Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

lunes, 25 de junio de 2012

La caza del tiburón peregrino

Embarcación noruega tradicional dedicada a la captura de peregrino. La franja negra de la cofa indica que también está autorizada para cazar ballenas.
Hace pocos días, cuando estaba a punto de terminar la segunda parte del largo pero merecido post sobre el peregrino, di por casualidad con una página noruega donde aparecía un pequeño reportaje sobre su pesca (1). Las imágenes que lo ilustraban me parecieron extraordinariamente elocuentes, pura historia, y pensé que venían que ni pintadas para completar todo el trabajo hecho (además, justamente Noruega fue el país con mayor número de capturas de toda Europa). De ahí este pequeño post, al que me hubiera gustado añadir algún tipo de información sobre la pesca del peregrino en Galicia, pero en una rápida mirada no he encontrado nada excepto esta breve referencia sacada del Blog de la SGHN de Ferrol (2):
Cazado con arpóns, especialmente deseñados para este animal e dos que quedan algúns exemplos en zonas como Bares.
Es más que probable que aquí también se capurasen peregrinos, como hicieron los portugueses hasta hace relativamente pocos años (3), teniendo en cuenta, además, que contábamos con una industria ballenera. Cuando tenga más datos, aquí los encontraréis.

La pesca del Cetorhinus maximus tiene una larga historia que se remonta hasta los siglos XVI y XVII, sobre todo en países como Gran Bretaña y Noruega. El método era similar al utilizado para cazar ballenas, totalmente artesanal y de ámbito costero: el arpón, lanzado a mano desde pequeñas lanchas sin cubierta procedentes de la cercana costa. Era un oficio duro y peligroso porque las sacudidas del animal podían destrozar embarcaciones, volcarlas, e incluso arrastrarlas hacia el fondo cuando se trataba de un ejemplar de gran tamaño. Pero el riesgo valía la pena: la carne, seca y salada, se aprovechaba para consumo humano; aunque sin duda la parte más importante del animal era su enorme hígado (puede representar hasta el 25% del peso total), extraordinariamente rico en aceites con infinidad de aplicaciones: combustible para lámparas, grasa, tratamiento del cuero, fabricación de pinturas, elaboración de diversos bálsamos y ungüentos, etc. De un solo hígado podían llegar a extraerse hasta 400 litros de aceite.

Barcos noruegos en el puerto danés de Skagen en 1971. Ese año fue especialmente bueno: bancos enormes aparecieron en el mar del Norte y en el estrecho de Skarregak, el que separa Noruega de la península de Jutlandia (Dinamarca).
Ya en el siglo XX, durante el periodo de entreguerras los noruegos dotaron a sus embarcaciones de motor y de cubierta, con lo cual su radio de acción pudo extenderse a mar abierto. Y para mejorar su eficacia y rendimiento le añadieron el cañón arponero. A mediados de siglo se disparó la demanda industrial del aceite de hígado, y con ella la definitiva expansión de la flota tradicional que se dedicaba a su captura (y no tan tradicional: muchos balleneros también empezaron cazar peregrinos), así como del número de países que se unieron a la fiesta. Se utilizaba el arpón, pero también las redes. Entre 1946-1986 las flotas noruega, escocesa e irlandesa acabaron con 77.204 tiburones, de los que sólo se aprovechaba el hígado y las aletas, que eran enviadas a Japón. El resto normalmente se desechaba.

Las capturas de la flota noruega alcanzaron dos picos importantes: en 1970, con 18.700 toneladas, y en 1975, con 18.352. A partir de ahí sufrieron un drástico y continuado descenso. En 1992 se recuperaron ligeramente hasta alcanzar las 3.658 toneladas; y en 1995 y 1996 cayeron hasta las 108 y 413 t, respectivamente. Entre 1989 y 1997 se descargaron aproximadamente 28.526 ejemplares. En 1999, el total de capturas globales registradas fue de 210 toneladas, siendo Nueva Zelanda, con 129 toneladas, y Noruega, con 77, los países con cifras más altas. (4)

La caza del tiburón peregrino solía desarrollarse de esta manera:

El barco se aproxima lentamente a un grupo de tiburones (en el centro abajo puede verse la punta del arpón en la proa). El peregrino es un animal pacífico y confiado, y tolera la proximidad de quienes van a convertirse en sus verdugos.

Demasiado cerca. Muchas veces hay que esperar a que el tiburón se sitúe en la posición y distancia adecuada para evitar daños al barco. Cinco metros serán suficientes.

El arponero apunta, dispara y acierta. El arpón se hunde en lomo de la víctima, que instintivamente se sumerge de inmediato.

La pelea es dura. El barco se zarandea con las sacudidas del animal cuando empiezan a virar para traerlo a superficie.

 El fin está cerca. Los golpes que el tiburón asesta con su poderosa cola son cada vez más débiles, pero siguen siendo peligrosos. En cubierta, un marinero espera a que asome la cabeza para darle el tiro de gracia.

Game over.

Se cortan las aletas y se extrae el hígado. El resto... se devuelve al mar.

A finales de los 80 bajó el precio del aceite de hígado y se produjo un importante descenso de la demanda. Todo ello, unido la escasez de capturas y al envejecimiento de la flota, supusieron el fin de esta pesquería, que recibió el tiro de gracia en 2006 con la aprobación de una normativa a nivel europeo que prohibía definitivamente la captura de peregrinos en aguas comunitarias.

Sin embargo, la antigua demanda de aceite ha sido sustituida por la infinitamente más poderosa y destructiva demanda de aleta por parte del boyante mercado chino para la elaboración de la famosa sopa, signo de lujo y distinción en los banquetes de una sociedad cada vez con mayor poder adquisitivo (y recordemos, una vez más, que la aleta en sí misma no sabe a nada, no aporta sabor alguno a la sopa, tan sólo una textura que puede lograrse por medio de otros productos; dicho de otro modo: el tiburón peregrino -así como la mayoría de las demás especies de tiburón- está al borde de la extinción a causa de un estúpido CAPRICHO de nuevos ricos).
El crecimiento de esta demanda parece no tener fin. De un solo ejemplar de tiburón peregrino se pueden sacar 90 kg de aleta; el kilo de aleta seca puede superar los $700... ¿Conclusión?


________________________
(1) Fiskeri.no. Las fotografías fueron tomadas por Lorenz Rolfnes a bordo de su barco Vita en los años '70.
(2) Ver Blog da SGHN-Ferrol.
(3) Las cifras oficiales de Portugal indican capturas de una tonelada por año en 1987, 1994, 1995 y 1996.
(4) Ésta y todas las anteriores son cifras oficiales de la FAO: FAO Fisheries & Agriculture Department.

_____________

miércoles, 20 de junio de 2012

Peregrino (Cetorhinus maximus) - Segunda parte

Foto: Nick Caloyianis (National Geographic)
El peregrino no es un tiburón esquivo. No parece rechazar la proximidad de las personas, ni en superficie ni bajo el agua, excepto cuando se ve acorralado o molestado. Bien al contrario, en ocasiones su curiosidad le empuja a convertirse él mismo en un audaz observador, que no duda en aproximarse a un kayak o a un buceador y dar un par de vueltas a su alrededor para estudiarlos con detenimiento, incluso seguirlos durante un trecho, antes de regresar a sus asuntos, infinitamente más interesantes. En primavera y verano, se les puede ver nadando pachorrones o retozando plácida y perezosamente cerca de la superficie, a veces panza arriba, en aquellos lugares donde suelen concentrarse, como en el extremo suroeste de Inglaterra y en el mar de Irlanda. Por eso en inglés se conoce como basking shark (el verbo bask significa 'tomar el sol, solazarse o disfrutar de algo') o sun fish ('pez del sol'). Sin embargo, paradójicamente, sabemos muy poco sobre el comportamiento y estructura social de este pacífico gigantón.

Peregrinos en el Golfo de Maine
Los peregrinos aparecen en solitario, en parejas, en tríos o formando cardúmenes que en ocasiones pueden llegar a superar los 500 individuos, aunque por desgracia esto aquí no pasa: en aguas de Galicia la inmensa mayoría de avistamientos, por no decir todos, han sido de ejemplares aislados. Pero en fin, dentro de lo malo, consolémonos con el hecho de que a un par de horas escasas de avión, y con un poco de suerte, si la temporada es propicia quizá tengamos la oportunidad de ver unos cuantos (y ya de paso aprender inglés formando parte de alguno de los retenes de voluntarios que se despliegan en determinados puntos estratégicos de la costa para el registro de avistamientos una excusa como cualquier otra para huir de este país). Porque, en efecto, ha habido temporadas flojas, con un número discreto de registros; pero otras, en cambio, han resultado sencillamente espectaculares.
A mediados de mayo de 1998 un grupo de más de 500 individuos apareció en punta Lizard, el extremo más meridional de Inglaterra. Dicen que el banco era tan denso que los pesqueros pusieron rumbo a puerto ante el peligro de sufrir daños por una colisión. Casi diez años antes, en junio de 1989, durante unos días de calor y tiempo apacible, tres inmensos bancos se congregaron en las cercanías de la isla de Man. Ocupaban un área de más de 15 km y su séquito estaba compuesto por "millones de medusas", un zorro (Alopias vulpinus) y un grupo de cazones (Galeorhinus galeus). Un cardumen de más de 50 individuos incluso entró en el puerto de Peel llegando a pocos metros de la orilla. Había tiburones de ambos sexos y de diferentes tallas: los pescadores calcularon que las hembras medían entre 6 y 7,5 m; un ejemplar pasó al lado de un queche de 12 m, y sus tripulantes pudieron comprobar que barco y tiburón eran más o menos del mismo tamaño. La mayor parte de los peregrinos nadaba lentamente, alimentándose de vez en cuando cerraban con parsimonia sus enormes bocas, claramente visibles bajo la superficie; algunos pegaban saltos fuera del agua; otros formaban pequeños grupos que nadaban en círculos, uno detrás del otro; un enorme ejemplar de unos 11 m, posiblemente una hembra, era seguido por tres tiburones más pequeños que, por turnos, se ponían a su lado y, juntos, giraban sobre si mismos (1).

¿La monstruosa serpiente marina de las leyendas?
Comportamiento social: Estas y otras muchas observaciones y testimonios han permitido identificar ciertas pautas de comportamiento social, así como una suerte de elementos gestuales significativos, es decir, con finalidad comunicativa. Pero ¿hasta qué punto es así? ¿Hasta qué punto todo ello conforma algún tipo de "lenguaje", dicho sea con todas las comillas que merece un asunto tan delicado? De momento es difícil saberlo. Hay numerosos estudios en marcha basados tanto en la observación directa de comportamiento grupal, como en el marcado y seguimiento de individuos, etc., de manera quizá no tardaremos en obtener algún dato más. De momento, la única certeza es que estos animales adoptan unos patrones de comportamiento recurrentes, que incluso han sido ya catalogados. Tenemos el tandem swimming: dos o más individuos en fila india nadando conjuntadamente bien en linea recta, bien en círculos, en lo que posiblemente se trate de una ceremonia de cortejo; el parallel swimming: individuos nadando en paralelo, a veces deteniéndose en paradas más o menos prolongadas o stalling; tríos nadando en formación de "V" mientras se alimentan; y por supuesto los espectaculares saltos o breaching, en los que el cuerpo del tiburón llega a salir total o parcialmente por encima de la superficie. Tradicionalmente se pensaba que lo hacían para desembarazarse de molestos ectoparásitos como las lampreas de mar que, aunque es difícil que logren atravesar la dura piel del animal, cubierta de fortísimos dentículos dérmicos, sí que pueden resultar un verdadero incordio; pero gana terreno la tesis de que tal vez tengan algún tipo de función relacionada con la reproducción, pues normalmente este tipo de comportamiento se produce cuando se forman grupos grandes en los que se desarrolla alguna ceremonia de cortejo (aparte está el hecho de que los saltos exigen un gasto energético demasiado elevado para tan poca recompensa). Un tiburón puede, sin previo aviso aparente, realizar tres o más saltos consecutivos cada treinta segundos aproximadamente mientras el resto de sus congéneres se están tan tranquilos en el agua... Así pues, es más que recomendable, para no tentar a la suerte, que todo frágil ser humano que se encuentre en las inmediaciones se aleje lo más lejos y rápido posible. Sólo ha habido, que se sepa, tres víctimas mortales causadas por el breaching: ocurrió antes de la Segunda Guerra Mundial en el Firth of Clyde, Escocia, cuando un tiburón cayó sobre una barca, la volcó y sus tres tripulantes murieron ahogados.

Foto: Stiofan O'Connor (Pelagic Shark Research Foundation)
Comportamiento migratorio: Hasta hace poco predominaba la opinión de que, pasada la temporada estival, los peregrinos se alejaban hacia las aguas profundas oceánicas para hibernar. Varias circunstancias parecían apoyar esta teoría: su más o menos repentina desaparición de las costas durante ese periodo; el que el peso del hígado de individuos capturados en primavera fuese menor que el de los capturados en otoño, lo cual era indicio de la suspensión de toda actividad trófica activa (el animal recurriría entonces a la energía almacenada en él durante la temporada); o la pérdida de las branquispinas, lo cual les impediría continuar con su actividad filtradora habitual. Pues bien, nada más lejos. Los resultados de estudios y seguimientos por satélite han demostrado que en realidad los peregrinos están activos durante todo el año, realizando continuas migraciones tanto verticales como horizontales, algunas de estas últimas de varios miles de kilómetros, con fines tróficos y, quizá, reproductivos. Pasan el invierno en aguas profundas normalmente hasta los 900 m, en donde se alimentarían de pequeños invertebrados y comunidades planctónicas en cuya captura las branquispinas no parecen ser estrictamente necesarias, de ahí que poco a poco se vayan desprendiendo para volver a crecer llegada la primavera. 

Un trabajo publicado en 2008 (2) demostró por vez primera la existencia de migraciones transatlánticas: la etiqueta de una hembra marcada en la isla de Man había sido recuperada en Terranova; los datos que almacenaba revelaron que su intrépida dueña había recorrido nada menos que 9589 km en horizontal y llegado hasta los 1200 m de profundidad. Al año siguiente, otro trabajo, éste dirigido por Gregory Skomal (3), demostraba que los movimientos migratorios de los peregrinos del otro lado del Atlántico eran radicalmente diferentes de los de sus primos europeos. Skomal y su equipo habían colocado 25 etiquetas por satélite en individuos de la costa de Massachusetts: al cabo de un tiempo, una de ellas empezó a transmitir desde Florida (lo esperable); pero, después, otra se soltó a la altura de la fosa de las Caimán, ¡en pleno Caribe! (los científicos se frotaban los ojos); y no bien se hubieron cerciorado de que no había viajado a bordo de un pesquero, cuando comenzaron a recibir transmisiones desde la costa del Brasil, es decir, ¡del otro lado del Ecuador! No se lo podían creer: sus tiburones migraban hacia el sur, desde las aguas templadas del Atlántico noroccidental hasta las costas de Sudamérica cruzando la barrera cálida de las Bahamas y el Caribe. El truco: en las aguas de temperatura más elevada, los peregrinos descendían hasta la zona mesopelágica, donde podían permanecer desde semanas a meses. 
El objetivo ahora es determinar si la finalidad de esta migración es trófica, reproductora o una combinación de ambas. 
Evidentemente queda mucho por saber. Pero lo que estos estudios han demostrado de manera rotunda y clara es la necesidad de desarrollar estrategias de conservación no sólo en el ámbito local, sino a nivel global. 

Falmouth Bay, Cornwall (Getty Images/Photolibrary RM)
Estatus: Las poblaciones del Pacífico Norte y Atlántico Nororiental (o sea, el nuestro) están incluidas en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de En peligro. El CITES, por su parte, incluye al peregrino en su Apéndice II, donde figuran aquellas especies que a su modo de ver todavía no se encuentran en peligro de extinción pero cuyo comercio debe ser estrictamente controlado para garantizar su supervivencia (de más está decir que la docta opinión del CITES está tan inspirada en el rigor de los estudios científicos como este Blog en los escritos piadosos de Santa Teresita de Lisieux, Doctora de la Iglesia). También aparece en los Apéndices I y II de la CMS (Convention on Migratory Species, Convención sobre la conservación de especies migratorias), donde se incluyen, respectivamente, las especies con protección estricta y las especies migratorias que requieren acuerdos de cooperación en el marco de la CMS. La UNCLOS (siglas de United Nations Convention on the Law of the Sea, Convención de las Naciones Unidas sobre el derecho del mar) incluye al peregrino en su Anexo I de especies altamente migratorias, lo cual obliga a las naciones pesqueras a cooperar en su protección, dentro y fuera de sus zonas económicas exclusivas, bajo la gestión de algún organismo internacional como puede ser el ICCAT (recordemos que los acuerdos bajo el UNCLOS son vinculantes aunque no se cumplan, como suele ser lo habitual).  

En Europa, el Cetorhinus maximus está protegido tanto por leyes comunitarias como nacionales. Así por ejemplo, las poblaciones mediterráneas están protegidas por convenios como el OSPAR, el Convenio de Barcelona y el Convenio de Berna (Anexo II); en el Reino Unido, la Wildlife and Countryside Act prohíbe la captura y todo tipo de acoso dentro de sus 12 millas. 
Al fin, en el año 2006 se aprobó el Reglamento (CE) No. 1782/2006 del Consejo de 20 de noviembre por el que se modificaban los Reglamentos (CE) No. 51/2006 y (CE) No. 2270/2004, "en lo que atañe a las posibilidades de pesca y las condiciones asociadas a determinadas poblaciones de peces", de tal manera que se prohíbe a los buques comunitarios capturar, mantener a bordo, transbordar y desembarcar, en todas las aguas comunitarias y no comunitarias, tanto al peregrino como al tiburón blanco (Carcharodon carcharias) (4); reglamento que también afecta a los buques no comunitarios en aguas europeas.

Cariño, 18-III-2010 (Foto: La Voz de Galicia)
Peregrinos en peligro: Pese a toda esta espesa sopa de letras y tropezones, todavía seguimos encontrándonos con casos sangrantes. En 2007 se detectaban mediante análisis de ADN aletas de peregrino en mercados no sólo asiáticos (como Hong Kong, Japón), sino en los mismísimos EEUU. Pero es que una sola aleta bien hermosota alcanza precios desorbitados en el mercado negro, y también en el no tan negro: en 1999 se pagaron 10 000 y 20 000 dólares americanos por las enormes dorsal y pectorales de un peregrino (5). ¿Quién puede resistirse a eso? 
Por si fuera poco, pese a las estrictas medidas de protección adoptadas por EEUU y Canadá, las poblaciones del Pacífico Nororiental nunca se han recuperado de la presión pesquera a la que fueron sometidas en el pasado siglo, por lo que en 2010 el NOAA National Marine Fisheries Service estadounidense declaró al tiburón peregrino Species of Concern ('Especie de especial preocupación') (6).

En el siglo XX el tiburón peregrino fue objeto de una salvaje pesca intensiva por parte de las flotas de diferentes países (el "arte" empleado con más frecuencia era, como os podéis imaginar, el arpón). Del tiburón se aprovechaba todo: la carne y las aletas para consumo humano y lo sobrante para la fabricación de piensos; la piel para cuero, etc. Pero lo más valioso era su enorme hígado (llega a representar la cuarta parte del peso corporal total del animal), muy rico en escualeno y otros hidrocarburos que se usaban como lubricante para la maquinaria, como combustible para las lámparas, etc. Pero todo aquello acabó súbitamente. Todos los datos de que disponemos revelan un patrón evolutivo común a todas aquellas pesquerías: un crecimiento espectacular de las capturas (el peregrino es sumamente manso y fácil de arponear) seguido de un colapso no menos espectacular conducente invariablemente a su cierre: habían dejado de ser rentables dada la escasez de capturas. Así sucedió con la tristemente famosa industria del peregrino de Achill Island, Irlanda, que entre 1947 y 1975 acabó con más de 12.000 ejemplares (7). 
A modo de anécdota, estos tiburones también se utilizaron como dianas para las prácticas de tiro de los cazas Hurricane desplegados en Escocia durante la Segunda Guerra Mundial.
Cazas Hurricane de la RAF sobrevolando la costa de Inglaterra

Vale insistir en ello: el peregrino, como ya hemos visto en la primera parte de este largo artículo, tiene una tasa reproductiva muy baja (larguísimos periodos de maduración sexual y de gestación, escaso número de crías, baja fecundidad), y ello lo convierte en una especie extremadamente vulnerable a cualquier tipo de explotación pesquera.

Volviendo al aquí y ahora, todavía en 2007 los portugueses declaraban 11 toneladas de peregrinos capturados tanto en sus costas como mar adentro. Igualmente, Noruega ese mismo año declaraba 65 toneladas, obtenidas en su mayor parte en el archipiélago de Lofoten. En 2009 hubo denuncias de desembarcos por parte de embarcaciones comunitarias en países como Grecia y España; por no mencionar aquella sonrojante anécdota ocurrida en diciembre de ese año, cuando los clientes de un supermercado de Santander tuvieron la oportunidad de degustar unos filetitos de cría de Cetorhinus para la cena, como quien se toma un cochinillo de Segovia (8).

Amenazas: Actualmente, la mayor amenaza para el peregrino, como para el resto de tiburones, procede del disparatado incremento de la demanda de aleta por parte del mercado asiático, particularmente China, que ha hecho que los precios se disparen y que, en consecuencia, cada vez haya más gente dedicada a la pesca y comercio, legal y, sobre todo, ilegal. Y no sólo eso: cada vez es más frecuente que los ejemplares capturados accidentalmente no sean ya devueltos al mar con vida y enteros, sino con sus aletas previamente cercenadas.
Además de la aleta en sí, el aceite del voluminoso hígado del peregrino es extraordinariamente rico en vitamina A, y se usa para fabricar productos dietéticos, afrodisíacos (así como suena: parece que las ancestrales culturas orientales están bastante obsesionadas con el sexo, tanto o más que el Vaticano), y para la industria cosmética. El cartílago también se utiliza como base para suplementos vitamínicos, etc. de más que dudosa efectividad.

Resumiendo, las amenazas a las que se enfrenta el peregrino son:
  • Capturas accidentales e ilegales espoleadas por la demanda de aleta.
  • Muerte por asfixia al quedar atrapado en cabos y redes a la deriva.
  • Colisiones y accidentes con embarcaciones.
  • Trastornos de diverso grado causados por el acoso y hostigamiento muchas veces no intencionado por parte de bañistas curiosos, lanchas, motos acuáticas, etc. que no respetan el espacio vital del tiburón cuando al pobre bicho se le ocurre aparecer en un lugar muy transitado, como se muestra en esta fotografía tomada en Cornwall (años después de Tiburón, vamos aprendiendo que no todos los tiburones son bichos sanguinarios). Para evitar y demostrar nuestro respeto por estos animales conviene tener en cuenta unas mínimas normas como las que hemos señalado en un post anterior.

Y en fin. Hasta aquí llega este largo post que espero que no haya aburrido demasiado a quienes han tenido la paciencia de llegar hasta aquí. Sólo me gustaría añadir una última reflexión. Tenemos la inmensa fortuna de acoger en nuestras aguas al segundo pez más grande de todos los océanos. Un maravilloso y frágil gigantón que una y otra vez insiste en visitarnos, en recorrer nuestra desordenada geografía, y esto debería hacernos sentir orgullosos: orgullosos de lo que tenemos, pero al mismo tiempo conscientes de lo cerca que estamos de perderlo para siempre. Es como para pensárselo.

Foto: Barca Lema.
Esta fotografía fue tomada hace muy pocos días por una chica de Fisterra, Barca Lema, en la playa da Langosteira, al lado del pueblo. Eran las 17:20, hacía calor, el agua estaba helada, según cuenta (9), y por suerte llevaba consigo el bendito móvil, cuando vio, como surgidas de la nada, este par de aletas cruzando lentamente la superficie a escasos metros de la orilla.


>> Ir a la PRIMERA PARTE

[ACTUALIZACIÓN SOBRE COMPORTAMIENTO MIGRATORIO (21-I-2013): Peregrinaciones del (tiburón) peregrino.]

_________________
(1) Noticias recogidas en Michael Bright (2002). Sharks. London, The Natural History Museum, pp. 80-82.
(2) M. A. Gore,  D. Rowat et al, 2008.
(3) Gregory Skomal, Stephen I. Zeeman et al, 2009. Ver también reportaje en Nature, mayo de 2009.
(4) Ver Reglamento.
(5) Leonard Compagno et al (2002). Sharks of the World: An annotated and illustrated catalogue of shark species known to date. Volume 2: Bullhead, mackerel and carpet sharks (Heterodontiformes, Lamniformes and Orectolobiformes). Rome, FAO Species Catalogue for Fishery Purposes, p. 95.
(6) Science Daily, 8 de septiembre de 2010.
(7) Como curiosidad, esta reseña del ABC del 1 de septiembre de 1955:

"UN MOMENTO DE PELIGRO.- En las costas de Achill, en Irlanda, cuyos moradores se dedican muy especialmente a la pesca de escualos, varios pescadores, después de arrastrar hasta la orilla al pez, todavía con vida, tratan de salvar los obstáculos que al buen éxito de su empresa oponen los cercanos escollos y los coletazos del tiburón moribundo."
(8) Ver CRAM 1 y CRAM 2.
(9) Mi agradecimiento a Ubaldo Cerqueiro de la redacción del periódico digital de la Costa da Morte Qué pasa na Costa, quien amablemente se puso en contacto con Barca Lema para recabar más información e imágenes para este Blog.

_____________________

lunes, 4 de junio de 2012

Sobre la insostenibilidad del comercio de aleta


No soy buen traductor, pero creo que merece la pena arriesgarse para colaborar (modestamente) desde este Blog en la difusión de una carta tan clara y contundente sobre el tema del comercio mundial de aleta de tiburón y los mezquinos tejemanejes del CITES. Apareció el pasado 29 de mayo en la web del White Shark Conservation Trust y está firmada por un amplio elenco de científicos e investigadores de gran prestigio internacional (en el link aparece la lista con sus credenciales completas). A los más "tiburoneros" os sonarán unos cuantos nombres. Por supuesto, viene que ni al pelo en estos días en que acabamos de conocer la autorización del gobierno (es un decir) de Canarias para la instalación de un secadero "artesano" de aletas de tiburón en Arico. Y desde luego, recordando que España, con Galicia a la cabeza (ver aquí, para un informe más completo), es la tercera potencia mundial en la pesca de elasmobranquios (tiburones y rayas) y suministro de aleta para el mercado asiático.

CARTA ABIERTA SOBRE LA INSOSTENIBILIDAD DEL ALETEO DE TIBURONES

Como organización conservacionista, queremos expresar nuestra preocupación por las últimas informaciones erróneas perpetuadas por los medios de comunicación nacionales e internacionales asegurando que el comercio de aleta de tiburón es sostenible. La realidad es que en su mayor parte este gigantesco mercado no está ni gestionado ni controlado, y que la industria de la aleta en Asia apenas juega papel alguno en la ordenación de las pesquerías de los países que se dedican a la captura del tiburón, Nueva Zelanda incluída. El lento crecimiento y las tasas reproductivas de los tiburones los hacen extremadamente vulnerables a la sobreexplotación. Dado que sólo un pequeño porcentaje de las naciones pesqueras dispone de algún tipo de plan de gestión vigente, la afirmación de que el mercado de aleta es sostenible no se basa en los hechos.
A pesar de las alegaciones en sentido contrario por parte de los Ministerios de Pesca de todo el mundo, existen abundantes pruebas científicas de que las poblaciones de muchas especies de tiburones están en declive, siendo el mercado de aleta un motor importante. Existe un sólido consenso científico en que muchos tiburones, y por supuesto otros peces cartilaginosos como las rayas o las pastinacas, se encuentran en graves dificultades, y cada vez hay más evidencias de que esto podría estar causando alteraciones más amplias en los ecosistemas marinos.
Los abajo firmantes consideramos que, en interés tanto del entorno oceánico global como de la gente que depende de los ecosistemas marinos saludables, las autoridades competentes deberían ser informadas de todas las circunstancias que rodean el tema de la aleta de tiburón, muy particularmente que:
El comercio de aleta de tiburón, actualmente, NO es sostenible. Investigaciones avaladas por la comunidad científica han demostrado que en el año 2000 las aletas de decenas de millones de tiburones pasaron por el mercado de aleta. Desde entonces no existen estimaciones precisas del volumen de mercado así como del correspondiente número de tiburones muertos, por lo que es imposible afirmar que el comercio es sostenible, tal como hace la industria. Se han registrado disminuciones de las poblaciones de tiburones en todo el mundo, y muchas zonas -como por ejemplo el Caribe- están gravemente afectadas. Poblaciones individuales, como la del jaquetón oceánico del Golfo de México y las cornudas del Mediterráneo, han experimentado graves declives. Estas estadísticas no son simples especulaciones, sino que están basadas en análisis publicados en revistas académicas.
Las aletas son, de lejos, la parte más valiosa de los tiburones, lo cual fomenta el que muchas pesquerías se dediquen a ellos, o que se los queden incluso cuando son capturados accidentalmente en vez de devolverlos al mar con vida. Por tanto debería considerarse el comercio de aleta como un motor fundamental de las actividades de pesca de tiburón a nivel global, las cuales a menudo no están ordenadas y se llevan a cabo de forma insostenible.
La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Sivestres (CITES -siglas en inglés de Convention on International Trade of Endangered Species of Wild Fauna and Flora) de las Naciones Unidas NO protege debidamente a las especies de tiburones que están en peligro. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN -siglas en inglés de International Union for Conservation of Nature and Natural Resources) incluye en su Lista Roja de Especies Amenazadas a 82 especies de tiburones con el estatus de Vulnerable, En peligro o En peligro crítico. Sin embargo, el CITES regula el comercio de tan sólo tres de estas especies amenazadas. A pesar de cumplir con los criterios científicos para ser incluidas en las listas, a numerosas especies de tiburones se les ha negado la protección del CITES porque los juegos políticos han impedido que recibiesen los dos tercios de los votos necesarios para su inclusión en la lista CITES. Un número bastante mayor de especies son consideradas como amenazadas por determinados países o por organizaciones regionales de ordenación pesquera, y en consecuencia prohibidas. El CITES suele ir por detrás de los organismos regionales debido al requisito de la mayoría de 2/3, por lo que no debería ser utilizado como referencia para establecer si una especie está amenazada o no.
En resumen, el número abrumador de datos científicos justifica la necesidad urgente de centrarse en estrategias adecuadas de gestión y conservación en vez de mantener los niveles insostenibles de pesca. Considerando que los tiburones juegan un papel importante en el mantenimiento del delicado equilibrio de los ecosistemas marinos del planeta y que muchas especies se encuentran ahora mismo amenazadas o casi amenazadas de extinción, disponemos de una oportunidad única para incidir significativamente en un asunto de importancia global ayudando a regular el creciente comercio internacional de aletas de tiburón.

Atentamente,


Dr. Gregor Caillet,  Dr. Jeffrey C. Carrier, Dr. Demian D. F. Chapman, Dr. William Cheung, Dr. Phlippe Cury, Dr. Toby S. Daly EngelDr. Michael L. Domeier, Giuseppe Notarbartolo di Sciara, Kevin, Feldheim, Francesco Ferretti, Dr. Andrew B. Gill, Eileen D. Grogan, Dr. Samuel H. Gruber, George J. Guillen, Dr. Richard L. H Haedrich, Dr. Neil Hammerschlag, Dr. Michael Heithaus, Dr. Mauricio Hoyos Padilla, Dr. Robert Hueter, DR. Charlie Huveneers, D. Salvador Jorgensen, Dr. Stephen M. Kajiura, Dr. Steven Kessel, Vivian Lam, Dra. Agnès Le Port, Dr. Richard Lund, Dr. John W. Mandelman, Dr. Mikki McComb-Kobza, Dr. John E. McCosker, Dr. Henry F. Mollet, Dr. Elliott A. Norse, Dr. Jill A. Olin, Dr. Daniel Pauly, Prof. Ellen K. Pikitch, Dra. Yvonne Sadovy, Dr. Carl Safina, Dr. Bernard Séret, Dr. John Stevens, Dr. Tracey Sutton, Dr. Boris Worm

Aletas en la lonja de Vigo (gracias a Raquel García Canosa, que acaba de enviarnos estas y otras imágenes).

______________________

jueves, 31 de mayo de 2012

Peregrino (Cetorhinus maximus) - Primera parte

Foto: Andy Murch (Elasmodiver.com)

Peregrino

Cetorhinus maximus (Gunnerus, 1765)

(es. Peregrino, tiburón peregrino; gal. Peixe bobo, momo, peixe momo, peixorro, barbosa; in. Basking Shark; por. Tubarao frade.)

Orden: Lamniformes
Familia: Cetorhinidae

  • "Avistan un tiburón peregrino entre las bateas de Bueu. Una bañista de la playa de Portomaior comunicó a la policía local, el pasado lunes por la noche, el avistamiento de un pez de grandes dimensiones en las cercanías de las bateas frente a este arenal." (22-VIII-2007)
  • "Un tiburón visita Foz y desaparece sin dejar rastro. El escualo, de unos tres metros de longitud, recorrió a sus anchas la ría y el puerto." (27-IX-2007)
  • "Canal das Sisargas. Pescadores de Laxe encuentran un tiburón peregrino de cuatro metros a apenas tres millas de la costa." (1-XII-2007)
  • "Aparece en las islas Atlánticas un ejemplar de tiburón peregrino de más de ocho metros de longitud. El pasado mes de agosto se pudo ver otro ejemplar por las inmediaciones de la isla de Ons." (5-XII-2007)
  • "Un pesquero captura en aguas de la ría de Ferrol un tiburón de 4 metros que quedó atrapado en el aparejo. Es el segundo ejemplar de estas características que se pesca en la costa Ártabra en los últimos quince días." (19-III-2010)
  • "Avistan dos ejemplares de tiburón peregrino a una milla de la playa ferrolana de Doniños." (23-IV-2010) 
  • "Capturan un tiburón peregrino de 4 metros en el puerto de Espasante." (5-IV-2011)
  • "Avistan un tiburón peregrino en la costa de O Grove. Los testigos que pasaban por la zona no dudaron en fotografiar al animal." (7-IV-2011) 
  • "Los biólogos buscan en aguas de Cíes un tiburón peregrino de 4 metros." (22-V-2012)
Pedras Negras (O Grove), 7-IV-2011 (Foto: La Voz de Galicia)
Esto es solo una muestra de lo publicado en la prensa gallega durante estos últimos años (1). A ello habría que sumar un porcentaje difícil de determinar de avistamientos no registrados, realizados fundamentalmente por pescadores, o silenciados para no crear alarma entre los sensibles bañistas (la psicosis provocada por Tiburón no es un cuento):
Una de las especies más grandes, junto con el tiburón blanco, es el peregrino, atrapado muchas veces en las redes de los pesqueros norteños. En la playa coruñesa del Orzán apareció uno hace tres años, del que había prueba gráfica, pero no se hizo público por cuestiones de alarma pública, aunque el peregrino es inofensivo, se alimenta sólo de plancton. (2)
Parece evidente que el peregrino visita nuestras costas tal vez más de lo que se cree, aunque bastante menos de lo que muchos desearíamos, porque es sin duda uno de los tiburones más espectaculares y misteriosos de cuantos existen y de cuantos tenemos el privilegio de ver en nuestras aguas.  
Único representante de la familia Cetorhinidae, su nombre científico, dado con toda justicia, como podéis ver, es un compuesto de dos voces griegas, ketos ('monstruo marino') y rhinos ('nariz'), matizadas por el superlativo latino maximus (de magnus, 'grande'), 'grandísimo'.

Descripción: El peregrino es inconfundible, particularmente cuando se le ve nadando lentamente cerca de la superficie con su enorme boca totalmente abierta. Sus aberturas branquiales son también características: tan grandes que casi rodean por completo la cabeza. Como casi todos los Lamniformes, tiene un cuerpo alargado y cilíndrico terminado en una cabeza cónica; los ojos, carentes de membrana nictitante, están situados por delante de las comisuras bucales; las narinas no tienen barbillones; los espiráculos son diminutos y están alejados de los ojos; tiene dos aletas dorsales sin espinas y, por supuesto, aleta anal.
Hembra inmadura (Foto: Antón Parada)
El morro de los adultos es más bien corto y cónico; en cambio, el de los ejemplares inmaduros es alargado, cilíndrico y apuntado. No es de extrañar que en algunas zonas se le conozca como elephant fish o elefant de mer. La boca es muy grande (llega a medir un metro de ancho en los ejemplares grandes) y tiene forma triangular. Los ojos son redondos y pequeños.
La primera aleta dorsal es grande, alta y triangular; está situada entre las pectorales y las pelvianas. La segunda dorsal es bastante más pequeña, prácticamente del mismo tamaño que la anal. Las aletas pectorales no son muy largas en comparación con el cuerpo. El pedúnculo caudal presenta dos fosetas precaudales y está ensanchado por dos potentes quillas laterales. La caudal es grande y con forma semilunar (los dos lóbulos son de tamaño similar), con un lóbulo terminal bien diferenciado.
La piel es muy áspera al estar cubierta por fuertes dentículos dérmicos. Muchas veces pueden verse pequeñas heridas o erosiones redondeadas que probablemente han sido provocadas por lampreas de mar (Petromyzon marinus).

Color: Varía del gris muy oscuro al gris pardusco o gris azulado oscuro, que puede ser más claro e incluso blanco en la zona ventral. Puede presentar manchas blancuzcas irregulares bajo la cabeza y el abdomen, así como franjas longitudinales y manchas más claras en los flancos.

Dentición: Aunque es planctófago, la boca del peregrino contiene aproximadamente 200 dientes por mandíbula distribuidos a lo largo de 4 a 9 series funcionales. Son muy pequeños, en torno a los 5 mm de altura, y poseen una única cúspide cónica ligeramente inclinada hacia atrás en forma de gancho.

Talla: Es el segundo pez más grande del océano, por detrás del espectacular tiburón ballena (Rhincodon typus), que puede alcanzar los 21 metros de longitud total.
Excepcionalmente, el Cetorhinus puede llegar a superar los 12 m de longitud (algunos han señalado de 12,2 a 15,2 m) y las 7 toneladas, aunque por lo general no rebasan la barrera de los 10 m (9,8 m). Lo normal es que ronden los 8 m, sobre todo las hembras, que suelen ser más grandes.
Los machos alcanzan la madurez sexual entre los 4-5 m, y las hembras a partir de los 8 m.

Reproducción: Aunque pueda parecer paradójico tratándose de una especie relativamente famosa y televisiva, y a pesar de que ciertamente ha habido avances en la investigación, todavía sabemos muy poco de la biología reproductiva del peregrino. Para hacernos una idea, buena parte de los datos de que disponemos actualmente proceden de un estudio publicado hace 60 años, en 1950, sobre especímenes capturados en aguas de Escocia. En él se concluía, entre otras cosas, que este tiburón es ovovivíparo; que en las hembras observadas sólo el ovario derecho era funcional, pero que contenía al menos 5 millones de óvulos de 0,5 mm de diámetro; y que los espermatóforos (especie de agregados o cápsulas de espermatozoides) producidos por los machos tenían un diámetro de unos 5 cm y flotaban en un líquido claro del cual unos 18 litros podían ser trasvasados al útero de la hembra durante la cópula.(3)
En aquel entonces, como ahora, sólo se tenía noticia de la captura de una única hembra grávida que tuvo lugar en 1936 en la costa oriental de Noruega. Mientras era remolcada hasta el puerto de Teigboden, dio a luz a 6 crías de entre 1,5 y 2 m; cinco de ellas comenzaron a nadar cerca de la superficie con sus bocas abiertas, posiblemente buscando comida, y la sexta nació muerta.
En resumen, a falta de más datos, lo que sabemos es que el peregrino es vivíparo aplacentario (ovovivíparo), con camadas no muy elevadas, de hasta 6 crías. Es posible que los fetos practiquen la oofagia (es decir, que dentro del útero materno se alimenten de huevos no fecundados) dado que se han encontrado grandes cantidades de pequeños huevos en el útero de hembras adultas no grávidas. No se ha demostrado la práctica del canibalismo intrauterino (el que los fetos más fuertes y grandes se alimenten de sus hermanos más débiles y pequeños). Por otro lado, el periodo de gestación es con toda probabilidad muy largo, estimado en alrededor de 2,6 años, con un ciclo reproductivo de 2-3 años. Al nacer miden entre 150-170 cm (algunos alargan este margen hasta los 2 m).
Los machos son maduros a partir de los 12-16 años, al llegar a los 5,5 m; las hembras a partir de los 20 años y los 8 m. Se cree que pueden llegar a vivir hasta los 50 años.
Todo ello camadas bajas tras un larguísimo periodo de gestación más un ciclo reproductivo lento convierte a estos tiburones en criaturas extremadamente vulnerables a la pesca intensiva.
Dado el escaso número de hembras grávidas que conocemos, algunos investigadores se inclinan a pensar que tal vez exista algún tipo de segregación espacial y batimétrica que las mantenga alejadas de las demás hembras que con frecuencia observamos cerca de la superficie (y por tanto de la mirada de los científicos). Otros opinan que quizá, sencillamente, lo que ocurre es que el porcentaje de hembras preñadas sea muy reducido respecto del total y por eso el registro de capturas sea tan bajo.
En la segunda parte de este artículo hablaremos de lo que posiblemente constituya una ceremonia de cortejo.

Alimentación: Se alimenta del zooplancton que extrae filtrando el agua del mar. De hecho, forma junto con el tiburón ballena y el boquiancho (Megachasma pelagios) la tríada de tiburones filtradores. El método que emplea es simple: exclusivamente la filtración pasiva; es decir, sin utilizar ningún mecanismo de succión como sus compañeros. Se desplaza lentamente (según algunas estimaciones entre 2-5 km/h) con las enormes fauces bien abiertas para recibir el mayor caudal posible de agua, que sale por las aberturas branquiales totalmente tamizada. Los arcos branquiales están dotados de unas estructuras parecidas a peines llamadas branquispinas, especialmente diseñadas para filtrar el agua de mar y retener organismos diminutos como copépodos, huevos y larvas de decápodos y de muchas otras especies (pequeñas gambas y otros invertebrados planctónicos) que componen la sopa que tanto les gusta. Cada arco branquial tiene entre 1000 y 1300 branquispinas de 10-15 cm de longitud. Se calcula que el peregrino puede filtrar, por hora, el contenido de una piscina olímpica, es decir, unos 2,5 millones de litros de agua (poquita cosa).
Periódicamente el peregrino cierra la boca para tragar la masa filtrada. En su estómago puede llegar a acumular, de media, hasta media tonelada de alimento.
Con la llegada del invierno las branquispinas se van desprendiendo para adaptarse, según ciertas hipótesis, a otro tipo de dieta en aguas profundas, y vuelven a formarse con la llegada de la primavera. Sin embargo, el que un 40% de ejemplares capturados en invierno todavía las conservasen, hace pensar que esta estrategia no es seguida (o al menos no de forma matemática) por una parte sustancial, cuando menos, de las poblaciones. Se necesitan más estudios para dilucidar cabalmente este punto.

Hábitat y distribución: Tiburón pelágico, semi-oceánico u oceánico, altamente migratorio, de distribución mundial en aguas templadas a frías de la plataforma y talud continental hasta los 2000 o 4000 m, sobre todo en los meses invernales. En las regiones ecuatoriales y tropicales se encuentra en aguas profundas, bajo la termoclina.
Parece ser más frecuente en aguas frías entre los 6º y los 16º C en las franjas norte y sur del Atlántico y el Pacífico. En las costas británicas, Japón y Terranova, la mayor parte de los registros se han producido en aguas entre 8 y 14ºC, mientras que en la costa este estadounidense (Nueva Inglaterra), entre los 16 y los 24ºC.

Elaboración propia a partir de Ebert, Fowler, Compagno & Dando, 2013.
Tiene preferencia por los frentes oceánicos donde confluyen diferentes masas de agua, cerca de las costas, cabos, islas y bahías con fuertes movimientos de masas de agua debidas al flujo mareal y donde se producen concentraciones de zooplancton.
En primavera y verano se concentran en latitudes altas coincidiendo con estos afloramientos de plancton. Suele aproximarse mucho a la costa, hasta el extremo de penetrar en dársenas y puertos.


>> Ir a la SEGUNDA PARTE
_____________________
(1) Todas las entradas son de La Voz de Galicia, excepto la antepenúltima, del Correo Gallego, y la última, del Faro de Vigo. La fecha entre paréntesis corresponde a la fecha de publicación, no a la de los avistamientos. Por supuesto, se podrían añadir más noticias, como la del ejemplar expuesto en las instalaciones de Pescaderías Coruñesas el 28 de mayo de 2008 (imágenes y más información en su blog). 
Y para la gente del Barbanza: 
"Sabemos dun exemplar femia capturado polo pesqueiro "Atlántico", atopado morto aboiando na praia A Praguiña, en Corrubedo (Ribeira-A Coruña) o 26 de marzo de 1974. Tiña unha lonxitude próxima ós 7 m, un peso duns 2.800 kg. O seu fígado pesou 700 kg.  [...] O 17 de decembro de 1981, varou na praia de Corrubedo un exemplar que foi devolto ó mar aínda vivo." (Estanislao F. de la Cigoña y Estanislao de Kostka F. de la Cigoña. Peixes dos nosos mares e ríos. Vigo: Editorial AGCE S. L., 2007, p. 14.)
(2) La Voz de Galicia, 30-IX-1980.
(3) En cuanto a la cópula, cuyas pautas no son tampoco muy conocidas:
"En el Atlántico Norte, a finales del año 1997, se vio a un macho poniendo una de sus aletas pectorales encima de la aleta dorsal de su compañera. En esta posición, nadando muy juntos, le introdujo un pterigopodio en la cloaca sin necesidad de morder a la hembra (BERTSHCHINGER, com. pers.)." (Joan Barrull e Isabel Mate. Tiburones del Mediterráneo. Arenys de Mar: Llibreria El Set-ciènces, 2002, p. 143.)
________________

sábado, 19 de mayo de 2012

El tiburón que nos comemos sin querer

Cazón (Galeorhinus galeus). Foto: Toño Maño

La práctica totalidad de los problemas que acechan a los tiburones gira en torno a un gran centro de gravedad: la ignorancia. 
     Por ignorancia, en China consideran que la sopa de aleta de tiburón es una exquisitez que debe adornar todo banquete que se precie, cuando en realidad la aleta en sí misma no sabe a nada, sólo aporta textura a la cosa, se trata más bien un símbolo de lujo y de distinción social; por ignorancia, si bien de otro matiz, muchos en aquel país consideran que semejante plato es una tradición que, como tal, hay que conservar (1); por ignorancia, un porcentaje significativo de la población mundial sigue creyendo que los tiburones son animales sanguinarios, asesinos despiadados, por lo que no vale demasiado la pena pararse a mirar si están o no protegidos, si necesitan o no de protección; por ignorancia, el grueso de la opinión pública de los países supuestamente desarrollados no está preparada para exigir a sus representantes políticos que se impliquen seriamente en su protección, porque ignoran, por un lado, el papel fundamental que desempeñan en el mantenimiento de la salud de los océanos y, por el otro, que la inmensa mayoría de las pesquerías mundiales del tiburón están al borde el colapso, que muchas especies han perdido ya el 90% de su población; por ignorancia, en fin, de todo aquello que no sea la rigurosa a la par que eficaz gestión de los fondos públicos para incrementar su patrimonio y el patrimonio de los suyos (que una cosa no quita la otra), la gran mayoría de nuestros políticos, sean del partido que sean, no va a mover ni un dedo para proteger a los tiburones en tanto sus puestos de privilegio no se vean amenazados. Y también, en fin, por ignorancia, una parte importante de la población española comemos carne de tiburón aunque no queramos. 

Pintarrojas (Scyliorhinus canicula)
Por supuesto, no hay nada malo que comer tiburón. Hay personas a las que les encanta la carne de ciertos tiburones y la comen y disfrutan conscientemente y con ganas. Aquí, por ejemplo, la caldeirada de pintarroja o jaxapo (Scyliorhinus canicula) es una exquisitez; igualmente el alitán (Scyliorhinus stellaris), muy parecido al anterior, y el olayo (Galeus melastomus), que a veces, previamente despellejado y descabezado, venden como pintarroja; a otros el filete de marrajo les parece más rico y jugoso que el de pez espada, etc. El problema está en que al consumidor no se le facilitan las cosas a la hora de elegir si quiere o no poner un cacho de tiburón en su plato. Al contrario, más bien parece que de lo que se trata es de ocultar y disfrazar esta información sin que las autoridades correspondientes hagan nada por impedirlo. Tal vez sea una impresión errónea, pero, qué queréis, uno es que es muy malpensado.

Encuesta sobre el consumo de carne de tiburón. Como ocurre en otras partes del mundo, por algún motivo (2) la mayoría de la población española se muestra reacia a comer carne de tiburón (cuesta creerlo, pero bastante más gente de lo que pensamos no asocian la pintarroja con los tiburones, se sorprenden cuando les dices que es un tiburón). Así lo confirma una encuesta realizada hace pocos años (3) en la que ni más ni menos que el 96% aseguraba no haberla comido jamás ni haberla elegido para su menú (en Galicia el porcentaje fue ligeramente inferior: el 95,5%). Y sin embargo llama poderosamente la atención el que más de la tercera parte de ese 96% (el 32,9%) afirmase haber comido carne de cazón y de marrajo, las especies más vendidas en el país (en Galicia, el 32,4%). Es decir, el 76,4% de los entrevistados no sabía que el cazón y el marrajo son tiburones, frente a un 20,5% que si lo sabía.

Y en esto, como en otras cosas, los gallegos somos un tanto particulares, por decirlo de alguna manera: sólo el 52,2% desconocía este dato... Y la pregunta es: ¿será que a los de la encuesta les decimos que no comemos tiburón, por si acaso y porque nunca se sabe, mientras controlamos que no se chamusque el filetito de marraxo que tenemos en la sartén?

Olayos (Galeus melastomus). Foto: A. M. Arias.
Sea como fuere, la pregunta que a continuación se les formula a los encuestados resulta casi redundante visto lo anterior: "¿Sabe que el cazón y el marrajo son especies de tiburones para las cuales no existen límites de capturas que garanticen una pesca sostenible?". Obviamente, el 89,5% no lo sabe (un 81,7% en Galicia) frente a un 7,1% que si. Pero lo que de verdad resulta preocupante, a mi juicio, es que el 90,2% de la población (76,8% en Galicia) no tiene ni idea de que España cuenta con una de las cinco mayores flotas del mundo dedicadas a la pesca del tiburón y a la comercialización de sus aletas. Sólo el 7,8% aseguraba saberlo. ¿Cómo exigir un control de esta pesquería para hacerla sostenible si no sabemos ni que existe?

¿Desconocimiento, etiquetado engañoso o fraude? Es obvio que los consumidores no tenemos por qué conocer cuántos tiburones hay ni cómo se llaman. Faltaría más. Pero sí que nos gusta saber qué compramos (además, tenemos derecho a ello, creo), y aquí  está el problema: que parece que nos quieren meter el tiburón hasta en la sopa, y perdón por el chiste fácil. El comprensible y natural desconocimiento del consumidor está firmemente respaldado por el etiquetado del producto, que más parece diseñado para provocar confusión, siendo muy benévolos, que para aclarar las cosas. Es cierto que algo se ha avanzado, pero muy poco. Demasiadas veces en las etiquetas se emplean nombres locales que resultan desconocidos en el resto del territorio. Así, nos encontramos con términos como "quella", "caella" o "quenlla", que fuera de Galicia no se sabe bien qué es, para referirnos a la tintorera, a veces acompañados, en letra menuda, de su nombre científico. Pero, claro, ¿quién puede saber qué es un Prionace glauca, un Isurus oxyrinchus, o un Galeorhinus galeus? El pobre consumidor, como si le hablasen de dodecafonismo.
     En otras ocasiones se utilizan nombres como "emperador", "salmón de playa", "salmón de roca", "bienmesabe", e incluso "espada", que resultan abiertamente engañosos, si no fraudulentos, ya que su objetivo no es informar al consumidor, sino disfrazar eufemísticamente un producto que de otra forma éste posiblemente no habría elegido. Es como si una empresa se dedicase a comercializar carne de perro, con todas las garantías de control sanitario, etc., bajo el nombre de "ternera tibetana", "gamo austral", o "tocinetas de frescachí" (tal vez algún cliente, aburrido de esperar en la cola, se parase a mirar la letra pequeña y se mosquease al leer "Canis familiaris"... y a lo mejor sería el principio del fin del negocio... claro que tendría que saber algo de nombres científicos).
Rodajas de "quella" (Prionace glauca).
     Muchos errores en el etiquetado, intencionados o no, se producen ya en la llegada del pescado a la lonja. Así, estudios llevados a cabo por la Fundación CRAM en lonjas de Cataluña y País Vasco han encontrado errores en el etiquetaje de elasmobranquios (tiburones y rayas) en más del 50% de los especímenes (4), hecho sumamente grave puesto que, entre otras cosas, impide hacer un seguimiento de capturas y especies implicadas. Personalmente, por poner otro ejemplo, he podido ver musolas lisas y musolas estrelladas (Mustelus mustelus y Mustelus asterias) subastadas como "cazón", término que en gallego es correcto (cazón liso, cazón branco, respectivamente), pero en castellano se refiere exclusivamente al Galeorhinus galeus; y esta misma semana, sin ir más lejos, me he tropezado con una caja de pintarrojas con la etiqueta de "Xurelo TRACHURUS SPP". Quizá simplemente porque el operario andaba a por uvas... o no. Y algo más que un puñado de veces he visto olayos (Galeus melastomus) despellejados y descabezados vendidos como pintarrojas (no siempre están tan bien despellejados y fijándose bien no es difícil identificarlos).

Cuestión aparte es el de aquellos productos precocinados o de comida rápida que uno no acaba de tener muy claro de qué están hechos. El caso del surimi, subproducto con el que se fabrican los famosos palitos de cangrejo, es en este sentido demencial. ¿Qué especies se utilizan exactamente para elaborar la pasta de pescado? Imposible saberlo. Es como intentar conseguir la composición de un cigarrillo. En las etiquetas, folletos, etc. a disposición del consumidor encontramos tal mezcolanza de bichos, que se te quitan las ganas de seguir investigando: panga, fletán, restos del fileteado de merluza y decenas de otras especies innombrables (e innombradas). Y también carne de tiburón, sin que sea ni remotamente posible determinar la especie. Aunque no es difícil suponer que serán las especies menos apreciadas, además de rotundamente rechazadas, como las especies de aguas profundas, capturadas sobre todo por el aceite de sus voluminosos hígados, que se destina para la industria cosmética; y lo que queda del pobre animal, para hacer piensos o gula del norte, vete tú a saber. Ya que no hay modo de obtener información detallada tenemos todo el derecho a ser desconfiados.
     Otro caso, que afortunadamente en España no está muy extendido, es el de la famosa cadena británica Fish and Chips, cuyo producto estrella es el pescado supuestamente rebozado acompañado de patatas fritas. Según aseguran, utilizan especies como la merluza, el bacalao o el abadejo (esto no se lo creen ni ellos)... pero sobre todo la mielga (Squalus acanthias), el galludo (Squalus blainvillei) (5) y quién sabe qué otros tiburones, para someterlos a la tortura de una fritanga en mantequilla rancia o aceite recontrautilizado. Un asco.

El papel de las autoridades: Si alguien quiere comer tiburón está en su derecho. Pero también debe garantizarse el derecho de quienes no lo desean, de quienes quieren saber qué se están llevando a la boca. Y ese papel corresponde a las autoridades públicas, a nuestros representantes políticos, quienes, la verdad, no se puede decir que estén por la labor. Jamás lo han estado, y ahora, en estos momentos de crisis, pues mucho menos, ocupados como andan los pobres en solucionar la crisis de los bancos y banqueros redistribuyéndoles el dinero que los contribuyentes habíamos destinado a nuestra educación y a nuestra sanidad (afortunadamente, la asignación a nuestra Iglesia sigue intacta). 
     En definitiva, el asunto está exclusivamente en nuestras manos. De nosotros depende que esta gente a la que hemos votado se ponga de una vez a hacer algo, o al menos que disimule, que para eso les pagamos el Audi.

Mezcla de pintarrojas y musolas con otros peces óseos. (Foto: Oceana)

[Nota: Otro aspecto de este tema tan preocupante del consumo no premeditado de tiburón es el de los suplementos dietéticos basados en el Omega-3 (ahora tan de moda). En este artículo le damos un pequeño repaso: La grave situación de los tiburones del mar profundo (II). En relación a la elevada concentración de sustancias tóxicas en los tiburones que comemos, véase El tiburón, mejor fuera del plato.]
_________________________
(1) China es es el primer consumidor mundial de aleta de tiburón, con una espectacular demanda que sigue creciendo a medida que se incrementa el poder adquisitivo de la familia media. Directa o indirectamente es la causante de la sobreexplotación de las pesquerías así como de un mercado negro cuyos multimillonarios beneficios casi igualan a los del narcotráfico. España, con Vigo a la cabeza, se encuentra entre los cinco primeros países del mundo exportadores de aleta al mercado de Hong Kong, a nivel mundial.
(2) Motivos hay muchos. Por ejemplo: porque no nos apetece; porque no queremos contribuir a la destrucción de estos animales en tanto no exista la plena garantía de que lo que nos venden es producto de una pesca sostenible, rigurosamente controlada; porque son acumuladores naturales de mercurio y otros metales que hemos estado tirando al mar, y a uno es que no le apetece demasiado exponer a su familia a riesgos innecesarios como el cáncer, malformaciones en el feto de las embarazadas, etc.; porque nos da "cosa" sólo pensar en comernos a un bicho de esos, Jesús, qué repelús; porque sencillamente no nos da la real gana, etc.
(3) Realizada por TNS Demoscopia mediante encuestas telefónicas que se llevaron a cabo entre el 8 y el 13 de enero de 2009. El nivel de fiabilidad es del 95,5%, con un margen de error en los datos de +/-3,53%. Ver página de Shark Alliance.
(4) Ver página de la CRAM.
(5) Allí les aplican la denominación eufemística de rock salmon ('salmón de roca', ¿os suena?). Se ve que no les gusta mucho llamarles por su verdadero nombre: Piked Dogfish y Longnosed Spurdog, respectivamente.

________________