Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

jueves, 15 de agosto de 2013

Una razzia de tiburones (lectura de verano)

Tiburones en Galicia se toma unas semanitas de descanso veraniego. Para entretener la espera, os dejo un magnífico relato rescatado de un viejo periódico vespertino de mediados del XIX, La Esperanza, el más importante, por cierto, de nuestra prensa absolutista más ultracatólica y carlista. Su cabecera rezaba, justamente, "Periódico monárquico".
Además de su valor literario (me parece un excelente relato de aventuras), el texto es interesante porque nos permite conocer algunas de las viejas ideas más extendidas sobre los tiburones, como el considerarlos "cetáceos", o como la creencia de que, dada la disposición de su boca, tenían que darse la vuelta para atacar. Y por supuesto que sentían una clara predilección por la carne de las personas de color. 
He actualizado grafías, excepto en los topónimos y en ciertas voces, y modernizado la puntuación y el uso de otros signos ortográficos. Las notas a pie de página pertenecen al propio relato; no así las ilustraciones, que he encontrado yo mismo en la red.
Espero que os guste. Apareció publicado el jueves 10 de abril de 1851 en las páginas 3 y 4.  

 
UNA RAZZIA DE TIBURONES

     Hacía más de un mes que habíamos penetrado por el estrecho de Atlas en el archipiélago de la Australasia. A los huracanes del tormentoso cabo de Buena Esperanza y de las islas Mauricias, habían sucedido las turbonadas no menos peligrosas de la zona Tórrida. Nuestro barco, demasiado sensible a los temporales que son tan frecuentes en el hemisferio del Sur, había rendido por dos veces los masteleros de juanete y de gavia, la escota mayor y el escotín de velacho, y apenas reuníamos un aparejo completo y útil para navegar con éxito contra las impetuosas corrientes del Océano Pacífico, en demanda del cual caminábamos por una mar atestada de escollos.
     El capitán de la Sabina, hombre rudo y enérgico de carácter, era un intrépido aventurero que estaba acostumbrado desde niño a las grandes jugarretas del mar de la India: seis veces se había visto a pique de naufragar con su buque, y otras tantas su presencia de espíritu y su incansable arrojo habían salvado a la tripulación de una muerte segura. Los días de tempestad eran sus días de gloria, sus hermosos días de boda y regocijo, como decía él sonriendo a los pasajeros amedrentados. Sentado a barlovento sobre el castillo de popa de la fragata, contemplaba con una atención delirante la lucha desigual de su nave con las gigantescas olas del Océano: sus tostadas facciones se animaban de alegría cada vez que la quilla de la Sabina se deslizaba sutil sobre la espalda del furioso elemento, que aspira a tragarse la tierra; y cuando un viento frescachón de los polos, dando de bolina en la mayor y las gavias, tumbaba la fragata a sotavento produciendo ese estridente crujido de las vergas que suena tan mal al oído de los viajeros, "Orza —gritaba el capitán Elías viendo a la ola reventar sobre su cabeza—. Orza, timonel.", y el buque se enderezaba para recibir por la popa, con la mayor coquetería, a la montaña del agua que lo hubiera anegado sin aquella maniobra. [...]
     Tal era el valiente marino en cuya compañía acabamos de visitar las islas de Sumbawa, Lomboch, Balli, Célebes, Salayer, Cambina, Bouton, Weyobongi, Xula-Bessy, Bouro Xulla-Tallabo y la isla de Gomona, pertenecientes todas a la congregación del archipiélago malayo.
     Hallábamonos situados a la sazón a 1º lat. S. de la línea equinoccial y 120º 20' de long. E. del meridiano de Cádiz. Teníamos a la vista las islas de Cehy, Zafos, Wiung, Siang y Eyé, que forman el paso de Gilolo al mar Pacífico, y esperábamos hacía ocho días una brisa benéfica que nos llevase al otro lado del estrecho, donde al menos pudiéramos correr en ancha mar, zafados de los peligros que ofrecen a cada paso los estrechos.
     Era domingo y estábamos en calma chicha. El termómetro Farenheit marcaba 88º, y no había ser humano que pudiese resistir a bordo los ardores del sol equinoccial cayendo a plomo sobre nuestras cabezas. La mar, tranquila y tersa como una plancha de acero, parecía arrojar chispas volcánicas por todo el horizonte, y nuestras pupilas, un tanto debilitadas por los fosfóricos reflejos, no podían resistir la impresión ardiente de aquellos fenómenos de luz abrasadora. Habíamos puesto los toldos agalerados, y así evitábamos en cierto modo los estragos producidos por la reflexión de la luz tropical; mas no podíamos impedir de ninguna manera la lenta asfixia que se iba apoderando de todos nosotros. La falta absoluta de aire comprimía fuertemente nuestros pulmones, y todos más tarde o temprano temíamos sucumbir ahogados en aquella terrible atmósfera de fuego.
     A los males que son consiguientes a una situación tan desesperada, había que juntar otros peligros de no menos importancia: los víveres que escaseaban a bordo hacía mucho tiempo y apenas teníamos el agua necesaria para nuestro consumo. El capitán, con su prudencia acostumbrada, conocía la urgentísima necesidad de dar refrescos a la gente para impedir el escorbuto; empero ocho días continuos de una calma asoladora le obligaban a conducirse con rígida economía en este punto. Sin embargo, aquel día, como dijimos antes, era domingo, y ya se sabe con cuánto respeto y veneración celebran en alta mar los marineros las fiestas de precepto.
     La tripulación, vestida de gala desde el amanecer, aguardaba con ansia, lo mismo que los pasajeros de la Sabina, el refresco que el capitán había prometido dos días antes. La hora suspirada llegó por fin, y los marineros, provistos cada cual de su correspondiente vaso de hojadelata o de coco, fueron recibiendo una escatimada ración de agua y vinagre azucarado que en aquellas alturas no podían menos de considerar como de un precio superior al manjar más exquisito.
     Cuando todos hubimos mitigado el ardor de nuestras resequidas fauces, el capitán, que no cesaba de contemplar el horizonte por babor y estribor, silbando, según una supersticiosa costumbre, para atraer el viento, algunos aires marítimos, mandó a la tripulación, compuesta en la mayor parte de indios bengalíes y filipinos, que arreglasen un tinglado con las velas rifadas por el viento, y dio permiso para que todo el que quisiese pudiese tomar un baño en plena mar, sin separarse empero de la fragata.
     Esta orden fue recibida con grande júbilo por toda la gente de abordo, y media hora después se hallaba prevenido para botarse al agua un baño artificial formado con varios retazos de lona vieja, cuyo baño debía proteger en su caso a los marineros de la Sabina contra los sangrientos y encarnizados ataques de los tiburones.
     —Cuidado con las tintoreras, muchachos —les dijo el capitán cuando todo lo vio dispuesto—. Ya sabéis que los bichos acuden al olor de vuestra sangre (1).
     —No hay miedo, capitán, somos antiguos conocidos.
     —Con todo, bueno será que os mantengáis a la capa.
     Y viendo a un marinero indígena que subía al bauprés para lanzarse al agua desde su altura:
     —Oye, tú, gaviero mayor —gritó de repente el capitán Elías—, ¿adónde vas sin el volo? (2)
     —No lo necesito, señor —contestó el marinero.
     —Anda a tomarlo, malayo —replicó el capitán—, y evita si puedes los colmillos de tus amigos los tiburones.
     En seguida cinco o seis marineros dirigidos por el gaviero mayor y el capitán de ganado se lanzaron al agua desde lo alto de las bordas, provistos cada cual de su correspondiente cuchillo.
     Apenas haría diez minutos que las aguas del Archipiélago malayo habían dado paso a los acobrados cuerpos de los bañistas, cuando el guardián de abordo, que se hallaba sobre la cofa del palo mayor para dar el alerta a sus compatriotas, gritó de repente con todas sus fuerzas:
     —Hola, Rufino, Miguel, Antonio, Zacarías. ¡El tiburón! ¡El tiburón!
     Este grito pavoroso produjo un instante de confusión en el buque. El capitán, que se hallaba recostado en un caramanchel, meditando sin duda en los medios de evitar los peligros de la continuación de la calma, se levantó dirigiéndose a proa y dando la voz de mando de "Entra a popa, arría botes al agua".
     Inmediatamente el segundo piloto, armado con un arpón, el contramaestre, los pilones y el guardián, seguidos de algunos marineros que llevaban jarcias y lanzas arrojadizas, saltaron a los botes, que descendieron por babor y estribor a la voz ejecutiva del jefe de abordo. El resto de la tripulación subió sobre las vergas y masteleros, curiosa de presenciar la escena que iba a representarse sin duda en aquel terrible anfiteatro.
     Al escuchar la voz de alerta dada por el guardián desde la cofa, los marineros bañistas habían procurado ganar a fuerza de brazos la vela de salvación, que debía ofrecerles un pavimento inseguro debajo del agua, al abrigo sin embargo de los tiburones. Pero el guardián había visto acercarse un solo tiburón por la popa, en tanto que por la banda de babor, donde se hallaban los indios, llegaban otros dos formando en el agua amarga de la línea una ondulante y prolongada estela.
     Rufino, el más atrevido de los buzos bengalíes, estaba algo distante de la fragata cuando se dio el alerta; fijó su vista experimentada en la dirección del enemigo; calculó la distancia que aun tenía que nadar hasta la vela, y considerando que el tiburón debía alcanzarle en el camino, desató su cuchillo de la cintura y esperó con valor. Uno de los dos tiburones se aproximaba con la velocidad del rayo en dirección paralela del indio. Rufino conoció que era llegado el momento, y esgrimiendo su cuchillo con mano vigorosa se sumergió en el mar precisamente cuando el monstruo se volvía boca arriba para devorarle. El gaviero mayor debió colocarse debajo del tiburón y herirle profundamente en el lomo, porque elevándose éste a flor de agua con su barriga blanca como la nieve, sacudió con su cola un tremendo latigazo y volvió a sumergirse en las aguas: algunos torbellinos de espuma sanguinolenta vinieron a deshacerse en menudos globulillos sobre la superficie del plateado elemento.
     En aquel instante arriaban los botes de la fragata y un grito de dolor resonaba por todas partes. Rufino, el valiente gaviero, acababa de presentarse sin su cuchillo, y el infeliz pedía socorro con voz ahogada. Los tiburones acudían presurosos al olor de la carne y el desdichado judío no contaba con ningún medio de defensa: su situación era horriblemente crítica. Tal vez hubiera sido devorado en aquel momento si Antonio, uno de sus compatriotas y amigos, viendo el apuro en que se encontraba Rufino, no se hubiese lanzado a socorrerle con dos cuchillos. Pero, ¡ay!, estaba escrito que tan notable abnegación fuese inútil. Antonio no pudo llegar a socorrer a su amigo sin verse él mismo en la necesidad de colocarse en guardia contra otro de los tiburones, que, nadando sobre su espalda por debajo del indio, ascendía rápidamente con la boca abierta en dirección del infeliz marinero. Por lo que hace al pobre Rufino, teniendo que combatir sin otra defensa que una cabilla de madera que le arrojaron del buque, se preparó a hacer frente con serenidad a su contrario.
     Los dos amigos se sumergieron a un tiempo en las aguas; los dos pelearon con inauditos esfuerzos; los dos eran aguerridos en aquella especie de luchas; uno y otros aparecieron a flor de agua por diferentes veces para hundirse de nuevo. La sangre teñía de color de púrpura la superficie azulada del Océano y la tripulación de los botes gritaba y daba fuertes golpes con los remos para espantar a las fieras. Todos presentíamos una inminente catástrofe, que no tardó por desgracia en confirmarse. Al cabo de pocos segundos, uno de los tiburones apareció a nuestra vista arrojando torrentes de sangre por varias heridas; otro se presentó revolcándose con la cabilla atravesada en la boca; y detrás de él ascendió Rufino con una pierna menos, el cual fue socorrido en la agonía de la muerte por uno de los botes de la fragata.
     En cuanto al infortunado Antonio, una gran mancha de sangre que se dibujó en la superficie agitada del archipiélago y algunos remolinos de espuma y agua que aparecieron en seguida nos demostraron que el infeliz había sido devorado por la fiera.
     El generoso Antonio no volvió a aparecer.

     Cuando el capitán vio al tercer tiburón, que nadaba en torno de los botes en busca de nuevas víctimas, dispuso que la tripulación de los mismos se retirase a bordo de la fragata y fue a hacer por sí propio la primera cura al valiente gaviero.
     El drama no había terminado sin embargo, puesto que los compañeros del indio Antonio, con el guardián a la cabeza, se presentaron un minuto después al capitán Elías a suplicarle que les permitiese vengar los manes de su desdichado amigo dando muerte al feroz tiburón. Otorgada la venia, uno de los marineros preparó sobre la marcha un enorme anzuelo de hierro al que sujetó varios pedazos de tocino salado, arrojándolos después al agua por la parte en que acababa de percibirse el enorme cetáceo. No tardó éste en presentarse a la vista de todos, arrojando de su formidable boca una baba espesa y glutinosa de color de sangre. Cuando el monstruo estuvo a la inmediación de la presa, se volvió, según su costumbre, con el vientre hacia arriba y ocultó el anzuelo en su profunda garganta. En seguida dos marineros tiraron con fuerza de la jarcia a la que estaba unido el aparejo y el anzuelo apareció sin tocino. Pero el tiburón daba sacudidas violentas y manchaba con sangre el agua del archipiélago, lo que parecía dar a entender que estaba herido. Por segunda vez se le arrojó la misma presa; y cuando todos aguardábamos que la fiera se alejaría a su contacto, escarmentada del suceso precedente, se la vio lanzarse de nuevo con ciega furia sobre el anzuelo, donde por esta vez quedó amarrada para no volver a soltarse. Los marineros más avisados fueron tomando jarcia poco a poco hasta que el tiburón se encontró fuera del agua; pero entonces necesitaron de todos sus esfuerzos para no ser arrollados por la multitud de saltos, golpes y arremetidas bruscas que daba el tiburón contra las costillas de la fragata.
     Ninguno hubiera tenido valor para acercarse a la fiera en tan crítico momento, si el guardián, que era hombre experimentado en aquel linaje de pesca, no hubiese arrojado al tiburón un lazo corredizo que, sujetándole la boca y las primeras aletas, le impedía hacer uso de sus cinco hileras d dientes y de sus terribles palancas. Por este medio se le introdujo con facilidad en el buque, y entonces pudo verse con horror que era una tintorera (tiburón hembra, más feroz que todos los cetáceos) de veinte pies de longitud por ocho y medio de diámetro.
     Tendida sobre cubierta, bien amarrada al palo mayor, los marineros de la Sabina no pudieron menos de rendir tributo entonces a una antigua superstición marítima que consiste en dar muerte a los tiburones que se pesca pidiéndoles el viento que hace falta a la nave para su rumbo. En su consecuencia, habiéndose formado la tripulación en dos filas al lado de la tintorera, y colocándose en medio el guardián a guisa de ejecutor de la ley, armado con una gran barra de hierro, empezó a descargar uno tras otro multitud de golpes sobre la cabeza del enorme cetáceo, gritando a cada uno con voz estentórea: "Sud-Oeste, Sud-Oeste", que era el viento que esperábamos hacía ocho días para cortar la línea por el NE de Gilolo.
     Aquella imprecación gentílica, escuchada por los marineros de abordo con el recogimiento que permite el rito idólatra de los bracmanes, no dejaba de tener su solemne grandeza en medio de una mar atestada de escollos y tiburones.
     El día se pasó en la mayor agitación producida por las catástrofes que dejamos referidas. Vino la noche de improviso y sin crepúsculo, como acontece en los países tropicales. Y cuando aguardábamos con terror que se realizase el pronóstico del capitán Elías, quien hablando de la luna solía decir muchas veces:
Si como pinta quinta,
Si como pinta octava,
Así como empieza acaba;
cuando temíamos, pues, que la calma que ya íbamos sufriendo se extendiese a todo el mes lunar con riesgo de nuestras propias vidas, saltó de pronto una brisa del E que fue afirmándose poco a poco hasta quedar entablada en viento galeno, y con ayuda de su inestimable socorro cortamos aquella noche la línea equinoccial a 0 grados de lat., siendo la situación de la isla de Fioji, por donde penetramos en el mar Pacífico, la de 14º lat. N y 134º 57' long. E. del meridiano de Cádiz.

_________ 
(1) Los tiburones manifiestan una grande afición a la carne negra o cobriza de las regiones tropicales, en términos que entre veinte hombres blancos y uno negro, su instinto les conduce con derechura a este último.
(2) Así se llama el cuchillo que usan los marineros filipinos.



¡FELIZ VERANO!

miércoles, 31 de julio de 2013

Musolón (Pseudotriakis microdon)

Foto tomada de ameblo.jp

Musolón

Pseudotriakis microdon de Brito Capello, 1868

(es. Musolón, peje camello; in. False Catshark; port. Mona)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Pseudotriakidae
   
El musolón es un ser extraño y tremendamente esquivo. Y uno de los tiburones más grandes de nuestro mar profundo, solo por detrás del verdadero rey, el tiburón boreal o tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). Su rostro anodino, marcado por un perpetuo gesto como de fastidio o hastío, corona un corpachón grande y fofo que, sin embargo, esconde un interesante toque de originalidad en su estrategia reproductiva que lo distingue y eleva por encima del resto de los Carcharhiniformes. Todo ello lo convierte en uno de los tiburones más fascinantes que existen.
Foto tomada de ameblo.jp
Es muy poca la información que se ha podido reunir sobre este pez a lo largo de los 130 años de registros fiables transcurridos desde que en 1883 apareciera aquel espécimen de casi tres metros en una playa de Long Island. Básicamente son deducciones y estimaciones realizadas a partir de trabajos de muestreo y exámenes de capturas accidentales. Su extraordinaria cavidad corporal, el tamaño y forma de sus aletas y su musculatura blanda apuntan a un animal lento y poco activo que permanece casi inmóvil cerca del fondo (posiblemente haya adquirido flotabilidad neutra) a la espera de una presa o de una oportunidad para aparearse. Imágenes, tampoco hay muchas. En la red apenas existen un par de vídeos de individuos vivos en su medio y unas cuantas fotografías.
     Como curiosidad, destacar que nuestro Pseudotriakis microdon comparte familia con unos bichos tanto o más extraños cuyo nombre genérico está tomado de uno de los personajes más famosos del Señor de los Anillos, la extraordinaria saga de J.R.R. Tolkien: Gollum. A la espera de la próxima actualización del catálogo, tenemos un Gollum attenuatus y al menos dos Gollum más aguardando para recibir el bautizo oficial. Ninguno de ellos, desgraciadamente, se encuentra en nuestras aguas.

Descripción: Cuerpo grueso, alargado y fofo. Morro corto, cuneiforme visto de lado, y acampanado desde una perspectiva dorsoventral; en los inmaduros tiende a ser cónico. Las narinas son pequeñas, con pequeñas solapas triangulares, y están situadas cerca de la boca, que es enorme y angulosa, con cortos pliegues labiales. Los ojos tienen membrana nictitante y son alargados, como de gato. Los espiráculos son muy grandes, casi tan largos como los ojos.
La característica primera dorsal es grande, pero muy baja y alargada, casi tanto como la caudal. La segunda dorsal tiene también un buen tamaño, pero es bastante más alta; su origen más adelantado que el de la anal, si bien sus extremos posteriores están prácticamente enfrentados, muy próximos a la cola, quedando de esta manera el pedúnculo caudal poco diferenciado. No hay fosetas precaudales en el pedúnculo. Aletas pectorales pequeñas y redondeadas; pelvianas muy retrasadas y bastante pequeñas (son las aletas más pequeñas). La caudal está muy abatida, es relativamente corta, y tiene el lóbulo terminal grande y el inferior poco diferenciado.  
     La librea es de color pardo oscuro a negruzco uniforme, con un tono más o menos azulado. Las aletas suelen ser más oscuras. 
Fuente: CSIRO National Fish Collection (Australia).
Talla: La longitud total máxima registrada ha sido de 296 cm, correspondiente, como os podéis imaginar, a una hembra. Aunque parece que en esta especie no hay una grandes diferencias con respecto a los machos, con 295 cm de LT máxima. Los tamaños más habituales andan en torno a los 240-270 cm. 
Los machos son maduros entre los 200 y 269 cm, mientras que las hembras entre los 212-295 cm.
     Las tallas de nacimiento no parecen todavía muy definidas. Se sitúan en una horquilla bastante laxa que va desde los 70 hasta los 138 cm; el ejemplar más pequeño observado en natación libre medía 96 cm¹. La IUCN Red List la eleva, cintando un trabajo de Yano aún no publicado, hasta los 120-159 cm. Los datos que se aportan parecen corroborar esto último: "Taniuchi et al. (1984) observaron embriones maduros de 112 y 113 cm LT, y Yano (1992) de 116 a 120 cm. Una hembra inmadura de 156 cm LT presentaba una cicatriz umbilical (Yano 1992)".

Dentición: Dientes parecidos en ambas mandíbulas, muy pequeños y distribuidos en más de 200 filas por mandíbula (202-294 filas en la superior y 258-335 en la inferior) y dispuestos a modo de mosaico; 6-13 hileras funcionales. Presentan un talón posterior amplio, una cúspide central grande en forma de gancho y dos cuspidillas a cada lado. En la mandíbula superior la cuspidilla del lado externo más cercano a las comisuras tiende a perderse; en la inferior los dientes externos se modifican adoptando una aspecto molariforme.

Fuente: Fumio Nakagawa, J-elasmo.
Reproducción: Especie vivípara aplacentaria (ovovivípara) con camadas muy bajas de 2 crías, una por oviducto.
     Y es aquí donde nuestro P. microdon se pone original. Esta "originalidad" se descubrió cuando, en el útero de una hembra de 280 cm capturada en el Índico occidental, los científicos se encontraron aproximadamente con unos 20 000 huevos de 9 mm de diámetro medio, lo cual no casaba con la baja productividad de la especie. La conclusión, para sorpresa de todos, no podía ser otra que estos huevos tenían que servir de alimento a los embriones durante la gestación. En una palabra: oofagia. Posteriormente se ha informado de embriones maduros y en un estadio medio de desarrollo con los estómagos llenos de vitelo. Esto quiere decir que, de momento, el musolón es, junto con su pariente el mencionado tollo coludo esbelto o Gollum attenuatus y la gata leonada (Nebrius ferrugineus, orden Orectolobiformes), los únicos tiburones no lamnoides que presentan este modo de reproducción.

Observad el enorme tamaño del único embrión que queda en ese útero, tras haber agotado el saco de vitelo (eso que parece un globo desinflado a la izquierda de la cabeza) y comido los huevos producidos por su mamá. Fuente: sharkuniversity.org.
Abundando un poco más en este inesperado toque de originalidad en un bicho tan aparentemente soso y aburrido, Yano sostiene que en realidad se trataría de una oofagia modificada, diferente de la de los Lámnidos. Según su teoría, los embriones, al parecer, transfieren al saco vitelino externo el vitelo de los huevos que ingieren para reponer existencias y afrontar con garantías las últimas etapas de su crecimiento dentro de la madre.
     Se desconoce cuánto dura la gestación, aunque se calcula más de un año, o bien, según otras voces autorizadas, puede que más de 2 o incluso 3.

Dieta: La dieta del musolón no es muy conocida. Posiblemente predominan los teleósteos, si bien en sus estómagos se han encontrado tiburones linterna (fam. Etmopteridae), calamares y pulpos. Pero también objetos de origen humano, como en un ejemplar capturado en las Canarias al que le encontraron una pera, un paquete de tabaco y una lata de refresco fabricada en Lisboa, lo cual parece evidenciar un comportamiento oportunista. Se le ha fotografiado comiéndose los camarones que habían puesto como cebo de una trampa en Hawai.
Su enorme boca le permite engullir criaturas de un buen tamaño.

bitat y distribución: El musolón es una especie batidemersal que habita el talud continental e insular preferentemente entre los 100-1900 m. Esporádicamente puede aparecer en la plataforma continental, tal vez por causas anormales o tal vez en aquellas zonas donde los cañones submarinos se abren cerca de la costa.


Posiblemente se trata de un tiburón cosmopolita. Su distribución mundial es amplia aunque discontinua, a tenor de los registros de capturas, más escasas en el hemisferio sur que en el norte. Sin embargo es muy probable que la expansión de las pesquerías de aguas profundas traiga consigo un incremento en las capturas que amplíe sustancialmente su mapa de distribución².
En esta parte del Atlántico se encuentra en el talud de Islandia, Islas Británicas, Francia, España, Portugal, Madeira, Azores, Canarias, Senegal y Cabo Verde. En nuestras aguas se ha documentado en el Banco de Galicia³.
No se han registrado capturas en el Atlántico Sur y Pacífico Oriental.

Foto: John Morrissey, SeaPics.com
Pesca y estatus: De momento el musolón carece de interés comercial. Forma parte de las capturas accidentales de las pesquerías de profundidad que operan con palangre o arrastre de fondo. 
     El gran problema al que se enfrenta esta especie, como ocurre con muchas otras de aguas profundas, es que las particularidades de su biología reproductiva la vuelven en extremo vulnerable a cualquier forma de explotación pesquera: baja fecundidad, periodos de gestación probablemente larguísimos, crecimiento muy lento... Y no nos olvidemos del creciente y mortífero interés de las industrias cosmética y alimentaria por el aceite extraído del hígado de los tiburones.
     Las pesquerías del mar profundo están en pleno proceso de expansión tras haber casi agotado los caladeros pelágicos. Y las zonas donde suelen concentrarse para calar el aparejo son, como es lógico, precisamente las de mayor productividad, como los arrecifes de aguas profundas y los montes submarinos, amenazando gravemente las poblaciones locales.
Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Datos insuficientes debido a la poca información de que disponemos sobre dinámica de población y sobre aspectos biológicos como las tasas de crecimiento, duración de la gestación, etc.
Sólo cabe esperar que no tarden en llegar... y que no se empiecen a tomar medidas cuando ya sea demasiado tarde.

Fotografiado a 1200 m en el cañón de Nihoa, Hawai (fuente: Wikipedia).

_________________________
¹David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma
²Pensemos, por ejemplo, que no fue hasta hace muy poquito, en 2004, que la costa oriental de Australia e Indonesia pasaron a figurar como zonas de distribución. Ver Peter M. Kyne et al. (2005). First records of the false catshark, Pseudotriakis microdon Capello, 1868, from the waters of eastern Australia and Indonesia. Memoirs of the Queensland Museum, 51(2): 525-530. Brisbane. ISSN 0079-8835.
³Rafael Bañón, David Villegas-Ríos, Alberto Serrano, Gonzalo Mucientes & Juan Carlos Arronte (2010). "Marine fishes from Galicia (NW Spain): An updated checklist." Zootaxa, 2667, pp. 1-27. Incluye una fotografía de uno de los ejemplares, tomada por Rafael Bañón.

martes, 16 de julio de 2013

Reproducción IV: Oviparismo


Cápsulas-huevo de pintarroja (Scyliorhinus canicula). Foto: Josep Mª Barres (barresfotonatura).

En el capítulo anterior de la serie nos quedamos en la fecundación. Los óvulos han sido fecundados internamente y se pone en marcha la gestación, la formación y desarrollo de una nueva vida hasta su nacimiento. Y añadíamos que los tiburones no siguen una misma estrategia, sino que pueden adoptar cualquiera de estas tres: oviparismo, viviparismo aplacentario (también conocida como ovoviviparismo) y viviparismo placentario, según la clasificación más sencilla y extendida.
Hoy vamos a ocuparnos de la primera, que es la más primitiva. La siguen aproximadamente el 40% de todas las especies conocidas: todos los Heterodontiformes; todos o casi todos los miembros de las familias Parascylliidae, Hemiscylliidae y Stegostomatidae (orden Orectolobiformes); y muchas especies de las familias Pentanchidae y Scyliorhinidae (orden Carcharhiniformes). Entre las especies claramente ovíparas de nuestras aguas, están los dos esciliorhínidos, la pintarroja (Scyliorhinus canicula) y el alitán (Scyliorhinus stellaris), y varios pentánchidos, el olayo (Galeus melastomus), y el olayo atlántico (Galeus atlanticus), a quienes posiblemente se puedan sumar, a medida que vayamos conociendo más datos sobre su biología, el olayo de Islandia (Galeus murinus) y los tres Apristurus recientemente registrados en el Banco de Galicia: el Apristurus aphyodes o pejegato fantasma blanco, el pejegato narizón (Apristurus melanoasper) y el Apristurus profundorum o pejegato abisal. Estaremos atentos.

Huevos de suño (Heterodontus sp.).
En los tiburones ovíparos el huevo fecundado se envuelve en una cápsula córnea segregada por la glándula nidamentaria, desciende por el oviducto y atraviesa el útero para ser expulsado al exterior. Normalmente el tiburón fija estas cápsulas-huevo a algún elemento del fondo como algas, rocas o gorgonias mediante unos filamentos situados en el extremo de la cápsula denominados zarcillos. Aunque existen otros métodos. Por ejemplo, especies como los suños (fam. Heterodontidae), ausentes de nuestras aguas, fabrican unas características cápsulas en forma de tornillo que encajan entre las oquedades de las rocas. Cada familia tiene su propio diseño de huevo y estrategia de puesta. Tampoco en esto parecen ponerse de acuerdo.

La puesta puede realizarse poco después de la fecundación, normalmente por parejas (un huevo por cada oviducto), en intervalos diarios o semanales. Y también puede ocurrir que la hembra retenga los huevos en su interior durante unos cuantos meses para mantenerlos a salvo de los depredadores, de tal manera que la eclosión se produce al cabo de pocas semanas después de la deposición.

Pintarroja (Scyliorhinus canicula). Foto tomada de www.ispot.com.uk.
Para su desarrollo el embrión solo dispone de una única reserva de alimento, el vitelo, que irá consumiendo durante el tiempo que dure su desarrollo, que en general no llega a los 12 meses. Por otro lado, la cápsula no es totalmente estanca, sino que permite el paso de agua y sales minerales.

Cápsulas-huevo recién puestas, todavía transparentes, donde podemos ver el saco que contiene el vitelo.
Embrión de un mes de colayo inflado (Cephaloscyllium ventrosium) dentro de su cápsula-huevo (foto de Alex Kerstitch).
Detalle de un embrión de pintarroja (Scyliorhinus canicula) en el que se aprecia el cordón que le une al saco de vitelo y los típicos filamentos branquiales externos de las primeras etapas de desarrollo (foto: Xurxo Gago).
El embrión crece al tiempo que mengua la reserva de vitelo (foto: Sander van der Wel).
Foto de Andres Salesjo.
Una vez agotado el saco vitelino, llega el momento del nacimiento, de la eclosión. La glándula del nacimiento, situada en la cabeza del embrión, reblandece las paredes córneas de la cápsula para que éste pueda abrirlas con más facilidad mediantes sus sacudidas, ayudándose, al mismo tiempo, al menos en algunas especies como el colayo inflado, de fuertes dentículos dérmicos dispuestos en un par de filas situadas a lo largo de su dorso.

Esta cría de pintarroja de 9 cm logró salir de su cápsula gracias a la ayuda de una bióloga del Blue Reef Aquarium de Porstmouth que tuvo que practicar un corte (foto tomada de heart.com).
Como en el resto de especies, el recién nacido es una copia en miniatura de sus padres, quienes no estarán a su lado para guiarlo y protegerlo. A partir de ahora deberá apañárselas por sí mismo: crecer, alimentarse y procurar no servir de alimento.

Las cápsulas-huevo vacías o depredadas llegan arrastradas por la marea hasta nuestras playas. Son los llamados "bolsos de sirena":

En la praia do Dique, Porto do Son.
Algunas piezas de mi colección.

Una nota final: esto de aquí abajo es un huevo de raya, no exactamente de tiburón, como muchos piensan. Para que no os confundáis.



[Para conocer los otros dos modos reproductivos básicos de los tiburones, véase Viviparismo aplacentario y Viviparismo placentario.]

viernes, 12 de julio de 2013

Pintarroja (Scyliorhinus canicula)

Foto de Jacobo Alonso tomada en los fondos de la isla de Rúa, ría de Arousa.

Pintarroja

Scyliorhinus canicula (Linnaeus, 1758)

(es. Pintarroja, lija; gal. Melgacho, ghaxapo, patarruxo, patarroxa, can do mar, canexa, casacú, rañorte, vella; in. Small-spotted catshark, lesser spotted dogfish; port. Pata-roxa, caneja.)

ORDEN: Carcharhiniformes
FAMILIA: Scyliorhinidae


Con la pintarroja ocurre como con los gorriones. Estamos tan acostumbrados a verlas, su aspecto nos resulta tan familiar y cercano, que hemos perdido la capacidad de apreciar su belleza. La cercanía borra toda perspectiva.
     Si por un momento fuésemos capaces de ponernos en la piel de un turista neozelandés (pongamos por caso), tan aficionado a los tiburones como nosotros, que de repente se encontrase con una, bien buceando, bien de visita en una lonja, no tardaríamos en apreciar detalles como la discreta belleza de su librea, o el delicado diseño de su cuerpo. Y aprenderíamos, en definitiva, a valorar a la pintarroja como se merece, como otro de nuestros magníficos tiburones, y no como mero protagonista de un guiso o de una sabrosa caldeirada (por cierto, y dicho sea de paso, recordad que los tiburones son potentes bioacumuladores de metales pesados y otras porquerías que llevamos lustros vertiendo insistentemente al mar; un estudio de hace unos años aludía a las altas concentraciones de cobre y cinc en pintarrojas capturadas entre los 80 y 120 m en el área de Barcelona¹, con eso os digo todo).
     La pintarroja es el tiburón más abundante y común de nuestro litoral, dentro y fuera del agua: en todas las lonjas que visitemos encontraremos pintarrojas. Es también una especie típica de los acuarios, ya que aparentemente se adapta muy bien a las condiciones de cautividad, en donde se reproduce con relativa facilidad.
     Tal vez debido a esta cercanía no es poca la gente que se sorprende cuando les cuentas que la pintarroja es un tiburón: "¡Cómo! ¿Eso es un tiburón??" Curioso, a que si. Pues razón de más para dedicarle todo un capítulo.

Foto: Toño Maño.
Descripción: El cuerpo de la pintarroja es alargado y esbelto. Tiene 5 pares de hendiduras branquiales laterales, las dos últimas sobre el origen de las aletas pectorales. La cabeza es ancha y deprimida; el morro, corto y redondeado. Los ojos son grandes y ovalados, con amplias carenas suboculares; presentan una membrana nictitante inferior muy rudimentaria, como todos los esciliorrínidos. Justo detrás de los ojos se abren los espiráculos, que son también grandes. Las solapas nasales están bien desarrolladas, hasta cubrir, unidas, el borde anterior de la boca, como se muestra en la imagen; se trata de un rasgo que nos va a servir para diferenciar la pintarroja de una especie que se le parece bastante, el alitán (Scyliorhinus stellaris).

Foto: Toño Maño.
Las dos aletas dorsales están en posición retrasada. La primera, claramente mayor que la segunda, se origina por detrás de la axila de las aletas pelvianas. Las pectorales son anchas y de forma trapezoidal; las pelvianas, largas y no muy altas (en los machos, están totalmente soldadas por su margen interno). La aleta anal es grande; la longitud de su base es menor que la longitud interdorsal —la distancia entre las dos dorsales—. La caudal es larga y abatida, con el lóbulo terminal bien diferenciado y el inferior poco o nada desarrollado.
     En cuanto a su librea, la superficie dorsal es de color arena a terroso con numerosas manchas oscuras y claras bastante pequeñas. En los animales vivos, el color de fondo puede adoptar tonos rojizos a amarillentos. La superficie ventral es lisa y blanquecina.

Foto de Andy Murch.
Talla: En el Atlántico y Mar del Norte puede alcanzar los 100 cm, si bien por lo general no suele sobrepasar los 70 cm. En el Mediterráneo la longitud total máxima observada ha sido de 63,5 cm.
Los machos maduran en torno a los 40 cm y las hembras hacia los 45 cm. En el Mediterráneo, los machos a los 39 cm y las hembras a los 44 cm. Algunos autores redondean señalando 43-45 cm para los machos y 41-51 cm las hembras.
Las crías de pintarroja miden al nacer entre 9-10 cm.

Pintarroja albina capturada en el Mar del Norte y depositada en el tanque de un acuario en Texel, Holanda. Fuente: https://www.nhnieuws.nl.

Dentición: Numerosos dientes muy pequeños y similares en ambas mandíbulas, distribuidos en varias filas funcionales. Son de base ancha con una cúspide triangular larga y afilada que puede ir acompañada de pequeñas cuspidillas secundarias a cada lado. Los primeros dientes centrales son pequeños, y en la mandíbula superior están separados por un pequeño diastema.
Foto de Jacobo Alonso (iDiving).
Reproducción: La pintarroja es ovípara. Los óvulos fecundados se envuelven en una cubierta protectora y se depositan en el lecho marino, normalmente sujetos mediante los zarcillos a algún alga o roca. La puesta es de dos cápsulas-huevo una por oviducto con una periodicidad diaria o semanal, y tiene lugar durante todo el año, especialmente de noviembre a julio. Suele realizarse sobre sustratos de algas en fondos de poco calado. Estas cápsulas o "bolsos de sirena" miden entre 4 y 7 cm de largo por 2-3 cm de ancho y 1 cm de grosor.
Cápsula-huevo de pintarroja (Foto: Toño Maño).
La tasa reproductiva de la pintarroja es elevada. Una hembra puede poner entre 20 y 25 huevos cada año, según Compagno (1984), o 96 y 115, según Moreno (1995).
La eclosión se produce al cabo de entre 5 y 11 meses dependiendo de la temperatura del agua, si bien por lo general entre 8 y 9.
Puede haber segregación sexual en los adultos. Cuando llega el momento, las hembras son las primeras en llegar a las zonas de cría, en invierno, y los machos poco después, en primavera. Y hacia finales del verano los adultos se retiran discretamente hacia aguas más profundas para el apareamiento². Un reciente trabajo ha descubierto la existencia de dimorfismo sexual en las ampollas de Lorenzini de las pintarrojas: las de los machos son más largas y están dotadas de un mayor número de células sensoriales dispuestas sobre una superficie también mayor, lo cual podría servir para aumentar su capacidad para detectar a las hembras³.
     La esperanza de vida estimada para la pintarroja es de unos 10 años.

Dieta: Muy diversa. A base de pequeños invertebrados del fondo: crustáceos, gasterópodos, cefalópodos, gusanos poliquetos, etc. También pequeños peces.

Hábitat y distribución: Tiburón demersal, habitante de la plataforma y talud continental superior, con preferencia por los fondos de arena, coral, algas, gravas y fango de aguas templadas. A veces aparece en aguas intermedias. Suelen encontrarse camuflados entre las algas, desde las proximidades de la orilla hasta los 200 m e incluso hasta los 400 m. En la parte oriental del mar Jónico se han llegado a capturar a 780 m.
     Sus hábitos son nocturnos. Durante el día permanece reposando sobre el fondo y al anochecer recupera su actividad.

Fuente: FishBase.
Se encuentra en el Atlántico nororiental, desde Noruega e Islas Británicas hasta Costa de Marfil, pasando por las Azores y las Canarias. También presente en el Mediterráneo.

Pesca y conservación: La pintarroja es un tiburón de evidente interés comercial. Localmente se consume en grandes cantidades ya que su carne es muy apreciada. También se utiliza para pienso y se aprovecha su aceite. Sin embargo, según las zonas, un gran porcentaje de las capturas de pintarroja son descartadas, es decir: los animales se devuelven al mar, normalmente ya sin vida.
Se pesca con diversas artes: palangre, trasmallos, nasas, redes de arrastre. Suele venderse ya despellejada, y no siempre con su verdadero nombre.

La elevada tasa reproductiva de la especie hace que, de momento, sea capaz de resistir la gran presión pesquera a la que se ve sometida. Sus poblaciones parecen mantenerse estables. Es el tiburón más abundante de todo el litoral europeo.
     Figura en la Lista roja de la IUCN con el estatus de Preocupación menor.


⏩ ¿Cómo diferenciar una pintarroja de un alitán? Aquí:
Diferenciando el alitán de la pintarroja.

⏩ Si queréis saber cuál es la capacidad cognitiva de la pintarroja, mirad este artículo: La capacidad cognitiva de los tiburones.

______________
¹C. Crespo, E. Soriano, C. Sampera, J. Balasch (1981). "Zinc and copper distribution in excretory organs of the dogfish Scyliorhinus canicula and chloride cell response following treatment with zinc sulphate". Marine Biology, vol. 65 (2), pp. 117-123. Allá cada uno.
²Sobre el apareamiento de las pintarrojas, Fernández de la Cigoña (2007) refierere lo siguiente: "Unha parella foi vista apareándose no esteiro do río Miño no verán de 2001".
³Crooks, Neil & Colin P. Waring (2013). "A study into the sexual dimorphisms of the Ampullae of Lorenzini in the lesser-spotted catshark, Scyliorhinus canicula (Linnaeus, 1758)". Environmental Biology of Fishes, vol. 96, issue 5, pp. 585-590.
Véase también Reproducción II: Cortejo y apareamiento.
Véase El tiburón que nos comemos sin querer.