáico, hace muchos siglos extinguido en los restantes mares del mundo.
     En esas aguas suelen los pescadores japoneses capturar entre las mallas de sus redes un tiburón de aspecto tan grotesco, que le ha valido entre los indígenas el nombre de tenguzame ó tiburón duende. Uno de esos escualos es el llamado, científicamente, Mitsukurina Owstoni, en honor de los dos zoólogos que primero lo estudiaron, los profesores Kakichi Mitsukuri (japonés) y el naturalista Alan Owston, pero que hoy ha adquirido definitivamente el nombre de Scapanorynchus, que antes había sido aplicado á los dientes de las especies extintas de ese tipo de tiburón, descubiertas en las rocas del periodo cretáceo. Esta variedad era ya conocida desde hace doce ó catorce años, y si de ella nos ocupamos hoy, es como punto de comparación con otra variedad que acaba de ser descubierta en las mismas aguas, y que se ha bautizado con el nombre científico de Scapanorhynchus Jordani, para distinguirlo del Scapanorhynchus corriente.
     Como se observará en las fotografías adjuntas, este tiburón merece plenamente su apodo de duende; nada puede haber, en efecto, más fantástico que este pez, ni nada más grotescamente demoniaco que su cabeza. El ejemplar capturado, actualmente propiedad del Museo Nacional de Washington, mide desde el extremo de su protuberancia frontal hasta la punta de la cola unos tres metros y medio, pero, según todas las probabilidades, los mares japoneses tienen en su seno Scapanorhynchus J. un metro mayores. Los dientes son muy afilados, cortantes y corvos como la garra de un ave de rapiña. Su voracidad, á juzgar por los restos que se hallaron en el estómago del ejemplar capturado, es tan enorme como la de todos los escualos. Habita, para fortuna de los bañistas japoneses, en aguas profundas, y jamás se acerca á las orillas, aún cuando en ellas soliciten su apetito carnes abundantes y frescas. En cuanto á las diferencias morfológicas entre el tiburón Jordani y el Owstoni, basta contemplar las fotografías para advertir las dos más salientes. En primer lugar, la nueva especie se distingue por su menor desarrollo de las mandíbulas, y luego por la forma y colocación del ojo, que en el tipo Jordani se encuentra situado en el punto medio de la mandíbula superior, mientras que en el tipo Owstoni, se halla más hacia la parte posterior de la misma.
Por esos mundos, 1 de abril de 1910, pp. 545-46.

Curiosamente, unos años antes, el miércoles 8 de junio de 1904, el Correo de Galicia. Diario independiente de avisos y noticias ("Con censura eclesiástica", como el de la actualidad), ya se hacía eco de la presencia del extraño pez en aguas del Japón:

Tiburón japonés

     Los japoneses tienen en sus aguas un tiburón especial. Hace poco tiempo que se ha descubierto por un sabio zoólogo japonés, llamado Mitsoukoura, por lo cual al animal se ha dado el nombre de «mitsoukourina» [sic].
     Este tiburón vive á 600 metros de profundidad en el mar, lo cual explica que no haya sido conocido en tan largo tiempo.
     Se ha comprobado que es el último representante de una especie que vivió durante el período cretáceo, porque la conformación del animal conviene con los restos fósiles de un pez antidiluviano [sic] encontrados en las capas calcáreas.
     El mitsoukourina tiene una longitud de cuatro metros y un peso aproximado de 300 kilogramos.
     Los combates navales* parecen haber turbado á estos escualos en su quietud, porque se les ha visto aparecer varias veces á flor de agua, lo cual es un hecho sin precedente.

Quién les iba a decir a los curiosos lectores de Por esos mundos y de la prensa gallega que a apenas un puñado de leguas de la Corte (y a muy poquitas de Santiago) habitaban esos mismos bichos de aspecto tan terrible y antediluviano que aparecían allá por el Japón. Nosotros lo hemos podido comprobar: Encuentro con un duende.

[Para saber más sobre el tiburón duende (el actual), véase Tiburón duende (Mitsukurina owstoni).]

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*Posiblemente se refiere a la guerra ruso-japonesa de 1904-1905.

viernes, 10 de enero de 2014

Edad y tasa de crecimiento del tiburón blanco

Foto de Andrew Bazeley
Una vez más, los tiburones nos alegran el cuerpo con datos sorprendentes.
Acabamos de conocer que es más que posible que el tiburón blanco (Carcharodon carcharias) sea uno de los tiburones más longevos, con una esperanza de vida que puede superar los 70 años; y es también posible que los ejemplares de mayor edad no sean las hembras más grandes, sino justamente al revés: que los grandes machos sean los más viejos.
Estos son parte de los espectaculares resultados de un interesantísimo trabajo¹ recién publicado, que, de ser definitivos, van a suponer un vuelco radical en los conocimientos que tenemos sobre la edad y las tasas de madurez del este extraordinario tiburón, con importantes implicaciones sobre el estatus y gestión de sus poblaciones actuales.

Sus autores se basaron en la datación por carbono-14 de las vértebras de cuatro machos y cuatro hembras capturados entre 1967 y 2010 en el Atlántico NW la primera de este tipo que se realiza sobre tiburones blancos tomando como marco de referencia la acumulación de este isótopo radioactivo en los organismos marinos a consecuencia de las pruebas nucleares realizadas en la zona entre mediados de los 50 y mediados de los 60 del siglo pasado.
Para estimar la edad de los tiburones normalmente se recurre al cómputo de los anillos vertebrales o de las capas de crecimiento de dientes y otolitos (cristales de carbonato cálcico presentes en el sistema vestibular de los peces), a la manera de los anillos de crecimiento de los troncos de los árboles, en la suposición de que el crecimiento anual se va a traducir en la formación y superposición de una nueva capa de tejido sobre la anterior. Sin embargo, no se puede demostrar de manera concluyente que la formación de tales anillos tenga carácter anual, lo cual rebaja considerablemente el nivel de exactitud de estas estimaciones.

De hecho, el trabajo lo que ha demostrado es que los anillos de crecimiento son anuales hasta que el tiburón alcanza un tamaño mediano. A partir de ahí parece que la sincronía entre edad y tasa de crecimiento se rompe. Una vez alcanzada la madurez, el ritmo de crecimiento se ralentiza, y puede ocurrir bien que se produzca una alteración en las tasas de deposición de nuevas capas de tejido, o bien que los anillos de crecimiento sean a partir de entonces tan extremadamente finos que se vuelvan indistinguibles. Ello explicaría la enorme diferencia entre los datos conseguidos mediante el carbono-14 y las estimaciones anteriores... ¡Una diferencia de más de 40 años! Hasta ahora la esperanza de vida del tiburón blanco se situaba en torno a los 30 años; el cómputo de anillos vertebrales había llegado hasta los 23 en los individuos de mayor talla, que eran hembras. Pues bien, de los 8 ejemplares estudiados, el de mayor edad resultó ser un macho de 493 cm LB²... ¡que tenía 73 años! O sea, prácticamente como las personas. Hasta en esto se nos parecen.

Por otro lado, en tiburones de tamaño similar, los machos resultaron ser sustancialmente más viejos que las hembras, lo cual, como decíamos, pone patas arriba lo que hasta ahora dábamos por cierto. El macho de mayor talla superó en 33 años a la hembra más grande, de 526 cm (FL) y 40 años de edad. Los otros tres machos tenían 9, 14 y 44 años, las hembras 6, 21 y 32. Como señala el trabajo, "WS81, la hembra de mayor tamaño, es casi un metro más larga y sin embargo 4 años más joven que el segundo macho más grande de nuestro estudio (WS57)".

Si estos datos se confirman en otras zonas del planeta, el vuelco va a ser tremendo, no sólo a un nivel puramente científico, sino en todo lo relativo a la conservación del tiburón blanco. Las especies que viven más años tienen también una tasa reproductiva extremadamente baja, tardan mucho en alcanzar la madurez sexual³ y sus camadas suelen ser reducidas. En teoría, un animal más longevo tiene un mayor potencial reproductivo, lo que ocurre es que, en la práctica, eso lo hace mucho más vulnerable a los efectos de la pesca, bien como especie objetivo, bien como captura accidental. La tasa de recuperación de las poblaciones de tiburón blanco puede ser significativamente inferior a la estimada en la actualidad ya de por si bastante baja, lo cual obligaría a una revisión urgente de todos los planes de gestión vigentes.
Es una carrera contrarreloj. Se nos va en ello la supervivencia de un animal extraordinario.

Massachusetts Department of Fish and Game.

[ACTUALIZACIÓN A 2-II-2015] Lisa J. Natanson y G. Skomal, dos de los autores del estudio, acaban de publicar un nuevo trabajo sobre la edad y crecimiento del Carcharodon carcharias en el Atlántico NW basado en el cómputo de anillos vertebrales de 77 ejemplares capturados entre 1963 y 2010 el que hacen una breve evaluación de los métodos tradicionales de cómputo de los anillos vertebrales. A su juicio, las enormes diferencias en las estimaciones de edad arrojadas por estos sistemas y el más reciente basado en carbono-14 no pueden deberse a cuestiones ambientales, geográficas o genéticas (diferencias entre distintas poblaciones), o incluso a la metodología empleada (vértebras enteras o seccionadas, por ejemplo), sino al hecho de que en los ejemplares de mayor tamaño los anillos o bandas de crecimiento están tan compactos y apretados que se vuelven prácticamente indistinguibles, son extremadamente difíciles o imposibles de leer, de tal manera que solo pueden arrojar cómputos a la baja. Además, a diferencia de especies de la misma familia como el marrajo (Isurus oxyrinchus) y el cailón (Lamna nasus) que en algunos métodos suelen tomarse como modelo, el número de anillos de crecimiento en el tiburón blanco varía según la posición de la vértebra: las vértebras de la región abdominal presentan más anillos que las más próximas a la cola, particularmente en las hembras de gran tamaño, tal vez debido a que su mayor envergadura requiere un mayor refuerzo estructural y en consecuencia una mayor deposición de capas.

=>MADURACIÓN MUY TARDÍA: A partir de la combinación de sus estimaciones de edad con los previos sobre tallas: 26 años para los machos (tallas entre 417-464 cm LB) y 33 para las hembras (entre 450-500 cm LT). Una barbaridad.

Otro reciente trabajo, también basado en el carbono-14, revisa las estimaciones de edad de la población del Pacífico NE basadas en cómputos vertebrales (entre 11-15 años): su conclusión es que los tiburones blancos de esta zona superan con creces los 30 años de edad.

Foto: Jimi Partington.

[Más información sobre el bajo número de tiburones blancos en el océano en el artículo Quedan muy pocos tiburones blancos.]


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¹Li Ling Hamady, Lisa J. Natanson, Gregory B. Skomal, Simon R. Thorrold (2014). "Vertebral Bomb Radiocarbon Suggests Extreme Longevity in White Sharks". PLoS ONE 9(1): e84006. doi: 10.1371/journal.pone.0084006. Salió publicado anteayer, 8 de enero, y es de acceso libre. Se puede descargar desde aquí.
²LB es la longitud de la bifurcación (FL, 'fork length', en sus siglas en inglés), es decir, la distancia desde el morro hasta el ángulo posterior de la aleta caudal, donde se origina su bifurcación en los lóbulos superior e inferior.
³Hasta ahora lo que sabemos es que las hembras maduran en torno a los 14 años de edad, aproximadamente cuando han alcanzado los 450-500 cm, y los machos, hacia los 10-12 años y los 350-400 cm. Seguramente estos datos deberán ser revisados a la luz de lo expuesto.
Lisa J. Natanson & Gregory B. Skomal (2015). "Age and growth of the white shark, Carcharodon carcharias, in the western North Atlantic Ocean". Marine and Freshwater Research. http://dx.doi.org/10.1071/MF14127.
Allen H. Andrews & Lisa A. Kerr (2014). "Validated age estimates for large white sharks of the northeastern Pacific Ocean: altered perceptions of vertebral growth shed light on complicated bomb C-14 results". Environmental Biology of Fishes, doi: 10.1007/s10641-014-0326-8.

jueves, 2 de enero de 2014

Resumen del 2013


Increíble lo rápido que pasa el tiempo. Así como quien no quiere la cosa, Tiburones en Galicia cumple ya dos añitos. Está más crecidito y formado, y enseguida se nota que ha echado más cuerpo. Atrás han quedado los titubeos de los primeros pasos, los balbuceos ininteligibles, el taca-taca, los cólicos, los miedos nocturnos, los pañales rebosantes... Ya casi da gusto verlo (y olerlo).
La verdad es que este segundo año ha sido bastante fructífero, con un total de 48 artículos (incluido uno que jamás hubiéramos querido publicar), seis más que en el 2012, casi a razón de uno por semana. A lo que hay que añadir las revisiones y actualizaciones de un puñado de viejos posts.
Los criterios que ha guiado tanto la elección de los temas como su distribución han sido, por este orden: el caos, el gusto y apetencias personales del momento y la actualidad. Con todo, es posible encontrar cierta coherencia en el conjunto, pudiendo establecerse cuatro grandes bloques temáticos interrelacionados, tal como hacíamos el año pasado (véase Resumen del 2012): Conservación, Especies, Biología y Hemeroteca.

En cuanto al primero, continuamos la serie dedicada a las escandalosas subvenciones públicas a la pesca industrial ("La pesca insostenible subvencionada (II)" y "La pesca insostenible subvencionada (III): España"), tradujimos un buen artículo que Alan Yuhas publicada en The Guardian valorando el número de ataques de tiburón ocurridos durante el 2012 ("Ataques 2012: En defensa de los tiburones") y nos hicimos eco de las decisiones tomadas durante la última convención del CITES ("Resultados CITES 2013"). También hablamos del número de ejemplares muertos cada año en todo el mundo a consecuencia de la actividad pesquera legal e ilegal ("100 millones de tiburones muertos cada año"), de las toneladas de tiburón que pasaron por la lonja de Vigo ("Lonja de Vigo: Estadísticas 2012"), de las estimaciones sobre el número de tiburones blancos que quedan en el océano ("Quedan muy pocos tiburones blancos"), y de la terrible realidad de los datos pesqueros que ciertas naciones maquillan o, directamente, sin pudor alguno, ocultan ("La pesca insostenible: el caso de China"). Siguiendo con más tomaduras de pelo sangrientas, informamos de una nueva modalidad de finning en "La broma macabra del nuevo finning", un artículo, por cierto, que tuvo una gran difusión. Finalmente, ofrecimos razones más que convincentes para no seguir consumiendo carne de tiburón en "El tiburón, mejor fuera del plato".

El segundo bloque ha quedado un poco rácano en lo que se refiere a monografías específicas. Este año sólo nos hemos ocupado en detalle de siete especies, frente a las trece del anterior:
  • Cailón (Lamna nasus)
  • Olayo de Islandia (Galeorhinus galeus)
  • Marrajo negro (Isurus paucus)
  • Musolón (Pseudotriakis microdon)
  • Pintarroja (Scyliorhinus canicula)
  • Tiburón duende (Mitsukurina owstoni)
  • Angelote (Squatina squatina)
Pero a cambio hemos hablado de tamaños ("Los tiburones más grandes del océano", "Los tiburones más pequeños del océano"), hemos dedicado tres artículos a explicar las claves de clasificación de las familias que forman los tres órdenes mayores de tiburones ("Claves de los Squaliformes", "Claves de los Lamniformes" y "Claves de los Carcharhiniformes") y, como forma de evadirnos, aunque fuera durante un instante, de la tristeza de un año complicado, hemos hablado de belleza (si, de belleza) en dos breves posts cuyo único objetivo era recrearse en la contemplación de los ojos de dos animales extraordinarios: "Los ojos del tiburón blanco" y "Los ojos de la cañabota".

Peregrino (Cetorhinus maximus) fotografiado por José Aller a la altura del faro de Corrubedo.
También nos ocupamos de aspectos puntuales del comportamiento migratorio, horizontal y vertical, de tres estupendos tiburones: "Peregrinaciones del (tiburón) peregrino", "El viaje del cazón (Galeorhinus galeus)" y "Tintorera bate récord de profundidad".
De un peculiar comportamiento observado en cailones juveniles, que podría venir a demostrar que, al menos ciertas especies, son criaturas más inteligentes de lo que se pensaba, hablamos en el post "Los juegos de los jóvenes cailones (Lamna nasus)". Abundando en este tema de la inteligencia, en "La capacidad cognitiva de los tiburones" recogíamos algunos de los resultados de unos experimentos realizados con pintarrojas, en los que se constató que estos animales tienen capacidad para encontrar la estrategia más idónea para encontrar alimento en función de las circunstancias.
Y hablando de buscar alimento, en "Cuando el pez chico ataca al pez grande" hablamos del sistema empleado por un pequeño tiburón tan asombroso como cautivador, el tiburón cigarro, que actúa como un ectoparásito arrancando pedacitos de carne de animales más grandes... y más temidos, como el mismísimo tiburón blanco. Muchos lectores se quedaron tan fascinados por el Isistius, que unos días más tarde decidimos referir el primer caso documentado de ataque a un ser humano en "El ataque del tiburón cigarro".
Naturalmente, también dedicamos un artículo a las cifras globales de ataques de tiburón (de cualquier especie) ocurridos en todo el mundo durante el 2012 ("Ataques de tiburón 2012").

Exceptuando el post "La osmorregulación en los tiburones", el tercer bloque temático lo dedicamos por entero a la biología reproductiva: "La estrategia reproductiva de los tiburones", "Reproducción II: Cortejo y apareamiento", "Reproducción III: La anatomía reproductiva", "Reproducción IV: Oviparismo", "Reproducción V: Viviparismo aplacentario" y "Reproducción VI: Viviparismo placentario".

Dentro ya del último bloque, Hemeroteca, publicamos una curiosa noticia (por calificarla de alguna forma), sacada de un periódico de 1884, que daba cuenta de un suceso asombroso: un tiburón dando caza, ¡en tierra firme!, a sus captores (familiares incluidos): "Ataque de tiburón dentro de una cabaña". En otro periódico un poco más antiguo, de 1851, encontramos el relato de "Una razzia de tiburones (lectura de verano)". En el polo opuesto de lo literario y lo fantasioso se encuentra la noticia que amablemente me envió Chris Moore referida a un ataque ocurrido en Fisterra a principios del XX: "Ataque mortal en Fisterra, 1908".
Y de vuelta al presente, en "Sobre la supuesta "plaga" de tintoreras en Galicia" criticamos con cierta dureza el tono pueril y sensacionalista con que La Voz de Galicia había tratado el tema del supuesto incremento de avistamientos de tintoreras ocurrido este verano. Y finalmente analizamos las novedades de la última edición de la guía de tiburones del mundo de Ebert, Compagno, Fowler y Dando en "Nueva guía, nuevas especies".

Solo un artículo, "Helicoprion", no termina de encajar en ninguno de los bloques anteriores, al tratarse de una especie extinta, que además, muy probablemente no era un tiburón, como se creía, sino una quimera. En cualquier caso, su historia es muy interesante.

La aleta del Cetorhinus cortando la superficie en calma chicha (foto de José Aller).

AGRADECIMIENTOS: No hace falta decir que sin la colaboración desinteresada de mucha gente este Blog estaría muy lejos de ser lo que es. Así pues, valga este pequeño apartado como muestra de reconocimiento y gratitud hacia todos ellos, ya que el presupuesto, siempre menguante, no alcanza para abonar los centenares de cañas que ya debo.
Antón Parada sigue estando ahí para lo que sea, con sus fotos extraordinarias y su espectacular colección de Quercus, completa desde el número 1. Sigo tirando de las fotografías, amablemente cedidas hace ya más de año y medio, por dos organizaciones de referencia en Galicia: la CEMMA y la SGHN (con José Ignacio a la cabeza permitiendo estoicamente que, todavía hoy, continúe dándole la lata de vez en cuando para pedirle más fotos).
Mención aparte merecen dos personajes por los que no puedo sentir más gratitud, por su aliento, su amistad, su apoyo... ¡y por lo de los Apristurus!: Rafa Bañón, uno de los taxónomos más importantes de España y Europa, continúa enviándome, a crédito, fotos y toneladas de bibliografía; por su parte, Gonzalo Mucientes, uno de nuestros mayores expertos en tiburones pelágicos, también apuesta fuerte y de vez en cuando me inunda el correo con centenares de fotografías y algún que otro vídeo. Un placer y un honor.
Gracias también a Pedro Niny Duarte, Nuno Sá, David Litchfield, Juanmi Alemany, Jacobo Alonso, Rafa Aso, Isaías Cruz, buen pintor y gran amante de los tiburones (en el sentido no bíblico), Joaquín Gutiérrez, Dani Insua (por las fotos de José Aller), los amigos de We Like Sharks Portugal, y más gente que seguro me dejo en el bolsillo, por la amable cesión de sus fotografías.
Otros amigos nos han echado un cable a través de las páginas de Facebook y Google +. Su desinteresado interés (permítaseme el juego de palabras) ha sido fundamental para completar y actualizar un par de artículos (gracias, Daniel Cano) y, sobre todo, para corregir un tremendo error de bulto. En este caso considero un privilegio (otro) haber contado con la ayuda de un especialista en Centrophorus (entre otros bichos) de la talla de Javier Guallart.
Finalmente, agradecer a Jorge Cicerón la magnífica fotografía que cierra este primer post del 2014 y que creí perdida para siempre (como buena acción de este año, le perdono no haberme "fotoshopeado" los calcetines blancos).

Muchas gracias también a nuestros lectores, por su confianza, por estar ahí. ¡Que este año hemos superado con creces las 100 000 visitas! Así da gusto.

Un fuerte abrazo para todos. Y que el 2014 sea más propicio que el año que acabamos de despedir.

Foto: Jorge Cicerón.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Claves de los Carcharhiniformes

Tintoreras (Prionace glauca). Foto: Isaías Cruz.

Los Carcharhiniformes constituyen el orden más extenso y heterogéneo de todos los tiburones. Un vecindario inmenso en el que una espectacular variedad de especies de tamaño mediano o pequeño, totalmente inofensivas, conviven con un puñado de bichos con los que hay que andarse con cuidado. Aquí están las pintarrojas, los pejegatos, las musolas y los cazones al lado de los jaquetones toro, los longimanus, los tiburones tigre y los grandes tiburones martillo.

martes, 17 de diciembre de 2013

Los tiburones más pequeños del océano


Tollo pigmeo de ojo pequeño (Squaliolus aliae). (c) Dr. J. Mallefet, Dr. J. Claes, FNRS/UCL

Después de conocer a los tiburones más grandes del océano, hoy es el turno de los más pequeños, cosa que no es nada fácil, entre otras razones debido al profundo desconocimiento que tenemos de un elevado porcentaje de especies, particularmente las de aguas profundas. Luego está el tema, sumamente espinoso, de cuál debe ser el parámetro a tener en cuenta a la hora de elaborar una lista como esta: ¿la máxima longitud total alcanzada por los especímenes capturados de una determinada especie? ¿O la talla de madurez?
Los dos factores plantean problemas. Por un lado, parece ser que el crecimiento de al menos algunas especies de tiburones es continuo, es decir, que siguen creciendo hasta que se mueren. Por otro, es sabido que dentro de una misma especie las tallas de madurez varían geográficamente en función de variables como la temperatura del agua, el tipo de alimentación, etc.
El asunto es más complejo de lo que parecía en un primer momento, cosa que debéis tener en cuenta a la hora de valorar tanto la lista que tenéis abajo como cualquier otra de las que os encontréis por ahí: hay que tomárselas con la debida cautela, pues seguro que en cualquier momento van a surgir nuevos datos que las invaliden en todo o en parte. Por este motivo lo que he hecho es (primero) no matarme mucho buscando por ahí novedades de última hora, y (segundo) ceñirme simplemente a los datos de longitud total y de madurez recogidos en la última edición del Sharks of the World (1).
Para organizar un poco el tema he decidido, por comodidad, tomar como base la longitud máxima de cada especie, aun a pesar de lo dicho (2). No obstante, por si alguno quiere hacer su propia lista, he añadido también los datos de tallas de madurez.
He descartado especies cuya longitud total máxima no es una cifra exacta, sino que viene matizada por un difuso "al menos". Igualmente aquellas de las que sólo disponemos de una talla de referencia. Para que os hagáis una idea:
-"Un joven medía 21 cm": Apristurus sibogae.
-"Ejemplar tipo de 25 cm": Apristurus investigatoris.
-"Al menos 27 cm": Holohalaelurus grennian.
-"Al menos 28 cm": Centroscyllium granulatum.
-"Un macho adulto de 29 cm": Etmopterus decacuspidatus.
-"Al menos 30 cm": Cephaloscyllium cooki, Etmopterus fusus.
-"Al menos 32 cm": Etmopterus evansi.

Y ahora, nuestro particular top-10.

1. Melgacho cilíndrico (Etmopterus carteri)
  • Longitud máxima: 21 cm.
  • Machos y hembras maduran sobre los 18 cm. 
Dibujo de Tambja tomado de Wikimedia.
    Melgacho enano (Etmopterus perryi)
  • Longitud máxima: 21 cm.
  • Al nacer miden en torno a 6 cm. Los machos maduran sobre los 16-17 cm; las hembras, a los 19 cm.
Foto Chip Clark /Smithsonian Institution.
2. Tollo pigmeo de ojo pequeño (Squaliolus aliae)
  • Longitud máxima: sobre 22 cm.
  • Al nacer miden menos de 10 cm. Los machos maduran sobre los 15 cm.

Imagen tomada de digitalfishlibrary.org
3. Melgacho africano (Etmopterus polli)
  • Longitud máxima: 24 cm.
  • Los machos maduran con 19-23 cm; las hembras con 24 cm.
Foto de D. D. Ramjohn tomada de fishBase.
   Tollo coludo pigmeo (Ericdanis radcliffei)
  • Longitud máxima: 24 cm.
  • Miden unos 11 cm al nacer. Los machos maduran hacia los 18-19 cm; las hembras, curiosamente, entre 15-16 cm.
Foto tomada de showyourfishes.com

4. Melgacho verde (Etmopterus virens)
  • Longitud máxima: 26 cm.
  • Los machos maduran con 18 cm; las hembras con 22 cm.
NOAA Photo Library
5. Melgacho espinoso (Etmopterus sentosus)
  • Longitud máxima: sobre 27 cm.
  • Nacen con 6 cm; los machos maduran con 22-26 cm; las hembras con 25-26 cm.
FAO
     Tollo pigmeo (Euprotomicrus bispinatus)
  • Longitud máxima: 27 cm.
  • Nacen con 6-10 cm. Los machos maduran con 17-19 cm; las hembras con 22-23 cm.
(c) e-Photography.co.jp tomada del blog thefeaturedcreature.com

6. Tollo pigmeo espinudo (Squaliolus laticaudus)
  • Longitud máxima: sobre 28 cm las hembras; los machos hasta 22 cm.
  • Al nacer miden 8-10 cm. Los machos maduran sobre los 15 cm; las hembras entre 17-20 cm.
Foto de Heike Zidowitz.
   Melgacho antillano (Etmopterus hillianus)
  • Longitud máxima: 28 cm, las hembras; los machos hasta 26 cm.
  • Al nacer miden 9 cm. Los machos maduran hacia los 20 cm.
NOAA Photo Library.
7. Pintarroja espinosa (Bythaelurus hispidus)
  • Longitud máxima: 29 cm.
  • Los machos maduran sobre 22-26 cm; las hembras sobre 22-29 cm.
FAO
8. Melgacho de aletas orladas (Etmopterus schultzi)
  • Longitud máxima: 30 cm.
  • Adultos a los 27 cm los machos, con 28-30 cm las hembras.
NOAA Photo Library
   Colayo punteado (Galeus piperatus)
  • Longitud máxima: 30 cm.
  • Eclosionan con menos de 7 cm. Los machos maduran entre 28-29 cm; las hembras entre 26-30 cm.
FAO
   Colayo enano (Galeus schultzi)
  • Longitud máxima: 30 cm.
  • Los machos maduran sobre 25 cm; las hembras entre 27-30 cm.
Tomada de la página catalog.digitalarchives.tw
     Colayo cabezón (Cephalurus cephalus)
  • Longitud máxima: sobre 30 cm.
  • Al nacer miden alrededor de 10 cm y maduran hacia los 19 cm.
  • Su nombre inglés es magnífico: Lollipop catshark ('Colayo piruleta').
Vista dorsal de una hembra de 221 mm y ventral de neonato de 107 mm.  Foto tomada de Aguirre-Villaseñor y Salas-Singh (3).

9. Pintarroja enana (Scyliorhinus torrei)
  • Longitud máxima: 32 cm.
  • Los machos maduran entre 24-26 cm; las hembras hacia los 26 cm.
FAO
10. Colayo de cola áspera (Galeus arae)
  • Longitud máxima: sobre 33 cm.
  • Maduran entre 27-33 cm.
Imagen tomada de la página del Mote Marine Laboratory.
      Melgacho franjeado (Etmopterus gracilispinis)
  • Longitud máxima: sobre 33 cm.
  • Al nacer miden sobre 13 cm. Los machos maduran hacia los 26 cm; las hembras con 33 cm.
Foto de Don Flescher tomada de fishBase.
Y la lista podría seguir y seguir para abarcar otro buen puñado de tiburones que no llegan ni a los 40 cm, como por ejemplo (entre paréntesis la longitud total máxima conocida): Etmopterus robinsi, Etmopterus caudistigmus y Holohalaelurus punctatus (34 cm); Galeus cadenati, Halaelurus quagga y Schroederichthys maculatus (35 cm); Cephaloscyllium silasi (36 cm); Apristurus macrostomus (un único ejemplar aparentemente adulto de 38 cm); Bythaelurus lutarius, Cirrhoscyllium formosanum (39 cm) y Asymbolus parvus (sobre 40 cm). Y otros cuantos maś que no llegan ni a los 50 cm. Por citar algunos casos: Etmopterus burgessi e Iago mangalorensis (41 cm), Atelomycterus fasciatus (sobre 45 cm), Apristurus canutus (46 cm).

Finalmente, por si alguien se lo está preguntando, solo nos queda añadir que la especie más pequeña de nuestras aguas es otro tiburón de aguas profundas, el negrito (Etmopterus spinax), que llega nada menos que hasta los 60 cm. Todo un gigantón.

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(1) David, A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth.
(2) Por dos motivos: primero porque así resulta más sencillo elaborar una tabla clasificatoria; segundo porque las tallas de madurez pueden resultar sumamente variables entre machos y hembras (¿qué tomamos como referencia, la de ellos o la de ellas, o hacemos una media?)... Demasiado trabajo.
(3) Hugo Aguirre-Villaseñor, Carolina Salas-Singh (2012). "Nuevos registros del tiburón renacuajo Cephalurus cephalus (Scyliorhinidae) en el golfo de California, México." Revista Mexicana de Biodiversidad, vol. 83, nº 1.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Los tiburones más grandes del océano

Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). Foto de Jeffrey Gallant, GEERG.
Por la red circulan decenas de gráficos con imágenes de los tiburones más grandes del mundo ordenados de mayor a menor en escalera de burro. Algunos son muy bonitos y la mar de chulos, y se ve que hay un gran trabajo detrás, pero el problema es que casi siempre se repiten, y repiten las mismas inexactitudes. Básicamente se trata de variaciones sobre lo mismo: arriba del todo ponen al tiburón ballena, debajo al peregrino, en tercer lugar al tiburón blanco, en cuarto al boquiancho, luego vienen el tiburón tigre y tal vez el zorro, y después rellenan con unas cuantas especies más hasta completar el espacio.
Aun cuando salvo excepciones los datos que manejan suelen ajustarse a la realidad, lo que uno echa en falta es un poco más de rigor y un poco menos de leyenda y de sensacionalismo. No deja de ser sospechoso que siempre se quedan fuera las mismas especies: bichos de gran talla, pero que resultan más feúchos, sosos y, acaso, bastante menos glamurosos que, por ejemplo, el tiburón blanco o el limbatus, como son los tiburones de aguas profundas. ¿Realmente pretenden hablar de los tiburones, o solo de los tiburones que más les gustan a ellos?
Para hacer un poco de justicia me permito presentaros una lista bastante más exacta y completa. Aunque contiene una pizca de provocación, está rigurosamente basada en datos tomados de guías como las de Compagno y Ebert (y es que, como todo el mundo sabe, cuando hablamos de tamaños, las exageraciones y la subjetividad tienden a distorsionar la realidad, particularmente cuando el observador pertenece al género masculino, y en esto de los tiburones ocurre lo mismo). Este es nuestro particular top-10, del que a propósito hemos dejado fuera al zorro (Alopias vulpinus), pese a que puede llegar nada menos que a los 635 cm (1):

1. Tiburón ballena (Rhincodon typus). 
       Alcanza los 17-21 m.


2. Peregrino (Cetorhinus maximus). 
      Puede rebasar los 10 m, hasta posiblemente los 12,2-15,2 m (2).
Ejemplar de 9 m capturado en Japón.
3. Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier). 
       Puede superar los 550 cm. Existe un registro de 740 cm.

Fotografía de Raul Boesel.

4. Dormilón del pacífico (Somniosus pacificus).
       La talla máxima supera los 7 m.

Foto de Emory Kristof, National Geographic.

5. Tiburón blanco (Carcharodon carcharias).
       Puede superar ampliamente los 6 m. Un registro de 640 cm y varios ejemplares estimados en cerca de 7 m (3).

El famoso ejemplar de 6,4 m y 3,2 t capturado en Cojimar, Cuba, en 1945.

6. Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). 
       Máxima de al menos 640 cm. Posiblemente hasta 730 cm.

Foto de G. Nordoy (el tiburón fue devuelto con vida al mar).

7. Dormilón antártico (Somniosus antarcticus).
      Alrededor de 6 m de longitud máxima.

Capturado en las Malvinas. Foto de Katja Janzen tomada de fishBase.
8. Tiburón martillo (Sphyrna mokarran).
       Longitud máxima de 550-610 cm.

Foto tomada alrededor de 1917.
9. Tiburón boquiancho (Megachasma pelagios).
       Puede superar los 550 cm.


10. Tiburón duende (Mitsukurina owstoni).
          Puede pasar de los 4 m. El mayor registro conocido se estimó entre 540-617 cm (4).

El mayor ejemplar capturado hasta el momento. Foto tomada de Glenn R. Parsons. Sharks, Skates and Rays of the Gulf of Mexico.

>> Ahora véase LOS TIBURONES MÁS PEQUEÑOS DEL OCÉANO

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(1) ¿El motivo? Pues porque hace trampas: aproximadamente la mitad de su longitud total corresponde a la cola, y eso no puede ser. Véase el post Zorro (Alopias vulpinus).
(2) Véase FAO Species Fact Sheet.
(3) El tema de la longitud máxima que puede alcanzar el tiburón blanco está lleno de controversias, exageraciones y, en ciertos casos, puro engaño, como ocurrió con el famoso ejemplar capturado en Malta en 1987, que en un primer momento fue estimado en más de 7 m, luego en 5 y pico, y posteriormente entre 668-681 cm. El registro que de momento parece más fiable corresponde a los 640 cm del espécimen capturado en Cojimar, aunque existen testimonios relativamente fiables que hablan de ejemplares que superarían ampliamente los 6 metros. El más espectacular es sin duda el aportado por un testigo de excepción, Juan Antonio Moreno.
"Referente a la longitud máxima que puede alcanzar este tiburón, en el año 1982, el Dr. J. A. Moreno tuvo la posibilidad de observar y hacer una medición aproximada (en pies) a una hembra, de una longitud mínima de entre 8 y 9 metros, desembarcada en Dakar (Senegal). Desgraciadamente, el registro de la talla del individuo observado no tiene ninguna validez científica al no haber podido realizar una biometría correcta del animal, debido a la situación azarosa con los propietarios del ejemplar, ni, consecuentemente, haber podido preparar la correspondiente comunicación. Baste decir que, solamente la mandíbula estaba ya vendida por una suma de 1.000 dólares."
Joan Barrull e Isabel Mate (2002). Tiburones del Mediterráneo. Llibrería El Set-ciènces, Arenys de Mar, p. 153.
Otros ejemplares del Mediterráneo y Adriático se han estimado en más de 6 m y medio, como el famoso de Filfa. Véase, por ejemplo, el excelente trabajo de Alessandro De Maddalena et al. (2001). "An analysis of the photographic evidences of the largest great white sharks, Carcharodon carcharias (Linnaeus, 1758), captured in the Mediterranean sea with considerations about the maximum size of the species". Annales, Series Historia Naturalis, 11, 2 (25): 193-206.

(4) Véase el post Tiburón duende (Mitsukurina owstoni).

lunes, 2 de diciembre de 2013

Reproducción VI: Viviparismo placentario

Embrión de tiburón limón (Negaprion brevirostris). Foto: National Geographic.
El viviparismo placentario es el modo reproductivo más avanzado de todos los tiburones. Lo siguen aproximadamente un 10% de todas las especies conocidas: la gran mayoría de los carcharhínidos (fam. Carcharhinidae) como la tintorera (Prionace glauca), el tiburón gris (Carcharhinus plumbeus) y otras especies tan conocidas como el jaquetón cobre (C. brachyurus) o el coralino (C. perezi); igualmente todas las especies de cornudas o tiburones martillo (fam. Sphyrnidae), todos los gáleos (fam. Hemigaleidae), y una parte de las especies de la familia de las musolas (Triakidae), una de ellas presente en nuestras aguas¹.

Este sistema supone un importante avance en términos evolutivos respecto del viviparismo aplacentario u ovoviviparismo. El saco vitelino, que en un primer momento alimenta al embrión, se modifica desarrollando una serie de expansiones con las que se adhiere a la pared del útero para establecer una conexión de carácter placentario en la que se produce un intercambio sanguíneo. Aunque conviene notar que esta placenta que se forma no es igual a la de los mamíferos, su origen embriológico es diferente, dado que los tiburones carecen de amnios y de alantoides².

Útero de una tintorera con sus embriones. Foto de Gonzalo Mucientes tomada de su blog Tiburones del mundo.
El pequeño tallo o conducto que unía el saco al embrión (insertándose, recordemos, en la zona abdominal entre las aletas pectorales) se convierte de esta manera en una especie de cordón umbilical similar al de los mamíferos, que se encargará del transporte directo de nutrientes desde la madre hasta cada uno de sus retoños.


Este cordón, que puede llegar a medir hasta 20 cm, está formado por una arteria, una vena umbilical y un canal vitelino, y puede presentar una superficie lisa o festoneada en función dos sistemas de trasvase de nutrientes: uno hemotrófico y otro histotrófico, respectivamente.
  • Hemotrófico. Cordón liso. Las substancias nutritivas llegan disueltas en el plasma sanguíneo materno exclusivamente a través de la placenta vía cordón. Es el caso de la gran mayoría de los carcharhínidos.
  • Histotrófico. Cordón festoneado. El aporte de nutrientes se produce de dos maneras: a través de la placenta, como en el caso anterior, y absorbidos del líquido intrauterino por las expansiones que festonean el cordón umbilical. Este líquido, también conocido como leche uterina, es rico en agua y sales minerales. Los esfírnidos y los hemigaleidos utilizan este sistema.
Cordón festoneado en un embrión de cornuda (Sphyrna zygaena). Foto de Eve Bunting tomada de la página del Canadian Shark Research Lab.
A diferencia del viviparismo aplacentario, el viviparismo placentario permite llevar adelante con ciertas garantías camadas más numerosas: hasta 42 crías en el tiburón martillo (Sphyrna mokarran), 50 en la cornuda (Sphyrna zygaena) o las 135 hallados en una tintorera (Prionace glauca).

El nacimiento de un tiburón limón (Negaprion brevirostris). Se aprecia el cordón y la estructura modificada del saco vitelino. Foto de Doug Perrine.
Como veis, los tiburones no son peces normales y corrientes. Son más los elementos que de algún modo nos unen que los que nos separan. Tenemos más cosas en común con un marrajo que con una sardina, pongamos por caso³. Y ojo, no es que los tiburones se nos parezcan en esto de la reproducción, sino que en realidad somos nosotros quienes nos parecemos a ellos. El sistema de conexión placentaria lo inventaron los tiburones unos cuantos millones de años antes que los seres humanos. Así que un respeto a nuestros mayores.


>>Para los otros dos modos reproductivos véanse los capítulos Oviparismo y Viviparismo aplacentario.

>>Sobre avistamientos relacionados con la reproducción, véase Sobre la supuesta "plaga" de tintoreras en Galicia y Una cría de tintorera en Corrubedo.


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¹O sea, que vivíparos placentarios en aguas de Galicia sólo tenemos cuatro: la tintorera, el tiburón gris, la cornuda o pez martillo (Sphyrna zygaena) y la musola (Mustelus mustelus).
²El amnios es una membrana interna que envuelve el embrión de mamíferos, aves y reptiles. Su formación es extraembrionaria y está llena de líquido amniótico.
El alantoides es una especie de saco originado en el extremo posterior del intestino del embrión. En un primer momento envuelve el embrión entre el amnios y el corion, y conforme avanza el desarrollo embrionario va disminuyendo de tamaño y alargándose para formar parte del cordón umbilical.
³Y por encima un estudio reciente ha descubierto que el repertorio genético relacionado con procesos metabólicos del tiburón blanco es mucho más parecido al humano que al de los teleósteos. No está mal.