Diversidad, biología, evolución, ecología, pesca, conservación, evolución, con especial atención a las especies presentes en Galicia.

martes, 14 de julio de 2015

Ataques en perspectiva: Miedo e información


Tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Foto de Frank West.
0. Tiburones, ataques, miedo y desconocimiento. El miedo a los tiburones, a ser devorado por uno bien grande y con muchos dientes, seguramente en un ataque brutal y despiadado, está muy extendido por buena parte del planeta. Llega incluso a lugares donde nadie recuerda haber visto ni oído jamás noticia de un suceso semejante. Es uno de los miedos más absurdos que existen.
     Con motivo o sin él, la palabra 'tiburón' sigue evocando en la mente de demasiadas personas pesadillas de sangre y de muerte, aun a pesar de las decenas de documentales de tv (con algunas excepciones), de los centenares de publicaciones en revistas especializadas y en diversos soportes de los grandes mass media ofreciendo todo un arsenal de evidencias científicas, datos objetivos, estadísticas, etc., en contra de semejante idea.
     Un par de "ataques" en cualquier zona remota del globo bastan para neutralizar todo ese arduo trabajo, para que esa armadura pedagógica construida con tanto esfuerzo se venga abajo en el cerebro del espectador como un castillo de naipes. De nuevo el tiburón se aparece como un asesino sediento de sangre, y de nuevo algunos gobernantes desaprensivos aprovechan la ocasión para exhibirse ante el pueblo como paladines de su seguridad autorizando batidas que no solo no logran jamás encontrar al "culpable", sino que además resultan caras, contraproducentes y de todo punto ineficaces, como se ha demostrado recientemente en Australia Occidental.
     Ante la irracionalidad del miedo y la irracional estupidez de no pocas autoridades públicas, solo cabe un recurso, el mismo, una y otra vez, con isistencia: el conocimiento y la educación. Al fin y al cabo ya sabemos que el componente principal del miedo es la ignorancia: se teme lo que no se conoce. Una vez más, hay que tomar los datos y evidencias científicas y volver a ponerlos sobre la mesa, a ser posible adoptando nuevas estrategias, nuevas formas de presentación, que nos permitan cuestionar nuestros miedos observando los ataques desde la perspectiva adecuada. Esto es lo que ha hecho un grupo de científicos californianos hace pocos días, con la publicación de un informe* en el que se demuestra que, contrariamente a lo que la gente cree, sobre todo tras los últimos ataques de tiburón ocurridos en Carolina del Sur, el riesgo de ser atacado por un tiburón blanco en California no solo no ha aumentado, sino que ha disminuido en más de un 91% con respecto a mediados del siglo pasado.
     Pero antes de echar un breve vistazo a estas cifras, es interesante entender qué es exactamente el miedo.

Foto de Lisa Perla.
1. ¿Qué es el miedo? El miedo puede definirse como la angustia o el recelo de que algo malo nos suceda, a nosotros o a los nuestros. Tenemos miedo al fracaso, al ridículo, a la muerte, al dolor, a una mutilación, a una pérdida. Como todo sentimiento, el miedo no siempre (o casi nunca) obedece a una causa totalmente objetiva y racional, es decir, ponderada ecuánimemente en todas sus dimensiones. Así, un náufrago en mitad del océano, rodeado de tiburones hambrientos y sin la más mínima perspectiva razonable de ser avistado por un buque o un avión de rescate, tiene razones más que suficientes para sentir algo más que miedo; en cambio, un señor de barba que se va a poner a remojo en la playa de la Lanzada, pues no.
     Casos extremos y absurdos aparte, un mismo elemento o circunstancia puede paralizar de terror a algunas personas o suscitar un moderado sentimiento de alerta o de preocupación en otras. Todos manejamos nuestros miedos como podemos, y no todos nos enfrentamos a la realidad de igual manera. De hecho, podemos establecer una escala de todos nuestros miedos según su grado de racionalidad o de irracionalidad y según nuestra forma de gestionarlos. Los que tienen hijos lo entenderán perfectamente si piensan, por ejemplo, en la primera vez que dejamos que crucen solos la calle. Sabemos que hay un hermoso paso de cebra que los conductores suelen respetar (a veces hay también un semáforo), sabemos que los críos han aprendido las normas más elementales y las ponen en práctica con la más ejemplar corrección, y en unos pocos casos, la verdad es que el niño ya tiene 15 años y no es daltónico ni tarado... pero el miedo a que ocurra algo siempre está ahí: a veces se manifiesta como una imagen fugaz que manejamos sin problema y dejamos pasar sin que apenas nos roce, pero para algunas personas es como una aguja que se les clavara en la piel. En la carretera, donde hay muchos coches y muchos conductores, siempre hay un riesgo, por mínimo que sea, y basta que conozcamos un solo caso desgraciado para que en determinados momentos se nos encoja el corazón.
     Pero hay un elemento racional, objetivable, en todo esto. Por eso, cuando desaparece la causa o cambian las circunstancias, el miedo se evapora. Nadie tiene miedo de los coches y del tráfico cuando está en su salón viendo la tele, con los críos durmiendo plácidamente en su habitación. Las palabras 'tráfico' y 'automóvil' han perdido el poder de generar angustia o aprensión. En cambio, mucha gente lee u oye la palabra 'tiburón' y solo piensan en que la semana que viene se van a la playa, que a lo mejor no está precisamente en Australia, sino en la provincia de Lugo. Y sin embargo, los coches matan y mutilan horriblemente a más personas que los tiburones, objetivamente hablando. ¿Por qué empeñarse en sentir miedo?

Foto: Félix Lugo.
2. ¿Miedo o fobia? En realidad, salvo en determinados lugares y circunstancias, el miedo a los tiburones está más cerca de la fobia, definida por la RAE como un terror irracional y compulsivo, que del miedo propiamente dicho, tal como lo hemos analizado arriba. ¿No entraría en esta categoría el miedo que mucha gente de aquí, de Galicia y de España en general, tiene a los tiburones, que asocian casi instintivamente con el prototipo, totalmente injusto e inmerecido, del tiburón asesino, el gran tiburón blanco? No pocos bañistas de por aquí oyen la palabra tiburón, ven una aleta de peregrino cerca de la costa (en fotografía), y se le disparan todas las alarmas.
     Más o menos entienden que una cosa es bañarse en ciertos lugares de Australia, Suráfrica, o los EEUU, y otra muy distinta hacerlo en Ribadeo o en la bocana de la ría de Muros, donde ningún paisano se ha visto jamás triturado entre las magníficas fauces del Carcharodon carcharias (y en algún caso no habrá sido por falta de velas al Apóstol). Y sin embargo...

3. Aguas un 91% más seguras en 2013 que en 1950. Pese a las apariencias, pese a todos nuestros miedos y fobias (los nuestros y los de las gentes de allí), un grupo de científicos norteamericanos ha demostrado con datos estadísticos que el riesgo de ser atacado por un gran blanco es muy inferior hoy en día de lo que lo era hace 60 años. Inferior en más de un 91%. Y estamos hablando de California, donde sí hay una importante población de tiburones blancos y donde sí ha habido ataques a personas.
     Los autores tomaron las cifras de los ataques producidos a lo largo de estos años (86 ataques, 13 con resultado de muerte) y las pusieron en relación con las estadísticas de crecimiento de la población costera, fija y de temporada, y del número de practicantes de diversos deportes y actividades acuáticas. Los datos son demoledores: en 2013 la población costera se ha multiplicado por tres con respecto a 1950; de 7000 surfistas se ha pasado a 872 000; de alrededor de 2000 buceadores titulados a principios de los 60, hemos llegado a 408 000.
     Hoy hay muchos más miles de personas que permanecen el el agua durante periodos de tiempo más prolongados que hace 60 años, la población de tiburones blancos parece que se mantiene estable o incluso, para algunas fuentes, que ha aumentado gracias a unas extremas medidas de protección, y sin embargo el riesgo es muy inferior. ¿Cómo es eso posible?

Foto: j-m ghislain.
4. Causas del descenso. La causa principal que señalan los autores del estudio es (¿lo adivináis?) el conocimiento. Conocer a los tiburones nos permite saber cuándo y cómo evitarlos, conocer sus movimientos y sus preferencias, identificar puntos calientes y puntos fríos, y por tanto anticiparnos.
"Por ejemplo, hay una mayor probabilidad de encontrarse con grandes tiburones blancos en la costa de California en otoño que en primavera, cuando emigran hacia Hawai. El riesgo de toparse con un tiburón es más alto al atardecer. (...) En el condado de Mendocino, resulta 24 veces más seguro surfear en marzo que en octubre y noviembre; y si los surfistas eligen el tramo de costa entre Los Angeles y San Diego en marzo, pueden estar 1566 veces más seguros que durante los meses de otoño en Mendocino."
Hay que recordar siempre que en este asunto la parte supuestamente racional somos nosotros. Somos nosotros quienes debemos anticiparnos, ser precavidos. Con la misma normalidad con que consultamos el parte meteorológico cuando nos preparamos para ir a la playa o a practicar algún tipo de deporte acuático, en ciertas zonas la gente puede y debe consultar cuándo y dónde hay más riesgo de tener un encuentro no deseado con un tiburón blanco, y cuándo y dónde es posible echarse al agua con tranquilidad.
     Los autores creen también que la recuperación de las poblaciones de elefantes marinos en California (de menos de 100 ejemplares a finales del XIX se ha pasado a más de 100 000 actualmente) es otro factor importante: ha contribuido a la estabilidad y ligero aumento de la población de tiburones pero también a atraerlos hacia las zonas donde se congregan y donde crían, alejándolos de este modo de los lugares ocupados por las personas. En suma, un océano un poco más sano también ayuda.
     Lo que no ayuda, lo que no sirve para nada, son las batidas, la caza indiscriminada de tiburones. Además de romper el equilibrio del mar, lo que consigue es acabar con especies "inocentes" y consumir un montón de dinero público que podría invertirse en algo más fructífero y de eficacia demostrada: conseguir más información y datos más exactos, y transmitírselos a los usuarios de las playas. El año pasado, tras unos ataques fatales ocurridos en aquellas aguas, el gobierno de Australia Occidental se gastó 22 millones de dólares australianos en batidas y no logró capturar ni un solo tiburón blanco [véase también Matar tiburones para protegernos es absurdo].

El bellísimo Carcharodon carcharias en una imagen extraordinaria de Daniel Botelho.

5. Dos datos contra miedos y fobias. En California, donde (insistimos) hay tiburones blancos y donde se han producido ataques, algunos fatales, un bañista tiene 1817 veces más probabilidades de morir ahogado que de ser atacado por uno de estos tiburones. En cuanto a los buzos, están 6897 veces más expuestos a terminar en el hospital por culpa de un accidente bárico que de un mal encuentro con el grandioso Carcharodon carcharias.

Podemos ir a la playa tranquilos.

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*Ecological Society of America. "To avoid dangerous shark encounters, information trumps culling: Risk of great white shark attack in California waters down 91 percent since 1950, researchers report." ScienceDaily. <www.sciencedaily.com/releases/2015/07/150710110418.htm>, consultado el 12 de julio de 2015.
Podéis acceder al informe desde aquí.

domingo, 5 de julio de 2015

Musola (Mustelus mustelus)

Foto: National Marine Aquarium, Plymouth, UK.

Musola

Mustelus mustelus (Linnaeus, 1758)

(es. Musola; gal. Cazón liso, canexa, camarín, cañarín; in. Smooth-hound; port. Caçao liso.)

Orden: Carcharhiniformes
Familia: Triakidae

Las musolas están entre los tiburones más abundantes en nuestra costa, y también en los acuarios de todo el país, dado que se adaptan bien a la vida en cautividad. Si vais a la Casa dos Peixes de Coruña o al acuario de O Grove, las veréis descansando sobre el fondo (son de hábitos principalmente nocturnos), aparentemente tranquilas mientras no le quitan ojo al lento deslizarse de los tiburones toro (Carcharias taurus), también habituales.
Como el cazón (Galeorhinus galeus), con el comparte familia, la musola es un tiburón de aspecto soso y anodino. No tiene tiene ojos fieros ni dientes asesinos, y su cuerpo esbelto no desprende una sensación de potencia y poderío, con lo que la gente tiende a olvidarse de él y centrarse, con una exclusividad casi insultante, en las lentas pasadas de Gastón, por ejemplo. Sin embargo, es una especie que vale la pena conocer... y conservar. La IUCN la ha catalogado como Vulnerable, pese a su teórica abundancia, pues se ha constatado un importante descenso en sus poblaciones.

Descripción. El cuerpo de la musola es esbelto, con una cabeza y un rostro cortos. La boca es también corta, con forma angular, pliegues labiales largos (el superior es ligeramente más largo que el inferior) y dentículos bucofaríngeos sólo en el extremo anterior de la lengua y paladar. Grandes ojos ovalados situados bastante juntos en posición dorsolateral; presentan membrana nictitante rudimentaria y nítida carena subocular. Espiráculos grandes detrás de los ojos. Espacio internarial amplio, entre 2,4-3,0% de la longitud total. Las dos aletas dorsales son altas (la segunda algo más pequeña que la primera y mucho mayor que la aleta anal), con la primera originándose detrás de la axila pectoral, cerca de su extremo. Presenta una cresta interdorsal. Pectorales anchas y ligeramente falcadas. El lóbulo terminal de la caudal es largo en los juveniles y más corto en los adultos, y siempre diferenciado con una muesca bien marcada; el inferior es corto, levemente falciforme en los adultos.
Librea de un color gris parduzco uniforme en el dorso y costados; superficie ventral blanquecina. Carece de lunares blancos, a diferencia de la musola pinta (Mustelus asterias), pero a veces puede presentar unas pequeñas manchas oscuras dispersas en los flancos.

Foto: Ocean Aquarium, Estambul.
Dentición. Dientes molariformes similares en ambas mandíbulas, especialmente preparados para triturar conchas. Son de cúspide baja y roma, y están dispuestos en forma de mosaico. En los dientes laterales de la mandíbula superior puede apreciarse una pequeña cuspidilla secundaria, particularmente en los jóvenes.

Fuente: J-elasmo.
Talla. Tiburón de mediano tamaño, con una talla máxima registrada de 165 cm. Al nacer miden alrededor de 39 cm. Los machos son maduros entre 70-74 cm y pueden superar los 110 cm; las hembras maduran hacia los 80 cm y llegan al menos hasta los 165 cm, correspondientes a un ejemplar capturado en el Adriático¹.

Reproducción: Especie vivípara placentaria, con cordón umbilical liso. Camadas de 4 a 15 crías (Barrull & Mate citan hasta 22) tras un periodo de gestación de 10-11 meses. El ciclo reproductivo es anual, si bien algunas hembras se reproducen en años alternos, dejando un periodo de reposo entre los embarazos². La mayor parte de los datos biológicos de que disponemos proceden del Mediterráneo. Parece ser que los apareamientos son más frecuentes entre primavera y comienzos del verano y los partos en primavera (finales de abril, principios de mayo en Túnez)³.
La longevidad máxima observada ha sido de 25 años.

Dieta. Especie especializada en crustáceos (cangrejos, cigalas, langostas, etc.), aunque también consume cefalópodos y pequeños peces óseos como las anchoas.

Hábitat y distribución. La musola es un tiburón eminentemente demersal. Se encuentra en el borde superior del talud y sobre la plataforma continental, desde los 5 hasta, al menos, los 350 m, aunque más común entre los 5-50 m. Parece que hay una cita de un ejemplar encontrado a 624 m en la zona oriental del mar Jónico. A veces muestra costumbres pelágicas, en aguas intermedias, si bien prefiere nadar cerca del fondo.

Según Ebert et al. 2013.
El área de distribución discurre todo a lo largo de la fachada del Atlántico nororiental templado, desde las Islas Británicas hasta Suráfrica (llegando incluso a bordear su extremo sur para alcanzar las costas del Índico), incluyendo las Canarias, Azores y Madeira. También en el Mediterráneo.

Pesca y conservación. La musola se captura en abundancia sobre todo con arrastre y palangre de fondo, en algunas zonas con redes de enmalle, y a veces desde la misma playa, por pescadores con caña. Es una especie de interés comercial: su carne es apreciada para su consumo, humano y animal, tanto fresca como salada o ahumada; también se aprovecha el aceite de su hígado y, como no, las aletas. En las Islas Británicas es apreciada por los pescadores "deportivos".
Aunque en general la musola está considerada una especie de común a abundante, la creciente (y a veces localmente brutal) presión pesquera a la que está siendo sometida, ha puesto sus diversas poblaciones en franco declive y, en consecuencia, ha hecho que la IUCN le haya otorgado el estatus de Vulnerable, advirtiendo de la urgente necesidad de monitorizar correctamente las capturas y evaluar la situación de las poblaciones locales, tanto de ésta como del resto de musolas.

En el Acuario de O Grove. Foto: Miguel Muniz Domínguez, Faro de Vigo.
En el Atlántico NE las cifras de desembarcos y capturas accidentales no están muy claras, en el mejor de los casos, pues muchas veces se mete en el mismo saco la musola (M. mustelus), la musola pinta (M. asterias), y en ocasiones incluso la mielga (Squalus acanthias). Para liar más la cosa, al menos en algunas lonjas se subasta como cazón. En el Mediterráneo ocurre algo parecido, si bien aquí los descartes son inferiores, la carne es más apreciada para consumo humano: las estadísticas no suelen discriminar entre M. mustelus, la especie más abundante, M. asterias y M. punctulatus. Y en las costas de África la situación empeora a pasos agigantados: el incremento de la capacidad y eficiencia pesquera en determinados países, unido al descenso de capturas de diversas especies costeras y de carcharhínidos, han puesto a la musola en el punto de mira de redes y anzuelos. La IUCN advierte de que en algunas zonas las capturas deberían reducirse nada menos que a la mitad para que la pesquería sea sostenible.

Ejemplares en la lonja de Barbate. Foto de A. M. Arias, Ictioterm.
A ver cuánto nos dura.
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¹Joan Barrull, Isabel Mate (2002). Tiburones del Mediterráneo. Llibreria El Set-ciènces, Arenys de Mar.
²Cástor Guisande González et al. (2011). Tiburones, rayas, quimeras, lampreas y mixínidos de la costa atlántica de la Península Ibérica y Canarias. Ediciones Díaz de Santos, Madrid.
³Serena, F., Mancusi, C., Clò, S., Ellis, J. & Valenti, S.V. 2009. Mustelus mustelus. The IUCN Red List of Threatened Species. Version 2015.2. <www.iucnredlist.org>. Consultada el 4 de julio de 2015.
Guisande González et al., 2011.
David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth.
Serena, Mancusi et al., 2009.

viernes, 26 de junio de 2015

Viajes del tiburón tigre

Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier). Foto: Raul Boesel.
Es tan poco lo que sabemos de los tiburones, incluso de las especies más famosas y televisivas, que cada nuevo trabajo que sale a la luz se convierte en una fuente de sorpresas, bien porque los datos que aporta son una absoluta novedad, bien porque matizan o cuestionan hipótesis previas, pudiendo incluso entrar en conflicto con ellas. Hace pocos días fue el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) el encargado de arrancarnos una sonrisa de admiración cuando conocimos los resultados de un interesante trabajo¹ de marcado y seguimiento llevado a cabo del otro lado del charco, en el Atlántico NW, por un amplio equipo de investigadores, entre los que figuran (hay que destacarlo) un científico gallego especializado en tiburones y amigo de este blog, Gonzalo Mucientes. Los transmisores SPOT empleados permitieron realizar seguimientos individuales en algún caso superiores a los 3 años (hasta 1101 días). Nunca antes se había logrado algo así.

El tigre es uno de los tiburones en apariencia más conocidos de cuantos existen. Sale en multitud de documentales de televisión, en revistas, en todo tipo de páginas y publicaciones web, etc., sabemos o creemos saber sus hábitos y preferencias alimentarias, e incluso hemos descubierto algunos de los lugares que visita periódicamente y por qué lo hace (el ejemplo más conocido tal vez sea el del atolón de French Frigate Shoals, en las islas de Sotavento del archipiélago de Hawái, durante la temporada en que los pollos de albatros de Laysan, Diomedea immutabilis, y albatros de patas negras, Phoebastria nigripes, se lanzan a su primer vuelo). Pero al mismo tiempo, tratándose de un tiburón viajero y por tanto difícil de seguir, una parte importante de su vida se mantiene en la más absoluta oscuridad, lejos de nuestro alcance. Estudios previos han demostrado que algunos tiburones tigre entran y salen regularmente de una determinada zona, mientras que otros permanecen en ella todo el año, cubriendo áreas de hasta 100 km de costa; otros emprenden largas migraciones, algunas en un periodo de tiempo relativamente corto, a lo largo de miles de kilómetros. Un individuo recorrió 3330 millas en seis meses; otro, 1015 en 17 días, lo que supone una media de 57 millas diarias. Un individuo marcado en el arrecife de Ningaloo, Australia Occidental, viajó durante el verano hasta la isla de Sumba, Indonesia, y al año siguiente hizo el viaje de vuelta². En el Pacífico W, trabajos de seguimiento con marcas satelitales y acústicas han descubierto un mayor nivel de fidelidad a los arrecifes oceánicos como los de Chesterfield, en el mar de Coral, que a los arrecifes costeros, sobre todo por parte de los machos adultos y las hembras pre-reproductivas; también que las hembras maduras son las más viajeras, atravesando periódicamente el mar de Coral entre Nueva Caledonia y la Gran Barrera (hasta 1114 km), tal vez en un ciclo reproductivo trianual; finalmente, han caracterizado un espacio tridimensional de actividad de 2360 km³ de media, con una hembra que llegó a una profundidad récord de 1136 m, que no está nada mal³.

Foto: Daniel Botelho.
El trabajo publicado hace pocas semanas abre una ventana a otro rincón del mundo del tiburón tigre. Y además lo hace a lo grande: sacando a la luz un sorprendente e inesperado patrón migratorio entre dos ecosistemas radicalmente distintos: las islas y arrecifes del Caribe y un área de mar abierto situada más de 3500 hacia el norte y centro del Atlántico, al nordeste de las Bermudas. Una ruta que recuerda la que realizan los tiburones blancos entre las costas de California y una zona del Pacífico central, el famoso white shark café.

Cada año en verano los machos adultos viajan más de 3500 km hacia el norte, para luego regresar para la invernada a sus zonas de preferencia en las Bahamas, Anguila, islas Turcas y Caicos. Solo una hembra adulta hizo ese mismo viaje. Los cinco tiburones que permanecieron en invierno en la zona de las Bermudas eran juveniles de ambos sexos. Los ejemplares marcados mostraron un elevado nivel de filopatría (fidelidad a un determinado lugar). Esto puede deberse a que la filopatría implica un menor coste a la hora de encontrar alimento y, por supuesto, pareja. Ningún ejemplar marcado entró en el mar Caribe.

Movimientos de un macho de 384 cm. Fuente: Lea et al., Scientific Reports 2015.
No se conoce bien el porqué de estas migraciones. ¿Qué motivo tan poderoso puede tener un carcharhínido para abandonar la comodidad de un hábitat de aguas cálidas y comida en abundancia, y lanzarse a un largo viaje hacia un lugar más inhóspito y frío? La hipótesis es doble (y obvia): búsqueda de alimento o de pareja, o ambas cosas a la vez.
Los tiburones tigre aprovechan el incremento de la temperatura en verano para tomar, como si de una autopista se tratase, una linea isoterma de aguas superficiales cálidas (alrededor de 24 ºC) similar a la de las tortugas como la laúd (Dermochelys coriacea). Tal vez la perspectiva de un atracón de sus presas favoritas compense las molestias del viaje. En este sentido, Gonzalo Mucientes pudo analizar los contenidos estomacales de cinco ejemplares de tiburón tigre capturados por palangreros que faenaban en el Atlántico NW y descubrió que predominaban los juveniles de tortuga boba (Caretta caretta).
Al mismo tiempo, si bien algunas hembras marcadas subieron en invierno hasta el mar de los Sargazos, la mayoría se quedaron en las proximidades de Florida y las Bahamas, lugares donde según parece se produce a finales del verano un mayor número de partos. Y como el periodo de gestación en la zona es de unos 13-16 meses, los apareamientos deben producirse entre finales del invierno y principios de la primavera. Los machos llegarían puntualmente para la cita.
Sea cual fuere la explicación, lo notable es que el patrón migratorio de los tiburones tigre en el Atlántico W se parece más al de las aves, algunos mamíferos marinos y las tortugas que al de otros peces.

Foto: Raquel Rossa.
¿Tiburones tigre en este lado del Atlántico? Aunque alguno de los ejemplares marcados llegó a estar cerca de la dorsal, ninguno llegó a cruzarla. Lo que no quiere decir que no lo hagan.
De vez en cuando algunos individuos se aventuran hacia esta parte del Atlántico, con toda probabilidad a lomos de la poderosa Corriente del Golfo. Tenemos registros esporádicos en zonas tan alejadas de las aguas cálidas del Caribe como Islandia, costa sur de Inglaterra (este dudoso) y otro, el de la fotografía de abajo, en la región del Charente Marítimo, costa noroccidental francesa.

Ejemplar de 305 cm capturado en julio de 2007. Fuente: Sud Ouest.
Más abajo, en el Cantábrico y en Galicia... Seguimos alerta... no vaya a ser.
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¹James S. E. Lea, Bradley M. Wetherbee, Nuno Queiroz, Neil Burnie, Choy Aming, Lara L. Sousa, Gonzalo R. Mucientes, Nicolas E. Humphries, Guy M. Harvey, David W. Sims, Mahmood S. Shivji (2015). "Repeated, long-distance migrations by a philopatric predator targetting highly contrasting ecosystems". Scientific Reports, 5: 11202. doi: 10.1038/srep11202.
²David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth. David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
³Jonathan M. Werry, Serge Planes, MichelL. Bernumen, Kate A. Lee, Camrin D. Baun, Eric Clua (2014). "Reef-Fidelity and Migration of Tiger Sharks, Galeocerdo cuvier, across the Coral Sea". PLoS ONE 9(1) e83249. doi: 10.1371/journal.pone.0083249

martes, 9 de junio de 2015

Informe IUCN sobre las especies europeas

Quelvachos (Centrophorus granulosus). Foto: Oceana.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, o IUCN en sus siglas en inglés) acaba de publicar un amplio informe sobre las situación de las poblaciones piscícolas europeas. Se trata de la primera evaluación completa realizada hasta hoy de las 1220 especies presentes en el Mar del Norte, Atlántico NE, Mediterráneo, Báltico y Mar Negro, incluidas las aguas territoriales portuguesas y españolas de la Macaronesia (Canarias, Azores, Madeira e Islas Salvajes). De ellas, 232 se quedaron finalmente fuera del estudio, dado que incumplían el criterio de que las aguas europeas deben suponer al menos el 1% de su área de distribución global. De manera que las especies evaluadas han sido 988.

Las conclusiones del informe no pueden calificarse de felices, particularmente en lo que a los elasmobranquios se refiere. El titular ya es suficientemente conocido: el 40,4% de los tiburones y rayas de Europa se encuentran seriamente amenazados de extinción.

Fuente: IUCN, 2015.
1. Estadísticas generales. En el gráfico de la derecha, referido a la totalidad de las poblaciones evaluadas (es decir, incluyendo peces óseos y cartilaginosos), se observa que el 70,7% figuran bajo el epígrafe de Preocupación menor (LC); el 2,6% se les considera como Casi amenazadas (NT); el 2,2 Vulnerables (VU); 2,2% En Peligro (EN); y el 1,5%, En Peligro Crítico (CE).
El porcentaje de especies amenazadas (CR, EN y VU) es del 7,5%, cifra media en una horquilla comprendida entre el 6 y el 26,6%, que viene de considerar la totalidad de las especies de las que carecemos de datos (DD) bien como Preocupación menor, bien bajo uno de los tres grados de amenaza. Casi parecería una cifra asumible.
Ahora bien, si acercamos un poco más la nariz al papel (a la pantalla), enseguida comprobamos que los números alumbran una realidad bastante más turbia y deprimente. Los condrictios (tiburones, rayas y quimeras) suponen poco más del 15% de toda esa tarta: son 131 especies frente a las 854 de actinopterigios o peces óseos, que cuentan con el mayor porcentaje de especies evaluadas como Preocupación menor (solo el 2,5 % están amenazados). Ambos grupos no son, pues, en modo alguno equiparables ni siquiera a efectos estadísticos, tanto por sus números como por sus respectivas particularidades biológicas. Deben analizarse por separado.
Las 15 especies que aparecen bajo la etiqueta de En peligro crítico (al borde de la extinción) son todas tiburones y rayas; no hay ni un solo pez óseo. De las 22 consideradas En peligro, solo cinco² son peces óseos, que sí tienen mayoría en el grupo de las especies Vulnerables (12 actinopterigios frente a 10 condrictios).
Las zonas con mayor número de especies amenazadas son el Mediterráneo, la costa atlántica de la Península Ibérica y los archipiélagos de la Macaronesia.

2. Estadísticas de los condrictios. Aquí tenéis los gráficos referidos a los condrictios. Las quimeras se encuentran, de momento (y aparentemente), libres de amenaza: de las 9 especies evaluadas sólo una, la Chimaera monstrosa, figura como Casi amenazada; las demás son Preocupación menor.
Izquierda. Estatus de las especies de condrictios: DD, Datos incompletos; LC, Preocupación menor; NT, Casi amenazados; VU, Vulnerables; EN, En peligro; CR, En peligro crítico. Derecha. Tendencias poblacionales de los condrictios: En aumento, Estables, En declive, Desconocidas. (Fuente: IUCN, 2015)
El 11,5% (15 especies) de los tiburones y rayas³ europeos están al borde de la extinción, En peligro crítico; el 13% (17), En peligro, y el 7,6% (10) están considerados como Vulnerables.
El porcentaje del 40,4% de condrictios bajo algún grado de amenaza de extinción no es una cifra sólida, sino, de nuevo, una estimación media en una horquilla comprendida entre el 32,1 y el 52,7%, que vienen de considerar como libres de amenaza o amenazadas, respectivamente, ese 20,6 % de especies de las que no disponemos de datos suficientes (DD) para optar por extremo u otro.

Si los porcentajes por especie no son halagüeños, las tendencias poblacionales son directamente catastróficas. El 39,7% de las poblaciones de tiburones y rayas están en franco descenso. El 22,9% se mantienen estables y tan solo el 2,3% se están incrementando.

Uno de los problemas más graves sigue siendo la falta de conocimiento: del 35,1% de las poblaciones no sabemos nada, si suben, si bajan, si se mantienen estables. Dicho de otro modo, una de cada tres especies es poco o insuficientemente conocida para la ciencia (y por encima, países como el muestro se permiten el lujo de disponer de poquísimas líneas de investigación sobre elasmobranquios y por supuesto de financiación). ¿Cómo se puede definir así una estrategia de gestión? El informe, en cualquier caso, concluye que comparando estos datos con los procedentes de informes anteriores, la situación ha empeorado, particularmente en el Mediterráneo, pese a los diversos planes y medidas de gestión y conservación.

Angelote (Squatina squatina). Fotografía de José Torre Busto.

3. Los tiburones europeos bajo la nueva lista IUCN.
 EN PELIGRO CRÍTICO
   Squaliformes
     -Centrophoridae. Quelvacho (Centrophorus granulosus)
  Squatiniformes
     -Squatinidae. Angelote espinoso (Squatina aculeata)
     -Squatinidae. Angelote manchado (Squatina oculata)
     -Squatinidae. Angelote (Squatina squatina)
  Lamniformes
     -Odontaspididae. Tiburón toro (Carcharias taurus)
     -Odontaspididae. Solrayo (Odontaspis ferox)
     -Lamnidae. Tiburón blanco (Carcharodon carcharias)
     -Lamnidae. Cailón (Lamna nasus)
 
EN PELIGRO
  Squaliformes
     -Squalidae. Mielga (Squalus acanthias)
     -Centrophoridae. Quelvacho luso (Centrophorus lusitanicus)
     -Centrophoridae. Quelvacho negro (Centrophorus squamosus)
     -Centrophoridae. Visera (Deania calcea)
     -Somniosidae. Pailona (Centroscymnus coelolepis)
     -Dalatiidae. Negra (Dalatias licha)
  Echinorhiniformes
     -Echinorhinidae. Tiburón de clavos (Echinorhinus brucus)
  Lamniformes  
    -Alopiidae. Zorro negro (Alopias superciliosus)
     -Alopiidae. Zorro común (Alopias vulpinus)
     -Cetorhinidae. Peregrino (Cetorhinus maximus)
  Carcharhiniformes

     -Carcharhinidae. Jaquetón de ley (Carcharhinus longimanus)
     -Carcharhinidae. Jaquetón de Milberto (Carcharhinus plumbeus)

VULNERABLES
   Squaliformes
     -Centrophoridae. Galludito (Centrophorus uyato)
     -Oxynotidae. Tiburón cerdo (Oxynotus centrina)
   Carcharhiniformes
     -Triakidae. Cazón (Galeorhinus galeus)
     -Triakidae. Musola (Mustelus mustelus)
     -Triakidae. Musola punteada (Mustelus punctulatus)
CASI AMENAZADOS
   Squaliformes
     -Etmopteridae. Negrito (Etmopterus spinax)
     -Somniosidae. Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus)
   Carcharhiniformes
     -Scyliorhinidae. Alitán (Scyliorhinus stellaris)
     -Pentanchidae. Olayo atlántico (Galeus atlanticus)
     -Triakidae. Musola pinta (Mustelus asterias).
     -Carcharhinidae. Tintorera (Prionace glauca)

PREOCUPACIÓN MENOR
   Hexanchiformes
     -Hexanchidae. Cañabota (Hexanchus griseus)
     -Chlamydoselachidae. Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus)
   Squaliformes
     -Etmopteridae. Tollo negro (Centroscyllium fabricii)
     -Etmopteridae. Tollo raspa (Etmopterus princeps)
     -Somniosidae. Sapata negra (Centroscymnus crepidater)
     -Somniosidae. Bruja (Scymnodon ringens)
     -Dalatiidae. Tiburón cigarro dentudo (Isistius plutodus)
     -Dalatiidae. Tollo pigmeo (Squaliolus laticaudus)
   Carcharhiniformes
     -Scyliorhinidae. Pintarroja (Scyliorhinus canicula)
     -Pentanchidae. Pejegato fantasma blanco (Apristurus aphyodes)
     -Pentanchidae. Pejegato (Apristurus laurussonii)
     -Pentanchidae. Pejegato fantasma (Apristurus manis)
     -Pentanchidae. Pejegato narizón (Apristurus melanoasper)
     -Pentanchidae. Pejegato puerco (Apristurus microps)
     -Pentanchidae. Olayo (Galeus melastomus)
     -Pentanchidae. Olayo de Islandia (Galeus murinus)
   Lamniformes
     -Mitsukurinidae. Tiburón duende (Mitsukurina owstoni)

DATOS INCOMPLETOS
   Hexanchiformes
     -Hexanchidae. Boquidulce (Heptranchias perlo)
     -Hexanchidae. Cañabota ojigrande (Hexanchus nakamurai)
   Squaliformes
     -Squalidae. Galludo (Squalus blainville)
     -Squalidae. Galludo ñato (Squalus megalops)
     -Centrophoridae. Visera áspera (Deania hystricosa)
     -Centrohoridae. Visera flecha (Deania profundorum)
     -Somniosidae. Bruja de las Azores (Scymnodalatias garricki)
     -Somniosidae. Dormilón (Somniosus rostratus)
     -Somniosidae. Mielga de terciopelo (Zameus squamulosus)
     -Oxynotidae. Cerdo velero (Oxynotus paradoxus)
   Lamniformes
     -Odontaspididae. Solrayo ojigrande (Odontaspis noronhai)
     -Lamnidae. Marrajo (Isurus oxyrinchus)
     -Lamnidae. Marrajo negro (Isurus paucus)
   Carcharhiniformes
     -Pseudotriakidae. Musolón (Pseudotriakis microdon)
     -Carcharhinidae. Jaquetón picoto (Carcharhinus altimus)
     -Carcharhinidae. Jaquetón cobre (Carcharhinus brachyurus)
     -Carcharhinidae. Jaquetón sedoso (Carcharhinus falciformis)
     -Carcharhinidae. Jaquetón manchado (Carcharhinus limbatus)
     -Carcharhinidae. Jaquetón lobo (Carcharhinus obscurus)
     -Carcharhinidae. Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier)
     -Sphyrnidae. Tiburón martillo (Sphyrna mokarran)
     -Sphyrnidae. Cornuda (Sphyrna zygaena)
Como veis, el quelvacho (Centrophorus granulosus), el tiburón blanco (Carcharodon carcharias) y su pariente el cailón (Lamna nasus), los dos odontaspídidos (Carcharias taurus y Odontaspis ferox) y los tres angelotes (Squatina) están a punto de desaparecer de nuestras aguas, si es que no lo han hecho ya. El ejemplo del Squatina squatina es ilustrativo: una especie antes común en toda la franja atlántica ha quedado reducida apenas a una pequeña población en las Canarias. Del tiburón blanco, en el Atlántico no se sabe nada, y en el Mediterráneo se produce algún que otro rarísimo avistamiento; el cailón se sigue viendo muy de vez en cuando, y de manera ilegal, en las subastas de alguna que otra lonja.

Tiburón blanco capturado en una almadraba en Cádiz, a mediados del siglo pasado.
Hay datos que sorprenden sobremanera, como que especies de aguas profundas como la cañabota (Hexanchus griseus), el tollo negro (Centroscyllium fabricii) y, muy en especial, el tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus) hayan abandonado la lista de "Casi amenazados" y pasado a la de Preocupación menor. Cabe suponer que existen nuevos datos biológicos, de población y de capturas que abren una perspectiva de futuro bien optimista para estos bichos (pienso sobre todo en el Chlamydoselachus, con uno de los periodos de gestación más largos de todos los tiburones). Estos nuevos y maravillosos datos serían también los responsables de la inclusión del tollo lucero raspa (Etmopterus princeps) y la bruja (Scymnodon ringens) en la lista de los tiburones de menor preocupación (su estatus anterior era de Datos incompletos).

Por su parte, la tintorera (Prionace glauca), sometida a una fuerte presión pesquera a nivel mundial y europeo, como especie objetivo debido al elevado precio de la aleta en el mercado asiático, o como captura accidental por los palangreros (una más que feliz captura accidental, podría decirse), pasa a englobar la lista de especies Casi amenazadas. La IUCN llama también la atención sobre el rápido incremento en las capturas de musolas (Mustelus spp.) y advierte de la necesidad de evaluar en detalle las zonas y datos de captura de cada una de las tres especies (M. asterias, M. mustelus, M. punctulatus).

Aletas de toda clase y tamaño a la venta en una tienda de Hong-Kong. Las más grandes son de peregrino (Cetorhinus maximus). Foto: Shelley Clarke, tomada de oceanconservationscience.org.
4. Causas. Parece una obviedad en una de las zonas más salvajemente explotadas del planeta, pero no por ello debemos dejar de mencionarla: la principal causa de esta escalofriante situación es la sobrepesca, la sobreexplotación de los recursos pesqueros más allá del límite de sostenibilidad, incluidas las capturas accidentales, que en algunas modalidades como el arrastre de fondo llegan a ser de hasta el 80%.
Otros factores son el desarrollo del litoral (en realidad, deberíamos hablar de "subdesarrollo", con todas las connotaciones de la palabra), las actividades mineras y de generación de energía y la fortísima contaminación, además del cambio climático (por mi parte, me permito añadir que hay quien le echa la culpa de los males de la pesca a los conservacionistas y a los científicos, sobre todo desde algunas instancias gubernamentales y despachos de grandes armadores, pero faltan evidencias y datos científicos que sustenten esta hipótesis, que sigue estudiándose).

¿Hay soluciones? Muchas y todas muy bonitas de escribir, sobre todo para nuestras autoridades. El informe menciona algunas: TACs, cuotas, reducción del bycatch, creación de reservas, monitorizaciones y controles varios... Particularmente creo que se pueden resumir en lo siguiente: diseñar e implementar, de una vez por todas y con la seria y honesta implicación de todas las partes, un plan integral de conservación y de gestión, cabal y decente. Además, por supuesto, de la reducción de las emisiones de contaminantes, del impacto de ciertas actividades industriales, etc. Y también que las autoridades se decidan a revertir la tendencia suicida de la política pesquera común, consistente en subvencionar la ruina, y apuesten por la recuperación de la pesca a pequeña escala, la llamada pesca artesanal... con todo lo que ello supone, porque esto no se hace de la noche a la mañana.

Dice muy poco de los (ir)responsables del ramo, gestores y buena parte de los actores, el que sean incapaces de comprender que ellos mismos van a ser los primeros perjudicados, los primeros en caer, por el desastre que se empeñan, una y otra vez, en no ver y en no querer evitar.

Peregrino (Cetorhinus maximus) recientemente varado en una playa del sur. La causa de su muerte es evidente. Foto: La Voz.

=> Véase también En peligro la cuarta parte de los tiburones y rayas del mundo.

_______________________
¹Ana Nieto, Gina M. Ralph, et al. (2015). European Red List of marine fishes. Luxembourg, Publications Office of the European Union.

²El granadero (Coryphaenoides rupestris), el lobo (Anarhichas denticulatus), mero moreno (Epinephelus marginatus), gobio de Tortonese (Pomatoschistus tortonesei) y la gallineta nórdica (Sebastes mentella).

³Aquí tenéis el listado de rayas:
EN PELIGRO CRÍTICO
   Myliobatiformes
     -Gymnuridae. Raya mariposa (Gymnura altavela)
     -Myliobatidae. Pez obispo (Pteromylaeus bovinus)
   Pristiformes
     -Pristidae. Pez sierra (Pristis pectinata)
     -Pristidae. Pez sierra común (Pristis pristis)
   Rajiformes
     -Rajidae. Noriega (Dipturus batis)
     -Rajidae. Raya de Malta (Leucoraja melitensis)
     -Rajidae. Raya blanca (Rostroraja alba)  
EN PELIGRO
   Myliobatiformes
     -Myliobatidae. Manta (Mobula mobular)
   Rajiformes
     -Rajidae. Raya falsa vela (Leucoraja circularis)
     -Rajidae. Raya áspera (Raja radula)
     -Rhinobatidae. Guitarra barba negra (Rhinobatos cemiculus)
     -Rhinobatidae. Guitarra (Rhinobatos rhinobatos)  
VULNERABLES
   Myliobatiformes.
     -Dasyatidae. Raya látigo isleña (Dasyatis centroura)
     -Dasyatidae. Pastinaca común (Dasyatis pastinaca)
     -Myliobatidae. Águila de mar (Myliobatis aquila)tiburones en galicia
   Rajiformes
     -Rajidae. Raya cardadora (Leucoraja fullonica)
     -Rajidae. Raya de Madeira (Raja maderensis)
 

miércoles, 3 de junio de 2015

Biofluorescencia

Colayo inflado (Cephaloscyllium ventrosium). Foto: Kyle McBurnie.

Llamamos biofluorescencia a la capacidad que poseen algunos organismos para absorber radiación electromagnética de una determinada longitud de onda y devolverla en una longitud de onda diferente; o para entendernos, para absorber la luz de un color y devolverla de otro color distinto rojo, naranja o verde, en las especies marinas, gracias a la acción de unas proteínas fluorescentes contenidas en su piel y capas externas.

(Nota para despistados: no confundamos biofluorescencia con bioluminiscencia: en la primera el brillo del animal no es más que el reflejo de una luz externa, mientras que lo segundo implica la generación de luz propia mediante unas reacciones químicas que tienen lugar en el interior de unos orgánulos denominados fotóforos. Véase Bioluminiscencia I: Los fotóforos.)

En tierra podemos observar ejemplos de biofluorescencia en muchas flores y en animales como arañas, mariposas y loros; en el mar, en corales, sifonóforos, cnidarios, copépodos y peces. En cuanto a estos últimos, hasta ahora solo se había investigado un puñado de casos en especies de arrecife, pero hace pocos meses un estudio¹ demostraba que la biofluorescencia está más extendida de lo que se creía a lo largo de una amplia variedad de géneros, adoptando una diversidad de colores, formas y patrones² según especie y hábitat, muy particularmente en peces de arrecife. Los investigadores identificaron nada menos que 16 órdenes, 50 familias, 105 géneros y más de 180 especies, dejando la puerta abierta a la incorporación de más candidatos y, probablemente, al descubrimiento de más tipos de proteínas fluorescentes.

Entre estas más de 180 especies encontramos tres condrictios: un batoideo, la raya amarilla (Urobatis jamaicensis, Myliobatiformes: Urotrygonidae), y dos tiburones: el colayo inflado (Cephaloscyllium ventrosium) y la pintarroja reticulada (Scyliorhinus retifer), ambos pertenecientes a la misma familia de nuestra pintarroja, Scyliorhinidae (orden Carcharhiniformes).

Cephaloscyllium ventrosium.
A medida que se interna en lo profundo, la luz del sol se despoja de sus tonos rojo, naranja, amarillo y verde, y adquiere un monocorde y maravilloso azul. Bajo esta luz, los tiburones biofluorescentes emiten un brillo verde eléctrico imposible de detectar a simple vista para el ojo humano y, seguramente, para los ojos de muchos otros peces que no dispongan del sistema de visión adecuado. ¿Qué sistema es éste? Se trata de una especie de filtro intraocular amarillo para tamizar la luz azul natural.

Este descubrimiento permitió a los científicos identificar nuevas especies y patrones fluorescentes, tanto en el medio natural —durante un buen número de inmersiones nocturnas como en laboratorio. A imitación del ojo del animal, incorporaron filtros amarillos a las lentes de sus cámaras, y recrearon la radiación azul del mar mediante focos adaptados. Y así, viendo como ven los tiburones, comprendieron como un entorno de espectro lumínico tan limitado puede ofrecer amplias posibilidades para el camuflaje y la comunicación intraespecífica. Estas especies pueden permanecer ocultas a los ojos no adaptados de sus depredadores y, al mismo tiempo, ser visibles para sus congéneres.

Todavía se desconoce en toda su extensión la función de la biofluorescencia en las diferentes especies. El camuflaje y la comunicación parecen las más evidentes, pero queda por investigar, por ejemplo, si puede jugar algún papel en la reproducción, si hembras y machos de la misma especie presentan patrones específicos que permitan su identificación, o si sirve para anunciar la disponibilidad para el apareamiento.

Habrá que estar atentos a las más que seguras novedades.

Scyliorhinus retifer (Foto: Andy Murch, elasmodiver.com).
S. retifer. Fuente: American Museum of Natural History / J. Sparks, D. Gruber, V. Pieribone.

⏩ ACTUALIZACIÓN a 4 de mayo de 2016. Pues ya tenemos aquí una de esas esperadas novedades: un trabajo³ que se centra en el estudio de los ojos y la piel de los dos esciliorhínidos, la pintarroja reticulada (Scyliorhinus retifer) y el colayo inflado (Cephaloscyllium ventrosium). Ambos tienen en común, además de su filiación taxonómica, el que viven en profundidades a las que apenas llega el espectro azul de la luz solar: entre los 70-550 m la primera, y desde aguas relativamente someras hasta al menos los 350 m la segunda.
     Lo curioso es que estos dos bichos poseen la visión monocromática típica de las especies de aguas profundas y sin embargo el reflejo de su piel es verde "fosforito", con toques también azules en el caso del colayo inflado. El estudio ha encontrado en la retina un pigmento visual sensible a estas longitudes de onda.  Esto llevó a los investigadores a idear una lente con un filtro similar para sus cámaras con el fin de comprobar como "ven" efectivamente en su entorno, y sobre todo como se ven unos a otros. El resultado es que existen diferentes patrones de brillo según el sexo. El colayo inflado presenta un patrón de manchas fluorescentes dispersas a lo largo de su cuerpo; las hembras tienen además una especie de "máscara facial" de manchas claras, y grupos más densos de manchas ventrales extendiéndose hacia la cabeza, a diferencia de los machos. Las hembras de la pintarroja reticulada las líneas que trazan el característico patrón de su coloración son más gruesas y más conspicuas que en los machos. Y en ambas especies, los pterigópodos de los machos brillan nítidamente.
     Parece lógico concluir que unas de las funciones primordiales de la biofluorescencia tiene que ver con la reproducción: identificación de un congénere y reconocimiento sexual.

a-h: Imágenes de una hembra de pintarroja reticulada bajo una luz blanca y una luz azul en comparación con las de un macho (e-h). Fuente: Gruber et al. 2016, Scientific Reports.
ACTUALIZACIÓN a 13 de octubre de 2019: Una molécula única con propiedades antibacterianas. Un nuevo trabajo publicado el pasado agosto ha identificado la molécula responsable de la bioluminiscencia en estas dos especies de tiburones. Se trata de una molécula desconocida hasta ahora para la ciencia: un pequeño metabolito que no solo sirve para generar ese brillo verdoso, sino que actúa también como agente antibacteriano, lo cual resulta fundamental para dos especies que viven ligadas al fondo dado que en el sedimento marino las concentraciones de bacterias son mucho más elevadas que en la columna de agua.

Corte transversal de la piel de una pintarroja reticulada (izq) y de un colayo inflado (dcha) mostrando sus respectivas capas fluorescentes. Fuente: Park, Lam, et al. (2019). iCience.
     El trabajo describe, además, como determinado tipo de dentículos dérmicos de la piel de la pintarroja reticulada están especialmente diseñados para convertirse en guías ópticas que distribuyen la luz a lo largo de la piel potenciando así su efecto.

Detalle de la piel de la pintarroja reticulada donde se aprecia el contraste entre la función de los grandes dentículos dérmicos oscuros, con poca capacidad de distribución de la luz fluorescente, y los pequeños dentículos de gran capacidad óptica. Fuente: Park, Lam, et al. (2019). iCience.
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¹John S. Sparks, Robert C. Schelly, W. Leo Smith, Matthew P. Davis, Dan Tchernov, Vincent A. Pieribone, David F. Gruber (2014). "The Covert World of Fish Biofluorescence: A Phylogenetically Widespread and Phenotypically Variable Phenomenon". PLoS ONE, 9(1): e83259. doi: 10.1371/journal.pone.0083259.
²Valga esta imagen como ejemplo: A: Colayo inflado (Cephaloscyllium ventrosium); B: raya amarilla (Urobatis jamaicensis); C: especie de platija (Soleichthys heterorhinos); D: pez de la familia Platycephalidae (Cociella hutchinsi); E; aulopiforme de la familia Synodontidae (Synodus dermatogenis); F: pez sapo de la familia Antenariidae (Antennarius maculatus); G: especie de pez escorpión (Scorpaenopsis diabolus); H: falsa morena de aleta corta (Kaupichthys brachychirus); I: falsa morena de collar (Kaupichthys nuchalis); J: pez aguja de la familia Syngnathidae (Corythoichthys haematopterus); K: miraestrellas de la familia Dactyloscopidae (Gillellus uranidea); L: góbido (Eviota sp.); M: gobio de vientre negro (Eviota atriventris); N: pez cirujano (Acanthurus coeruleus); O: besugato rayado (Scolopsis bilineata).
Fuente: Sparks et al., PLoS ONE, 2014.
³David F. Gruber, Ellis R. Loew, Dimitri D. Dehein, Derya Akkaynak, Jean P. Gaffney, W. Leo Smith, Matthew P. Davis, Jennifer H. Stern, Vincent A. Pieribone & John S. Sparks (2016). "Biofluorescence in Catsharks (Scyliorhinidae): Fundamental Description and Relevance or Elasmobranch Visual Ecology". Scientific Reports, 6:24715, doi: 10.1038/srep24715.
Hyun Bong Park, Yick Chong Lam, Jean P. Gaffney, James C. Weaver, Sara Rose Krivoshik, Randy Hamchand, Vincent Pieribone, David F. Gruber & Jason M. Crawford. Bright (2019). Green Biofluorescence in Sharks Derives from Bromo-Kynurenine Metabolism. iScience, 2019. DOI: 10.1016/j.sci.2019.07.019

lunes, 25 de mayo de 2015

Los tiburones según Goldsmith (1774) - II


CAPÍTULO II (continuación)

DE LOS PECES CARTILAGINOSOS DE LA CLASE DEL TIBURÓN¹

     No es solo el hombre el único enemigo a quien este pez debe temer: la rémora o pega es probablemente incluso mayor, y sigue al tiburón a todas partes. Este pez tiene la capacidad de adherirse a cualquier cosa a la que se fije, a la manera como una ventosa se adhiere al cuerpo humano. Es mediante este sistema que este animal se pega al tiburón y le extrae su humedad. Sin embargo, los marineros son de la opinión de que le asiste de un modo más amistoso, señalándole las presas e informándole de donde está el peligro. Por este motivo se le conoce como Piloto de tiburón.
     Por tamaño, el tiburón es tan parecido a la ballena, que algunos, de manera nada juiciosa, lo han incluido en la clase de los cetáceos. Pero su lugar es el que le hemos asignado, en el grupo de los peces cartilaginosos. Respira por medio de branquias y pulmones, sus huesos son de cartílago, y pare varias crías vivas. Belonius nos asegura que vio una hembra producir once crías vivas de una vez. No tengo intención de responder por la veracidad de Rondelet, quien, hablando de la tintorera, sostiene que en situaciones de peligro la hembra deja que sus retoños desciendan por su boca para refugiarse en su estómago. Lo cierto es que el señor Pennant parece dar crédito a esta historia, y considera que posiblemente este tiburón, como la zarigüeya, ha sido dotado por la naturaleza de un lugar donde resguardar a sus crías. Esta opinión merece todo el respeto, y es suficiente, al menos, para posponer nuestras discrepancias; pues nada hay más despreciable que la afectación de la sabiduría mediante la incredulidad universal que algunos exhiben².
     En general, el tiburón, cuando está vivo, es un animal extraordinario; y cuando está muerto, es de muy escaso valor. Su carne es apenas digestible para nadie excepto para los negros, a quienes les vuelve locos. El hígado proporciona tres o cuatro litros de aceite; al cerebro se le han atribuido ciertas virtudes imaginarias; la piel, mediante un arduo trabajo, se pule para transformarla en zapa. El señor Pennant es de la opinión de que las hembras de esta familia son más grandes que los machos, lo cual, si la experiencia lo confirma, constituiría una sorprendente coincidencia con las aves rapaces. Lo deseable sería que los historiadores venideros comprobasen esta observación, ¡que tan solo ofrecemos como mera conjetura!³

______________________________________________________________
¹Se han identificado cerca de treinta especies de tiburón, de las cuales una veintena han sido avistadas en las costas británicas. A algunas se les conoce como perros marinos, beagles y sabuesos, porque cazan sus presas en grupo. Aquí podemos centrarnos en la tintorera, el peregrino y el angelote (1).

     La tintorera.— El dorso de este tiburón es azul, el vientre blanco. No se aprecian orificios detrás de los ojos, como es común entre los peces de este género. Dos membranas blancas, una en cada ojo, hacen la función de párpados. Cuando se le puso cabeza abajo, una enorme bolsa blanca salió de su boca. Eliano suponía que servía de refugio para las crías en los momentos de peligro; y el señor Pennant, que da crédito a esta historia, considera que posiblemente la naturaleza haya dotado a este pez de un lugar donde alojar a sus crías, como sucede con la zarigüeya. Sin embargo, algunos autores rechazan esta hipótesis.

     El peregrino.— Aunque es un pez muy grande, carece de la voracidad y la fiereza que caracterizan a la mayoría de los tiburones. Con frecuencia suele permanecer inmóvil en la superficie, generalmente boca abajo, aunque en ocasiones panza arriba. Y parece temer tan poco al ser humano, que a menudo tolera que lo acaricien y le den palmaditas. Su cuerpo es esbelto, de entre tres y doce yardas de longitud [2,75-11 m], de color oscuro plomizo por arriba y blanco por abajo. La mandíbula superior es roma en su extremo y bastante más larga que la inferior. La boca está situada en la parte inferior, y está dotada de dientes pequeños; los anteriores muy inclinados, y los más retrasados, cónicos y de punta afilada. Presenta cinco aberturas respiratorias a cada costado del cuello. Hay dos aletas dorsales, dos pectorales, dos ventrales y una pequeña aleta anal. En el interior de la boca, cerca de la garganta, hay una especie de hueso corto parecido al de una ballena.
El hígado es tan inmenso que con frecuencia llega a pesar 1000 libras [450 kg aprox.]. De él se extrae una gran cantidad de buen aceite, lo que convierte a este tiburón en un animal de considerable importancia para los pescadores escoceses, ya que, según Anderson, en ocasiones el aceite de un solo pez puede venderse por veinte o treinta libras esterlinas. El peregrino (cuyo nombre deriva de su propensión a permanecer quieto en la superficie, como si estuviese tomando el sol (2)) frecuenta nuestras aguas durante los meses cálidos de verano, y no es raro en las costas galesas y escocesas, adonde llegan formando bancos normalmente tras intervalos de un cierto número de años. En los veranos intermedios, los que se ven en la costa de Gales son por regla general individuos solitarios que posiblemente se han extraviado del resto. Hacia el solsticio de verano, aparecen en el estuario del Clyde y entre las Hébridas en pequeñas manadas de siete u ocho, o más comúnmente en parejas. Allí permanecen hasta finales de julio, cuando desaparecen. El alimento de estos tiburones parece consistir por entero en plantas marinas y alguna de las especies de medusa. Nadan de manera muy deliberada, generalmente con las aletas superiores fuera del agua. A veces se les puede observar retozando entre las olas y saltando varios pies por encima de la superficie. Los habitantes de nuestras costas septentrionales están muy alerta para ir en pos de estos animales y son muy diestros en darles muerte. Cuando se les persigue, no apresuran su marcha hasta que el barco casi da contra ellos, momento en que el arponero clava su arma lo más cerca posible de las agallas. No parecen muy sensibles al dolor, porque a menudo se quedan en el mismo lugar hasta que el esfuerzo combinado de dos hombres logra empujar el arpón más adentro. Tan pronto como se saben heridos se sumergen de cabeza, y en su agonía frecuentemente se enredan en el cabo al tratar de liberarse revolcándose sobre el fondo. Al darse cuenta de que tales esfuerzos son en vano, emprenden la huida con tal increíble velocidad, que en una ocasión ocurrió que un peregrino remolcó un barco de setenta toneladas durante una buena distancia contra un temporal. A veces huyen con doscientas brazas de cabo y dos arpones encima, y los hombres pueden emplear entre doce y veinticuatro horas para dominarlos. Nada más morir, los pescadores los remolcan a tierra, o bien, si se encuentran lejos de la costa, los llevan al costado del barco para abrirlos y extraerles el hígado, que es la única parte útil de su cuerpo. El hígado se cuece en grandes ollas traídas para la ocasión y se transforman en aceite; y si el pez es uno de los grandes, puede producir hasta ocho barriles o más.

     El angelote.— Éste es muy diferente de los tiburones típicos. Se le distingue por su cuerpo aplanado, que, por así decirlo, constituye el eslabón entre las rayas y los tiburones, al compartir la forma de ambos. Se le llama angelote por sus extendidas aletas pectorales, que tienen la apariencia de alas.
La cabeza tiene forma circular y es un poco más ancha que el cuerpo. La boca es amplia y está situada en el extremo de la cabeza. Al igual que los tiburones, los adultos de esta especie poseen más dientes que los jóvenes. Así, dos angelotes de sólo un pie de longitud [30,48 cm], en posesión del Dr. Block, presentaban solo dos filas de dientes en la mandíbula superior y tres en la inferior; mientras que Willoughby y Rondelet afirman que hay tres en la primera y cinco en la segunda. De cierta parte de su piel los turcos fabrican la más bella zapa para los estuches de los relojes. El angelote se encuentra en el Mediterráneo y en el mar del Norte.

     El alitán [Spotted Dog-fish] (3) se encuentra en muchos mares y mide cuatro pies de longitud [1,22 m]; es muy voraz y se alimenta principalmente de peces. Su cuerpo es pardo rojizo, con grandes manchas negras distintivas, blanco por debajo y un tanto comprimido en cada extremo. La piel, cuando se seca, se utiliza para diversos fines. La cabeza es pequeña y el morro corto. Los ojos son oblongos y la pupila de un color verde mar; el iris es blanco. La boca es oblonga, amplia, y está armada de tres hileras de dientes. La lengua es cartilaginosa y, junto con el paladar, rugosa. Las narinas están rodeadas por un lóbulo con un apéndice vermiforme. La cloaca está situada antes del punto medio del cuerpo. Aletas ventrales diferenciadas; la primera aleta dorsal está situada detrás de las ventrales; la segunda dorsal es más pequeña y casi enfrentada a la anal. La cola es estrecha, rematando por abajo en un ángulo marcado.

²Los tiburones, al igual que las rayas, paren a sus crías vivas, más de una de cada vez, y cada cual encerrada en una cápsula córnea de forma cuadrada rematada por delgados filamentos en cada esquina. Tras permanecer en el agua durante un tiempo, estas petacas naturales se abren por un extremo, y el joven pez escapa de su confinamiento. En el tiburón estos recipientes son de un color hueso traslúcido, rematado en las esquinas por delgados filamentos sumamente largos que suelen hallarse enrollados alrededor de corales, algas y otros elementos, para evitar que sean arrastrados hacia la orilla antes de expulsar a las crías. Los de la familia de las rayas son negros, con los filamentos rara vez más largos que la petaca, y con frecuencia son arrojados sobre nuestras playas en grandes cantidades.

³La pintarroja [Small Spotted Dog-Fish] es un tiburón que de vez en cuando se ve en nuestras costas. En Escocia se la conoce como morgay. Permanece cerca del fondo y se alimenta de pequeños peces y crustáceos.
A menudo se quedan enganchados en las líneas de los pescadores, aunque carecen de valor. Son perjudiciales para las pesquerías a causa de su voracidad. Miden unas dieciocho pulgadas [45,72 cm].
     El alitán [Large Spotted Dog-Fish], conocido como bounce en Escocia, se distingue fácilmente del anterior por sus manchas más grandes pero menos numerosas, así como por su mayor masa corporal para igual longitud. Como la pintarroja, vive cerca del fondo y su alimentación es similar, pero también frecuenta fondos rocosos, de ahí que también se le conozca como pintarroja de roca.

Oliver Goldsmith tocando la travesera en una posada durante uno de sus viajes.

[El texto de A History of the Earth and Animated Nature utilizado para esta traducción es el de la edición de Blackie & Son, Glasgow, publicada en 1840. Puede descargarse desde esta página de la California Digital Library. Todas las ilustraciones, excepto la última, pertenecen a la obra.]

___________________________
(1) En realidad se centra en cuatro especies, no en tres, sin contar con las dos que se incluyen en la nota 3.
(2) Al peregrino se le conoce en inglés como basking shark; el verbo to bask se emplea con el significado de 'tomar el sol' ("bask in the sun").
(3) La descripción de lo que el original llama Spotted Dog-fish resulta un tanto desconcertante. Muy probablemente Goldsmith se hace aquí un pequeño lío y mezcla caracteres de dos especies distintas. Anatómicamente, lo que describe es un alitán (Scyliorhinus stellaris): la talla, la librea, la posición de las aletas, etc. no dejan lugar a dudas. En cambio, el tipo de alimentación, que según se dice es a base de peces ("[it] feeds chiefly upon fish"), hace pensar en un tiburón distinto, tal vez una mielga (Squalus acanthias), que efectivamente se encuentra "en muchos mares" y se alimenta de peces, entre otras cosas... aunque las manchas de su librea no son negras, sino blancas. Recurrir al nombre vulgar para tratar de identificar la especie no sirve de mucho: Spotted Do-Fish también puede referirse a la pintarroja (véase, por ejemplo, William Yarrell (1836). A History of British Fishes, Samuel Bentley, Londres, vol II, p. 367). La segunda descripción del alitán, el que aparece en la tercera nota, es correcta, tanto la morfológica como la de su dieta (similar a la de la pintarroja), así como su nombre escocés, bounce.
He decidido dejar "alitán" en los dos lugares añadiendo entre corchetes el nombre que figura en el original, para evitar confusiones.