Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

miércoles, 29 de mayo de 2013

El viaje del cazón (Galeorhinus galeus)

Foto: Lisa Munger


Aunque su aspecto, como anodino y soso, puede hacernos pensar lo contrario, el cazón (Galeorhinus galeus) es en realidad un tiburón sumamente activo, voraz y combativo, además de un potente nadador capaz de llevar a cabo largas migraciones de hasta 16 000 kms y completar la friolera de 56 km en un sólo día. En esta parte del Atlántico, ejemplares marcados en Irlanda han sido recuperados en lugares como A Garda (Galicia), las islas Canarias y las Azores.

domingo, 26 de mayo de 2013

La estrategia reproductiva de los tiburones

Cápsula-huevo de una pintarroja (Scyliorhinus canicula) con un embrión.

Aunque no son más que peces, la biología reproductiva de los tiburones es similar en muchos aspectos a la de los seres humanos. Al igual que nosotros, sus huevos son fecundados en el interior del cuerpo materno mediante una cópula, el número de descendientes es muy limitado, en muchas especies las crías completan su crecimiento recibiendo nutrientes directamente de su madre a través de una conexión placental análoga a la nuestra, etc.
Se trata sin duda de uno de los aspectos más interesantes de la biología de los tiburones, además de un elemento fundamental a tener en cuenta para entender la delicada situación de las poblaciones mundiales y abordar cualquier plan de gestión y de conservación. Por eso vamos a dedicarle en este Blog la atención que se merece.


Los ecólogos suelen distinguir dos estrategias básicas de supervivencia en función de dos variables: la capacidad reproductiva biológica de un determinado organismo y las características del medio en el que vive. Son las llamadas Estrategia r y Estrategia k (1).

a) Estrategia r: Típica de organismos de ambientes inestables e impredecibles, en los cuales la capacidad de reproducirse con rapidez exponencialmente resulta vital para su supervivencia. Su tasa de reproducción es muy alta puesto que la estrategia se basa en producir un elevado número de crías, de las que solo sobrevivirá un pequeño porcentaje debido a su alto nivel de mortalidad y a la acción de los depredadores. Es
Fecundación externa:
el macho rocía la puesta con su esperma.
decir, se prima la cantidad en detrimento de la calidad. Aquí se sitúan los llamados "peces forraje", como la anchoa y el capelán, y la mayoría de los peces óseos. Estos producen enormes cantidades de huevos que son abandonados al albur del medio, de tal manera que una ínfima cantidad, que en ocasiones no llega al 1%, consigue dar lugar a individuos adultos. Un arenque puede producir 30.000 huevos, un bacalao 6 millones y un abadejo 30 millones. La fecundación es externa: en el mejor de los casos, el macho rocía directamente los huevos con su esperma una vez producido el desove; en otros, lo libera en el agua con la esperanza de que logre alcanzar al mayor número posible.
Las especies de selección r suelen ser de pequeño tamaño y tienen una esperanza de vida relativamente corta, por lo que maduran con rapidez. En general forman parte del sustento de las especies de estrategia k.

b) Estrategia k: Típica de organismos de ambientes estables. A diferencia de los anteriores, su supervivencia depende en gran medida de la capacidad de carga del ambiente. Su tasa de reproducción es comparativamente muy baja, dado que su estrategia consiste en invertir toda su energía y recursos en la producción de pocas crías a lo largo de su vida, pero bien formadas y desarrolladas, y por tanto con mayores posibilidades de salir adelante y convertirse en adultos. Puede decirse que priman la calidad por encima de la cantidad; son más eficientes energéticamente.
Las especies de selección k suelen ser de gran tamaño, con una esperanza de vida mucho más elevada, pero de de reproducción tardía. A este grupo pertenecemos los seres humanos, los grandes mamíferos como el elefante y la ballena, y otros súper-depredadores como el león, el lobo y, efectivamente, el tiburón.

Fecundación interna (¿hace falta explicarlo?).
En vez de miles o millones, los tiburones generan pocos huevos —en la mayor parte de las especies, menos de 100—, pero de mayor tamaño. No son liberados al exterior, sino que permanecen dentro del cuerpo materno aguardando a ser fecundados. La fecundación es interna: el macho inyecta su esperma dentro de la hembra mediante sus órganos copuladores: los pterigópodos o penes. Los óvulos fecundados o bien son depositados en un lugar cuidadosamente seleccionado, previamente envueltos en una gruesa cápsula protectora —la cápsula huevo—, o bien se les guarda dentro del útero materno hasta que el embrión culmine su desarrollo y pueda nacer convertido en un individuo plenamente formado, a salvo ya de un cierto número de depredadores. Se calcula, por ejemplo, que casi el 50% de las crías del tiburón limón (Negaprion brevirostris), una de las especies mejor conocidas, sobreviven a su primer año de vida. Un porcentaje elevadísimo si lo comparamos con la ratio de las especies r.

Estas estrategias representan, en realidad, los dos extremos de una escala. No todos los organismos son plenamente k o r. La mayoría adopta una fórmula intermedia, más o menos próxima a un lado u otro. Aunque algunos, los de mayor éxito evolutivo, son capaces de optar por una estrategia u otra dependiendo de las condiciones del medio en un momento dado (y no nos equivoquemos, un claro ejemplo de este último caso son... las bacterias, unos seres que nos precedieron y que posiblemente seguirán aquí —sea lo que sea en lo que se haya convertido ese aquíuna vez hayamos desaparecido como especie).

Nacimiento de un tiburón limón. Fijaos en el cordón umbilical que todavía lo mantiene unido a su madre.
Dentro del grupo de los tiburones existen también notables diferencias. En un lado nos encontramos especies como la tintorera (Prionace glauca) o la pintarroja (Scyliorhinus canicula), con una tasa reproductiva relativamente alta; mientras que el otro extremo del espectro se encuentran los tiburones de aguas profundas, que representan el caso contrario: animales de ritmo metabólico muy lento que hace que su maduración sea tardía, amplios ciclos reproductivos, períodos de gestación larguísimos —el tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus) ostenta el récord de todo el reino animal: 3 años y medio o más (2)— y camadas muy bajas.

Las graves desventajas de la estrategia k. Además de una tasa reproductiva desesperadamente baja, las especies de selección k presentan una elevada dependencia del ambiente. Su estrategia funciona óptimamente en un medio relativamente estable.
Los tiburones son incapaces de resistir cambios bruscos en las condiciones ambientales, como los provocados por la actividad humana, la contaminación, la pesca intensiva, la sobrepesca, etc. Cuando esto se produce, las poblaciones caen drásticamente y pueden tardar muchos años en recuperarse, si es que llegan a hacerlo. La situación de los tiburones de aguas profundas (vale insistir en ello) es particularmente delicada (3): el alto valor del aceite de sus enormes hígados los ha convertido en objeto de una creciente presión pesquera. Posiblemente la situación de muchas poblaciones sea más que dramática.


En resumen, los tiburones son los peces que más se nos parecen, y esto, paradójicamente, es uno de los factores clave, después de la acción humana, en su camino hacia la desaparición.

Hembra de tintorera con 20 crías (Foto: Paul Hilton, Greenpeace)
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(1) Estas letras hacen referencia a los dos ejes o valores de la ecuación de crecimiento de una población, donde r es el crecimiento exponencial y k, la capacidad de carga del ambiente (esto es, el número máximo de individuos de determinada especie que un ambiente es capaz de sostener). 
(2) Véase Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus).
(3) Véase La grave situación de los tiburones del mar profundo I y II.

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lunes, 20 de mayo de 2013

Ataque de tiburón dentro de una cabaña


Bucear de vez en cuando entre los fondos de la extraordinaria Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional es una actividad que siempre resulta gratificante. Nunca deja uno de encontrar sorpresas tan deliciosas como esta noticia recogida por el diario La Época en el lejano año de 1884.
     Su tratamiento, aparte de imaginativo —por decirlo suavemente y sensacionalista, conserva a mi modo de ver esa suave nota de ingenuidad que teñía las viejas crónicas de lo lejano y lo desconocido "del mundo adelante", que decían nuestras abuelas, que eran constante fuente de asombro y admiración entre el público.

Transcribo la noticia literalmente, respetando la ortografía y la puntuación de la época.

UN DRAMA TERRIBLE
En la noche del 13 del actual, dos pescadores del pueblo de la Passade, situado entre Niza y Villefranche, llamados Baffi y Domenico, pescaron un tiburon que medía tres metros.
     El cetáceo fué herido en el costado por dos fuertes arponazos. El agujero de la herida era enorme. Una vez en tierra, el animal fué arrastrado hasta la cabaña de los pescadores y dejado en un rincon, para llevarlo á Niza al dia siguiente.
     A eso de las dos de la madrugada un ruido infernal despertó á los pescadores.
     Un perro de caza lanzaba espantosos ladridos y dos criaturas que dormían en una cuna exhalaban á la vez gritos lastimeros.
     Baffi y Domenico, encendieron la luz en seguida. Un espectáculo horrible se presentó ante sus ojos. El mónstruo, cuya herida no había sido mortal, desgraciadamente, acababa de salir de su letargo y con un sólo golpe de su terrible mandíbula había partido en dos pedazos al perro que estaba echado junto á la cuna de los niños.
     La desesperada madre se precipitó hácia la cama de sus hijos, pero su pierna derecha fué tambien presa del mónstruo y partida por debajo de la rodilla.
     Baffi se apoderó de un arpon y logró vaciar el ojo derecho del animal, que dió un salto terrible. Entónces la lámpara cayó al suelo, y se trabó entre ellos á oscuras una espantosa lucha. Los pescadores se precipitaron hácia la puerta de entrada, pero como faltaba la llave, no les era posible abrirla. Un vecino, Mr. Michelisi, atraido por el alboroto, se encaramó en una ventanilla situada á cierta altura, y le fueron entregados los dos niños; despues derribó la puerta y acudió en auxilio de los pescadores. Uno de ellos tenia á raya al tiburón con ayuda de una mesa, cuyos piés estaban hechos añicos.
     Cuando se abrió la puerta, el mónstruo se precipitó fuera y trató de ganar la playa. Los pescadores no lograron apoderarse de él hasta que le hubieron vaciado el único ojo que le quedaba.
     La madre de los niños, tan cruelmente herida, no ha sucumbido todavía; y despues de los buenos resultados de una amputacion practicada por el doctor Gabrielli, se han concebido grandes esperanzas de salvarla.
     El tiburon era uno de los más terribles de su especie, y hacía dos ó tres meses que era perseguido sin descanso.

La Época, 20 de junio de 1884, p. 4. 

La Época era un diario de carácter conservador que estuvo en circulación entre los años 1849 y 1936. Durante la Guerra Civil sus talleres fueron incautados para imprimir El Sindicalista, del Partido Socialista. Qué cosas, ¿verdad?


miércoles, 8 de mayo de 2013

Lonja de Vigo: Estadísticas 2012

Lonja de Vigo (Foto tomada de cadenadesuministro.es)
Aquí tenéis los datos estadísticos de las descargas de tiburones en la lonja de Vigo durante el 2012 (no están incluidos los Rajiformes). Son cifras oficiales extraídas de la Memoria Anual 2012 publicada por Autoridad Portuaria de Vigo.

¿Por qué Vigo? Primero, porque es, con diferencia, el puerto pesquero más importante no sólo de Galicia, sino de toda Europa; y segundo, porque, en lo que se refiere a tiburones, es, por ejemplo, uno de los mayores proveedores mundiales de aleta a los mercados asiáticos [Ver La importancia de la lonja de Vigo y España (y Galicia), potencias mundiales en la pesca del tiburón].
La logística de este puerto es impresionante, lo cual, unido a sus tasas competitivas, hace que no sólo los españoles, sino también los pesqueros portugueses vengan, en número cada vez mayor, a hacer sus descargas aquí.


1) Datos globales: 7800 toneladas de tiburones con un valor de casi 9 millones de euros.
  • Descargas de pesca fresca: 2 863 248 kg
  • Descargas de pesca congelada: 4 935 845 kg
     TOTAL: 7 799 093 kg

  • Valor de la pesca fresca: 5 973 862 € (precio medio: 2,62 €)
  • Valor de la pesca congelada: 2 997 804 € (precio medio: 1,32 €)
     TOTAL: 8 971 666 € (precio medio: 1,97 €)


2) Datos por especie (entre paréntesis, precio total y precio medio por kg):

    Pesca fresca:
  • Mielga: 242 kg (114 €; 0,47€ )
  • Cornuda (1): 15 kg (47 €; 3,15 €)
  • Marrajo: 466 812 kg (2 051 493 €; 4,39 €)
  • Tintorera: 2 253 892 kg (3 656 129 €; 1,62 €)
  • Musola: 12 676 kg (27 833 €; 2,20 €)
  • Pintarroja: 76 244 kg (189 827 €; 2,49 €)
  • Cazón: 52 316 kg (52 386 €; 0,85 €)
  • Gata (2): 873 kg (3393 €; 3,89 €)
  • Escualos (3): 179 kg (313 €; 1,75 €)

    Pesca congelada:
  • Marrajo: 653 268 kg (1 273 873 €; 1,95 €)
  • Tintorera: 4 282 577 kg (2 997 804 €; 0,70 €)
      Total marrajo: 1 120 080 kg (3 325 366 €)
      Total tintorera: 6 536 469 kg (6 653 933 €)


Marrajo (Isurus oxyrinchus) todavía con el anzuelo del palangre (Foto: Oceana).
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(1) Probablemente Sphyrna zygaena.

(2) El término gata es muy genérico. Se suele aplicar a una amplia variedad de especies normalmente de aguas profundas, como los Squaliformes. Pero dado que en la lista de la Autoridad Portuaria ya existe este apartado, en el que sólo figura la mielga (Squalus acanthias), cabe pensar que tal vez se refiera a algún tipo de esciliorrínido (fam. Scyliorhinidae). La voz inglesa que lo acompaña, suponemos que a modo de aclaración, Dogfish, engloba también a una buena cantidad de especies, desde muchos Squaliformes (la mielga, por ejemplo, se denomina en inglés "Spiny dogfish") hasta ciertas familias de Carcharhiniformes, como los esciliorrínidos o los triákidos (Scyliorhinidae y Triakidae). Así pues, la dejo tal cual hasta averiguar de qué estamos hablando. Por supuesto, se admiten (y necesitan) sugerencias.

(3) Sic. Los términos ingleses que acompañan este apartado, Smooth-hound y tope shark, en vez de aclarar, desconciertan aun más. El primero puede referirse a cualquier triákido del género Mustelus: la musola (Mustelus mustelus) o la musola pinta (Mustelus asterias). El segundo es como comúnmente se conoce al cazón (Galeorhinus galeus). Es decir, la conclusión es que el apartado "Escualos" puede incluir especies ya mencionadas.

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lunes, 6 de mayo de 2013

Los juegos de los jóvenes cailones (Lamna nasus)

Extraordinario primer plano del Lamna nasus (Foto de Andy Murch, elasmodiver.com)

¡¿Qué?! ¿Tiburones sanguinarios jugando al "pilla pilla" como si fuesen cachorros de pequinés?

Pues parece que si. Al menos esta es la única explicación plausible que han encontrado quienes han podido presenciar el insólito comportamiento de unos grupos de jóvenes cailones que nadaban entre los quelpos cerca de la superficie: unos individuos giraban sobre si mismos enredándose entre las algas, hasta que de pronto se largaban en una veloz una carrera y eran inmediatamente perseguidos por los demás, que iban mordisqueando las largas laminarias que aquellos arrastraban tras de si. Y vuelta a empezar, una y otra vez.

El tema es ciertamente delicado. Si fuesen crías de algún ave o mamífero, con toda probabilidad estaríamos hablando de juegos casi sin dudarlo; pero tratándose de tiburones, la cosa cambia radicalmente: ¿un pez "jugando"? Algunos científicos han sugerido que en realidad los cailones estaban tratando de capturar las pequeñas criaturas que viven pegadas al quelpo —algún gasterópodo, por ejemplo—; o bien simplemente utilizaban las fuertes láminas para deshacerse de los parásitos que cubren su piel. Sin embargo, los testigos insisten en que estos tiburones en modo alguno mostraban propósito alguno, ni trófico ni de "aseo personal", por así decirlo, excepto "pasar el rato". Cuando se cansaban, desaparecían.

Del mismo modo, otros testigos han observado a grupos de juveniles dándose caza unos a otros "a la manera de los delfines". Y la pregunta surge otra vez: ¿no podría tratarse de algún tipo de juego destinado a estimular y desarrollar el aprendizaje de una estrategia de caza, como ocurre con las crías de los mamíferos? ¿Qué otra explicación puede haber? Al fin y al cabo, los cailones no son peces como los demás: son animales sumamente inteligentes cuyo cerebro, además, está bañado por sangre caliente como los demás lámnidos, son endotermos (1), y sabemos que suelen desplazarse en agrupaciones o cardúmenes.

Otras observaciones describen grupos de hasta veinte individuos investigando e interactuando con objetos (algunos dicen, directamente, "manipulando") que flotaban en el agua: maderas, algas e incluso los flotadores de las cañas de pescar. Los tiburones empujaban estos objetos con el morro, a veces parecía como si se los pasasen de uno a otro, y los lanzaban fuera del agua. Todo ello igualmente de forma continuada y sin ningún propósito concreto.

Foto de Andy Murch (Elasmodiver.com)

Más allá de su objetivo último —el aprendizaje y desarrollo de destrezas sociales y cognitivas—, lo que caracteriza el juego es su naturaleza lúdica, su ausencia de utilidad práctica inmediata, y su recurrencia. ¿Podemos aplicar esto al comportamiento de los jóvenes cailones? 

¿Por qué no? No será porque les falte inteligencia.


[Más noticias sobre la inteligencia de los tiburones en el post La capacidad cognitiva de los tiburones. Y para saber más sobre el cailón, ver la primera y segunda parte del post Cailón (Lamna nasus).]

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(1) Ver El sistema circulatorio de los tiburones.

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lunes, 29 de abril de 2013

Marrajo negro (Isurus paucus)

Foto Gonzalo Mucientes

Marrajo negro

Isurus paucus Guitart Manday, 1966

(es. Marrajo negro, marrajo carite, marrajo de aleta larga; gal. Marraxo azul de aletas longas; in. Longfin Mako; por. Tubarao-anequim-de-gadanha.)

Orden: Lamniformes
Familia: Lamnidae


El marrajo negro es una criatura por la que es difícil no sentir debilidad y fascinación. Por su aspecto se diría que se trata de un marrajo corriente y moliente, como su primo el Isurus oxyrinchus; o sea, un tiburón pelágico muy bonito, imponente y tal, que no debe de resultar excesivamente difícil observar y estudiar en su hábitat natural, al menos no más que los demás. Pero  la realidad es bien distinta. Estamos, seguramente, ante el más misterioso de todos los lámnidos, ante un tiburón que no se deja ver con facilidad, que quiere pasar desapercibido... y que de momento lo está consiguiendo. Cuantas más cosas queremos aprender sobre él, más esquivo y reservado se muestra, en una inconsciente estrategia de seducción en la que, por lo demás, hemos caído —gustosamente unos cuantos.

Y es que teniendo todo lo necesario para convertirse en una estrella de los documentales como sus dos primos más famoso, el I. oxyrinchus y el gran tiburón blanco (Carcharodon carcharias) —un magnífico cuerpo perfectamente estilizado, una buena dentadura y un careto que no se parece precisamente al de un osito panda—, este pez ha optado por la discreción y el silencio, por mantenerse alejado de la mirada de los científicos y tratar de vivir su vida sin molestar ni ser molestado. Haced la prueba, y veréis que en la red existen comparativamente muy pocas fotografías del I. paucus y apenas un puñado de vídeos de ejemplares vivos. Y algo parecido ocurre con la información general, que tiende a ser escasa y fragmentaria, no admite comparación, cualitativa y cuantitativamente, con la existente sobre sus primos.

Es notable que hasta 1966 el Isurus paucus no fue descrito por los científicos como especie individual, aunque los pescadores de las Azores ya lo conocían desde hacía tiempo.

Foto de A. M. Arias (Ictioterm) tomada en Vigo en 2008.
El marrajo negro es muy raro en nuestras aguas. De hecho, no figura en ninguna guía específica sobre fauna ictiológica de Galicia, aunque si, en cambio, en las más recientes ediciones de las guías de Compagno y Ebert¹, así como en las fichas correspondientes de fishbase y de la IUCN Red List. Por eso lo hemos traído hasta aquí. Es la excusa perfecta para darnos el gustazo de presentároslo y también de explicar su problemática. Es un soberbio tiburón que vale la pena conocer.

Descripción: Como todos los lamniformes, el I. paucus posee un cuerpo fusiforme, con grandes aberturas branquiales laterales, un morro cónico y un pedúnculo caudal dotado de fuertes quillas laterales; igualmente, la cola es homocerca, en forma de media luna.
Foto de la NOAA Observer Program tomada de Wikipedia
Su cuerpo es alargado como el de su congénere el Isurus oxyrinchus, con el que guarda un gran parecido. Pero, entre otras diferencias, el morro es más grueso y romo, menos afilado; las aletas pectorales son rectas, anchas en sus extremos y (rasgo fundamental) bastante más largas, tanto o más que la longitud de la cabeza.
Los ojos son redondos, sin membrana nictitante y moderadamente grandes (su diámetro es aproximadamente el tercio de la longitud del morro). La boca tiene forma de 'U' ligeramente parabólica.
     La primera dorsal es alta y de ápice redondeado, y se origina claramente por detrás del margen posterior de las pectorales. La segunda dorsal es diminuta, como la anal, y en posición más adelantada que ésta; ambas tienen una base pivotante. El lóbulo terminal de la aleta caudal está bien diferenciado.
     La librea es de un color azul oscuro a pizarroso en el dorso, que a veces se aclara hacia un gris azulado en los flancos, mientras que la superficie ventral es blanquecina. En los adultos y subadultos, la parte inferior del morro y las mandíbulas son de un color oscuro que cubre también la práctica totalidad de las aberturas branquiales. Las aletas pélvicas son completamente oscuras. Los cambios de coloración son bruscos, bien delimitados. 

Detalle de la boca parasitada (foto de Gonzalo Mucientes)
Dentición: Dientes muy parecidos a los del marrajo (Isurus oxyrinchus), aunque menos flexionados y, los anteriores, no recurvados. Son similares en las dos mandíbulas: de base ancha y cúspide alta, estrecha y afilada, ligeramente inclinada hacia las comisuras; tienen sección semicircular y bordes lisos y cortantes.
Como se aprecia en la imagen, el tercer diente superior es más pequeño que los siguientes, y va seguido de un pequeño diastema.
De 24-26 dientes en la mandíbula superior y 22-26 en la inferior, distribuidos en varias filas funcionales.

Talla: Es el segundo lámnido más grande después del tiburón blanco. La longitud total máxima registrada es de 427 cm (unos 430 cm, según Ebert et al, 2013), si bien la media habitual se sitúa en torno a los 2 metros. Miden al nacer entre 97-120 cm; los machos alcanzan la madurez sexual entre 190-228 cm y las hembras a partir de los 245 cm.

Reproducción: Vivíparo aplacentario (ovovivíparo) con camadas bajas de unos dos a 8 crías. Los fetos practican la oofagia y, se especula, el canibalismo intrauterino. No hay datos sobre ciclo reproductivo, periodo de gestación, longevidad, etc. Posiblemente se aproxima a la costa para dar a luz.

Foto Gonzalo Mucientes
Dieta: Poco conocida. A base de pequeños peces óseos que forman cardúmenes y de cefalópodos pelágicos. En 1972 se capturó en el Índico una hembra de 3,4 m con el pico (la espada) de un pez espada clavado en el abdomen, pero no parece que el Xiphias forme parte de la dieta habitual, como es el caso del I. oxyrinchus.
     Sus grandes ojos parecen apuntar a un cazador de profundidad que posiblemente confíe en el sentido de la vista para detectar al menos a una parte de sus presas que estaría formada por calamares bioluminiscentes. Esto explicaría por qué las capturas de I. paucus en aguas del norte de Cuba son mayores entre los 110-220 m que entre los 18-90 m, y más abundantes cuando el palangre está equipado con varitas de cyalume junto a la carnada.
     La estructura de sus aletas pectorales, largas, anchas y delgadas, apunta a un animal menos activo y de movimientos más lentos que el eléctrico I. oxyrinchus. En general su forma corporal parece adaptada para patrullar lentamente la zona epipelágica del océano, al modo de la tintorera (Prionace glauca) y el jaquetón oceánico (Carcharhinus longimanus).

Hábitat y distribución: El marrajo negro es un tiburón epipelágico oceánico de aguas cálidas y templadas posiblemente de todo el mundo, particularmente el Atlántico occidental y el Pacífico central. Posiblemente su rango batimétrico es mayor que el del I. oxyrinchus —razón por la cual caen tan pocos en los palangres del marrajo, según sostienen algunos autores—, pero faltan datos que lo confirmen. Suele aparecer en torno a los 760 m, con un registro a 1752 m².

Resulta sumamente complicado dibujar un mapa de distribución bien definido debido tanto a la escasez y dispersión de los registros, como a la sospecha, más que fundada, de que muchas capturas han pasado desapercibidas al ser fácilmente confundible con el Isurus oxyrinchus. En el mapa de abajo están marcadas en rojo las zonas conocidas y con rayas las áreas de posible distribución:

Fuente: FAO, 2013
Como veis, existen más conjeturas que certezas. De ahí que resulten de vital importancia trabajos como el realizado por dos científicos gallegos de primera fila, Gonzalo Mucientes y Rafael Bañón, junto con el científico portugués Nuno Queiroz, y que ha sido recientemente publicado en el Journal of Applied Ichthyology³. Se trata de una actualización de los datos de distribución de la especie en el Atlántico norte central, en zonas de las que carecíamos de ellos.

Mapa tomado del blog Ecología Azul
Los puntos indican las posiciones de los nuevos registros, uno de los cuales (merece la pena destacarlo) se ha convertido en la cita más septentrional hasta el momento: 44.88N/40.55W correspondientes a un espécimen de 87 kg (que, podríamos decir, ostenta el nuevo récord de "septentrionalidad", si tal cosa existiese). Este fundamental estudio viene a demostrar que la distribución del Isurus paucus puede ser más amplia de lo que se creía, con las evidentes consecuencias a la hora de elaborar cualquier plan de gestión.

Foto de Rodrigo Friscione tomada de Shark Diver Magazine.

Pesca y estatus: Suele formar parte de las capturas accidentales de las pesquerías del espada, el atún y de especies de tiburones de mayor valor comercial como la tintorera (Prionace glauca) o el marrajo (Isurus oxyrinchus). Aunque se comercializa para consumo humano, la carne del marrajo negro es de peor calidad que la del I. oxyrinchus, de mucha menor consistencia, de modo que posiblemente muchas capturas se descartan, con toda probabilidad habiéndoles arrancado previamente las aletas.

Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus global de En peligro, si bien falta de más datos concluyentes para determinar su verdadera situación (sus poblaciones europeas figuran bajo el significativo epígrafe de Datos incompletos). Es muy poco lo que conocemos de este tiburón, y por encima los datos de capturas no son fiables porque es fácil confundirlo con su congénere, como ya hemos señalado, por lo que no hay datos fiables de capturas y, cuando los hay, es muy posible que sean inferiores a la realidad.
     Lo que nadie discute es que las poblaciones mundiales han experimentado importantes descensos cuyo alcance, sin embargo, nos es desconocido. Por eso algunas estimaciones se basan en cálculos indirectos, por ejemplo en relación a las poblaciones de especies como el marrajo azul, en cuyas pesquerías cae el marrajo negro: si las poblaciones de I. oxyrinchus del Atlántico norte han caído un 50%, lo más probable es que las del I. paucus hayan sufrido la misma o parecida evolución. En su reciente actualización, la IUCN estima una caída del 50-79% durante los últimos 75 años.

El problema fundamental al que nos enfrentamos es el desconocimiento: ¿Cuál es la distribución real del Isurus paucus? ¿Cómo es su dinámica poblacional? ¿Y su biología? ¿Cuál es el verdadero volumen de sus capturas? ¿Qué consecuencias debemos extraer de todo ello para su conservación?

Foto Gonzalo Mucientes

En resumen: el marrajo negro es mucho menos abundante que el marrajo azul, su ritmo reproductivo y tasa de crecimiento son sensiblemente inferiores, y no sabemos cuántos ejemplares caen cada año en los aparejos.
Es para estar preocupados. ¿O no?


[Una breve nota de agradecimiento a Gonzalo Mucientes por su apoyo y generosidad en la cesión de sus propias fotografías y a Rafa Bañón por el artículo, por acordarse.]
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¹Compagno, Leonard J. V.  Sharks of the World. Volume 2: Bullhead, Mackerel and Carpet Sharks (Heterodontiformes, Lamniformes and Orectolobiformes). Roma: FAO, 2002. (En cambio, en la edición anterior, de 1984 [FAO Species Catalogue. Vol. 4. Sharks of the World, Part 1: Hexanchiformes to Lamniformes. Roma: FAO], Galicia no aparece como zona de distribución).
Compagno, Leonard J. V. et al. Guía de campo de los tiburones del mundo. Barcelona: Omega, 2005.
Ebert, David A., Matthias F. W. Stehmann. FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. Rome: FAO, 2013.
²IUCN. 2019. The IUCN Red List of Threatened Species. Version 2019-1. Available at: www.iucnredlist.org. (Accessed: 21 March 2019).
³Mucientes, G., Rafael Bañón, Nuno Queiroz. "Updated distribution range of longfin mako Isurus paucus (Lamniformes: Lamnidae) in the North Atlantic". Journal of Applied Ichthyology. Febrero, 2013, ISSN 0175-8659.
Hay que destacar que este trabajo está basado en datos suministrados por los propios pescadores (libros de pesca, etc.). Aunque de vez en cuando criticamos su labor, es justo reconocer también que no pocas veces el sector colabora con los científicos aportando información sumamente relevante. Los mariñeiros son los que están a diario en el mar y en algunos casos tienen mejores conocimientos que los científicos.


lunes, 15 de abril de 2013

Los ojos del tiburón blanco

Fotografía de David Litchfield.

¿Os acordáis del memorable monólogo de Quint?:
"Una de sus características es... sus ojos sin vida, de muñeca, ojos negros y quietos. Cuando se acerca a uno, se diría que no tiene vida, hasta que le muerde... Esos pequeños ojos negros se vuelven blancos, y entonces... ah, entonces se oye un grito tremendo y espantoso; el agua se vuelve de color rojo; y a pesar del chapoteo y del griterío, ves como esas fieras se acercan y te van despedazando."
Lo escribió el propio actor que lo encarnaba, el grandísimo Robert Shaw, a partir de la versión que John Milius había elaborado del guión de Howard Sackler.

Foto de Michael Scholl (tomada de www.telegraph.co.uk)
Hay que reconocer que en el plano dramático el acierto de Shaw fue absoluto. Incluso hoy en día, casi 40 años después del estreno de Tiburón, en nuestro imaginario colectivo todavía persiste la estremecedora imagen de un ser infernal cuyos ojos negros, desprovistos de vida, parecen observarnos fija y desapasionadamente como esperando su momento. De algún modo nos recuerdan las oscuras cuencas vacías de una calavera, sonrisa maléfica incluida.

En el plano de la realidad, en cambio, las cosas son bastante diferentes. Ni el tiburón es un bicho sanguinario y maléfico, ni sus ojos son negros como la muerte. De cerca y con la luz adecuada, lo que observamos son en realidad unos ojos muy oscuros, algunos dicen que azules, que además se orientan para enfocar un objeto, exactamente igual que los de un caniche.

Aquel monstruo de tintes casi metafísicos, emergido de la película de Spielberg como el símbolo de una naturaleza irracional y hostil, se transforma de pronto en lo que siempre ha sido, una magnífica criatura de extraordinaria belleza que no nos cansamos de admirar.

Impresionante fotografía de Juanmi Alemany realizada en Guadalupe.
De vez en cuando uno necesita abstraerse de todos esos problemas que nos angustian a todas horas, de la realidad tan hostil que tenemos ahí afuera, y refugiarse en la contemplación de un animal tan bello. Aunque sea durante unos pocos instantes, en un escrito tan breve como este.

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[Otros ojos bien diferentes son los de los tiburones de aguas profundas. Os recomiendo que visitéis el post Los ojos de la cañabota. Ya veréis.]