Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

viernes, 26 de junio de 2015

Viajes del tiburón tigre

Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier). Foto: Raul Boesel.
Es tan poco lo que sabemos de los tiburones, incluso de las especies más famosas y televisivas, que cada nuevo trabajo que sale a la luz se convierte en una fuente de sorpresas, bien porque los datos que aporta son una absoluta novedad, bien porque matizan o cuestionan hipótesis previas, pudiendo incluso entrar en conflicto con ellas. Hace pocos días fue el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) el encargado de arrancarnos una sonrisa de admiración cuando conocimos los resultados de un interesante trabajo¹ de marcado y seguimiento llevado a cabo del otro lado del charco, en el Atlántico NW, por un amplio equipo de investigadores, entre los que figuran (hay que destacarlo) un científico gallego especializado en tiburones y amigo de este blog, Gonzalo Mucientes. Los transmisores SPOT empleados permitieron realizar seguimientos individuales en algún caso superiores a los 3 años (hasta 1101 días). Nunca antes se había logrado algo así.

El tigre es uno de los tiburones en apariencia más conocidos de cuantos existen. Sale en multitud de documentales de televisión, en revistas, en todo tipo de páginas y publicaciones web, etc., sabemos o creemos saber sus hábitos y preferencias alimentarias, e incluso hemos descubierto algunos de los lugares que visita periódicamente y por qué lo hace (el ejemplo más conocido tal vez sea el del atolón de French Frigate Shoals, en las islas de Sotavento del archipiélago de Hawái, durante la temporada en que los pollos de albatros de Laysan, Diomedea immutabilis, y albatros de patas negras, Phoebastria nigripes, se lanzan a su primer vuelo). Pero al mismo tiempo, tratándose de un tiburón viajero y por tanto difícil de seguir, una parte importante de su vida se mantiene en la más absoluta oscuridad, lejos de nuestro alcance. Estudios previos han demostrado que algunos tiburones tigre entran y salen regularmente de una determinada zona, mientras que otros permanecen en ella todo el año, cubriendo áreas de hasta 100 km de costa; otros emprenden largas migraciones, algunas en un periodo de tiempo relativamente corto, a lo largo de miles de kilómetros. Un individuo recorrió 3330 millas en seis meses; otro, 1015 en 17 días, lo que supone una media de 57 millas diarias. Un individuo marcado en el arrecife de Ningaloo, Australia Occidental, viajó durante el verano hasta la isla de Sumba, Indonesia, y al año siguiente hizo el viaje de vuelta². En el Pacífico W, trabajos de seguimiento con marcas satelitales y acústicas han descubierto un mayor nivel de fidelidad a los arrecifes oceánicos como los de Chesterfield, en el mar de Coral, que a los arrecifes costeros, sobre todo por parte de los machos adultos y las hembras pre-reproductivas; también que las hembras maduras son las más viajeras, atravesando periódicamente el mar de Coral entre Nueva Caledonia y la Gran Barrera (hasta 1114 km), tal vez en un ciclo reproductivo trianual; finalmente, han caracterizado un espacio tridimensional de actividad de 2360 km³ de media, con una hembra que llegó a una profundidad récord de 1136 m, que no está nada mal³.

Foto: Daniel Botelho.
El trabajo publicado hace pocas semanas abre una ventana a otro rincón del mundo del tiburón tigre. Y además lo hace a lo grande: sacando a la luz un sorprendente e inesperado patrón migratorio entre dos ecosistemas radicalmente distintos: las islas y arrecifes del Caribe y un área de mar abierto situada más de 3500 hacia el norte y centro del Atlántico, al nordeste de las Bermudas. Una ruta que recuerda la que realizan los tiburones blancos entre las costas de California y una zona del Pacífico central, el famoso white shark café.

Cada año en verano los machos adultos viajan más de 3500 km hacia el norte, para luego regresar para la invernada a sus zonas de preferencia en las Bahamas, Anguila, islas Turcas y Caicos. Solo una hembra adulta hizo ese mismo viaje. Los cinco tiburones que permanecieron en invierno en la zona de las Bermudas eran juveniles de ambos sexos. Los ejemplares marcados mostraron un elevado nivel de filopatría (fidelidad a un determinado lugar). Esto puede deberse a que la filopatría implica un menor coste a la hora de encontrar alimento y, por supuesto, pareja. Ningún ejemplar marcado entró en el mar Caribe.

Movimientos de un macho de 384 cm. Fuente: Lea et al., Scientific Reports 2015.
No se conoce bien el porqué de estas migraciones. ¿Qué motivo tan poderoso puede tener un carcharhínido para abandonar la comodidad de un hábitat de aguas cálidas y comida en abundancia, y lanzarse a un largo viaje hacia un lugar más inhóspito y frío? La hipótesis es doble (y obvia): búsqueda de alimento o de pareja, o ambas cosas a la vez.
Los tiburones tigre aprovechan el incremento de la temperatura en verano para tomar, como si de una autopista se tratase, una linea isoterma de aguas superficiales cálidas (alrededor de 24 ºC) similar a la de las tortugas como la laúd (Dermochelys coriacea). Tal vez la perspectiva de un atracón de sus presas favoritas compense las molestias del viaje. En este sentido, Gonzalo Mucientes pudo analizar los contenidos estomacales de cinco ejemplares de tiburón tigre capturados por palangreros que faenaban en el Atlántico NW y descubrió que predominaban los juveniles de tortuga boba (Caretta caretta).
Al mismo tiempo, si bien algunas hembras marcadas subieron en invierno hasta el mar de los Sargazos, la mayoría se quedaron en las proximidades de Florida y las Bahamas, lugares donde según parece se produce a finales del verano un mayor número de partos. Y como el periodo de gestación en la zona es de unos 13-16 meses, los apareamientos deben producirse entre finales del invierno y principios de la primavera. Los machos llegarían puntualmente para la cita.
Sea cual fuere la explicación, lo notable es que el patrón migratorio de los tiburones tigre en el Atlántico W se parece más al de las aves, algunos mamíferos marinos y las tortugas que al de otros peces.

Foto: Raquel Rossa.
¿Tiburones tigre en este lado del Atlántico? Aunque alguno de los ejemplares marcados llegó a estar cerca de la dorsal, ninguno llegó a cruzarla. Lo que no quiere decir que no lo hagan.
De vez en cuando algunos individuos se aventuran hacia esta parte del Atlántico, con toda probabilidad a lomos de la poderosa Corriente del Golfo. Tenemos registros esporádicos en zonas tan alejadas de las aguas cálidas del Caribe como Islandia, costa sur de Inglaterra (este dudoso) y otro, el de la fotografía de abajo, en la región del Charente Marítimo, costa noroccidental francesa.

Ejemplar de 305 cm capturado en julio de 2007. Fuente: Sud Ouest.
Más abajo, en el Cantábrico y en Galicia... Seguimos alerta... no vaya a ser.
_______________
¹James S. E. Lea, Bradley M. Wetherbee, Nuno Queiroz, Neil Burnie, Choy Aming, Lara L. Sousa, Gonzalo R. Mucientes, Nicolas E. Humphries, Guy M. Harvey, David W. Sims, Mahmood S. Shivji (2015). "Repeated, long-distance migrations by a philopatric predator targetting highly contrasting ecosystems". Scientific Reports, 5: 11202. doi: 10.1038/srep11202.
²David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth. David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
³Jonathan M. Werry, Serge Planes, MichelL. Bernumen, Kate A. Lee, Camrin D. Baun, Eric Clua (2014). "Reef-Fidelity and Migration of Tiger Sharks, Galeocerdo cuvier, across the Coral Sea". PLoS ONE 9(1) e83249. doi: 10.1371/journal.pone.0083249

martes, 9 de junio de 2015

Informe IUCN sobre las especies europeas

Quelvachos (Centrophorus granulosus). Foto: Oceana.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, o IUCN en sus siglas en inglés) acaba de publicar un amplio informe sobre las situación de las poblaciones piscícolas europeas. Se trata de la primera evaluación completa realizada hasta hoy de las 1220 especies presentes en el Mar del Norte, Atlántico NE, Mediterráneo, Báltico y Mar Negro, incluidas las aguas territoriales portuguesas y españolas de la Macaronesia (Canarias, Azores, Madeira e Islas Salvajes). De ellas, 232 se quedaron finalmente fuera del estudio, dado que incumplían el criterio de que las aguas europeas deben suponer al menos el 1% de su área de distribución global. De manera que las especies evaluadas han sido 988.

Las conclusiones del informe no pueden calificarse de felices, particularmente en lo que a los elasmobranquios se refiere. El titular ya es suficientemente conocido: el 40,4% de los tiburones y rayas de Europa se encuentran seriamente amenazados de extinción.

Fuente: IUCN, 2015.
1. Estadísticas generales. En el gráfico de la derecha, referido a la totalidad de las poblaciones evaluadas (es decir, incluyendo peces óseos y cartilaginosos), se observa que el 70,7% figuran bajo el epígrafe de Preocupación menor (LC); el 2,6% se les considera como Casi amenazadas (NT); el 2,2 Vulnerables (VU); 2,2% En Peligro (EN); y el 1,5%, En Peligro Crítico (CE).
El porcentaje de especies amenazadas (CR, EN y VU) es del 7,5%, cifra media en una horquilla comprendida entre el 6 y el 26,6%, que viene de considerar la totalidad de las especies de las que carecemos de datos (DD) bien como Preocupación menor, bien bajo uno de los tres grados de amenaza. Casi parecería una cifra asumible.
Ahora bien, si acercamos un poco más la nariz al papel (a la pantalla), enseguida comprobamos que los números alumbran una realidad bastante más turbia y deprimente. Los condrictios (tiburones, rayas y quimeras) suponen poco más del 15% de toda esa tarta: son 131 especies frente a las 854 de actinopterigios o peces óseos, que cuentan con el mayor porcentaje de especies evaluadas como Preocupación menor (solo el 2,5 % están amenazados). Ambos grupos no son, pues, en modo alguno equiparables ni siquiera a efectos estadísticos, tanto por sus números como por sus respectivas particularidades biológicas. Deben analizarse por separado.
Las 15 especies que aparecen bajo la etiqueta de En peligro crítico (al borde de la extinción) son todas tiburones y rayas; no hay ni un solo pez óseo. De las 22 consideradas En peligro, solo cinco² son peces óseos, que sí tienen mayoría en el grupo de las especies Vulnerables (12 actinopterigios frente a 10 condrictios).
Las zonas con mayor número de especies amenazadas son el Mediterráneo, la costa atlántica de la Península Ibérica y los archipiélagos de la Macaronesia.

2. Estadísticas de los condrictios. Aquí tenéis los gráficos referidos a los condrictios. Las quimeras se encuentran, de momento (y aparentemente), libres de amenaza: de las 9 especies evaluadas sólo una, la Chimaera monstrosa, figura como Casi amenazada; las demás son Preocupación menor.
Izquierda. Estatus de las especies de condrictios: DD, Datos incompletos; LC, Preocupación menor; NT, Casi amenazados; VU, Vulnerables; EN, En peligro; CR, En peligro crítico. Derecha. Tendencias poblacionales de los condrictios: En aumento, Estables, En declive, Desconocidas. (Fuente: IUCN, 2015)
El 11,5% (15 especies) de los tiburones y rayas³ europeos están al borde de la extinción, En peligro crítico; el 13% (17), En peligro, y el 7,6% (10) están considerados como Vulnerables.
El porcentaje del 40,4% de condrictios bajo algún grado de amenaza de extinción no es una cifra sólida, sino, de nuevo, una estimación media en una horquilla comprendida entre el 32,1 y el 52,7%, que vienen de considerar como libres de amenaza o amenazadas, respectivamente, ese 20,6 % de especies de las que no disponemos de datos suficientes (DD) para optar por extremo u otro.

Si los porcentajes por especie no son halagüeños, las tendencias poblacionales son directamente catastróficas. El 39,7% de las poblaciones de tiburones y rayas están en franco descenso. El 22,9% se mantienen estables y tan solo el 2,3% se están incrementando.

Uno de los problemas más graves sigue siendo la falta de conocimiento: del 35,1% de las poblaciones no sabemos nada, si suben, si bajan, si se mantienen estables. Dicho de otro modo, una de cada tres especies es poco o insuficientemente conocida para la ciencia (y por encima, países como el muestro se permiten el lujo de disponer de poquísimas líneas de investigación sobre elasmobranquios y por supuesto de financiación). ¿Cómo se puede definir así una estrategia de gestión? El informe, en cualquier caso, concluye que comparando estos datos con los procedentes de informes anteriores, la situación ha empeorado, particularmente en el Mediterráneo, pese a los diversos planes y medidas de gestión y conservación.

Angelote (Squatina squatina). Fotografía de José Torre Busto.

3. Los tiburones europeos bajo la nueva lista IUCN.
 EN PELIGRO CRÍTICO
   Squaliformes
     -Centrophoridae. Quelvacho (Centrophorus granulosus)
  Squatiniformes
     -Squatinidae. Angelote espinoso (Squatina aculeata)
     -Squatinidae. Angelote manchado (Squatina oculata)
     -Squatinidae. Angelote (Squatina squatina)
  Lamniformes
     -Odontaspididae. Tiburón toro (Carcharias taurus)
     -Odontaspididae. Solrayo (Odontaspis ferox)
     -Lamnidae. Tiburón blanco (Carcharodon carcharias)
     -Lamnidae. Cailón (Lamna nasus)
 
EN PELIGRO
  Squaliformes
     -Squalidae. Mielga (Squalus acanthias)
     -Centrophoridae. Quelvacho luso (Centrophorus lusitanicus)
     -Centrophoridae. Quelvacho negro (Centrophorus squamosus)
     -Centrophoridae. Visera (Deania calcea)
     -Somniosidae. Pailona (Centroscymnus coelolepis)
     -Dalatiidae. Negra (Dalatias licha)
  Echinorhiniformes
     -Echinorhinidae. Tiburón de clavos (Echinorhinus brucus)
  Lamniformes  
    -Alopiidae. Zorro negro (Alopias superciliosus)
     -Alopiidae. Zorro común (Alopias vulpinus)
     -Cetorhinidae. Peregrino (Cetorhinus maximus)
  Carcharhiniformes

     -Carcharhinidae. Jaquetón de ley (Carcharhinus longimanus)
     -Carcharhinidae. Jaquetón de Milberto (Carcharhinus plumbeus)

VULNERABLES
   Squaliformes
     -Centrophoridae. Galludito (Centrophorus uyato)
     -Oxynotidae. Tiburón cerdo (Oxynotus centrina)
   Carcharhiniformes
     -Triakidae. Cazón (Galeorhinus galeus)
     -Triakidae. Musola (Mustelus mustelus)
     -Triakidae. Musola punteada (Mustelus punctulatus)
CASI AMENAZADOS
   Squaliformes
     -Etmopteridae. Negrito (Etmopterus spinax)
     -Somniosidae. Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus)
   Carcharhiniformes
     -Scyliorhinidae. Alitán (Scyliorhinus stellaris)
     -Pentanchidae. Olayo atlántico (Galeus atlanticus)
     -Triakidae. Musola pinta (Mustelus asterias).
     -Carcharhinidae. Tintorera (Prionace glauca)

PREOCUPACIÓN MENOR
   Hexanchiformes
     -Hexanchidae. Cañabota (Hexanchus griseus)
     -Chlamydoselachidae. Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus)
   Squaliformes
     -Etmopteridae. Tollo negro (Centroscyllium fabricii)
     -Etmopteridae. Tollo raspa (Etmopterus princeps)
     -Somniosidae. Sapata negra (Centroscymnus crepidater)
     -Somniosidae. Bruja (Scymnodon ringens)
     -Dalatiidae. Tiburón cigarro dentudo (Isistius plutodus)
     -Dalatiidae. Tollo pigmeo (Squaliolus laticaudus)
   Carcharhiniformes
     -Scyliorhinidae. Pintarroja (Scyliorhinus canicula)
     -Pentanchidae. Pejegato fantasma blanco (Apristurus aphyodes)
     -Pentanchidae. Pejegato (Apristurus laurussonii)
     -Pentanchidae. Pejegato fantasma (Apristurus manis)
     -Pentanchidae. Pejegato narizón (Apristurus melanoasper)
     -Pentanchidae. Pejegato puerco (Apristurus microps)
     -Pentanchidae. Olayo (Galeus melastomus)
     -Pentanchidae. Olayo de Islandia (Galeus murinus)
   Lamniformes
     -Mitsukurinidae. Tiburón duende (Mitsukurina owstoni)

DATOS INCOMPLETOS
   Hexanchiformes
     -Hexanchidae. Boquidulce (Heptranchias perlo)
     -Hexanchidae. Cañabota ojigrande (Hexanchus nakamurai)
   Squaliformes
     -Squalidae. Galludo (Squalus blainville)
     -Squalidae. Galludo ñato (Squalus megalops)
     -Centrophoridae. Visera áspera (Deania hystricosa)
     -Centrohoridae. Visera flecha (Deania profundorum)
     -Somniosidae. Bruja de las Azores (Scymnodalatias garricki)
     -Somniosidae. Dormilón (Somniosus rostratus)
     -Somniosidae. Mielga de terciopelo (Zameus squamulosus)
     -Oxynotidae. Cerdo velero (Oxynotus paradoxus)
   Lamniformes
     -Odontaspididae. Solrayo ojigrande (Odontaspis noronhai)
     -Lamnidae. Marrajo (Isurus oxyrinchus)
     -Lamnidae. Marrajo negro (Isurus paucus)
   Carcharhiniformes
     -Pseudotriakidae. Musolón (Pseudotriakis microdon)
     -Carcharhinidae. Jaquetón picoto (Carcharhinus altimus)
     -Carcharhinidae. Jaquetón cobre (Carcharhinus brachyurus)
     -Carcharhinidae. Jaquetón sedoso (Carcharhinus falciformis)
     -Carcharhinidae. Jaquetón manchado (Carcharhinus limbatus)
     -Carcharhinidae. Jaquetón lobo (Carcharhinus obscurus)
     -Carcharhinidae. Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier)
     -Sphyrnidae. Tiburón martillo (Sphyrna mokarran)
     -Sphyrnidae. Cornuda (Sphyrna zygaena)
Como veis, el quelvacho (Centrophorus granulosus), el tiburón blanco (Carcharodon carcharias) y su pariente el cailón (Lamna nasus), los dos odontaspídidos (Carcharias taurus y Odontaspis ferox) y los tres angelotes (Squatina) están a punto de desaparecer de nuestras aguas, si es que no lo han hecho ya. El ejemplo del Squatina squatina es ilustrativo: una especie antes común en toda la franja atlántica ha quedado reducida apenas a una pequeña población en las Canarias. Del tiburón blanco, en el Atlántico no se sabe nada, y en el Mediterráneo se produce algún que otro rarísimo avistamiento; el cailón se sigue viendo muy de vez en cuando, y de manera ilegal, en las subastas de alguna que otra lonja.

Tiburón blanco capturado en una almadraba en Cádiz, a mediados del siglo pasado.
Hay datos que sorprenden sobremanera, como que especies de aguas profundas como la cañabota (Hexanchus griseus), el tollo negro (Centroscyllium fabricii) y, muy en especial, el tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus) hayan abandonado la lista de "Casi amenazados" y pasado a la de Preocupación menor. Cabe suponer que existen nuevos datos biológicos, de población y de capturas que abren una perspectiva de futuro bien optimista para estos bichos (pienso sobre todo en el Chlamydoselachus, con uno de los periodos de gestación más largos de todos los tiburones). Estos nuevos y maravillosos datos serían también los responsables de la inclusión del tollo lucero raspa (Etmopterus princeps) y la bruja (Scymnodon ringens) en la lista de los tiburones de menor preocupación (su estatus anterior era de Datos incompletos).

Por su parte, la tintorera (Prionace glauca), sometida a una fuerte presión pesquera a nivel mundial y europeo, como especie objetivo debido al elevado precio de la aleta en el mercado asiático, o como captura accidental por los palangreros (una más que feliz captura accidental, podría decirse), pasa a englobar la lista de especies Casi amenazadas. La IUCN llama también la atención sobre el rápido incremento en las capturas de musolas (Mustelus spp.) y advierte de la necesidad de evaluar en detalle las zonas y datos de captura de cada una de las tres especies (M. asterias, M. mustelus, M. punctulatus).

Aletas de toda clase y tamaño a la venta en una tienda de Hong-Kong. Las más grandes son de peregrino (Cetorhinus maximus). Foto: Shelley Clarke, tomada de oceanconservationscience.org.
4. Causas. Parece una obviedad en una de las zonas más salvajemente explotadas del planeta, pero no por ello debemos dejar de mencionarla: la principal causa de esta escalofriante situación es la sobrepesca, la sobreexplotación de los recursos pesqueros más allá del límite de sostenibilidad, incluidas las capturas accidentales, que en algunas modalidades como el arrastre de fondo llegan a ser de hasta el 80%.
Otros factores son el desarrollo del litoral (en realidad, deberíamos hablar de "subdesarrollo", con todas las connotaciones de la palabra), las actividades mineras y de generación de energía y la fortísima contaminación, además del cambio climático (por mi parte, me permito añadir que hay quien le echa la culpa de los males de la pesca a los conservacionistas y a los científicos, sobre todo desde algunas instancias gubernamentales y despachos de grandes armadores, pero faltan evidencias y datos científicos que sustenten esta hipótesis, que sigue estudiándose).

¿Hay soluciones? Muchas y todas muy bonitas de escribir, sobre todo para nuestras autoridades. El informe menciona algunas: TACs, cuotas, reducción del bycatch, creación de reservas, monitorizaciones y controles varios... Particularmente creo que se pueden resumir en lo siguiente: diseñar e implementar, de una vez por todas y con la seria y honesta implicación de todas las partes, un plan integral de conservación y de gestión, cabal y decente. Además, por supuesto, de la reducción de las emisiones de contaminantes, del impacto de ciertas actividades industriales, etc. Y también que las autoridades se decidan a revertir la tendencia suicida de la política pesquera común, consistente en subvencionar la ruina, y apuesten por la recuperación de la pesca a pequeña escala, la llamada pesca artesanal... con todo lo que ello supone, porque esto no se hace de la noche a la mañana.

Dice muy poco de los (ir)responsables del ramo, gestores y buena parte de los actores, el que sean incapaces de comprender que ellos mismos van a ser los primeros perjudicados, los primeros en caer, por el desastre que se empeñan, una y otra vez, en no ver y en no querer evitar.

Peregrino (Cetorhinus maximus) recientemente varado en una playa del sur. La causa de su muerte es evidente. Foto: La Voz.

=> Véase también En peligro la cuarta parte de los tiburones y rayas del mundo.

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¹Ana Nieto, Gina M. Ralph, et al. (2015). European Red List of marine fishes. Luxembourg, Publications Office of the European Union.

²El granadero (Coryphaenoides rupestris), el lobo (Anarhichas denticulatus), mero moreno (Epinephelus marginatus), gobio de Tortonese (Pomatoschistus tortonesei) y la gallineta nórdica (Sebastes mentella).

³Aquí tenéis el listado de rayas:
EN PELIGRO CRÍTICO
   Myliobatiformes
     -Gymnuridae. Raya mariposa (Gymnura altavela)
     -Myliobatidae. Pez obispo (Pteromylaeus bovinus)
   Pristiformes
     -Pristidae. Pez sierra (Pristis pectinata)
     -Pristidae. Pez sierra común (Pristis pristis)
   Rajiformes
     -Rajidae. Noriega (Dipturus batis)
     -Rajidae. Raya de Malta (Leucoraja melitensis)
     -Rajidae. Raya blanca (Rostroraja alba)  
EN PELIGRO
   Myliobatiformes
     -Myliobatidae. Manta (Mobula mobular)
   Rajiformes
     -Rajidae. Raya falsa vela (Leucoraja circularis)
     -Rajidae. Raya áspera (Raja radula)
     -Rhinobatidae. Guitarra barba negra (Rhinobatos cemiculus)
     -Rhinobatidae. Guitarra (Rhinobatos rhinobatos)  
VULNERABLES
   Myliobatiformes.
     -Dasyatidae. Raya látigo isleña (Dasyatis centroura)
     -Dasyatidae. Pastinaca común (Dasyatis pastinaca)
     -Myliobatidae. Águila de mar (Myliobatis aquila)tiburones en galicia
   Rajiformes
     -Rajidae. Raya cardadora (Leucoraja fullonica)
     -Rajidae. Raya de Madeira (Raja maderensis)
 

miércoles, 3 de junio de 2015

Biofluorescencia

Colayo inflado (Cephaloscyllium ventrosium). Foto: Kyle McBurnie.

Llamamos biofluorescencia a la capacidad que poseen algunos organismos para absorber radiación electromagnética de una determinada longitud de onda y devolverla en una longitud de onda diferente; o para entendernos, para absorber la luz de un color y devolverla de otro color distinto rojo, naranja o verde, en las especies marinas, gracias a la acción de unas proteínas fluorescentes contenidas en su piel y capas externas.

(Nota para despistados: no confundamos biofluorescencia con bioluminiscencia: en la primera el brillo del animal no es más que el reflejo de una luz externa, mientras que lo segundo implica la generación de luz propia mediante unas reacciones químicas que tienen lugar en el interior de unos orgánulos denominados fotóforos. Véase Bioluminiscencia I: Los fotóforos.)

En tierra podemos observar ejemplos de biofluorescencia en muchas flores y en animales como arañas, mariposas y loros; en el mar, en corales, sifonóforos, cnidarios, copépodos y peces. En cuanto a estos últimos, hasta ahora solo se había investigado un puñado de casos en especies de arrecife, pero hace pocos meses un estudio¹ demostraba que la biofluorescencia está más extendida de lo que se creía a lo largo de una amplia variedad de géneros, adoptando una diversidad de colores, formas y patrones² según especie y hábitat, muy particularmente en peces de arrecife. Los investigadores identificaron nada menos que 16 órdenes, 50 familias, 105 géneros y más de 180 especies, dejando la puerta abierta a la incorporación de más candidatos y, probablemente, al descubrimiento de más tipos de proteínas fluorescentes.

Entre estas más de 180 especies encontramos tres condrictios: un batoideo, la raya amarilla (Urobatis jamaicensis, Myliobatiformes: Urotrygonidae), y dos tiburones: el colayo inflado (Cephaloscyllium ventrosium) y la pintarroja reticulada (Scyliorhinus retifer), ambos pertenecientes a la misma familia de nuestra pintarroja, Scyliorhinidae (orden Carcharhiniformes).

Cephaloscyllium ventrosium.
A medida que se interna en lo profundo, la luz del sol se despoja de sus tonos rojo, naranja, amarillo y verde, y adquiere un monocorde y maravilloso azul. Bajo esta luz, los tiburones biofluorescentes emiten un brillo verde eléctrico imposible de detectar a simple vista para el ojo humano y, seguramente, para los ojos de muchos otros peces que no dispongan del sistema de visión adecuado. ¿Qué sistema es éste? Se trata de una especie de filtro intraocular amarillo para tamizar la luz azul natural.

Este descubrimiento permitió a los científicos identificar nuevas especies y patrones fluorescentes, tanto en el medio natural —durante un buen número de inmersiones nocturnas como en laboratorio. A imitación del ojo del animal, incorporaron filtros amarillos a las lentes de sus cámaras, y recrearon la radiación azul del mar mediante focos adaptados. Y así, viendo como ven los tiburones, comprendieron como un entorno de espectro lumínico tan limitado puede ofrecer amplias posibilidades para el camuflaje y la comunicación intraespecífica. Estas especies pueden permanecer ocultas a los ojos no adaptados de sus depredadores y, al mismo tiempo, ser visibles para sus congéneres.

Todavía se desconoce en toda su extensión la función de la biofluorescencia en las diferentes especies. El camuflaje y la comunicación parecen las más evidentes, pero queda por investigar, por ejemplo, si puede jugar algún papel en la reproducción, si hembras y machos de la misma especie presentan patrones específicos que permitan su identificación, o si sirve para anunciar la disponibilidad para el apareamiento.

Habrá que estar atentos a las más que seguras novedades.

Scyliorhinus retifer (Foto: Andy Murch, elasmodiver.com).
S. retifer. Fuente: American Museum of Natural History / J. Sparks, D. Gruber, V. Pieribone.

⏩ ACTUALIZACIÓN a 4 de mayo de 2016. Pues ya tenemos aquí una de esas esperadas novedades: un trabajo³ que se centra en el estudio de los ojos y la piel de los dos esciliorhínidos, la pintarroja reticulada (Scyliorhinus retifer) y el colayo inflado (Cephaloscyllium ventrosium). Ambos tienen en común, además de su filiación taxonómica, el que viven en profundidades a las que apenas llega el espectro azul de la luz solar: entre los 70-550 m la primera, y desde aguas relativamente someras hasta al menos los 350 m la segunda.
     Lo curioso es que estos dos bichos poseen la visión monocromática típica de las especies de aguas profundas y sin embargo el reflejo de su piel es verde "fosforito", con toques también azules en el caso del colayo inflado. El estudio ha encontrado en la retina un pigmento visual sensible a estas longitudes de onda.  Esto llevó a los investigadores a idear una lente con un filtro similar para sus cámaras con el fin de comprobar como "ven" efectivamente en su entorno, y sobre todo como se ven unos a otros. El resultado es que existen diferentes patrones de brillo según el sexo. El colayo inflado presenta un patrón de manchas fluorescentes dispersas a lo largo de su cuerpo; las hembras tienen además una especie de "máscara facial" de manchas claras, y grupos más densos de manchas ventrales extendiéndose hacia la cabeza, a diferencia de los machos. Las hembras de la pintarroja reticulada las líneas que trazan el característico patrón de su coloración son más gruesas y más conspicuas que en los machos. Y en ambas especies, los pterigópodos de los machos brillan nítidamente.
     Parece lógico concluir que unas de las funciones primordiales de la biofluorescencia tiene que ver con la reproducción: identificación de un congénere y reconocimiento sexual.

a-h: Imágenes de una hembra de pintarroja reticulada bajo una luz blanca y una luz azul en comparación con las de un macho (e-h). Fuente: Gruber et al. 2016, Scientific Reports.
ACTUALIZACIÓN a 13 de octubre de 2019: Una molécula única con propiedades antibacterianas. Un nuevo trabajo publicado el pasado agosto ha identificado la molécula responsable de la bioluminiscencia en estas dos especies de tiburones. Se trata de una molécula desconocida hasta ahora para la ciencia: un pequeño metabolito que no solo sirve para generar ese brillo verdoso, sino que actúa también como agente antibacteriano, lo cual resulta fundamental para dos especies que viven ligadas al fondo dado que en el sedimento marino las concentraciones de bacterias son mucho más elevadas que en la columna de agua.

Corte transversal de la piel de una pintarroja reticulada (izq) y de un colayo inflado (dcha) mostrando sus respectivas capas fluorescentes. Fuente: Park, Lam, et al. (2019). iCience.
     El trabajo describe, además, como determinado tipo de dentículos dérmicos de la piel de la pintarroja reticulada están especialmente diseñados para convertirse en guías ópticas que distribuyen la luz a lo largo de la piel potenciando así su efecto.

Detalle de la piel de la pintarroja reticulada donde se aprecia el contraste entre la función de los grandes dentículos dérmicos oscuros, con poca capacidad de distribución de la luz fluorescente, y los pequeños dentículos de gran capacidad óptica. Fuente: Park, Lam, et al. (2019). iCience.
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¹John S. Sparks, Robert C. Schelly, W. Leo Smith, Matthew P. Davis, Dan Tchernov, Vincent A. Pieribone, David F. Gruber (2014). "The Covert World of Fish Biofluorescence: A Phylogenetically Widespread and Phenotypically Variable Phenomenon". PLoS ONE, 9(1): e83259. doi: 10.1371/journal.pone.0083259.
²Valga esta imagen como ejemplo: A: Colayo inflado (Cephaloscyllium ventrosium); B: raya amarilla (Urobatis jamaicensis); C: especie de platija (Soleichthys heterorhinos); D: pez de la familia Platycephalidae (Cociella hutchinsi); E; aulopiforme de la familia Synodontidae (Synodus dermatogenis); F: pez sapo de la familia Antenariidae (Antennarius maculatus); G: especie de pez escorpión (Scorpaenopsis diabolus); H: falsa morena de aleta corta (Kaupichthys brachychirus); I: falsa morena de collar (Kaupichthys nuchalis); J: pez aguja de la familia Syngnathidae (Corythoichthys haematopterus); K: miraestrellas de la familia Dactyloscopidae (Gillellus uranidea); L: góbido (Eviota sp.); M: gobio de vientre negro (Eviota atriventris); N: pez cirujano (Acanthurus coeruleus); O: besugato rayado (Scolopsis bilineata).
Fuente: Sparks et al., PLoS ONE, 2014.
³David F. Gruber, Ellis R. Loew, Dimitri D. Dehein, Derya Akkaynak, Jean P. Gaffney, W. Leo Smith, Matthew P. Davis, Jennifer H. Stern, Vincent A. Pieribone & John S. Sparks (2016). "Biofluorescence in Catsharks (Scyliorhinidae): Fundamental Description and Relevance or Elasmobranch Visual Ecology". Scientific Reports, 6:24715, doi: 10.1038/srep24715.
Hyun Bong Park, Yick Chong Lam, Jean P. Gaffney, James C. Weaver, Sara Rose Krivoshik, Randy Hamchand, Vincent Pieribone, David F. Gruber & Jason M. Crawford. Bright (2019). Green Biofluorescence in Sharks Derives from Bromo-Kynurenine Metabolism. iScience, 2019. DOI: 10.1016/j.sci.2019.07.019

lunes, 25 de mayo de 2015

Los tiburones según Goldsmith (1774) - II


CAPÍTULO II (continuación)

DE LOS PECES CARTILAGINOSOS DE LA CLASE DEL TIBURÓN¹

     No es solo el hombre el único enemigo a quien este pez debe temer: la rémora o pega es probablemente incluso mayor, y sigue al tiburón a todas partes. Este pez tiene la capacidad de adherirse a cualquier cosa a la que se fije, a la manera como una ventosa se adhiere al cuerpo humano. Es mediante este sistema que este animal se pega al tiburón y le extrae su humedad. Sin embargo, los marineros son de la opinión de que le asiste de un modo más amistoso, señalándole las presas e informándole de donde está el peligro. Por este motivo se le conoce como Piloto de tiburón.
     Por tamaño, el tiburón es tan parecido a la ballena, que algunos, de manera nada juiciosa, lo han incluido en la clase de los cetáceos. Pero su lugar es el que le hemos asignado, en el grupo de los peces cartilaginosos. Respira por medio de branquias y pulmones, sus huesos son de cartílago, y pare varias crías vivas. Belonius nos asegura que vio una hembra producir once crías vivas de una vez. No tengo intención de responder por la veracidad de Rondelet, quien, hablando de la tintorera, sostiene que en situaciones de peligro la hembra deja que sus retoños desciendan por su boca para refugiarse en su estómago. Lo cierto es que el señor Pennant parece dar crédito a esta historia, y considera que posiblemente este tiburón, como la zarigüeya, ha sido dotado por la naturaleza de un lugar donde resguardar a sus crías. Esta opinión merece todo el respeto, y es suficiente, al menos, para posponer nuestras discrepancias; pues nada hay más despreciable que la afectación de la sabiduría mediante la incredulidad universal que algunos exhiben².
     En general, el tiburón, cuando está vivo, es un animal extraordinario; y cuando está muerto, es de muy escaso valor. Su carne es apenas digestible para nadie excepto para los negros, a quienes les vuelve locos. El hígado proporciona tres o cuatro litros de aceite; al cerebro se le han atribuido ciertas virtudes imaginarias; la piel, mediante un arduo trabajo, se pule para transformarla en zapa. El señor Pennant es de la opinión de que las hembras de esta familia son más grandes que los machos, lo cual, si la experiencia lo confirma, constituiría una sorprendente coincidencia con las aves rapaces. Lo deseable sería que los historiadores venideros comprobasen esta observación, ¡que tan solo ofrecemos como mera conjetura!³

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¹Se han identificado cerca de treinta especies de tiburón, de las cuales una veintena han sido avistadas en las costas británicas. A algunas se les conoce como perros marinos, beagles y sabuesos, porque cazan sus presas en grupo. Aquí podemos centrarnos en la tintorera, el peregrino y el angelote (1).

     La tintorera.— El dorso de este tiburón es azul, el vientre blanco. No se aprecian orificios detrás de los ojos, como es común entre los peces de este género. Dos membranas blancas, una en cada ojo, hacen la función de párpados. Cuando se le puso cabeza abajo, una enorme bolsa blanca salió de su boca. Eliano suponía que servía de refugio para las crías en los momentos de peligro; y el señor Pennant, que da crédito a esta historia, considera que posiblemente la naturaleza haya dotado a este pez de un lugar donde alojar a sus crías, como sucede con la zarigüeya. Sin embargo, algunos autores rechazan esta hipótesis.

     El peregrino.— Aunque es un pez muy grande, carece de la voracidad y la fiereza que caracterizan a la mayoría de los tiburones. Con frecuencia suele permanecer inmóvil en la superficie, generalmente boca abajo, aunque en ocasiones panza arriba. Y parece temer tan poco al ser humano, que a menudo tolera que lo acaricien y le den palmaditas. Su cuerpo es esbelto, de entre tres y doce yardas de longitud [2,75-11 m], de color oscuro plomizo por arriba y blanco por abajo. La mandíbula superior es roma en su extremo y bastante más larga que la inferior. La boca está situada en la parte inferior, y está dotada de dientes pequeños; los anteriores muy inclinados, y los más retrasados, cónicos y de punta afilada. Presenta cinco aberturas respiratorias a cada costado del cuello. Hay dos aletas dorsales, dos pectorales, dos ventrales y una pequeña aleta anal. En el interior de la boca, cerca de la garganta, hay una especie de hueso corto parecido al de una ballena.
El hígado es tan inmenso que con frecuencia llega a pesar 1000 libras [450 kg aprox.]. De él se extrae una gran cantidad de buen aceite, lo que convierte a este tiburón en un animal de considerable importancia para los pescadores escoceses, ya que, según Anderson, en ocasiones el aceite de un solo pez puede venderse por veinte o treinta libras esterlinas. El peregrino (cuyo nombre deriva de su propensión a permanecer quieto en la superficie, como si estuviese tomando el sol (2)) frecuenta nuestras aguas durante los meses cálidos de verano, y no es raro en las costas galesas y escocesas, adonde llegan formando bancos normalmente tras intervalos de un cierto número de años. En los veranos intermedios, los que se ven en la costa de Gales son por regla general individuos solitarios que posiblemente se han extraviado del resto. Hacia el solsticio de verano, aparecen en el estuario del Clyde y entre las Hébridas en pequeñas manadas de siete u ocho, o más comúnmente en parejas. Allí permanecen hasta finales de julio, cuando desaparecen. El alimento de estos tiburones parece consistir por entero en plantas marinas y alguna de las especies de medusa. Nadan de manera muy deliberada, generalmente con las aletas superiores fuera del agua. A veces se les puede observar retozando entre las olas y saltando varios pies por encima de la superficie. Los habitantes de nuestras costas septentrionales están muy alerta para ir en pos de estos animales y son muy diestros en darles muerte. Cuando se les persigue, no apresuran su marcha hasta que el barco casi da contra ellos, momento en que el arponero clava su arma lo más cerca posible de las agallas. No parecen muy sensibles al dolor, porque a menudo se quedan en el mismo lugar hasta que el esfuerzo combinado de dos hombres logra empujar el arpón más adentro. Tan pronto como se saben heridos se sumergen de cabeza, y en su agonía frecuentemente se enredan en el cabo al tratar de liberarse revolcándose sobre el fondo. Al darse cuenta de que tales esfuerzos son en vano, emprenden la huida con tal increíble velocidad, que en una ocasión ocurrió que un peregrino remolcó un barco de setenta toneladas durante una buena distancia contra un temporal. A veces huyen con doscientas brazas de cabo y dos arpones encima, y los hombres pueden emplear entre doce y veinticuatro horas para dominarlos. Nada más morir, los pescadores los remolcan a tierra, o bien, si se encuentran lejos de la costa, los llevan al costado del barco para abrirlos y extraerles el hígado, que es la única parte útil de su cuerpo. El hígado se cuece en grandes ollas traídas para la ocasión y se transforman en aceite; y si el pez es uno de los grandes, puede producir hasta ocho barriles o más.

     El angelote.— Éste es muy diferente de los tiburones típicos. Se le distingue por su cuerpo aplanado, que, por así decirlo, constituye el eslabón entre las rayas y los tiburones, al compartir la forma de ambos. Se le llama angelote por sus extendidas aletas pectorales, que tienen la apariencia de alas.
La cabeza tiene forma circular y es un poco más ancha que el cuerpo. La boca es amplia y está situada en el extremo de la cabeza. Al igual que los tiburones, los adultos de esta especie poseen más dientes que los jóvenes. Así, dos angelotes de sólo un pie de longitud [30,48 cm], en posesión del Dr. Block, presentaban solo dos filas de dientes en la mandíbula superior y tres en la inferior; mientras que Willoughby y Rondelet afirman que hay tres en la primera y cinco en la segunda. De cierta parte de su piel los turcos fabrican la más bella zapa para los estuches de los relojes. El angelote se encuentra en el Mediterráneo y en el mar del Norte.

     El alitán [Spotted Dog-fish] (3) se encuentra en muchos mares y mide cuatro pies de longitud [1,22 m]; es muy voraz y se alimenta principalmente de peces. Su cuerpo es pardo rojizo, con grandes manchas negras distintivas, blanco por debajo y un tanto comprimido en cada extremo. La piel, cuando se seca, se utiliza para diversos fines. La cabeza es pequeña y el morro corto. Los ojos son oblongos y la pupila de un color verde mar; el iris es blanco. La boca es oblonga, amplia, y está armada de tres hileras de dientes. La lengua es cartilaginosa y, junto con el paladar, rugosa. Las narinas están rodeadas por un lóbulo con un apéndice vermiforme. La cloaca está situada antes del punto medio del cuerpo. Aletas ventrales diferenciadas; la primera aleta dorsal está situada detrás de las ventrales; la segunda dorsal es más pequeña y casi enfrentada a la anal. La cola es estrecha, rematando por abajo en un ángulo marcado.

²Los tiburones, al igual que las rayas, paren a sus crías vivas, más de una de cada vez, y cada cual encerrada en una cápsula córnea de forma cuadrada rematada por delgados filamentos en cada esquina. Tras permanecer en el agua durante un tiempo, estas petacas naturales se abren por un extremo, y el joven pez escapa de su confinamiento. En el tiburón estos recipientes son de un color hueso traslúcido, rematado en las esquinas por delgados filamentos sumamente largos que suelen hallarse enrollados alrededor de corales, algas y otros elementos, para evitar que sean arrastrados hacia la orilla antes de expulsar a las crías. Los de la familia de las rayas son negros, con los filamentos rara vez más largos que la petaca, y con frecuencia son arrojados sobre nuestras playas en grandes cantidades.

³La pintarroja [Small Spotted Dog-Fish] es un tiburón que de vez en cuando se ve en nuestras costas. En Escocia se la conoce como morgay. Permanece cerca del fondo y se alimenta de pequeños peces y crustáceos.
A menudo se quedan enganchados en las líneas de los pescadores, aunque carecen de valor. Son perjudiciales para las pesquerías a causa de su voracidad. Miden unas dieciocho pulgadas [45,72 cm].
     El alitán [Large Spotted Dog-Fish], conocido como bounce en Escocia, se distingue fácilmente del anterior por sus manchas más grandes pero menos numerosas, así como por su mayor masa corporal para igual longitud. Como la pintarroja, vive cerca del fondo y su alimentación es similar, pero también frecuenta fondos rocosos, de ahí que también se le conozca como pintarroja de roca.

Oliver Goldsmith tocando la travesera en una posada durante uno de sus viajes.

[El texto de A History of the Earth and Animated Nature utilizado para esta traducción es el de la edición de Blackie & Son, Glasgow, publicada en 1840. Puede descargarse desde esta página de la California Digital Library. Todas las ilustraciones, excepto la última, pertenecen a la obra.]

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(1) En realidad se centra en cuatro especies, no en tres, sin contar con las dos que se incluyen en la nota 3.
(2) Al peregrino se le conoce en inglés como basking shark; el verbo to bask se emplea con el significado de 'tomar el sol' ("bask in the sun").
(3) La descripción de lo que el original llama Spotted Dog-fish resulta un tanto desconcertante. Muy probablemente Goldsmith se hace aquí un pequeño lío y mezcla caracteres de dos especies distintas. Anatómicamente, lo que describe es un alitán (Scyliorhinus stellaris): la talla, la librea, la posición de las aletas, etc. no dejan lugar a dudas. En cambio, el tipo de alimentación, que según se dice es a base de peces ("[it] feeds chiefly upon fish"), hace pensar en un tiburón distinto, tal vez una mielga (Squalus acanthias), que efectivamente se encuentra "en muchos mares" y se alimenta de peces, entre otras cosas... aunque las manchas de su librea no son negras, sino blancas. Recurrir al nombre vulgar para tratar de identificar la especie no sirve de mucho: Spotted Do-Fish también puede referirse a la pintarroja (véase, por ejemplo, William Yarrell (1836). A History of British Fishes, Samuel Bentley, Londres, vol II, p. 367). La segunda descripción del alitán, el que aparece en la tercera nota, es correcta, tanto la morfológica como la de su dieta (similar a la de la pintarroja), así como su nombre escocés, bounce.
He decidido dejar "alitán" en los dos lugares añadiendo entre corchetes el nombre que figura en el original, para evitar confusiones.


viernes, 22 de mayo de 2015

Los tiburones según Goldsmith (1774) - I


El autor. Oliver Goldsmith (1730-1774) es una de las grandes figuras literarias del extraordinario siglo XVIII inglés, y también un personaje peculiar por el que es difícil no sentir simpatía. Hijo de un clérigo irlandés, su vida no pudo haber estado más alejada de las pretensiones de su familia. Jugador empedernido y siempre endeudado hasta las orejas, amante de la juerga y de la música (tocaba la flauta y disfrutaba cantando canciones irlandesas), polemista obstinado y pendenciero (cuentan que en una ocasión se empeñó en defender, contra toda evidencia, que él masticaba su cena ¡moviendo la mandíbula superior!), y a veces malencarado, quienes lo conocieron coinciden, sin embargo, en que era al mismo tiempo un ser bondadoso, dotado de un gran corazón, e incapaz de causar el menor daño a sus amigos y a sus compañeros de tertulia, participando, por ejemplo, en todo el juego de sarcasmos y maledicencias tan de moda entre los literatos del momento.
Fue un personaje admirado y criticado por igual. Criticado duramente por su estilo de vida desordenado, que muchas veces rozaba el escándalo, tildado de envidioso e incluso de "idiota inspirado" (palabras de Horace Walpole); pero admirado por su inmenso talento literario, reconocido nada menos que por la mayor figura intelectual del siglo, Samuel Johnson, con el que formaría un club de debate y a quien uniría una fuerte amistad.
Goldsmith cultivó la poesía, el teatro y la novela, pero sin prodigarse en exceso. Escribió lo justo, pero de una calidad y estilo deslumbrantes. Y además, para pagar sus deudas de juego y contraer otras, escribió por encargo un número de ensayos y manuales de todo tipo, particularmente de historia política (historia de Grecia, de Roma, de Inglaterra, etc.), y de historia natural, en su portentosa A History of the Earth and Animated Nature, y ello a pesar de que, empleando una maldad atribuida al Dr. Johnson, sus conocimientos de zoología apenas le permitían distinguir un caballo de una vaca.
Naturalmente, Goldsmith no era ni historiador ni zoólogo. Sin embargo, sus manuales eran bien acogidos y ampliamente leídos porque, gracias a su dominio del idioma y a una excepcional capacidad de síntesis, lograba hacer comprensibles al lector medio los temas más abstrusos. Su método de trabajo consistía en leer toda la bibliografía existente sobre una determinada materia, seleccionar los datos más relevantes y organizarlos de una manera lógica y comprensible, para él y para su público. En ello radica el valor de su obra para el lector moderno, en ofrecernos, con todas las imprecisiones y errores de interpretación típicos de un lego, un compendio del conocimiento que en su tiempo se tenía en este caso sobre los tiburones.
A History of the Earth and Animated Nature se publicó en 1774. La primera edición constaba de ocho volúmenes.  
Oliver Goldsmith murió joven y endeudado, empeñado en recetarse sus propias medicinas.
Samuel Johnson escribió un epitafio en un monumento al autor en la abadía de Ẃestminster que reza "A la memoria de Oliver Goldsmith, poeta, naturalista e historiador".

Los tiburones en la Historia Natural. El tema de los tiburones figura en el apartado History of Fishes del segundo volumen de la obra, ocupando los dos primeros capítulos del Libro II, Of Cartilaginous Fishes. El primer capítulo, "De los peces cartilaginosos en general", sitúa los peces cartilaginosos en el contexto de los peces en general señalando alguna de sus características principales: hendiduras branquiales abiertas directamente hacia el exterior, sin opérculo, circulación simple, fecundación interna y estrategia reproductiva compleja, descrita con sorprendente detalle:
Algunos paren vivas a sus crías y otros producen huevos que posteriormente se llevan hasta su maduración. Sin embargo, en conjunto, el modo de gestación es casi el mismo, dado que, en las disecciones siempre descubrimos que las crías, mientras están en el cuerpo, permanecen dentro del huevo hasta muy poco antes de ser expulsadas: podemos decir con propiedad que eclosionan dentro del cuerpo, y tan pronto como las crías salen del cascarón comienzan también a abandonar la matriz. A diferencia de los cuadrúpedos o de los cetáceos, que salen de la fase de huevo a los pocos días de su primera concepción y permanecen después en el útero durante varios meses, estos permanecen dentro del cuerpo de la hembra, en fase de huevo, durante semanas; y los huevos están unidos entre sí por una membrana, la cual, cuando se libera el feto, tarda poco tiempo en soltarse de la matriz. Los huevos están formados por una clara y una yema, y en vez de cáscara tienen una sustancia que muy adecuadamente puede compararse con el cuerno reblandecido. Como he señalado, en ocasiones eclosionan dentro de la matriz, como en las familias del tiburón o la raya, y a veces son expulsados, como en el esturión, antes antes de que el animal alcance el momento de su liberación. Por consiguiente, observamos que en este tipo de peces parece haber muy pocas diferencias entre los vivíparos y los ovíparos: en unos los huevos eclosionan dentro de la matriz, y las crías no permanecen allí mucho más tiempo; los otros expulsan sus huevos antes de que eclosionen, y dejan que el tiempo y el azar lleve a sus pequeños hasta la madurez.
A continuación, distingue cinco grupos dentro de los peces cartilaginosos:
  • Peces de la clase del tiburón, "con un cuerpo decreciente hacia la cola, la piel rugosa, la boca situada en la parte inferior de la nariz, muy lejos de su extremo, cinco aberturas a ambos lados del cuello para respirar, y la parte superior de la cola más larga que la inferior". Y cita como ejemplos el tiburón blanco, la musola, la mielga, el zorro marino, el peregrino y el cailón, entre otros.
  • Peces planos, los cuales "se les puede distinguir fácilmente de los peces planos espinosos por los orificios a través de los cuales respiran, que no están cubiertos por un hueso y que, en esta clase, son cinco en cada lado. En este grupo podemos situar el torpedo, la raya, la raya picuda, la raya áspera, la raya de clavos y la pastinaca".
  • Peces "con cuerpo esbelto parecido al de las serpientes, tales como la lamprea, la lamprea de arroyo y el pez pipa".
  • El esturión y de su variedad, el esturión beluga.
  • Comprende "peces de diferente naturaleza y aspecto que no se incluyen bajo ninguna de las divisiones anteriores. Estos son el pez luna, el pez globo, el lompa, el pez baboso, la quimera y el pez sapo. Cada uno de ellos tiene alguna peculiaridad en sus facultades o en sus formas que merece ser comentada. Al menos, la descripción de su aspecto podría compensar nuestra completa ignorancia del resto de su historia."
El Capítulo II se encarga de las especies del primer grupo, los tiburones propiamente dichos, y es el que vamos a reproducir íntegramente aquí, confiando en hacer un mínimo de justicia al original. Si Goldsmith no era zoólogo, yo tampoco soy traductor. Las dos ilustraciones finales, que incluyen una fecha de publicación, obviamente no figuran en el original.

Una Historia de la Tierra y de la Naturaleza Animada.
"Con numerosas notas extraídas de las obras de los más distinguidos naturalistas británicos y extranjeros, incluyendo los más recientes descubrimientos de la Historia Natural.
Con casi 2000 ilustraciones".

CAPÍTULO II

DE LOS PECES CARTILAGINOSOS DE LA CLASE DEL TIBURÓN¹

     De todos los habitantes del océano, los de la clase del tiburón son los más fieros y voraces. Los peces más grandes no temen menos al más pequeño de esta tribu que a otros de aspecto más poderoso; y ninguno de ellos parece tampoco tener miedo de atacar a animales muy superiores en tamaño. Pero el tiburón blanco, que es el mayor de los de su clase, une a la más asombrosa velocidad el más poderoso apetito por hacer daño. Si en tamaño no está muy lejos de la ballena, la supera con creces en fuerza y rapidez, en la fabulosa disposición de sus dientes y en su insaciable afán por el pillaje.      
     Por su envergadura el tiburón blanco llega a veces a compararse con las ballenas, pues mide entre veinte y treinta pies [6-9 m]. Hay quien afirma haberlos visto de cuatro mil libras de peso [1814 kg], y nos han hablado en particular de uno que tenía un cuerpo humano en su barriga. Su cabeza es grande y ligeramente aplanada; el morro, largo, y los ojos grandes. La boca es enorme, como la garganta, y capaz de tragarse a un hombre con suma facilidad. Pero sus dientes son todavía más terribles; hay seis filas, tienen forma de cuña y son extremadamente duros y afilados. Se afirma que hay setenta y dos en cada mandíbula, arrojando un total de ciento cuarenta y cuatro; aunque otros creen que la cantidad es incierta, ya que se sabe que estos terribles instrumentos de destrucción incrementan su número a medida que el tiburón va creciendo. Con ellos, las dos mandíbulas, superior e inferior, parecen bien surtidas; pero el animal tiene la capacidad de subirlas y bajarlas a voluntad. Cuando el tiburón está tranquilo permanecen abatidas en su boca; pero cuando se dispone a sujetar una presa, eleva todo ese temible aparato empleando el grupo de músculos con el que se fija a la mandíbula, y el animal que atrapa muere en pocos minutos atravesado por un centenar de agujeros.    
     No es menos terrible la contemplación del resto de su figura. Sus aletas son proporcionalmente grandes; está equipado con grandes ojos saltones que vuelve con facilidad hacia todos lados, para ver a las presas que tiene detrás como a las que tiene delante. Y todo su aspecto viene marcado por un aire de malignidad. La piel es también áspera, dura y espinosa, pues se trata de ese material que llamamos zapa que cubre los estuches de instrumental.

     Tan formidable resulta este pez por su aspecto, como temible por su coraje y actividad. Ningún pez es capaz de nadar tan rápido, ni de forma tan constante; deja atrás a los buques más veloces, juguetea a su alrededor, los pasa como una flecha, luego vuelve, parece observar fijamente a los pasajeros, y durante todo este tiempo no se aprecia ni la más mínima señal de esfuerzo para seguir adelante. Estos increíbles poderes, unidos a un tan grande apetito para la destrucción, no tardarían en despoblar el océano entero, pero providencialmente, la mandíbula superior se proyecta tan lejos por encima de la inferior, que el tiburón se ve forzado a ponerse de costado (no de espaldas, como generalmente se piensa) para capturar sus presas. Como esto requiere un poco de tiempo, el animal perseguido aprovecha la oportunidad para huir. 
     Sin embargo, sus depredaciones son frecuentes y espectaculares. El tiburón es el terror de los marinos de todos los climas cálidos, donde, como un bandido codicioso, acude a los barcos a la espera de lo que pueda caer por la borda. El desgraciado que en ese momento acabe en el mar morirá ciertamente sin la menor compasión. En el año 1744, un marinero que estaba tomando un baño en el Mediterráneo, cerca de Antibes, cuando nadaba a unas cincuenta yardas del barco, divisó un pez monstruoso que se dirigía hacia él y lo inspeccionaba desde todos los ángulos, tal como vemos que hacen los peces alrededor de un cebo. El pobre hombre, aterrorizado porque estaba cada vez más cerca, llamó a gritos a sus compañeros del barco para que lo subieran a bordo. Estos le lanzaron entonces un cabo con la mayor celeridad, y ya estaban izándolo junto al costado del barco, cuando el tiburón se abalanzó sobre él como una flecha y le arrancó una pierna.      
     El señor Pennant nos cuenta que el capitán de un barco negrero, al descubrir que el deseo del suicidio se había extendido entre sus esclavos, debido a la creencia que tenían de que después de la muerte habían de ser devueltos a sus familias, sus amigos y su país, para convencerles de que al menos alguna desgracia les estaría allí aguardando, ordenó que atasen uno de aquellos cadáveres por los tobillos y lo echasen al agua; y aunque lo volvieron a subir con la mayor rapidez, en tan poco tiempo los tiburones se habían llevado todo excepto los pies. No seré yo quien determine si esta historia es anterior a un accidente de la misma naturaleza ocurrido en Belfast, Irlanda, hará unos veinte años; pero lo cierto es que hay en ambas algunas circunstancias parecidas, si bien más terribles en la que voy a relatar. Un capitán procedente de Guinea se vio forzado por el mal tiempo a entrar en el puerto de Belfast con una carga de esclavos muy enfermos, quienes, a la manera arriba señalada, aprovechaban la menor oportunidad para lanzarse por la borda cuando eran llevados a cubierta, según la costumbre, para respirar aire fresco. Viendo el capitán que, entre otros, una esclava se disponía a morir ahogada, decidió utilizarla como ejemplo para los demás. Como supuso que desconocían los terrores que les aguardaban en el momento de su muerte, ordenó que la atasen pasándole un cabo bajo las axilas y la bajasen al mar. Cuando la pobre criatura fue así metida en el agua, a medio camino la oyeron proferir un alarido terrible que en un principio atribuyeron a su miedo a ahogarse; pero enseguida, el agua tornándose roja a su alrededor, la izaron y descubrieron que un tiburón, que había estado siguiendo el barco, la había devorado de mitad para abajo.
     Tal es la espantosa rapacería de este animal; no desprecia nada que tenga vida. Pero parece sentir una particular enemistad hacia el hombre: una vez que ha probado la carne humana, no deja de frecuentar aquellos lugares donde aguarda el retorno de su presa. Se llega incluso a afirmar que a lo largo de las costas de África, donde estos animales se encuentran en abundancia, muchos negros, que se ven obligados a frecuentar aquellas aguas, son por ellos capturados y devorados todos los años. Las gentes de aquellas costas son de la firme opinión de que al tiburón le encanta la carne de negro más que la de hombre blanco, y que cuando en el agua hay personas de diferente color, siempre elige al primero.

Marinero mutilado por un tiburón. Ilustración de 1884.
     Sea como fuere, los hombres de todos los colores temen a esta criatura por igual y han ideado diferentes métodos para destruirla. En general, su éxito se basa en la propia rapacidad del tiburón. El método habitual que usan nuestros marinos para capturarlo es cebar un gran anzuelo con un trozo de vaca o de cerdo y largarlo amarrado a un grueso cabo reforzado cerca del extremo con una cadena de hierro. Sin esta precaución, el tiburón no tardaría en cortar la cuerda y liberarse. No es un entretenimiento desagradable observar como este voraz animal emerge para inspeccionar la carnada, particularmente cuando no está acuciado por el hambre. Se aproxima a ella; la examina; da vueltas a su alrededor; por un momento parece ignorarla, quizá receloso del cabo y de la cadena; la abandona durante unos instantes, pero, habiéndosele despertado el apetito, regresa de nuevo; parece que se dispone a engullirla, pero vuelve a abandonarla. Cuando los marineros se han divertido lo suficiente con sus diferentes evoluciones, tiran del cabo haciendo como si fuesen a llevarse la carnada. Es entonces cuando el hambre excita al glotón; se lanza sobre ella y la engulle, con anzuelo y todo. Aunque en ocasiones no se se la traga totalmente, y vuelve a soltarse. Pero aun así, herido y sangrando, vuelve una vez más a por la carnada hasta que es cazado. Cuando nota el anzuelo alojado en sus fauces, despliega los mayores esfuerzos para liberarse, pero en vano. Intenta cortar la cadena con sus dientes; tira con todas su fuerzas del cabo para romperlo; casi parece que vuelve su estómago del revés para desenganchar el anzuelo. Y así continúa con sus formidables aunque inútiles esfuerzos hasta que, agotado, permite que saquen su cabeza fuera del agua, y los marineros, sujetando la cola con un lazo, lo suben a bordo y lo rematan. Esto se hace golpeándole en la cabeza; y ni siquiera esto se lleva a cabo sin dificultad ni peligro. La enorme criatura, terrible incluso en su mortal agonía, todavía lucha contra sus verdugos. No existe animal en el mundo más difícil de matar. Incluso cortado en pedazos, los músculos todavía mantienen su movimiento, vibran durante unos minutos tras ser separados del cuerpo. Otro método para capturarlos es clavarles un instrumento con varios dientes llamado fisga en el momento en que pasan rozando el costado del barco. Tan pronto como se deposita en cubierta, para evitar sus sacudidas, se le corta la cola con un hacha lo más rápido posible.
     Así es como los europeos matan el tiburón. Pero algunos negros de la costa de África emplean un método más audaz y peligroso para combatir a su terrible enemigo. Armado con tan solo un cuchillo, el negro se zambulle y observa al tiburón acechando a su presa, y valientemente nada a su encuentro. Aunque no es él quien provoca la pelea, el enorme animal no la rehuye, y deja que el hombre se le acerque. Pero justo cuando se vuelve de costado para atrapar a su agresor, el negro ve su oportunidad y hunde el cuchillo en el vientre del pez, y continúa asestándole cuchilladas con tal acierto, que deja al voraz tirano yaciendo muerto sobre el fondo. Sin embargo, regresa enseguida, amarra la cabeza del pez con un cabo y lo lleva a tierra, donde organiza un noble banquete para las aldeas vecinas.
Ilustración del siglo XIX.
(Continuación)

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¹En esta primera nota a pie de página, que reproduciremos en la segunda parte, Goldsmith incluye la descripción de cuatro especies típicas de las Islas: la tintorera, el peregrino, el angelote y el alitán.