Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

domingo, 22 de febrero de 2015

Bioluminiscencia II: Funciones


Negrito (Etmopterus spinax) con un anfipodo parásito. Foto: Rudolf Svensen.

En el capítulo anterior, Bioluminiscencia I: Los fotóforos, explicamos el funcionamiento del sistema bioluminiscente de los tiburones. Hoy vamos a analizar su finalidad, para qué sirve.
¿Qué motivos pueden justificar una acción tan descabellada como prender una luz en la oscuridad, o para ser más exactos, convertirse uno mismo en bombilla viviente en un mundo de tinieblas repleto de depredadores? Fundamentalmente hay tres: el camuflaje, la caza y la comunicación. Veamos.

1. Camuflaje.
La zona de mayor concentración de fotóforos es la superficie ventral. Los tiburones bioluminiscentes brillan más cuando se les ve desde abajo. El porqué se entiende perfectamente si pensamos que nos encontramos en el dominio mesopelágico o zona de penumbra. Aun hasta estas aguas profundas todavía llega un resto de luz solar, un resplandor residual que varía en función de la profundidad y diversos factores físicos del agua [véase Dónde viven los tiburones]. Con su brillo, lo que los fotóforos ventrales consiguen es borrar la silueta del tiburón en el contraluz, sustrayéndola de la mirada de sus depredadores, que acechan un poco más abajo, y ya de paso, también de sus posibles presas. Este sistema se conoce como contrailuminación, y lo utilizan los tiburones de aguas más someras, como el tiburón blanco, así llamado precisamente por la blancura de su zona ventral, que consigue que a que sus presas potenciales les resulte difícil detectarlo contra la luz de la superficie.

Negrito (Etmopterus spinax). Foto: Jérôme Mallefet.
Probablemente, especies como el negrito son capaces de modular, mediante una serie de filtros y mecanismos de control, el brillo de sus fotóforos para adaptarlo a la cambiante luz que viene de la superficie. Otros tiburones simplemente se desplazan verticalmente en la columna de agua durante el día hasta que su propio brillo coincide con el de la luz solar.


2. Caza.
El tiburón se camufla para evitar a sus depredadores pero también para no ser detectado por sus presas.
Pero este terreno de la caza, hay un grupo de tiburones que brillan con luz propia, valga la expresión. Son los famosos Isistius o tiburones cigarro, de la familia Dalatiidae, los cuales, según una extendida teoría, se sirven de su luz no para ocultarse de sus presas, sino para atraerlas hacia si. Esto tiene que ver con su particular forma de alimentarse: el Isistius es un clepto-parásito, su técnica es abalanzarse sobre animales mucho mayores que él y arrancarles un trozo de carne, dejando las típicas heridas en forma de cráter. La franja oscura que le rodea la cabeza, el collar, es una zona libre de fotóforos que serviría para romper su silueta y hacerla más atractiva para sus presas, que incluyen pinnípedos, túnidos, cetáceos, personas [El ataque del tiburón cigarro]... hasta con el mismísimo gran tiburón blanco se atreve esta especie de caniche rabioso [Cuando el pez chico ataca al pez grande]. Sin embargo, algunos rechazan esta hipótesis argumentando que no existen datos u observaciones que la confirmen, además de que una parte importante de sus víctimas son filtradores o súper depredadores, para los que este mecanismo resulta inútil. Consideran que el collar es un sistema de identificación intraespecífica similar al que, como veremos a continuación, emplean algunos etmoptéridos¹.

Tiburón cigarro (Isistius brasiliensis). Fuente: FMNH.
3. Comunicación: Identificación, reproducción, advertencia.
En un buen puñado de tiburones, los fotóforos se concentran no solo en la zona ventral, sino en otras áreas como los costados y las aletas, donde parece evidente que resultan de todo punto inútiles para el camuflaje. Esto se da en, al menos, una parte importante de los etmoptéridos (sabemos que especies como el Trigonognathus kabeyai y el Etmopterus princeps o tollo raspa carecen de ellas), pero no, en cambio, en los miembros de la familia Dalatiidae.²
     Si comparamos las imágenes A y B, que muestran, respectivamente, la iluminación espontánea lateral de un tollo pigmeo de ojo pequeño (Squaliolus aliae, Dalatiidae) y de un negrito (Etmopterus spinax, Etmopteridae), vemos como la segunda muestra un patrón mucho más complejo. Las flechas señalan las franjas lumínicas no relacionadas con la contrailuminación: Pe: pectoral, La: lateral, Do: dorsal, Ic: infracaudal, Ca: caudal.
     La hipótesis más plausible es que su función es comunicativa, en el sentido más amplio del término, es decir, son señales luminosas dirigidas tanto a los amigos como a los enemigos, con un triple objetivo: identificación, apareamiento y advertencia.

Fotos: Jérôme Mallefet; dibujos: Julien M. Claes. Fuente: Claes et al., Scientific Reports, 4, 2014.
   a) Identificación: Las franjas laterales pueden ayudar a un tiburón a identificar a sus congéneres. La figura C muestra la variedad de formas y tamaños que pueden adoptar según la especie: de izquierda a derecha, tolla de aleta blanca (Centroscyllium ritteri), negrito (Etmopterus spinax), melgacho franjeado (Etmopterus gracilispinis), melgacho linterna (Etmopterus lucifer) y tollo liso (Etmopterus pusillus).

   b) Apareamiento: Identificarse correctamente es el primer paso para relacionarte con tus congéneres; y si lo que se pretende es lograr un tipo de relación llamémosle más íntima, cuanto más se faciliten las cosas, sobre todo en un entorno donde es difícil ver nada, mejor que mejor. Tiburones como el negrito han logrado resolver esto de una forma de lo más elegante. Por un lado, los fotóforos asociados a las áreas genitales de la zona pélvica identifican claramente el sexo de su propietario: los de las hembras son más brillantes, como se observa en la imagen de abajo, y se encuentran rodeando la cloaca (C), como si alguien la hubiese destacado con un lápiz fosforito, acaso para evitar embarazosas confusiones; los de los machos, de brillo menos intenso, marcan los pterigópodos (P)³.
Por el otro, con una franja luminosa sobre sus pectorales (Pe, en la fotografía B de arriba), las hembras indican a los machos el lugar por donde deben agarrarlas durante la cópula, para evitar —cabe suponerque pierdan tiempo a lo bobo, o muerdan donde no deben.
Fotóforos de la zona pélvica de un E. spinax. Arriba el macho, abajo la hembra. P, pterigópodo; C, cloaca. Fuente: Claes & Mallefet, Journal of Experimental Biology, 213, 2010.
   c) Advertencia: Situados en según que zonas, los fotóforos pueden tener una función disuasoria contra posibles depredadores. Con el sorprendente título de "Un pez de aguas profundas con espadas-láser", un trabajo de hace pocos años sobre el Etmopterus spinax informaba del descubrimiento de bandas de fotóforos situadas en la superficie de las aletas dorsales próxima a las espinas y apreciables a varios metros de distancia; la luz que generaban podía incluso verse a través de las propias espinas, dado que son traslúcidas, convirtiéndolas así en una especie de espadas-láser. Una seria advertencia que ningún depredador debería pasar por alto.
Fuente: Claes et al., Scientific Reports, 3, 2014 (SAPs, 'Spine-associated photophores').

Pese a que ha habido grandes avances durante estos últimos años, el tema de la bioluminiscencia en los tiburones está todavía lleno de huecos y de zonas oscuras. Cada nuevo trabajo, más que aclarar las cosas, lo que hace es corroborar que este sistema es bastante más complejo de lo que se creía. Es más lo que todavía queda por conocer que lo que ya se conoce. Y esto sube un punto más la fascinación que sentimos por estos maravillosos bichos.


______________________
¹Julien M. Claes, Dan-Eric Nilsson, Nicolas Straube, Shaun P. Collin, Jérôme Mallefet (2014). Iso-luminance counterillumination drove bioluminescent shark radiation. Scientific Reports, 4: 4328, doi: 10.1038/srep04328.
²La mayor complejidad del sistema bioluminiscente de los etmoptéridos en comparación con el de los dalátidos, que parece tener el camuflaje como única finalidad, hace pensar que fueron estos quienes primero adoptaron este sistema cuando emprendieron la colonización de la zona pelágica tras la extinción masiva del Cretácico-Terciario, hace unos 65 millones de años; más tarde los etmoptéridos se separaron y se internaron en aguas más profundas modificando el mecanismo para darle nuevos usos.
³Julien M. Claes & Jérôme Mallefet (2010). Functional physiology of lantern shark (Etmopterus spinax) luminescent pattern: differential hormonal regulation of luminous zones. Journal of Experimental Biology, 213, 1852-1858, doi: 10.1242/jeb.041947.
Julien M. Claes, Mason N. Dean, Dan-Eric Nilsson, Nathan S. Hart, Jérôme Mallefet (2013). A deepwater fish with 'lightsabers': Dorsal spine-associated luminiscence in a counterilluminating lanternshark. Scientific Reports, 3: 1308, doi: 10.1308/srep01308.


lunes, 16 de febrero de 2015

Ataques de tiburón 2014

Foto: Rafa Aso.

Como todos los años, el ISAF acaba de publicar las cifras globales de ataques de tiburón registrados en todo el mundo durante el pasado año 2014, y como todos los años, aquí tenéis un pequeño resumen.

72 ataques no provocados. De las 130 interacciones o, si lo preferís, encuentros hombre-tiburón investigados, solo 72 se consideraron propiamente como ataques no provocados, es decir, ataques ocurridos sin provocación previa por parte de la persona. Es el número más bajo desde los 68 ataques del 2009.

3 personas fallecidas... en todo el mundo. Sin duda el dato más espectacular, sobre todo si lo comparamos con las 10 del año anterior. Fueron dos en Australia (Nueva Gales del Sur) y una en Sudáfrica (Eastern Cape).
En cualquier caso, aunque el dato es positivo, estos números deben valorarse a medio o largo plazo. Es muy posible que el próximo año la cifra nefasta vuelva a crecer y situarse en el entorno de las 10 muertes, que viene siendo la tendencia de estos últimos años.

Distribución de los ataques. Los EEUU se llevan la mayor parte, con 52 ataques (62,5% del total), 5 más que en 2013. Florida, es el estado más "atacado", particularmente Volusia County; más de la mitad de los ataques registrados en todo el país se produjeron aquís 28 ataques registrados representan más del 50% de todo el país (54%). A gran distancia le siguen Hawai (7 ataques), Carolina del Sur (5), Carolina del Norte (4), California (4), etc.
En cuanto al resto del mundo, que también existe, 11 ataques se registraron en Australia, 2 en Sudáfrica, y uno en Reunión, Japón, España, Nueva Zelanda, Polinesia Francesa, Nueva Caledonia y las Galápagos. En Galicia, 0, lo cual demuestra o bien que aquí somos muy prudentes, o bien que nuestras aguas las hemos vaciado de tiburones. No sé con cuál quedarme.

Tipología de las víctimas. Una vez más, la tendencia se repite: la inmensa mayoría de las víctimas fueron surfistas o practicantes de algún tipo de deporte de tabla, con nada menos que el 65% de los ataques. Esto tiene su lógica: pasan más tiempo en el agua, en una zona donde a los tiburones les gusta estar al acecho, chapoteando, braceando, etc., es decir, generando un ruido muy atractivo para estos depredadores.
Solo el 32% de los ataques fueron a bañistas y nadadores, y un 3% a buceadores con snorkel (ninguno a buzos de botella).


CONCLUSIONES:

1) Una vez más, la conclusión más evidente es que los tiburones no son tan fieros como mucha gente se empeña todavía en pintarlos, contra toda evidencia. 72 ataques (deberíamos llamarlos accidentes, porque en el fondo es lo que son) y 3 muertes, en todo el mundo, a lo largo de todo un año, son cifras que, referidas a otras actividades cotidianas como el trabajo o conducir un coche firmaría cualquier presidente para su país, con los ojos cerrados y además brindando con champán.

2) Pensémoslo otra vez: 72 ataques o accidentes (¿alguien se ha molestado en averiguar cuánta gente muere destrozada por la hélice de un fuera borda, o por un corte de digestión?) y 3 muertos, en todo un año, después de que millones y millones de personas hayan permanecido millones y millones de horas metidas en el agua a lo largo de millones de tramos de océano de todo el mundo... ¿de verdad son tan fieros y voraces los tiburones? Si fuesen la mitad de lo que muchos creen, el número de muertos sería terrorífico.
El hombre es una criatura muy triste: vota y defiende a quienes causan la desgracia y la muerte tanto de sus vecinos (por ejemplo provocando y gestionando una crisis) como de sus congéneres de otras partes del mundo, pero se echan las manos a la cabeza cuando se enteran de que un tiburón acaba de merendarse a un bañista y reclaman venganza.

3) Otro dato sumamente esclarecedor es que en el país del mundo donde se han producido más ataques, los EEUU, no ha habido ningún muerto. Esto quiere decir que cuando la población está bien informada sobre las situaciones de riesgo que conviene evitar, cuando las autoridades invierten no solo en concienciación social, sino en medidas de seguridad en las playas y de asistencia en caso de ataque, el riesgo de ataques y, fundamentalmente, de muerte se reducen considerablemente, a veces hasta 0.
Acabamos de conocer la trágica noticia de un ataque que nunca tendría que haber ocurrido si se hubiesen tenido en cuenta las recomendaciones que los expertos se empeñan, una y otra vez, en meternos en la cabeza, una desgracia más que previsible. Ocurrió en la isla de Reunión: una pareja decidió meterse en el agua al atardecer (la peor hora), y además en una zona de aguas turbias próxima a la desembocadura de un pequeño río en la que el baño estaba desaconsejado y donde ya se había producido otro ataque un par de años atrás. La joven, de 20 años, sufrió dos mordeduras en una pierna de las que no pudo recuperarse. Murió durante la noche en el hospital.
La pregunta es: ¿El tiburón es el culpable, o lo es la parte supuestamente "racional" del problema?

Foto: Rafa Aso.

domingo, 8 de febrero de 2015

Los tiburones según Claudio Eliano


Claudio Eliano fue un romano de pura cepa, de los de pedigrí. Nació alrededor del año 175 en Palestrina, una aldea próxima a Roma, y sus sandalias jamás pisaron otro terreno que el de la capital del Imperio. Sin embargo, su vida transcurrió bajo el hechizo permanente del mundo helénico. Sus maestros y referentes fueron siempre los grandes autores griegos, y llevado por un agudo y peculiar sentido de la estética, llegó incluso a escribir sus obras en un griego arcaizante. Más que un romano helenizado, que decía Borges, Eliano fue fue más bien un heleno mal trasplantado.

De natura animalium, también conocido como Historia animalium, Historia de los animales, es un texto sumamente peculiar si lo comparamos con las obras de Aristóteles y de Plinio que ya comentamos aquí. Más que un tratado o un compendio de carácter científico, los 17 libros de que consta constituyen un conjunto desordenado de noticias y relatos de diversa naturaleza y procedencia que tratan de animales. Contiene desde fábulas con intención moralizante hasta las historietas e invenciones más disparatadas y extravagantes (no en vano, esta es una de las fuentes principales de los bestiarios medievales).
La comadreja terrestre. La comadreja de mar
He oído decir que la comadreja fue en otros tiempos mujer; que se llamaba así y era hechicera y bruja; que era muy incontinente, y que padecía un apetito sexual desbordado. [...] Es notorio que es una bestezuela muy indigna, ya que se pone encima de los cadáveres humanos, corretea por ellos si no están protegidos, les arrancan los ojos y se los engullen.
[...] Hay también un pez comadreja. Es pequeño y no tiene nada en común con los llamados perros de mar (galeós), porque estos últimos son cartilaginosos, viven en el mar, alcanzan una gran longitud y se parecen a los perros. Pero podríamos decir que la comadreja de mar vive entre las rocas, se alimenta de algas y, como la terrestre, se come los ojos de todos los cuerpos que encuentra muertos. Los pescadores que practican la brujería siguiendo los métodos de los del Epiro, gente aquélla malvada y experta en malignidad, emplean a esta comadreja marina con la misma intención que usan la terrestre otros hombres. Y como esta clase de peces es carnívora, los que viven de la pesca y que exploran las más profundas simas, ennegrecen sus pies y las palmas de las manos, tratando de oscurecer el brillo que sale de ellos, ya que los miembros de los hombres, como dentro del agua despiden intensos destellos, atraen a estos peces. (XV, 11)
No es difícil imaginar que Plinio, más que Aristóteles, es una de las fuentes que maneja Eliano, pues no le mueve un afán científico, sino estético y, tal vez, filosófico, si es que ambas cosas no venían siendo una y la misma. Su Historia de los animales refleja la visión de una Naturaleza ordenada y bella, cuya lógica es la que rige el comportamiento de los seres que la habitan. Como señala José María Díaz-Regañón, "Una de las preocupaciones principales de Eliano es demostrar que los animales, guiados por un instinto natural, son capaces de sentimientos elevados, más elevados que los del hombre mismo: generosidad, espíritu de sacrificio, amor a la prole, veneración hacia los padres, etc."
Alga mortal
Cuando el estío está en su apogeo, los tiburones y los demás peces en quienes el arrojo es una condición natural se acercan a las playas, y se dirigen derechos a los acantilados por cuyas aguas turbulentas nadan metiéndose por estrechos angostos y profundos. Abandonan las moradas de alta mar y desdeñan, en esta estación, sus comederos habituales, pues entre los profundos arrecifes se cría cierta alga, de un tamaño aproximado al del tamarisco, que produce un fruto parecido al de la adormidera. Durante las otras estaciones del año, el fruto está cerrado y es de suyo resistente y duro como una concha. Pero después del solsticio de verano se abren como capullos en las rosaledas. El estuche circundante protege el interior y discurre a manera de una barrera. Es de color amarillo; pero lo que está debajo de la funda es azul oscuro y fofo como una vejiga llena de aire; es, además, muy traslúcido y fluye de él un veneno activo. Por la noche estas algas emiten un resplandor parecido al fuego y unos a modo de centelleos. Y cuando Sirio aparece en el cielo, la potencia del veneno se acrece aún más. Por esta razón, todos los que se dedican a la pesca le han dado el nombre de pancynium, ya que creen que el surgir de la estrella produce el veneno.
Los tiburones caen sobre la flor que durante la noche parece que arde, precipitándose sobre este tamarisco marino como sobre un tesoro perdido y hallado. Quedan empapados de veneno, parte del cual beben y parte del cual penetra a través de las agallas. Mueren luego y quedan flotando en la superficie. Ahora bien, los expertos en la investigación de estas cosas obtienen este veneno de los susodichos monstruos: parte de él, de los restantes miembros, y parte, de la boca de los mismos. Este veneno sólo es inferior en braveza a la llamada "peonia terrestre" a la cual la gente llama también kynopástos. La razón de este nombre la sabréis si me acuerdo de referirme a él. (XIV, 24)
Mosaico romano de principios del siglo III (La Pineda, Vila-seca).
En ocasiones, las descripciones de carácter, digamos, más "científico" se mezclan con cuentos de pescadores:
Distintas clases de tiburones
Hay tres clases de tiburones. Hay tiburones que son de grandísimo tamaño y figuran en el número de los monstruos más temibles. Los otros tiburones son de dos especies, viven en el cieno y llegan a tener un codo de longitud. Los que tienen manchas en el cuerpo podríamos llamarlos "tiburones galeós", y no erraríamos si llamáramos a los restantes "tiburones espinosos" (centrinos). Los que tienen el cuerpo manchado son finos de piel y de cabeza plana, mientras que los otros, cuya piel es dura y cuya cabeza es buida, se distinguen por la blancura de su piel. La naturaleza les ha provisto de aletas, una en la cresta, por así decirlo, y otra en la cola. Las aletas son duras, resistentes y expelen una especie de veneno. Ambos tiburones pequeños se sacan del fango y del limo, y no me resulta difícil explicar cómo se capturan. A guisa de cebo, los pescadores dejan caer un pez blanco al que han extraído el espinazo. Cuando un tiburón pica el anzuelo, todos los que lo ven se precipitan y siguen al tiburón, que ya ha sido izado, sin detenerse antes de llegar a la barca. Cualquiera podría imaginarse que hacen todo esto movidos de envidia porque creen que el capturado ha birlado, de alguna parte, algo de comida que no quiere compartir. Y ocurre con harta frecuencia que alguno salta a la barca y es capturado por su propia voluntad. (I, 55)
De todos los tiburones, la especie con más presencia en Eliano es el tiburón zorro:
El tiburón zorro
No sólo por su nombre, sino también por su boca, denuncian la naturaleza del pez llamado "tiburón zorro". Sus dientes están implantados en línea ininterrumpida, son numerosos, fuertes y capaces de quebrantar con suma facilidad cuanto llega a su boca. Por esto, cuando cae en el anzuelo, es el único pez que no intenta escapar, sino que forcejea tratando de romper el sedal. Mas los pescadores, a su vez, maquinan sus ardides. Sus anzuelos están provistos de largos mangos de metal. Pero el tiburón (que es un buen saltarín) salta muchas veces por encima de aquéllos, corta la crin que los sujeta y se vuelve nadando hacia los lugares que habita.
Éste, rodeado de un tropel de congéneres, se lanza con ellos al ataque contra los delfines. Y, apartando a uno de éstos y rodeándolo, se precipitan violentamente contra él: pues saben que el cetáceo no es en modo alguno insensible a sus dentelladas. Los tiburones se adhieren a él con toda su fuerza, mas el delfín da un salto y se sumerge, y se advierte que está atormentado por el dolor, ya que los tiburones que se agarran al delfín salen a la superficie con él en cuanto brinca, y el delfín trata de desasirse y separarse de ellos, pero ellos no sueltan su presa, sino que se la comen viva. Después, cada uno se marcha con el bocado que ha podido arrancar del cuerpo de su víctima, y el delfín se aleja a nado, dándose por contento, después de haber dado de comer a su costa a unos comensales —valga la expresión— no invitados. (I, 5)
Seguro que todos sois capaces de interpretar correctamente lo que se esconde tras esta anécdota:
El zorro de mar
Me dirás que el zorro (me refiero al que vive en tierra) es animal astuto. Pues escucha las artimañas del zorro de mar y entérate de todo lo que hace. O se abstiene de acerarse al anzuelo, o bien se lo traga y, al instante, vuelve su cuerpo del revés como se vuelve una camisa y, de esta manera, se desprende del anzuelo. (IX, 12)
Mosaico con peces y pescadores del museo de Trípoli.
De la biología de los tiburones apenas encontramos un par de referencias a su reproducción, totalmente inexactas, por decirlo suavemente, o si lo preferís, ficticias, para el conocimiento que en aquella época ya se tenía gracias sobre todo a las investigaciones de Aristóteles:
El gáleo
El gáleo pare por la boca en el mar y vuelve a introducir a los pequeños en ella para devolverlos al mar, por el mismo conducto, vivos e indemnes. (II, 55)

El cazón hembra protege a su prole
Apenas el cazón hembra ha alumbrado a sus hijos, los tiene nadando a su lado sin pérdida de tiempo. Y si alguno de ellos se asusta, se zambulle de nuevo en el vientre de la madre y, pasado el susto, sale al instante, como si naciese de nuevo. (I, 17)
Uno de los aspectos más importantes de la biología de los tiburones es de orden práctico. Según parece, parir por la boca es señal de impureza para los iniciados en ciertos misterios:
Los iniciados se abstienen de comer ciertos peces
Dicen que los iniciados en los misterios de las dos diosas no se avienen a comer cazón. Pues no es alimento puro, ya que este pez pare por la boca. Mas dicen algunos que no es esto lo que hacen, sino que, cuando las crías temen el ataque de algún enemigo, la madre las esconde tragándoselas y, cuando ya ha pasado el peligro, las vomita vivas. (IX, 65)
Y esto es todo. Hasta aquí llega Eliano y hasta aquí llega este pequeño artículo. Pese a lo dicho (esa falta de "rigor" científico), la Historia de los animales es un libro extraordinario, de esos cuya lectura se disfruta como si fuese un delicioso (y enorme) helado, paladeándolo cucharada tras cucharada, cuento tras cuento. No debemos enfrentarnos a él como si se tratase de un libro de carácter científico, porque no lo es, no es esa su intención, aunque también nos ofrece una parte del saber que en aquel momento circulaba entre las distintas capas de las sociedades del mundo conocido.
Merece la pena.


[NOTA: Todos los fragmentos corresponden a la edición y traducción de Historia de los animales realizada por José María Díaz-Regañón López y publicada en dos volúmenes por la editorial Gredos (Madrid, 1984).]


sábado, 31 de enero de 2015

El misterio del tiburón cocodrilo

Tiburón cocodrilo (Pseudocarcharias kamoharai) capturado en Angola (foto: Santiago Barreiro, Jueguen).

A este no lo tenemos en Galicia, pero no importa. Merece la pena conocerlo; os aseguro que es uno de los tiburones más simpáticos, encantadores y puñeteros que quepa imaginar. Ya veréis.

viernes, 23 de enero de 2015

Bioluminiscencia I: Los fotóforos

Negrito (Etmopterus spinax). Foto: Rudolf Svensen.

La bioluminiscencia es la generación de luz visible de forma natural (aquí no hay pilas) por parte de un organismo vivo. En tierra tenemos el ejemplo de las maravillosas luciérnagas; en el mar, además de los dinoflagelados responsables del mar de ardora, la lista incluye diversas especies de medusas, cefalópodos, crustáceos y teleósteos... y por supuesto, tiburones, y además en un lugar destacado.
Al menos el 10% de todos los tiburones conocidos poseen órganos bioluminiscentes.

miércoles, 14 de enero de 2015

Tiburón anguila en O Grove

Chlamydoselachus anguineus en la lonja de O Grove. Foto: Toño Maño.

"Tengo un Chlamydoselachus en O Grove, voy esta tarde a por él, si quieres venir llámame."
(SMS recibido el pasado viernes 9 a las 11:55)
Y me quedé paralizado, con el móvil en la mano, plantado como un poste en mitad del pasillo del instituto durante unos pocos segundos que parecieron minutos, la mirada fija en la pantalla, impactado por una mezcla de sensaciones difícil de describir: sorpresa, alegría, emoción, nerviosismo, inquietud... Ese condicional "si quieres venir" era del todo innecesario.

sábado, 3 de enero de 2015

Resumen del 2014


Así como quien no quiere la cosa, Tiburones en Galicia ha cumplido ya tres añitos. Se le ve más alto y guapo (yo creo, aunque tal vez esto sea pasión de padre), y gracias al apoyo de cada vez más amigos y lectores, amenaza con seguir creciendo.

Durante el 2014 publicamos un total de 43 artículos, cinco menos que durante el 2013 (difícil seguir ese ritmo), pero uno más que en 2012. Como siempre, la elección de los temas vino dictada por el capricho personal, el azar y la actualidad, suponiendo que no exista algún tipo de nexo entre estos dos últimos... y, bien mirado, también entre los dos primeros. Y por supuesto también por la tradición, aunque claramente condicionada por la actualidad: como hoy, comenzamos el año con un resumen del anterior ("Resumen del 2013"), al mes siguiente recogíamos las estadísticas de ataques de tiburón ocurridos durante el año anterior ("Ataques 2013"), y unos días más tarde resumíamos las cifras oficiales de desembarco de tiburones publicadas por la Autoridad Portuaria de Vigo ("Lonja de Vigo: Estadísticas 2013"), tal como tenemos previsto hacer también en este 2015.

El capricho y el divertimento personal están detrás de un puñado de posts dedicados a analizar un modelo de comportamiento que nunca deja de asombrarnos, los saltos fuera del agua: "El salto del brevipinna", "El salto del ditropis", "El salto del oxyrinchus" y "El salto del vulpinus"; o el puro placer de comentar la extraordinaria e insólita fotografía de un tiburón blanco en el momento de perder uno de sus dientes ("Un diente entre 50 000"). Al comportamiento en sentido estricto dedicamos un solo artículo donde resumíamos las conclusiones de un estudio que demostraba como la  personalidad individual de un tiburón puede llegar a condicionar de algún modo su comportamiento social ("Tiburones con personalidad"). 

Tres artículos tuvieron como protagonistas, no a tres tiburones, sino a tres personas: una de ellas porque nos acababa de dejar ("De cuando Suárez vino a pescar tintoreras"); las otras dos por algún tipo de aniversario: aprovechando el centenario de la creación del Instituto Español de Oceanografía, hablamos de su fundador a través de una pequeña anécdota con un tiburón peregrino y dos infantes de España ("Odón de Buen y un peregrino"); y recordamos al pionero del estudio de los tiburones en nuestro país al cumplirse 10 años de su muerte ("En recuerdo de J. A. Moreno"). La casualidad (o acaso la Historia) quiso que los tres compartiesen un rasgo con el que este país premia a todo aquel súbdito que haya destacado en algo: el olvido, en vida y en la muerte. Curioso, a que si.

Volviendo a los tiburones, no hay duda de que el asunto más importante y urgente es el de la problemática de su conservación y de la gestión de los recursos pesqueros. En este sentido, el 2014 fue, para variar, un revoltijo de contradicciones y de buenas y malas noticias: por un lado, conocimos el acuerdo para crear un fondo de más de 6000 millones de euros destinados a financiar la pesca a gran escala ("Nuevo Fondo Europeo para la Pesca 2014-2020"), y, por otro, la aprobación de medidas de protección por parte de la CMS, la UE y la NEAFC, siempre con un regusto amargo ("Dos buenas noticias y media"). Detrás, el terrible dato de que el 25% de los elasmobranquios del océano se encuentra en grave peligro, según el tremendo informe del Shark Specialist Group de la IUCN ("En peligro la cuarta parte de los tiburones y rayas del mundo"). Las causas ya las sabéis: la sobrepesca y el comercio de aleta, el finning y la contaminación. Sobre esto último, si el presente es de espanto, el futuro no es precisamente esperanzador: la creciente acidificación del océano va a afectar el comportamiento y capacidad olfativa de los tiburones ("Acidificación y supervivencia"). Del finning nos ocupamos en "Finning en Bentota (Sri Lanka)", traducción de un artículo de Marco Ferrarese publicado en Roads & Kingdoms.
Por lo que respecta al tema de la estadística y el cálculo poblacional, parece que en algunos casos los científicos no se ponen de acuerdo. Nos hemos encontrado  con un curioso trabajo que multiplicaba por 10 el cómputo de tiburones blancos realizado tan solo 3 años antes, en 2011 ("200 o 2000 tiburones blancos en California").

Tintorera (Prionace glauca). Foto: Isaías Cruz.
Este año publicamos ocho monográficos sobre las especies presentes en aguas de Galicia, y ya solo nos quedan 20 para completar la lista [véase Tiburones de Galicia]. Por orden de aparición:
  • Visera áspera (Deania hystricosa).
  • Pailona (Centroscymnus coelolepis).
  • Olayo (Galeus melastomus).
  • Jaquetón de Milberto (Carcharhinus plumbeus).
  • Zorro negro (Alopias superciliosus).
  • Pejegato narizón (Apristurus melanoasper).
  • Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus).
  • Tollo raspa (Etmopterus princeps).
Se da la casualidad que dos de ellos ocupan el primer y segundo puesto en la clasificación de tiburones que viven a mayor profundidad: hasta 4500 m el tollo raspa y casi 3700 m la pailona.

Hemos añadido tres artículos al apartado de claves de identificación, uno dedicado a los marrajos ("Claves de la familia Lamnidae (marrajos)"), otro a las cornudas o tiburones martillo ("Cabezas de martillo (fam. Sphyrnidae)") y el tercero a los zorros marinos ("Colas de zorro (fam. Alopiidae)"). Y también hablamos de un grupo de pequeños tiburones de fondo tan fascinantes como difíciles de identificar, los pejegatos ("Apristurus en Galicia"), aprovechando la reciente publicación de un trabajo sobre la presencia de tres especies en nuestras aguas.

Si de taxonomía hablamos mucho, de cuestiones relacionadas con la biología este año nos hemos quedado un poco cortos. Empezamos la serie dedicada al sistema sensorial ("Los sentidos I: El cerebro" y "Los sentidos II: Olfato y gusto"), que esperamos terminar a lo largo de este 2015, y recogimos las sorprendentes conclusiones de un trabajo sobre la biología reproductiva del tiburón blanco, que concluía que estos animales podían llegar a vivir más de 70 años ("Edad y tasa de crecimiento del tiburón blanco"). Relacionado con lo anterior, también hablamos del extraordinario caso de un ectoparásito aficionado a ciertas especies de aguas profundas ("Anelasma, el percebe parásito") y de qué manera es capaz de mermar su capacidad reproductiva.

El conocimiento y actitud de los hombres hacia los tiburones a lo largo de la Historia es importante, no solo en si mismo, sino para comprender los problemas del presente y evaluar con más exactitud su situación actual. De ahí que demos tanta importancia al apartado de Archivo y Documentación. Este año nos hemos ido directamente a las fuentes, empezando nada menos que por el padre de las Ciencias de la Naturaleza, Aristóteles ("Los tiburones según Aristóteles (I)", "Los tiburones según Aristóteles (II)"), y siguiendo con Plinio el Viejo ("Los tiburones según Plinio"). Acercándonos ya a nuestros días, recogimos un pequeño reportaje publicado a principios del siglo pasado en una revista ilustrada nacional en el que podemos comprobar con qué ecuanimidad se habla de estos animales ("La vida de los tiburones (1905)"), aun siendo conscientes de su peligrosidad y, en consecuencia, de la conveniencia de idear artilugios con que defenderse de ellos cuando se está bajo el agua ("La espada antitiburones"). En "Vieja noticia sobre un nuevo tiburón duende", publicamos un delicioso artículo de 1910 que daba cuenta del descubrimiento de lo que se creía una nueva especie de tiburón duende, el Scapanorhynchus jordani. Sobre la presencia de tiburones en Galicia, en "Un ataque, una persecución y una pesca" reproducimos tres protestas de mar de principios del XIX que hablan, justamente, de un ataque, de un tiburón que va detrás de un buque y de la pesca de mielga en Pontevedra. Los tres textos pertenecen a la colección Blanco-Cicerón y fueron amablemente cedidos por Jorge Cicerón.

Por último, para completar el año, dos artículos que no terminan de encajar en ninguno de los apartados anteriores. El primero habla de como era la Tierra (y los tiburones) en el Carbonífero, hace 350 millones de años ("Una cápsula-huevo del Carbonífero y una guardería"). El segundo se refiere al presente más actual y puntual, se titula "Una cría de tintorera en Corrubedo", y trata pues de eso, de una cría de tintorera que fotografié en agosto de 2014 en una playa de Corrubedo. Sorprendentemente, ha sido el artículo más visto y exitoso de todos cuantos he publicado hasta el momento: en pocas semanas se metió el noveno puesto de Entradas más populares (ahora mismo lleva más de 2500 vistas).

Pero lo más extraordinario y reconfortante de todo es que hemos superado con creces las 200 000 visitas. Cada vez sois más los que os pasáis por aquí, os suscribís al canal de Youtube, e incluso os animáis a participar (tenemos más de 800 seguidores en Facebook y 69 en Google +).

Así pues, muchísimas gracias por vuestro apoyo y confianza. Y que el 2015 nos sea propicio y venga cargado de cosas buenas y bellas.

Marrajo (Isurus oxyrinchus). Foto: Antón Parada.

AGRADECIMIENTOS: Como viene siendo tradicional, no puedo cerrar este resumen sin siquiera una breve nota de agradecimiento a todas aquellas personas y grupos que desinteresadamente han ayudado a que este blog sea mejor y de más calidad. Agradecer las fotos cedidas por la CEMMA, la SGHN (y Juan Ignacio), Tucho Parada, Jacobo Alonso, Pedro Niny Duarte, George T. Probst, Matt Wallace, Alex Mustard, Antonio Punzón, Joe Romeiro, Remo Sabatini, Juan Gabriel Mata, Gorka Ocio, José Torre Busto y José Luis Rodríguez Muñiz, y los que me dejo; las fotos, información y aliento del maestro Rafael Bañón y de Gonzalo Mucientes, dos grandes; mi agradecimiento también a Jorge Cicerón por la transcripción y envío de los tres textos de la Colección Blanco-Cicerón, y a Nathan Thornburgh, editor de la revista Roads & Kingdoms y a Marco Ferrarese, el autor, por su autorización para la traducción y publicación del artículo "Bloothbath at the Bentota Fish Market" y de algunas de las fotografías de Kit Yeng Chan que lo acompañan.