Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

domingo, 8 de febrero de 2015

Los tiburones según Claudio Eliano


Claudio Eliano fue un romano de pura cepa, de los de pedigrí. Nació alrededor del año 175 en Palestrina, una aldea próxima a Roma, y sus sandalias jamás pisaron otro terreno que el de la capital del Imperio. Sin embargo, su vida transcurrió bajo el hechizo permanente del mundo helénico. Sus maestros y referentes fueron siempre los grandes autores griegos, y llevado por un agudo y peculiar sentido de la estética, llegó incluso a escribir sus obras en un griego arcaizante. Más que un romano helenizado, que decía Borges, Eliano fue fue más bien un heleno mal trasplantado.

De natura animalium, también conocido como Historia animalium, Historia de los animales, es un texto sumamente peculiar si lo comparamos con las obras de Aristóteles y de Plinio que ya comentamos aquí. Más que un tratado o un compendio de carácter científico, los 17 libros de que consta constituyen un conjunto desordenado de noticias y relatos de diversa naturaleza y procedencia que tratan de animales. Contiene desde fábulas con intención moralizante hasta las historietas e invenciones más disparatadas y extravagantes (no en vano, esta es una de las fuentes principales de los bestiarios medievales).
La comadreja terrestre. La comadreja de mar
He oído decir que la comadreja fue en otros tiempos mujer; que se llamaba así y era hechicera y bruja; que era muy incontinente, y que padecía un apetito sexual desbordado. [...] Es notorio que es una bestezuela muy indigna, ya que se pone encima de los cadáveres humanos, corretea por ellos si no están protegidos, les arrancan los ojos y se los engullen.
[...] Hay también un pez comadreja. Es pequeño y no tiene nada en común con los llamados perros de mar (galeós), porque estos últimos son cartilaginosos, viven en el mar, alcanzan una gran longitud y se parecen a los perros. Pero podríamos decir que la comadreja de mar vive entre las rocas, se alimenta de algas y, como la terrestre, se come los ojos de todos los cuerpos que encuentra muertos. Los pescadores que practican la brujería siguiendo los métodos de los del Epiro, gente aquélla malvada y experta en malignidad, emplean a esta comadreja marina con la misma intención que usan la terrestre otros hombres. Y como esta clase de peces es carnívora, los que viven de la pesca y que exploran las más profundas simas, ennegrecen sus pies y las palmas de las manos, tratando de oscurecer el brillo que sale de ellos, ya que los miembros de los hombres, como dentro del agua despiden intensos destellos, atraen a estos peces. (XV, 11)
No es difícil imaginar que Plinio, más que Aristóteles, es una de las fuentes que maneja Eliano, pues no le mueve un afán científico, sino estético y, tal vez, filosófico, si es que ambas cosas no venían siendo una y la misma. Su Historia de los animales refleja la visión de una Naturaleza ordenada y bella, cuya lógica es la que rige el comportamiento de los seres que la habitan. Como señala José María Díaz-Regañón, "Una de las preocupaciones principales de Eliano es demostrar que los animales, guiados por un instinto natural, son capaces de sentimientos elevados, más elevados que los del hombre mismo: generosidad, espíritu de sacrificio, amor a la prole, veneración hacia los padres, etc."
Alga mortal
Cuando el estío está en su apogeo, los tiburones y los demás peces en quienes el arrojo es una condición natural se acercan a las playas, y se dirigen derechos a los acantilados por cuyas aguas turbulentas nadan metiéndose por estrechos angostos y profundos. Abandonan las moradas de alta mar y desdeñan, en esta estación, sus comederos habituales, pues entre los profundos arrecifes se cría cierta alga, de un tamaño aproximado al del tamarisco, que produce un fruto parecido al de la adormidera. Durante las otras estaciones del año, el fruto está cerrado y es de suyo resistente y duro como una concha. Pero después del solsticio de verano se abren como capullos en las rosaledas. El estuche circundante protege el interior y discurre a manera de una barrera. Es de color amarillo; pero lo que está debajo de la funda es azul oscuro y fofo como una vejiga llena de aire; es, además, muy traslúcido y fluye de él un veneno activo. Por la noche estas algas emiten un resplandor parecido al fuego y unos a modo de centelleos. Y cuando Sirio aparece en el cielo, la potencia del veneno se acrece aún más. Por esta razón, todos los que se dedican a la pesca le han dado el nombre de pancynium, ya que creen que el surgir de la estrella produce el veneno.
Los tiburones caen sobre la flor que durante la noche parece que arde, precipitándose sobre este tamarisco marino como sobre un tesoro perdido y hallado. Quedan empapados de veneno, parte del cual beben y parte del cual penetra a través de las agallas. Mueren luego y quedan flotando en la superficie. Ahora bien, los expertos en la investigación de estas cosas obtienen este veneno de los susodichos monstruos: parte de él, de los restantes miembros, y parte, de la boca de los mismos. Este veneno sólo es inferior en braveza a la llamada "peonia terrestre" a la cual la gente llama también kynopástos. La razón de este nombre la sabréis si me acuerdo de referirme a él. (XIV, 24)
Mosaico romano de principios del siglo III (La Pineda, Vila-seca).
En ocasiones, las descripciones de carácter, digamos, más "científico" se mezclan con cuentos de pescadores:
Distintas clases de tiburones
Hay tres clases de tiburones. Hay tiburones que son de grandísimo tamaño y figuran en el número de los monstruos más temibles. Los otros tiburones son de dos especies, viven en el cieno y llegan a tener un codo de longitud. Los que tienen manchas en el cuerpo podríamos llamarlos "tiburones galeós", y no erraríamos si llamáramos a los restantes "tiburones espinosos" (centrinos). Los que tienen el cuerpo manchado son finos de piel y de cabeza plana, mientras que los otros, cuya piel es dura y cuya cabeza es buida, se distinguen por la blancura de su piel. La naturaleza les ha provisto de aletas, una en la cresta, por así decirlo, y otra en la cola. Las aletas son duras, resistentes y expelen una especie de veneno. Ambos tiburones pequeños se sacan del fango y del limo, y no me resulta difícil explicar cómo se capturan. A guisa de cebo, los pescadores dejan caer un pez blanco al que han extraído el espinazo. Cuando un tiburón pica el anzuelo, todos los que lo ven se precipitan y siguen al tiburón, que ya ha sido izado, sin detenerse antes de llegar a la barca. Cualquiera podría imaginarse que hacen todo esto movidos de envidia porque creen que el capturado ha birlado, de alguna parte, algo de comida que no quiere compartir. Y ocurre con harta frecuencia que alguno salta a la barca y es capturado por su propia voluntad. (I, 55)
De todos los tiburones, la especie con más presencia en Eliano es el tiburón zorro:
El tiburón zorro
No sólo por su nombre, sino también por su boca, denuncian la naturaleza del pez llamado "tiburón zorro". Sus dientes están implantados en línea ininterrumpida, son numerosos, fuertes y capaces de quebrantar con suma facilidad cuanto llega a su boca. Por esto, cuando cae en el anzuelo, es el único pez que no intenta escapar, sino que forcejea tratando de romper el sedal. Mas los pescadores, a su vez, maquinan sus ardides. Sus anzuelos están provistos de largos mangos de metal. Pero el tiburón (que es un buen saltarín) salta muchas veces por encima de aquéllos, corta la crin que los sujeta y se vuelve nadando hacia los lugares que habita.
Éste, rodeado de un tropel de congéneres, se lanza con ellos al ataque contra los delfines. Y, apartando a uno de éstos y rodeándolo, se precipitan violentamente contra él: pues saben que el cetáceo no es en modo alguno insensible a sus dentelladas. Los tiburones se adhieren a él con toda su fuerza, mas el delfín da un salto y se sumerge, y se advierte que está atormentado por el dolor, ya que los tiburones que se agarran al delfín salen a la superficie con él en cuanto brinca, y el delfín trata de desasirse y separarse de ellos, pero ellos no sueltan su presa, sino que se la comen viva. Después, cada uno se marcha con el bocado que ha podido arrancar del cuerpo de su víctima, y el delfín se aleja a nado, dándose por contento, después de haber dado de comer a su costa a unos comensales —valga la expresión— no invitados. (I, 5)
Seguro que todos sois capaces de interpretar correctamente lo que se esconde tras esta anécdota:
El zorro de mar
Me dirás que el zorro (me refiero al que vive en tierra) es animal astuto. Pues escucha las artimañas del zorro de mar y entérate de todo lo que hace. O se abstiene de acerarse al anzuelo, o bien se lo traga y, al instante, vuelve su cuerpo del revés como se vuelve una camisa y, de esta manera, se desprende del anzuelo. (IX, 12)
Mosaico con peces y pescadores del museo de Trípoli.
De la biología de los tiburones apenas encontramos un par de referencias a su reproducción, totalmente inexactas, por decirlo suavemente, o si lo preferís, ficticias, para el conocimiento que en aquella época ya se tenía gracias sobre todo a las investigaciones de Aristóteles:
El gáleo
El gáleo pare por la boca en el mar y vuelve a introducir a los pequeños en ella para devolverlos al mar, por el mismo conducto, vivos e indemnes. (II, 55)

El cazón hembra protege a su prole
Apenas el cazón hembra ha alumbrado a sus hijos, los tiene nadando a su lado sin pérdida de tiempo. Y si alguno de ellos se asusta, se zambulle de nuevo en el vientre de la madre y, pasado el susto, sale al instante, como si naciese de nuevo. (I, 17)
Uno de los aspectos más importantes de la biología de los tiburones es de orden práctico. Según parece, parir por la boca es señal de impureza para los iniciados en ciertos misterios:
Los iniciados se abstienen de comer ciertos peces
Dicen que los iniciados en los misterios de las dos diosas no se avienen a comer cazón. Pues no es alimento puro, ya que este pez pare por la boca. Mas dicen algunos que no es esto lo que hacen, sino que, cuando las crías temen el ataque de algún enemigo, la madre las esconde tragándoselas y, cuando ya ha pasado el peligro, las vomita vivas. (IX, 65)
Y esto es todo. Hasta aquí llega Eliano y hasta aquí llega este pequeño artículo. Pese a lo dicho (esa falta de "rigor" científico), la Historia de los animales es un libro extraordinario, de esos cuya lectura se disfruta como si fuese un delicioso (y enorme) helado, paladeándolo cucharada tras cucharada, cuento tras cuento. No debemos enfrentarnos a él como si se tratase de un libro de carácter científico, porque no lo es, no es esa su intención, aunque también nos ofrece una parte del saber que en aquel momento circulaba entre las distintas capas de las sociedades del mundo conocido.
Merece la pena.


[NOTA: Todos los fragmentos corresponden a la edición y traducción de Historia de los animales realizada por José María Díaz-Regañón López y publicada en dos volúmenes por la editorial Gredos (Madrid, 1984).]


sábado, 31 de enero de 2015

El misterio del tiburón cocodrilo

Tiburón cocodrilo (Pseudocarcharias kamoharai) capturado en Angola (foto: Santiago Barreiro, Jueguen).

A este no lo tenemos en Galicia, pero no importa. Merece la pena conocerlo; os aseguro que es uno de los tiburones más simpáticos, encantadores y puñeteros que quepa imaginar. Ya veréis.

viernes, 23 de enero de 2015

Bioluminiscencia I: Los fotóforos

Negrito (Etmopterus spinax). Foto: Rudolf Svensen.

La bioluminiscencia es la generación de luz visible de forma natural (aquí no hay pilas) por parte de un organismo vivo. En tierra tenemos el ejemplo de las maravillosas luciérnagas; en el mar, además de los dinoflagelados responsables del mar de ardora, la lista incluye diversas especies de medusas, cefalópodos, crustáceos y teleósteos... y por supuesto, tiburones, y además en un lugar destacado.
Al menos el 10% de todos los tiburones conocidos poseen órganos bioluminiscentes.

miércoles, 14 de enero de 2015

Tiburón anguila en O Grove

Chlamydoselachus anguineus en la lonja de O Grove. Foto: Toño Maño.

"Tengo un Chlamydoselachus en O Grove, voy esta tarde a por él, si quieres venir llámame."
(SMS recibido el pasado viernes 9 a las 11:55)
Y me quedé paralizado, con el móvil en la mano, plantado como un poste en mitad del pasillo del instituto durante unos pocos segundos que parecieron minutos, la mirada fija en la pantalla, impactado por una mezcla de sensaciones difícil de describir: sorpresa, alegría, emoción, nerviosismo, inquietud... Ese condicional "si quieres venir" era del todo innecesario.

sábado, 3 de enero de 2015

Resumen del 2014


Así como quien no quiere la cosa, Tiburones en Galicia ha cumplido ya tres añitos. Se le ve más alto y guapo (yo creo, aunque tal vez esto sea pasión de padre), y gracias al apoyo de cada vez más amigos y lectores, amenaza con seguir creciendo.

Durante el 2014 publicamos un total de 43 artículos, cinco menos que durante el 2013 (difícil seguir ese ritmo), pero uno más que en 2012. Como siempre, la elección de los temas vino dictada por el capricho personal, el azar y la actualidad, suponiendo que no exista algún tipo de nexo entre estos dos últimos... y, bien mirado, también entre los dos primeros. Y por supuesto también por la tradición, aunque claramente condicionada por la actualidad: como hoy, comenzamos el año con un resumen del anterior ("Resumen del 2013"), al mes siguiente recogíamos las estadísticas de ataques de tiburón ocurridos durante el año anterior ("Ataques 2013"), y unos días más tarde resumíamos las cifras oficiales de desembarco de tiburones publicadas por la Autoridad Portuaria de Vigo ("Lonja de Vigo: Estadísticas 2013"), tal como tenemos previsto hacer también en este 2015.

El capricho y el divertimento personal están detrás de un puñado de posts dedicados a analizar un modelo de comportamiento que nunca deja de asombrarnos, los saltos fuera del agua: "El salto del brevipinna", "El salto del ditropis", "El salto del oxyrinchus" y "El salto del vulpinus"; o el puro placer de comentar la extraordinaria e insólita fotografía de un tiburón blanco en el momento de perder uno de sus dientes ("Un diente entre 50 000"). Al comportamiento en sentido estricto dedicamos un solo artículo donde resumíamos las conclusiones de un estudio que demostraba como la  personalidad individual de un tiburón puede llegar a condicionar de algún modo su comportamiento social ("Tiburones con personalidad"). 

Tres artículos tuvieron como protagonistas, no a tres tiburones, sino a tres personas: una de ellas porque nos acababa de dejar ("De cuando Suárez vino a pescar tintoreras"); las otras dos por algún tipo de aniversario: aprovechando el centenario de la creación del Instituto Español de Oceanografía, hablamos de su fundador a través de una pequeña anécdota con un tiburón peregrino y dos infantes de España ("Odón de Buen y un peregrino"); y recordamos al pionero del estudio de los tiburones en nuestro país al cumplirse 10 años de su muerte ("En recuerdo de J. A. Moreno"). La casualidad (o acaso la Historia) quiso que los tres compartiesen un rasgo con el que este país premia a todo aquel súbdito que haya destacado en algo: el olvido, en vida y en la muerte. Curioso, a que si.

Volviendo a los tiburones, no hay duda de que el asunto más importante y urgente es el de la problemática de su conservación y de la gestión de los recursos pesqueros. En este sentido, el 2014 fue, para variar, un revoltijo de contradicciones y de buenas y malas noticias: por un lado, conocimos el acuerdo para crear un fondo de más de 6000 millones de euros destinados a financiar la pesca a gran escala ("Nuevo Fondo Europeo para la Pesca 2014-2020"), y, por otro, la aprobación de medidas de protección por parte de la CMS, la UE y la NEAFC, siempre con un regusto amargo ("Dos buenas noticias y media"). Detrás, el terrible dato de que el 25% de los elasmobranquios del océano se encuentra en grave peligro, según el tremendo informe del Shark Specialist Group de la IUCN ("En peligro la cuarta parte de los tiburones y rayas del mundo"). Las causas ya las sabéis: la sobrepesca y el comercio de aleta, el finning y la contaminación. Sobre esto último, si el presente es de espanto, el futuro no es precisamente esperanzador: la creciente acidificación del océano va a afectar el comportamiento y capacidad olfativa de los tiburones ("Acidificación y supervivencia"). Del finning nos ocupamos en "Finning en Bentota (Sri Lanka)", traducción de un artículo de Marco Ferrarese publicado en Roads & Kingdoms.
Por lo que respecta al tema de la estadística y el cálculo poblacional, parece que en algunos casos los científicos no se ponen de acuerdo. Nos hemos encontrado  con un curioso trabajo que multiplicaba por 10 el cómputo de tiburones blancos realizado tan solo 3 años antes, en 2011 ("200 o 2000 tiburones blancos en California").

Tintorera (Prionace glauca). Foto: Isaías Cruz.
Este año publicamos ocho monográficos sobre las especies presentes en aguas de Galicia, y ya solo nos quedan 20 para completar la lista [véase Tiburones de Galicia]. Por orden de aparición:
  • Visera áspera (Deania hystricosa).
  • Pailona (Centroscymnus coelolepis).
  • Olayo (Galeus melastomus).
  • Jaquetón de Milberto (Carcharhinus plumbeus).
  • Zorro negro (Alopias superciliosus).
  • Pejegato narizón (Apristurus melanoasper).
  • Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus).
  • Tollo raspa (Etmopterus princeps).
Se da la casualidad que dos de ellos ocupan el primer y segundo puesto en la clasificación de tiburones que viven a mayor profundidad: hasta 4500 m el tollo raspa y casi 3700 m la pailona.

Hemos añadido tres artículos al apartado de claves de identificación, uno dedicado a los marrajos ("Claves de la familia Lamnidae (marrajos)"), otro a las cornudas o tiburones martillo ("Cabezas de martillo (fam. Sphyrnidae)") y el tercero a los zorros marinos ("Colas de zorro (fam. Alopiidae)"). Y también hablamos de un grupo de pequeños tiburones de fondo tan fascinantes como difíciles de identificar, los pejegatos ("Apristurus en Galicia"), aprovechando la reciente publicación de un trabajo sobre la presencia de tres especies en nuestras aguas.

Si de taxonomía hablamos mucho, de cuestiones relacionadas con la biología este año nos hemos quedado un poco cortos. Empezamos la serie dedicada al sistema sensorial ("Los sentidos I: El cerebro" y "Los sentidos II: Olfato y gusto"), que esperamos terminar a lo largo de este 2015, y recogimos las sorprendentes conclusiones de un trabajo sobre la biología reproductiva del tiburón blanco, que concluía que estos animales podían llegar a vivir más de 70 años ("Edad y tasa de crecimiento del tiburón blanco"). Relacionado con lo anterior, también hablamos del extraordinario caso de un ectoparásito aficionado a ciertas especies de aguas profundas ("Anelasma, el percebe parásito") y de qué manera es capaz de mermar su capacidad reproductiva.

El conocimiento y actitud de los hombres hacia los tiburones a lo largo de la Historia es importante, no solo en si mismo, sino para comprender los problemas del presente y evaluar con más exactitud su situación actual. De ahí que demos tanta importancia al apartado de Archivo y Documentación. Este año nos hemos ido directamente a las fuentes, empezando nada menos que por el padre de las Ciencias de la Naturaleza, Aristóteles ("Los tiburones según Aristóteles (I)", "Los tiburones según Aristóteles (II)"), y siguiendo con Plinio el Viejo ("Los tiburones según Plinio"). Acercándonos ya a nuestros días, recogimos un pequeño reportaje publicado a principios del siglo pasado en una revista ilustrada nacional en el que podemos comprobar con qué ecuanimidad se habla de estos animales ("La vida de los tiburones (1905)"), aun siendo conscientes de su peligrosidad y, en consecuencia, de la conveniencia de idear artilugios con que defenderse de ellos cuando se está bajo el agua ("La espada antitiburones"). En "Vieja noticia sobre un nuevo tiburón duende", publicamos un delicioso artículo de 1910 que daba cuenta del descubrimiento de lo que se creía una nueva especie de tiburón duende, el Scapanorhynchus jordani. Sobre la presencia de tiburones en Galicia, en "Un ataque, una persecución y una pesca" reproducimos tres protestas de mar de principios del XIX que hablan, justamente, de un ataque, de un tiburón que va detrás de un buque y de la pesca de mielga en Pontevedra. Los tres textos pertenecen a la colección Blanco-Cicerón y fueron amablemente cedidos por Jorge Cicerón.

Por último, para completar el año, dos artículos que no terminan de encajar en ninguno de los apartados anteriores. El primero habla de como era la Tierra (y los tiburones) en el Carbonífero, hace 350 millones de años ("Una cápsula-huevo del Carbonífero y una guardería"). El segundo se refiere al presente más actual y puntual, se titula "Una cría de tintorera en Corrubedo", y trata pues de eso, de una cría de tintorera que fotografié en agosto de 2014 en una playa de Corrubedo. Sorprendentemente, ha sido el artículo más visto y exitoso de todos cuantos he publicado hasta el momento: en pocas semanas se metió el noveno puesto de Entradas más populares (ahora mismo lleva más de 2500 vistas).

Pero lo más extraordinario y reconfortante de todo es que hemos superado con creces las 200 000 visitas. Cada vez sois más los que os pasáis por aquí, os suscribís al canal de Youtube, e incluso os animáis a participar (tenemos más de 800 seguidores en Facebook y 69 en Google +).

Así pues, muchísimas gracias por vuestro apoyo y confianza. Y que el 2015 nos sea propicio y venga cargado de cosas buenas y bellas.

Marrajo (Isurus oxyrinchus). Foto: Antón Parada.

AGRADECIMIENTOS: Como viene siendo tradicional, no puedo cerrar este resumen sin siquiera una breve nota de agradecimiento a todas aquellas personas y grupos que desinteresadamente han ayudado a que este blog sea mejor y de más calidad. Agradecer las fotos cedidas por la CEMMA, la SGHN (y Juan Ignacio), Tucho Parada, Jacobo Alonso, Pedro Niny Duarte, George T. Probst, Matt Wallace, Alex Mustard, Antonio Punzón, Joe Romeiro, Remo Sabatini, Juan Gabriel Mata, Gorka Ocio, José Torre Busto y José Luis Rodríguez Muñiz, y los que me dejo; las fotos, información y aliento del maestro Rafael Bañón y de Gonzalo Mucientes, dos grandes; mi agradecimiento también a Jorge Cicerón por la transcripción y envío de los tres textos de la Colección Blanco-Cicerón, y a Nathan Thornburgh, editor de la revista Roads & Kingdoms y a Marco Ferrarese, el autor, por su autorización para la traducción y publicación del artículo "Bloothbath at the Bentota Fish Market" y de algunas de las fotografías de Kit Yeng Chan que lo acompañan.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Tollo raspa (Etmopterus princeps)

Etmopterus princeps. Foto: Antonio Punzón, IEO Santander.

Tollo raspa

Etmopterus princeps Collet, 1904

(es. Tollo raspa, tollo lucero raspa, melgacho grande, quelmín; ingl. Great Lantern Shark; port. Lixinha da fundura.)

Orden: Squaliformes
Familia: Etmopteridae


Como su nombre indica, el tollo raspa o Etmopterus princeps es el más grande de todos los etmoptéridos, también conocidos como tiburones linterna porque su piel contiene células bioluminiscentes los fotóforos, capaces de generar una luz en la negritud del mar profundo. Junto con el negrito (Etmopterus spinax) y el tollo lucero (Etmopterus pusillus), conforma la triada de tiburones luminosos del mar de Galicia.
Otra característica que lo convierte en un bicho realmente singular es que el E. princeps es quien ostenta el récord de profundidad de todos los tiburones, con casi 4500 m, seguido a corta distancia de la pailona (Centroscymnus coelolepis), a la que ya dedicamos un más que merecido artículo.
El tollo raspa es un tiburón bastante poco conocido y en no pocas ocasiones no demasiado fácil de identificar a simple vista. Aun así, vale la pena intentarlo.

Descripción: Cuerpo grueso y alargado, terminado en una cabeza ancha con un morro corto, romo y plano, no cónico. Ojos grandes y alargados. Boca transversa y casi recta. Las aberturas branquiales son relativamente largas, aproximadamente la mitad de la longitud del ojo. Los dentículos dérmicos laterales están espaciados, no formando filas, y presentan una cresta corta, gruesa y ganchuda que da a la piel un tacto bastante áspero.
Dos dorsales con fuertes espinas asurcadas; la de la primera dorsal es más baja que la aleta; la espina de la segunda es tan alta o más que su aleta, e inclinada hacia atrás sobre todo en los adultos. La segunda dorsal es claramente más grande que la primera, aunque no llega a doblarla en superficie. La primera dorsal se origina detrás del ápice libre de las pectorales; la segunda, cerca de la axila pélvica. Pectorales bastante pequeñas y redondeadas. La distancia entre las aletas pectorales y las pélvicas es claramente mayor que la longitud de la cabeza (1,4 veces). Caudal ancha y moderadamente larga, aproximadamente tan larga como la cabeza. Al igual que todos los etmoptéridos, el pedúnculo caudal carece de quillas laterales y muescas precaudales; y como todos los escualiformes, no tiene aleta anal.
Dentículos dérmicos fuertes y espaciados. Fuente: Ebert & Stehmann, FAO 2013.
A diferencia del E. spinax, la librea el princeps es uniforme, de un gris oscuro a negruzco, sin las típicas manchas o franjas oscuras repletas de células bioluminiscentes.

Dentición: Dientes diferentes en ambas mandíbulas. Los de la superior están espaciados, presentan una cúspide alta y dos o más pares de cuspidillas secundarias, y están dispuestos en dos o tres hileras funcionales. Los dientes inferiores, en cambio, son más anchos y constan de una única cúspide bastante abatida; sus bases están imbricadas formando una única hilera funcional, a la manera de una hoja dentada. La mandíbula superior contiene entre 29-32 filas de dientes, y la inferior, 40-50. Sin sinfisarios.
Fuente: The Shark Trust.
Talla: La talla máxima registrada hasta ahora corresponde a una hembra de 94 cm capturada durante un muestreo realizado en 2004 en las Azores y la zona de fractura de Charlie Gibbs, un área de la dorsal mesoatlántica situada aproximadamente a la altura de la costa meridional de Irlanda (véase el trabajo de Cotton et al. 2014 citado en la nota 2). Los machos alcanzan la madurez en torno a 57,3 cm y las hembras, hacia los 62,2 cm, si bien se han detectado ligeras variaciones geográficas¹. Al nacer miden entre 12-17,5 cm.

Ejemplar de 385 mm capturado en las Azores, en el sitio hidrotermal Lucky Strike. Foto: Pedro Niny Duarte (c)ImagDOP. 
Reproducción: Poco conocida. La mayoría de los datos disponibles parecen provisionales. En principio es una especie vivípara aplacentaria (ovovivípara) con saco vitelino, y un promedio de 10 crías por camada. Parece haber dos temporadas de máxima actividad reproductiva a lo largo del año: en junio y julio, y en octubre, según recogen Ebert & Stehmann (2013). Existe segregación por sexo y grado de madurez.
Sin embargo, las conclusiones de un reciente trabajo parecen evidenciar la existencia de matrotrofismo en el desarrollo embrionario², si bien queda por delimitar claramente su extensión. Es decir, que no estaríamos ante una especie lecitotrófica absoluta. En los ejemplares estudiados, la fecundidad media fue de 11 embriones (en un espectro de 7 a 18). Finalmente, los autores tampoco observaron indicios de estacionalidad en el apareamiento.

Dieta: A base de pequeños teleósteos como peces linterna (fam. Myctophidae), cefalópodos y crustáceos. La alta proporción de teleósteos, sobre todo mictófidos, en los contenidos estomacales parece apuntar a que el E. princeps se alimenta lejos del fondo, posiblemente en aguas intermedias.

Hábitat y distribución: Especie demersal del talud continental e insular preferentemente entre los 350-2213 m (entre 800-1000 en el Atlántico norte), aunque en el Atlántico NE ha sido encontrado en la base del glacis continental, entre los 3750-4500 m.
En aguas de Islandia, al menos, parece que existe segregación por tallas y profundidad: los individuos más grandes son más abundantes por encima de los 600 m; a medida que descendemos, las tallas medias se van reduciendo.

Elaboración propia a partir de Ebert & Stehman 2013, Ebert et al. 2013, y otros.³
Parece tratarse de una especie fundamentalmente atlántica. Atlántico NW: desde las costas canadienses de Nueva Escocia hasta New Jersey. Atlántico NE: desde el estrecho de Dinamarca, que separa Groenlandia de Islandia, hacia el sur: islas Feroe, Noruega, Escocia, Irlanda, costa sur de Inglaterra, golfo de Vizcaya, España, Portugal, Azores, Madeira, Canarias, Sahara, Mauritania, Cabo Verde, posiblemente hasta Sierra Leona.
Existen algunos registros sin confirmar en el Pacífico occidental, pero podría tratarse de confusiones con el melgacho de Nueva Zelanda (Etmopterus baxteri) o el melgacho pardo (Etmopterus unicolor).

Foto: Irish Elasmobranch Group.
Pesca y conservación: Carece de interés pesquero, por el escaso valor de su carne y el reducido tamaño de su hígado (demasiado pequeño para que resulte económico procesarlo para extraer su aceite). Es una captura accidental del arrastre y de otras artes de profundidad, que por lo general acaba siendo devuelto al mar, aunque la mortalidad es muy alta debido al mal estado en el que llegan a bordo.
En 2008 se descargaron aproximadamente unas 20 toneladas, pero tal vez la realidad sea más preocupante, teniendo en cuenta que la especie puede estar siendo sometida a una presión pesquera fortísima a causa del importante empuje de las pesquerías de aguas profundas.
De momento figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Datos incompletos, si bien se advierte que pudiera considerarse como "Casi amenazada" debido a una más que probable disminución en sus poblaciones causada por el avance de estas pesquerías. Y al igual que muchas otras especies de profundidad, hacen falta datos sobre su biología, ecología, un historial de capturas, para justificarlo.
La monitorización de la pesca de profundidad es prioritaria.


[Mi agradecimiento Pedro Niny Duarte y a Antonio Punzón, del IEO de Santander por la cesión de sus fotografías, y, como siempre, al maestro Rafael Bañón, por estar ahí en todo momento.]
_________________________
¹Así por ejemplo, en las Azores la talla de madurez que se ha recogido es de 56,5 cm para los machos y de 61 cm para las hembras, mientras que en la zona de Charlie Gibbs es de 54 cm y 69 cm, respectivamente. En aguas canarias, la tallas recogidas son de 55 cm para los machos y 60 para las hembras.
²Si la embriogénesis de las especies lecitotróficas requiere un consumo de materia orgánica superior al 20%, en los embriones de E. princeps el porcentaje observado fue del 7,7%. Por otro lado, también se descubrió que las vellosidades uterinas incrementaban su longitud y grosor y se volvían gradualmente más vascularizadas a medida que avanzaba la gestación. Véase Charles F. Cotton, R. Dean Grubbs, Jan E. Dyb, Inge Fossen, John A. Musick (2014). "Reproduction and embryonic development in two species of squaliform sharks, Centrophorus granulosus and Etmopterus princeps: Evidence of matrotrophy?". Deep Sea Research Part II: Topical Studies in Oceanography, doi:10.1016/j.dsr2.2014.10.009.
³David A. Ebert & Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma; Ebert & Stehmann op. cit.; David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth; Mafalda Freitas & Manuel Biscoito (2007). "Four chondrithyes new for the archipelago of Madeira and adjacent seamounts (NE Atlantic Ocean)". Bocagiana. Museu Municipal do Funchal (História Natural), No. 221, 31-XII-07; Gui M. Menezes, O. Tariche, Mário R. Pinho, Pedro N. Duarte, Ana Fernandes & Maria A. Aboim (2004). "Annotated list of fishes caught by the R/V Arquipélago off the Cape Verde archipelago." Life and Marine Sciences 21A:57-71

martes, 9 de diciembre de 2014

Finning en Bentota (Sri Lanka)

Lo que sigue es un artículo publicado hace pocos días en la excelente revista digital Roads & Kingdoms. Básicamente consiste en el relato del inesperado encuentro —más bien encontronazo— del autor, Marco Ferrarese, con la sangrienta realidad del tráfico de aleta durante una visita a la lonja de Bentota, en la costa suroccidental de Sri Lanka. Ciertamente, lo que cuenta no es nada nuevo para quienes estamos al tanto de la problemática del finning y la pesca de tiburones en las regiones más pobres del planeta. Es tan solo una anécdota más. Pero me gustó como describe la experiencia, y también el modo como retrata la sorprendente y fría crueldad de la miseria conviviendo, sin mezclarse, con el lujo y la ostentación occidental; por eso pensé que valía la pena hacer el esfuerzo de traducirlo. 

Quiero agradecer a Natham Thornburgh, editor de la revista, y al propio autor, Marco Ferrarese, su amable autorización para la publicación tanto del texto completo como de algunas de las impresionantes fotografías de Kit Yeng Chan, que recomiendo veáis en su formato original en la página de la revista. Al final del texto he añadido un pequeño mapa de Google con la ubicación de Bentota y de las zonas del Índico que se mencionan en el artículo.


Foto: Kit Yeng Chan

BAÑO DE SANGRE EN LA LONJA DE BENTOTA
por Marco Ferrarese 

Es una masacre a cielo abierto. El brillo de montones de cuerpos mutilados se extiende desde donde estoy hasta el muelle. El hedor es inimaginable, como si unos dedos enguantados embadurnados en pasta de pescado podrido se me estuviesen metiendo por los agujeros de la nariz. Pero no es solo el olor lo que me revuelve el estómago. Son los cuchillos. Manejados por manos expertas, cercenan las aletas, la parte más valiosa, dejando tremendas heridas incruentas en la lustrosa piel de la criatura.
Estando en este lugar, con pequeños riachuelos de sangre y agua pasando entre mis pies, casi me olvido de que en esta costa existe una idílica franja de arena ocre llamada playa de Bentota. Situada cuarenta millas al sur de Colombo, capital de Sri Lanka, en una parada del camino hacia Galle, la encantadora ciudad amurallada patrimonio de la humanidad, Bentota es uno de los complejos turísticos más famosos del país. Una hilera de hoteles de cinco estrellas se alza sobre las olas oscuras del inquieto océano Índico, y lo que queda de un palmeral otrora frondoso separa las piscinas y terrazas al aire libre de la arena de la playa.
Pero un oscuro secreto se esconde más allá de las tumbonas y el protector solar, algo que acecha entre las sombras de los mercados locales que abastecen de pescado fresco a los buffets que se sirven a diario en los ostentosos hoteles. Este lado oscuro es algo que nunca verán los turistas rusos e internacionales cuyos cuerpos descansan y enrojecen sobre una tumbona mientras sus retoños corretean por la playa.

De hecho, esta parte de Sri Lanka ha sido siempre un refugio seguro, incluso durante la guerra civil que tuvo lugar en el norte del país entre 1983 y 2009. Impulsada por el turismo, Bentota prosperó junto con la costa sur, dando empleo a mucha gente necesitada de la zona.

Saman, de poco más de treinta años y padre de dos hijos, es uno de ellos. Trabaja atendiendo uno de los bares del complejo turístico, vestido con un impecable chaleco de terciopelo rojo y una camisa blanca de manga larga.

"Bienvenido a Sri Lanka", dice con una amplia sonrisa. Saman vive en Aluthgama, unas pocas millas al norte de Bentota. Trabaja en el complejo turístico para mantener a su mujer y a sus dos hijos, pero su corazón está en otra parte. En efecto, durante la temporada baja dirige las actividades locales de la ONG suizo-italiana Helianto colaborando en el desarrollo de las escuelas infantiles de su distrito. En su tiempo libre también conduce el motocarro de la ONG llevando y trayendo entre Bentota y Aluthgama a los residentes del lugar.
Estoy de visita en representación de Helianto y me alojo en casa de Saman. Una mañana nos propone visitar el mercado y comprar pescado fresco para el almuerzo. "Mi mujer lo cocinará para vosotros". "Como sois tan curiosos, seguro que os encantará visitar nuestro mercado. No es fácil entrar allí por vuestra cuenta."
Nos apretujamos en su pequeño motocarro y cubrimos el breve trayecto hasta el mercado. Saman tiene razón: la entrada está protegida por una valla. Se acerca a un viejo gruñón que está sentado detrás de una ventana de cristal. Las piruetas del staccato del singalés, el idioma nacional, se detienen en torno a nosotros cada vez que Saman se vuelve para señalarnos a mi y a mi prometida malaya, la extraña pareja del mercado. Al poco rato el malhumorado guarda sale al sofocante sol del mediodía. Alarga la mano para sujetar una barra y tira de una cadena, franqueándonos el acceso al recinto.

Al otro lado de la entrada, una fila de puestos de madera bulle de manos que cambian rupias por paquetes de papel que contienen peces de todas las formas y tamaños.
Venid, vamos a elegir nuestro almuerzo dice Saman, conduciéndonos a través de la masa de gente e inspeccionando el pescado expuesto.
Foto: Kit Yeng Chan
Algo llama mi atención en un extremo del mercado. En aquel punto, la explanada de hormigón desemboca en un callejón sin salida no muy visible que discurre entre el mar y una fila de almacenes.
¿Qué es ese lugar, Saman? pregunto. 
Los muelles —responde, su voz parece un poco preocupada. Ahora será mejor que nos vayamos, mi mujer nos está esperando para ponerse a cocinar.
Pero me siento atraído hacia la línea de viejos bumboats amarrados y hacia la gente que está descargando los tanques que hay en sus cubiertas y subiéndolos a los camiones. Se mueven en torno a un conjunto de objetos alargados y oscuros que no soy capaz de distinguir por la gente que está limpiando con mangueras el suelo a su alrededor. Parecen proyectiles blandos e inservibles.
Según me voy acercando, el olor se hace casi insoportable. A la altura del primer bumboat, el pavimento es una masa resbaladiza. Un tipo descalzo lo está baldeando con una manguera, lavando rojos charcos de sangre. Finalmente me doy cuenta de que el suelo está cubierto de tiburones. Están varados sobre el pavimento como barcas de juguete de color negro brillante que se hubiesen quedado sin pilas, con sus cabezas secas y arrugadas. Entiendo por qué. De su piel se desprenden granos de sal cuando los sacan por una una escotilla de la cubierta. Dentro del barco los tiburones se conservan en sal.
Arrojados sobre el hormigón del muelle, todavía les esperan más tormentos post mortem. Descalzo sobre una una espesa capa de limo, sangre y vísceras, un hombre sostiene un machete con su mano derecha mientras con la otra se sujeta el nudo frontal de su sarong. Se acerca a la creciente hilera de tiburones, se inclina con naturalidad, y corta las aletas con rápidas sacudidas de la hoja. Los apéndices arrancados se echan mecánicamente a un montón.
Saman me agarra del codo derecho mientras observo horrorizado.

No deberíais estar aquí... Se lo prometí al guarda.
¿Esto qué es? pregunto.

Saman explica que los bumboats recorren el océano Índico hasta el golfo de Bengala y el mar de Andamán. Esos hombres dejan a sus familias para vivir en el mar durante meses, pescando tiburones y otros peces exóticos y caros. No lejos de donde estoy, dos mantas gigantes yacen boca arriba con sus cajas torácicas al descubierto.

Por supuesto, lo más valioso son las aletas de tiburón dice Saman. Se venden a China, Taiwan, Korea, Japón... A los chinos especialmente les encantan. Es un muy buen negocio para la gente de Sri Lanka.
Sri Lanka ocupa el puesto número 14 en el grupo de los 20 países responsables del 80% de la masacre mundial de tiburones. Naciones como Indonesia, España, India y Taiwan representan un 35 por ciento, mientras que la contribución individual de Sri Lanka ronda tan solo el 2,4%. Pero considerando el pequeño tamaño de la isla y su diminuta flota pesquera, la cifra es sin embargo muy considerable. Para colmo, aparte de jaquetones sedosos, más comunes, los pescadores de Sri Lanka regularmente capturan los amenazados tiburones zorro, pese a una prohibición gubernamental.

El problema, explica Saman, es que el resto del tiburón apenas se utiliza. La mayor parte de los cuerpos se echan a los perros o se devuelven a los bumboats y se tiran al mar.
Un joven con un gorro Rastafari y pelo con rastas cortas se da cuenta de nuestra presencia y señala en nuestra dirección. Inmediatamente todas las miradas se posan en nosotros. Doy un paso atrás, preparándome para escapar, pero entonces los trabajadores sonríen. Empiezan a posar para las fotos mientras levantan los tiburones y los cuelgan de una balanza para impresionarnos a los intrusos. Aquellos hombres proporcionan la médula a la columna vertebral del mercado internacional de aleta de tiburón. Esta no es más que una de las cosas necesarias que los hombres menos afortunados de Sri Lanka deben hacer para sostener a sus familias.

Mi mujer está esperando —dice Saman tirándome del brazo. Puedo ver que está incómodo. Vámonos ya, por favor.

Sigo a Saman de vuelta al mercado y a su menos exótica selección de pescado, cruzando por delante del montón de aletas cortadas. Al subir al motocarro, pienso que los aficionados a la aleta de tiburón deberían pasarse por aquí en persona antes de sorber una taza de su placer prohibido, para que viesen por si mismos el origen de la masacre.

Roads & Kingdoms
[Fotos: Kit Yeng Chan]

Fuente: Google Maps.