Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

sábado, 21 de abril de 2012

Artículo de Julio Camba: "La dieta del tiburón".



El artículo que hoy quiero presentaros no habla exactamente de los tiburones que hay en Galicia. Pero fue escrito por uno de los más grandes escritores que ha dado esta tierra, el periodista vilanovés Julio Camba, y sólo por eso vale la pena tenerlo aquí —aunque ciertamente el maestro tuvo días mejores en el manejo de su pluma. Apareció en el ABC del 26 de mayo de 1943.
Cuestiones literarias aparte, su interés radica, desde mi punto de vista, en que refleja muy bien la visión que en aquellos años se tenía de los tiburones. Todavía faltaban treinta y dos años para que Tiburón se instalase, de la mano de otro genio, en lo más profundo del imaginario colectivo, y eso se nota. Estos animales eran sencillamente unos bichos sumamente voraces y peligrosos, dispuestos en todo momento a hincarle el diente a cualquier cacho de carne humana que se les pusiese a tiro, como hace toda fiera de la selva que se precie. Nada más al fin y al cabo, para eso están. No existía la enfermiza paranoia que todavía hoy ensombrece la imagen del tiburón.
La fotografía de arriba nada tiene que ver con el artículo ni con el periódico. La saqué de La Vanguardia del 24 de septiembre de 1933. Es un cailón (Lamna nasus) capturado en el Moray Firth (fiordo de Moray), en la costa nororiental de Escocia. De nuevo, nada que ver con Galicia, pero ilustra muy bien este post.


BIOLOGÍA MARÍTIMA
La dieta del tiburón

Que el tiburón sea un tanto dado a la matonería y se imponga a todos los otros peces es cosa que no debe producirnos ni frío ni calor. Ya se sabe que, desde que el mundo es mundo, el pez grande ha venido comiéndose siempre al chico y no vamos nosotros ahora a quebrantar esta ley de la biología marítima, no muy diferente, por lo demás, de los que imperan en la biología terráquea. Lo malo es que el tiburón no se conforma casi nunca con su dieta de pescado. Frecuentemente aspira a modificarla con algún plato de carne y, entonces, lo mismo se zampa al pasajero de un trasatlántico
—si, por cualquier accidente, el pobre hombre ha tenido la desgracia de caerse al agua— que se aproxima a una playa de moda y, arrostrando todos los riesgos inherentes a su vecindad con la tierra firme, le hinca el diente al primer bañista que vea por allí remojándose la panza.
El tiburón es un pez pirata. Es un matón. Es, en fin, el gran salteador de los caminos del mar y, hasta hoy, no se había descubierto ningún procedimiento seguro para evitar sus arremetidas. Algunos pretendían que al tiburón le era mucho más difícil atacar por su lado derecho, que por su lado izquierdo o por el inferior que por el superior, pero, según el dictamen de un experto pescador de tiburones, la feroz criatura no ha tenido nunca más que un lado donde el hombre pudiera considerarse enteramente libre de peligros: el lado de afuera... Es decir, que, o se le encontraba por ese lado una solución al problema —por ese lado del problema y por ese lado del tiburón— ó no se adelantaría jamás absolutamente nada.
Afortunadamente —la noticia nos viene de Washington— parece que, tras minuciosas y repetidas investigaciones de laboratorio, los técnicos lograron ahora descubrir allí una sustancia tan inocua para el hombre como dañina para el escualo y la que, una vez disuelta en el agua de mar, hace salir de estampía todos los tiburones que se encuentren a su alcance (1). No dice nuestra información en qué forma actúa la misteriosa sustancia, pero ya sea por el sabor —aunque no consideramos precisamente a los tiburones como seres de paladar muy delicado— ya por el olor o ya de cualquier otro modo, lo importante es que actúe. El tiburón no conocerá el crawl australiano ni ningún otro procedimiento científico de natación, pero, a pesar del empirismo con que se mueve en el agua, conviene mucho que sea él quien se aleje del hombre en vez de obligar al hombre a alejarse de él.
Y he aquí cómo el tiburón ya no podrá, en lo sucesivo, darse aquellos banquetazos que se ha estado dando hasta ahora a nuestras expensas y de los que siempre solía quedarle algún testimonio en el buche. Un reloj de oro, por ejemplo. Un tacón de zapato. Una pluma estilográfica. Una medalla...
A no ser que el monstruo llegue algún día a habituarse a su propio veneno y, en vez de huirle, lo busque y lo solicite como parece que la cucaracha busca y solicita ya, en todas las casas donde se ocupan un poco de ella, su diaria ración de polvos insecticidas.


Julio CAMBA

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(1) Durante la Segunda Guerra Mundial los EEUU pusieron en marcha una serie de investigaciones para dar con un repelente anti-tiburones que ayudase a proteger a los pilotos y marinos que caían al mar. Posiblemente Julio Camba se esté refiriendo a uno de los que más éxito obtuvo en pruebas de laboratorio: el acetato de cobre, una mezcla de ácido acético y sulfato de cobre que por lo visto se parecía mucho (e incluso superaba) al hedor de la carne de tiburón en descomposición.

martes, 10 de abril de 2012

Avistamiento de peregrinos: Cómo actuar


Ahora que parece que comienza la temporada de peregrinos (Cetorhinus maximus), tras los últimos dos avistamientos en la costa asturiana, conviene tener en cuenta unas cuantas normas elementales de conducta en caso de que tengamos la fortuna de tropezarnos con uno o varios de estos increíbles animales, que ya sabéis que gustan de acercarse mucho a tierra e incluso meterse dentro de las dársenas, como ocurrió por ejemplo en Pedras Negras el año pasado.
El objetivo es que disfrutemos de un momento privilegiado respetando al mismo tiempo a estos pacíficos gigantones. La idea es que sientan ganas de volver el año que viene. Admirarlos sin respetarlos no sería más que admirarnos a nosotros mismos, como estos descerebrados que todos los veranos acosan, pegándose a ellos con sus lanchas, a cualquier grupo de delfines que se acerca a nuestras playas.

1. Embarcaciones de motor:
  • Ante cualquier avistamiento, bajar la velocidad a menos de 6 nudos evitando los cambios súbitos de velocidad.
  • A menos de 100 metros de cualquier animal poner el motor en punto muerto para evitar causar heridas en caso de colisión.
  • La distancia mínima de observación a un grupo grande de peregrinos (cosa sumamente inusual en nuestra costa) es de 500 m.
  • Procura observar la dirección que sigue el tiburón a fin de poder anticiparte a sus movimientos.
  • Las motos acuáticas no deberían circular a menos de 500 m del tiburón.
(Foto: Jane Young)

2. Nadadores y buceadores:
  • No intentar tocar al tiburón.
  • Mantener al menos una distancia de 4 metros, y mucho cuidado con la cola.
  • Si estamos en grupo, mejor mantenerse juntos en la superficie.
  • Cuando sea posible, tratar de limitar el número de personas en el agua al mismo tiempo.
  • Procurar no usar el flash de nuestras cámaras porque puede asustar al tiburón.
  • Observar la dirección que sigue el tiburón a fin de poder anticiparse a sus movimientos. Si quieres entrar en el agua, hazlo 100 m por delante.

3. Piragüistas y kayakers:
  • Mantener la calma y nunca dirigirse directamente hacia el tiburón.
  • Si estamos en grupo, mantengámonos siempre en bloque, no acercándonos al animal cada uno por su lado (mucho menos rodearlo), ya que podría asustarse y entonces se sumergiría y se acabaría nuestra diversión; o bien podría actuar de forma imprevisible, por ejemplo revolviéndose y sacudiendo la cola. Aunque son animales sumamente pacíficos, un tiburón acosado puede causarnos algo más que un susto.
  • No nos interpongamos en su camino, ni crucemos por delante. Que el animal siga su ruta sin verse obligado a cambiar de dirección y velocidad.
  • Como en los casos anteriores, observar su dirección y anticiparnos a sus movimientos para situarnos en una buena y respetuosa posición de observación. La idea siempre debe ser dejar que sean ellos quienes se acerquen a nosotros, y no al revés.
  • Los peregrinos a veces se sienten atraídos por los kayaks; pueden acercarse a ellos, nadar en paralelo e incluso sumergirse bajo la quilla. En estos casos, relajémonos y disfrutemos.


En resumen: Sentido común y respeto.

viernes, 6 de abril de 2012

Cañabota (Hexanchus griseus)

Foto: Antón Parada

Cañabota

Hexanchus griseus (Bonnaterre, 1788)

(es. Cañabota, cañabota gris, chata; gal. Bocadoce gris, bocadoce; cat. Xata, negra; peix xovato; in. Bluntnose Sixgill Shark; port. Tubarão albafar; fr. Griset.)

Orden: Hexanchiformes
Familia:
Hexanchidae

Jueves 2 de julio de 2009. En la playa Os Castros, Ribadeo, la gente disfrutaba de un espléndido día de sol. El agua estaba a la temperatura perfecta. De pronto alguien divisó una sombra que se desplazaba lentamente bajo la superficie; fuera lo que fuese, aquello parecía enorme. Los socorristas, alarmados, hicieron salir a todos del agua y clausuraron la playa. Poco después un grupo de Protección Civil localizó al animal. Efectivamente, aquella criatura era más grande que su zódiac de 4 metros. Nadie sabía exactamente a qué era aquello, y algunos apuntaron que podría tratarse de una cañabota¹. La prensa añadió que era muy posible que fuese el mismo pez que días atrás se había estado paseando por al menos un par de playas de la Mariña lucense inquietando a un puñado de testigos. Posiblemente lo que vieron fue un peregrino (Cetorhinus maximus) y no una especie de aguas profundas, pero no importa. Lo que llama muchísimo la atención es que hubiesen mencionado una especie tan rara como el Hexanchus.

Tres años antes, el 14 de septiembre de 2006, también jueves, en una zona denominada Chan de Touriñán, a pocas millas de Camariñas², la tripulación del Coral, un arrastrero de Riveira que pescaba a la pareja con el San Martín, se encontró al izar el aparejo con el espectacular tiburón de las fotografías que ilustran este artículo: un grueso corpachón terroso oscuro rematado en una cabezota ancha y redondeada, con los ojos de un extraño color verdoso azulado. Era una hembra sin lugar a dudas, pues durante la operación dio a luz seis crías vivas que los mariñeiros devolvieron al mar. Al llegar a puerto llamaron a la CEMMA, quienes a su vez se pusieron en contacto con la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), que fue quien se hizo cargo del animal una vez desembarcado en Camariñas, para identificarlo, medirlo y tomar muestras. La verdad es que era muy grande, nada menos que 4,5 m de longitud total; aunque el hallazgo más sorprendente estaba en su interior: todavía quedaban 31 crías, ya muertas, de entre 69 y 76 cm³, es decir, que ya habían llegado al final de su gestación; el parto natural era inminente. Una verdadera pena.


Descripción: La cañabota no es un tiburón fácil de confundir, excepto, quizá, con algún otro miembro de su pequeña familia (Hexanchidae). Uno de sus rasgos más característicos son los seis pares de aberturas branquiales laterales, en lugar de las cinco habituales en el resto de las especies no Hexanchiformes. Es un tiburón corpulento, de cuerpo grueso y alargado y una cabeza bien ancha de extremo redondeado. El morro es corto y grueso visto de perfil. La boca, parabólica, es también muy grande. Ojos relativamente pequeños, excepto en los ejemplares juveniles, y como muchas especies de aguas profundas, de color verdoso o verde azulado reverberante cuando el ejemplar está vivo; anillo o aureola blanca rodeando la pupila. Presenta una única aleta dorsal en posición muy retrasada, bastante cerca de la cola, aproximadamente sobre la axila de las aletas pélvicas. Las aletas pectorales son cortas, anchas y redondeadas. El pedúnculo caudal es corto, más o menos con la misma longitud que la base de la dorsal, y la aleta caudal es bastante larga y abatida, con un lóbulo terminal claramente marcado.
     En cuanto al color, la cañabota no presenta el típico patrón bicolor (dorso más oscuro que el vientre), sino un gris o gris terroso a castaño uniforme en los adultos, y gris con la superficie ventral más clara o blanquecina en los jóvenes.
La línea lateral está bien marcada con un tono más claro. El borde posterior de las aletas de color claro, excepto en los neonatos.

Dentición: Dimorfismo dentario, es decir, dientes distintos en cada mandíbula. Los de la mandíbula superior son lisos y estrechos, los laterales con pequeñas cúspides
secundarias del lado externo. Los de la inferior son grandes y muy característicos: presentan varias cúspides dispuestas a modo de peine (pectinados), como se ve en la imagen. 26-46 dientes en la mandíbula superior y 19-38 en la inferior, distribuidos en 6 hileras. 

Foto: Marty Snyderman.
Talla: La cañabota es el más grande de los Hexanchiformes. Como mínimo, llega a los 482 cm, posiblemente hasta los 550 cm estimados para una hembra, seguramente preñada, observada por un sumergible. Miden al nacer entre 61 y 74 cm, y en general alcanzan la madurez entre 300-330 cm, los machos, y 350-420 cm las hembras.
     En Ebert y Stehmann (2013) encontramos información más exacta: los machos son juveniles hasta los 281 cm, adolescentes entre los 273-308 cm, maduran a los 309-330 cm, y llegan a alcanzar una longitud total máxima de 430 cm; las hembras llegan inmaduras hasta os 320 cm, posiblemente son adolescentes o recién entradas en la madurez entre los 350-420 cm, y maduras hacia los 421 cm, pudiendo llegar a alcanzar los 550 cm.

Foto: Antón Parada
Reproducción: Al tratarse de un tiburón de profundidad, y pese a que es capturado con cierta frecuencia, la información de que disponemos no es muy abundante. Como todos los Hexanchiformes, la cañabota es vivípara aplacentaria (ovovivípara), con camadas grandes de 22 a 108 crías tras un periodo de gestación posiblemente bastante largo. Es posible que el ciclo reproductor sea bianual: 12 meses de gestación seguidos de 12 meses de descanso. Probablemente es una especie longeva; algunos autores apuntan que puede vivir hasta 80 años.
     Es probable que exista una segregación por tamaños, lo cual parece lógico dado el perfil oportunista de la especie, que no duda en alimentarse de sus congéneres más pequeños si se presenta la ocasión. Las áreas de cría se encuentran en la parte superior del talud y borde exterior continental, en cuyos fondos suelen encontrarse los individuos más jóvenes, que se desplazan hacia aguas más profundas y alejadas de la costa a medida que van creciendo. Se cree que en el golfo de Vizcaya se encuentra una de sus zonas de cría, dada la presencia estacional de juveniles.
     En el Mediterráneo, concretamente en el Canal de Ibiza y Golfo de Valencia, se producen abundantes capturas en un mismo rango batimétrico (550-800 m), y por parte de los mismos barcos, que abarcan un amplio espectro de tallas, desde prácticamente neonatos hasta ejemplares de gran talla, pasando por juveniles. Lo que parece desmontar, al menos para esta zona, la hipótesis de la segregación por tamaños.


Foto: Juan Ignacio (SGHN).
Dieta: La cañabota es muy oportunista. Come de todo (sería el orgullo de nuestras abuelas): desde otros tiburones más pequeños como las mielgas (también a sus congéneres), hasta, los ejemplares más grandes, cetáceos y focas, pasando por rayas, quimeras, diferentes especies de peces óseos, calamares, crustáceos, etc. Y también tiene hábitos carroñeros, alimentándose de los cadáveres que caen hasta el lecho marino.
     La dieta parece variar según la edad: el análisis de contenidos estomacales ha mostrado que los individuos más jóvenes menores de 1,2 m prefieren los cefalópodos y peces; entre 1,2-2 m, cefalópodos, peces y algunos condrictios, también pequeños mamíferos marinos; y por encima de 2 m, la preferencia son sobre todo los mamíferos marinos y los grandes peces. En todo caso, los hábitos carroñeros se dan en todas las tallas.

Foto: Javier Guallart.
Hábitat y distribución: Es una especie demersal de aguas profundas normalmente entre los 500 y los 1100 m, pudiendo llegar por lo menos hasta los 2500 m en el talud superior.
     Aunque a veces se encuentra sobre la plataforma continental, se distribuye sobre todo en el talud continental e insular, montañas submarinas y dorsales medio oceánicas. En ocasiones, los ejemplares jóvenes pueden encontrarse en aguas frías poco profundas (menos de 200 m) cercanas a la costa, sobre todo en las latitudes altas donde la plataforma continental es estrecha; y los adultos, por su parte, pueden también aventurarse en aguas someras, sobre todo donde los cañones submarinos del talud se abren cerca de la costa. Frecuentemente aparecen asociados a zonas de afloramientos y alta productividad biológica.

Elaboración propia a partir de Ebert et al. (2013) y Rodríguez-Cabello et al. (2012).
Distribución mundial muy amplia aunque discontinua, en mares templados e incluso tropicales. Probablemente está ausente de las zonas polares. Tiene hábitos migratorios.

Comportamiento: Se le encuentra en solitario o en grupos. Es un nadador lento, pero de gran potencia. Los ejemplares grandes no suelen ofrecer demasiada resistencia cuando son capturados; en cambio, los jóvenes son muy combativos. Los adultos son muy sensibles a la luz, aun de baja intensidad, por lo que apenas se les suele ver a la luz del día en aguas someras, si bien pueden acercarse a la superficie por la noche o durante intentos afloramientos de plancton.

     Durante el día se les puede encontrar cerca del fondo, a gran profundidad, y al atardecer, como muchas especies de aguas profundas, pueden emprender migraciones verticales hacia aguas más someras en busca de alimento, al menos en determinadas zonas, para regresar a las profundidades al acercarse el día.
     Recientemente se ha descubierto que este tiburón posee flotabilidad positiva. Los datos aportados por una serie de acelerómetros colocados en varios ejemplares en aguas de Hawai demostraron que los tiburones debían realizar un esfuerzo mayor durante el descenso que durante el ascenso para lograr la misma velocidad; además, planeaban en sentido ascendente durante periodos de varios minutos sin realizar el menor trabajo muscular. Los tiburones ascendían hasta los 200-300 m durante la noche y bajaban más allá de los 500 m durante el día. Se cree que puede tratarse de una adaptación para favorecer la rapidez de movimientos durante las emboscadas, y también para facilitar el movimiento vertical de ascenso cuando la musculatura está muy fría debido a las bajas temperaturas de las aguas profundas.

Estos tiburones no son peligrosos para el hombre, a pesar de su gran tamaño. Aunque la probabilidad de un encuentro fortuito es extremadamente baja, dada la profundidad de su hábitat, en aquellas zonas donde, debido a una particular geomorfología costera, se ha observado que con cierta frecuencia llegan a aguas someras, suelen mostrarse cautos y dóciles en presencia de buceadores, particularmente los ejemplares más grandes; mientras que los jóvenes se muestran algo más irritables. Sólo hay constancia de un único ataque (no fatídico) a un buceador que recogía almejas en el estrecho de Puget, estado Washington.

Foto: Antón Parada.
Pesca y estatus: La cañabota se captura sobre todo con arrastre y palangre de fondo. Se aprovecha el aceite de su enorme hígado y su carne se consume fresca y salada, aunque no parece muy apreciada. El resto, para pienso. Aunque a menudo es descartada en su totalidad. Dada su flotabilidad positiva, estos ejemplares que se tiran por la borda, incluso los más grandes, son arrastrados por las corrientes hacia la costa generando cierto revuelo entre la gente y, sobre todo, los periodistas.
     Figura en la lista roja de la IUCN con el estatus de Preocupación menor.
Aunque no se pueda decir que sea abundante en Galicia, la cañabota sí parece una especie relativamente común en los grandes fondos que rodean nuestra costa. En el Mediterráneo se considera una especie bastante común en su rango batimétrico, y son numerosas las informaciones que llegan de capturas por arrastreros comerciales que faenan en el talud. Sin embargo, no está del todo claro si este elevado número de capturas puede constituir una amenaza para la especie, o si, por el contrario, es un indicador de la abundancia de sus poblaciones, a pesar de la pesca.

En 2003, el Gonzacove Uno, un arrastrero con base en Marín, capturó, con pocas semanas de diferencia, dos ejemplares, como nos informa La Voz de Galicia de 23 de septiembre. El primero, una hembra "de unos 5 metros" que dio a luz sobre la misma cubierta del barco (igualmente, las crías fueron devueltas al mar); el segundo, un individuo de 212 cm capturado a 500 m de profundidad frente a la costa de Corrubedo junto con un tiburón duende.
En la costa cantábrica, en abril de 2005, otro arrastrero, el Elanis Berria, con base en Avilés, capturó accidentalmente otra hembra de 410 cm y 620 kg de peso. Estaba preñada. Cuando la abrieron se toparon con 87 fetos ya formados... 

     ¿Es posible que la cañabota haya elegido Galicia y alrededores como zona de cría?
     Pues por qué no. Soñar es gratis.


La cañabota es la que está tumbada con la boca abierta (Foto: Antón Parada).
Estamos ante un verdadero fósil viviente. Sus dientes solo se encuentran en registros fósiles de hace casi 100 millones de años, y hay quien considera las cañabotas, como los Hexanchiformes en general, los descendientes más directos de los tiburones del Mesozoico. ¿Cuánto tiempo más podrán mantenerse entre nosotros? Pues de nosotros depende.
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Una nota de agradecimiento al gran Antonio Parada por su apoyo y generosidad en la cesión desinteresada de sus extraordinarias fotografías (graciñas, Tucho).

[Actualizado el 21-VI-2015. Muchísimas gracias a Javier Guallart por sus importantes aclaraciones y matizaciones sobre el artículo original, y por las fotografías.]

Fuente: www.discovery.com.

=>Véase también: Los ojos de la cañabota.


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¹La Voz de Galicia de 4 de julio de 2009.
²La Voz de Galicia de 15 de septiembre de 2006.

³Ver nota completa en el Blog de la SGHN de Ferrol
David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
Javier Guallart, comunicación personal.
David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth. 
Cristina Rodríguez-Cabello, A. Serrano, R. Bañón, F. Sánchez y M. Pérez (2012). Deep-water chondrichtyan species caught in the Galicia Bank (NE Atlantic). Póster presentado en el XVII congreso del SIEBM.
Foto: Mark Royer, University of Hawaii.
Por este motivo es posible que la flotabilidad positiva también se dé en otras especies de aguas profundas, cuyos enormes hígados se creía hasta ahora que, como mucho, les conferían flotabilidad neutra. Uno de los ejemplares marcados durante este trabajo, también con flotabilidad positiva, fue otra especie de profundidad, el tiburón espinoso (Echinorhinus cookei). Véase Itsumi Nakamura, Carl G. Meyer, Katsufumi Sato (2015). Unexpected Positive Buoyancy in Deep Sea Sharks, Hexanchus griseus and a Echinorhinus cookei. PLoS ONE 10(6): e0127667. doi:10.1371/journal.pone.0127667
En la Columbia Británica se ha montado un negocio de turismo de buceo alrededor de esta especie que parece que tiene éxito. Como todos los tiburones, la cañabota está demostrado que vale más viva que muerta. Es una idea.
Javier Guallart, comunicación personal.

viernes, 23 de marzo de 2012

Zorro (Alopias vulpinus)

En la lonja de Riveira (Foto: Toño Maño).

Zorro

Alopias vulpinus (Bonnaterre, 1788)

(cast. Zorro, zorro marino, zorro blanco, tiburón zorro; gal. Raposo do mar, peixe raposo, peixe emperador; ingl. Thresher Shark; port. Tubarao raposo, arequim, peixe alecrim.)

Orden: Lamniformes
Familia: Alopiidae


-E... en qué revista vai sair esto?
Me sorprendió la pregunta y tardé en responderles. Las dos habían sido muy amables conmigo e incluso me habían echado un cable para medir el bicho, así que descarté tomarles el pelo con el nombre de alguna revista porno y decirles la verdad: que las fotos eran todas para mi, un simple particular. Eso pareció decepcionarlas ("Bah, un chalado de esos"), aunque yo estaba que me hubiese largado a bailar una muiñeira si me lo hubiesen pedido (conste que no sé bailar), a pesar de la tristeza que produce la visión del cuerpo inerte de un animal tan extraordinario. Era el primer zorro marino de verdad que había visto en mi vida, y es difícil expresar la sensación de fuerza, de potencia, que transmite su cuerpo al observarlo de cerca: cilíndrico, recio y duro como el de un torpedo, señal de una poderosa musculatura que le permite realizar impresionantes saltos fuera del agua.

Descripción: La verdad es que los zorros marinos son inconfundibles gracias a esa larguísima cola, tan larga o más que el cuerpo (si queremos ser más exactos, realmente deberíamos hablar del lóbulo superior de la aleta caudal), que le sirve para separar a sus presas de un cardumen, aislarlas girando a su alrededor y aturdirlas sacudiéndola como si fuese un látigo. A este respecto circula una historia de un pescador de la costa este norteamericana que fue decapitado por un golpe seco e imprevisto de esta cola.
El cuerpo es alargado y fusiforme, terminado en un morro corto y cónico, y una boca pequeña en forma de media luna con pliegues labiales claramente definidos. Los ojos son también grandes, aunque no tanto como los de su pariente el zorro negro (Alopias superciliosus), que veremos en otro post.
Las aletas pectorales son muy grandes y largas, y terminan en una punta estrecha. La primera dorsal es alta, un poco mayor que las pélvicas; su origen está más retrasado que el borde posterior de las pectorales. La segunda dorsal es mucho más pequeña y un tanto más adelantada que la anal.
En cuanto a su librea, presenta un color azul acerado en el dorso y los flancos, y una superficie ventral blanca. El cambio de color es brusco y de contornos irregulares entre ambas superficies, no progresivo como en el A. superciliosus. La banda blanca sube por encima de las pectorales.

Espectacular serie fotográfica de Scott Sheehan realizada en Jervis Bay, al E de Australia.
Talla: La longitud total máxima registrada es de 610 cm, aunque parece tratarse de un registro dudoso. Otros registros bastante más dudosos hablan de 760 cm (que no está mal). Al nacer miden entre 114-160 cm, y alcanzan la madurez sexual a partir de los 3 años de edad hasta los 8, los machos en torno a los 3 m y las hembras, hacia los 3-3,5 m.

Dentición: En comparación con el tamaño del animal, los dientes son más bien pequeños y similares en ambas mandíbulas; los bordes son lisos y la cúspide está ligeramente inclinada hacia las comisuras. El tercer diente superior es mucho más pequeño y recto. Presenta entre 32-52 filas en la mandíbula superior y 25-50 en la inferior.
Fuente: Shark Trust.
Reproducción: El zorro es vivíparo aplacentario (ovovivíparo), con camadas pequeñas, normalmente de entre 2 y 4 crías, excepcionalmente 6 en California o 7 en el Atlántico oriental, tras un periodo de gestación de 9 meses. Las crías practican la oofagia dentro del útero de la madre; es decir, se alimentan de los huevos no fecundados que ésta les proporciona. Posiblemente tienen zonas de cría próximas a la costa ya que se ha detectado la presencia de individuos jóvenes en bahías.
Se calcula que pueden vivir hasta los 45 o 50 años.

Foto: Toño Maño
Dieta: Muy variada. Principalmente se alimenta de especies pelágicas que se congregan en bancos (arenques, sardinas, anchoas, jureles, caballas, etc.) así como peces de fondo. También come pulpos, calamares, crustáceos pelágicos y, si se tercia, alguna ave marina.

Hábitat y Distribución: El zorro es una especie costera, sobre la plataforma continental e insular, y epipelágica. Un nadador muy activo y potente, como se puede deducir de los rasgos anatómicos descritos. Puede encontrarse cerca de la costa, en solitario o formando cardúmenes. Es muy cosmopolita, con una distribución mundial en mares templados a tropicales hasta los 550 m de profundidad.
Fuente: Wikipedia.
Pesca, aprovechamiento y situación: En muchas zonas es una especie de gran importancia económica porque se aprovecha de forma integral: su carne es muy apreciada, tanto fresca (como el marrajo, tiene un cierto parecido al atún) como salada; las aletas ya sabemos para qué se destinan; y su hígado es muy rico en aceite.
Se captura principalmente con palangre de deriva, pero también con otras artes de red. Está también cotizado en la pesca deportiva al tratarse de un animal muy combativo, aunque en su medio se muestra sumamente tímido y cauto. No existen ataques confirmados a seres humanos.

Foto: Toño Maño
El zorro marino es una especie en peligro, extremadamente vulnerable, expuesto a pesquerías intensivas en alta mar. Considerado como En peligro por la IUCN.
Desde el 1 de enero de 2010, por la Orden ARM/2689/2009, de 28 de septiembre, España prohíbe terminantemente a sus buques pesqueros la captura, transbordo, desembarque y comercialización de zorros marinos en todos los caladeros en que realicen su actividad, incluyendo aguas jurisdiccionales de otros países con los que exista un acuerdo pesquero (BOE del 5 de octubre de 2009). Incluido en el Anexo II de la CMS en noviembre de 2014.

Al bicho le hice casi 100 fotos, de las cuales sólo unas 40 resultaron decentes (soy muy mal fotógrafo).
Era una preciosa hembra de 457 cm y 375 kg que había sido capturada a pocas millas de la costa por una pareja que, según me comentaron, había traído lirio y pescadilla. No conseguí más datos. Era la una menos cuarto de la madrugada y la lonja estaba vacía. Sólo estábamos las dos mujeres (tres, con la tiburona), un mariñeiro que apareció por allí a curiosear y un servidor. Hacía un fresco incómodo y sentí ganas de regresar a casa. Era el 7 de agosto de 2008, lo tengo apuntado.



> Véase también Colas de zorro (fam. Alopiidae) y Zorro negro (Alopias superciliosus).


lunes, 19 de marzo de 2012

Anatomía externa

Antes de seguir hablando de tiburones, particularmente de las características más importantes de cada una de las especies, conviene familiarizarse con un puñado de términos relativos a su anatomía externa como este que os presento a continuación. Así sabremos en todo momento a qué nos estamos refiriendo y el paseo será más agradable. Para que os sea más fácil localizarla, la dejaremos bien visible en una de las pestañas de arriba.
Musolas. Foto: Toño Maño


1. Morro.
2. Narinas, con las solapas nasales anteriores bien visibles.
3. Boca.
4. Espiráculo.
5. Aberturas branquiales.
6. Aletas pectorales o escapulares.
7. Axila pectoral.
8. Primera aleta dorsal.
9. Segunda dorsal.
10. Aletas pélvicas.
11. Aleta anal.
12. Pedúnculo caudal. Parte posterior del cuerpo comprendida entre la la cloaca (situada entre las aletas pélvicas) y el origen de la caudal.
13. Aleta caudal.
14. Lóbulo inferior o ventral de la caudal.
15. Lóbulo superior de la caudal, rematado en un lóbulo terminal que suele estar, como aquí, claramente delimitado por una muesca o escotadura subterminal.
16. Surcos labiales.

17. Quilla lateral: en las especies que son potentes nadadoras, el pedúnculo caudal suele estar ensanchado con potentes pliegues dérmicos laterales.
18. Quilla secundaria: pliegue dérmico adicional presente en algunas especies de lámnidos como el cailón (Lamna nasus) al que pertenece la caudal de la imagen.

19. Pterigópodos o penes: órganos copuladores externos de los machos formados a partir del borde interno de las aletas pélvicas.

Tintorera (Foto: Toño Maño)

domingo, 18 de marzo de 2012

Galludo (Squalus blainville)

Foto: A. M. Arias (Ictioterm)

Galludo


Squalus blainville (Risso, 1826)

(gal.: Galludo, melca, boto; ingl. Longnose Spurdog; port. Galhudo malhado, melga de ferrao.)

Orden: Squaliformes
Familia:
Squalidae


El galludo es un pequeño y modesto tiburón bastante común en nuestras aguas, aunque no es frecuente verlo cerca de la superficie. Se trata de una especie demersal con comportamientos pelágicos (el galludo es buen nadador): le gusta vivir cerca de los fondos fangosos entre los 16 m y, al menos, los 450 m de profundidad en la plataforma y zona superior del talud continental. Sólo en determinadas condiciones de upwelling pueden aparecer cerca de la costa en aguas someras, según Moreno.
Los galludos suelen formar grandes cardúmenes de gran movilidad en los que se ha observado separación de sexos.

Descripción: En cuanto a su aspecto, no se puede decir que al galludo le guste llamar la atención. Bien al contrario. Su librea es sumamente discreta: gris o gris parduzco uniforme en el dorso, más pálido en los costados, y vientre blanquecino. Las dos dorsales presentan un borde posterior blanco.
Su cuerpo es alargado y fusiforme, y termina en un morro relativamente corto y ancho. Las narinas son bilobuladas, con un lóbulo secundario grande sobre las solapas nasales anteriores.

Foto: Ana Morillas, COB-IEO
Las dos aletas dorsales son altas y están precedidas por sendas espinas bastante largas y sin surcos. El origen de la primera dorsal está situado sobre la axila de las pectorales, mientras que el de la segunda está más retrasado que los extremos de las pelvianas. Carece de aleta anal, como todos los Squaliformes, y su caudal no tiene lóbulo terminal.

El galludo es muy parecido a la mielga (Squalus acanthias), de la que hablaremos en otro post, y en ocasiones pueden llegar a confundirse. No obstante, su cuerpo es más pesado, menos esbelto y sin manchas blancas; y sus espinas dorsales son más largas.

Talla: Longitud máxima observada es de 80-100 cm (longitud total). Los machos maduran sexualmente aproximadamente al alcanzar los 50 cm, y las hembras a partir de los 60 cm.

Dentición: Dientes pequeños e imbricados, de bordes lisos y con una sola cúspide muy abatida. Sin sinfisarios.

Reproducción: El galludo es vivíparo aplacentario (ovovivíparo) con camadas de entre 2 y 4 crías que suelen nacer con 20-23 cm tras un periodo de gestación posiblemente cercano al de la mielga: 2 años, según algunos autores, o entre 9 y 12 meses según otros.

Dieta: Principalmente a base de peces óseos (caballas, etc.), aunque también consume cefalópodos y, en un porcentaje bastante inferior, crustáceos.

Distribución: Tiburón demersal, común y abundante cerca del fondo entre los 16 y los casi 500 m (700 m en el Mediterráneo).


Mapa no revisado, generado por ordenador. (Fuente: Fishbase)

Aguas templadas a tropicales de temperaturas de 10º a 18ºC. Mediterráneo, fachada oriental del Atlántico, desde el golfo de Vizcaya hasta Suráfrica.

Pesca y estatus: Se suele capturar con palangre de fondo y arrastre. Es una especie de cierto interés comercial: en muchos lugares su carne se consume fresca, salada o ahumada.
Forma parte, junto con la mielga, del eufemístico "salmón de roca" (rock salmon) que se fríe en mantequilla rancia en los repugnantes fish and chips británicos para delicia de nativos y turistas.
Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Datos insuficientes.

Foto: Oliver Navarro

jueves, 8 de marzo de 2012

Noticias antiguas de tiburones

La Voz, 2 de junio de 1925.

Un mar sin tiburones es un mar enfermo.

El descenso acusado en el número de depredadores es uno de los más claros indicios de que una parte sustancial de una red trófica se encuentra seriamente dañada¹. La situación resulta particularmente alarmante cuando el proceso degenerativo se ha desarrollado a lo largo de un brevísimo espacio de tiempo, tal como ha ocurrido en nuestro Atlántico y, en general, en casi todos los mares del planeta. En apenas 200 años hemos convertido un mar que hervía de peces en, comparativamente, un terreno baldío. Hay pocos peces, y muy pocos depredadores.
     No perdamos la perspectiva de la historia: 200 años tal vez sean mucho tiempo desde nuestro punto de vista humano, pero en el contexto de una red que empezó a tejerse hace 400 millones de años, apenas son algo más que una absoluta y trágica insignificancia². El maltrato al que hemos sometido a los océanos no puede ser más parecido a la tarea de un francotirador, que en milésimas de segundo, con un solo y breve gesto, está a punto de truncar una vida en su inmensa totalidad: de todo aquello que la ha llevado a ser lo que es, todo lo que es ahora y todo lo que podría llegar a ser, como amargamente explicaba el forajido William Munny en la estraordinaria Sin perdón.


No hay como sumergirse en las hemerotecas para hacernos una idea de cómo debieron de ser las cosas en nuestro pasado reciente, reconstruir aquel mundo tan aparentemente lejano, noticia a noticia, suceso tras suceso, como las piezas de un puzzle. Tal es el sentido de este pequeño recorrido que os propongo por los tiempos de nuestros bisabuelos y tatarabuelos. De más está decir que rigor científico no hay mucho (obviamente), pero de lo que se trata es de presentar un panorama general que nos haga reflexionar un poco, no cifras o tendencias concretas.

En el siglo XIX, la mayor parte de las noticias con que nos encontramos se refieren básicamente a náufragos atacados y/o devorados en mares lejanos, así como sucesos ocurridos en alguna de nuestras antiguas colonias, principalmente Cuba. Aunque también es posible tropezarse con joyas como esta, un anuncio aparecido en El Lloyd español del 23 de agosto 1864:
El señor Cupiñas ofrece á sus favorecedores el baño flotante, útil no solamente para los que no saben nadar, sino tambien para resguardarse del tiburon y demás cetáceos³.
Sustituyamos el poco glamuroso "señor Cupiñas" por un moderno y apolíneo "Mr. Robertson", pongamos por caso, y enseguida se nos viene a la cabeza alguna playa de KwaZulu-Natal. Llama la atención que aunque en el último tercio del XIX nuestras playas no estaban ni la cuarta parte de abarrotadas que ahora, los avistamientos o encuentros con tiburones hayan sido lo suficientemente significativos como para que alguien se hubiese tomado la molestia de idear y publicitar un "baño flotante" anti-tiburones (ignoramos con qué éxito, eso si).

Naturalmente, después del desastre de 1898 los escualos "españoles" de que se ocupará nuestra prensa serán los peninsulares e insulares. Y lo que constatamos es que en las costas españolas hace poco más de un siglo, ya en pleno proceso de degradación, seguía habiendo bastantes tiburones, muchos tiburones, a juzgar por la cantidad y naturaleza de las noticias que hemos encontrado. Algunas, de hecho, resultan tan sorprendentes para un lector español actual, que uno tiene la impresión de que lo que está leyendo en realidad es la crónica de un suceso ocurrido en una zona remota de África, Australia o el Caribe: tiburones que recorren las playas e incluso penetran en las dársenas, advertencias de las autoridades marítimas a los bañistas por la presencia de tiburones, prohibición del baño en tanto no se mate al animal, capturas de diferentes especies, y también (y esto ya parece, efectivamente, un poco más nuestro) un puñado de casos de paisanos que la emprenden a garrotazos con escualos que se han acercado demasiado a la playa.

Es una pena, por lo que nos toca, que el grueso de las noticias proceda de las regiones más turísticas y relevantes del país, fundamentalmente del Mediterráneo, como Málaga, Valencia o Barcelona, y zonas del Cantábrico como San Sebastián y Santander. Las que se ocupan de Galicia no son, en sí mismas, lo suficientemente numerosas y consistentes como para podamos extraer conclusiones de ningún tipo, por lo que deben ser analizadas dentro del contexto más amplio y rico del panorama nacional.

Nuestra ría de Arousa, donde actualmente conviven, en plácida armonía, bañistas, biatletas y triatletas con vertidos de gasoil, aguas fecales y diversos productos industriales, así como con toneladas de residuos plásticos y, en verano, con centenares de embarcaciones de recreo, era hace unos años un lugar bien distinto, lleno de vida, tiburones incluidos. El Imparcial, 29 de mayo de 1901:
Una lancha pescadora del Sou ha matado un tiburón á la altura de la ría de Arosa.
Es un magnífico ejemplar, hembra, que mide tres metros de largo.
La ha adquirido D. Andrés Quintanilla, de Cambados, para un gabinete zoológico de Santiago.
Al día siguiente el periódico El Globo recoge el mismo suceso, pero matiza que el gabinete zoológico no es el de Santiago, sino el de Santander. En la misma ría, unos años más tarde, se sitúa la sorprendente historia que encabeza este artículo, reproducida tres días después, el 5 de junio, por el mismo periódico, La Voz, que esta vez escribe Ribeira con b, para que no se diga: 
EXCELENTE PESCA

VILLAGARCÍA 5 (8 m.).— Los pescadores de Ribeira cogieron cerca del Arenal un tiburón de tres metros, que se supone venía siguiendo al vapor gallego "Melitón Domínguez", que traía 250 toneladas de bacalao. (Febus.)
No parece probable, aun en esos años, que dos tiburones de parecido tamaño hubiesen penetrado en la ría de idéntico modo siguiendo el rastro de dos embarcaciones, por lo que posiblemente se trata del mismo suceso.

Algunas noticias son perfectamente irrelevantes e imprecisa, tanto en lo referente al lugar como a la especie implicada:
UN TIBURÓN. Fondeó la lancha "María", cuyos marineros pescaron un tiburón de 3,76 metros de largo. Es el primer pez de esta clase que se pesca en aguas gallegas. (El Sol, 22 de junio de 1926)
VIGO 3 (10,5 M.).— Un pesquero ha cogido un tiburón de dos metros doce centímetros de largo. La cabeza del tiburón, que pesa 23 kilos, ha sido enviada al Museo local de Oceanografía. (El Sol, 4 de agosto de 1918)
Aunque en este último caso el rotativo La Acción, haciendo honor a su nombre, desarrolla un poco más el asunto:
Pesca de otro tiburón.
Vigo, 2 (12 n.). Un vapor de este puerto, dedicado a la pesca del besugo, ha traído un tiburón, pescado esta tarde mientras los tripulantes recogían el aparejo.
      Vieron aquéllos que el tiburón se lanzaba sobre un besugo. Inmediatamente le echaron las cuerdas, consiguiendo engancharlo. Diéronle luego una puñalada en el corazón metiendo a bordo al tiburón.
      Mide éste dos metros y doce centímetros de largo y tiene varias filas de dientes. La cabeza ha sido entregada al Laboratorio de Oceanografía, y el cuerpo fué subastado en la lonja. (La Acción, 3 de agosto de 1918).
Otras, en cambio, son infinitamente más interesantes, como la que recoge La Voz del 21 de marzo de 1924:
  LA MUERTE DEL TIBURÓN
LA CORUÑA 21 (8 m.).— Desde hace días aparecía a la altura de las islas Sisargas un tiburón que atacaba a los barcos pesqueros.
     Anteayer, una barca del puerto de Sada, que patronea Ricardo Lameiro, fué sorprendida por el tiburón, que era de enorme tamaño, mayor que el de la barca.
     Los pescadores se defendieron con cuchillos, acribillando al monstruo a puñaladas.
     Pero no lograron librarse de él. El tiburón persiguió a la barca más de tres millas.
     El monstruo se iba desangrando por las heridas que los marineros le habían causado; murió y fué metido a bordo.
     Los pescadores llevaron el tiburón a La Coruña, donde lo vendieron.
     Medía tres metros y medio de largo. (Febus).

Resulta imposible adivinar la especie implicada, naturalmente, pero sobre todo decidir dónde termina el suceso real y dónde empiezan las exageraciones novelesca. Sobre este punto nos adherimos a la postura de El Compostelano. Diario independiente, que tres días después, el 24 de marzo, en la sección titulada "Oh la información de los grandes rotativos!...", comenta:

Para que luego digan que que son exageradas ciertas novelas de viajes y aventuras que se venden como el pan. Ahí tienes ustedes á dos pasos de nuestra casa y sin que nos hubiésemos enterado, uno de los dramas más espeluznantes que registra la historia del mar.
     Este terrible tiburón que atacaba á los barcos, debía ser descendiente directo de aquellos que andaban junto á la orilla en tiempos de Camprodón y que hacían cantar al contramaestre sentado en la ventana:
No enseñes en la playa
la pantorrilla...
Y para terminar, la noticia a mi modo de ver más asombrosa de todas. Si somos capaces de sazonarla con una pequeña pizca de imaginación e ilusión, cómo no recordar aquellas escenas míticas de Blue Water, White Death ('Agua azul, muerte blanca'), el extraordinario documental de Peter Gimbel, cuando el equipo se sumerge en las aguas que rodean una factoría ballenera de Durban para filmar al gran tiburón blanco. Noticia publicada por El Sol, 28 de julio de 1927:

                                TIBURONES EN CORCUBIÓN
Dicen de Corcubión que hay en aquellas aguas muchos tiburones. Su presencia es extraordinaria. Se cree que los han atraído los despojos de las ballenas descuartizadas en la factoría de Camilinas o que se ha desviado la corriente del Golfo. Ayer estuvieron de ser presa de los tiburones algunos marineros que se bañaban.
Es obvio que por "Camilinas" debemos entender la factoría ballenera de Caneliñas que vemos en la imagen. Estaba en Cee, y fue la primera y más importante de las que se construyeron en Galicia (se clausuró definitivamente en 1985 por la presión de las autoridades de la CE, presionadas a su vez por una opinión pública cada vez más concienciada gracias sobre todo a las constantes campañas de Greenpeace, entre otras asociaciones).


Caneliñas fue fundada ese mismo año de 1927, lo cual da que pensar. ¿Fue tan solo una casualidad que tiburones y balleneros coincidiesen en aquel preciso momento? ¿Un suceso extraordinario causado, como se explica, por una desviación de la corriente del Golfo? ¿O tal vez los tiburones ya merodeaban por la zona y solo necesitaron de un estímulo tan poderoso como el rastro que dejaban los balleneros o catchers llevando sus capturas a tierra para hacerse más visibles? Particularmente me inclino por esto último.


¿De qué tiburones se trataba? Es muy difícil saberlo. Por supuesto no tiburones blancos, como en el documental de Gimbel. Tal vez tintoreras, que, a pesar de todo, todavía hoy en día son relativamente comunes a pocas millas de nuestra costa, quién sabe por cuánto tiempo.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿Volveremos algún día a ver nuestro mar tan lleno de peces y de depredadores como lo estaba antes? Si los seres humanos somos tan inteligentes como nos suponemos, deberíamos al menos intentarlo. Nos va en ello nuestra supervivencia.


[Actualización a 10 de noviembre de 2013] Otra noticia verdaderamente sorprendente la podéis encontrar en Ataque mortal en Fisterra, 1908.

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¹Existen otros indicios, como el menor o igual volumen de capturas aplicando un esfuerzo pesquero infinitamente mayor, el incremento de la distancia respecto del puerto base que la flota se ve obligada a recorrer para obtener esas capturas, o la disminución del tamaño de las diferentes especies.
²Para hacerse una idea de cómo era nuestro océano Atlántico antes de que la pesca industrial lo convirtiese en un desierto, ver el artículo Ese Atlántico que jamás conoceremos.
³Aclaremos que llamar "cetáceos" a los tiburones era bastante común en la prensa española hasta bien entrado el siglo XX. 
Podéis encontrar aquí una importante recopilación de noticias sobre tiburones en España. Se trata de un proyecto de una Hemeroteca española sobre tiburones que un grupo de amigos iniciamos hace algún tiempo y que algún día esperamos completar.

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